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Los asesinatos de los periodistas de Charlie Hebdo han impulsado globalmente el debate sobre la libertad de expresión y sus límites.

 ¿La blasfemia debe ser protegida por la libertad de conciencia y la de expresión? ¿Tiene que acotarse y hasta penalizarse cuando hay quienes se sienten ofendidos o degradados al ser caricaturizados por los blasfemos? El tópico se ha redimensionado en las últimas semanas y reflexionar sobre el mismo es tanto un deber intelectual como vital.

Los asesinatos de los periodistas de Charlie Hebdo han impulsado globalmente el debate sobre la libertad de expresión y sus límites. Para unos dicha libertad debe ser irrestricta, ya que es un logro histórico en la construcción de sociedades horizontales. Para otros la libertad de expresión debe refrenarse ante lo que para ciertas personas y colectivos es considerado como sagrado.

Blasfemar es lanzar una blasfemia contra alguien o algo. La primera acepción de blasfemia está definida, por la Real Academia Española, como “palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos”. La segunda acepción incluye proferir “palabra gravemente injuriosa contra alguien”. Injuria es un “agravio, ultraje de obra o de palabra, y en términos jurídicos se considera “un delito o falta consistente en la imputación a alguien de un hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación”.

¿Los periodistas de Charlie Hebdo blasfemaron contra el profeta Mahoma, es decir lo ridiculizaron, ofendieron y menoscabaron su estima? Sin duda que lo hicieron. Estaban conscientes de que al caricaturizar a ése personaje millones de musulmanes se iban sentir ultrajados y burlados. Los dibujantes siempre reivindicaron su derecho al sarcasmo contra las representaciones y símbolos sagrados. Para ellos lo sagrado no se quedaba nada más en el terreno de lo religioso, sino que también abarcaba lo político, económico y sociocultural. En buena parte su labor periodística consistía en desacralizar todo tipo de tótems para bajarlos de sus pedestales. De ahí que sus punzantes caricaturas, cartones y tiras cómicas fuesen dirigidas contra encumbrados políticos, magnates empresariales, integrantes de las realezas europeas, dirigentes religiosos y reconocidos socialités.

El ácido humor del semanario Charlie Hebdo tiene sus semejantes en distintas partes del mundo, pero no, por supuesto, en lugares donde está prohibido legal o simbólicamente ridiculizar a los representantes de los poderes político, económico, religioso y patriarcal. El caso de la masacre en las oficinas de la publicación francesa ha llamado la atención mundial por la forma en que ocurrió el salvaje atentado y el número de víctimas. En estos aspectos el de Charlie Hebdo es un caso límite, un punto de quiebre que ha mostrado el alto precio que debieron pagar unos periodistas dispuestos a desnudar con su agudo humor los excesos de algunos fanáticos islamistas. Y escribo algunos, porque es un despropósito y deformación ofensiva estigmatizar al conjunto de los musulmanes por lo que unos integristas perpetraron el siete de enero en París. Valga como muestra de crítica y desacuerdo de feligreses musulmanes con la masacre de París las demostraciones en distintas ciudades de España, bajo el lema “Soy musulmán, no terrorista”.

No han faltado quienes prácticamente culpabilizan de su muerte a los periodistas de Charlie Hebdo, ya que los irreverentes sabían bien que podrían ser atacados por ofendidos musulmanes prestos a defender la honra de Alá y su profeta. ¿Para qué satirizar a un símbolo sagrado, si de hacerlo había elevada posibilidad de ser ajusticiado por iracundos vengadores del honor mancillado? Porque los de Charlie Hebdo reivindicaban plenamente la libertad de expresión, y de ella, en su vertiente humorística, hicieron una herramienta para desmitificar a ideas, prácticas y personajes sagrados. Para ellos no había intocables.

Quienes señalan la falta de respeto a la sacralidad por parte de los caricaturistas de Charlie Hebdo como resultado de su trágico fin, olvidan que no fue la mordacidad de los periodistas lo que les mató, sino la reacción fanática de los criminales. Lo evidente no ha sido bien comprendido por un buen sector que dice defender la libertad de expresión, pero al mismo tiempo pareciera conceder que los periodistas fueron víctimas de su irreverencia y no de sus fanáticos victimarios. El fanatismo no debe ser un atenuante a la hora de querer explicar sucesos como los de París, sino un agravante que llame la atención de quienes pensamos en la importancia de construir sociedades diversas y, por lo tanto, multiculturales.

Con buenas intenciones desde distintos lugares se llama a ser respetuosos con las creencias, sobre todo religiosas, de los otros y otras. Respetar significaría no burlarse, ni caricaturizar, como lo hicieron los de Charlie Hebdo, figuras sagradas para ciertas personas y grupos. La libertad de expresión, dicen, debe limitarse para no irrespetar a los demás. El problema es que históricamente el irrespeto ha sido un motor de transformaciones en sociedades cerradas en determinados ámbitos. El sentido del humor, muchas veces duramente ofensivo, ha sido fuente de desacralizaciones necesarias para que las sociedades se democraticen, sean más participativas y se amplíen las libertades y derechos ciudadanos.

Desde todo tipo de poderes se busca someter a los irreverentes cuando éstos no respetan la jerarquía o sentido del honor de aquéllos. Las armas de los irrespetuosos son la crítica, la desdivinización de quienes se pretenden infalibles y reclaman obediencia irrestricta. La historia universal abunda en casos de irrespetuosos que fueron precursores de cambios mentales y posteriormente culturales que sedimentaron reivindicaciones benéficas para muchos, incluso para los opositores de esos cambios. De semejante itinerario da cuenta, por ejemplo, Perez Zagorin, en How the Idea of Religious Toleration Came to the West, Princeton University Press, 2003.

Escribo este artículo para Protestante Digital el 21 de enero, en la misma fecha que hace 490 años un pequeño grupo retomó la enseñanza neotestamentaria sobre que la Iglesia cristiana se conforma de creyentes, quienes de forma voluntaria y formando parte de una comunidad de fe se comprometen a seguir a Cristo, dan testimonio público mediante bautismo de adquirir tal compromiso, propagan el mensaje, afirman la separación Estado-Iglesia(s), son constructores de paz y renuncian al uso de la violencia. Desde fuera del movimiento les dieron el mote de anabautistas y en el siglo XVI ningún otro grupo fue tan perseguido, y con tantos (hombres y mujeres) entre sus filas en ser martirizados y/o ejecutados en la horca, ahogados, decapitados o quemados en la hoguera. Entre las acusaciones que sus perseguidores les hicieron estuvo la de blasfemia, herejía, enemigos del Estado (por no estar dispuestos a empuñar la espada en defensa de un territorio y sus gobernantes).

Confieso que me identifico doctrinal y vitalmente con el anabautismo, y por lo mismo creo que la forma de convencer a otros debe ser la persuasión mediante argumentos, no la imposición y menos la violencia. Me pongo del lado de la libertad de expresión, incluso cuando no comparto ni estoy de acuerdo con quien incurre en excesos que son ofensivos. No me parece sensato hacer burla de la tragedia de otros y otras, ni hacer escarnio de sus debilidades o fracasos.

Antes del sangriento atentado Charlie Hebdo podría ser considerado un semanario casi marginal, circulaba sesenta mil ejemplares de cada número. La edición posterior al criminal ataque fue de tres millones de copias que se agotaron en pocas horas, y por las redes sociales se subastan a postores dispuestos a pagar tres mil dólares o más por tener un número de la edición. El mercado lo banaliza todo. El semanario, me parece, iba cuesta abajo y perdía lectores por lo grotescamente reiterativo de sus sátiras. Ya no era tanto la irreverencia lo que le alejaba potenciales adquirientes a la publicación, sino el tono francamente provocador, de buscapleitos y permanente sarcasmo (burla sangrienta, ironía mordaz y cruel) con el que exhibía temas y personas. Con todo, los periodistas de Charlie Hebdo tenían derecho a hacer lo que hacían, a blasfemar como ejercicio de su libertad de conciencia y expresión. A ese derecho unos fanáticos antepusieron el sentido del deber, consistente en aniquilar a los burlones, creyendo que al hacerlo cumplían con un mandato divino.

 

http://protestantedigital.com/magacin/35090/blasfemia_y_libertad_de_expresion


#jesuisNigeria

Los mismos días de los atentados en París, unas dos mil personas, la mayoría cristianos, morían a manos de Boko Haram en Nigeria. Ante el grito de ‘#jesuisCharlie’, muchos echaron en falta ‘#jesuisNigeria’

FUENTES Cadena Ser LAGOS
#jesuisNigeria, viñeta
Una viñeta de #jesuisNigeria

En las últimas semanas el mundo ha sido testigo de la enorme movilización en respuesta a los atentados de París. Los ataques yihadistas a la revista ‘Charlie Hebdo’ y al supermercado judío dejaron un total de 17 muertos.

Sin embargo, mientras los hechos se sucedían, en otra parte del mundo ocurría otra importante masacre de la que poca gente habló. En Nigeria el grupo Boko Haram, también yihadista, asesinaba a unas dos mil personas en lo que se ha considerado como su ataque «más letal» hasta el momento, tal y como informó Amnistía Internacional.

Ante esto, un sector de la sociedad alzó la voz por la desigualdad del nivel de protestas entre ambas tragedias. La polémica se ha desatado especialmente en las redes sociales, donde la gente ha mostrado su indignación.

Preguntas como ¿Por qué no se habla de Nigeria?, ¿Por qué nadie protesta contra Boko Haram?, o ¿Que hay de #jesuisNigeria? se han repetido en las redes. No obstante, estas protestas se han dado de forma minoritaria.

Otra de las viñetas de #jesuisNigeria

BOKO HARAM

Boko Haram cuyo significado es ‘la cultura occidental es pecado’, es un grupo islamista considerado como ramificación de Al Qaeda. Su actividad se centra sobre todo en Nigeria, aunque ya se ha infiltrado en Chad, Camerún y Níger convirtiéndose en una amenaza regional. Para hacer frente a este problema en la zona, hasta el momento sólo se han reunido diversos líderes de países de África Occidental para coordinar esfuerzos y así combatir a los yihadistas, mientras que la Unión de Estados Africanos empieza ahora a movilizarse.

El grupo nigeriano se dio a conocer internacionalmente tras el secuestro de doscientas niñas en Nigeria en abril de 2014, un acto que sí provocó la movilización de la comunidad internacional y de grandes personalidades como la primera dama de EEUU, Michelle Obama.

Posteriormente, con el paso del tiempo el suceso pasó al olvido retomado únicamente por voces puntuales que recordaban la vigencia del secuestro, pues aunque el grupo extremista anunció que liberaría a las rehenes hace unos meses, finalmente se retractó y la mayoría de ellas siguen en paradero desconocido.

En los últimos días se han seguido produciendo trágicos hechos en el país africano. Varias niñas de 10 años han sido utilizadas por Boko Haram para cometer ataques suicidas causando numerosas víctimas y los secuestros de niñas, tampoco han cesado. Se trata de sucesos que a pesar su crudeza, normalmente nos son incluidos entre los grandes temas de la agenda internacional.

http://protestantedigital.com/sociedad/35029/Quien_llora_las_victimas_de_Boko_Haram_en_Nigeria


Queman diez iglesias, la mayoría protestantes, en Níger. Protestas tras la oración musulmana del viernes, desde Ammán a Karachi pasando por Jartum.

FUENTES BBC, AFP BAGDAD
Islam, Charlie Hebdo
Manifestación en Níger contra Charlie Hebdo

Un saldo de cuatro muertos y 45 heridos, así como 10 iglesias (la mayoría evangélicas) y varios edificios incendiados dejó ayer una marcha en el centro-este de Níger que se tornó violenta contra el semanario francés Charlie Hebdo, por caricaturizar nuevamente en su última edición al profeta Mahoma.

Ls manifestantes también asaltaron tiendas administradas por cristianos.

Reportes de las autoridades indican que los disturbios se iniciaron tras el llamado de imanes, después de la oración del viernes, para condenar la presencia del presidente del país, Issoufou Mahamadou, el pasado domingo en la manifestación de París en repudio por los atentados yihadistas que dejaron 17 muertos.

Más de 4 mil personas salieron furiosas a la calle después de la oración del mediodía y animados por los imanes, protestando contra la participación del presidente Mahamadou el pasado domingo en París, donde, según ellos, “se blasfemó al profeta”.

Según fuentes policiales, uno de los muertos es un policía que fue golpeado por manifestantes y los otros tres son civiles. “Los enfrentamientos fueron muy violentos en algunos lugares”, dijeron testigos a medios locales.

 

54baa91b3bae7_islamWUna de las iglesias quemadas en Níger

El Instituto francés, una escuela de misioneros y la sede del Partido Nigeriano para la Democracia y el Socialismo, formación del presidente, también fueron atacados por manifestantes.

Los manifestantes también protestaron por el último número del semanario satírico francés Charlie Hebdo, en cuya portada se ve a Mahoma entristecido y derramando una lágrima mientras muestra el eslogan “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie), rematado por el titular “Todo está perdonado”.

El mundo musulmán, tanto en su rama mayoritaria sunita como en la minoritaria chiita, reaccionó negativamente a la publicación de este último número, que calificó de provocación.

 

AUMENTA LA IRA DEL MUNDO MUSULMÁN

La ira por las caricaturas del profeta Mahoma, publicadas por el semanario francés Charlie Hebdo, aumentó ayer en muchos países musulmanes, donde se registraron protestas y disturbios.

 

Anti-Charlie Hebdo protesters in Quetta, PakistanLas protestas, que coincidieron con la oración musulmana del viernes, partieron de las mezquitas para llegar a las embajadas de Francia, desde Ammán a Karachi (Pakistán, donde reportan tres heridos), pasando por Jartum.

En Jordania, la policía se enfrentó a miles de manifestantes que intentaron acercarse a la sede diplomática.

En Sudán, centenares de personas marcharon por el centro de Jartum con pancartas en las que se leía: “Muerte a ‘Charlie Hebdo’”, “exigimos que Francia pida perdón” y “nos sacrificamos por ti, profeta”.

En Líbano también hubo protestas en las que participaron libaneses y palestinos, en el norte y sur del país.

Miles de sirios, entre mujeres y niños salieron a las calles de Alepo y sur de Damasco, para condenar la publicación de caricaturas de Mahoma.

Otros países que protestaron contra las viñetas de Charlie Hebdo fueron Yemen y Omán, mientras que instituciones religiosas, como los ulemas de Arabia Saudita, volvieron a criticar las caricaturas que “dañan los sentimientos de los musulmanes “.

 

http://protestantedigital.com/internacional/35025/Ira_en_el_mundo_musulman_contra_Charlie_Hebdo


En 200 colegios de Francia se registran incidentes tras los atentados de París

El Gobierno francés implantará una asignatura de educación “moral y cívica”

Najat Vallaud-Belkacem, ministra de Educación francesa, en una escuela donde un alumno fue agredido por apoyar a Charlie Hebdo. / GUILLAUME SOUVANT (AFP)

En Noisy-le-Sec, otro de esos humildes municipios que rodean la capital francesa, el liceo de formación profesional Théodore Monod lleva el nombre de un gran explorador francés del siglo pasado, especialista en los desiertos y conocido militante pacifista y por los derechos humanos. El eco de su legado sigue resonando estos días entre las cuatro paredes de este gran centro educativo de perfil “problemático”, según sus responsables, que acoge a 800 alumnos de 45 orígenes distintos.

Sus educadores están comprometidos en la misma causa. Organizan viajes, de manera voluntaria, para que los alumnos descubran los campos de concentración en Polonia o los memoriales del Holocausto en Israel. Los que no llegan tan lejos se conforman con visitar el Instituto del Mundo Árabe o el Museo del Judaísmo en París. En esta escuela multicultural, la convivencia resulta clave.

Sin embargo, tras los atentados de la semana pasada —contra la revista satírica Charlie Hebdo y un supermercado judío—, hubo quien se negó a homenajear a los caídos. Al llegar la hora de respetar un minuto de silencio, algunos alumnos se negaron. Para ellos, la libertad de expresión no era sagrada. No se podía ridiculizar así su religión. “Fueron casos minoritarios, que afectaron a dos o tres clases sobre 40. Pero no hay que negar los problemas”, admite el director del centro, Pierre Baudry. “No todos los alumnos entienden que, en una República laica, tenemos derecho a expresarnos libremente y a criticar una religión”, añade.

Ante el conflicto, los profesores intentaron razonar con sus alumnos, aunque no siempre con éxito. “La mayoría lo acaba entendiendo. Otros nos escuchan y aceptan nuestra lógica, pero no la comparten. Lo que les han transmitido fuera de la escuela respecto a su religión termina ganando”, añade Baudry. A la salida, un grupo de alumnas confirman que la adhesión no fue unánime. “En mi clase nadie dijo nada, pero sí en el patio. Muchos no estaban de acuerdo en homenajear a personas que insultan su religión”, dice una.

Este instituto es uno de los 200 centros franceses donde se han producido incidentes en los últimos 10 días, según datos del Ministerio francés de Educación. En la mayoría de casos, fue solo la reticencia a aceptar ese minuto de silencio lo que produjo el problema. Pero también hubo situaciones más graves. “Cuarenta incidentes han sido transmitidos a los servicios de policía y de justicia. En algunos casos, se trataba de apología del terrorismo”, ha dicho la titular de Educación, Najat Vallaud-Belkacem. En otros casos, se produjeron amenazas a profesores o alumnos. En Châteauroux, tres estudiantes del instituto Blaise-Pascal fueron imputados este viernes por haber agredido a un compañero que defendió la causa de Charlie Hebdo en las redes sociales.

Vallaud-Belkacem ultima medidas de urgencia para mejorar la transmisión de los valores republicanos en el contexto escolar. Tras el reflejo de garantizar la seguridad, Francia se pregunta si el problema no estará también en la escuela. “No pasa nada si a un alumno no le gusta Charlie Hebdo. Está en su derecho. El problema llega cuando justifica que es normal que una persona muera por una caricatura, o que tenían razón en matarlos y que hubiera bastado con no provocar. Eso es lo inaceptable y es lo que tenemos que solucionar”, apuntan fuentes del ministerio. Vallaud-Belkacem tendrá que precisar sus medidas a finales de la próxima semana, pero ya ha dado algunas pistas. De entrada, un mejor aprendizaje de “los valores humanistas”, pero también del “hecho religioso” en el marco del Estado laico. “Tras una ronda de consultas, hemos deducido que una mejor comprensión de las religiones puede inducir a una mayor tolerancia”, añaden en el ministerio.

Varios alumnos se negaron a guardar el minuto de silencio por las víctimas

Una nueva asignatura de educación “moral y cívica” se impartirá a partir de septiembre en primaria y secundaria. El ministerio se ha comprometido a potenciar la formación continua de los maestros. Además, la ministra quiere preservar “la cultura de la razón y del juicio, contra las teorías de la conspiración”. Según sus propias palabras, “uno de cada cinco estudiantes cree en las teorías del compló”.

Los sindicatos dan su visto bueno, aunque con matices. “Un puñado de centros concentran a los estudiantes más pobres, sin diversidad social alguna. No basta con hablar de justicia social. Tienen que verla a su alrededor para poder entenderla”, opina Frédérique Rolet, secretaria general del SNES, sindicato mayoritario de profesores de secundaria. Para ella, los problemas han sido “excepcionales”, aunque representativos de “un problema cotidiano”. “Los profesores tienen dificultades para transmitir ciertos contenidos, de la teoría de la evolución a la enseñanza del Corán, cuando llega la hora de hablar de los textos fundadores de la humanidad”, concluye.

 

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/16/actualidad/1421438256_885270.html

I Am Not Charlie Hebdo

Publicado: enero 10, 2015 en Iglesia, opinión, Sociedad

The journalists at Charlie Hebdo are now rightly being celebrated as martyrs on behalf of freedom of expression, but let’s face it: If they had tried to publish their satirical newspaper on any American university campus over the last two decades it wouldn’t have lasted 30 seconds. Student and faculty groups would have accused them of hate speech. The administration would have cut financing and shut them down.

Public reaction to the attack in Paris has revealed that there are a lot of people who are quick to lionize those who offend the views of Islamist terrorists in France but who are a lot less tolerant toward those who offend their own views at home.

Just look at all the people who have overreacted to campus micro-aggressions. The University of Illinois fired a professor who taught the Roman Catholic view on homosexuality. The University of Kansas suspended a professor for writing a harsh tweet against the N.R.A. Vanderbilt University derecognized a Christian group that insisted that it be led by Christians.

Americans may laud Charlie Hebdo for being brave enough to publish cartoons ridiculing the Prophet Muhammad, but, if Ayaan Hirsi Ali is invited to campus, there are often calls to deny her a podium.

So this might be a teachable moment. As we are mortified by the slaughter of those writers and editors in Paris, it’s a good time to come up with a less hypocritical approach to our own controversial figures, provocateurs and satirists.

The first thing to say, I suppose, is that whatever you might have put on your Facebook page yesterday, it is inaccurate for most of us to claim, Je Suis Charlie Hebdo, or I Am Charlie Hebdo. Most of us don’t actually engage in the sort of deliberately offensive humor that that newspaper specializes in.

We might have started out that way. When you are 13, it seems daring and provocative to “épater la bourgeoisie,” to stick a finger in the eye of authority, to ridicule other people’s religious beliefs.

But after a while that seems puerile. Most of us move toward more complicated views of reality and more forgiving views of others. (Ridicule becomes less fun as you become more aware of your own frequent ridiculousness.) Most of us do try to show a modicum of respect for people of different creeds and faiths. We do try to open conversations with listening rather than insult.

Yet, at the same time, most of us know that provocateurs and other outlandish figures serve useful public roles. Satirists and ridiculers expose our weakness and vanity when we are feeling proud. They puncture the self-puffery of the successful. They level social inequality by bringing the mighty low. When they are effective they help us address our foibles communally, since laughter is one of the ultimate bonding experiences.

Moreover, provocateurs and ridiculers expose the stupidity of the fundamentalists. Fundamentalists are people who take everything literally. They are incapable of multiple viewpoints. They are incapable of seeing that while their religion may be worthy of the deepest reverence, it is also true that most religions are kind of weird. Satirists expose those who are incapable of laughing at themselves and teach the rest of us that we probably should.

In short, in thinking about provocateurs and insulters, we want to maintain standards of civility and respect while at the same time allowing room for those creative and challenging folks who are uninhibited by good manners and taste.

If you try to pull off this delicate balance with law, speech codes and banned speakers, you’ll end up with crude censorship and a strangled conversation. It’s almost always wrong to try to suppress speech, erect speech codes and disinvite speakers.

Fortunately, social manners are more malleable and supple than laws and codes. Most societies have successfully maintained standards of civility and respect while keeping open avenues for those who are funny, uncivil and offensive.

In most societies, there’s the adults’ table and there’s the kids’ table. The people who read Le Monde or the establishment organs are at the adults’ table. The jesters, the holy fools and people like Ann Coulter and Bill Maher are at the kids’ table. They’re not granted complete respectability, but they are heard because in their unguided missile manner, they sometimes say necessary things that no one else is saying.

Healthy societies, in other words, don’t suppress speech, but they do grant different standing to different sorts of people. Wise and considerate scholars are heard with high respect. Satirists are heard with bemused semirespect. Racists and anti-Semites are heard through a filter of opprobrium and disrespect. People who want to be heard attentively have to earn it through their conduct.

The massacre at Charlie Hebdo should be an occasion to end speech codes. And it should remind us to be legally tolerant toward offensive voices, even as we are socially discriminating.


Charles Tieszen

«El terrorismo relacionado con la religión existe en más del 30% de los países del mundo. Y más de un tercio de los países a nivel mundial usa la fuerza para imponer normas religiosas» dice Charles Tieszen.

mujer llorando

En 2007, menos del 30% de los 198 países y territorios del mundo tenían restricciones u hostilidades religiosas altas o muy altas. Sólo cuatro años después, el número había crecido a un 40% (Grim 2013), una tendencia que es muy posible que continúe.

De forma similar, si el siglo XX fue el “siglo más sangriento”, particularmente en cuanto a martirios de cristianos, el siglo XXI está viendo crecer aún más el número de mártires cristianos, unos 100.000 en 2013 y la tendencia al incremento. (Johnson y Crossing 2013; Johnson 2012).

 

PANORAMA DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

Según Brian Grim, experto en temas de libertad religiosa, más de cinco mil millones de personas viven actualmente bajo restricciones u hostilidades religiosas, la mayoría de ellas sufridas por minorías religiosas (Grim 2013). La designación de Grim de “restricciones religiosas (o “restricciones de gobierno”) y “hostilidades religiosas”, son términos importantes y de ayuda para comprender la persecución religiosa hoy en día:

Las restricciones religiosas son leyes impuestas por los gobiernos. Por ejemplo, una ley por la cual se considere que blasfemar sobre un principio religioso es punible  con prisión o muerte, es una restricción religiosa gubernamental.

Las hostilidades religiosas pueden verse como consecuencias de un funcionamiento contrario a la norma aplicada por una sociedad.

Como ilustra Grim, el antagonismo, amenazas, e incluso la violencia física que los musulmanes Ahmadiyya experimentan a veces como resultado de restricciones gubernamentales que les son impuestas (por ejemplo, restringir legalmente la actividad de sus mezquitas) son hostilidades sociales (ib ídem).

Definiciones socio-políticas como estas son útiles a la hora de entender la persecución y aumentan nuestra capacidad de calibrar, analizar y ayudar a las víctimas de la persecución religiosa.

Teniendo esto presente, Grim señala que dos terceras partes de la población del mundo viven en países con restricciones gubernamentales altas:

Más concretamente, un cuarto de la población mundial vive en países con leyes que restringen los símbolos religiosos, y en más de un tercio de los países del mundo encarcelan a la gente basándose en la religión.

Es significativo que el 23% restringe la conversión, una restricción que cuando se incumple, a menudo lleva a la hostilidad social.

Más de la mitad de la población del mundo vive en países con altas hostilidades sociales hacia sus religiones:

Esto incluye a uno de cada siete países donde la violencia sectaria está presente.

El terrorismo relacionado con la religión existe en más del 30% de los países del mundo y más de un tercio de los países a nivel mundial, usa la fuerza para imponer normas religiosas. (Ibid.)

Desde luego, muchos de estos datos se refieren a restricciones y hostilidades donde su incidencia es más frecuente. Sin embargo, también se dan restricciones y hostilidades poco frecuentes. Por ejemplo, mientras que Egipto o Rusia pueden tener restricciones gubernamentales altas, (por ejemplo, restricciones a las conversiones en Egipto o a las mezquitas en Rusia), los símbolos religiosos se han restringido en Reino Unido, donde las restricciones u hostilidades no son frecuentes en general (Ibid).

Estas estadísticas  no sólo demuestran que la persecución religiosa en un problema global sino que la persecución no es sólo una preocupación cristiana. Sin embargo, los cristianos son el único grupo religioso más extensamente perseguido en el mundo hoy; se calcula un 75% de los actos de intolerancia religiosa se dirigen contra cristianos, según estima una fuente. (Marshall, Gilbert y Shea 2013, 4).

 

CRISTIANOS EN ORIENTE MEDIO

Por tomar una región como ejemplo, los países de Oriente Medio y Norte de Africa (MENA), ocupan un alto puesto en la escala de Grim que mide las restricciones gubernamentales y hostilidades sociales conectadas con la religión. En esta región, los cristianos existen como minoría religiosa, a menudo la minoría religiosa más grande entre otras:

Muchos países MENA favorecen una religión en detrimento de otras.

De hecho, estos países están ocho `puestos por encima de otros del resto del mundo en cuanto a discriminación religiosa.

De forma similar, se sitúan casi cuatro veces por encima de los países del resto del mundo en cuanto a violencia sectaria relacionada con las restricciones religiosas.

Corriendo el riesgo de simplificar demasiado, las razones para el aumento de la persecución religiosa en los países MENA son numerosas y probablemente son mezcla de factores religiosos, históricos, políticos y económicos. Tienen una larga historia de control de comunidades religiosas por medio de restricciones gubernamentales:

  • Los bizantinos ponían impuestos a las minorías religiosas que conquistaban.
  • Después los gobernadores musulmanes usaron un sistema muy parecido para controlar a los grupos no musulmanes que regían.
  • Bajo los otomanos, los grupos religiosos fueron divididos y subdivididos en “millets”.
  • Controles restrictivos similares se emplearon en la región bajo los mandatos británico y francés.

Con unos controles tan rígidos sobre poblaciones (y etnias) religiosas, las hostilidades sociales son inevitables, especialmente si un grupo religioso asciende al poder.

Más aún, los cristianos pueden a veces pagar el precio de las reacciones contra la dominación y la influencia de Occidente en la región.

Mientras que los levantamientos árabes de 2011, fueron en general reacciones a una tiranía percibida contra los gobiernos apoyados por Occidente, trajeron algunas libertades políticas, a menudo no obtuvieron libertades religiosas para las minorías de la región. En algunos casos, las conexiones percibidas entre el Cristianismo y Occidente- percepciones no favorecidas por la presencia política de Occidente, ni por la historia de las misiones cristianas, no siempre caritativas- pueden hacer que algunas poblaciones cristianas locales, por muy antiguas que sean, resulten sospechosas para muchos.

En el futuro, si el rol del Islam en el gobierno se convierte en un rasgo más decisivo en los países MENA, el lugar de la discriminación religiosa, incluso si es (erróneamente) visto como un medio para controlar a los grupos religiosos, debe ser desafiado. Más aún, a medida que los cristianos occidentales intenten defender las libertades religiosas de sus hermanos y hermanas en la zona, a los cristianos locales se les debe permitir llevar el liderazgo a la vez que enfatizar un espíritu de verdadera solidaridad y unidad de unos con otros.

 

DESARROLLO DE UNA TEOLOGÍA DE PERSECUCIÓN

Los cristianos deben reflexionar sobre lo que el aumento de la tendencia de la persecución religiosa significa para la iglesia hoy en día. Hacerlo supondrá emprender una reflexión teológica sobre la persecución más desarrollada que la que la iglesia ha exhibido en el pasado (Tieszen 2008, 18-35).

Una de las luchas más generalizadas de la Iglesia en esta área es su malentendido común de considerar persecución sólo la violencia física. De hecho, la persecución puede ocurrir de muchas forma no violentas, como el antagonismo, ostracismo, restricciones legales, etc. De hecho, aunque algunas restricciones pueden conducir a las hostilidades violentas, también puede darse el caso de que las restricciones legales sobre religión sean tan estrictas que las hostilidades violentas sean frenadas o incluso anuladas:

Por ejemplo, restringir la vida y la actividad de una comunidad religiosa a un “ghetto”, proscribe también la interacción con otras comunidades religiosas y de esta forma elimina también posibles violencia inter-religiosas.

Poner demasiado énfasis sobre los actos violentos puede suponer el riesgo de pasar por alto las restricciones no violentas que son aún formas de persecución.

La iglesia debe también elaborar una definición teológica profunda de la persecución religiosa de los cristianos, una definición que complemente definiciones socio-políticas como las de Grim y otros (Tieszen 2012). Con una definición adecuada, la Iglesia será capaz de identificar la persecución dónde y como quiera que se dé, enfrentarse a una buena reflexión teológica sobre el hecho, y ofrecer intervención comprensiva a favor de las víctimas:

Un área donde esto se puede sentir más es en la creciente presencia de la secularización y privatización de la religión en Occidente, posiblemente una forma de persecución particular.

Si este es el caso, entonces la Iglesia, especialmente en Occidente, debe reflexionar sobre su papel en la sociedad donde es cada vez más marginal y marginada.

 

DEFENSA Y SOLIDARIDAD

El aumento de la tendencia a las restricciones religiosas y hostilidades sociales significa tambien que la iglesia debe  continuar en su esfuerzo de abogar por las libertades religiosas y solidarizarse con los que sufren. Esfuerzos apoyados por la obra de Grim, la lista World Watch List (www.worldwatchlist.us), el Instituto Internacional de Libertades Religiosas (www.iirf.eu) y otros.

Sin embargo, los cristianos en Occidente- todavía más capaces de ayudar a las personas no occidentales que son más frecuentemente las víctimas de una persecución intensa- deben pensar más en lo que significa estar presentes entre los que sufren.

La iglesia debe plantearse formas en las que sus esfuerzos para promover y apoyar las libertades religiosas, complementen su rol teológico y bíblico como pueblo que sufre. Esta última consideración teológica, puede señalar aún más la importancia en grandes sectores de las Iglesias para recuperar la teología del martirio y la persecución, especialmente una teología que ofrezca un lugar para la memoria y la honra de los mártires de la Iglesia.

 

IMPLICACIONES IGLESIA- ESTADO

Finalmente, si  bien la intervención de la Iglesia es vital, la forma en la que la Iglesia se implique en abogar junto con los gobiernos, tiene importantes implicaciones teológicas para las relaciones Iglesia-Estado:

Si, en su esfuerzo de presionar a los gobiernos, la Iglesia cede el control de las libertades religiosas a organizaciones seculares gubernamentales, entonces la Iglesia puede perder su testimonio visible y auténtico, tanto que no podrá funcionar como un cuerpo que exprese auténtica solidaridad con los que son perseguidos (Hauerwas 1999).

Cuando esto ocurre, la Iglesia funcionalmente interioriza la religión.

Como resultado, la Iglesia vende su libertad al Estado; los cristianos se convierten en responsables del alma, mientras que los grupos y gobiernos seculares controlan el cuerpo. (Cavanaugh 2002, 87).

Entendido desde un punto de vista teológico, Cristo es la cabeza de la Iglesia, cuerpo y alma. La verdadera libertad religiosa entonces, se encuentra cuando esta es parte del cuerpo unificado de Cristo y funciona desde una posición de integración, no sólo preocupándose por las almas perseguidas, sino teniendo algo que decir al mundo sobre la persecución de las personas también.

Esta última función no es sólo trabajo de los gobiernos, un punto que está impactando significativamente en las relaciones Iglesia-Estado y que significa que la iglesia es un cuerpo perseguido.

 

CONCLUSIÓN

Hay una tendencia creciente de la persecución religiosa en el mundo de hoy. Si bien los cristianos no tienen el monopolio del sufrimiento,  son frecuentes víctimas de ella y continuarán sufriendo su presencia en el mundo.

La Iglesia debe ser el cuerpo sufriente de Cristo en el mundo. La realidad de la persecución en la vida de la Iglesia, también habla de sus realidades teológicas. La Iglesia debe continuar reflexionando teológicamente sobre la persecución que padece incluso si aboga por las libertades religiosas que la humanidad merece.

 

 

Charles L. Tieszenm Ph. D. (Universidad de Birmingham, Reino Unido, 2010) es catedrático adjunto en el Seminario Teológico Fuller (norte de California) y especialista en relaciones entre cristianos y musulmanes. Cuenta con numerosos escritos sobre la persecución religiosa y el diálogo inter- religioso. Fue anteriormente investigador en el Centro para el estudio del Cristianismo Global y actualmente reside en California del Norte con su mujer Sara y  su hijo Brahm. (tieszen@gmail.com)

 

http://protestantedigital.com/blogs/34944/La_persecucion_global_a_los_cristianos


La única respuesta que puede vencer esta batalla de principios viciados y fanatismo religioso es la proclamación del Evangelio de Jesucristo.

Manifestaciones en París tras el ataque terrorista del miércoles.

Asistimos boquiabiertos a un nuevo atropello contra la libertad de expresión. ¿Su resultado? No solo la muerte de 12 creativos amantes de la libertad en un país donde su ADN está impregnado de ella, si no un certero tiro a la tolerancia, y a la pluralidad.

Mis pensamientos vuelan hacia una realidad por muchos desconocidas. Una realidad de no fácil solución. Sin recetas mágicas ni remedios al alcance de gobiernos, políticas o buenas intenciones.

Es a mi entender un error plantear el debate de este hecho desde un ángulo político. Claro está que para la sociedad y los gobiernos no hay otra respuesta.

Pero es por todos conocidos que gobiernos europeos invirtieron miles de millones de euros, años de trabajo y cesión de parte de sus libertades ancestrales en aras de alcanzar una convivencia integradora entre las crecientes olas inmigratorias por ellos experimentadas.

Las políticas de integración no dieron resultados. La evidencia está a la vista. Las políticas de multiculturalidad y sus ramas de mediación tampoco.

Creo como muchos, y estoy convencido que lo que vivimos es una guerra. No de barbarie del sigo 6 contra las democracias del sigo 21. No de atropellos de fuertes contra débiles. De imperios contra vasallos. Es una lucha de principios viciados y fanatismo religioso.

Ambos corrompidos. Ambos equivocados. Ambos destructivos.

Pero ante este panorama, compartido o no, ¿hay una respuesta que traiga paz? Sí, pero también es dolorosa y a la vez requerirá de plenitud y valentía.

Me refiero que la respuesta está en un signo de debilidad y aparente fracaso. Esta búsqueda de respuesta nos hace levantar la mirada y fijarla, sin un ápice de movimiento, en una cruenta cruz de un monte llamado Gólgota. Allí se encuentra la Paz que el mundo necesita. Para los musulmanes la paz es la victoria del honor sobre la vergüenza. Para occidente la paz es la ausencia de conflictos. Para el Creador la paz, no es NI VICTORIA NI AUSENCIA, la Paz es Jesucristo el Mesías.

Esta Paz, no es un sentimiento subjetivo ni un estado de aparente quietud. Lograr esta Paz requerirá volver nuestra mirada hacia esa Cruz y entregar allí el tesoro más caro de valor humano. Nuestra propia vida, para que partiendo de allí los valores y principios de este Nuevo Reino adquieran un compromiso de Paz.

Y es aquí donde la Iglesia, la verdadera Iglesia, no aquella que se levanta en pos de proclamas y declaraciones, si no Aquella que con valentía y en plenitud del Espíritu se expresa en confesar, en voz alta y sin titubeos, que la única respuesta que puede vencer esta batalla de principios viciados y fanatismo religioso, es la proclamación del Evangelio de Jesucristo.

Ni todo el poder el fanatismo religioso islámico, ni toda la ceguera y sordera de gobiernos del falsamente llamado mundo occidental y cristiano es comparable al poder del Cristo muerto y resucitado.

Frente a lo vivido estos días en Francia; frente al creciente avance de un estado islámico integrista y sanguinario. Frente a esta sociedad ciega y extraviada, que no encuentra su norte ni equilibrio, se levanta la Iglesia de Jesucristo. El pueblo de Dios, limpiado por la sangre preciosa de Jesucristo, para decir, sin temor ni claudicaciones: “Mirad a Mí, y sed salvos todos los términos de la tierra”.

Isaías 45.22

 

http://protestantedigital.com/blogs/34925/fanatismo_religioso_vs_principios_viciados


El rápido paso del ‘Je suis Charlie’ al “yo no soy Charlie” promueve la autocensura y convierte a una sociedad en rehén del despotismo

 

Curiosamente, el miércoles del atentado en París sobraba indignación en el mundo en defensa del principio inalienable de la libertad de expresión. El jueves ya empezaron los peros, los sin embargos y los no obstantes, según muchas voces, justificados para no ofender la sensibilidad religiosa de los musulmanes. Algunos pasaron rápidamente del Je suis Charlie al “yo no soy Charlie”, expresando oposición a la sátira por irresponsable e innecesariamente provocativa. Fue como si de pronto surgieran los halcones y las palomas de la libertad de expresión.

Sea por temor o por ser políticamente correctas, surgió entre las palomas la desafortunada noción que la provocación en cuestión promovió el ataque. Es un argumento que revictimiza a la víctima, desafortunadamente. Uno piensa inmediatamente en la literatura feminista, por ejemplo, plagada de escenarios de esta naturaleza, desde el atuendo de la mujer en casos de agresión sexual hasta la inconveniencia de desafiar la autoridad del hombre en casos de abuso. Voluntariamente o no, es un razonamiento que casi siempre llega a una sutil justificación de la violencia en cuestión. Al final uno hasta puede olvidarse de la nada sutil diferencia que existe entre el grafito y el plomo.

Independientemente de ser un ultra de la libertad de expresión —como quien aquí escribe— no un moderado —como aquellos dispuestos a “partir la diferencia”— toca encontrarle sentido a tanto sinsentido, el ataque terrorista y el debate. Una primera reflexión es que las comunidades islámicas europeas tienen una tremenda disyuntiva frente a sí, un doble estándar de gigantescas proporciones que deben resolver. Gozan de los derechos y garantías que les otorga un Estado constitucional, mientras varios de sus miembros —que no son pocos, sean violentos o pacíficos— intentan restringir a otros el uso de esas mismas libertades. Como se dice en inglés: they can’t have it both ways.

Surgió entre las palomas la desafortunada noción que la provocación en cuestión promovió el ataque

Dicho de otro modo, en su amplia mayoría, las comunidades musulmanas son comunidades inmigratorias. En muchas de sus sociedades de origen —donde la vida colectiva está organizada bajo el paradigma del Islam— los individuos no gozan de los derechos que les garantiza la arquitectura del constitucionalismo liberal. No hay más que pensar en las personas que practican otra religión, en los homosexuales y en las mujeres que cometen adulterio. Si Charlie Hebdo invitó a la violencia con su sátira, pues la indefinición de los musulmanes sobre estos principios, y su persistente rechazo a la asimilación, contribuyen a su propia exclusión y, peor aún, alimentan a la derecha xenófoba y racista, igualmente antiliberal. El multiculturalismo es muy viable, es solo que la hipocresía no lo ayuda.

La segunda reflexión es que el derecho a la blasfemia, principio muy en juego en esta crisis, no existe por el deseo malévolo de ofender al creyente. Existe porque sin ese derecho no hay secularización, es decir, no es posible una real separación entre Iglesia y Estado, piedra basal del constitucionalismo y la democracia. Este principio es para la política lo que la separación entre el conocimiento derivado de la fe y los hechos objetivos comprobables son para la epistemología, un quiebre intelectual específico al racionalismo y el positivismo, ambos franceses en origen, justamente.

Dadas estas bifurcaciones políticas y cognitivas, el derecho a la blasfemia es el derecho a considerar al dogma religioso como una narrativa como cualquier otra, y por ende susceptible de la crítica a la que se somete a cualquier otra. La sátira de Charlie Hebdo, su sarcasmo, su burla —del Islam y de otras religiones por igual— es la misma burla que uno puede leer en la crítica de una película aburrida, de un libro mediocre o de una exposición de pintura poco estimulante. Simplemente se trata del derecho a rechazar verdades reveladas.

Las comunidades islámicas europeas tienen una tremenda disyuntiva frente a sí, un doble estándar de gigantescas proporciones que deben resolver

El problema de las palomas, aquellos dispuestos a renunciar a algunas libertades, es que pasan por alto que la libertad de expresión ya es un compromiso, un encuentro a mitad de camino y un acto de enorme moderación, la que deviene del hecho de darle a todos el mismo reconocimiento, la misma legitimidad. Desandar ese camino, y por ejemplo declinar o moderar ese derecho, primero, obliga a una sociedad a la autocensura y, en el largo plazo, la convierte en rehén de los déspotas.

La tercera reflexión es que aquí no hay conflicto religioso ni choque de civilizaciones, una lógica que, por otra parte, desconoce que las peores barbaries de la historia de la humanidad ocurrieron dentro de las civilizaciones, no entre ellas. El argumento que Occidente es el gran enemigo de la militancia radical islámica pierde fuerza explicativa cuando uno ve que el genocidio en Siria, el secuestro de niñas en Nigeria y la matanza de escolares en Pakistán han ocurrido en nombre de los mismos principios religiosos con los cuales se ejecutaron a los caricaturistas franceses.

El término que falta en esta ecuación es la política, la política en el mundo árabe y en el Islam. La religión actúa como excusa discursiva para actores a veces estatales, otras no estatales, y últimamente protoestatales que buscan consolidar regímenes despóticos. El terrorismo es cada vez menos la respuesta a las lejanas invasiones de Afganistán e Irak, y cada vez más la consecuencia del dramático fracaso de la primavera árabe, la cuarta ola democratizadora que llegaría al medio oriente. La ola llegó, chocó contra el paredón en la explanada del autoritarismo y se retiró mar adentro para no regresar por el futuro previsible.

No hay más que mirar a Egipto, de quien nadie habla con ocasión de esta tragedia, el país más poblado del medio oriente donde el despotismo religioso de la Hermandad Musulmana perdió el poder en manos del despotismo secular de Al Sisi. No sabemos cuánto de aquel proyecto religioso se vehiculiza hoy por medio del Califato de Mosul, lejos de Egipto. Una vez más, el conflicto más profundo no es entre civilizaciones.

Y, finalmente, si se trata del lápiz como símbolo de las libertades fundamentales, quienes vivimos en la orilla occidental del Atlántico no podemos dejar de recordar a Bonil, el caricaturista ecuatoriano, verdadero halcón de la libertad de prensa y pionero del uso del lápiz como método de defensa de sus derechos. En esta parte del mundo es el Estado, en lugar del terrorismo, el que ataca la libertad de prensa. Lo hace con un sistema judicial esclavo del poder político. Si bien menos brutal es igual de arbitrario y con efecto similar: la autocensura primero, y luego la sociedad como rehén del autoritarismo.

La moraleja es que nunca se puede ser demasiado extremo, demasiado halcón, cuando se trata de la libertad de expresión. Nous sommes tous Charlie.

Twitter @hectorschamis

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/10/actualidad/1420857946_902803.html

Yo no soy Charlie Hebdo

Publicado: enero 9, 2015 en opinión, Sociedad

Es un buen momento para adoptar una postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras provocadoras

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A los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora justamente como mártires de la libertad de expresión, pero seamos francos: si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario estadounidense durante las dos últimas décadas, no habría durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre.

La reacción pública al atentado en París ha puesto de manifiesto que hay mucha gente que se apresura a idolatrar a quienes arremeten contra las opiniones de los terroristas islámicos en Francia, pero que es mucho menos tolerante con quienes arremeten contra sus propias opiniones en su país.

Fíjense si no en todas las personas que han reaccionado de manera exagerada a las microagresiones en los campus. La Universidad de Illinois despidió a un catedrático que explicaba la postura de la Iglesia católica respecto a la homosexualidad. La Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la Asociación Nacional del Rifle. La Universidad de Vanderbilt retiró el reconocimiento a un grupo cristiano que insistía en que estuviese dirigida por cristianos.

Puede que los estadounidenses alaben a Charlie Hebdo por ser lo bastante valiente como para publicar viñetas que ridiculizaban al profeta Mahoma, pero cuando Ayaan Hirsi Ali es invitada al campus, suele haber peticiones de que se prohíban sus intervenciones.

Así que esta podría ser una ocasión para aprender algo. Ahora que nos sentimos tan apenados por la masacre de esos escritores y directores de periódico en París, es un buen momento para adoptar una postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras controvertidas, provocadoras y satíricas.

Supongo que lo primero que hay que decir es que, independientemente de lo que uno haya publicado en su página de Facebook este viernes, es inexacto que la mayoría de nosotros afirmemos “Je suis Charlie Hebdo” o “Yo soy Charlie Hebdo”. La mayoría de nosotros no practicamos de verdad esa clase de humor deliberadamente ofensivo en la que está especializada ese periódico.

Puede que hayamos empezado así. Cuando uno tiene 13 años, parece atrevido y provocador épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía], meterle el dedo en el ojo a la autoridad, ridiculizar las creencias religiosas de otros. Pero, al cabo de un tiempo, nos parece pueril. La mayoría de nosotros pasamos a adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad y más comprensivos con los demás. (La ridiculización se vuelve menos divertida a medida que uno empieza a ser más consciente de su propia y frecuente ridiculez). La mayoría tratamos de mostrar un mínimo de respeto hacia las personas con credos y fes diferentes. Intentamos entablar conversaciones escuchando en vez de insultando. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de nosotros sabemos que los provocadores y otras figuras estrafalarias cumplen una función pública útil. Los humoristas y los caricaturistas exponen nuestras debilidades y vanidad cuando nos sentimos orgullosos. Minan el autobombo de los triunfadores. Reducen la desigualdad social al bajar a los poderosos de su pedestal. Cuando son eficaces, nos ayudan a enfrentarnos a nuestras flaquezas en grupo, ya que la risa es una de las experiencias cohesivas por antonomasia.

Es más, los expertos en provocación y ridiculización ponen de relieve la estupidez de los fundamentalistas. Los fundamentalistas son gente que se lo toma todo al pie de la letra. Son incapaces de adoptar puntos de vista diversos. Son incapaces de ver que, aunque su religión pueda ser digna de la más profunda veneración, también es cierto que la mayoría de las religiones son un tanto extrañas. Los humoristas señalan a quienes son incapaces de reírse de sí mismos y nos enseñan a los demás que probablemente deberíamos hacerlo también. En resumen, al pensar en quienes provocan y ofenden, deseamos mantener unas normas de civismo y respeto y, al mismo tiempo, dejar espacio a esos tipos creativos y desafiantes que no tienen las inhibiciones de los buenos modales y el buen gusto.

Cuando se intenta combinar este delicado equilibrio con las leyes, las normas sobre el discurso y los ponentes vetados, se acaba teniendo una censura pura y dura y unas conversaciones acalladas. Casi siempre es un error tratar de silenciar el discurso, fijar normas sobre él y cancelar las invitaciones de los ponentes.

Por suerte, los modales sociales son más maleables y flexibles que las normas. La mayoría de las sociedades han logrado mantener ciertas reglas de civismo y respeto a la vez que han dejado la vía abierta a quienes son divertidos, descorteses y ofensivos.

En la mayoría de las sociedades, los adultos y los niños comen en mesas separadas. La gente que lee Le Monde o las publicaciones institucionales se sienta a la mesa de los adultos. Los bufones, los excéntricos y las personas como Ann Coulter y Bill Maher están en la mesa de los niños. No se los considera del todo respetables, pero se los escucha porque, con su estilo de misil descontrolado, a veces dicen cosas necesarias que nadie más dice.

Las sociedades sanas, en otras palabras, no silencian el discurso, pero conceden un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se los escucha con gran respeto. A los humoristas se los escucha con un semirrespeto desconcertado. A los racistas y a los antisemitas se los escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La gente que desea ser escuchada con atención tiene que ganárselo mediante su conducta.

La masacre de Charlie Hebdo debería ser una oportunidad para poner fin a las normas sobre el discurso. Y debería recordarnos que, desde el punto de vista legal, tenemos que ser tolerantes con las voces ofensivas, aunque seamos selectivos desde el punto de vista social.

Traducción de News Clips.

© The New York Times.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/09/actualidad/1420843355_941930.html


Los humanos son capaces tanto de lo mejor como lo peor. Los acontecimientos que los rodean y las situaciones que la vida les plantea hacen que salga, para bien o para mal, toda la diversidad que es la humanidad.Asomaos para descubrir esta selección de imágenes desgarradoras de seres humanos de todo el mundo, desde los que sufren la guerra en Siria e Irak hasta los que habitan la lejana Siberia y Mongolia.

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Imgur/JoyLummi  

Un niño de dos años da de comer a su madre discapacitada.

Imgur/JoyLummi 

Un niño con su padre alcoholico.

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Una madre y su hija, con un ojo de cada color.

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Una niña yazidí descansa en el paso fronterizo entre Irak y Siria en Fishkhabour Dohuk tras huir de los combatientes de ISIS.

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Un monje con su hermano.

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Una joven etíope de la tribu Hamer.

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Una niña de Madagascar entre baobabs.

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La mujer sirve té a sus hijos en la península de Yamal, noroeste de Siberia, Rusia.

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Agricultora de arroz en un pueblo de Vietnam.

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Un niño, «rebelde» sirio a los 7 años

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Una niña palestina con un fusil Kalashnikov entre los combatientes de la Yihad islámica en Gaza.

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El rostro de un minero de carbón chino.

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Ashol Pan, cazadora de águilas a sus 13 años, en Mongolia.

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Un niño de la tribu nómada Suri en Etiopía con la pintura facial y corporal tradicional.

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Pasajeros de un autobús tratan de salvar a una mujer que intentó suicidarse cortándose las venas con un cuchillo.

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Comida familiar en Siberia.

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Un bebé albino de 3 semanas junto a su primo en Congo.

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Niños albinos invidentes en su escuela en India, 2013.

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Esta niña sobrevivió 11 días en el bosque siberiano.

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Una madre y su hija de 3 años. Fueron atacadas con ácido por el padre de familia.

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Una joven yazidí con un fusil de asalto para proteger a su familia contra ISIS.

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Una aprendiz de geisha en Kioto.

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Un chico salva a su hermana pequeña de los escombros de su casa en Siria.

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«Estoy harto de esos hombres viejos que sueñan con guerras a las que los hombres jóvenes van finalmente a morir» (George McGovern)