Archivos para diciembre, 2010

Adviento: el que es, era y ha de venir

Publicado: diciembre 19, 2010 en Iglesia, Teología

Wenceslao Calvo

Estamos en época de Adviento que es la preparatoria para Navidad. A algunos la palabra tal vez no les diga nada o simplemente les suene a algo religioso y por tanto lejano, aunque mezclado con la tradición o la costumbre. En algunos hogares e iglesias en cada uno de los cuatro domingos de Adviento se enciende una vela o luz y se efectúa una lectura bíblica acorde con la venida de aquel que es la Luz verdadera a este mundo de oscuridad.

El término, que viene del latín adventus, significa advenimiento, es decir venida, y por lo tanto es muy apropiado para referirlo a esta época del año.

El concepto de Adviento tiene una doble perspectiva: en primer lugar retrospectiva y en segundo lugar prospectiva. La retrospectiva es obvia porque mira al pasado, a hace dos mil años, cuando se produjo la primera venida de Jesús. En ese sentido la época de Adviento es preparatoria para recordar y celebrar lo que entonces ocurrió: el acontecimiento histórico más grande nunca sucedido, esto es, el nacimiento del Hijo de Dios.

Allí la eternidad y el tiempo confluyeron, la supra-historia y la historia se encontraron, en la más feliz coincidencia que mereció que toda una multitud de las huestes celestiales proclamaran el suceso en las inmediaciones de Belén.

A pesar de los vanos intentos actuales de algunos, que en realidad son tan viejos que nada nuevo tienen, de burlarse de la Navidad como mito cristiano, tanto el hecho como los datos históricos están bien fundamentados y el doctor Lucas, exacto historiador donde los haya, junto con el publicano Mateo nos han dejado un relato pormenorizado de los mismos, para que, generación tras generación, los cristianos celebremos la fiesta regocijándonos en lo que entonces ocurrió.

Este es el sentido retrospectivo del Adviento. La mirada al pasado. Un aspecto vital, porque sin pasado el presente no tiene soporte y el futuro carece de impulso.

Pero Adviento tiene también un sentido prospectivo, que mira hacia delante, hacia una venida futura. Es interesante que en Apocalipsis aparece cuatro veces la frase ´el que ha de venir´(1) referida a Dios.

Esa expresión está en los cuatro casos al lado de otras dos expresiones que se refieren a su existencia en el presente y el pasado (el que es y que era), pero al hablar del futuro en lugar de decir el que será, que sería lo lógico, dice ´el que ha de venir´.

Si hubiera dicho el que es y que era y que será seguramente hubiera expresado una verdad absoluta e incontestable, referente a la eternidad de Dios y su trascendencia. Pero al hacerlo así también hubiera implícitamente resaltado el abismo que hay entre su existencia y la nuestra, que es temporal y perecedera, subrayando la diferencia entre su dimensión y la nuestra, lo que indicaría que son dimensiones separadas que nunca se tocan, lo cual nos dejaría para siempre separados de Dios.

Pero al sustituir el que será por ´el que ha de venir´ introduce un cambio de la mayor significación, porque quiere decir que ese Dios eterno y que habita en la eternidad entrará en el tiempo, que es nuestra esfera, fundiéndose de esta manera lo temporal y lo eterno, lo trascendente y lo pasajero, produciéndose un encuentro definitivo entre él y nosotros. Por eso él es Dios del Adviento futuro, de la venida futura. Y ese Dios no es otro que Jesucristo, el mismo Dios que el de la primera venida.

Así pues en Jesucristo se producirá ese encuentro entre lo divino y lo humano que ya está prefigurado en su persona, donde la naturaleza divina se unió a la naturaleza humana, en el momento de la concepción, en el seno de la virgen. Por eso Jesucristo no es simplemente un maestro o un profeta, sino realmente el único en quien lo divino y lo humano se ha unido y por quien cualquier ser humano que busque la unión con Dios puede encontrarla.

Si el Adviento retrospectivo nos mueve a mirar hacia atrás y celebrar lo que ya ocurrió, el Adviento prospectivo nos impulsa a mirar hacia adelante y alimentar la esperanza de lo que sucederá inexorablemente. A pesar de los intentos de las fuerzas de tinieblas para negarlo, para retrasarlo o para impedirlo, ese Adviento se producirá en el día y la hora fijados en el reloj de Dios. Nada ni nadie podrá frustrarlo.

Si el primer Adviento fue en su momento profetizado y se cumplió, es lógico esperar que el segundo Adviento, que también está profetizado, se cumpla. Si el Adviento retrospectivo es el soporte del Adviento prospectivo, éste a su vez es lo que da proyección al primero, ya que sin él se quedaría simplemente en un suceso relegado al pasado y de interés solamente para nostálgicos e historiadores.

Pero el Adviento prospectivo demanda un estado de vigilia permanente, al que Jesús mismo nos exhorta una y otra vez, en vista de las fuerzas disolventes que actúan desde dentro (carne) y fuera (mundo) de nosotros y que procuran desarraigar del corazón cualquier anhelo que clame por esa segunda venida. Estar despiertos, ceñidos de lomos, con lámparas encendidas, etc. son algunos de los símiles que nos propone para que no caigamos en el abandono, la negligencia o la desobediencia.

Gocémonos, pues, en estas fechas con el Adviento ya cumplido y preparémonos debidamente para el Adviento que ha de cumplirse. Y la forma de empezar a hacerlo es abriendo ahora el corazón por el arrepentimiento y la fe para que Jesucristo entre en él.

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1) Apocalipsis 1:4,8; 4:8; 11:17

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid
© W. Calvo, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

Las ekklesias y «la» Iglesia católica

Publicado: diciembre 19, 2010 en Historia, Iglesia

César Vidal

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (VIII): muchas “iglesias” frente a `la´ Iglesia

Suele ser un argumento muy difundido entre católicos, incluso aquellos que tienen cierta instrucción teológica, el de contraponer la existencia de la Iglesia – única y con mayúsculas, en referencia a la católica – con la de otras “iglesias” que, por supuesto, son inferiores.

Semejante contraposición es lógica en la medida en que, por definición, la iglesia católica se considera la única verdadera y niega la condición de Iglesia a las otras llegando a establecer una curiosa jerarquía entre ellas que en sus peldaños más bajos se convierten en meras “comunidades eclesiales” según sea mayor o menor el parecido con la católica.

De esa circunstancia, derivan los católicos la idea de que el protestantismo no es sino una pléyade de iglesias divididas que contrastan con la Iglesia una y única y que además esa fragmentación y su reciente aparición histórica lo deslegitima comparativamente. No voy a abordar en este artículo el tema de la sucesión apostólica de la sede romana, pero sí voy a detenerme en ese mito de la fragmentación eclesial protestante frente, supuestamente, a la única iglesia verdadera.

Lejos de constituir una suma de iglesias enfrentadas, el protestantismo cree en el concepto de iglesia tal y como aparece en el Nuevo Testamento que, dicho sea de paso, es radicalmente distinto del católico.

El término iglesia (ekklesia) originalmente tenía un significado meramente secular. Como su misma etimología indica, ekkesia era el grupo de los llamados o convocados y la traducción que suele encontrarse del término en los clásicos es la de asamblea o congregación. Nunca se utiliza, como en nuestro lenguaje habitual, para referirse a un edificio destinado al culto.

En los evangelios, el término aparece sólo tres veces lo que lleva a pensar que, como en el caso de María, Jesús le daba mucho menos importancia a la cuestión de la que le ha ido otorgando el catolicismo con el paso de los siglos. El uso es no menos revelador. En Mateo 16:18, iglesia es el conjunto universal de aquellos que creen en Jesús como mesías e Hijo de Dios – la piedra sobre la que se levantaría la iglesia – o bien la iglesia o congregación local (Mateo 18:17).

Esos dos usos del término – nunca una institución, nunca una jerarquía, nunca una organización – son los mismos que encontramos en los escritos apostólicos donde la iglesia (ekklesia) es la congregación local o la iglesia universal. Vez tras vez, Pablo habla de la iglesia en Cencreas (Romanos 16:1), de las iglesias de los gentiles (Romanos 16:4), de “todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16) – curiosa pluralidad que rechina con el concepto católico de iglesia – de “todas las iglesias” (I Corintios 7:17; II Corintios 8:18), de “las iglesias de Dios” (I Corintios 11:16), de “las iglesias de los santos” (I Corintios 14:33), de “las iglesias de Galacia” (I Corintios 16:1), de “las iglesias de Asia” (I Corintios 16:19), de las “iglesias en Corinto” (II Corintios 1:1) o de “las iglesias de Macedonia” (II Corintios 8:1), por citar sólo algunos ejemplos.

Ese uso además no es exclusivamente paulino sino que lo hallamos también en escritos joánicos como el Apocalipsis donde se hace referencia a “las siete iglesias en Asia” (Apocalipsis 1:4 y 11) o a cómo el Espíritu comunica mensajes “a las iglesias” (Apoc 2:7). En todos y cada uno de los ejemplos citados, la iglesia no es otra cosa que la congregación local y, precisamente por eso, existen muchas que están en comunión las unas con las otras. Dicho sea de paso, Pedro no utiliza ni una sola vez el término en sus escritos, circunstancia esta curiosa para alguien que según la teología católica fue el primer papa.

En la mayoría de los casos citados en el Nuevo Testamento, pues, iglesia no es sino la reunión de creyentes y, por eso, existen de manera plural en distintas partes del mundo. Aún más, la pluralidad y la existencia de muchas es una característica netamente apostólica.

El segundo sentido se refiere, como en el caso de Jesús, a una realidad espiritual formada por los verdaderos creyentes y cuya cabeza es no un hombre sucedido por otros hombres a lo largo del tiempo sino el propio Cristo (Efesios 5:23). De manera bien significativa, la abundancia y pluralidad de iglesias no colisiona con la única que no se identifica con ninguna de ellas sino con un ente espiritual cuyos miembros sólo Dios conoce (II Timoteo 2:19).

Sólo cuando se tiene presente la idea que aparece en la Biblia de lo que es la iglesia se puede comprender el concepto protestante de la misma porque es exactamente el mismo. Las denominaciones protestantes creen que las distintas congregaciones son iglesias – y no rivales de la Iglesia única y verdadera – y que la verdadera Iglesia no es una organización o jerarquía sino que está formada por lo que han nacido realmente de nuevo y tiene como única cabeza a Cristo.

En ese sentido, ningún protestante tiene la sensación de estar desprovisto de la Iglesia por no formar parte de la católica ni tampoco piensa que su organización eclesial es la única iglesia en contraposición a las demás. No cae en tan grave error porque conoce lo que afirma el Nuevo Testamento.

Por el contrario, siente que pertenece a la iglesia verdadera – la realidad espiritual cuya única cabeza es Cristo y no un hombre que supuestamente es su vicario – y que es gozosamente libre al no formar parte de una entidad que pretende ser exclusivamente la única Iglesia cuando, en realidad, su realidad es diametralmente opuesta a la que aparece en las Escrituras.

Por lo tanto, lo que muchos católicos contemplan como una desgracia, los protestantes lo viven como un privilegio y lo que, a su vez, muchos católicos ven como un privilegio, los protestantes lo contemplan como una servidumbre humana, contraria a lo enseñado por Jesús y los apóstoles y, por tanto, intolerable.

Esa perspectiva debe ser entendida siquiera para evitar malentendidos como los de creer que se habla de lo mismo cuando, a decir verdad, se utilizan las mismas palabras, pero con contenidos muy diferentes.

Continuará: ¿Vicario de Cristo y Sumo pontífice?

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma

César Vidal es escritor, historiador y teólogo©
C. Vidal, Libertad digital, ProtestanteDigital.com (España).


Retazos del evangelio a los pobres (XIII)

“Él levanta del polvo al pobre, y del muladar al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor”. 1ª Sam. 2:8. Cántico de Ana completo en 1ª Sam. 2:1-10.

Aunque el tema es el Nuevo Testamento, los Evangelios, he querido citar el precedente del Cántico de María que es el Cántico de Ana. Con Ana ocurre exactamente igual que con María: Dios mira y actúa ante la humildad y bajeza de sus siervos, los no poderosos y sabios según el mundo. La potencia o el poder de Dios se perfecciona en la debilidad de éstos. Desde la prepotencia es imposible captar al Dios poderoso y santo que mira la bajeza de sus siervos. Desde el orgullo prepotente es imposible comprender el Evangelio a los pobres.

En el Evangelio es impactante el hecho de que Dios pase de largo de los poderosos y los ricos de este mundo, el que les dé la espalda para fijarse en los pobres y en los humildes. Si queremos ser discípulos de Jesús, tenemos que entrar, necesariamente, por estas líneas de humildad, bajeza, sencillez y solidaridad con los pobres de la tierra. El Cántico de Ana dice: “Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder”.

María, en su Cántico, queda impactada por estos hechos, por conocer a un Dios que se fija en la bajeza de sus siervos. Es a los pobres y marginados -y tanto María como Ana se encontraban en este grupo-, los marginados como eran las mujeres de aquellas épocas, a quienes el Poderoso escoge para revelar los más grandes hechos, los acontecimientos más asombrosos que Dios va a hacer en el mundo… hechos tan asombrosos como su concepción virginal. Así de asombroso para el mundo sonaría después el Evangelio a los pobres del que Jesús hablará después en consonancia con estos precedentes. Hecho tan asombroso como lamisca concepción virginal.

Tanto el Cántico de María como el de Ana, nos transmiten todo un trastoque de valores, una inversión de prioridades, un vuelco de lo que muchos hombres consideran como válido: La riqueza como prestigio o, en su caso, como bendición de Dios. Es un golpe a los pies de barro que tiene el ídolo del poder humano como elemento dignificador, a los pies de arcilla de la acumulación de riquezas como triunfo.

Los dos Cánticos son como contravalores anunciando la línea de lo que serían los auténticos valores que nos traería Jesús, los valores del Reino y el Evangelio a los pobres. Esto no lo pueden comprender los soberbios. Esto no lo comprenden aún muchos de los llamados cristianos hoy a lo largo del mundo. Los soberbios y los poderosos, montados en el poder económico o en el poder terrenal, los que coquetean con el Dios Mamón, serán esparcidos y aniquilados: “Dios esparció a los soberbios, quitó de los tronos a los poderosos”, dice el Cántico de María.

En el Cántico de María se da la contraposición de cuatro conceptos: poderosos y humildes; ricos y hambrientos. Es la situación del mundo hoy. Tanto el Cántico de María, como el de Ana, tienen plena actualidad. Cuatro conceptos contrapuestos. ¿Al lado de quién o de quiénes nos debemos situar los cristianos? La respuesta viene si sabemos contestar otras preguntas: ¿Por cuáles se decantará el Señor? ¿Al lado de quién se pondrá el Poderoso? ¿A quién querrá favorecer? ¿Quién ocupa el lugar central de su sentir?

La respuesta bíblica es clara: Dios se pone, en todo el contexto bíblico, al lado de los pobres y sufrientes del mundo. Esta es la base, este es el fundamento del Evangelio a los pobres.

El par de conceptos antagónicos del Cántico de María, se resuelve de forma clara: “Quitó de los tronos s los poderosos y exaltó a los humildes”. Cambio de valores que asusta al mundo. Nos suele gustar más el trono que el servicio, la alta consideración propia, la prepotencia o la altivez, a la humildad y al ubicarnos al lado de aquellos que ostentan, de cara al mundo, cierta bajeza. Dios quiere que los que le siguen se aparten de la prepotencia, para situarse al lado de los pobres y de los humildes. María, con su Cántico, se anticipa a los valores del Reino y al concepto del Evangelio a los pobres.

En cuanto al par de conceptos antagónicos “hambrientos y ricos”, conceptos que debieran hacer temblar a un mundo que hoy cuenta con más de mil millones de hambrientos y con más de medio mundo en pobreza, el Cántico de María los resuelve así: “A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos”. ¿Por qué, Señor, aún no se ha cumplido el deseo o las afirmaciones del Cántico de María? No nos pongamos nerviosos. Esperemos en el Señor, Él tiene su momento, la Palabra ha de cumplirse.

Mientras tanto, en esa utopía del Reino con sus valores, en este mundo en donde aún suena extraño ese concepto del Evangelio a los pobres, Dios quiere que sigamos trabajando, acercando al mundo los valores del Reino que “ya” está entre nosotros. Acercándoselos a los hambrientos, a los pobres, a los humildes. Si el Evangelio que predicamos y que queremos realizar, pierde esa visión, las iglesias dejarán se ser iglesias del Reino y el concepto tan importante y necesario del Evangelio a los pobres, tendrán que gritarlo las piedras.

A los ricos los deja en la vaciedad, en el sinsentido de sus riquezas, en el vacío existencial… les anuncia la muerte: “Necio, esta noche van a pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿para quién será?”

Cántico de María, preludio del Evangelio a los pobres… Dios cumple. Confiemos en su promesa. El Cántico de Ana dice: “Los saciados se alquilaron por pan, y los hambriento dejaron de tener hambre”. ¡Queremos verlo Señor! Mientras tanto, mantengámonos activos en la utopía del Reino, en la línea del Evangelio a los pobres, en la línea del servicio. Acordémonos de la misericordia del Todopoderoso. Así fundamenta María todo su Cántico: “Acordándose de la misericordia, de los cuales habló a nuestros padres para con Abraham y su descendencia para siempre”. Imploramos tu misericordia, Señor. Ayúdanos a seguirte en esas líneas del Evangelio a los pobres. Si no, Señor, no nos des paz.


Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com (España, 2010).

Cuarto Domingo de Adviento

Publicado: diciembre 18, 2010 en Liturgia

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 Luis y Graciela Pérez

(Nuestro agradecimiento a Luis y Graciela Pérez, por facilitarnos este material).

Cuando oigan hablar del nacimiento de Jesús, no piensen que es algo pequeño y sin valor. Al contrario, levanten sus almas; estremézcanse y llénense de esperanza cuando oigan decir que Dios ha venido a la tierra.

Este hecho es tan sorprendente y maravilloso que hasta los mismos ángeles formaron coros e hicieron resonar un himno de gloria. Y los profetas de la antigüedad se admiraron de que Dios pudiese ser visto sobre la tierra y conversara con los hombres.

Y la verdad es que, desde todo punto de vista, no hay nada más maravilloso que un Dios inefable, que no se puede explicar con nuestras palabras humanas, ni terminar de comprender con la lógica de nuestra mente; un Dios que, siendo igual al Padre, el creador de todas las cosas, se haya dignado pasar por el vientre de una mujer, nacer como un bebé, tener una familia y una historia, teniendo como antepasados a David y Abraham. ¿Y por qué digo a David y Abraham? Porque éstas eran personas famosas y respetables. Pero lo más asombroso es que entre sus antepasados se encontraban también mujeres y hombres indignos y de mala reputación.

Por eso cuando oigan que Jesús nació: ¡Levántense! No tengan humildes pensamientos, sino maravíllense de que Él, siendo  hijo de Dios, del eterno y todopoderoso Dios, se dignó también ser llamado Hijo del Hombre, para hacernos a nosotros los hombres, Hijos de Dios.

Él, siendo hijo del Dios eterno, se dignó tener un padre humano, para darnos a nosotros, los que éramos verdaderamente esclavos de esta vida humana, al Señor como Padre.

Pensándolo humanamente, es más fácil que Dios se haga un ser humano, como nosotros, que no que el hombre sea llamado hijo de Dios.

Entonces cuando escuches que el Hijo de Dios se metió en la historia, se hizo hombre y se le llamó hijo de David y de Abraham, sus antepasados.

¡No dudes! Porque tú eres humano, también puedes ser llamado hijo de Dios. Él no se humilló sin motivos. Se humilló de esa forma y hasta tal extremo, porque sencillamente quería exaltarnos a nosotros.

Él nació según la carne para que nosotros pudiéramos nacer según el Espíritu. Él nació de una mujer, de un ser humano, para que nosotros dejemos de ser simplemente hijos de mujer. Lo que hizo Cristo es grandioso y maravilloso, enlazó la naturaleza divina con la humana; lo suyo con lo nuestro.

Jesús, en efecto, es un nombre hebreo que significa salvador. Y Jesús es salvador porque vino a salvar a la humanidad.

San Juan Crisóstomo o de Antioquia (347–407) fue patriarca de Constantinopla. Fue un excelso predicador que por sus discursos públicos y por su denuncia de los abusos de las autoridades imperiales y de la vida licenciosa del clero recibió el sobrenombre de “Crisóstomo” que proviene del griego chrysóstomos (χρυσόστομος) y significa ‘boca de oro’ (chrysós, ‘oro’, stomos, ‘boca’) (Fuente: Wikipedia)

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Actitudes correctas

Publicado: diciembre 17, 2010 en Meditaciones

 Por Enric Capó       

Meditaciones  

Me lo dijo un pastor francés haciendo referencia al control de la velocidad de los coches: “Superar los límites de velocidad en la carretera o en las calles de la ciudad, sólo es pecado si te cogen”. Evidentemente, era una broma. Primero, porque la frase no se aviene con nuestro talante protestante y, segundo, porque hablar de pecado en este contexto –y también en otros muchos en que los hacemos- no tiene apenas sentido. Eso del pecado es un concepto a revisar y una palabra quizás a evitar. Va tan cargada de ideas falsas y  tiene un contenido tan marcadamente religioso, que prácticamente ya no nos sirve. Tipifica conductas y actos que no se avienen con la forma de hacer de nuestra sociedad y que se desprecian  como  escrúpulos de sacristía.

 Sin embargo, la desobediencia civil al Código de Circulación, o a la normativa municipal, o a cualquier otra de las disposiciones que regulan la convivencia, forma parte de un planteamiento erróneo de la vida. Y esto sí que el “pecado”. En nuestra tradición protestante, enraizada en la Biblia, el pecado no es un acto aislado que podamos cuantificar y definir en grados de mayor o menor gravedad.  Hablado teológicamente, el pecado no es tanto un acto como una actitud. Se refiere no tanto a los errores o acciones malas que podamos cometer, como a una actitud global de la vida delante de Dios y de los hombres. Se trata especialmente de direcciones, tendencia, objetivos.

 Si alguien me dice que ir a 120 km/h en lugar del límite establecido de 90 Km/h es pecado, esto me hace sonreír. Introduce en la vida de la fe un elemento que no le es propio. Reduce mi religiosidad a cuestiones puntuales y, entonces, a partir de este postulado, se puede discutir, como se hace a menudo en la Iglesia Católica, si es un pecado venial o mortal. Mi relación con Dios, aquella que rompió el pecado, no puede quedar afectada por actos de esta naturaleza, porque sólo tiene que  ver con el planteamiento fundamental que yo he dado a mi vida en relación a la exigencia de Dios y sus repercusiones en el marco de la vida humana.

 Y esto sí que tiene que ver con mis actitudes delante del Código de Circulación. En un momento dado, puedo desobedecer una señal de circulación, pero esto no lo pondré en el apartado “pecado”. Será un acto negativo que habré realizado en el marco de mis obligaciones ciudadanas y basta.  Pero, de todas formas, no dejara de tener connotaciones humanas y, por tanto, religiosas. Porque toda nuestra vida está determinada por nuestras decisiones fundamentales. Y esto es el que, en el contexto de la circulación,  exige nuestra fe.

 Nuestra fe no nos obliga a la obediencia de normas que nos vienen de fuera. Lo que es permitido o prohibido en el ámbito, por ejemplo, de la ciudad, no tiene por qué tener nada que ver con mis obligaciones religiosas, si las tuviera. Pero el que sí importa es la actitud fundamental de mi vida: qué es lo que me motiva, hacia donde voy, cual es la relación que sigo con respecto a los demás y cuales son mis obligaciones hacia ellos. El pecado no serán las acciones individuales y concretas cometidas, sino la orientación de la vida.

 La dirección correcta es orientar la vida hacia el servicio, la solidaridad y el amor. Esto nos marcará pautas de conducta, sin tener que recorrer a una contabilidad de pecados.

 Enric Capó 

© iglesia evangélica española

Españoles del siglo XVI con la Reforma

Publicado: diciembre 17, 2010 en Historia, Iglesia

 

César Vidal    

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (VII): En España no hubo Reforma (4)

Juan de Valdés – a pesar de su influjo en expandir la llama de la Reforma en otras naciones como Italia – no fue una excepción. En 1546, otro conquense, Juan Díaz, publicó su Suma de la religión cristiana en la que se identificaba claramente como partidario de la Reforma. Fue asesinado por su hermano Alfonso, un católico fanático que pensó lavar con sangre la deshonra de tener a un protestante en la familia. 

  Ese mismo año de 1546, otro español, Jaime de Enzinas fue quemado en Roma. Su delito había sido sostener los mismos puntos de vista que los reformadores. El hermano de Jaime, Francisco Enzinas, sería más afortunado y lograría escapar de la Inquisición en los Países Bajos españoles. No sólo eso. Amigo de Felipe Melanchthon, llevó a cabo una magnífica traducción del Nuevo Testamento del griego al español.

A esas alturas, los agentes de Carlos V – la leyenda sobre la tolerancia religiosa del emperador no es más que eso, leyenda – perseguían con verdadera saña a los reformados españoles en cualquiera de los territorios pertenecientes a la Corona. Sin embargo, no lograron exterminar la Reforma.

De hecho, fue Felipe II, ya convertido en sucesor de la corona española, el monarca que presidió el primer auto de fe contra protestantes españoles. Tuvo lugar en Valladolid, el domingo 29 de mayo de 1559. El 24 de septiembre del mismo año, un nuevo auto de fe tendría como escenario la ciudad de Sevilla. La hoguera acabó con la vida de varias docenas de protestantes, pero no con la Reforma.

De hecho, la represión se recrudeció con extraordinaria virulencia. Apenas pasado un año, cerca de cuarenta protestantes eran arrojados a las llamas en Sevilla. El 22 de diciembre de 1560, otros catorce protestantes fueron quemados vivos. Ninguno quiso retractarse y, por el contrario, dieron muestra de una notable entereza incluidas las ocho mujeres, algunas de ellas niñas. Aún así, los grupos que se reunían en las casas para estudiar la Biblia y orar seguían existiendo. Prueba de ello es que en 1562, otros ochenta y ocho protestantes fueron quemados.

Durante las décadas siguientes, los protestantes arrojados a la hoguera seguirían sumándose a lo largo y a lo ancho de España. En Calahorra, por ejemplo, hubo sesenta y ocho casos de luteranismo antes de concluir el s. XVI además de trescientos diez sospechosos. Por añadidura, las hogueras para reformados se encendieron en Valencia, Zaragoza, Córdoba, Cuenca, Granada, Murcia, Llerena o Toledo donde hubo cuarenta y cinco casos de protestantes españoles y ciento diez extranjeros.

Felipe II había decidido convertir a España en espada de la Contrarreforma y se emplearía de manera especial en la persecución de los considerados herejes. La respuesta de no pocos de ellos fue optar por el exilio. Ése fue el caso, por ejemplo, de algunos afincados en Sevilla. En el monasterio de san Isidro de esta ciudad española se había producido un fenómeno con paralelos en toda Europa. Un grupo de monjes había comenzado a estudiar la Biblia de manera regular y diligente y el resultado había sido su abandono de los dogmas católicos y su orientación hacia doctrinas bíblicas defendidas por los reformados como la de la justificación por la fe o la única mediación de Cristo.

El resultado fue que la congregación abrazó la causa de la Reforma y hacia 1557 emprendió la huida de una España entregada a la represión de la Inquisición. Entre los exiliados más ilustres se hallaban Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. El primero encontró – como muchos protestantes españoles refugio en Ginebra – y llevó a cabo la traducción de la Biblia al castellano más editada de la Historia (1569), una versión que, precisamente, revisaría el segundo de los citados (1602).

Todos estos botones de muestra dejan de manifiesto que en España había existido una Reforma y que había sido vigorosa, pero que había visto su final gracias a la acción resuelta de la Inquisición y de la monarquía de los Austrias.

Semejante decisión histórica iba a marcar de manera trágica la Historia de España. En 1592, una década antes de la publicación de la Biblia de Reina-Valera, cuando el imperio español marchaba a su ocaso desangrado por guerras que le eran perjudiciales y cuya única justificación aparente era el combate contra el protestantismo, el desastre sufrido por la fuerza de desembarco que debía invadir Inglaterra en 1588 provocó uno de los primeros cuestionamientos de la política de España. Ginés de Rocamora, el procurador de Murcia, defendió, en clara armonía con aquellos principios, que España debía “sosegar a Francia, reducir a Inglaterra, pacificar a Flandes y someter a Alemania y Moscovia”. No se le escapaba al triunfalista Rocamora lo audaz de su tesis, pero pronto echó mano de un argumento que, de nuevo según el enfoque de la Contrarreforma, debía disipar cualquier posible – y arriesgada – objeción. La causa de España era la de la iglesia católica y, por lo tanto, era la de Dios. Por ello, había que tener la absoluta convicción en que “Dios dará sustancias con que descubrirá nuevas Indias y cerros de Potosí, como descubrió a los Reyes Católicos de gloriosa memoria…”.

La ardorosa exposición de Rocamora encontró un templado contrapunto en Francisco Monzón, otro procurador que, quizá por representar a Madrid, conocía más a fondo el impacto que aquellas guerras estaban teniendo sobre la Capital y Corte. Para Monzón resultaba obvio que era absurdo seguir desangrando el imperio en pro de unos intereses que no eran los de la nación española sino los de terceros no pocas veces ingratos. Ante el argumento – aparentemente sólido – de que España estaba contribuyendo a facilitar la salvación y a impedir la perdición eterna de sus adversarios, Monzón no pudo dar una respuesta más escueta y, a la vez, convincente : “si ellos se quieren perder que se pierdan”. Pero ni siquiera el sensato consejo de Monzón – mucho menos ambicioso y profundo que el de Valdés – fue escuchado y, al fin y a la postre, no fueron los rivales católicos (Francia) o protestantes (Holanda, Inglaterra) de España los que se perdieron sino ella misma, una nación donde hubo – en contra de lo afirmado tantas veces – Reforma, pero fue incinerada en las hogueras de la Inquisición.

 Artículos anteriores de esta serie: 

  1  Juan Calvino y la Inquisición  

  2  Enrique VIII y los protestantes ingleses  

  3  Inglaterra y María la sanguinaria  

  4  Cisneros ¿precursor de la Reforma?  

  5  Juan de Valdés y la Reforma en España  

  6  Juan de Valdés huye de la Inquisición

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, Protestante Digital.com (España 2010).

La esclavitud de «El escritor» de Polanski

Publicado: diciembre 17, 2010 en Cine

José de Segovia     

La última película de Polanski, El escritor –ya publicada en DVD– ha arrasado en los Premios del Cine Europeo, al conseguir seis de los siete galardones a los que aspiraba, incluidos los de mejor película, director, actor y guión de este año. El título hace referencia a lo que en inglés llaman un escritor fantasma, que en España se conoce con un término bastante racista, negro. 

Es alguien que busca la editorial o escoge un famoso para hacer un libro. Tiene que redactar sus notas, o escribirlo entero a partir de unas entrevistas, pero su nombre no aparece en ningún sitio. Aunque suena algo oscuro, es una práctica bastante habitual, incluso dentro del mundo evangélico. Son personas que rara vez se conocen, si no es por algún escándalo –como el caso del profesor de comunicación del Seminario de Fuller, Mel White, que dio a conocer su homosexualidad en 1995, casándose con otro hombre, después de haber escrito libros para predicadores norteamericanos tan importantes como Billy Graham, Pat Robertson o Jerry Falwell–.

El escritor de Polanski es el actor escocés Ewan McGregor, y su nombre no se revela en ningún momento de la película. Ese anonimato da al protagonista una falta de identidad,ya que aunque su trabajo sea algo visible, a él no se le puede identificar con la obra que ha escrito, ya que el lector no la reconoce como suya. Su contrato para escribir las memorias del reciente primer ministro británico –Adam Lang, interpretado por Pierce Brosnan–, lo ha heredado de su predecesor, que ha muerto de forma aparentemente accidental en un ferry que lleva a la isla norteamericana donde ha establecido su residencia el político retirado.

Al poco tiempo de llegar allí, el escritor descubre que Lang es acusado de crímenes de guerra, al aprobar y permitir torturas conjuntamente con la C.I.A. No tardará en descubrir que hay algo oculto en sus memorias, que incluso a él le pone en peligro. Comienza a ver la posibilidad de que –aunque él y su predecesor son los únicos que han contribuido al libro–, pueda haber otros escritores fantasmas que hayan conformado la vida de Lang.

EL HOMBRE ATRAPADO

Basada en una novela de Robert Harris –un autor al que había planeado ya adaptar otro libro Polanski, sobre Pompeya, antes de tener problemas con la   solicitud de extradición norteamericana por un presunto delito de violación de una menor en los años setenta–, la historia hace un claro paralelismo con la complicidad del ex primer ministro Tony Blair con la política estadounidense, en los casos de tortura que hubo en Irak por parte de soldados británicos destinados en Basora entre 2003 y 2006. Aunque la trama parece más bien una excusa para hacer un thriller inteligente, apasionante y divertido, que evoca las grandes películas conspiratorias de los setenta –sobre todo en su admirable plano final–.

El escritor es obra de un director que –nos guste o no– ha demostrado poseer un mundo propio y una capacidad visual muy llamativa. Su filmografía abunda en personajes que nunca son héroes de acción, sino más bien víctimas de su afán de observación (Repulsión, La semilla del diablo, El quimérico inquilino o La novena puerta). Recorren espacios que no comprenden, en los que acecha el pánico y el desconcierto. Incluso aquellos que optan por una implicación directa en la acción (Chinatown o Frenético), no lo hacen sin haber deambulado antes por zonas de incertidumbre.

Siempre hay una desesperante pasividad en los personajes de Polanski, una dilatación a la hora de actuar que viene dada por esa obcecación en mirarlo todo bien antes de tomar una decisión (El pianista u Oliver Twist). El antihéroe de El escritor pertenece a esa misma serie de seres desbordados por las circunstancias, que actúan cuando ya es demasiado tarde. Un personaje atrapado, tanto física como mentalmente –que es como el director polaco parece haberse sentido gran parte de su vida, exiliado en Francia y luego Estados Unidos, para acabar finalmente en tierra de nadie–.

¿QUIÉN ESCRIBE TU HISTORIA?

Entre los desolados páramos de esta isla, el personaje se ve abducido por el misterioso predecesor fallecido, que como por el GPS de su automóvil –una de las secuencias más perturbadoras de la película–parece regir su destino. El protagonista se mueve así por el intrincado laberinto de este relato, en un desesperado intento por entender un entorno que le hace sentirse aterrorizado. Observa impasible lo que le rodea, mientras otros le observan a él…

Lo que hace más intrigante una historia como El escritor, es la posibilidad de que, fuera del mundo editorial, pueda haber otro tipo de escritores fantasmas. En el mundo real, son personas que no vemos las que tienen más influencia y poder. Nos preguntamos por eso a veces quiénes son realmente los que mueven las cuerdas en el escenario de este mundo. Los gobernantes se comportan a menudo como títeres, que responden a oscuros intereses. Polanski hace un retrato del poder que establecen las alianzas políticas, pero también del peligro de dejar que otros escriban tu vida. Su película nos lleva a dudar si un hombre es realmente autor de su propia vida, no ya de su biografía.

Esto es obvio cuando nos unimos a actividades, causas o modos de vida, que no son particularmente honestos ni beneficiosos, para la mayoría. Tal vez más a escala global –cuando pensamos en países o gobernantes–, que a nivel personal –cuando nos unimos a ciertas asociaciones, grupos de amigos o colegas–. La buena noticia que nos recuerda El escritor, es que tan pronto como vemos que hemos hecho malas amistades, o alianzas peligrosas con personas que no compartimos sus valores, podemos cortar el lazo que nos une a ellos.

El peligro viene cuando esos lazos con que nos aliamos y ponemos bajo el poder, la influencia o autoridad de otros, están basados en donaciones de dinero, intercambio de favores y apoyos, pero también auténtico afecto y amor. La mayoría de los escritores fantasma que hay en la vida, si supieran que la historia que se cuenta por ellos, sería mejor que no se revelara o no tuvieran nada que ver con ella, no dudarían en hacer desaparecer al protagonista de sus páginas. El problema es que eso a veces no es tan evidente…

EL AUTOR SUPREMO

Seamos primeros ministros o escritores de encargo, queremos hacer todo nosotros mismos, aunque realmente vivimos en un mundo en que nadie actúa totalmente por su cuenta. Desde nuestra historia familiar o influencias infantiles, a la persona con la que nos casamos y la gente para la que trabajamos, todos hemos estado y continuamos siendo influenciados por otras personas y fuerzas que nosotros mismos. Aunque escoger amigos, familia, jefe, empleados o aliados políticos puede ser importante, mucho más lo es nuestra opción de aliarnos con el autor supremo de la vida, Dios mismo.

Dios nos ha dado la responsabilidad de escribir nuestra propia historia, por medio de las decisiones que tomamos. A diferencia de muchos co-autores, no se cansa de nosotros y busca nuestra destrucción, en el momento en que lo que queremos escribir es distinto que lo que Él quiere. El gran amor de Dios y su deseo de estar en relación con nosotros, no es cambiado por nuestra obediencia o desobediencia.

Tan lejos está Dios de ser un escritor egoísta, que aunque nos rebelamos y le decepcionamos cada día de nuestra vida, Él continúa buscando, no nuestra destrucción, sino nuestra restauración. De hecho, incluso nuestras cuando nuestras malas decisiones y acciones, han seguido llevando nuestra historia cada vez más lejos de la Historia que Él ha comenzado perfectamente, no ha entregado no nuestra vida, sino la suya, para darnos el camino para volver a encontrar la historia perfecta.

La cuestión es si estamos dispuestos a reconocer los guiones que continúan alejando nuestra historia de Dios. O más aún, si queremos entregar nuestra vida e historia a Él, para que pueda ser el relato lleno de vida en abundancia, que Él quería desde el principio. Estas son las opciones que escriben nuestra vida…

José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid

© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com (España, 2010).


La pobreza: escándalo y vergüenza humana

Varias veces he citado el texto bíblico, que podría ser una frase navideña, que dice: “la misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron”. Navidad. Noche de paz. Contemplamos el mundo. No es posible que haya paz sin justicia. Se debería afirmar que las desiguales redistribuciones de los bienes del planeta tierra, los desequilibrios económicos que dejan todo en las manos de los acumuladores de la tierra, las injusticias y las opresiones, son el caldo de cultivo de muchas de las violencias que hay hoy en el mundo incluidos algunos tipos injustificables de pirateos y terrorismos que azotan al mundo hoy… aunque sea Navidad. 

  Sin embargo, en estos días navideños, los cristianos y las iglesias dirán sin duda que son buscadores de paz, que quieren crear una cultura de paz…, pero no trabajamos de una forma activa y comprometida para que el aserto bíblico se cumpla: que la justicia y la paz se besen. No nos atrae, al contrario de lo que ocurrió con los profetas, ni la denuncia contra la injusticia, ni la acción contra la pobreza, ni la lucha contra la opresión de los pueblos o de las personas oprimidas en su ámbito individual. No se cumple el deseo bíblico de que la justicia y la paz se besen. Dios quiera que se consiga… al menos en Navidad.

Navidad. Paz entre los pobres. ¿Hay paz entre los pobres? Quizás tampoco, pero curiosamente, tampoco se cumple de forma tajante, el que los pueblos empobrecidos sean violentos, que defiendan su liberación acudiendo a la violencia. Nadie duda que hay muchos pueblos sometidos, oprimidos, despojados, bajo la bota de unos cuantos poderosos, desesperados y en la infravida de la pobreza y, sin embargo, no protestan, no alzan ni su espada ni su voz contra sus opresores… y, quizás, no existe eso de “la voz de los sin voz”.

Navidad. Paz entre los pobres. No existe la revolución de los pobres. Su pobreza severa no se convierte en algo intolerable contra lo que hay que levantarse… y muchos a esto le llaman vivir en un mundo en paz, aunque no hemos de anhelar nunca la paz de los cementerios. Los pueblos, así, se pueden plegar a su mentalidad de pobreza, de analfabetismo, de dependencia y de resignación, sin que funcione lo que pareciera que, humanamente, debería ser: que la injusticia crea las bases y las condiciones de la violencia.

Navidad. Paz entre los pobres. También este deseo para el mundo rico. Paz entre los cristianos del mundo. Aquí, en estos casos tan conocidos en el mundo, los cristianos nunca se deben decantar por animar a estos pueblos a la violencia. No hay ninguna espada o arma especial para usar por parte de los cristianos en defensa de los pueblos oprimidos. Sólo nos queda el ejemplo profético, sólo nos queda la voz, la palabra. Palabras de denuncia tendentes al acercamiento del Reino de Dios, que irrumpe con el nacimiento que celebramos en Navidad, a estos pueblos.

Navidad. La irrupción del Reino con sus valores. Un Reino cuyas normas están en contra de las grandes desigualdades, Reino buscador de justicia y de paz, Reino que pone en los primeros lugares de dignidad a aquellos que están postergados, hundidos, marginados y excluidos. Leed las Parábolas del Reino. Las normas del Reino, con su acogida a los pobres, proscritos y quebrantados del mundo, con la llamada al banquete del Reino de todos estos despojados y oprimidos, está condenando todo aquello que paraliza el desarrollo de los pueblos, su inmersión y condena a la pobreza, el subdesarrollo que nutre las arcas de un puñado de acumuladores.

Navidad. Que no haya injusticias para que no se generen violencias. Noche de paz. La injusticia, de alguna manera, siempre genera violencias. Por tanto, si algunos afirman que no siempre la injusticia genera violencia, se equivocan. Lo que pasa es que la violencia que genera la injusticia se enroca recayendo sobre las propias víctimas de la pobreza y las paraliza. La injusticia y la violencia siempre la generan los mismos. Si las víctimas de la injusticia no recurren a la violencia es porque en la mayoría de los casos no pueden. No tienen ni siquiera la posibilidad de usar la violencia de la voz. Eso no significa que con la injusticia generalizada haya paz en el mundo. Eso no es paz. Eso es violencia institucionalizada contra la que los pobres no pueden hacer nada. Violencia legalizada y establecida a la que el mundo llama paz.

Navidad. Que no haya invitaciones por parte de nadie a la violencia. Las prácticas de los injustos, las injusticias y las acumulaciones desmedidas de bienes, son una invitación a la violencia. La intolerable riqueza de algunas minorías es, de hecho, una llamada a la violencia de los pueblos, pero la violencia, el miedo, la subyugación violenta de los injustos es superior. Domina y calla a los pobres sumergiéndoles en una mentalidad de fatum o destino del cual creen no poder salir. No tienen ninguna posibilidad de éxito contra los que injustamente controlan su destino.

Navidad. El niño sin lugar en el mesón. El niño que nació en exclusión. Es una denuncia del mundo injusto. Así, la denuncia profética que hemos de retomar hoy, con el uso de la voz como única arma, con el uso de la palabra como única herramienta, la denuncia profética dentro de los métodos de la no violencia, es el medio más adecuado para plantar cara a la violencia de los injustos. Esta violencia tampoco la pueden ejercer los pueblos empobrecidos y despojados. Muchos pobres de este mundo no se plantean siquiera el hecho de tomar la vía de las reivindicaciones a través del uso de la palabra. Para muchos, si vencieran su alienación en la que han sido sumergidos dentro de la violencia establecida que es la paz de los injustos y hablaran defendiendo sus derechos más elementales, serían perseguidos y acallados de forma brusca.

Navidad. Cantemos villancicos, hablemos, miremos al niño naciendo ne medio de la infección de los animales… denunciemos. La violencia de la voz de los creyentes del mundo podría tener un efecto enorme y devastador de la violencia establecida como paz. La búsqueda activa y comprometida de la justicia por parte de los creyentes, podría reconducir al mundo a la auténtica paz, al hecho final y definitivo de que habla la Biblia. El hecho de que la justicia y la paz se besen. Será entonces cuando habremos acercado al mundo el Reino de Dios y algo de su justicia. Será la celebración de la auténtica Navidad. Será entonces cuando nuestro llamado a la misericordia y a la búsqueda de justicia, nos pondrá en movimiento hacia un mundo mejor y más justo. Estaremos llevando al mundo a una situación en la que se dé, realmente, la auténtica paz que hace añicos y pedazos todas esas paces muertas e inactivas de los cementerios. ¡Danos días de paz, Señor, en esta Navidad!

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com (España, 2009).

Ayudar a que el agua fluya libremente en Asia

Publicado: diciembre 17, 2010 en Noticias

 16 diciembre 2010 
Participantes en la conferencia ecuménica sobre el agua en Asia visitan el lugar donde se prevé construir la gran presa en la isla filipina de Luzón.

Por Maurice Malanes (*)

El consejero comunitario, Danilo Torvator, y su familia tienen una desgracia en su vida. Optaron por asentarse en un valle fluvial en las laderas de la cadena montañosa, Sierra Madre, en la isla filipina de Luzón.

Torvator, habitante de una de las aldeas de las tierras bajas de Luzón, se había casado con una indígena del pueblo dumagat, cuya tribu desde siempre había considerado la cadena montañosa y sus laderas, valles y ríos como su territorio ancestral. Pero, durante los últimos 31 años, ha resultado muy difícil para Torvator y sus compañeros de la aldea retener y defender este territorio.

“No sé lo que nos ocurrirá, y nuestro futuro sigue siendo oscuro e incierto”, dijo Torvator.

Torvator habló el 30 de noviembre con un equipo integrado por representantes de varias iglesias y organizaciones eclesiales que le visitó. Esta visita formaba parte de una consulta regional, celebrada del 28 de noviembre al 3 de diciembre, sobre los derechos de las comunidades al agua y al saneamiento en Asia. Participaron en ella más de 40 personas procedentes de 12 países de Asia.

La consulta estuvo organizada por la Red Ecuménica del Agua (REDA), iniciativa cristiana que promueve el acceso al agua en todo el mundo y que recibe apoyo del Consejo Mundial de Iglesias. La consulta se celebró en la ciudad de Quezón, dentro de la zona metropolitana de la Metro Manila, y fue hospedada por el Consejo Nacional de Iglesias de las Filipinas.

La incertidumbre de Torvator sobre el futuro de su comunidad es consecuencia del proyecto III de abastecimiento de agua de la Metro Manila, iniciativa mixta del gobierno y el sector privado que incluye la construcción de una presa de 113 metros de altura en el río Laiban, en medio de la comunidad dumagat.

Si se completa, el proyecto hará que queden sumergidas 28.000 hectáreas, en las que hay siete aldeas dentro de los límites de las provincias de Rizal y Quezón. Torvator y su familia estarían entre los, al menos, 10.000 miembros de pueblos indígenas y colonos que serían desplazados.

Aprobado en 2008 y programado para su realización entre 2009 y 2010, el proyecto tiene por objeto desviar a la Metro Manila 2.400 millones de litros de agua diariamente. Los agricultores que viven aguas abajo temen que el proyecto les deje sin suministro de agua para el riego.

La amenaza para las vidas de los campesinos comenzó en 1979 cuando el gobierno del fallecido dictados Ferdinand Marcos emprendió el proyecto de la presa para producir electricidad y suministrar agua a la Metro Manila.

“Creíamos que nuestros temores desaparecerían cuando fue derrocado Marcos [en febrero de 1986], pero nos equivocábamos”, dijo Torvator, padre de nueve hijos y abuelo de catorce nietos.

El proyecto actual trata de revitalizar los planes de Marcos, el cual había empezado ya a realizarlos construyendo un edificio de cemento como parte inicial de la estructura de la presa. Torvator expresó su esperanza: “Si hemos sobrevivido a Marcos, quizás podamos sobrevivir a este proyecto actual”.

La persistente resistencia de los campesinos ha continuado retrasando la construcción de la presa.

La resistencia al proyecto ha resultado arriesgada, e incluso mortal, para los campesinos y para quienes los apoyan. En 2006, Noel Capulong del Movimiento de acción medioambiental de Tagalog del Sur, que apoyaba la causa de los campesinos contra la presa de Laiban, fue asesinado por unos agresores que le dispararon desde una motocicleta.

La resistencia continua de los campesinos ha hecho que el gobierno estacione tropas en la comunidad. Los miembros del equipo visitante, que habían alquilado jeeps de transporte filipinos llamados “passenger jeepneys” para llegar a la comunidad dumagat, tuvieron que pasar por dos controles militares.

Simpatía y apoyo

 

El Rev. Daniel Gnanasekaran, de la Iglesia Luterana Arcot de la India, hizo suyo el dolor del pueblo Dumagat y otros colonos. “Durante mucho tiempo”, dijo, “nosotros, los dalit, hemos luchado también por el derecho a nuestras tierras y a un recurso básico como es el agua”.

Los dalit, afirmó, han padecido infinidad de angustias e indignidades por estar privados de tierras. Observó la misma angustia entre los campesinos afectados por el proyecto de la presa de Laiban. Los campesinos dijeron que tras los muchos años de cultivar sus tierras, producir diversos cultivos de raíces, frutas, arroz y maíz, el arrancarlos de su comunidad equivaldría a sacarlos de los sistemas que sustentan la vida.

Por su parte, Hans Petter Hergum del Organismo de Ayuda de la Iglesia Noruega estimuló a los dirigentes eclesiales locales a continuar demostrando a los dumagat y a otros pueblos afectados que “no están solos” y que tienen quienes les apoyen dentro y fuera de Filipinas.

El Obispo Joselito Cruz de la Iglesia Filipina Independiente ha ofrecido una de sus capillas situadas dentro de la comunidad afectada como “un santuario” en el que pueden organizarse reuniones de planificación.

Algunos participantes se ofrecieron a emprender campañas en sus propios países para apoyar la lucha de los campesinos filipinos contra la presa de Laiban. Otros informaron sobre sus propias iniciativas para ayudar a las comunidades a tener acceso al agua potable y a instalaciones sanitarias.

Agua viva

 

Amity Foundation, un grupo cristiano chino, ha emprendido lo que denomina el “Proyecto de Agua Viva”. Está destinado a las comunidades asentadas en mesetas y colinas, para ayudarlas a que, con sus propios medios, construyan sus pozos y extraigan agua de las fuentes de las montañas.

Según Tong Su de Amity Foundation, una de las cosas buenas del proyecto es que está impulsado por la comunidad y no por los donantes. Los mismos miembros de la comunidad, incluyendo estudiantes y jóvenes, participan en el proyecto ofreciendo su fuerza de trabajo o ayudando a recaudar fondos entre ellos mismos. “Este proyecto es nuestra propia forma de hacer algo concreto para ayudar a los campesinos a tener acceso al agua, porque la acción es amor y el amor no termina nunca”, concluyó.

Otros defensores de los derechos al agua, entre ellos, los de India, Bangladesh, Nepal e Indonesia, informaron sobre sus propios proyectos de obras hidráulicas tales como pozos entubados. En muchos de estos proyectos se han centrado sus esfuerzos en hacer participar a los pobres y a los más pobres.

En algunos países en los que los proyectos de obras hidráulicas tienen que luchar no sólo con la burocracia, sino también con la corrupción, los defensores de los derechos al agua han integrado también en sus iniciativas la “buena gobernanza”. Ejemplo de ello es la acción realizada en Camboya.

La coordinadora de la Red Ecuménica del Agua, Maike Gorsboth, ofreció a los participantes sugerencias específicas sobre cómo pueden emplear con eficacia el derecho humano universal al agua como un argumento convincente en sus propios contextos locales.

“Utilicemos este instrumento crucial para fortalecer nuestra acción incluso cuando instamos a la REDA que extienda el respeto de este derecho”, dijo Gorsboth.

Como parte del taller de clausura de la consulta de cinco días, los participantes intercambiaron pequeñas botellas de agua llenas con muestras procedentes de varias regiones de todo el mundo. El rito simbolizó y selló el compromiso de los participantes en el culto de utilizar sus capacidades para ayudar a que el agua fluya libremente y sea accesible a todos, especialmente a los más pobres y marginados.

(*) Maurice Malanes es un periodista independiente de Filipinas. Actualmente es corresponsal de Noticias Ecuménicas Internacionales (ENI) y colabora también con el periódico de Manila “Philippine Daily Inquirer” y con la agencia de noticias Union of Catholic Asian News (UCAN) con sede en Bangkok .