Mi computadora y yo ¡Qué bendición!

Publicado: febrero 8, 2012 en opinión

Juan Stam

Mi computadora y yo[1]

¡Qué bendición!

No sé si habrá sido la experiencia de muchas otras personas, pero a mí la computadora me cambió toda la vida radicalmente. Si yo hubiera nacido veinte años antes, o si la computadora se hubiera inventado veinte años después, en muchos aspectos muy importantes, yo no sería yo.

Explico: En mi vida a.C. (antes de la computadora), odiaba tener que escribir y lo hice muy a regañadientes. Mi letra es una atrocidad y ni yo la entiendo. Mi máquina de escribir me odiaba, y yo a ella, y con ella nunca llegamos a un entendimiento mutuo. Yo era muy perfeccionista, por lo menos al escribir, y con la máquina nada me salía satisfactorio. Decía que tenía dos razones por no escribir: una razón bíblica, pues Jesús nunca escribió nada, excepto en la arena, y otra razón filosófica, que Sócrates tampoco. «Yo no nací para escribir», decía, «sino para hablar». (Y de la tarea de mantener la correspondencia al día, mejor ni hablar. La correspondencia fue el Calvario de nuestras primeras décadas como misioneros).

En 1987 fui invitado a enseñar en Calvin College y a colaborar en escribir un libro sobre Centro América. Suponía que ellos me prestarían una máquina de escribir, pero cuál fue mi sorpresa a encontrarme con una computadora y un estudiante avanzado, llamado Piet Koene, para enseñarme a usarla. Dentro del mes tenía que dar dos conferencias, ambas en Minnesota, y temía que me iba a ser difícil escribirlas a tiempo. Pero con la computadora me salió fácil redactarlas, me sobró tiempo y, francamente, salieron mucho mejor que mis escritos anteriores. En Calvin comenzó mi vida d.C., gracias a Dios.

Mi computadora es mi amiga y conversa conmigo. A menudo duermo con ella y me hace grandes favores. Tiene una tecla maravillosa que se llama «borrar», que hace desaparecer mis errores para nunca volver a verlos. Tiene una memoria fenomenal, que pone totalmente a la disposición mía, y una facilidad «Google» que me busca todo lo que le pido y hasta ahora nunca me ha fallado. Tiene otra cosa que francamente le envidio, un botón que se llama «dormir» y en cinco segundos ella cierra sus ojos y se duerme el sueño de los justos, y eso sin nunca roncar. Me pregunto por qué Dios no nos arregló algún tipo de botón, en el ombligo por ejemplo, para podernos dormir instantáneamente. Quizá porque él sabe que el insomnio nos da buenos tiempos para orar y meditar. Algún día le voy a preguntar.

Para decir la verdad, no soy muy ducho en asuntos de computación y a veces meto la pata (cosa seria para la computadora). Varias veces he borrado accidentalmente todo el disco duro, que son más de 5000 documentos. Pero IBM tiene un plan de salvación que se llama «Asistencia Remota», que me saca de los líos y apuros en que me meto. Tengo dos hijos, Roberto y Ricardo, que saben absolutamente todo y me han rescatado muchas veces de mis transgresiones cibernéticas.

Cuando estoy en apuros y me conecto por «Asistencia Remota» con mi hijo en Atlanta, lo primero que me pregunta mi computadora es, «¿Está usted dispuesto a entregar el control de su computadora a Roberto Stam?» La pregunta me parece muy seria y siempre me hace pensar. Las primeras veces, aunque había entregado el control a mi «asistente remoto», yo trataba de ayudar a Roberto y me tuvo que decir, «Papi, por favor no mete la mano, sólo me complicas el trabajo».  Claro, «Asistencia Remota» tiene sus límites. Es como una división de labores. Roberto puede resolver problemas en el camino y facilitarme el trabajo, pero él no puede escribir mi comentario del Apocalipsis o mis artículos para este blog. ¿No les parece interesante el caso de la Asistencia Remota? ¿Habrá alguna parábola o un mensaje en todo eso?

Para la Navidad de 2006 nuestro querido hijo Ricky me sorprendió con algo que jamás me había ocurrido: «Papi», me dijo, «te voy a dar una página web como regalo de Navidad». Era mucho trabajo y le agradecía la expresión de amor, pero francamente no esperaba gran cosa de ese sitio. Yo venía escribiendo un artículo mensual para un periódico pero me retiré por discrepancias teológicas. Así comencé a escribir articulitos para el blog, y circular algunos de los escritos anteriores, y la cosa crecía a pasos gigantescos. El efecto se multiplica también porque otros sitios web reproducen los artículos.

Hace dos o tres años alguien me sugirió que ofreciera enviar los nuevos artículos a los que me enviaban sus direcciones electrónicas. Ya son más de mil direcciones, pero con los maravillosos servicios de «gmail» enviar todos es menos tiempo y trabajo que enviar dos o tres cartas postales.

Hoy por hoy, la iglesia evangélica de América Latina tiene grandes necesidades, serias desviaciones de toda índole, y los grandes medios tradicionales de radio y televisión, en general, ayudan poco o empeoran los problemas y abusos. Muchos de los lectores que me escriben están profundamente decepcionados con sus iglesias o con los medios cristianos de comunicación masiva. Pero veo esperanza para la iglesia en los medios informales, que juegan un papel cada día más importante en lograr transformaciones, como en la «primavera democrática» de Africa del norte, y movimientos como los Indignados y «Ocupar Wall Street» etc.

No cabe duda de que la iglesia latinoamericana hoy necesita una nueva Reforma. ¿Podrá Dios hacer de nuestras computadoras unos cuantos Martín Luther o Juan Wesley para despertar la iglesia?  Tengo mucha esperanza.

¡Gracias, Señor, por mi computadora,

medio de tu gracia en mi vida!

¡Gracias, Señor. por tus siervos

 Tomás Watson, IBM y Bill Gates!

¡Gracias, Señor, por tu iglesia!

¡Avívanos, Señor, por tu Espíritu!


[1] Tengo entendido que el nombre correcto en castellano es «el ordenador», aunque la Real Academia acepta «computadora» también, que es lo que decimos en Centroamerica.

http://www.juanstam.com


Mike Breen

Earlier this month, Mike Foster wrote an article entitled “Why I don’t believe in Christian Accountability” and it whipped around the web like you might expect. I’ve read it a few times now and I thought it was worthy enough to write a response because it’s such an important topic if we’re going to wrestle through the issues of discipleship mission. Now I don’t know Mike, but I have friends who do and really enjoy him and find him to be an incredibly kind, thoughtful and humble guy. After reading his post, I’m sure he is. To be fair to him, he does have some very compelling things to say in this post, but I think there are a few things he misses that are critical for us.

In essence, this is the crux of his argument:

  • Christian accountability doesn’t work and is mostly toxic for those who participate.
  • It doesn’t work because of lack of grace, bad environments where we are held accountable, we often lie if we want to escape being held accountable (“gaming the system”) and often hurts more people than it helps.
  • Therefore, we should get rid of the whole notion of Christian accountability.

Now before you think he’s throwing the baby out with the bathwater (which is how I perceived on my first read), he then advocates for a “different” thing:

  • Instead of “accountability”, let’s be “advocates”, people who are fellow supporters and intercessors. He believes a new word is needed.
  • These “advocates” should demonstrate radical grace, focus on what people are saying yes to (and not just what they are saying no to), prioritize people and not organizations.
  • Lastly, have different environments where people and groups have different levels of access for you to be honest, rather than restricting it to one group and have a “First Call” where there is at least one person who has 100% access to the whole of your life.

First things first, it becomes pretty clear that Mike Foster believes in accountability, he just doesn’t like the word because of the way people abuse it. In the same way that people don’t like to be called Christians and instead call themselves “Christ Followers,” his proposal is probably close to the way that most people would ideally see Christian accountability happening.

What I’d like to do is perhaps push his thought a bit further and add a bit of nuance.

You see, the way that Mike seems to describe the purpose of accountability or advocacy (and the way most people seem to) seems to be making sure you are doing certain things and not doing other things. And there is something I think he taps into. Many Christians approach this life as if there is a giant check-list in the sky of do’s and don’ts. Now to be sure, there are things that we can say are “Godly” and things that aren’t, and we should walk the way of the straight and narrow, but what I’m concerned with is the process of doing so.

The way I hear people talk about it, faith is mostly about doing the right things, as if it’s all about behavior modification, or as Dallas Willard calls it, “sin management.”

But clearly this isn’t the way Jesus thinks about it.

He says, “Most people think about the outside of the cup or dish, but the inside is filthy. I’m telling you to worry about the inside first.” His position seemed to be if you attended to the inside, the outside would certainly follow suit. Over and over again in the Sermon on the Mount, he seems to be saying,

“Guys, I’m talking about a new reality! It used to be about just following the rules. But the problem with that is it never got to the heart of things. The issue isn’t murder or lying or adultery. Don’t do those things, but seriously, what are your motivations? What’s causing your heart to take you to these places? I’m telling you that if you even entertain the thought of adultery, you might as well be doing it. A sin is a sin is a sin. Let’s start working on the heart.”

It’s about a new reality for Jesus.

Now I’m not suggesting that we should ignore giant holes in our life like drug addiction, affairs, lying, etc and draw lines in the sand, but I am suggesting the more we focus on orienting the inner parts of our life towards God and his coming Kingdom, the more our behavior will reflect this change.

That’s why Jesus says in Mark 1:
The time has come. The Kingdom is near. Repent and Believe the Good News!

You Repent, then you Believe.

Repent is the word metanoia, which refers to an inner reality. It’s about changing your mind. It’s about re-orientation. It’s about coming to understand reality and setting ourselves to live in it. Seeing things differently.

Believe (often used for the word faith as well) is the word pisteuo, which speaks to a certainty that results in action. It’s not blind faith, it’s a bit like experienced knowledge. It’s saying, “I believe the sun will rise tomorrow so I’ll set my alarm.” The belief results in action. It’s that your actions tell everyone what you believe. It’s not blindly believing that God is good; it’s about knowing that God is good because you’ve seen and experienced his unending goodness and that changes the way you live.

The problem is that we’ve often reversed it and that’s what I read in Mike’s post. We make faith about an abstract reality, something we believe “out there” and repentance is something we “do.” We’ve flipped it!

Let’s take a common “accountability” example. For men, you often hear about them struggling with pornography and the usual accountability group or teaching goes something like this: “You struggle with porn? That’s wrong. You need to stop. Stop looking at it.” That’s what repentance looks like in this system. But that’s not how repentance is discussed in the Bible. The real question is WHY. Why can’t you stop looking at it? What inside of you that needs to be redeemed, is causing that behavior?  If we don’t address the inside, we end up with Jesus’ parable: A clean dish on the outside (well, at least most of the time) with something quite dirty on the inside.

But Jesus gives us a fantastic picture of how we should address this. At the end of the Sermon on the Mount he closes with the well-known parable of the wise and foolish builder. The foolish person isn’t the person who doesn’t hear what Jesus has to say; he’s the person who hears but doesn’t do anything with what he hears. Both the wise and the foolish man hear what Jesus says, but only one does something with it.

It’s not management of sin, it’s the development of wisdom. The whole of Matthew 7 is about accountability. If you’ve heard the word, you ought to do something about it.

I think it’s incredibly harmful to boil accountability down to a list of things we should/shouldn’t do. That’s behavior modification and sin management, not faith in our Lord Jesus! It should include questions of integrity and character, but it’s missing an important element, an element that Jesus introduces in this parable, the two fundamental questions of Christian Spirituality:

  • What is God saying to you right now?
  • What are you going to do about it?

It’s a posture of recognition that God is speaking to us, he’s inviting us more fully into his Kingdom every single day…and are we going to do anything with that?

  • Maybe God is saying he’s never been more proud of you. What should you do about that? How will life be different in the next week because he’s said that to you?
  • Maybe God is saying you to forgive your Father and now is the time. What should you do about it?
  • Maybe God is saying that job promotion isn’t right for you even though it’s more money. What are you going to do about it?
  • Maybe God has put a vision in your heart for your neighborhood. What are you going to do about it?

God is constantly speaking to us and is inviting us to himself and his unfolding Kingdom. His desire is that the words he speaks deep into us will change the way we see the world around us (Repentance) and result in us living differently (Belief).

What if much of the way we build our structures for accountability revolved around those questions? What if it revolved around the idea that God wasn’t always looking crossly at us, but was reaching out to us, inviting us into a different way of living? What if accountability was more about stepping into the Kingdom because God has spoken something fresh and new to us and we want to make sure we take those steps?

What if it was about the inside changing and then the outside following suit?

As I think about this, one thing comes to mind mind:

  • It would mean people would need to learn to hear God. Most people I meet really have very little idea how to listen to God, hear what he’s saying…much less respond to what he’s asking. But the word “disciple” means learner, in the original Greek. So that’s good news for us! It means we can learn to hear the voice of our Father, even if we are starting off at a place where we hear very little.

 

http://mikebreen.wordpress.com/

Lent teaching series is here!

Publicado: febrero 8, 2012 en 3DM Discipulado

Mike Breen
 

As promised, for all of you out there who observe the season of Lent (or would be interested in trying!) as we head into Easter, we have released a Lent teaching series  (Ash Wednesday, the start of Lent, is February 22) that you can download and use in your church/ministry community. This picture is the series slide and the official name of the series is LIVE FAST (yes, a clever double entendre). You can download it from our Room1228 download portal by clicking here. See below for all that the download includes, but here’s the series intro video. Personally, I think the visual storytelling by Blake Berg is absolutely brilliant.

The teaching series will include:

  • Teaching notes
  • Series video
  • Background slides
  • Small Group discussion guides
  • Small Group leader guides
  • + a few more extras

You can download it from our Room1228 download portal by clicking here

http://mikebreen.wordpress.com

¿Demandando al Espíritu?

Publicado: febrero 8, 2012 en Teología

clip_image002¿Demandando al Espíritu?

por Nathan Busenitz

El Espíritu Santo se culpa de gran parte del comportamiento humano extraño dentro de los movimientos pentecostales y carismáticos más amplios – ladridos, saltando, cayendo, rodando, riendo, y, por supuesto, caerse durante los servicios religiosos.

Me acordé de esa triste realidad hace poco, cuando me encontré con este artículo de ABC News , explicando que una iglesia carismática estaba siendo demandado por un transeúnte que resultó herido cuando un miembro de la iglesia fue asesinado en el Espíritu.

Así es como empezó este artículo:

Una feligrés de la Iglesia Cristiana Discíple Fellowship en East St. Louis, Illinois, afirma que el espíritu se movió tanto a otro adorador durante el servicio que causó que otros cayeran de espaldas en ella, causándole lesiones. Ahora ella está demandando a la iglesia por daños y perjuicios.

El informe continúa explicando que, debido a la naturaleza espiritual del «ser tocado» por el Espíritu Santo, los abogados van a tener un tiempo difícil para probar la negligencia por parte de feligrés muerto. Sin embargo, el demandante no se deja intimidar. Ella quiere que la iglesia pague sus facturas médicas.

Por supuesto, si la iglesia no hubiese promovido tal práctica bíblica en primer lugar, toda esta tontería simplemente habría podido evitarse.

Así que, ¿qué vamos a pensar en ser asesinado en el Espíritu? Ya que ABC News llevó mi atención esta semana, pensé que podría ser útil compartir algunas reflexiones.

La Enseñanza Bíblica

El término real “muerto en el Espíritu” no se usa nunca en la Escritura. Algunos carismáticos admiten que la práctica no tiene ningún respaldo bíblico, sino que surgió de las reuniones del campo Metodista del Segundo Gran Despertar. Otros están en desacuerdo, apelando a varias Escrituras para apoyar y sostener que la experiencia debe ser juzgada sobre la base de su supuesto fruto.

Los posibles indicios bíblicos están tomados de una serie de pasajes . Aquí están diez de los principales candidatos:

1. En Génesis 15:12 Abram cae en un sueño profundo mientras Dios hace un pacto Consigo mismo.

2. En 1 Samuel 19:23-24, Saúl, mientras persigue a David, comienza a profetizar, y estuvo echado desnudo un día y una noche.

3. En Ezequiel 1:28 y 3:23, Ezequiel cae boca abajo cuando es confrontado a la gloria del Señor.

4. En Daniel 8:17 y 10:9, Daniel cae hacia abajo, cuando se encontró con el ángel Gabriel.

5. En Mateo 17:6, Pedro, Santiago y Juan, se postran en la Transfiguración.

6. En Juan 18:6, los soldados arrestan a Jesús caen al suelo cuando dice: “Yo Soy.”

7. Pablo, en el camino de Damasco, se cae cuando es confrontado por el Jesús resucitado. Este acontecimiento es relatado por Pablo en Hechos 26:14.

8. En Hechos 10:10, Pedro cae en un trance en el techo antes de conocer a los hombres de Cornelio.

9. En 2 Corintios 12:1-4, Pablo habla de una visión del paraíso lo cual fue un privilegio de ver.

10. En Apocalipsis 1:10, 17, el apóstol Juan se derrumba ante los pies de Jesús.

Una mirada cuidadosa a estos versículos, sin embargo, indica que no son compatibles con la práctica contemporánea de caerse ó morirse en el Espíritu.

Aquí hay algunas observaciones a partir de los datos bíblicos:

1. La ausencia de un hombre mediador (como es común en la práctica pentecostal y carismática). Ninguno d elos textos bíblicos de prueba representan a un ser humano intermediario involucrado “maar”. Siempre es Dios (o un ángel de Dios – Daniel 8, 10) quien, a causa de su gloria, hace que los hombres a caigan en su cara. El único ser humano que participa en el “matar” bíblicamente a alguien fue Cristo, sin embargo, Su naturaleza dual (como Dios en carne humana) le hace la excepción y no la regla.

2. El “muerto” permanece consciente. En todos menos tres de los casos anteriores, la gente estaba consciente todo el tiempo. Por ejemplo, aunque la experiencia de la conversión de Pablo en Hechos 9 involucró caer, se mantuvo alerta y despierto, incluso conversando con Cristo. Este patrón general es contrario al éxtasis inconsciente de la experiencia carismática moderna.

3. La condición espiritual de los “muertos”. Es evidente que la Palabra de Dios muestra a creyentes y no creyentes como los que son “muertos.” Por lo tanto, los carismáticos no pueden afirmar que la experiencia es una marca del verdadero cristianismo. Por lo demás, los soldados que detuvieron a Cristo estaban en proceso de pecar, cuando fueron derribados.

4. Su ausencia de las listas de los dones espirituales. Llamativamente, el “don” de matar en el Espíritu no está incluido en ninguna lista de dones en el Nuevo Testamento ni nadie jamás se ha presentado como poseedor tal don. A pesar del bullicio moderno, no hay constancia de que ningún líder de la iglesia primitiva tenía la capacidad de golpear a las personas por el poder del Espíritu. Sin duda, tal experiencia cristiana vital garantizaría una mención bíblica directa.

5. La naturaleza del “matar.” A pesar de una cuestión menor, el “matar” en las Escrituras es caer hacia adelante (cuando la dirección de su caída se registra), en lugar de boca arriba. Por lo tanto, la idea de un “receptor” de pie detrás de una persona para garantizar su seguridad es ajeno a los textos bíblicos.

6. Su naturaleza anti-cristiana. La falta de control que acompaña a estar “muerto en el Espíritu” es en realidad más característico del paganismo que del verdadero cristianismo. Gálatas 5:22-23 dice que el fruto del Espíritu incluye un auto-control (cf. 1 Cor. 14:32), mientras que 1 Corintios 14:40 prescribe un orden en la adoración congregacional. Primera de Pedro 1:13 ordena a los creyentes a ceñir sus mentes para la acción (que no a pasar por alto sus mentes en el éxtasis), y Efesios 5:18 dice que el fruto de ser llenos del espíritu es llenar en contenido de cantos y relaciones que honrar a Cristo (no cayer como un hombre muerto en el suelo).

¿Qué Está Sucediendo Realmente?

A pesar de la escasez de evidencia bíblica, algunos pastores pentecostales / carismáticos todavía afirman ser capaces de matar a la gente en el Espíritu. Un autor bien conocido de este punto de vista es Benny Hinn.

Que la gente se caiga en los servicios de Hinn no puede ser cuestionado. Lo que qué puede ser cuestionado, sin embargo, es lo que fuerza hay detrás de este fenómeno. La respuesta no es ciertamente el Espíritu Santo-ya que El promueve tanto la adoración ordenada como el autocontrol individual.

Entonces, ¿qué “espíritu” esta implicado? Varias respuestas pueden ser.

1. El poder del “espíritu” humano emocional. Algunos, como G. Richard Fisher, creen que parte del éxito en “amatar” de Hinn viene de las expectativas emocionales de la audiencia. En otras palabras, porque han visto a otros “muertos en el Espíritu”, porque tienen un gran respeto por el Sr. Hinn, y debido a que sus emociones son afectadas que están dispuestos a caer cuando Hinn “arroja” el Espíritu en su dirección. Por otra parte, la presión procedente de los compañeros de la mayoría alrededor de ellos convence a los disidentes de caer en línea con el resto del grupo. (La Soteriología pentecostal se suma a esta presión, porque el “bautismo del Espíritu” se asocia con las cosas como las lenguas y ser matado en el Espíritu.)

2. El poder del “espíritu” del líder. Fisher, además, señala que la influencia de Mr. Hinn, mismo, como un respetado líder cristiano (como es percibido por aquellos en la audiencia), anima a la gente a obedecer. En otras palabras, ya que el Sr. Hinn habla en nombre de Dios, debe poseer un poder dado por Dios. Por lo tanto, su público, profundamente deseando experimentar ese poder, con mucho gusto “se va con la corriente”, cuando es “muerto en el Espíritu.” En estos casos, ser “muerto en el Espíritu” no es más que una ilusión experimental hecha posible por la capacidad de Hinn para manipular a una multitud.

3. El poder del “espíritu” demoniaco. En qué medida el está involucrado el poder demoníaco en el proceso es imposible de saber. Sin embargo, estar “muertos” se parece mucho a ciertos elementos de lo oculto – un reino muy influenciado por el demonio. Además, la falsa enseñanza se define en la Escritura como “doctrina de demonios”, sobre todo cuando se oculta o distrae de la verdad del evangelio (1 Timoteo 4:1). En cualquier caso, “ser muerto en el Espíritu” se ve mucho más como el fruto de la carne de pecado, que el fruto del Espíritu Santo (cf. Gal 5:19-23).

Conclusión

Debido a que no es aceptada en la Escritura, pero en realidad va en contra de ella (mediante la promoción de un comportamiento irresponsable y perjudicial), la práctica moderna de “estar muerto en el Espíritu” debe ser evitada.

Sin embargo, solo por el hecho de ser anti-bíblico no es suficiente…ahora podemos añadir otra razón para mantenerse alejado de la práctica.

Si usted se cae y golpea a alguien, es posible que lo demandan.

http://evangelio.wordpress.com/

¿Tú también eres tentado?

Publicado: febrero 8, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Retazos del Evangelio a los pobres (LII)

Fin de los artículos sobre la oración modelo de Jesús. “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Texto completo en Mateo 6:9-15.
 Con esto terminamos las reflexiones sobre la oración modelo de Jesús.  “No nos metas en tentación” , es la última petición de esta oración modelo, el Padre nuestro, que nos deja Jesús.  Es una petición que muestra la debilidad humana y la dependencia del Creador. Es tan completa y exigente la oración que nos deja Jesús como modelo para orar, que necesitamos las fuerzas de Dios mismo, que sea Él quien nos sostenga para poder resistir en medio de un mundo lleno de valores tentadores , de tentaciones mundanas en línea con la injusticia, el poder, la acumulación de riquezas… valores que son contracultura con los del Padre nuestro y los del Evangelio a los pobres que nos dejó Jesús. Esta petición es la fundante de la posibilidad de poder asumir las peticiones anteriores que, uniendo el cielo con la tierra, nos marcan las líneas de la projimidad, de acercamiento del Evangelio y los valores del Reino a los pobres de la tierra.

Esta última petición es el reconocimiento final de que caeremos si no nos ponemos en las manos de un Dios que nos tiene que librar de la tentación y no meternos en los males tentadores de las riquezas, del poder, de la avaricia, del egoísmo humano, de la prepotencia, de la falta de solidaridad y práctica de la injusticia. Sin ti, Señor, permaneceremos en el mal de considerar la riqueza como prestigio, en la infravida de los que sólo desean acumular y adorar al becerro de oro, al dios Mamón. En la necedad de los que no quieren compartir, de los que permanecen de espaldas al grito de los pobres y, por ello, de espaladas a tu Evangelio, de espaldas a ti… aunque olamos a cirio y a incienso. Permaneceremos en la peor de las idolatrías.

Señor, sin ti, seremos de los que consideran locura las exigencias de tu Evangelio, seremos de los que a lo dulce llaman agrio y a lo agrio dulce. Sin un Dios que nos libre del mal y de caer en la tentación, jamás entenderemos tu Evangelio a los pobres, tu oración modelo. Nos revolcaremos afanados y ansiosos en el cieno de las falsas riquezas -o el deseo de ellas- y de los falsos valores, como puercos a los que no les importa la suciedad ni el pecado. Sin tu ayuda y liberación, podremos estar alabando en la iglesia, mientras somos carcomidos y deslumbrados por los valores insolidarios que nos impiden ver tu rostro, el rostro de los pobres del mundo. Señor,  “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” , para que seamos personas solidarias, agentes de liberación de tu reino en la tierra… para que los valores de tu Evangelio a los pobres, de tu oración modelo, no nos parezcan locura ni insensatez.

 ¿Qué cosas nos tientan? Es verdad que el listado puede ser largo, pero hay tentaciones enormes en torno al dinero, al poder, al sexo, a la vanagloria. Hay tentaciones tremendas en torno al egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, el despojo de los otros, la falta de amor al prójimo en necesidad y la práctica de la injusticia. Son los contravalores en relación con los auténticos valores del Evangelio a los pobres, de los valores del Reino, los que más nos tientan.  Sin la ayuda de un Dios que nos puede librar de la tentación y del mal, caeremos. Es necesario estar de cara a Dios y de cara al sufrimiento del prójimo para poder hacer vida en nosotros las peticiones del Padre nuestro, de esta oración modelo que nos deja Jesús.

Tenemos que plantearnos nuestra vida ante el Señor estando pendientes y en relación con el lugar más sagrado que Jesús reconoce, más sagrado que el templo, que las largas oraciones, que los sacrificios… Ese lugar sagrado es el hombre, fundamentalmente el que sufre, el pobre, el marginado, el despojado, el excluido, oprimido y explotado. Tenemos que clamar al Señor para que el nos libre de la tentación, que no nos deje ser tentados más allá de lo que podemos soportar, pues el atractivo de estos valores satánicos en relación con las riquezas y la opresión, es de tal magnitud que nuestras fuerzas humanas, sin el apoyo de Dios, no podrán soportar estas presiones y el ser inundados de los contravalores mundanos que, a veces, entran en nuestras iglesias y los acogemos como normales y buenos… y comenzamos a vivir exactamente igual que los que no tienen esperanza, como idólatras injustos. Por eso la petición debe sonar en nuestros labios y en nuestros corazones: Señor , “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” . Si esta petición fundante, no entenderemos jamás el Evangelio a los pobres que impregna todas las enseñanzas de Jesús.

Para entender los valores que nos deja Jesús en su oración modelo, el Padre nuestro, debemos plantearnos nuestra vida ante el Señor, pedirle que él nos libere, nos libre de las tentaciones mundanas, nos use, nos haga criaturas nuevas, solidarias, comprometidas con el Evangelio, con Dios, con el prójimo, con la justicia misericordiosa.

 El Evangelio se entiende muy bien desde los campos de marginación, desde la convivencia con los pobres, desde el apearse de nuestro tren de la prosperidad, desde la solidaridad, la projimidad y el amor. Fuera de esto, no se entenderá esta oración y estaremos haciendo teología o entendiendo la espiritualidad cristiana desde parámetros falsos presentados como buenos y bellos por el ángel de luz, por Satanás, cuando, en realidad, son parámetros de muerte que nos atraen intentando hacernos caer en la tentación… en el mal.

¡Señor, líbranos del mal! ¡Líbranos de lo malo! ¡Líbranos del maligno! ¡Líbranos del pecado! ¡Líbranos de la tentación! No nos mantengas en un mundo sin sentido, no nos mantengas en el vacío del tener insolidario, en las tentaciones injustas que nos sumen en la angustia de una vida sin valor.

Por tanto,  “No nos metas en tentación” . Sólo tú puedes hacer esto,  “porque tuyo es el Reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012


César Vidal Manzanares

La reforma indispensable (31)

La disputa de Leipzig: el debate
Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino –al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes– tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias.

 

 El 18 de julio, una fanfarria de trompetas anunciaba en Frankfurt la coronación de Carlos de España como emperador y con ello que los planes papales para lograr que la elección imperial se ajustase a sus intereses habían fracasado estrepitosamente.   Al día siguiente, 19 de julio, se inició la disputa de Leipzig.  El lugar para su celebración era el castillo de Pleissenburg que el duque Jorge puso a disposición de la universidad de la ciudad.

Inicialmente, el duque se había mostrado muy reticente ante la idea de permitir que Lutero participara en un debate celebrado entre Eck y Carlstadt, e incluso no faltaron los problemas a la hora de decidir las instituciones que deberían dictaminar quién había ganado la disputa. Finalmente, se decidió que fueran las universidades de Erfurt y de París.

El 1 de julio, Eck, que no dejaba de quejarse de la mala calidad de la cerveza de Leipzig, supo que sus rivales de Wittenberg habían llegado. Se trataba de una comitiva numerosa encabezada por dos carros. En el primero, viajaba Carlstadt, acompañado por sus libros, y, en el segundo, iban el duque Barnim de Pomerania, rector de Wittenberg, Lutero y Melanchthon. Cuando entraban por las puertas de la ciudad, el primer carro se rompió y Carlstadt cayó en el barro provocando las carcajadas de algunos de los que habían salido a mirar la llegada de los visitantes. La caída de Carlstadt provocó que se golpeara la mano y que tuviera que practicársele una sangría, de manera que, a causa de la herida y del tratamiento a que se le sometió, estuvo en pésima situación durante algunos días.

 Cuando, finalmente, dio comienzo la disputa, los preliminares resultaron agotadores . Se iniciaron a las siete de la mañana con una misa del Espíritu Santo que estrenaba ese día un músico local llamado Jorge Rhau. Después Mosellano pronunció un prolongado discurso en latín sobre el procedimiento que seguiría el debate y, al cabo de dos horas, la audiencia que abarrotaba la sala pudo ver cómo el profesor de poesía se dirigía realizando reverencias hacia una puerta trasera para regresar al cabo de un instante con más músicos. A continuación, vino la comida y sólo entonces, tras un anuncio llevado a cabo por un floreo de trompetas, comenzó la disputa.

 La primera semana transcurrió en un debate entre Eck y Carlstadt acerca del tema de la gracia y del libre albedrío.  Se produjo un momento de tensión cuando un irritado Eck apeló al moderador negando que fuera necesario que Carlstadt llevara todos sus libros consigo y tuviera que consultar cada cita. Finalmente, el moderador decidió dar la razón a Eck.

La discusión se extendía únicamente durante el día por lo que quedaba un cierto tiempo para pasear y hacer visitas. A la sazón, Tetzel, uno de los personajes que habían provocado el inicio de la controversia sobre las indulgencias, se encontraba muy enfermo en Leipzig. Es posible que la pérdida de salud estuviera relacionada con la derrota de los propósitos que había abrigado contra Lutero, pero, sobre todo, por la manera en que se había visto abandonado por la jerarquía a la que había defendido encarnizadamente. Apenas unos meses antes había recibido un doctorado y el respaldo de su orden; ahora y como consecuencia de la visita conciliadora de Miltitz al elector se veía reducido al papel de sujeto que estorbaba y, en consecuencia, sufría un arrinconamiento. No deja de ser significativo que precisamente en esos momentos Lutero, que había sido víctima de sus asechanzas nada nobles, le enviara una nota consolándolo en su enfermedad. Sin duda, se trató de una muestra de caridad cristiana, pero, posiblemente, en ese comportamiento subyacía también la convicción de que Tetzel había pasado a ser un personaje secundario en una controversia que se elevaba por encima de los individuos para dirigirse hacia los principios.

 Durante los siguientes días en que se prolongó el debate, el aburrimiento fue invadiendo a los asistentes. Incluso los teólogos comenzaron a seguirlo con los ojos cerrados. Era obvio que se necesitaba un cambio que animara la disputa y éste se produjo cuando el día 4 de julio acudió Lutero a debatir con Eck.

El agustino comenzó su exposición con prudencia manteniendo su tesis décimotercera con la afirmación de que el papado era de derecho humano. Semejante opinión puede resultar chocante para un católico actual, pero lo cierto es que era la que mantenía en el seno de la iglesia católica el movimiento conciliarista en las décadas anteriores e incluso la que había sostenido personaje tan poco sospechoso de heterodoxia como Tomás Moro en sus años jóvenes. El punto de vista de Lutero no era, por lo tanto, necesariamente heterodoxo en esa época, pero Eck captó a la perfección que, si era lo suficientemente hábil, podía mezclarlo con elementos políticos para lograr que el agustino apareciera como un hereje. Tanto la universidad de Leipzig como el duque Jorge por motivos familiares eran especialmente sensibles a las menciones a Bohemia y a las guerras hussitas que se habían iniciado cuando los bohemios habían decidido defender su libertad religiosa con las armas. Para ellos, Juan Huss no sólo era un hereje, que había ardido en una hoguera en Constanza, sino el origen de un peligro político. Conocedor de esa circunstancia, Eck se había dedicado a acusar a Lutero de “bohemio” y “hussita” en algunos escritos difundidos antes de la controversia y ahora iba a volver a utilizar esa arma dialéctica.

Lutero había crecido y se había educado con el comprensible horror católico hacia Juan Huss. No sólo eso. Además, el orgullo de los agustinos de Erfurt era Juan Zacarías que había pasado a la Historia con el nombre de “azote de Huss”. Lutero había tenido ocasión de ver su tumba en la que estaba grabada la rosa de oro que se le había concedido por su celo contra Huss. No resulta, por lo tanto, extraño que Lutero se opusiera a que Eck lo etiquetara de esa manera. Sin embargo, a esas alturas, y después de haberse sumergido en el estudio de la Historia eclesiástica, para Eck no resultó muy difícil llevarlo a una situación en la que afirmó que “entre los artículos de Juan Huss y de los hussitas que fueron condenados hay muchos que son verdaderamente cristianos y evangélicos, y que la iglesia universal no puede condenar”. Aquella afirmación provocó un silencio sepulcral en la sala que fue seguido por una exclamación del duque Jorge en el sentido de que aquello era “la peste”. Eck captó a la perfección que había colocado en una situación más que delicada a su adversario y siguió presionando en esa dirección.  Lutero no sólo cuestionaba el origen divino del papado – una posición no necesariamente heterodoxa a la sazón – sino que iba más allá y, efectivamente, el agustino reconoció que, tal y como pretendía Eck, desde su punto de vista, los concilios podían también equivocarse.

 Llegados a ese punto, Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino – al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes – tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias que, dicho sea de paso, había sido el inicio de todo el Caso Lutero.

El 14 de julio, Carlstadt regresó a la disputa y el duque Jorge se apresuró a poner punto final a los debates. El elector de Brandeburgo venía a visitarlo para una cacería y poca duda puede haber de que el duque se sentía mucho más interesado en perseguir animales con su jauría que en escuchar aquel cruce de argumentos teológicos. Una vez más, Jorge Rhau hizo acto de presencia y señaló el final del debate con un elaborado Te Deum.

 Continuará: Conclusión del debate de Leipzig

Autores: César Vidal Manzanares

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José de Segovia Barrón

El misterio de la Providencia en Dickens
Sus últimas creaciones muestran la ambigüedad del ser humano, donde la miseria y la grandeza conviven de forma paradójica.

 

 Se cumplen ahora doscientos años del nacimiento de Charles Dickens. Mientras se continúan reeditando sus libros, aparece en castellano la más completa y rigurosa biografía del escritor, hecha por Peter Ackroyd hace ya veinte años. Estamos, según ella, ante “el novelista inglés más extraordinario y ambicioso que haya existido jamás”. Nadie narró como él las miserias de la revolución industrial. Su obra está llena de compasión por la pobreza de una infancia oprimida. Aunque como “hombre del siglo XIX, fue un victoriano atormentado por sus contradicciones”, dice Ackroyd.

Dickens se crió en una familia nominalmente anglicana. Fue bautizado en la iglesia de St. Mary de Kingston, pero cuando era pequeño, su familia conoció al pastor de la capilla bautista Sión de Chatham.  Desde niño, escuchaba los sermones del pastor bautista William Giles, que tenía un hijo de 23 años que estudió en Oxford y llevaba una escuela bautista, a la que asistió Dickens . El y un grupo de chicos del colegio se identificaban como los Gatos de Giles, llevando un sombrero hecho de piel de castor.

 No es sorprendente, por lo tanto, las referencias bíblicas que aparecen en muchas de sus novelas : la imagen de Cristo “escribiendo con su dedo en el polvo, mientras le traían una mujer pecadora” ( Casa desolada ); “las torres que compiten con Babel” ( Tiempos difíciles ); “el camello por el ojo de la aguja” ( La pequeña Dorrit ); “Yo soy la resurrección y la vida” ( Historia de dos ciudades ); o la oración silenciosa de Pip por el convicto “Oh, Señor, ten misericordia de él, pecador” ( Grandes esperanzas ).

 INFANCIA ¿DESGRACIADA?
 La tragedia se cierne sobre Dickens, cuando tiene que abandonar la escuela bautista de Giles, a causa de tener que ir su padre a la prisión por deudas, cuando el escritor tenía sólo 12 años . Escribe entonces a su amigo y primer biógrafo, John Forster: “Yo sé que si no fuera por la misericordia de Dios, podría haber sido fácilmente un ladronzuelo o pequeño vagabundo, por la falta de cuidado que recibí”.

El escritor de niño tiene que trabajar en una fábrica de betún en una zona industrial de Londres, insalubre e infestada de ratas. Son jornadas de diez horas, con una pequeña pausa para comer. “Fue el acontecimiento más importante de la vida de Charles Dickens –dice Ackroyd–, algo que siempre tuvo presente”.  Descubrió así prematuramente la aspereza de un mundo poco compasivo con la debilidad y la pobreza.

“Todo mi ser se sintió tan imbuido de pesar y humillación al pensar en lo que había perdido que incluso ahora, famoso –escribe a su amigo Forster–, cuando rememoro aquella época de mi vida, muchas veces me olvido de que tengo una mujer y unos hijos, incluso de que soy un hombre”. La indefensión que experimentó el escritor en su tierna infancia es fundamental para entender su dificultad para creer en un Dios, cuya gracia providente se muestra en un cuidado real de sus criaturas.

 DESILUSIONADO CON LA RELIGIÓN
 La actitud de Dickens de aversión a la Iglesia no es casual. Su desprecio de la religión formal, con todos sus dogmas y ceremonias, no viene de una hostilidad intelectual contra Dios o Jesucristo, sino de su desengaño con un cristianismo hipócrita , que ignoraba la compasión de Cristo por el pobre. Dickens se acerca al unitarismo de Edward Target, por su orientación a la práctica en vez de a la doctrina. Puesto que era anticlerical, poco dogmático y nada sectario. “Las formas humanas de religión tienden a ser lo que diabólicamente es la irreligión”, dice.

 Al escritor le molestaba tanto el movimiento evangélico como el catolicismo-romano. No soporta el sabatarianismo –escribió un panfleto anónimo en 1836,  Domingo bajo tres cabezas,  en contra del intento de Sir Andrew Agnew de aprobar una ley en contra del ocio y el trabajo en domingo– y ridiculiza la hipocresía de los predicadores disidentes, o sea de las iglesias libres –en el personaje de Mr. Stiggins en  Los papeles del Club Pickwick –. Aunque también dice que “detestaba el catolicismo, esa abominable vieja institución sacerdotal”. Llama a la iglesia de Roma “ese tambaleante monstruo”. En 1853 dice: “Roma y yo, estamos ampliamente separados, moralmente”.


 Según la biografía de Fred Kaplan, Dickens se hace miembro de la iglesia unitaria en el invierno de 1842-43 . Nacida de la Reforma radical, aparece en Inglaterra doscientos años antes del nacimiento del escritor.  Aunque cree todavía en la Biblia –Dickens pidió que se leyera la Escritura todos los días en el hogar que abrió para mujeres de la calle, para que fueran así “tentadas a la virtud” –, enfatiza la humanidad de Cristo –aunque todavía describe sus milagros en  La vida de nuestro Señor,  que escribió para niños en 1849–, afirmando “la supremacía de Dios y la divinidad de la misión de Jesús de Nazaret”.

 DICKENS PREDICA A LA IGLESIA
El escritor predica a la Iglesia en  Oliver Twist , cuando Mr. Bumble da gracias a Dios en oración por las gachas, pero defiende el abuso que hace de Oliver, diciendo: “¡Le hemos dado el Evangelio!”. Habla a los cristianos en  Casa desolada,  cuando presenta la falsa piedad de la Sra. Jelby, que sueña con esfuerzos misioneros en África, mientras ignora los barrios bajos de Inglaterra. O cuando la Sra. Pardiggle avasalla a los niños en este libro, degradando a los pobres. Los sermones de Chaband en esta obra no son más que excusas para no mostrar la compasión de Cristo.

 A pesar de eso, Dickens sigue yendo a la iglesia anglicana que había cerca de su casa, hasta el final de su vida. Ora por la mañana y por la noche. Tenía una sensibilidad por los principios sociales del cristianismo, como muestra en  Canción de Navidad  (1843) . Escrita cuando tenía 31 años, esta historia de fantasmas es una fábula contra la codicia. Scrooge es un avaro frío e insensible, que oprime a los pobres sin compasión alguna. Para él, la felicidad es la riqueza, aunque es el personaje más miserable que uno pueda imaginar. El problema es que su salvación no viene por un encuentro con Cristo, sino consigo mismo.

 Para Dickens, el cristianismo consiste en amar al prójimo. Lo que en el Nuevo Testamento es el resultado, no el medio de la conversión . Como observa Ackroyd, en sus primeras novelas Dickens distribuye el bien y el mal entre sus personajes sin contemplar la posibilidad de su coexistencia en un mismo carácter.  Sus últimas creaciones rompen, sin embargo, esa división, mostrando la ambigüedad del ser humano, donde la miseria y la grandeza conviven de forma paradójica.

 EL NIÑO QUE NUNCA DEJÓ DE SER
 Es por eso que yo también prefiero el último Dickens al moralizante patetismo de sus primeras obras . Como tantos otros, recuerdo haber leído de niño  Oliver Twist  (1837-38) en una antigua edición de Calleja con unas llamativas ilustraciones de principios del siglo pasado que tenía mi padre, cuando aún se llamaba  Oliverio.  Las versiones al cine que hizo David Lean en 1948, Carol Reed en 1968 y Polanski en 2005, todavía me emocionan. Aunque ¡reconozcámoslo, es bastante antisemita!

 Lo más cercano que hizo Dickens a una autobiografía es  David Copperfield .  La leí en una adaptación infantil. En realidad –como dice Ackroyd–, “es la que refleja con mayor severidad, sinceridad y tristeza sus peores experiencias infantiles, aunque es más contenida y recatada respecto a sus sentimientos que libros anteriores”. En lugar de representar a sus padres como los de Copperfield, los convierte en los Micawber. Harold Bloom la considera “la primera novela terapéutica, escrita en parte para la curación del propio autor o para consolar la permanente angustia adquirida en su infancia y en su juventud”.

Cuando su cuñada Mary Hogarth muere a los 17 años, Dickens está destrozado. “Charles responde a la muerte con una histeria controlada –dice su biógrafo Fred Kaplan–, un inmenso dolor destruye su normal equilibrio”. Su muerte produce “una deserción tan devastadora, que mantiene su memoria viva con recuerdos conscientes y sueños recurrentes”. Durante años Mary le visita en pesadillas, que “se repiten perpetuamente de forma extraordinaria”. Es en ese mundo donde lo real se mezcla con lo irreal, lo material y lo espiritual, lo concreto y lo fantástico, lo mundano y trascendente, que encuentra Ackroyd la magia de Dickens.

 LA MANO INVISIBLE DE DIOS
 Veinte años estuvo Dickens casado con Catherine. Tuvo con ella diez hijos, pero su relación fue difícil . Mantuvo con ella constantes conflictos, tensiones y sospechas. No se sabe si viene de eso su costumbre de andar durante horas por las calles, todas las noches. Tras su separación, tuvo una relación no muy clara con una actriz llamada Nelly Ternan –según Ackroyd, no consumada sexualmente, aunque otros biógrafos creen que convivían secretamente–. Ahora se han publicado en castellano las cartas de su amor secreto por Maria Badnell –que estaban en Estados Unidos–.

Una de ellas me ha emocionado especialmente. La escribe cuando ella ya está casada, veintidós años después de que su relación se frustrara –es ahora la señora Winter–. Compara nuestra vida con un río, que va rumbo al mar. Intenta, como todos, entender el curso que le ha llevado por tantos vericuetos a su situación actual. ¿Dónde está Dios en medio de ello? El creyente entiende que Dios se interesa por nosotros, pero también nos dirige.  El problema por el que Dickens se aleja de la fe ortodoxa, para abrazar el deísmo unitario, es su incapacidad para ver la Providencia de Dios en la vida . Si el Creador tiene control de todas las cosas, ¿por qué permite que haya tantas tragedias en la vida? Suceden muchas cosas que parecen no tener sentido, ni propósito.

 Cristo enseña que los cabellos de la cabeza están todos contados y ni el más mínimo movimiento de un gorrión le pasa desapercibido. El creyente puede estar por eso seguro que su vida está dirigida por Dios ( Mateo 10:29-31 ). Lo que pasa es que hay una cara oscura de la Providencia, por la que el Señor entreteje el dolor, la pérdida y la angustia con los momentos de placer y felicidad, para cumplir su propósito en nuestra vida. Cuando Pablo dice que “todas las cosas ayudan para nuestro bien” ( Romanos 8:28 ), quiere decir que las usa para nuestro bien, no que sean buenas en sí mismas.

 SU BONDAD EN LA TRAGEDIA
 Un contemporáneo de Dickens, George Muller, tuvo la misma compasión del escritor por los niños abandonados de la calle, construyendo orfanatos, inspirado por su fe cristiana .  En 1853, su única hija, Lydia, está a punto de morir de fiebre tifoidea.  “Mientras pasaba por esa aflicción tan grande –escribe Muller–, consciente como era de mis múltiples debilidades, fracasos y defectos, estaba preparado para decir como el apóstol Pablo: “Miserable de mí”; no obstante, estaba seguro de que esta desgracia no era la vara del Padre sobre mí, sino la prueba de mi fe.”

Su conclusión sin embargo es que estará “satisfecho con la voluntad de Dios”. Creía que “si el Señor decidía llevarse a mi amada hija, sería lo mejor para sus padres, lo mejor para ella y sobre todo contribuiría más para la gloria de Dios que si ella viviera”.  La niña es librada de la muerte, pero unos años después fallece su esposa a causa de una fiebre reumática. Estuvieron casados 39 años. A pesar de su tristeza, el fundador de la Asamblea de Hermanos de Bristol predica en el funeral sobre el  Salmo 119:68 : “Tú eres bueno y haces bien”.

 Este sermón, que hace a los 64 años, tenía tres puntos: 1. El Señor fue bueno e hizo bien en dármela; 2. El Señor fue bueno e hizo bien en permitirme estar con ella tanto tiempo; y 3. El Señor fue bueno e hizo bien en quitármela. En este último punto cuenta cómo oró por ella como hizo por su hija enferma , “pero sea como fuera que trates conmigo, sólo ayúdame a estar completamente satisfecho con tu santa voluntad”.

Dios no nos da todo lo queremos en esta vida, pero si lo que necesitamos. La fe es estar satisfecho con ello. Y eso son “grandes esperanzas”, como nos recuerda Dickens.

Autores: José de Segovia Barrón

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Libro de una enfermera australiana

Las 5 cosas de las que más nos arrepentimos antes de morir
B. Ware reunió en su libro “Los cinco arrepentimientos de los moribundos” confesiones honestas en el lecho de muerte.

AUSTRALIA

 Edith Piaf decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, pero mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento.Eso es lo que afirma Bonnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, quien acaba de compilar en un libro la lista de las cinco principales cosas de las que las personas se arrepiente antes de morir.La enfermera australiana reunió en su libro “Los cinco arrepentimientos de los moribundos” las «confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte», en cuanto a lo que hubieran querido o debido hacer o no haber hecho.

 Fueron confesiones, dice, que le ayudaron a transformar su propia vida. Porque según Bronnie Ware, es realmente triste llegar a la tumba pensando «ojalá lo hubiera hecho…».

La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado «Arrepentimientos de los moribundos», se volvió viral en internet. Ware decidió escribir algo más completo en profundidad y amplitud acerca de esas confesiones y la forma como «transformaron su vida».

«La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad. Cada persona experimenta una variedad de emociones, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación”, explica la autora. Asimismo, afirma: “Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir».

 LOS MÁS COMUNES
El libro es un recuento de memorias sobre la vida de la autora y sus experiencias durante años como profesional sanitario en su trabajo en cuidados paliativos.

 «Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes» explica la autora. «Y el principal arrepentimiento de mucha gente es ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera'», agrega.

La enfermera apunta que « otro arrepentimiento común es ‘ojalá no hubiera trabajado tanto’, porque eso, decían, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida».

Bronnie Ware dice que  «otro arrepentimiento común entre los moribundos era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos. Y eso se aplicaba tanto en los sentimientos positivos como negativos».

«Muchos decían: ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas’, o que hubieran tenido el coraje de hablar con personas y decirles lo que realmente sentían por ellas».

«También era muy común arrepentirse de no haber vuelto a tener contacto con viejos amigos. Mucha gente decía que le hubiera gustado volver a ver a alguien para recordar momentos de su vida, pero no habían hecho el esfuerzo de encontrarlo».

Según Ware, al final de la vida los amigos son muy importantes porque a menudo los familiares que rodean a un enfermo terminal están pasando por su propio duelo. Una persona en su lecho de muerte a menudo extraña a esos amigos, dice, pero muchas veces, cuando se les pierde el rastro, ya es demasiado tarde para encontrarlos.

 TIEMPO DE ARREPENTIMIENTO
 En resumen, los cinco grandes arrepentimientos compilados en el libro son: 1 . Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera;  2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto;  3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía;  4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos;  5.  Me hubiera gustado ser más feliz.

 Algo que llama la atención es que todos estos lamentos de los moribundos se trata de cosas que no hicieron.  Según la autora, la gente no parece arrepentirse al mismo nivel de errores o actos que sí realizaron. «Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo» explica Ware.

«Por eso es más común arrepentirnos de algo que no hicimos», dice. «Pero pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado. Y esto se aplica principalmente cuando una persona está enferma y no tiene ya libertad de hacer cosas porque no tiene salud».

 Lo que la autora espera, dice, es que su libro «ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse», y afirma que estas confesiones le ayudaron a implementar grandes cambios en su vida . “Espero que la gente que lea el libro también pueda entender que la vida está pasando hoy y que ahora es el momento de vivirla», agrega.

«Mi principal mensaje es que todos vamos a morir, y que si en este momento nos arrepentimos de algo tratemos de solucionarlo ahora», concluye Ware. Y, en realidad, tiene razón, al menos según una antigua carta lleno de sabiduría de un hombre sabio, que escribe: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis (…) aprovechando bien el tiempo (…) no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (carta a los Efesios 5:16-17).

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Los viajeros indocumentados del tren La Bestia temen no poder ser identificados

Hay miles de cadáveres sin identificar

Jon Sistiaga México

Arturo Moreno, enterrador de Tapachula, Chiapas, señalando una de las fosas comunes, convertida en basurero, donde se entierra a los migrantes sin identificar. / MARIO LASTRA

Soy un polizón. Un ilegal subido en este tren de mercancías que cruza México en dirección a Estados Unidos. Llevo mi pasaporte, pero viajo como un indocumentado. Me lo he colocado en un bolsillo bien cerrado, por si acaso. Por si me caigo. Para que al menos me identifiquen y sepan quien soy. Son las cuatro de la mañana y hace frío. Y está oscuro. De vez en cuando el maquinista frena para bajar la velocidad y la Bestia chirría, como si chillara, trepanandote los oídos. El carbón depositado en las vías y aventado por la velocidad del tren irrita los ojos y las mucosas. Tengo el pelo apelmazado y la piel acartonada. Respirar esto no debe de ser bueno. El cemento que transporta el vagón al que me he subido suelta un polvo blancuzco que se mete por todos los lados. Los vagones de delante llevan productos químicos, por eso no se ha subido en ellos ningún ilegal.

El rugido de la Bestia es constante y atronador. Cuando pasamos por gargantas angostas, el traqueteo del tren se convierte en una tortura sónica que amenaza con volverte loco. De noche no te puedes asomar para intentar distinguir por donde va el tren, porque cualquier rama de un árbol pegado a la vía te puede golpear y tirarte abajo. Los migrantes con los que viajo en este vagón de cemento me han dado sus nombres y me han contado sus historias. Empiezo a confiar en ellos. No creo que sean «halcones» de los narcos, pero por si acaso no bajo la guardia.

Dos de ellos se han quedado dormidos. Es una imprudencia. Cualquier frenazo, acelerón o curva cerrada los puede mandar a la vía. Y lo que es peor, a las ruedas de este tren que todos los días devora a algún ilegal o mutila alguno de sus miembros. Lo he visto en el Albergue de Tapachula, en Chiapas, donde acogen a los migrantes a los que la Bestia dio un zarpazo, pero que sobrevivieron.

«Me quedé en shock. Mi mente seguía funcionando, dándose cuenta de lo que me había pasado. Sentía coraje por todo el cuerpo. Un calor enorme. Me dio por pensar que igual me salvaban la pierna, pero ya ve, ahora llevo una prótesis..». Maritza Guzmán, hondureña de 25años, borda la iniciales del albergue Jesús el Buen Pastor en un mantel mientras me cuenta su drama. Intentó subirse a la Bestia en marcha cuando ya había cogido velocidad. Se agarró a la escalerilla pero en el ultimo momento vaciló. Y con la Bestia no se vacila, porque no tiene piedad. Maritza saltó pero se dio cuenta de que su pierna derecha no hacia pie en el escalón, sino que era succionada por la rueda del tren. Succionada y seccionada. Ese día acabo su viaje como ilegal a Estados unidos. Era el primer día y ahora espera su deportación en esta posada para migrantes.

La historia de Maritza se repite muy a menudo. Todas las semanas los diferentes hospitales de las ciudades por las que pasa el tren registran el caso de un amputado, cuando no de un fallecido por el tren. Le pregunto como contempla su tragedia, como una cuestión de mera mala suerte, como un fracaso, quizás como un castigo. «Para ser un castigo debería ser mala persona, y no lo soy, pero si es un fracaso. Nunca tuve un buen trabajo en mi país, pero al menos tenia dos piernas», se lamenta.

El albergue de Tapachula se ha especializado en el cuidado, cura y mimo de todas estas personas que iniciaron un viaje para una vida mejor y que fueron brutalmente golpeados por la realidad del fracaso. Miguel Antonio Távora, de 28 años y también hondureño, maneja la silla de ruedas con soltura. Me cuenta que perdió la pierna dos semanas antes. Tiene, como dice el, los muñones todavía frescos. Llegó a jugar al fútbol en ligas mayores en su San Pedro Sula natal, y ahora, pena por haber tomado una decisión que lamentará toda su vida. «A mi me mató la confianza, porque no le mostré miedo a La Bestia», cuenta. Como a Maritza, su cuerpo fue succionado al resbalar por la escalerilla mientras abordaba el tren. Como Freddy, que resbaló del techo del vagón por la lluvia y acabo bajo las ruedas. Como tantos y tantos otros que, al menos, tienen la suerte de contarlo.

8.818 cadáveres sin identificar

Los otros polizones que van conmigo, los que están despiertos, me cuentan historias similares, y me dicen que me acuerde de sus nombres por si se caen del tren o los despeñan los narcos durante un asalto: «No llevamos documentos y no queremos acabar en una fosa común». Apunto: Edgar Vázquez, salvadoreño, Marvin López, hondureño, Miguel Guerra, guatemalteco… Yo les cuento que he estado en la morgue de Tapachula y en su cementerio, donde entierran los cadáveres de los ilegales no identificados.

Callan y escuchan. Supongo que queriendo no escuchar. Imaginándose ellos mismos en esa situación. Les doy datos. Hay en México 8.818 muertos sin nombre, según estadísticas del Servicio Medico Forense (SEMEFO). Bien es cierto que muchos de ellos son producto de las guerras internas entre los narcos, pero los cadáveres encontrados en las ciudades que hacen frontera con Estados Unidos o Guatemala, o por las que pasa La Bestia, son de migrantes. Son enterrados en fosas comunes y el único documento oficial que consta es un Acta de Defunción donde, en una linea, se hace una descripción de las causas del fallecimiento.

«El año pasado enterramos a unos 70 u 80», me cuenta Arturo Moreno, el enterrador del cementario de Tapachula. Tiene un sentido del humor especialmente negro, como supongo que se le pide a un enterrador, y el sentido práctico de un Caronte que te dice «muchos vienen ya con olor, con arrocito y gusanos, ya no se les reconoce ni la cara. Si, es una tragedia pero pues no es para ponerse a llorar, ¿No?». Cuando le pregunto que me enseñe la fosa común mi sorpresa se convierte casi en indignación. No hay fosa común. La quitaron para hacer sitio. Desde hace semanas entierran los cadáveres de los ilegales en los caminos de tierra del cementerio, o entre las tumbas mas antiguas, o simplemente en cualquier esquinazo. Solo él y el responsable del camposanto saben donde están. Podemos estar pisando un cuerpo no identificado y no saberlo. Me enseña un basurero, lleno de ceniza, desperdicios de comida y restos de flores secas: «Aquí enterramos a un padre y su hija, juntos, como los encontraron».

– ¿Quienes eran?, -pregunto.

– Ni idea, yo solo enterré sus cuerpos.

– ¿Y lo hizo debajo del basurero o la basura la echaron después?.

– Eso es culpa de la gente, que echa sus desperdicios aquí. ¡Que falta de vergüenza¡, -me dice como compungido.

– Bueno, y porqué no señalizan el lugar. Ponen una cruz, o un cartel que diga N.N., o algo que indique que aquí yacen dos cuerpos…

– Porque no me pagan por ello. A mi me pagan lo familiares de los muertos y como estos no sabemos quienes eran, y como pues no hay familia, pues ahí están..

Mis compañeros de viaje en La Bestia me miran sin despegar los labios. Les enseño la foto del basurero y ladean la cabeza sin decir nada. Cerrando lo ojos. Enseguida despiertan al que se había quedado dormido. «Cuidado hermano, que si te caes ya nunca mas se sabe de ti». Y se arrepienten de no llevar su documentación encima. Y se aprietan entre ellos como dándose calor, o esperanza, o ánimo. El tren sigue su marcha. Yo me palpo el pasaporte y me froto las manos para calentármelas un poco. Y me pregunto a mi mismo porque les cuento estas cosas. Por que soy a veces tan bocazas. Que necesidad tengo de amargarles un viaje ya de por si complicado. Son las cinco de la mañana y el tren no deja de rugir. Sigo despierto…

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¡Sorpresa! ¡El 666 no es 666!

Publicado: enero 30, 2012 en Teología

Juan Stam

¡Sorpresa!  ¡El 666 no es 666!

 

Sobre el 666 hay mucho que decir, y lo primero es que no existe como tal. Lo que la Biblia dice no es «6-6-6» sino «seiscientos sesenta y seis», lo que es muy diferente. No es un «triple seis», como sería «666» en la aritmética moderna. El texto bíblico no tiene ese efecto de repetición, una misma cifra tres veces seguida.  El énfasis no cae en los tres dígitos lado a lado, sino en la suma expresada por las tres palabras originales. Cualquiera que sea la interpretación, el significado no puede estar en los tres dígitos que se juntan sino en la cifra como suma total.

La gente de los tiempos bíblicos no podrían ni imaginar un número como «666», porque no conocían el sistema decimal. El número tenía que ser «seiscientos sesenta y seis».

Además, los antiguos no tenían números, por lo que tenían que emplear las letras del alfabeto para su aritmética, comenzando con «A» como «1», «B» como «2», etc. Por eso tenían que escribir como palabras los números, en este caso «seiscientos sesenta y seis», o si no, juntar tres letras totalmente distintas, una para 600, otra para sesenta y otra para seis. Esas tres letras distintas serían en griego «JXS»: el «ji» para seiscientos, el «xi» para sesenta y un «digama» (una letra arcaica) para el seis. Si la marca de la bestia es un tatuaje, no podría haber sido «666» sino aquellas tres letras que nos parecen bien raras.

Ahora, si cada letra del alfabeto es un número distinto, entonces cada palabra o nombre tiene también un número, que sería la suma total de los valores numéricos de sus respectivas letras. El nombre «Aba» sería «4» (1+2+1) o «Abba» sería 6 (1+2+2+1). En una pared de Pompeya uay un grafito bien romántico que reza, «Amo a una muchacha cuyo número es 545». Sin embargo, pasaba una cosa interesante con esas matemáticas. Si conozco tu nombre, sólo tengo que saber leer y sumar y ya tengo tu número. Pero si me dicen un número, sin saber yo a qué nombre se refiere ni cuántas letras tiene o en qué idioma está escrito, no tendría manera de proceder del número al nombre correspondiente. Por eso y otras razones, es casi seguro que los creyentes de Asia Menor ya sabían de antemano a qué persona se refería ese número. Su desafío no era el de descifrar el número para descubrir quién era, sino el de entender el significado del número y ser fieles a ese mensaje.

Del misterioso número de Apocalipsis 13:18, no sólo hay muchas interpretaciones, sino también muchas maneras distintas de interpretarlo. Una de esas maneras es de tomar un posible nombre y calcular su suma matemática.  Ese método ha producido una gran cantidad de candidatos, pero el más probable es «César Nerón», el primer perseguidor romano de la iglesia. Curiosamente, el cálculo resulta sólo si ese nombre, en su forma griega, es trasliterado a las letras del alfabeto hebreo con sus correspondientes valores matemáticos. Otro argumento confirma esta posibilidad. Algunos manuscritos tienen una variante textual de «616», y resulta que ese número corresponde a la forma latina del mismo nombre, que no tiene la «n» final de «Nerón», bajando así la suma por 50 puntos.

Hay otro detalle que confirma este análisis. El texto dice que «el número de la bestia es número de (un) hombre» (13:18). Pues bien, la palabra griega para «bestia» (thêrion), convertida de la misma manera a letras del hebreo, también suma seiscientos sesenta y seis. Se sabe que existía un grafito contra Nerón, basados en el hecho que «Nerón» y «matricida» sumaban exactamente igual. Entonces, Apocalipsis 13:18 estaría diciendo, Nerón y bestia son una misma cosa.

Sin embargo, tenemos también otra posibilidad. Un escrito antiguo, llamado Oráculos Sibilinos, tiene un bello pasaje que analiza el nombre «Jesús» en griego y concluye que suma ochocientos ochenta y ocho, o sea, más que perfecto. Este es un texto cristiano, escrito poco después del Nuevo Testamento, y muestra claramente que los cristianos usaban esos mismos juegos matemáticos. Pero a la luz de este pasaje, el 666 de Apocalipsis 13:18 podría sugerir que la bestia pretende ser absoluto (777) pero que siempre queda en un triste 666. Cristo, en cambio, es perfecto y más que perfecto. En ese sentido, el Anticristo no es sólo un anti-Cristo sino un pseudo-Cristo, un remedo y una parodia (muy ridícula) del único y verdadero Salvador.

Por supuesto, es posible también que el número se refiere al Anticristo final, y su marca será una especie de tatuaje en la frente. Sin embargo, el versículo siguiente, 14:1 (los capítulos están mal divididos), contrasta la marca de la bestia con «el nombre del Cordero y de su padre escrito en la frente». El sello de Dios, de Cristo y del Espíritu es un tema muy frecuente en el Nuevo Testamento (Apoc 7:4-8; 2 Cor 1:22; Efes 1:13; 4:30), y sabemos que no es una marca visible ni física. Entonces, parece que la marca de la bestia tampoco será un tatuaje. Mucho menos estaba pensando Juan en computadoras y máquinas laser, cuando él ni conocía la electricidad. Tampoco tiene que ver  con nuestro calendario moderno (6 de junio), de lo que Juan no sabía nada. Inventar tales interpretaciones es especular y añadir a la Palabra de Dios (Apoc 22:18).

Hay otra cosa curiosa en este pasaje: el texto no dice que la bestia «marcará a todos», en tiempo futuro, como si fuera una predicción. Dice que a la bestia «se le permitió infundir aliento a la imagen» y que «hacía que a todos … se les pusiese una marca» (13:15,16), en tiempo pasado, no futuro. Parece obvio que los tiempos pasados de las visiones de Juan se refieren al momento cuando Juan había visto esa visión. Es típico de las visiones del Apocalipsis que casi siempre vienen en tiempo pretérito, no futuro. Por supuesto, muchas de las visiones de Juan son claramente futuras (como la venida de Cristo, el Armagedón, el juicio final y la nueva creación), pero otras claramente pasadas o presentes (como el Hijo del hombre entre los candaleros, el trono en el cielo).

Las visiones de Apocalipsis, por supuesto, pueden ser futuras, pero no lo son necesariamente, mucho menos cuando vienen escritas en tiempo pasado o presente. En el caso de la marca de la bestia, donde los verbos no son futuros, decidir si la marca es una realidad literal futura o no, es una decisión humana de interpretación del texto, no pertenece al sentido del texto mismo.

 

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