Archivos de la categoría ‘Teología’

Dios es el Arquitecto

Publicado: enero 31, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

La iglesia y los lugares de culto (2)

Dios es el Arquitecto

El primer ejemplo de culto que leemos en la Biblia es el de las ofrendas que Caín y Abel trajeron al Creador.

23 DE JUNIO DE 2012

“Es un dato bien conocido para los historiadores de la Iglesia, que a medida que la vida espiritual empieza a decaer…elementos formales y extraordinarios comienzan a acrecentarse…Para aquél que sirve a Dios en Espíritu y con devoción sincera poca será su necesidad de incorporar lo inusual y lo constantemente innovador.» (1)
Los cristianos adoramos a Dios porque sabemos que nos ama, que es nuestro Padre Eterno y que como hijos e hijas suyos, somos herederos de su Gloria.
Sin embargo, muy a menudo olvidamos que Dios es también el arquitecto que ideó, diseñó y ejecutó el proyecto de la Creación sin que nadie lo asesorase; el que también quiso que los humanos fuésemos co-administradores suyos de todo lo que nos rodea y sostiene .
¿Será que lo olvidamos por dedicar mucho tiempo a proyectar, ejecutar y contemplar nuestras pequeñas obras?
Hagamos un repaso del Proyecto de Dios para redimir al pecador.
El Señor Jesucristo enseñó claramente que Él fue enviado por su Padre para buscar y salvar lo que se había perdido y a establecer un pueblo que adorase a Dios en espíritu y en verdad, porque esa es la clase de adoradores que le agrada. (2)  La adoración que agrada a Dios no depende de realidades visibles o materiales sino espirituales; no se produce desde un ámbito físico utilitario, sino desde lo sobrenatural que Dios regala al hombre común para que lo trascienda.
« De modo que hasta uno que no cree, cuando entre a la asamblea, pueda entender lo que está pasando, y… se postrará ante Dios y lo adorará, exclamando: ‘¡Realmente  Dios está entre ustedes!’” (3)
Esa y otras razones bíblicas que veremos en el estudio que hoy comenzamos nos ayudarán a comprender mejor el lugar que ocupa en las Escrituras la adoración a Dios y qué nos dicen ellas sobre el lugar de adoración.
En el comienzo del libro del Génesis, se nos describe a Dios creando el universo . El relato es contundente: Dios dijo y fue hecho. Excepto el ser humano, obra de sus manos, todo lo hizo Dios por medio de la palabra (4) . La carta a los Hebreos define que Jesucristo es quien sostiene todas las cosas con “la palabra de su poder” (5) . Y luego el Verbo, el kyrios  divino que era desde el principio, vino al mundo encarnado en la persona de Jesús el unigénito Hijo de Dios (6) .
Dios impartió precisas órdenes a la primera pareja humana, constituida por el hombre y la mujer que Él creó, para que administrase su Creación . Mientras le obedecieron Adán y Eva caminaron junto a su Creador. Bastó que le desobedecieran tras ser engañados por el autor de la mentira para que la relación se cortase y fuesen expulsados del lugar donde vivían en perfecta armonía con su creador.
La desobediencia de nuestros padres a Dios, su obediencia a otra voz y a insinuaciones contrarias al mandato divino determinaron el ingreso del pecado en la Creación, lo que es abominable ante Dios. Esa es la razón por la que vino la condena previamente advertida e inexorablemente cumplida y los seres humanos fuimos destituidos de la gloria de Dios, comenzamos el largo camino de una vida sujeta a vanidad por perder nuestro estatus original. Cargamos la culpa heredada, y la frustración de no poder hacer lo bueno que queremos sino lo malo que no queremos. Así comprendemos que todo ello es consecuencia de nuestro estado natural: separados de Dios y espiritualmente muertos.
Pero el Creador tenía previsto redimir a su criatura, y nos lo anticipa en Génesis 3:15-21. Porque es Dios Creador y Proveedor suyos son tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Su Proyecto está hoy en plena ejecución.
EL CULTO EN LA ANTIGÜEDAD El primer ejemplo de culto que leemos en la Biblia es el de las ofrendas que Caín y Abel trajeron al Creador. Aunque Abel no lo supiese –como nosotros hoy- su adoración fue un acto de fe a través de un cordero, figura del Cristo de Dios que habría de venir para quitar el pecado del mundo.
Caín intentó adorar a Dios, trayéndole una ofrenda fruto de su trabajo, no nacida de la fe que agrada a Dios. El lugar de culto de ambos era uno y el mismo: allí donde estaba Dios. El espíritu de los adoradores era lo diferente. Un mismo lugar, dos cultos distintos. Uno sólo de ellos agradó a Dios.
Abel adoró de corazón a Dios y aunque su propio hermano le quitó la vida, la fe de Abel “aún muerto habla por ella.” (7)
La siguiente mención de la adoración es la de Génesis 4:26 donde se nos informa que los humanos comenzamos a invocar el nombre de Dios a partir de Enós; nieto de Adán y Eva, hijo de Set cuyo nombre significa sustituto (pues Eva lo consideró como enviado por Dios en lugar del asesinado Abel).
Es importante recordar que invocar  es la acción de llamar a alguien por su nombre. En este caso, es llamar a Dios por su nombre; una acción que con el tiempo sufrió tal deterioro que la ley entregada a Moisés incluye como segundo mandamiento: No tomarás el nombre de Yahvé tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” (8)
Todos sabemos que se invoca el nombre de Dios en vano en cualquier sitio, incluidos los lugares de culto.
Desde el primer fratricidio los hombres fuimos siguiendo las huellas del homicida, nos fuimos liando en trabajos y proyectos humanos que fueron alejándonos cada vez más del Creador. Nos corrompimos adoptando costumbres mundanas que desafían su santa ira deificando lo pecaminoso. Hasta que Dios instruyó a un hombre justo, Noé, para construir el arca en la que salvaría a las especies animales y a los que quisieran obedecer y no perecer, entrando en ella.
En otro acto de fe, ya en la era posdiluviana, Noé adora a Dios ; de manera consciente y sencilla quema una ofrenda:
“Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. (9)
No es el altar edificado, ni el lugar elegido, ni el holocausto ofrecido, sino el espíritu de fe de Noé lo que agradó a Dios. La ofrenda es respondida por Dios con la promesa de seguir sosteniendo la vida y el orden mientras el planeta exista.
Dios llama luego a Abram, hombre rico y sin descendencia, para que deje la tierra de sus padres, en Harán, y vaya a la tierra que le daría para que sea bendecido con una gran descendencia. (Génesis 12 ). “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (10)
Este impresionante relato, y los hay muchos en la Biblia, tiene sin embargo algunos aspectos que lo hacen único.
1. Dios llamó a Abram. Uno de los atributos de Dios como arquitecto, es que puede llamar a quien Él desea para asignarle una tarea dentro de su proyecto. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. (11) Esta verdad revelada por Jesús a sus discípulos también nos enseña que hay muchos llamados que se involucran sin haber sido escogidos.
2. Abram obedeció al llamado. Una persona a la que se llama y se niega a responder no se comporta según normas aceptadas socialmente, con buenos modales; puede que tenga problemas o busque esconderse. Lo normal es que cuando se nos llama, respondamos al llamado. Eso es obedecer. En el caso de Abram, él obedeció al llamado de Dios.
3. La fe movió a Abram a la obediencia. El llamado divino viene con la medida de fe necesaria para obedecer. El relato bíblico no sugiere que Abram primero planificó una estrategia o calculó el coste; solo afirma que obedeció.
4. El llamado fue a salir sin saber a dónde iría. Difícilmente alguien viaje de un lado a otro sin tener un destino prefijado. Abram era hombre respetado por su capacidad para hacer negocios y manejar su hacienda. Era de la clase de gente a la que difícilmente se la pueda separar de su estilo de vida y compromisos sociales, así porque sí. Sin embargo, la Palabra afirma que Abram demostró su obediencia emigrando sin saber si quiera a dónde.
5. Confiaba en la promesa de Dios. Dios era quien lo llamaba y le había asegurado una descendencia numerosa. A un hombre anciano aunque aún en sus cabales, pero que no había podido tener hijos a causa de la esterilidad de su esposa, la promesa de Dios fue mucho más fuerte que las circunstancias negativas. Eso es confiar y Abram confió.
6. Habitó como extranjero en la tierra prometida. Ser inmigrante en un país extraño es una de las situaciones más difíciles de enfrentar para cualquier ser humano, salvo contadas excepciones. Los países más adelantados de la tierra muestran estadísticas de inmigrantes adaptados a su cultura e idioma, que pueden enorgullecerlos. Abram estaba en la tierra que Dios le había prometido dar como herencia; pero aún así vivió como extranjero en ella, como peregrino. Lo hizo por fe. Abram tuvo fe y fue paciente por tres generaciones. Le nacieron hijos y luego nietos, todos ellos heredaron con él. La fe espera todo el tiempo que sea necesario para que la promesa se cumpla.
7. Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. ¿A qué ciudad se refiere el escritor sagrado? ¿Sería la Jerusalén asentada en Sion? Pues si esperaba esa ciudad, nunca la pudo ver puesto que Abraham murió muchos siglos hasta de que David conquistase Jebus y amurallara lo que luego fue Jerusalén (hoy la Antigua Jerusalén). La ciudad que tiene fundamentos, la que esperaba Abram, no es otra que la Nueva Jerusalén, la Jerusalén Celestial cuyas bases son las doce tribus de Israel y los doce apóstoles de Jesucristo. Y, aunque todavía no estemos físicamente viviendo en ella, la fe que nos da nos confirma que es real, que Dios es su Arquitecto y Constructor y que la está preparando para que no tengamos temor ni miedo al presente o al futuro, y todos los llamados y escogidos por Dios la habitemos junto a Él.
CONCLUSIONES En la Antigüedad, en el período que media entre la expulsión del huerto de Edén y la llegada de Abraham a la tierra que Dios le había prometido, el culto a Dios consistía en una relación personal con Él basada en la obediencia . No existía una orden de Dios que significase montar un ritual en un sitio específico para poder rendirle adoración.
Los sacrificios agradaban a Dios sólo cuando provenían de un corazón y una mente movidos por la fe . Los casos de fe citados muestran a hombres temerosos de ofenderle y agradecidos por las misericordias recibidas. La adoración era resultado de la fe que Dios daba a cada escogido suyo; porque, en realidad, sólo Dios puede generar una adoración que satisfaga su santidad.
Recibir la fe, responder al llamado y adorar de corazón era la parte invisible del culto. Ofrecer a Dios un acto de servicio, como el de un siervo a su Señor, era lo único visible. No vemos que allá hubiese una liturgia acotada o un orden del culto, ni una urgencia de edificar un lugar específico para adorar en comunidad al Señor.
Dios es el arquitecto, y tiene un proyecto que va mucho más allá de nuestro deseo de hacer algo por Él. El quiere hacer algo por, en y con nosotros.
Dios desea obediencia, no sacrificios. Quien obedece, se entrega a sí mismo a Aquél en quien confía. Y Él se agrada con esta ofrenda y nos hace ver con los ojos de la fe su magnífica obra en plena construcción : la ciudad de Dios, la Jerusalén celestial. Ese es el lugar donde Él mora en los Cielos desde antes de Crear lo visible e invisible; el santuario de su presencia que viene preparando para recibir allí nuestra adoración.
El Señor nos abra los ojos y ayude para que impidamos que nuestra vida de fe sea contaminada con costumbres y obligaciones mundanas extrañas a la adoración y servicio que sólo Él busca y merece.
El próximo domigo seguiremos con Lugares de culto en Israel: Dios es el Arquitecto (II).
Hasta entonces si el Señor lo permite
(1) The Revised Church Order Commentary: An Explanation of the Church Order of the Christian Reformed Church ”, por Idzerd Van Dellen y Martin Monsma Zondervan Publishing House, 1972 (2)  Juan 4:23. Jesús le explica esta verdad a la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob. (3) 1ª Corintios 14.25. (4)  Hebreos 11:3. (5)  Hebreos 1:3. (6) Juan 1:1. (7) Hebreos 11:4 (8)  Éxodo 20:7 (9) Génesis 8:20-22. (10) Hebreos 11:8-10. (11) Mateo 22:14.

Autores:Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2013

Creative Commons

Óscar Margenet Nadal

La iglesia y los lugares de culto

Propongo estudiar juntos la importancia que el Plan de Dios le asigna al lugar de culto.

Hay una difundida creencia que la tradicional manera de congregarse de las iglesias cristianas evangélicas, salvo cuestiones culturales o de época, es la manera bíblica. Muchos de los que así opinan sostienen que la tradición católico-romana es exactamente lo opuesto.
En esta serie de notas que comenzamos hoy no nos ocuparemos de los aspectos litúrgicos observables en las iglesias locales, según sea su denominación, salvo cuando ellos tengan una estrecha relación con nuestro objetivo principal.
Nuestro enfoque apunta a desentrañar y conocer los aspectos físico-ambientales del lugar usado por nuestros primeros hermanos y hermanas para reunirse a orar, a escudriñar las Escrituras, a recordar y adorar al Señor y a estrechar lazos fraternales como asamblea de fe.
¿Dónde y cómo se reunían los primeros creyentes, según las Escrituras?
¿Cuándo y dónde nació la costumbre de construir edificios para congregar a los cristianos?
¿Es una ordenanza divina que los cristianos tengamos un edificio propio al cual llamar iglesia, templo, lugar santo o, aún, casa de Dios?
¿Qué relación hay entre la Gran Comisión de ir a todas las naciones a hacer discípulos de Cristo y la construcción de edificios allí donde hay grupos estables de creyentes?
¿Es correcto, desde el punto de vista bíblico, embarcarnos en invertir dinero en proyectos y construcciones para albergar a una iglesia cuya naturaleza es la de peregrina en la tierra?
Si hubiese tal base bíblica, e inclusive con ayuda de la historia secular y de la arqueología: ¿Cómo era el lugar en el que se congregaban los primeros creyentes? ¿Tenía características arquitectónicas o edilicias especiales que lo hacían un paradigma de edificio “cristiano”?
LA IGLESIA DE MI NIÑEZ En mi ciudad natal de Santa Fe de la Veracruz recuerdo tres tipos de edificios religiosos : la única sinagoga judía a pocos metros de mi casa; las enormes construcciones católico-romanas de las que podía distinguir a las antiquísimas de la época colonial y a las más contemporáneas (casi siempre sin terminar); y las modestas construcciones evangélicas: algunas con claro estilo anglosajón y su típico remate triangular cuyo vértice podía, o no, estar coronado con una pequeña cruz.
Los edificios evangélicos, cuanto más alejadas del centro urbano, más sencillos y elementales lucían; casi siempre construidos a base del voluntariado de los fieles y con donativos o recaudaciones provenientes de kermeses o encuentros “pro-construcción”.
Mis mayores conocieron al Dios de la Biblia gracias al testimonio de Don Miguel, el chofer del autobús que llevaba a mi padre a su trabajo a las seis de la mañana de lunes a viernes. De las charlas de este cristiano con mi padre, siempre sentado en el primer asiento, seguramente otros pasajeros habrán recibido la Palabra de vida. Gracias a ese testimonio de fe, yo crecí en una congregación plantada y pastoreada por miembros de las denominadas “asambleas de hermanos libres” (nacidas del movimiento misionero británico conocido como “Plymouth Brethren” en el sur de Inglaterra).
Los lugares de culto de esta denominación lucían en el frente esta sucinta inscripción: “Local Evangélico” (traducido de “Evangelical Hall”). Este nombre significaba que, si estaba yendo a la escuela dominical u otra reunión, cuando me preguntaran adónde iba respondería “al local”, no “a la iglesia”. Quien no supiese de qué estábamos hablando supondrían cualquier otro edificio, menos uno de culto.
Adelante, un pequeño porche accesible desde el frente o desde ambos costados, según las posibilidades del terreno, era la entrada principal. Y el salón, casi siempre rectangular presentaba las bancadas mirando hacia el podio donde se encontraba el púlpito, elevado en lo que llamábamos la plataforma con piso de madera, ya que debajo estaba el bautisterio.
Lejos estaba en mi lejana niñez de saber que ya de grande, me dedicaría a la construcción, a la arquitectura y al urbanismo. Ejerciendo mi profesión he diseñado edificios para distintas denominaciones evangélicas. Y, además de los numerosos problemas legales, técnicos, financieros y constructivos, debí enfrentar numerosas cuestiones enojosas que, lamento decirlo, no se dan ni siquiera entre los incrédulos a la hora de edificar.
Por mi corta edad tampoco sabía de los efectos imperceptibles que nos impone la tradición: la merma constante de nuestra capacidad de cuestionamiento, y la aceptación sumisa de las cosas como son. Esa acción desgastante que nos lleva a encogemos de hombros y a resignadamente decir: “esto es lo que hay”. Peor es, porque -salvo excepciones- esa actitud se la transmitimos luego a los niños cuando les ordenamos callar ante sus continuos “¿por qué?”
LOS LUGARES DE CULTO EN LA BIBLIA Propongo estudiar juntos la importancia que el Plan de Dios le asigna al lugar de culto; cuáles han sido sus precisas indicaciones en el pasado, cuál es su preferencia actual, y cómo será en el futuro eterno.
Investigaremos, en primer lugar, las instrucciones dadas por Dios a su pueblo en la antigüedad para que construyese un lugar de culto que marcase la diferencia con los numerosos cultos paganos de los pueblos que siempre rodearon y corrompieron a Israel.
Luego, en una segunda parte, estudiaremos la manera en que se congregaban para recibir sus enseñanzas los seguidores de Jesucristo durante su corto aunque intenso ministerio terrenal.
Finalmente, analizaremos qué nos dice el libro de los Hechos y demás escritos apostólicos respecto de la manera de congregarse de los seguidores de Jesucristo luego de glorificado, desde Pentecostés hasta el final del canon novotestamentario.
Sugiero hacerlo como se hace un estudio bíblico: sin partir de ideas preconcebidas ; dejando hablar a la Palabra. Cuando tengamos dudas preguntaremos; y dejaremos que sea la Palabra la que nos responda.
Tendremos oportunidad de conocer las opiniones de historiadores seculares y bíblicos; los resultados de hallazgos arqueológicos y de expertos en investigaciones científicas.
Como siempre ocurre, todos los hallazgos científicos no hacen más que corroborar a la Palabra. Ellos nos ayudarán a conocer qué clase de edificios usaron los primeros hermanos y hermanas cuando se reunían en el nombre de Jesucristo y para la gloria de Dios. Ojalá el Espíritu de verdad nos guíe y saquemos conclusiones beneficiosas para la iglesia.
Continuaremos, si el Señor lo permite, con Dios es el arquitecto.

Autores:Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2013

Creative Commons

JUAN STAM

Passive5

Una congregación que daba asco a Jesús

 

El Apocalipsis es un libro muy dramático, y tiene que leerse un poco diferente a como leeríamos Romanos, por ejemplo, o Marcos.  Si observamos bien este libro, veremos que nos desafía a activar constantemente nuestros sentidos de percepción.  En primer lugar, como es obvio, éste es un libro de visiones, que apelan a nuestro sentido de la vista.  Nos desafía a visualizar los cuadros que pinta.  Apela también al oído, con sus muchas trompetas, voz de trueno, estruendo de cataratas de agua, y aun sus silencios («los sonidos del silencio», muy importantes en este libro).  Para el olfato, evoca la fragancia de ricos perfumes (incienso) y el olor menos agradable del azufre, familiar a todos los que viven cerca de volcanes.  Está presente también el tacto, por ejemplo cuando el Hijo de Hombre pone su mano sobre la cabeza de Juan.

 

Muy interesante y dramático son dos referencia al gusto gastronómico, al sabor de la boca.  En la visión del poderoso ángel con el librito abierto, se le ordena a Juan comerse ese rollo (Apoc. 10:9-10).  Si fuera de papiro (algo parecido al papel) o de pergamino (de pellejos animales), ¡no es un menú que apetece para nada!  (Si Ud no me cree, trate de comerse una hoja de papel y se convencerá).  El otro pasaje que remite al sabor de la boca, aun más feo, es el mensaje a la iglesia de Laodicea: le tienen a Jesús al punto de vomitar!  (¿Se acuerda Ud de la última vez que vomitó?  Ay, ¡que feo, verdad!).

 

Laodicea era una ciudad con muchas ventajas: bien situada sobre rutas comerciales, una buena acrópolis para su defensa, buenos pastos para animales y su industria textilera.  Pero Laodicea tenía un problema muy serio, el agua.  No tan lejos estaba Colosas, hacia el oriente, con agua limpia y bien fresca. Visible hacia el occidente, como nevadas, estaban las inmensas depósitos de minerales de las aguas termales de Hierápolis, donde llegaban hasta emperadores para curarse.  Pero el agua de Laodicea no era fría como la de Colosas, ni caliente como la de Hierápolis; era tibia, y daba, literalmente, ganas de vomitar.

 

Nos podría parecer que a lo menos tibio fuera mejor que frío, pero, al contrario, para Cristo la tibieza es lo peor y le da asco. «Ojalá fueses frío o caliente» (3:15), en vez de tibio.  Espiritualmente, el tibio se engaña a sí mismo y piensa que está bien con el Señor.  Por eso le es casi imposible arrepentirse, mucho más difícil que para el frío.  Pero por supuesto, lo que Jesús quiere es que seamos «calientes» en la fe («sé celosos», literalmente «hirvientes»; 3:19).

 

De las siete iglesias del Apocalipsis, Laodicea era la peor, aunque se creía la mejor. «Tu dices, Yo soy rico, de ninguna cosa tengo necesidad» (3:17).  Así era la auto-estima de esta comunidad.  Pero Jesús la veía totalmente diferente: «Tu no sabes que eres un pobre, ciego y desnudo».  Lo importante no es lo que nosotros pensamos de nosotros mismos, ni lo que otros piensan de nosotros (3:1), sino cómo Jesús nos ve, como personas y como comunidades. Y esta congregación, tan engreída, le daba asco al Señor.

 

Pero si ellos se arrepienten, Jesús tendrá un sabor totalmente diferente en su boca.  El pasaje termina con lo contrario del inicio.  Jesús está a la puerta de esa congregación, toca la puerta y llama, porque ahora quiere sentarse a comer con ellos.  Ahora su boca no tiene ese mal sabor de nauseas, sino el apetito y el sabor de una buena comida que él espera compartir con ellos.  Así de grande es la gracia y el perdón de nuestro Señor.

 

¿Qué sabor dejamos nosotros en la boca de Jesús?

 

http://www.juanstam.com

The Epiphany of Our Lord

Publicado: enero 2, 2013 en Teología

By Rev. Paul T. McCain

A blessed and happy Epiphany to you all. The Epiphany of our Lord was, in the ancient church, a day that was set aside to commemorate not only the visitation of the Magi, but the Lord’s Baptism, and his first miracle. The season of Epiphany was developed to offer separate meditation and reflection on each of these events in our Lord’s ministry, so on this day, the focus is on the visit of the Magi. Many churches observed Epiphany last Sunday, using the custom of observing a major feast falling on a week day, on the Sunday immediately preceding it.

The historic readings for this day are:
Introit: Ps. 72:1–210–11; antiphon: Liturgical text
Old Testament: Is. 60:1–6
The Psalm: Psalm 24 (antiphon: v. 7)
The Epistle: Eph. 3:1–12
The Gospel: Matt. 2:1–12
The Gradual: Is. 60:6b1
The Verse: Matt. 2:2b

The Lord God Is Manifested in the Incarnate Son

The Feast of the Epiphany centers in the visit of the Magi from the East. In that respect, it is a “Thirteenth Day” of Christmas; and yet, it also marks the beginning of a new liturgical season. While Christmas has focused on the Incarnation of our Lord–that is, on God becoming flesh–the season of Epiphany emphasizes the manifestation or self-revelation of God in that same flesh of Christ. For the Lord Himself has entered our darkness and rises upon us with the brightness of His true light (Is. 60:1–2). He does so chiefly by His Word of the Gospel, which He causes to be preached within His Church on earth–not only to the Jews but also to Gentiles (Eph. 3:8–10). As the Magi were guided by the promises of Holy Scripture to find and worship the Christ Child with His mother in the house (Matt. 2:5–11), so does He call disciples from all nations by the preaching of His Word, to find and worship Him within His Church (Is. 60:3–6). With gold they confess His royalty; with incense, His deity; and with myrrh, His priestly sacrifice (Matt. 2:11).

Thus, we pray today:

O God, by the leading of a star You made known Your only-begotten Son to the Gentiles. Lead us, who know You by faith, to enjoy in heaven the fullnesof Your divine persence; through the same Jesus Christ, or Lord, who lives and reigns with You and the Holy Spirit, one God, now and forever. Amen.

EPIFANIA

Publicado: enero 2, 2013 en Teología

Rev. Paul T. McCain

adormagi

Una felíz y bendita Epifanía para todos ustedes. La Epifanía de nuestro Señor fue, en la antigua iglesia, un día que estaba reservado para conmemorar no sólo la visita de los Reyes Magos, pero el Bautismo del Señor, y su primer milagro. La temporada de la Epifanía fue desarrollada para ofrecer la meditación y la reflexión independiente en cada uno de estos eventos en el ministerio de nuestro Señor, por lo que en este día, la atención se centra en la visita de los Reyes Magos. Muchas iglesias han observado la Epifanía el pasado domingo, con la costumbre de observar una gran fiesta cae en un día de la semana, el domingo inmediatamente anterior.

Las lecturas históricas para el día de hoy son:

Introito: Ps. 72:1-2, 10-11; antífona: texto litúrgico

Antiguo Testamento: Is. 60:1-6

El Salmo: Salmo 24 (antífona: v. 7)

La Epístola: Ef. 3:1-12

El Evangelio: Mat. 2:1-12

La gradual: es. 60:6 b, 1

El versículo: Mat. 2:2 b

El Señor Dios se manifiesta en el Hijo Encarnado

La Fiesta de la Epifanía en el centro de la visita de los Reyes Magos de Oriente. En ese sentido, es un «décimo tercer día» de la Navidad y, sin embargo, también marca el comienzo de un nuevo tiempo litúrgico. Aunque la Navidad se ha centrado en la Encarnación de nuestro Señor, es decir, el Dios que se hace carne la temporada de Epifanía subraya la manifestación o la auto-revelación de Dios en esa misma carne de Cristo. Porque el Señor mismo ha entrado en nuestra oscuridad y se eleva sobre nosotros con el resplandor de su luz verdadera (Is. 60:1-2). Lo hace principalmente por medio de Su Palabra, del Evangelio, Él es la causa que se predique en Su Iglesia en la tierra, no sólo para los Judios, sino también a los gentiles (Efesios 3:8-10). Como los Reyes Magos fueron guiados por las promesas de la Sagrada Escritura para encontrar y adorar al Niño Jesús con su madre en la casa (Mateo 2:5-11), por lo que se le llama discípulos de todas las naciones por la predicación de su Palabra, a encontrar y adorarlo en Su Iglesia (Is. 60:3-6). Con el oro que confiesan su realeza, con incienso, su deidad, y con mirra, su sacrificio sacerdotal (Mat. 2:11).

Por lo tanto, oramos hoy:

Oh Dios, por el líder de una estrella Usted dio a conocer su Hijo unigénito a los gentiles. Llévanos, Tú sabes que por la fe, para disfrutar en el cielo  Su presencia plena y divina, por el mismo Cristo Jesús, o Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

http://cyberbrethren.com


Juan Francisco Martínez

Pasó el 21 de diciembre y aquí estamos

 No faltará mucho tiempo hasta que surja otra “profecía” o interpretación que nos asegure conocer la fecha exacta del fin de nuestro mundo, o de la venida de Cristo.

23 DE DICIEMBRE DE 2012

 Durante varios meses fue común especular sobre el significado del 21 de diciembre según el calendario maya. La interpretación popular era que esta fecha marcaría el fin del mundo.

Dicha interpretación sirvió como base para una serie de películas, libros y muchas declaraciones sobre como sería el fin del mundo. Fue tanta la especulación que hasta circuló una nota en el internet declarando que el gobierno de EEUU podía asegurarnos de que el mundo no se acabaría el 21 de diciembre.

 Pasó el 21 de diciembre y aquí estamos . Aquellos que en verdad pensaban que se iba a acabar el mundo se encontrarán decepcionados. Claramente la fecha suscitó cierta tendencia apocalíptica. Algunos querían que terminara el mundo el 21 de diciembre para poder salir de situaciones complejas. El fin del mundo significaría un especie de borrón y cuenta nueva.

El 21 de diciembre también suscitó toda una serie de chistes y comentarios burlones. Es probable que sigan, hasta que la gente comience a olvidarse de este fecha.

Pero  no faltará mucho tiempo hasta que surja otra “profecía” o interpretación que nos asegure conocer la fecha exacta del fin de nuestro mundo, o de la venida de Cristo.

Esta tendencia de proponer fechas sobre el fin del mundo o sobre una intervención externa en nuestro mundo, muchas veces surge del deseo de tener una semblanza de control sobre nuestra existencia humana.

 Los humanos nos damos cuenta que no controlamos ni lo más básico de nuestra vida y poder decir que sabemos cuando se acabará el mundo nos da cierta ilusión de “saber” o controlar el futuro. Poder hablar del fin del mundo también sirve como un especie de escape de situaciones complejas o dolorosas.

Sin embargo,  quisiera utilizar la expectativa del 21 de diciembre para invitarnos a los cristianos que creemos en la segunda venida de Cristo a reflexionar sobre la razón de nuestra confesión .

¿Por qué queremos que Cristo regrese? ¿Será que también deseamos tener cierto control en este mundo en que nos sentimos que estamos perdiendo el control? ¿Será que deseamos escapar de alguna situación que no entendemos o de un mundo que no nos quiere?

 Una de las imágenes que Jesús utilizó al describir su regreso era un “ladrón en la noche”.

Este cuadro enfoca varias cosas a la misma vez.  Por un lado está el hecho de que no se puede saber antes de tiempo cuando vendrá. Nadie sabe ni el día ni la hora. Pero también está claro el concepto de velar , de vivir de tal forma que no me encuentre sorprendido. En medio del velar también está la responsabilidad de seguir con mi tarea hasta ese momento.

Al fin y al cabo ¿qué esperamos al pensar en la venida de Cristo? ¿Esperamos poder escapar o estamos en anticipación de que Dios complete su obra a favor de nuestro mundo?

 La invitación de la segunda venida de Cristo es a velar, a esperar y a estar listos. En otras palabras, su venida tiene implicaciones para nuestra vida hoy . Vivo en anticipación de la venida de Cristo porque se que Dios sigue obrando en nuestro mundo y que Cristo regresará para completar lo que ha comenzado.

Creo que Dios sigue obrando en nuestro mundo y que completará su obra en la segunda venida de Cristo. Mi anticipación del futuro tiene que ver con el futuro inmediato y con el futuro escatológico. Estoy atento a los lugares y las maneras en que Dios está obrando en nuestro mundo hoy.

 Como discípulo de Cristo vivo mi vida como señal, como una anticipación del futuro divino cuando Dios enjugará toda lágrima y sanará todo mal. Pero también se que Dios me llama a ser parte de lo que está haciendo hoy .

Espero la segunda venida de Cristo como otra etapa del obrar divino. La venida de Cristo no terminará la historia humana, sino que la completará.

 Siendo que pasó el 21 de diciembre y aquí estamos quiero seguir atento a los lugares donde Dios se está manifestando hoy para unirme y servirle. El proyecto divino no se completó hoy, sin sigue adelante. Así que sigo sirviendo hasta aquí día cuando Cristo sí se haga presente.

Autores: Juan Francisco Martínez
©Protestante Digital 2012

Creative Commons

BITÁCORA TEOLÓGICO
Jose Antonio Watanabe Maruyama

Photo: BITÁCORA TEOLÓGICO Jose Antonio Watanabe Maruyama LA HOMOSEXUALIDAD Por: José a. Watanabe M. Sacerdote evangélico. Mayo 2012 Ya hace varios años he estado escuchando y meditando sobre el asunto de la homosexualidad. Y hoy se escucha con mayor frecuencia, hay más movimientos pro homosexualidad y anti homofobia. Aún en los programas televisivos encontramos varios homosexuales, que van desde el moderado hasta el escandaloso. En este pequeño articulo deseo plasmar mi idea sobre aquellas personas. En primer lugar estoy en contra de toda violencia, maltrato, burla y discriminación social que se hagan contra ellos, pues se les debe considerar personas. En segundo lugar aunque los respeto, no soy partidario con esa opción sexual, por dos motivos: Primero, aunque soy sacerdote evangélico - y muchos pueden opinar que estoy bajo la influencia religiosa tradicional- trataré de ser lo más objetivo, no partiendo desde las escrituras, sino desde el orden natural y la armonía cósmica. Es decir desde la ruptura natural. Segundo, lo considero en su gran mayoría como una anomalía psicológica, causada por un trauma durante su vida, especialmente en su niñez. Este último punto no pretendo desarrollarlo pues es muy complicado y cada caso tiene su propia dinámica. En cuanto al primer punto, debo aclarar mis terminologías a usar: • Hombre/mujer, características sexuales diferenciadas, en el uso de la procreación. • Masculinidad/ feminidad, considero con estos términos relacionados a una identidad cultural. Ser hombre tiene estos rasgos característicos y ser mujer estos otros. La naturaleza es orden y no desorden, ya desde la antigüedad filósofos como Platón y Aristóteles lo había descubierto. Ese orden de la naturaleza solo el ser humano lo puede modificar, sea para bien o para mal. Cada ser viviente, por lo menos, en su mayoría de las especies mayores y aún menores tiene órganos reproductivos diferenciados, por supuesto que hay excepciones como las amebas que son unicelulares y por tanto los seres más primitivos, pero estas excepciones no hacen la regla natural. Ahora, la naturaleza humana nos enseña que para procrear se necesitan dos personas de sexo opuesto pero complementario, el hombre y la mujer. Y por ello, se hace necesaria la convivencia, puesto que, las criaturas humanas a diferencias de otras nacen indefensas, por ello la solidaridad de parejas (diferenciadas) es importante. Hombre, naturaleza y cosmos son una trilogía inseparable, que deben vivir en armonía. La relación ser humano/naturaleza/cosmos debe ser una relación armoniosa y no desequilibrante. Como observé anteriormente el ser humano puede modificar la naturaleza, para bien o para su propia destrucción como humanidad, tal como está sucediendo ahora con el calentamiento global de la tierra y la gran deforestación de nuestra amazonia que desde luego traerá consecuencias fatales para toda la humanidad, solo por gozar y tener todo en el presente. Lo anterior nos debe hacer reflexionar que la manipulación del orden natural establecido, del equilibrio ecológico, es contraproducente para la especie humana y todo ser viviente que habita nuestro mundo. Puede llevarnos a la anarquía y la extinción. ¡SALVEMOS AL MUNDO Y AL SER HUMANO! debe ser nuestra preocupación última. El ser humano o la humanidad desde mi punto de vista necesita estar bajo control (el tipo de poder actual según Michel Foucault), para la supervivencia de la especie, y especies -las leyes son ejemplos de ese control social- pues sino caemos en una anarquía absoluta, donde no existan valores, principios o estas se relativicen. Comparo al ser humano como un buey que necesita un cabestro para andar. Ese cabestro para mí, es la palabra de Dios y la predicación del evangelio del Reino de Dios anunciado y practicado por Jesús, al menos que me presenten algo mejor para el mundo. Pueda ser que mi visión del ser humano sea pesimista, pero la experiencia mundana me hace verlo así. Y sobre el homosexual y la homosexual seguramente me juzgarán como muy tradicional y anacrónico, pero sobre todo está la vida en general, sobre lo particular, que puede llevarnos a la anarquía o anomia social, como describe a la sociedad actual el sociólogo francés Alain Touraine. Son pocos las personas ecuánimes, es decir respetuosas con el orden natural y cósmica. Tenemos una tendencia no sé si innata o adquirida a vivir desordenadamente. Solo el ser humano que puede dominarse a sí mismo y vivir conforme a la naturaleza no necesita ley social alguna. Por estas razones creo que el homosexualismo es una anomalía del orden natural como psicológico. Es más que todo, en ciertas, personas el desenfreno sexual o apetito sexual, cuya motivación está en lo más oculto de su ser, que necesita ser revelado. Es, así lo llamo, la “enfermedad del s.XXI”, que no discrimina, pues, afecta tanto a las altas esferas como a las más bajas, a intelectuales como poco instruidos. Es interesante que para legitimizar su “opción sexual” hacen notar que son intelectualmente más desarrollados, porque aluden a países europeos y a su gran libertad que existe por esos lugares. Si bien los países europeos han traído desarrollo al mundo, pero también, no olvidemos, que en esos países se produjeron las perores dos guerras mundiales, donde murieron millones de inocentes, toda una vergüenza mundial. Europa es un sector del mundo que trae desarrollo, pero también zozobra y ahora inseguridad y destrucción (allí están y se desarrollan para la guerra las armas más sofisticadas y mortíferas del mundo) a la humanidad. Por lo tanto, Europa no es un buen ejemplo de desarrollo humano, aunque si científico y social.Ya hace varios años he estado escuchando y meditando sobre el asunto de la homosexualidad. Y hoy se escucha con mayor frecuencia, hay más movimientos pro homosexualidad y anti homofobia. Aún en los programas televisivos encontramos varios homosexuales, que van desde el moderado hasta el escandaloso. En este pequeño articulo deseo plasmar mi idea sobre aquellas personas.En primer lugar estoy en contra de toda violencia, maltrato, burla y discriminación social que se hagan contra ellos, pues se les debe considerar personas. En segundo lugar aunque los respeto, no soy partidario con esa opción sexual, por dos motivos:
Primero, aunque soy sacerdote evangélico – y muchos pueden opinar que estoy bajo la influencia religiosa tradicional- trataré de ser lo más objetivo, no partiendo desde las escrituras, sino desde el orden natural y la armonía cósmica. Es decir desde la ruptura natural.Segundo, lo considero en su gran mayoría como una anomalía psicológica, causada por un trauma durante su vida, especialmente en su niñez. Este último punto no pretendo desarrollarlo pues es muy complicado y cada caso tiene su propia dinámica.
En cuanto al primer punto, debo aclarar mis terminologías a usar:
• Hombre/mujer, características sexuales diferenciadas, en el uso de la procreación.
• Masculinidad/ feminidad, considero con estos términos relacionados a una identidad cultural. Ser hombre tiene estos rasgos característicos y ser mujer estos otros.
La naturaleza es orden y no desorden, ya desde la antigüedad filósofos como Platón y Aristóteles lo había descubierto. Ese orden de la naturaleza solo el ser humano lo puede modificar, sea para bien o para mal. Cada ser viviente, por lo menos, en su mayoría de las especies mayores y aún menores tiene órganos reproductivos diferenciados, por supuesto que hay excepciones como las amebas que son unicelulares y por tanto los seres más primitivos, pero estas excepciones no hacen la regla natural. Ahora, la naturaleza humana nos enseña que para procrear se necesitan dos personas de sexo opuesto pero complementario, el hombre y la mujer. Y por ello, se hace necesaria la convivencia, puesto que, las criaturas humanas a diferencias de otras nacen indefensas, por ello la solidaridad de parejas (diferenciadas) es importante.
Hombre, naturaleza y cosmos son una trilogía inseparable, que deben vivir en armonía. La relación ser humano/naturaleza/cosmos debe ser una relación armoniosa y no desequilibrante. Como observé anteriormente el ser humano puede modificar la naturaleza, para bien o para su propia destrucción como humanidad, tal como está sucediendo ahora con el calentamiento global de la tierra y la gran deforestación de nuestra amazonia que desde luego traerá consecuencias fatales para toda la humanidad, solo por gozar y tener todo en el presente.
Lo anterior nos debe hacer reflexionar que la manipulación del orden natural establecido, del equilibrio ecológico, es contraproducente para la especie humana y todo ser viviente que habita nuestro mundo. Puede llevarnos a la anarquía y la extinción. ¡SALVEMOS AL MUNDO Y AL SER HUMANO! debe ser nuestra preocupación última.
El ser humano o la humanidad desde mi punto de vista necesita estar bajo control (el tipo de poder actual según Michel Foucault), para la supervivencia de la especie, y especies -las leyes son ejemplos de ese control social- pues sino caemos en una anarquía absoluta, donde no existan valores, principios o estas se relativicen. Comparo al ser humano como un buey que necesita un cabestro para andar. Ese cabestro para mí, es la palabra de Dios y la predicación del evangelio del Reino de Dios anunciado y practicado por Jesús, al menos que me presenten algo mejor para el mundo.
Pueda ser que mi visión del ser humano sea pesimista, pero la experiencia mundana me hace verlo así. Y sobre el homosexual y la homosexual seguramente me juzgarán como muy tradicional y anacrónico, pero sobre todo está la vida en general, sobre lo particular, que puede llevarnos a la anarquía o anomia social, como describe a la sociedad actual el sociólogo francés Alain Touraine.
Son pocos las personas ecuánimes, es decir respetuosas con el orden natural y cósmica. Tenemos una tendencia no sé si innata o adquirida a vivir desordenadamente. Solo el ser humano que puede dominarse a sí mismo y vivir conforme a la naturaleza no necesita ley social alguna.
Por estas razones creo que el homosexualismo es una anomalía del orden natural como psicológico. Es más que todo, en ciertas, personas el desenfreno sexual o apetito sexual, cuya motivación está en lo más oculto de su ser, que necesita ser revelado. Es, así lo llamo, la “enfermedad del s.XXI”, que no discrimina, pues, afecta tanto a las altas esferas como a las más bajas, a intelectuales como poco instruidos.
Es interesante que para legitimizar su “opción sexual” hacen notar que son intelectualmente más desarrollados, porque aluden a países europeos y a su gran libertad que existe por esos lugares. Si bien los países europeos han traído desarrollo al mundo, pero también, no olvidemos, que en esos países se produjeron las perores dos guerras mundiales, donde murieron millones de inocentes, toda una vergüenza mundial. Europa es un sector del mundo que trae desarrollo, pero también zozobra y ahora inseguridad y destrucción (allí están y se desarrollan para la guerra las armas más sofisticadas y mortíferas del mundo) a la humanidad. Por lo tanto, Europa no es un buen ejemplo de desarrollo humano, aunque si científico y social.

Por: José a. Watanabe M.
Sacerdote evangélico.
Mayo 2012

La homosexualidad:(1)

Publicado: noviembre 7, 2012 en Teología

Juan Stam

La homosexualidad:(1)

consideraciones exegéticas y hermenéuticas

(y otras consideraciones)

Hoy en día, para muchos cristianos y cristianas evangélicos, el tema de la homosexualidad es el más espinoso y angustioso de todos.  Como evangélicos, herederos de la Reforma protestante, respetamos con toda seriedad el testimonio de las Sagradas Escrituras como nuestra norma de fe y conducta.  Por otro lado, nos encontramos muy desafiados por la revolución sexual de nuestro tiempo y específicamente por los debates actuales sobre la homosexualidad.  Somos sensibles — o debemos serlo — al valor humano y la situación delicada de este sector de nuestra sociedad actual. Algunos tenemos parientes o cercanos amigos y amigas que son homosexuales, y sufrimos con ellos su situación difícil.

 

Dada la importancia central del problema bíblico, comenzaré con ese aspecto. Intentaré analizar las evidencias bíblicas primero desde una perspectiva exegética y después desde la perspectiva hermenéutica, para terminar con unas observaciones eclesiales. Por «exegética» voy a entender, para efectos de este ensayo, el esfuerzo de aclarar el texto lo mejor posible en su contexto original de hace muchos siglos. En lenguaje evangélico, significa escuchar atentamente «lo que Dios dijo» a su pueblo en aquel entonces. Para esto, es esencial la exégesis histórico-gramatical.  Por «hermenéutica» vamos a entender la relectura fiel de ese mismo mensaje ahora para nuestro contexto actual. Significa «escuchar lo que Dios está diciendo», aquí y ahora, en el mismo texto.(2)

 

 

Consideraciones exegéticas

Los textos bíblicos que pueden relacionarse con la homosexualidad, aunque no muy numerosos, parecen ser bastante explícitos.  Como punto inicial de referencia, podemos citar los textos principales según la Nueva Versión Internacional:(3)

 

Lev 18.22: No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación.

 

Lev 20.13: Si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte…

 

Dt 22.5: La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer, porque Yahvéh tu Dios detesta a cualquiera que hace tal cosa.

 

Ro 1.26-27: Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas.

 

En efecto las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. 1Cor 6.9: ¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios?… Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas,(4)  ni los pervertidos sexuales… heredarán el reino de Dios.

 

1Tm 1.10: La ley es para… los adúlteros y los homosexuales…(5)

 

Algunos defensores de derechos homosexuales minimizan estos datos bíblicos; «cuatro frasecitas», dijo uno. «¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?», pregunta otro, y contesta, «Casi nada». Otros reinterpretan los textos de diferentes maneras. Irene Foulkes (1Cor p.166) infiere del término malakoi («suave»)en 1Cor 6:9 que se refiere a los niños víctimas de pederastia y que arsenokoitai se limita a los pederastas y no a los homosexuales en general.(6)  Renato Lings, filólogo y biblista danés, en Biblia y homosexualidad: ¿Se equivocaron los traductores? (UBL 2011), propone una traducción alternativa de Lev 18:22 como «Con un familiar varón no te acostarás como tampoco lo harás ilícitamente con una familiar hembra» (p. 96) para que sea prohibición de incesto pero no de homosexualidad. El mismo Lings reconoce que su propuesta es sólo una posibilidad, y es dudoso que haya demostrado que sea la mejor posibilidad o el sentido más probable del texto. Es casi imposible que los que buscan soluciones exegéticas a este tema logren explicar positivamente todos los textos relacionados con el tema. Algunos de los textos tienen problemas exegéticos muy difíciles (p.ej. la relación sintáctica de «yaceres de mujer» con la oración principal de Lev 18:22 y 20:13, o el sentido de malakoi y arsenokoitês en 1Cor 6:9). Para «deshomofobicar» la Biblia de una manera convincente para los y las creyentes, tendrían que explicar todos los textos pertinentes y demostrar que ninguno condena la homosexualidad y que algún texto lo aprobara, por lo menos implícitamente. Pareciera que la vía exegética nos deja con un dilema:
¿Biblia errada o Biblia homofóbica?
Consideraciones hermenéuticas
La lectura hermenéutica de un texto es por su naturaleza una relectura del texto para serle fiel en un nuevo contexto. La hermenéutica es un continuo diálogo entre la Biblia y la cultura, el pasado y el presente, el texto y el contexto. Con los siglos algunos textos cambian de sentido o pierden la vigencia que tenían, como los que suponían una tierra plana y cuadrangular o que parecían defender la esclavitud, la conquista y la monarquía y se empleaban en defensa de esas causas. Cambios culturales pueden afectar el significado; el lavar los pies hoy no significa lo que significaba en tiempos de Jesús y hasta puede significar lo contrario (ostentación, falsa humildad). La Palabra de Dios permanece para siempre, pero somos nosotros, en oración y en la comunidad de fe movida por el Espíritu, que la interpretamos, decidimos qué pasajes enfatizar y cómo aplicarlos.
Es importante observar que todos los pasajes del N.T. que mencionan la homosexualidad también condenan, en términos iguales, muchas otras conductas, especialmente la avaricia, la calumnia y la envidia. Y si el amor a Dios y al prójimo son los mandamientos mayores de Dios, entonces no amar (aun al homosexual) es el mayor de todos los pecados. Hacia los que sufren, el amor se manifiesta como compasión («sentir-con») y misericordia. Otro principio central en la Biblia es la justicia. ¿Cómo debemos expresar nuestra compasión, misericordia y sed de justicia hacia los homosexuales y lesbianas?
Hermenéuticamente, el debate sobre la homosexualidad plantea una pregunta fundamental para la iglesia hoy: ¿estas enseñanzas y otras parecidas tuvieron la intención de establecer para siempre un código de conducta para todos, en todas las culturas? ¿Estamos ante un peligro de literalismo y legalismo más allá de la intención del texto? Creo que aquí funciona la diferencia entre un fundamentalismo de la letra y la ley, y una perspectiva evangélica (ni liberal ni fundamentalista) que «examina todas las cosas» y busca una ética más razonada, de convicciones más profundas y sólidas.
No pretendo decidir, para el tema de la homosexualidad, cuál de esas dos perspectivas es preferible, pero sí podemos señalar las consecuencias si el N.T. se toma como un código «por los siglos de los siglos» para nuestra conducta:
-El divorcio podría aceptarse sólo por causa de adulterio, ni aun por violencia doméstica y jamás por incompatibilidad; si no es por adulterio, segundas nupcias son pecado y son prohibidas;
– Las mujeres no pueden hablar en el culto, mucho menos predicar; – Las esposas deben someterse al esposo;
– Ninguna mujer debe gobernar sobre hombres, ni en la iglesia ni en la sociedad; países hoy con presidentas están en pecado; – Los varones deben llevar el cabello corto y las mujeres cubrir la cabeza;
– No podemos comer morcilla (Hch 15:20,29).(7)
Algunos cristianos y cristianas, y algunas iglesias, entienden el N.T. de esta manera e intentan aplicar todo este código de conducta.
Ellos son los fundamentalistas, y merecen también nuestro respeto. Pero muchos, que creen igualmente en la inspiración y normatividad de la Biblia, han bregado más con los desafíos hermenéuticos y han ampliado criterios sobre el divorcio y el papel de la mujer (y la morcilla).
Entonces estamos frente a dos preguntas hermenéuticas fundamentales:
– ¿Es la intención del N.T. imponer un código total de conducta para nosotros veinte siglos después?
–  ¿Cómo debe este desafío hermenéutico afectar nuestra actitud hacia los homosexuales?
Consideraciones científicas
Preguntas desde la biología y la genética, la sicología, la sociología, la jurisprudencia y otras disciplinas afectan el debate sobre la homosexualidad. Si la ciencia comprobara que la homosexualidad siempre (o a veces, o nunca) es congénita, ¿Cómo afectaría eso nuestro criterio ético al respecto? Si la sicología comprobara que la práctica homosexual siempre (o a veces, o nunca) hace bien (o hace daño) para la salud mental de ellos, ¿afectaría el debate? Si la sociología llegara a demostrar que la homosexualidad hace daño a la sociedad y al matrimonio heterosexual (o no hace daño, o hace ciertos daños y otros beneficios), ¿podría eso afectar nuestro criterio sobre este tema?
¿Debemos los cristianos (o deben las iglesias) imponer nuestras convicciones sobre la sociedad?  Aunque las iglesias y la Biblia tengan por pecado conductas como la borrachera, la fornicación, el adulterio, la avaricia y hasta la glotonería, ante la ley no son delitos y no deben ser penados por ningún gobierno. ¿Cuáles son los modelos bíblicos para la relación entre el pueblo de Dios y el pueblo civil? ¿Debe el estado defender los derechos humanos y civiles de los homosexuales?
Parece que hasta ahora estas ciencias no han llegado a muchas conclusiones definitivas. Cada lado en este debate cita como verdades firmes los argumentos que le convenga, y hacen caso omiso de las evidencias al contrario. Parece que tanto la iglesia como la sociedad necesitan tiempo para seguir estudiando estos temas con humildad y honestidad.
Consideraciones pastorales
Parece evidente que las instrucciones de Pablo sobre la conducta sexual, como también sobre el papel de la mujer, tenían una intención pastoral, de cuidar celosamente el buen testimonio de la iglesia en el mundo de su época. Aunque Pablo tuvo una teología bastante abierta para las mujeres (Gál 3:28) y tuvo colaboradoras en su ministerio, en sus instrucciones pastorales fue mucho más cauteloso y conservador, adaptándose a la sociedad de su época. ¿Podría haber un factor pastoral similar en las prohibiciones sobre la sexualidad?
De todos modos hoy, en medio del debate sobre la homosexualidad, los homosexuales y las lesbianas nos plantean un desafío pastoral muy urgente. ¿Pero cuál es el objetivo, «curar» al homosexual o ayudarle en la vida que está llevando? ¿Se debe decirle, o hacerle sentir, que está en pecado?  ¿Qué hacer si no siente ninguna culpa por su vida, o en cambio si siente culpa pero no logra cambiar? ¿Se le debe animar a «salir del clóset»?
Otras preguntas pastorales son si se los puede bautizar, si pueden tomar la comunión, celebrar sus bodas en la iglesia, enseñar, dirigir cultos o participar en la música, y ocupar puestos clericales. Las respuestas serán distintas, según la orientación fundamentalista, evangélica o liberal.
Abundan las preguntas sobre la pastoral de los homosexuales, pero lo importante es comenzar a realizarlo pronto. Para lograr eso, en vez de ser hostiles y condenatorios, debemos crear una atmósfera que invite al homosexual a buscar cualquier consejería que necesite.
Consideraciones eclesiales
La teología cristiana nació de la misión, y nunca debía de haberse separado de la iglesia y su misión.(8) El N.T y los padres apostólicos tuvieron una orientación evangelizadora, pastoral y contextual. Buscaban básicamente orientar la misión de la iglesia, no el buscar la coherencia teórica de algún «Sistema». San Pablo, a pesar de ser muy riguroso doctrinalmente (Gál 1:6-9), pudo exclamar, «Aunque soy libre respeto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible… Me hice todo para todos a fin de salvar a algunos portodos los medios posibles» (1Cor 9:19-22). Esa declaración paulina parece estar de acuerdo con la undécima tesis de Marx contra Feuerbach, que podríamos parafrasear así: «Hasta ahora los teólogos y las teólogas han contemplado la Biblia y la fe para entenderlas, pero se trata más bien de transformar a la iglesia y por medio de ella, al mundo».
Este compromiso pastoral y eclesial se aplica también — y especialmente — a los que viven más en la Acadêmia que en la Ecclêsia. No deben (o no debemos) vivir fuera de la gran comunidad de fe, ni tampoco llevar una vida doble, como esquizofrénicos teológicos. Creo que los académicos en especial son los que necesitan tener un compromiso profundo con la iglesia, su misión y su constante transformación (ecclesia reformata semper reformanda secundum Verbum Dei; teología como «cogitare cum ecclesia»).(9)  Para transformar la iglesia, debemos encontrarla donde está, en su marco de referencia, en el lenguaje que ellos entienden y con sus criterios de credibilidad (luchando por transformarlos cuando sea necesario y posible).(10)  La academia no debe creerse superior, como una élite teológica, sino debe tener una gran dosis de respeto hacia las bases, que se sienten perplejos ante este tema tan delicado como complicado.
Creo que en la actual situación de la iglesia, irrespetar los sentimientos (y hasta los prejuicios) de la gran mayoría de los y las miembros de las iglesias, o brincar etapas en la promoción de derechos homosexuales, es contraproducente. El buscar protagonismo personal o institucional, con un vanguardismo que pretende avanzar sin que la iglesia lo acompañe (o creyendo que sólo ellos son la verdadera iglesia, como ecclesiola in ecclesia),(11)  no sólo terminará fortaleciendo y aumentando la homofobia en la iglesia sino también frenará otras transformaciones que el pueblo de Dios necesita urgentemente.
Este efecto contraproducente es aun más negativo cuando se defiende los derechos homosexuales con exégesis dudosa de las escrituras, argumentos simplistas o aun posiblemente acertados pero que el pueblo cristiano (incluso católico) simplemente no puede asimilar. Eso garantiza el rechazo de dichos argumentos y probablemente de otros argumentos más válidos.
Es mucho peor el caso si con los derechos homosexuales se combina la defensa (y la práctica) de la libertad sexual. En iglesias donde «cayó en pecado» es sinónimo de fornicación, con eso queda garantizado el rechazo rotundo tanto de esa libertad sexual como de los derechos homosexuales. Juntos son el beso de la muerte contra la transformación de la iglesia.
Al fin, la meta básica es la transformación de la iglesia, y la pregunta básica, ¿Cuál debe ser nuestro rol profético para guiar al pueblo de Dios y transformarlo bajo el mover del Espíritu de Dios.
—————————————————————————————————————————————————-

[1] En este ensayo emplearemos el término «homosexual» para referirnos a la actividad homosexual voluntaria, no a alguna tendencia o preferencia (homoerotismo en cuanto tal). Además, para mayor facilidad, en este escrito emplearemos el término «homosexual» para incluir a lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis.
[2]Explico esto con más detalle en «La Biblia, el lector y su contexto histórico», Haciendo teología en América Latina 49-79 (disponible en www.juanstam.com 23 setiembre 2009).
[3] Ninguna traducción puede ser más que una aproximación al original. De los textos citados, no sólo el significado sino la misma traducción son debatidos y discutibles.
[4] Esta traducción es errada; el texto griego no hace ninguna alusión a Sodoma, y en toda la Biblia «sodomita» siempre significa «habitante de Sodoma», sin alusión sexual. El siguiente término, «pervertidos» tampoco tiene base en el original, en cuanto a la idea de perversión.
[5] Hay muchos otros textos y relatos bíblicos que podrían relacionarse con el tema directa o indirectamente y han sido introducidos al debate de un lado u otro: la creación como varón y hembra (Gn 1:22), la creación de Eva (Gn 2:21-24), la historia de Sodoma y Gomorra (Gn 19), el rapto de Dina (Gn 34), el pecado de Judá contra su nuera Tamar (Gn 38), la violación de la concubina de un levita (Jue 19) y los supuestos prostitutos sagrados de los cultos paganos (Dt 23:18). Se debate también si el término genérico de «inmoralidad» (porneia), especialmente en boca de Jesús, incluía la práctica homosexual, por ser extra-matrimonial. Por otra parte, algunos defensores de derechos homosexuales citan las relaciones aparentemente homoeróticas entre David y Jonatán, Ruth y Noemí, y Jesús y el discípulo amado.
[6] Si Pablo hubiera querido, contra toda la tradición judía, condenar sólo un abuso de la homosexualidad (la pederastia) e implícitamente aprobar la práctica homosexual en sí, tenía en el léxico griego de la época términos muy específicos (pederastia, paidofilia y otros), o hubiera podido emplear alguna frase como «acostarse con niños» para hacer tal distinción. Tampoco sería lógico ni justo culpar a las víctimas de la pederastia.  Hay un consenso muy amplio en la comunidad exegética en que estos dos términos se refieren respectivamente al agente pasivo y el agente activo en una relación homosexual (Danker, Barrett, Conzelmann, Fee y N.T. Wright). Walter Danker, en su clásico Léxico del griego del NT, confirma el uso de malakos, en correlación precisamente con arsenokoites, para referirse al participante pasivo en esa relación que él clasifica como «submissive homoeroticism» en contraposición con arsenokoites (p.613). El problema para los traductores hoy es que en nuestros idiomas modernos no existen términos que correspondan a esta distinción.
[7] Para los judíos, comer sangre era lo más abominable, como una especie de canibalismo (Lev 17:10-16). En el concilio de Jerusalén, que decretó que los gentiles no tenían que circuncidarse ni someterse a toda la ley judía para ser cristianos, insistió sin embargo en dos prohibiciones morales (idolatría, fornicación) y dos prohibiciones sociales (beber sangre, comer carne de animales ahogados o estrangulados). Es obvio que se aplica a cristianos y cristianas.
[8] Ver «Teología, contexto y praxis: una visión de la tarea teológica» en Stam, Haciendo teología en América Latina Tomo II (2005) pp. 17-31 (también www,juanstam.com 28 noviembre 3009).
[9] En situaciones extremas, como el régimen nazi o las tiranías asesinas de Somoza o el gobierno golpista de Honduras, el Espíritu de Dios nos puede llamar a acciones más drásticas, de ruptura con la iglesia establecida, pero siempre con la esperanza de transformarla.
[10] Para concientizar a la iglesia, la FTL escogió sabiamente «el evangelio del reino» y logró transformaciones impresionantes, a pesar de la influencia negativa de los medios de comunicación.
[11] Veo un paralelismo aquí con el foquismo sudamericano que luchó heroicamente pero solos, y por otro lado la revolución Sandinista que además de un ejército guerrillero fue acompañada por una insurrección urbana masiva.

Samuel Escobar

Reforma Protestante: reflexión del día después
 Los protestantes de habla hispana hemos de celebrar a nuestros abuelos de la reforma clásica como Lutero y Calvino; sin olvidar a nuestros padres: pietistas, metodistas y avivamientistas.
 Una vez más en este 31 de octubre de 2012 muchos evangélicos en España nos hemos unido a la rememoración de aquel día de 1517 en que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg. Pero es importante recordar que el Protestantismo que se ha extendido más en los países de habla hispana, y que sigue creciendo no es el que desciende directamente de Lutero y Calvino. Este Protestantismo fue mediado por el de los misioneros evangélicos que eran parte de una corriente misionera fuertemente influida por el Pietismo de Europa central, el Avivamiento Wesleyano en las islas británicas y el Gran Avivamiento en los Estados Unidos .Y la forma de Protestantismo que podríamos describir como “popular”, porque ha arraigado mayoritariamente entre las masas populares en América Latina es el movimiento Pentecostal. Aunque muchos evangélicos de habla hispana, y también muchos pentecostales, vean a Lutero y Calvino como figuras patriarcales de su historia espiritual, en realidad los antecesores inmediatos del Protestantismo latinoamericano fueron los pietistas, los moravos y los metodistas del siglo 18, precursores del gran movimiento misionero evangélico que iba a florecer en el siglo 19. Es importante recordar que en estos movimientos hay claros antecedentes del movimiento pentecostal que ha florecido durante el siglo veinte .

Es por eso que cuando se trata de imaginar como ha de ser la misión cristiana en el siglo 21 cabe plantearse las preguntas
– ¿Qué pueden aprender los evangélicos de habla hispana de sus antepasados en la fe?
– y también ¿qué pueden aprender de ese Protestantismo popular que se ha multiplicado?

Si se observa las creencias y forma de vida de los evangélicos latinoamericanos, por ejemplo, el parentesco con los pietistas, moravos y metodistas – nuestros padres en la fe – es más evidente que el que podamos tener con Lutero y Calvino – nuestros abuelos en la fe. Sin embargo, generalmente invocamos más a los abuelos que a los padres.

 La revisión de nuestra herencia puede ser un factor importante cuando, mirando al futuro, consideramos el desafío misionero específico que se nos plantea en pleno siglo veintiuno: la participación de los evangélicos de habla hispana en la misión cristiana a escala global. Este examen histórico clarifica una cuestión importante para la misión: la relación entre  creencia  sobre el contenido de la fe,  experiencia  de la fe y  estructura  para la propagación de la fe, tal como se ha dado en las diversas formas del Protestantismo.

Este es precisamente el punto que cabe destacar, porque tanto el gran movimiento misionero protestante de los siglos dieciocho y diecinueve, como el dinamismo misionero de los evangélicos y pentecostales latinoamericanos en el siglo veinte  se relacionan directamente con el concepto y la práctica del sacerdocio universal de los creyentes .

Este concepto fue formulado primero por Lutero y si lo leemos en contexto suponía un rechazo de dos males predominantes en la cristiandad que él buscaba reformar: el sacramentalismo y el clericalismo. Por un lado el poder exclusivo que reclamaba la institución eclesiástica para administrar la gracia divina mediante prácticas exteriores, a pesar de la condición moral corrupta en la cual la propia institución había caído. Por otro lado el monopolio de los clérigos respecto a las tareas propias de la vida de la Iglesia en la cual los fieles venían a ser simples espectadores.

 Lo que Lutero no llegó a crear fueron estructuras nuevas que facilitasen la participación de todos los creyentes como sacerdotes de Dios en el ministerio mutuo. Un siglo después de Lutero las propias iglesias luteranas parecían haber caído en el sacramentalismo y el clericalismo. El Pietismo y los Avivamientos en Europa fueron movimientos de renovación espiritual que llegaron a crear estructuras y prácticas nuevas y contextuales que facilitaron el sacerdocio universal de los creyentes . Este concepto fundamental de la fe evangélica no se puede separar de una visión de la obra del Espíritu Santo en el mundo y de los dones que el Espíritu da a todos los creyentes, verdades que son fundamentales para la práctica y la teología de la misión.

Por eso en un libro dedicado a este tema [1]  me permití plantear lo siguiente como tesis que vale la pena investigar: que el vigor misionero evangélico de los siglos dieciocho y diecinueve provenía del Espíritu Santo y se pudo manifestar cuando se crearon estructuras que permitían el ejercicio de los dones de todos los creyentes y su participación en la misión .

De la misma manera, el vigor misionero de las iglesias evangélicas populares latinoamericanas en el siglo veinte viene de un impulso del Espíritu Santo, que encuentra iglesias dispuestas a reconocer que el Espíritu da dones a todos y a estructurarse para permitir que el impulso del Espíritu se manifieste.

 Nuestra reflexión tendrá que encaminarse por dos vías. Por un lado la consideración detenida del proceso histórico que permite establecer con cierta claridad la continuidad entre pietismo, avivamiento wesleyano , misiones evangélicas, protestantismo de habla hispana, y movimiento pentecostal. Por otro lado hemos d comprender el curso de la reflexión misionológica que durante el siglo 20 fue redescubriendo la importancia de reconocer, comprender y seguir la acción del Espíritu Santo en la misión cristiana 

Como ya se dijo, los evangélicos latinoamericanos estamos mucho más cerca de los pietistas y avivamientistas de los siglos dieciocho y diecinueve que de los reformadores del siglo dieciséis. Y cuando queremos reflexionar acerca de nuestra participación en la misión será mejor que exploremos esa parte de nuestra herencia con más detenimiento. Lo que hemos recibido del Pietismo, del movimiento Moravo y de los Avivamientos puede ayudarnos en la forja de modelos misioneros para el siglo 21.

En más de una ocasión me he referido por extenso a la precisión con que el historiador Justo L. González nos ofrece una descripción de los orígenes del moderno movimiento misionero que se desarrolló durante el siglo dieciocho, como algo nuevo en la historia del protestantismo. El interés en las misiones iba vinculado con «un  despertar de la religiosidad individual «. Una nota que destaca González es que «los dirigentes de este nuevo despertar  protestaban contra la rigidez de la vieja ortodoxia protestante , y aunque ellos mismos eran por lo general teólogos debidamente adiestrados, tendían a  subrayar por encima de las fórmulas teológicas la importancia de la vida cristiana práctica «. [2] Además de este pragmatismo, los pietistas insistían en la experiencia personal de conversión y en la obediencia individual a los mandatos divinos. No tenían espíritu sectario, ya que permanecían en el seno de sus propias iglesias o denominaciones, a fin de ser algo así como una levadura de renovación. Como aclara González: «Si en algunas ocasiones éste no fue el resultado de tales movimientos, ello no se debió tanto al espíritu cismático de sus fundadores como a la rigidez de las iglesias dentro de las cuales surgieron.»  [3]

 El pietismo alemán de Spener y Francke, hombres de gran saber y de gran piedad, influyó sobre promotores celosos de la misión como el Conde Zinzendorf, y luego sobre Wesley en las islas británicas y el llamado «Gran Avivamiento» en América del Norte. En consecuencia, la expansión misionera protestante llevó consigo las marcas del pietismo y los movimientos que le siguieron: «los misioneros protestantes del siglo XIX tendían a subrayar la necesidad de una decisión individual por parte de los conversos mucho más de lo que antes lo habían hecho los misioneros católicos y aun los primeros misioneros protestantes». [4]

Otro conocido historiador de las misiones cristianas, Kenneth Scott Latourette, estableció las mismas vinculaciones históricas en las conferencias Carnahan que presentó en Buenos Aires, en 1956. Luego de trazar un cuadro magistral del protestantismo contemporáneo y de los desafíos que lo confrontaban en ese momento, Latourette nos recordaba que «Las minorías vitales de protestantes en Europa son en gran parte de tradición puritano-pietístico-evangélica. A la misma corriente obedece más aun el crecimiento en números e influencia fuera de Europa. Esto significa que el protestantismo mundial tiene más y más una complexión puritano-pietístico-evangélica.» [5]   Estas tres notas descriptivas, puritano, pietista y evangélico que vienen a ser la marca del protestantismo misionero se vinculan con las notas teológicas propias de la Reforma del siglo dieciséis. Latourette señala cómo al expandirse por medio de esta corriente misionera durante el siglo diecinueve, en la vida práctica el movimiento protestante pasó a acentuar doctrinas como la justificación por la fe, el sacerdocio universal de los creyentes y el derecho y deber del juicio individual en la decisión religiosa y concluye: » Y al hacer esto se acerca más que nunca en su testimonio al corazón del Evangelio .» [6]

Los elementos que he subrayado en estas descripciones son algunas de las características propias de los evangélicos de habla hispana. Aspectos extremos de ellas como el individualismo excesivo se han criticado con frecuencia utilizando términos como «pietista» en sentido siempre negativo.

Sin embargo quiero destacar que los evangélicos muestran esas notas pietistas de entusiasmo espiritual, conversión personal, y atención a la práctica visible de la fe más que a las formulaciones doctrinales, y a ellas va unido el fervor misionero.  Mi tesis aquí es que las iglesias populares de tipo pentecostal que han crecido en América Latina muchas veces encarnan las notas del dinamismo misionero de los moravos y pietistas mejor que otras iglesias evangélicas que se consideran guardianes de la herencia protestante. Me refiero a  la práctica  de estas iglesias populares más que a su capacidad de repetir un discurso teológico formal .

Con esto quiero decir también que el protestantismo renovado y pietista que forjó el movimiento misionero del siglo dieciocho y diecinueve creó estructuras que permitieron la realización práctica del sacerdocio universal de los creyentes, mejor que las iglesias luteranas o calvinistas del siglo dieciséis. También el movimiento protestante popular ha creado en Latinoamérica estructuras que facilitan su misión.

 Sin embargo, también es importante aclarar que las iglesias protestantes populares de hoy expresan esas notas evangélicas y ese dinamismo misionero  dentro de las condiciones propias de la cultura de la pobreza  en que se mueven. Es decir, el movimiento pentecostal es una expresión contextual y popular del Protestantismo del siglo dieciséis, surgida en el mundo de la pobreza tanto en Norteamérica y Europa como en América Latina . En ambos casos lo protestante fue mediado por el movimiento evangelizador o misionero de marca pietista y avivamientista. Le cabe el nombre de Protestantismo Popular porque la contextualización se ha dado en forma creativa respondiendo a las notas propias del mundo de la pobreza.

Aquí creo muy necesaria una nota aclaratoria. Primero insistir en que no me estoy refiriendo aquí a las mega-iglesias neo-carismáticas o pos-denominacionales aparecidas en las décadas más recientes y que constituyen un fenómeno que habrá que estudiar también. Me refiero a las iglesias populares relacionadas con el movimiento pentecostal clásico, como las Asambleas de Dios, por ejemplo.

 En conclusión, los protestantes de habla hispana hemos de celebrar a nuestros abuelos de la reforma clásica como Lutero y Calvino. Pero no debemos olvidarnos de nuestros padres: pietistas, metodistas y avivamientistas. Porque en su herencia hay claves para la misión en el siglo 21.

En un próximo artículo exploraré un tema íntimamente vinculado a esta recapitulación histórica: el de la misión cristiana y la teología del Espíritu Santo.


   [1]  Samuel Escobar  Tiempo de misión , Semilla-Clara, Guatemala-Bogotá, 1999.
   [2] . Justo L. González y Carlos Cardoza Orlandi  Historia general de las misiones  CLIE, Viladecavalls 2008; p.138.
   [3] . Ibid.
   [4] . Ibid. p. 141.
   [5] . Kenneth S.Latourette Desafío a los protestantes  La Aurora, Buenos Aires 1957; p.78.
   [6] . Ibid.

Autores: Samuel Escobar

©Protestante Digital 2012

Creative Commons

Juan Stam

Sobre la teología de los reformadores:
Unas Reflexiones

Se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos: (1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide), (2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura, tota scriptura), y (3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales: (4) la libertad cristiana y (5) «la iglesia reformada siempre reformándose» (ecclesia reformata semper reformanda). Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones.

En este énfasis marcado sobre la libertad cristiana, Lutero siguió de cerca a su gran precursor evangélico, nada menos que el Apóstol Pablo, quien constantemente vinculaba la justificación por la fe con la libertad cristiana. Cuando los gálatas se echaron atrás al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio: «De Cristo se han desligado, los que por la ley se justifican; de la gracia han caído» (Gál 5.4), y eso, no porque hubiesen caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino porque habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para ser aceptado ante Dios. Bajo tales legalismos, les dice San Pablo, «para nada les aprovecha Cristo» (Gál 5.2), porque «para libertad han sido llamados» (Gál 5.11). Por lo tanto, les exhorta, «estén firmes en la libertad con que Cristo los ha liberado» (Gál
5.1).

Al inicio de la misma epístola, Pablo escribe a estos creyentes en Galacia en términos parecidos: «Me asombro que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio» (Gál 1:5). En seguida, aclara que de hecho «no hay otro evangelio», y advierte que si alguien pretendiera predicarles otro evangelio, «qué caiga bajo maldición» (1:8). Ser evangélico, según San Pablo, es vivir desde la gracia de Dios que nos hace libres. No se puede ser evangélico y legalista a la vez.

A Martín Lutero le gustaba señalar que su apellido venía de una palabra griega (eleútheros) que significa «libre, independiente, no ligado»; a veces se llamaba «Lutero el Libre». Uno de sus primeros escritos, en el año 1520, se tituló «Sobre la libertad del cristiano». Tan convencido estaba Lutero de que no podría haber libertad bajo la condición de pecado, como convencido estaba también de que el evangelio nos hace verdaderamente libres. Evangelio significa libertad; evangelio y servidumbre (dominación, autoritarismo) se excluyen mutuamente.

En los párrafos siguientes intentaremos demostar que cada una de las grandes afirmaciones de la Reforma, es una afirmación de la libertad cristiana. Sin la libertad cristiana, las demás verdades reformadas no se pueden entender en su sentido pleno.

(1) La sola gratia nos libera del legalismo:

Cuando Lutero descubrió la justificación por la pura gracia de Dios, dijo que se le abrieron las puertas del paraíso, porque la sola gratia le liberó del terror ante un Dios iracundo y vengativo. La doctrina de la justificacion por la gracia significó para Lutero su liberación del dominio de la ley y de las obras. Para él, personalmente, la revelación de «la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios» (Rom. 8.21) fue la respuesta a su angustiosa búsqueda de paz y salvación. Significó liberación de las demandas de la ley. Ya que nuestra justificación es «por la gracia mediante la fe», podemos confiar firmemente en la Palabra de Dios que nos asegura que el Señor nos ha aceptado. A la vez, para Lutero, la fe es muchísimo más que mero asentimiento teórico. «La fe es algo inquieto y activo», decía Lutero; es «la fe que obra por el amor» (Gal. 5.6, cf. 6.9s).

Para Lutero, esta «libertad del evangelio» estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado «de ser un obispo, para convertirse en un dictador» (S. S. Wolin, Política y Perspectiva, p.158). Era imperativo restaurar «nuestra noble libertad cristiana», pues «se debe permitir que cada persona escoja libremente…» (ibid, pp. 156,158).

Desde el tiempo de los fariseos, la mentalidad legalista, basada en la autosuficiencia de los méritos propios, siempre tiende a producir dos extremos: o el fariseo o el publicano. El fariseo está segurísimo de su propia justicia, con base en obras de moralismo externo, pero de hecho no es ni justo ni realmente libre. El publicano, en cambio, se desespera por su falta de mérito y su insuperable fracaso en lograr su propia vindicación. Pero ninguno de los dos puede hacer el bien libremente, puesto que la realizan sólo como medio para alcanzar su propia auto-justificación.

El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, «no por obras, sino para buenas obras» (Ef. 2:8-10). La gracia (járis) de Dios despierta nuestra gratitud
(eujaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido. De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideismo y de la «gracia barata» de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe.

(2) La sola scriptura nos libera del autoritarismo dogmático:

La misma paradoja liberadora aparece en la afirmación de la sola autoridad normativa de la Palabra de Dios. El principio de sola scriptura relativiza, necesariamente, toda tradición y toda autoridad humana, aun las eclesiásticas. Ninguna autoridad humana puede imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las escrituras. Lo expresó Lutero elocuentemente en su defensa ante el Dieta de Worms (1521):

Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por
las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y
concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque
ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude.
Amén.

Años después Lutero dijo, «Soy teólogo cristiano. Quiero creer libremente y no ser esclavo de la autoridad de nadie. Confesaré con confianza lo que me parece cierto». Sobre su monumento en Worms están escritas estas palabras: «los que conocen verdaderamente a Cristo no pueden nunca quedar esclavos de ninguna autoridad humana». «La Palabra de Dios», escribió Lutero, «que enseña la libertad plena, no debe ser limitada» (Wolin , ibid., p.155).

¡¡Qué palabras de libertad teológica!! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para «examinarlo todo» a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.

Martín Lutero insistía terca y vehementemente en la única, exclusiva e incondicional autoridad de la Palabra de Dios, cuidadosa y evangélicamente interpretada. Sólo el evangelio y las Escrituras pueden tener autoridad sobre la conciencia del creyente. Por las Escrituras y por la gracia redentora de Dios, somos libres de cualquier otra autoridad que pretendiera imponerse sobre nuestra conciencia.

Estudiosos de la Reforma han llamado esto «el principio protestante»: sólo Dios mismo es absoluto, sólo su Palabra divina puede ostentar autoridad final. Cualquier otro absoluto no es Dios, sino un ídolo. Por lo mismo, sólo las Escrituras, fiel y cuidadosamente interpretadas en la comunidad creyente, pueden fundamentar artículos de fe. Ni el papa ni los concilios, ni las tradiciones ni los pastores ni los profesores de teología, pueden imponer sus criterios con autoridad obligatoria.

Sin embargo, a menudo pasa lo contrario (no sólo con los Testigos de Jehová sino con muchos que se llaman «bíblicos» y «evangélicos»): se levantan también en nuestro medio pequeños «papas protestantes» con su «Santo Oficio» que pretenden imponer sus tradicionalismos y dogmatismos y condenar (sin pruebas bíblicas de la más mínima seriedad) a todo aquel que no esté de acuerdo con los prejuicios de ellos. Sin darse cuenta, vuelven al autoritarismo dogmático contra el cual Lutero se había levantado, como los judeocristianos de Galacia también habían vuelto al legalismo anti-evangélico y anti-bíblico. Pero ser bíblico es ser mentalmente libre, abierto y crítico. No se puede ser bíblico y seguir siendo cerrado y dogmático.

!Qué libertad la de Lutero, ante toda autoridad, tradición, opinión y criterio humanos! ¿Y por qué? ¿Cómo se atrevía Lutero a reclamar tan osada libertad para su propia conciencia? Aunque su postura pareciera arrogante y anárquica, la fuerza de su libertad evangélica fue algo totalmente distinta: «Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.»

Para Lutero, la obediencia evangélica a Dios y a su Santa Palabra tienen como corolario la liberación evangélica de toda autoridad, tradición o heteronomía que pretendieran ser absolutas (idolátricas) frente a la exclusiva autoridad normativa de la Palabra viva de Dios. Lutero explicó esto con elocuencia en su tratado de 1520, «sobre la libertad del Cristiano»: porque el cristiano está sometido incondicionalmente a la Palabra liberadora del Evangelio, «el cristiano es el más libre de todos los seres humanos» (cf. Rom. 6:16-18).

Bien lo expresa el himno, «Cautívame Señor, y libre en tí seré.» Eso se aplica también a nuestro pensamiento y a nuestras actitudes: cuando nuestra conciencia es cuativa de la Palabra de Dios y del glorioso evangelio, no podrá ser nunca cautiva de tradiciones humanas ni de autoridades humanas que pretendieran colocarse al nivel de, o incluso por encima de, la Palabra de Dios. Sola scriptura, sola gratia, sola fide: ¡mensaje de auténtica libertad evangélica para la conciencia de todos los cristianos hoy también!

(3) El sacerdocio de todos los fieles nos libera del clericalismo:

En tercer lugar, la afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno. Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo. «Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios», decía Lutero. En un pasaje aun más atrevido, afirma que «Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna» (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).

Es cierto que los Reformadores no llevaron este principio hasta sus últimas consecuencias. Conservaron mucho del clericalismo heredado de largos siglos de tradición eclesiástica. Sin embargo, algunos, conocidos como Anabautistas de la «Reforma Radical», llevaron el principio del sacerdocio universal un buen paso adelante. Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo y el autoritarismo que, lamentablemente, han prevalecido en la iglesia protestante como también en la católica.

El paso de la Edad Media al mundo moderno significó un cuestionamiento radical del autoritarismo medieval e impulsó la evolución de una serie de libertades humanas que hoy día damos por sentadas. En ese proceso, Martín Lutero desempeñó un papel decisivo. Su mensaje de gracia evangélica nos libera del legalismo (autoritarismo ético). Su insistencia en la autoridad bíblica, interpretada crítica y científicamente, nos libera del tradicionalismo (autoritarismo doctrinal). Su enseñanza del sacerdocio universal de todos los fieles comenzó a liberarnos del clericalismo (autoritarismo eclesiástico).

Lutero lanzó una cruzada tenaz contra las estructuras autoritarias de la iglesia medieval: «Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia», escribió en 1520, «son estorbadas, y enredadas, y amenazadas por las pestilentes, ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales. No hay esperanza de cura, a menos que todas las leyes hechas por el hombre, cualquiera que sea su duración, sean derogadas para siempre. Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio, debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos» (Woolf I, p.303, en Wolin p.156). Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia»restaurar nuestra noble libertad cristiana» (Wolin p.158) también en las iglesias evangélicas.

4) «La iglesia reformada siempre reformándose» nos libera del tradicionalismo estático:

Otra consigna de la Reforma, cuya importancia no puede ser exagerada, rezaba ecclesia reformata semper reformanda («iglesia reformada siempre reformándose»). Es impresionante que los reformadores hayan tenido la humildad y la flexibilidad de ver su movimiento como inconcluso, con necesidad de continua revisión. Sabían que su encuentro con la Palabra de Dios había introducido en la historia nuevas fuerzas de transformación, pero (a lo menos en sus mejores momentos) no tenían ilusiones de haber concluído la tarea. Su gran mérito histórico fue el de haber hecho un buen comienzo, muy dinámico, y precisamente de no pretender haber dicho la última palabra per saecula saeculorum.

Hay un fenómeno típico en los movimientos históricos, que consiste en que después de comenzar con la espontánea creatividad de una búsqueda dinámica, poco a poco se van institucionalizando hasta perder casi totalmente la flexibilidad de sus inicios y su original capacidad de sorprender. En muchos casos, este proceso termina en un estado senil de arterioesclerosis institucional.

De hecho, esto es lo que pasó en gran parte con la Reforma protestante. Sus sucesores redujeron los explosivos descubrimientos de los fundadores (especialmente la «teología irregular» de Lutero mismo) en un nuevo escolasticismo ortodoxo, sea de cuño luterano o calvinista. El proceso dinámico de los inicios se petrificó en el sistema rígido y cerrado. Siglos después el fundamentalismo norteamericano resucitó a ese escolasticismo protestante en una nueva reencarnación histórica.

Los reformadores anticiparon este peligro, e implantaron en su teología defensas contra esa excesiva institucionalización y sistematización. En parte por factores adversos del siglo XVII, sobre todo el surgimiento del racionalismo escéptico, los sucesores de ellos buscaron una falsa seguridad en la «fortaleza teológica» de su ortodoxia inflexible. Contra eso, los ataques de pensadores como Lessing fueron devastadores. En el siglo XX,
volvió a surgir con gran dinámica el principio de ecclesia reformata semper reformanda.

En ningún momento todas estas libertades deben significar libertinaje, ni en doctrina ni en conducta; eso sería el extremo opuesto del legalismo. Como lo ha expresado el teólogo francés Claude Geffre, necesitamos dogma (doctrina) pero sin dogmatismo, tradición pero sin tradicionalismo, y autoridad sin autoritarismo (La iglesia ante el riesgo de la interpretación,1983, p.69) y, podemos agregar, insitituciones sin institucionalismo.

¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al contínuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, «En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad».

Bibliografía

García-Villoslada, Ricardo, Martín Lutero, Vol I:El fraile hambriento de Dios (Madrid: BAC, 1973).

Geffré, Claude, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación (Madrid Cristiandad, 1984).

Wolin, Sheldon S, Política y Perspectiva (Bs.As.: Amorrortu, 1960)