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Juan Simarro
Retazos del Evangelio a los pobres (VIII)
“Venid, benditos de mi Padre…porque tuve hambre y me disteis de comer”. Texto completo: Mateo 25:31-46.

“Cuando el hijo del hombre venga en su gloria”… entonces será este juicio que será de carácter global: “serán reunidas delante de Él todas las naciones”. Todos serán examinados y sólo habrá dos resultados posibles: el que uno vaya en este examen a la derecha o a la izquierda del Padre. Es el único resultado previsto por Dios. Nadie va a poder eludir este examen. El test que tenemos que pasar es el de si hemos tenido una fe viva, una fe actuante, una fe que obra a través del amor, como diría después el apóstol Pablo. Este examen tiene a los pobres como centro. Está en la línea del Evangelio a los pobres.

Los que se pondrán a la derecha, aprobando el examen, serán los que puedan contestar positivamente a estas preguntas: ¿Ha movido tu fe montañas, te ha movido tu fe al servicio a los pobres, hambrientos, desnudos y sedientos, te ha implicado en la acción de ayuda al prójimo necesitado, tu fe fue tan viva como para moverte a la misericordia, al hacer y buscar justicia a los débiles del mundo… o simplemente estaba muerta? La respuesta si es positiva, nos acerca a Dios, si es negativa nos separa de Él para siempre a la condenación eterna. En el fondo de todo, están los pobres. La fuerza radical y aplastante del Evangelio a los pobres.

 

La radicalidad es clara y definitiva: quien no apruebe este examen perderá la salvación y pasará a la eterna condenación. No podemos apelar a la bondad y al sacrificio de Jesús en la cruz, sin tener en cuenta el concepto de projimidad, de búsqueda de la justicia, del hacer misericordia y actuar en el servicio al necesitado. La influencia del Evangelio a los pobres no queda sólo en la formulación teórica de ser un grupo o colectivo que se nombra de forma específica como destinatarios del Evangelio. El Evangelio a los pobres está lleno de recomendaciones y mandamientos cuyo incumplimiento mata nuestra fe y nos separa de Dios para siempre.Muchas veces nos gustaría tener una fe que nos elevara hacia lo eterno, que nos identificara más con lo angélico, una fe que actúa en nosotros como un simple sentimiento de seguridad, comodidad o gozo en lo sobrenatural, una fe estática, contemplativa y de autogozo, pero la fe nos demanda otras cosas. La fe sin acción se muere y deja de existir. Los que pasen el test, serán los que hayan tenido una fe actuante y comprometida que nos convierte en las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor… Los que han entendido el Evangelio a los pobres.

El examen del juicio de las naciones, en relación con nuestro compromiso con Dios y con el hombre y, fundamentalmente, con el hombre tirado al lado del camino, es el que probará si nuestra fe ha sido genuina. La fe genuina está en línea con el Evangelio a los pobres, con la acción solidaria, con la dignificación de las personas, con la liberación de los oprimidos. El hambre que quitamos, la sed que apagamos, los desnudos que vestimos son todo el icono de una acción liberadora que busca justicia para los pobres y apaleados de este mundo. La fe verdadera no puede quedar quieta y contemplativa ante un mundo empobrecido y lleno de dolor dando la espalda al grito de los pobres del mundo. Esto es un desprecio al Evangelio de Jesús, al Evangelio a los pobres.

El tema central de todo este pasaje, en línea con el Evangelio a los pobres, es el siguiente: Por una parte, Jesús se identifica con nuestras acciones liberadoras, con las acciones solidarias de sus hijos a favor de los pobres, y se siente afectado en su sensibilidad divina por la fe muerta que omite la acción solidaria, que omite la búsqueda de justicia en el mundo. Por otra parte, Dios se identifica también con el apaleado, con el injustamente tratado, con el empobrecido y oprimido, con el despojado por la acumulación injusta y desmedida de los enriquecidos del mundo que agrandan sus graneros pensando solamente en ellos mismos.

Todo esto es así hasta el punto que en esta identificación con estas líneas del Evangelio a los pobres, ya en su forma práctica y actuante en el mundo a través de las solidaridades y el amor de sus hijos, llega a decir las expresiones “a mí lo hicisteis”, en su forma positiva y “a mí no lo hicisteis” en su forma negativa. Dos expresiones que dan cierto miedo cuando pensamos en el juez justo que nos va a examinar nada menos que para aceptarnos y acogernos con él para siempre, ejemplo de salvación eterna, o para rechazarnos y dejarnos en un lugar aparte en una condenación sin remedio, para siempre. En este test, tanto nosotros como la iglesia, nos jugamos la credibilidad ante Dios, el ser o no agentes de liberación o iglesias del reino.

Por tanto, en un Evangelio que tiene a Dios como centro y, en segundo lugar y en semejanza, en un Evangelio que también tiene como centro al hombre, especialmente al hombre apaleado y empobrecido, a los pobres, la nota aprobatoria del test será la siguiente: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer… lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Has aprobado. Bien buen siervo y fiel. El suspenso, se dirá con estas palabras condenatorias: “apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

El olvido de los pobres, del hombre en su situación de sufrimiento, el ser sordo ante el grito por misericordia y justicia para con los oprimidos y empobrecidos del mundo, separa de Dios. Esa es la dureza del Evangelio a los pobres. Pero tiene su lado dulce, aprobatorio, de acogida y de salvación, para todos aquellos que, en el nombre de Dios, han acogido, alimentado, quitado la sed y vestido a aquellos que siendo nuestros prójimos, han quedado heridos y apaleados, despojados y robados de dignidad y excluidos, tirados como basura al lado del camino… cuando son criaturas o hijos de Dios.

Señor ayúdanos a comprometernos con tu Evangelio, con el Evangelio a los pobres. No nos des disfrute hasta que no nos metamos en estas líneas solidarias de servicio que demanda la visión práctica del Evangelio a los pobres.

Protestante Digital.com


Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (II)

13 de febrero de 2011

Pensar en cómo tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal nos ayuda a seguir el ejemplo de los teólogos de liberación, con una cristología desde abajo que empieza con “la realidad de Jesús de Nazaret, su vida, su misión y su destino”.Durante su vida Jesús estuvo con enfermos. Muchas veces los sanó, pero no siempre, como se ve en el relato del paralítico de Betesda donde sólo uno de la multitud de enfermos alrededor del estanque experimentó sanidad, y que fue no tanto una obra de caridad sino una señal para mostrar que Jesús era el Mesías.Jesús se encontró constantemente con personas necesitadas –lo que incluía enfermos y sufrientes–y tenía compasión de ellos, lo que se manifestaba no solamente en milagros para aliviar el sufrimiento, sino en enseñanza para poder caminar mejor en esta vida con ello. En una ocasión dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.“Los que lloran” tiene que incluir a los enfermos terminales que han perdido su salud y se enfrentan con su propia muerte. La consolación del Buen Pastor es algo práctico que da fuerzas para seguir adelante. Se encuentra la realidad de esto en la visita no planeada de un amigo en un momento de crisis, en la provisión de un/a compañero/a de habitación compatible con el paciente durante una hospitalización, un regalito que llega en un momento de depresión o la intervención a tiempo cuando ha habido una equivocación en el tratamiento.

En cierto sentido, Jesús de Nazaret ha ido delante del enfermo terminal abriendo camino. Durante su corta vida tenía muy claro su destino: la cruz; pero andar hacia ella no fue fácil como se ve en su lucha en Getsemaní. Delante estaba el maltrato, los azotes, las heridas, la falta de sueño, la impotencia, el dolor y por fin, después de mucho sufrir, la muerte. No es para sorprenderse que quisiera escapar de ello y por eso la oración: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa … pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

Fue una oración no contestada en que no consiguió su propia voluntad. Al contrario, logró entregarse voluntariamente al Padre para cumplir su plan a favor de toda su creación. Nadie ha llegado a tanto sufrimiento como el Hijo cuando llegó a experimentar el abandono del Padre. A la vez el Padre, quien entregó su Hijo para este fin, sufría con el dolor de un padre amante por la pérdida de su hijo, y no solamente por su Hijo sino por todos los seres humanos, dado que fue “hecho por nosotros maldición”. De esta manera llega a ser “el Dios y Padre de los abandonados” entre los cuales se pueden incluir los enfermos terminales.

Es por eso que a través de la cruz pueden encontrar la presencia consolador del Padre y además encuentran la verdad de que “Cristo, volcado a nosotros y abandonado en su muerte por nuestra causa, es el hermano y el amigo al que todo podemos confiar porque él todo lo conoce y padeció todo lo que nos puede afectar… y mucho más.”

Al pensar en los sufrimientos de Jesús, un tipo de espiritualidad mística que se encuentra en Rusia, puede ser de ayuda. Es una manera de entender toda la vida como consistiendo tanto de lo bueno como de lo malo totalmente mezclado. Así no se puede ni se debe escapar del sufrimiento –tan íntimamente entretejido con lo bueno—sino que hay que participar en ello para poder conocerlo y verlo transformado. Tenemos el ejemplo supremo de esto cuando vemos a Jesús muriendo en la cruz. Su muerte –la entrega del bueno al malo–permite la victoria sobre la muerte. Es el camino que ofrece a sus seguidores cuando les dijo: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.Él va delante de los que le siguen en este camino rocoso y difícil, pero a la vez viene hacia ellos para unirse a su participación en el sufrimiento de este mundo. Así la presencia de Dios es la guía y la seguridad del enfermo terminal.

Artículos anteriores de esta serie:
1. Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (1)

Autores: Judith Buchanan
© Protestante Digital 2011


El inicio de una nueva congregación lleva mucho tiempo, es un trabajo interesante. Y nadie sabe mejor que Samuel Nieva, pastor del Pueblo de Dios,  misión de la IELA en Compton, California

Cuando Samuel llegó a Compton hace ocho años, se enfrentó una situación desesperante.

El edificio de la iglesia estaba programado para la demolición, y no había otras congregaciones luteranas en la zona, para ayudar a resolver necesidades espirituales y sociales de la comunidad.

Samuel tomó rápidamente el asunto en sus propias manos.

Comenzó la reparación del edificio de la iglesia. Los vecinos se acercaron  para ayudarlo. Pronto el santuario, un auditorio, dos cocinas y cuatro baños se renovaron, limpios  y restaurados en condiciones de funcionamiento.

«Me sentí como que había una situación de emergencia», dice Samuel. «Teníamos que empezar la adoración de inmediato. La gente venía buscando a la iglesia ayuda espiritual y social. Era obvio que la gente de la comunidad  necesitaba  una iglesia a su servicio. »

Hoy Pueblo de Dios está prosperando, mantener un horario semanal muy completo. Ellos tienen un servicio de adoración muy vibrante donde combinan la liturgia luterana con ritmos latinos contemporáneos, estudios bíblicos, clases de comunión y  confirmación, un club infantil, alimentos y servicios de distribución de ropa, trabajan con una clínica local de salud y profesionales voluntarios que brindan sus servicios a la comunidad alrededor de la iglesia, clases de costura para proporcionar oportunidades de generación de ingresos para las familias y mucho más.

Este año la misión Pueblo de Dios, espera comenzar  lo que Samuel llama a un «restaurante  casero», donde los fieles preparan las comidas tradicionales para brindar a la comunidad celebrando así, su herencia cultural.

«Estoy sorprendido por la gracia de Dios en el crecimiento de nuestra misión», dice Samuel. Se espera que Pueblo de Dios, se convierta en la primavera de 2011 en una congregación  oficial de la IELA.

También espera  el comienzo de una misión en otro punto de la ciudad de Compton para servir y ayudar a muchos inmigrantes, que cruzan la frontera México-Estados Unidos. Compton Es una ciudad pobre, con alto desempleo que sirve como un destino de llegada a muchas personas latinas.

«Tenemos que seguir compartiendo el pan espiritual y material», dice Samuel.

El trabajo misionero está impregnado en la sangre de Samuel, él y los miembros del Pueblo de Dios se están preparando para iniciar una nueva congregación en la ciudad.

“Congregaciones abriendo nuevas  congregaciones” es un modelo principal para las nuevas iglesias en la IELA de acuerdo con Mary Frances. Un pastor luterano debe asistir en la formación de nuevas congregaciones de la IELA.

Ella cree que este modelo ofrece una tasa de mayor éxito y oportunidades.

«Tenemos muchos grandes congregaciones de la IELA a punto de hacer este trabajo, y eso es lo que queremos que suceda,» dice Mary.

«Se trata de compartir el reino de Dios, especialmente entre los pobres y entre las comunidades desesperadas por la atención espiritual», dice Samuel.

Su visión para la nueva congregación en Compton es mostrar que «la gracia de Dios es un don (regalo) para la humanidad.»

«Toda mi vida me sentí llamado a compartir la buena noticia de Jesucristo», dice Samuel, y añadió que ser un desarrollador de misión (misionero urbano) es un ajuste perfecto para él.

Antes de su vocación en la iglesia, Samuel era un reportero gráfico que trabajan en América Latina en nombre de la revista Latin America Evangelist, Christianity Today, Servicio Mundial de Iglesias, organizaciones y medios seculares.

Originario de Perú, Samuel se trasladó a Estados Unidos en la década de 1990. Él y su familia se unieron a la Iglesia Luterana Angélica en Los Ángeles, fue su primera membrecía familiar en una iglesia luterana. Allí Samuel tomó la decisión de asistir a Seminario Teológico Luterano del Pacífico en Berkeley, California, y entrar en el ministerio ordenado.

«Servir a la gente en el nombre de Dios ha sido lo más gratificante de mi vida», dice.

Artículo traducido: LivingLutheran.com / Evangelical Lutheran Lutheran Church.


17.02.11
El secretario general del CMI, Dr. Tveit, habla en la conferencia
de prensa durante la reunión del Comité Central.

“No existe reflexión teológica alguna que no tenga lugar en el mundo vulnerable de Dios y en medio de las alegrías y el sufrimiento de la gente”, dijo el Dr. Olav Fykse Tveit en su primer informe como Secretario General ante una reunión del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

Tras su elección por el Comité Central en su reunión anterior, celebrada en septiembre de 2009, el Dr. Tveit comenzó a ejercer su mandato a principios de 2010.

El Dr. Tveit dijo que su experiencia el pasado año ha reforzado su convicción de que las Iglesias “están llamadas a ser una” en su fe, así como en su acción en nombre de una paz justa con dignidad para todos. “Estamos llamados a interpelar a quienes están en el poder para que escuchen los clamores de justicia y de un futuro común mejor”.

El secretario general describió el CMI “como una comunidad de iglesias ecuménica, mundial, comprometida, cuyos miembros son mutuamente responsables”.  Y añadió, “estamos llamados a ser una organización establecida y sustentada con objeto de que las iglesias miembros establezcan relaciones conciliadoras y actúen juntas”.

En el Consejo se combina la comunión espiritual con estructuras prácticas, “con el objetivo de obtener resultados mediante mejores relaciones”, así como “permaneciendo juntos a fin de poder actuar juntos”, dijo el secretario general.

Entre los ámbitos que preocupan especialmente al CMI, a sus iglesias miembros y a los demás copartícipes, el Dr. Tveit mencionó las relaciones y el diálogo interreligioso, las iglesias y la población de Oriente Medio, en particular, de Jerusalén y de toda Tierra Santa.

También mencionó a ese respecto los ministerios de servicio y de desarrollo que el CMI lleva a cabo en colaboración con la nueva Alianza ACT, la necesidad de sustentar la comunidad de mujeres y hombres en las iglesias y en la sociedad, los cambios en la iglesia y en el mundo que están creando un “nuevo panorama ecuménico”, y los problemas de justicia y paz.

Respecto de los problemas de justicia y paz, el Dr. Tveit se refirió a la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP), en la que esos temas ocuparán el centro de la atención, y que se celebrará en Kingston (Jamaica), en mayo de 2011.

El Dr. Tveit concluyó su informe oficial agradeciendo el apoyo del Comité Central de CMI. Y expresó, “He tenido el año más atareado y bendecido de mi vida”.

El secretario general añadió, “me he sentido particularmente inspirado por los encuentros y la cooperación con los jóvenes –ustedes  son el futuro y los componentes básicos del movimiento ecuménico. La participación de ustedes es siempre de gran inspiración y valoro mucho las contribuciones que aportan a nuestro presente y nuestro futuro. ¡Quiera Dios continuar dándonos fuerza y alegría en esta tarea y en esta comunidad”.

Al responder a las preguntas y observaciones del Comité Central, el Dr. Tveit reconoció que hay un anhelo general de avanzar hacia la unidad entre las iglesias, sobre todo  de formar una comunidad eucarística que permita a los cristianos de todas las tradiciones compartir el sacramento de la santa cena.  También destacó la importancia de construir un “consenso estratégico” entre las iglesias “para poder hablar de una sola voz”.


17.02.11

El pastor Dr. Walter Altmann, moderador del Comité Central del CMI,
habla en la conferencia de prensa durante la reunión del Comité Central.

El pastor Dr. Walter Altmann, moderador del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, argumentó hoy de manera convincente que tanto la unidad como la justicia y la paz deberían ser incluidas en el tema de la próxima Asamblea del mayor organismo ecuménico del mundo.

El Comité de Planificación de la 10ª Asamblea del CMI que se celebrará en octubre de 2013 en Busan, Corea del Sur, propone al Comité Central que elija uno de los dos temas sugeridos: “Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz” o “En el mundo de Dios, llamados a ser uno”. Para Altmann, ambos temas reflejan una visión común.

“Los temas propuestos no deberían entenderse como alternativas”, dijo Altmann en su discurso de apertura a los 150 miembros del Comité Central reunidos en Ginebra del 16 al 22 de febrero. “Ambas perspectivas forman parte de un mismo entendimiento global de la vocación y el compromiso ecuménico que unen nuestra comunidad de iglesias”.

Es preciso centrar los esfuerzos en la justicia y la paz, dijo el moderador luterano brasileño, porque acontecimientos tales como el colapso financiero mundial y los recientes movimientos exitosos en pro de la democracia en los países árabes “nos advierten de los riesgos de las políticas que constituyen una ofensa a la dignidad humana y oprimen a poblaciones enteras”.

Por ello, Altmann afirmó que “la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre y el compromiso con la justicia en las relaciones económicas internacionales deben seguir formando parte del programa del CMI”.

En una conferencia de prensa que tuvo lugar después de su alocución, Altmann dijo que en su América Latina natal puede verse la influencia de la teología de la liberación, que se centra en combatir la pobreza y los gobiernos opresores a través de la organización y la acción comunitarias cristianas. “Las luchas de los años sesenta, setenta y ochenta están dando frutos hoy”, declaró.

También pidió al CMI que “preste aún una mayor atención a la preocupación por el Oriente Medio, y en particular por Tierra Santa”. La incapacidad de las naciones implicadas para conseguir el “objetivo fundamental” de la paz, dijo, no se debe únicamente a la complejidad de la situación en Oriente Medio, “sino también a una persistente falta de voluntad política para hacer las concesiones necesarias para alcanzar [la paz justa]”.

Altmann manifestó especial preocupación por las minorías cristianas de muchos países de Oriente Medio, observando que los esfuerzos del CMI “contribuyen a la creación y el mantenimiento de un clima de respeto y reconocimiento mutuos sobre el cual se puede construir una paz con justicia”.

La importancia de tales esfuerzos no es menor en el seno del movimiento ecuménico, continuó Altmann; de ahí la necesidad de un tema de la Asamblea que abarque la unidad. El texto bíblico que se sugiere para apoyar ese tema, Juan 17:20-23, “expresa mejor que ningún otro el fundamento de nuestra vocación y nuestro compromiso ecuménicos”, añadió.

Dado que la unidad cristiana “es una realidad en el corazón de Dios”, dijo Altmann, la tarea de las iglesias es “perseverar en esa unidad, no apartarse de ella, no rebelarse contra Dios y no romper las relaciones entre ellas”.

Y puesto que la unidad no “es el resultado del establecimiento de estructuras institucionales”, Altmann apeló a “ampliar y profundizar” el ecumenismo, que reconoce que “hay un único movimiento ecuménico del que el CMI forma parte”.

Al comentar que el año pasado el Secretario General del CMI, el pastor Dr. Olav Fykse Tveit, fue invitado a pronunciar un discurso ante las principales reuniones pentecostales y evangélicas, Altmann dijo que “las reuniones respetuosas deberían ir seguidas de una profundización de las relaciones […] sobre la base del discernimiento espiritual y la reflexión teológica”.

Concluyó diciendo, Esos esfuerzos “requieren mentes abiertas, actitud de oración y una labor teológica rigurosa”.

La semilla del diablo

Publicado: febrero 3, 2011 en Cine, Sociedad

José de Segovia
Ediciones B acaba de publicar en Barcelona la novela de Ira Levin (1929-2007), sobre la que se basó la película de Polanski conocida en España como La semilla del diablo (originalmente titulada El bebé de Rosemary). El escritor judío neoyorquino escribió este libro en 1967, antes de llegar a ser famoso en los años setenta por obras como Las poseídas de Stepford o Los niños del Brasil, llevadas también al cine. Su relato más conocido es sin embargo esta novela,
25 de enero de 2011

 

Guy y Rosemary son una joven pareja neoyorquina –interpretada en el cine por el director independiente John Cassavetes y la vulnerable actriz Mia Farrow, entonces conocida por una serie de televisión llamada Peyton Place y su matrimonio con el cantante Frank Sinatra, que le pidió el divorcio durante el rodaje–. Guy es un actor secundario, que vive de su trabajo en la publicidad. Aunque ha participado en una obra sobre Lutero –probablemente el drama que hizo John Osborne en 1963–, no ha logrado todavía un papel importante, cuando se mudan a un apartamento en un antiguo edificio del siglo XIX.

En la novela, la casa Bramford está inspirada en el Osborne –al lado de Central Park, no muy lejos del Dakota, edificio que convierte Polanski en un protagonista más de la película–. Allí vivió una temporada efectivamente Aleister Crowley, que después de haberse criado en una Asamblea de Hermanos en Inglaterra, comenzó el satanismo moderno, llevado por su identificación enfermiza con los personajes malignos de la Biblia. En la puerta del Dakota murió también John Lennon, asesinado por Mark Chapman en 1980.

Hoy en día parece increíble que personas con pocos medios económicos pudieran vivir allí, pero hay que darse cuenta que en los años sesenta había leyes que impedían subir los alquileres antiguos más allá de un porcentaje mínimo. Los vecinos de los protagonistas de esta historia son unas personas mayores, que los acogen como si fueran sus hijos. Es cierto que la señora Minnie –magistralmente interpretada por Ruth Gordon, que se llevó un Oscar por la película– es algo entrometida, pero ella y su marido Roman, no aparentan ser más que un matrimonio excéntrico.

¿RELIGIÓN O SUPERSTICIÓN?

Cuando los invitan a cenar sus vecinos, el anciano Roman se muestra en la mesa como alguien crítico de “la hipocresía de la religión organizada”. Hablan del papa, que visita por primera vez Estados Unidos en 1965. El hombre le describe como un “brillante actor” y muestra simpatía por Lutero, que ha visto en una obra de teatro, en la que Guy tenía un papel secundario. Rosemary se muestra incómoda por su falta de respeto.

Descubrimos por un sueño que ha estado en un colegio de monjas, que la ha dejado traumatizada.

Para muchos críticos, esta es la clave para responder a la pregunta de si todo lo que viene a continuación, ocurre en realidad, o es resultado simplemente de la imaginación de Rosemary. Polanski alimenta esa ambigüedad, siguiendo fielmente la novela de Levin, que no se muestra claramente creyente en lo sobrenatural. Es significativo en ese sentido la aparición de la famosa portada de la revista Time en 1966, con la pregunta ¿Ha muerto Dios?, que ella encuentra en la sala de espera, cuando va a ver al médico. Estamos en una época en que la ciencia parece haber sustituido a la religión.

Sin embargo ahí está la superstición del amuleto que cuelga del cuello de Rosemary. El talismán despierta un desagradable hedor, que dicen proviene de la raíz de algo llamado tannis. Es un nombre griego que viene de una diosa de la fertilidad en forma de serpiente. En la historia se le atribuye un poder mágico, que ella cree al principio da buena suerte, pero luego identifica con una influencia maléfica. Nuestro mundo está lleno de tales contradicciones. La gente dice que no es religiosa y luego lleva pulseras de la suerte…

CUESTIÓN DE FE

Es evidente que La semilla del diablo despertó toda una moda de interés en el satanismo, que se mantiene hasta el día de hoy. Algo que el escritor lamentaba, porque su intención no era fomentar la creencia en el diablo, como es el caso de los autores de películas como El exorcista o La profecía. Estas historias están hechas desde una perspectiva de fe, pero no así la novela de Levin o la película de Polanski –aunque un año después sufriera la muerte de su esposa, la actriz Sharon Tate, en manos de la secta de Charles Manson, La Familia–.

Rosemary pasa de ser una devota alumna de un colegio de monjas a una liberada mujer moderna, que cae en la trampa del ocultismo. Como dice Chesterton, cuando dejamos de creer en Dios, no es que ya no creamos en nada, sino que creemos en cualquier cosa. Todos tenemos que creer en algo. Sea Dios, o sea el diablo, como diría Bob Dylan en su famosa canción del año 79: Tienes que servir a alguien. La fe por lo tanto no es cuestión de creer, o no creer, sino en quién crees y para qué vives. Ya que todos creemos y vivimos para algo o alguien.

El dilema en la Biblia no está entre la fe y la incredulidad, sino entre la creencia en un dios o un ídolo, y la confianza en el Dios vivo y verdadero. Lo que historias como La semilla del diablo nos recuerdan, es que en nuestras modernas ciudades no sólo hay una vida basada en la ciencia y la tecnología, sino el horror del miedo a lo desconocido. El bebe de Rosemary refleja nuestros temores y nos deja como a la protagonista, enajenada y sin aliento, en un mundo donde la amenaza no está lejos de nosotros.

¿QUIÉN ES NUESTRO ADVERSARIO?

El mundo espiritual no se puede entender sin darse cuenta de que no sólo hay un poder luminoso que relacionamos con Dios, sino también la presencia oscura de una realidad maligna, que identificamos con esa criatura que la Biblia llama diablo. Tanto él como los demonios son criaturas angélicas creadas por Dios, que no han mantenido su estado original (Judas 6), sino que se han rebelado contra el Todopoderoso. Satanás significa el Adversario (1 Pedro 5:8). Es la Serpiente antigua que llevó a la humanidad a creer en sí misma (Génesis 3), confiando que así podía llegar a descubrir lo mejor para ella.

Esto es lo que significa en realidad el satanismo moderno. No es el culto a un ser supremo que identifican con el diablo, como muchos cristianos creen. Lo que hoy se llama satanismo es en realidad una forma de ateísmo, que nace generalmente de un rechazo a una religión que se conoce muy bien. Puesto que es más bien una manifestación de apostasía de personas que han tenido una educación cristiana, como la mayor parte de los ateos –a diferencia de los agnósticos, que suelen ser más bien indiferentes–. Su problema no es que no conocen la religión, sino que la conocen demasiado bien…

Como Roman Castevet, muchos aborrecen la hipocresía religiosa. La misma que Anton Lavey (1930-1997) percibió, antes de formar la Iglesia de Satanás, cuando se escribió este libro. Dice su biógrafo Burton Wolfe que Lavey tocaba el órgano en campañas de evangelización en carpas, cuando observó que los mismos hombres que estaban entonces sentados en los bancos con sus esposas e hijos, veía luego llenos de lujuria ante chicas medio desnudas, para las que tocaba en el baile de los sábados. La religión se ve en historias como ésta, tal y como es, incapaz de salvar al hombre…

EL TRIUNFO DEL CORDERO

Lo que salva al hombre no es la religión de amuletos, que como en un exorcismo libren al ser humano de sus demonios, sino la confianza en lo que Dios ha hecho por nosotros por medio de Cristo Jesús. La libertad espiritual no viene por lo tanto por ningún ritual, sino en estar unidos a Aquel que nos da seguridad por su triunfo en la cruz sobre el poder del mal. Por su victoria, “el maligno no nos toca” (1 Juan 5:18).

La guerra espiritual en la Biblia no es un conflicto incierto entre dos poderes semejantes. La Escritura solo conoce un soberano, el único Dios, al que el mismo diablo tiene que pedir permiso para tocar a su siervo Job (2:1-7). La oposición puede ser feroz, pero no tiene ningún futuro. El diablo puede tentarnos, pretendiendo tener los “reinos de este mundo”, pero su dominio es una mentira, porque en su orgullo ha sido juzgado (1 Timoteo 5:6) y no hay ninguna verdad en él (Juan 8:44). Su poder es usurpado. No tiene ninguna autoridad. ¡Es un impostor!

Si el Salvador reina en nuestra vida, en su fuerza podemos “resistir al diablo, que él huirá de nosotros” (Santiago 4:7). En Cristo, el creyente está seguro de la victoria. Por la sangre del Cordero y la palabra del testimonio sabemos que ha venido la salvación, el poder y el reino de Dios. Ya que por la autoridad de Cristo, ha sido expulsado el que nos acusa (Apocalipsis 12:10-11). En Él somos libres de toda culpa y mal. La semilla del diablo no puede hacer nada contra nosotros. En Cristo somos más que vencedores (Romanos 8:37), por el triunfo de su amor. ¿Crees tú esto?

José de Segovia

ProtestanteDigital.com


JUAN SIMARRO

Retazos del evangelio a los pobres (V)

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”. Texto completo en Mateo 19:16-22.

Lo curioso de este joven rico es que no se encontraba satisfecho con el uso exclusivo de sus riquezas. Quería tener nuevas perspectivas. El joven rico de la parábola se fue triste. El Evangelio a los pobres, adjudica la felicidad a los menesterosos: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Para el rico de la parábola no hubo felicidad. Dice el texto bíblico: “Oyendo el joven esta palabra, se fue triste porque tenía muchas posesiones”. Se fue insatisfecho, notaba un vacío existencial que quería llenar, pero el peso de las riquezas era tan grande sobre él, que prefirió seguir con ese peso, ese vacío, y no perder ninguna de sus riquezas temporales. Se dejó atrapar por las riquezas que le conducían a un cierto sinsabor en la vida, a un vacío que le lleva a preguntar: “¿Qué más me falta?”.

La parábola, en la línea del Evangelio a los pobres, nos enseña no solamente que la riqueza no da la felicidad, sino que puede llegar a entristecer, aislar, impedir tener la vida que uno desea tener. Las riquezas también ahogan las raíces de la vida y conducen a la infravida… aunque hay otros ricos satisfechos, sin inquietudes que ni siquiera intentan el camino del seguimiento. Espero que la tristeza del joven rico, le acercara en otro momento a Jesús. Sería deseable que este vacío existencial que llevaba a este joven a la búsqueda, afectara a todos los ricos del mundo, que la tristeza planeara sobre ellos hasta hacerles dar un giro existencial para poder asumir los valores del Reino.

Notar que algo nos falta, no es algo estrictamente de los ricos del mundo. Debería ser también un sentimiento de muchos de los cristianos cumplidores en el ámbito de las iglesias. Los religiosos cumplidores y los ricos, pueden tener problemas similares. Así, los religiosos que se acercaron a Jesús estaban más en la línea de los ricos que de los pobres. El Evangelio a los pobres da un toque también a los religiosos presos de la ética del cumplimiento, presos de los rituales y celosos de cumplir las jotas y las tildes de una religión teórica.

Hay muchos cristianos que comparten la inquietud o la satisfacción que hemos comentado de los ricos de este mundo. Así, muchos cumplidores religiosos se encuentran cómodos con su ética de cumplimiento religioso y sin compromiso con el prójimo sufriente. Hay muchos cristianos que su conciencia no les dice que algo les falta. Pueden pensar que incluso tienen méritos suficientes acumulados. Ni siquiera sienten la necesidad de preguntar al Señor: “¿Qué más me falta?”. Comparten los cumplimientos del joven rico, pero sin la inquietud. Así, leen la Biblia, oran, alaban, cumplen con todos los servicios religiosos.

No estaría mal que muchos de estos cumplidores religiosos sintieran al menos la inquietud del joven rico, que pensaba que algo le faltaba. Por eso este joven lo veo con algo de simpatía y espero que, movido por su profunda tristeza y su vacío existencial, volviera a Jesús en arrepentimiento.

El fomentar esta inquietud en los ricos y en los religiosos cumplidores, pero insolidarios con el prójimo, es positivo. No creo que este joven rico buscara solamente una forma de perder el tiempo con Jesús. Su vacío existencial y religioso le presionaba. “¿Qué más me falta, Señor?”.

El problema es que la respuesta de Jesús, en su radicalidad, puede dar miedo. Si el joven rico, presa de la tristeza existencial, no volvió después a Jesús, fue por el miedo a la radical exigencia de Jesús. Por eso no es fácil el seguimiento para los ricos. La respuesta desde la línea del Evangelio a los pobres que nos deja Jesús sigue estos parámetros: haz, da, vende y reparte, comprométete, cuida, sirve… y sígueme libre de todas estas cargas y todas esas marañas económicas o religiosas que pueden perjudicar tu vivencia de la espiritualidad cristiana.

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”. ¿Creéis que la respuesta de Jesús impacta a los ricos hoy? El joven rico pudo pensar: Señor, aquí en esta vida he heredado mucho, soy joven y tengo casi todo. Quiero heredar también la vida eterna… pero no puedo aceptar el precio.

Yo creo que el joven rico se debió de quedar frío delante de Jesús. Helado. Sorprendido. ¿Cómo puede afectar esta repuesta a los ricos del mundo hoy? ¿Tanto vale el tesoro en el cielo que me puede costar el tesoro en la tierra?

A los ricos, en la línea del Evangelio a los pobres habría que decirles: Perder el tesoro en la tierra en forma de compartir y eliminar sufrimiento; perder el tesoro en la tierra por dar vida, por sacar a personas de la infravida; perder el tesoro en la tierra por seguir el concepto de projimidad de Jesús, no es tal pérdida. Todo es ganancia. Habrás eliminado tristeza y experimentado la felicidad del dar: “Es más feliz dar que recibir”.

La respuesta de muchos ricos es: No, Señor, no. Yo quiero ambos tesoros. El de la tierra y el del cielo. La respuesta viene desde lo alto, desde el megáfono del Dios que nos dejó el Evangelio a los pobres: ¡Imposible!

El desprenderse de las riquezas para compartirlas, no es un precio alto si, a cambio, te va a dar felicidad y eliminar tu vacío existencial y religioso. Si todo lo acaparas egoístamente para ti mismo, el halo de tristeza que te va a embargar, afectará a todo el mundo, afectará al rostro de Dios mismo, de Jesús.

No te quedes con tu riqueza y con tu tristeza… aunque tengas poco. Comparte, sirve. Cuando llegues delante del Señor, si quieres seguir tus cumplimientos religiosos insolidarios, te darás cuenta que el que va a ser recibido en el seno de Abraham, siguiendo el concepto de la parábola del rico y Lázaro, no va a ser el que más alabe, el que más lea la Biblia, el que más haya cumplido con el ritual religioso… sino el que más haya servido.

Mantennos en cierta tristeza, Señor, una tristeza que sea un aguijón que nos inquiete hasta llegar a comprender todas estas líneas del Evangelio a los pobres.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro
3 Los pobres, Moisés y los profetas
4 Todo en el cielo y todo en la tierra

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com (España, 2011)


Su autora aseguró que la “permisividad de los padres occidentales es excesiva” en un cuestionado decálogo educativo

Lunes 17 de enero de 2011 – 08:41 pm
(Foto: Clever Clair / Flickr)

¿Puede un régimen sin juegos, televisión, ni computadora, e interminables horas de práctica musical crear niños felices? ¿Qué sucede cuando se defienden?

Estas y más preguntan quedan rondando en la mente de miles de personas que han leído el polémico artículo “¿Por qué las madres chinas son superiores?”, publicado recientemente por “The Wall Street Journal”.

En el texto, su autora, la profesora china Amy Chua, pretende enseñar al resto del mundo cómo su método educativo de crianza, (que según afirma es similar al que imparten todas las madres orientales), ha logrado convertir a sus hijas en pequeños genios de las matemáticas y la música.

Asimismo, asegura que la “permisividad de los padres occidentales es excesiva” y cree que *se preocupan mucho por la autoestima de sus hijos pero “esto se convierte en un arma de doble filo cuando los niños tienen que ponerse delante de un obstáculo*”.

Desde ese momento, su artículo se ha convertido en el más leído de la web, recibiendo más de 6800 comentarios. Además hasta el momento ha sido compartido por más de 184.000 personas en Facebook.

SIN COMER NI BEBER
Pero, ¿en qué se basa su método? Según la autora, una disciplina férrea, con un rigor y una severidad elevada a la enésima potencia hace la excelencia. Creencia que ha puesto en práctica con sus dos hijas, Sophie y Louisa.

Por ejemplo, en una parte de su texto, la polémica profesora narra cómo enseñó a su hija Louisa a tocar el piano cuando tenía siete años.

La pequeña, quien tenía aprender una complicada pieza musical, tuvo que soportar los rigurosos castigos de su exigente madre, la cual la amenazaba hasta con dejarla sin comer ni beber hasta que no lo hiciera a la perfección. Incluso, también la ofendía llamándole vaga, cobarde, patética y debilucha.

Después de días de trabajo incesante en una casa convertida en una “zona de guerra”, la niña se aprendió la canción.

DECÁLOGO DE LA EDUCACIÓN PERFECTA
1. No invitar a amigos a casa ni ir a sus casas a jugar
2. No dormir fuera de casa
3. No ver la televisión ni jugar con los videojuegos
4. No permitir a los hijos elegir las actividades extra-escolares que quieran practicar
5. No permitir que consigan una nota más baja del sobresaliente
6. No dejarles participar en juegos colectivos durante horas con otros niños
7. No permitirles participar en una obra de teatro del colegio
8. No tolerar sus protestas por no estar en una obra de teatro del colegio
9. No dejarles tocar otro instrumento que no sean el violín o el piano
10. Incitarles a ser el número uno en todas las asignaturas, excepto en teatro y gimnasia

¿Qué opina de este método?

Diario El Comercio Perú


JUAN SIMARRO

Retazos del evangelio a los pobres (III)

“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levantare de los muertos”. Texto completo: Lc. 16:19-31.

En el mundo siguen los contrastes de la parábola del rico y Lázaro: banquetes opulentos frente a migajas degradantes; esplendidez, frente a ansias de poner comer; púrpura y lino frente a los perros que, compasivamente, se dedican a lamer las llagas de los pobres del mundo… pero la parábola nos dice que para todos hay el mismo final: la muerte.

Pero la muerte que marca el final para lo que los hombres, en muchos casos, entienden por la vida, no marca el final definitivo, sino el comienzo de una nueva realidad llena también de antagonismos y diferencias: el seno de Abraham, frente al Hades tormentoso, el lugar de los muertos separados de este seno acogedor. Allí siguen los antagonismos de consuelo frente a tormento; la paz frente al malestar rabioso, inquietante y sufriente; salvación y condenación. Son los elementos que suelen tener los textos bíblicos en relación con el Evangelio a los pobres.

Es curioso que yo mismo, en muchos de mis escritos he hablado de la sima, cada vez mayor, que separa en el mundo hoy al pequeño grupo de los ricos muy ricos, de la multitud de pobres cada vez más pobres. Pues bien, en la situación ya metahistórica de la parábola, aparece un elemento nuevo de separación: una gran sima que, curiosamente, separa al pobre del rico. Simbolismo de una sima de separación en donde nadie puede saltar de un lado al otro. Desde allí, el rico en su sufrimiento, podía ver al pobre Lázaro que era consolado.

Se da otro elemento curioso en la parábola: el rico, que había pasado de Lázaro como de un sobrante humano, posiblemente molesto, ahora ve que puede sacarle provecho en el más allá. Un icono de los ricos de este mundo que había tenido en sus manos la posibilidad de la dignificación de este mendigo lacerado sufriente y no lo hizo, un símbolo de la riqueza que con sólo un gesto de su voluntad podría haber sacado a Lázaro de su lacerante pobreza y no lo hizo, un modelo de rico que, fácilmente, podría haber sacado a Lázaro del pozo de su infravida y no lo hizo, ahora ve la posibilidad de aferrarse a la ayuda del pobre Lázaro que era consolado en el seno de Abraham. Este rico, que pasó de la situación de Lázaro en la tierra, se da cuenta de que ahora podría tener alguna utilidad, pensaba ponerlo a su servicio en su situación de tormento desesperado: “Padre Abraham, ten misericordia de mi, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua”.

Abraham le niega esta ayuda porque habiendo necesitado Lázaro de una ayuda similar en la tierra, algo de agua y comida fresca, el rico omitió esta ayuda. Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate”. Un imperativo que refrescó la memoria del rico. Es entonces cuando entran en la parábola los modelos de Moisés y de los profetas.

El rico, que no tuvo ningún gesto de misericordia para con Lázaro, sí tiene un gesto positivo para con sus familiares. Así, demandando una vez más el servicio de Lázaro, del pobre hacia el rico, pide que Abraham envíe a Lázaro a la casa de su padre con sus cinco hermanos. Ahora, el rico quería advertir a sus otros hermanos ricos del peligro de las riquezas insolidarias, del peligro del pecado de omisión, del peligro de ponerse de espaldas al grito del marginado. Pero ya no hay opción. No hay opción, porque ya tienen la voz de Moisés y de los profetas. Les deja otro imperativo: óiganlos. Imperativo que hoy tiene que rescatar el Evangelio a los pobres.

Así, pues, Moisés y los profetas son un reto para el mundo hoy. Hay que tener presente la acción liberadora de Moisés y la voz de los profetas. Ahí están. Hoy todavía se les puede oír, aunque hay tantos oídos sordos a las voces de Moisés y a la de los profetas que clamaron por justicia y liberación, que se implicaron con sus pueblos buscando dignidad para los oprimidos e injustamente tratados. El Evangelio a los pobres tiene sus precedentes, sus líderes en el Antiguo Testamento.

¿Qué voces estamos escuchando hoy? ¿Nos suena familiar la voz de Moisés y de los profetas? ¿Cerramos nuestros oídos a estas voces que nos tendrían que ser sumamente familiares? ¿Por qué se cita a estos dos siervos de Dios en medio de una parábola cuyo contexto son los ricos y los pobres del mundo? Pues yo creo que la intencionalidad de la parábola es clara: los profetas fueron voceros de Dios en contra de la injusticia, de la acumulación de bienes, de la mala redistribución de las riquezas, de los abusos que se cometían contra los pobres y los débiles del mundo, de los huérfanos, de las viudas y de los extranjeros. Eran voces de Dios contra la opresión de los fuertes contra los débiles, contra el pecado de omisión de la ayuda, eran mensajeros de justicia y de paz, críticos contra los que se aferraban a rituales religiosos y olvidaban a los pobres omitiendo la ayuda, oprimiendo y cometiendo injusticias. Moisés y los profetas eran precursores en el Antiguo Testamento del Evangelio a los pobres.

Moisés es un siervo de Dios que complementa la acción de los profetas. Un libertador, un hombre que se pone al frente de su pueblo oprimido, esclavizado y empobrecido, un defensor, en cierta manera, de lo que hoy llamaríamos derechos humanos, de los valores del Reino, según la línea neotestamentaria del Evangelio a los pobres.

Así, la parábola queda contextualizada, enmarcada, perfilada. El rico de la parábola no seguía, ni oía, ni siquiera quería oír ni a los profetas ni a Moisés. No era buscador de justicia, no era liberador, no compartía, no denunciaba los desequilibrios que hay en el mundo en la redistribución de las riquezas, no era un agente de liberación dentro de los valores del Reino.

¿Cuál es nuestra situación? ¿Estamos escuchando la voz de los profetas y siguiendo el ejemplo liberador de Moisés? ¿Somos servidores, restauradores, dignificadores de los pobres y de los sufrientes del mundo o estamos escuchando voces más suaves y dulces que nos llevan a la insolidaridad y al pecado de omisión de la ayuda.

Señor, no nos des relax ni descanso hasta desentrañar lo que esta parábola quiere decirnos en la línea del Evangelio a los pobres. Enséñanos a través de tus siervos Moisés y los profetas. Queremos seguirte y, al final, después de ser usados por ti, queremos descansar contigo en el seno de Abraham.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com (España, 2011).


La Comisión de Apoyo al Refugiado (CAREF), organismo ecuménico del que la Iglesia Metodista es parte, expresó su repudio por los hechos de violencia acaecidos en el Parque Indoamericano de Villa Soldati y por las expresiones xenófobas y criminalizadoras de la población migrante que fueron manifestadas por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Ubicado en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, Villa Soldati es un barrio habitado mayoritariamente por inmigrantes de países limítrofes de Argentina. En los últimos tiempos el denominado Parque Indoamericano fue ocupado por personas sin vivienda. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reprimió a estas personas mediante el uso de su Policía y de la Policía Federal. Los enfrentamientos produjeron víctimas fatales y heridos. Mauricio Macri, Jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, culpó a la política inmigratoria de la Nación que permitía, según sus dichos, la convivencia de los inmigrantes con los narcos. Esa declaración fue repudiada inmediatamente por políticos y organizaciones sociales y el mismo gobierno nacional pidió disculpas a países limítrofes.

El comunicado de CAREF expresa con preocupación respecto de estos dichos: “observamos con alarma como se vuelven a legitimar discursos que fueron propios de épocas de dictadura y de la aplicación de la más dura política neoliberal de la década del 90. Ante la inoperancia estatal para el abordaje y resolución de problemas sociales a través de políticas públicas que garanticen el acceso a derechos se reitera la identificación de un enemigo externo que provoca“nuestros males. Se crean así fantasmas, imágenes ilusorias que no hacen más que ocultar las verdaderas causas de los problemas sociales que padecemos”.

El comunicado dado a conocer horas después de los violentos desalojos, destaca entre otros datos, la relevancia de la Ley Migratoria 25.871, vigente desde el año 2004, que reconoce a la migración como un derecho humano inalienable en consonancia con el espíritu de nuestra Constitución Nacional”.

Por otra parte, enfatiza que los dichos del Jefe de Gobierno porteño“son palabras que generan violencia, violencia hacia quienes optan por vivir en un país distinto al que nacieron para desarrollarse, trabajar, educar a sus hijos y aportar todo su potencial a la sociedad que los recibe. No debemos permitir que vuelvan a instalarse discursos xenófobos que generan violencia y mayor vulneración de derechos ya que van a contramano de los avances logrados en materia de la construcción de una sociedad democrática”.

En el manifiesto, CAREF insta a las autoridades del gobierno de la CABA a asumir su responsabilidad ejecutiva para encarar fehacientemente la solución de los problemas sociales en los que se enmarca la crisis habitacional.

Finalmente, el comunicado expresa la solidaridad “con las comunidades migrantes en su conjunto, en particular con aquellas afectadas por estos hechos y los familiares de las personas víctimas y reafirma su compromiso en la construcción de justicia y la promoción de los derechos de las personas migrantes por una sociedad más inclusiva y democrática”.

Publicado: Iglesia Evangélica Metodista Argentina