Al César lo que es del César…

Publicado: febrero 18, 2011 en Sociedad

Extraño más que nunca a mi querido Perú, pero me alegro en sumo grado no estar allí en esta temporada de elecciones, escuchando at nauseam las propagandas electorales—más bien electoreras; viendo toda la ciudad afeada por carteles, pancartas, pintarrajos y las fotografías de tanto vivo quienes por más que expongan su mejor sonrisa, no pueden esconder la evidente nariz de Pinocho que les afea el alma. Lo peor: la asquerosa, mentirosa, sínica y barata demagogia de la mayoría de los candidatos y candidatas.

¿Que así es la democracia? Pues no Señor. Mal de muchos, consuelo de tontos. Les gusta que sea así a los oportunistas, arribistas, mercenarios de la política, interesados en llegar al poder para servirse de él en todo lo que puedan, menos servir al pueblo. La democracia no es así, o no debería ser así.

La democracia está así porque  la mayoría popular no ha madurado aun o no ha despertado del marasmo en el que el pasado la ha adormecido.

La democracia está así porque en esa inmadurez o adormecimiento el pueblo olvida fácilmente las mentiras y patrañas que los candidatos cometieron en otras oportunidades. El pueblo tiene flojera de hacer una evaluación profunda y consciente al trabajo de los que se acomidieron a gobernar el país.

La democracia está así porque parte del pueblo en su inmadurez y adormecimiento perdona los latrocinios y crímenes de lesa humanidad que los candidatos o sus antecesores cometieron, muchas veces impunemente.

La democracia esta así porque algunos recibieron unas cuantas monedas, o  un favor, o una migaja de pan que les cayó a la mano del suculento botín de aquellos mañosos sinvergüenzas que son muchos de los políticos profesionales u oportunista.

La democracia está así, porque la mayoría del pueblo cree que las obras de los presidentes, ministros, congresistas, alcaldes, etc., son favores que estos le hacen al pueblo. Pues no es así. Los políticos postulan por que quieren o se sienten capaces. El pueblo los elije para que hagan su trabajo por el cualse les paga y no poco. El trabajo de ellos es mejorar la calidad de vida para todo el pueblo; para eso se les paga de la misma manera que se nos paga a nosotros por cumplir con nuestro trabajo. Con la gran diferencia que a eso señores, por cumplir con su deber, el pueblo no solo les paga un salario bastante envidiable, sino que tienen muchísimos otros beneficios, dizque porque son padres y madres de la patria. Hasta donde yo sé, un verdadero padre o una verdadera madre se sacrifica por sus hijos y les da a ellos lo mejor que puedan, sin esperar nada a cambio. Yo a mi padre y a mi madre no les pagué con otra cosa que no sea mi gratitud y ellos se sintieron más que satisfechos con ello. De estos me siento sumamente muy orgulloso, pero de muchos de aquellos siento asco y vergüenza.

Pero sobre todo, la democracia esta así porque la educación no está en el primer ni en el segundo y en muchos casos ni en el tercer lugar de las escala de valores de la mayoría de las familias peruanas. Es esa falta de conocimiento, de preocupación por una buena información, hace que  la mayoría de peruanos sean presa fácil de la melosa retórica electorera con la que son engañados.

La democracia peruana—y latinoamericana—necesita una cura de confianza que la ha perdido después de siglos de mentiras, robos y crímenes. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres probos que renuncien, en nombre de la democracia, a todos esos exagerados emolumentos y beneficios que no hacen más que atraer a oportunistas como la miel a las moscas. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres con conciencia clara y limpia que renuncien a la inmunidad parlamentaria y se sometan de inmediato al fuero judicial para demostrar su inocencia, pues, quien nada debe nada teme. La democracia peruana necesita de hombres y mujeres honrados que dejen revisar sus valijas, como cualquier otro ciudadano, cada vez que viajen, pues, si no hay nada que esconder no hay nada que temer. La democracia peruana necesita de un congreso que sea renovado por tercios cada dos o tres años, el que no trabaja que se vaya a su casa. Solo estas medidas podrán hacer que la democracia peruana sea lo que una verdadera democracia debe ser: por el pueblo, con el pueblo, para el pueblo.

Pero como las cosas hoy distan mucho de ser así, me alegro no estar en el Perú en esta temporada electoral.

Rev. Pablo B. Espinoza

 

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