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 Juan Stam

¡El cielo será una fiesta!

 

Parecen convincentes los indicios de que en el trasfondo de Apocalipsis 7:9-17 está la gran fiesta de las enramadas. Del cuarto evangelio (Jn 7-8) es evidente también que Jesús apelaba a esta fiesta para revelar su persona y su misión. La importancia de esta fiesta, y su impacto en la mentalidad de los judíos, eran muy grandes. Era una fiesta tan santa como alegre, mostrándonos que piedad y seriedad no son sinónimos, sino que santidad y alegría son gemelas que siempre andan juntas. La consigna era: «te alegrarás delante de Yahvé tu Dios…y estarás verdaderamente alegre» (Dt 16:11,14-5; cf. 12:7,12,18; Lv 23:40; Neh 8:12).[1]

 

La fiesta de enramadas fue una semana entera de alegría desbordante. Ya hemos citado las palabras de la Michná: «Quien no ha visto la alegría de esta fiesta, nunca ha visto alegría en su vida».[2] Esta fiesta era la definición misma de la alegría, y por eso muy idónea para representar la «plenitud de gozo» que llena la presencia del Señor (Sal 16:11 RVR). Para visualizar un poco la felicidad de la vida eterna, ¡pongámonos a recordar las fiestas más alegres de nuestros propios pueblos!

 

Varios aspectos de la alegría especial de esta fiesta merecen destacarse. Junto con la morada en enramadas durante una semana y la procesión diaria del agua, ambas ya descritas, era popularísimo el rito de la iluminación, un verdadero «festival de luz». Cada noche de la fiesta[3] se prendían cuatro candeleros enormes en el atrio de la mujeres. Las mechas, formadas de las viejas vestimentas sacerdotales, estaban inmersas en aceite y cuatro jovenes levitas subían por escaleras a prenderlas. Era tan fuerte la iluminación que «no había ningún patio en toda la ciudad que no reflejara la luz» que emanaba del templo (Michná sukkah 5.3: Bruce 1983:206; Brown 1966 I:343)

 

El pueblo se congregaba en el atrio de las mujeres — ¡y a bailar se ha dicho! Acompañados por una orquesta levita de flautas, laúdes y címbalos (Moore 1971 II:47), todos cantaban y danzaban hasta el amanecer, siete días seguidos. Coquetas doncellas buscaban cautivar a los muchachos[4] y piadosos varones ejecutaban sus danzas de antorcha (Moore 1971 II:46; IDB I:456).[5] Todo era alegría, chistes iban y venían, la confraternidad reinaba. ¡Israel daba una lección al mundo de lo que es una fiesta![6] ¡Y así también será la vida eterna!

 

Además, parece que comían bien durante esta fiesta, que celebraba el final de la cosecha agrícola. De todo el año, ésta era la fiesta con mayor número de animales sacrificados (Nm 29:12-39). Se sacrificaba un promedio de 27 animales por día, y un total de 70 becerros en la semana, aparte de todos los sacrificios privados. La mayor parte de esa carne se comía, o por los sacerdotes o por las familias del pueblo (1 Sm 1:4-5,8-9,13; cf. Neh 8:12).[7] ¡Es fácil imaginar el olor a parrillada que cubría toda la ciudad!

 

Apocalipsis 7:9-17 nos enseña, y todos lo sabemos, que el cielo será un culto (9:10,12,15), pero nos enseña también otra verdad importante — ¡el cielo será una tremenda fiesta!

 

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La fiesta de tabernáculos nos llama

a un estilo de vida más sencillo

y  solidario

 

Para captar mejor la vivencia de la fiesta de las chozas, imaginémonos que se realizara hoy entre nosotros y todas las familias pasaran a los patios de sus casas a vivir siete días en unas enramadas. Imagínese Buenos Aires: los bancos y mercados cerrados, los «mall» abandonados, las mismas casas (unas mansiones, otras chozas muy pobres) desocupadas, todo el mundo al patio para una semana de “camping” al aire libre, cocinando con leña. ¿Cómo sería eso en Río de Janeiro o ciudad de México? Nos costaría acostumbrarnos; probablemente a muchos se les daría un infarto o un severo ataque de nervios.

 

Para muchas personas, su casa lujosa es el sueño de su vida y la diosa de su devoción. ¡Cuánto bien nos haría pasar una semana cada año en el patio! Como el día de descanso significaba (y significa) libertad ante las demandas del trabajo, esta fiesta significa una liberación del dominio de la casa y de los bienes materiales. Nos recuerda que nuestras casas no son más que «enramadas» en nuestro camino hacia «una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas» (2 Co 5:2). Si somos peregrinos, debemos desprendernos de nuestros bienes, desmitologizar la idolatría materialista que permea nuestra cultura, compartir gozosos con los que tienen menos, y hacer de nuestra vida un proyecto de mayordomía sacrificial y alegre.

 

Esta fiesta nos recuerda que no sólo por ser lujosa una casa es bonita, ni por ser humilde es fea. Zorilla (1981:31) se atreve a hablar de «la magnificencia de las chozas» (!), porque en ellas moraba Dios con su pueblo y sobre ellas estaba la Chekiná divina. En cuantas mansiones está ausente Dios, y ausente todo lo que embellece la vida, mientras la choza más humilde puede resplandecer con gloria divina.

 

En la fiesta todos eran iguales por una semana. El rico no podía decir esa semana, «mi enramada es mejor que la tuya»; ningún pobre tendría que sentir vergüenza de vivir en una choza. El ideal divino, «que haya igualdad» (2 Co 8:13-14; Hch 2:44-45; 4:32-34), se cumple a lo menos por una semana. Y en eso, se anticipa la Nueva Jerusalén, cuyas riquezas son de todos por igual.[8]

 

Zorilla (1981:32) destaca que de todas las fiestas de Israel, ésta fue la más participativa. Sus procesiones, cantos y danzas estaban abiertas a niños, mujeres, esclavos y extranjeros.[9] Realmente, esta hermosa tradición judía nos convoca hoy a una auténtica solidaridad y un estilo más sencillo de vida.

 

 


[1]) Aquí debemos recordar que el NT describe la vida eterna también como una muy alegre fiesta de bodas y un banquete escatológico.

[2]) Michná M.Middoth 5.1; 4.9; citado en de Vaux 1985:623 y Zorrilla 1981:54.

[3]) Algunos autores sostienen que fue sólo la primera noche, pero otros, con mayor probabilidad, que eran las siete noches de la fiesta (Zorilla 1981:53; IDB I:456; Lindars 1995:297,315).

[4]) Ya hemos citado el texto de la Michná (Taanit 4.8) del baile de las doncellas y su cántico, «Muchacho, levanta los ojos y mira a la que vas a escoger». Cf. Moore 1927 II:61. No sorprende que algunos autores paganos confundían esta fiesta con algo parecido al culto a Dionisio (Plut Quaest conviv 4.6.2; Bonnard 1976:453). Según Rylaarsdam (IDB I:456) era «una ocasión de gran regocijo con ciertas características de carnaval».

[5]) Moore (1927 II:46) menciona que Rabban Simeón ben Gamaliel podía danzar con ocho antorchas encendidas, sin que ninguna tocara el suelo.

[6]) De las escrituras queda evidente que Israel era un pueblo muy festivo. Para Israel «no se puede dar el templo sin la fiesta, ni ésta sin el templo lleno de la gloria de Yavé» (Zorilla 1981:42).b

[7]) Rylaarsdam señala que los judíos no comían mucha carne, excepto en celebraciones religiosas (IDB II:261). El comer carne en las fiestas sería entonces una alegría muy especial.

[8]) Ap 21:17-21 (!las riquezas socializadas!), 24-26. La literatura apocalíptica insiste mucho que no habrá ni ricos ni pobres en el reino de Dios. Bonnard (1976:453) señala, acertadamente, que «la vinculación de la escatología judía al culto y a las fiestas oficiales del pueblo ha impedido siempre que las ideas escatológicas tomen un carácter completamente abstracto o individualista».

[9]) Los gentiles, por supuesto, no podían pasar más allá del patio que les correspondía.


Carlos Scott

Nuestra vocación: semejantes a Jesús

 Designó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar y ejercer autoridad para expulsar demonios ” Mr. 3:14-15

 

 Jesús ejemplificó lo que es el discipulado cristiano. Marcos registra el primer elemento en esta preparación: Jesús, tomando la iniciativa, llamó a sus discípulos para que «estuviesen con él»  (Mr. 3:14 R-V).

Aquí se encuentra la característica básica de su modelo de discipulado: la relación interpersonal entre el maestro y su discípulo.  Compartía con sus discípulos no sólo sus ideas, sino también su persona, su carácter, su ser mismo . Revelaba su ternura, su preocupación por la gente, su identificación con los que sufren. Un mensaje de arrepentimiento, perdón y restauración: las buenas noticias, el evangelio (Mr. 1:14-15).

«Todo el que está bien formado será como su maestro» (Lc. 6:40 BJ). La meta del seguimiento de Jesús es ser como él. Compartir la vida con Jesús y acompañarle por todas partes apuntaban a la transformación del discípulo: la transformación de su carácter, sus valores, sus prioridades en la vida, su acercamiento a la gente.

Los nombró «apóstoles» (Mr. 3.14), personas enviadas para cumplir sus instrucciones, ser sus testigos y ser sus misioneros. Marcos resume las palabras de Jesús en pocas palabras: «…y para enviarlos…» (3.14). Ser «pescadores de hombres» (Mr. 1:17) ilustra bien la obra de Jesús acerca de involucrar a sus seguidores. El tiempo de aprendizaje en contacto íntimo con Jesús, por importante que fuera, no podía ser un fin en sí. «Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes» (Jn. 20.21). «Salieron y exhortaban a la gente a que se arrepintiera», expulsando demonios y sanando enfermos (Mr. 6:12-13). La misión que inició Jesús apela a la persona entera y se dirige a resolver necesidades en todas las áreas de su vida: su relación con Dios, su estado espiritual y psíquico, su bienestar físico. ”

 ¿QUE IMPLICA ESTE LLAMAMIENTO?
 El llamado es una invitación y lo nuestro debe ser una respuesta . Somos llamados a ser discípulos de Jesucristo, Mateo 11: 28-30, Efesios 4: 1-3.

•  1- Es un proceso que dura toda la vida , comienza, continua y no tiene fin. No dice: ¡ya llegue! Dura toda la vida y nadie puede decir ya me gradué.

•  2- Es un modo de vida . Un modo de pensar distinto. Es la mente de Cristo en contraposición con la mente del mundo secular sin Dios.

•  3- Es la calidad de la relación . Jesús y yo, con nosotros mismos y la relación con otros seres humanos.

•  4- Es la profundidad de la entrega y el compromiso bien pensado . Es profundo, no superficial. Afecta todo nuestro ser y distingue quien es discípulo de aquel que no lo es.

“Todos pueden entrar en la profundidad de este compromiso. No se necesita tener un título de grado, ser sabio, intelectual, culto, profesional, pastor o misionero. No hace diferencia entre pobres y ricos, joven o adulto, el que tiene mucha educación y el que no la tiene. Es una invitación abierta para todos y no excluye a nadie. Nunca se llega a ser demasiado viejo para comenzar el proceso. Dios sea alabado por todo esto.”

 Son pocos los que comienzan este proceso. Es una demanda grande. Es pensar diferente a la sociedad secular. Es el llamado a ver las cosas de una manera diferente; a la manera de Jesús . El Rey de Reyes y Señor de Señores se acerca y se abre hacia nosotros. Nos dice “yo te amo como un estudiante”, “ven y yo te voy a formar”, nos capacita y ser discípulo es el único requerimiento o respuesta. Cualquier persona en cualquier lugar puede entrar en la profundidad de este compromiso. Jesús nos invita a estar con él, andar con él y aprender de él. Es un requerimiento que debe durar toda la vida.

 El discipulado no es un medio para un fin. Es el objetivo final . Se basa en estar respondiendo cada día. Muchos son llamados, se hacen “cristianos” pero pocos califican como discípulos. Muchos comienzan y pocos siguen. Muchos responden pero son pocos los que aceptan las condiciones y experimentan poder. Un discípulo es una persona que da respuesta a ese llamado siguiendo a su maestro (Mateo 11:28). Es saber que hay futuro. Ser discípulo es confiar en Dios en toda situación por las perspectivas del futuro. Las cosas dependen de Él y no de nosotros. Un discípulo es alguien que conoce su identidad; nuestra historia puede cambiar.

 ¿Cuáles son algunas características de este discipulado?:

•  1-   Es alguien que acepta las condiciones o “el yugo” . “Carguen con mi yugo” (Mateo 11:29). El yugo implica estar unido a otro. La idea que se describe es aceptar “las condiciones”. No es una tontería. La tontería es rechazar las condiciones.

•  2-   Es alguien que aprende.  “Aprendan de mí”, dice el Señor (Mateo 11:29). Es alguien que se somete a la enseñanza. En este aprendizaje el Señor nos enseña las cualidades o el modelo a seguir (Filipenses 2:5-8):
– Él fue un siervo por lo tanto me transformó en siervo. Es “servir” a otros hombres pero no dominarlos y controlarlos.
– Es tener unanimidad con los planes del Padre y que Dios sea exaltado en “todo”. Es vaciarse de uno mismo para estar presente ante otros. Rebajarnos, humillarnos, ser obedientes.
– Es alguien que sale buscando a la gente. Llama a otros para que conozcan al Señor.

•  3-   Es alguien que reacciona como Él . Ser mansos y humildes. “Yo soy apacible y humilde de corazón” (Mateo 11:29). No siempre lo somos.

•  4- Es alguien que experimenta poder . “Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (Mateo 11:30). Cuando me doblego ante el maestro las condiciones se transforman en suaves y la carga es liviana. Somos llamados a experimentar el poder sobrenatural de Dios en nuestras vidas.

 Preguntas para la reflexión:
¿Qué entiendo por vocación y ocupación? ¿Qué es ser discípulo?
¿Cuál es nuestra respuesta a la voluntad del Padre?
¿Cómo esta nuestra relación con Jesucristo y la comunidad del reino de Dios?
¿Cómo es nuestro seguimiento?
¿Seguidores de quién?

Autores: Carlos Scott
©Protestante Digital 2012

Creative Commons

Por : Juan Stam

Fotografía: Samuel Nieva

Las verdades más grandes sólo se pueden expresar cantando

(Apoc 11:15-19)

¡Sorprendidos por música![1] En este libro lleno de sorpresas, llegamos ahora a una de las más grandes. A como venían las trompetas (8:6-9:21), era de esperar que la séptima fuera la peor de las catástrofes.[2] Las trompetas eran azotes indescriptibles, seguidos por el agridulce mandato profético a Juan (10:11) y la violenta historia de los dos testigos (11:3-13).[3] Sigue un aviso ominoso: en seguida, pronto, viene el tercer ¡ay!  Entonces suena la trompeta …y esuchamos un alegre grito de victoria y un cántico jubiloso al Señor.

La última vez que habíamos escuchado música era el cántico nuevo del coro unido de vivientes y ancianos (5:9-13), complementado después por las aclamaciones orales de la multitud redimida juntamente con los ángeles y los ancianos y los series vivientes (7:10,12). De hecho, ninguno de los sellos (ni el séptimo) ni de las trompetas traía música; eran de lucha y juicio, no de celebración ni adoración.[4] Pero aquí, con la séptima trompeta, es como si el universo volviera a encontrar su voz y su melodía para alabar al Señor.

Para vivir este pasaje, que ha inspirado grandes composiciones musicales, hay que entrar “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor” (Col 3:16 RVR; Sal 100:1-5). Este himno antifonal se entenderá mejor con el trasfondo de las notas del “Mesías” de Haendel, mientras el corazón está cantando,

A tí la gloria, ¡Oh nuestro Señor!

A ti la victoria, Gran libertador…

Gozo, alegría, reinen por doquier,

Porque Cristo hoy día

Muestra su poder…,

y escuchando los triunfantes acordes del Padre Nuestro,

Porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria,

por los siglos de los siglos. ¡Amén!

El bloque textual que concluye con esta celebración celestial comenzó también con un culto en el cielo (Ap 4-5; 7:9-12).[5] Así forma una inclusio que encierra los sellos y las trompetas. con toda su tragedia, entre dos grandes actos litúrgicos.A la vez, la adoración de la séptima trompeta introduce el resto del libro hasta la consumación final del reino de Dios. Ewing (1990:118) describe la teología litúrgica del Apocalipsis como escatología realizada y señala que en este libro el reino se realiza primero en himnos (5:10; 11:15) y después en narración. En su celebración, hoy también la comunidad experimenta la presencia del reino y anticipa su triunfo final.

Podemos sugerir otra inclusio, ahora entre el primer sello (6:1-2, jinete del caballo blanco) y la séptima trompeta. Debemos recordar que los sellos y las trompetas constituyen juntos un ciclo unificado, en que el séptimo sello consiste precisamente en las siete trompetas. Por eso la séptima trompeta es el gran “finale” no sólo de las trompetas sino también del septenario de los sellos. El jinete del caballo blanco recibe una corona al salir al redondel, y va “venciendo y para vencer”. Siguen sellos espantosos (muy diferentes al primer sello), una media hora de oración, y seis trompetas también espantosas. Pero inesperadamente la séptima trompeta vuelve al tema básico del primer sello: la victoria de la Palabra de Dios, del evangelio y del Reino de Señor. El Cordero, que fue inmolado, vence para siempre. Nuestro Señor reinará por los siglos de los signos. En la estructura de este par interconectado de septenarios, Cristo es Alfa y Omega, el principio y el fin.

El grito de victoria desde el cielo (11:15). Apenas terminan los ecos del séptimo trompetazo, y Juan oye fuertes voces desde el cielo. Puesto que Juan no las identifica, tampoco debemos nosotros tratar de determinar de quiénes procedía tal vocerío. La expresión “gran voz” se usa frecuentemente en el Apocalipsis[6], pero sólo aquí aparece en plural (11:15, “fuertes voces”, fônai megalai). El plural podría sugerir que la voz emanaba de todo el conjunto de la corte celestial (vivientes, ancianos, multitud de ángeles, santos redimidos) que unen su voz en esta triunfante aclamación (Bonsirven 1966:206).[7]  La frase parece tener también fuerza aumentativa: la forma irregular (plural) llama la atención para destacar la trascendencia y la gloria de su proclama. Como bien comenta Walvoord (1966:183-184), lo que antes había sido “una voz” solitaria ahora se hace “una gran sinfonía de voces que cantan el triundo de Cristo” (cf. Carballosa 1997:217).

Pablo Richards (1994:119) observa que mientras las demás trompetas son plagas, esta séptima trompeta se contruye alrededor de la palabra. En todo el pasaje se destaca “la voz”. No por nada el poderoso ángel habló del “día de la voz del séptimo ángel” (10:7 Gr).

La séptima trompeta es una antífona que se compone de un dístico que declama el cielo entero (11:15), un himno eucarístico de doce renglones por los veinticuatro canciones (11:16-18), y una visión final (11:19). Las voces celestiales abren la celebración con un grito de triunfo: el reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo (11:15, egeneto hê basileia tou kosmou tou kuriou hêmôn kai tou jristou autou; cf. 12:10-12 arti egeneto…hê basileia tou theou hêmôn kai exousia tou jristou autou; 7:10; 19:1-2, 6-8). El verbo egeneto es aoristo (pasado) y probablemente significa “llegó a ser, devino”, similar a su sentido en Jn 1:14 (LouwN 13:48). Es posible suplir de nuevo el sustantivo “reino” (“el reino ha llegado a ser reino de nuestro Dios”) o entender el verbo egeneto con el genitivo como “el reino ha venido a pertenecer a nuestro Señor” (Danker 196; ArndtG 158).[8] La afirmación gana más fuerza enfática por la posición inicial del verbo egeneto en la oración (Aune 1998:638). ¡Aquí se describe el acontecimiento culmimante de todos los siglos (Ap 10:6-7)!

El lenguaje del reino de Dios no es muy característico del Apocalipsis. El sustantivo basileia tou theou ocurre sólo aquí y en 12:10 (pero cf. 1:6,9; 5:10 Gr); el verbo basileuô (“reinar”), con Dios como sujeto, aparece sólo en 11:15,17 y 19:6 (cf. 5:10; 20:4,6; 22:5) . Este lenguaje ocurre siempre en cánticos litúrgicos: después de la séptima trompeta (11:15), de la derrota del dragón (12:10-12), y de la caída de Babilonia (19:1-10; Richard 1994:119). La iglesia, en su culto y alabanza, celebra desde ahora la victoria del reino.

En todo el Nuevo Testamento la frase “el reino de este mundo” ocurre otra vez sólo en Mateo 4:8-9, pero en plural, cuando el diablo ofrece a Jesús “todos los reinos del mundo y su esplendor” a cambio de un solo acto de adoración. El plural en Mateo se refiere a la diversidad de reinos humanos, cada uno con su gobernante, pero todos sujetos a Satanás; el singular en Apocalipisis apunta a ese reino unificado satánico, dentro de y encima de todos los reinos específicos, que un día habrá de convertirse en el reino unificado del Señor (Aune 1998:638; Ladd 1978:142; Morris 1977:180).[9]

La palabra kosmos aparece unas 185 veces en el Nuevo Testamento, especialmente en el cuarto evangelio (86 veces) y las epístolas juaninas (24 veces), pero sólo tres veces en todo el Apocalipsis (11:15; 13:8 y 17:8 en la fórmula “antes de la fundación del mundo”). Es probable que kosmos aquí se refiere al mundo humano opuesto al reino de Dios (Aune 1998:638; Kittel III:886). Una expresión paralela es “las naciones del mundo” (ta ethnê tou kosmou, Lc 12:30; “el mundo pagano” NVI), bajo el dominio del “dios de este mundo” (2 Co 4:4; Ef 2:2; 6:12; 1 Jn 5:19).

Esta proclamación anuncia a gritos el cumplimiento de una gran esperanza secular de Israel y de la iglesia, que parte básicamente de la promesa a David de un reino universal y eterno (2 Sm 7:13-16; cf. Is 9:6-7; Dn 2:44; PssSal 17:4). La frase “reino de Yahvé” ocurre pocas veces en el Antiguo Testamento (1 Cr 28:5 Hebr, “trono del reino de Yahvé”; 2 Cr 13:8; también con pronombres, “mi reino” 1 Cr 17:14 o “tu reino” 1 Cr 29:11). Mucho más frecuente es el uso verbal del “reinar” de Dios: “El Señor reina por siempre y para siempre” (Ex 15:18, cántico de Moisés, citado en Apocalipsis 15:3-4). Especialmente importantes son los Salmos llamados “de coronación” (Sal 2,47,93,96-99), a veces apuntando hacia un futuro reino universal (22:27-31; 86:8-10; 145:1,11-13).

El libro de Daniel, a que el Apocalipsis alude constantemente y acaba de citar con una frase textual (11:7), da el trasfondo básico para la esperanza del reino. En su interpretación del sueño de Nabucodonozar, dice Daniel que después del colapso de los imperios de este mundo (la gran estatua), “el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido ni entregado a otro pueblo, sino que permanecerá para siempre” (Dn 2:44; cf. 4:34). “Su reino es un reino eterno”, declara Nabucodonozor en una de sus proclamas (4:3), y lo repite al final del relato de su locura (6:26). El tema del reino eterno es el clímax de la visión de las cuatro bestias, a que ya Juan aludió en 11:7 y que subyace gran parte del resto de su libro: Dios entregará a los santos “la majestad y el poder y la grandeza de los reinos. Su reino será un reino eterno…” (7:27; cf. 7:14,22). Ese es el reino cuya llegada anuncia la voz de la séptima trompeta.

El libro de Isaías también da mucho énfasis a esta esperanza. Young identifica cuatro “oráculos sobre el rey que viene” (7:14; 9:6-7; 11:1-9; 32:1-8; NCB 437). Dios promete un “Príncipe de Paz” encargado del gobierno de un reino eterno (9:6). Juzgará con justicia (11:3-5; 32:1) y en lugar de la violencia, la tierra se llenará del conocimiento de Dios (11:8-9) en el “reino apacible” de una nuva creación  (65:17; Ap 21:1). Y Dios reinará “hasta tierras muy lejanas” (33:17,22; 52:7; Abd 21; Miq 4:7; Zac 14:9,16-17). Otros pasajes anuncian que todas las naciones se someterán a Yahvé (45:23-25; 52:13-15) y vendrá hasta Jerusalén para adorarle (2:2-4; 66:22-23).

Es evidente de los evangelios sinópticos que el reino de Dios fue tema central de la vida, enseñanza y ministerio de Jesús. El ángel Gabriel anunció a María que su hijo “reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin” (Lc 1:32-33). Los cánticos lucanos (1:46-55, 67-79; 2:29-31), que nos revelan el estado de expectación al nacer Jesús, giran alrededor del mismo tema sin usar la terminología del reino. Juan el Bautista anunció la cercanía del esperado reino (Mt 3:2; cf. 4:17; Mr 1:15) y Jesús andaba predicando “el evangelio del reino” (Mt 4:23; 935; Mr 1:14; Lc 4:43). A sus discípulos los exhortó a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt 6:33) y a orar para que venga ese reino y que se haga su voluntad en la tierra (6:10). Esa petición, que bien puede haber sido también la de los mártires (Ap 6:9-11; cf. 8:1-4), es la que recibe su respuesta con la séptima trompeta.

Es necesario preguntar en qué sentido el reino de Dios “llega a ser” con esta proclama. Dios comenzó su reinado en el mundo cuando creó todo e impuso orden sobre el caos y la nada (Sal 93:104; Caird 1966:141). Dios siempre ha sido también el Señor de la historia.[10] Pero entró el pecado y sujetó la creación y la historia al desorden que desafiaba la soberanía del Creador. Al venir Jesucristo para redimirnos del pecado, con él vino el esperado reino de Dios (Mt 12:28; Lc 11:20). Pero vino bajo un “ya” y un “todavía no”. El reino ya vino, y de él somos luz, sal, semilla, y levadura. Pero todavía falta que el reino se realize en su plenitud, en el fin de los tiempos (1Co 15:24-28).

Entre el “ya” del reino que vino y el “todavía no” del reino que vendrá, en el presente tiempo ese reino sigue coexistiendo conflictivamente con el imperio de la maldad. El presente mundo está bajo el poder usurpado del diablo (Mt 4:8-9), “el príncipe de este mundo” (Jn 14:30). Ese espíritu maligno ahora gobierna las tinieblas de este mundo (Ef 2:2; 6:12). En la figura de Caird (1966:141), Cristo es el soberano de jure del mundo pero su reino de facto está disputado por el enemigo. El anuncio de la séptima trompeta anticipa la inauguración de la plena autoridad de facto del Cordero que ha vencido, cuando todos sus enemigos serán juzgados y el reinará supremo sin rival alguno (Aune 1988:647). Lo absolutamente seguro de su reino se subraya por el tiempo aoristo del verbo egéneto, para expresar un hecho tan asegurado que se puede describir como si fuera ya realizado.

Las verdades más grandes

sólo se pueden expresar cantando

Impresiona mucho la musicalidad del libro del Apocalipsis. A cada paso, y especialmente en sus pasajes de clímax, el libro se vuelve lírico y se pone a cantar. Son frecuentes los instrumentos musicales, sobre todo trompetas y arpas. En la liturgia de apertura, los cuatro seres vivientes se unen con los veinticuatro ancianos, todos con sus arpas, para dedicar su cántico nuevo al Cordero de Dios (5:8-10). Algunos pasajes, aunque no usan el verbo “cantar” (adô) o el sustantivo “cántico” (ôdên), son tan métricos y melodiosos que lo más natural es leerlos como cantados (11:15-18; 12:10-12). En 14:1-5 escuchamos un coro de 144,000 voces, “como arpistas que tocaban sus arpas”, cantando el cántico nuevo (14:2-3). En seguida suena un dúo vocal, de Moisés y del Cordero (15:3-4). Y para dar un ejemplo más, en capítulo 18 la caída de Babilonia se celebra con canciones de protesta (18:9-19; Stam 1978:367-371). Es el cántico que inspira y anima al pueblo de Dios en su larga lucha.

Antes de volverse una disciplina analítica y a veces seca, la teología nació cantando. Muchos pasajes clásicos de la teología sistemática nacieron como himnos que cantaba la comunidad (Fil 2:5-11; Col 1:15-20). Los primeros credos suelen mostrar una estructura métrica e hímnica (Ro 10:9-10; Col 3:16; 1 Tm 3:16; Tit 3:4-7).[11] El ser humano, que al ser creado recibió el soplo divino, fue hecho para adorar a Dios con todo su ser y proclamar su grandeza. La tarea del teólogo es la de articular para la comunidad las armonías y las melodías de la fe.

Por eso, ¡no hay mejor entrada al sentir y al sentido de este pasaje, que escuchar con el oído interior el “Aleluya” del Mesías de Jorge Frederico Haendel!


[1] ) Con toda razón afirma Newport (1989:216), “Apocalipsis es el libro musical del Nuevo Testamento” (cf. 14:2-3; 15:2-4). Sobre el culto y los himnos en el Apocalipsis pueden consultarse Stam (1998A:100-108); Pringent (1978:48-51); Thompson (1990:52-73); y Aune (1997:314-317).

[2] ) Algo parecido ocurrió con el séptimo sello que, después de unos desastres muy serios (6:3-17), presenta sorpresivamente una media hora de silencio y la presentación solemne de nuestras oraciones. Pero el trasfondo de la séptima trompeta es mucho más desastroso y el contraste con 11:15 mucho más dramático. Mientras el séptimo sello es una media hora de silencio (8:1), fuertes voces dominan el relato de la séptima trompeta (11:15).

[3] ) Metzger (1993:71) describe la séptima trompeta como “una irrupción de júbilo en el cielo”, totalmente diferente a las demás trompetas.

[4] ) Estríctamente la adoración del capítulo siete no era parte del sexto sello sino del interludio entre el sexto y el séptimo.

[5] ) Debe destacarse también que en el punto central está una liturgia de intercesión (8:1-4).

[6] ) Para “los gritos del Apocalipsis” puede notarse la frase fônê megalê 1:10; 6:10; 7:2,10; 8:13; 11:12,15; 12:10; 14:7,9,15,18; 16:1,17; 19:1,17; 21:3; cf. 18:2 isjura fônê,  y “voz de trueno”, “voz de trompeta’, “voz de muchas aguas”, “voces como el rumor de una inmensa multitud”. A veces parece significar “en voz alta” pero su sentido suele ser más fuerte, como capta la traducción NVI: “un gran clamor” 12:10; “un tremendo bullicio” 19:1.

[7] ) El sentido se capta bien por la paráfrasis de Cerfaux-Cambier (1966:120), “un coro potente”, o de Peterson, “un crescendo de voces” (The Message, NavPress, Colorado Springs, 1993, p.528).

[8] ) Thompson (1998:128) opina que egéneto aquí significa “la transición de una condición a otra”. En cambio, Rowland (1998:643) rechaza la traducción “llegó a ser” porque afirma que en el Apocalipsis ginomai suele significar “es, era” sin la idea de un cambio (cf. 11:15a, hubo voces fuertes). Entonces el texto afirmaría que el reino siempre había pertenecido al Señor (cf. Wall 1991:151-152). Sin embargo, los paralelos como 12:10 (con arti, “ahora”) y 19:1-2, 6-8 (también con las voces fuertes) favorecen la traducción “llegó a ser”. Muchos de los pasajes donde egeneto puede traducirse “era, estaba” implican a la vez un cambio de una situación anterior diferente (6:12; 8:1; 16:3-4,10,19; 18:2).

[9] ) Michaels (1997:144) relaciona “el reino de este mundo” con la gran ciudad mundana (11:8), conocida como Babilonia en el resto del libro.

[10] ) Sobre este tema central del Antiguo Testamento pueden considerarse Sal 47, 1 R 19:15-17; Isa 10:5-11; 13:1-22: 44:24—45:7; Jer 25:9, 27:6; Am 1:3–2:16; 9:7-8; Hch 2:23; 17:26; Ef 1:10; Ap 1:5:

[11] ) Cf, Ethelbert Stauffer, New Testament Theology (NY: Macmillan, 1955), p.200; y p.303 n.585.

EL SEÑOR VOLVERÁ

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

JAMES D. G. DUNN

Desde sus primeros balbuceos, la primitiva comunidad cristiana no dejó de expresar su firme esperanza en el retorno del Señor. El autor del presente artículo pone de manifiesto el hecho de que las descripciones bíblicas de la segunda venida de Cristo son diversas y metafóricas. Si las tomamos al pie de la letra, rebajamos la fuerza inspiradora de la esperanza cristiana, centrada en la revelación de Cristo que ya se nos ha dado.

A medida que se acerca el tercer milenio, aumentará sin duda el interés por la escatología que, en la tradición cristiana, va unida a la segunda venida de Cristo, un tema muy frecuente en los primeros documentos cristianos y en la liturgia de la primitiva Iglesia. Desde la más antigua formulación aramea Maranatha (Ven, Señor) (1Co 16,22; Ap 22, 20) hasta la aclamación eucarística actual — «Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!»— se va repitiendo la misma esperanza.

¿Así es hoy la experiencia de los cristianos o más bien sentimos una cierta desazón frente a la expectación milenarista del hombre actual? ¿Qué podemos decir los cristianos ante la falta de esperanza y de ilusión que vivimos? ¿Qué queremos decir cuando confesamos que el Señor volverá?

La naturaleza de la esperanza cristiana

La Biblia subraya dos aspectos de la esperanza. Se trata, en primer lugar, de una esperanza confiada, segura, referida directamente a la confianza en Dios, único garante, muy distinta del concepto helenístico de incertidumbre ante el futuro. Abraham es el ejemplo de esta esperanza al aceptar la promesa de un hijo cuando su mujer ya no podía engendrar (Rm 4). Pero, en segundo lugar, se trata de una esperanza renovada, que se mueve sin cesar entre el «ya» y el «todavía no».

Los dos grandes paradigmas escatológicos de la Biblia son la entrada en la tierra prometida y el retorno del exilio. La carta a los Hebreos, por ej., aplica el descanso en la tierra prometida al momento en que el pueblo termine su peregrinar por el desierto (Hb 4). En otras palabras, la gran meta de la tierra prometida es incompleta, tan sólo una sombra de lo que aún está por venir.

De la misma manera, el exilio es para los judíos la imagen de su desobediencia a Dios y el largo retorno es la metáfora de su restauración como pueblo elegido de Dios. Los profetas de la escuela de Isaías pintan la restauración de Israel y el retorno a Judea con imágenes de renovación escatológica y de un nuevo paraíso donde «el niño jugará tranquilo con la víbora, y el lobo pacerá junto con el cordero» (Is 11,6-9; 65,25). El libro del Apocalipsis no es el único en usar la metáfora de Babilonia como la oposición final a Dios (Ap 14,8.17-18).

En ambos paradigmas (retorno del exilio y entrada en la tierra prometida), la esperanza cumplida queda por debajo de la esperanza expresada, es decir, la esperanza todavía no es completa. El cumplimiento parcial de la esperanza es un acicate para comprender mejor su sentido total. Así, el «ya» no expresa todo el contenido de la esperanza y el «todavía no» ayuda a reexpresarla.

Así ocurre también en la primera venida de Cristo que es el cumplimiento de la esperanza escatológica. Juan Bautista esperaba a alguien que traería el juicio final (los árboles sin fruto serían cortados y echados al fuego: Mt 3, 10-12), un Mesías que restauraría el reino de su padre David (Sal 2,7-9; Ez 34, 20-31). Jesús causó una gran decepción. A la luz de su venida, los cristianos tuvieron que redefinir la esperanza bíblica, sobre todo la esperanza en un Mesías que sufre y muere.

Al mismo tiempo, las imágenes que utilizaba Jesús —los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan y a los pobres se les anuncia la buena nueva (Mt 11,5)— eran las mismas de Isaías para anunciar la nueva era del paraíso recobrado (Is 29, 18; 35,5-6; 61,1-2).  Era un cierto cumplimiento, aunque todavía no completo. Por eso, aún hoy rezamos «venga a nosotros tu Reino», el Reino que ya está entre nosotros, como Jesús decía en un exorcismo (Mt 12, 28). El «ya realizado» no agota la plenitud del «todavía no».

Así es la esperanza bíblica: afirmar para redefinir. No debe, pues, extrañarnos el hecho de que Jesús tampoco tuviera muy claras sus propias expectativas. Los datos son confusos. Su anuncio de la llegada del Reino (Mc 1,15) ¿significaba, como algunos interpretaron, la restauración de Israel (Hch 1,6) o el fin del mundo (Mc 13, 25.27)? No podemos atribuir a Jesús un sentido tan restringido de la esperanza, limitado a la gente de su generación que, además, tampoco sucedió. Su esperanza sigue la tradición bíblica de una realización todavía no cumplida del todo.

También resulta ambiguo el lenguaje de Jesús sobre la venida del Hijo del hombre. ¿Se trata de la exaltación de Jesús ante Dios, como sugieren algunos pasajes del Evangelio que se hacen eco de la visión de Daniel (Dn 7,13-14)? ¿O más bien anuncian la segunda venida de Jesús, como Hijo del hombre (Mt 14,62)? De nuevo, nos movemos entre una esperanza realizada y una esperanza renovada.

El acontecimiento de Pentecostés se nos presenta como el cumplimiento de la esperanza escatológica. El Espíritu derramado «sobre toda carne», signo de los nuevos tiempos, va acompañado, según el profeta (J1 3,1-5), de señales del fin del mundo (Hch 2,20) que, según Lc 2,17, se darán unos días antes de la segunda venida del Señor. Pentecostés es el cumplimiento de esta esperanza, aunque no de la manera anunciada por el profeta. De nuevo la esperanza es afirmada y, a la vez, renovada.

No debe extrañarnos que la esperanza en la segunda venida mantenga, por lo mismo, cierta ambigüedad. ¿Hablaba Jesús de la venida del Reino, que algunos verían antes de su muerte (Mc 9,1), o de su plenitud que se realizaría en Pentecostés?

Algunas expresiones de la primitiva Iglesia sobre la parusía, como la invocaciónMaranatha («ven, Señor nuestro»), es, según algunos, una plegaria eucarística donde se realiza la venida del Señor al hacer memoria de la cena. El Evangelio de Juan sugiere que la promesa de Jesús a sus discípulos de que no les dejará solos, sino que les enviará el Espíritu de la Verdad como intercesor, se cumplirá con la venida del Espíritu Santo (Jn 14). Así es la esperanza bíblica, una esperanza en tensión entre el «ya» y el «todavía no».

La esperanza bíblica no es, ante todo, una predicción segura. Confiados sí, pero sólo en Dios. Sin saber, a ciencia cierta, todo lo que comporta el cumplimiento de esta esperanza. Jesús mismo nos alerta contra todo tipo de especulaciones. La única certeza es que el mundo futuro no se regirá por las mismas leyes de este mundo (Mc 12, 18-27), aunque nadie conoce el día ni la hora (Mc 13,32). En otras palabras, ponemos nuestra confianza en Dios, no en su manera concreta de actuar. Dios, en efecto, puede cambiar de opinión y esperar otro año para ver si el árbol da algún fruto (Lc 13,6-9), o perdonar a Nínive por más que Jonás se enoje. Y sobre todo, en cuanto al Juicio final, Dios es siempre impredecible, pues su divina misericordia sobrepasa nuestro pensamiento.

La esperanza bíblica nos ilumina, pues, para formular la esperanza cristiana en el sentido de afirmar siempre nuestra absoluta confianza en Dios, dejando los medios concretos al «principio de indeterminación». La tensión entre el «ya» y el «todavía no» significa que la realidad del «todavía no» en parte se nos revela y en parte se nos encubre en el «ya», aunque esté en continuidad con él, pues su más íntima esencia permanece oscura para nosotros.

El lenguaje de la esperanza cristiana

Entramos, así, en la segunda parte de la reflexión. Llama la atención el hecho de que el lenguaje referido a la segunda venida de Cristo sea simbólico y pertenezca al estilo apocalíptico. «Mirad que viene entre las nubes» (Ap 1,7). En las visiones apocalípticas, las nubes son un símbolo de la majestad divina (Mc 13,26; 14,62; Hch 1,9; 1Ts 4,17; Ap 11,12). Los profetas usan a menudo este lenguaje. Ezequiel (1,4) contempla el trono de la gloria de Dios, en medio de «una gran nube luminosa», y Daniel (7,13) ve descender al Hijo del hombre entre nubes.

El libro del Apocalipsis es el ejemplo más claro de este simbolismo: trompetas, animales singulares, portentos cósmicos, etc. La exégesis bíblica tradicional no puede aplicarse aquí, ya que una interpretación literal es una interpretación falsa. La esperanza en la segunda venida de Cristo se describe en el estilo de visión y en lenguaje simbólico. Si olvidamos esto, caeremos en una total confusión, ya que la segunda venida de Cristo se refiere a un hecho que trasciende la historia, al fin de los tiempos.

De forma semejante, cuando hablamos de la creación, al principio de los tiempos, usamos el mito, no como un lenguaje no-histórico, sino más bien meta-histórico, aunque alusivo a la realidad, es decir, una verdad que sólo puede expresarse en lenguaje imaginario o poético. Los científicos que estudian cosmología o astrofísica emplean también conceptos similares —espacio curvo, anti-materia, big-bang— para explicar el origen del universo. San Agustín lo matiza con gran intuición cuando nos dice que Dios creó con el tiempo, no que creara en  el tiempo, ni que creara  el tiempo. Para expresar hechos que trascienden nuestras coordenadas espacio-temporales, hemos de acudir necesariamente al lenguaje metafórico o analógico.

Así también ocurre con las metáforas del fin de los tiempos (nubes, trono, tribunal, resurrección, que denota el levantarse), las cuales no son descripciones literales, sino otra forma de describir una realidad. La ascención de Jesús es un ejemplo del uso de un lenguaje acorde con la cosmovisión de su tiempo, en que el cielo se concebía como una bóveda situada sobre la tierra y sólo así podía describirse que Jesús «fue levantado hacia el cielo» (Hch 1,10). Bultmann señaló con lucidez el problema que luego intentó resolver en su ensayo sobre desmitologización, aunque de forma inadecuada. No es cuestión de calificar un hecho como verdadero o falso, sino de la capacidad de expresión del propio lenguaje.

Nosotros, herederos de siglos de conceptualización de ideas, no situamos hoy el cielo en un lugar físico, ni consideramos el mito como un engaño. Por eso, sonreímos indulgentes con las palabras de Yuri Gagarin, el primer astronauta ruso: «Dios no existe. Yo he viajado por el cielo y no lo he visto allí». El lenguaje metafórico parte de nuestra experiencia conceptual de la realidad y a la vez la trasciende. Sólo con la metáfora podemos expresar todo aquello que trasciende la experiencia humana.

Todo cuanto hemos dicho sobre la ascensión de Jesús puede aplicarse a su segunda venida. Si hablamos de mito o de metáfora, no negamos el hecho, sino que reconocemos el carácter específico del lenguaje de la esperanza, sin más especulaciones, tal como Jesús y los autores bíblicos repetidamente nos advierten.

El mismo lenguaje litúrgico está lleno de metáforas que son las expresiones más adecuadas para celebrar la fe, de la misma manera que el lenguaje poético sirve para expresar profundos sentimientos, a menudo inefables.

La visión bíblica del infierno es otro ejemplo del lenguaje metafórico. Nosotros estamos habituados a imaginar el infierno como un fuego inextinguible, imagen de la Gehenna, el gran vertedero de basura que había fuera de las murallas de  Jerusalén, en constante combustión. Pero Dante, en su Divina Comedia, lo imagina como un lago helado y C.S. Lewis como la espesa y permanente nube contaminada que cubre una gran ciudad. ¿Son imágenes contradictorias entre sí? En realidad, las tres son un intento de expresar un futuro desconocido e inimaginable, en términos de las experiencias más horribles de la vida humana.

De nuevo aquí, como en todo el lenguaje de la esperanza cristiana referido a la venida de Cristo, nos encontramos con la limitación de expresar una realidad que está más allá de toda experiencia y de todo discurso humano, «palabras inefables que ningún hombre puede pronunciar» (2Co 12,4).

En resumen, todo nuestro lenguaje acerca de Dios es como un icono y, como toda imagen, funciona como una ventana a través de la cual vemos, como en un enigma, la realidad espiritual. Y tenemos siempre el peligro de convertir el icono en ídolo, fijando la atención en él, en vez de mirar a través de él y dando al lenguaje metafórico humano una adoración que sólo debemos a Dios.

Jesucristo, centro de la esperanza cristiana

Esta tercera parte de la reflexión enlaza con la primera pregunta sobre la esperanza cristiana: ¿qué queremos decir cuando confesamos que el Señor volverá? Una respuesta concisa podría ser: confesamos a Jesucristo. Confesamos a Dios en Cristo, el plan de Dios realizado en Jesucristo.

La esperanza escatológica es característica de las tradiciones monoteístas que tienen su origen en la religión de Israel. Las religiones orientales tienen una concepción cíclica del tiempo. Las occidentales una concepción lineal. De ahí que la modernidad —occidental— conciba el progreso como irreversible.

Así como no podemos negar el papel inspirador que la teología cristiana y la escatología han tenido en el desarrollo del progreso, tampoco hemos de caer en el error de los protestantes liberales del siglo XIX que tenían una fe ciega en que el progreso científico nos conduciría a un progreso moral. Los acontecimientos del siglo XX lo evidencian hasta la saciedad. La escatología cristiana, junto a una clara visión del mal, mira hacia el futuro con la certeza de que triunfará el bien.

Para los cristianos, la venida de Cristo nos permite afirmar que él es la meta y el culmen de la historia humana. El progreso humano halla en Cristo su fin y su plenitud. Los cristianos comparten la esperanza judía de un mundo futuro que será inaugurado con la venida del Mesías (Rm 11,26 citando a Is 59,20-21), con la única diferencia de que nosotros sabemos quién es este Mesías: Jesucristo. Pero la esperanza es la misma, reafirmada y renovada.

Esta centralidad de Cristo al fin de los tiempos es similar a la del inicio de la creación, según la doctrina de Pablo. «Hay un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y también nosotros (1Co 8,6). «Es el primogénito de toda la creación, pues por él fue creado todo en el cielo y en la tierra» (Col. 1,15-16).

¿Qué nos quiere decir Pablo? Según la interpretación de la mayoría, no pretende afirmar que Jesús de Nazaret estuviera presente al principio del mundo, lo cual nos llevaría a un bi-teísmo, sino que más bien enlaza con el lenguaje de la sabiduría para afirmar que la Sabiduría divina estaba con Dios, en el momento de la creación, «como artesano, disfrutando cada día, jugando todo el tiempo en su presencia» (Pr 8,30), o según la tradición de Jesús Ben Sira, «salí de la boca del Altísimo y como niebla cubrí la tierra» (Sir 24,3).

¿Qué sabiduría es ésta? Sencillamente, la Sabiduría de Dios por la cual la tierra fue creada (Sal 104,24; Pr 3,19). Esto significa que la creación no es algo irracional, que el cosmos tiene un sentido, ¡el sentido de Dios! La metáfora de la sabiduría es una forma de hablar de la acción creadora de Dios, como la sabiduría de Salomón es una forma de hablar de la acción de Dios en favor de Israel. La Sabiduría es el rostro de Dios vuelto hacia el mundo y hacia la humanidad.

Cuando Pablo aplica este lenguaje a Cristo no se refiere a otro ser divino, sino al único Dios de Israel y a su poder creador y redentor. Pero así como los escritores sapienciales encarnan la Sabiduría divina en la Torah, Pablo la encarna en Jesucristo. En él se nos revela Dios. Cristo es la síntesis y la encarnación de la Sabiduría divina. En él se nos muestra cómo es Dios y cómo es la creación. Cristo como Sabiduría nos señala un aspecto central de las Escrituras: que la espiritualidad cristiana no puede divorciarse de la creación y que la salvación no puede nunca estar al margen de la creación. En la cristología, creación y redención son dos caras de la misma moneda.

¿Pueden ayudarnos estas reflexiones, de alguna manera, en los problemas actuales? Si hay una relación entre el principio y el fin, ¿el lenguaje con que se describe la implicación de Cristo al final de los tiempos tiene una función semejante a su implicación al principio de la creación? ¿La segunda venida de Cristo como nueva creación es parecida a la acción de Cristo en la primera creación? En caso afirmativo, podemos hablar de Cristo como la forma de confesar nuestra fe en Dios cuya sabiduría inicial se completará al fin, y como fin, según el propósito manifestado al principio.

Dos pasajes bíblicos ilustran esta hipótesis. El primero (Sal 8, 4-6), interpretado según Hb 2,6- 8, destaca el plan de Dios sobre la humanidad, llamada a una vocación divina todavía por ver, pero realizada ya en Cristo, a quien todo le está sometido (1 Co 15, 25-27). El segundo (1 Co 15,20- 28) nos muestra a Cristo que, cuando haya completado su dominio sobre todas las cosas, incluida la muerte —el último enemigo— lo entregará todo a Dios «y así Dios será todo en todos». Entonces se unirán el principio y el fin.

De todo ello podemos concluir que una cristología y una escatología que establezcan una antítesis entre creación y salvación olvidan el papel central de Cristo en ambas; así como también, una espiritualidad y una teología que separen a Cristo de Dios, o lo destaquen por encima de Dios, está en contradicción con el monoteísmo central de las Escrituras. La doctrina cristiana de la segunda venida es el intento de expresar que el propósito final e inicial de Dios está centrado y configurado en Cristo.

Por eso, todo cuanto sabemos del fin de los tiempos es gracias al conocimiento que tenemos de Cristo. La escatología bíblica nos enseña que, en Cristo, ha llegado ya el final. El Reino de Dios está presente en los exorcismos de Jesús (Mt 12,28); la resurrección de los muertos ha empezado con su resurrección (Rm 1,4); Jesús es primicia de la cosecha final (1 Co 15,20); su Espíritu es garantía de la redención total (Rm 1,4) que incluye la transformación de nuestro cuerpo animal en cuerpo espiritual (1 Co 15,45-50).

Todos estos simbolismos de la primitiva Iglesia nacen de la profunda experiencia del dinamismo de la «edad futura» (Hb 6,4-5) y de formar parte de una «nueva creación» (2 Co 5,17; Ga 6,15). Por eso, el retraso de la parusía no supuso ningún problema para la primitiva comunidad, como algunos teólogos modernos piensan, porque lo constitutivo de su fe no era la inminencia del fin, sino el carácter definitivo de Cristo. Como señala Oscar Cullman acertadamente, la fuente de su esperanza era la primera venida de Cristo, el eschaton, la ultimidad ya realizada en Pascua y Pentecostés.

Sólo en esta clave pueden entenderse las afirmaciones de Pablo de «ser en Cristo», bautizados «en Cristo», que llegamos al Padre «a través de Cristo», que la comunidad es «el cuerpo de Cristo» y el Espíritu que nos vivifica es el «Espíritu de Cristo». Un Cristo, pues, que no sólo vivió y murió y fue un gran maestro, sino un Cristo resucitado, vivo y presente, Sabiduría de Dios, rostro de Dios vuelto hacia la creación, vivificando la comunidad y orientando su culto al Padre.

Así nos pasa también cuando los cristianos afirmamos que Cristo volverá. No se trata de rebajarlo banalmente a un reportaje en directo de la televisión. Las palabras y las imágenes no bastan para expresar el profundo significado de la fe, pero no por eso hemos de abandonarlas. Con la segunda venida de Cristo, los cristianos confesamos una verdad de alcance universal.

Conclusión

Puede aclararnos, para terminar, el paralelismo existente entre la confesión de la venida de Cristo y la confesión de Jesús como Hijo de Dios. La imagen del «hijo» no se aplica por supuesto en sentido biológico, a la manera del hijo de Zeus, en la mitología griega. Sin embargo, la tradición secular cristiana no ha encontrado una manera mejor de expresar la íntima relación entre Dios y Jesús que este lenguaje metafórico.

Así pasa también cuando hablamos de la venida de Cristo que sobrepasa toda humana previsión. No tenemos otro lenguaje más apropiado que la metáfora, pero con él podemos anunciar al mundo que el futuro no es una fatalidad, sino que tiene un sentido porque está en manos de Dios y configurado en Cristo. Que no será una sorpresa absoluta, pues el Dios que viene a nuestro encuentro al fin de los tiempos ya se nos ha manifestado en Cristo, a su tiempo, y guía nuestra historia hacia su plenitud. Y que el Cristo que volverá al fin de los tiempos es el Jesús que encontramos en los Evangelios al cual confesamos y adoramos, en Espíritu, como el Hijo del Padre. «Maranatha, ven, Señor Jesús».

Tradujo y condensó: JOSEP RICART

FUENTE: seleccionesdeteologia.net

Sobre el autor:

James D. G. Dunn es director emérito de la Cátedra Lighfoot del Departamento de Teología de la Universidad de Durham (Inglaterra). Mundialmente reconocido por su competencia en los estudios sobre el Jesús histórico, las tradiciones cristianas primitivas y Pablo de Tarso, es autor de la monumental obra El cristianismo en sus comienzos.

 

http://serviciosteologicos.wordpress.com/

Julian Assange ¿Figura del Apóstol Pablo?

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

César Navarro, Guatemala.

Una lectura judicial, política, religiosa y periodística de Hch. 22-23

“¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar” Hch. 21:28.

Quién no ha escuchado en estos días acerca de la figura de Julian Assange, un personaje muy famoso por sus intrépidas hazañas como divulgador de la información a través de internet, y ya saben que la información por lo menos está relacionada con dos cosas: ¡libertad y poder!

Julian Paul Assange nació en Queensland, Australia, en 1971. Assange fue el ganador de los Premios Amnistía Internacional de los Medios Británicos en 2009, por la exposición de asesinatos extrajudiciales en Kenia con la investigación de “El Llanto de la Sangre.”1 En el 2006, Assange fundaWikiLeaks, una organización sin fines de lucro para brindar noticias importantes e información al público en base a historias verídicas de valor para todos, que hasta el momento no se conocían.2Assange ha sido uno de los encargados de liderar esta organización para la divulgación de noticias a través de distintos medios de comunicación. El día 5 de abril de 2010, WikiLeaks publicó un vídeo del 12 de julio de 2007 en donde se muestra cómo el Ejército de Estados Unidos mató a once iraquíes, entre los que había un fotógrafo y un conductor que trabajaban para la agencia de noticias Reuters.3

El 22 de octubre de 2010 hace público Irak War Logs (Documentos de la Guerra de Irak)4 los cuales son una colección de 391.832 reportes de campo del Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Irak en donde se muestra el uso sistemático de torturas, la cifra de 109.032 muertos en Irak, de los que 66.081 fueron civiles, el 63%; 23.984 enemigos etiquetados como «insurgentes»; 15.196 del «país anfitrión» (las fuerzas del gobierno iraquí) y 3.771 fueron muertos «amigos» (fuerzas de la coalición). El 28 de noviembre de 2010, WikiLeaks filtró a la prensa internacional una colección de 250.000 comunicaciones enviadas desde la Administración Central estadounidense (Departamento de Estado, Defensa, etcétera.) hacia sus representaciones diplomáticas en el mundo; en sentido inverso, desde estas delegaciones hacia Washington; mensajes compartidos entre diferentes embajadas de EE.UU., y también entre legaciones de ese país y misiones de otros países. The New York TimesThe Guardian,Der SpiegelLe Monde y El País han tenido acceso previo a las comunicaciones y publican de forma simultánea su contenido.5

Detrás de todo esto se encuentra la figura de Julian Assange, una tipo con cualidades sorprendentes en informática, pero también aplicado en las ciencias naturales, físicas, filosofía y matemáticas.6 Assange defiende un acercamiento transparente y científico a la carrera del periodismo al decir que no se puede publicar un artículo en física sin la completa información experimental al igual que los resultados.7

Julian Assange cuenta con dos órdenes de arresto en Suecia por presuntos delitos de violación, en el caso de Anna Ardin, y de acoso sexual, en el caso de Sofia Wilen. Al huir del país, la policía sueca solicitó la intervención de la INTERPOL. Tras un tiempo en Inglaterra donde, se le impuso arresto domiciliario, Assange acude a la embajada de la República del Ecuador en Londres, y solicita asilo político. Ecuador acepta la solicitud de Assange temiendo que al ser extraditado a Suecia, pueda ser extraditado luego a los EE.UU. y se violen sus derechos humanos, e incluso se le someta a la pena de muerte. A todo esto, Reino Unido rechaza cualquier salvoconducto para la salida del célebre Assange, e incluso intenta presionar a Ecuador a que lo libere, a través de amenazas de irrumpir en la embajada ecuatoriana y así violar los tratados internacionales, con la justificación de hacer valer la justicia.

Ecuador junto con otros países hermanos de Latinoamérica, al igual que Julian Assange señalan que no están en contra de que se haga justicia o se le enjuicie, sino que defienden la idea de que se busque un lugar apropiado para que Assange pueda tener un verdadero y justo juicio. Para ellos, definitivamente, no sería en lugares dominados por el gobierno de los EE.UU.

El caso de Julian me hizo recordar al apóstol Pablo y la persecución a la que se le mantuvo por parte de los judíos. Aunque por razones diferentes de fondo, hay ciertas conexiones con ambos personajes:

  • Ambos expuestos a persecución por causa de la esperanza. Pablo es enjuiciado por la esperanza de la resurrección (Hch. 26:6); Assange por la esperanza de la libertad de expresión.
  • Ambos acusados y perseguidos por enseñar y exponer cosas que van en contra de las máximas autoridades y sus acciones. En el caso de Pablo, autoridades religiosas (Hch. 21:28); en el caso de Assange, autoridades políticas.
  • Ambos sufren arresto domiciliario por causa de una persecución (Hch. 28:16).
  • Pablo sufre peligros de muerte por parte de los religiosos a razón de predicar sobre lo que él cree que es la verdadera religión de libertad y justicia (Hch. 21:30-31). Assange cree que está en peligro de muerte por parte de políticos a razón de divulgar información confidencial lo cual él cree que es la verdadera libertad de expresión y justicia.
  • Hay división en la opinión entre los representantes internacionales de los países involucrados que quieren que Assange sea extraditado y aquellos que desean para él un salvoconducto con el fin de llegar bien a Ecuador. En cuanto a Pablo, las multitudes que lo acusaban (y tal vez los que le defendían), tampoco estaban de acuerdo (Hch. 21:34).
  • Pablo estuvo en un lugar llamado “Fortaleza” hasta que las cosas se aclararan (Hch. 21:37); Assange está en la instalaciones de la embajada ecuatoriana, la cual está midiendo su fortaleza ante la presión de UK.
  • Pablo dio libremente su conferencia al pueblo desde la fortaleza, a causa de su situación, y del por qué era perseguido por una causa justa, (Hch. 21:37-22:21). El 19 de agosto del presente año, Assange libera una conferencia, desde la embajada ecuatoriana, sobre su causa.
  • Pablo es examinado con azotes por el Tribuno romano, para descubrir cuál es la causa de que esas personas quieran matarlo, la cual parece increíble que sea por motivos religiosos (Hch. 22:24). Los defensores de Assange creen que su persecución es por motivos políticos y ven como increíble que realmente Assange esté haciendo algo ilegal.
  • Pablo apela a un derecho de no ser azotado sin motivos dentro de la fortaleza, confirmando ser ciudadano romano (Hch. 22:26). Ecuador y Assange apelan al derecho garantizado en los tratados internacionales, de respeto al asilo político y la autonomía de la embajada, ante la presión de UK de irrumpir abruptamente.
  • Pablo usa sabiamente la información religiosa para traer reflexión y confrontación, haciendo que partidos religiosos discutan entre ellos sobre si la existencia de alguna justa causa por su culpabilidad (Hch. 23:6-9). Assange ha hecho lo mismo al traer a la reflexión a los distintos gobiernos envueltos, sobre si la existencia de alguna causa válida para su extradición y juicios, colocando en disensión a partidos de gobiernos que ven de distintas formas los hechos de Assange.
  • Algunos judíos influyentes traman algo contra Pablo. Esperan hacerle creer al Tribuno, que lo tiene en custodia, y a ciencia cierto protegido de que lo maten, que le lleve ante ellos para alguna rutina o juicio general (lícito y posible), en donde se le indagaría por ciertas cosas, pero con el fin de tenderle una trampa y matarle (Hch. 22:12-15). De esta manera van hacia los principales y ancianos, y manipulan y apelan a sus influencias políticas-religiosas para concretar su plan. Por intermedio de un concilio se podía exigir de las manos del Tribuno romano a Pablo, para simular un juicio, que era absolutamente justo, pero que en el fondo tenía una intención macabra. Assange piensa, junto con todos los que le apoyan, que la extradición a Suecia para el juicio que le corresponde por violar la ley, es solo un montaje para su extradición a los Estados Unidos y el riesgo de que termine muerto o se le violen sus derechos fundamentales.
  • Como algo divinamente conducido, el sobrino de Pablo descubre el complot religioso y avisa al Tribuno para que no crea sobre el juicio que se le quiere hacer a Pablo por parte de los judíos (Hch. 23:19-21). Ecuador y los países quienes apoyan a Assange, no creen que las intenciones de UK solo sean la de extraditar a Assange a Suecia, sino que todos piensan que se trata de un complot político para violar los derechos de Assange.
  • El Tribuno procura un “pasaje seguro” para que Pablo fuera a otro lugar (con el gobernador Félix), ya que en el que se encontraba, estaba en riesgo (Hch. 23:23-35). La intención del Tribuno no es precisamente solo salvarle la vida a Pablo, sino que procura que cualquier resultado legal y final, en cuanto a los hechos de Pablo, desenlacen en un ambiente seguro y lo suficientemente justo para que no se violen los derechos de Pablo como ciudadano romano. Assange y la embajada de Ecuador apelan a un salvoconducto para que Assange llegue Ecuador, ya que en Inglaterra está en riesgo. Como recurrentemente afirma el gobierno de Ecuador y sus aliados, al igual que el propio Assange, su intención no es eludir a las autoridades de Suecia, ni tampoco el juicio que debe enfrentar Assange por los cargos imputados en su contra en Suecia. El punto es buscar los medios y espacios necesarios para que sus derechos no sean violados, y tenga un justo y debido proceso. Para Assange y quienes le apoyan en este sentido, UK e incluso Suecia, no le darán un justo proceso, ya que pueden estar trabajando como marionetas para los intereses de los Estados Unidos, en destruir a Assange.

He dejado el capítulo 24 sin comentar para que el lector pueda utilizar su imaginación, y si bien quiere, profetizar algún desenlace en el interesante caso de Assange-Pablo. Pero para mí, a la luz de las conexiones que he tratado de hacer, me gustaría dejar algunas impresiones de lo que representa este caso desde una perspectiva lucana.

Los acontecimientos en cuanto a la divulgación de la información y los juicios concernientes a ella, deben ser siempre justos y cuando hay actos de conspiración y violación de la ley, ya sea por X o Y motivo, las personas en riesgo deben optar por los canales legales de seguridad existentes, que permitan que sus derechos no sean violados. No importa si se está dispuesto incluso a morir, como el apóstol Pablo (Hch. 21:13).

En ninguna manera pretendo decir que el libro de Hechos es un libro en donde podemos sacar doctrinas universales. Más cuando sabemos que es un libro descriptivo de los acontecimientos, y no ha sido escrito con la intención de especificar doctrinas que la iglesia debe seguir. Claro que aun cuando es descriptivo, eso no evita que se puedan sacar ricas enseñanzas y lecciones.

Lucas, como un buen investigador sobre la información de los acontecimientos tal como ocurrieron, también coloca la información que él cree más pertinente para sus lectores, y compuesta de una manera en particular. En éste caso, aunque Assange pueda creer que la historia contada, aun completamente, es 100% objetiva, la verdad es que quiérase o no, las personas envueltas en divulgar la información colocaran la historia en el orden y con el énfasis en el que más están inclinados. Sin embargo, Lucas tiene la fama de un investigador muy objetivo. Para fortuna nuestra, en el caso de la Biblia, el hecho de que cualquiera historia de los acontecimientos se incline por presentar cierta clase de información, y en cierto orden, nos permite ver las intenciones del Señor de esa historia. Así que esas intenciones pueden ser utilizadas para aprender desde los casos bíblicos.

Esta historia resalta la maldad de la humanidad detrás de los derechos y las leyes. Cómo pueden convertirse los derechos y leyes en torturas para uno, y consuelo para otros. Cómo pueden fuerzas políticas y religiosas mantener agendas ocultas de destrucción a través de tratados, apelaciones, leyes y concesiones.

De igual forma, en el curioso caso de Pablo, se resalta el hecho de que las agendas ocultas y pervertidas de alguna manera deben salir a la luz. En este caso nuestro héroe fue un joven que pirateóla información de los malandros judíos (¿las semillas de Wikileak en la Biblia?) y la divulgó para bien de aquellos (Pablo, el Tribuno y toda Roma) que eran afectados con estas pervertidas acciones. Definitivamente este acto es importante en el reportaje de Lucas a la luz de su narración del libro de Hechos. La divulgación y exhibición de las agendas ocultas.

Aun conociendo lo terco de Pablo, en hacer cosas como ir a Jerusalén, aun sabiendo que había sido profetizado que sería apresado, para mí es interesante notar que lo que se destaca en la historia es que todos los acontecimientos son para Pablo una vía para dar a conocer lo que él cree que es verdad. Pablo no duda en arriesgarse para divulgar la verdadera esperanza basada en Cristo. Esto es constante en la historia de la humanidad cuando se trata de exponer lo que uno cree que es verdad y tiene repercusiones para toda la sociedad: siempre hay peligros con los grupos opositores. No es entonces algo nuevo el caso de Assange en su lucha con la divulgación de la información que nos “libera” y nos hace ver todo el panorama. Todo esto le ha traído consecuencias que, yo creo, él está gustoso en sufrir, e incluso, creo que cada una de estas situaciones de riesgo permite avanzar sus ideas un poco más. En el caso de Pablo, este acontecimiento, con todo y el peligro, lo está llevando a Roma, lo cuál sería su parada final. Aun no sabemos en dónde terminará Assange, pero de seguro que sus ideas han avanzado en cada situación de escándalo.

A pesar de las situaciones peligrosas, aun podemos ver lo positivo y provechoso que es utilizar los canales de seguridad que existan a favor de los promovedores de alguna verdad con repercusiones valiosas para la sociedad. En el caso de Pablo, el Tribuno agotó los recursos para mantenerlo a salvo, dando así la oportunidad de que no se cometiera un evidente abuso contra Pablo. Defender sus derechos como ciudadano romano, aun en ignorancia de lo que ocurría en el fondo, y permitir un pasaje seguro para que Pablo tuviera un juicio más apropiado, es algo destacado en la historia de la cual Lucas ocupa un buen tramo en palabras y detalles para contarla. La justicia, el derecho y la protección de un individuo se deben de hacer valer indagando todos los canales posibles, a la vez que buscando lugares favorables para que desarrolle de mejor manera. Creo que la acción de Ecuador y los países aliados es completamente adecuada en este caso. Assange está en riesgo, y es una percepción que apela a las consciencia de los gobernantes que le apoyan. Claro que esta percepción no es a pesar de cualquier injusticia que haya cometido el periodista, sino con la suficiente ignorancia de fondo (como el Tribuno) y la suficiente sospecha como para saber que es mejor que el juicio o proceso de Assange sea en lugares intermedios más apropiados y justos.

Es evidente que esta historia tiene muchas disimilitudes, las cuales el lector ya podrá encontrar. Lo que quería mostrar eran las conexiones que encontré (que aun pueden verse como contrastes) y reconocer a Dios tanto en la historia de Pablo, como en la historia de Assange, y lo que se podía señalar como la forma en que Dios está viendo los acontecimientos. Tal vez, y si mis comparaciones son ciertas, en medio de lo que está sufriendo la familia de Assange y en lo que repercute en su propia persona, una voz de consuelo y estímulo le ha hablado ya, en la noche diciendo (Hch. 23:11):

“Ten ánimo, Julian, pues como has testificado de mí en UK, así es necesario que testifiques también en América Latina.”
__________

  1. http://blog.marsgroupkenya.org/?p=870
  2. http://wikileaks.org/About.html
  3. http://www.publico.es/304527/un-video-muestra-como-el-ejercito-de-eeuu-mata-a-un-fotografo-de-reuters
  4. La colección cubre desde el 1 de enero de 2004 al 31 de diciembre de 2009.
  5. http://www.elpais.com/articulo/internacional/Preguntas/respuestas/papeles/Departamento/Estado/elpepuint/20101128elpepuint_11/Tes
  6. Heinz Duthel, Julian Assange: el ilusionista, 7.Heinz Duthel, Julian Assange: el ilusionista, 7.
  7. Taft Johnson, Julian Assange: the Controversial Figure behind Wikilieaks, 4.
Acerca del Autor

César Navarro es Licenciado en Ciencias Químicas de la Universidad de Panamá, especializado en espectroscopía experimental. Con un Profesorado en Biblia y Teología del Seminario Teológico Centroamericano, Guatemala, actualmente realiza una Maestría en Teología en esa misma casa de estudios. Es el director general y fundador de la Sociedad Educativa Latinoamericana para Fe y Ciencia (SELFYC).

 

http://www.revista-rypc.org

LA TEOLOGÍA Y EL SUEÑO DE DIOS

Publicado: septiembre 10, 2012 en Teología

Luis Tapia

La teología, como reflexión crítica sobre la praxis histórica a la luz de la fe, se hace importante hoy más que nunca cuando hay ámbitos dentro de la religión cristiana que, al contrario de dar vida plena a la humanidad, hacen que los seres humano vivan en esclavitud y perpetúan aspectos que le quitan su dignidad y sus derechos. No debemos extrañarnos ante esta situación pues el cristianismo es una religión y, por más que algunos quieran negar esto, la religión es un producto cultural humano. No estoy diciendo que todo el cristianismo es un invento humano, sino que la manera en que el ser humano responde ante la revelación de Dios en la historia es, obviamente, humana. Es por lo mismo que no debemos sorprendernos cuando vemos que en la religión cristiana hay una gran pluralidad. Tenemos diversidad de iglesias, diversidad doctrinal, diversidad ritual y diversidad moral. Esto no es algo negativo, al contrario, ya en el Nuevo Testamento vemos que no existe una iglesia, sino una diversidad de iglesias pues diverso es el contexto geográfico, cultural y contextual en donde estas primeras comunidades cristianas siguen a Jesús.

 

Sin embargo, dentro de esa diversidad hay algo, o más bien dicho alguien, que no podemos olvidar si queremos seguir llamándonos “cristianos” Ese es, obviamente, Jesús llamado El Cristo. La esencia de su vida y su mensaje estaban en dar vida plena a todos los seres humanos. Jesús entendía que sólo se puede obtener esta vida plena cuando dejen de gobernar el egoísmo, el odio, la envidia, la hipocresía, la maldad, la esclavitud, etc. Ese día para Jesús es “hoy”. Hoy el ser humano puede aceptar el Reinado o gobierno de Dios. Gobierno totalmente distinto a los gobiernos que conocemos, pues es un gobierno o Reinado que da vida y libertad. Que no se impone, sino que se ofrece como regalo. Es el sueño que Dios siempre ha tenido. Es el sueño que un día se llevará completamente a cabo en una realidad totalmente renovada (cielo nuevo y tierra nueva en el lenguaje bíblico).

 

El problema es que el cristianismo como religión establecida olvida muchas veces el sueño de Dios evidenciado en Jesús. No es extraño, repito. Ya en el Nuevo Testamento vemos como otra religión, el Judaísmo, tendía a olvidar el sueño de Dios y ha mostrar que quien gobernaba muchas veces en aquella religión no era Dios sino el egoísmo, el odio, la envidia, la hipocresía, la maldad, la esclavitud, etc. El Evangelio de Marcos nos muestra que la buena noticia del sueño de Dios que Jesús viene ha mostrar y anunciar es sanidad de enfermos, expulsión de demonios (¿? tema para otro post), comunión con los enemigos (Mateo como parte de la comunidad de discípulos), preocupación por la dignidad de las mujeres y los niños, etc. Pero es curioso que la buena noticia, el evangelio, es, en su misma esencia, confrontación con la religión, esto es, denuncia los aspectos en que la religión se ha apartado de los sueños de Dios. La religión judía manifiesta en sí los mismos aspectos que debería erradicar del mundo y la sociedad en general.

 

Evidente ha sido que el cristianismo ha cometido los mismos errores que la religión Judía. Evidente es en el presente cuando las iglesias evangélicas, asumiendo una falsa obediencia a Dios, niegan los derechos y la dignidad de la mujer y de las minorías sexuales. Se hace evidente para nosotros entonces que el Reino de Dios se manifiesta muchas veces de forma más potente fuera del cristianismo que dentro de él. Evidente es que cuando luchamos contra la corriente religiosa y ponemos nuestros pies en el camino de Jesús podemos terminar en una cruz gracias a nuestros propios “hermanos”. Evidente es entonces que el ser críticos ante las creencias y prácticas del cristianismo, esto es, ser teólogos, es parte de hacer realidad el sueño de Dios.

Sobre el autor: Luis Marcos Tapia es chileno e investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellín.  Es Bachiller en teología del  Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile. Licenciado en filosofía y educación de la Universidad Católica de Valparaíso.  En la actualidad cursa su  Magíster en filosofía en la Universidad de Chile.

http://serviciosteologicos.wordpress.com


Carlos Scott

¿Los pobres para el templo o el templo para los pobres?

 Marcos 12:38-44 y Marcos 13:1-2

 

 Nos encontramos en el Templo de Jerusalén y es tiempo de la Pascua. Erael momento oportuno para traer ofrendas y diezmos. Jesús dice: “Tengan cuidado de los maestros de la ley…”

A los maestros de la ley les gustan pasearse con ropas ostentosas, que los saluden en las plazas, ocupar los primeros lugares, apoderarse de los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás (Mr. 12:38-40).

·  El primer tema que Jesús señala es la jactancia y figuración.

La sociedad estaba basada en el prestigio y el honor. La figuración era imprescindible, estaba asociada con la riqueza y el poder. Estos religiosos participan de esa competencia por el poder y el prestigio.  Si bien la crítica de Jesús apunta a los religiosos, es un tiro por elevación a todo el sistema de honores y poder.

·  El segundo tema que Jesús señala es el deseo de enriquecerse y confiscar los bienes de los pobres

Según algunos comentaristas los escribas cobraban a las viudas cuando actuaban como abogados para proteger sus derechos. Eran nombrados administradores y en esa ambición por acomodarse socialmente usan sus artes y ciencias para enriquecerse. Confiscan los bienes de los pobres, especialmente de las viudas.

·  El tercer tema que Jesús señala es que el templo se queda con el sustento de la viuda

 Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo (v41).
La escena probablemente se ubica en el patio de las mujeres donde hay cofres en forma de trompeta que rodean a los que adoran. Cuando uno insertaba la ofrenda por esa trompeta o cuerno, se producía una amplificación del sonido de las monedas rodando.

 “ Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor”  (v42). Jesús está mirando este procedimiento, llama a sus discípulos y les dice:  “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro mas que todos los demás. Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”  (v43.44).

 Si atendemos lo que Jesús acaba de decir sobre los maestros de la ley (Mr. 12:38-40) se puede suponer que el humor y valoración de este acto por parte del Señor no ha de ser muy positivo . Podemos preguntarnos: ¿Cuál fue la motivación de la viuda para ofrendar? ¿Será para ser aceptada delante de los hombres y de Dios? ¿Será que buscaba la libertad delante de Dios mediante un sistema de cancelación de deudas? ¿Habrá sido guiada por un corazón totalmente desprendido y generoso?

 La carga interpretativa en cuanto a la generosidad que se ha puesto en este pasaje hace que leamos allí lo que no está .  La frase de Jesús, simplemente establece que la viuda puso comparativamente más que los otros .  Es notable que en las palabras de Jesús no aparece ninguna alabanza, ni destaca un sentido positivo del acto de la viuda.

Mientras  los demás ofrendan “lo que les sobra” , una parte insignificante de sus posesiones,  la viuda entrega el total, lo que le sirve para vivir.  ¿Pero es eso bueno, la hace mejor?

 Jesús la ve como víctima de un sistema de explotación y corrupción que contradice la ley.Lasviudas no debían dar las ofrendas sino recibirlas (Dt. 14:28-29, 26:12). Cuando esta mujer pone allí “todo su sustento” el objetivo de las ofrendas queda totalmente desequilibrado y desvirtuado.   Jesús no dice que esa viuda recibirá mucho, no anuncia su bendición ni su prosperidad .  La ve como una condenada a la extrema pobreza e inanición.  Es contrario al anuncio de las buenas nuevas de Jesús que privilegia la vida y la misericordia. Jesucristono aprueba a los maestros de la ley cuando se aprovechaban de personas tan frágiles y tan indefensas. 

·  El cuarto tema que Jesús señala es que se privilegia un sistema de acumulación antes que la vida.

Las personas que interpretan mal este pasaje lo que hacen es exigir lo que establece la institución o el templo, pero no lo que dice Dios.  La verdadera mayordomía cristiana no está en alimentar un sistema de acumulación, sino en la preservación de la vida.

·  El quinto tema que Jesús señala es la justicia, la misericordia y la gracia 

Este texto debe ser leído en el contexto de la teología profética y de misericordia de Jesús. Hay diferencias entre ricos y pobres en el Evangelio,  y este pasaje bíblico lo destaca. Los que tienen, deben expresar más cabalmente su generosidad.

Recordamos al joven rico que se fue triste ante la demanda de Jesús (Mr. 10:22) y el ciego Bartimeo que se despojó de todo por seguir a Jesús (Mr. 10:50). Las mismas contradicciones las podemos observar hoy. Mientras los que más tienen muchas veces ofrendan con mezquindad,  muchos hermanos pobres son capaces de ofrendar sacrificialmente o dar hasta el último centavo.   Todos somos llamados a expresar la gracia y la misericordia.

 Este texto también se proyecta como una crítica a todo sistema económico o gubernamental que impone tributos exigentes para los pobres, pero sólo recauda lo que les sobra a los ricos, y no los usa para compensar las desigualdades sino para alimentar a su propia burocracia .

 Jesús sale del templo para no volver Mr. 13:1-2 y nos dice que no quedará piedra sobre piedra; todo será derribado. La hermosura del templo quedará tirada por el piso.

 Queremos afirmar que una iglesia renovada es posible y será la respuesta de Dios a los cristianos de gran Fe (Mr. 11.23-24).  Dios responderá las oraciones que piden un nuevo tiempo.  “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones” Mr. 11:17

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:
 ¿Qué tipo o modelo de Iglesia se esta formando?

 ¿Cómo afecta a la misión y a la nueva generación de siervos?

 ¿Por qué para muchos el templo y la institución esta primero? ¿Por qué muchos enfatizan pactos, estatutos o reglamentos? 

 ¿Cómo podemos rescatar el modelo bíblico de iglesia en nuestro contexto protestante – evangélico?

 ¿Qué voz profética debe levantar la iglesia ante la desigualdad y los sistemas de gobierno (políticos o religiosos) que no tienen como prioridad defender la vida de los débiles e indefensos?

 ¿Es posible otra iglesia?

Autores: Carlos Scott
©Protestante Digital 2012

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JUAN STAM

Teología evangélica: Ubicación histórica

(Breve repaso de cinco siglos)

 

Los epítetos «conservador» y «liberal» son membretes que suelen manejarse con poca claridad y precisión. Son calificativas sujetivas, en que «conservador» es cualquier persona «a la derecha» mía (¡otro término muy relativo!) y «liberal» es cualquier persona  «a la izquierda» de donde me ubico yo. A quién no me gusta, fácilmente lo califico de «fundamentalista» o al contrario, de «modernista», sin tener la menor idea qué significan teológica e históricamente esos términos.[1] De manera similar, para muchos «ortodoxia» significa «cualquier doctrina que me parece aceptable» y «herejía» equivale a «toda doctrina que yo rechazo».

A veces esta confusión llega a tener resultados bastante cómicos. Muchos conservadores, quizá la mayoría, denuncian a Karl Barth como «liberal», cuando de hecho la teología de Barth es lo contrario y él era el mayor opositor de la teología liberal. Barth creía firmemente en la deidad de Cristo, y en sus primeras décadas, según los críticos, tendía a menospreciar un poco su humanidad y lo humano en general. A diferencia de la teología liberal, Barth creía firmemente en la justificación por fe y basó toda su teología en la trinidad y la trascendencia de Dios como el «totalmente Otro».

 

Menos cómica, y a menudo triste y lamentable, es la tendencia de algunos «liberales» de clasificar a todos los «evangélicos» como «fundamentalistas» y «derechistas» en teología e ideología, sin analizar el significado de esos términos y matizar sus juicios de acuerdo con la realidad.  Eso se complica porque actualmente muchos que se clasifican como «evangélicos», especialmente en los Estados Unidos, son de hecho fundamentalistas y ultraderechistas, con una religiosidad más republicana y derechista que cristiana. Por eso «evangélico» hoy es un término contaminado, que tenemos que «descontaminar» si vamos a seguir llamándonos por ese honroso título.

 

Conviene aclarar desde un principio lo que no significa el adjetivo «evangélico».  No significa fundamentalista, con un dogmatismo rígido y acrítico. Tampoco significa derechista, cerrado, reaccionario, sin conciencia social. No significa legalista o moralista, aunque lucha por forjar una ética personal y social fiel al evangelio y las escrituras. Tampoco significa simplemente «protestante», como en muchas partes de América Latina, ni menos debe confundirse con los «conservative evangelicals» de los Estados Unidos.  En su sentido verdadero, «evangélico» es un término bellísimo, basado en las buenas nuevas de la gracia de Dios en Cristo, un adjetivo cuyo sentido tenemos que recuperar y proteger.

 

Lo que se suele olvidar es que cada uno de estos términos tiene un origen histórico, y por eso tienen que ser entendidos históricamente. La mayor causa de su abuso es la tendencia de emplearlos fuera de su sentido teológico original. Por eso, para aclarar estos términos vamos a resumir los movimientos históricos de los que nacieron estas diversas tendencias.

 
La Reforma protestante[2]: Son bien conocidas las líneas básicas del proyecto histórico de la Reforma protestante. (A) Fue un despertar, ante el dogmatismo y tradicionalismo existente, de libertad de la conciencia cristiana liberada por la Palabra de Dios. «Si no se me demuestra de las escrituras y de la sana razón, no retracto nada», dijo Lutero en su desafiante declaración ante la dieta de Worms (1521).[3] Los Reformadores, a pesar de sus fallas humanas, eran pioneros de las libertades modernas y en su momento histórico promulgaban una teología verdaderamente liberadora.[4]

 

(B) Los reformadores afirmaron el principio de sola scriptura como fuente y norma de verdad revelada, de fe y práctica (aunque por supuesto no única fuente de conocimiento). Por eso, vivían con una pasión por la buena interpretación bíblica y la predicación expositiva. (C) Otra pasión de ellos fue la pasión por el evangelio, por las buenas nuevas de la redención en Cristo por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide). (D) Para los Reformadores, la fe no era simple asentimiento a doctrinas sino la entrega de la vida entera. Para Calvino, «todo recto conocimiento de Dios nace de obediencia». La fe erafiducia y praxis (para combinar un término latín de Lutero con otro griego de la sociología moderna).

(E) Los Reformadores entendían su misión como siempre inconclusa e imperfecta; no absolutizaron su `pensamiento como un sistema definitivo y final sino lo entendían como un proceso de búsqueda sin fin. Por eso fueron promotores de una «ecclesia reformata semper reformanda secundum verbum Dei» («iglesia reformada siempre reformándose según la palabra de Dios»).[5] Por eso también Calvino nos dejó nueve ediciones de La Institución«, a veces una revisión casi total. Sin duda, si hubiera vivido unos años más, nos habría dejado también una décima edición. En ese aspecto, el pensamiento de los Reformadores mostraba una impresionante humildad y flexibilidad.

 

En Lutero encontramos una impresionante combinación de firme convicción junto con una humilde flexibilidad. Al declarar sus inclaudicables convicciones evangélicas solía decir, «Esto es ciertamente la verdad», pero reconocía también que su propio conocimiento era finito y falible y que sólo Dios es absoluto (el «principio protestante», según Paul Tillich). Lutero era un «teólogo irregular» que nunca organizó su pensamiento en una «teología sistemática».

 

 

El segundo momento en nuestro resumen histórico, que afloró después de la muerte de los Reformadores, es la Ortodoxia protestante, o «el escolasticismo protestante» (aprox. 1580-1700).[6] Se caracterizó por «la cerrazón dal diálogo con otras iglesias, el gusto por las sutilezas teológicas, el dogmatismo epistemológico y el individualismo al ultranza» (Diccionario ilustrado de intérpretes de la fe, Justo L. González ed., p.477). A diferencia del pensamiento dinámico y fluido de los Reformadores, ahora se tendía a reducir la fe a un sistema cerrado y estático. Prevalecían las sospechas: algunos luteranos acusaban a los calvinistas de ser «cripto-católicos», algunos calvinistas hacían lo mismo contra los luteranos, y hasta algunos luteranos acusaban a otros luteranos de ser «cripto-calvinistas».  En esta época se formuló el dogma de la inerrancia de las escrituras, que no fue tema para los Reformadores, y ahora se extendió dicha infalibilidad hasta las copias y la vocalización del texto hebreo. Pero esa Biblia infalible se empleaba mayormente para textos de prueba y la exégesis bíblica solía ser pobre. De las enseñanzas del NT y del calvinismo moderado de Calvino mismo los ortodoxos sacaron inferencias para definir los «cinco puntos» del calvinismo oficial: la depravación total del ser humana, la gracia incondicional de Dios, la expiación limitada (Cristo murió sólo por los elegidos), la gracia irresistible y la perseverancia de los santos (Sínodo de Dort 1618-19).

 

Una de las razones de la actitud defensiva de la ortodoxia era el crecimiento de una ola de escepticismo racionalista inspirada por el Renacimiento humanista del siglo XV.[7] Muy importante eran los Ensayos de Miguel de Montaigne (dos tomo, 1580) y el pensamiento de Pierre Bayle (1647-1706), a quien Voltaire apodó «el maestro de la duda». Después, en el siglo XVIII («el siglo de las luces»), la llamada «Ilustración» profundizó mucho más las dudas y el escepticismo, inculcando un rechazo de toda autoridad y tradición, buscando la verdad más bien por el raciocinio, la observación y la experimentación.[8] En el XIX «los maestros de la sospecha» (Kierkegaard, Marx, Darwin, Freud, Nietzche) terminaron de revolucionar la filosofía occidental.

 

La teología respondió a estos desafíos de tres maneras: (1) con la ortodoxia dogmática, apelando precisamente a la autoridad que rechazaban sus contrincantes. Esto llegó a su reductio ad absurdum con una larga y sensacional polémica periodística entre G. E. Lessing y un pastor ortodoxo luterano, el Pfarrer Goeze. Al quedar claro que la teología ortodoxa del pastor Goeze no tenía respuestas, éste terminó el debate amenazando a Lessing con el castigo eterno. Otras respuestas fueron (2) el pietismo y (3) la teología liberal de Schleiermacher.

 

 

Frente al racionalismo escéptico, la respuesta del Pietismo consistió en un rechazo de la «ortodoxia muerta» del escolasticismo protestante y una búsqueda de una relación personal con Jesucristo. Su única confesión de fe era «Ningún credo, sino sólo Cristo». Su fundador era Philip Jakob Spener (1625-1705), que en su libro Pia desideria (1675) ofreció una serie de propuestas para restaurar la religión verdadera en Alemania. August Hermann Francke (16631727), otro líder pietista, supo juntar la espiritualidad con la acción social y fundó un orfelinato, una escuela para los pobres y una clínica en su propia casa. El centro del pensamiento pietista era la recién fundada Universidad de Halle.

 

Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. Tenían mentalidad laica. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban «Collegia Pietatis» o «Collegia Philobiblica». No cabe duda que su ardor y su pasión nacía del evangelio y que era más fiel a los Reformadores de lo que era la ortodoxia muerta o el liberalismo después. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.[9]

 

El pietismo impactó a la iglesia y se extendió rápidamente por Alemania, pero lamentablemente sufría de una escasez de buenos líderes. Por eso se fragmentó y a veces cayó en un sistema legalista muy rígido. También a veces era excesivamente individualista y espiritual, desvalorando el cuerpo y la sexualidad humana.

 

 

Una tercera respuesta al racionalismo incrédulo fue la teología liberal, introducida por Friedrich Daniel Schleiermacher (1768-1834). Este destacado teólogo era de una familia morava y estudió en la Universidad de Halle, el centro del pietismo, donde conoció la filosofía de Kant, Spinoza y Leibnitz y el romanticismo de Schlegel. Su obra, Sobre la religión, para sus despreciadores cultos, fue publicada en 1799. Para rescatar la decaída credibilidad de la religión, Schleiermacher la redefinió como «el sentimiento piadoso de dependencia absoluta», independiente de todo dogma.[10] En La fe cristiana (1821-2) reinterpreta toda la doctrina cristiana a partir de esa auto-consciencia religiosa. Entre los teólogos liberales figuran A. Ritschl, W. Hermann, A. Harnack, E. Troeltsch y en los Estados Unidos H. E. Fosdick, Albert C Knudson y Edgar Brightman. W. Rauschenbusch ensenó un «evangelio social», con base en el Reino de Dios. La teología liberal fue criticada acérrimamente por Karl Barth, Emil Brunner y los hermanos Niebuhr.

 

La teología liberal viene marcada por el moderno rechazo de la autoridad, incluso la de la de la revelación divina, y por la «duda metodológica» del pensamiento cartesiano. Duda no sólo de la tradición y de las interpretaciones de las escrituras, sino también de la veracidad de ellas mismas. Se caracteriza por un racionalismo escéptico, dispuesto a creer sólo lo que su propio análisis racional logra comprobar. A menudo muestra cierta satisfacción en refutar la enseñanza bíblica, como afirmación de su propia libertad para rechazar toda autoridad externa.

 

Para la teología liberal, en términos generales, el ser humano tiene adentro una chispa divina que lo capacita para sentir conscientemente la realidad de Dios. El pecado es el debilitamiento de ese sentimiento piadoso, que sin embargo estaba presente en Jesús en su máxima fuerza. La justificación por la fe consiste en que Cristo inspira en nosotros esa consciencia de unión mística con Dios. La Biblia es una especie de antología de las experiencias espirituales de la gente piadosa. El Reino de Dios consiste en que se haga la voluntad de Dios en la tierra (Ritschl, Rauschenbusch), olvidando generalmente la dimensión escatológica (la vida venidera). Para Harnack, la esencia del cristianismo consistía en «la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres» (sic).

 

Esta teología tenía un valor positivo en muchas de sus afirmaciones pero era problemática en lo que negaba, especialmente la eterna deidad de Jesús (y así la encarnación), su obra expiatoria y su resurrección corporal. En su afán de convencer a los «cultos despreciadores», a veces se adaptaba demasiado al mundo secular en vez de confrontarla como contracultura. Su énfasis en el «ya» del Reino era muy valioso, pero debían balancearlo con el «todavía no». A Schleiermacher se le considera «padre de la hermenéutica moderna». Para Ritschl, la tarea de la teología era la reconceptualización de la fe en diálogo con el contexto.[11] Estos eran aportes a la metodología teológica.

 

 

La tradición evangélica (hasta siglo XIX): Este adjetivo aparece por primera vez en 1531 cuando William Tyndale escribió, «los exhortó a continuar en la verdad evangélica» y el año siguiente Tomás Moro habló de «Tyndale y su hermano evangélico Barns». Martín Lutero hablaba de la «evangelische Kirche», a diferencia de la Iglesia Católica Romana, y afirmaba la centralidad inviolable de la justificación por la fe, lo que le ganó el epíteto de «evangélico».[12]Después siguieron diversos movimientos y hasta denominaciones eclesiásticas que se llamaban evangélicos, que no estaban de acuerdo ni con los ortodoxos ni con los liberales.[13] En esta corriente figuraban grandes predicadores (Charles Simeon, Charles Spurgeon) e importantes pensadores, especialmente en las ciencias bíblicas de la época (Thomas Chalmers; A. B. Bruce; E Schürer; Adolf Schlatter: Karl Heim, H. Wheeler Robinson, H.R. Mackintosh y muchos más).[14] Hicieron valiosos aportes a las ciencias bíblicas y a la iglesia.

 

De estos movimientos evangélicos el más importante fue el wesleyano.[15] De 1830 en adelante la prédica de Charles G. Finney comenzó a ser levadura de transformación en la iglesia y en la nación del norte. En esas décadas, mucho antes del nacimiento del fundamentalismo, los evangélicos (que así se llamaban) ejercieron un liderazgo valiente y decisivo para la emancipación de los y las esclavos y para el sufragio de la mujer. En esas luchas fue importante la recién fundada Universidad Oberlin (Oberlin College), de la que Finney fue Rector.[16] En realidad, este «proto-evangelicalismo», antes de las controversias en torno al modernismo, practicaba la misión integral de la que hablamos mucho los evangélicos de hoy.

 

Realizadas las metas sociales del movimiento, se debilitó mucho casi hasta desaparecer. En las décadas después de la guerra civil estadounidense crecía la teología liberal y aparecieron nuevos desafíos, especialmente los debates sobre la evolución y sobre la «alta crítica» de los textos bíblicos. Un sector amplio de la iglesia respondió muy a la defensiva, al estilo de la ortodoxia del sigo XVII, y comenzó la guerra teológica entre los fundamentalistas y los modernistas (o «liberales»).

 

 

Los fundamentalistas: Este término, un poco curioso, tiene una historia interesante. Durante las últimas décadas del siglo XIX los opositores del liberalismo no se llamaban fundamentalistas sino ortodoxos, conservadores o defensores de la sana doctrina. En esa guerra sin cuartel contra los liberales, dos multimillonarios petroleros, los hermanos Lyman y Milton Steward, ofrecieron financiar una nueva revista con el título de “The Fundamentals” (adjetivo sustantivado, para decir “las doctrinas fundamentales”). Entre 1910 y 1915 publicaron 12 extensos tomos. de los que circularon más de tres millones de ejemplares en forma gratuita a pastores, seminaristas y otros líderes. De ese proyecto quedó el nombre de «fundamentalistas» como movimiento histórico.

 

El fundamentalismo traía desde su nacimiento un virus mortal, que era el reduccionismo.[17] Les gustaba reducir todo a los cinco o seis puntos fundamentales. Ya en 1895 la famosa Conferencia de Niágara definió los temas del conflicto: la inerrancia de la Biblia y su interpretación literal, la deidad y nacimiento virginal de Jesús, su muerte en la cruz como expiación vicaria, su resurrección y su regreso físico a la tierra. Insistía también en la historicidad literal de todos los milagros narrados en la Biblia y de los primeros capítulos de Génesis (creación literal en seis días, diluvio universal). Muy importante además era el rechazo categórico de la evolución y la alta crítica bíblica. La temática se limitaba a los temas de controversia con los liberales, sin tomar en consideración otros temas urgentes como el reino de Dios, la iglesia y su misión, la humanidad de Jesús, la hermenéutica y mucho más.

 

En la ética fundamentalista ocurrió el mismo reduccionismo, resumiendo toda la moral en cinco o seis tabúes, mayormente irrelevantes: no ir al cine, no bailar, no fumar, no beber, no jugar naipes y no pertenecer a sociedades secretas. Implícita estaba otra prohibición: no participar en «el mundo», la sociedad secular. Frente al «evangelio social» de los liberales, los fundamentalistas proclamaban un «evangelio anti-social», de extrema derecha (diríamos hoy). El fundamentalismo no se preocupó por una integral ética personal, mucho menos una ética social. El trágico papel de William Jennings Bryant en el proceso contra el profesor Scopes por enseñar la evolución (Dayton, Tenessee, 1925) desacreditó significativamente la seriedad intelectual de los fundamentalistas.

Con el tiempo dos corrientes tomaron prominencia en el fundamentalismo. La primera fue el dispensacionalismo de la Biblia Scofield, con un fuerte énfasis en el rapto de la iglesia. La otra fue el separatismo, encabezado por Carl McIntire. Éstos enseñaron la «triple separación»: separarse personalmente de la falsa doctrina, separarse de cualquier iglesia que enseñe falsa doctrina y tercero, separarse de las personas que no se han separado de esas iglesias, aunque la doctrina de ellos sea sana.  Con cada década el fundamentalismo se volvía más ofensivo, hasta que el mismo término llegó a ser sinónimo de necedad y malacrianza, ignorancia y fanatismo.

 

En esas mismas décadas (aprox. 1910-1940) surgieron dos fuerzas más en el escenario teológico. En primer lugar Karl Barth logró lo que nunca pudo el fundamentalismo, de ofrecer una respuesta convincente al liberalismo y una alternativa teológica para el siglo XX. Barth afirmó vigorosamente la trascendencia de Dios, la deidad de Jesucristo y su resurrección, pero apareció también Rudolph Bultmann con su proyecto de «desmitificar» los milagros del N.T., incluso la resurrección. En segundo lugar creció fenomenalmente el movimiento pentecostal, con su muy fuerte énfasis en los milagros. Ese hecho histórico parece refutar el argumento de Bultmann y otros que «el hombre moderno no cree en milagros» (sic.). El pentecostalismo es un desafío muy importante a la teología liberal.

 

Gustavo Gutiérrez ha expresado una gran admiración por Karl Barth y su pertinencia para América Latina. Señala que Bultmann, que pretende hablar por el ser humano de hoy, de hecho «ignora las cuestiones que vienen del mundo de la opresión», mientras que Barth, el teólogo de la trascendencia de Dios, es sensible a la situación de las víctimas de la explotación. «El que parte del ‘cielo’ es sensible a aquellos que viven en el infierno de este mundo, el que parte de la ‘tierra’ no ve sobre qué situación de explotación ella está construida». (La fuerza histórica de los pobres, Lima:CEP 1979, pp. 372-3; cf. 326-28, 408-14 y para su crítica de la teología liberal pp. 323-5).

 

 

La teología evangélica (neo-evangélica; evangélica radical): A mediados de la década de los 40, un grupo de cristianos básicamente conservadores, reunidos alrededor del Seminario Fuller y la figura de Billy Graham, rompió con los fundamentalistas y rechazó ese título. Abogaron por una teología más centrada y abierta, una ética no legalista sino fundamentada en convicciones personales maduras, y una nueva preocupación social. No definían su fe por los dogmas de la ortodoxia y el fundamentalismo sino, como su nombre indica, se basaban en los hechos salvíficos que son las buenas nuevas para la humanidad. Se esforzaron escrupulosamente en ser objetivos y justos con otros teólogos en vez de traficar en caricaturas.[18] Era claramente un fenómeno nuevo en el escenario teológico.[19]

 

En 1947 Harold Ockenga, entonces presidente del Seminario Fuller, acuñó el término de «neo-evangelicalismo» para identificar este nuevo movimiento. Sin embargo, este título no se impuso y dentro de una década, más o menos, por razones no muy claras, fue sustituido por «evangélicos conservadores».[20]El nuevo apellido correspondía a una clara derechización del movimiento, en estrecha alianza con el Partido Republicano, y una cierta vuelta hacia el viejo fundamentalismo. Así en una medida significativa los «conservative evangelicals», que ya eran numerosos y poderosos, eran de hecho «neo-fundamentalistas», más sofisticados y cultos pero bastante parecidos en teología y política.

 

Frente a ese retroceso surgieron «los evangélicos radicales» (progresistas) que buscaban recuperar el impuso original del movimiento y llevarlo más adelante. Estos ampliaron considerablemente la libertad del pensamiento, dentro de los parámetros de «las sagradas escrituras y la sana razón» de Lutero o el cuadrilátero de Juan Wesley,[21] Por otra parte, estos evangélicos, en sus publicaciones, congresos y praxis, han promovido un radical compromiso social.[22] En su lucha incesante por la justicia, este movimiento representa una especie de «izquierda evangélica».

 

Como el nombre indica, la teología evangélica es la teología de las buenas nuevas de la vida, muerte y resurrección corpórea de Jesucristo. Como tal, la teología evangélica no se fundamenta en conceptos generales de religión ni en el sentimiento piadoso nuestro sino en la acción histórica de Dios para nuestra salvación, conocida también como el kerigma. Esas buenas nuevas son el evangelio de Dios (Rom 1:1; 1Ts 2:9) y de Jesucristo (Mr 1:1; Rom 1:9; de la gloria de Cristo, 2Cor 4:4), el evangelio de la gracia de Dios (Hch 20:24), el evangelio de la salvación (Rom 1:16; cf Ef 1.13) el evangelio del reino (Mt 9.35; cf. Hch 28:31) y «buenas nuevas a los pobres» (Mat 11:5; Lc 4:18). En su conjunto, estas frases descriptivas resumen mucho de lo que es la teología evangélica. Es una teología desde la fe, en busca de inteligencia y eficacia.

 

Los evangélicos damos mucha prioridad a la normatividad de las escrituras y por eso a la cuidadosa exégesis bíblica, incluso con el empleo de los métodos críticos de la moderna ciencia bíblica.[23] Tampoco insistimos en la interpretación literal de los primeros capítulos de Génesis. El libro de Bernard Ramm sobre la Biblia y la Ciencia abrió el camino hacia nuevos enfoques del tema de la creación, de modo que la polémica anti-evolucionista no pertenece a la agenda evangélica.[24] De igual manera han liberado la exégesis del Apocalipsis del literalismo a priori que distorsionaba su interpretación. En vez de rechazar a priori toda autoridad, los evangélicos persiguen la meta de «autoridad (las escrituras) sin autoritarismo, tradición (la historia) sin tradicionalismo, y dogma (la teología) sin dogmatismo».

 

A diferencia de los ortodoxos del siglo XVII y los fundamentalistas del siglo XX, los evangélicos radicales buscan enseñar «todo el consejo de Dios», no sólo una agenda polémica reduccionista. Buscan también ser radicalmente autocrítica, para cuestionar su propia tradición, y radicalmente honestos para aprender de otras tradiciones y movimientos (p.ej. de Karl Barth). Buscan también ser radicalmente comprometido con América Latina hoy, en la lucha por la justicia y la paz. Mantiene su identificación con los sectores evangélicos y pentecostales de la iglesia latinoamericana, esperando en Dios transformarla día a día en una iglesia más fiel a la Palabra.

 

Dos movimientos más recientes han enriquecido nuestro debate teológico. La teología de la liberación, en cuanto teología autóctona latinoamericana, ha sido en gran medida compatible con la teología evangélica radical. Muchos de ellos han hecho valiosos aportes bíblicos, pero otros han incorporado elementos de la teología liberal europea y norteamericana. Por otra parte, en recientes décadas la Fraternidad Teológica Latinoamericana ha logrado, y está logrando, renovar el protestantismo latinoamericana con una dinámica nunca vista antes. Los cinco «Clade» (Congreso latinoamericano de evangelización) y las publicaciones y diversos ministerios del Centro Kairós (como por ejemplo el CETI) desde Buenos Aires nos han vigorizado y nos han hecho madurar. Es un ejemplo inspirador de lo que se puede lograr, desde la Palabra de Dios, dentro de la gran comunidad evangélico-pentecostal.

 

José Miguez Bonino, con palabras profundamente conmovedoras, se describió como evangélico y fue miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. «Pero si se trata de definirme en mi fuero interior, lo que me sale de adentro es que soy evangélico. En ese suelo parecen haberse ido hundiendo a lo largo de más de setenta años las raíces de mi vida religiosa y de mi militancia eclesiástica. De esa fuente parecen haber brotado las alegrías y los conflictos, las satisfacciones y las frustraciones que se han ido tejiendo a lo largo del tiempo. Allí brotaron las amistades más profundas y allí se gestaron distanciamientos dolorosos… Si en verdad soy evangélico o no, tampoco me corresponde a mí decirlo. Ni me preocupa que otros lo afirmen o nieguen. Lo que en verdad soy corresponde a la gracia de Dios» (Rostros del protestantismo latinoamericano, BsAs/Grand Rapids 1995, pp. 5-6).

 

 

CONCLUSION: Los apelativos «fundamentalista». «evangélico» y «liberal» deben entenderse estrictamente desde su origen histórico. Cada tendencia tiene sus raíces en los siglos XVI-XIX. El fundamentalismo es una reencarnación de la ortodoxia protestante escolástica del siglo XVII, mientras la teología evangélica tiene sus orígenes e inspiración en la Reforma evangélica del siglo XVI, a la cual busca ser fiel en nuestro moderno contexto tan distinto. La teología liberal, por su parte, surge del intento de Schleiermacher de responder al moderno escepticismo racionalista en los mismos términos de ellos.

 

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[1] Sobre estos términos ver también juanstam.com, «Soy un radical conservador liberal» (27 marzo 2009) y «Soy un evangélico católico pentecostal» (28 marzo 2009). Cf, además «Teología evangélica: las buenas nuevas de la muerte y resurrección de Jesús» http://www.juanstam.com 1 de abril 2012.

[2] Bajo este término, en su sentido más amplio, incluimos no sólo Lutero y Calvino pero también la Reforma Radical, sin desconocer los aportes del movimiento wesleyano.

[3] Los wesleyanos amplían la «sana razón» de Lutero en el llamado «cuadrilátero wesleyano»: las cuatro fuentes de la teología son las escrituras, la razón, la tradición y la experiencia. (Según otra formulación, la fuente definitiva es la escritura, iluminada por la experiencia, la razón, la tradición y la creación). Las demás fuentes complementan el testimonio bíblico, pero no pueden contradecirla. «La norma del cristiano respecto de lo bueno y lo mal es la Palabra de Dios, los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento…» (Obras de Wesley, Tomo I, Sermón 12, pp. 229-30; citado en Jorge Bravo, «La teología de Juan Wesley: un reto para el presente».http://www.angelfire.com/pe/jorgebravo/teologia1.htm.

[4] Por eso José Martí admiraba a Lutero y opinó que todo amante de la libertad debía colgar un retrato de Lutero en la pared de su casa; ver «Sobre la teología de los reformadores: unas reflexiones» http://www.juanstam.com 31 octubre 2011.

[5] Parece que la frase latina fue acuñada por la iglesia reformada holandesa del siglo XVII, pero describe fielmente la actitud de los reformadores del XVI.

[6] Entre los teólogos ortodoxos figuran Abraham Calovius, Johann Gerhard,  Francis Gomarus, Amandus Polanus y los tres Turrettini (abuelo, hijo y nieto: ¡una verdadera dinastía!). Teólogos más abiertos eran Georg Calixto y Moise Amyraut,

[7] Humanistas del Renacimiento en Italia: Petrarco, Boccaccio, Lorenzo Valla, Pico della Mirandola. Algunos en Europa  del norte: Juan Reuchlin, Felipe Melanchthon, Juan Colet, Sir Thomas Moro, William Budé y Erasmo.

[8] En este proceso jugó un papel importante el pensamiento de René Descartes (1597-1650) e Imanuel Kant (1724-1804). En 1793 Kant publicó La religión dentro de los límites de la mera razón. Era muy popular el deismo, más que el ateísmo mismo.

[9] Interesantemente, los moravos introdujeron prácticas que siguen caracterizando a movimientos evangélicos hasta hoy: grupos pequeños, predicación fuera de los templos, himnología evangélica más personal, proyección misionera etc.

[10] Se puede decir que Schleiermacher centró su teología en la religión en lugar del evangelio o la revelación

[11] Sobre la teología liberal, especialmente de finales del siglo XX, son valiosos los escritos de Gary Dorrien de Union Seminary de Nueva York’: «American Liberal Theology» en Cross Currents 55:4, 2005-6 y los tres tomos de The Making of American Liberal Theology (John Knox Press)

[12] George Marsden, Understanding Fundamentalism and Evangelicalism (Eerdmans, 1991)., citado en en.wikipedia.org/wiki Evangelicalism).

[13] Aunque algunos de estos movimientos evangélicos apreciaban ciertos aportes del pietismo, no compartían su desprecio de la reflexión teológica y los credos. Estos «evangélicos antes de los evangélicos» insistían en la fidelidad a las escrituras, la deidad de Cristo y su obra redentora, la necesidad de una conversión personal y de la santidad. Se oponían a la ortodoxia muerta y el ritualismo como también a la corriente liberal.

[14] Charles Simeon, que tuvo un gran impacto en Cambridge, dijo que su tema central era «Jesucristo y éste crucificado». Con espíritu evangélico, Heim dijo que la meta de todo su trabajo era «confrontar a las personas con el Cristo viviente».

[16] Es especialmente valioso el libro de Donald W. Dayton, Discovering an Evangelical Heritage (Descubriendo una herencia evangélica), Hendrickson 1976 (revisión y quinta impresión 2005).

[17] Otros defectos congénitos del fundametalismo eran el literalismo, el legalismo y el dogmatismo.

[18] Por esta honestidad de de G. Berkouwer, Karl Barth reconoció su libro, The Triumph of Grace in theTheology of Karl Barth, como el mejor libro sobre su teología. La misma integridad caracterizó la tesis de E.J. Carnell sobre Reinhold Niebuhr y los trabajos de evangélicos como P.K, Jewett, B. Ramm. G. Ladd, R. Mounce y otros. Cf. Stam, «ética y estética del discurso teológico» en Haciendo teología en América Latina, Tomo I, pp. 23-45.

[19] Igual que los reformadores, este nuevo movimiento afirmaba el evangelio como buenas nuevas, y (junto con los ortodoxos y fundamentalistas) sostenía las doctrinas básicas de la deidad de Jesucristo y su resurrección, pero sin la rigidez escolástica. La espiritualidad de los neo-evangélicos tuvo raíces en el pietismo y el movimiento wesleyano, y su ética tuvo antecedentes en el evangelio social de Rauschenbusch.

[20] Este título puede verse como un oxímoron, ya que el evangelio no implica una mentalidad conservadora. El adjetivo y el sustantivo se contradicen.

[21] La fascinante historia de las casi ocho décadas de Fuller Seminary demuestra esa impresionante libertad, dentro de parámetros evangélicos.

S[22] Entre las revistas han sido importantes Sojourners, The Other Side y The Wittenberg Door. Sus encuentros sobre temas sociales han sido numerosísimos, comenzando con la consulta de Wheaton (1966), Lausanne (1974), Wheaton (1983), los Clade y la Red Miqueas en América Latina.

[23] Se destaca el extraordinario aporte de F.F. Bruce a la exégesis y la teología bíblica, empleando fielmente los métodos críticos. Cf. el libro de George Ladd sobre la Crítica Bíblica. De hecho, los biblistas evangélicos han estado entre los mejores de la época moderna.

[24] Cf. Stam, Las buenas nuevas de la creación (Nueva Creación 1995; Kairós 2003).


Isabel Pavón

<em> Woman is beautiful</em>  (Iglesia y patriarcado)
Creo que existen iglesias donde se maltrata a la mujer. Ser negada es ser maltratada.
 Género es la asignación que se le otorga a los seres humanos según su sexo. No obstante, existen diferentes definiciones para el concepto de género, todas ellas implicadas con la realidad de mujeres y hombres a lo largo de la historia y sus relaciones sociales. En cada una de ellas podemos descubrir que el patriarcado está fuertemente arraigado, el dominio pacifico o violento, que considera a la mujer, ya sea de manera individual o colectiva, un ser inferior al que se debe guiar, guardar, corregir, gestionar sus bienes, paralizar sus iniciativas y ejercer contra ella su fuerza, ya sea física o psíquica, en el ámbito familiar, social o religioso, hasta hacer de ella un producto destinado para el servicio al varón. A la mujer se la ha domesticado y oprimido. En muchas sociedades está recluida a ser esposa, madre, hija o cualquiera de los roles que el varón le asigna.

Según sea la sociedad y la época, el poder que ejerce el patriarcado puede tener origen «divino», familiar o fundarse en acuerdos de voluntades entre los propios varones. En ellos prevalece el dominio del hombre sobre la mujer, impidiendo que esta se realice como sujeto.

 A través de los libros de la Biblia podemos destacar el patriarcado reinando con claridad en los pueblos antiguos. Esta herencia la han acogido con gusto un número considerable de iglesias y aún no la han soltado , pues asumen a la mujer como un ser menor e incompleto que debe actuar de la manera que se le dicta. Salvo excepciones que también podemos encontrar en la Biblia y en algunos documentos históricos fiables, ha sucedido así a lo largo de la historia.

A la mujer, por su sexo, se le marcan normas y prohíben acciones. Se la encorseta. Desde el púlpito no se reconocen estas acciones, no se mencionan estas negativas, pues se actúa de manera, casi siempre, no explícita.

Pongo  pequeños ejemplos :

La prohibición de la mujer a enseñar a los varones adultos, teniendo permitido enseñar a los niños, dando por hecho que lo segundo es menos importante, obviando que es en los niños donde mejor se puede sembrar la palabra de Dios.

Otra muestra podría ser el denominado «tiempo de alabanza» (entrecomillado por no estar de acuerdo una servidora con este concepto de considerar las canciones como único modo de alabanza). En este periodo de la liturgia que abre el culto a Dios, hay lugares en los que los hombres tocan ciertos instrumentos apropiándoselos como masculinos. Ellas, a veces, tienen los suyos, productores de melodías más suaves.

La mujer que profetiza (según el contexto denominacional) es tildada de alocada e inmadura. El varón puede hacerlo con total normalidad y autoridad.

Una mujer no puede escribir reflexiones bíblicas y compartirlas en público. El varón puede hacerlo y además es considerado alguien espiritual, entregado a Dios.

La mujer que desea participar activamente en la congregación puede ser considerada, en algunas comunidades, como entrometida, chismosa y se duda de su formación.

Existe algo curioso y es que igual que en otros ámbitos, dentro de ciertas iglesias, la mujer está encargada de las obras sociales, de la ayuda al marginado, de visitar a los enfermos, de cuidar las flores, de lavar lo que se ensucia y atender niños. Aún así, estos trabajos se consideran neutros frente al que realizan los varones. La mujer cuida la iglesia como le han enseñado a hacer en su propia casa. La mujer prepara la comida en actos especiales.

La mujer no podrá criticar los actos, las palabras, los consejos, las predicaciones y enseñanzas del varón. Trabaja a expensas de él. Bajo la supervisión de él. Con el permiso de él. Cualquier iniciativa queda bajo inspección patriarcal.

 A veces parece que se la escucha, que se le da oportunidades para avanzar. Sin embargo, no se tienen en cuenta sus palabras . Ocurre que, en la vida eclesial, hombres y mujeres se convierten en seres no complementarios sino opuestos. Incongruentemente, fuera del templo, la mujer puede ser jefa del gabinete donde estos varones trabajan ocho horas diarias bajo sus órdenes, pero en la iglesia, el hombre aparece como la parte activa. La mujer, ocupa la pasiva.

Existen ellos como la nota normal dentro de los vivos, y las mujeres como «lo otro», como si más que hijas de Dios, fuésemos un híbrido fallido de su obra, un error que hoy día todavía no sabemos componer y que aún no se ha podido eliminar de la faz de la tierra. Para muchos somos las eternas adolescentes, las falta de talento, las no capaces de discernir entre el bien y el mal. Somos las Evas que incitan a pecar a los santos varones y necesitamos supervisión constante, consejos, ayudas, correcciones, guías.

Estas características de dominio hacia la mujer dentro de la iglesia, la expulsa del ámbito de participación por causa de su sexo. No se le otorga autoridad ni se le valoran las responsabilidades. Su función a los ojos de muchos es insignificante. Lo que no se logra entender es cómo, en estas iglesias a las que me refiero, se predica el mensaje de Dios «según dice la Biblia» y se actúa de manera tan diferente y mezquina en la práctica.

El patriarcado no permite que las mujeres se salgan del canon establecido por ellos. Hay varones que cuando una mujer predica salen indignados del templo para no oírlas y las critican. Consideran que es mejor esperar en la puerta a que salgan sus esposas que poner sus oídos a disposición de estas enseñanzas. Me pregunto: Si las mujeres enseñan algo indebido, ¿cómo dejan que sus esposas se contagien dejándolas dentro?

Estos hombres echan en cara a las mujeres preparadas que no tienen la suficiente humildad como para quedarse sentadas con la boca cerrada. En contrapartida, están convencidos de que el hombre que predica ejerce la humildad, pues es un medio usado por Dios para darnos su mensaje.

A las mujeres que cultivan sus dones les dan la espalda. Las hacen invisibles y transparentes. Por desgracia es otra forma de exteriorizar que no piensan perder su posición.

Una forma subliminal de invasión a la mujer por parte del patriarcado es alentarlas a tener sus propios grupos para que se «distraigan», evitando así mezclarse con los temas que a ellas les interesan. Esta propuesta, aún teniendo su parte positiva, lleva trampa, ya que las obligan a alimentarse fuera del grupo que debería estar compuesto por todos.

Los hombres a los que me refiero están convencidos de que el cerebro de la mujer es más pequeño y, por lo tanto, sufren taras. No están capacitadas para realizar cualquier trabajo con éxito.

En los grupos de mujeres comparten y se enseñan unas a otras, a veces bajo la convicción errónea de que son cristianas de segunda clase. En los actos especiales de estas reuniones se suele invitar a un varón para que les enseñen, las instruyan, les expliquen la Palabra, las conduzcan, las exhorten, las encaucen… En casos así asumen de nuevo su papel de inferioridad pasiva a causa de su sexo y realzan el patriarcado aunque el varón les esté enseñando un concepto insustancial. Este tipo de hombres se sienten privilegiados cuando son invitados a los actos porque asumen la labor de evangelizar que desde el podium se le concede a su narcisismo, viéndolas a ellas en un nivel muy inferior. Ellos «por mérito propio, porque se lo merecen», dan gracias a Dios por la oportunidad que tienen de salvar y conducir almas tan pobres y por poder ofrecer un poco de su tiempo en ofrecerles alimentos blandos ya que son incapaces de consumir algo sólido. Son los eternos padres. Ellas, hijas para siempre. Las que no madurarán jamás.

 Otros hay que, queriendo aparentar seguridad, al leer los textos bíblicos que se consideran discriminatorios para nuestro sexo, agarran la Biblia y la levantan con efusividad para mostrar que no son palabras suyas sino de Dios mismo, y que Dios no habla a la mujer sino a través del hombre. Y claro, ¿quién se atreve a discutir con el mismísimo Dios y llevarle la contraria?  ¡Cuánta superstición existe en el pueblo de Dios y no se admite! En ese momento, el patriarca se monta en el trono divino y desde allí actúa, otro símbolo de invasión o anulación al hacer uso de tal autoridad. Para mantener su situación no se preocupan en estudiar las normas sociales incluidas en los relatos bíblicos que quedaron obsoletas siglos atrás y se colocan como mediadores entre Jesús y las mujeres.

Por otro lado, está la manera de vestir. No todas las modas femeninas están permitidas en estos grupos (a veces con razón, pero no siempre). Se anima a que la mujer cubra sus brazos sea cual sea la temporada del año. Se le alienta a usar falda larga, velo, zapato plano. Esto las lleva a tener dos maneras de actuar, incluso a esconderse, pues visten a gusto del patriarcado para entrar en la iglesia y a gusto de ellas -que por lo general también es un gusto impuesto desde el patriarcado- cuando salen del templo. El varón puede ir con pantalón corto, sin afeitar, sin corbata, sin ducharse y puede adoptar cualquier postura que se le antoje… La mujer no puede tintarse el pelo ni ir maquillada porque esto supone provocar a los hombres de manera obscena. El perfume es sensual. Los tacones provocativos.

Existen lugares de culto donde las mujeres se sientan separadas de los hombres, aunque sean sus propios esposos los que están al otro lado del pasillo y duerman en la misma cama todas las noches. Pero con Dios como excusa se marca la distancia, se separan.

La mujer está obligada a recibir al clero en el reino de su casa y ponerle todo cuanto necesite al alcance de su mano. A veces puede interpretarse por parte de ellos como «aquí vengo y tomo posición este día y a esta hora», soy el rey.

En la iglesia ellas están obligadas a sonreír. Aceptar, si se produce, el maltrato psicológico al que se le somete como algo que se merece ya que fue quien indujo a pecar al varón y siente esta culpa esclavizante. Por cierto, si Dios perdona, ¿cuándo perdonará el hombre? Y por cierto otra vez, si fue el varón quien cometió el primer crimen, ¿por qué no se considera a todos los hombres criminales, fraticidas?

Se las persuade a convivir con maridos borrachos, mujeriegos e irresponsables porque tienen que demostrar que son buenas esposas y que es el Señor quien las ha puesto en ese ambiente para ayudar al hombre, al suyo, y si le abandona ella será responsable de su condena (siendo la mujer tan poca cosa como dicen que es, vean aquí cual grande es su empresa).

Tienen prohibido quejarse, pues esto se considera murmuración y la murmuración es pecado ante los ojos de Dios, ¿qué es murmuración para Dios, qué es desahogo, qué es denuncia justa? ¿Es necesario el consuelo o debemos guardarnos todos nuestros sentimientos sin expresarlos jamás? ¿No son necesarias las denuncias para el buen funcionamiento de la congregación? ¿No consideramos el don de discernimiento? ¿No se reúnen los varones en los despachos para hacer esto mismo?

Por su sexo, a las mujeres se les tapa la boca. Se les venda los ojos. Se les ata con cuerda corta. La opresión que sufren las lleva a ser victimistas, necesitando en muchos casos ayuda psicológica para volver a recuperar su autoestima, su deseo de identidad para sentir que existen y habitan. Muchas no llegan a conseguirlo, quizás por oír predicaciones en las que se dice que no hay nada que contenga más maldad que la mente femenina.

 La mujer, tratada como la eterna inmadura es manipulada por muchos hombres que usan para ello la Biblia, convirtiendo en palabra de Dios las costumbres sociales de la época en la que se escribieron los libros .

Se usan textos bíblicos desvirtuando su sentido original, o que se escribieron por un motivo específico y se generalizan, o se añadieron después de un tiempo y que nos dañan, nos mantienen en el estatus de total sumisión y sacrificio, pues conservando el concepto de que no somos capaces de hacer nada bien, al mismo tiempo somos responsables de todos los males.

En 1ª Cor 14, 34-35,  las mujeres deben guardar silencio en las reuniones de la iglesia, porque no les está permitido hablar. Deben estar sometidas a sus esposos, como manda la ley de Dios. Si quieren saber algo, que se lo pregunten a ellos en casa, porque no está bien que una mujer hable en las reuniones de la iglesia.  Esto se predica apartando a la mujer de la congregación, sin tener en cuenta los versículos que le anteceden y hablan en general a todos los creyentes, 1 Cor 14, 26-33:

 En resumen, hermanos, cuando os reunáis, unos podéis cantar salmos y otros enseñar, o comunicar lo que Dios os haya revelado, o hablar en lenguas, o interpretarlas. Pero que todo sea para vuestra edificación. Y cuando se trate de hablar en lenguas extrañas, que hablen dos personas, o tres como mucho, y por turno. Además, alguien debe interpretar esas lenguas. Y si no hay nadie en la iglesia capaz de interpretarlas, mejor será no hablar en lenguas, sino que cada uno hable consigo mismo y con Dios. Igualmente, si hay profetas, que hablen dos o tres, y que los demás consideren lo que ellos hayan dicho. Pero si Dios le revela algo a otro de los que allí están sentados, entonces el primero deberá dejar de hablar. De este modo, todos, por turno, podréis comunicar mensajes proféticos, para que todos aprendan y se animen. Ahora bien, el espíritu profético ha de estar sometido al control de los profetas, porque Dios es Dios de paz y no de confusión.” 

¿Por qué se suprimen estos versículos o se tergiversan y sólo se le da importancia a los que nos humillan? ¿Por qué se eliminan los textos que van dirigidos a ambos sexos?: 1ª de Pedro 4, 10-11 dice:

 Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de vosotros sirva a los demás según el don que haya recibido. Si alguien habla, sean sus palabras como palabras de Dios. Si alguien presta un servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. Todo lo que hagáis, hacedlo para que Dios sea alabado por medio de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el poder para siempre. Amén.

Para Dios, la mujer es admitida a la par que el hombre. Tenemos buen ejemplo de ello en el comportamiento de Jesús con las mujeres.

 Hay dos casos en los que en estas comunidades que comento hay trato igualitario. El primero es al pasar la ofrenda , incluyen hombres y mujeres pues el dinero es valioso. El segundo es en aumentar el número de inscritos . A partir de aquí, la mujer es un simple concepto teórico, no personal. Son cautivas de la sujeción por parte del patriarcado con la excusa del deseo divino que les impide ser sujetos activos.

En algunas iglesias, igual que en algunas sociedades, hay división sexual del trabajo. Se margina a la mujer a ejercer papeles secundarios y terciarios. Se eliminan los dones y esto se asume como algo legítimo por parte de todos. Esto nos coloca en un papel suplicante y de agradecimiento cada vez que nos permiten actuar. Y lo más grave, lo peor, no son los amenes que se escuchan emotivos, sino los que ellas pronuncian bajito con la aceptación amarga de estos conceptos, como si no hubiera otra salida distinta a la que se muestra. ¿La hay?

Deseo añadir que, por supuesto, no todos los varones discriminan a las mujeres, pero teniendo en cuenta que el género es una construcción social y cultural a partir de las diferencias sexuales hay mucho trabajo por delante.

Antes de que las normas terminen con nuestra existencia y nuestro quehacer, debemos plantearnos un nuevo modelo de roles en el que el sexo, ya sea el injustamente llamado débil o el nefastamente llamado fuerte, no sea lo que prime sino la gracia de Dios derramada en nosotros tal como le plazca.

¿Es necesario que para que el hombre ocupe su lugar, dejemos nosotras de tomar el nuestro? ¿Qué ilusión nos dejan? ¿Por qué esa lucha entre ambos? ¿Por qué si la mujer se sitúa parece que le roba al hombre su identidad? ¿Dónde está la nuestra?

 Creo que existen iglesias donde se maltrata a la mujer. Ser negada es ser maltratada.  Nos toman como propiedad y llegamos a sentirnos como propiedad, subordinadas, con nuestra autoestima invadida por seres extraños a nosotras. Este estatus se reproduce por los siglos de los siglos. Deberíamos unirnos para protestar por elloy evitar que los varones usen en nombre de Dios como excusa y lo pongan enarbolando esa bandera.

Si muchas no estamos locas por todas las variantes que nos han inculcado es por pura gracia de Dios. ¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra identidad? ¿Quién nos la da? ¿Cuál nuestro estatus? ¿Cuánto valemos? ¿Para quién? ¿Qué han hecho de nosotras? ¿Cómo salir de estos roles? ¿Hacia dónde nos conducen? ¿Por qué? Es necesario respondernos estas preguntas y deducir de las respuestas qué clase de sujetos somos y a quien o quienes nos queremos sujetar.

 Silenciadas durante siglos por el hecho de ser mujeres nos subimos al escenario reclamando la palabra, la voz y el voto. Que se cumpla en nosotras lo que dice Prov. 13,12:  Esperanza frustrada, corazón afligido; pero el deseo cumplido es como un árbol de vida.  Veintisiete veces se menciona la fe en Hebreos 11. Se efectúe por fe la esperanza que tenemos. Que el deseo de servir al Señor que habita en nosotras no se malogre. Seguiremos en la tarea. Del mismo modo que el movimiento por los derechos de los negros en USA tenía como eslogan  black is beautiful , no dejaremos de pensar que  woman is beautiful , pues lo es.

Autores: Isabel Pavón

©Protestante Digital 2012

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JUAN STAM

Interpretación bíblica en las comunidades de base

centroamericanas[1]

 

«Cuando pasas por las aguas…»

 

     Esperanza Aguilar había sido una «delegada de la Palabra» en una provincia en el noreste de su patria, El Salvador.  Pero en 1987, cuando la entrevistamos en un campamento de refugiados en el occidente de Honduras, había sido exiliada ahí por seis años.

Como delegada de la Palabra, primero en El Salvador y después en el campamento de refugiados, su tarea era la de organizar y dirigir grupos de estudio inductivo de la Biblia. Los delegados lo llaman «celebrando la Palabra».  En ese campamento en Mesa Grande, Honduras, Esperanza es una entre más de ochenta delegados de la Palabra que entrenan y movilizan un grupo muy grande de «servidores» laicos, para atiender a las necesidades espirituales de los más de once mil refugiados residents.

Nuestro equipo de la Universidad Calvin (Grand Rapids, Michigan) visitó a Esperanza en la «salita» de su humilde habitación en el campamento, donde nos contó su historia. Llegó a Honduras, huyendo de la masacre del Río Lempa de marzo de 1981.  El ejército los perseguía desde atrás y los forzaba a seguir hacia el río.  Desde arriba, helicópteros los ametrallaban.  Delante de ellos estaba el Río Lempa y,   probablemente, había soldados hondureños al otro lado del río.

Al ir huyendo del amenazante ejército hacia el también amenazante río, Esperanza, como estudiosa de la Biblia que era, pensaba por intuición en el éxodo de los israelitas de Egipto.  Años de estudio bíblico en grupo habían saturado su mente con episodios bíblicos, verdades bíblicas, y lenguaje bíblico. Y por supuesto, sus circunstancias en ese momento no podrían haber sido más parecidas a las de los israelitas perseguidos por los carros de Faraón.

«Aunque estábamos llenos de terror», nos contó Esperanza, «sabíamos que Dios estaba con nosotros, así como cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo».  Su cara irradiaba una fe profunda, llena de gozo.  Durante su testimonio, la presencia de Dios se hizo real también para nosotros.

Esperanza prosiguió con su historia.  Cuando se acercaban al río Lempa, nos dijo, un acto cruel hizo su problema infinitamente peor. «Apenas íbamos a comenzar a cruzar el río, los soldados abrieron las esclusas río arriba y llegó una tremenda cabeza de agua».  Un feroz torrente de agua se nos venía encima».

«Señor, ¿qué pasa aquí?», gemían.  «Cuando Israel pasaba el río, tú paraste las aguas.  Pero ahora, todo lo contrario, han abierto la represa y esta corriente nos va a matar».

Aunque Esperanza y su esposo no eran fuertes nadadores, hicieron esfuerzos desesperados para mantener juntos a sus hijos y lograr cruzar el río. Agarraron una tablita de madera, colocaron encima a su hijo infante, y de alguna manera lograron empujarlo poco a poco hacia el otro lado.  («Eso es él, sentado ahí» dijo Esperanza, mientras señalaba a un sonriente joven al otro lado del cuarto).

Centenares se ahogaron o fueron asesinados por el ejército, pero toda la familia de Esperanza alcanzó tierras hondureñas.  Sin embargo, en su paso el turbulento río arrancó casi toda la ropa de sus cuerpos.  «Caminamos varios días, casi desnudos, por la selva», nos dijo, «pero recordábamos a Adán y Eva, como no sentían vergüenza cuando caminaban con Dios.  Entonces ese asunto de sentir vergüenza de nuestros cuerpos, simplemente nos lo olvidamos, para nada nos sentíamos acomplejados.  Teníamos tanto gozo, tan tremendo, en nuestros corazones, porque Dios nos había salvado la vida, y sentíamos esperanza.  Siempre sabíamos que Dios iba con nosotros.  Dios prometió nunca dejarnos ni desampararnos.  Podíamos sentir la presencia de Dios todo el tiempo».

Un problema que no tenía la familia Aguilar cuando entraban a Honduras y marchaban por la selva era el de cargar pesadas maletas.  En ese momento, ¡no tenían nada!  Ni maletas, ni cartera ni billetera, ni comida, ni pasaportes, ni aun la ropa con que habán huído. Pero tenían el regalo divino de la vida, tenían el don maravilloso del amor, tenían la solidaridad que les unía en esta crisis, y tenían otro don precioso: un conocimiento de la palabra de Dios, que les fortalecía en su fe y su esperanza.

Mientras Esperanza compartía esta experiencia con nosotros, casi seis años después de haberla vivido, podíamos sentir la fe robusta que sostenía esa familia.  «Dios está con nosotros, de eso estamos seguros».  Y durante sus siete años entre los refugiados de Mesa Grande, esa misma fe inspiraba su labor, junto con los y las demás delegados de la Palabra y los y las demás «servidores» y catequistas, para «celebrar la Palabra» que para ellos era su vida.

*************

No temas, que te he redimido,

te he llamado por tu nombre,

tu eres mío.

Cuando cruces las aguas,

yo estaré contigo,

la corriente no te anegará;

cuando pases por el fuego,

no te quemarás,

la llama no te abrasará.

Porque yo soy el Señor, tu Dios,

el Santo de Israel,

tu Salvador.

                                                                                                            (Isaías 43:1-5 NBE)

Esperanza no nos mencionó este texto, y posiblemente ni lo conocía.  Generalmente, su mente se asía a los acontecimientos bíblicos, las grandes gestas divinas de salvación, más que a las promesas verbales, abstractas y generales, que suelen emocionar y fortalecer a los creyentes más soficsticados.  Sin embargo, estas palabras del profeta no sólo eran literalmente apropiadas a la experiencia de ella, sino aún más, fueron comprobadas y cumplidas cuando ella «pasó por las aguas».

Si Esperanza reflexionara sobre este pasaje, ¿cómo lo entendería?  O por contraste, cuándo nosotros meditamos sobre el mismo texto, ¿cómo captamos su promesa?  ¿Se nos ocurriría aun la posibilidad obvia, que algún día nosotros tuviéramos que cruzar un río, aparte del simbólico «río Jordán»? ¿Algunos de nosotros han tenido que pasar alguna vez «por el fuego»—por ejemplo, el fuego de las ametralladoras, granadas y helicópteros?  El cruzar ríos y el andar por el fuego no son parte de nuestra experiencia diaria.  Normalmente tenemos otros problemas, muy distintos, para llevar ante Dios: tensiones matrimoniales, crisis financieras, o cáncer.

¿Podría alguien esperar que Esperanza entendiera las palabras de Isaías en exactamente el mismo sentido que nosotros, o nosotros igual que ella? Cada lector de la Biblia trae consigo al texto toda su propia historia.  Esperanza, como campesina pobre centroamericana, por su misma experiencia personal tiene una perspectiva hermenéutica muy especial y valiosa.

¿Y qué del profeta mismo, y el pueblo de Israel?  ¿Qué significarían esos «ríos» y ese «fuego» para ellos?  ¿Cómo entenderían ellos la promesa de Isaías 43 de un regreso del exilio a Palestina?  ¿Quién está en verdad más cerca de la zona de significado de este texto, Esperanza o nosotros?  ¿O ambas, a la manera de cada uno?  ¿Podrían Esperanza y sus delegados de la Palabra ayudarnos a interpretar las escrituras más fielmente y con mayor riqueza?

*************

     La historia de Esperanza nos revela mucho sobre el uso de la Biblia en Centroamérica.  Un movimiento muy significativo de estudio bíblico está ocurriendo ahí como en otros lugares de América Latina, mayormente entre católicos romanos. Este fenómeno notable se refleja también en la venta sin precedente de Biblia y Nuevos Testamentos en toda la región.

Es obvio que muchos centroamericanos encuentran que el mensaje de la Biblia es intensamente pertinente a su propia situación.  Muchas veces,  para ellos, es como si estuvieran viviendo las mismas experiencias de la narrativa bíblica.  Sus vidas convergen en gran medida con las realidades y experiencias de muchos de los protaganistas de la historia bíblica.  Para Esperanza y miles de cristianos centroamericanos, mirar en las páginas de la Biblia es como mirar en un espejo.

En términos hermenéuticos, la «fusión de horizontes» (Gadamar), tan difícil para los sofisticados lectores nor-atlánticos de la Biblia, es a menudo un proceso muy natural para lectores como Esperanza.  Su «cámara hermenéutica» a veces parece tener una especie de «enfoque automático de lente» instalado.  Aparecería que en eso consiste el «privilegio epistemológico» de los que leen la Bible «desde el reverso de la historia».

Carlos Mesters, al reflexonar sobre la interpretación bíblica en miles de comunidades de base en  Brasil, ofrece el siguiente comentario gráfico:

Los exégetas bíblicos, usando sus cabezas y sus estudios, pueden llegar bastante cerca de Abraham, pero sus pies quedan lejos de Abraham.  La gente sencilla está muy cerca de Abraham con sus pies.  Ellos viven una situación muy parecida.  Su proceso vital es de la misma naturaleza y pueden identificarse con él.  La historia de Abraham se vuelve un espejo para ellos.  Miran en ese espejo, ven sus propios rostros, y dicen, «Nosotros somos Abraham».  En un sentido muy real, están leyendo su propia historia, y eso se vuelve una fuente de gran inspiración y ánimo.  Una vez un humilde campesino me dijo, «¡Ya entiendo!  Nosotros somos Abraham, y si él llegó a la meta, también llegaremos».  De la historia de Abraham, él y su pueblo derivan la fuente de su valentía hoy.[2]

En una vasta red de células de estudio bíblico a través de América Latina, este realismo concreto, con los pies bien puestos en la tierra, es lo que más caracteriza la interpretación de las escrituras.  Es un error dar una importancia desproporcionada a ciertas declaraciones, muy excepcionales aunque frecuentemente citadas por los críticos, sobre Jesús como revolucionario o el socialismo como reino de Dios y similares extremismos.  Aun estas expresiones deben interpretarse en su contexto, con una mente abierta y una dosis saludable de caridad cristiana y empatía humana, junto con el análisis exegético más riguroso.  Pero el efecto chocante de la constante repetición de estas frases, convertidas en un estereoptipo de la teología latinoamericana, da una impresión distorcionada del proceso total de reflexión bíblica de base que está ocurriendo en América Latina.   Bien que mal, mucho es más bien conservador, a menudo literalista, a veces aun fundamentalista.[3]

En toda la variedad de perspectivas y expresiones, a esperarse en un proceso inductivo (Socrático) de reflexión en grupo en todo un continente, el denominador constante ha sido el sentido fuerte de realismo histórico que siempre está presente.  Su lectura del texto bíblico se mueve, muy naturalmente, entre el mundo bíblico y el mundo de ellos.  Su enfoque hermenéutico (aunque ellos no usarían el término) podría llamarse «realismo contextual».

Algo sobre paradigmas[4]

Este concepto muy realista de la Biblia, históricamente orientado, es generalmente típico en la teología latinoamericana de hoy.  Aunque no enuncie alguna doctrina definitiva o uniforme de las escrituras, ni se obsesiona con preguntas técnicas de crítica histórica, suele tratar a la narrativa bíblica como historia real, que debe tomarse en serio como tal.  Los hechos salvíficos de la historia bíblica de liberación son «sucesos germinales»[5] o «arquetipos».[6] Sobre todo, el relato del éxodo, interpretado esencialmente como un proyecto histórico de liberación integral para un pueblo oprimido, viene a ser el paradigma central de liberación para el futuro.

El término «paradigma» se usa aquí en el sentido lingüístico de los modelos para la conjugación de los verbos (persona, número, tiempo, voz, modo) que se utiliza para aprender idiomas y para analizarlos.  Los paradigmas están dados (en la terminología de la lingüística, «el eje paradigmático»), pero tienen que aplicarse correctamente («el eje sintagmático»).  De la rica diversidad de formas paradigmáticas, es necesario hacer las escogencias correctas para «conjugar» el paradigma en una oración significante.

Los paradigmas bíblicos no deben copiarse mecánicamente, sino deben conjugarse según la sintaxis de cada nuevo contexto histórico.  Así Croatto re-lee el paradigma del éxodo, en su significado para América Latina hoy, de la siguiente manera: «Mi propio proceso de liberación tiene que ser arraigado en aquel otro que significó el designio de Dios y fue consignado en una palabra arquetípica, pero que a la vez, el proceso de liberación mío debe re-presentar aquel otro.»[7]

Quien irrespeta los paradigmas verbales debe olvidarse de toda esperanza de ser entendido; decir «nosotros fueron» o «Dios amo a todos» no ayuda para nada a la comunicación eficaz.  Los verbos se emplean bien sólo cuando se conjugan correctamente.  De la misma manera, los paradigmas bíblicos tienen que ser conjugados, pero no deben ser violados.  En toda la fluidez de relecturas sucesivas a través de los siglos, los paradigmas generadores establecen sus parámetros inviolables para sus futuras interpretaciones.  Su significado no es un datum fijo y estático, que habrá de reproducirse mecánicamente en cada situación futura, como una copia a carbón.  Pero a la vez, todas las futuras relecturas deben ser siempre válidas conjugaciones reconocibles y creíbles del paradigma bíblico, dentro de los parámetros de su sentido germinal.  Eso significa que debemos emplear con el mayor cuidado todas las herramientas de la investigación filológica e histórica.  Así la interpretación, como conjugación de paradigmas, tiene que ser fiel tanto a la revelación original como al nuevo contexto histórico de la vida y el testimonio cristianos.

La «sintaxis histórica» de nuestro mundo contemporáneo también impone parámetros hermenéuticos para la conjugación de los paradigmas bíblicos. Además de las herramientas filológicas e históricas, que nos ayudan a analizar el paradigma original, necesitamos las herramientas históricas (sociología, ciencias económicas y políticas) que nos ayudan a interpretar con la mayor exactitud nuestra realidad contemporánea y nuestro contexto regional.  Es falsa cualquier interpretación de la Biblia que surge de una interpretación errada de la realidad contemporánea, o resulta en tales interpretaciones, o que va contra la auténtica responsabilidad cristiana dentro de esa realidad.  Cualquier interpretación de las escrituras que promueve o legitima la injusticia en vez de transformarla por la fuerza creadora «germinal» del paradigma original, es falsa.

La hermenéutica de la conjugación de paradigmas procede dentro de los parámetros de un doble control.  ¿Ha entendido el intérprete correctamente el paradigma original, para que su relectura pueda ser fiel a la dinámica del pasaje?  Pero, en segundo lugar, ¿ha entendido correctamente la «sintaxis» de su propio contexto histórico concreto, de modo que se relectura es de hecho liberadora  y no alienante, redentora y no represiva?  La primera puede llamarse la prueba bíblico-exegética, y la segunda la prueba histórico-ética (socio-política e ideológica).  La tarea hermenéutica es la de alinear estos dos parámetros para orientar la praxis cristiana eficaz en cada nuevo kairós histórico que emerge (Ef 5:16a).

Este método de lectura de paradigmas es central al uso de la Biblia en Centroamérica, sobre todo entre los delegados de la Palabra y las comunidades de base.  Un estudio de los paradigmas principales de la hermenéutica popular centroamericana nos ofrece una clave muy útil a su interpretación bíblica. En lo que sigue, analizaremos unos aspectos del tema.

Un Cristo real en un mundo real

Para muchos lectores centroamericanos de la Biblia, Jesús es tan real como los miembros de su familia, y Palestina es tan concreta y vívida como el paisaje de su propia región.  No por casualidad mucho de este movimieto bíblico comienza en grupos llamados «la familia de Dios», en que consideran a Jesús como el hermano mayor.  Leen la Biblia con un sentido muy vivo de realismo.

Esto se ve, muy dramáticamente, en los estudios bíblicos de la comunidad de Solentiname de Nicaragua, comenzada por el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal.[8]  Los campesinos de Solentiname, un archipiélago de pequeñas islas en el sur del lago de Nicaragua, responden intuitivamente a todas las escenas de lagos en los evangelios.  Cuando comentan la pesca milagrosa lo comparan con los peces que ellos cada día sacan del lago («mojarras, laguneros, sabaletes, guabinas y guapotes»), ¡casi huele a pescado!  Apenas tres días antes de estudiar el milagro de Jesús de calmar la tempestad, la lanchita de Iván, Bosco y Chalía se había volcado en medio lago y tuvieron que esperar dos horas para ser rescatados.  El relato bíblico se volvió tan vívido que Chalía lloró durante el estudio.

Sus comentarios sobre el llamado de los primeros discípulos, después de la pesca milagrosa, estuvieron entrelazados con su propia vida de isleños, e incluyen una proyección misionera a las islas vecinas y a San Carlos, el puerto más cercano en tierra firme:

NATALIA: Entonces dejaron sus haberes.  Sí, dejaron las lanchas así voladas y las redes.

RODOLFO: A lo mejor una lancha podrida como la de la cooperativa.

NATALIA: Eran pobres, pero tenían sus cositas.  Como los pobres las tienen.  Y dejaron sus cosas voladas y siguieron a Jesús.

DOÑA ANGELA: Se dejaron pescar de él. Otro de los muchachos dice: Esa fue la pesca milagrosa, y no las mojarras, laguneros, robalos, sabaletes, guabinas y guapotes que sacaron con la red.  Y ellos nos pescaron a nosotros y por eso estamos aquí reunidos, como dice doña Olivia.

MARCELINO: Porque ellos dejaron sus pertinencias allí voladas, la palabra de Dios vino a estas islas.  Tal vez más tarde nosotros también podremos llevar esta palabra a la costa de enfrente. A Papaturro, o tal vez San Carlos, San Miguelito…

DON JULIO: Aquí antes sólo éramos pescadores de pescados del lago, ahora ya también podemos ser pescadores de hombres, si nos desprendemos de nuestras pertinencias.

Y dice FELIPE: Esa es la cosa, Ernesto.  Yo creo que nosotros como pescadores que somos y que vamos a ser, debemos tener mucho cuidado de no querer pescar para nuestros intereses personales.  En las religiones cristianas hay muchos que lo que buscan es aprovecharse de los otros.  Y la pesca de Jesucristo es para el bien de la humanidad.  ¡Es la pesca del amor (1:81).

En la forma más natural, la comunidad de Solentiname captó en seguida la correlación dramática entre las circunstancias políticas de los tiempos de Jesús y las de su propia época.    Como los dibujos de niños que habían sufrido el holocausto, o habían experimentado el terror en muchos países latinoamericanos, los comentarios de «la familia de Dios» en Solentiname tocaban las profundas emociones que habían internalizado durante décadas de vivir bajo una dictadura diabólica.  Muchos de sus comentarios políticos, lejos de ser una «manipulación» de la Biblia, eran la respuesta más natural y legítima al texto en su contexto, y eran una catarsis por medio de la Palabra.  Cristianos nor-atlánticos, que nunca han pasado tales horrores, podrán tener dificultades en entender esta osada aplicación política del texto.  Sin embargo, los campesinos de Solentiname compartían algo en común con Jesús de Nazaret, con lo cual los cristianos del primer mundo, acomodados y afluentes, difícilmente pueden empatizar: la experiencia de vivir constantemente en un vórtice de violencia y represión políticas.  Este «puente hermenéutico» los vincula visceral y existencialmente a muchas facetas del mundo bíblico a las cuales la experiencia histórica de ellos les proporciona un acceso privilegiado.

Para la comunidad de Solentiname, los Herodes de Palestina les sugerían la dinastía de los Somozas en Nicaragua; al leer acerca de los soldados romanos, pensaban en la temida Guardia Nacional de la dictadura (Tomo I:44-45, 63, 198 y a menudo).  Un participante, con mucho sentido, comparó a Pilato con «el embajador gringo» en Nicaragua y, muy pícaro, le hace hablar con el mal español típico del extranjero: «Mi no saber nada, mi no meterme en política de ustedes.  Mi ser inocente» (II:278,283).

Al comentar el infanticidio de Herodes (1:44-51), no se les pudo escapar el hecho de que Somoza cometía crímenes similares contra la niñez nicaragüense.  Esta analogía tan apropiada evocó un intercambio muy conmovedor, lleno de las percepciones muy osadas, las exageraciones problemáticas, y la dinámica muy libre, a menudo auto-crítica, del estilo de estudio bíblico en Solentiname:

ELVIS: La importancia de la nacida de Cristo es que fue la nacida de la revolución ¿no?  Hay muchos que le tienen miedo a la palabra como le tuvieron miedo a Cristo porque venía a cambiar el mundo.  Desde entonces la revolución ha estado creciendo.  Va creciendo poco a poco pues, y va creciendo, y nadie la podrá parar.

ERNESTO CARDENAL: Y es necesario que crezca también aquí ¿no?

PANCHO: Es necesario que nos dejemos del egoísmo, y hacer lo que dijo Cristo, y seguir con la revolución como dice ustedes que son socialistas, yo no soy socialista, yo no soy revolucionario; me gusta oír las pláticas y agarrar lo que puedo pero en realidad no soy nada.  Aunque sí me gustaría ver un cambio en Nicaragua.

MANUEL: Pero para que haya un cambio tenés que cooperar vos con él…

PANCHO: ¡Pero cómo se hace!  Yo quisiera que alguien me dijera: «Así se va a hacer…» ¡no se puede!  Cuando nos levantamos nos matan.

ALEJANDRO:  Mirá, a él también lo mataron.

PANCHO: Correcto, pero él era Cristo y nosotros nunca vamos a compararnos con él… Podés morir vos, y mañana nosotros, todos nosotros, estaremos bailando y nunca pensaremos que vos moriste por nosotros.

WILLIAM: ¿Entonces vos pensás que esas muertes son inútiles completamente?

PANCHO: Son inútiles.  ¡Casi son inútiles!

LA JOVENCITA MYRIAM: Yô digo que cuando haya alguien que libere nuestro país habrá un Cristo más. (1:47)

Deben observarse algunas características de este pasaje.  Primero, cualesquiera que sean nuestras dudas sobre alguna que otra expresión, aquí encontramos un grupo de cristianos que toman la Palabra de Dios con total seriedad.  Es obvia su búsqueda intensa y sincera por escuchar y obedecer las escrituras, y que la persona y vida de Cristo y el texto bíblico tienen para ellos inmediatez luminosa y una intensa realidad.  Menos evidente es algo aun más importante: en el último análisis, lo que están debatiendo es si están o no dispuestos a entregar sus vidas por el evangelio. Elvis, quien abrió el diálogo, después fue asesinado por los esbirros de la dictadura.

Toda la lectura del evangelio en Solentiname presupone su fe en un Jesús totalmente real, de carne y hueso, viviente hoy, Hijo de Dios pero también Hijo de Hombre e hijo del pueblo.  Esta fe se ha plasmado también en la  brillante visión pictórica de centenares de escenas bíblicas que han ganado reconocimiento en la pintura mundial.

Dentro de Nicaragua, una frecuente crítica contra Solentiname y la «iglesia popular» es la de que «están tratando de humanizar a Cristo».  Lino Hernández, abogado para el ferozmente anti-Sandinista «Comité Permanente de Derechos Humanos», repitió esta crítica en su entrevista con nuestro equipo de la Universidad Calvin.  Como prueba de la acusación, nos presentó un cuadro de la crucifixión, hecho por un campesino de Solentiname.  El pintor había tomado en serio el informe del evangelio, de que Cristo fue desnudado y sus vestiduras rifadas.  Para tradicionalistas decorosos como el Sr. Hernández, esto es sacrilegio; para el pintor campesino, señalaba la maravilla asombrosa de que Cristo era tan humano como todos nosotros.

Aunque a primera vista el osado realismo del Jesús desnudo podría parecer irreverente o hasta herético a los que son excesivamente escrupulosos, sin embargo, la verdad es que la herejía está en el rechazo piadoso de un Cristo plenamente humano.  Sólo un docetismo —  la herejía cristológica más antigua – podría acusar al pintor de «querer humanizar a Jesús».  ¡Como si las dos «naturalezas» de Cristo fuesen antitéticas!  ¡Como si para ser verdaderamente divino, el Verbo encarnado tenía que ser menos humano!  Al contario, o Jesús es auténticamente humano, o no es Jesús.

Mucho más ortodoxo y edificante de tales mistificaciones de Cristo es la formulación, aparentemente paradójica, de Leonardo Boff: «¡Humano así, sólo puede ser Dios mismo!».[9]

El Jesús real, de carne y hueso, era, como nos recuerda la Biblia, un escándalo y un tropiezo a sus contemporáneos.  Hoy, también, un Jesús verdaderamente humano, con el cual muchos campesinos centroamericanos se identifican, escandaliza a la gente religiosa tradicional.  Resulta evidente que, mucho más de lo que nos damos cuenta, nuestro Cristo ha sido deshumanizado y domesticado.  Pero cuando los campesinos comienzan a leer el evangelio, de repente descubren «la memoria subversiva de Jesús de Nazaret» (Johann Baptist Metz; Juan Hernández Pico):

Porque eran mayormente analfabetos, la gente sencilla no habían conocido la vida y la trayectoria concreta de Jesús de Nazaret.  En su lugar, les habían ofrecido una versión sublimada de su muerte, expresada en innumerables imágenes del Crucificado.  La vida de Jesús se reducía inexorablemente a una paz basada en sumisión y resignación.  El pueblo no sabía nada de la vida de Jesús como historia de lucha contra la injusticia, la desigualdad, la acumulación de posesiones y la autoridad despótica.  La historia del proyecto de Jesús de dar valor a la dignidad de todos los excluídos de la mesa del banquete de la vida, no figuraba en el catecismo ortodoxo. El Hijo de Dios eclipsó al carpintero y al profeta de Nazaret. [10]

Esta cristología profundamente encarnacional se articuló en las palabras de Oscar Arnulfo Romero al recibir un doctorado honorífico de la Universidad de Lovaina:

La encarnación en lo socio-político

es el lugar de profundizar la fe en Dios y su Cristo.

Creemos en Jesús que vino a traer vida en plenitud

y creemos en un Dios viviente

que da vida a los seres humanos

y quiere que todos vivan en verdad.

Estas radicales verdades de fe

se hacen realmente verdades y verdades radicales

cuando la Iglesia se inserta

en medio de la vida y de la muerte de su pueblo.

Ahí se le presenta a la iglesia,

así como a toda persona,

la opción más fundamental para su fe:

estar a favor de la vida o de la muerte.

Con gran claridad vemos que en esto no hay posible neutralidad.

O servimos a la vida de los salvadoreños

o somos cómplices de su muerte.

Y aquí se da la mediación histórica

de lo más fundamental de la fe:

o creemos en un Dios de vida

o servimos a los ídolos de la muerte.[11]

A escaso un mes de pronunciar este conmovedor «Credo»,  el Monseñor Romero fue asesinado.

La Cruz: una muerte violenta en una sociedad violenta

Hoy, cuando los centroamericanos leen los relatos de la pasión de Jesús, se encuentran en terreno familiar.  Viven todos los días en una sociedad permeada por la violencia y la injusticia, de oligarquías corruptas y ejércitos crueles bajo la sombra del poder de un imperio mundial.

Muchos centenares de sus hermanos y hermanas, incluso pastores amados como Msgr. Romero, han sido masacrados por métodos espantosamente parecidos a muchos relatos bíblicos.  El mundo que ellos conocen es un mundo violento.  Han visto cadáveres en sus calles.  Por eso, leen los relatos bíblicos en la misma forma en que ellos mismos han experimentado situaciones similares.  Ellos saben buscar los agentes y poderes detrás de los crímenes, los mecanismos de la maldad institucionalizada, que se empeña en destruir a «el Justo» (uno de los primeros títulos de Jesús). Sin ningún problema entienden al hombre con el cántaro (Mr 14:13) o el beso de Judas (Mrf 14:14) como similares a las contraseñas secretas que han sido parte de su propia experiencia.

Cuando el texto evangélico denuncia el derramamiento de sangre inocente (Mt 27.24) y describe el dilema incómodo de líderes nacionales que tienen en sus manos «precio de sangre» (Mt 27:5-6), todo eso es demasiado conocido para ellos.  Su propia experiencia de asesinatos político-religiosos lo reviste de una realidad concreta, la cual, lejos de distorsionar su teología en herejías abstractas de las que ellos nunca han oído (teoría de la expiación como influencia moral, Abelardianismo o Socinianismo), al contrario, les da una percepción de la dinámica histórica de la muerte de Jesús para redimirnos.  El Evangelio les dice que Jesús murió por nuestros pecados; la experiencia propia de ellos les dice mucho sobre cómo eso podría haber ocurrido.  En ese aspecto, ellos están definitivamente mucho más cerca de la fuente que nosotros, y debemos tener la suficiente humildad para escuchar su testimonio.

El relato de la pasión nos da también la respuesta de los sacerdotes y ancianos al problema embarzoso del dinero de sangre:  «¿Qué nos importa a nosotros?  ¡Allá, tu!» (Mt 27:4).  Eso, también, lo han escuchado los cristianos centroamericanos, de una u otra manera, de sus líderes nacionales supuestamente «cristianos» (y hasta «demo-cristianos»).  De su propio sufrimiento, ellos han experimentado este pecado de indiferencia y silencio ante el derramamiento de sangre.

La correlación bíblica entre la muerte redentora de Cristo en la cruz, realizada una vez para siempre (Heb 7.27; 10.10; Rom 6.0), y los martirios centroamericanos, que participan en ese sacrificio divino (Ap 12:11; Col 1:24), puede aclararse por medio de algunas categorías escolásticas.  La relación no es unívoca; el sacrificio de Cristo fue único, y ningún martirio de nuestros tiempos puede ser unívocamente idéntico con la cruz.  Entender la relación como unívoca de hecho sería Abelardiano o Sociniano.

Pero tampoco se trata de una relación equívoca: la muerte de Cristo en la cruz, y de Msgr. Romero detrás del altar eucarístico, no están totalmente desconectadas y discontinuas.  Si miramos la muerte de Cristo como desconectada de toda muerte humana, desconocemos la identificación radical de Jesús con nosotros aun en nuestro pecado y nuestra muerte (2 Cor 5:21; Fil 2:7-8).  Estaríamos negando la enseñanza bíblica y anulando la eficacia de la obra salvífica de nuestro Señor.  Espiritualizar la muerte de Cristo, en sentido docético o gnóstico, equivale a negar esa muerte.  Sin embargo, habría que preguntar si la interpretación «evangélica» de la cruz no sería muchas veces desconectada de toda la realidad de la muerte humana y de las cadenas de causas y circunstancias humanas que aclaran, desde la perspectiva humana, por qué y cómo esas muertes (incluso la de Jesús) ocurrieron.

Si queremos tomar con toda seriedad la encarnación, y también el texto bíblico, nos conviene ver esta relación, ni como unívoca ni como equívoca, sino como análoga.  En términos hermenéuticos, eso les da a los campesinos centroamericanos una gran ventaja epistemológica sobre quienes hemos vivido con una seguridad y una comodidad muy alejadas a la realidad de los tiempos de Jesús, como también de la vida de la gran mayoría de seres humanos en nuestro mundo contemporáneo.  Cuando consideramos a fondo la comprensión intuitiva de la cruz entre los que viven constantemente frente al terror político y la violencia institucionalizada, sorprende que a nosotros, cuya experiencia está tan ajena a esas realidades, se nos hubiera ocurrido que pudiéramos entender la cruz mejor que ellos.

Aunque la muerte de Cristo fue soteriológicamente única, de una vez para siempre (efápax, Heb 7:27; 9:12; 10:10), antropológicamente (y por supuesto, médicamente) fue homogénea y continua con todas las muertes humanas.

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En este contexto específico, otro factor profundiza y enriquece para los campesinos de Solentiname su reflexión sobre la cruz.  Al hablar de la muerte violenta de Jesús, ellos están hablando también del riesgo de su propia muerte.  Ya hemos estudiado un pasaje de Solentiname en el cual una reflexión sobre la masacre de los inocentes llevó lógica y naturalmente a la cuestión de su propia entrega hasta la muerte.  Dietrich Bonhoeffer, en la Alemania nazi, entendió con toda claridad que «cuando Cristo nos llama, nos llama a morir» (Mt 16:24).  De la misma manera, para los cristianos de Solentiname bajo la dictadura,

La enseñanza es que uno debe seguir a Cristo, y también hasta la muerte… El amor lo lleva a uno a morir, y que eso, a fin de cuentas, es  vivir más (II:276).

Es duro ser cristiano, porque él que es cristiano tiene que estar dispuesto a todo eso, esas torturas… Bonito es decir yo soy cristiano; pero lo demás… (II:272).

La vida y el amor son lo mismo, y el que se entrega al amor es el que realmente vive.  Y la vida del egoísta no es vida.  Y por eso conservar la vida egoístamente es estar en la muerte y no en la vida (I:258, sobre Mat 16:24).

«Sólo el amor es revolucionario, el odio es siempre reaccionario».[12] Si odiamos, ya no estamos luchando contra el enemigo… sino que somos el enemigo, porque somos malos.  Dice que amemos al enemigo, pero no dice que no lo combatamos… La cuestión es cómo lo vamos a combatir.  Si ellos odian, el arma contra ellos es el amor.  La diferencia que hay entre nosotros y los enemigos, es que nosotros los combatimos sin querer oprimirlos, sólo para liberar (I:193).

Cuando Jesús anunció a los discípulos que pronto él iba a sufrir una muerte violenta, Pedro intentó desviar la conversación de un tema tan desagradable.  Pedro quería ser un buen «cristiano», muy cómodo, para vivir bien lejos del alcance de la violencia y la muerte.  Pero la respuesta de Jesús colocó a Pedro cara a cara con su propia muerte: la cruz, dijo Jesús a los doce, no es sólo para el Maestro sino para todos los que siguen al Cordero. Eso es parte esencial del sentido de la cruz, y los campesinos de Solentiname, en su propia sociedad sacudida por constante violencia, parecen haberlo entendido perfectamente bien.

La Biblia y la dignidad humana

Una característica que permea la vida de las comunidades de base es un profundo respeto hacia todo ser humano, como personas que llevan la imagen de Dios y que reciben sus dones.  Se da por sentado que cada uno trae a la comunidad talentos aún no descubiertos.  Se da por sentado que la palabra de Dios se dirige a todos por igual, y que todos aportarán para que la comunidad escuche fielmente el mensaje.

Esto fue un objetivo primordial del movimiento de comunidades de base desde sus inicios, y aparece con frecuencia en sus documentos oficiales. Cuando los capuchinos comenzaron a organizar los delegados de la Palabra en la costa atlántica de Nicaragua, la meta era entrenar a todos «a respetar su propia dignidad como hijos de Dios y conocer mejor sus propios derechos…. descubrir su capacidad de realizar su propio destino… especialmente por trabajar en equipo.»[13]

La desventaja educativa, especialmente el analfabetismo, es siempre un obstáculo principal al desarrollo personal de los pobres en Centroamérica. Por eso, la experiencia del estudio inductivo de la Biblia, en la dinámica de la discusión en grupo, a menudo inspira un significativo despertar en muchas personas que nunca habían tenido los privilegios de la educación formal.  Casi siempre mejoran mucho sus capacidades de lectura, como también de análisis de textos y de crítica de ideas.  Desenvuelven capacidades de liderazgo y de resolver problemas interpersonales.  Todo este proceso les revela, poco a poco, la verdad más grande sobre sí mismos: ¡¡que ellos son imagen y semejanza de Dios!

Muchas veces me he maravillado del muy gallardo sentido de dignidad personal de los campesinos, como también su chispa y agudeza al reflexionar sobre un texto y sobre su propia realidad.  En un taller sobre 1 Corintios, por ejemplo, un grupo de indígenas Mam en Guatemala lograron cortar el nudo gordiano sobre la hermenéutica y la cultura.  Cuando traté de armarles una trampa pedagógica sobre la afirmación de 1 Corintios 11:14, que el cabello largo del varón es «deshonroso» – pues, los hombres Mam suelen llevar el pelo bien largo – un anciano (con cabello largo, y sin dos dientes en el centro de su ancha sonrisa) me contestó:  «Pero don Juan, aquí no es Corinto».  Traté de insistir en este aparente dilema para ellos, igual que con otros problemas del contexto cultural (velos para las mujeres, ósculos santos, bautismo por los muertos), el anciano me replicaba cada vez con el mismo principio hermenéutico:  «Aquí no es Corinto».

Carlos Mesters, al discutir el «literalismo servil» como obstáculo al estudio bíblico fecundo, afirma que «el buen sentido del pueblo» tiene una sabiduría muy suya para superar este problema:

En una comunidad campesina, que se dedicaba a criar cerdos, estudiaban los textos del AT que prohíben el comer carne de puerco. La gente preguntó, «¿Qué nos quiere decir Dios hoy por medio de este texto?» Su conclusión fue: «Hoy, por medio de este texto, Dios nos ordena comer carne de cerdo».  ¿Cómo llegaron a esa conclusión tan contradictoria?  Explicaron: «Dios se preocupa primero que nada por la vida y la salud.  En aquellos tiempos comer cerdo era muy peligroso para la salud del pueblo.  Se prohibió en nombre de Dios para proteger la vida y la salud de la gente.  Pero hoy sabemos cómo cuidar bien a la carne de cerdo, y lo único que tenemos para alimentar a nuestros hijos son los chanchitos que están en el patio.  Por lo tanto, en este texto Dios nos ordena comer carne de cerdo».[14]

El desarrollo de una capacidad tan impresionante de analizar situaciones complejas y articular bien sus ideas representa un aporte obvio a la dignidad humana de estos campesinos.  Y, como se ve en estos ejemplos, el estudio bíblico fue una herramienta clave (el «machete», como decía el cura rebelde salvadoreño Benito Tovar) en un dinámico proceso educativo.

El proceso de humanización comunitaria de los campesinos nicaragüenses de Solentiname fue aun más dramático.  «Antes de venir el poeta con la Palabra», nos han contado muchas veces, «vivíamos más como animales que como gente».  Pero cuando comenzaron a reunirse con Ernesto Cardenal en «los ranchitos de la familia de Dios», para estudiar Dios llega al hombre, pasaron cosas sorprendentes.  Los tomos de El evangelio en Solentiname dan evidencia de su impresionante capacidad de interpretar creativamente y articular coherente y elocuentemente sus percepciones.  El proceso inductivo de estudio bíblico les abrió el descubrimiento de la imagen de Dios en ellos.  Pronto preguntaron: ¿sólo pueden ser poetas la gente rica de Granada y Managua?  ¿Distribuye Dios sus dones de canto y verso sólo entre la gente bien-nacida?  Comenzaron a realizar talleres de poesía, y nació una escuela de poesía campesina que sigue cantando su propia melodía auténtica.  Después, personas que nunca habían visto una pintura antes, se pusieron a pintar.  Organizaron talleres de artes visuales, formaron una cooperativa con fondo común, y llegaron a ser una escuela mundialmente famosa de pintura primitiva.

El proceso de humanización y socialización, mediante estudios bíblicos y reflexión comunitaria, engendró todo un conjunto de valores éticos muy profundos.  En la base de todo estaban el respeto y el amor hacia el prójimo como imagen de Dios, hija o hijo de un mismo Señor.  El gran mandamiento tomó el lugar central en sus vidas, al explorar juntos los desafíos del amor cristiano, comenzando con los pobres y necesitados.  La comunidad les enseñaba a vivir en solidaridad evangélica.  El amor significa:

Considerar a los otros como a uno mismo, y la causa del pueblo como la causa de cada uno de nosotros.  En realidad todos los hombres formamos , y todos juntos somos, un solo yo; por eso cada uno de nosotros debe amar a los demás como parte de la persona de uno (eso quiere decir como a uno mismo).  Si no, no pertenecemos al hombre completo, estamos separados de la humanidad (I:126).

Uno puede estar en una iglesia cantando día y noche pin pon pin pon y no importarnos que haya tantos presos, y que estemos rodeados de injusticia, con tanto corazón afligido, tanta gente sin instrucción que son como ciegos. tanto mal trato en el país, tantas mujeres que tienen todos los días los ojos llenos de lágrimas.  y si a otro más, allí lo llevan preso, qué perdemos; «si algo hizo», dicen, y se acabó el cuento (I:72).

El Reino de Dios y la lucha por la justicia

Aunque algunas comunidades de base optan por retirarse de la sociedad en vez de luchar por transformarla, la mayoría se han dirigido hacia el mundo que les rodea como lugar donde el amor que han aprendido de Cristo mediante la Palabra.

Lo más común es que cuando los grupos descubren la visión bíblica del reino de Dios, son motivados para la acción responsable contra los males de la sociedad.  Se inspiran sobre todo en dos verdades básicas del Nuevo Testamento.  Primero, el reino de Dios es un reino de justicia (Mat 6:33), de amor y reconciliación, de igualdad (2 Cor 8:13,14) y de abundancia (Apoc 21-22).  El reino trae la bendición integral de Shalom.  El reino trae vida abundante (Jn 10:10).

En segundo lugar, el reino no puede ser sólo futuro, porque en Cristo el reino ya ha venido (Lc 11:20).  Cristo ha resucitado y derrotado a los poderes del mal, y «es preciso que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies» (1 Cor 15:25).  Por eso Jesús nos enseñó a orar para que el reino venga a este mundo y que la voluntad de Dios se haga en la tierra (Mat 6:10).  Según el cuarto evangelio, la vida eterna, en abundancia, comienza ahora como una realidad presente (Jn 5:24).

En cuanto a los problemas sociales, entonces, la convicción más revolucionaria de los cristianos puede formularse muy sencillamente: ¡las cosas pueden cambiar!  Por la fe, el evangelio ha roto las cadenas de fatalismo y resignación:

En el núcleo de la fe cristiana, según esta visión, está la convicción de que el cambio es posible.  [Ernesto] Cardenal afirma que la novedad en la predicación de Jesús fue el afirmar que el reino ya estaba cerca, y Felipe dice, «Una persona que cree que la sociedad no puede ser cambiada, que siempre será injusta, no cree que el reino está cerca».  Comentando sobre Mateo 16:13-20, William señala que Jesús llamó «bienaventurado» a Pedro porque Pedro «creía en la transformación del mundo», y que la comunidad de Solentiname podría sentirse feliz porque también creen que el mundo puede ser cambiado.[15]

Marcelino, en lenguaje derivado de la vida isleña de ellos, reflexiona sobre cómo debe ser una ciudad (aunque él nunca vivió en una).  Visualiza la ciudad como luz;

Una ciudad iluminada que está sobre un cerro se ve desde lejos, como San Miguelito desde muy lejos cuando uno viene navegando de noche en el lago.  Una ciudad es una gran unión de personas, y como hay muchas casas juntas vemos mucha luz.  Así será nuestra comunidad, que se verá encendida desde lejos, si está unida por el amor… Por esta unión brillará y se va a ver desde San Miguelito, desde Papaturro, desde San Carlos.  Y hasta seremos después una ciudad, porque entonces ya no vamos a estar en chozas dispersas como estamos ahora, y tendremos luz eléctrica, y cuando otro pasa en su barco verá esas luces de nuesta unión. Pero lo que más va a brillar, y de eso es que habla Cristo, es el amor (I:103).

Estos centroamericanos encuentran esta visión, transformadora del mundo, en muchas partes de la Biblia.  Sus raíces más profundas están en la afirmación de la buena creación (Gén 1), a consumarse un día por «nuevos cielos y nueva tierra» aun mejores.  Encuentran en el relato del éxodo, entendido con gran realismo histórico, un paradigma convincente de la marcha, por fe, hacia la libertad.  El «Manifiesto» programático de Jesús (Lc 4:18-20) y el estilo de vida comunitaria de los discípulos y de la iglesia apostólica, también inspira en ellos un compromiso fuerte con el cambio social.  Para ellos, creer en Cristo significa creer en el Dios que «hace nuevas todas las cosas» (Ap 21:5; 2 Cor 5:17), ¡comenzando ya!

Conclusión: Desafíos a la iglesia desde América Central

Desde este análisis del uso de la Biblia en Centroamerica, podemos proponer algunas conclusiones:

1) Una renovación bíblica muy significativa está ocurriendo de América Central, especialmente entre los delegados de la Palabra y las comunidades eclesiales de base.

2) Dicha renovación es evidente tanto en la envergadura del movimiento (número de grupos y de participantes, venta de Biblias) y en la dinámica del proceso (métodos inductivos, encuentro creativo con el texto, impacto transformador en vida personal y comunitaria).

3) La constante experiencia de los grupos inductivos de estudio bíblico genera una fe robusta, capaz de hacer frente a las pruebas más severas.  También produce un cambio fundamental en la mente de los participantes: aprender a pensar con cabeza propia.

4) El estudio bíblico en estos grupos se concentra con mucho énfasis sobre los acontecimientos bíblicos, y algo menos sobre los conceptos verbalmente articulados o las promesas generales.  Además, los centroamericanos suelen leer las escrituras con una conciencia muy viva de la «convergencia» de la historia bíblica con su propia experiencia histórica.

5) En un proceso tan dinámico como éste – y eso, en medio de la realidad turbulenta del istmo en esta época – sería ilusorio esperar que sugiera una «ortodoxia» total en todas las expresiones generadas por el método inductivo.  Al luchar estos creyentes por acercarse lo más posible al mensaje de la Palabra de Dios para ellos, tienen el derecho de cometer sus propios errores, asó como nosotros cometemos los nuestros.  Tanto ellos como nosotros hemos de ser juzgados sólo por la Palabra de Dios, y no por las tradiciones o perspectivas culturalmente acondicionadas de otros países u otra época histórica.

Sería insoportablemente etnocéntrico negar a los creyentes centroamericanos el legítimo espacio hermenético para interpretar de nuevo, y aun para equivocarse, en su esfuerzo sincero de escuchar la Palabra, como si la cristiandad anglo-europea tuviera un monopolio de la inteligencia hermenéutica o alguna especie de superioridad cualitativa para percibir el sentido más profundo de las escrituras.  ¿No es cierto que Esperanza Aguilar y los delegados de la Palabra, por su parte, poseen ventajas hermenéuticas que exigen de nosotros el mayor respeto?

Sería además muy anti-pastoral de parte de cristianos nor-atlánticos despreciar, o condenar dogmáticamente, este proceso de estudio bíblico y sus frutos no siempre previsibles.  Tales juicios intolerantes tenderían a destruir el proceso de estudio bíblico creativo que es tan fecundo en su promesa de renovación.

6) Es justo también señalar que este proceso de reflexión inductiva tiende a auto-corregirse sobre la marcha.  Una opinión atrevida por un participante en un momento a menudo se balancea por otro participante después.  Lo normal es que todo el grupo crece y avanza hacia una mayor madurez.  De hecho, a veces la tendencia en las comunidades de base es hacia posturas muy conservadoras, hasta fundamentalistas.  Por lo tanto, es injusto e inexacto hacer juicios genarizadores sobre la interpretación bíblica latinoamericana con base en citas aisladas, quizá extremistas o radicales, de algunos autores o participantes.

7) El movimiento carismático y las comunidades protestantes de Centro América comparten algunas, pero no todas, de las mismas características en su lectura de las escrituras.  Sin embargo, se puede decir con mucha base que ninguno de esos dos grupos está viviendo un proceso igualmente amplio y dinámico de reflexión bíblica como el que está ocurriendo en las comunidades de base.

Oscar Arnulfo Romero, con admirable humildad y honestidad, confesó poco antes de su muerte, «Los pobres me han enseñado a leer la Biblia».  A todos nosotros, los pobres de Centroamérica nos pueden enseñar mucho en cuanto a lo que «el Espíritu está diciendo a la iglesia» (Ap 2:7).


[1] ) Esta ponencia fue leída en el Instituto para Estudios Cristianos en Toronto, Canadá, y por lo mismo asume la perspectiva de sus oyentes. Por eso, en este caso, se debe entender por «nosotros» los canadienses y estadounidenses que escuchaban la conferencia, en contraste específico con los campesinos centroamericanos. Al leer este artículo, tanto el lugar (Toronto) como la fecha (1987) deben tomarse en cuenta. No se había publicado anteriormente.

[2] ) Carlos Mesters, «The Use of the Bible in Christian Communities of the Common People», en The Challenge of Basic Christian Communities, ed. Sergio Torres and John Eagleson (Orbis: 1981), p.203.

[3] ) Mesters trata con esto bajo el título, «Algunos obstáculos y como el pueblo los supera… Fundamentalismo servil en algunas comunidades de base» ; cf. Alfredo Fierro, The Militant Gospel (London: 1977), pp. 142-5.  Fierro, un teólogo español radical, rechaza la teología de la liberación por lo que considera su uso literal, fundamentalista de las escrituras.

[4] ) Este inciso es adaptado de mi artículo, «»The Hermeneutics of Liberation Theology», Bangalore Theological Forum (Vol. XI, No.2, 1979) pp. 122-141.Véase también Stam, «La Biblia, el lector y su contexto histórico», Boletín Teológico #10-11 4.1982, pp 27-72.

[5] ) Jose Miguez Bonino, Doing Theology in a Revolutionary Situation (Philadelphia: Fortress, 1975),

p.98.

[6] ) Severino Croatto, «Liberación y Libertad: Reflexiones hermenéuticas en torno al Antiguo Testamento», Revista Biblica 1971:1, pp. 3-7, p.3.

[7] ) Ibid., p.3. Sobre «paradigmas» y cómo «conjugarlos» véase también Jose Miguez Bonino, Ama y haz lo que quieras.

[8] ) La historia de esta comunidad se ha contado muchas veces; véase p.ej. Phillip Berryman, The Religious Roots of Rebellion (Orbis: 1984), pp. 7-24. Los estudios bíblicos inductivos, grabados en la comunidad, han sido publicados en muchas ediciones con el título El Evangelio en Solentiname (p.ej. San José: DEI, 1979, 2 tomos).

[9] ) Leonardo Boff, Jesucristo el Liberador (Bs.As.: Latinoamericano Libros, 1974), p.187.

[10] ) Juan Hernández Pico, «The Experience of Nicaragua’s Revolutionary Christians», citado en Challenge (n.1), p.66, traducido del inglés.

[11] ) «»La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres», Lovaina, 2 de febrero de 1980; Monseñor Romero: Selección y notas, Arnoldo Mora ed (San José: Editorial Universitaria Centroamericana, 1981), pp. 193-194.

[12] ) La frase es una cita de Che Guevara.

[13] Berryman, Roots, (n.8), p.17 (traducido del inglés).

[14] ) Mesters, in Challenge (n.2), p.201, traducido del inglés.

[15] ) Berryman, Roots, (n.8), p.17.

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