Retratos de Fayum: sin futuro visible

Publicado: julio 5, 2011 en Arte

José de Segovia Barrón

Retratos de Fayum: sin futuro visible

Dicen que la cara es el espejo del alma.

5 de julio de 2011

 Las caras egipcias de El Fayum –que ahora se pueden ver en el Museo Arqueológico de Madrid–, no son sólo los retratos pintados más antiguos que existen, sino que sorprenden por la expresividad que les hace objeto de una muestra de PHotoEspaña sobre retrato y comunicación. Fueron  realizados por pintores griegos en el Egipto romanizado –entre los siglos I y IV después de Cristo – en tablas y lienzos que cubrían la parte del rostro de las momias.  Su objeto era retratar lo más posible al muerto, para que Anubis pudiera identificarlo, y conducirlo al reino de Osiris .

 John Berger dedicó a estas obras uno de sus textos más famosos , que relacionaba con las inmigraciones contemporáneas. Por eso la exposición incluye un video del albanés Adrian Paci sobre emigrantes sin papeles, que esperan su deportación en un avión todavía ausente, en el aeropuerto de San Francisco el año 2007. La unión de estos dos mundos se debe al crítico de arte inglés, en su libro  El tamaño de una bolsa.   Berger se pregunta cómo unos retratos, hechos “mientras se escribieron los  Evangelios  del  Nuevo Testamento,  nos sorprenden hoy como tan inmediatos”.

Están pintados sobre madera –a menudo de tilo, algunos sobre lino–. A escala, son más pequeños que a tamaño real. Bastantes están hechos a témpera. El color está mezclado con cera de abeja. Se pueden ver todavía los brochazos y las marcas de la cuchilla que usaban para rascar el pigmento, sobre una superficie oscura.

Los encontraron en El Fayum, una llanura que hay a sesenta kilómetros al suroeste de El Cairo, donde hay una necrópolis construida durante los primeros dos siglos del cristianismo. El siglo XVII, un italiano descubrió allí el primer retrato de una colección que abarca ya más de mil obras, que empezaron a circular por España y Estados Unidos a finales del siglo XIX. El clima seco y las arenas del desierto favorecieron la conservación de los retratos y algunos papiros, que documentan la vida en esa época de dominación romana.

 VIDAS EN TRÁNSITO
 Los retratos de El Fayum constituyen un retazo de una historia interior, una mirada congelada de personas desaparecidas, en un espacio y tiempo concretos, que nos observan desde un mundo hoy inexistente.  En casos como éste, nos damos cuenta hasta qué punto el conocimiento de la Historia incluye las vidas de individuos con todas sus frustraciones, inquietudes y ambiciones.  Es más, gracias a su mirada entendemos algo más de nuestra condición humana. Sus ojos reflejan nuestros sentimientos más íntimos, delatan aquello que acontece y pasa por nuestro interior.

“¿Por qué sentimos su individualidad, como la nuestra? –se pregunta Berger– Nos impresionan, como si hubieran sido pintados el mes pasado.” El profesor Julián Sauquillo piensa que “si sus rostros dan una impresión de estar tan vivos y ser tan actuales es porque su espera nos concierne mucho, dado que, desde que nacemos, somos moribundos”. Ellos encarnan en su fragilidad el hecho –según Berger– “de que, a pesar de todo, la vida era, y es, un regalo”.

 “Nos confrontan con unos rostros –dice  Jean Christophe Bailly en su libro  La llamada muda – que nos miran desde un lugar neutro, que no sería ni la muerte ni la vida”. El comisario de la exposición, Gerardo Mosquera, las describe por eso como si fueran “fotos de carnet”, que sirvieran de pasaporte al otro mundo. “Es una mirada de despedida personal, te miran a los ojos directamente, pero al mismo tiempo como si estuvieras lejos” –dice Michael Lahanas–.

 

LA VIDA QUE NOS QUEDA
 Somos criaturas del tiempo. Marcados por un pasado, que ya no está en nuestras manos, para disponer de él o alterarlo. Ya es historia. En un sentido, ni siquiera Dios puede cambiarlo. Todas nuestras expectativas se extienden por lo tanto al futuro. Algo que para nosotros permanece todavía desconocido. Los que somos pesimistas, podemos pensar una docena de cosas al día, que pueden salir mal mañana. Lo que nos debilita y hace desmayar. ¿Cómo convivir con la incertidumbre del futuro?

 La impaciencia es una forma de incredulidad. Viene cuando dudamos de la sabiduría de lo que Dios hace, y la bondad de su dirección. Su Palabra sin embargo nos muestra que “lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno” ( 2  Corintios  4:18 ). Necesitamos fe en el poder y la sabiduría de Dios para hacer que todas las cosas obren para nuestro bien ( Romanos8:28 ). Ya que no toda historia termina bien en esta vida. Dios se mueve de manera misteriosa. Lo que tenemos que creer es que todo está bajo el control de su mano.

 ¡Hasta la muerte existe para nuestro beneficio! ( 1  Co.  3:21-23 ). Ya que no podrá separarnos del amor de Dios. ¡Incluso ella, no podrá acabar con nosotros! “Nuestra seguridad no descansa –como dice Piper– en mirar hacia una decisión momentánea por Cristo que hayamos tomado en el pasado, sino en mirar hacia delante a la certeza de la gracia preservadora de Dios, basada en la expiación plenamente suficiente realizada por la muerte de su Hijo”.

Es en Él finalmente, donde está nuestra certeza. Ya que siendo “de carne y hueso, Él también compartió esa naturaleza humana para anular mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” ( Hebreos 2:14-15 ).

Autores: José de Segovia Barrón

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Lutero, doctor en Teología

Publicado: julio 5, 2011 en Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
Necesidad de la Reforma (8)
Lutero, doctor en TeologíaA diferencia de otros monjes y sacerdotes, Lutero distó mucho de ser un clérigo corriente. Por el contrario, desde el inicio de su carrera eclesiástica sus superiores consideraron que debía ser encaminado por la senda de la erudición. Así sería con efectos que perduran hasta el día de hoy.

 

A diferencia de otros monjes y sacerdotes,  Lutero distó mucho de ser un clérigo corriente.  Por el contrario, desde el inicio de su carrera eclesiástica sus superiores consideraron que debía ser encaminado por la senda de la erudición. Así sería con efectos que perduran hasta el día de hoy.

Es muy posible que, durante el noviciado, Lutero diera muestras de cierto talento. Desde luego, así debió parecer a sus superiores porque lo seleccionaron para realizar estudios teológicos superiores.

 Los agustinos tenían una relación estrecha con la universidad y hacia ella encaminaron al joven sacerdote.  Se ha discutido mucho sobre la posible influencia de los occamistas sobre la posterior evolución de Lutero. La verdad es que resulta discutible que se produjera. De hecho, Lutero se expresó irónicamente sobre Occam y no parece que conociera sus escritos anti-papales. Por lo que se refiere a Biel, otra de las influencias apuntadas, lo cierto es que era un fiel católico cuya actitud hacia Roma resulta intachable desde una perspectiva católica y que además no entusiasmó a Lutero. El futuro reformador pudo ser crítico con el aristotelismo que había entrado en la Escolástica, pero no deja de ser significativo que su visión de la teología escolástica es mucho más respetuosa que la que hallamos, por ejemplo, en Erasmo. A fin de cuentas, como tendremos ocasión de ver, el influjo decisivo sobre Lutero fue el derivado de la Biblia y no de la obra de teólogos anteriores.

 A finales de 1508, Lutero fue enviado a Wittenberg a dar una serie de lecciones sobre la Ética nicomaquea de Aristóteles en la facultad de artes. Martín estaba acostumbrado a una agradable Erfurt y Wittenberg le resultó una población inhóspita y arenosa, pero su asociación con esta urbe iba a resultar trascendental.

El elector Federico dispensaba su respaldo a Wittenberg y tenía un enorme interés en su universidad. Aprobada su fundación por el emperador en 1502 y confirmada por el papa en 1503, su decano iba a ser el vicario general de la provincia sajona de los agustinos, Juan von Staupitz. Los agustinos además cubrían una cátedra de teología bíblica que ocupaba Staupitz y otra de filosofía moral que debía atender Lutero.

 Durante aquellos meses, el joven Martín tuvo que enfrentarse con un programa de trabajo muy apretado y el personaje clave en su vida fue Staupitz. Su amistad iba a perdurar toda la vida a pesar de los caminos diferentes que adoptaron. Staupitz (c. 1460) procedía de una familia de la nobleza y había cursado estudios en diferentes universidades asociadas con la denominada  via antiqua . Tras pasar por Colonia (1483), Leipzig (1485) y Tubinga (1497), se había doctorado en 1500, siendo su inclinación teológica marcadamente agustiniana. Como vicario general de la provincia sajona, Staupitz había revisado las constituciones de la orden como un preludio al programa de reforma. Su posición era la de apoyar a los observantes que deseaban regresar a la regla primitiva frente a los conventuales que eran partidarios de conservar algunas modificaciones ulteriores. Semejante tarea implicaba viajar con mucha frecuencia y es más que posible que Staupitz pensara en encontrar a algún sustituto para las obligaciones docentes a las que tenía que atender. Cabe incluso la posibilidad de que fuera esa la razón por la que había decidido enviar a Lutero a Wittenberg.

 Fuera como fuese, lo cierto es que Lutero obtuvo su grado de bachiller en el mes de marzo en Wittenberg. Inmediatamente, regresó a Erfurt para obtener el grado de sentenciario, lo que le exigió dar lecciones sobre las  Sentencias  de Pedro Lombardo, una obra resulta prácticamente desconocida en la actualidad, salvo para los especialistas, pero de enorme relevancia durante la Edad Media. Según propia confesión, en aquella época Lutero “devoró” los textos agustinianos. Se podría pensar que la visión de la gracia de Martín nació de aquella lectura de Agustín, pero carecemos de pruebas al respecto. Por otro lado, su aprecio por Pedro Lombardo era innegable y, en no escasa medida, se mantuvo durante toda su vida.

En esa época, los proyectos de reforma agustina de Staupitz chocaron con un importante obstáculo. Siete casas observantes, incluidas Erfurt y Nuremberg, se enfrentaron con un proyecto para unir a todas las casas alemanas y Martín recibió órdenes de ayudar al Dr. Nathin en la articulación de la oposición a tal medida. Inicialmente, los opositores buscaron el apoyo del arzobispo de Magdeburgo y cuando éste falló, optaron por enviar a dos hermanos a Roma para que presentaran sus posiciones. El hermano “senior” fue seleccionado en Nuremberg y Martín fue elegido como “socius itinerarius”. Dado que la meta era Roma, el viaje fue emprendido por el joven Martín con especial entusiasmo. A finales de 1510, los dos agustinos partieron con la intención de cruzar los Alpes – una empresa ardua en esa época del año – y descender a la llanura lombarda. El itinerario no fue fácil. Sin embargo, cuando contempló Roma a lo lejos, el joven Martín se lanzó al suelo y la saludó con un “Salve, santa Roma”.

Los dos agustinos cumplieron con su misión de comunicar sus puntos de vista a las autoridades eclesiásticas y, a continuación, realizaron la visita esperada a iglesias y catacumbas. La experiencia defraudó profundamente a Martín. Por ejemplo, los sacerdotes que había en Roma atendiendo diversos lugares visitados por los peregrinos insistían en que los clérigos visitantes celebraran la misa lo más rápidamente posible para dejar su sitio a otros que estaban esperando. Por añadidura, la ciudad no parecía destacar precisamente por su piedad sino más bien por su materialismo y depravación moral. Lutero señalaría con posterioridad que nunca hubiera podido creer que “el papado era tal abominación de no haberlo visto por mi mismo en la corte de Roma”. El juicio puede parecer severo, pero, a decir verdad, resulta muy morigerado si se compara con el de otros contemporáneos. Francisco Delicado, clérigo y autor de  La lozana andaluza , nos ha dejado un retrato de la ciudad como una verdadera sentina de corrupción que, con toda justicia, fue castigada por Dios durante el famoso “sacco”. Ese mismo juicio es el que hallamos en el  Diálogo de las cosas acaecidas en Roma  de Alfonso de Valdés donde las referencias a la corrupción moral y eclesial son numerosas y documentadas. No deja de ser significativo que los dos agustinos se encontraron con algunos alemanes en Roma y llegaron a la conclusión – que puede ser cierta – de que eran los mejores católicos con los que se habían encontrado en su viaje. Aparte de la decepción de ver la realidad de Roma, la apelación trasladada por los agustinos no fue aceptada. Pero el joven Martín no se sintió amargado por esa decisión romana. Por el contrario, debió quedarse convencido de que su causa estaba equivocada porque, al regresar a Alemania, dejó de apoyar a los que se oponían a Staupitz y eso a pesar de que ese cambio de posición no le granjeó precisamente la popularidad de sus hermanos de Erfurt.

Por su parte, Staupitz, muy bien impresionado con Lutero, adoptó la decisión de que cursara los estudios de doctorado y le sucediera en la cátedra de Teología bíblica en Wittenberg. El principal obstáculo para este plan fue el propio Martín. En una conversación mantenida bajo un peral, señaló a Staupitz que no veía claro ese destino y que incluso podía darse la circunstancia de que padeciera una muerte temprana. Staupitz zanjó la discusión señalando que su obligación era plegarse al voto de obediencia. Sin embargo, sabiamente, también indicó a Martín que debía percatarse de que ser doctor en teología implicaba entregar la vida a la labor de enseñar y predicar. Una ocupación de ese tipo no lo apartaría del servicio a los demás sino que lo ampliaría. Finalmente, el joven Martín obedeció. Tras aquella decisión quedaban por solucionar algunos problemas aparte el de la financiación de los estudios, pero Staupitz logró que el Elector sufragara los gastos.

 El 19 de octubre de 1512, Lutero se graduó como doctor en teología. Se trataba de la consagración pública de una vocación que debía centrarse en la defensa de la Palabra de Dios y en la lucha contra las doctrinas erróneas. Aquella vocación –formalmente asumida a los veintiocho años de edad- iba a pesar de manera determinante sobre el resto de la vida de Lutero y, de hecho, el personaje resulta incomprensible si no tenemos presente que fue, siempre y de manera esencial, un profesor de teología.

A decir verdad, le esperaba una profunda crisis que encontraría respuesta precisamente a partir del conocimiento teológico de que disponía Lutero.

 Continuará:  Necesidad de la Reforma (9)

Autores: César Vidal Manzanares

© Protestante Digital 2011


Oh criaturas del Señor, canten con melodiosa voz

¡Alabadle, Aleluya!

Ardiente sol con tu fulgor. Oh,  luna de suave esplendor

¡Alabadle, Aleluya!

¡Alabadle, alabadle, Aleluya, aleluya!

Viento veloz, potente alud.  Nubes  en claro cielo azul

¡alabadle, Aleluya!

Suave dorado amanecer. Tu manto noche al extender

¡alabadle, Aleluya!

¡Alabadle, alabadle, Aleluya, aleluya!

Fuente de aguas cristal, a vuestro creador cantar

¡Alabadle, Aleluya!

Oh fuego eleva tu loor, tu que nos das luz y calor

¡Alabadle, Aleluya!

¡Alabadle, alabadle, Aleluya, aleluya!

Prodiga tierra maternal, que frutos brindas sin cesar

¡Alabadle, Aleluya!

Rica cosecha bella flor, magnificad al creador

¡alabadle, Aleluya!

¡Alabadle, alabadle, Aleluya, aleluya!

Con gratitud y con amor, cante la entera creación

¡Alabadle, Aleluya!

Al Padre, al Hijo Redentor, al eterno Consolador

¡alabadle, Aleluya!

¡Alabadle, alabadle, Aleluya, aleluya!…

Preciosa oración de Francisco de Asís sobre la creación que adora a Dios.


Sandra Ferreira de Souza trabaja en la construcción. | Panos LondonSandra Ferreira de Souza trabaja en la construcción. | Panos London

Ana Aranha (Panos London) | Sao Paulo

Cuando comienza el día en la fábrica de ladrillos, lo primero que hace Sandra Ferreira de Souza es subirse a la mezcladora de tierra y, utilizando todo el peso de su delgado cuerpo, empuja la dura palanca que pone en marcha la máquina. Esta es una de las muchas maniobras que esta mujer de 27 años ha aprendido a hacer para adaptarse a un trabajo pensado para hombres.

Sin embargo, lo del mezclador de arena y su pesada palanca es una de las cosas más sencillas que debe manejar. Nada que ver con la resistencia que ve entre los albañiles varones en los edificios en los que trabaja levantando muros y poniendo suelos.

De cuerpo más pequeño que la media, Sandra tiene un rostro delicado y una larga cabellera peinada en trenzas que adorna con lazos de color púrpura. En el trabajo, recoge su cabello y lo protege de la arena para que no le queden «como rastas». Se maquilla ligeramente y luce pendientes de plata. Habla en voz baja y sus sarcasmos son sutiles. Cuando alguno de los trabajadores de la obra bromea sobre sus largas uñas, Sandra le espeta que «estas manos trabajan igual que las tuyas y, a menudo, mejor». Y es que ella se siente orgullosa de haber construido su propia casa, donde vive con sus tres hijos.

Sandra es una de las 20 mujeres que aprendieron los fundamentos de la construcción, gracias a Lua Nova, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a mujeres embarazadas en situación de riesgo: sin hogar, víctimas de la violencia doméstica y de las drogas.

Creció mendigando en las calles de Sao Paulo, la ciudad más rica y más poblada de Brasil. Su madre abandonó a la familia después de que su hermana más pequeña muriera, a los cuatro años, por una infección estomacal. Sandra se trasladó a casa de una tía que le obligaba a pedir limosna y que la golpeaba si regresaba con las manos vacías.

La primera vez que Sandra quedó embarazada tenía 19 años y nadie la ayudó a cuidar de su hijo. Ahora ya tiene tres, y cuando le preguntan por los padres responde que «uno está muerto, uno está en chirona, uno es drogadicto».

La dueña de la casa en la que trabajaba como empleada doméstica fue quien se dio cuenta de los moretones y de los constantes dolores que aquejaban a Sandra. Decidió llamar a una amiga que trabajaba en Lua Nova y le contó la historia: los primos de Sandra la habían pateado, echado agua hirviendo en su vientre y obligado a tomar Cytotec, un fármaco utilizado ilegalmente en Brasil para provocar el aborto, que en el país sólo está permitido en casos de violación o en los que se compruebe que la vida de la madre corre peligro.

Sandra tenía 20 años cuando llegó a Lua Nova en busca de una habitación, una cuna, pañales, comida y todo lo básico para sus niños.

Un nuevo oficio

La historia de Sandra no es peor que la de la mayoría de las 60 mujeres que han recibido ayuda de Lua Nova (Luna Nueva), en referencia al invisible potencial de estas madres. Mientras las mujeres están encinta, la asociación les ofrece refugio en el campo, cerca de Sorocaba, una ciudad de medio millón de habitantes a 94 kilómetros de Sao Paulo.

Veintiséis mujeres viven en la actualidad en el refugio, y otras 34 están fuera del complejo y siguen trabajando en proyectos para la generación de ingresos que impulsa esta asociación. Tras dar a luz, las mujeres participan en clases para la generación de ingresos que imparte la asociación.

En Lua Nova, Sandra se matriculó en el curso de construcción en 2006. Los primeros pasos no fueron fáciles. Los profesores, todos varones, trabajaban para una reputada escuela de oficios brasileña. De entrada, se negaron a participar en el programa argumentando que las mujeres no podían aprender el oficio.

Raquel Barros, la psicóloga que fundó Lua Nova, consiguió convencer a la escuela de oficios para que les dieran la oportunidad a las mujeres. Durante las primeras semanas, los maestros se pasaron el tiempo bromeando y flirteando con las mujeres.

Las mujeres no sólo encontraron resistencia por tratar de entrar en un mercado laboral predominantemente dominado por los hombres, sino quese enfrentaron al estigma social de ser madres solterasaprendiendo un oficio tradicionalmente masculino en una ciudad latinoamericana de fuerte influencia católica.

«En sus cabezas siempre seremos unas marginadas», suspira Sandra. Y se lamenta de que «los maestros eran, al principio, muy impúdicos, pero ahora ya sabemos como enfrentarnos a ellos». Cuando les hacen proposiciones sexuales, Sandra reacciona de la misma manera como lo haría en la calle: «Cuando un hombre desagradable me ofrece dinero por sexo siempre le doy la misma respuesta: si quisiera, lo haría gratis, pero no es el caso».

A pesar de todos los obstáculos, la asociación insistió en los cursos. En dos años, las veinte mujeres inscritas aprendieron diferentes técnicas de construcción, plomería, pintura, instalación eléctrica o alicatados, entre otras especialidades. Y mientras estudiaban, Raquel impulsó el proyecto de construcción de una fábrica de ladrillos.

Un porcentaje de los beneficios

En la fábrica, las mujeres comenzaron a producir los ladrillos para sus futuros hogares y para vender el excedente con que comprar otros materiales. Una vez ya tuvieron los necesarios, 16 mujeres se unieron para levantar 20 casas. Si bien los ingresos por la venta de ladrillos ayudaron, la mayoría de los costes de las casas se financió a través de la asociación. Ahora que la fábrica ya cuenta con nueva maquinaria para acelerar la producción, la idea es que las mujeres los vendan y ganen un porcentaje de los beneficios. Ya tienen cinco encargos por un total de 60.000 unidades.

Hasta ahora, cuatro mujeres se dedican a tiempo completo a la albañilería. Y lo hacen unas veces trabajando por cuenta de otros, y otras por cuenta propia. «Al principio había muchos prejuicios contra ellas en este mercado laboral», dice Raquel. «Se las contrataba por compasión y les pagaban sueldos más bajos. Ahora, se las recomienda porque son meticulosas, extremadamente cuidadosas con los acabados y mejor organizadas que los hombres«.

En la casa de Sandra, los niños tienen la habitación más grande, que también es la sala familiar de televisión. Hay un camastro y unos colchones. Cuando llega al hogar después de trabajar en la fábrica de ladrillos, a Sandra le gusta llamar a su amiga para que venga con la hija que ésta tiene y se reúnen para ver películas en la habitación de los niños. Ella ha comenzado a pensar en los próximos pasos de su vida: «Cuando llegué aquí, pensé que Lua Nova era un paraíso. En aquel entonces, todo lo que necesitaba era una casa. A veces me planteó en ir a Sao Paulo y reunir a todas esas familias que viven en las calles. Pienso que podría cambiar sus historias igual que Raquel cambió la mía«.

 

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Daniel Radcliffe reveló que hace tres años tuvo problemas con la bebida, pero que logró superarlos y hoy es completamente abstemio.

Radcliffe dice que ahora lleva una vida tranquila y no se avergüenza de ello. (Reuters)

El protagonista de las cintas de ‘Harry Potter’, Daniel Radcliffe, reveló quetuvo problemas con el alcohol cuando tenía 18 años, pero que ha logrado superarlos y hoy es completamente abstemio.

El actor de 21 años contó que el alcoholismo se apoderó de él durante el rodaje de Harry Potter and The Half-Blood Prince. “Me volví muy dependiente (del alcohol) para disfrutar de las cosas”, dijo en una entrevista publicada por GQ. “Hubo ahí unos años en los que me entusiasmaba la idea de vivir el estilo de vida de algún personaje famoso que realmente no iba conmigo”, agregó.

Radcliffe dijo que afortunadamente los paparazzi nunca captaron sus peores momentos. “En verdad tuve mucha suerte, porque hubo muchos momentos en los que se podría haber tomado una foto así (de él tomando de forma desmedida)”, comentó.

Aunque asegura que no ha probado una gota de alcohol desde agosto del año pasado, el actor que da vida al joven mago admitió que le gustaría ser alguien que va a una fiesta y se toma un par de copas, pero que, lamentablemente, eso no funciona con él.

“No tuve éxito. Mejor me quedo en casa y leo o hablo con alguien que me haga reír (…) No hay por qué avergonzarse de disfrutar de una vida tranquila”, añadió.

 

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Por: Juan Stam

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Ahora, antes de finalizar el libro, Jesús vuelve a tomar la palabra para pronunciar una doble amonestación: «A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto (‘yo testifico’, marturô) esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro» (22:18-19).[1] En ambos casos, la advertencia se basa en el carácter profético del libro. Una traducción literal lo destaca con las frases «las palabras de la profecía de este libro» y «las palabras del libro de esta profecía».[2] El texto puede describirse como «las matemáticas de Dios», de sumar y restar: si nosotros añadimos a la palabra de Dios, Dios añade castigos a nuestra vida. Si nosotros quitamos de la palabra de Dios, Dios nos quita bendiciones a nosotros.

 

Advertencias de este tipo eran muy normales en la antigüedad. Si tomamos en cuenta que todos los libros tenían que ser copiados a mano, y que no existían conceptos de citación verbal o de derechos de autor, su necesidad se hace obvia. Ejemplos muy antiguos vienen de escritos de Egipto, Mesopotamia, Grecia, los acadios y los heteos (Aune 1998B:1208). En las escrituras hebreas eran frecuentes las exhortaciones a cumplir la ley de Yahvé, sin añadir ni quitar nada (Dt 4:1-2; 5:22; 12:32). Ecl 3:14 afirma que «todo lo que Dios ha hecho permanece para siempre; que no hay nada que añadirle ni quitarle». Según Prv 30:5-6, «toda palabra de Dios es digna de crédito… No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda» (cf. Jer 26:2). La carta de Aristeas, que narra la traducción de la LXX, afirma: «Puesto que la traducción es correcta, de una precisión y piedad extraordinarias, justo es que permanezca tal como está y que no se produzca ninguna alteración», de modo que «ordenaron pronunciar una maldición… en el caso de que alguien se atreviera a revisarla añadiendo, modificando o quitando algo al conjunto del texto» (Arist 311).

 

Una cita de la literatura apocalíptica, con referencia a los libros notariales que inscriben las acciones de cada persona (Ap 20:12), recuerda a los lectores que no digan «No se investigará ni se escribirá ninguno de nuestros pecados». Los amonesta a que «No seáis impíos en vuestros corazones, no mintáis, no alteréis la palabra verdadera… Ahora yo conozco este misterio: muchos pecadores cambian la palabra recta, la alteran y hablan malas palabras…. ¡Si tradujeran todas las palabras con rectitud en sus lenguas, sin cambiar ni disminuir las mías, sino que rectamente escribieran todo lo que antes he testificado sobre ellos!» (1En 104:7-11).[3] Pero no se trata sólo de traducción de las palabras del texto. En medio de ese lamento, el autor denuncia que algunos «mienten, inventen grandes ficciones y escriben libros acerca de sus discursos». ¿No describen esas palabras a mucho de la seudo-erudición de algunos «expertos proféticos» de hoy?
Josefo, comentando el respeto de los judíos por sus libros sagrados, observa que durante muchos siglos «nadie se ha atrevido ni a añadirles nada, quitarles nada ni hacer cambios en ellos» (c.Apión 1:42). Los rabinos repetían la prohibición de añadir ni quitar, y afirmaban que todo lo dicho por los profetas y profetisas estaba ya presente en Moisés, desde el Sinaí (StrB I:601-2; cf. Ford 1975:364). «La historia del carpintero José», un evangelio apócrifo tardío (siglos IV o V) concluye con una advertencia similar: «quien suprimiere o añadiera algo a estas palabras de manera que me haga embustero, será reo de mi venganza».  También en la literatura patrística abundan estas advertencias y amenazas. El ejemplo más dramático está en la introducción que escribió Rufino al De principiis de Orígenes:

 

He aquí, en la presencia de Dios el Padre, y la del Hijo y la del Espíritu Santo, abjuro y suplico a todo aquel que transcriba o lea estos libros, por su fe en el reino venidero, por el misterio de la resurrección de los muertos, y por ese fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, que, como sin duda no quisiera poseer para su herencia eterna ese lugar donde hay lloro y crujir de dientes, y donde el fuego no se apaga y el gusano no muere nunca, que no añada nada a la Escritura ni le quite nada, ni haga ninguna interpolación ni alteración, sino que compare su transcripción con las copias de las que hizo la suya, y haga las enmendaciones y distinciones según la letra, para que su manuscrito no quede incorrecto ni borroso, y para que lo difícil de comprender el sentido, debido a lo indistinto de la copia, no causara mayores dificultades para los lectores. [4]

 

En el caso de Ap 22:18-19, Juan no dirige su advertencia a los copistas sino a «todo el que oye», lo que en este libro presupone la lectura congregacional (cf. 1:3; 2:7 y paralelos).[5] Aunque el uso de la fórmula de integridad textual indica que la advertencia incluye a los copistas (y futuros traductores), el destinatario más amplio, de todos los oyentes, sugiere también un sentido más amplio. Es probable entonces que la advertencia va dirigida contra los nicolaítas (seguidores de Balaam, de «Jezabel»), que figuraban entre los oyentes cuando el texto se leía en las comunidades y que tergiversaban las escrituras y el mensaje profético (MestersOro 2003:362;Biguzzi 204).

 

Si este versículo no se refiere sólo a variantes textuales, ¿qué significa aquí «añadir» a la profecía de este libro? Sin duda Juan está pensando, en primer lugar, en la falsa profecía de herejes como los nicolaítas, seguidores de Balaam y «Jezabel» (ambos «profetas»). El contexto específico de esta advertencia es el conflicto entre Juan y estos «profetas» falsos. Lo que caracterizaba a esa escuela de falsa profecía era llevar al pueblo de Dios a ir tras dioses falsos (cf. Dt 13:2-6). Como apunta Beale (1999:1151), «En Dt 4:1-2 y 12:32 el  mismo lenguaje [de no añadir ni quitar] sirve como advertencia contra la enseñanza engañosa que la idolatría no sea incompatible con la fe en el Dios de Israel» [Dt 4:3 alude al episodio idolátrica de Baal-peor]. «Los que engañan de esa manera son falsos profetas». Tal enseñanza, según Beale, añade algo (tolerancia de idolatría) y quita algo (las exigencias de la ley de Dios, la denuncia de idolatría).[6] Beale (1152) agrega que esta idolatría era la perversión más común y peligrosa del mensaje. La denuncia del Apocalipsis va contra los que «profesan ser cristianos, pero su pleitesía a otros dioses contradice su confesión».

 

¿Hay falsos profetas hoy que nos quieren llevar tras los ídolos de nuestro tiempo? Para comenzar, pensemos en el dios dinero, el dios de la riqueza. Tanto Jesús (Mt 6:24) como Pablo (Ef 5:5; Col 3:5) denuncian la idolatría de los que «sirven a la riqueza». Pero en nuestro tiempo hay predicadores y teologías que fomentan esa idolatría, añadiendo así al mensaje bíblico (Dios quiere tenernos a todos con opulencia) y quitando también (que el amor al dinero y al lujo es contrario a la voluntad de Dios).[7]

 

En un sentido más amplio, podemos añadir a las escrituras especulando más allá de lo que dice o significa el texto. Eso fue el vicio hermenéutico de los seudoprofetas nicolaítas y después de los gnósticos. Hoy mucho de eso viene de intentos de sistematizar los datos escatológicos en un solo esquema de todo el futuro. Para eso, juntan diversos textos, todos tomados fuera de contexto, para formar un panorama de conjunto que no es de ningún autor bíblico.[8] Muchos llegan hasta anunciar fechas para el fin del mundo, pretendiendo identificar «los últimos tiempos» cronológicamente, o identificando «esta generación» a partir de la fundación del estado israelí (Mt 24:34; Mr 13:30), Otros, más atrevidos, anuncian hasta la fecha y la hora del fin. ¡Hoy también son muchas las «grandes ficciones» como las que denunció 1En 104:10![9]

 

En esto, sin embargo, nos encontramos con una paradoja, pues si analizamos la forma en que Juan mismo interpretaba el Antiguo Testamento, descubrimos que él también cambiaba a sus fuentes.[10] El cabello blanco del Anciano de días lo traspasa al Hijo de hombre; cambia los pies de barro en pies de bronce; amalgama las cuatro bestias de Dn 7 en una sola bestia híbrida (Ap 13). A diferencia de la fiel trasmisión de las palabras del texto, la fiel interpretación del mismo, en las situaciones siempre nuevas de la historia, puede requerir una relectura contextualizada, precisamente para ser fiel al mensaje original. El llamado a proteger el texto no implica un fijismo estático de una mera repetición mecánica del original. Estas fórmulas de fidelidad textual tampoco implican el fin del don profético, como si de entonces en adelante quedaran prohibidos nuevos mensajes proféticos.

 

Era común que las fórmulas de integridad textual incluyeran sentencias punitivas o maldiciones para el incumplimiento, y éstas de Ap 22:18-19 no son la excepción. Son las matemáticas de Dios, una especie de lex talionis:[11] si añado a la Palabra suya, Dios añadirá a la vida mía las plagas descritas en este libro. Obviamente es una técnica retórica, para subrayar la terrible seriedad de jugar con la palabra de Dios. Además, los nicolaítas, por adorar al emperador, se han hecho aliados y cómplices de la gran Babilonia, y por tanto les alcanzarán también las plagas de ella (Ap 18:8; cf. 18:4).[12] Al contrario de las bendiciones a los fieles (22:7,14), los seudo-discípulos, que afirman la palabra pero creen que hay que añadir más, serán tratados como impíos y compartirán el destino de ellos.

 

G. K. Beale (1999:1153-4), del Seminario Gordon-Conwell, destaca con énfasis especial que estas advertencias, y sus amenazas, no van contra futuros copistas, mucho menos contra herejes de los últimos tiempos, sino en primer término contra los lectores contemporáneos y específicamente los de las siete iglesias que él pastoreaba, a los que hacía falta tan solemne advertencia.[13]Antes, en su exposición de Ap 10:11, Beale muestra que el verbo «profetizar» no significa meramente revelación del futuro sino también «la interpretación que da Dios de la realidad presente» (1999:555b). Beale afirma que el uso de profeteia («profecía») en el Apocalipsis muestra que «el libro enterno tiene este enfoque en el presente» (cf. 1:1,3). «Si no obedecen los preceptos de Dios en el libro, ellos sufrirán en la época presente las plagas descritas en el libro» (énfasis del autor). Esto hace imposible una interpretación exclusivamente futurista de las trompetas y los sellos.

 

La siguiente advertencia (22:19) comparte implícitamente el mismo destinatario del versículo anterior, o sea, «todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro». Esta nueva amonestación va contra el peligro de «quitar algo de las palabras de este libro de profecía».[14] Además de la tradicional llamada a los copistas a no alterar el texto escrito, el texto exhorta a predicadores y maestros a no suprimir nada del mensaje de la palabra de Dios. Hoy día se pueden cometer tales omisiones por incredulidad, negando el sentido claro de un pasaje bíblico; se pueden cometer por interpretación evasiva que se niega a asumir todas las implicancias del texto, cuando no son de nuestro agrado; o se pueden cometer por selectividad, escogiendo sólo los pasajes que están de acuerdo con nuestro propio pensamiento pero haciendo caso omiso de otros textos pertinentes. Hay muchas maneras hoy de «quitar algo de las palabras del libro».

 

Mientras el castigo anterior, por añadir al texto, comenzaba de inmediato, este doble castigo es futuro: perder su parte (meros) del árbol de la vida (cf. 2:7; 22:2) y de la nueva Jerusalén (cf. 3:12; 21:2,9-27).[15] La formulación, «quitaré su parte del árbol de la vida» (ofelei to meros autou apo tou xulou tês zôês), suscita una pregunta: ¿si estas personas tenían antes parte en el árbol de la vida, significa que han perdido la salvación?[16] Es posible, pero poco probable, que Juan mismo estuviera pensando en dicha pregunta; Juan no era un teólogo sistemático, ni calvinista ni arminiano. Introducir ese tema podría verse aun como un caso de añadir al texto. Es obvio que la formulación corresponde al uso doble en este texto del verbo «quitar»: nosotros quitamos de las palabras del libro, y Dios quita el acceso al árbol. La frase puede entenderse mejor como «quitarle el acceso que hubiera tenido al árbol de la vida». También podría referirse a los nicolaítas como seudocristianos que parecían tener la vida eterna pero en realidad no van a tener acceso al árbol de la vida y la nueva Jerusalén (cf. Beale 1999:1153b).

 

Interesa observar que el primer castigo, por añadir al texto, consiste en plagas contra los culpables, pero en el segundo caso, de quitar del texto, el castigo es privativo, pues consiste en perder las bendiciones de la vida eterna.[17] Esa secuencia no es un anti-clímax ni una contradicción. Maimonides, el gran pensador judío (1135-1204), preguntó, «¿Cual será el premio para los justos?» Respuesta: «Que pasarán la eternidad con Dios». Segunda pregunta: «¿Cuál será el castigo de los injustos?» Respuesta: «Que ellos, no».[18]

 

Estas advertencias son severas, y los castigos pueden parecer desproporcionados, pero la intención es de destacar con todo el énfasis posible que estas palabras son de Dios (Beale 1999:1153b). Hans Lilje sugiere que para entender estos versículos, hay que estar convencido de lo que Juan afirma en 22:6-7, que esta revelación viene de Dios mismo; no son opiniones del autor, y ni Juan ni nadie tiene derecho de cambiar esa revelación (cf. 3:14; 19:9; 21:5). Las advertencias, según Lilje, expresan la absoluta seriedad de la profecía, como enviada por Dios, ante la cual la única posibilidad es la obediencia fiel. Por eso, leer el Apocalipsis sin obediencia puede poner en peligro la esperanza de salvación eterna (1957:279; cf. Mt 7:21-23).

 

Sería difícil encontrar dos criterios más fundamentales para la interpretación bíblica que éstas dos: ¡no añadir nada, no quitar nada! Los rabinos, con su típica sabiduría, declararon que «quien añade, quita». San Pablo exhorta a los fieles «a no pensar más de lo que está escrito» (1Cor 4:6; cf. Hch 26:22; sin añadir) y da testimonio de que «sin vacilar les he proclamado todo el propósito de Dios» (Hch 20:20,27; Col 1:25; sin quitar). Los reformadores definieron estos dos principios como sola scriptura y tota scriptura. Cuando uno va a los tribunales, tiene que jurar decir «la verdad, sólo la verdad y toda la verdad». Al interpretar la palabra de Dios, la consigna debe ser: «el texto, sólo el texto y todo el texto».

 


[1] Es probable que sea el Jesús resucitado quien habla aquí, igual que en 22:16 y 20, donde él también «testifica» (Aune 1998B:1204d, 1229; Osborne2002:794). En cambio, para Caird (1966:287-8), es Juan quien habla en 22:18-19.

[2] Estas dos frases reflejan una construcción hebrea que puede entenderse como un genitivo de cualidad, o genitivo adjetival, y puede traducirse con «esta palabra profética» y «este libro profético». El hebreo tiene pocos adjetivos y por eso emplea esta construcción.

[3] Para otras fórmulas parecidas véanse 1En 108:6; 4Esd 14:36-37; 3Bar 1:6-7; cf. 4Esd 14:5-6,36-37.

[4] Finegan 1949:336. Eusebio cita una advertencia similar, pero más breve, del final del De octonario de Ireneo (HE 5:20). Rist (1957:549) comenta, con humor simpático, que esta maldición de Ireneo es casi lo único que queda de ese libro. San Jerónimo, al final de su Prefacio a la Vulgata, lamenta «los errores introducidos por traductores incompetentes, y las disparatadas alteraciones de críticos confianzudos pero ignorantes, y aun más, todo lo que ha sido insertado o alterado por copistas somnolientos» (Finegan 336).

[5] Aune (1998B:1230) también ubica el escuchar en el contexto litúrgico, pero señala que pas («todo») con el participio adejetival articular enfatiza la responsabilidad personal de cada uno a respetar el mensaje profético.

[6] Podemos mencionar el anatema de Pablo contra los que predicaban otro evangelio (Gá 1:6-9). Los judaizantes de Galacia también añadían algo al evangelio (la ley, la circuncisión) y quitaban algo (la gracia; el evangelio mismo).

[7] Ver Stam III (2009:204-221), «¿Es posible ser idólatra sin darse cuenta?».

[8] Llama la atención que ningún autor bíblico pretende coordinar todos los aspectos y eventos de la profecía, para armar una secuencia cronológica del futuro. Cada autor habla de lo que viene al caso para su contexto pero ninguno busca incluir todos los aspectos en un sistema.

[9] Nos sorprenderíamos si descubriéramos la medida en que conceptos tradicionales como «el Anticristo», «la gran tribulación» o «el rapto» van más allá de una interpretación estricta de las escrituras. Por ejemplo 1Ts 4:17, el único texto que dice que seremos arrebatos, nos lleva hasta la nube, en el aire, pero no al cielo. Tampoco lo relaciona con la gran tribulación ni con siete años (o tres y medio) en el cielo. Ningún pasaje tampoco enseña que Cristo «viene a llevar a los suyos», como propósito y sentido de su venida. Ver Stam 2001:15-36 (1999-19-37).

[10] Al analizar esto a través de este comentario, hemos señalado que muchas veces en el Apocalipsis el significado de una alusión al A.T. se descubre precisamente en los cambios que hace Juan en su fuente.

[11] Lex talionis: antigua ley de reciprocidad retributiva de «ojo por ojo, diente por diente».

[12] Para Aune (1998B:1232) lo más probable es que se refiera a las siete plagas finales de Ap 15:1-16:21. Cf. los «ayes» de 18:9-19. (Cf. Thompson1998:188).

[13] Es importante recordar que los primeros cristianos esperaban la pronta venida del Señor y no pensaban en términos de un largo futuro para la humanidad. Véase Stam III 2009:163-166, «¿Hasta qué punto estaba pensando Juan en un juicio final remoto?».

[14] Es preferible la traducción «quitar de» o «quitar algo de» (BJ, DHH, BPer, NBE) en vez de «quitar palabras» (NVI). No se trata sólo de quitar palabras del manuscrito sino también de disminuir el sentido del texto y suprimir algo de su mensaje.

[15] Para la misma construcción con meros, cf. Ap 20:6 (su parte en la primera resurrección) y 21:8 (su parte en el lago de fuego; 22:19).

[16] La misma pregunta surge con 3:5, «no borraré su nombre del libro de la vida»; Ver Stam Tomo I (199A:133-4; 2006:146).

[17] Cf. 2Tes 1:9: «Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna (perdición eterna RVR), lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder…».

[18] Citado por Harold Kushner, Beliefnet Jewish Wisdom, 26 de marzo de 2011 (http://www.beliefnet.com/Faiths/Judaism/index.aspx ;newsletters@mail.beliefnet.com).


Cristo del Pacífico                      Chorrillos-Perú

Fotografía: Manuel Nieva


Por: REDACCIÓN CARRUSEL | 8:34 p.m. |

El religioso puertorriqueño confiesa que ser papá es la mayor bendición en su vida.

Padre Alberto Cutié Cuando la tuve en mis brazos, por primera vez, me pregunté: ¿Cómo había renunciado a algo tan importante en la vida como tener hijos? Durante muchos años me habían dicho «padre», pero ahora, como padre biológico, realmente puedo dimensionar esa palabra.

Después de casarnos, con mi esposa le pedimos a Dios que nos diera un hijo cuando Él quisiera.

Era la Semana Santa del año 2010. Mi esposa se sentía mareada, con náuseas. Yo le dije: «¡Tienes cara de estar embarazada!». Hicimos la prueba casera y confirmamos que estaba encinta. Saber que iba a ser papá es una de las bendiciones más maravillosas que he recibido en toda mi vida.

El embarazo fue bien lindo, la pude acompañar a las citas médicas, a los exámenes. Y a los cinco meses supimos que iba a ser una niña. Decidimos que se llamaría Camila Victoria. Camila, en francés, significa: «Ayudante del sacerdote».

El parto fue el día exacto que nos había dicho el médico: 30 de noviembre del 2010, el día de San Andrés. Todo el tiempo estuve con mi esposa, dándole todo mi apoyo: en las contracciones y en el trabajo de parto. A las 10 de la mañana nació mi hija. Desde el momento en que la niña salió del vientre, la vi bella. Abrió los ojos, como queriendo descubrir el mundo y yo no esperaba que estuviera tan alerta; nació tan despierta, con todo su pelito, completita.

El sentimiento fue increíble, el contacto y la conexión entre ella y yo. Desde el principio uno sabe que es parte de uno y que nació del amor del papá y de la mamá.

La niña nació y al día siguiente nos fuimos para la casa. Ya teníamos todo listo. En la parroquia, la gente había sido muy generosa: nos regalaron pañales y muchas cosas, la niña se convirtió en parte de la familia que es mi parroquia.

El momento más hermoso que he tenido con mi hija fue cuando me sonrió por primera vez, al mes de nacida, y cuando los ojos se le empezaron a poner muy azules. Es increíble comprobar cómo los hijos se parecen tanto a sus padres, por dentro y por fuera.

Lo que más me impresiona es lo rápido que ha crecido y todo lo que ha aprendido, es una preciosidad. ¡Nació con sus siete libritas y ya ha crecido tanto! Cada día es un logro, es un milagro verla sonreír, con su sonrisa ilumina al mundo entero. Ya tiene seis meses.

Creo que la crianza es el reto más importante que he asumido: uno se da cuenta que en realidad los hijos son el producto del amor, que son lo que uno va moldeando, lo que les va enseñando. Aprenden de uno a caminar por esta vida.

Con mi esposa le leemos salmos y ella presta atención, muy interesada; le encanta que yo le cante. Hoy, lo que más me interesa en la vida, es que ella sea feliz con la bendición de Dios y que yo pueda ser un padre ejemplar. Siento que ser padre es una tarea de una gran responsabilidad. Ser un buen padre es lo que más me importa en la vida.

Sí, hemos pensado en más hijos, pero llegarán cuando Dios lo tenga planeado.

Con Cristian, el hijo de mi esposa, de 16 años, también he tenido la fortuna de ser padre, no padrastro y tenemos una gran relación.

No me arrepiento de haber cambiado de vida, de haberme decidido por el amor de una mujer y por una familia, de ser un sacerdote que le sirve a Cristo, pero casado. Esto es lo que debí haber hecho hace 25 años. Lo que estoy haciendo es lo que Dios quería para mí, pero que tal vez yo no quería ver.

Todos los días me escribe un sacerdote católico romano, varios colombianos y algunos me vienen a visitar. Siguen siendo mis hermanos. Y todos tienen un dilema parecido al que yo tuve. A todos les digo lo mismo: oren, busquen orientación y sigan lo que hay en su corazón, porque a veces solo seguimos lo que está en la mente. Hagan lo que Dios quiere para ustedes, escúchenlo y actúen con sabiduría.

Hay muchos sacerdotes, con hijos, muchos más de los que la gente se puede imaginar. Algunos de ellos me han escrito diciéndome: «Alberto, te felicito pero te envidio porque tú puedes estar con tu hija todos los días y yo nunca he podido estar con mi hijo o mi hija».

Yo no juzgo a ningún hermano sacerdote que tenga su esposa o su novia oculta, o sus hijos, entiendo que es un gran dilema. Dios nos ha creado para amar y ser amados, aunque haya gente que no lo entienda y que nos juzgue con severidad.

Me gustaría ver una Iglesia Católica renovada y reformada, que admita que sus sacerdotes vivan abiertamente su amor y su sexualidad de una forma sana. Quisiera ver una Iglesia que no siga ocultando los crímenes de algunos sacerdotes, mientras castiga a otros.

¿Quién es el padre Alberto Cutié?

Nació en Puerto Rico hace 42 años. Su carisma lo convirtió en un famoso conductor de televisión en Estados Unidos, donde tenía su propio programa. En mayo del 2009, una revista del espectáculo de Miami publicó una serie de fotos donde él aparecía con quien hoy es su esposa. Después confesaría que llevaba varios años de relación.

El escándalo no se hizo esperar. Cutié, sacerdote católico durante 15 años, decidió cambiarse a la Iglesia Episcopal Anglicana y allí le permitieron seguir su vida religiosa como esposo y padre de familia. Se casó con su novia, Ruhanna Canellis, y en noviembre del 2010 nació su primera hija, Camila Victoria.

Actualmente es párroco de la iglesia de La Resurrección, en Miami, y se prepara para volver a la televisión.

En enero de este año publicó sus memorias en el libro El dilema, uno de los más vendidos en Estados Unidos en lo corrido del año.

 

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La Corte Suprema, dijo que escolares estadounidenses seguirán recitando cada mañana en sus aulas, de pie, con la mano sobre el corazón, ante la bandera.: «Juro fidelidad a la bandera de los Estados Unidos de América y a la República que simboliza: una nación unida bajo Dios (“Under God”)…

Estados Unidos | Martes 28 de Junio, 2011 | Por Ronald Gonzalez|

NoticiaCristiana.com
Tras siete años de trámites en los tribunales, la demanda impuesta por el ateo Michael Newdow para quitar la frase “una Nación al amparo de Dios” del juramento de lealtad estadounidense ha fracasado definitivamente.

La Corte Suprema no atiende la última apelación para quitar del Juramento de Lealtad la frase “Under God”.

Michael Newdow, tramitó dos demandas contra esta frase (y también contra la escrita en el dólar ‘In God We Trust’) ante los juzgados de California y New Hampshire.

 

“No es sorprendente que el Tribunal Supremo, haya vuelto a rechazar el argumento de que al incluir esta frase, se crea una religión oficial del Estado”, dijo el abogado Eric Rassbach, director de litigios del Fondo Becket, que defendía el juramento en la corte como parte coadyuvante.

La Corte Suprema de los Estados Unidos, se ha negado a escuchar la apelación de la demanda que cuestionaba la constitucionalidad de la frase (Under God en inglés). El juramento se pronuncia en las escuelas ante la bandera y desde 1954 se incluye la mención explícita a Dios.

Por su parte Carl A. Anderson, de los Caballeros de Colón, que también jugó un papel como “coadyuvante demandado” en el caso, señaló que esas palabras “expresan una creencia fundamental que hemos tenido como nación desde su fundación”. “La idea de que esto de alguna manera viola la Primera Enmienda ha sido firmemente rechazada por los tribunales, y la Corte Suprema ha permitido que ambas decisiones se mantuvieran. Se trata de una victoria del sentido común”, recalcó Anderson.

La Corte Suprema, ofrece así una victoria a los movimientos cristianos que lucharon por el mantenimiento de la mención «Under God» y que utilizaron sus influencias al más alto nivel para conservarla luego de que esta fuera declarada anticonstitucional por la Novena Corte de Apelaciones de California.

Los grupos que lucharon por mantener al nombre de Dios en el juramento estadounidense tenían el apoyo de parte importante de la población ya que, según un sondeo de Ipsos-Public Affairs publicado el 24 de marzo de 2004, el 87% de los estadounidenses piensa que la frase debe mantenerse en el juramento. Este resultado puede explicarse también por el simple hecho que hace ya 50 años que los escolares recitan diariamente el juramento.

 

http://www.noticiacristiana.com


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Patricia Matey | Madrid

Actualizado miércoles 29/06/2011 05:01 horas

Las madres con depresión deberían buscar ayuda si quieren reducir las probabilidades de que sus hijos desarrollen conductas antisociales. Por primera vez, investigadores británicos (Reino Unido) acaban de constatar que esta enfermedad mental materna puede aumentar el riesgo de este tipo de comportamiento a través de factores medioambientales y no exclusivamente genéticos.

Según la Organización Mundial de la Salud, en España hay cerca de700.000 menores con trastornos de conducta antisocial aunque cerca de un 80% está sin diagnosticar. Las continuas violaciones de las normas sociales o de los derechos básicos de las personas, los robos, las mentiras, las peleas, las conductas de enfrentamiento o el vandalismo, son algunos de los síntomas que definen este tipo de comportamientos.

Julia Kim-Cohend, del King´s College de Londres y autora principal del ensayo, ha llevado a cabo la investigación con 1.116 parejas de gemelos de entre cinco y siete años. Tal y como recoge un reciente número del‘Archives of General Psychiatric’, a todos los menores se les realizaron pruebas para evaluar la existencia o no de conducta antisocial, un comportamiento que también fue evaluado en sus padres y madres. Los científicos realizaron, asimismo, pruebas de depresión a todas las mamás.

Los datos revelan que «los descendientes de mujeres que sufrieron depresión tras ser madres tenían un riesgo más elevado de presentar conducta antisocial, especialmente si la progenitora había padecido la enfermedad a lo largo de los primeros cinco años de vida del menor», reza el ensayo. El mayor riesgo para comportamientos problemáticos se manifestó en niños cuyas madres sufrían de depresión y también mostraban síntomas de trastorno de personalidad antisocial.

Curiosamente, los descendientes de aquéllas que se deprimieron antes de dar a luz, y no posteriormente, no tenían más posibilidades de desarrollar el trastorno psiquiátrico.

Factores

Un historial familiar de este tipo de comportamiento «constituyó aproximadamente un tercio de la asociación observada entre la depresión maternal y las conductas antisociales en los niños», explican los autores en su estudio. Afirman, además, que sus hallazgos también sugieren «un marcado componente ambiental que relaciona la exposición a una depresión materna con problemas conductuales en sus hijos».

En opinión de los investigadores, «tres factores podrían explicar esta asociación: primero, las mujeres deprimidas son más propensas a tener rasgos de personalidad antisocial relacionados con la depresión; segundo, tienden más a tener niños con hombres que también muestran comportamientos antisociales; y tercero, los niños de mamás con la enfermedad mental podrían simplemente estar predispuestos genéticamente a los trastornos antisociales».

Sugieren que «los médicos que tratan los comportamiento antisociales de los pequeños deberían indagar si sus madres padecen depresión o antecedentes de problemas de conducta para identificar las necesidades de tratamiento para toda la familia».

 

http://www.elmundo.es