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Lobos rapaces en la congregación

Publicado: junio 24, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

Revelación, iglesia y crisis (2)

Lobos rapaces en la congregación

 Pablo advierte a los ancianos de Éfeso, que si no se cuidan ellos mismos y a la iglesia del Señor, no podrán discernir entre el engaño y la verdad

El historiador del libro de los Hechos narra la ocasión en que el apóstol Pablo, estando en Mileto y en camino a Jerusalén, mandó a llamar a los responsables de la iglesia en Éfeso.
Esto ocurría en el año 59, después que el apóstol había ejercido su ministerio por tres años entre los efesios convertidos a Cristo, ayudado por Aquila y Priscila, el matrimonio que había conocido previamente en Corinto, y con el que compartía el mismo oficio.
Lucas relata con maestría la reunión clave que hubo entre el apóstol a los gentiles y los ancianos de esa iglesia. ¿Podrá alguien decir que no se conmueve con la lectura de lo ocurrido en aquel momento? (1) (negritas mías):
 “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: ‘Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;  y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.  Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.    Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.    Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos;porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.   Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.   Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.  Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.   Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas y oró con todos ellos. .   Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.”
LA PROSPERIDAD MUNDANA Éfeso, fundada doce siglos antes de Cristo y engrandecida por el opulento imperio lidio, fue una importante ciudad de Asia Menor en la región occidental de la antigua Anatolia (hoy Turquía); clave en la expansión de la civilización greco-romana; su nombre significaba ‘deseable’. Estaba estratégicamente situada entre Mileto y Esmirna, en el valle del río Caistro, a 5 km del mar Egeo y entre las montañas de Koresos  (2) , en el gran camino que iba del norte al sur en el Asia Menor occidental y controlaba el comercio que fluía hacia el interior del Asia Menor a lo largo de los valles Meander y Lycus.
Para el siglo IV el puerto fue obstruido rápidamente por sedimentos, y para el siglo X la próspera ciudad de los tiempos romanos estaba completamente desierta e invadida por ciénagas, pasando a servir sólo como cantera de primera clase para las comunidades vecinas. No está habitada en la actualidad; pero es un punto de atracción por sus imponentes ruinas, visitadas anualmente por decenas de miles de turistas. La población más cercana, a unos 3 kilómetros, es Selçuk o Ayasoluk, nombre este que deriva de ‘Hagio Theologos’ cuyo significado es ‘santo teólogo’, seguramente en memoria de Juan, el último apóstol de Jesucristo.
Según historiadores, Éfeso tenía alrededor de un cuarto millón de habitantes en el siglo II. Al menos tres eran las razones que exhibía la ciudad para atraer a tanta gente: política, económica y religiosa. Fue un centro administrativo, cultural y religioso de la provincia romana de Asia, algunos de cuyos oficiales se hacían llamar ‘asiarcas’. Por su comercio e industria era puerta de entrada y salida para los mercaderes de la ruta Mediterráneo – Asia. Hay mucho material bibliográfico para conocer mejor sus florecientes negocios; debido a ellos Éfeso compartía con Antioquía y Alejandría la supremacía geopolítica en el Mediterráneo oriental hasta la caída del imperio romano  (3) .
A toda época de prosperidad mundana, por larga que sea, le llega inexorable su fin. Esto enseña la Historia.
LA IDOLATRÍA COMO CULTURA Religiosamente, Éfeso fue un gran centro de culto para la adoración de Diana, diosa de la fertilidad proveniente de la cultura persa, adoptada sucesivamente –y con variantes- por griegos, etruscos y romanos.
El templo a Diana Artemisa, una de las siete maravillas de la Antigüedad, era cuatro veces más grande que el Partenón de Atenas. Fue destruido y reconstruido unas siete veces. El servicio del templo estaba a cargo de sacerdotes, eunucos y sacerdotisas. La prostitución femenina y masculina se ejercía en sus recintos. Funcionaba allí un banco, quizás el primero en el mundo. El sacerdote principal supervisaba las operaciones y la gente llevaba allí grandes cantidades de dinero. Muy pronto obtuvo la fama de “banco de Asia”. La ciudad era famosa por la gran cantidad de magos y hechiceros que tenía. Se vendían pequeños documentos que aseguraban que podían resguardar de peligros a sus poseedores  (4) .
Encuentro en esta descripción unas características semejantes a la de Corinto en lo geográfico, por su distancia al puerto; en lo urbano – social y en lo cultural, por la gran corrupción alrededor de sus respectivas diosas. Todo esto fue incorporado en el imperio romano; y colapsó junto con él.
Toda cultura idolátrica, por diversa que sea, se nutre de la misma esencia: la creación de dioses a la medida del capricho humano y la construcción de enormes centros de adoración. El pecador intenta así sustituir al único Dios verdadero, creador de lo visible e invisible revelado al hombre a través de Jesucristo y Su Palabra.
También enseña la Historia que el fin de toda forma de idolatría, en cualquier cultura, es su autodestrucción.
ÉFESO EN EL NUEVO TESTAMENTO El NT menciona a la ciudad, en total, diecisiete veces. El libro de Hechos cuenta de la presencia del apóstol a los gentiles en Éfeso, nueve veces  (5) ; el mismo apóstol Pablo la menciona en otras seis ocasiones, cuando escribe su primera carta a los Corintios  (6) , cuando escribe su carta a los Efesios  (7)  y cuando instruye en su dos cartas al discípulo Timoteo  (8) . Finalmente, el apóstol Juan la menciona dos veces en el Apocalipsis  (9) . Como podemos apreciar, esta ciudad aparece como muy importante en los propósitos de Dios.
Alcanzada por el evangelio antes de su arribo, Pablo ejerció en ella -y desde allí en otras ciudades- su poderoso ministerio. Timoteo y Juan también contribuyeron con el crecimiento y cuidado de la iglesia local en esa próspera e idolátrica ciudad.
Las siete ciudades a cuyas iglesias Juan escribió desde la isla de Patmos, estaban en el Asia Menor occidental. Dos de ellas, Éfeso y Esmirna, eran  grandes ciudades portuarias; y tres, Tiatira, Filadelfia y Laodicea, como eran centros industriales y comerciales de las zonas en donde estaban situadas, disfrutaban de gran prosperidad e importancia económica. Sardis y Pérgamo habían sido anteriormente capitales de poderosos reinos, y aún tenían gran influencia política en el tiempo de Juan. Toda la zona en la cual estaban  las siete iglesias del Apocalipsis, es rica en recuerdos históricos del período de los comienzos del cristianismo  y en la historia antigua.
No ignoramos la interpretación histórica de las siete iglesias  (10) , pero aquí analizaremos cómo veía Dios a cada una de estas iglesias apostólicas en su contexto, y las similitudes que hay con muchas iglesias de la actualidad.
LA ADVERTENCIA PROFÉTICA DE PABLO A LA IGLESIA En base a la exhortación de Pablo a los ancianos de la iglesia en Éfeso, reflexionemos:¿Por qué motivos no existe en la actualidad la iglesia en Éfeso?
¿Qué relación encontramos entre este hecho real y las palabras del apóstol de Jesucristo a los gentiles?
Pablo les advierte a los responsables de la congregación que luego de su partida ocurrirían dos cosas: 1. Que entrarían lobos rapaces en medio de ellos. 2. Que se levantarían hombres dentro de la congregación enseñando perversiones para desviar tras sí a los discípulos.
El verbo entrar εἰσέρχομαι ( eiserchomai ) está usado aquí como  llegar, ingresar   (11) ; como  suceder  un hecho inicialmente  (12) ; poniendo énfasis en el acto de  comenzar  las etapas iniciales de una actividad  (13)  o nueva experiencia  (14).
El verbo está en tiempo futuro, indicando que los lobos rapaces  entrarían  en la iglesia como resultado de la falta de cuidado y atención de la congregación por parte de los ancianos puestos por el Señor.
Poca gente ha tenido oportunidad de ver cómo se comporta un lobo rapaz (yo mismo nunca he visto uno). Tal vez en algún documental. Lo cierto es que un lobo se parece, y bastante, a un perro pastor.
Los egipcios creían que Osiris tomaba a veces figura de lobo, como símbolo del valor.
En la Biblia tenemos varios textos citando a los  lobos :
Los príncipes de Israel llegaron a comportarse como “ lobos   que arrebatan presa” (15) ; los caballos de los caldeos eran  “más feroces que lobos   nocturnos”   (16) ; en el reinado del Mesías  “morará el lobo   con el cordero”   (17) , entre otros.
El lobo (nombre científico  canis lupus ) tiene como costumbre el atacar los rebaños de ovejas (18) ; si el pastor es un asalariado puede llegar a huir ante el peligro que representan los lobos  (19) .
Jesús advertía a sus discípulos acerca de los  “falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos   rapaces”   (20) , y el apóstol Pablo se hace eco de ello  (21) . Porque el lobo rapaz es sinónimo de engaño y falsa profecía o falso profeta, Pablo les está advirtiendo a los ancianos de Éfeso, que si no se cuidan ellos mismos y a la iglesia del Señor, no podrán discernir entre el engaño y la verdad; entre el verdadero profeta y el falso profeta.
El verbo levantar ἀνίσταμαι ( anistamai ), ἀνίστημι ( anistēmi ) tiene varias acepciones en la Biblia: hacer que se  ponga de pie  (22) ;  resucitar  (23 ; procrear, dar vida, tener hijos  (24)  y rebelarse contra de  (25) .
Como está en tiempo futuro indica que, en un tiempo no muy lejano, hasta algunos de los ancianos se rebelarían contra Dios, actuando de la misma manera que lo habían hecho Nimrod, Jeroboam, Balaam, Core, en el pasado.
¿De qué manera un anciano de la iglesia puede rebelarse contra Dios? No cumpliendo con Su palabra.
Todo esto debemos tener en cuenta al entrar a analizar lo que Dios le revela a la iglesia en Éfeso y a nosotros en estos días.
Continuaremos con este análisis en la próxima, si el Señor lo permite.
——————————————————————  Notas  Ilustración: Mapa adaptado para mostrar la cercana ubicación de las siete iglesias entre sí y con la isla de Patmos.   1. Hechos 20:17-38   2.  Pfeiffer, Charles F.:  Diccionario Bi ́ blico Arqueolo ́ gico : Charles F. Pfeiffer . El Paso, Texas : Editorial Mundo Hispano., 1993, S. 231   3.  Nelson, Wilton M.; Mayo, Juan Rojas:  Nelson Nuevo Diccionario Ilustrado De La Biblia . Nashville, Editorial Caribe, 2000, c1998   4.  Lockward, Alfonso:  Nuevo Diccionario De La Biblia . Miami : Editorial Unilit, 2003, S. 319.  El más grande orgullo de  Éfeso era el templo de Diana. Esta diosa era considerada hija de Zeus y hermana gemela de  Apolo. La representaban como una doncella cazadora, armada de arco y flecha, que enviaba plagas a mujeres y animales. Se permitía libertad sexual en su culto.  Se decía que su estatua había “venido de Júpiter” (“caído del cielo” —probablemente un meteorito , ver  H echos 19:35) y se  la  presentaba con una gran cantidad de senos en su torso. Por eso se le llamaba Artemisa Polimastros (“Artemisa la de muchos senos”). Se desconoce el proceso mediante el cual el ideal griego de pureza que acompañaba a Diana tomó aquí esta forma.   5. Hechos 18:19, 21, 24; 19:1, 17,26; 20:16,17; 21:29   6. 1ª Corintios 15:32; 16:8   7.  Efesios 1:1   8.  1ª Timoteo 1:3; 2ª Timoteo 1:18; 4:12   9.  Apocalipsis 1:11; 2:1   10. Esta interpretación de los capítulos 2 y 3 le aplica a las iglesias, de manera discutible, siete ‘Eras’ con fechas posteriormente fijadas: Éfeso – Era Apostólica: 31 – 100; Esmirna – Era de Persecución imperial: 100 – 313; Pérgamo – Era del Papado iniciado por Constantino: 313 – 538; Tiatira – Era del Papado a la Reforma: 538 – 1563; Sardis – Era de La Reforma: 1563 -1798; Filadelfia – Era de las misiones: 1798 – 1844; Laodicea – Era actual o de la Preparación para el Juicio Final: desde 1844 hasta la próxima venida de Cristo.   11. Lucas 7:1; Hechos 12:10   12. Romanos 5.12   13. Lucas 9:46   14. Marcos 9:43; Lucas 22:40   15. Ezequiel 22:27   16. Habacuc 1:8   17. Isaías 11:6   18. Génesis 49:17   19. Juan 10:12   20. Mateo 7:15   21. Hechos 20:29    22. Ibíd. 2:30; 9:41   23. Lucas 9:8; Juan 6:39; Marcos 16:9; Romanos 14:9; 1ª Corintios 15:51   24. Mateo 22:24   25. Hechos 5:36   26. Deuteronomio 6; 17; 1ª Timoteo 4; 2ª Timoteo 3

Autores:  Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2013


Mark Creech

By Rev. Mark H.  Creech , Christian Post Columnist

It is considered a landmark announcement, proof that the cultural  winds are shifting in favor of the acceptance of homosexuality by the  evangelical community. Exodus International, a ministry devoted to helping  people overcome same-sex attractions is shutting down. Alan Chambers, the  ministry’s president, is apologizing for much of the hurt he believes the  ministry has caused the LGBT community.

Chambers, who now rejects the view that sexual orientation can be changed  through the Gospel, wrote that he believes there is a sense in which his apology  is for the whole church. «[I]f the church is a body, with many members being  connected to the whole, then I believe that when one of us does right we all do  right, and when one of us does wrong we all do wrong,» he said. «We have done  wrong, and I stand with many others who now recognize the need to offer  apologies and make things right.» [1]

But Russell Moore, president of the Ethics and Religious Liberty Commission  of the Southern Baptist Convention, takes umbrage with Chambers’ apology,  arguing: «I think there is a tendency to see Exodus folding as a parable of  Christian capitulation and ethic. That is not what is happening. Instead what  you have is an organization that has some confusion about its mission and  purpose…What is not happening here, is an evangelical revision of a biblical  sexual ethic.» [2]

Peter LaBarbera, who leads Americans for Truth About Homosxuality, would  agree with Moore. When OneNewsNow recently asked LaBarbera about Exodus shutting  down, he said, «I think Alan Chambers, who basically ruined the organization,  had no choice because the affiliates were leaving. All the people who support  the truth that homosexuals can change and overcome this perversion through Jesus  Christ were leaving Exodus.» [3]

LaBarbera, who called Exodus’ closing one of the greatest tragedies he had  witnessed in the pro-family movement, also shared where he believes the ministry  made its fatal mistake. He said, «Homosexuality is about behavior, and behaviors  can be changed with the help of God and through Christ…That’s what Exodus used  to be about. But once they started talking about so called ‘gay sexual  orientation,’ as if this is the inherent state of somebody’s being, they got in  trouble.» [4]

LaBarbera makes a critical point that raises a fundamental question: Is the  concept of «sexual orientation» biblical? It is my contention that this  expression, which finds its source in modern psychology and is so easily bandied  about, doesn’t have a biblical leg to stand on.

The Scriptures say, «So God created mankind in his own image, in the image of  God he created them; male and female he created them (Genesis. 1:27). When Jesus  spoke to the religious leaders of his day about marriage and divorce, a passage  certainly related to human sexuality, Jesus referenced the same Genesis passage  repeating, «But at the beginning of creation God ‘made them male and female.'»  (Mark. 10:6).

The point is that the language of «sexual orientation» is an imposition today  on much of what the Bible says about sexuality. According to the Bible no one  was born heterosexual or homosexual, each was born ether a male or a female  biologically. Heterosexual or homosexual behaviors are sexual acts, with  heterosexual acts blessed and sanctified in some cases and condemned in others,  while homosexual acts are condemned one hundred percent of the time.

It’s interesting that the concept of «sexual orientation» is based strongly  upon one’s feelings. How does one know that one is gay? Conventional wisdom says  because of the way one feels. Numerous are the individuals who have said, «I’ve  felt that I was gay since I was a child.» But if one felt that he or she was a  squirrel, would that qualify as proof that one was justified in risking life and  limb by climbing trees and eating only nuts?

The Bible often speaks about feelings, thoughts, and urges. And what are such  but emotions and processes of the intellect that 2 Corinthians 10:5 commands  must be brought in subjection to Christ’s Lordship.

Jesus said, «From within, out of men’s hearts, come evil thoughts, sexual  immorality, theft, murder, adultery, greed, malice, deceit, lewdness, envy,  slander, arrogance and folly. All these evils come from inside and make a man  ‘unclean,'» (Mark. 7:20-23). Here Jesus describes a «sinful orientation» that is  the inner nature of every person and demonstrates itself in outward behaviors  unacceptable with God – acts that estrange a person from God.

The apostle James forewarned about arguments like «sexual orientation» saying  they are the same as blaming God for evil. It appears similar arguments were  apparent even in his day. He wrote, «When tempted no one should say, ‘God is  tempting me.’ For God cannot be tempted by evil, nor does he tempt anyone; but  each one is tempted when, by his own evil desire, he is dragged away and  enticed» (James. 1:13-14). To blame homosexuality on heredity is no less than to  blame the Creator for one’s failure – an argument which is unconscionable.

To those who would contend the Bible is silent about «sexual orientation,»  let it be said this is because no such notion is based in truth. It is a broad  term developed in modern times to provide credence for the growing number of  sexual perversions.

There is one final point that also ought to be noted. Chambers said something  in his apology quite telling. He said regarding the convictions that he and his  wife hold: «Our beliefs do not center on ‘sin’ because ‘sin’ isn’t at the center  of our faith.» [5] This author begs to disagree with that point of view.  Unfortunately, without a clear understanding of sin, there is no need for faith  – no need for Christ – no need for a Savior – no meaning to grace.

Central to the message of Christianity is that all have sinned and fallen  short of God’s glorious ideal for life (Romans. 3:23). Apart from repentance,  the remission of sin, and the grace of God in Jesus Christ to transform a life  to live according to God’s standards, the Gospel becomes no more than a soppy  code of self-help. What distinguishes it from any other religion or moral force  is its promise that Christ suffered, died and rose again not simply to eliminate  sin’s shame and condemnation, but also to remove its power.

To water down this message with outside worldly, unbiblical influences, is to  risk the loss of Christian identity and collapse, which is exactly what happened  to Exodus International.

Indeed this is a landmark event. And every Christian denomination, church,  church school or university, organization and ministry, should take note with  fear and trembling. Exodus International took flight from its own promised land  of deliverance and exists no more.

[1] «The Expanded Public Apology from Alan  Chambers,» KansasCity.com, 20 June 2013 http://www.kansascity.com/2013/06/20/4303773/the-expanded-public-apology-from.html [2] Anh Do, Kate Mather, Joe Mozingo, «‘Gay Cure’ Ministry Exodus International  to Close,» latimes.com, 20 June 2013 http://www.latimes.com/news/local/la-me-0621-exodus-international-gays-20130621,0,1731583.story [3] Charlie Butts, «Supporters Flight from Exodus Cited as Reason for Shutdown,»  OneNewsNow.com, 20 June 2013, http://www.onenewsnow.com/culture/2013/06/20/supporters%E2%80%99-flight-from-exodus-cited-as-reason-for-shutdown#.UcS6HZzm1I0 [4] Ibid [5] «The Expanded Public Apology from Alan Chambers,»  KansasCity.com, 20 June 2013 http://www.kansascity.com/2013/06/20/4303773/the-expanded-public-apology-from.html
Rev. Mark H. Creech is executive director of the Raleigh-based Christian Action  League of North Carolina Inc.

Read more at http://www.christianpost.com/news/exodus-international-flees-the-promised-land-98632/#A2544p6JjlUOT8ED.99


Juan Antonio Monroy

El mensaje de los profetas (1)

 
59456_N_14-05-13-23-08-44Los profetas hablaban algunas veces sobre el pasado, mucho sobre el presente, y en ocasiones sobre el futuro.
Desde Isaías a Malaquías, en el Antiguo Testamento tenemos 17 libros proféticos. Si contamos a Esdras y Nehemías, que figuran entre los libros históricos, hacen un total de 19.Por otra parte, entre los seis libros históricos de Samuel, Reyes y Crónicas se encuentran numerosas historias de profetas y referencias a su ministerio.

En los libros proféticos encontramos una gran variedad de temas.

Si en sus tiempos hubieran existido editoriales, como ahora, los profetas habrían podido publicar numerosas obras sobre cuestiones muy diversas.

Comentaristas protestantes y católicos del Antiguo Testamento enseñan que el ministerio profético se inició con Samuel.

Pero los autores judíos, que son los más calificados para estos trabajos, se remontan en el tiempo.

El sabio judío Gershom Scholem, profesor de la Universidad de Jerusalén, en un libro que lleva por título LAS GRANDES CORRIENTES DE LA MÍSTICA JUDÍA, incluye entre los profetas a Enoc, Abraham y Moisés.

La pequeña epístola de Judas, en referencia a las falsas doctrinas y los falsos maestros, dice:“De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán” (Judas 14).

En una visión que tuvo en sueños el rey Abimelech, quien tomó a Sara creyendo que era hermana de Abraham, Dios le dice: “Devuelve la mujer a su marido; porque es profeta”(Génesis 19:7).

El último capítulo del Deuteronomio, que relata la muerte de Moisés y se cree que fue escrito por Josué, dice: “Nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” (Deuteronomio 34:10).

En los libros históricos destacan las hazañas de tres profetas hebreos: Samuel, Elías y Eliseo. Los tres hicieron grandes milagros.

Elías fue privilegiado por el Señor con la fascinante experiencia de no pasar por la muerte, como le ocurrió a Enoc (Génesis 5:24).

Elías fue arrebatado al cielo en un carro de fuego (2ª de Reyes 2:1-11).

Otro honor para Elías fue aparecer en el Monte de la Transfiguración junto a Moisés y a Jesús (Mateo 17:1-5).

Una de las grandes obras que realizó Samuel fue la fundación de una Escuela de Profetas, que se menciona por primera vez en el capítulo cinco de su primer libro: “Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando” 1ª Samuel 10:5).

Estas Escuelas eran centros dedicados a la preparación de profetas, como hoy se prepara a jóvenes para el ministerio cristiano en escuelas de Predicadores, Universidades y otras instituciones.

En el segundo libro de Reyes se menciona a los hijos de los profetas: “Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Betel, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad” (2ª Reyes 2:3).

Aunque casi todos los profetas eran casados, los que aquí se citan no eran necesariamente hijos legítimos de profetas.

El comentarista judío antes citado, Scholem, y otros especialistas hebreos en el Antiguo Testamento, enseñan que los “hijos de los profetas” eran estudiantes en las Escuelas de profetas, que por el gran respeto que tenían hacia sus maestros se hacían llamar hijos suyos.

Los profetas hablaban algunas veces sobre el pasado, mucho sobre el presente, y en ocasiones sobre el futuro.

A Moisés le debemos los primeros capítulos del Génesis, que son fundamentales para explicar la historia del mundo y del ser humano.

Dios le reveló aquellos importantes hechos del pasado.

Otras veces hablaban en tiempo presente: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4).

Y en ocasiones se referían al futuro:“Profecía de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis” (Deuteronomio 18:15).

 

Autores: Juan Antonio Monroy

©Protestante Digital 2013

 
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Juan Stam

OXYGEN Volume 10

El punto de partida para la teología evangélica

 

De Tales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia (c.624-546 a.C.), considerado por muchos como fundador de la filosofía occidental, Platón cuenta que una noche estaba observando las estrellas y quedó tan absorto que se cayo en un pozo. Esta anécdota, bastante graciosa y probablemente apócrifa, encierra una gran verdad: en los inicios del pensamiento occidental había unna nota de asombro, de maravilla, hasta una cierta actitud de reverencia humilde ante la creación y ante la verdad.

 

Creo que lo mismo puede decirse para la reflexión teológica. La buena teología nace del asombro, del sentido de maravilla ante Dios, su palabra y su verdad. Nace de la adoración, y en adoración. La teología yahvista, del gran «Yo soy», nació cuando un pastor de ovejas quedó estupefacto, con gran asombro, ante una zarza que ardía sin consumirse. El profeta Isaías cuenta su propia experiencia asombrosa, el año que murió el rey Uzías, cuando «vio a Dios excelso y sublime, sentado en un trono» y su gloria llenaba el Templo. Saulo de Tarso, por su parte, vio al Cristo Resucitado rodeado por una gran luz cegadora y deslumbrante. Esa visión lo sacó de su caballo y lo tiró al suelo. Hoy también la teología debe comenzar con un encuentro con el Señor.

 

En el pensamiento occidental, vino un cambio radical con la filosofía de René Descartes (1596 –1650), pionero de la modernidad. Descartes enseñó a la filosofía moderna a comenzar con la duda y proceder con «la duda metódica». De ahí su famosa fórmula, como fundamento firme de su pensar, «cogito, ergo sum» («Pienso, por lo tanto soy»). Aun si dudo que existo, ahí estoy dudando y por lo tanto existiendo. Descartes priorizó una especie de racionalismo crítico y escéptico, cuyo punto de partida era la duda para llegar desde ella al conocimiento. Esa revolución cartesiana nos afecta a todos, tanto positiva como negativamente.

 

La sana teología nace de la revelación divina y es, en primer término, reflexión sobre ella. «A Dios nadie lo ha visto nunca», concluye el prólogo del cuarto evangelio; «el Hijo unigénito… nos lo ha dado a conocer» (Jn 1:18).  «Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiere revelarlo» (Mt 11:27; cf. 1Co 2:10; Ef 3:5). Según Karl Barth, siguiendo a Calvino, sólo Dios conoce a Dios y sólo por su auto-revelación podemos conocerlo. Por eso, dice Barth, cuando Dios se descubre (se revela) siempre se encubre a la vez (se vela), porque no se agotó en su revelación.

 

Pero Dios se ha revelado y puede ser conocido. Toda teología sana comienza con el «auditus fidei», el escuchar en fe a la palabra de Dios en Cristo y en las escrituras. Dios se revela en Cristo, atestiguado normativamente por las escrituras. La creación (Sal 19), la conciencia (Rom 2:14-15) y la experiencia también pueden revelar a Dios (cf. el cuadrilátero wesleyano).

 

La sana teología parte de la fe y se mueve en ella «de fe en fe». Esto se expresa en la famosa frase, Credo ut intelligam («Creo para poder entender»). San Agustin (354-430), en uno de sus sermones, dialoga con los oyentes: «Tú decías: ‘entienda yo y creeré’. Yo, en cambio, decía: ‘cree para entender’. ((crede, ut intelligas) …’Entienda yo, dices, y creeré’. Cree, digo yo, para entender’. Responde el profeta: ‘Si no creyereis, no entenderéis’. (San Agustín, Sermón XLIII; que repite la idea seis veces; cf. Tract. Ev. Jo., 29.6). Para Agustín el conocimiento no era meramente racional y académíca sino integral; el verdadero conocimiento de Dios involucraba para él las pasiones y la voluntad además del intelecto. El verdadero teólogo, como el verdadero filósofo, es un enamorado de Dios (verus philosophus amator dei est). La fe no depende de evidencias y pruebas externas a ella misma, sino de la firme convicción del corazón.[1]

 

Esta orientación teológica era muy enfática en San Anselmo (1033-1109). En el primer capítulo de Proslogio se expresa muy elocuentemente:

 

No intento, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ninguna manera puedo comparar con ella mi inteligencia; pero deseo comprender tu verdad, aunque sea imperfectamente, esa verdad que mi corazón cree y ama. Porque no busco comprender para creer, sino que creo para llegar a comprender. [Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam] Creo, en efecto, porque, si no creyera, no llegaría a comprender.

 

Con este punto de partida, el quehacer teológico se entenderá como fides quaerens intellectum («la fe en busca del entendimiento», que fue el título original del Proslogio de Anselmo). La teología es «la inteligencia de la fe» que no parte de la fe, no del mero raciocinio, como si Dios no se hubiera revelado. Este mismo enfoque fue adoptado por los reformadores protestantes en el siglo XVI y por Karl Barth en el XX.[2] José Míguez Bonino, en su libro La fe en busca de eficacia, asume el mismo enfoque pero lleva el intellectus un paso más adelante hacia la praxis, en que el conocimiento no es un fin en sí. La tesis de Míguez podría formularse como «la fe en busca de inteligencia, en aras de la transformación de la realidad» (cf. la onceava tesis de Marx contra Feuerbach).

 

La posición contraria, de «entiendo para poder creer» (intellego ut credam) caracterizaba el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la tradición aristotélica. En la modernidad, con la duda metódica de Descartes y la inspiración de Schleiermacher, esta escuela teológica ha tendido a ser más escéptica y negativa.[3] Aunque la razón tiene que funcionar, y funcionar bien, en la comprensión original del evangelio (como noticia y como exigencia,notitia fiducia), la conversión a Cristo no nace de una serie de pruebas que la razón pueda aceptar, sino del encuentro con el Dios viviente y el acto de fe en el Dios que se ha revelado. A partir de esa experiencia y esa actitud, la duda constructiva ayudará a convertir las opiniones doctrinales en firmes convicciones existenciales.

 

Juan Stam B.

marzo 2013


[1] Con esto concuerda el concepto neotestamentario de «misterio» como algo antes desconocido pero ya revelado, que no hubiéramos conocido con esa revelación.

[2] Sobre este tema en Pascal, Kierkegaard y Barth, véanse los pasajes correspondientes en Hans Küng, ¿Existe Dios? (Cristiandad 1979).

[3] Ver nuestro ensayo, en este blog, «La teología evangélica: ubicación histórica» (juanstam,com, 3 de agosto de 2012)


 Por Joana Ortega Raya

Puede que María de Nazaret –más conocida en nuestra cultura mediterránea como la Virgen María o la Madre de Dios- haya sido una de las mujeres más maltratadas y malentendidas por la historia de la iglesia. Virgen y madre al mismo tiempo, algo absolutamente inverosímil, se ha utilizado como una justificación de los deseos más ocultos de los hombres y como coartada para reprimir, dominar y controlar el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

Si bien es cierto que el testimonio de los cuatro evangelios podría conducirnos a entender el personaje de María tal y como la historia de la iglesia nos lo ha transmitido, también es cierto que podemos encontrar algunos detalles que contradicen una tradición cristina que ha querido hacernos creer que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad debe responder a los ideales esperpénticos de una mujer inexistente, no en el sentido histórico, claro, sino más bien en el aspecto simbólico.

María, víctima de las tradiciones y de las convenciones de una religión y de una cultura basadas en el honor y la vergüenza social, tuvo que enfrentarse, siendo casi una niña, a un embarazo no deseado, poniendo en peligro la reputación de su familia y, lo que es más grave, su propia vida.

Creo que la tradición cristiana a endulzado demasiado la historia de María de Nazaret. Esta tradición no ha mostrado ninguna sensibilidad hacia una niña embarazada enfrentada a todas las convenciones de su entorno. Nos la ha mostrado como si fuera una diosa, por encima del bien y del mal, ajena a los errores, a los desastres y a las miserias que, sin duda, sufrimos todos los seres humanos.

En mi opinión, María de Nazaret sufrió las contradicciones y los excesos del sistema patriarcal; experimentó en su propia carne y en su propia historia lo que Ayaan Hirsi Ali llama “la jaula de la virginidad”, primero en su contexto religioso y después en la tradición de una iglesia que le ha negado lo más importante para una persona: su humanidad.

Me gusta pensar, y de hecho así lo creo, que la tradición protestante le ha devuelto a María de Nazaret su derecho a seguir siendo humana: ella no es la Madre de Dios, es la madre de Jesús de Nazaret, una mujer que pensaba como mujer, que amaba como mujer, que sufría y se preocupaba por sus hijos e hijas como mujer, y que tenía una comprensión muy particular, adecuada y perspicaz de Dios, tal y como se refleja en el Magnificat: “Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los que eran soberbios en los pensamientos de su corazón, ha quitado a los poderosos de su trono y ha exaltado a los humildes. A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.” (Lc. 1,51-53).

Quede su ejemplo para todas y todos nosotros como un testimonio de la bienaventuranza de Dios hacia las personas que deciden obedecer su voluntad sin tener que negarse a sí mismas.


Sobre la autora: 
Joana Ortega-Raya es directora de Lupa Protestante.  Licenciada en Teología (SETECA), en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universitat de Barcelona), Doctora en Filosofía (Universitat de Barcelona) y Master Duoda en Diferencia Sexual (Universitat de Barcelona). Durante muchos años ejerció como profesora de Filosofía, Biblia y Griego en una institución teológica protestante en Cataluña. Es miembro de la Església Evangélica de Catalunya – Iglesia Evangélica Española (metodista y presbiteriana)

Revelación, iglesia y crisis

Publicado: junio 13, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

59398_N_12-05-13-1-31-52Lo cierto es que la crisis de la iglesia de Jesucristo sólo puede comprenderse leyendo el Apocalipsis.

 

El último de los apóstoles de Jesucristo, siendo ya anciano, conservaba su lucidez mental y seguía escribiendo. El Espíritu que le había guiado a redactar uno de los cuatro evangelios, y tres maravillosas cartas universales, todavía le tenía reservada la tarea de escribir un libro realmente extraordinario.

Juan, aquél muchacho que llegó a ser considerado “el discípulo amado”  (1)  del Maestro de Galilea, y en quien delegara el cuidado de su madre desde la cruz  (2) , padece el exilio por su inquebrantable fe en Cristo. Está en la isla-prisión de Patmos, donde el emperador Domiciano lo confinó por muchos años hasta que murió en el 96, antes de regresar a Éfeso. Otrora el vivaz discípulo que junto a su hermano Santiago recibiera de Jesús el apodo de “hijos del trueno”  (3) , tendría presente la respuesta del Señor resucitado a la pregunta de Pedro “¿y qué de éste?”  (4) . Atrás quedaban los fuertes impactos causados por las noticias de que Pablo, y luego el mismo Pedro, habían sido ejecutados en Roma por el cruel imperio pagano.

Ahora, Juan está frente a una circunstancia que jamás podría haber imaginado. El fragor de la persecución y la muerte de miles de mujeres y hombres fieles a Jesucristo están a la orden del día. Este prisionero cargado de años, último sobreviviente de los doce elegidos por el Señor para iniciar el gran cambio en el mundo, está orando y meditando en el día del Señor. Es en esa situación que el Espíritu le habla y descorre ante él una visión que deberá escribir por mandato divino. Esa impresionante revelación será el libro elegido por Dios para cerrar el canon de la Biblia. 

En toda la literatura humana no hay libro escrito por mano humana que sea semejante al Apocalipsis.

Este libro –que trae bendición al que lo lee  (5) – es paradójicamente leído por muy pocos. Se le rehúye aduciendo que es difícil de entender, y hay quienes lo leen y lo interpreten de manera arbitraria.

Lo cierto es que la crisis de la iglesia de Jesucristo sólo puede comprenderse leyendo el Apocalipsis. 

UNA CRISIS DE TODOS LOS TIEMPOS
La visión que recibe el apóstol Juan no es una profecía para interpretarse de manera privada; por el contrario, es para ser compartida. Fue escrita para animar a los cristianos en su hora más dura. Ha sido clave para los creyentes de las siete iglesias a las cuales fue destinada inicialmente, y – por veinte siglos- para los de cualquier iglesia local que se considere parte del cuerpo de Cristo.La Revelación del Señor Jesucristo viene en los tiempos del Soberano Todopoderoso como oportuna medicina al cuerpo sufriente.

Este libro es clave para una iglesia en crisis. Porque ninguna iglesia cristiana –por bendecida que se considere- ha vivido, vive, o vivirá fuera de la crisis. No existe ningún limbo terrenal para el cristiano.

Mi modesto propósito es enfocarnos en este libro incomparable, sabiendo por testimonio de muchos –no sólo del propio- que es de fortaleza en la hora de aflicción, diáfana luz en días oscuros, consuelo seguro en el profundo dolor, esperanza gloriosa en la ansiedad y confianza plena en medio de la incertidumbre.

En este artículo inicial habremos de aproximarnos al carácter del libro y veremos en qué consiste la visión y qué se le revela al escritor.

SÍNTESIS INTRODUCTORIA DEL LIBRO
El versículo 19 del primer capítulo es la definición que el propio Señor Jesucristo nos provee: “Escribe, las cosas que has visto, y las cosas que son, y las cosas que han de ser después de estas.”  Como vemos, hay tres características de la revelación, cada una de ellas acotadas a un tiempo prefijado por Dios.

La primera las cosas que Juan vio,  es la referida a la visión citada en los versos 12 a 16 inclusive.

La segunda,  “las cosas que son” ; a ellas se hace referencia en los capítulos 2, 3, 4 y 5. Esta segunda característica, sobre la que ampliaremos, contiene dos aspectos reales a tener siempre en cuenta:

a)  Una escena desalentadora; que revela con realismo el estado de las iglesias a nivel terrenal. No es un informe eclesiástico presentado a Juan por los responsables de esas iglesias. Es nada más, ni nada menos, el informe que Dios presenta a los responsables de esas iglesias. No son las cosas “según yo las veo” sino “como las ve Dios”. El panorama visto así resulta desalentador en extremo.

b)  Una escena alentadora; la encontramos en los capítulos 4 y 5. Notemos que entre  las cosas que son , hay una escena celestial que revela el trono de Gracia, con todos sus agentes operando en favor de las iglesias imperfectas. Aquí encontramos, finalmente, una visión alentadora.

La tercera característica del libro,  las cosas que han de ser después de estas  comienza a ser desarrollada en el capítulo 6 y llega al final del libro. Es la parte profética, lo que el Espíritu revela a Juan que habría de suceder de allí en más. Por razones de tiempo y por no ser el objetivo de estas reflexiones, no habremos de considerarla en esta oportunidad.

Como veremos, el libro bien podría haberse denominado Revelaciones pues hay en él una serie de ellas y todas diferentes entre sí, que hacen a la gran revelación que recibe Juan para transmitir a los creyentes.

LA PRIMERA REVELACIÓN 
Lo primero que Juan vio es el pasaje ya mencionado, leamos:

 “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” (6)

Esta es la primera gran revelación del libro. Juan ve a nuestro Señor en Su gloria y en Su relación con las iglesias y pastores. Es una revelación de nuestro Señor no en Su humillación, o en el estado que tenía antes de venir al mundo, sino en Su humanidad glorificada.

¿De qué manera influye en nuestra relación con Dios, nuestros semejantes y nuestro medio, la imagen que tenemos de Cristo? ¿Es Jesucristo en mí solo una imagen?

La visión de Cristo que tenemos en este texto contrasta con la que aún se tiene en muchos sitios del mundo de habla hispana, después de quinientos años de la llegada de los conquistadores desde España.

Como bien explica Samuel Escobar al comienzo de su notable libro “En busca de Cristo en América Latina”  (7) , hay una serie de figuras de Cristo en el dilatado territorio del Nuevo Mundo que provienen del ideario español: del niño acostado en un pesebre rodeado de animales, pastores y  reyes magos ; del niño en brazos de su madre ataviada como reina suspendida en áureo cielo; del cuerpo escuálido, lacerado y sangrante colgando exánime del madero. Estas figuras fueron, a su vez, mezcladas localmente con muchas otras paganas (animistas o panteístas), generando visiones distorsionadas, y en algunos casos hasta diabólicas, por doquier.

La cristianización incompleta de un continente dejó afuera al Cristo resucitado y glorioso que, sentado en el trono, ha tomado toda autoridad antes de consumar la tarea de completa liberación en su regreso.

Muchos cristianos usan sólo su memoria cuando piensan en Jesús. El día de su bautismo o en la cena del Señor piensan en Él como el que nació en Belén, un bebé en el pesebre, un niño en el templo, cuando fue bautizado en el Jordán, o cuando el Espíritu le guiaba como maestro a enseñar a las gentes por medio de parábolas o para realizar milagros. O lo piensan en la cruz, o en la tumba; todo en el pasado.

Recuerdo que la mayor parte de mi infancia y de la adolescencia, la figura que más acariciaba en mi mente era la de Jesús como pastor de ovejas, siendo yo una de ellas. De hecho, seguramente influyó en mí la prédica de aquél querido misionero británico –don David Morris- quien, con su colorido y apasionado acento, narró la parábola de la oveja perdida y nos invitó luego a abrir el corazón al amado Pastor.

Juan nos describe aquí un vivo retrato de Jesús como el que murió, pero que vive para no morir jamás. Esta primera revelación nos muestra una figura totalmente distinta a las estampas religiosas que se siguen vendiendo en las santerías. Nos resulta muy atractiva, pues nos revela a Jesús tal como es ahora en su estado glorificado. Pero no es una figura estática, por el contrario es la de alguien que está activo; en estrecha relación con las iglesias y pastores cuya razón de ser es reflejar Su luz en el mundo.

¡Es inmensamente importante para nosotros tener hoy una visión actual de Jesucristo!

LA SEGUNDA REVELACIÓN
En los capítulos 2 y 3, que recomiendo leer completos, se describen escenas del estado de las iglesias locales tal como Jesús las ve. No están descritas como ellas suponen que son, sino lo que la penetrante luz de la Omnisciencia y Santidad divinas revelan.

Se conoce a esta parte del libro como “las cartas a las siete iglesias”. Pero, en realidad, estas cartas simplemente dan una descripción a cada iglesia de cómo Dios la ve.

Veremos que una iglesia tiene nombre como de estar viva, pero Dios la ve como muerta; otra iglesia piensa que es rica y poderosa y que no tiene necesidad de nada, pero Dios la ve miserable y pobre, ciega y desnuda. Otra iglesia se cree sumamente ortodoxa, y Dios la ve comprometida con la peor forma de idolatría. Basten estos como anticipos de lo que ampliaremos más adelante, con la ayuda de Dios.

Algunos comentaristas nos recuerdan que estas cartas a las iglesias no son profecías. Otros sostienen que estas siete iglesias representan siete períodos de la cristiandad, que representan a siete períodos proféticos; por ejemplo: que el primero de esos períodos es cuando la cristiandad está en el estado de la iglesia de Éfeso; que el segundo coincide con el estado de la iglesia de Esmirna; y el último período con el estado de la iglesia de Laodicea.

Los más, sostienen que hoy día podemos encontrar iglesias que son fieles reflejos de lo que estas siete iglesias eran en aquella época  (8) . No todas las iglesias serán como la de Éfeso, Filadelfia, etc,; pero algunas de ellas lo serán en uno o más aspectos.

El resultado de analizar esta segunda revelación será devastador; pues nos bastará con compararla con la primera, en la que se muestra al mundo iluminado por las iglesias, para darnos cuenta cuán lejos están muchas de las iglesias cristianas de ser luces en medio de un mundo en tinieblas y en crisis. Pero no es el objetivo quedarnos en la lamentación. Nos abrazaremos a la esperanza que nos trae Dios en Su palabra.

Será hasta la próxima, entonces, si el Señor no viene antes.

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Notas
 Ilustración: palabras claves de revelación. Link: sinodosps.wordpress.com; El Apocalipsis o Revelación de nuestro Señor Jesucristo es el último libro de la Biblia. Bienaventurado el que lo lea y entienda (cap. 1, versículo 3).
 1. Juan 13:23; 19:26
 2. Ibíd. 19:26,27
 3.  Lucas 9:54
 4. Juan 21:21,22 – “ Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.”
 5.  Apocalipsis 1:3
 6. Ibíd.1:12-16
 7. Samuel Escobar; “En busca de Cristo en América Latina”; Ediciones Kairós, ISBN 2012 9871355459, 9789871355457
 8. Recomiendo leer The Book of Revelation, por B.H.Carroll (1843-1914); CIHM 66598, University of Alberta; de él he obtenido material para escribir estos artículos

Autores: Óscar Margenet Nadal
©Protestante Digital 2013

Creative Commons

La promesa de Cristo en la crisis

Publicado: abril 20, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nadal

58853_N_21-04-13-0-55-50 La iglesia de Laodicea era una congregación asentada en una ciudad próspera. Los laodiceanos eran autosuficientes. Consideraban no tener necesidad de nada.

21 DE ABRIL DE 2013

Al escribir esta nota estoy al tanto, como cualquier persona informada, de las últimas noticias que muestran el estado de convulsión en el mundo, y la crónica desde nuevos países que, hasta hace poco, se concentraban en llevar adelante su existencia pacífica; y que ahora son focos de racimos de crisis, por aquello que los expertos llaman “efecto contagio”.
Entrar en detalles de cada situación sería caer en el morbo. Pero, la crueldad con que estos males afectan a familias enteras, amerita investigar las causas que llevan a muchos conocidos a exclamar con angustia “¡Esta situación me va a matar!” y a nosotros mismos a ser acosados por sentimientos de inseguridad.
De algo podemos estar absolutamente seguros todos -y queda hartamente demostrado por si todavía teníamos alguna duda– y es que nadie, por autoridad que tenga o títulos que ostente, es dueño de la solución. De allí que nuestra hipótesis aquí sea: “no existe fórmula humana que solucione de raíz los problemas que padece la humanidad”.
Convengamos que todos los humanos pasamos por enfermedades o lloramos la partida de un ser querido; también, que cada día hay más gente que es amenazada por inflexibles acreedores. Es muy posible que, frente a situaciones como esas, oigamos frases como: “Nunca le hice mal a nadie ¿por qué Dios permite que me pase esto?”; “Si Dios es amor ¿por qué no me sana?”; “Con tantos malos vivos ¿por qué se llevó Dios a esta persona que era intachable?”; “Voy siempre a la iglesia, pero ahora me quitarán la casa ¿Se olvidó Dios de mí?”; y muchas otras, hasta el cansancio.
Duele leer o escuchar esas frases de boca de quienes ignoran u olvidan que Dios es el  “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” ( 1)
¿ESTÁ DIOS AUSENTE EN LAS CRISIS? La Escritura nos habla de un Creador que todo lo hizo bien y que creó al ser humano para que administrase su Obra. También, nos dice que uno de sus colaboradores cayó sin retorno por cuestionar la soberanía de Dios; y que, para vengarse, indujo a la pareja humana para que desobedeciera al mandato divino  (2) .
Todo el AT muestra a Dios formando un pueblo, Israel, para que otros pueblos llegasen a conocerle como el único Dios que reúne en sí mismo al amor, la santidad y la justicia. En lo individual, la historia de Job es un claro ejemplo donde Dios revela tener un propósito eterno; con él da un sentido superior a la vida; y lo cumple a favor de sus escogidos aún permitiendo el accionar de fuerzas del mal, a las que destruirá finalmente  (3) .
El pecado, al abundar y propagarse, nos hizo olvidar a los humanos que Dios nos ama. Él es una Presencia viva y soberana en todas las circunstancias  (4) . Esa presencia es real tanto cuando Su Plan eterno avanza glorioso como también en las crisis causadas por sus enemigos con intención de frenarlo.
Eso tenía muy en claro el apóstol Pablo cuando visitó Atenas; admirado por la idolatría de la civilización más culta de la tierra; en el Ágora, se anima y predica a los filósofos griegos:
 “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (…) Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (5)
El anciano apóstol Juan, poco antes de morir, recibe el mandato divino:  “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” (6)
La Revelación (o Apocalipsis) es donde él escribe sobre las siete iglesias cuyas condiciones tipifican a todas las iglesias locales que existieron y existirán a lo largo de la historia, obviamente incluyendo las actuales  (7) .
Se describe a la iglesia en Esmirnacomo caliente; ardía como fuego en su celo; su fidelidad hasta la muerte era refulgente como un horno encendido a pleno. A Sardis se la describe tan gélida como el hielo. La última de las siete, Laodicea, era tibia; ni fría ni caliente  (8) .
Según podemos leer en cualquier fuente seria, la de Laodicea era una congregación asentada en una ciudad próspera, famosa en toda la región por su industria indumentaria de lana y por producir un efectivo colirio para los ojos.
Los  laodiceanos  se llevaban bien con todos y eran autosuficientes. Consideraban no tener necesidad de nada; es decir, creían estar bendecidos por el estatus alcanzado. Posiblemente estaban democráticamente organizados; por lo cual algunos miembros tenían inclinación por un líder, otros por otro, y había aquellos que no tenían preferencias o eran líderes de sí mismos. Pero todos diluían la Verdad con las tradiciones heredadas y con mandamientos humanos. Como resultado, nadie prestaba atención a la autoridad de la Palabra de Dios.
Por eso, no sobresalían por su fortaleza o por estar alertas frente a la crisis. Eran como aquél hombre que pierde los remos y su bote es llevado por la furiosa corriente; entonces, desesperado ruega: “Buen Señor, ayúdame; buen Demonio, ayúdame”  (9) .
Esta condición es nauseabunda para el Señor. No la tolera. Por eso les advierte que los vomitará de su boca  (10) .
Si leemos con detenimiento este pasaje veremos que la clave de todo está en esta declaración del Señor de la iglesia ( “el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” ): “reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”  (11) 
Notemos que no es una declaración de venganza por las transgresiones y ofensas de esa iglesia. Por el contrario, es la de un padre amoroso que corrige severamente a sus hijos para que no se pierdan. Muchas veces los padres estamos tentados a dar más cosas a un hijo desobediente con tal de aplacarlos en sus crisis de rebeldía (y que nos dejen en paz). En otras ocasiones, después de intentar contenerlos (y de contenernos) terminamos explotando con ira y los castigamos movidos por ella. El Padre celestial no obra así con nosotros.
¿Qué padre que realmente ama a sus hijos no sufre cuando los corrige?
El amor de Dios lleva al arrepentimiento genuino, única manera para ser perdonados.
La figura central es la de ese paciente Señor llamando a la puerta de la iglesia que lo ha dejado afuera.
 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”  (12)
Notemos bien: mientras camina entre las luces del candelabro el Señor llama a los corazones de los miembros alejados o hipócritas; les pide que lo dejen entrar y les promete una íntima comunión espiritual a quienes le reciban. No está llamando a la puerta del corazón de un pecador irredento. Equivocan el sentido escritural quienes utilizan este pasaje para predicar a los incrédulos.
¡Jesucristo está llamando exclusivamente a la puerta de Su iglesia; al corazón del pastor, de los ancianos, de los encargados de los distintos ministerios, de los diáconos y de cada uno de los miembros de esa congregación que se autodenomina “cristiana”!
Esta es la manera en que, a menudo, Él hace sonar el timbre de la puerta espiritual en los hogares de los cristianos nominales cuyos oídos están prestos a escuchar los llamados de la moda, el placer, la ambición o los negocios; pero, que por esa razón, ya no prestan atención a los reiterados timbrazos de Quien pacientemente pasa una y otra vez, se detiene y llama con insistencia a quienes ama y le han dejado afuera. Él desea entrar.
Algunas veces Él llama por medio de la enfermedad, otras por medio de pérdidas financieras, y otras por una muerte en la familia. La enfermedad, la pérdida material y la muerte son reales y se sufren; pero los de la casa no siempre vemos en ellas que es el Señor quien está llamándonos.
Si en medio de una crisis nos diésemos cuenta que es el Señor quien nos llama a través de ella, no demoraríamos en abrirle la puerta.
Si le abrimos, comprobaremos que su promesa es fiel y verdadera: Él entra, quita la tibieza interior con su cálida presencia; nos brinda su inigualable comunión y con ella trae consuelo, paz y total confianza en sus propósitos.
Finalmente, notemos la importancia de la Palabra de Dios para las iglesias. Siete veces Cristo llama a las iglesias a oír lo que el Espíritu está diciendo.
Si las iglesias dejan de escuchar la voz del Espíritu mediante la Palabra, empiezan a escuchar las voces de los falsos maestros y se alejan de la verdad. No neguemos la fe, aunque nos cueste la vida. Guardemos Su palabra y no neguemos Su nombre.
Sin la Palabra de Dios no hay vida ni esperanza para las iglesias.
 “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (13)
Demos gracias a nuestro Padre celestial porque en medio de toda crisis Él permanece fiel, es nuestro pronto auxilio y nos recompensará si perseveramos hasta el fin  (14) .
————————————————————– Notas  Ilustración: los momentos de crisis son oportunidades para reflexionar y cambiar.  Link .
 1. Mateo 5:45   2. En los primeros capítulos del Génesis tenemos el origen del propósito divino desarrollado luego en toda la Biblia   3. Este libro enseña que Satanás existe y que es un ser creado que no hace nada que Dios no le permita; y que los seres humanos solemos confundir las riquezas materiales con las bendiciones de Dios (aunque de Dios sean el oro, la plata y todo lo que hay en el planeta, Él da dones a cada uno como Él quiere) y creer que los valores morales son méritos humanos que obligan a Dios a actuar en nuestro favor   4. Lucas 12:6,7   5. Recomiendo leer todo este incidente en Hechos 17:16-34   6. Apocalipsis 1:19   7. Ibíd. 2 y 3   8. Ibíd. 3:14-22   9. Comentario Bíblico- Volumen XII, El Apocalipsis, por B. H. Carroll, Ediciones CLIE, ISBN 84-7645-221-7   10. Ibíd. 3:16   11. Ibíd. 3:14 y 19   12. Ibíd. 3:20   13. Ibíd. 3:21   14. Salmo 46:1; Mateo 24:13

Autores:  Óscar Margenet Nadal

©Protestante Digital 2013


Leonardo de Chirico

Francisco encadena la Biblia a Trento

 El catolicismo romano cree que el Magisterio de “la” Iglesia tiene la autoridad definitiva sobre la Escritura. Esto es lo que también cree el papa Francisco.

Después de un mes de continuos acontecimientos alrededor del Vaticano, ha llegado el momento de cambiar a un estado de ánimo más rutinario.
El papa Francisco ha llamado tras su elección mucho la atención de los medios de comunicación y ha enviado varios mensajes de cambio y de renovación. Una vez pasada la sorpresa inicial, los diferentes departamentos vaticanos han llegado a un acuerdo para que haya un papado menos pomposo y el mismo papa está empezando a dar forma a sus propios puntos de vista en un gran número de cuestiones que estaban pendientes en la agenda vaticana.
Después de la primeras semanas marcadas por lo que parecía ser nuevo y extraordinario, el papa Francisco ha empezado ahora a hacer lo que un papa hace normalmente en Roma, p.e., presidir diferentes eventos litúrgicos, recibir a las delegaciones internacionales, reunirse con los obispos procedentes de todo el mundo, hablar en diversas ocasiones, etc.
El ritmo normal del papado está empezando a emerger. Tras haber utilizado un lenguaje más “pastoral” en su primera homilía que pareció gustar a todo el mundo, la inclinación más teológica del pensamiento de Francisco se ve a medida que tiene más oportunidades de pronunciar discursos en variadas formas.
Una de estas primeras ocasiones fue una disertación que hizo el 12 de abril a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, convocada en el Vaticano para discutir sobre el tema “La inspiración y la verdad de la Biblia”. Este es un resumen de la dirección del pensamiento teológico de Francisco y algunas observaciones sobre este asunto tan importante para todos los cristianos en general, y para los evangélicos en particular.
LA TESIS DE LA NO IDENTIDAD Después de encomiar a la Comisión por la elección del tema, el papa destacó la naturaleza de la Escritura y su relación con la Palabra de Dios. La Biblia, según Francisco, es “el testimonio en forma escrita de la Palabra de Dios”. La Escritura no está asociada con la Palabra de Dios en correspondencia exacta, sino que es más bien percibida como un testimonio de algo co-inherente, aunque diferente.
Siguiendo este comentario, el papa añade que “la Palabra de Dios precede y supera la Biblia”. En otras palabras, el Papa no aprueba una visión identitaria entre la Escritura y la Palabra pero apoya un punto de vista dinámico de la relación entre la Palabra de Dios y la Biblia, por lo cual la Escritura atestigua la Palabra que es anterior y va más allá de la Biblia. La Palabra está presente en la Biblia pero no está confinada a la misma.
En la Palabra se habla y se indica de la Biblia pero las dos visiones no coinciden, puesto que la Biblia es solamente un testigo (parcial) de la (más completa) Palabra. De acuerdo con este criterio, lo que la Biblia dice es lo que la Palabra dice, pero lo que la Palabra dice no es necesariamente lo que la Biblia dice.
Francisco reconoce correctamente que el centro de la fe cristiana es una “persona” y no un libro, es decir, la persona de Jesucristo, la encarnada Palabra de Dios.
Sin embargo, la deducción es que “el horizonte de la divina Palabra (o sea, Jesucristo) abarca la Escritura y se extiende sobre ella”. En un lenguaje más técnico, Francisco continúa diciendo que la Biblia es el “memorial canónico que da fe del evento de la Revelación”. La frase necesita un poco de desembalaje teológico pero resulta claro que el lenguaje “memorial” acoplado junto con la noción de “atestiguación” apoya la opinión de que hay una brecha entre la Biblia y la Palabra de Dios. No hay nada original en esta consideración; ha sido el estándar teológico de la Palabra defendido por el Iglesia católica desde el Vaticano II.
LA ESCRITURA ESTÁ SUJETA A LA IGLESIA Una vez que la identidad entre la Palabra y la Biblia es rechazada y sustituida por el dinamismo de una Revelación “viva” que supera a la Biblia, surge la necesidad de un árbitro que sea capaz de reconocer la Palabra viva dentro y fuera de la Biblia.
Mientras que el liberalismo protestante somete la Biblia a la sentencia final de la conciencia o de la razón, el catolicismo romano cree que el Magisterio de la Iglesia tiene la autoridad definitiva sobre la Escritura. Esto es lo que también cree el Papa Francisco.
Al citar al Vaticano II (lo que es en realidad una cita del Vaticano I), dice que “todo lo que se ha dicho sobre la forma de interpretar la escritura está sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que lleva a cabo la comisión y el ministerio divino de custodiar e interpretar la Palabra de Dios” ( Dei Verbum , 12).
Naturalmente, aquí Francisco está recordando el punto de vista católico romano de que hay una profunda unidad entre la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia hasta el punto de que uno no puede medirse con los otros dos y viceversa.
El punto crítico es que el Magisterio representa la única voz “viva” de la Palabra y su interpretación de la Escritura es lo que en realidad importa y lo que finalmente cuenta.
De este modo, en lugar de dejar que la Escritura hable a la Iglesia y por encima de la Iglesia mediante el Espíritu, la Iglesia es la única voz autorizada de la Palabra, la cual está atestiguada en la Biblia y que también se extiende más allá de la misma.
El Papa cita de nuevo el Vaticano II (que a su vez cita el Concilio de Trento) cuando dice que “no es de la Sagrada Escritura sola que la Iglesia recibe su certeza acerca de todo lo que ha sido revelado. Por tanto, la tradición y la Sagrada Escritura están para ser aceptadas y veneradas con el mismo sentido de lealtad y reverencia”( Dei Verbum , 9).
Habrá otras oportunidades para que el Papa Francisco aborde temas teológicos y pueda expresar sus opiniones. No obstante, este discurso a la Pontificia Comisión Bíblica es una indicación del hecho de que el Papa presumiblemente no traerá el cambio a los asuntos fundamentales doctrinales y que es más bien conservador en su actitud teológica católico romana. Realmente, en el énfasis y el tono de la disertación parece que está dispuesto a dibujar una línea entre lo que la Iglesia Católico Romana cree y la “Sola Escritura”, que es el principio de la fe protestante.
 Traducción: Rosa Gubianas

Autores:  Leonardo de Chirico

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Dios ya tiene el mejor Plan

Publicado: febrero 19, 2013 en Teología

Óscar Margenet Nada

La iglesia y los lugares de culto (3)

Dios ya tiene el mejor Plan

 El Señor espera de nosotros obediencia a sus mandatos de amor. Nuestra obediencia se hace visible cuando le adoramos y servimos con gozo, pensando en agradarle sólo a Él, en el lugar donde estemos.

“Si Dios no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Dios no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.”Salmo 127:1

ADORACIÓN A DIOS Y LUGARES DE CULTO EN ISRAEL 
Entre el período Antiguo y la etapa que comenzaremos a estudiar hay un contexto geográfico-cultural que conviene repasar brevemente, pues en él actuará Israel como pueblo testimonial de Dios a las naciones. Recordemos que toda obra necesita de un plan y de agentes adecuados para llevarlo a cabo.Dos generaciones antes de que Jacob fuese llamado Israel por Dios, Abram – quien sería su abuelo y era conocido como “el hebreo”  (1)  – es enterado de la abducción sufrida por su sobrino Lot a manos del poderoso Quedorlaomer, a la sazón un temible guerrero que había devastado la tierra de entonces incluidos todos los vecinos de Abram; éste, con 318 varones de su casa, acude a rescatar a su pariente.

El relato culmina con la liberación de Lot, la derrota de Quedorlaomer y la misteriosa aparición de Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, quien bendice a Abram, introduce una categoría de sacerdocio sin precedentes y dos símbolos materiales: pan y vino; respectivamente, ellos son figuras del Mesías prometido a Israel y del memorial de su obra redentora a ser instituido por él.

Notemos dos detalles de importanciaque se mencionan al final de esta historia:  (2)

El primero nos muestra a Abram dando a Melquisedec el diezmo de todo lo conquistado, como respuesta visible a la bendición. El Altísimo le envía un mensajero que es, él mismo, el mensaje. No solo viene a confirmarle la aprobación divina a su generosa y abnegada misión; también es un encuentro profético pues prefigura al Cristo de Dios que vendría a redimir al mundo y ser las primicias en todo.

El segundo, como contraparte, muestra al rey de Sodoma quien, en el mismo lugar de culto e ignorando a Melquisedec, ofrece a Abram celebrar un pacto entre ellos. Este es el típico obrar de hombres que niegan la autoridad divina y se creen con derechos a negociar las bendiciones ajenas como propias.

Resumidos, estos hechos revelan la fe y conocimiento de Abram respecto de Dios y de su Plan eterno, frente a la prueba; y respecto de los paganos, a la hora de sellar la paz. Fe y conocimiento le guiaban a actuar con sabiduría. Abram no actuaba condicionado bajo ninguna circunstancia, sea esta adversa o beneficiosa. Para adorar y servir a Dios, cualquier ocasión y lugar le eran propicios.

 A pesar del error Abram no fue llamado a engaño.

Los años pasan y Abram sobrevive a hambrunas y dificultades, en su constante peregrinar desde Ur de los caldeos, pasando por Egipto, rumbo a la tierra prometida. El cumplimiento de la promesa de Dios de darle una descendencia incontable parecía no llegar nunca. Pero, Abram confiaba y esperaba. Sarai, su fiel esposa, seguramente contaba los días, semanas, meses y años sin que el milagro ocurriese. Y su ansiedad e impaciencia alimentaron en ella una solución: Abram tendría el hijo con su sierva, Agar.

Trece años después de esta otra típica decisión humana, y del nacimiento de Ismael, llegaría el tiempo de Dios precedido por varios anuncios tanto sobrenaturales como confirmatorios de la promesa y que Dios lleva a cabo mediante un pacto eterno con Abram, a quien le dice:

 “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto (…) En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones (…)  Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham. ”  (3)

Dios cambia los nombres de Sarai y Abram para que, en adelante recuerden el propósito que les tiene reservado: ser progenitores de un pueblo terrenal escogido para dar testimonio del Dios eterno. El pacto comienza a cumplirse con la obediencia al mandato divino y la circuncisión de todos los varones.

Es sabido que las naciones vecinas sacrificaban a sus primogénitos y los enterraban debajo de las casas para protección familiar. Dios impidió el sacrificio de Isaac no sólo para prefigurar el sacrificio expiatorio de Cristo, sino también para impedir que Israel practicase aquel cruel ritual pagano.

La confianza de Abraham no era algo descarnado ni extático. Los roles de padre, esposo, jefe de una enorme tribu y próspero hacendado los ejercía con plena confianza en Dios; esto le otorgaba un dominio propio que equilibraba sus emociones, sus pensamientos y sus decisiones. Ese carácter le era reforzado no solo cuando agradecía por la provisión de un Dios que le era real; sino cuando estaba atento para escuchar de Él lo que debería hacer para agradarle. Abraham actuaba por fe, no por vista.

Era una relación de ida y vuelta. No había dos monólogos antropocéntricos como “Dios me lo dijo” o “Yo le pedí a Dios”. Había un diálogo. Una conversación en la que Uno instruía y ordenaba (Dios ponía el orden) y el otro respondía con obediencia práctica y adoración constante (Abraham obraba en orden).

Este pacto es de Dios, no del hombre; es una iniciativa divina, de naturaleza teocéntrica; por lo tanto es eterno, invariable y perfecto. En el pacto divino, lo invisible de Dios se haría visible en Abraham, el hombre escogido para obedecer aportando lo visible y temporal, lo físico y complementario. Como vemos es un pacto donde sólo cuentan los tiempos de Dios.

Por esa razón, no se entiende el entusiasmo de muchos que insisten hoy desde el púlpito: “haz un pacto con Dios”, como si ello fuese necesario (o tan siquiera factible), y aseguran que Dios responderá en forma inmediata.

Los pueblos vecinos a lo que luego sería Israel tenían maneras de adorar semejantes a la de los hebreos. Usaban corderos para holocaustos como protección contra calamidades, y ofrendaban las primicias de sus cosechas para asegurar la fertilidad del suelo. Pero con ello aspiraban a satisfacciones temporales que premiasen su ambición. Dios siempre advirtió a Israel acerca de los peligros de contaminarse con la asimilación de costumbres y ritos propios de los pueblos que Él les permitiría conquistar; se lo repitió vez tras vez mucho antes de ocupar la tierra prometida, como veremos más adelante.

LA OBEDIENCIA Y EL SACRIFICIO
Un año después del pacto, Isaac nace en el tiempo anunciado por Dios y cuando aún era niño, su padre enfrentará la prueba más difícil de todas: a pesar de haberlo recibido de manera milagrosa y criado con genuino amor paterno, debía ofrecerlo en sacrificio.

Lejos de entrar en confusión o de repetirse hasta el cansancio “¿por qué justo a mí?” Abraham obedeció al pie de la letra con el mandato divino, e Isaac aprendió que la confianza de su padre (“Dios proveerá”) (4)  provenía de un hombre plenamente entregado al Creador y Sustentador de todo. Padre e hijo comprobaron que lo primero que necesita el ser humano es creer y esperar en Dios. Sólo Su fidelidad permite al creyente vivir en paz con Dios, con sus semejantes, con los suyos y consigo mismo, en cualquier circunstancia de la vida.

No faltan los que repiten aquella frase como muletilla fuera de todo contexto; como un “abracadabra” que les traerá la calculada “bendición”. Lo expresan como conjuro y esperan un bien como recompensa. Y como no les dé resultado se desmoronan preguntándose por qué Dios tarda tanto en responderles.

La historia bíblica enseña que había de transcurrir mucho tiempo antes de que Israel tomase posesión de Canaán. Dios planificó que llegue a esa instancia pasando previamente por cuatrocientos treinta años de dura esclavitud en Egipto.  (5)  Mucho tiempo es, podríamos pensar, para aprender que Dios tiene poder para liberar de mano de los poderosos a todos los que Él ama: los que le adoran y sirven sólo a Él. Y fueron necesarios otros cuarenta años de vagar en el desierto de este pueblo quejoso que seguía multiplicándose, antes de que avizorase la tierra prometida “de la que fluyen leche y miel”. (6)

El pacto de Dios con Abraham no habría de terminar con la Ley divina dada por Dios a Israel por medio de Moisés.  (7)  Hay una secuencia coherente e indestructible en el plan divino de hacerse para sí una familia. Su Plan es Cristo-céntrico; nada hay en él que no apunte a Jesucristo o no sea perfeccionado a partir de Él. Por eso, próximamente analizaremos en mayor detalle los lugares de culto en el período israelita del AT, recordando que aquellos eran peregrinos en busca de la tierra prometida. Por nuestra parte, al continuar con esta serie, haríamos muy bien en tener siempre presentes las inspiradas palabras del apóstol Pedro cuando nos habla como a peregrinos y extranjeros en la tierra:

 “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (8)

El Señor espera de nosotros obediencia a sus mandatos de amor. Nuestra obediencia se hace visible cuando le adoramos y servimos con gozo, pensando en agradarle sólo a Él, en el lugar donde estemos. Él lo ha planificado todo para que no nos falte nada, nunca. Podemos confiar pues Él es quien planifica.

Seguiremos con la serie  La iglesia y los lugares de culto (4)  en nuestra próxima nota:  Dios es el constructor , si Él así lo permite.

 1  Génesis 14:13
 2 Génesis 14:17-24
 3  Génesis 17 (sugiero leer todo este capítulo que es una verdadera joya de la literatura bíblica)
 4  Génesis 22:8,14
 5  Éxodo 12:40
 6  Números 14:33; Éxodo 3; 8, 17. También es muy interesante este reciente artículo:
 http://www.cbn.com/mundocristiano/Israel/2011/October/Israel-Tierra-de-Leche-y-Miel-una-profecia-cumplida/
 7 Gálatas 3:17
 8 1ª Pedro 2:9-10

Autores: Óscar Margenet Nadal
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Emilio Monjo Bellido

Pío Moa: ‘peca fuerte’ con Martín Lutero

 Proponer, como hace D. Pío Moa (Nueva Historia de España, p. 400; España contra España), que Lutero “exhorta” a pecar, en base a una famosa frase suya, es ignorancia o malicia.

 

 Nos encontramos con personajes en la Historia que su propio nombre se recibe con una significación que deja oculta a la persona. Uno de estos es Martín Lutero (1483-1546).

Aunque hubo muchos, anónimos unos, otros no tanto, que fueron piezas claves en lo que se llama la Reforma (en sus primeros pasos), la figura de Lutero se reconoce como referente obligado.

Y en él se proyecta el sentimiento sobre lo ocurrido.

 Para los que están convencidos de que era necesaria una reforma social, es figura notable, se tiene con él un sentimiento de simpatía; para los que piensan que debía mantenerse la situación con la primacía social de la iglesia vaticana, su persona es vista con desagrado . Son los resultados los que quedan pegados al personaje, y la persona suele quedar despegada y olvidada. De ella se toma solo lo que ayude a una mejor recepción del resultado.

 Una de las frases de Lutero que ha quedado pegada a su persona, y que es cita obligada por quien no ve bien la Reforma, y es cita incómoda para quien se siente cercano al personaje, es la de “peca, y peca fuerte (…) basta con reconocer al Cordero de Dios (…) y de él no nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”. Ahora la pongo entera y hablamos de ella.

Me anticipo a decir que, con la estima por la persona y su lugar en la Providencia divina (aspecto que, por ejemplo, siempre reconoció Calvino), y asumiendo que un ariete se valora por su fuerza y eficacia, no por ser bonito; en el caso de Lutero, el ariete bonito, bonito, no era.

Además, cuando ya se ha derribado la muralla, el ariete no sirve para edificar. Por ahí anda Lutero. Esa, creo, es su contradicción y su historia compleja y, en muchos casos, repudiable (nada que ver con su experiencia de conversión).

 Proponer, sin embargo, como hace D. Pío Moa (Nueva Historia de España, p. 400; España contra España, p. 211), que Lutero “exhorta” a pecar, en base a la citada frase, es ignorancia o malicia.

Con ello, además, se quiere colocar a la Reforma en esa dirección (no sería extraño, pues, que fuese la causante de “innumerables guerras civiles”).

 Vamos al contenido. Se encuentra en una carta que Lutero escribe a Melancthon  el 1 de agosto de 1521, cuando estaba “secuestrado” en Wartburg.

 En la misma contesta a varias cuestiones. No sabemos realmente las preguntas.

Era 1521, no hacía tanto de las Tesis (1517). Continúa vistiendo el hábito de monje agustino (se lo quitará en 1524); ha sido excomulgado por el papa en enero, y sobre él pesaba edicto imperial de proscripción, declarado prófugo y hereje en mayo.

Son los primeros tiempos. No es excusa, solo contexto.

La contestación donde está la frase.  Deus non facit salvos fictos peccatores. Esto peccator et pecca fortiter, sed fortius fide et gaude in Christo, qui victor est peccati, mortis et mundi; peccandum est, quamdiu hic sumus. Vita haec non est habitatio justitiae (…)  etc. Lo dejamos aquí en latín.

 El texto completo en castellano (lo tomo de la selección de obras que preparó Teófanes Egido, editada por Sígueme, Salamanca, 1977):

 Si eres predicador de la gracia, predica la gracia verdadera, no la gracia fingida; si la gracia es verdadera, ten la seguridad de que se trata del pecado verdadero, no del fingido, porque Dios no salva a los pecadores fingidos. Sé pecador y peca fuerte, pero confía y alégrate más fuertemente aún en Cristo, vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Hay que pecar mientras vivamos aquí. Esta vida no es la morada de la justicia, sino que, como dice Pedro, estamos a la espera de cielos nuevos, de una tierra nueva en la que habite la justicia. Basta con que por la riqueza de la gloria hayamos conocido al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; de éste no nos apartará el pecado, incluso aunque forniquemos y matemos miles y miles de veces cada día. ¿O es que crees que tan menguado es el precio de la redención de nuestros pecados, pagado por tan grande y buen cordero?

 Reza fuerte aunque seas un pecador fortísimo .”

 Juzguen ustedes. Lutero no está exhortando a pecar. Está consolando a un pecador real.

La semana próxima, d. v., seguimos cerca de este ariete en su actuación en la compleja rebelión de los campesinos.

A veces con él, otras en su contra. Siempre amparados por la mano del Redentor. Tuya, Señor, es la justicia y la misericordia; de nosotros, la confusión de rostro.

Autores: Emilio Monjo Bellido
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