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Romney, favorito en la carrera republicana, profesa una religión que muchos estadounidenses consideran una secta

Washington
Mitt Romney, durante un acto de campaña en Carolina del Sur. / Charles Dharapak (AP)

Por primera vez en la historia, un mormón tiene serias opciones de aspirar a la presidencia de Estados Unidos. Mitt Romney ha ganado dos primarias y tiene ventaja en las encuestas. Las dudas sobre su conservadurismo o la pérdida de empleos provocada por su compañía de inversión de riesgo son importantes escollos. Pero de todos los obstáculos, el más grande puede ser su religión. Uno de cada cinco norteamericanos dice que no votaría a un candidato mormón. Casi la mitad de la población ni siquiera sabe si son cristianos.

A los siete millones de mormones de EE UU se les ha criticado históricamente por ser conspirativos, polígamos y racistas. Los recelos perviven. En noviembre, una encuesta del Instituto de Investigación de la Religión Pública reveló que un 40% de los ciudadanos de EE UU no vería con buenos ojos a un presidente de esa religión. Según otro sondeo, de Gallup, de junio, el 22% no votaría a alguien de esa fe. Hay un 49% de norteamericanos que no tiene claro si la religión mormona es cristiana o no, según un informe publicado el jueves por el centro Pew.

Romney avanza en la carrera para alzarse como candidato republicano a la Casa Blanca. Ganó el caucus de Iowa, con una diferencia de sólo ocho votos respecto al exsenador Rick Santorum. En la segunda cita electoral, la de New Hampshire, logró también el primer puesto, pero con una mayoría más holgada, de 16 puntos. La media de encuestas que efectúa Real Clear Politics le otorga una ventaja de 4,7 puntos en Carolina del Sur, un Estado cuyas primarias se celebran el sábado. Si logra otra victoria allí, se consolidará como favorito.

Romney es muy devoto. Fue líder de su parroquia cuando vivía en Belmont, Massachusetts. En la iglesia mormona, los obispos pueden casarse. Romney, casado y con cinco hijos, fue obispo de Cambridge y de Belmont, y presidió la diócesis de Boston. Los mormones, de muy jóvenes, viajan a lugares lejanos para predicar su fe. Suelen pasar dos años lejos de sus familias, con muy limitado contacto con ellas, pagándose su manutención. En 1966, Romney evangelizó en Francia, y visitó ocasionalmente España.

A pesar de que muchos votantes evangélicos la consideran una secta, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (su nombre formal) sí que se define como cristiana. Pero añade a la lista de profetas al suyo propio: Joseph Smith, un buscador de tesoros nacido en Vermont en 1805 que dijo haber recibido la visita de un ángel que le entregó unas tablas de oro, escritas en “egipcio reformado”, que decía que se hablaba en la América antigua. Smith las tradujo y el resultado fue el Libro de Mormón, publicado en 1830. Este libro —tachado de incongruente por los historiadores— es, para los mormones, una añadidura crucial a la Biblia.

En él se narra que una tribu perdida de Israel surcó el Atlántico 600 años antes de la era cristiana. Habitó en América y se le apareció Jesucristo resucitado. Aquella tribu pronto cayó en una lucha cainita, que protagonizaron dos castas: nefitas y lamanitas. A estos últimos, Dios les castigó con tener la piel oscura, por apartarse de él. Tras siglos de lucha, los lamanitas exterminaron a los nefitas. Y de ahí viene, para los mormones, la razón por la cual el hombre blanco llegó en 1492 a un continente habitado por indígenas, tocados por el mal.

Esa doctrina sirvió también para que los mormones rechazaran, entre 1849 y 1978, a los negros como sacerdotes. “Otras iglesias estadounidenses también tienen una historia irregular con el racismo”, explica Scott Gordon, presidente de FAIR, organización de defensa mormona. “Primero aceptamos a los negros en el sacerdocio en 1830, algo muy diferente a lo que sucedía en las demás iglesias. Pero el segundo presidente de la iglesia, Brigham Young, decidió seguir a otras religiones y no permitir que los negros accedieran al sacerdocio”.

En el XIX, los mormones se organizaron como comunidad, y de la costa atlántica emigraron al Medio Oeste, de donde fueron expulsados con violencia. Una turba aniquiló al profeta Smith en 1844. Luego huyeron a Utah, territorio entonces despoblado, donde se asentaron y se armaron. Lejos de Washington, comenzaron a vivir como su dios se lo había indicado. El profeta Young anunció en 1852 que la poligamia era parte central de su religión. Su predecesor, Smith, había tomado a 30 esposas.

Como la poligamia era ilegal en la mayoría del país, el Gobierno federal acusó a los mormones de rebeldía. El profeta Young, cuya idea era fundar una teocracia en Utah, mostró en repetidas ocasiones su beligerancia. “Cualquier presidente de EE UU que levante un dedo contra estos fieles morirá antes de tiempo”, dijo en una ocasión. Amenazó también con hacer de Utah “una nación independiente”. El presidente James Buchanan llegó a mandar a 2.500 soldados a controlar la insurrección, en lo que se conoció como la guerra mormona, que se saldó con la muerte de 120 civiles a manos de los mormones.

Finalmente, el profeta Wilford Woodruff desautorizó la poligamia en 1890. Hoy, la Iglesia mormona se organiza de forma piramidal, como la católica. Hay un presidente en Utah, que ahora es Thomas S. Monson, que actúa como profeta y enviado de dios a la Tierra. Normalmente, los sacerdotes deben obediencia a los dictados del profeta. Esto ha creado numerosas dudas sobre si un jefe de Estado mormón debería someterse al dictado de su líder espiritual.

“Creemos que cuando dios ordena algo, su pueblo debe ser obediente”, explica Allen Wyatt, vicepresidente de FAIR, que combate mitos sobre el mormonismo. “Pero los líderes políticos que son mormones no tienen por qué asumir las opiniones de sus líderes religiosos”. En este asunto, Romney se enfrenta al mismo problema que ya vivió en 1960 John Kennedy, primer presidente católico. Hubo dudas entonces sobre su supuesta sumisión moral al Papa de Roma. Finalmente gobernó con independencia. Desde la Iglesia mormona se dice que en este caso sucedería lo mismo. Romney, temeroso de despertar recelos, no ha dicho nada de su fe.

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El obispo John Bradosky de la Iglesia Luterana de América del Norte se ha unido a otros líderes cristianos y  religiosos de otras comunidades de fe en una carta abierta defendiendo el matrimonio y la libertad religiosa.
«El matrimonio y la libertad religiosa: los bienes fundamentales que sostienen o caen juntos – una abierta Carta de los líderes religiosos en los Estados Unidos a todos los estadounidenses «, fue lanzado el jueves, 12 de enero.
«Como líderes religiosos a través de una amplia variedad de comunidades de fe, nos unimos para afirmar que el matrimonio en su verdadera definición debe ser protegida por su propio bien y por el bien de la sociedad, » dice la carta.
«Animamos a todos los hombres de buena voluntad para proteger el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, y de considerar cuidadosamente las consecuencias de largo alcance para la libertad religiosa de todos los Estadounidenses si el matrimonio es redefinido «, dice la carta.
La carta señala que la modificación de la definición del matrimonio va a cambiar cientos de leyes. También se establece que aquellos que se aferran a las creencias religiosas tradicionales sobre el matrimonio se enfrentaría las sanciones y la discriminación legal para la celebración de su fe si la definición del matrimonio es cambiado.
«En especial, exhortamos a los encargados del bien público para apoyar las leyes que defienden la definición de todo los tiempos  del matrimonio, y así evitar que amenazan la libertad religiosa de un sinnúmero de las instituciones y de los ciudadanos en este país.

El matrimonio y la libertad religiosa son profundamente entrelazada en el tejido de esta nación «, dice la carta.
Además de obispo Bradosky, firmantes de la carta incluyen a líderes de una amplia gama de
Cuerpos de la iglesia cristiana – de los católicos romanos y anglicanos a los bautistas y pentecostales.
El reverendo Matthew Harrison, presidente de la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri, fue uno de los 35 signatarios.
La Iglesia Evangélica Luterana en América y algunos otros órganos de la iglesia protestante liberal no tiene líderes firmaron n la carta.
«Ser audaces en nuestra confesión de Cristo a una cultura hostil nunca es fácil. Es la hora de tomar una posición por lo que creemos que nos pone en relación con los de diversos
perspectivas teológicas. Que es el caso entre los que se han unido para firmar la declaración dada a conocer hoy con respecto a la preservación de la libertad religiosa, la santidad de matrimonio, y la definición del matrimonio conservada en la Escritura y la fiel interpretación de las Escrituras a través de miles de años «, dijo el obispo Bradosky.
«Aunque creemos que estos conocimientos y los valores son esenciales para el bien de todas las personas en nuestra nación y en todo el mundo, y además creen que la presión política ejercida sobre la iglesia a aceptar o redefinir el matrimonio de acuerdo a la comprensión cultural relativista es una perversión de los derechos garantizados por nuestra Constitución, que es aborrecible para nosotros porque es contrario a la enseñanza de las Escrituras. La definición del matrimonio es establecida por el Creador, por el Salvador y bendecido por el Espíritu Santo, afirmó. Por tanto, es imposible que la Iglesia para redefina o acepte a estos cambios de fe.
«Es triste reconocer que nuestra cultura ha llegado a un punto en que tal declaración es necesaria, y sin embargo, es sólo para un momento como este, que el Señor ha llamado a la Iglesia Luterana de América del Norte, para poder afirmar y ofrecer nuestro apoyo a esta causa tan importante «, el Obispo Bradosky dijo. «Por todas estas razones tengo el honor de firmar este documento.»
En diciembre de 2010, el Obispo Paull Spring de la NALC se unió a otros líderes religiosos de América en la firma de «La Protección del Matrimonio: Un compromiso compartido».
La carta con la lista de firmantes está disponible en línea en http://www.thenalc.org. Una lista de frecuencia preguntas y un resumen ejecutivo están disponibles en línea.


MARRIAGE AND RELIGIOUS FREEDOM:
Fundamental Goods That Stand or Fall Together An Open Letter from Religious Leaders in the United States to All Americans
Released January 11, 2012
Dear Friends:
The promotion and protection of marriage—the union of one man and one woman as husband and wife—is a matter of the common good and serves the wellbeing of the couple, of children, of civil society and all people. The meaning and value of marriage precedes and transcends any particular society, government, or religious community. It is a universal good and the foundational institution of all societies. It is bound upwith the nature of the human person as male and female, and with the essential task of bearing and nurturing children.
As religious leaders across a wide variety of faith communities, we join together to affirm that marriage in its true definition must be protected for its own sake and for the good of society. We also recognize the grave consequences of altering this definition. One of these consequences—the interference with the religious freedom of those who continue to affirm the true definition of “marriage”—warrants special attention within our faith communities and throughout society as a whole. For this reason, we come
together with one voice in this letter.
Some posit that the principal threat to religious freedom posed by same-sex “marriage” is the possibility of government’s forcing religious ministers to preside over such “weddings,” on pain of civil or criminal liability. While we cannot rule out this possibility entirely, we believe that the First Amendment creates a very high bar to such attempts.
Instead, we believe the most urgent peril is this: forcing or pressuring both individuals and religious organizations—throughout their operations, well beyond religious ceremonies—to treat same-sex sexual conduct as the moral equivalent of marital sexual conduct. There is no doubt that the many people and groups whose moral and religious convictions forbid same-sex sexual conduct will resist the compulsion of the law, and church-state conflicts will result.
These conflicts bear serious consequences. They will arise in a broad range of legal contexts, because altering the civil definition of “marriage” does not change one law, but hundreds, even thousands, at once.
By a single stroke, every law where rights depend on marital status—such as employment discrimination, employment benefits, adoption, education, healthcare, elder care, housing, property, and taxation—willchange so that same-sex sexual relationships must be treated as if they were marriage. That requirement, in turn, will apply to religious people and groups in the ordinary course of their many private or public occupations and ministries—including running schools, hospitals, nursing homes and other housing
facilities, providing adoption and counseling services, and many others.
So, for example, religious adoption services that place children exclusively with married couples would be required by law to place children with persons of the same sex who are civilly “married.” Religious marriage counselors would be denied their professional accreditation for refusing to provide counseling in support of same-sex “married” relationships. Religious employers who provide special health benefits to married employees would be required by law to extend those benefits to same-sex “spouses.” Religious employers would also face lawsuits for taking any adverse employment action—no matter how modest— against an employee for the public act of obtaining a civil “marriage” with a member of the same sex. This is not idle speculation, as these sorts of situations have already come to pass.
Even where religious people and groups succeed in avoiding civil liability in cases like these, they would face other government sanctions—the targeted withdrawal of government co-operation, grants, or other benefits.
For example, in New Jersey, the state cancelled the tax-exempt status of a Methodist-run boardwalk pavilion used for religious services because the religious organization would not host a same-sex “wedding” there. San Francisco dropped its $3.5 million in social service contracts with the Salvation Army because it refused to recognize same-sex “domestic partnerships” in its employee benefits policies. Similarly, Portland, Maine, required Catholic Charities to extend spousal employee benefits to same-sex “domestic partners” as a condition of receiving city housing and community development funds.
In short, the refusal of these religious organizations to treat a same-sex sexual relationship as if it were a marriage marked them and their members as bigots, subjecting them to the full arsenal of government punishments and pressures reserved for racists. These punishments will only grow more frequent and more severe if civil “marriage” is redefined in additional jurisdictions. For then, government will compel special recognition of relationships that we the undersigned religious leaders and the communities of faith that we represent cannot, in conscience, affirm. Because law and government not only coerce and incentivize but also teach, these sanctions would lend greater moral legitimacy to private efforts to punish those who defend marriage.
Therefore, we encourage all people of good will to protect marriage as the union between one man and one woman, and to consider carefully the far-reaching consequences for the religious freedom of all Americans if marriage is redefined. We especially urge those entrusted with the public good to support laws that uphold the time-honored definition of marriage, and so avoid threatening the religious freedom of countless institutions and citizens in this country. Marriage and religious freedom are both deeply woven into the
fabric of this nation.
May we all work together to strengthen and preserve the unique meaning of marriage and the precious gift of religious freedom.
Sincerely Yours:
Rev. Leith Anderson
President
National Association of Evangelicals
Johann Christoph Arnold
Senior Pastor
Bruderhof Communities
Randall A. Bach
President
Open Bible Churches
Dr. Gary M. Benedict
President
The Christian and Missionary Alliance
The Rev. John F. Bradosky
Bishop
North American Lutheran Church
Bishop H. David Burton
Presiding Bishop
The Church of Jesus Christ of Latter-day
Saints
Rabbi Abba Cohen
Vice President for Federal Affairs
Washington Director
Agudath Israel of America
Most Rev. Salvatore J. Cordileone
Bishop of Oakland
Chairman
USCCB Subcommittee for the Promotion
and Defense of Marriage
Cardinal-designate Timothy M. Dolan
Archbishop of New York
President
United States Conference of Catholic Bishops
The Most Rev. Robert Duncan
Archbishop, Anglican Church in North
America
Bishop, Anglican Diocese of Pittsburgh
Dr. Barrett Duke
Vice President for Public Policy and Research
Southern Baptist Ethics & Religious Liberty
Commission
Rev. Jim Eschenbrenner
Executive Pastor
General Council of Christian Union
Churches
Dr. William J. Hamel
President
Evangelical Free Church of America
Rev. Dr. Ron Hamilton
Conference Minister
Conservative Congregational Christian
Conference
Rev. Matthew Harrison
President
Lutheran Church – Missouri Synod
John Hopler
Director
Great Commission Churches
Dr. Bill Hossler
President
Missionary Church, Inc.
Clyde M. Hughes
General Overseer
International Pentecostal Church of Christ
Rev. Kenneth D. Hunn
Executive Director
The Brethren Church
David W. Kendall
Bishop
Free Methodist Church USA
Dr. Richard Land
President
Southern Baptist Ethics & Religious Liberty
Commission
Most Rev. William E. Lori
Bishop of Bridgeport
Chairman
USCCB Ad Hoc Committee for
Religious Liberty
Dr. Jo Anne Lyon
Chair Board of General Superintendents
The Wesleyan Church
Most Rev. Kevin C. Rhoades
Bishop of Ft. Wayne – South Bend
Chairman
USCCB Committee on Laity, Marriage,
Family Life and Youth
Commissioner William A. Roberts
National Commander
The Salvation Army
Rocky Rocholl
President
Fellowship of Evangelical Churches
Rev. Samuel Rodriguez
President
National Hispanic Christian
Leadership Conference
David T. Roller
Bishop
Free Methodist Church USA
Matthew A. Thomas
Bishop
Free Methodist Church USA
Dr. Joseph Tkach
President & Pastor General
Grace Communion International
Berten A. Waggoner
National Director
Vineyard USA
W. Phillip Whipple
Bishop
United Brethren in Christ Church, USA
Dr. John P. Williams, Jr.
Regional Director
Evangelical Friends Church, North America
David P. Wilson
General Secretary
Church of the Nazarene
Dr. George O. Wood
General Superintendent
Assemblies of God


En una plaza principal de la ciudad de Budapest se recuerda el heroísmo de este pastor Luterano

GABOR SZTEHLO era un pastor luterano húngaro, es conocido como el «salvador de niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial», fue el primer húngaro que fue galardonado con una medalla por el Instituto Yad Vashem, llamándolo un Gentil Justo en el año 1973. Al año siguiente fue nombrado incluso por las autoridades suizas para el Premio Nobel de la Paz.

Nació en Budapest, el 25 de septiembre de 1909, estudió teología en Sopron y con una beca en Finlandia.
A partir de su trabajo educativo en la década de 1930, estableció y ejecutó una universidad luterana de la escuela secundaria en Nagytarcsa – basado en un modelo Finlandés -, para los jóvenes del pueblo, que tenía sólo 8 años de escolaridad.

En 1944, después de la llegada de los alemanes nazis en Hungría, fue nombrado por el obispo Sándor Raffay para representar a la iglesia luterana en una organización liderada por calvinistas protestante (Buen Pastor), él fue responsable de la provisión de alimentos y ropa a los Judíos que hacían trabajos forzados. Su tarea principal era organizar la salvación de los niños judíos, el establecimiento y administración de hogares para ellos. Sólo después de unos meses, en Budapest se las arregló para crear 32 viviendas con la ayuda de la Cruz Roja Internacional y la Cruz Roja Suiza. A éstos también podrían proporcionar documentos para probar que todos eran niños cristianos.

Según los datos oficiales, en estos hogares que salvó la vida de 1.600 niños judíos, y 400 adultos.

Después de la guerra aún se preocupaba por los que habían perecido sus familias y no tenía adónde ir. No sólo estableció la escuela regular y las instalaciones para el aprendizaje de oficios para estos niños, pero incluso un «estado de los niños», conocido como «Gaudiopolis». Esta casa fue nacionalizada en 1951 por el régimen comunista.

Gábor Sztehlo no se dio por vencido, organizó la iglesia hogares para niños discapacitados y de ancianos también. Después de la revolución de 1956, su esposa e hijos saliéron de Hungría para Suiza, la familia Sztehlo estuvierón alojamos aquí hasta 1961, cuando por fin el pastor Luterano Gabor Sztehlo pudo ir a visitarlos. Durante su visita, sufrió un ataque al corazón, y los médicos le instaron a permanecer en Suiza. Después de su recuperación se desempeñó como pastor en una pequeña aldea suiza.

Murió de un segundo ataque al corazón el 28 de mayo de 1974 en Interlaken, Suiza.

En 1991, un equipo veterano de sus antiguos alumnos salvados, protegidos y compañeros de trabajo estableció la Gábor Sztehlo Fundación para la Ayuda de los Niños, Niñas y Adolescentes.

ENGLISH

GABOR SZTEHLO was a Hungarian Lutheran pastor, is known as the “Rescuer of Jewish children during WWII”, and was the first Hungarian who was awarded with a medallion by the Yad Vashem Institute, naming him a Righteous Gentile in 1973. The next year he was even nominated by the Swiss authorities for the Nobel Prize for Peace.

He was born in Budapest, on September 25, 1909, and has studied theology in Sopron and in Finland with scholarship.
Starting his educational work in the 1930s, he established and run a Lutheran high school college in Nagytarcsa – based on a Finnish model -, for village youth, who had only 8 years of schooling.

In 1944, after the German Nazis arrival to Hungary, he was appointed by Bishop Sándor Raffay to represent the Lutheran church in a Calvinist-led Protestant organization (Good Shepherd), which was responsible for providing food and clothing to Jews doing forced labor.  His main task was to organize the salvation of Jewish children, establishing and running homes for them.  Just after a few months, in Budapest he managed to set up 32 homes with the help of the International Red Cross and the Swiss Red Cross. These He could also provide documents to prove all those children were Christians.

According to the official data, in these homes he saved the lives of 1600 Jewish children, and 400 adults.

After the war he even cared about those who had their families perished and had nowhere to go. He not only established regular school and facilities for learning trades for these children, but even a “Children state”, known as “Gaudiopolis”.  This home was nationalized in 1951 by the communist regime.

Gábor Sztehlo didn’t give up, he organized church homes for disabled children and for the elderly too. After the 1956 revolution, his wife and children left Hungary for Switzerland, but Sztehlo stayed here until 1961, when he could finally go and visit them. During his visit he suffered a heart attack, and the doctors urged him to stay in Switzerland. After his recovery he served as a pastor in a small Swiss village.

He died of a second heart attack on May 28, 1974 in Interlaken, Switzerland.

In 1991, a veteran team of his former saved students, protégés and coworkers established the Gábor Sztehlo Foundation for the Help of Children and Adolescents.

La era de la interconexión

Publicado: diciembre 25, 2011 en Reportaje, Sociedad

Gumercindo Lafuente

Este año ha confirmado la explosión de las redes sociales y las nuevas tecnologías, claves en el éxito de la ‘primavera árabe’ o del 15-M. Ordenadores y móviles han cambiado la forma de trabajar, organizarse, relacionarse a gran escala y entender el mundo. Una revolución a la que contribuyó decisivamente Steve Jobs, que falleció en otoño.

Cualquier inútil, cualquier mentiroso, cualquier borracho, cualquier drogado, puede decir lo que quiera en Internet, y vosotros lo leéis y os lo creéis. Son palabras que salen gratis. ¿Vamos a convertirnos en víctimas de Facebook, el Kleenex y YouTube?». Muamar el Gadafi, que llamaba «el kleenex» a los papeles de Wikileaks, arengaba así a través de la televisión a su pueblo tras la caída en Túnez del todopoderoso Ben Ali. Eran los primeros días de un trepidante 2011 en el que el dictador libio perdió el poder, y unos meses más tarde, la vida.

En Túnez había prendido la mecha de la llamada primavera árabe. Egipto, Libia, Siria, Yemen, Marruecos, Irán, Argelia, Bahrein… En mayor o menor medida, un buen puñado de países se vieron involucrados de inmediato en las protestas. Durante meses, especialistas de todo el mundo han analizado el papel de la Red en su estallido. Es probable que se haya exagerado, pero es indudable que, como el propio Gadafi advertía, haya sido decisivo. La pobreza, la falta de libertad y la violencia eran el material inflamable. Las revelaciones de Wikileaks aumentaron la temperatura. Cuando el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi se inmoló en las calles de Sidi Bouzid, las redes sociales estaban preparadas para amplificar la chispa que encendió una hoguera que arrasó el norte de África.

Ese fuego pronto saltó a Europa y se propagó por las calles de España. El 15 de mayo, la #spanishrevolution voló desde la Puerta del Sol al mundo y aún anda dando guerra hasta en los aledaños de Wall Street, donde se alojan los cerebros financieros que parieron la crisis económica que nos devora.

La mayoría de edad de Twitter

2011 ha sido, sin duda, el año de los indignados y las revoluciones, pero también el de la mayoría de edad de Twitter. Por números, alcanzó los 100 millones de seguidores activos, pero quizá más por su imparable influencia.

Ya de todo nos enteramos antes por Twitter, hasta de la captura y muerte de Bin Laden en mayo durante una muy secreta operación del Ejército de Estados Unidos, contada en directo por el paquistaní Sohaib Athar sin saber él mismo, es verdad, lo que realmente estaba pasando.

Y también ha invadido nuestro lenguaje cotidiano. Los hashtags (etiquetas que agrupan temas en Twitter) y los trending topics (los temas de mayor audiencia en las redes sociales) invaden los medios y participan con vigor en la construcción de la agenda informativa. Toda la realidad se dota de sus etiquetas para ser reconocida y estas cambian y evolucionan buscando la permanencia en la lista de lo más caliente. El 15-M, en pocas horas, y según una recolección urgente de la bloguera Delia Rodríguez, se alimentó de un buen puñado de hashtags: #democraciarealya, #spanishrevolution, #acampadasol, #nonosvamos, #yeswecamp, #notenemosmiedo, #juntaelectoralfacts, #esunaopcion, #tomalaplaza, #pijamabloc, #acampadavalencia, #acampadalgño, #acampadabcn… Y algunos se convirtieron en poderosas marcas que acabaron identificando al movimiento.

Lo que empezó casi como un juego se ha transformado en un arma de acción política y de control social del poder y los medios. Desde la Red, desde Facebook o Twitter, ciudadanos de todo el mundo y de todas las procedencias sociales tienen la oportunidad por primera vez en la historia de hacerse oír sin intermediarios.

Pero no todo es tan sencillo en este nuevo ecosistema. El especialista norteamericano Nicholas Carr lo advertía durante la gira de presentación de su libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?: «Creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous, pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones».

Una visión inquietante. Cuando empezábamos a creer en la libertad y el poder revolucionario de la Red, nos dimos cuenta de pronto de que esa misma potencia puede ser empleada en nuestra contra. Incluso lo que se nos presenta como un paraíso para el acceso al consumo a precios bajos se puede convertir en una trampa.

Es la visión del investigador bielorruso Evgeny Morozov, que alerta ante los peligros de negociar con nuestra privacidad: «¿Qué puede competir con el aparentemente infinito almacén de música disponible en servicios de streaming como Spotify? Nada; pero intenta hoy acceder ahí sin una cuenta en Facebook y no llegarás muy lejos: Spotify exige que los nuevos usuarios tengan ya una cuenta en Facebook, que no podrán obtener a menos que estén dispuestos a registrarse en Facebook con sus nombres reales. De este modo, escuchar música de una manera anónima se convierte en algo anómalo; gradualmente, pudiera convertirse también en algo tecnológicamente difícil y caro. Leer de una manera anónima no parece ser algo anómalo todavía, pero las cosas cambiarán a medida que evitemos entrar en las bibliotecas públicas y empecemos a tomar prestados los libros a través de Amazon y de Barnes & Noble. Aquellas nunca pensarían en vender nuestros datos a terceros; estos últimos no se lo pensarían dos veces».

Steve Jobs, el rey de la tecnología de consumo

Y así es como en este vertiginoso mundo digital pasamos de la tecnología como herramienta subversiva a la tecnología como objeto de consumo desaforado. Y allí Steve Jobs es el rey por derecho propio. Su retirada en agosto y su muerte en octubre fueron dos de los momentos más intensos de tráfico y agitación en la Red en 2011.

Nadie como Jobs supo hasta ahora crear un entorno en el que la tecnología pierde su complejidad y se convierte en objetos bellos y casi milagrosos. Nadie logró crear una marca, Apple, con un grupo tan numeroso de fanáticos que esperan cada novedad, cada lanzamiento, con una pasión y una fe solo comparables a las de los primeros cristianos. Poco importa que fuese un déspota engreído y maleducado. Un egocéntrico maloliente. Un listillo que se apropiaba sin rubor de la ideas de otros después de haberlas despreciado. A pesar del retrato afilado que el periodista Walter Isaacson hace en su imprescindible biografía, Jobs era admirado por su entorno más cercano, el que le aguantaba los insultos y las rabietas. Y creo que en gran medida todos le debemos a su ingenio alguno de los saltos tecnológicos más grandes de la historia reciente.

Jobs señaló el camino a la industria de la música con el iPod y el iTunes, nos dio la entrada sencilla y poderosa a la movilidad con el iPhone y remató la faena con el iPad, desatando la guerra de las tabletas y las aplicaciones. Un mundo feliz quizá demasiado perfecto, un jardín cerrado en el que muchos, a pesar de todo y con Tim Berners-Lee (el inventor de la web) a la cabeza, no terminamos de sentirnos cómodos.

Y de pronto estalló la SGAE

Pero, para terminar, volvamos a nuestra atribulada España y hablemos, cómo no, de la SGAE. Arrancaba el mes de julio, y Teddy Bautista, su hasta entonces todopoderoso presidente, debió de pasar los peores momentos de su vida cuando la Guardia Civil le detuvo junto a ocho compinches. Bajo tantos años de prepotencia y amenazas se escondían un montón de negocios sucios sobre los que la justicia se tendrá que ir pronunciando en los próximos meses.

Una buena noticia para los internautas militantes, pero no llegaba sola. Unos meses antes había comenzado el desmoronamiento del sustento legal del canon digital gracias a una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE, confirmada en febrero por la Audiencia de Barcelona con la absolución de Padawan, una empresa barcelonesa que se negó a pagarlo por considerarlo injusto y que fue demandada, cómo no, por la SGAE. El 12 de julio, el Congreso en pleno, a propuesta del PP, votó a favor de su supresión. Le queda ahora al nuevo Gobierno cumplir este encargo y afrontar la urgente reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Y algo más, cómo olvidarnos aquí y ahora de la ley Sinde, otra patata caliente que Zapatero le deja a Mariano Rajoy. El presidente saliente confesó en directo en un programa de radio hace unos días cómo ya en funciones, en el triste y agónico final de su mandato, paró, en pleno Consejo de Ministros, una de sus grandes apuestas legislativas asustado por el barullo que en la Red habían formado #cuatrotuiteros.

 

 

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Las dos caras de la Navidad

Publicado: diciembre 21, 2011 en opinión, Sociedad

Eugenio Orellana

Las dos caras de la Navidad
 

Ha llegado la Navidad. Tiempo de alegría y de felicidad. Para nosotros y para muchos como nosotros que hemos sido favorecidos por Dios o por las circunstancias.

Una, está representada por la tarjeta de saludo que estoy mandando a mis amigos y que habla de mi fe cristiana, inamovible pero no insensible.La otra, la que representa mi frustración por las cosas que ocurren en mi país; ayer, en manos de ineptos (léase Concertación) y hoy en manos de oligarcas.

¡Cómo quisiera que alguien me dé la fórmula para vivir, como cristiano, de espaldas a las cosas que ocurren a nuestro alrededor! O si no de espaldas, con los ojos cerrados, los oídos sordos y los brazos cruzados sobre el pecho. Y silbando: «¡Oh, si soy feliz, feliz!/ ¡Oh, si soy feliz, feliz!/ Gozo sin par mi Jesús puede dar/ ¡Oh, si soy feliz!»

 La fe en Jesucristo trae paz, es cierto; pero no trae insensibilidad de espíritu . Como dijo Bojan, el joven jugador de 22 años del Milan, el fútbol da dinero y fama pero no da madurez ni sabiduría.

El propio Señor se frustraba con frecuencia cuando tropezaba con tanta desfachatez, con tanta hipocresía, con tanta sinverguenzura; nosotros, en cambio, hemos aprendido a encontrarle la parte bonita a lo que Jesús atacó con palabras duras y gesto adusto. ¿O creeis que sonreía cuando decía a los religiosos y políticos de su tiempo: «¡Hipócritas!» y a los que intentaban pasar por justos: «¡Sepulcros blanqueados!»? ¿O que, cuando látigo en mano desbarataba comercios y comerciantes que habían hecho de la Casa de su Padre una cueva de ladrones, pedía disculpas ante cada golpe que daba con la huasca?

Nosotros, en cambio, hemos aprendido a convivir felices con ellos al punto que nos sentimos muy cómodos a su lado.

 Ha llegado la Navidad. Tiempo de alegría y de felicidad. Para nosotros y para muchos como nosotros que hemos sido favorecidos por Dios o por las circunstancias con un buen pasar, que nos ubicamos lejos de las plazas, calles y parques donde miles protestan contra los abusos del 1% en perjuicio de un 99% que lleva todas las de perder ; bajo la lluvia, soportando frío, alimentándose a medias y aguantando palos y patadas por parte de las «fuerzas de orden».

Mañana (escribo hoy, viernes 16 de diciembre) tenemos en la iglesia la Cena de Navidad. Nos vestiremos adecuadamente para la ocasión y disfrutaremos de una opípara comida. No habrá tragos pero los manjares sobreabundarán. Lo que no alcancemos a comer se irá a la basura; mientras, millones y millones, aquí y allá no tendrán este privilegio pero sí la oportunidad de cantar: «¡Navidad, Navidad, hoy es Navidad; es un día de alegría y felicidad!»

El árbitro lanza una moneda al aire, la detiene en el dorso de su mano y uno de los capitanes elige; el otro, acepta. Monedas al aire. Tú ganas. Yo pierdo. Aunque de todos modos, ganamos los dos. Hay monedas con una sola cara; o con dos, pero caiga cual caiga, siempre se perderá.

 En Chile, acaban de elegir como el personaje del año a Camila Vallejo; no por la bonita cara que tiene, ¡que la tiene!, sino por esa voluntad férrea que la proyectó como una auténtica líder de miles y miles de jóvenes que, como ella, pidieron, piden y seguirán pidiendo un cambio de fondo en las políticas educacionales que, a partir del gobierno de derecha (léase «gobierno militar» que es lo mismo) se han transformado en el negocio multimillonario al que tienen acceso unos cuantos ricos insaciables. 

¡Bien por Camila! Desde aquí te mandamos todos los parabienes del mundo. Y bien por los dirigentes estudiantiles, los profesores, padres, apoderados, trabajadores que los acompañan y que, si no ceden, terminarán derribando al gigante que, por ahora, se hace el fuerte, el ciego, el sordo, se cruza de brazos y silba, peligrosamente seguro: «¡De aquí no salgo, de aquí nadie me saca!»

 La prensa de hoy trae la noticia que el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile condenó los abusos de poder cometidos por Carabineros . El informe, escrito evidentemente con guante blanco para no herir las susceptibilidades de las autoridades instaladas temporalmente en La Moneda, evita mencionar a los verdaderos responsables de estos abusos. Porque, como todo el mundo sabe, los carabineros, que ahora, cuando de apalear se trata tienen la categoría de policía militarizada, no se mandan solos, ni actúan siguiendo sus propios impulsos sino que las órdenes se originan en el Ministerio del Interior. Pero el ministro del Interior tampoco determina, por sí y ante sí, lo que sus subordinados deben hacer sino que la línea de mando lleva, si no a todo el gabinete, directo al Presidente de la República.

Pero claro, a él no se lo toca; en otras partes del mundo los cuelgan. En el Chile de Piñera decir ¡eah! es de mal gusto. Y los chilenos no están para gustos malos.

El mismo Presidente de la República que acaba de anunciar en el encuentro «Chile, puerta de América» efectuado el miércoles 14 en Santiago que Chile quiere ser el puerto de América Latina hacia Asia. Eso suena bien, pero nos olvidamos que desde hace muchos años, Bolivia viene tratando de convencer a los chilenos a que terminen por ponerse una mano en el corazón y le devuelvan un pedazo de mar.

No piden el ancho mar que perdieron en una guerra a la que unos cuantos locos y ambiciosos llevaron a todo un país, generaciones presentes y futuras. Piden solo una salida. O, como dice mi amigo Ricardo Estevez, de Montevideo, Uruguay: «170 kilómetros cuadrados tendría que ceder Perú a Bolivia y otro tanto Chile con lo que Bolivia apenas incrementaría su territorialidad en 340 kilómetros cuadrados lo que no es nada comparado con los 158.000 kilómetros cuadrados del litoral marítimo perdidos en la Guerra del Pacífico» (ver mis artículos «Una salida al mar para Bolivia» y «Un vaso de agua (de mar) en Su nombre» en P+D 18 de enero y 8 de febrero de 2009).

 Mientras Chile no sabe qué hacer con tanta agua, Bolivia languidece esperando que a los «sólidos y responsables» chilenos les entren por fin en la cabeza las palabras de Jesucristo cuando dijo: «De gracia recibisteis, dad de gracia» (Mateo 10.8).

Ha llegado la Navidad. Tiempo de alegría y de felicidad. Para nosotros y para muchos como nosotros que hemos sido favorecidos por Dios o por las circunstancias con un buen pasar, que nos ubicamos lejos de las plazas, calles y parques donde miles protestan contra los abusos del 1% en perjuicio de un 99% que lleva todas las de perder. Bajo la lluvia, soportando frío, alimentándose a medias y aguantando palos por parte de las «fuerzas de orden».

 ¡Feliz Navidad! 

Autores: Eugenio Orellana
©Protestante Digital 2011

 

Estudio sobre salud y empleo 

Trabajar en un mundo loco y de locos
 
La OCDE apunta que 1 de cada 5 trabajadores padece alguna enfermedad mental, y sobre un 80% de afectados no recibe tratamiento.

BRUSELAS

 

La Organización europea para la Cooperación y e Desarrollo Económico (OCDE) ha publicado un estudio según el cual  uno de cada cinco trabajadores padece alguna enfermedad mental, lo que incide en la productividad y en la salud de los trabajadores con trastornos “moderados” que no suelen ser tratados. “Las enfermedades mentales son responsables de una pérdida muy significativa de fuerza de trabajo, de altas tasas de desempleo y de una gran incidencia en las bajas por enfermedad y en la reducción de la productividad en el trabajo”,  señala el estudio Sick in the Job? Myths and Realities about Mental Health at Work  (¿Enfermo en el trabajo? Mitos y Realidades sobre la Salud Mental en el Trabajo).

Los expertos de la OCDE señalan que la salud en el trabajo es una esfera difícil de analizar en conjunto, pero han podido detectar que uno de los principales problemas es que en torno al 80% de los afectados de alguna enfermedad mental no recibe tratamiento.

Para mejorar la productividad es aconsejable “asegurar que los empleados mantengan sus trabajos”, ya que aquellos con los citados problemas tienen un tasa de absentismo laboral superior al resto de empleados y a menudo con bajas más prolongadas, asegura la OCDE.

“Sin embargo,  muchos trabajadores con desórdenes mentales no se toman una baja pero rinden por debajo de sus posibilidades” , lo que incide en la productividad de la empresa. Así, hasta el 88% de los trabajadores con problemas mentales reducen parcialmente la productividad de la empresa para la que trabajan, agrega esa organización.

 POCA ATENCIÓN A LOS CASOS MODERADOS 
La mayoría de los afectados sufre “desórdenes mentales moderados”, tales como ansiedad o depresión, que muchas veces coexisten. La incidencia de ese tipo de casos resulta más onerosa para la sociedad que el de los “desórdenes mentales severos”, teniendo en cuenta “todos los costes para el sistema de salud, la seguridad social y los empresarios”, señala la OCDE.

Por ello,  las iniciativas para reducir el problema deberían centrarse en ese tipo de enfermos, desde diferentes ámbitos.  Los sistemas de salud, que se centran principalmente en los casos severos, no están correctamente equipados para tratar los casos moderados y no investigan lo suficiente en ese tipo de pacientes, subrayan los expertos, que recomiendan “prevención en lugar de reacción”.

 BUENAS CONDICIONES, BUENA SALUD 
También las empresas pueden ayudar a reducir el problema, asegurando unas “buenas condiciones de trabajo para evitar tensiones laborales” y favoreciendo prácticas de gestión suaves.

A los responsables laborales se les recomienda, además, controlar el tipo de bajas laborales “para detectar ausencias prolongadas o repetidas lo antes posible” y aportar el apoyo adecuado, lo que puede evitar “despidos innecesarios provocados por enfermedades mentales”.

Y es que  aquellas personas con desórdenes mentales moderados tienen entre el doble y el triple de posibilidades de estar en el paro que el resto de trabajadores , mientras que aquellos con problemas severos tienen hasta 7 veces más opciones de encontrarse en situación de desempleo, agrega la OCDE.

Por eso, otra de las claves para atajar ese problema social que identifica la OCDE pasa por tratar a los desempleados, identificando correctamente el problema, aportándoles el tratamiento adecuado y trabajando con el mundo empresarial para que puedan encontrar trabajos.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los problemas mentales suponen unas pérdidas en productividad en la Unión Europea (UE) de entre el 3 y el 4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), recordó la OCDE.

 Foto: copyright (c) 123RF Stock Photos 

 

 

Fuentes: Efe

© Protestante Digital 2011

 

Por Juan Stam

¿Cómo vivir cristianamente en una sociedad consumista?[1]

(¿y cómo celebrar cristianamente la Navidad?)[2]

El consumismo es un fenómeno muy particular, que no es exactamente idéntico con la avaricia o el egoísmo. Éstos son pecados individuales y personales, mientras el consumismo es colectivo, es una cultura en la cual todos vivimos y participamos de una u otra manera. Como cultura social, nos envuelve a todos, mayormente de forma inconsciente. El consumo normal llega a ser consumismo cuando el comprar y el consumir llegan, inconscientemente, a ser compulsivos. Puede tomar la forma de «consumo conspicuo», de comprar lujos para ostentarlos ante los demás, pero también puede tomar la forma opuesta, el impulso irresistible de comprar cosas solo porque están baratas («consumismo de gangas»)
Consciente o inconscientemente, activa o pasivamente, de una u otra forma, todos somos parte de esta sociedad de consumo, como veremos si analizamos algunas de sus características:

Supremacía de valores materialistas. Es revelador la frecuente pregunta, «¿Cuánto vale fulano?», para preguntar cuánta riqueza tiene. La misma palabra «riqueza» se suele entender en sentido económico, sin considerar valores morales, espirituales y sociales. En los mercados, «cuánto vale» se entiende como «cuánto cuesta», que en realidad es algo muy distinto. Muchos dichos del pueblo reflejan estas mismas actitudes:

«Tanto tienes, tanto vales»

«Poderoso caballero es don dinero»

«Quíen dijo penas mientras las alforjas están llenas»

«Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión»

«El dinero no produce la felicidad pero produce algo tan parecido que es asunto de especialistas»

Puede ser sorpresa darnos cuenta de que vivimos en una sociedad materialista, y que ese materialismo penetra mucho en la iglesia. Es importante reconocer que hay diferentes tipos de materialismo. El materialismo metafísico afirma que sólo lo material es real. El materialismo histórico,en cambio, apela a lo económico como clave para entender el proceso histórico. Pero más sutil es el materialismo práctico de laactual sociedad capitalista. El materialismo consumista no afirma que sólo lo material es real sino que a fin de cuentas sólo lo material importa.

En varios pasajes de los evangelios Jesús advierte contra esta visión materialista-consumista de la vida: Lo repudia directamente en su palabra al rico insensato: «la vida de una persona no consiste en la abundancia de sus bienes» (Lc 12:15). Los tesoros de este mundo son frágiles; fácilmente se pierden, los ladrones las roban, se herrumbran y se quiebran (Mat 6:19). Los tesoros del reino venidero son imperecederos (6:20). En el pasaje paralelo en Lucas, Jesús aclara que es por compartir las riquezas que se convierten en tesoros eternos (Lc 12:32-34). Al materialista Jesús le dice, «¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida, ¿y quién se quedará con lo que has acumulado?» (Lc 12:20).

Nos toca a cada uno examinarnos y preguntarnos cuáles son las verdaderas prioridades de nuestra vida. En el transcurso de una semana, ¿qué es lo que más ocupa mis energías y mis esfuerzos? ¿Qué es lo que me da más satisfacción: ganar mil dólares, gastar mil dólares o regalar mil dólares? Si son las dos primeras, la primacía de ganar y gastar, estoy atrapado en el consumismo, a lo mejor sin darme cuenta. Solo la prioridad de compartir — hacer de la vida un proyecto de servir a Dios y a los demás — da verdaderas riquezas que perduran.

En el consumismo el consumo se considera una finalidad en sí, un valor propio inherente. Entonces vivimos para consumir (lo máximo posible), en vez de consumir (un mínimo conveniente) para vivir (mucho más plenamente). Es una cultura del consumo por el consumo. En su extremo, para muchas personas, el consumo es la meta suprema de su existencia. Un eslogan popular, que aparece todavía en muchas camisetas en inglés, reza «I shop, therefore I am» («Hago compras, luego existo»). Es una relectura de la fórmula fundante del pensamiento del filósofo Descartes, «cogito, ergo sum» («Pienso, luego soy»). Hay que dudar de todo, dijo Descartes, pero de una cosa no puedo dudar: si estoy aquí pensando, entonces existo o no estaría dudando. Hoy día, cuando algunos ni piensan, hay que reformular la consigna: «Hago compras, por eso (y para eso) existo».

Un pionero en el análisis del consumismo fue Thorstein Veblen. En su clásico La teoría de la clase ociosa (1899) estudió los patrones de gastos de los «nuevos ricos» de la época con un alto componente de «consumo conspicuo» u «ostentoso».[3] Ante la pregunta de por qué la gente compraba lujos que no necesitaban, descubrió que muchos de los muy ricos empleaban su fortuna para exhibir su estatus social y su superioridad económica en vez de la utilidad efectiva de lo comprado. Así la compra de joyas exorbitantes, ropa lujosa, mansiones y limosinas constituye consumo conspicuo o aun «invidioso» (sic), una forma más específica, consumo con la intención de causar envidia en otros. En décadas recientes el lujo ostentoso de las diosas de Hollywood a menudo ha sido consumo conspicuo. En otro sentido, la tiranía de «la moda» hoy día presiona a muchas personas a gastar mucho dinero para demostrar que están al día y tienen buen gusto.

Un reciente artículo de Roberto Torres Collazo analiza «La dictadura del consumismo», precisamente en la época de Navidad. Los modernos medios de comunicación han perfeccionado los métodos de la mercadotecnia para hacernos desear cosas que sin ellos no hubiéramos deseado ni mucho menos necesitado. Su propaganda y sus «promociones» dictan muchas de nuestras decisiones. Nos manipulan para sacarnos el dinero, y en las temporadas electorales nos manipulan para creer toda la propaganda engañosa y votar por los y las candidatos que más les paguen a ellos. Los medios en gran medida nos han reducido a simples comparadores. Han convertido el «homo sapiens» en «homo emptor», compradores por esencia.[4]

Junto con el consumismo va creciendo una pasión por acumular sin límites. Parece que el afán de acumular se apodera de la persona, impulsándole a querer siempre más y más, sin parar de acumular. La misma palabra griega para «avaricia» es un compuesto de un verbo y un adverbio, «tener» y «más». Llega a ser obsesiva; la persona no puede vivir sin estar ganando más. Sólo por un milagro de gracia divina un ser humano va a decir «ya tengo suficiente, no quiero tener más». Pertenece al proceso adquisitivo ser infinito, en ese sentido; suele ser un cáncer que crece en el corazón y en la vida.

Las escrituras ven muy negativamente a esta mentalidad de acumular. Del rey de Tiro dice, «Has acumulado mucha riqueza… Con tus muchas riquezas te has vuelto arrogante» (Ez 28:4-5; cf. Hab 2:6). «Ay de los que juntan casa a casa», denuncia Isaías, «y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo» (Is 5:8). Según Eclesiastés 5:10, «El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad». Santiago condena esa mentalidad en los ricos del primero siglo: «Han amontonado riquezas, ¡y eso que estamos en los últimos tiempos!» (Stg 5:3).

Un fenómeno relacionado con el consumismo es el culto al éxito que es una característica de la moderna sociedad capitalista. Una sociedad basada en la competencia va a acentuar la diferencia entre los exitosos y los no exitosos, generalmente medida por su fortuna pero también por su fama (que generalmente van de la mano). Produce una sociedad estratificada por los grados de éxito logrados por cada individuo. Una sociedad de muchas comparaciones odiosas es el resultado lógico de nna economía basada en la competencia.

La peor expresión de este fenómeno es el desempleo, mucho peor porque es resultado del mismo sistema donde los trabajadores son esencialmente una mercancía en el «mercado laboral», parte de la fórmula de ingredientes del éxito de otros.[5]

En 1973, en la Universidad de Tubinga, Hans Küng ofreció un brillante curso sobre «Teología de la gracia». Como evangélico, escuché con sumo agrado las magistrales exposiciones de este renombrado pensador católico. Especialmente iluminador y conmovedor fue la actualización que hizo del tema. Hoy día, propuso, una de las formas de justificación por las obras es el éxito. Vivimos, afirmó Küng, en una «Leistungsgesellschaft», una «sociedad de logros», donde el valor de cada persona se mide por sus logros, Como todo sistema de justificación por obras y méritos, esto polariza la comunidad en «fariseos» y «publicanos». Ambos resultados son anti-humanos y destructivos. Los «fariseos», están confiados de su valor y mérito, ante la sociedad y ante su Dios, porque han logrado el éxito. Los «publicanos», en cambio, se sienten fracasados y desacreditados por su poco o nulo éxito y sus pocos logros. Hoy día el prototipo por excelencia del «publicano» es el desempleado, que tiende a sentirse inútil, un cero a la izquierda, excluido del sistema y alejado del amor de Dios. Todo este sistema elitista es una negación del Dios de la gracia y una gravísima contradicción de la justificación por la fe.

Sin duda este análisis requiere mucho más profundización, y tampoco debemos generalizar más de lo que justifican los hechos. Pero la cultura consumista es una realidad innegable, y el primer paso para salir de ella es reconocer que existe y que estamos todos y todas metidos en ella. Sin embargo tampoco basta con sólo analizar y denunciar. Los profetas hebreos, que deben ser nuestros ejemplos hoy, denunciaban el mal de su pueblo pero también anunciaban la esperanza de cambios y al final del reino de Dios y su justicia. En ese sentido, ¿qué podemos hacer hoy para aportar a soluciones para este mal ético y social?

En primer lugar, habiendo reconocido estas realidades, debemos repudiar los anti-valores del consumismo y liberarnos de ellos. Como cristianos y cristianas, tenemos que hacer una gran declaración de independencia: no dejarnos reducir a meros consumidores; no dejarnos manipular por la propaganda para comprar cosas que no nos hacen falta; no medir a las personas por valores materialistas; y repudiar de una vez para siempre el culto al éxito. Contra los anti-valores del consumismo, debemos comprometernos con los valores cristianos y humanitarios de una sociedad alternativa. Lo expresó elocuentemente Facundo Cabral en muchos de sus canciones-sermones-adagios:

«Hay gente tan pobre, que lo único que tiene es dinero».
«No es rico el que más tiene, sino el que menos quiere»

Aun más revolucionaria es la consigna de San Francisco de Asís:

«Deseo poco,

y lo poco que deseo,

lo deseo poco.»

Los extremos y abusos de nuestro consumismo hoy están estrechamente relacionados con el concepto de «propiedad privada» como un valor absoluto e incuestionable. Para la Biblia, estrictamente hablando, la propiedad privada no existe, porque Dios es el dueño de toda la tierra y nosotros no somos dueños sino mayordomos de bienes que no son nuestros (¡véase Lev 25:23!). En el Pentecostés «tenían todo en común» y «nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones» (Hch 2:44-45; 4:32). El papa Pablo VI expresó bien este principio bíblico cuando declaró que «toda propiedad privada lleva una hipoteca social». Aunque hoy día tenemos una economía de mercado y de propiedad privada, estos modelos bíblicos deben relativizar radicalmente nuestra pasión por acumular bienes personales a espaldas del bien común social.

Esta visión bíblica de la vida económica revolucionará nuestra actitud hacia el salario mensual. Lo normal es pensar, «Este sueldo es mío, ¿de él, cuánto debo dar a Dios y al prójimo? y el resto por supuesto me toca a mí». Ahora vamos a pensar, «Dios me ha confiado la mayordomía de este sueldo pero ni un centavo me pertenece; ¿cuánto de él puedo retener para proveer una vida digna para mí y mi familia, y cómo sirvo a Dios y a los pobres con todo el resto?»

Segundo, nuestra liberación del consumismo significará simplificar radicalmente nuestro estilo de vida. La propaganda comercial y la presión social nos llevan a comprar muchas cosas que de hecho no nos hacen falta. Complicamos la vida más de la cuenta, y nos acomplejamos con ansiedad por mantener «un nivel de vida». Pero la misma abundancia de cosas materiales suele ser obstáculo para un «nivel de vida» humana y espiritual.

No cabe duda que para la mayoría de nosotros nos convendría simplificar significativamente nuestra vida. Un bello ejemplo de eso es la fiesta de tabernáculos en Israel. Todo el pueblo — los que poseían mansiones y que ocupaban humildes chozas — por una semana vivían en enramadas en el patio, sin refri, televisor ni micro hondas (diríamos hoy), cocinando con leña, todos iguales unidos en una vida sencilla y solidaria.[6]

Lejos de consumismo y de cualquier teología de la prosperidad (versión religiosa del consumismo materialista), esta ética bíblica de las finanzas nos llevará a hacer de toda nuestra vida un proyecto de servicio a Dios y al prójimo en vez de un proyecto de acumular y consumir. Podemos tomar como modelo el famoso sermón de Juan Wesley, «Sobre las riquezas», con sus tres puntos:

(1) Gana todo lo que puedas (pero justa y honestamente)

(2) Ahorra todo lo que puedas (estilo sencillo de vida)

(3) Dar todo lo que puedas, a Dios y a los pobres.

Dios ama al dador alegre, pero parte de la sociedad consumista comercial es la obligación de dar regalos de cumpleaños y de Navidad, a veces regalar por presión social más que por amor sincero y por gozo. Una actitud bíblica hacia mi sueldo hará mucho para liberarme de esa obligatoriedad, pues no estoy «sacrificando», quitando algo de «mi sueldo», sino al contrario, para eso Dios me ha confiado determinada cantidad de dinero más allá de mis necesidades básicas.

Aquí quiero agradecer a nuestra hija Rebeca por habernos enseñado la alegría de dar regalos. Para Rebeca, dar regalos lindos y bien escogido es una pasión, uno de sus proyectos vitales. Rebeca es aeromoza con American y no le sobran recursos, pero sí le sobra amor y tiene un montón de amigos y amigas, desde niños y niñas hasta ancianos, de toda cultura, religión y raza y todos relativamente pobres. Como ella vive en Miami, vive pendiente de las ofertas, pero casi sólo para sus amigos y amigas. Es capaz de ver en febrero, en un precio alcanzable, un regalo maravilloso para el cumpleaños de alguna amiga en noviembre. Otro principio de Rebeca es de comprar de unos amigos para dar a otros amigos (p.ej. alguna amiga que vende cosméticos, o artesanías. pasteles etc). Ha sido emocionante acompañar a Rebeca en sus visitas a esta tropa de amigos que tiene y ver la alegría de niños y viejos al abrir sus regalos. ¡Gracias, Rebeca, por habernos enseñado tanto!

Es interesante, y muy importante, que en los evangelios los únicos «regalos navideños» se dan a Jesús mismo. Los pastores no trajeron regalos, y los magos no dieron nada a José y María ni ellos intercambiaron regalos tampoco. Sólo muchos siglos después comenzó la costumbre de dar regalos en la Navidad, costumbre que el siglo pasado se comercializó vergonzosamente. En la Navidad, el único regalo que importa es la entrega total de nuestra vida (incluso billetera y cuenta bancaria) a Jesucristo el Señor, y de esa entrega nacerá una vida de compartir en vez de acumular y consumir.

En esta Navidad haremos bien en tomar al corazón las palabras del martir Oscar Arnufo Romero:

Que no se dé como limosna lo que ya se debe de justicia.

Y que antes de hacer caridades baratas, regalitos, fiestas navideñas, etc.,

revisemos nuestra justicia social,

que no puede haber paz de Navidad

si no hay verdadera justicia en las relaciones de los salvadoreños.

¡Es esa la Paz que anhelamos!» …

No busquemos a Cristo

entre las opulencias del mundo,

las idolatrías de la riqueza,

los afanes del poder,

las intrigas de los grandes.

Allí no está Dios.

Busquémoslo entre

los niños desnutridos que

se han recostado esta noche

sin tener qué comer.

Rand called her philosophy «Objectivism», describing its essence as «the concept of man as a heroic being, with his own happiness as the moral purpose of his life, with productive achievement as his noblest activity, and reason as his only absolute.»[86] She considered Objectivism a systematic philosophy

«Salgan de ella, pueblo mío,

para que no sean cómplices de sus pecados»

(Apoc 18:4)

[1] Este artículo es la conclusión de dos anteriores, «¿Qué es la avaricia» (set 1, 2011) y «Jesús y las riquezas» (24 oct 2011).

[2] Si «Jesucristo es un verbo, no un sustantivo», como tan acertadamente nos ha enseñado Ricardo Arjona, entonces «cristiano» y «cristiana» tampoco deben entenderse como sustantivos sino como adverbios: Se trata de vivir y actuar cristianamente.

[3] Por supuesto, el consumo conspicuo es muy antiguo; cf. Stam Apocalipsis Tomo II (2003:101-2) y Haciendo Teología, Tomo II (2005:332-2).

[4] Ver el artículo sobre la avaricia, citado en la primera nota.

[5] Esto fue vergonzosamente evidente en la reciente crisis de Wall Street, cuando millones de empleados perdieron no sólo su empleo sino también sus bonos y acciones, sus fondos de pensión, su seguro médico, y lo peor, su dignidad humana. En cambio muchos ejecutivos y otros privilegiados hasta ganaron más con la crisis.

[6] Ver «La Fiesta de las enramadas nos llama a un estilo de vida sencillo y solidario», Stam Apocalipsis Tomo II (2003:151-153).

 

 

http://juanstam.com

Consumismo y Navidad

Publicado: diciembre 19, 2011 en Sociedad, Teología

Por José Amesty

Se acercan los días decembrinos y navideños, época de celebración y gasto exagerado, inducido por mecanismos del capitalismo. El Consumismo tiene dos acepciones: Puede referirse tanto a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios, considerados no esenciales; como al sistema político-económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de status y prestigio dentro de un grupo social.

 

Los dos significados retratan vivamente lo que ocurre siempre al final de cada año, en Venezuela y en algunos países de America Latina. El Consumismo es estimulado por la publicidad que convence al público que un gasto es necesario, cuando se considera un lujo. Además, una de sus causas es, lamentablemente la falta de identidad de cada una de las personas, al no conocer sus necesidades esenciales y reales.

 

El Consumismo, tiene a su vez un efecto global, al propiciar daño al equilibrio ecológico: Excesivo consumo de recursos naturales, generando en los procesos de producción: contaminación. El efecto personal, lo podemos ejemplarizar cuando nos hacemos un jugo de naranja natural, en lugar de comprar uno en paquete con conservantes y en envases inorgánicos.

 

Proponemos entonces unos consejos para una Navidad sin Consumismo, tratando de resistir el despliegue publicitario en la Navidad.

 

Tómese un momento para leer en voz alta historias de su tradición cultural, para preparar comidas tradicionales y para comprometer activamente a los niños y adultos en dar, no solo en recibir.

 

Una forma de sentir el verdadero espíritu de la Navidad es desviar la entrega de regalos familiares, hacia la satisfacción de las necesidades de otros. Encuentren una familia con menos recursos que ustedes y denles regalos que necesiten.

 

Para empezar a reivindicar la Navidad podemos comprar productos ecológicos, comprar productos nacionales, comprar productos usados y, sobretodo, lo más importante es comprar menos.

 

Dar regalos que no son adquiridos en las tiendas y que demuestren a las personas que se los damos, que importan y que tomamos en cuenta sus gustos.

 

Dar regalos que promuevan el Juego Creativo y no el juego con juguetes electrónicos y

bélicos, que promueven la violencia y sexo. NAVIDAD ES SOLIDARIDAD!

 

Articulo:José Amesty

Fuente: Prensa CBCR


David Victor R. Youssef de la Organización Evangélica Copta para Servicios Sociales en Egipto

Las iglesias de Egipto están orando y ayudan a los migrantes que han abandonado sus hogares a causa de los disturbios políticos, la violencia y un futuro incierto. Es urgentemente necesario desarrollar sociedades democráticas estables para que la “primavera árabe” produzca frutos. De lo contario, podría convertirse en un “invierno árabe” para las minorías religiosas en riesgo de persecución.

David Victor R. Youssef expresó esta preocupación en la reunión de la Red Ecuménica Mundial sobre Emigración del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) que tuvo lugar en Beirut, Líbano, del 5 al 7 de diciembre, organizada por la oficina del CMI para Comunidades Justas e Incluyentes y hospedada por el Consejo de Iglesias de Oriente Medio (Middle East Council of Churches).

Youssef trabaja en la Organización Evangélica Copta para Servicios Sociales y fue entrevistado por Naveen Qayyum, redactora del personal del CMI.

¿Cuál es la situación política en Egipto después de la “primavera árabe”? ¿Y cómo ha dado lugar a la migración?

Egipto ha sido testigo este año de muchos cambios políticos, sociales, culturales y religiosos. Pero éste no es el final de las luchas en Egipto.

La revolución egipcia, que siguió a la de Túnez, ha dado lugar a muchos levantamientos en la región, y a esto denominamos “primavera árabe”. Desde el Golfo hasta el océano, por fin los árabes están luchando por su libertad contra los dictadores.

Aunque celebran los espectaculares cambios políticos, tales cambios van acompañados de una situación de inestabilidad. Esta inestabilidad ha obligado a personas pobres a emigrar a países seguros en busca de una vida mejor.

A pesar de que la agitación es relativamente menor en Egipto que en otros países, muchas personas se han desplazado para escapar de la violencia. Asimismo muchos egipcios que trabajaban en otros países volvieron a Egipto a causa del desempleo, las malas condiciones económicas y las amenazas para la seguridad.

No obstante, como una reacción ante los grupos islámicos radicales que surgieron después del colapso del sistema de seguridad, muchos egipcios, especialmente coptos, prefirieron emigrar a Occidente.

¿Puede usted explicar la reciente evolución política en Egipto?

La principal novedad en Egipto es el derrocamiento del anterior régimen dictatorial. Ahora, los egipcios tienen plenamente la esperanza de llevar a su país a una auténtica transición democrática.

Sin embargo, hay muchos factores que son causa de frustración para los egipcios. Cabe señalar entre ellos la presencia del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que está tardando demasiado en abandonar el poder en favor de un régimen civil. Muchos de los manifestantes han exigido que se acelere este período de transición.

La aparición de grupos islámicos radicales después de décadas de opresión por el régimen anterior es también causa de preocupación. Ahora, estos grupos piden participar en el control del nuevo Egipto. Grupos políticos, como Al Ekhwan al Muslmūn, Al Salafi-oun y Al Ja-ma’a Al Eslamiyya, tienen ahora (después de la primera ronda de elecciones) más del 40 por ciento de los escaños en la asamblea.

Pese a los llamamientos encaminados a impedir símbolos del régimen anterior, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y el gobierno no han tomado ninguna medida eficaz al respecto. Por ello, muchos miembros del disuelto Partido Democrático Nacional han formado nuevos partidos políticos y se presentan a las actuales elecciones parlamentarias.

El fracaso parcial de las fuerzas liberales para conseguir la mayoría en la primera ronda de las actuales elecciones parlamentarias representa también un retroceso. Esto ha dado lugar a una situación de incertidumbre que augura un período de transición sin ninguna clara guía de ruta.

¿Cómo afecta esta situación a los cristianos en Egipto?

Como consecuencia de la falta de seguridad, los coptos se han enfrentado con un aumento de la violencia y las tensiones sectarias, que han dado lugar a la quema de algunas iglesias como las de Atfih, Embaba y Aswan.

En el desafortunado incidente del 9 de octubre fueron asesinados más de 30 cristianos que protestaban contra la quema de la iglesia de Aswan.

El surgir de grupos radicales en Egipto ha abierto la posibilidad de establecer un estado islámico y aplicar las leyes islámicas (Shari’a). Como reacción justificable, los cristianos, que viven ya con un sentido de inseguridad, quedan más aislados en sus comunidades eclesiales.

Esto ha provocado también una oleada de emigración entre los cristianos, cuya razón principal es la incertidumbre política en el país. Temen que si sigue gobernando el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Egipto continuará bajo el mismo gobierno militar que durante los últimos 60 años.

Temen también que, si se aplica el programa radical de los grupos islámicos políticos, por ejemplo, mediante la implantación de un estado islámico, los cristianos no encontrarán lugar en ese estado.

El empeoramiento de la situación económica está obligando también a millones de ciudadanos desempleados a buscar otras oportunidades de trabajo fuera de Egipto.

El aumento de la violencia sectaria ha obligado a muchos coptos a emigrar a otros países, como Estados Unidos, Canadá y Australia. También muchos de los egipcios cristianos se acogen al asilo religioso. En esta situación algunas voces procedentes de las diásporas coptas han pedido la protección internacional para las minorías religiosas en Egipto.

¿Cómo afrontan las iglesias estos desafíos? ¿Cuál es la respuesta ecuménica?

Las iglesias nacionales desempeñan en Egipto una función decisiva en la vida social. Han hecho tomar conciencia a sus fieles de que son ciudadanos de derecho pleno en su país.

Asimismo, las iglesias tratan de que los cristianos tomen conciencia de la necesidad de participar en la vida social, política y cultural.

Algunos líderes eclesiales asisten a actos políticos y sociales para participar en la planificación del nuevo Egipto después de la revolución.

El 11 de noviembre, tuvo lugar una gran vigilia de oración ecuménica por Egipto, con la asistencia de 70 000 cristianos de todas las denominaciones, en el Monasterio de San Sam’an El Kharaz, que duró desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana. Pasaron toda la noche orando por Egipto.

En otros niveles, las iglesias participan en la prestación de servicios a los migrantes. Cabe mencionar entre ellos el apoyo espiritual con programas especializados para refugiados, el apoyo financiero para encontrar empleos y vivienda y proporcionar ayudas, y la ayuda en la tramitación de los procedimientos legales relacionados con las solicitudes de asilo.

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