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Disculpa pública del director

 Alan Chambers publica una carta de disculpa hacia la comunidad LGBT por las terapias aplicadas: “Estoy profundamente arrepentido, siento el dolor y el daño que muchos han experimentado”.

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Exodus, una de las mayores organizaciones cristianas enfocada en homosexuales, ha anunciado que cierra sus puertas definitivamente tras tres décadas de ministerio.

El Consejo de Administración tomó la decisión tras un año de diálogo y oración sobre la función de Exodus en la actualidad. “No estamos negando las maneras que Dios usó Exodus para afectar positivamente a miles de personas, pero una nueva generación de cristianos está buscando un cambio – y quieren ser escuchados”, explicó Tony Moore, miembro del Consejo.

El presidente Alan Chambers dice que “desde una perspectiva judeocristiana, homosexuales, heterosexuales o de otra manera, todos somos hijos e hijas pródigos. Exodus es el hermano mayor del hijo pródigo, tratando de imponer su voluntad a las promesas de Dios, y hacer juicios sobre quién es digno de Su Reino. Dios nos está llamando a ser como el Padre – para dar la bienvenida a todos, amar sin obstáculos”.

CARTA DE DISCULPA
El presidente de la entidad, Alan Chambers, ha publicado una carta titulada “Lo siento” en la que principalmente pide disculpas a la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) por “el dolor y el daño” provocado, y ha expresado su intención de centrar su ministerio futuro en el seguimiento de Jesús y no en la denuncia de un pecado.

Durante 37 años, Exodus ofreció programas de ‘curación’ o reconversión para homosexuales, en un programa terapéutico y espiritual que pretendía cambiar la tendencia homosexual. Hace un año el presidente de la organización Alan Chambers explicó que dejaban definitivamente estas terapias, en una entrevista concedida a Oprah Winfrey.

Las declaraciones de Chambers hicieron que la organización perdiera muchos apoyos. Algunos de los principales líderes evangélicos y decenas de ministerios afiliados desertaron de Exodus,  que ahora ha decidido desaparecer definitivamente.

EXPERIENCIA PERSONAL
Chambers quiere expresar ahora estas disculpas “de forma pública”, en un acto que dice que realiza “de buena gana” y convencido de que “esta disculpa es lo que Dios el Padre quería que hiciera”.

El director de la entidad cuenta que él experimenta sentimientos de atracción hacia personas de su mismo sexo, y lamenta “el trauma causado”. “Durante mucho tiempo omití esta atracción”, confiesa, porque “tenía miedo de compartirlo tan fácilmente y rápidamente como lo hago hoy”.

“Mirando hacia atrás, parece extraño pensar que podía hacer algo para hacer (que esa atracción) se detuviera. Hoy, sin embargo, acepto estos sentimientos como parte de mi vida, que probablemente siempre estará ahí”. Pero ahora “los días de sentir vergüenza” han pasado y ahora no duda “en aceptarlo, tal y como mi esposa y mi familia lo hace. Como mis amigos lo hacen. Como lo hace Dios”.

Dice Chambers que se siente como “un paria” entre la comunidad gay y la comunidad cristiana, ya que dice no estar de acuerdo “con las mayoría de las voces de estos grupos”. Ahora intenta “forjar un nuevo lugar de servicio pacífico”. “Mi deseo es alinearme totalmente con Cristo, su Buena Nueva para todos y su oferta de paz en medio de las tormentas de la vida. Mis creencias se afirman en la gracia, la obra terminada de Cristo en la cruz y su oferta de relación eterna a todas y todos los que creen. Nuestras creencias no se centran en el “pecado”, porque “el pecado” no está en el centro de nuestra fe”, apunta el presidente de Exodus.

DISCULPA POR ‘TERAPIAS REPARADORAS’
En la disculpa dirigida a la comunidad, Chambers expresa su “profundo arrepentimiento” por el “dolor y el daño que muchos de ustedes han experimentado. Lamento que algunos de ustedes pasaron años trabajando a través de la vergüenza y la culpa que sentía cuando sus atracciones no cambiaron”.

“Siento haber promovido – continúa Chambers – esfuerzos de cambio de orientación sexual y teorías reparadoras. Fallé al compartir públicamente que las personas gays y lesbianas que conozco no eran tan capaces de ser padres increíbles como las personas heterosexuales que conozco”.

Sobre todo se disculpa “porque muchos han interpretado este rechazo religioso por los cristianos como el rechazo de Dios. Lamento profundamente que muchos se han alejado de la fe y que algunos han decidido poner fin a sus vidas. Para el resto de mi vida voy a anunciar nada más que la verdad del Evangelio, de la gracia, la misericordia y la invitación abierta a todos a entrar en una relación inseparable con Dios Todopoderoso”.

Apunta además que “no puedo pedir disculpas por mis creencias bíblicas profundas sobre los límites que veo en las Escrituras que rodea el sexo, pero voy a ejercer mis creencias con gran cuidado y respeto por aquellos que no las comparten. No puedo pedir disculpas por mis creencias sobre el matrimonio. Pero no tengo ningún deseo de luchar contra otros por sus creencias o por los derechos que buscan. Mis creencias sobre estas cosas nunca volverán a interferir con el mandato de Dios de amar a mi prójimo”.

“En el futuro – concluye la carta – vamos a servir en nuestra cultura pluralista organizando conversaciones reflexivas sobre el género y la sexualidad” intentando “reducir el miedo y apoyando la esperanza de inspirar y cultivar el florecimiento humano”.

Fuentes: ProtestanteDigital, Huffington Post

Editado por: Protestante Digital 2013

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Concentración ciudadana en Brasilia. | AfpConcentración ciudadana en Brasilia. | Afp

Germán Aranda | Río de Janeiro

El amplio seguimiento en el octavo día de protestas en Brasil por el aumento del precio del transporte público acabó de convertir lo que arrancó el martes de la semana pasada como una manifestación puntual en un importante movimiento de indignación contra los poderes públicos del país.

Al menos 240.000 personas salieron a las calles en 11 capitales del país en las mayores manifestaciones en el país desde las que en 1992 precedieron al ‘impeachment’ del presidente Collor de Mello por corrupción. En Rio de Janeiro, 20 policías y 9 civiles acabaron heridos en la mayor manifestación del país, con 100.000 asistentes.

En Sao Paulo, ciudad donde se iniciaron las concentraciones, 65.000 personas salieron a la calle y en Brasilia, donde se juntaron unas 7.000,un centenar de manifestantes ocupó el techo del Congreso Nacional en un simbólico gesto. ¿Por qué el pueblo brasileño, generalmente poco movilizado, ha salido a las calles estos días?

  1. 20 céntimos como detonante. Los transportes públicos ya eran caros en relación a los sueldos (el mínimo es de 237 euros en Brasil) y lo son más con la subida de veinte céntimos que se ha llevado a cabo en las últimas semanas en todo el país. En Rio, ha pasado de 2,75 reales a 2,95 (1 euro) y en Sao Paulo, de 3 a 3.20 (1,10 euros). Fueron, sin embargo, otras cuatro capitales (Cuiabá, Porto Alegre, João Pessoa y Recife) las que decidieron rebajar las tarifas después de las manifestaciones.
  2. Una inflación insostenible. La vivienda, los electrodomésticos o el carro de la compra se están convirtiendo cada vez en bienes más prohibitivos para las clases populares brasileños debido a un aumento de los precios que ahoga su capacidad adquisitiva. Según los índices del mes de mayo, en los doce meses anteriores la inflación acumulada fue del 6,49%. El Banco Central anunció ayer mismo un aumento del 0,5% en los intereses para contener la inflación y revertir su crecimiento. La desaceleración económica (del 7,5% de crecimiento en 2010 se ha caído al 0,9% de 2012) también ha frenado la creación de empleo.
  3. Megaeventos en vez de servicios públicos. Pese a que la inversión en sanidad y educación han crecido en los últimos años, los manifestantes (en las plazas y a las puertas de los estadios), han reprochado a las autoridades que se hayan preocupado más de gastar dinero público en recintos deportivos (para el Mundial de 2014 y los Juegos de 2016) en lugar de en servicios públicos, que son todavía de muy bajo nivel. Los estadios más caros de la Copa Confederaciones, en Brasilia y Rio de Janeiro, han costado 1.200 y 1.000 millones de reales hasta la fecha. A las puertas de ambos se dieron lugar durante el fin de semana manifestaciones que acabaron con los policías sofocando las protestas con gas lacrimógeno, pimienta y balas de goma.
  4. «Dilma, tú estabas aquí». Los manifestantes no han escatimado ataques a la presidenta Dilma Rousseff, a la que han recordado su pasado guerrillero y activista. Cada vez son más los que consideran que el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) se ha burocratizado y ha perdido la esencia de base con la que se formó para modernizar la izquierda. La reacción de la jefa de estado a las manifestaciones, por ahora, ha sido la de respetarlas e incluso expresar su «orgullo» por el hecho de que salgan a la calle, lo cual demuestra según ella que existe «una democracia más fuerte» en el país. Como si el mensaje no fuera dirigido hacia ella.
  5. Corrupción: Además del alejamiento de las bases, el partido del gobierno y sus aliados (como tantos otros también en la oposición) ha acumulado episodios de corrupción en los últimos años, resumidos en el gran juicio al escándalo del mensalão en el que 25 personas (entre ellos altos cargos del gobierno de Lula) fueron condenadas por desvío de dinero público para comprar apoyos parlamentares. En el gobierno de Dilma, hasta siete ministros fueron destituidos tras ser relacionados con casos de corrupción. La percepción de que si todo el dinero que se quedan los políticos fuera a los servicios públicos éstos mejorarían notablemente es cada vez mayor.
  6. Brutalidad policial: La excesiva represión policial a una protesta más bien pacífica el pasado jueves encendió más la llama de la indignación. El uso de balas de goma acabó con decenas de heridos y en Internet se hablaba de emboscadas y cargas indiscriminadas incluso a paseantes ajenos a las protestas. El propio alcalde de São Paulo reconoció los excesos de la policía, que ayudaron a que más gente se echara a las calles. Este sábado, la impotencia para refrenar los actos vandálicos aislados en el centro de Rio de Janeiro llevó a algunos agentes a disparar con armas de fuego e hirieron de bala a tres de ellos. La Policía Militar carga con una fama de corrupta y violenta debido a los miles de muertos (muchos de ellos inocentes) que se cobra anualmente en su guerra abierta al narcotráfico y a los cuerpos paramilitares que se forman dentro y alrededor de ella. La ONU, que ya ha recomendado en numerosas ocasiones su desmilitarización, pidió ayer que se investiguen los excesos de la Policía Militar en las manifestaciones, así como que se garantice el derecho a la protesta pacífica.
  7. La consolidación de la clase media y de las redes sociales: La salida de 19,3 millones de personas de la pobreza o la entrada de unos 35 millones a la heterogénea clase media brasileña (que pasó del 38% en 2002 al 53% en 2012) ha permitido que gran parte de la población entienda sus derechos y exija un servicio público de calidad. La reducción del analfabetismo, el crecimiento de estudiantes universitarios y en general una mejoría en la educación (pese a sus grandes deficiencias) han ayudado a la concienciación global de masas anteriormente menos informadas. El uso de Internet también ha facilitado el acceso a información. El 48% de la población tenían acceso a la red en 2011 por un 27% en 2007. Redes sociales como Twitter y Facebook, consolidadas en los últimos tres años en Brasil, han ayudado a cohesionar las protestas sociales.

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Si es cierto que menos es más, la primera victoria real de la protesta callejera brasileña ha empezado por lo más pequeño: la suspensión de los 20 céntimos de aumento de los transportes en São Paulo y en Río de Janeiro.

Un menos que tiene un enorme valor simbólico, porque había sido la mecha que hizo prender el fuego. Tanto, que trajo de cabeza estos días a las autoridades de Brasil, temerosas de ceder a una protesta sin líderes que podría ponerlos de rodillas ante los gritos de la calle.

Primero aseguraron que no era posible volver atrás. Después, que el Congreso debía aprobar una ley para exonerar de no sé qué impuestos. Al final, la rendición.

Ganaron los 20 céntimos. La protesta forjará ahora un camino para que todas las demás ciudades sigan el ejemplo, aunque es solo el primer paso. Una pancarta decía ayer: “País desarrollado no es aquel donde los pobres tienen coche, sino donde los ricos usan los transportes públicos”.

Ahora exigirán la calidad de los medios de transportes, la seguridad de los que los usan, la puntualidad de sus horarios y el respeto a la dignidad de los ciudadanos que los emplean, ya que a veces parecen transportar ganado y no personas.

Varios expertos en movimientos de masas están afirmando que las reivindicaciones de un movimiento de protesta sin nombre, ambulante, con un rosario de exigencias en sus manos, va a seguir y está llamado a crecer.

Llegarán otras peticiones, que irán desde lo que los pobres sin seguro privado sufren en los hospitales o la precariedad de las escuelas públicas al cáncer de la impunidad que solo lleva a la cárcel y con rapidez a los ciudadanos de a pie y deja libres a los que les sobra nombre y poder para burlar la ley.

Será importante ahora observar la reacción de esas masas a su primera victoria, así como la de los dirigentes políticos ante lo que algunos considerarán una debilidad.

Ni el movimiento podrá querer acortar etapas ni embriagarse con su primera pequeña gran victoria, ni los administradores públicos pueden ahora sentarse tranquilos a beber una cerveza convencidos de que con ese regalo han saciado el hambre del monstruo.

Paradójicamente, esa victoria podría tanto fortalecer el movimiento como debilitarlo. Es un banco de pruebas para los responsables políticos, que deberán saber demostrar cuándo pueden y deben escuchar esas reivindicaciones y cuándo no.

De ese difícil equilibrio del que camina por encima de un hilo tenso dependerá que lo que aún no tiene nombre como fenómeno de protesta, y que es típicamente brasileño, sea capaz o no de ofrecer algo nuevo e inédito: si será una nueva primavera o si todo acabará en agua de borrajas en las que acaben ahogándose los pobres (y a la vez ricos) 20 céntimos de la discordia.

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Dilma se ha encontrado con el expresidente Lula, en São Paulo después del estallido de protestas en la calle. Cualquier periodista hubiese dado lo que fuera por asistir a lo que los dos se habrán dicho en este momento en que el país está en llamas. Ambos han sido los protagonistas de una década de Gobierno en la que Brasil se impuso como un país con voluntad de cambio real, sobre todo en el ámbito social, aunque también económico.

El mundo creyó en el despertar del gigante americano, cada día con más fuerza dentro del continente y más integrado en la geopolítica mundial.

Se llegó a decir, quizás con excesivo énfasis, que la historia de Brasil se dividía entre antes y después de Lula y Dilma, el extornero sindicalista y la exguerrillera llegada a la presidencia de la mano del primer mandatario obrero de este país.

El presidente Obama llegó a afirmar que Lula era el político “más popular del mundo” y hoy se dice que Dilma es la “segunda mujer más poderosa del planeta”.

La magia de los números llevó al mundo cifras envidiables de progreso: 30 millones de pobres que se sentaban al banquete de la clase media; un país sin desempleo; un crecimiento económico soñado en Europa; una fuerza de confianza mundial que hizo que se le otorgasen a Brasil, juntos, el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.

Lula y Dilma eran como esos padres que se sienten orgullosos de ver a sus hijos salir de la penuria; ponerse la corbata para ingresar en la universidad; poder llevar un móvil en el bolsillo junto con las llaves de una moto y hasta de un coche.

Los hijos crecieron, llegaron a saber más cosas de la vida y de la política que sus padres, manejaban mejor que ellos todos los endiablados laberintos de la moderna tecnología de la información.

Y empezaron a hacer preguntas a sus padres. Y se permitieron hacérselas hasta escabrosas. Y lo que era peor, hasta a disentir de ellos. Llegaron hasta el extremo de reprocharles lo que aún no les habían dado o a echarles en cara que lo que habían recibido estaba averiado, que el juguete funcionaba mal.

Y lo peor fueron las preguntas impertinentes, como casi todas las que los hijos que crecen hacen a los padres. Lula había llegado a elogiar el sistema de salud de Brasil con una frase que hoy hubiese preferido olvidar. Dijo que había llegado «asi a la perfección», y añadió que en Brasil hasta daban ganas de enfermarse para poder disfrutar de un hospital.

Los hijos fueron un día a uno de esos hospitales y vieron que era mejor estar sanos.

Dilma y Lula se sintieron orgullosos ante el mundo cuando conquistaron para el país el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos. Y volcaron en sus preparación miles de millones de dólares. Y explicaron lo que esos acontecimientos traerían a Brasil de belleza, alegría y de masas de turistas.

Y los hijos que se subían, pagando caro, a un autobús público en las grandes urbes -a empujones, algunos intentando entrar por las ventanas, con peligro además de ser ellos asaltados y ellas violadas- en vez de alegrarse con los estadios de primer mundo, ingratos, empezaron a decir: “Podemos prescindir de la Copa, pero no de transportes, escuelas y hospitales dignos”.

Todas estas cosas y muchas más que aparecían en las manifestaciones y protestas callejeras, algunas amenazadoras, como “no nos representáis”, debieron ser examinadas por Dilma y Lula, mientras el dolar subía y la Bolsa bajaba.

Ha habido hijos tan desagradecidos que han llegado a pedir a través de Internet la salida de Dilma de la presidencia. Más de 140.000 habían firmado para ello hasta esta mañana. Es como si el hijo, que ha crecido y se ha rebelado, pidiera que los padres salieran de casa. Injusto.

No sé si sabremos lo que Dilma y Lula habrán decidido hacer y decir al hijo que se les ha rebelado y prefiere vivir en la pospolítica. Al hijo que para protestar y actuar en la sociedad ya no necesita afiliarse al partido o al sindicato del padre, o ser llevado de la mano por él a manifestarse en las calles contra el patrón.

Lo sabe ya hacer solo y con mayor libertad. “No necesitamos ser de un partido para indignarnos y protestar”, se leía esta mañana en Facebook.

En São Paulo, un sondeo reveló que el 80% de los 65.000 que salieron a la calle no era de ningún partido.

Dilma ya ha dicho hoy: “Mi gobierno está atento a esas voces por el cambio y está comprometido con la justicia social”. Y añadió: “esas voces necesitan ser oídas”.

También los padres, cuando conversan sobre los hijos que se rebelan y protestan, suelen decirse entre ellos: “Tenemos que escucharles”.

Sin duda Dilma y Lula habrán salido del encuentro con esa voluntad de escuchar, de dialogar con los hijos rebeldes. El miedo de muchos es que quizás esos hijos no quieran ya hablar con ellos. Puede que prefieran que les dejen a ellos hablar por su cuenta.

Es un momento difícil y al mismo tiempo apasionante el que está viviendo Brasil. En los aspectos positivos que pueda entrañar la protesta, que ya abraza casi al país entero, podría servir a los países hermanos del continente.

Solo las aguas paradas acaban pudriéndose. Solo las familias en las que parece que reina una calma chicha suelen surgir las mayores tragedias.

Mejor gritar, dicen los psicólogos, que tragarse la rabia.

De gritos y rabias, están llenas las biografías de Lula y Dilma.

Nadie mejor que ellos para guiar a esos hijos rebeldes hacia un crecimiento político que tenga en cuenta que hoy el mundo es otro del que ellos vivieron; que la política no puede hacerse como ellos la hicieron aunque fuese con sudor y sangre, y que los hijos quieren ser protagonistas de lo que nace más que sepultureros de lo que ya ha muerto.

Y en cuanto a la pretensión peligrosa de algunos de echar a los padres de casa por la fuerza, por mucho que cambie hoy la política, en democracia, existe un solo modo legítimo de hacerlo, que es el voto libre.

El año que viene los brasileños irán a las urnas.

En el secreto de conciencia del voto podrán resolver sus conflictos. Y que sean también ellos leales con la ética política.

Ayer alguien hizo esta pregunta escabrosa, esta vez a los manifestantes: “¿Por qué los que gritan contra los políticos corruptos acaban después votándoles en las urnas?”.

Sería una buena pancarta para enarbolarla en las próximas marchas callejeras.

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Denuncia en redes sociales

‘El niño del Barça', imagen de la masacre infantil en Siria

Captura de pantalla de la campaña en Twitter contra la muerte de menores en la guerra siria / Twitter
Ahmad Ozman, un adolescente, murió con la camiseta de su equipo favorito en la batalla de Baida. Quería ser como Messi.

SIRIA

La imagen de Ahmad Ozman, un adolescente sirio que murió vestido con una camiseta del FC Barcelona, se ha convertido en símbolo de una campaña de activistas sirios a través de las redes sociales para protestar contra la muerte de menores en el conflicto.

Un cartel con dos fotografías de Ozman, una de tamaño carné y otra en la que aparece su cadáver con una camiseta del que era su equipo favorito, ha sido divulgada a través de redes sociales como Facebook o Twitter en el marco de esta campaña, que quiere llamar la atención sobre los ataques del régimen contra los más pequeños e indefensos.

Esta iniciativa, llamada tweet4syrianchild (‘tuitea’ por el niño sirio), pide a los internautas que el día 10 de cada mes escriban mensajes para recordar a los niños sirios.

La campaña recuerda que Ozman, que quería ser una estrella del fútbol como Messi, murió en la ofensiva que las fuerzas del régimen de Bashar Asad lanzaron el pasado 2 de mayo en la localidad de Baida, en la provincia costera de Tartús, que causó centenares de muertos.

Según los activistas, Ozman, que nació en 1998, perdió la vida junto a otros miembros de su familia y amigos en la masacre, que fue condenada por la comunidad internacional.

Fuentes: Efe

Editado por: Protestante Digital 2013

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En la raíz de ese nuevo concepto de martirio es donde se encuentra la clave del moderno terrorismo

 

Las religiones han vivido siempre al borde de un abismo. Y suelen atravesarlo aferradas al concepto del viejo martirio o del moderno terrorismo. Nacidas para dar respuesta al misterio de la vida, han acabado muchas veces atrapadas en máquinas de muerte.

El caso de los terroristas, nacidos al cultivo de la corriente violenta del islamismo, propone una reflexión acerca de la gravedad de la fe, que debería ser liberadora y acaba forjando nuevos terrores.

Las tres grandes religiones monoteístas han ido evolucionado en la visión de la violencia a lo largo de los siglos.

La religión del Libro, en su versión más antigua, defendía el ojo por ojo. No exigía la violencia contra los diferentes. Dejaba a Yahvé, que se encargase de defender a su pueblo contra los enemigos de Israel.

Más tarde, primero el talmud, y después Jesús de Nazaret, perfeccionaron el ojo por ojo judío, para colocar un muro a la violencia, pasando a aconsejar poner la otra mejilla a quien te abofetea.

En ese concepto de perdón heroico del cristianismo, de devolver bien por mal, es en el que se inspiraron más tarde los profetas de la no violencia.

El judaísmo no tiene en su credo el proselitismo, mientras que el cristianismo y el islamismo se hicieron misioneros tratando de convencer, unas veces por las buenas y otras por las malas, a abrazar su fe en los demás.

Llegaron más tarde las cruzadas y las inquisiciones que eliminaban al que no creyera como ellos. Y volvió la violencia del brazo de la intolerancia, del no respeto por la fe del otro.

Junto a ello, nació en el cristianismo el concepto de martirio. El creyente, antes de arrodillarse ante los ídolos, antes de renunciar a su fe, prefería morir. Moría él, no mataba a los demás.

En el islamismo, la última en el tiempo de las tres grandes religiones monoteístas, cuya esencia es la compasión, el concepto de martirio cristiano cambió de signo. El mártir ya no se inmola sólo, sino que arrastra con él la muerte de los demás, de los que no piensan como él o no viven como él.

En la raíz de ese nuevo concepto de martirio es donde se encuentra la clave del moderno terrorismo, que en el islamismo se apoya en los preceptos de la fe, y en el mundo político en la ideología, de derechas o de izquierdas. No importa la muerte del inocente si lo exige la pureza de la idea por la que se lucha y muere.

El peligro de ese cambio de martirio tanto en el campo religioso como político, es de una gravedad extrema en nuestro mundo tecnologizado en el que basta una olla a presión para que dos muchachos inteligentes puedan crear muerte y terror.

Así como hoy es infinitamente más fácil que ayer crearse los propios instrumentos de muerte, también resulta más fácil y aterrador el que sin necesidad siquiera de una organización nacional o internacional, cualquiera, dispuesto al martirio, por su fe, pueda actuar por su cuenta, como un David contra el gigante Goliat.

El David del terrorismo puede ser cualquier creyente que considere que ese Goliat de la vida moderna, del vivir a la occidental, es incompatible con su fe y debe ser eliminado.

El terrorismo se convierte así en un ideal individual, lo eleva su peligrosidad a la enésima potencia, ya que cualquiera puede convertirse en una Al Qaeda y actuar por su cuenta y riesgo.

No necesitan ni consignas del exterior. Les basta la convicción de que, por ejemplo “no entienden a esos americanos” o “a esos europeos”. No los entienden y juzgan que no tienen el derecho de vivir de forma diferente a la que ellos viven, o les han obligado a hacerlo.

Eliminar al que no actúa como ellos ni en su fe ni en sus costumbres, se convierte en un imperativo individual de su propia fe, casi en un mantra, en una llamada del Altísimo.

Y es ahí donde reside la peligrosidad de ese moderno concepto de martirio, que no se conforma con su propia inmolación en defensa de su fe, sino que arrastra con él la exigencia de eliminación del diferente.

Sin entender estos engranajes complejos y milenarios de la fe tanto religiosa como ideológica, y de sus fanatismos, no conseguiremos dar respuesta a las preguntas que surgen cada vez que el terrorismo golpea al mundo moderno.

Si para el islámico, la inmolación que conlleva la eliminación de los otros supone renacer a un mundo sobrenatural mejor, para el terrorista ideológico, el terrorismo que conlleva en sus entrañas la muerte de inocentes, es vista, como decía el ideólogo italiano de las Brigadas Rojas, Toni Negri, como “el amanecer de la revolución”.

Difícil en esa explosiva mezcla de fe e ideología defenderse del terror que nos acecha a cada esquina.

Si fueron necesarios dos mil policías y la paralización de una ciudad como Boston, para capturar a un muchacho de 19 años convertido en terrorista, es fácil imaginarse lo que podría ocurrir si millones de fundamentalistas religiosos o ideólogos de la revolución, se convirtieran, por su cuenta y riesgo, en otros tantos candidatos a mártires.

Bin Laden sigue vivo en cada fanático capaz de renunciar a su vida por la causa por la que él acabó muerto. Y las inquisiciones de cualquier color que sean, siguen coleando en la historia. Olvidar esa cruda realidad, o intentar minimizarla, sería la peor de las decisiones.

No basta la psiquiatría para entender el moderno terrorismo. Tenemos que acudir a las degeneraciones de los catecismos de la fe o a los manifiestos ideológicos.

 

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/20/actualidad/1366473896_561415.html

Sufriendo con Boston

Publicado: abril 20, 2013 en Sociedad

Juan Francisco Martínez

Sufriendo con Boston

 Quisiera sugerir que los eventos en Boston nos obligan a reflexionar de otra manera a la que se está produciendo.

21 DE ABRIL DE 2013

La gente en EEUU hemos pasado esta semana pasada siguiendo el desenlace de los eventos en Boston. Desde las explosiones el lunes pasado hasta la captura del segundo cómplice el viernes por la noche el país ha estado pegado a los medios de comunicación social.
Entre la zozobra, el interés macabro y nuestro dolor nacional hemos sufrido con los ciudadanos de Boston, recordando, de nuevo, que no estamos exentos de ataques, aun aquí en los EEUU.
Estamos contentos que los de Boston podrán descansar y seguimos orando que Dios esté presente con los que están doliendo y que traiga su paz a los que viven en la ciudad.
Entre los reportajes que se hicieron después de las explosiones del pasado lunes, estuvo uno que enfocó en el hecho de que los humanos tendemos hacia la negación cuando ocurre algo como esto.
En vez de reconocer que esto nos podría ocurrir a cualquiera comenzamos a racionalizar y “explicar” como es “imposible” que nos ocurriera algo similar a nosotros.
Este proceso mental nos da un sentido falso de seguridad y concluimos que nosotros nunca podríamos ser víctimas de eventos similares.
Quisiera sugerir que los eventos en Boston nos obligan a reflexionar de otra manera a la que se está produciendo.
En primer lugar, necesitamos recordar que personas en otras partes del mundo viven en medio de este tipo de inseguridad social. El mismo día del ataque de Boston hubo un bombardeo en Irak que mató a muchas más personas.
Este tipo de violencia es la experiencia común de muchos. Como cristianos necesitamos orar y trabajar por la paz y la seguridad en todas partes del mundo, especialmente en aquellos lugares donde casi parece ser parte del pan diario.
En segundo lugar, necesitamos reconocer que la seguridad es una ilusión. Los que vivimos en EEUU tendemos a creer que con suficiente inversión podemos crear la seguridad. Sin embargo, momentos como estos necesitan hacernos reflexionar.
En cualquier momento podría ocurrir un desastre que nos podría quitar la vida.
Nuestra vida terrenal es un regalo divino, pero terminará. A pesar de todos nuestros esfuerzos el 100% de los humanos hemos de morir. Nos podemos cuidar físicamente y podemos desarrollar sistemas de protección. Pero nadie evitará la muerte.
Es por eso que el salmista nos invita a “contar nuestros días” (Salmo 90:12). Es en el proceso de reconocer nuestra mortalidad que podemos encontrar la sabiduría para vivir nuestra vida terrenal a plenitud.
Que el Señor nos ayude a sufrir con los que están sufriendo en Boston, pero también a confesar que nuestra vida no está en nuestras manos.

Autores:  Juan Francisco Martínez

©Protestante Digital 2013


Juan Francisco Martínez

Aprendiendo a ser minoría moral en EE.UU.

 Lo más difícil para las iglesias cristianas de EE.UU., tanto “de izquierda” como “de derecha”, es que ya no tienen una voz influyente en la sociedad estadounidense.

No hace muchos años la  Mayoría Moral  tenía una voz importante en el partido republicano. La derecha cristiana le ayudó a los republicanos a ganar varias elecciones presidenciales y ellos tenían una voz importante en ese partido político.

Varios de los líderes de la derecha cristiana asumían que podían hacer que el país “regresara” a la fe cristiana. Su poder político siguió influyendo hasta las elecciones del 2004.

Por supuesto que la “mayoría moral” siempre suscitó muchas preguntas. Nunca fueron mayoría en el país y su moralidad parecía limitarse a temas del aborto y oponerse al matrimonio del mismo género. En todo lo demás su postura era prácticamente la misma que la derecha republicana.

Sin embargo, la  Mayoría Moral  era una versión derechista de la postura que anteriormente habían tenido las iglesias protestantes históricas. El cristianismo liberal de las iglesias históricas estaba muy ligado a las posturas políticas y sociales de las clases “educadas” de EEUU. Su postura “cristiana” tenía una moralidad personal, pero ellos asumían que las posturas políticas y sociales del país eran básicamente cristianas.

Tanto el protestantismo histórico de mediados del siglo XX como la Mayoría Moral de la última parte del siglo asumían un modelo de cristiandad. Asumían que las sociedad EEUU eran básicamente cristiana y que las posturas y acciones de sus líderes políticos, sociales y económicos reflejaban los valores “cristianos” del país, o debían de hacerlo.

Pero la situación ha cambiado mucho en los primeros años del siglo XXI. Los demócratas están llevando al país hacia el secularismo en nombre del pluralismo. Y recientemente los republicanos están dando a entender que el agenda de la derecha cristiana ya no tendrá mayor voz dentro del partido.

Las iglesias cristianas, tanto conservadores como liberales, se están viendo marginalizadas en las plataformas públicas. Su papel público se está limitando a ser capellanes de las acciones políticas de personas que poco valorizan su voz.

Al verse marginalizados muchas iglesias y líderes cristianos están tratando de mantener la voz que tuvieron en el pasado. Todavía están tratando de reproducir la época de la cristiandad.

Algunas iglesias lo están haciendo por predicar un “evangelio” que es prácticamente el mismo mensaje de las voces “progresistas” del momento. Su mensaje trata de demostrar que la fe cristiana en verdad se parece a las actitudes libertinas del momento. Asumen que si predican un “evangelio progresista” conseguirán que la gente se acerque a sus iglesias. Sin embargo, siguen perdiendo gente.

Muchas iglesias conservadoras asumen que la respuesta es seguir peleando públicamente contra las tendencias secularizantes. Siguen tratando de “regresar” al país a los valores cristianos del pasado. Tienen una presencia más fuerte entre las iglesias cristianas, pero se están dando cuenta que aún sus supuestos aliados, los republicanos, ya no les están haciendo mucho caso.

También se está viendo una nueva tendencia de huir de la sociedad. Un número creciente de iglesias se están dedicando a ofrecer bienes religiosos y están evitando lidiar con las cuestiones sociales, políticas o económicas controvertidas del momento.

Lo más difícil para las iglesias cristianas, tanto de izquierda como de derecha, es que ya no tienen una voz influyente en la sociedad estadounidense.Aunque la gran mayoría de los estadounidenses se siguen identificando como cristianos, es claro que las iglesias y los líderes cristianos, ya no tienen la influencia pública que tuvieron en otro tiempo. Tampoco se puede anticipar que las personas que se llaman cristianas practiquen valores cristianos, ni que sigan las enseñanzas de sus líderes religiosos. La cristiandad está en pleno declive.

Este es el momento para que los cristianos reconozcamos que necesitamos a aprender a ser una minoría moral. Tenemos que aprender lo que significa ser una minoría fiel en la sociedad. En muchas partes del mundo los cristianos son minoría. Llegó el momento en que los de EEUU necesitamos aprender de ellos sobre lo que significa ser cristianos fieles en un mundo pos-cristiandad.

Mientras unos cristianos quieren seguir a la sociedad, otros quieren pelear y otros huir. Pero la respuesta está en entender la sociedad sin seguirla, tener una voz profética sin vivir peleando y vivir una vida alternativa, sin huir de nuestra responsabilidad en el mundo. Tenemos que aprender a compartir el evangelio en un contexto donde tenemos que ganarnos el derecho de ser escuchados.

Ser una minoría moral significa reconocer que debemos buscar la paz de la ciudad donde vivimos. Nos llama a la humildad de ser siervos de Dios y de nuestro mundo. También implica proclamar el mensaje del evangelio a personas que no tienen trasfondo cristianizado, recordando, de nuevo, que es el Espíritu Santo que transforma las vidas de los que escuchan el mensaje.

Nuestra proclamación también tiene que confrontar el pecado, tanto el personal como el social. Tenemos que recordar, de nuevo, que debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo. Huir no es opción.

Ser una minoría moral será una tarea compleja para los que estamos impuestos a ser una voz en la cristiandad. Que Dios nos de el valor para ser minoría fiel.

Autores: Juan Francisco Martínez
©Protestante Digital 2013

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Bergoglio pidió perdón en 2000 por no «haber hecho lo suficiente» entre 1976 y 1983

 Buenos Aires
El dictador Jorge Videla toma la comunión. / REUTERS

Las aguas del río de la Plata bajaban manchadas con la sangre de los secuestrados que arrojaban desde los aviones militares y la mayoría de los jerarcas de la Iglesia católicaargentina parecían dormidos. La siesta se prolongó desde 1976 hasta 1983, los años de la dictadura. Luis Zamora, que ahora ejerce como político opositor al Gobierno deCristina Fernández, era entonces un abogado de 28 años. “Yo iba los jueves a la plaza de Mayo para manifestarme junto a las madres de los desaparecidos. No me olvidaré jamás de aquel día de 1979 en que nos reprimió la policía de la dictadura. Que te persiguiera esa policía significaba que podías desaparecer para siempre. Salimos corriendo hacia la catedral, que está en la misma plaza. Y cuando nos estábamos acercando cerraron la puerta. Eran las madres de los desaparecidos y les cerraron las puertas. Tuvimos que refugiarnos en el subte [el metro]. Aquello me pareció un símbolo muy directo de la complicidad entre la Iglesia y la dictadura”.

“A las pocas semanas del golpe militar más de 60 obispos de todo el país se reunieron para evaluar la situación”, explica Luis Zamora. “Todos convinieron en que en sus obispados había secuestros, desapariciones, despidos por actividades gremiales… Hubo una discusión sobre si se pronunciaban o no. Por unos 40 votos contra 20 optaron por no pronunciarse públicamente y afrontar el problema con gestiones reservadas. Eso significó avalar públicamente la dictadura y tener una carta en el futuro que les permitiera decir: ‘Hicimos cuestionamientos privados o gestiones orales’. Pero a la población le transmitían que ellos apoyaban la dictadura. En todos los actos públicos, en las fiestas patrias… siempre había un obispo o un cardenal al lado de los dictadores. La Iglesia católica bendijo el golpe”.

El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio llegó a pedir perdón en nombre de la Iglesia en el año 2000 por no “haber hecho lo suficiente”. Lo que se comenzó a cuestionar muy pronto es si, además de no hacer lo suficiente, la Iglesia hizo demasiado. O sea, si fue cómplice necesaria en la comisión de ciertos crímenes. El director del diario Página 12, Horacio Verbitsky, sostiene que Bergoglio colaboró en la detención de los jesuitas Francisco Jalics y Orlando Yorio, secuestrados durante seis meses en 1976. Yorio murió en 2000, pero su hermana Graciela, de 67 años, señaló que Bergoglio mantuvo el doble juego: “Preocuparse [por el destino de los dos jesuitas] y por detrás hacer todas las maniobras necesarias para que los secuestraran”. Tras conocerse el nombramiento de Francisco, Jalics declaró en un comunicado desde el monasterio de Alemania en que se encuentra que ya se había reconciliado con Bergoglio y que para él estaba cerrado el caso. Sin embargo, su mensaje parecía más incriminatorio que exculpatorio. Así que el pasado miércoles, Jalics sentenció tajante en otro comunicado: “Es un error afirmar que nuestra captura ocurrió por iniciativa del padre Bergoglio”.

A pesar de esa declaración, el asunto siguió coleando en Argentina. El pasado jueves el periodista Verbitsky relató que el jesuita Jalics le había revelado en 1999, bajo la condición del anonimato, que “durante meses Bergoglio contó a todo el mundo que Jalics y Yorio estaban en la guerrilla”. Ese dato bastaba en aquella época a los militares para secuestrar, torturar o matar a cualquiera. Y más si la información provenía del superior provincial de los jesuitas, cargo que entonces ejercía el papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio negó siempre de forma rotunda haber asociado a Jalics y Yorio con la guerrilla.

“Qué dirá la historia de estos pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”, se preguntaba estos días Verbitsky citando el libro Iglesia y dictadura, del fallecido Emilio Mignone. El Vaticano alega que esas afirmaciones son “calumniosas y difamatorias” y que nunca hubo una sola prueba en firme contra Bergoglio.

La presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, declaró al conocerse el nombramiento del papa Francisco: “Uno condena a la jerarquía eclesiástica porque fueron partícipes, cómplices, ocultadores, directa o indirectamente. Es una historia muy triste que entinta a toda la jerarquía de la Iglesia católica argentina, que no ha dado ni un paso para colaborar con la verdad, la memoria y la justicia. Bergoglio pertenece a esa Iglesia que oscureció al país”.

El 14 de marzo —al día siguiente de la elección papal— el gran referente de los derechos humanos en Argentina, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, escribió un mensaje bastante crítico hacia Bergoglio en el que, sin embargo, le eximía de la acusación más grave: “Es indiscutible que hubo complicidades de buena parte de la jerarquía eclesial en el genocidio perpetrado contra el pueblo argentino y, aunque muchos con exceso de prudencia hicieron gestiones silenciosas para liberar a los perseguidos, fueron pocos los pastores que con coraje y decisión asumieron nuestra lucha por los derechos humanos contra la dictadura militar. No considero que Jorge Bergoglio haya sido cómplice de la dictadura, pero creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos humanos en los momentos más difíciles”.

“La actitud de la jerarquía episcopal en la dictadura fue muy difusa y confusa», explica Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres de Argentina. “Hubo un grupo muy pequeño de obispos claramente opuestos y críticos de la dictadura (Alberto Pascual Devoto, Enrique Angelelli, Eduardo Pironio, Vicente F. Zazpe, Jaime de Nevare, Jorge Novak y Miguel Hesayne); un grupo no muy grande de obispos francamente cómplices (Victorio Bonamin, Adolfo Tortolo…). Creo que la mayoría confundió una serie de elementos: pánico al comunismo que creían que se aproximaba; muchos con una ignorancia en teología soberana entendieron que ‘la autoridad viene de Dios’ y entonces oponerse a la autoridad era oponerse a Dios; otros tenían una pobre idea del mal menor… Lo cierto es que entre unos y otros conformaron un episcopado cómplice o silencioso, callado y temeroso. No hicieron denuncias claras, no levantaron la voz, no se atrevieron a excomulgar —por ejemplo— a los torturadores. Bergoglio no fue Victorio Bonamín, pero tampoco fue Jorge Novak”.

Luis Zamora cuenta que acudió en 1979 junto a otros abogados a las oficinas en Buenos Aires del nuncio apostólico Pio Laghi. “Llevábamos muchos informes de gente que había desaparecido en esos tres años de dictadura. Y el nuncio no nos atendió. Su secretario nos dijo: ‘Está muy bien la información que traen, pero ya la tenemos’. Nos fuimos diciendo ‘¡Qué ingenuos somos!’. ¿Cómo podíamos pensar que la Iglesia no sabía todo esto desde el comienzo?”.

Hace tres años, Bergoglio se vio obligado a declarar como testigo en un juicio sobre los crímenes de la dictadura. El abogado que lo interrogó en representación de varias familias de víctimas era Luis Zamora. “Tras escuchar su testimonio, no me cabe duda de que Bergoglio entregó a esos jesuitas”, concluye Zamora.

Hoy día, sin embargo, soplan nuevos aires en el Vaticano. Desde que se conoció el nombramiento de Francisco han salido a luz varios casos de personas perseguidas por la dictadura a quienes de forma discreta Bergoglio ayudó a salvar la vida. Además, se da por hecho que la primera persona a quien Francisco pretende beatificar es Carlos de Dios Murias, un fraile franciscano torturado y asesinado durante la dictadura. Las encuestas revelan que el Papa es profeta en su tierra. Y no será el Gobierno de Cristina Fernández el que se atreva a ir abiertamente en contra de las encuestas.

 

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Estudio de Pew Research

La afiliación religiosa en EEUU, en mínimos históricos
Más de un 20 por ciento de la población no se identifica con ninguna religión, un fenómeno que va en aumento constante en las últimas dos décadas.

 ESTADOS UNIDOS

El número de estadounidenses que dicen no tener ninguna afiliación religiosa es el más alto desde que se realizan estas mediciones, superando el 20 por ciento de la población, según un informe de Pew Research elaborado en octubre de 2012.

Aunque en su momento pasó algo desapercibido con la expectativa de unas elecciones cercanas, varios expertos han examinado estos resultados que parecen dar un retrato interesante de lo que está pasando con la religión – en particular, con el cristianismo – en este país.

Los sociólogos de la Universidad de California, Berkeley, y la Universidad de Duke analizaron los resultados para Huffington Post, comprobando que el número de personas que no se consideran parte de una religión organizada ha aumentado drásticamente en los últimos años.

Ya en los años 1930 y 1940, el número de personas que no se identificaba con ninguna religión rondaba el 5 por ciento. Claude Fischer, uno de los investigadores con la Universidad de Berkeley, explicó que ese número había aumentado a sólo el 8 por ciento en 1990.

Pero desde entonces, el número de personas que no se consideran parte de una religión se ha incrementado hasta un 20 por ciento.

HUYENDO DE LA RELIGIÓN ESTABLECIDA
 “Alrededor de 1990 comenzó el despegue de esta tendencia”, dijo Fischer al Huffington Post. “Llama la atención que la tendencia de renunciar a una afiliación avanza a un ritmo regular, pero en cambio no se corresponde con el porcentaje de personas agnósticas o ateas, que no muestra una tendencia al alza semejante”.

“Cuando se pregunta a la gente si pertenece a una religión, se pide una identificación del tipo yo soy católico”, explicó Fischer. “La identificación es una cuestión diferente que las creencias, de si creen en Dios, o en la vida después de la muerte”.

La investigación muestra que los hombres son más propensos que las mujeres a no identificarse con una religión – el 24 por ciento frente al 16 por ciento – y que los afroamericanos y latinoamericanos tenían más probabilidades de asociarse con una religión que los blancos.

DIFERENCIAS POLÍTICAS NOTABLES
En otro sentido, se nota una diferencia clara si se agrega el condicionante político. El 40 por ciento de los liberales afirman que no tienen religión, en comparación con sólo el 9 por ciento de los conservadores.

Fischer y su colega Mike Hout, analizó datos similares hace 10 años y tienen la teoría de que el abandono de la religión organizada está directamente ligada a la política.

“Es producto de la participación de la derecha religiosa en la política estadounidense y la conexión cada vez mayor en la mentalidad estadounidense de los moderados y liberales, que piensan cada vez más que la religión es igual a la política conservadora”, dijo Fischer.

DISCURSO MORAL
“Cada vez más, las personas identifican y vinculan la religión organizada con actitudes anti-gay, el conservadurismo sexual, y toda una gama de valores sociales y culturales de esta tendencia”, dijo Fischer.

El informe también mostró que aquellos que no estaban afiliados a una religión tampoco buscaban una. “Esto transmite la idea de que estas personas piensan que las organizaciones religiosas están demasiado preocupadas por el dinero y el poder, demasiado centradas en reglas y demasiado involucradas en la política”, concluye Fischer.

Fuentes: Huffington Post

Editado por: Protestante Digital 2013

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