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Cuando Dios es la única esperanza

Publicado: noviembre 26, 2010 en Sociedad, Teología

LA RELIGION EN UNA SITUACION LIMITE. AUTOR: SERGIO RUBIN

 

Cuando Dios es la única esperanza

A poco de quedar atrapados, los mineros chilenos estuvieron a punto de caer en la desesperación, pero el aferrarse a lo religioso tras una apelación de un evangélico les permitió soportar el encierro.

 

Sergio Rubin

La desesperación comenzó a ganar a los 33 mineros. Habían pasado unos pocos días tras el fatídico 5 de agosto en que un derrumbe los dejó atrapados a 700 metros  de profundidad en una mina del norte de Chile. Sabían que todo intento de escapar era inútil. Y que una operación de rescate, a semejante distancia de la superficie, sería poco menos que imposible. Concluían que, en definitiva, estaban sepultados vivos. La  tensión crecía, las discusiones, también. El pánico era la peor asechanza. Fue entonces cuando uno de ellos, José Henríquez, el único evangélico del grupo, tomó la  palabra y, en tono vibrante, los exhortó a aferrarse a Dios. «Debemos confiar en el  Señor, que nunca nos abandona si nos entregamos a él», exclamó. Sus palabras  produjeron un punto de inflexión. Dentro de la enorme angustia, pusieron calma,  evitaron que la situación se desmadrara y fortalecieron la esperanza en que no todo estaba perdido. La reacción ante la apelación de Henríquez, de 56 años –convertido a partir de  entonces en una especie de guía espiritual del grupo-, es por demás reveladora del  papel absolutamente clave que jugó lo religioso en el sostenimiento anímico de los mineros, sometidos a una experiencia extrema que era seguida con expectación por  todo el mundo. «La fe fue lo que nos permitió salir adelante», dice Esteban Rojas, el  más fervoroso católico de todos los mineros, en diálogo telefónico desde Chile con  Valores Religiosos. De hecho, todos los días, a las 12, los 33 se reunían a rezar. «Ese momento era sagrado, no se suspendía nunca», señala. Claro que Esteban -quien   estaba en la mina reponiendo los dos días que había faltado por haber ido al entierro de un tío- se aferró a su fe desde el primer momento. Al punto que el mismo día en  que quedaron atrapados le prometió a Dios que, si lograba salir con vida de la mina, se casaría por iglesia con su mujer, con quien sólo está unido civilmente desde  hace 25 años. «Le juré que nos uniríamos como Dios manda», cuenta.

 

«El primer momento fue de shock, de un susto tremendo, de pensar que se iban a  morir porque habían quedado atrapados a mucha profundidad», afirma el padre Daniel Pauvif, el sacerdote que más conoce a los mineros por haber sido hasta hace dos  años párroco de la iglesia Santísima Trinidad de la localidad de Copiapó, en cuya jurisdicción está la mina. Y dentro de la cual encabezó seis años atrás un oficio  religioso. «La exhortación de Henríquez fue clave para estabilizar la situación porque comprendieron que no tenían otra alternativa que agarrarse de Dios y esa confianza  les permitió sostenerse», señala a Valores Religiosos. Considera que «sin la fe, la situación hubiera sido caótica y vaya a saber a qué los hubiera empujado la  desesperación».

 

La confianza en Dios de los mineros recibió un espaldarazo cuando llevaban 17 días  de encierro y los trabajos de perforación posibilitaron hacer contacto con ellos. Aquel famoso papelito que decía «Estamos bien en el refugio los 33» y que llenó de alegría al mundo entero, estuvo seguido por otro menos conocido, pero que reflejaba con  elocuencia la fe de los atrapados. José Gómez, el minero más veterano, de 63 años, le  escribía a su esposa: «Estoy bien gracias a Dios. Espero salir bien. Paciencia y fe. Dios es grande y la ayuda de mi Dios nos va a hacer salir con vida de esta mina».  Inmediatamente después, Henríquez pidió las famosas 33 pequeñas Biblias (de 20 cm por 7 cm), provistas por la Iglesia Adventista.

 

«Nosotros teníamos nuestras oraciones, empezando por el Padrenuestro, pero a partir de la llegada de las Biblias, su lectura nos calmaba un poco más», cuenta Rojas. De hecho, desde entonces hubo momentos especialmente intensos. «Fueron ratos muy  participativos y de mucho fervor», señala el padre Pauvif. Y agrega que esos espacios fueron profusamente narrados en las cartas que los mineros les enviaban a sus  familiares. Arriba, en tanto, se multiplicaban los ruegos en un improvisado santuario. Sobresalían allí la imagen de San Lorenzo, patrono de los mineros, y la de la Virgen  de la Candelaria, pese a que sólo se la saca de su iglesia en Copiapó para su festividad.

 

Los preparativos para el rescate llegaban a su fin. Era el 13 de octubre. Habían pasado 69 días. Los mineros empezaban a ser sacados en medio de una gran  emoción. Varios de ellos caían de rodillas y juntaban sus manos en señal de agradecimiento a Dios. Para el padre Pauvif, esas expresiones fueron especialmente  significativas por provenir de personas que, por lo general, consideran a la religión más bien cosa de mujeres. Y son poco expresivos. Pero esa terrible experiencia que  acababan de vivir -agrega Pauvif- no solo había cambiado para siempre sus vidas,  sino que los había vuelto, previsiblemente, más religiosos.

 

En tanto, Henríquez, en un primer contacto con la prensa, rechazó el título de «guía  espiritual» que le pusieron sus compañeros. «No me calza», afirmó. Explicó que es «un simple hombre de trabajo a quien le tocó conducir a mis compañeros en la oración  después de que ellos se enteraran de que yo era cristiano». Pero su presencia parecía cosa de Dios. Primero, porque si el derrumbe se hubiera producido días después no  hubiera estado allí ya que pensaba dejar la mina dado que decía que «ese cerro era  malo». Segundo, porque en 1986 logró salir con vida de otra mina cuando se produjo  un aluvión mientras dormía. Es que alcanzó a despertar a tiempo y huir en ropa interior. Otros que se demoraron buscando sus cosas no corrieron la misma suerte.

 

Rojas hace una buena síntesis de su experiencia. «Fue una situación terrible, pero  nunca perdí la esperanza en que íbamos a salir con vida porque tuve fe en Dios», dice. Y si bien admite que «siempre fui religioso», señala que luego de lo que le tocó  vivir «creo más en el Señor, mi fe se fortaleció». Por lo demás, el mensaje espiritual que salió de la mina, dice el padre Pauvif, se extendió a todo Chile. Porque, además  de crecer el aprecio por la vida, se estimuló la creencia religiosa. «Claro que uno espera que no sea necesario una desgracia para comprobar que Dios nos quiere»,  completa.

 

Ahora, ¿fue un milagro que los mineros se salvaran? Rojas cree que constituyó «una  obra de del Señor en conjunto con el trabajo de los hombres». A su vez, Pauvif considera que sí en cuanto a que detrás de todas las personas que trabajaron en el  rescate, de toda la tecnología que se utilizó, de todo el enorme esfuerzo que se hizo, sabiendo que podía haber complicaciones que escapan al control humano, «estuvo  Dios».

 

Con todo, cree que el caso de los 33 mineros chilenos atrapados durante 69 días a 700 metros de profundidad dejó una gran enseñanza: que la vida sin Dios puede ser muy distinta a la vida con El.

VALORES RELIGIOSOS

DIARIO EL CLARíN- ARGENTINA



WARMI : AMAÑA WAJAYCHU, AMAÑA LLAQUIYCHU/MUJER: YA NO LLORES,  YA  NO SUFRAS

En las zonas alto-andinas  del Perú, 07 de cada  10 mujeres  sufre violencia de género . No hay  MIMDES, ni Comisarías  de la Mujer, ni  autoridad  que las defienda, menos aún  cartillas ,palabras de consuelo, ni  textos en quechua  para  ellas , quienes  se quedan sin denunciar estos hechos.

Por esta razón,   la   reconocida  actriz y cantautora Magaly Solier, estrena un spot, una página web, poster y literatura alusiva para erradicar la violencia que afecta a las mujeres quechua-hablantes.

“Había una señora en mi pueblo, y de la cual  me refiero en mi disco “Warmi” (mujer en quechua), ella siempre llamaba a mi madre para que la defienda porque su esposo la ahorcaba con su propio cabello hasta que no podía respirar.

Desde que era muy niña siempre vi violencia, siempre vi hombres pegando a las mujeres. Hay que poner un alto a esto” expresa la joven artista.

CONVOCATORIA A LA PRENSA

Estos materiales de difusión  en español  ,  y la cartilla en quechua “WARMI : AMAÑA WAJAYCHU, AMAÑA LLAQUIYCHU” (Mujer , ya no llores, ya no sufras) serán presentados  este jueves   25 de noviembre “Dia  de la No violencia contra la Mujer”  A LAS  10   AM.,  en la Av. Petit Thouars 991-Santa Beatriz- lugar donde  reaparecerá con  un nuevo “look”, Elizabeth Alanya,  la mujer- símbolo  de la  Violencia doméstica, quien en julio pasado fue víctima de una cruel quemadura producida por su conviviente al arrojarle agua hirviendo en el rostro.

“Alto a la Violencia”, es  una campaña patrocinada por la Sociedad Bíblica Peruana- cuyo Director Ejecutivo, Dr. Roberto Miranda , manifestó que  pretenden  cubrir  este vacío y ausencia del Estado, a través de la entrega gratuita  en las zonas alto-andinas , de una Cartilla  que incluye palabras de consuelo y un test psicológico en quechua ayacuchano, a fin que ayude a evitar estos casos en  regiones poco atendidas del Perú.


Elizabeth Alanya, la mujer que fue quemada en el rostro y parte del cuerpo con agua hirviendo por su conviviente, se convirtió en el símbolo de la campaña “Alto a la Violencia”, lanzada por la Red por una Familia sin Violencia

La campaña busca crear conciencia sobre la necesidad de cesar las agresiones contra mujeres, niños y personas en general, informó la agencia Andina.

La Red, conformada por diez organizaciones, como la Sociedad Bíblica Peruana, Paz y Esperanza, Compasión Internacional, entre otras, desarrollará esta campaña en dos etapas: Prevención, y Atención Sicológica y Pastoral a las víctimas de la violencia.

Pablo Gutiérrez, director de programas de la Sociedad Bíblica, informó que, en primer término, se harán tareas preventivas con material impreso especialmente preparado en el que se orienta a las mujeres a actuar en casos de violencia y se da pautas a los hombres sobre el comportamiento que se debe observar en el hogar y en la vida de pareja.

Según indicó, todo este material será distribuido en comisarías y centros y organizaciones para a mujeres.

La parte de asistencia pastoral y sicológica comprenderá atención con sicólogos para las víctimas de violencia que busquen esa ayuda en la sede de la Sociedad Bíblica.

Además, se realizarán seminarios para formar promotores contra la violencia intrafamiliar y se tiene proyectado capacitar a través de las iglesias cristianas, a cerca de cinco mil mujeres sobre cómo afrontar una situación de violencia y ayudar a las víctimas de la violencia doméstica.

“Queremos contribuir a lograr que casos como el de Elizabeth Alanya nunca más sucedan. Tenemos que sensibilizar a la gente sobre la necesidad de frenar la violencia de una vez por todas”, anotó Gutiérrez.

Por su parte, Alanya dijo que participará en la campaña para lograr que ninguna otra mujer sufra lo que a ella le tocó vivir.

( RPP Noticias)


Cárceles y pobres

Publicado: noviembre 16, 2010 en Iglesia, Misión Integral, Sociedad

JUAN SIMARRO

Cuando se visita un centro penitenciario, lo primero que uno se da cuenta es de la cantidad de pobres que hay dentro. Los que, como yo mismo, estamos acostumbrados a través de nuestros trabajos o ministerios, a contemplar los rostros de la pobreza, no es necesario hablar con los reclusos para saber que provienen de ambientes deprimidos, de focos de pobreza que han dejado las marcas en sus rostros. Pues bien, en los centros penitenciarios no hay que esforzarse mucho para ver, dentro de sus muros y de sus rejas, a una legión de pobres que han sido condenados, por unas circunstancias o por otras, a vivir recluidos en las cárceles como una de las posibilidades de hacerlos invisibles a la sociedad de los normalizados y de los integrados en ella… Y no digo que sean inocentes, sino que sus actos delictivos se podrían haber prevenido en una sociedad más igualitaria y solidaria.

Así, los centros penitenciarios no son ajenos a la lógica de la economía capitalista: muchos de los internos son los fracasados de un sistema competitivo en el que, los más débiles, quedan tirados; son los expulsados de un sistema individualista e insolidario con los que se quedan apaleados al margen del camino; son los excluidos de un sistema que se mueve casi exclusivamente por la búsqueda del beneficio personal, de manera que, los más acumuladores y capaces de competir, son los considerados como triunfadores, aunque su triunfo esté montado sobre el fracaso de los débiles.

La nota más característica de la democracia, es la entronización del dios mercado. Y, en esta religión pagana, será salvo todo aquél que se pueda entronizar en la cúspide del disfrute de lo que oferta la sociedad de consumo. Mientras, los condenados serán aquellos incapaces de competir, los que ya han nacido en focos de pobreza y han sido apartados no solamente del mundo del dinero, sino también del mundo de la cultura y de todo tipo de participación social, incluida, en muchos casos, la participación en el mundo del trabajo. Pues bien, muchos de estos excluidos, son los que acaban internados en los centros penitenciarios de toda España.

No se puede afirmar que la pobreza se criminaliza en sí. Muchos dirían que no, que lo que realmente se penaliza es la delincuencia. Y es verdad que muchos pobres caen en delitos contra la propiedad o en otras pequeñas violencias, pero son violencias que podrían ser atajadas con otras alternativas sociales que no fueran la simple represión carcelaria.

También hay otro tipo de criminalización más light, que es la de considerar que el pobre es el responsable de su propia pobreza, sin estudiar las causas últimas de ésta. Para muchos el pobre lo es porque no ha sabido aprovechar sus oportunidades, pero, en realidad, muchos de ellos han carecido, desde su nacimiento, de las más elementales oportunidades económicas, de formación, culturales o de integración en las propias redes de la sanidad o de los servicios sociales.

Otra forma de criminalizar, es considerar la pobreza como una amenaza para aquellos integrados en las formas de vida normalizadas. Esto hace que los pobres sean objetivo de las inspecciones policiales e, incluso, en ocasiones y aunque parezca extraño, de los servicios sociales que pueden hacer sus denuncias, fundamentalmente en lo que respecta a menores en abandono que puede ser inmediatamente tutelados por las instituciones gubernamentales. Esto hace que, muchos pobres con niños pequeños, no se atrevan a acercarse a las puertas de los servicios sociales de los Ayuntamientos o de las Comunidades Autónomas. En fin, toda una tragedia que no se ataja, como así debiera ser, con medidas de redistribución de fondos, educativas o psicológicas, sino con medidas represivas que dan con los huesos de muchos pobres en los centros penitenciarios de España.

Por eso no es extraño ver como las fuerzas policiales observan a vagabundos, a pobres, a inmigrantes en situaciones de exclusión, a mendigos, a drogodependientes y a gitanos como uno de sus objetivos de control en las calles de las ciudades y pueblos de España.

Pensamos que estos sectores de personas empobrecidas, deberían ser observados más desde políticas sociales y solidarias, desde una mejor redistribución de los bienes que corresponden a todos los españoles, desde la promoción de viviendas gratuitas y de políticas educativas y de ocio para los niños y los jóvenes, más que desde políticas de persecución y represivas que aumentan el número de pobres en los centros penitenciarios de toda España. El destino de los pobres no deben ser las prisiones del mundo, ya que, más que sus delitos, están purgando en ellas sus penas y sus marginaciones.

La pobreza no debe ser percibida como una amenaza social que debe ser criminalizada, sino como una enfermedad social de la que todos somos responsables, una enfermedad curable a base de solidaridad y de una mejor redistribución de los bienes del planeta tierra. Estoy seguro que, si el mundo fuera más igualitario y hubiera más justicia social, no habría tantos presos abarrotando las cárceles. Por tanto, hay que buscar soluciones socioeconómicas y culturales, que son las auténticas medidas preventivas, para que no haya tantos presos provenientes de los sectores empobrecidos de la sociedad en esas prisiones en donde muchos se contagian de otras patologías sociales o se quitan la vida. Hay que buscar otras alternativas a estas consecuencias de la pobreza por vías solidarias.

Y si delinquen, ver también otras alternativas que no sea la del internamiento en centros penitenciarios. Hay centros de deshabituación para alcohólicos y drogodependientes, hay posibilidades de hacer terapias ocupacionales en beneficio de la comunidad, hay posibilidades educativas y de reinserción que no tienen por qué pasar por los centros penitenciarios. Las cárceles deberían quedar exclusivamente para los delitos realmente graves a los que no se les puedan encontrar otras alternativas: Los asesinatos, las violaciones, las grandes apropiaciones y corrupciones, aunque, en muchos casos, los delincuentes sean los que usan el puño de la camisa blanco y limpio.

Nosotros somos partidarios de medidas solidarias, redistributivas, preventivas, que eviten la reincidencia y educativas… Porque somos cristianos, porque Jesús de acordó de los presos, de los oprimidos y de los pobres. Los nombró como destinatarios específicos de su Evangelio. Y, en muchos casos, más que pobres, empobrecidos por el egoísmo de los integrados y de aquellos que, al menos en apariencia, muestran una vida normalizada en la sociedad de consumo, instalados en las comodidades y en los lujos.

Por eso, es posible que la sociedad se confunda cuando ve la amenaza en el pobre que vagabundea por las calles, en lugar de verla en la estulticia del rico acumulador. Quizás por eso, un preso se dirigió a mí cuando salía hacia la calle mientras recorría una larga galería:

-Tenga cuidado al salir -me dijo con cordialidad y preocupación real-, porque aquí estamos los malos, pero fuera pueden estar los peores. -Le di un apretón de manos y unas palabras de agradecimiento. Le hice caso y le pedí a Dios que me librara de la violencia de esos “peores” que andan por las calles en libertad.

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com  (España).

Amamantar: ¿Dar vida u obscenidad?

Publicado: noviembre 10, 2010 en Sociedad

Pablo B. Espinoza

 

Toda cultura tiene expresiones maravillosas que ha ido cultivando a través del tiempo hasta hacerse una característica indeleble en de pueblo. Todas esas expresiones nacen del espíritu humano, inspirado por el propio ser, por lo que lo rodea, o por su historia. Cada pueblo en el mundo entero embellece con su cultura y costumbres el mosaico multicolor y multiforme del concierto universal de los pueblos. El racismo, no es otra cosa que una ceguera espiritual, selectiva y caprichosa que no permite al xenófobo disfrutar de otras expresiones que no sean las propias.

Pero, no todo lo que un pueblo acostumbra a practicar es necesariamente bueno. Hay muchos ejemplos en la historia de los que nos horrorizamos y sin embargo era parte de una cultura. Por ejemplo, los sacrificios humanos, aunque más de un antropólogo podrían justificarlo. Pero, mire por donde se mire, nadie, por ninguna razón, tiene derecho a quitarle la vida a nadie y hoy sería culturalmente inaceptable. Otro ejemplo horroroso es la castración de niños para mantener su hermosa voz por el resto de sus vidas. No creo que haya un solo ser humano en su juicio cabal que justifique dicho acto. Todavía existen pueblos en los que niñas apenas núbiles son casadas con varones de sesenta o más años. Dentro de esa cultura nadie critica ese acto; pero en occidente lo vemos con horror.

Una de las expresiones más hermosas de la humanidad es ver a una madre amamantar a su bebé, y creo que esta noble acción se extiende a todo el reino animal. Los cuadros más hermosos de la pintura renacentista son precisamente pinturas de la Madona amamantando al niño Dios. Hasta muy entrado el siglo XX el amamantamiento era visto como una cosa muy natural en occidente. Yo crecí viendo amamantar a mujeres de toda clase y condición sin ningún prejuicio ni restricción. Pero, de repente, sin que nadie se diera cuenta, se convirtió en una obscenidad que había que hacerlo en privado para que nadie lo viera. En casos extremos, ni siquiera a los y las hermanitas del bebé se les permite presenciar dicho acto. Eso me parece un horror; eso me parece contra natura.

No estoy en contra del pudor femenino, especialmente hoy en día en que el cuerpo de la mujer se ha convertido en carne de mercado. Estoy en contra de la hipocresía y de lo que se esconde detrás de ella. La manipulación en este sentido ha ido tan a fondo que hoy por hoy, en los Estados Unidos de Norte América, amamantar en público es una obscenidad punible.

El caso concreto que me inspira este escrito es el siguiente: Hace unas semanas atrás, una madre latina fue sacada de uno de los restaurantes de comida chatarra—esa comida basura que por ignorancia supina o por ociosidad la gente sigue consumiendo—por estar amamantando a su bebé en un lugar público. Algunos pensaran que la madre estaba con los pechos descubiertos. Pero no, la madre se cubría los pechos y a su bebé con un pañal y no se le veía nada. Para el administrador del restaurante eso era una obscenidad intolerable. Y le pidió a la señora que se retirara de la tienda porque la única forma aceptable de alimentar a un bebe en ese lugar era con biberón, es decir artificialmente—contra natura—como la mismísima comida que ellos venden—¿se han puesto a pensar en que parte del cuerpo tienen las gallinas o los gallos los nuggets (chicken nuggets) que ellos venden?

La realidad de fondo es otra. Esta costumbre que hoy es parte de la cultura norteamericana se genera, manipuladoramente, desde que se inventan las fórmulas para alimentar artificialmente a los bebés. Esta costumbre, hoy cultural, se incuba en el consumismo que obliga por desinformación y por estupidez—la mejor aliada del consumismo—a adoptar costumbres totalmente ajenas a la naturaleza humana; a tal punto que hasta se llegó a pensar, y por mucho tiempo, que la mejor forma de alimentar a un bebé eran con las formulas artificiales y no con la leche materna, que con sin igual sabiduría y con insuperables resultados nos dio la Madre Naturaleza, que para mí no es otra cosa que una expresión de la feminidad de Dios.

Qué lástima para mí que a mi padre no se le ocurriera tomar una fotografía de mi madre mientras me amamantaba. Sería una de las fotos más dulces y hermosas de mamá y yo.

Paz.

Pablo B. Espinoza