Archivos de la categoría ‘Teología’


Pr. Josué Fonseca, M.Div.

Antecedentes generales.

La realidad de la homosexualidad ha existido siempre. Las culturas antiguas Sumeria, Egipcia, Caldea, Asiria, Griega, Romana, Celta y tantas otras, incluidas las Pre-Colombinas, también tuvieron que convivir con estas prácticas humanas. Por lo mismo, no es extraño encontrar hoy debates y argumentaciones en Europa, Norteamérica o Latinoamérica sobre este hecho. En el día de hoy, el “Manual de Psiquiatría” Kaplán&Saddock que se usa en las facultades de Medicina en Chile afirma que la homosexualidad es completamente normal y aceptable.

En las Naciones Unidas se reconoce que un promedio de 3% a 4% de hombres se declaran homosexuales en los diferentes países, y la cifra de mujeres baja a la mitad, es decir 1,5% a 2%. Las organizaciones de defensa de los derechos de las minorías sexuales multiplican hasta por cuatro estas cifras, y éstas llegan a afirmar que entre un 12% a un 15% de una determinada población se declara homosexual.

E lInforme Kinsey, ya mítico porque sirve de base para las afirmaciones pro-gay, estableció en 1953 que un 10% de la población de EEUU es homosexual. (El método científico de este referido Informe ha sido ampliamente cuestionado por la selección interesada de su universo en estudio). En España, el Instituto Nacional de Estadísticas estableció que un 2,5% de la población de ese país es homosexual. En INDEC en Argentina ha publicado que un 10% de los hombres es homosexual. En Chile no existen aún datos oficiales, pero estudios estiman que las cifras no serán muy diferentes del resto de los países. Por cierto, las estadísticas cambian significativamente si los universos trabajan con mayores de 18 años o incluyen también a los adolescentes entre 13 y 17 años.

El origen de la homosexualidad

A qué se debe el comportamiento y la condición homosexual es una pregunta que se hace toda clase de profesionales y científicos. Las respuestas son variadas. En un estudio del Dr. Polaino-Lorente de la Universidad Complutense de Madrid(i) se distinguen las hipótesis biológicas y genéticas las que el autor desestima, las hipótesis psicológicas, las que el autor desarrolla y las hipótesis sociológicas. El autor señala que las primeras dudas sobre identidad sexual en la infancia y adolescencia no pueden ser sustento para la definición permanente de la condición homosexual. Lo que el autor advierte es que madres sobreprotectoras o indiferentes, o padres ausentes o que rechazan encubiertamente a sus hijos/as, son factores para desarrollar una identidad homosexual. Señala que la obsesión sobre este tema, sumado al “etiquetado de los iguales”, es decir los sobrenombres (bullying) de los compañeros/as, y la aceptación de la autoetiqueta de un adolescente por parte de los padres, reafirman el proceso de identificación homosexual. Es interesante que los investigadores Masters y Johnson en 1979 en EEUU afirman que preferencias y conductas sexuales son aprendidas socialmente, incluidas la heterosexualidad y la homosexualidad.

Referencias bíblicas a la homosexualidad

Es cierto que las referencias bíblicas a la homosexualidad no son muchas, pero existen en varios textos: a) Génesis 19:1-13 los violadores en la casa de Lot; b) Jueces 19:21-30, los violadores de Gabaa; c) Las prohibiciones de la Ley en Levítico 18:22 y 20:13, y Deuteronomio 23:17, 1ª Reyes 14:24; d) Referencias de los profetas, Ezequiel 16:50, Oseas 9:9, Jeremías 23:14; e) Enseñanzas del NT en Romanos 1:26-32, 1ª Corintios 6:9-10, 1ªTimoteo 1:9-10 y Judas 7. Estos textos tratan explícitamente las prácticas homosexuales, sin contar con todos los versículos que refieren a la palabra traducida en RV como “abominación” en Levítico 18:22, del Hebreo “tow’ebah” que significa “cosa detestable” (se repite 117 veces en el AT, Concordancia Strong), y que también incluye la práctica del coito homosexual. Lo mismo ocurre con la palabra ‘adulterio’ o ‘fornicación’ que, como es sabido, es un término más amplio y refiere a otras prácticas sexuales en las que se incluye la homosexualidad. Por ejemplo, la causa de divorcio según Jesús en Mateo 19: 9 “salvo por causa de fornicación”, o “porneia” incluye la posibilidad de actos de carácter homosexual según las tradiciones judías. Hay también un texto sobre la amistad de David y Jonatán, 2ª Samuel 1:26, que se ha interpretado como amor homosexual, lo que visto en contexto no se puede afirmar con seriedad, dado el evidente carácter heterosexual de ambos.

Por otro lado, no desconocemos que estos mismos textos bíblicos han sido reinterpretados por autores que pretenden insistir en que la Biblia no condena la práctica homosexual. Por ejemplo, las violaciones de Génesis 19 y Jueces 19 se reinterpretan con la idea de que el pecado allí no es la homosexualidad sino la falta a la hospitalidad (Derrick Bailey, 1955). Desde mi punto de vista este arreglo no es posible deducir porque se contradice con el texto mismo, ya que Lot les ofrece a sus hijas vírgenes, Gen.19:8. La mayor parte de los comentaristas y exégetas del texto bíblico concuerdan que estos textos refieren a la homosexualidad. O, hay quienes afirman que Lev.18:22 no prohíbe la homosexualidad sino el culto homosexual a ídolos, por ejemplo.

Los puntos de vista entre los cristianos

Hay a lo menos cinco puntos de vista entre los cristianos: 1) el rechazo total; 2) la aceptación de cualquier práctica homosexual; 3) la aceptación solo si hay pareja estable; 4) la acogida de la persona; 5) la indiferencia. En idioma Inglés se habla de “welcoming and affirming” o “welcoming but not affirming”, para referirse a las opciones 2) y 4). En la primera, la idea es condenar todo diálogo, y todo lo que se relacione con la homosexualidad. La segunda es la opción que intenta validar la homosexualidad y la consecuente práctica sexual como legítima, incluidas las bodas same sex. La tercera opción aprueba la práctica homosexual solamente si se trata de parejas estables, o sea, rechaza la promiscuidad homosexual. El cuarto punto de vista distingue entre la persona homosexual de la conducta sexual, acogiendo a la persona, pero objetando la práctica homosexual. La última opción, la indiferencia también se observa en muchos cristianos, muchas veces basados en el desconocimiento o el miedo a la toma de una postura.

Es interesante que los autores evangélicos Josh McDowell (“Es bueno o es malo”,1996); Lewis Smedes (“Sexología para cristianos”, 1982); James Giles la ética”, 1994); Francisco Lacueva (“Ética cristiana”, 1975) evitan referirse al tema homosexual, lo que en autores de este nivel resulta completamente inaceptable.

La opción de acoger a la persona homosexual, pero sin apoyar las conductas eróticas con el mismo sexo son el camino que adoptan líderes evangélicos tan conocidos como: *John Stott (“Fe cristiana frente a desafíos contemporáneos”, Gran Bretaña); *Stanley J. Grenz, (“Welcoming but not affirming” Canadá); *John White (“Eros y el pecado sexual” , Canadá); *Jorge A. León (“Lo que todo deben saber acerca de la homosexualidad”, Argentina); *Sy Rogers (“Uno de los chicos: La historia de Sy Rogers”, EEUU); *Pablo Blanco, (“La conducta homosexual”, España); *Manfred Brauch (“Biblical texts and homosexuality”, EEUU); *Ayodele Gbode, (“Same sex relationship”, Nigeria); *Oscar Pereira (“Biblia y homosexualidad”, Chile); *Nigel Wright (“Baptist perspective on homosexuality”, Gran Bretaña);*Tony Campolo (“Speaking my mind”, EEUU). Éstos son parte de mi bibliografía para estas páginas, en especial Stott y Grenz.

Nuestra pastoral a los homosexuales

¿Qué se sugiere a los pastores hacer? Debemos recordar que Dios nos ama a todos/as, no discrimina a nadie, (Deuteronomio 10:17, 32:36, 2ª Samuel 7:23, 2ª Crónicas 19:7, Proverbios 28:21, Juan 3:16, 1ª Juan 4:9-11, Romanos 2:11, 5:8, Santiago 2:1,9; 1ª Pedro 1:17), pero instruye sobre lo que es y no es pecado ante Sus ojos. Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. La moral de la ley de Moisés sigue vigente, ni Jesús mismo la quiso invalidar, Mateo 5:17. La ley y la Palabra de Dios tienen autoridad y legitimidad si los cristianos creemos en ella. Debemos asegurar que la condición homosexual no constituye en sí misma un pecado, y lo que se enseña en la Biblia para toda persona heterosexual, incluidos los/as solteros/as, también incluye a los homosexuales. Lo que la Biblia rechaza es la práctica homosexual, por lo mismo, nuestro desafío como iglesia está en enseñar con empatía la Palabra de Dios y acoger e integrar a quienes definan su identidad bajo esta condición. Estoy en desacuerdo con la homofobia, con la aceptación plena, la aceptación de parejas estables o el rechazo pleno, y más bien me sumo a la opción que en Inglés se define como “welcoming but not affirming”, por lo que creo que como cristianos evangélicos debemos ofrecer una acogida pastoral a los homosexuales en nuestras iglesias en el día de hoy requiriendo el mismo standard que se demanda de la soltería, es decir abstinencia sexual.

Los pastores y líderes evangélicos debemos hacer un “aggiornamento” dándonos cuenta que el hecho homosexual está presente en nuestra sociedad y que no se puede tapar el sol con el dedo. Se requiere un esfuerzo para entender y vivir el paradigma de diversidad que está presente en nuestro mundo actual. No podemos rechazar sin comprender el hecho. En 32 años de ministerio he pastoreado a muchos/as homosexuales y he aprendido que una experiencia homosexual no convierte a una persona en homosexual, ni es rechazado por Dios por esta causa. En las iglesias tenemos que aprender a conversar estos temas, a aceptar la condición homosexual de soltería a quien decida esta ruta en su vida. Dice el Dr. Tony Campolo que “la iglesia debe arrepentirse por los odios que hemos demostrado” y comparto esta afirmación. Si el Evangelio es para todos, y Juan 3:16 lo repetiremos con certeza y devoción, tendremos que incluir a todos/as, y esto será nuestro desafío futuro como pastores y como cristianos en el mundo hoy.

Otra Bibliografía utilizada:

Kaplan y Saddock, Tratado de Psiquiatría, 10ª Edición, 2007, capítulo 20 “Sexualidad humana”, pags. 669-704; Jorge Maldonado, Biblia, iglesia, sexualidad y familia, Cap.6 “La homosexualidad”, Eirene Internacional y PEPP, pags.110-130; S. Lebovici y L. Kreisler, Homosexualidad en el niño y adolescente, Ed. Nva Visión, B.Aires, 1984; Informe Ethos 47, Homosexualidad: condición humana, Centro de Ética Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile, 2006; Revista de Psicología, Instituciones religiosas en la transformación de la sexualidad en Chile, Dra.Irma Palma, volXVII, Nº2, 2008; Cuadernos de Bioética, Temas de estudio: homosexualidad y bioética, varios autores, Nº4, 1997, pags.1275 – 1382;

________________________________________

Josué Fonseca: es casado hace 32 años con Erika, con quien tiene dos hijos casados y un nieto; es graduado de Trabajo Social de la Universidad de Concepción en 1975; se graduó también del Seminario Teológico Bautista (STB) de Santiago de Chile en 1978, y obtuvo su Máster en Divinidades en Regent College, University British Columbia, Vancouver Canadá, en 1991. En 1996 se graduó junto a su esposa del Diplomado en Psicología Pastoral del PEPP, en Santiago, Chile. Por 30 años sirvió como Profesor y Decano Académico del STB. Ha residido en Argentina, Canadá, Inglaterra y España. Es co-autor de varios libros, entre ellos “La iglesia local como agente de transformación”, Ed Kairos, Editado por René Padilla, 2003. Es miembro de Comisión de Ética de la Alianza Bautista Mundial, miembro de la FTL, y pastor Bautista desde 1979; actualmente (2012) sirve como pastor en la ciudad de Concepción, en Chile.=

/////////////.jf. <josuefonsecamolina@yahoo.com>


Carlos Scott

El ejemplo de Moisés

Resolver diferencias ante el plan de Dios

 “Tus siervos harán lo que el Señor ha mandado” Números 32:31

14 DE JULIO DE 2012

 El relato del capítulo treinta y dos del libro de Números nos describe a dos tribus que comenzaron a buscar beneficios para ellos mismos y dejaron a un lado el interés por todo el Pueblo de Dios .

Como pueblo y comunidad las tribus tenían que permanecer en la visión de Dios (Éxodo 3:7-8). Implicaba seguirle con todo el corazón. Salir de Egipto en busca de la tierra prometida no fue nada fácil. Después de 400 años de ser esclavos ellos eran desafiados a tener una nueva mentalidad y actitud espiritual. En el umbral de comenzar a concretar este sueño las tribus de Rubén y Gad le dijeron a Moisés:  “No nos hagas cruzar el Jordán”  (v5).

 Surge el peligro de otra visión y los antivalores que representa:
-Avaricia versus Generosidad.
-Individualismo versus Cooperación.
-Condicionalidad versus Incondicionalidad
-Desobediencia versus Obediencia.
-Rebelión versus Sujeción.
-Etnocentrismo versus Alcance local y global.

Moisés les interpeló preguntando:  ¿Les parece justo que sus hermanos vayan al combate mientras ustedes se quedan aquí sentados? ¿No se dan cuenta de que esto los desanimaría? (v6-7)

Renglón seguido les recuerda lo que había pasado con los espías que enviaron a inspeccionar la tierra  en Cades Barnea .  Ellos habían desanimado al pueblo  (v9)  e hicieron caer su moral . La consecuencia fue  que ningún mayor de veinte años entró a la tierra prometida  (v11), todos murieron en el desierto a excepción de Caleb y Josué . Sobre estos últimos la palabra de Dios dice:  “ … los cuales me siguieron de todo corazón”  (v12)

Seguir a Dios con el corazón es renovar la mente por su Palabra y por el Espíritu Santo. Es creer que todo se hace posible en las manos de Dios. Es la Fe opuesta a la fatalidad, resignación y egoísmo. Es dar lugar a la constancia, lucha y generosidad.  Cuando le seguimos con todo el corazón las promesas y bendiciones que Dios tiene son hechas realidad.

 Permanecer en la visión de Dios (Isaías 49:6) significa experimentar su poder en nuestras vidas e iglesia . La visión esta ligada a la fe. Sin fe es imposible agradar a Dios. Es salir de lo natural y vivir en lo sobrenatural. Las señales y milagros siguen a los pasos de fe.

Moisés tuvo que enfrentar un serio problema moral. Estaba en juego la unidad del Pueblo de Dios. Estas tribus se negaban a ser solidarios y cooperar con la misión.

   ¿CÓMO RESOLVIÓ EL PROBLEMA MOISÉS?

1- Los confronto con su pecado . Les dice: “Caterva de pecadores… Si ustedes se niegan a seguir al Señor, él volverá a dejar en el desierto a todo este pueblo, y ustedes serán la causa de su destrucción” (v14-15). Moisés se pone firme y no recurre a explicaciones psicológicas causadas por el stress del desierto. Esto no es producto de una insolación.  Es un problema del corazón del hombre.

2- Les exigió un compromiso  y sobre la base de su respuesta seria su herencia (v20-22, 28-30). No tendrán lo que piden hasta que cumplan su parte.

3- Les dio una advertencia  “Si se niegan estarán pecando contra el Señor. Y pueden estar seguros de que no escaparan de su pecado”  “Sabed que vuestro pecado os alcanzara”  (v23) Cuando no obedecemos el pecado nos alcanza y nos daña. Perdemos la bendición y la iglesia pierde fuerza y poder.

 El llamado a la cooperación, comunión y solidaridad es un desafío para toda la iglesia y no solo para algunos. El proyecto del Reino de Dios va más allá de las cuatro paredes del templo.  Debemos auto examinarnos cuando no estamos dando pasos de Fe.

 La experiencia cristiana tiene que ver con ajustar nuestra visión a la visión de Dios . Es ampliar la vida. Requiere estar abiertos cuando somos desafiados y ser valientes cuando se nos llama a la acción. La tendencia natural es ocuparnos de lo conocido, lo que solemos hacer y controlar.

 Se nos llama a depender y tener temor de Dios, no de las circunstancias adversas . El gran desafío esta en pensar como “Pueblo de Dios”. Lo que “hacemos como cuerpo” tiene mayor impacto que lo que podemos lograr como individuos.

 Cada iglesia local es “comunidad del reino de Dios” en unidad, cooperación, comunión y solidaridad con toda la iglesia global . “Nos necesitamos” (1 Corintios 12:21). Somos miembros los unos de los otros.  La cooperación comienza a funcionar cuando cada uno de nosotros esta dispuesto a reconocer su propia debilidad y la necesidad de una sana interdependencia.

El apóstol Pablo dice:  “y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias”  (2 Corintios 11: 28-29). Cuidémonos de menospreciar a la iglesia del Señor.

 Necesitamos experimentar una transformación de carácter:  Ser semejantes a Jesús.

“A propósito,  Moisés era muy humilde , más humilde que cualquier otro sobre la tierra” (Números 12:3). Esto le permitió enfrentar los desafíos más difíciles y tener el favor de Dios. La encarnación del modelo y carácter de Jesús tiene la última palabra . (Mateo 11:28-30)

 ¿CUÁL FUE LA RESPUESTA?
“No volveremos a nuestras casas hasta que cada uno de los israelitas haya recibido su heredad.” (v18).  “Tus siervos harán lo que el Señor ha mandado”  (Números 32:31).

Fueron humildes y aceptaron la exhortación transformándose en líderes siervos.Estimaron a los demás y no miraron por lo suyo propio.

Cerraron filas sirviendo a Dios y unos a otros. Cuando esto sucede Dios es glorificado y la tarea es cumplida. “Entonces Moisés… les entrego la tierra con las ciudades” (v33).  La cooperación implica un compromiso a la unidad en Cristo y al amor unos con otros.

Que  “toda la iglesia” en cooperación, comunión y solidaridad lleve todo el evangelio a todo el mundo  hasta que el Señor vuelva

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN
 ¿Cuáles son los obstáculos para que podamos avanzar mucho mas en la cooperación, comunión y solidaridad entre el Pueblo de Dios?
 ¿Cómo podemos superarlos?
 ¿Qué pasos concretos estoy dando para mantener la unidad y avanzar en la cooperación?
 ¿Qué será lo esencial para trabajar juntos en comunión y proyectarnos en solidaridad hacia las necesidades no alcanzadas de los menos alcanzados?

Autores: Carlos Scott
©Protestante Digital 2012

Creative Commons

Por: Harold Segura

Insumos pastorales para pensar en el antiguo y siempre necesario tema de la conversión cristiana

La conversión cristiana es, ante todo, transformación integral. No se trata de querer volver hacia un ideal que dejamos atrás (El paraíso perdido, del gran poeta inglés, Milton), sino de ir hacia adelante (el paraíso encontrado, de Juan, el vidente del Apocalipsis). El horizonte final de esa trasformación es avanzar hacia el modelo perfecto de ser humano pleno: Jesús (Efesios 4:13).
El apóstol Pablo enseña que la conversión es continua e implica todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Dice él: «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente». Y después explica que: «Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2-3). Es decir, que en la medida como nos vamos trasformando, vamos también comprendiendo cuál es la voluntad de Dios. Se trata de ir experimentando (así, en gerundio) la conversión, para ir comprendiendo la voluntad del Señor. ¡Extraordinario proceso siempre continuo que implica todo lo que somos y hacemos!
Pero, ¿qué significa eso? ¿Significa, acaso, que nada de lo que ahora somos y hacemos sirve para algo?. Algunas teologías populares así lo promulgan haciendo mal uso de la expresión «depravación total» del gran Calvino.

Recuerdo ahora un coro que se canta en toda América Latina: «Renuévame, Señor, Jesús; ya no quiero ser igual» y después dice: «porque todo lo que hay dentro de mí necesita ser cambiado, Señor»  ¿Todo debe ser cambiado? ¿Nada sirve? Estas preguntas estuvieron en el centro de las discusiones de Jesús con los religiosos de su tiempo. Jesús los sorprendió cuando les enseñó que el arrepentimiento no era solamente dejar de hacer lo malo para llegar a hacer lo bueno, sino, algo aún más difícil de lograr: dejar de hacer lo que consideraban que era bueno, para llegar a hacer lo que consideraban que era malo. ¡Esto sí que es arrepentimiento! Eso fue lo que le pasó, por ejemplo, a Pedro en su experiencia en la casa de Cornelio, el gentil (Hechos 10:13).
Volvamos a la pregunta inicial, ¿Cuándo hablamos de conversión, qué es lo que hay que cambiar? En Romanos 12:2-3 encontramos unas pistas. Cambiar la forma como conceptualizamos y cómo nos relacionamos con los criterios que imperan en el mundo presente. En este mundo algo anda mal; eso ya lo sabemos. Por eso, los trasformados en Cristo deberíamos vivir de manera contra-cultural (John Stott). Lo que no significa aborrecer la cultura, sino contradecir (resistir) los patrones culturales que atentan contra la vida plena. ¡Imagínense si esto no tiene que ver con nuestra manera de hacer política, de vivir nuestra ciudadanía responsable, de relacionarnos con la Creación y de vivir nuestras relaciones laborales y familiares, entre muchas otras!
Por otra parte, enseña Pablo, que la trasformación está asociada a un cambio en la manera de pensar. Las diferentes traducciones bíblicas, de una u otra manera, con unas u otras expresiones, apuntan siempre al mismo concepto: trasformación de la mente, o una nueva mentalidad. ¡Qué nos ayude Freud a comprender el tamaño de esta afirmación apostólica… si es que el puede auxiliarnos! Una de las traducciones, la Versión Popular Dios Habla Hoy opta por «cambien su manera de pensar para que cambie su manera de vivir».
De lo anterior, algo queda claro, y es que la trasformación (renovación) no es, como lo dijimos por tantos años, cambiar la manera de creer (credo doctrinal) para asegurar la manera de morir (sobre todo, tener la seguridad de la gloria eterna). Es algo más: «La conversión tiene lugar en medio de nuestra realidad histórica e incorpora la totalidad de nuestra vida, porque el amor de Dios está preocupado por esa totalidad»1. Involucra nuestra manera de ser y de estar en el mundo; es una trasformación que conduce «hacia una existencia caracterizada por el perdón de los pecados, por la obediencia a los mandamientos de Dios, por una renovada comunión con el Dios Trino, y por un crecimiento y una restauración de la imagen divina y la realización del amor de Cristo».2
Junto al cambio de cosmovisión (no conformarnos a este siglo) y al cambio de mentalidad (renovación del entendimiento), se suma la trasformación del sentido religioso y litúrgico de la vida. Ésta última dimensión del cambio se relaciona con lo que Pablo enseña acerca de ofrecer el cuerpo «en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» y de rendir así un «culto racional» (Romanos 12:1). Es decir, que la fe en Dios es mucho más que en un ritual divorciado de la existencia y sujeto a la rigidez de la normatividad eclesial; es, ante todo, una expresión dinámica de ser integral rendido al servicio (culto) de Dios. Ya enseña el viejo principio reformado que «celebramos el culto en cualquier lugar y en cualquier momento»; allí donde la vida respira y dónde la caridad convierte en sagrado todo lugar del mundo.
Entonces, ¿qué es lo que hay que cambiar? ¿qué áreas necesitan conversión? No hay una respuesta que sirvan como fórmula universal. Cada cristiano o cristiana, cada comunidad cristiana o sociedad, en su momento histórico particular, necesita ejercitar el don del discernimiento para encontrar sus caminos de renovación. La Declaración sobre Misión y Evangelización. Una afirmación ecuménica, lo plantea con acierto: «Si bien en cierto que la experiencia de la conversión es básicamente la misma, la conciencia del encuentro con Dios revelado en Cristo, la ocasión particular en que se da la experiencia y la forma concreta de la misma, difiere de acuerdo a la situación de cada persona»3 Sin embargo, las Escrituras nos auxilian en el propósito de comprobar «cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».
Romanos 12:2-3, señala, por lo menos, los siguientes dominios de cambio: nuestra cosmovisión(mirada particular del mundo inspirada en la mirada de Jesús) que anime la resistencia e impida que nos conformemos «a este mundo»; la mentalidad o «renovación del entendimiento», que nos permita pensar siguiendo los criterios de Jesús (la «mente de Cristo», según 1 Corintios 2:16) para actuar según sus pisadas; y el sentido litúrgico de la vida, para vivir con reverencia ante Dios (Ignacio de Loyola) y desarrollar la percepción mística de la presencia de Dios, allí donde otros suponen que él ya no está.
Cantaba la Mercedes Sosa: «Cambia el rumbo el caminante/ Aunque esto le cause daño,/ Y así como todo cambia/ Que yo cambie no es extraño/ Cambia todo cambia/ Cambia todo cambia…» Entonces, que cambiemos también nosotros. ¡Un canto a la conversión!
Notas:
1. Consejo Mundial de Iglesias, Declaración: Misión y evangelización. Una afirmación ecuménica., 1982, p. 16.
2. Ibid., p. 16.
3. Ibid., p. 16.

Sobre el autor:

El pastor y teólogo Harold Segura es colombiano, radicado en Costa Rica. Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International y autor de varios libros.
Anteriormente fue Rector del Seminario Teológico Bautista Internacional de Colombia.

Por C. René Padilla*

La iglesia es la comunidad que confiesa a Jesucristo como Señor de todo y de todos y vive a la luz de esa confesión de tal modo que en ella se vislumbra la iniciación de una nueva humanidad.
La iglesia no es la suma de individuos que se vinculan unos con otros sobre la base de intereses religiosos que comparten entre sí. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la iglesia ocupa un lugar central en la historia de la salvación porque es la comunidad testigo del propósito de Dios en Jesucristo. Su testimonio, sin embargo, no consiste en palabras solamente: su testimonio es esencialmente encarnacional. ¿En qué sentido?
Es obvio que este adjetivo hace referencia al acto central de Dios en la historia: la encarnación. De entrada, cabe advertir que la idea que la iglesia es la prolongación de la encarnación –una idea común en la dogmática católica romana– no hace justicia a la enorme diferencia que, desde el punto de vista bíblico, hay entre Jesucristo y su iglesia. Esto no niega, sin embargo, que existe una estrecha relación entre la vida y misión de la iglesia, por un lado, y la vida y misión de Jesucristo, por otro lado. Sin negar el carácter singular de la obra de Jesucristo por medio de sus “eventos salvíficos”, podemos afirmar sin temor de equivocarnos que esa obra se prolonga y se hace efectiva en la historia, por el poder del Espíritu, por medio de la vida y misión de la iglesia.
El señorío de Jesucristo constituye la base de la misión de la iglesia. Porque él ha recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, la iglesia está llamada a hacer discípulos en todas las naciones. Jesucristo provee así el porqué de la misión. A la vez, él provee el contenido, el qué, del mensaje, por lo cual Pablo afirma: “No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor” (2Co 4.5). ¿Qué es el evangelio si no es precisamente buenas nuevas acerca de Jesucristo? La misión de la iglesia es encarnacional en cuanto se centra en la Palabra de Dios que se hizo hombre.

 

La encarnación de Dios en Jesucristo, sin embargo, no sólo provee el qué y el porqué de la misión, sino también el cómo. El Cristo resucitado dijo a sus discípulos: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Jn 20.21). La implicación es clara: la forma que tomó el envío de Jesús por parte del Padre se constituye en el modelo o paradigma del apostolado de sus seguidores, el apostolado por medio del cual se hacen discípulos.
Para entender en qué sentido la misión de Jesús sirve como paradigma de la misión de la iglesia es necesario tomar en cuenta la totalidad de los “eventos salvíficos” por medio de los cuales Jesús llevó a cabo su misión: su vida y ministerio, su muerte en la cruz, su resurrección y su exaltación. Cada uno de estos eventos apunta en dirección a la misión integral como el medio por el cual la iglesia prolonga la misión de Jesús a lo largo de la historia y la obra redentora de Jesús cobra vigencia en la situación actual.

Tomado de “La iglesia local como agente de transformación”, Ediciones Kairós, 2007, pp. 30 y 31

 

http://www.kairos.org.ar/


by BEN STERNKE

Post image for Renaming, Rethinking, or Really Re-forming?Yesterday my brother Aaron (who leads a great worship band, btw)tweeted the following:

All our iPhones now say 4G. Not because they are faster, but because AT&T changed the name of their 3G network to 4G. Sermon illustration?

I have no idea if this is actually what AT&T did, but it struck me as a great parable for one way that we often try to take shortcuts in leadership: instead of doing the hard work of really building a culture of discipleship and mission, we just re-brand what we currently have.

 

RENAMING

The renaming shortcut is thinking that if we start using new nomenclature, people will “get it” and change will come. The word “missional” oftentimes gets used this way, when leaders add it to the language of their church without really taking the time to investigate the implications of its theology. Like renaming an existing 3G data network “4G” and expecting it to do the trick. Or renaming small groups “discipleship groups” and expecting disciples to come out of them.

Language does create culture, so it’s vitally important that we use language that creates a discipling culture, but it’s not enough to start talking differently. You also have to start living differently as a leader, because you reproduce who you are, not what you say. You can’t just tweak your lingo, freshen up the logo, and expect any real change to take place. Renaming isn’t enough.

RETHINKING

There’s another leadership shortcut we often try to take, I think: being content with rethinking stuff. At the Ecclesia National Gathering earlier this week, Don Coleman (a man I deeply admire) said this:

It’s easy for us to talk about doing something so much that we think we’re doing it.

(He also said, “If sitting in rows listening to someone talk could change the world, we would have done it by now,” and “You say ‘I go to a church that teaches the Bible.’ So what? Go to a church that lives the Bible.’” Which is why I like him so much.)

Coleman points out another leadership trap that we “missional church” folks are especially prone to: assuming that it’s enough to rethink things. It’s easy for us to assume that if we’ve gracefully teased out and deftly articulated our theology that we’ve really accomplished something. But it’s not enough to write a book or cleverly broadcast forgotten truths. We need to put this stuff into practice and see how it plays out in real life.

RE-FORMING

Beyond just renaming and rethinking, what we’re aiming for is re-forming our churches around discipleship and mission. This will involve the painful work of embracing brokenness and weakness so God’s power can flow through us. It will involve examining our lives and undergoing personal transformation before attempting organizational change. It will involve exploring the assumptions we’ve made and opening ourselves up to new ways of leading.

It will involve not being content with the shortcuts of renaming or rethinking things, but only with a genuine re-forming of structures and practices around discipleship to Jesus and mission in his name.

¿Qué es la Gracia?

Publicado: junio 5, 2012 en Teología

Óscar Margenet Nadal

¿Qué es la Gracia?

Para dar de gracia, primeramente debo saber bien (o recordar siempre) qué es la gracia y de qué maneras compruebo que lo que he recibido proviene de ella.

Dios nos hizo llegar su gracia en la persona de su Hijo .
La gracia divina es el don de Dios por el cual salimos de la condenación con que nacemos y de la pobreza en la que vivimos los años que pasamos por este mundo.
“La gracia y la verdad vinieron por Jesucristo” (Juan 1:17). “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2° Corintios 8:9)
Dios emplea su gracia para justificarnos.
Nunca es suficiente repetirnos que sólo por gracia nuestra deuda para con Dios ha sido pagada por Jesucristo en la cruz del Calvario. No podíamos, no podemos ni podremos hacer nada de nuestra parte para que Dios nos considere justos.
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).
Hay gracia prometida desde la Antigüedad .
Cuando todas las circunstancias terrenales eran negativas, cuando los hechos demostraban la imposibilidad de que la promesa de Dios se cumpliese por intervención humana, la historia de Abraham sirve para ver el camino que Dios nos ha abierto por su sola gracia.
“Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia” (Romanos 4:16).
La gracia viene para que estemos firmes .
La paz es difícil de lograr y mucho más de sostener en un mundo en crisis, saturado de mentiras e injusticias, que va acumulando indignación en los que han sido burlados y siguen siendo usados como solución a los problemas generados por la ambición, el orgullo y la soberbia que caracterizan a los poderosos.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2). “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2° Corintios 12:9).
La gracia es para nuestra vida eterna en Jesucristo.
Lejos de mermar el pecado va en aumento día a día. Obrar el bien no alcanza, aunque debemos seguir procurándolo por todos los medios lícitos y convenientes. No debemos cansarnos de hacer el bien, porque a su tiempo Dios obra de manera prodigiosa.
“Más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.” (Romanos 5:20).
La gracia manifestada en Jesucristo incluye al remanente del Israel de Dios.
Hay indignación por todo lo que recorte beneficios sociales y reduzca los ingresos dinerarios por pérdida de puestos de trabajo. Hoy también se cometen en Israel toda clase de atropellos sobre los llamados “palestinos” desde el Imperio Romano. Uno se pregunta cuántos estarían dispuestos a indignarse por la tortura y muerte que se practica en la “Tierra Santa” sobre los sin tierra, a pesar de que la UNESCO ya reconoce a una nación palestina.
A pesar de estas atrocidades, La Biblia nos asegura que Dios tiene un remanente en su pueblo Israel.
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” (Romanos 11:5-6).
Dios es quien da su gracia a los suyos. (Romanos 12:3 y 6).
Sólo la gracia salva.
Cuando muchos temen perder su salvación si desobedecen leyes impuestas por líderes religiosos, y otros construyen imperios multimillonarios en base a un uso lucrativo del evangelio gratuito de Dios, el Espíritu de la Palabra que nos guía a toda verdad nos afirma:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8,9). “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4). “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación (…) para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 2:11; 3:7).
Dios afirma que ya somos salvos, y que lo estamos siendo en esperanza de la vida eterna.
Nadie es mediador de la gracia fuera de Jesucristo.
Hay un culto que se le rinde a “María de todas las gracias”. En tierras hispanas y latinoamericanas se le rezan interminables rosarios y plegarias a la madre de Jesús. Los que sabemos que la Palabra de Dios no miente, proclamamos que no hay otro mediador de la gracia de Dios, fuera de su Hijo.
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hebreos 4:14 -16).
¿En quién confiamos en estos días de prueba? ¿Qué no estamos dando a otros de lo que recibimos por gracia?
Cada día estamos a tiempo de rectificar nuestro andar diario. Encomendemos por fe nuestro diario camino, esperemos en el Señor y Él, a su tiempo, hará por nosotros lo mejor. Entonces tomaremos conciencia de la dirección y del sentido correctos de nuestro obrar.
En nuestra próxima entrega: Un desafío a la iglesia que vive y obra por gracia.
Hasta entonces, si el Señor lo permite.

Autores:Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2012

Creative Commons

PorRev. Karel Golcher | Columnista Invitado de Christian Post

1. Una nueva iglesia trae el Reino de Dios al mundo (Hch 1:3; 8:12; 14:22; 19:8; 20:25; 28:23, 31).

2. Una nueva iglesia contribuye al cumplimiento de la Gran Comisión (Hch 1:8; Mt 28:18-20; Mc 16:15-16; Lc 24:46-49; Jn 20:19-22).

3. Una nueva iglesia provee un lugar de oración donde otros pueden reunirse con Dios (Hch 1:14; 4:31; 12:5).

4. Una nueva iglesia provee un lugar más para la predicación pública (Hch 9:20; 10:42; 14:7; 16:10; 20:20).

5. Una nueva iglesia es la herramienta evangelística más efectiva (Hch 2:38-39; 14:21).

6. Una nueva iglesia enseña la Biblia (Hch 4:2; 5:19-21; 5:42; 8:4; 11:25-26; 18:11; 20:20; 28:31).

7. Una nueva iglesia ofrece un lugar más para el servicio cristiano (Hch 6:3; 9:36; 11:25-26; 11:29-30; 17:15).

8. Una nueva iglesia capacita a líderes laicos para que lleguen a ser predicadores (Hch 6:10; 14:23).

9. Una nueva iglesia cruza barreras culturales (Hch 8:35; 10:1-48; 16:9; 22:21).

10. Una nueva iglesia mentorea a nuevos creyentes (Hch 9:26-28; 20:20; 20:31, 36; 20:34-36; 20:27).

11. Una nueva iglesia apoya las misiones mundiales (Hch 13:2-3; 16:9-10).

12. Una nueva iglesia comienza otras iglesias (Hch 13:2-3; 16:9-10).

 

 

 

El Rev. Karel Golcher tiene una Maestría en Ministerio Cristiano y una Licenciatura en Teología, ambas del Seminario Teológico Centroamericano de Guatemala. Es traductor y editor de materiales y libros en Español del programa de estudios teológicos TUMI (The Urban Ministry Institute) de la Organización World Impact Inc., con sede en Los Angeles, California. Actualmente es pastor y misionero en Comunidad Cristiana la Roca en Guatemala. Ha servido a Jesucristo en el pastorado y el desarrollo de líderes en los últimos 20 años en EE.UU, México, toda Centroamérica, España y Guinea Ecuatorial. Ofrece Conferencias para la Familia y el Desarrollo de Liderazgo. Si usted desea una Conferencia en su iglesia local u Organización, contáctelo en su portal de facebook/karelgolcher. También pude visitar su Blog karelgolcher.blogspot.com

Juan Stam


La política tiene corazón

cuando nace del corazón de Dios

 

El Dios que se revela en la Biblia ama al mundo entero y se preocupa profundamente por el bien integral de toda su creación. La política, en el mejor sentido de la palabra, está en lo más profundo del corazón de Dios.  Ahí en el corazón de Dios podemos encontrar orientaciones para nuestras decisiones políticas hoy.

I. La política según el corazón de Dios es política en pro de la Vida (la de todos)

El proyecto de José en Egipto (Gn 50:20)

Dt 30:15; Sal 16:11 «la senda de la vida»; 72:14 Dios considera valiosa la vida de los humanos

Vida y muerte en el evangelio de Juan; Juan 10:10 he venido para que tengan vida en abundancia

Apocalipsis: caballo negro: muerte por hambre; caballo rojo: guerra; Ap 17:6; 18:24; 16:6-7 (sangre)

árbol de vida, espíritu de vida, libro de vida, río de vida, agua de la vida

II. La política según el corazón de Dios es política en pro de la igualdad y la equidad

El año sabático (Dt 15:1-11) y año de jubileo (Lev 25) y leyes socio-económicas

Se practicaba cuando Israel era obediente; cuando no, sabían que estaban desobedeciendo (Jer 34)

El Pentecostés: Hch 2 y 4 (Sin Jubileo, no hay Pentecostés)

El proyecto final de la misión de Pablo (II Cor 8:13)

Apoc: Todos seremos reyes y sacerdotes; Riqueza prostituida por la ramera, ahora compartida entre todos

III. La política según el corazón de Dios es política en pro de la justicia

Bíblicamente, la justicia no es neutral sino defiende al débil y pobre

Conocer a Dios es practicar la justicia (Jer 22:16; cf. 9:23-24)

Buscad el reino de Dios y su justicia (Mt 6:33; cf 6:10 hágase tu voluntad en la tierra)

1 Jn 2:29, 3:7-10,16-17: «el que hace justicia es nacido de Dios» (2:29 e inverso 3:10)

La nueva creación será un espacio para la justicia (2 P 3:13)

IV. La política según el corazón de Dios es política en pro de la libertad

«He conocido las angustias de mi pueblo y he descendido para librarlos» (Ex. 3:7-8; cf. 2:24-25; 3:9)

Jesús vino a darnos libertad (Luc 4:18; Jn 8:32,36)

El ministerio de Pablo fue una lucha por la libertad (Gal 5:1-13)

La nueva creación será un espacio para la libertad (Rom 8:21)

V. La política según el corazón de Dios es política en pro de la verdad

No es cristiano dejarse engañar por la propaganda

      Isa 5:20 Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz

y la luz por tinieblas

Jn 14:6 Yo soy la verdad y la vida; Jn 8:32 Conocerá la verdad y la verdad los hará libres

(sin verdad, no hay libertad)

Apoc 16:13-16: los sapos satánicos de la propaganda belicista (Armagedón)

El juicio final será la hora de la verdad

VI. La política según el corazón de Dios es servicio al Reino (Mat 6:33)

El Reino de Dios fue el primer mensaje de Jesús (según los evangelios sinópticos)

El mensaje bíblico es de salvación personal pero no sólo eso sino el nuevo orden del Reino

El mensaje del Reino debe orientar todas nuestras decisiones políticas

VII. La política según el corazón de Dios nos llama a tener una presencia profética en medio de la historia

Los profetas no sabían callarse

Desde el Pentecostés, toda la iglesia está llamada a ser profética

http://juanstam.com

Mayo, mes de María, Reina del cielo

Publicado: mayo 28, 2012 en Teología

Leonardo de Chirico

Mayo, mes de María, <em> Reina del cielo</em>

 A la Virgen María se la relaciona con la renovación de las cosas y el comienzo de una nueva y fructífera estación.

 

 Estudiar el interés de los católico romanos por el calendario es un ejercicio fascinante.

Al expresar la forma en que secuencian el tiempo, permiten el acceso a lo que el catolicismo romano considera importante para la vida cristiana y para la humanidad en general. La Iglesia Romana siempre ha prestado una gran atención al establecimiento de los ritmos de la vida por configuración y llenándolos de contenido y simbolismo religiosos.

No es por casualidad que nuestro calendario gregoriano (es decir, el calendario occidental) tomara su nombre del Papa Gregorio XIII, quien en 1582 estabilizó el anterior calendario juliano y dio forma al que tenemos actualmente. Merece la pena considerar que nuestra manera de medir el tiempo era decidida básicamente por un emperador romano y más tarde por un papa romano.

 En la Edad Media la Iglesia Romana marcó el calendario cristiano establecido centrándolo en torno a las fiestas tradicionales (p.e. Pascua, Pentecostés, Navidad) y añadiendo la veneración a un santo por cada día del año . Por tanto, se dio a la devoción popular una oportunidad diaria para exaltar las virtudes de hombres y mujeres ejemplares y para rezarles. La práctica de las oraciones intercesoras a los santos fue, además, alentada y es todavía una práctica que define a muchos católicos en todo el mundo. El tiempo está señalado por las prácticas devocionales que transmiten una poderosa cosmovisión religiosa.

Además de los años santos, los festivales anuales, las semanas especiales, los días sueltos y la liturgia de las horas, el calendario católico romano también se centra en meses específicos. Los diferentes ciclos de la vida están saturados de distintos ejercicios litúrgicos y devocionales. Pero hay un mes en particular que merece algunos comentarios.

 ¿POR QUÉ EL MES DE MAYO?
En el calendario litúrgico católico romano, mayo es tradicionalmente el mes de María. En las enciclopedias marianas y en los diccionarios mariológicos la única explicación que se da para la elección de este mes en particular es que mayo es la época del año en que la primavera resplandece, el clima es cálido y los campos empiezan a mostrar la llegada de la creciente cosecha. Como la naturaleza en mayo, por así decirlo, despierta después del invierno, así también la existencia cristiana refleja la revitalización de la vida.  A la Virgen María se la relaciona con la renovación de las cosas y el comienzo de una nueva y fructífera estación.

A finales del siglo XIX, el Día de la Madre empezó a celebrarse en Occidente. Aparentemente, no había ninguna conexión previa con el mes mariano que era una práctica ya bien establecida en la mayoría de las naciones católicas.  El Día de la Madre se inició con el deseo de honrar la memoria de nuestra propia madre. Por supuesto, muchos católicos vieron la aparición del Día de la Madre en mayo como una coincidencia “providencial” para honrar a la Madre  por excelencia , la Virgen María.Los dos significados, el religioso y el laico, están ahora mezclados, dando como resultado un mes cada vez más “católico”.

 ¿QUÉ OCURRE EN EL MES MARIANO?
El mes de María se celebra en una gran variedad de formas. La mariología altamente sofisticada coincide con las prácticas populares, que están profundamente arraigadas en el catolicismo del pueblo. De abajo hacia arriba, los movimientos marianos de base organizan vigilias de plegaria a María a nivel de parroquia, procesiones al aire libre, rosarios y cadenas de oración. La idea es marcar el territorio con la presencia de María. En los santuarios marianos las actividades se convierten en un delirio a causa de las peregrinaciones en grupo. En las homilías incluso se enfatizan más las referencias a las diferentes dimensiones mariológicas y en las librerías católicas se da un interés relevante a los rosarios especiales y a los instrumentos de devoción.

 En mayo, incluso los discursos y las alocuciones papales toman un sesgo más mariano.

Entre el Domingo de Pascua y Pentecostés,  el Papa recita la oración  Regina Coeli  (o sea, “Reina del Cielo”) en lugar del  Angelus  del mediodía en la plaza de S. Pedro . Los peregrinos y los turistas se reúnen para escuchar y rezar con el Papa.

 Regina Coeli  es una antigua oración mariana cuyo texto contiene la mariología católico romana en una cáscara de nuez.

 Reina del Cielo alégrate, aleluya.
 Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya.
 Ha resucitado, según predijo, aleluya. 
 Ruega por nosotros a Dios, aleluya.
 Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya. 
 Porque ha resucitado Dios verdaderamente, aleluya.

 Oremos. Oh Dios que por la resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 En  Regina Coeli  María es la receptora de las oraciones y la intercesora entre la fe y Cristo. Este es el gran énfasis del mes de María. 

 Traducción: Rosa Gubianas

Autores: Leonardo de Chirico
©Protestante Digital 2012

Creative Commons

Juan Stam

Fotografía: Samuel Nieva                                                                    CLADE III- Quito, Ecuador

Conocí al hermano Mitchell cuando lo invitamos, creo que en los años 60, a darnos unas charlas en el viejo Seminario Bíblico Latinoamericano. Nos habló sobre la antropología y la etnología de los pueblos peruanos originarios, los quechuas y los aymaras. Nos explicó los conceptos indígenas del mundo y la geografía, de su ética y sus valores y de su método de enseñanza por medio de historias. Esas charlas fueron un despertar para mí y cambiaron mi manera de pensar en muchos aspectos. Debo mucho a esa breve visita hace años, y ahora tengo el placer de dedicarle a «Bill», con mucho aprecio y agradecimiento, este breve escrito.

***************

La interpretación del día de Pentecostés ha sido muy parcializada. Se ha concentrado casi exclusivamente en la experiencia del don de lenguas, sin dar igual importancia al profundo sermón de Pedro (Hch 2:14-41) y la radical comunidad que nació ese día (2:42-47). De la experiencia pentecostal, se ha concentrado casi exclusivamente en los fenómenos mismos y no en su significado. Y se ha olvidado casi por completo un tema central del relato: la naturaleza multicultural con que nació la iglesia aquel día. Este tema está presente, explícita o implícitamente, en cada uno de los tres momentos del relato.

Los impresionantes fenómenos de Hechos 2:1-13 no eran meros espectáculos, un sensacionalismo sin sentido. En la descripción, cada frase viene cargada de rico sentido bíblico-teológico. Los apóstoles, saturados desde su niñez de las escrituras hebreas, hubieran captado intuitivamente el mensaje que Dios les estaba comunicando. El primer fenómeno, «un ruido como el de una violenta ráfaga de viento» (2:2) , traería recuerdos del relato de la creación de Adán, donde se emplea el mismo sustantivo (pnoê, viento, aliento de vida, Gen 2:7; 7:22) y del viento que había de soplar sobre los huesos secos (Ezq 37:5-10; cf. Jn 20:22). Sugeriría para ellos el nacimiento de la iglesia, por el soplo divino, como cuerpo del segundo Adán. El adjetivo feromenês (arrastrador, de ferô) se usaba para describir un huracán o un torbellino (Isa 17:12; 28:15; 29:6). ¡Sin lugar a dudas el Espíritu viene, hoy como ayer, con toda la fuerza de un huracán!

La siguiente frase es paradójica: ese viento «llenó toda la casa donde estaban sentadas». Un viento puede sacudir una casa, o hasta tumbarla, pero ¿cómo puede un viento «llenar» una casa? La frase alude a una serie de textos sobre la consagración del tabernáculo, (Ex 40:34-25) o el templo (1 R 8:10; 2 Cr 7:1-2 cf. Isa 6:1; del templo escatológico Ezq 10:4; 43:2-5), cuando una nube de gloria «llenó toda la casa». En cambio, en el Pentecostés toda la casa se llenó no de nube sino del viento poderoso del Espíritu. Este detalle, junto con el siguiente, marca a la iglesia como el templo del Espíritu del Señor.

El relato de la dedicación del templo de Salomón en 2 Cron 7:1 yuxtapone los mismos dos elementos del día de Pentecostés: «Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria de Yahvé llenó la casa». De igual manera, al inaugurar los sacrificios del tabernáculo, se manifestó la gloria de Dios y «de la presencia de Yahvé salió un fuego, que consumió el holocausto…» (Lev 9:24). Con fuego del cielo Dios confirmó también el sacrificio de Elías en el monte Carmelo (1 R 18:24,38), y quizá también el de Abel (Gén 4:4). Todo ese trasfondo bíblico enriquece al mismo simbolismo en Hechos 2: el Pentecostés es la solemne consagración del Nuevo Templo. Desde el Pentecostés, el fuego de Dios cae sobre el altar de nuestras vidas.

En este contexto, tan rico con un profundo significado bíblico-teológico para cada detalle, es de esperar que el don de lenguas también sea un mensaje que marque la naturaleza de la naciente iglesia. Podemos estar seguros de que no fue simple exhibicionismo o sensacionalismo (un «show»). Entonces es crucial la pregunta, ¿por que optó Dios por manifestarse precisamente por este don de lenguajes en el día de Pentecostés?

Pedro mismo, en su sermón, explica un aspecto de la lógica teológica del don de lenguas en aquel día: Jesús había prometido enviar el Espíritu después de su resurrección y ascensión. Ahora, afirma Pedro, «exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen» (2:33). Es sencillo y contundente el argumento: sabemos que Jesús ha llegado a la diestra de Dios, porque desde ahí nos ha enviado el Espíritu, como ustedes han visto.

Pero eso no explica todo el fenómeno. ¿Por qué lenguas? ¿No era suficiente el poderoso sermón de Pedro, en que afirma claramente el hecho del don del Espíritu? ¿Por qué no hubiera sido un culto masivo de sanidades o de revelación profética de secretos de los presentes? Si Pedro les predicó en una lengua franca, a lo mejor griego (o arameo), y miles se convirtieron, ¿para qué hizo falta otra modalidad de comunicación verbal anterior?

Aquí es necesaria otra aclaración. En las epístolas paulinas, y en la práctica de glosolalía hoy, se trata normalmente de un hablar extático, en un elevado estado espiritual y síquico, que no corresponde a ningún idioma de ningún pueblo real. En cambio, las lenguas del día de Pentecostés fueron lenguajes humanos existentes. Y tenemos que preguntar, ¿Por qué eso? ¿No hubiera tenido igual efecto un don de lenguas extáticas, sin que fueran los idiomas que hablaban los presentes? Y otra pregunta: ¿Qué sentido tiene la inclusión de una larga lista de pueblos de los presentes (2:9-11)? Si fueran lenguas extáticas, ese recuento geográfico y étnico no tendría nada que ver con el tema.

Creo que tres frases en el relato del Pentecostés nos revelan el significado más profundo, y la razón de ser, de este don pentecostal:

«Cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma» (2:6, dialektos).

«Cada uno de nosotros los oye hablar en su propia lengua en que había nacido» (2:8, idia dialektô hemôn en hê eggenêthêmen).

«todos por igual los oímos proclamar en nuestras lenguas (en tais hemeterais glôssais) las maravillas de Dios» (2:10)

En este pasaje, Lucas emplea dos palabras que significan «idioma». La primera, glôssa, es el término más común para algún idioma humano. Literalmente se refiere a la lengua como órgano físico, pero muy comúnmente significa lenguaje o idioma. Es el origen de la descripción del don de lenguas como «glosolalia». El otro término, dialektos, es un sinónimo generalmente equivalente, pero a veces puede tener un sentido más específico como «el lenguaje de una nación o una región» (Danker, A Greek-English Lexicon, p.232). Ese sentido se subraya por la frase «en que hemos nacido» (2:8), o sea, la lengua materna. . No bastaba escuchar la buena nueva en un idioma extranjero, aunque se lo podía entender; todos tenían que oír «las maravillas de Dios» en los tonos específicos de su propia lengua materna, en que habían nacido.

Esas evidencias no dejan lugar a dudas con respecto al suceso. ¡Los apóstoles, en la plenitud del Espíritu, de repente comenzaban a hablar en los idiomas de todos los presentes, idiomas que ellos mismos no conocían! F.F. Bruce y otros han sugerido que al ir hablando los apóstoles, comenzaban a incorporar frases y oraciones en otros idiomas, pero que los oyentes sí podían reconocer como sus propias lenguas y entender el mensaje («las maravillas de Dios» (2:11). La sugerencia parece convincente.

Entre los judíos el Pentecostés se entendía también como celebración de la comunicación de la ley en el monte Sión. Según una tradición rabínica, «los diez mandamientos se promulgaron con una sola voz, pero dice, ‘todo el pueblo percibió sus voces’ (Ex 20:18), lo cual muestra que cuando la voz emergió, se dividió en siete voces y después en setenta idiomas, y cada pueblo recibió la ley en su propio idioma» (Midr. Tanchuma 26c). El impresionante paralelismo con Hechos 2, incluso la referencia a «unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos», refuerza el sentido multicultural del Pentecostés.

La importancia central de este tema queda todavía más clara cuando tomamos en cuenta el largo registro de naciones en 2:9-10, que interrumpe abrupto al relato narrativo. Si el don de lenguas ese día hubiera sido un simple hablar en éxtasis, sin relación a idiomas existentes, ¿qué posible sentido podría tener esta lista? La única razón de esta lista, aparentemente superflua y un poco aburrida al leer el capítulo, es que Juan quiso subrayar de esa manera, de nuevo, la multiculturalidad del evangelio. La lista simplemente especifica geográficamente lo que significaba «todas las naciones bajo el sol» (2:5). El evangelio respeta todas las lenguas y todas las culturas, para encarnarse auténticamente en ellas.

Ahora nos queda muy clara la razón y el sentido teológico del don de lenguas en el día de Pentecostés. No hubiera bastado escuchar, en un idioma extranjero para todos, el elocuente sermón de Pedro, en alguna lengua franca, aunque lo hubieran entendido bien. Cada pueblo, sin excepción alguna, tiene que escuchar la Palabra de Dios en los acentos más auténticos de su lengua materna, de su propia cultura, de su propia manera de vivir la realidad. Eso tenía que demostrarse desde un puro principio, en el día del nacimiento de la iglesia. La primera acción misionera de la iglesia, antes de predicar el primer sermón, fue dejar a todos escuchar «las maravillas de Dios» con toda la cadencia y la sonoridad, y las resonancias sentimentales, de la lengua materna.

El Pentecostés significa que el evangelio no tiene idioma oficial; ni el hebreo ni el griego (mucho menos el latín ni el inglés) pueden definir las categorías y las configuraciones culturales de nuestra fe. El idioma del evangelio es la lengua materna de cada creyente: cakchiquel, quechua, aymara, la que sea. Es la lengua en que tu madre te cantaba las canciones de cuna y te contaba las primeras historias que escuchaste. Sólo así el evangelio podrá expresarse y vivirse en los acentos auténticos de cada comunidad de fe. En el día del Pentecostés, el evangelio nació con auténtica identidad multicultural en cada sociedad evangelizada y por evangelizarse.

Cuando el evangelio llega a un pueblo, la única cultura a que pertenece debe ser la misma cultura del pueblo que recibe el mensaje. El evangelio puede encarnarse con fidelidad sólo en la auténtica idiosincrasia de cada pueblo. Por eso, ser pentecostal significa ser contextual y autóctono. Imponer algún lenguaje extraño o patrones cultures extranjeros es anti-pentecostal.

Esto significa que la persona maya o quechua, al convertirse al evangelio, no va a dejar de ser maya o quechua sino va a ser más maya o más quechua que nadie. En Cristo, va a descubrir nuevas dimensiones de su identidad étnica, nuevas y mejores formas de expresar la identidad de su cultura, cualquiera que sea. En Cristo la cultura no se destruye sino que se perfecciona. Cuando el mestizo o el indígena americano pierde su cultura al aceptar el evangelio, se está violando la voluntad del Señor y Redentor de todas las culturas. Eso se ve aun más dramáticamente en el lejano oriente, donde el «hindú» de la india pierde hasta el nombre de su cultura (es «hindú», no «indio» aunque es de la India). Los primeros misioneros denunciaban toda la cultura de la India como paganismo, en vez de buscar equivalentes funcionales para las fiestas, las tradiciones y las costumbres que constituían el meollo de la cultura nacional.

Pablo, en sus viajes misioneros, practicó también el principio de la identidad cultural. Frente a los judaizantes, Pablo rechazó el requisito de hacerse judío antes de poder hacerse cristiano para promover una nueva encarnación del evangelio en términos netamente gentiles (cf. 1 Cor 9:20-15). Después, cuando el Espíritu Santo le prohibió ir a Bitinia y le llamó a entrar al continente europeo (Hch 16:6-10), hacia el centro estratégico del mundo mediterráneo, comenzó un largo proceso de nuevas expresiones de la fe de acuerdo con las diferentes culturas de los que abrazaron el evangelio. Con el tiempo, el evangelio se contextualizó profundamente como un evangelio europeo, y después norteamericano, imponiendo lo euro-atlántico encima del mensaje original del evangelio. Un ejemplo de eso es la manera de hacer teología, muy racionalista pero totalmente ajeno al pensamiento de un aymara del Perú o de cualquier persona de la China o la India. La ortodoxia occidental nor-atlántica se identifica con el evangelio mismo y se pretende imponerla sobre los convertidos de otras culturas.

Esto ha producido una situación doblemente anti-cultural en muchos países. Tomemos a modo de ejemplo a Guatemala. Un misionero europeo o norteamericano llega a la capital con el evangelio (y gracias a Dios por ese tesoro), pero junto con el evangelio trae muchos kilos de «equipaje» agregado, ajeno a la cultura «chapina» y hasta contradictorio a ella. Se forma una sub-cultura europeizada o norteamericanizada, que ya no habla con los acentos del pueblo, como hablaban los apóstoles en el día de Pentecostés. Es una isla dentro de la cultura guatemalteca, una especie de quiste, que ya no es ni auténticamente guatemalteca ni auténticamente evangélica.

Después el mismo misionero norteamericano, o un hermano «ladino» de la capital, con su evangelio desnaturalizado, norteamericanizado y «ladinizado», llega a Chimaltenango, centro vital de la cultural cakchiquel, para evangelizar a los indígenas que no son «ladinos». Resulta entonces una misión doblemente alienante. Tal situación no puede ser la voluntad de Dios ni es la misión de la iglesia. En el caso de los cakchiqueles, a Dios gracias, ellos han rechazado esta doble imposición cultural y están luchando por encarnar el mensaje bíblico en los auténticos términos de su propio pueblo indígena.

Conclusión: Podemos afirmar para concluir que el Apocalipsis da una última expresión del mensaje bíblico de la multiculturalidad del evangelio. Llama la atención la mucha importancia que este libro dedica a la gran variedad de culturas y etnias en toda la tierra. Cristo, el Señor del universo y de todas las naciones (12:5; 15:4), nos «ha redimido con su sangre de todo linaje y lengua y pueblo y nación» (5:9). La multitud de los redimidos será de «todas las naciones, tribus, pueblos, lenguas» (7:9). Cuando la vocación profética de Juan se renueva, entre la sexta y la séptima trompetas, se le ordena profetizar otra vez sobre «muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes» (10.11). Según 14:6 un ángel predica «el evangelio eterno a…toda nación, tribu, lengua y pueblo».

La importancia que Juan da a esta fórmula puede verse como índice del significado de las realidades étnicas, sociales y lingüísticas para él. Más allá de un simple concepto abstracto de «universal», estas expresiones señalan la preservación escatalógica de las diversidades que marcan nuestra historia; Juan parece concebir «la vida perdurable» como caracterizada por las mismas identidades culturales de ahora. Al final del capítulo 21 Juan afirma que «las naciones andarán a la luz de ella [la nueva Jerusalén]; y los reyes de la tierra traerán su gloria y riqueza a ella…Y llevarán la gloria y la riqueza de las naciones a ella» (21:24,26). La mención de «naciones» y «reyes» en 21:24,26 parece indicar que Juan no está pensando simplemente en «los gentiles», como conglomerado abstracto, sino en entidades que son de alguna naturaleza socio-políticas. La nacionalidad no es algún agregado accidental al ser humano, para ser superada y dejada atrás en la vida eterna, sino pertenece a cada uno esencial y eternamente.

El mensaje del Pentecostés, como el de Pablo y del Apocalipsis, afirma con vigor el valor de las culturas humanas. Esta multiculturalidad se anunció ya en el día de Pentecostés por medio del don de lenguas. Por eso, irrespetar a otras culturas, querer imponer nuestra cultura sobre otras, e identificar el evangelio con una sola cultura, es profundamente anti-pentecostal. El evangelio de nuestro Señor y Salvador, el «Logos» del universo entero, florece en cada cultura según los valores y la hermosura de ella. En el jardín de Dios, se cultiva cada flor según su propia belleza cuando encarna al evangelio en su propia cultura.

NOTAS:

La traducción de esta frase por RVR, «un viento recio que soplaba», es tanto inexacto como curioso. ¿Cómo sería un viento que no soplara?
Algunos afirman que fue el estruendo, y no el viento, que llenó la casa. La gramática y el simbolismo, como también los antecedentes bíblicos, indican que el viento es el sujeto del verbo.
A diferencia de esa nube de gloria, en Ap 15:8, antes de derramarse las copas de ira, el templo se llena de humo.
En seguida el texto relato que cuando Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, «ofrecieron ante Yahvé un fuego que no tenían por qué ofrecer», salió de la presencia de Yahvé un fuego que los consumió» (Lev 10:1-3). En Num 3:4 y 26:61 se describe como «fuego profano» o «fuego extraño».
Algunos han argumentado que el único milagro fuera un milagro de escuchar, de cada receptor en su propio idioma, en vez de un milagro de hablar, de parte de los apóstoles, pero el argumento carece de bases sólidas. Es probable que Pablo se refería a las dos modalidades del don de lenguas con su frase, «lenguas humanas y angelicales» (1 Cor 13.1).
Algunos autores han sugerido que en los largos años entre su conversión y su primer viaje misionero, Pablo se dedicó a asimilar la cultura de los gentiles, a los que iba a dedicar su vida como misionero. Antes de convertir a los gentiles, él mismo se convirtió a la cultura greco-romana. Eso puede verse en las referencias a la literatura griega que cita Pablo, en la nomenclatura que introduce para las congregaciones y los líderes (ekklêsia, episkopos), en el lenguaje que a veces usa («adopción» en sentido romano; «jugar el todo por el todo» paraboleúomai Fil 2.30) y en sus referencias a los deportes helenísticos (1 Cor 9:24-27). Siendo judío, aprendió a pensar y actuar como gentil para llevar las buenas nuevas a los gentiles. ¡Hasta se hizo fanático de los deportes!
Aquí me refiero a la iglesia guatemalteca como simple ejemplo, no como juicio a una iglesia que merece mi mayor respeto.