Archivos de la categoría ‘Reportaje’

INGLATERRA: Tributo al héroe de Ealing

Publicado: agosto 12, 2011 en Reportaje

Londres llora la muerte de Richard Mannington, el jubilado que fue apaleado cuando intentaba apagar el fuego en un centro comercial de su barrio

J. M. MUÑOZ – Londres – 13/08/2011

Era un hombre retraído, sin duda. No tenía teléfono móvil ni línea fija en su casa del barrio londinense de Ealing. Richard Mannington, pensionista de 68 años, murió ayer después de recibir una paliza que le dejó inconsciente y en coma desde el lunes por la noche. Es la quinta víctima mortal de una algarada que deja imágenes impactantes de un par de jornadas en las que una de las principales capitales del mundo vivió sin ley. La policía, aquel día, intentó acercarse al malherido, pero la turba violenta lo impidió lanzando ladrillos y pedazos de pavimento. El charco de sangre que dejó no auguraba nada bueno. Sufría fractura de cráneo.

Sorprendió bastante, sobre todo a sus residentes, que los disturbios alcanzaran el lunes Ealing, un barrio arbolado en el oeste de la capital de Inglaterra, señal de que es una zona acomodada de clase media. Uno más de los 550 lugares de Londres que han sufrido los graves altercados.

Mannington conocía bien a ese tipo de hombre joven que se sumó a los disturbios. Según revela la prensa británica, la víctima reprendía con frecuencia a los chavales que tiraban basura y orinaban a las puertas de su vivienda. Vivía solo desde hace una década en su domicilio. Y el día fatal, este pianista consumado recriminó por enésima vez a unos individuos que quemaban contenedores industriales cerca del centro comercial Arcadia, a pocos minutos de su casa. Cuando intentó apagar el fuego, se abalanzaron sobre él y le partieron la cabeza.

Los vecinos le describían como un hombre amable y de principios conservadores. Y, tal vez, era un punto excéntrico, sobre todo en lo que a la limpieza se refiere. Uno de ellos contaba al citado periódico que en una ocasión le pidió que no tirara la ceniza desde la ventana para no manchar la acera. «A partir de entonces, compré un cenicero», cuenta Alastair Swinn. Otro vecino apuntaba que «siempre estaba recogiendo los desperdicios y limpiando la calle», y otros tantos le definían como un hombre de porte altivo. Mannington, nacido en Bournemouth, una ciudad turística de la costa del sur del país, procedía de una familia con medios económicos. Su hermana, de 73 años, acudió a Londres al conocer la noticia. Estaba conmocionada. No veía a su hermano desde la celebración de su boda, hacía más de tres décadas. El finado había roto todo vínculo con su familia tiempo antes y había desaparecido. Al parecer, la muerte de su padre, cuando Richard Mannington tenía 20 años, le provocó una fuerte conmoción. Ni siquiera contestó a un tío suyo que llegó incluso a contratar a detectives privados para localizarlo.

El alcalde de Londres, Boris Johnson, dijo sobre el crimen: «En esta historia hay muchos villanos y muchos héroes. Quiero rendir un particular tributo al señor Mannington. Ha pagado un tributo terrible».

La policía difundió un vídeo del supuesto responsable de la muerte, un joven veinteañero de raza negra que vestía una camiseta blanca. John McFarlane, un alto cargo de la policía, conminaba al autor del crimen, quizá ingenuamente, a que hiciera «lo que es decente» y se entregara. En cualquier caso, los agentes anunciaron ayer la detención del sospechoso, un hombre de 22 años.

 

 

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La frontera donde vive la muerte

Publicado: julio 23, 2011 en Noticias, Reportaje

Familias de somalíes abandonan pueblos enteros y recorren un largo camino a pie por territorio desértico en dirección al campo de refugiados de Kenia

JOSÉ MIGUEL CALATAYUD – Limoi (Kenia) – 24/07/2011

Mujeres y niños desplazados en Mogadiscio«Llevamos 16 días caminando y hace media hora que salimos de Somalia». Hasán Ali y sus siete compañeros se sientan en la tierra al borde del camino. El paraje es semidesértico, árboles grises quemados por el sol se mezclan con unos pocos aún verdes. El viento levanta el polvo y alivia algo el calor de un sol que cae a plomo sobre los ocho hombres.

Estamos en territorio de Kenia, apenas a dos kilómetros de la frontera con Somalia. Se oye ruido de disparos. Ali se toca los pies y muestra uno de ellos hinchado. «Nuestras familias están ya en Dadaab [el mayor campo de refugiados del mundo, en Kenia]. Somos los últimos, no queda nadie en Dinsor», cuenta. Detrás de él, el más joven del grupo, Madowa Abdulahi, de 15 años, se dibuja figuras en la piel seca de sus piernas.

Ali era pastor y granjero. Tenía 20 vacas y cinco cabras, pero los animales murieron en marzo debido a la sequía que afecta al Cuerno de África, la peor en los últimos 60 años. «Cuando nos acabamos la poca comida que nos quedaba, decidimos irnos. Vendí mi granja para pagar el transporte de mi familia y nosotros empezamos a andar».

La mujer y los cinco hijos de Ali compartieron con más refugiados un camión desde Dinsor a Dadaab. Ellos forman parte de las más de 380.000 personas que ocupan un campo construido en 1992 para 90.000 refugiados.

Dinsor, como gran parte de Somalia, se encuentra bajo el control de la milicia islamista Al Shabab. Este grupo, que se considera la rama de Al Qaeda en África oriental, lucha contra el Gobierno somalí para imponer un régimen islámico radical.

El pasado viernes, Al Shabab negó que haya hambruna en dos regiones de Somalia bajo su control, Bakool y Lower Shabelle, pese a lo anunciado por la ONU el 20 de julio.

«¡Al Shabab miente!», dice Ali, exaltado. «Quieren que la gente se quede allí, quieren que nos muramos de hambre en Somalia. Nosotros intentamos huir de Dinsor hace dos meses pero no nos dejaron, decían que nadie podía abandonar el país, pero ahora ya no impiden a la gente marcharse».

Entonces todos se vuelven a poner las gastadas chanclas que las dos semanas de marcha han reducido a finas láminas de plástico. «No sé cuándo llegaremos a Dadaab, pero quiero quedarme en Kenia, no quiero volver a Somalia». Ali y sus compañeros empiezan de nuevo a caminar por el polvo. Aunque no lo saben, aún deben recorrer unos 100 kilómetros antes de llegar al campo de refugiados.

Cerca de allí, un destacamento de soldados kenianos custodia el puesto fronterizo. Un tablón con pinchos y una barrera hecha con ramas de árboles separan Kenia de la tierra de nadie. Y 800 metros más allá, empieza Somalia.

Marube Daudi, el oficial keniano al cargo del puesto, explica en su cabaña que apenas pasan refugiados por este punto. «Hemos visto muy pocos somalíes por aquí, deben de evitar este puesto y usar otros caminos». Mientras habla, de nuevo se escucha ruido de disparos. «No sabemos quién dispara a quién».

Otro de los grupos que han conseguido cruzar la frontera es el de Ali Hajir, que se dirige a Dadaab junto a su mujer, sus seis hijos y otras seis personas. Llevan 15 días caminando, aunque ellos cuentan al menos con tres carros tirados por burros.

«A finales del año pasado, mi ganado empezó a morir. Hace unas semanas vendí mis tres últimas cabras y decidimos huir», cuenta Hajir, de 55 años. Su mujer lleva encima al niño más pequeño, Sadiya, de tres años, pero que aparenta tener menos de un año de edad. Las duras condiciones de vida conllevan que muchos adultos parezcan más viejos de lo que son, mientras que la falta de alimentos hace que los niños parezcan más pequeños.

«Dinsor es peor que esto», dice Hajir mirando a su alrededor, «aquí al menos hay algunos árboles verdes. En Dinsor no queda ninguno y tenemos que excavar hondo para encontrar agua, que además es salada».

«Ya no nos queda comida, cuando vemos algún coche por el camino lo paramos y la gente nos ayuda con agua y algo de comida, pero estamos muy cansados y todos los niños tienen hambre», relata Hajir mientras sus hijos miran en silencio con ojos enormes.

Hajir golpea a su burro. Lentamente, con crujidos, el carro empieza a moverse y el grupo se pone de nuevo en marcha por el camino de tierra y polvo en el que esqueletos y cuerpos descompuestos de vacas son testigos de su viaje a Dadaab.

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Algunos recuerdos de Karl Barth

Publicado: julio 13, 2011 en Reportaje

Publicado por: juanstam

Cuando me presenté a Barth en 1961, y le dije que era de Costa Rica, Centroamérica, me dijo, «Ah, revoluciones, ¿verdad?». Le expliqué que en Costa Rica hemos tenido un gobierno estable, a lo que respondió, «Ah, volcanes y terremotos entonces, ¿verdad?». Le interesaban todos los países y estaba muy bien informado. Era muy enemigo del régimen de Francisco Franco.

Mis recuerdos son mayormente del coloquio inglés de Barth donde dialogaba con los estudiantes extranjeros (unos cien; tenia coloquios también en alemán y francés). Una vez un alumno comenzó su pregunta con, «Usted, como el teólogo más grande del siglo XX, que piensa de …». Barth le respondio, «No hay teólogos grandes. Al pie de la cruz, todos somos párvulos» (en parte estaba citando a un autor de otro tiempo).

Barth tenía un maravilloso sentido de humor. En un coloquio donde conversábamos sobre la creación, un norteamericano (un profesor, según recuerdo) hizo una pregunta algo larga sobre los dinosaurios. Barth respondió que no tenían nada que ver con el tema bíblico y la teología de la creación. El norteamericano cuestionó la respuesta de Barth, como manera errada de relacionar ciencia y fe, y más adelante en el conversatorio, volvió a insistir en el tema de los dinosaurios. Evidentemente molesto, Barth exclamó, «¿Qué están haciendo todos estos dinosaurios en nuestra aula de teología? Me los saquen ya; llévenlos al zoológico donde deben estar».

Me tocó dirigir el coloquio y escogí un pasaje de la Dogmática que juntaban dos problemas gruesos, la predestinación y el juicio final. Hice un esfuerzo tremendo y Barth elogió el trabajo, aun dijo que no tenía respuestas para todos mis argumentos, pero me dijo que tenía otras preguntas para la balanza, y una para comenzar. Me había basado fuertemente en San Juan 5:28-29, que los muertos saldrán de sus sepulcros a resurrección de vida o de condenación, pero no me había fijado bien en todo el texto, que dice «los que hicieron lo bueno» y «lo que hicieron lo malo». Barth me preguntó con simpática malicia, «Dígame, señor Stam, ¿Usted ha hecho lo bueno?». ¡Me agarró fuera de base! Si digo que no, cae mi argumento o pierdo la salvación; si digo que sí, soy un fariseo soberbio y la salvación sería por obras. «Yo no», le contesté, «pero Cristo por mí». «Y sólo por usted», «No, por todos los que han puesto su fe en él». «Entonces», replicó él, «¿no sería salvación por las obras?»

Al final de la sesión, se acercó un alumno y le dijo «Ay, profesor, qué complicado esto, me duele la cabeza». Estuve sentado al lado de Barth, ví que señaló al estudiante con su dedo y le dijo, «Usted ha quitado sus ojos de Cristo. Cuando fijamos la mirada él, toda la teología es gozo porque es reflexión sobre la gracia de Dios». ¡Seguramente ese colega se lamentó de haber hecho ese comentario!

Una mañana estuve en la casa de Barth, y ese día Oscar Cullmann, desde el Concilio Vaticano en Roma, en vez de analizar el proceso conciliar envió a la prensa un fuerte ataque contra Rudolph Bultmann. Le pregunté a Barth cómo le parecía ese artículo y respondió: «Yo también discrepo con Bultmann y he escrito contra su teología, pero Cullmann siempre tiene a Bultmann frente a sus ojos. Yo prefiero ver a Bultmann por un espejo retrovisor, y fijar mi mirada en Cristo».

Barth tenía una humildad muy propia de su condición. Cuando él disputaba con Agustín, Aquino, Lutero o Calvino, uno sentía que estaba presenciando un diálogo entre iguales. Pero a la vez no tenía pena en decir que no sabía algo o de pedir información. Más de una vez, preguntaba a los estudiantes alemanes, «¿Qué dice von Rad de eso?», etc. Recuerdo otra ocasión cuando estábamos enfrascados en un pasaje complicado, y Barth preguntó, «¿Cómo tradujo Bromiley eso al inglés?» Es mucha humildad que un autor famoso tome en cuenta su traductor como criterio de interpretación de su propio escrito.

Cuando regresé a nuestro Seminario en Costa Rica y me pidieron una charla sobre Barth, resumí mi impresión de su persona con tres palabras latinas: humanitas, humilitas, e hilaritas. Eso fue Karl Barth.

La personalidad de Barth era tan rica y creativa, se ha convertido en leyenda y sujeto de innumerables anécdotas apócrifos. Las historias, incluso éstas, crecen a ir contándose. Pero lo que cuento ahora son recuerdos que creemos que son fieles. Sobre todo, son fieles a la personalidad del maestro.


Por: Nuria Tesón

Una mujer palestina en una manifestación en Gaza. / Mohammed Abed (AFP)

Llegó con un niqab prestado en una bolsa para hacerse la foto sin que se le viera el rostro y aún así, se echó atrás un par de veces después de haber hecho la entrevista. Temía que alguien pudiera reconocerla. Tras largos años ejerciendo la prostitución, dos hijos fruto de violaciones y un pasado para olvidar en una sociedad compleja y rígida en lo que a moralidad se refiere, Randa, 38 años, palestina y musulmana, tuvo miedo. Terror a que sus vecinos, su jefe, su comunidad la señalen con el dedo. Su historia servía a Periodismo Humano hace unos días para ilustrar y poner rostro a los fríos (por duros, terribles, desconocidos…) datos publicados a principios de este mes por ONU Mujeres sobre el VIH y la prostitución en los Territorios Palestinos. Una encuesta en la que se recogen por primera vez los testimonios de 243 personas entre prostitutas, clientes y trabajadores de campo y que «ofrece una visión formativa de la prostitución en los Territorios Ocupados» que en opinión de la ONU servirá para «hacer frente a los retos que plantea el VIH» en la región. Una historia cuya autora, Carmen Rengel, intuía bíblica:

«Dicen los evangelios que Jesús sanó a María, la pecadora, de siete demonios que la atormentaban. Fue allá por Magdala, una villa al pie del lago Tiberíades, hace más de 2.000 años. A una hora larga del pueblo de la Magdalena (que ahora dicen los mapas que se llama Migdal y es suelo de Israel), reside hoy Randa (…). En ella aún viven sus siete demonios: pobreza, analfabetismo, violencia doméstica, abusos sexuales, trata de personas, repudio familiar, enfermedades venéreas… Por poner siete».

Podrían haber sido más, aunque estos pueden ser un buen referente, como el pico de un iceberg mucho más profundo. En el mundo, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una de cada cinco mujeres sufrirá una violación o un intento de violación en algún momento de su vida. Además, dependiendo del país en el que se encuentren, entre una y tres de cada cuatro, son maltratadas físicamente en sus hogares sistemáticamente. En 53 estados del mundo es legal la violación dentro del matrimonio. Y todos los años dos millones de niñas de entre 5 y 15 años son introducidas en la prostitución o la pornografía. Casi 130 millones han padecido ablación del clítoris.

 

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Carlos Martínez García

La Biblia en la obra de Carlos Monsiváis

La formación cultural de Carlos Monsiváis se forjó a contra corriente del imaginario mayoritario en México.

 A lo largo de toda su obra está presente el libro del que dijo tenerlo grabado en su ADN, la Biblia [1] . Su traducción favorita fue la realizada por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, españoles perseguidos por la Inquisición en el siglo XVI.

Desde muy niño Carlos fue construyendo para sí una galería muy particular, descrita en su Autobiografía  de 1966 y definida allí como  “una extraña iconografía heroica, notable por la ausencia de la Morenita del Tepeyac, –la misma que convirtió a Juan Diego en el primer partidario mexicano del Star System–…”.  El escritor subrayó el significado integrador que en su entorno tuvo la Biblia : “Entre nosotros, la Biblia no sólo era el fundamento religioso, sino el lazo de unidad, la razón de ser de la familia. Su papel era muy preciso, la fuente del conocimiento y del comportamiento. Para mi madre, la Biblia era el objeto del cual nunca se desprendía. Era feliz cuando daba clases de Escuela Dominical. Era bibliocéntrica, y con frecuencia en una discusión respondía con versículos [bíblicos]” (Adela Salinas, Dios y los escritores mexicanos , Editorial Nueva Imagen, México, 1997, p. 95).

 La Bibliade Monsiváis fue, como ya dijimos, la traducida por Cipriano de Valera publicada originalmente en 1569 y revisada por Cipriano de Valera en 1602. La circulación del libro se hizo en condiciones muy difíciles, ya que las fuerzas inquisitoriales consideraron herejes a los traductores y de “herética pravedad” sus escritos teológicos. Las obras de Reina y Valera figuraron, desde mediados del siglo XVI y hasta 1948, en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum de la Iglesia católica.

El primer libro que conjunta crónicas de Carlos Monsiváis tuvo dos versiones. En la inicial el título fue Principados y potestades, clara alusión a  Efesios 6:12 , donde dice “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades […]”. La segunda versión, la más conocida, es la titulada Días de guardar. [2]

 La crónica sobre el estreno de la obra Hair en Acapulco (5 de diciembre de 1969), la encabeza Monsiváis “Con címbalos de júbilo”. La frase es entresacada del  Salmo 150versículo 5 , que a continuación reproducimos: “Alabadle con címbalos resonantes, alabadle con címbalos de júbilo”. El escritor resume, con imágenes bíblicas, la puesta teatral que presencia:
 En el escenario una figura acuclillada y harapienta. Emergen de la parte posterior del teatro dos procesiones de antorchas que bracean por los pasillos en ánimo estatuario, morosamente, como si en la imaginación visual del director se identificasen las fotografías más difundidas de Haight Ashbury y la ofensiva apariencia hippie con el relato bíblico de la mujer de Lot. Y las estatuas de sal producidas en serie culminan en el foro, y al cabo de cinco minutos, ya incluso el reportero (tan preocupado por su crónica que no capta nada de lo que ve) se ha percatado de que no contempla una obra tradicional —revelación que se produjo al observar las diferencias de Hair con El abanico de Lady Windermere— sino un assamblage, un desfile orgánico de sketches sobre una comunidad hippie y su dramatización de la parábola de la Oveja Perdida. Sólo que esta vez el Hijo Pródigo no se reintegra al seno colectivo: lo retienen los fosos de Vietnam . [3]

 Las aglomeraciones e histerias de los asistentes en la Alameda de la ciudad de México (16 de febrero de 1968) para presenciar el concierto gratuito del entonces muy famoso cantante español Raphael , son descritas puntualmente por Monsiváis en el escrito “Raphael en dos tiempos y una posdata”. Comienza y concluye el reportaje con dos citas bíblicas: “…porque ellos verán a Dios”, localizada en  Mateo 5:8 ; y cierra la crónica con la observación de que los “psicólogos […] desdeñan (uno no sabe por qué) a las admiradoras y su capacidad prenatal de endiosar y un locutor exhibe los cientos de cartas a Raphael que una sola estación recibe en un día y la porra insiste: ‘Raphael es nuestro ídolo’ y nadie debe criticar a los admiradores de quien sea. El que esté libre de posters que arroje la primera piedra”. [4] Estamos ante una paráfrasis de una porción bíblica, la de  Juan 8:7 .

En un recurso literario que desarrollará años después en Nuevo catecismo para indios remisos, al usar el género parábola, Carlos Monsiváis en Días de guardarpone en las antípodas al empresario a y a los músicos, donde muestra su decidida admiración por los jazzistas. Lo hace en el texto “Incitación a la vida productiva. Parábola del banquero y el jazz”. [5]

 La crónica del malogrado concierto de rock en el estadio de la Ciudad de los Deportes, en el Distrito Federal (9 de marzo de 1969) , con la participación de las bandas The Union Gap, The Byrds [6] y los Hermanos Castro, no solamente tiene un título tomado de la Biblia (“Para todas las cosas hay sazón”, [7] Eclesiastés 3:1 ), sino que cada sección es encabezada con versículos bíblicos (sin citar su procedencia pero inmediatamente reconocidos por avezados en la traducción de Reina y Valera) procedentes del tercer capítulo de la sección conocida como Eclesiastés o El Predicador.

 En el 2008, al recibir la medalla 1808 por parte del gobierno de la ciudad de México , [8] el escritor que semanas atrás cumpliera siete décadas de vida, da un discurso en el que elige, como en tantas intervenciones, crónicas y artículos, imágenes bíblicas para describir el universo conformado por la gran urbe.

Inicia con una paráfrasis del libro veterotestamentario del Génesis, donde combina la remembranza del género parábola [9] que recorre las páginas de toda la Biblia: “Parábola del espacio que necesita un domicilio fiscal. En el principio no había lugar dónde poner el espacio de la Ciudad de México. El lugar asignado era amplio, un valle en el Anáhuac, pero se calculó mal el tamaño, que por los motivos que fuesen, era insuficiente, era un lugar que no correspondía a este espacio, que se oponía a las mediciones y los amoldamientos; que se burlaba de los que en vano trataban de encajarlo en el sitio a él adjudicado. ¿Cómo quieres que yo –decía el espacio– que seré histórico, mitológico y centralista quepa en estos kilómetros a mi disposición? Pero si yo ya estaba convencido desde el Génesis, no más que aquí yo soy de los espacios a los que todo les queda chico”.

Después teje una segunda parábola, la que llama de creencias. Nuevamente evoca el lenguaje del Génesis, aunque incorpora otras figuras para mostrar lo insólito de la capital mexicana: “En el principio, y ante la tardanza del dios cristiano, Huitzilopochtli y Tláloc crearon los cielos y la tierra, y en la tierra, llamada así porque su componente mayor era el agua, la nación mexicana, donde desde recién nacida un producto de la diosa demografía, estaba desordenada, pero nunca carente de pueblo y de mensaje al pueblo y de exhortaciones al pueblo para que renunciara a otras creencias”. [10]

 En la ciudad en la cual todo se multiplica, Monsiváis evoca escenas del Nuevo Testamento ( Mateo 15:32-39 ;  Marcos 8:1-10 ) para ilustrar la replicación de posibilidades y objetos: “La multiplicación de los panes, los peces, los parientes y los DVD´s prestados. ¿Qué propone la Ciudad de México? ¿Cuáles son sus misterios, sus escondrijos, su paraíso subterráneo? Y ¿cuáles los dispositivos para el deleite a bajo precio?”

En la tercera parábola monsivaisiana, “de la lucha del empleo y del Ángel hasta el amanecer”, sus lectores deberían conocer el trasfondo bíblico sobre el que elabora la escena de una negación para millones de ciudadanos: la posibilidad de tener empleo en el México mal gobernado por la segunda administración federal emanada del PAN. Carlos Monsiváis usa en esta tercera ilustración los pasajes de  Génesis 32:24-25 , donde Jacob lucha con un varón misterioso, al que no suelta hasta obtener su bendición. La descripción del llamado en Génesis varón, y que en otro escrito del Antiguo Testamento es llamado ángel, le permite a Monsiváis hacer la analogía por la obstinada batalla en hallar una actividad remunerada. El  capítulo 12 de Oseas , en los versículos 4 y 5, hace referencia a Jacob y su lucha con el ángel: “En el vientre tomó por el calcañar a su hermano, y con su fortaleza venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció…” De aquí es donde Monsiváis toma el imaginario inicial de su tercera parábola, pero en el desarrollo de la misma crea un símil irónico con los avatares del empleo por prevalecer en condiciones adversas.

 Apocalipstick, obra de Carlos Monsiváis que tenía unos cuantos meses de haberse puesto en circulación cuando acontece la muerte de su autor (19 de junio, 2010), estimula para encontrar citas implícitas y explicitas de la Biblia.  En uno de sus capítulos, “De los murales libidinosos del siglo XX. ‘He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió el Centro de la Ciudad’”, el título mismo puede ser bien identificado por los asiduos a la lectura bíblica. Es una cita textual del Salmo 51, versículo 5, atribuido al rey David: “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, se lee en la versión favorita de Monsiváis, la de Reina-Valera revisión de 1909. [11]

 En una crónica que cautiva, la que dedica a los casi 20 mil desnudos y desnudas en el Zócalo de la ciudad de México, fotografiados por Spencer Tunick , Monsiváis inicia su texto con la línea “Pórtico versicular (donde la división entre el bien y el mal se inicia con la conciencia de la desnudez, o eso se ha creído”). Acto seguido reproduce cuatro citas del Génesis : “Y estaban desnudos, Adán y su mujer y no se avergonzaban” (2:25); “Y fueron abiertos los ojos de entrambos (luego de comer la fruta del árbol, codiciable para alcanzar la sabiduría), y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales” (3:7); “Y él, adán respondió (a Jehová): Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo y escondíme. Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” (3:10-11); “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y vistiólos” (3:21). [12]

La plancha del Zócalo capitalino fue, por un tiempo, recordatorio del Edén. Varones y hembras, para usar el lenguaje bíblico del Génesis, compartieron gozosamente su desnudez. Todo cambió en cuanto los primeros se vistieron antes que las mujeres, ya que éstas fueron requeridas por Tunick para otra sesión fotográfica. Entonces, ya con sus vestimentas, los hombres vieron lo antes no percibido, que ellas estaban desnudas y algunos las miraban lascivamente. El Paraíso se había perdido. Carlos captura así ese momento:
 Se encueraron diecinueve mil y otros tres mil llegaron tarde. Si ya existe el Tunick Book of World Records, México va a la cabeza casi tres veces por encima de Desnudarte de Barcelona. Un error logístico: los hombres se visten primero y cuando las mujeres regresan de las cercanías de Palacio Nacional, hay un brote del machismo antiguo, fotos con el celular, comentarios agresivos, miradas que matan de las ya fatigadas ardientes pupilas. Las mujeres responden con eficacia, no se inmutan, se dirigen hacia sus bultos de ropa, el vestirse es más difícil que la obediencia divertida al ‘¡Fuera ropa!’ del comienzo. Las vallas conceptuales se desintegran casi de inmediato, la sensación que se esparce es triunfal y triunfalista.
Es demasiado pronto para extraer conclusiones. Es demasiado tarde para vestir de nuevo y como si nada a la sociedad.
 [13]

 La fascinación literaria de Monsiváis por el libro neotestamentario de Apocalipsis le lleva a reelaborar varias ocasiones un texto titulado “Patmos esquina con Eje Central” . [14] En su versión apocalíptica del país y de la ciudad de México, el escritor, en su papel de Juan el vidente del último libro de la Biblia, plasma su observación inicial en los siguientes términos: “Bienaventurado el que lee, y más bienaventurado el que no se estremece ante la espada aguda de la economía, que veda la entrada al dudoso paraíso de libros y revistas, en estos años de ira, de monstruos que ascienden desde el mar, de blasfemias, y de dragones a quienes seres caritativos filman el día entero para que nadie se llame a pánico y se les considere criaturas mecánicas y no anticipos de la feroz desolación”.

El “reescritor”, así conocido por su obsesión de corregir, ampliar y revisar constantemente lo redactado a mano, extiende el artículo de Nexos y lo incorpora como capítulo final de su Los rituales del caos. Cambia el título por el de “Parábola de las postrimerías. El Apocalipsis en arresto domiciliario”. [15]  La capital del país se va ampliando y asimilando todo en este proceso, en el que la constante es el acelerado crecimiento geográfico y la explosión poblacional:
 Y vi una puerta abierta, y entré y escuché sonidos arcangélicos, como los que manaron del sonido muzak el día del anuncio del Juicio Final, y vi la ciudad de México (que ya llegaba por un costado a Guadalajara, y por el otro a Oaxaca), y no estaba alumbrada de gloria y de pavor, y sí era distinta desde luego, más populosa, con legiones columpiándose en el abismo de cada metro cuadrado, y video-clips que exhortaban a las parejas a la bendición demográfica de la esterilidad o al edén de los unigénitos, y un litro de agua costaba mil dólares, y se pagaba por meter la cabeza unos segundos en un tanque de oxígeno, y en las puertas de las estaciones del Metro se elegía por sorteo a quienes sí habrían de viajar (“No más de quince millones de personas por jornada”, decía uno de tantos letreros que son el cáliz de los incontinentes).

 El recurso apocalíptico para describir la singularidad de la ciudad de México es, nuevamente, evidenciado por Monsiváis en un largo escrito publicado en el suplemento literario y cultural del periódico La Jornada. [16] Aquí entrelaza datos devastadores e imágenes esperanzadoras de la metrópoli. Por medio de cuatro ángeles (noticieros del Apocalipsis) que revelan datos y cifras del gigantismo capitalino, el cronista traza un panorama en algunos puntos desolador por el deterioro de la vida cotidiana de sus habitantes. Lo azaroso de la convivencia en la ciudad (“la escatología urbana prodiga imágenes del Apocalipsis privatizado, o secuestrado en los domicilios”), su martirio consuetudinario para millones de todas maneras sigue atrayendo multitudes: “Y debido al funcionamiento imprevisible de la urbe, o a la certidumbre secreta (utopía urbana es sobrevivir a diario en la catástrofe, es multiplicar familias en los resquicios del trazo apocalíptico), todos se quejan pero pocos se van, y no por una banalidad como el arraigo, sino tal vez por un motivo metafísico como el presentimiento del Juicio Final”. [17]

 Apenas bosquejamos un tema presente a lo largo de la obra de Carlos Monsiváis, se trata del imaginario bíblico al que recurre frecuentemente. Unas veces lo hace parodiando el lenguaje de la Biblia para aplicarlo a una situación de las muchas sobre las cuales ha escrito crónicas, precisiones irónicas en su trashumante sección Por mi madre bohemios, o como aforismos que denotan ecos de los Proverbios atribuidos al rey Salomón. Tal imaginario es posible detectarlo desde su Autobiografía(1966) y Días de guardar(1970), Los rituales del caos (1995), Las alusiones perdidas (2007), El Estado laico y sus malquerientes(2008) y hasta Apocalipstick(2009).

Mención aparte merece su Nuevo catecismo para indios remisos (primera edición 1982, segunda edición 2001). Ya que toda la obra es, como el mismo Monsiváis lo expresara a Elena Poniatowska, un potente eco del libro que lo marcó toda su vida: “Aún retengo muchísimos versículos de memoria y eso, en mi caso, es parte de la formación literaria; una parte estricta, porque la versión [de la Biblia] de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera es soberbia. El Nuevo catecismoviene de allí directamente, toda proporción guardada” (“Los pecados de Carlos Monsiváis”, en La Jornada Semanal, 23/II/1997).

 El peso del lenguaje de Reina y Valera recorre de principio a fin el Nuevo catecismo para indios remisos. Éste libro de ficciones fue señalado por Monsiváis como su preferido en la amplísima obra producida por él, “porque allí están algunas de las impresiones de mi niñez oyendo hablar de los santos ajenos” (Proceso, 4/V/2008). Por ejemplo, en la narración “Como escoria de plata sobre el tiesto” el título mismo devela su desenlace para quien está familiarizado con las expresiones de Reina y Valera. El estilo de ambos, gozosamente y con ironía adoptado por Monsiváis, se refleja en el desenlace cuando no se cumplen las visiones de Omixóchitl acerca de que los indios conquistados por los españoles vencerán a los invasores. Entonces Hitzilopochtli, en una nueva revelación, le reprocha que para él ella es “como escoria de plata sobre el tiesto” (cita textual de  Proverbios 26:23 ).

 El día en que el escritor cumple 70 años (4 de mayo de 2008), publica en La Jornadaun artículo cuyo título (“Los días de nuestra edad”) toma prestado, pero por supuesto, de la Biblia.Esel  Salmo 90 versículo 10 , que en completo dice, en la versión preferida por Monsiváis: “Los días de nuestra edad son setenta años; Que si en los más robustos son ochenta años, Con todo su fortaleza es molestia y trabajo; Porque es cortado presto y volamos”. Con la cita Carlos reitera lo que alguna vez me confió: “Hay libros que lleva uno en su ADN”.

 A un año del deceso de Carlos Monsiváis recordamos que como lector lo primero que memorizó fue un versículo bíblico, el de  Juan 1:1 . Afirmó lo anterior en 2006, al ser galardonado con el XVI Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. En una versión libre de la cita, el mismo Monsiváis gustaba de repetirla de la siguiente manera: “En el principio (y en medio y en el final) era el Verbo”. Amén.

 


   [1]  El presente escrito es una muy apretada síntesis de un libro en proceso, titulado  La Biblia y la iconografía heterodoxa de Carlos Monsiváis .
   [2]  Ediciones Era, México, primera edición diciembre de 1970.
   [3] Ibid ., p. 23
   [4] Ibid ., p. 60.
   [5] Ibid ., pp. 61-64.
   [6]  Este grupo tuvo como uno de sus hits en la década de los años sesentas del siglo XX la canción  Turn! Turn! Turn! (to Everything There is a Season) , cuya letra es Eclesiastés capítulo 3, con música de Pete Seeger, el legendario cantante y compositor de folk americano. En esta liga se puede escuchar la canción interpretada por The Byrds .
   [7]   Ibid ., pp. 118-125.
   [8]  “Instituida en memoria del movimiento que encabezó Francisco Primo de Verdad para instalar aquí un gobierno provisional, tras la abdicación de los reyes de España en favor de Napoleón Bonaparte”, nota de Ángel Bolaños Sánchez,  La Jornada , 22/V/2008.
   [9]  Sobre el tema es muy útil la obra coordinada por Edesio Sánchez Cetina,  “Enseñaba por parábolas…” Estudio del género parábola en la Biblia. Homenaje a Plutarco Bonilla Acosta , s/e, s/l. s/a.
   [10]  En una variación de lo anterior, en el texto titulado “De uno de tantos Génesis”, Carlos Monsiváis lo reescribió de la siguiente manera: “En el principio y ante la tardanza del dios cristiano, Huitzilopochtli y Tláloc crearon los cielos y la tierra, y en la Tierra (llamada así porque su componente mayor era el agua) la nación mexicana, hija del dios Caos y la diosa Demografía, estaba desordenada pero nunca carente de población, y por eso las deidades aztecas en su empeño de beneficiar a la primera ciudad, produjeron un Centro, atenidas a su poder de convocatoria, y pronto en Tenochtitlan ya no cabía un alma aunque todavía quedaba sitio para los cuerpos, y como había tiempo —la población no se hizo en un día— se construyó la Provincia para fomentar las migraciones a la gran ciudad…” en  Apocalipstick , Editorial Debate, México, 2009, p. 15.
   [11]  La  Biblia Traducción Interconfesional  anota que este canto es dedicado “Al maestro del coro. Salmo de David. Cuando tras haber mantenido relaciones con Betsabé, lo visitó el profeta Natán”, Editorial Verbo Divino-Sociedades Bíblicas Unidas, Madrid, 2008, p. 978. Acerca del Salmo 51, y su quinto versículo, Kathtleen Farmer comenta que “El salmo se ocupa de la intensidad del propio pecado del salmista. No se intenta culpar a nadie más de la permeabilidad del pecado en la vida del salmista. De este modo, [el versículo 5], se debe entender como una confesión de que el salmista ha sido proclive al pecado desde el momento de la concepción. Aunque esta afirmación ha sido fuente de malentendidos en círculos cristianos, está claro que en el contexto de este salmo se pone el énfasis en el pecado del hablante y no en la madre del hablante o en el acto mismo de la concepción”,  Comentario Bíblico Internacional , Editorial Verbo Divino, Estella, Navarra, 2000, p. 758.
   [12]  “El Zócalo en cueros (Imágenes de la reconciliación entre cuerpos y almas, si ambas se comprometen a ir al mismo gimnasio”),  Debate Feminista , año 18, vol. 36, octubre 2007, p. 115.
   [13]   Ibid ., p. 125.
   [14]   Nexos , diciembre de 1987. Patmos es la isla del “Deodecaneso, que se encuentra a unos 55 kilómetros al SO de la costa de Asia Menor, a 37° 20’ N, 26° 34’ E. A esta isla fue desterrado el apóstol Juan desde Éfeso, evidentemente por algunos meses, alrededor del año 95 d. C., y allí escribió su Apocalipsis (Ap. 1:9),  Nuevo Diccionario Bíblico Certeza , Barcelona-Buenos Aires-La Paz, segunda edición ampliada, 2003, p. 1034.
   [15]  Carlos Monsiváis,  Los rituales del caos , Ediciones Era, México, primera edición: marzo de 1995, quinta reimpresión: abril de 1996, pp. 248-250.
   [16]  “Apocalipsis y utopías”,  La Jornada Semanal , 4 de abril de 1999.
   [17]   Ibid .

Autores: Carlos Martínez García
© Protestante Digital 2011


El juicio por intento de violación a Dominique Strauss-Khan ha despertado un debate social que cuestiona las relaciones de género – Las víctimas de agresiones pierden el miedo a contar su caso

ANA TERUEL 14/06/2011

Hace casi un mes que saltó la noticia de la detención del dimitido presidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Khan, inculpado en Estados Unidos por intento de violación, entre otros cargos, justo cuando se esperaba que anunciase su candidatura a las primarias socialistas francesas. Entonces, todos los sondeos le daban como favorito en las presidenciales del año que viene. El ruido mediático generado -según el instituto de estudios Kantar Media, ha sido la información con mayor cobertura en la prensa en los últimos 10 años- ha servido en Francia para liberar la palabra de las mujeres y a la sociedad en su conjunto le ha llevado a cuestionarse su tratamiento de las relaciones de género. Las asociaciones esperan que el efecto sea duradero y que el caso marque realmente un antes y un después.

Fue la madrugada del domingo 15 de mayo cuando todas las televisiones, radios y webs soltaran la noticia de los hechos denunciados en el hotel Sofitel de Nueva York. Empezó así una maratón informativa de semanas, alimentada por testimonios, rumores, debates y análisis de toda índole. Desde aquella madrugada, la línea verde de atención a las víctimas del organismo francés Colectivo Feminista contra las Violaciones (CFCV) no descansa. La asociación recibe de media un 30% más de llamadas de mujeres que hablan por primera vez: normalmente recibe entre 8 y 12 testimonios nuevos diarios, en el último mes han sido entre 12 y 18. «La tendencia se mantiene, le aseguro que estamos a tope», dice Emmanuelle Piet, doctora y presidenta del colectivo.

«Es cierto que de alguna forma ha despertado algo y que ha animado a la gente a llamar», explica por su parte Olivia Cattan, presidenta de la asociación Paroles de Femmes, que también dispone de una línea telefónica de atención a las víctimas. El grupo habitualmente trata unos 300 casos anualmente. Desde que estalló el caso de DSK (Strauss-Khan es conocido en Francia por sus iniciales), tiene ya casi 250 testimonios nuevos. «La mayoría son casos de acoso sexual, algunas personas denuncian violaciones, que a veces se remontan a hace años, e incluso, y es lo que más me ha sorprendido, tenemos casos de hombres que denuncian violaciones», añade. «Muchas personas nos dicen que antes no se atrevían a hablar y que ahora sienten que la sociedad está más dispuesta a escucharlas».

«Lo interesante del caso DSK es que no solo ha liberado la palabra de la mujer, sino que lo ha hecho en lo que refiere a las agresiones procedentes de arriba», analiza el sociólogo Eric Fassin, de la Escuela Normal Superior. Señala que en la última década el discurso público en torno a las violencias sexuales se ha concentrado en el tópico de las violaciones colectivas en los suburbios marginales, cuando los estudios demuestran que estas violencias no entienden de clases.

El ejemplo más revelador es el del alcalde de Draveil y, hasta hace dos semanas, Secretario de Estado de la Función Pública, Georges Tron. Apenas 10 días después del arresto de Strauss-Kahn, dos antiguas empleadas, animadas por el ejemplo de una mujer de limpieza guineana que no dudó en denunciar al poderoso jefe del FMI, se decidieron a denunciar al político por agresión sexual. Una tercera colaboradora ha sumado desde entonces su testimonio. Tron, que asegura ser víctima de una conspiración y acusa a sus supuestos impulsores de aprovecharse del contexto del caso DSK, tuvo que dimitir de su puesto en el Gobierno, dada la sensibilidad de la opinión pública en pleno caso DSK.

Las víctimas no son las únicas que se animan a hablar. El exministro de Educación y filósofo, Luc Ferry, se hizo eco en un plató de televisión de rumores según los cuales otro exministro había participado en una orgía con menores en Marruecos. Las declaraciones provocaron gran revuelo -«no entendemos cómo el señor Ferry no ha hablado antes», dice la activista Olivia Cattan-, la apertura de una investigación judicial y dos demandas de asociaciones marroquíes.

Este fin de semana, el diario Le Parisien informaba de un caso particularmente llamativo por las similitudes con el de DSK, con la diferencia de que se sitúa en París. Los hechos se remontan al verano de 2010. Una empleada del lujoso Hotel Park Hyatt Vendôme, de nacionalidad guineana, denunció entonces haber sufrido una agresión sexual mientras limpiaba la habitación de un cliente. El presunto agresor era un allegado de la familia del príncipe de Catar. Según el relato de la mujer, el hombre la encerró en el cuarto de baño y llevó a cabo una serie de tocamientos. La entrada de familiares del cliente en la habitación puso fin a la agresión.

La mujer presentó una demanda la misma noche en que ocurrió aquello y la policía rápidamente identificó al presunto agresor, pero no pudo dar con su paradero. Según el diario, fuentes de la investigación hablan de «presiones diplomáticas». Con el tiempo, desanimada, la propia víctima dejó de cooperar con los investigadores y hace unas semanas estos cerraron el caso. A raíz de la detención del político socialista en Nueva York, la mujer se volvió a poner en contacto con la policía y la fiscalía se dispone ahora a reabrir el caso. «Es increíble ver como antes del caso DSK se podía tratar una situación como esta», indicó al diario una fuente judicial.

«Lo que ha desencadenado también ha sido el testimonio de mujeres políticas sobre el machismo todavía muy instalado en su entorno», apunta Janine Mossuz Lavau, del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences-Po. Así, la ministra de Deportes, Chantal Jouanno, relató, por ejemplo, cómo tuvo que dejar de llevar faldas en el Congreso de los Diputados para no tener que seguir aguantando las bromas sexistas de sus compañeros. Mossuz Lavau piensa que los mismos comportamientos son igual de frecuentes en el ámbito empresarial.

Sin embargo, los efectos del caso Strauss-Khan no son los mismos entre todas las víctimas. Un tercio de las llamadas que ha recibido el Colectivo Feminista contra las Violaciones a raíz del escándalo corresponde en efecto a mujeres que, al igual que en el caso Tron, han encontrado fuerza en el ejemplo de la empleada del Sofitel para dar el paso de hablar. Otro tercio corresponde a mujeres que denunciaron en su día la agresión y pensaban haber pasado página, pero que reviven ahora el trauma. El tercio restante, y esto es lo que preocupa a la asociación, afirma que, al contrario, el tratamiento reservado a la presunta víctima les da todavía menos ganas de hablar en público del tema.

Además, dar el primer paso de hablar no significa que las víctimas estén listas para denunciar. «Muchas mujeres que nos llaman ni siquiera se atreven a darnos sus señas; somos a menudo la primera persona a la que se dirigen», dice Cattan. La comparación entre los estudios sociológicos de víctimas de violaciones y el número de demandas indica que apenas se denuncian entre el 5% y el 10% de las violaciones.

Una de las principales razones es que, en la gran mayoría de los casos, las agresiones y violaciones son cometidas por personas del entorno más directo. «Es muy difícil denunciar en estos casos», señala la socióloga Véronique Le Gaouziou, autora deViolaciones, aspectos sociológicos de un crimen. La especialista explica que entran en juego factores como las reacciones de la familia y que en general existen lazos afectivos y económicos. El miedo y la intimidación son otros de los principales motivos. «Tampoco ayuda mucho el proceso judicial, en el que la víctima tiene que repetir una y otra vez una historia que están deseando olvidar», añade.

De cualquier modo, las asociaciones esperan que el caso de DSK marque un antes y un después en la sociedad francesa. «En general, las mujeres que nos llaman están muy enfadadas con el tratamiento que se hizo del caso durante la primera semana», explica Piet. «La forma en la que se comentó que lo de Strauss-Khan era poco más que seducción era insoportable… Frases como que a DSK le gustan las mujeres, así, en plural. ¿Qué querían decir? ¿Cualquiera? ¿Ves una mujer y le entras? Esto ha provocado tal enfado entre las mujeres que espero que durará», añade.

Uno de los comentarios que más ha dado que hablar en los días que siguieron la detención del político socialista fueron los de compañeros de partidos como el exministro de Cultura Jack Lang, quien trató de quitar importancia a los hechos imputados indicando que no «había muerto nadie». Otro exministro socialista, esta vez de Justicia, Robert Badinter, muy respetado en Francia por ser el impulsor de la abolición de la pena de muerte, hizo una virulenta defensa de su amigo al denunciar la «ejecución mediática» de DSK y la descompensación del sistema judicial estadounidense entre demandante y acusado.

Estas reflexiones son lo que han provocado la reacción de las asociaciones que, indignadas, el domingo siguiente a la detención de Strauss-Khan se echaron a la calle y no cesan desde entonces de ocupar el espacio mediático. «No es mayo del 68, pero hay cierto viento de rebelión entre las mujeres», dice Cattan, que asegura que las asociaciones están ahora más coordinadas entre ellas. «Creo que cuando hagamos en el futuro una cronología histórica del feminismo en Francia, el caso DSK será una fecha clave», añade.

Para Fassin, de hecho, la condena general e inmediata de este tipo de comentarios y el eco que han logrado las asociaciones feministas es ya un indicativo de que las cosas han empezado a cambiar. «El hecho de que dos personalidades tan populares en Francia como son Lang y Badinter hayan quedado anticuados es muy revelador», indica. «Hemos pasado a otro mundo y ellos no han sabido entenderlo».

 

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