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Leopoldo Cervantes-Ortiz

¿A qué viene Ratzinger a México?
 Con la visita papal, ambos, Calderón y el Vaticano saldrán ganando.
 La pregunta que se hace en esta oportunidad es resultado de la observación de los preparativos para la visita del Joseph Ratzinger a tierras mexicanas dentro de algunas semanas .

Ciertamente algunas personas se han expresado en contra de este viaje pues implica, algunos dirán que de manera inevitable, el desembolso de recursos gubernamentales en todos sus niveles para favorecer únicamente a la iglesia católica, la principal interesada. Sin el carisma de Karol Wojtyla, Ratzinger se presentará en el estado de Guanajuato, una provincia mexicana con un altísimo porcentaje de población católica, bastión reconocido de esa religión y gobernada por Acción Nacional, el partido de derecha en el poder desde 2000.

 El hecho de que Benedicto XVI no encabece ningún acto en la capital del país ha sido interpretado no tanto como un desaire sino como una manifestación de rechazo hacia algunas de las políticas desarrolladas por el gobierno de centro-izquierda , es decir, las relacionadas con la interrupción de embarazos y las uniones de personas del mismo sexo. Los organizadores de la visita, al optar por llevarlo a dicha entidad, parecen dar la razón a quienes insisten en calificarla como un intento por reforzar la presencia católica en el contexto de las próximas elecciones presidenciales del 1 de julio. También se ha dicho que viene a apuntalar la alicaída campaña de Acción Nacional y la escalada contra el artículo 24 constitucional cuya reforma se discutirá después de su visita.

 Bernardo Barranco ha señalado uno de las principales debilidades de esta visita, pues, al parecer, Ratzinger no ha agendado una reunión con las víctimas de abuso sexual por parte de algunos sacerdotes. Esto resultaría particularmente sensible tratándose del país de origen de Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo y cuya vida disipada desenmascarada luego de su muerte ha significado un enorme escándalo y el colateral descrédito para cuanto huela a catolicismo en amplios sectores de la población. Barranco destaca el hecho de que en algunos países europeos que ha visitado, Ratzinger no sólo se ha reunido con personas así (y con sus familias) y hasta ha derramado lágrimas de dolor por lo sucedido, como en Malta. Barranco agrega: “¿Es una señal u omisión imperdonable? Es un agravio que se suma al desprecio que durante décadas sufrieron las denuncias de ex legionarios por parte de la burocracia de la Iglesia y la complicidad de poderes fácticos como empresarios y políticos mexicanos, así como muchos medios de comunicación”. [1]

A críticos acérrimos de estos temas, como Fernando González, investigador de la Universidad Nacional, quien ha dedicado estudios sólidos a esa institución religiosa, les ha llamado la atención que el máximo dirigente católico mundial actúe de manera tan distinta (y hasta discriminatoria) con la población mexicana y que se deje pasar un instante tan simbólico para mostrar su preocupación por subsanar las heridas profundas que ha dejado el caso y que en países “primermundistas” ha obligado a los episcopados a pagar enormes sumas como indemnización. González ha señalado insistentemente la complicidad del cardenal Norberto Rivera Carrera con Maciel y esta línea de silencio llega hasta Ratzinger también. [2] De modo que a eso tampoco viene predominantemente Ratzinger, pues lo que se explotará indiscriminadamente será el peso político de su estadía.

 González advierte que con la visita papal, ambos, Calderón y el Vaticano saldrán ganando , puesto que la relación entre el primero y la jerarquía católica no ha sido tan tersa: “¿Cuál es su relación? de pros y contras. La Iglesia Católica sacó cosas, Felipe les ayudó, pero al mismo tiempo Felipe no puede dejar de ser el Presidente de todos los mexicanos y entonces tiene que estar jugando una de cal por una de arena, moviéndose entre sus convicciones, haciéndose para atrás y volviendo a sacar la cara”. [3] Este investigador sugiere que al reunirse con Benedicto XVI, Calderón le presentará la reforma constitucional como un logro sumamente agradecible por parte de la iglesia católica.

 A los frecuentes embates contra la laicidad del Estado mexicano, Ratzinger agregará seguramente otro bombardeo mediático, la llamada  papolatría,  que inundará día y noche las pantallas televisivas. Esta publicidad tan intensa y machacante de la fe católica en los medios de comunicación no contará con la imagen de un dirigente religioso cuya fuerza, en el caso de Wojtyla, radicaba más en la eficacia de sus gestos que en el impacto verdadero de su discurso, tan ligado como estaba a la temporalidad de los rituales masivos que lo acompañaron en sus varias visitas al país, identificado claramente como un “reservorio religioso” ante el crecimiento de lo que el actual papa denomina “relativismo” existencial.

Sus ataques a la manera en que las sociedades se han secularizado no dejan de sorprender, sobre todo si se recuerda el diálogo que llevó a cabo con un filósofo de la altura de Jürgen Habermas, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica. [4] Las ideas teológicas de Ratzinger, tan lejanas del común denominador de creyentes católicos mexicanos no son las que estarán en juego, debido a la escasa difusión que los propios medios otorgan a esa vertiente de su trabajo eclesiástico. Se echará mucho de menos las aportaciones teológicas “en vivo” del jerarca católico, y se tendrá que recurrir a lo que ha publicado y que no es poco, dicho sea de paso. Su papel como dirigente ha oscurecido, a pesar de lo controversial de su trabajo, sus notables aportaciones.

Bien valdría la pena cerrar este artículo con sus propias palabras, justo del tipo de las que harían muy bien en atender las cúpulas católicas mexicanas:
 …debo añadir que esto no puede ser la misión inmediata de la jerarquía eclesiástica, que consiste en proclamar el núcleo central del evangelio., el contenido esencial de la fe en cuanto tal, y de este modo despertar la conciencia de los cristianos. Son éstos quienes luego, partiendo del evangelio en cuanto cristianos, pero con responsabilidad libre y personal, deben librar la batalla del evangelio y para ello deben asociarse del modo más conveniente. Me parece muy importante el resaltar ambas cosas: en primer lugar la obligación que la fe impone frente al poder y que es un deber real, y, en segundo lugar, la no identidad de la iglesia con el programa político, partidos políticos o asociaciones políticas. La iglesia no puede convertirse en un partido. La fe no debe degenerar en pura política, sino que ella crea precisamente el espacio de la libertad en el cual luego los hombres cumplen su obligación política . [5]

 


   [1] B. Barranco, “Benedicto XVI no recibirá a las víctimas de Maciel”, en  La Jornada,  29 de febrero de 2012,  www.jornada.unam.mx/2012/02/29/opinion/027a2pol.
   [2] Sanjuana Martínez, “Documentan protección del cardenal Norberto Rivera a Marcial Maciel”, en  La Jornada,  21 de marzo de 2010, p. 34, www.jornada.unam.mx/2010/03/21/sociedad/034n1soc.  González es autor de los libros: Marcial Maciel. Los Legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos  (México, Tusquets, 2006) y  La iglesia del silencio. De mártires y pederastas  (Tusquets, 2009).
   [3] “El papa en México: ¿una visita negociada?”, en www.vivelohoy.com/noticias/mundo/8066006/el-papa-en-mexico-%C2%BFuna-visita-negociada,  6 de febrero de 2012.
   [4] J. Habermas y J. Ratzinger,  Entre razón y religión: dialéctica de la secularización. México, Fondo de Cultura Económica, 2008 (Cenzontle).
   [5] Teófilo Cabestrero,  Conversaciones sobre la fe.  Salamanca, Sígueme, 1977, p. 193.

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz
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Entrevista a Juan Fco. Mnez. Guerra

Los entresijos del voto evangélico en EEUU
El Partido Republicano ajusta su política para captar un electorado que tiende a valorar la moral personal por encima de la social, una situación que causa conflicto entre los latinos, especialmente los evangélicos.

26 DE FEBRERO DE 2012, CALIFORNIA (EE UU)

 El Partido Republicano se encuentra en pleno proceso para elegir a su candidato a las elecciones generales en Estados Unidos. La carrera entre el católico Santorum y el mormón Romney podría decantarse hacia un candidato en base al voto evangélico, que desde 1980 se torna decisivo en este partido conservador.

Explica  Juan Francisco Martinez Guerra desde California, en una entrevista concedida a Protestante Digital, que  el voto “evangelical” (que incluye a las denominaciones evangélicas «no históricas») se transforma en “decisivo a partir de 1980, cuando se levanta el movimiento de la Mayoría Moral , juntando a personas que durante mucho tiempo había sido apolíticas”. De hecho, estas iglesias se habían mantenido al margen del debate político hasta entonces, a diferencia de las denominaciones llamadas históricas.

 A partir de entonces –explica Martínez, profesor en el Seminario Teológico Fuller- este grupo creciente en Estados Unidos encuentra una voz ligada a los movimientos conservadores del Partido Republicano”. Este lobby se define en torno a posturas conservadoras  “en temas como el aborto o el matrimonio del mismo género, asuntos que se convierten en estandartes que reflejan una ideología ligada a esta tradición”.

Y aunque en estos dos temas  ambos candidatos –Romney y Santorum- tienen planteamientos semejantes, se diferencian en el énfasis . “Hace unos dos años se firmó la Declaración de Manhattan, en la que líderes de muchos segmentos del mundo evangelical y líderes católicos dijeron que si el país intentaba imponer asuntos de aborto o matrimonio del mismo género ellos practicarían la desobediencia civil –añade Martínez-, algo inaudito en este contexto”.

Hay por tanto “mucho voto” unificado en torno a esta postura social conservadora, algo que Sartorum intenta aprovechar. “ Sartorum usa estos dos temas como bandera unificadora, mientras que Romney se sitúa en un contexto en el que no son los temas principales ”, afirma el profesor.

 DIFERENTE CRITERIO

Voto protestante y «evangelical» en EEUU
Juan Fco. Mnez. Guerra, profesor del Seminario Teológico Fuller en Pasadena, California, analiza el peso del voto evangélico en las elecciones presidenciales en EEUU, y especialmente el voto latino, en una entrevista de Daniel Oval.

 Esta defensa cerrada no se transmite, sin embargo, en otros aspectos políticos que afectan la ética y la vida de las personas, como la atención sanitaria pública, la justicia social o la política de inmigración. Este es el aspecto que más “despista” a los votantes latinos, un colectivo que muchos politólogos consideran como la “llave” a la Casa Blanca.

Juan Martínez explica la “frustración” del evangélico latino que “comparte por un lado la ideología de justicia social y de atención a la necesidad pública -una postura que les acerca a Obama-, pero comparte también con el conservador la opinión sobre el aborto y el matrimonio del mismo género”.

Así, los demócratas “quieren que se defienda la vida y la justicia, pero que nadie se meta en asuntos personales como ellos consideran que son el aborto y el matrimonio homosexual; pero el republicano quiere obligar a actuar en la dirección opuesta: preocúpate de lo personal, pero en lo social, cada adulto que se haga responsable de sí mismo y el Gobierno que no se meta”.

 Para los latinos (evangélicos o de otras creencias) el asunto migratorio es clave  y Martínez considera que se trata “de un campo de batalla reciente en el que ni republicanos ni demócratas saben bien qué hacer. Las formas de dividir las posturas políticas no cuadran para los latinos, y nos fastidia, porque queremos unir las dos cosas”.

Esta contradicción se pudo ver en las elecciones de 2008. En California “la mayoría de latinos y afroamericanos votamos por Obama pero también por la proposición 8, que cerraba las puertas al matrimonio homosexual. Y tanto republicanos como demócratas están ofendidos con nosotros por esta postura”.

 EN OPOSICIÓN FRONTAL
 Al votante evangélico –que entre los latinos supone un 20%- se le presenta esta disyuntiva. Las razones detrás de una oposición “moral” al matrimonio homosexual tiene un sentido más profundo que el que pueda tener en países como España . “Aquí en Estados Unidos no hay separación civil-religiosa en cuanto a registro. El matrimonio que se hace en la iglesia es el matrimonio legal. Las personas que abogan por el matrimonio homosexual quieren que la iglesia se vea obligada a casar a personas del mismo sexo”, dice Juan Martínez.

 En cuanto al aborto, el asunto es semejante . “Si el aborto se aprueba, como aquí la salud la paga el empleador, un hospital católico tendría que pagar el aborto a pesar de estar en desacuerdo”, y por eso “hay un moralismo rígido y no se busca un camino de convivencia, sino un camino de victoria, por ambos lados (…) Se quiere insistir en que  mi postura es la única que va a pesar ”.

 EL DEFINITIVO VOTO LATINO
 Para Martínez Guerra, la fuerza latina permitió que en 2004 “George Bush fuese reelecto gracias a que era promigratorio, pero en 2008 ganó Obama porque estos latinos estaban más acorde con la línea migratoria definida por el actual presidente, aunque en otras cuestiones ideológicas estuvieran más cerca del Partido Republicano”.

“Ha dicho un líder republicano latino -cuenta Martínez- que deben ganar un 40% de este voto para triunfar en las elecciones en 2012. La probabilidad de que esto ocurra es casi nula, por sus posturas tan rígidas en cuanto a la inmigración”.

Los líderes evangélicos más reconocidos, como Sammy Rodriguez o Luis Cortés, suelen mostrarse “entre ambos bandos, ya que por un lado se juntan con los Republicanos para hablar de aborto o matrimonio homosexual, pero al hablar de inmigración, de educación, están con los demócratas”.

 La conclusión es que “los republicanos, por insistir en frenar a los ilegales, han alienado a mucho del voto evangélico latino. Ese voto fue en 2008 un 55% a favor de Obama. Era la primera vez que se marcaba de forma tan grande. Creo que Obama ganará cerca del 70% del voto latino en general, lo que hace muy difícil que gane el partido Republicano. Estados claves como Nuevo México, Colorado, Florida, Texas o Illinois tienen una gran presencia latina donde seguramente se haga la diferencia”.

 UNA REFORMA NECESARIA
 Desde su posición como latino, Martínez considera fundamental “una reforma migratoria”, algo que cree que comparten la mayoría de los cristianos evangélicos de EEUU una vez que se sale del foco del debate público político . “Con aquellos que confiesan la fe evangélica, si salimos del ambiente de la retórica política y lo llevamos al terreno de la fe cristiana, la mayoría están a favor de la reforma migratoria”.

“Por ejemplo, los líderes de la Convención Bautista del Sur, una de las más conservadoras, apoyan que se haga una reforma migratoria justa, pero también reconocen que la retórica política ha creado una situación en la que la gente que está en los bancos de la iglesia no está de acuerdo con su liderazgo. Estas personas están influidas por el calor retórico”.

 LA PERCEPCIÓN DE OBAMA
 El presidente Obama ha sido atacado desde diferentes frentes en cuanto a su identidad, nacionalidad y práctica religiosa, a pesar de que él se ha definido de forma definitiva como cristiano protestante. Para Martínez, la figura de Obama como cristiano protestante “no es cómoda para nadie”.

Por una parte se debe a que en Estados Unidos se “vive en una situación en la que el pueblo es muy religioso, pero las capas políticas y económicas no lo son. Constantemente ha habido esta tensión, en la que los presidentes expresan una fe pública, pero que realmente no la practican”.

Sin embargo “cuando tenemos un presidente que expresa su fe, no se sabe qué hacer con él. Por ejemplo Jimmy Carter lo hacía y los evangélicos no le votaron. Algo diferente pasa con Obama, donde mucho de su apoyo viene de las capas seculares, pero no saben qué hacer con un hombre que llega con gusto al desayuno de Oración. Para ellos, una persona liberal no puede ser cristiana. Obama saca de quicio a todos”.

En cuanto a los evangélicos más ligados al partido Republicano, Juan Martínez considera que son un grupo “al que les cuesta aceptar una voz que no sea la de ellos” a pesar de que Obama haya tenido que “desligarse de su pastor y de su iglesia en Chicago”, relacionada con la línea de contestación social cuyo estandarte fue Martin Luther King Jr. “Obama, para que la gente blanca lo sintiera aceptable, debía romper con estas voces más proféticas del entorno protestante afroamericano”, explica Martínez.

 OPINIÓN SOBRE ESPAÑA
Como analista desde la distancia, este profesor del Seminario Fuller (California) aporta su visión sobre la situación de los evangélicos en España. “Veo a los cristianos lidiando con la migración latinoamericana, que es mucho más cristiana que la población en general en España. Me pregunto cómo es que los creyentes van a ver la llegada de creyentes. ¿La ven como amenaza o como oportunidad de reavivar la vida cristiana en España?”, plantea finalmente Juan Martínez Guerra. Sus reflexiones pueden seguirse en su columna semanal “ Caminando con el pueblo ” en el Magacín de Protestante Digital.

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La obligatoriedad de los anticonceptivos enfrenta al presidente con una de sus principales bases electorales

 Washington

Obama, en un acto sobre Ciencia en la Casa Blanca el pasado día 7 / SAUL LOEB (AFP)

Aunque Irán y la economía sean las principales amenazas para su reelección, Barack Obama se ha encontrado en los últimos días con un obstáculo inesperado que encierra un enorme potencial de perjudicar sus posibilidades de victoria el próximo noviembre: la Iglesia católica. Un conflicto sobre la obligación de que las instituciones católicas suministren anticonceptivos en los seguros de sus empleados, podría derivar en una batalla religiosa de graves repercusiones electorales.

Ante la presión de la jerarquía y de personalidades católicas, el Gobierno ha ofrecido esta semana los primeros síntomas de dar marcha atrás para contener la furia de una confesión religiosa que frecuentemente ha apoyado a la izquierda y que fue decisiva para el triunfo de Obama en 2008.

Como todos los casos que afectan a la fe de las personas, la salud de las mujeres y sus derechos de reproducción, éste asunto posee múltiples enfoques bien fundamentados. Entran en juego aspectos vitales en toda sociedad, como la libertad individual, las obligaciones del Estado con sus ciudadanos y los límites en la compleja relación entre la política y la religión. Pero lo más importante en este momento es dilucidar si Obama se ha metido innecesariamente en un debate ideológico con el que compromete su futuro político.

La respuesta no es sencilla. Defender el principio de que el acceso a los anticonceptivos es, ya avanzado el siglo XXI, un derecho de las mujeres en el que no se pueden admitir excepciones, parece un causa muy razonable. Pero alienar por esa razón a millones de potenciales votantes que se siente ofendidos, puede ser un tremendo error político.

El conflicto estalló el pasado 20 de enero, cuando la secretaria de Salud y Servicios Humanos, Kathleen Sebelius, anunció que las empresas de afiliación católica, como hospitales, colegios, universidad y algunas instituciones de caridad, estaban obligadas, como cualquier otra, a incluir los anticonceptivos dentro de los seguros de salud que ofrecían a sus trabajadores. Obviamente, no es que las monjas y los curas tuvieran que darles pastillas contra el embarazo a las mujeres, como grotescamente lo han planteado algunos críticos de esta medida, sino que los doctores a los que acceden los empleados de la Iglesia católica puedan recetar ese tipo de medicamentos.

El Gobierno actuó de acuerdo a las recomendaciones de un panel de expertos sanitarios que, en el marco de la reforma sanitaria de 2010, consideró los anticonceptivos como una parte imprescindible de la salud de las mujeres. Entendiendo, por supuesto, que aquella persona que, por razones de conciencia, rechazase su uso, no estaba obligada a hacerlo. “Creo que hemos hecho un balance entre el respeto a la libertad religiosa y la necesidad de facilitar el acceso a servicios preventivos necesarios”, sostuvo Sebelius.

La Iglesia católica no lo vio así. “Forzar a los ciudadanos norteamericanos a escoger entre violar su conciencia o renunciar a su seguro de salud es injusto”, manifestó el arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal norteamericana, cardenal Timothy Dolan. Otros obispos y sacerdotes fueron más lejos y advirtieron que las institucionales católicas no cumplirían jamás con la exigencia del Gobierno.

Destacadas figuras del ámbito católico, como Jim Towey, presidente de la universidad Ave María de Florida, anunciaron que lucharían contra esa disposición “con todos los medios legales disponibles”. E incluso católicos que siempre han estado del lado de Obama, como Douglas Kmiec, quien en 2008 presidió un grupo para fomentar el voto católico para el entonces candidato demócrata, han advertido que este episodio “causará sin duda grandes problemas para Obama”.

Es ahí donde radica la trascendencia de esta polémica. El ángulo moral o legal, siendo importante, no tiene un impacto inmediato. Pese a todas las quejas de la Iglesia, es difícil que la jerarquía llegase a provocar una insurrección contra la autoridad del Gobierno. Después de todo, regulaciones semejantes a la anunciada por Sebelius están actualmente en vigor en 28 Estados del país sin que haya sucedido nada.

Por lo que esto preocupa hoy mucho en la Casa Blanca es por el daño que puede causar entre votantes teóricamente favorables. Obama ganó el voto católico en 2008 por 16 puntos de ventaja, e incluso en este momento, cuando su popularidad es muy inferior, sigue teniendo diez puntos de preferencia sobre cualquier candidato republicano.

Un amplio porcentaje de católicos están asentados en Estados progresistas del Este y otra gran porción de ellos son hispanos, ambos grupos, votantes demócratas. Los católicos estuvieron entre los principales defensores de la polémica reforma sanitaria de Obama y van a ser imprescindibles para influir en los miembros del Tribunal Supremo –seis de los nueve son católicos- que tienen que decidir este año sobre la constitucionalidad de esa ley.

Entrar en conflicto con ese colectivo a nueve meses de las elecciones puede ser insensato. Aunque un 53% de los católicos, según una encuesta, respalda la obligatoriedad de los anticonceptivos, la otra mitad lo rechaza, y la campaña de presión en marcha puede cambiar todavía más esas cifras. Al margen de los católicos, el ruido de una guerra de religión puede perjudicar al presidente entre otros sectores de votantes moderados e independientes. El candidato republicano Mitt Romney ha comenzado a incluir en sus mítines la denuncia de que “existe un asalto por parte del presidente a las creencias religiosas”.

Ante esa realidad, Obama ha empezado a reconsiderar su posición. El jefe de su campaña de reelección, David Axelrod, ha declarado que “se está buscando una forma de garantizar el derecho a la atención preventiva al mismo tiempo que se respetan las prerrogativas de las instituciones religiosas”. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, ha asegurado que el presidente no ha cambiado de posición pero está dispuesto a escuchar diversas fórmulas de solución.

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Nicolás Panotto
Por Nicolás Panotto
El fenómeno de “los indignados” se expande cada vez más por diversas partes del mundo. Denominado como tal, comenzó en España a través de multitudinarias movilizaciones y asambleas populares convocadas para reclamar una respuesta frente a la profunda crisis socio-económica que dicho país atraviesa, al igual que buena parte de las naciones que componen la Unión Europea. Inspirados por la breve pero contundente obra “¡Indignaos!” del francés Stéphane Hessel, estos heterogéneos conglomerados demandan que los modelos políticos vigentes (sean del lado que fuese) ya no funcionan. “Son todos iguales”, exclaman.
Primero en España, luego en Israel y en diversos países de Europa, y ahora en EEUU con las crecientes manifestaciones frente a Wall Street y en distintas ciudades. Las revueltas populares también se expanden hacia diversos lugares, muchas veces sin el nombre propio de “indignados”: las multitudinarias marchas estudiantiles en Chile y la cadena de protestas en diversos países de Medio Oriente cuestionando los regímenes políticos en el poder, son otros ejemplos de este polvorín que caracteriza los tiempos que corren.
Todos estos movimientos reflejan la indignación frente a aquellos modelos, sistemas e ideologías que se han presentado por décadas como respuestas absolutas a los males que nos asedian: el libre mercado, la neutralidad del ejercicio electoral, ciertas formas institucionales del Estado moderno, las bipolaridades ideológicas entre derecha e izquierda, etc. No por nada el pequeño manifiesto de Stéphane Hessel hace un recordatorio de la Resistencia en Francia contra la política nazi, solicitando especialmente a los jóvenes que se indignen y resistan los tipos de totalitarismos que rigen nuestro tiempo, como los recién mencionados.
Podríamos extraer muchas conclusiones de este panorama. Pero me gustaría resaltar algunos elementos, especialmente en lo que refiere a aquellas enseñanzas con respecto a cómo definimos lo político hoy día en esta coyuntura particular. En primer lugar, todo esto nos muestra que el poder no es un objeto perteneciente a un grupo social determinado sino, como ya lo dijo Michael Foucault, es un ejercicio circulante y en constante movimiento. En este sentido, es necesario deconstruir aquellos imaginarios socio-políticos maniqueos que determinan a una mayoría al dominio de una minoría, que dividen todo espectro social entre dos supuestos polos (derecha/izquierda, opresores/oprimidos), que reflejan la geopolítica del mundo entre países centrales y periféricos. Con esto no queremos negar la existencia de tales instancias, sino más bien cuestionar la comprensión del ejercicio del poder sólo desde estas lecturas deterministas. Los estallidos sociales que hemos mencionado reflejan esto mismo: no existe un poder omnímodo que clausura las conciencias y los cuerpos; la resistencia siempre es posible, desde los espacios, gestos y movimientos más inesperados.
En segundo lugar, hay que recuperar la constitución heterogénea de lo político. Este desencanto por parte de “los indignados” con respecto a las instituciones tradicionales de la política, nos mueve a reforzar el hecho de que lo político se juega en la interacción de un sinnúmero de sujetos, grupos, movimientos, organizaciones, etc. El ejercicio de lo político no está determinado exclusivamente bajo el marco del “Estado nacional” o los partidos. Más bien es ese proceso constante de construcción de lo identitario por parte de todo grupo social, que proyecta su intrínseca heterogeneidad en un movimiento que cuestiona toda instancia de poder que intenta mostrarse homogénea y portadora de la Verdad absoluta. Esto es lo que la modernidad nos ha dibujado con sus leyes de progreso, que llevarían a todas las naciones del mundo al paraíso de Occidente. Todo eso falló. No ahora, sino hace ya mucho tiempo.
Con este mismo cuidado debemos leer la obra mencionada de Stéphane Hessel. Más allá de su riqueza, la insistencia en volver a los “valores universales” de la Justicia, la Democracia, la Igualdad, conllevan el peligro de la ingenuidad con respecto a su definición concreta, cuyas consecuencias ya hemos sufrido. Occidente, desde su parcialidad y tal vez con “buenas intenciones”, ha sido el marco desde donde se ha dado sentido a tales instancias, dejando de lado otras cosmovisiones y prácticas. No podemos escapar del hecho de que nociones tales como lo democrático, la justicia y la igualdad siempre se comprenden desde un lugar concreto. El problema comienza cuando éste se absolutiza. Dicho error lo han cometido todos los espectros políticos, desde la derecha hasta la izquierda.
De aquí que tales principios deben permanecer abiertos, como marcos que ciertamente son “universales” para la “humanidad”, aunque sabiendo que estos últimos son instancias que se encuentran en constante construcción debido a que son representaciones de una heterogeneidad de sujetos, discursos e instituciones que distan de darle un único sentido. Por el contrario, redefinen constantemente su significado según los movimientos, las circunstancias, las demandas y los contextos.
Heterogeneidad de lo político y circulación del poder son dos elementos que forman parte de nuestra existencia como sociedad. Ahora, requerimos darle un giro ontológico a su comprensión: ellas no deben ser simples muestras de una realidad que suscita por sí sola sino hay que asumirlas como instancias constitutivas de nuestro ser como humanidad y como sociedades. En otros términos, el fin de los totalitarismos no llegará con la creación de “un modelo” alternativo sino con la creación de un espacio que permita la circulación del poder y donde las voces que imprimen lo heterogéneo de nuestras sociedades sean escuchadas, para que así se cuestione todo poder que pretenda una centralidad absoluta y también se deconstruyan aquellos imaginarios socio-políticos herméticos que frenan el necesario proceso de constante redefinición social.
Lo que está sucediendo en estos días es una nueva oportunidad que la historia nos da para cambiar el rumbo de las dinámicas políticas. “Los indignados” son la plasmación de que los modelos políticos y las comprensiones ideológicas vigentes continúan en crisis y no responden a las demandas del global, heterogéneo y posmoderno contexto en que vivimos. Debemos cuidarnos de no blanquear superficialmente aquello que nos ha llevado a la crisis actual. Asumir la heterogeneidad de lo político implica un cambio en nuestros discursos absolutistas y deterministas, a ver la complejidad de los procesos sociales, a comprender que nuestros posicionamientos requieren ser relativos y pasajeros, para así facilitar la inclusión y permitir el flujo constante del poder y el necesario cuestionamiento de todo aquello que se presenta como respuesta. Que la indignación se proyecte de una coyuntura histórica determinada a una actitud de revisión constante de nuestros ejercicios políticos.

Sobre el autor:
Nicolás Panotto es Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) Licenciado en Teología por el IU ISEDET, Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Sociales y Maestrando en Antropología Social por FLACSO Argentina. Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

http://www.elblogdebernabe.com