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Las muertes de los periodistas Chris Hondros y Tim Hetherington sacuden a una profesión que ha encontrado en las revueltas árabes la oportunidad de hacer el trabajo de siempre

RAMÓN LOBO 01/05/2011

Cada generación de periodistas de guerra tiene sus muertos. A menudo, son los mejores: Gerda Taro (España), Enrie Pyle (Pacífico), Robert Capa (Indochina), David Seymour (Egipto), Kurk Schork, Miguel Gil (Sierra Leona)… Muertes que impactan en los demás porque recuerdan que no existen los inmortales, que las guerras destruyen, hieren, mutilan. Donde caen soldados y milicianos, caen periodistas. Las muertes de Tim Hetherington y Chris Hondros, el pasado 20 de abril en Misrata, han conmocionado a una profesión sacudida por la crisis, la incertidumbre, la desorientación y la escasez publicitaria. Se acabaron los tiempos de las grandes coberturas sin límite de gasto; ahora se cuenta cada euro como si fuera el último de un manantial que se seca.

La primavera árabe es la primavera del periodismo de guerra. Tras dos conflictos terribles, Irak y Afganistán, donde no ha sido posible moverse libremente porque un bando no quería -el bando que secuestraba y degollaba-, ha regresado la guerra de siempre, la de Bosnia, la de Líbano, en la que la parte débil acoge a los reporteros extranjeros porque quieren que su historia se conozca; esa es, a veces, su única munición para ganar la guerra.

Hetherington, 40 años, no tenía nada que demostrar: venía de ganar en Sundance el premio al mejor documental estadounidense conRestrepo, realizado junto a Sebastian Junger, 49 años, que lo acaba de plasmar en un libro: Guerra(Crítica).

Libia no era un viaje como otros, era el inicio de un nuevo proyecto con Junger, un trabajo en profundidad que les iba a ocupar meses. Llegó a Bengasi y buscó a Jon Lee Anderson, un viejo amigo, para pedirle consejo. No le gustó el ambiente, el caos que reinaba en la capital rebelde y a los cuatro días decidió regresar a casa. «El asunto estaba muy loco», asegura Anderson en conversación telefónica. Pero Hetherington no duró mucho en Nueva York. A las 48 horas tomó un avión y volvió a El Cairo. «Decía que un bichito le comía por dentro, que las guerras se retroalimentan con las imágenes y que él quería trabajar con detenimiento sobre esto», cuenta Lee.

Jon Lee le conocía bien, de la guerra de Liberia, una de las más crueles de África con Sierra Leona y Congo. «Tim era poco inglés. Había estudiado en Oxford, pero no se le notaba. Creo que la culpa la tenía Nueva York, y África. Era un hombre muy amable, unpana, como dicen en América Latina. Pese al éxito de Restrepo no tenía demasiado dinero. A Libia llegó como freelance (por libre) sin ninguna garantía. Era un aventurero que se había humanizado. La última noche que nos vimos en El Cairo hablamos de cosas personales. Me contó su plan de casarse con su novia somalí».

«La amígdala puede procesar una señal auditiva en 15 milisegundos, el tiempo que tardaría una bala en recorrer unos nueve metros. La amígdala es rápida, pero muy limitada: solo puede provocar un reflejo y esperar a que el pensamiento consciente lo recoja. Es lo que se conoce como reacción de alarma e incluye movimientos de protección», escribe Junger en Guerra.

«Tenía que haber ido con él a Misrata. No lo hice por un problema personal [su mujer estaba embarazada]. Teníamos un nuevo proyecto, queríamos hacer un trabajo que nos iba a ocupar hasta otoño. Ahora me siento triste y estoy desorientado», explica Junger desde Nueva York. «Existe una progresión vital natural en la que el reportero necesita trasladar su trabajo a los libros y a los documentales. Con el paso de los años no tienes la misma energía; cuando eres joven y tienes esa energía careces de la sabiduría necesaria».

Los periodistas que van a guerras son supersticiosos, como los toreros. Miman los detalles esenciales: la misma agencia de viajes, la misma maleta, la misma ropa a la ida y a la vuelta, no cambiar nunca de conductor en mitad de la misión, no permitir que le saquen fotografías…

A Hetherington le generó inseguridad viajar a Libia sin su amigo, su compadre, Sebastian Junger. Cinco meses juntos en el valle de Korengal, el valle de la muerte, hermanan: cinco viajes entre junio de 2007 y junio de 2008 empotrados en la segunda sección de la compañía Batalla: 150 hombres que libraban la quinta parte de los enfrentamientos de la OTAN en Afganistán. Sin Junger, Tim se sintió huérfano. Le animó a regresar a Libia saber que su amigo Chris Hondros, 41 años, el experto en guerras de la agencia Getty, se encontraba de camino o a punto de viajar con destino a Misrata.

Hondros, como Hetherington, pertenecía a la generación de las guerras de Irak y Afganistán, fotógrafos que han construido sus reputaciones en los últimos 10 años. Es la generación que comienza a trabajar en Kosovo, en 1999, o tras el 11-S.

«Lo ocurrido en Misrata me recuerda a lo que pasó con Kurt Schork y Miguel Gil en 1999. También eran dos de los mejores y sus muertes tuvieron un hondo efecto en sus amigos, la generación criada en las guerras de los Balcanes, sobre todo en Bosnia. Cuando sucede una desgracia así, los periodistas se plantean si merece la pena seguir. Se trata de una decisión personal», asegura Santiago Lyon, jefe de fotografía de Associated Press y veterano de Bosnia.

«La amígdala no necesita más que una sola experiencia negativa para decidir que algo constituye una amenaza, y después de un tiroteo, todos los hombres de la sección habrán aprendido a reaccionar al chasquido de las balas y a ignorar los sonidos mucho más fuertes de los hombres que hay a su lado devolviendo fuego», asegura Junger en Guerra.

Hondros era un fotógrafo valiente. Siempre demasiado cerca, como Goran Tomasevic, 42 años, de la agencia Reuters. «La mañana del día en el que murió, Chris entró en un edificio ocupado por soldados de Gadafi pegado a una unidad rebelde que trataba de tomarlo. Si observas esas fotos», dice Lyon, «te das cuenta de lo cerca que estaba de la acción, más cerca imposible. Ese es el trabajo: meterse en situaciones peligrosas y salir de ellas, pero no funciona». El miércoles, una semana después de la muerte de Hondros, se celebró en Brooklyn su funeral. Acudieron más de mil personas. Entre ellas, su novia, con quien se iba a casar en esa misma iglesia en agosto.

Robert Capa, el fotoperiodista de guerra por excelencia, decía: «Si tu foto no es suficientemente buena, es que no estás suficientemente cerca». Capa no solo se refería a la distancia física, también a la mental y emocional.

Enrique Meneses, 81 años, autor de las célebres fotos de Fidel Castro y el Che Guevara en Sierra Maestra, ha pasado parte de su vida coqueteando con esa cercanía. Meneses sostiene que «el fotoperiodismo es contar una historia con una cámara; cómo vive el soldado, cómo se cansa, cómo se deprime». «Para contar una guerra hay que estar allí, no en la frontera viendo pasar refugiados. Libia está lleno de gente joven, de freelance que se buscan la vida, que quieren estar donde se encuentra la acción, persiguiendo la foto que puede dar la vuelta al mundo».

«La mayoría de los tiroteos se desarrolla con tanta rapidez que los actos de valentía o cobardía son prácticamente espontáneos. Un soldado puede vivir el resto de su vida lamentándose por una decisión que ni siquiera recuerda haber tomado; puede recibir una medalla por hacer algo que había acabado antes incluso de saber que lo estaba haciendo». (Junger, Guerra).

Cada generación tiene sus muertos y sus fotos-símbolo. Sucede con la más importante, la de Vietnam. Aquella fue una guerra tan bien narrada y fotografiada que EE UU la perdió tras perder el apoyo de su opinión pública. Vietnam esconde miles de tragedias: gas naranja, napalm, May Lai. Para los fotoperiodistas de aquella generación, a la que pertenece Manu Leguineche, hay una fecha maldita: 10 de febrero de 1971. Cuatro de los mejores fotógrafos, Henri Huet (43 años), de AP; Larry Burrows (44), de Life; Kent Potter, 23 de UPI, y Kaisaburo Shimamoto (34), de Newsweek, perdieron la vida cuando su helicóptero se extravió y fue abatido.

Sudáfrica fue otra escuela de excelentes fotoperiodistas: produjo el Club del Bang Bang.Cuatro fotógrafos -Greg Marinovich, João Silva, Kevin Carter y Ken Ken Oosterbroek- crecieron como reporteros y personas en la lucha contra el apartheid. Dos de ellos están muertos. A Oosterbroek lo mató una bala de francotirador en 1994 y a Carter, autor de la foto de la niña sudanesa desmayada sobre una tierra yerma con un buitre detrás, lo mató su desgana por sobrevivir. Marinovich resultó herido cuatro veces en su carrera; Silva perdió sus piernas en octubre en Afganistán.

«Yo era el tercer hombre en la línea, y de repente puse mi pie quizá un poco más a la izquierda o un poco más a la derecha y bam», explicaba Silva en el programa Fresh Air,de Terry Gross, desde el centro médico Walter Reed Army, donde aprende a caminar con prótesis. «Básicamente, escuché un sonido metálico, ¡bang!, y salí despedido. Mi reacción inicial fue pedir ayuda a los que estaban cerca, también aturdidos por la explosión, pero me agarraron con fuerza y me sacaron de la zona de muerte».

La emisora estadounidense PBS (Public Broadcasting System) contó, en un programa emitido tras las muertes de Tim y Chris en Misrata, que Silva siguió tomando fotografías mientras le evacuaban y que le pidió a su compañera del The New York Times, Carlotta Gall, que le prestara el teléfono satélite. «Llamé a mi mujer. Le dije: escucha, he visto cómo mis piernas se han ido, pero creo que voy a estar bien. Creo que voy a sobrevivir».

«Por alguna razón, fue entonces cuando me di cuenta de lo fácil que es pasar de los vivos a los muertos: un día te enteras que han matado a alguien en Las Vegas, y al día siguiente tú eres ese muerto para una tercera persona». (Junger en Guerra).

Emilio Morenatti trabaja en Associated Press. Sus compañeros le destacan por su exquisita calidad. «Sabes que es una foto de Morenatti nada más verla; tienen sello propio», dice uno de ellos. Emilio tuvo más suerte que João Silva. Cuando viajaba en agosto de 2009 empotrado con las tropas estadounidenses en Kandahar, su vehículo pisó una mina anticarro. Todos los que iban dentro resultaron heridos. Él perdió la pierna izquierda por debajo de la rodilla. Tras una larga rehabilitación, también en el Walter Reed (quería estar con los soldados que habían pasado por lo mismo que él), ha vuelto al trabajo: Haití, Egipto, Túnez, Libia.

«Cuando te llega una noticia como la de Tim y Chris, lo primero que piensas es que no puede ser real. Si algo así sucede a los mejores, a los más experimentados, significa que nadie está a salvo. He visto a gente herida a mi lado y después he sido yo el herido. No es la experiencia lo que te protege, te protege la buena o mala suerte. Cuando estás en la primera línea del frente, como estaban ellos, es necesaria una mayor cantidad de suerte».

A Morenatti no le preocupa el futuro de la profesión: «Al final, siempre son los mismos. La experiencia es la que te permite fotografiar mejor. No me preocupa si son de plantilla o freelance, lo que me preocupa es no hay nadie en Siria, que dependemos de los sirios que colocan en Internet vídeos tomados con sus teléfonos. No me da miedo el cambio. Empecé hace 25 años y entonces había personas que se resistían al paso del blanco y negro al color; después de la fotografía analógica a la digital. Siempre habrá alguien dispuesto a pagar por fotografías de alta calidad».

Worl Press Photo of the year 2007 (Korengal valley, Afganistan. Setiembre 16)

Tim Hetherington, UK. for vanity fair

En una entrevista, hace años, Silva definió con inteligencia y emoción la esencia del oficio: «Tengo esta fascinación, la de ser testigo de primera mano de la historia. Siempre quise mostrar la realidad de una zona de guerra a aquellos que son lo suficientemente afortunados de no vivir las realidades de las zonas de guerra. Nosotros vamos allí y nos exponemos creyendo que nuestro trabajo tiene un impacto en la sociedad».

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La beatificación de Juan Pablo II

Publicado: abril 29, 2011 en Noticias, opinión

Se escenifica otro capítulo de la evolución de Benedicto XVI desde el neoconservadurismo al integrismo. El Papa continúa la obra de desmantelamiento del Vaticano II que inició bajo la sombra de su predecesor

JUAN JOSÉ TAMAYO 30/04/2011

Mañana, 1 de mayo de 2011, Benedicto XVI beatificará a su predecesor Juan Pablo II. Desde su anuncio, esta beatificación ha causado malestar y sorpresa en importantes sectores de la Iglesia católica. Entiendo el malestar, ya que no pocas de las actuaciones de Juan Pablo II fueron todo menos ejemplares e imitables como se espera de una persona a quien se eleva a los altares y se presenta como modelo de virtudes para los cristianos. Me refiero a su manera autoritaria de conducir la Iglesia, a su rigorismo moral, el trato represivo dado a los teólogos y las teólogas que disentían del Magisterio eclesiástico -muchos de los cuales fueron expulsados de sus cátedras y sus obras sometidas a censura-, al silencio e incluso la complicidad que demostró en los casos de pederastia, especialmente con el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, a quien dio siempre un trato privilegiado con el beneplácito del cardenal Ratzinger, su brazo derecho, etcétera.

Lo que no encuentro justificada es la sorpresa. Con esta beatificación, Benedicto XVI no ha hecho otra cosa que poner en práctica el viejo refrán: es de bien nacidos ser agradecidos. La elevación de Karol Wojtyla al grado de beato es la mejor muestra de agradecimiento que podía rendir a su predecesor, que le nombró presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y le concedió un poder omnímodo en cuestiones doctrinales, morales y administrativas. Más aún, fue Juan Pablo II quien le allanó el camino nombrándolo sucesor in péctore. ¿Cómo el Papa actual no iba a beatificar al autor de tamaño ascenso en el escalafón eclesiástico?

Si no hubiera sido por Juan Pablo II, Joseph Ratzinger sería hoy un arzobispo emérito sin relevancia alguna. Pero quiso el destino que el papa polaco llamara al arzobispo alemán a su lado y le nombrara Inquisidor de la Fe, para que la vida del cardenal Ratzinger diera un giro copernicano. Durante casi un cuarto de siglo fue el funcionario más poderoso de la curia romana por cuyas manos pasaban los asuntos más importantes del orbe católico, desde el control de la doctrina hasta los casos de pederastia sobre los que decretó el más absoluto secreto, imponiendo a víctimas y verdugos un silencio que le convirtieron en cómplice y encubridor de delitos horrendos contra personas indefensas.

Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger vivieron un idilio durante casi cinco lustros con un reparto de papeles que siempre respetaron. El primero, con vocación de actor desde su juventud, ejerció esa función a la perfección, se convirtió en uno de los grandes actores del siglo XX y recibió los aplausos de millones de espectadores de todo el mundo desde su elección papal hasta su entierro. El segundo ejerció el papel para el que estaba especialmente capacitado, el de ideólogo y guionista de la obra que le tocaba representar al papa y que puso por escrito en el libro-entrevista Informe sobre la fe, cuya idea central era larestauración de la Iglesia católica.

El guión incluía la revisión del concilio Vaticano II y el cambio de rumbo de la Iglesia católica, el restablecimiento de la autoridad papal, devaluada en la etapa posconciliar, la afirmación del dogma católico, la nueva evangelización, la recristianización de Europa, la vuelta a la tradición, el freno a la reforma litúrgica, la confesionalidad de la política y de la cultura, la defensa de la moral tradicional en toda su rigidez en materias que hasta entonces eran objeto de un amplio debate dentro y fuera del catolicismo, como la familia, el matrimonio, la sexualidad, el comienzo y el final de la vida, etcétera.

El panorama eclesial descrito por el cardenal Ratzinger en la entrevista con Vittorio Messori, publicada luego como libro bajo el título antes citado Informe sobre la fe, no podía ser más sombrío: «Resulta incontestable que los últimos 20 años han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por las del papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son, de nuevo, minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad. Los papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que -en palabras de Pablo VI- se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo, y se ha terminado con demasiada frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia adelante, y nos hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado en buena medida bajo el signo del presunto espíritu del Concilio, provocando de este modo su descrédito».

Dentro del guión entraba el cambio en la política de nombramiento de obispos, sin la cual no podía llevarse a cabo la restauración eclesial diseñada al unísono por Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger. Poco a poco fueron sustituidos los obispos conciliares por prelados preconciliares, los obispos comprometidos con el pueblo dieron paso a obispos cuya preocupación principal era la ortodoxia, los obispos vinculados a la teología de la liberación dieron paso a los obedientes a Roma. De esa manera se garantizaba el éxito de la nueva estrategia neoconservadora.

Wojtyla y Ratzinger se conocían desde la época del concilio Vaticano II, en el que ambos participaron, el primero como obispo, el segundo como asesor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia. Wojtyla se alineó con el sector conservador. Ratzinger estuvo del lado del grupo moderadamente reformista. Ambos dieron su apoyo a los documentos conciliares. Se esperaba por ello que, ubicados posteriormente en los puestos de la máxima responsabilidad eclesiástica, llevaran a la práctica las reformas aprobadas por el Vaticano II en los diferentes campos del quehacer eclesial: vida y organización de la Iglesia, teología, liturgia, recurso a los métodos histórico-críticos en el estudio de los textos sagrados, diálogo con el mundo moderno, presencia de la Iglesia en la sociedad y, sobre todo, la creación de la «Iglesia de los pobres», propuesta estrella de Juan XXIII. No fue ese, sin embargo, el camino seguido por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Cuando accedieron al papado fueron desmontando poco a poco el edificio construido por los padres conciliares entre 1962 y 1965 y alejándose del proyecto de Iglesia diseñado cuidadosamente en las cuatro Constituciones, los nueve Decretos y las tres Declaraciones que conforman el Magisterio conciliar.

El giro no podía ser más notorio: se pasó de la Iglesia pueblo de Dios y comunidad de creyentes a la Iglesia jerárquico-piramidal, de la corresponsabilidad al gobierno autoritario, del pensamiento crítico al pensamiento único, de la autonomía de las realidades temporales a su sacralización, de la secularización al retorno de las religiones, de la autonomía de la Iglesia local a su control, de la jerarquía como servicio a la jerarquía como ejercicio de poder, de la teología como inteligencia de la fe en diálogo con otros saberes a la teología como glosa del Magisterio eclesiástico, de la ética de la responsabilidad al rigorismo moral, del diálogo multilateral al anatema.

La beatificación de Juan Pablo II constituye, a mi juicio, una muestra más del paso que Benedicto XVI ha dado desde el neoconservadurismo al integrismo.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

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Why Conservative Churches Are Growing

Evangelical Church Mekane Yesus ( Ethiopian church)

By R. Albert Mohler, Jr.|Christian Post Guest Columnist

By the late 1960s, liberal Protestants began asking a rather difficult question. Why were the conservative churches growing? In retrospect, one aspect of the liberal Protestant crisis was reflected in that very question. The mainline Protestant denominations would have been better served by asking why their own churches were declining.

Commissioned by the National Council of Churches, researcher Dean M. Kelley set out to find out why conservative churches were growing, even as the more liberal churches were declining. In his 1972 book, Why Conservative Churches are Growing: A Study in Sociology of Religion, Kelley argued that evangelical churches grow precisely because they do what the more liberal congregations and denominations intentionally reject – they make serious demands of believers in terms of doctrine and behavior.

“Amid the current neglect and hostility toward organized religion in general,” Kelley noted, “the conservative churches, holding to seemingly outmoded theology and making strict demands on their members, have equalled or surpassed in growth the early percentage increases of the nation’s population.”

With amazing insight and candor, Kelley spoke for mainline Protestantism when he noted that it had been generally assumed that churches, “if they want to succeed, will be reasonable, rational, courteous, responsible, restrained, and receptive to outside criticism.” These churches would be highly concerned with preserving “a good image in the world” – and that meant especially within the world of the cultural elites. These churches, intending to grow, would be “democratic and gentle in their internal affairs” – as the larger world defines those qualities. These churches will intend to be cooperative with other religious groups in order to meet common goals, and thus “will not let dogmatism, judgmental moralism, or obsessions with cultic purity stand in the way of such cooperation and service.”

Then, Kelley dropped his bomb: “These expectations are a recipe for the failure of the religious enterprise, and arise from a mistaken view of what success in religion is and how it should be fostered and measured.”

Kelley then presented his considerable wealth of research and reflection on the phenomenon of conservative growth and liberal decline. “Strong” religious movements make demands of their members in terms of both belief and behavior. These churches demand adherence to highly defined doctrines that are to be received, believed, and taught without compromise. They also understand themselves to be separate from the larger secular culture, and the requirements of membership in the church define a distance from secular beliefs and behaviors.

The liberal churches are, by their own decision, opposed to these very principles. The mainline Protestant churches desired to be taken seriously and respected by the intellectual elites. They wanted the benefits of cultural acceptance and esteem. They lowered doctrinal and behavioral requirements and made membership more a matter of personal preference than of theological conviction.

Kelley concluded: “To the person who is concerned about the future of the ecumenical churches, this theory can offer little encouragement. The mainline denominations will continue to exist on a diminishing scale for decades, perhaps for centuries, and will continue to supply some people with a dilute and undemanding form of meaning, which may be all they want.”

In a recent column in The New York Times, David Brooks raised similar issues, this time in the context of a review of “The Book of Mormon,” a popular production on Broadway. In Brooks’ view, the show “ridicules Mormonism but not the Mormons, who are loopy but ultimately admirable.”

In the course of his column, Brooks made this observation:

Many religious doctrines are rigid and out of touch. But religion itself can do enormous good as long as people take religious teaching metaphorically and not literally; as long as people understand that all religions ultimately preach love and service underneath their superficial particulars; as long as people practice their faiths open-mindedly and are tolerant of different beliefs.

Hang in there – David Brooks is headed somewhere with this argument. He noted that many Americans “have always admired the style of belief that is spiritual but not doctrinal, pluralistic and not exclusive, which offers tools for serving the greater good but is not marred by intolerant theological judgments.”

And he is right, of course. This is an eloquent description of the religious disposition so well documented by Dean Kelley almost 40 years ago. This describes the mainline Protestant aspiration – to be seen as serving the public good without the taint of theological judgment.

But then Brooks dropped a bombshell of his own:

The only problem with “The Book of Mormon” (you realize when thinking about it later) is that its theme is not quite true. Vague, uplifting, nondoctrinal religiosity doesn’t actually last. The religions that grow, succor and motivate people to perform heroic acts of service are usually theologically rigorous, arduous in practice and definite in their convictions about what is True and False.

Further: “The religions that thrive have exactly what “The Book of Mormon” ridicules: communal theologies, doctrines and codes of conduct rooted in claims of absolute truth.”

Note that Brooks defined the “strong” profile of belief with terms such as “rigorous,” “arduous,” and “definite.” With considerable insight, Brooks informed his readers that rigorous theology “provides believers with a map of reality,” “allows believers to examine the world intellectually as well as emotionally,” “helps people avoid mindless conformity,” and “delves into mysteries in ways that are beyond most of us.”

Meanwhile, arduous codes of behavior and conduct “allow people to build their character.” Brooks explains that “regular acts of discipline can lay the foundation for extraordinary acts of self-control when it counts the most.”

Brooks concludes with a look at Africa, where conservative Protestantism is thriving. The Broadway show portrays the Africans accepting the liberal form of belief that would comfort the cultured antagonists of religion. Brooks knows that it is not so:

I was once in an AIDS-ravaged village in southern Africa. The vague humanism of the outside do-gooders didn’t do much to get people to alter their risky behavior. The blunt theological talk of the church ladies – right and wrong, salvation and damnation – seemed to have a better effect.

In the span of just a few paragraphs, David Brooks made the same argument that Dean M. Kelley made in his book-length report on research nearly four decades ago.

There is a wealth of insight in both analyses. In the present context, evangelical Christians face many of the same questions asked by the liberal Protestant denominations in the 1960s and beyond. The main question is always deeply theological: Do we really believe that the message of the Gospel is the only message that offers salvation?

At this point, the limits of sociological research become clear. A sociological analysis can distinguish between stronger and weaker forms of faith and belief and can measure qualities such as rigor, ardor, and definiteness. Sociology can trace developments and offer research-based predictions about the future.

What sociology cannot do is deal with the most important question of all – the truth question. That is where Mormons and evangelical Christians part company. Orthodox Jews, Jesuits, and Jehovah’s Witnesses all fall on the “strong” side of the sociological divide in their own way, but each has a completely distinct worldview based upon very different understandings of the truth. Mormons and Methodists have very different theologies, to say the least, but it takes a theologically informed Mormon and Methodist to know the difference.

Dean M. Kelley and David Brooks, each writing for a very different audience, have much to say to evangelical Christians. But, in the end, sociology can get us only so far and no further. The rigor, ardor, and energies of evangelical churches must not be held merely in a desire to hold to a form of religion that will grow, but in a biblical commitment to hold fast to the truth of the Gospel and to share that saving truth with the whole world.

We are left with what David Brooks described as the “blunt theological talk of the church ladies” in that African village – “right and wrong, salvation and damnation.” Such is the Kingdom.

CHRISTIANPOST.COM

Paseando ídolos

Publicado: abril 24, 2011 en Iglesia, opinión, Sociedad

Yolanda Tamayo
Mi querido Jesús: hoy han querido hacerte un favor.

21 de abril de 2011

Han dispuesto darte un paseo por entre las calles jubilosas de la ciudad, que de forma sorprendente, en estos días recuerda tu nombre. Olvidado estás todo el año, pero hoy, devotos de una frágil y perecedera fe, quieren exponer una imagen de quien dicen ser tú , sacarla de su soledad diaria y pasearla por avenidas y calles para ser escoltada por la multitud clamorosa.

¡Allá van tras algo inerte! Entonando estériles rezos, sintiendo como la emoción los sacude haciendo que sus mentes estén hoy presas de ti.

Pero sé que mañana , cuando la fiesta solemne concluya, acabarás de nuevo en un frío templo para ser visitado de domingo a domingo, adorado en forma de imagen en la que muchos pondrán su confianza, admitiendo que esa inmóvil estatua eres tú mi buen Pastor.

No quisiera criticar sus actos, pues no me considero apta para juzgar corazones. Lo que si deseo es que tú, conocedor de vidas, utilices la mía para poder enseñar a quienes siguen falsas estelas quien es Jesús y cuál es el verdadero camino.

 Que penoso sería si al mirarte sólo viera una imagen derrotada, un cuerpo gastado por tanta semana santa, por tanto paseo en hombros de quienes portando una estatua creen hacerte un favor.

Pena de mí, si al hablarte no supiera que me escuchas e ignorara lo que producen mis palabras en ti, ese reclamo de tu gran misericordia.

Qué triste sería cerrar los ojos y no sentir la luz que propagas, esa aura que te cubre.

Pena de mí, si anduviera en otras sendas, si pisara otras orillas, si bebiera otras aguas, si me sintiera limpia con otra sangre.

Que gozo sentir que se ausenta la pena y alejada del camino permiten que se cuelen ráfagas de vida. Que gozo entornar los ojos y ver la rúbrica de Jesús sellada en mi corazón.

Autores: Yolanda Tamayo

© Protestante Digital 2011


Leonardo de Chirico

Anécdotas de una beatificación

El Catolicismo Romano (CR) es experto en el manejo de las dimensiones de su universo, tanto si se trata de las macro como de las micro.

17 de abril de 2011

Por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica es una síntesis impresionante de la sabiduría milenaria de la Iglesia CR. El mismo proporciona una muestra de la habilidad que tiene la Iglesia CR en dominar y condensar la historia, la doctrina y la cultura. Asimismo, se observa la misma maestría cuando se hace un análisis minucioso de una celebración litúrgica. Cada gesto, movimiento, acción, palabra, etc., es un detalle que forma parte de una totalidad. La atención esmerada a todos los eventos, sean universales o particulares, es una peculiaridad que distingue al ámbito CR.La combinación de ambas, macro y micro dimensiones, será desplegada durante los tres días de intensa actividad en la beatificación de Juan Pablo II el próximo 1 de mayo. Se espera que más de 300.000 personas asistan en Roma a este acontecimiento, cuyo programa es un reflejo de la amplitud “católica” de la Iglesia CR así como también de su carácter “romano”. La catolicidad se demostrará por la presencia de todos los cardenales y, sobre todo, por la participación de gran número de personas en los diversos escenarios de la beatificación: La vigilia mariana de oración, el sábado 30 de abril; la ceremonia de la beatificación, el domingo 1 de mayo; y la misa de acción de gracias, el lunes 2 de mayo. Toda la celebración estará marcada por un intenso acento mariano dada la particular devoción mariana de Juan Pablo II, pero también por una convincente presentación de las heroicas virtudes del anterior Papa.

En la vigilia mariana de oración del sábado por la noche se tiene la intención de honrar el marianismo del antiguo Papa y exhortar a los fieles a seguir el mismo camino. La vigilia, al aire libre, empezará con una procesión detrás de Maria Salus Populi Romani (“María la salvación del pueblo romano”), un icono mariano bizantino que se considera el protector de los romanos e irá seguida por su entronización en el Circus Maximum. La elevación del icono es el símbolo de que María es el objeto de pública hiperveneración, es decir, el particular homenaje de honor que le rinde la Iglesia CR. Después, la multitud entonará el himno Totus Tuus (“Totalmente Tuyos”), haciéndose eco del lema de Juan Pablo II que indicaba su total entrega a María. A continuación habrá un rosario mariano transmitido mediante enlace por satélite a cinco santuarios marianos: Krakow (Polonia), Bugando (Tanzania), Harissa (Líbano), Guadalupe (Méjico) y Fátima (Portugal). Juan Pablo II visitó todos estos lugares a lo largo de su extenso pontificado, por lo cual se ofrecerán extractos de sus discursos sobre María en pantallas gigantes. Entretanto, por la noche, se animará al gentío a unirse a las oraciones a María. Las ceremonias de la beatificación serán un gran estímulo para la espiritualidad mariana.

Al día siguiente, se celebrará la ceremonia de la beatificación en la plaza de San Pedro, con la presencia en la misma del ataúd de Wojtyla que será sacado de su ubicación actual. Durante la ceremonia, el Papa será presentado oficialmente a la Iglesia CR como un destinatario de las peticiones e intercesiones de los fieles.Asimismo, se les animará a dirigirle plegarias y a ofrecerle misas votivas según la práctica y la piedad CR. Después, la multitud rendirá homenaje al féretro en una dilatada y visual expresión de comunión entre los vivos y los muertos, que posiblemente se prolongue varios días para asegurarse de que todos los presentes han podido hacerlo. Después de rezar a María, la gente rogará a Juan Pablo II. La oración será uno de los lemas del evento de la beatificación, a pesar de que uno siempre debe preguntarse a quien presentarán la plegaria y en que marco espiritual.

Fuera del marco doctrinal y teológico CR, es difícil estar de acuerdo con estas profundas convicciones y estos patrones de espiritualidad de una práctica generalizada. A algunos evangélicos les gustaría creer que son actitudes periféricas y no-esenciales relacionadas solamente con movimientos marginales y expresiones religiosas populares. Sin embargo, la realidad nos indica que éste no es el caso. Se trata del núcleo de la fe CR, especialmente atractiva para las masas y totalmente integrada en el panorama doctrinal de la Iglesia CR.

Después de escribir un libro sobre Jesús de Nazaret, Benedicto XVI realzará la María de Juan Pablo II. Su fe le permite, mejor dicho, le reclama hacer ambas cosas con el mismo ánimo. La beatificación de Juan Pablo II será una demostración de la habilidad de la Iglesia CR para defender con fuerza las cosas que los demás cristianos consideran que quedan muy alejadas del cristianismo básico.

Autores: Leonardo de Chirico
© Protestante Digital 2011

Dicen que soy comunista…

Publicado: abril 13, 2011 en opinión, Sociedad

Por Darío A. López Rodríguez

En los últimos días he leído correos electrónicos en los cuales a los ciudadanos evangélicos que hemos circulado una Carta Abierta sobre las afirmaciones públicas de un candidato vinculado al fujimorismo, se nos acusa de ser “comunistas evangélicos”. En realidad no me llama la atención esta reacción. Es la típica forma de actuar de quienes carecen de argumentos políticos, se escudan en un lenguaje religioso y no se atreven a discutir políticamente sobre la posición partidaria que han asumido como una cruzada religiosa.

 

¿Es cuestionable asumir una práctica o tener una opción política coincidente con las ideas cercanas a aquello que se conoce como la izquierda? ¿Es más bíblico, más evangélico, más coherente con los principios del reino de Dios, ser de derecha, especialmente la del sector que avala la corrupción, justifica crímenes de lesa humanidad y llama a la violación de los derechos humanos un “costo inevitable”? Parece que de eso se trata, es decir, de afirmar que la única posición política válida para un evangélico es ser de derecha. Esto explica por qué se descalifica a quienes se atreven a levantar la voz, etiquetándoles como “comunistas evangélicos”.

Para que no sigan especulando aquellos que seguramente se sentirían más cómodos en las filas del Opus Dei, Sodalitium Christianae Vitae o el partido Republicano, enumero varias de las preocupaciones sociales y políticas que moldean mi compromiso ciudadano y que me han llevado a insertarme en el mundo de los pobres de la tierra hace más años de treinta:

1.    Defensa irrestricta de los derechos humanos de los sectores sociales históricamente marginados y excluidos, particularmente niños, adolescentes, mujeres maltratadas y todos los que viven en pobreza extrema.
2.    Lucha activa no violenta contra el escándalo de la pobreza y de la pobreza extrema que afecta a miles de ciudadanos y, entre ellos, a decenas de evangélicos.
3.    Cuidado por el respeto y la protección del derecho de las comunidades andinas y de los pueblos de la amazonía a poseer la tierra de sus ancestros.
4.    Oposición no violenta a la depredación abusiva de los recursos naturales no renovables y a la contaminación del medio ambiente por parte de los grandes consorcios mineros, petroleros y madereros.
5.    Exigencia de que el Estado regule las tarifas de los servicios públicos, invierta en una educación de calidad, proteja los derechos laborales y salvaguarde los recursos que pertenecen a todos los peruanos.
6.    Defensa de los derechos del no nacido y de los niños que se encuentran en una situación de riesgo permanente en la zona andina, la amazonía y los cinturones de pobreza que rodean las ciudades.
7.    Cuidado integral de la familia, proveyéndoles todo lo necesario para que su calidad de vida sea digna de seres humanos, a quienes las instituciones vinculadas al Estado y la sociedad están llamadas a defender en todo tiempo.

Podría seguir enumerando los hilos que tejen mi compromiso ciudadano; sin embargo, creo que con lo expuesto basta. ¿Estas preocupaciones sociales y políticas me ubican en la izquierda política? Si es así, entonces, ¡si soy de izquierda y a mucha honra! ¿Es un pecado? No lo creo, porque ser de izquierda no es lo mismo que ser comunista, ateo o un lobo disfrazado de oveja.

Lima, 7 de abril del 2011

 




El ciudadano de confesión evangélica Julio Rosas Huaranga, cabeza de lista de los candidatos al Congreso de la República por Fuerza 2011 y pastor con licencia de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera del Perú, ha expresado en una reciente entrevista en el diario El Comercio su punto de vista político sobre varios asuntos que comprometen a toda la comunidad evangélica en nuestro país (Mariela Balbi, “Fujimori debe salir de prisión. Entrevista: Julio Rosas Huaranga”, El Comercio, 28 de marzo del 2011, p. a10).

El candidato Julio Rosas tiene todo el derecho de expresar públicamente su adhesión a la propuesta política que representa Fuerza 2011 y de manifestar, como bien señala la periodista que lo entrevistó, su profunda admiración por la obra de Alberto Fujimori (“Admira profundamente la obra de Alberto Fujimori.”). Sin embargo, varios pasajes de la entrevista revelan que el candidato Julio Rosas tiene amnesia histórica, o que, en todo caso, conscientemente trata de limpiarle la cara al fujimorismo. Veamos:

1. La entrevistadora pregunta: “¿Usted va en la lista parlamentaria de Fuerza 2011 en representación de los evangélicos?” El candidato Julio Rosas afirma: “Con exactitud, yo cuento con el apoyo de los evangélicos y de los no evangélicos…”

Usted, candidato Julio Rosas, no cuenta con el apoyo de todos los evangélicos. Usted tiene que precisar quiénes son los evangélicos que lo apoyan en este proceso electoral (¿su denominación?, ¿otra denominación evangélica?, ¿ambas?, ¿ciudadanos de confesión evangélica de diferentes congregaciones?). Usted debe tener en cuenta, además, que en otros partidos políticos y alianzas electorales hay otros(as) ciudadanos(as) de confesión evangélica que son candidatos y tendrán el apoyo de quienes los conocen y que, con toda seguridad, no votarán por su persona. Más aún, nadie, absolutamente nadie, puede afirmar que cuenta con el apoyo, el aval y el respaldo masivo o mayoritario de toda la comunidad evangélica.

Usted, candidato Julio Rosas, y todos los ciudadanos de confesión evangélica, tienen que reconocer que al interior de la comunidad evangélica no existen candidatos naturales o candidatos que sean los “favoritos” de Dios. En la comunidad evangélica existe una pluralidad de opciones políticas partidarias que debe ser respetada en todo momento, y los miembros de las congregaciones locales tienen el derecho y la libertad de votar por quien ellos deseen sin presiones ni manipulaciones de ningún tipo. En nuestro caso, usted no nos representa políticamente, no votaremos por su persona, como tampoco votaremos por quienes no respetan los mínimos éticos que deben tener en cuenta quienes se definen como evangélicos (justicia, verdad, honestidad, etcétera).

2. Ante la pregunta: “¿En el gobierno de Fujimori hubo violación de derechos humanos?” El candidato Julio Rosas responde: “Al presidente Fujimori se le ha señalado que ha violado los derechos humanos. Yo diría que quienes han violado los derechos humanos son los terroristas que han dejado tantas víctimas en las Fuerzas Armadas, en la Policía Nacional, en los maestros, los médicos. Los casos de La Cantuta y Barrios Altos han sido tratados por el Poder Judicial.”

Dos asuntos deben ser aclarados en las afirmaciones que usted hace, candidato Julio Rosas.

En primer lugar, al señor Alberto Fujimori se le debe llamar ciudadano Alberto Fujimori, ingeniero Alberto Fujimori, expresidente Alberto Fujimori o simplemente Alberto Fujimori. Pero no se le puede llamar “presidente Fujimori”. El señor Alberto Fujimori fue presidente constitucional desde el 28 julio de 1990 hasta el 5 de abril de 1992. Luego fue la cabeza visible de un gobierno dictatorial que fue desmantelando paulatinamente la legalidad democrática y cooptando las instituciones vinculadas al Estado.

En segundo lugar, no es cierto que solamente la subversión armada violó los derechos humanos en el Perú durante los años de violencia política. Usted parece no recordar la ejecución arbitraria de seis jóvenes presbiterianos en la comunidad campesina de Callqui el 01 de agosto de 1984, cometida por una patrulla de infantes de marina, la matanza de decenas de miembros de las Asambleas de Dios en diciembre de 1984 en la comunidad campesina de Putis perpetrada por efectivos del ejército, la desaparición del pastor Jorge Párraga de la Iglesia Evangélica Peruana secuestrado el 25 de octubre de 1989 por efectivos del ejército en la región de Yauyos, y la detención y posterior desaparición de los jóvenes evangélicos Manuel Meneses y Félix Inga en la ciudad de Huancayo el 20 de mayo de 1991 perpetradas por efectivos de la policía y del ejército.

¿Ha olvidado quiénes fueron los que detuvieron a un miembro de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera del Perú, acusándolo de ser el autor de un croquis en el que se detallaba la ubicación de los lugares donde fueron enterrados los nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta asesinados por el Grupo Colina? ¿Ha olvidado usted que fue Alberto Fujimori quien acusó públicamente a Juan Mallea de terrorista, presentándolo con un traje a rayas, y que nunca dio una disculpa pública por esa mentira que enlodó a un inocente e indefenso ciudadano? En fin, parece que a usted le traiciona su memoria o que es selectivo al momento de recordar la historia reciente de nuestro país.

3. Cuando se le pregunta sobre los casos de La Cantuta y Barrios Altos, usted, candidato Julio Rosas, afirma lo siguiente: “Pienso que hay un costo entre la población, que no es lo mejor, pero es un costo inevitable. En muchos países se da y se puede dar, lo cual no justifica situaciones que se expresan de esa manera. Pero si ponemos en la balanza las cosas, se ha pacificado al país. Estamos viviendo tranquilos, sin el terrorismo que mataba a niños y personas indefensas.”

Sus palabras indican que usted es partidario de llamar a la violación de derechos humanos “costo social de la violencia”, “delitos de función”, “obediencia debida” o simplemente “excesos”. ¿Piensa usted sobre los derechos humanos igual que un conspicuo miembro del Opus Dei? Candidato Julio Rosas, ¿no recuerda usted que entre 1980 y 1992 fueron asesinados 529 ciudadanos de confesión evangélica, mayormente campesinos indefensos, en las llamadas zonas de emergencia? ¿No recuerda usted que de ellos, 59 creyentes evangélicos, fueron asesinados por las fuerzas del orden?

Candidato Julio Rosas, no se puede llamar “costo entre la población” o un “costo inevitable” al asesinato de seres humanos indefensos a quienes el Estado estaba obligado a proteger. No cree que Dios le preguntará a usted y a nosotros: ¿Dónde está tu hermano?, ¿qué has hecho? Y usted ¿qué responderá? Le dirá al Dios de la vida, Dios justo que ama la justicia, y que espera que la verdad no sea secuestrada por la mentira y la impunidad: “…hay un costo entre la población, que no es lo mejor, pero es un costo inevitable.”

4. Al ser interrogado sobre la condena a Alberto Fujimori, usted, candidato Julio Rosas, se expresa de esta manera: “Me da pena que esté detenido cuando hizo tantas cosas por el Perú. Hay gente que se ha ensañado con él”. Luego, cuando se le pregunta si está a favor del indulto a Fujimori, usted responde: “Yo prefiero hablar de lo positivo que ha hecho por el Perú. Yo estoy por que la justicia sea justa. En mi opinión él debe salir de la prisión. Sobre la figura legal tienen que opinar los especialistas. Pero lo cierto es que él debe salir.”

En otras palabras, usted cree que la justicia tiene que acomodarse a los intereses políticos, que la justicia no tiene que ser igual para todas las personas, que ciertos personajes tienen privilegios especiales, que el ciudadano Alberto Fujimori no es culpable de los delitos de corrupción y de crímenes de lesa humanidad, que los jueces honestos e imparciales que lo juzgaron condenaron a un inocente, y que a todos los peruanos nos debe dar “pena que esté detenido.” ¿Así pretende usted luchar contra la corrupción y afirmar los valores cristianos? ¿Debemos creer en sus palabras?: “Mi labor en el Congreso se centrará en luchar contra la corrupción, en fortalecer a la familia y sobre todo en dignificar al ser humano… No tengo una agenda en defensa de la iglesia evangélica, pero sí tengo una voz en defensa de los principios y valores que emanan de la palabra de Dios y que deben normar la vida del ser humano.” ¿A qué principios y valores usted se refiere?

5. Una última cuestión. Ante la pregunta: “¿Usted respaldó el golpe de Estado de Fujimori del 5 de abril de 1992?” Y usted responde: “Expresé mi preocupación, pero ¿sabe qué?, fue una medida necesaria…” Cuando la entrevistadora insiste: “¿Lo condenó, lo condena?” Usted, candidato Julio Rosas, responde: “No lo condené. Si nos hubiéramos quedado con un dictador hasta ahora habría sido un problema para el país. Fue una medida dura, difícil, pero necesaria. Es como cuando uno va al médico y le dicen que le tienen que sacar un tumor, no me gusta que me corten, pero si no lo hago muero. Tengo que someterme a la intervención quirúrgica. Después hubo una Constituyente…”

Le preguntamos: ¿Cuándo expresó usted su “preocupación” por el golpe de Estado de Fujimori del 5 de abril de 1992? ¿En qué momento, en qué medio de prensa y dónde está registrada su “preocupación”? Le recordamos que el 6 de abril de 1992, a pesar de su oposición, el Consejo Directivo del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) acordó emitir un Pronunciamiento Público sobre el golpe de Estado de Fujimori. Una decisión que fue ratificada el 8 de abril de 1992 en una asamblea extraordinaria de los miembros del CONEP.

Usted no parece recordar que en el Pronunciamiento Público del CONEP, emitido el 9 de abril de 1992, se calificó al golpe de Estado del señor Fujimori como “una ruptura del orden constitucional». En otras palabras, la institución que usted presidía en ese momento (el CONEP), a pesar de su oposición y de otros que pensaban como usted, sí condenó claramente el golpe de Estado de Alberto Fujimori. Más aún, un colectivo de personas e instituciones evangélicas cercanas al CONEP, denominado “Evangélicos por la Democracia”, se insertó en la sociedad civil y luchó activamente junto con otros ciudadanos por el retorno a la democracia. ¿Dónde estuvo usted en esos años de lucha, candidato Julio Rosas?

La fe evangélica que moldea y orienta nuestro ejercicio ciudadano nos obliga a dejar constancia pública de nuestras convicciones democráticas. Entre otras razones, porque el Perú necesita que los ciudadanos de confesión evangélica sean coherentes con los principios cristianos, defiendan la verdad y luchen activamente para que la justicia y el derecho sean el piso sólido sobre el cual se construya la reconciliación nacional. Más aún, porque para los seguidores del Dios de la vida, la dignidad de cada ser humano tiene un valor imponderable que no debe ser menoscabada bajo ninguna circunstancia.

Lima, 30 de marzo del 2011

Rev. Pedro Merino Boyd (DNI 06012852), Rev. Darío López Rodríguez (DNI 08967286), Rev. Enrique Alva Callupe (DNI 24710869), Rev. Rafael Torres Berlanga (DNI 19848824), Rev. Edilberto Márquez Picón (DNI 06522131), Ps. Benjamín Bravo Guerrero (DNI 06078214), Ps. Eloy Rojas Sosa (DNI 19945845), Ps. Roger Araujo Solano (DNI 10063189), Ps. Adrián Zelaya Torres (DNI 08397850), Ps. Martín Ocaña Flores (DNI 08487776), Lic. Víctor Arroyo Cuyubamba (DNI 07211449), Lic. Ana Mendoza Córdova (DNI 06131562), Lic. Gloria Espinoza Lermo (DNI 09243364), Lic. José Baldeón Valdivia (DNI 06014998), Lic. Marleni Berríos Palomino (DNI 23981779), Abog. Marco Huaco Palomino (DNI 07795467), Abog. Luis Miñán Valdivia (DNI 40832843), Abog. Gabino Vargas Vargas (DNI 01227497), Abog. Ruth Alvarado Yparraguirre (DNI 07580462), Ing. Juan Castillo Veintemilla (DNI 05250180), Arq. Pilar Urquieta Málaga (DNI 01023695), Sr. Roger Yarango Alejandría (DNI 16455246), Sr. Miguel Urquieta Málaga (DNI 08184261), Sr. Esaú Espinoza Cárdenas (DNI 19804194), Sr. Jorge Zolezzi Luy (DNI 09376034), Sra. Nelsa Arrue de Zolezzi (DNI 09376035), Sra. Patricia Urquieta Málaga (DNI 08199633), Rvdo. Nelson Ayllón Flores (DNI 07039036), Lic. María Torres Cava (DNI 06989469), Rvdo. Rafel Goto Silva (DNI 06898308), siguen firmas…

 

Tito Pérez
www.hermanotito.com

El xenófobo que divide a Alemania

Publicado: marzo 20, 2011 en Noticias, opinión

Lleva vendidos 1.200.000 ejemplares. Thilo Sarrazin es el autor del libro donde se sostiene que los inmigrantes musulmanes son menos inteligentes y se integran peor, pero tienen más hijos y esto lleva a Alemania hacia la destrucción. Tesis conflictivas en un país con pasado nazi. «Me acusan de racista, pero las cuestiones que planteo mueven al 60% de la población», afirma

Laura Lucchini 20/03/11

Hoy día es posible hacerse rico y famoso en Europa por sostener que los musulmanes son «el corazón de todos los problemas» y que los inmigrantes de las zonas pobres del mundo, con su alta fertilidad, amenazan con bajar el nivel medio de inteligencia de un país tan culto y desarrollado como Alemania. Esto es precisamente lo que ha ocurrido con Thilo Sarrazin, de 66 años, exdirectivo del Bundesbank y miembro del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), a causa de su libro Deutschland schafft sich ab (algo así como «Alemania se destruye»), que se ha convertido en un caso editorial sin precedentes en su país.

En un primer momento, muchos periodistas e intelectuales alemanes, llamados a expresarse acerca del libro, liquidaron sus tesis por ser «delirantes» y lo archivaron como una provocación más. Pese a ello, el texto se ha convertido en el mayor superventas del país y en el libro de ensayo en lengua alemana más exitoso de las últimas décadas. Seis meses después de su lanzamiento se han vendido 1.200.000 ejemplares y ha sido objeto de un debate sin precedentes.

Se trata de un denso escrito plagado de estadísticas, articulado en dos líneas tan simples como xenófobas: por un lado, designa a los inmigrantes turcos y musulmanes en general como «el corazón del problema», debido a su escasa integración y su dependencia masiva de las ayudas sociales. Por otro, maneja teorías de «inteligencia genética» para sostener que la mayor fertilidad de las clases sociales bajas e incultas, en particular de inmigrantes musulmanes, rebajará el nivel medio de inteligencia del país. Alemania «se destruye», si no cambia urgentemente las políticas de inmigración, según Sarrazin.

Debido a la controversia, el autor se vio obligado a dimitir de su puesto de directivo en el Bundesbank, el banco central. La decisión recibió el apoyo de la canciller Angela Merkel y del presidente de la República Federal, Christian Wulff, quienes consideraron «ofensivas e inaceptables» sus declaraciones acerca de que «los judíos y los vascos tienen determinados genes que los diferencian» del resto de la humanidad, palabras que recordaron a muchos las teorías nazis. Estas frases no figuran en el libro, pero su autor las pronunció en la conferencia de prensa que sirvió para presentar la obra. El escándalo se convirtió en la causa directa de que tanto el Bundesbank como el SPD iniciaran la toma de medidas contra él.

Sarrazin ya era famoso por anteriores polémicas. Cuando fue senador y ministro de Finanzas de la ciudad de Berlín, aconsejó a los que pedían aumentos del subsidio de desempleo que se pusieran un jersey más para ahorrar en calefacción. Y en vísperas de las celebraciones del 20º aniversario de la caída del Muro, en septiembre de 2009, declaró a la revista Lettre Internacional: «La integración requiere un esfuerzo por parte de quienes se tienen que integrar. Yo no respeto a quien no quiera hacer este esfuerzo. No tengo por qué reconocer a quienes viven de las ayudas públicas, pero niegan la autoridad del Estado que las otorga, no educan a sus hijos y producen constantemente más niñas con velo. Esto vale para el 70% de la población turca y el 90% de la población árabe en Berlín».

El Bundesbank consiguió quitarse el problema de encima, pero no logró lo mismo el Partido Socialdemócrata Alemán, formación a la que pertenece Sarrazin desde hace décadas. A iniciativa de uno de sus dirigentes, Signar Gabriel, intentó expulsarle abriéndole dos expedientes; en el primero resultó absuelto de la acusación de racismo, mientras que el segundo expediente aún sigue abierto. Así que, de momento, Sarrazin es todavía miembro del SPD.

El hombre que ha incendiado a Alemania vive en Neue Westend, en Berlín Oeste. Se trata de un barrio de casas burguesas y ordenados jardines por donde pasean, lejos de los inmigrantes, mujeres enjoyadas acompañadas por perros recién salidos del peluquero. Thilo Sarrazin abre la puerta personalmente, ataviado con pantalones deportivos, un jersey y un par de pantuflas a cuadros. Invita a tomar asiento en un salón que aloja una gran biblioteca y reconoce que su vida ha cambiado desde que escribió su libro.

«Ahora soy muy conocido, viajo mucho, doy muchas conferencias, tengo muchas entrevistas. Es la vida de un escritor famoso», cuenta, mientras se frota los ojos detrás de sus gafas. Su tarea, que parece tomarse como una misión, consiste en explicar por qué Alemania y Europa en general se destruyen: «Alemania tiene desde hace 40 años una tasa de nacimiento de 1,4 niños por mujer; esto significa que la población alemana se hace más pequeña con cada generación; en España, aunque con años de retraso, también tienen el mismo problema con los nacimientos. Al mismo tiempo, la natalidad se distribuye en Alemania de manera irregular en los distintos niveles de educación. Esto significa que los estratos sociales menos instruidos obtienen un mayor promedio de nacimientos, y por esta razón el potencial de Alemania se anula aún más rápidamente que la población. En tercer lugar, el tipo de inmigración que tenemos no es el adecuado para resolver los problemas que nos afectan. Ahora solo necesitamos trabajadores cualificados. Si la tasa de nacimientos de los inmigrantes incultos, procedentes de Turquía y África, sigue constantemente más alta, en unas pocas generaciones Alemania tendrá una mayoría de población turca, árabe, africana y musulmana».

Pregunta. Cuando uno mira hacia Alemania, no se aprecia por ningún lado que la situación sea tan dramática…

Respuesta. La gente que tomaba copas en el bar del Titanic tampoco se daba cuenta de nada: la orquesta tocaba, todo el mundo estaba bien, y en las primeras horas nadie advirtió el problema. A pesar de eso, estaban condenados a muerte porque el agua seguía entrando en la nave. El tema es que lo que observamos hoy no dice absolutamente nada, porque falta perspectiva. Yo quería analizar estos temas y ver cómo evolucionaba la discusión.

De los siete millones y medio de extranjeros que viven legalmente en Alemania, un país de 82 millones de habitantes, tres millones son de origen turco, y 280.000, árabe. Son muchos los que consideran que el libro de Sarrazin y su éxito son «una reacción histérica frente a los cambios actuales en la República Federal», como escribió Arno Widmann, editorialista del Frankfuhrter Rundschau. Christian Staas, del semanal Die Zeit, condenó su «proyecto eugenésico». Fue criticado, asimismo, tanto por representantes de la comunidad musulmana como judía. Otros, como el excanciller Helmut Schmidt, le reconocieron, sin embargo, haber roto un tabú. Además, Schmidt se dijo contrario a su exclusión del partido, no sin criticar al exbanquero: «Encuentro absolutamente equivocado el hecho de mezclar las tradiciones civilizadoras de otros pueblos con la herencia genética».

Curiosamente, según una encuesta realizada por el diario sensacionalista Bild, el 18% de la población votaría a Sarrazin si se presentara a elecciones.

«La controversia se debe a que mi análisis es incómodo, y a la política no le gusta mirar de frente las verdades incómodas», contraataca Sarrazin, eligiendo con calma sus palabras. «Yo dije que personas de diferentes culturas se portan de manera diferente, y esta diferencia no es igual para todos los grupos de inmigrantes. De esta manera, rompí un tabú político que dice: todos los hombres son iguales, y ya que esas personas están aquí, pueden ser todas consideradas como alemanas de nacimiento».

P. ¿Por qué define usted a unos determinados grupos de inmigrantes como «el corazón del problema»?

R. La integración se puede medir a través de tres indicadores: el éxito de los jóvenes en el mercado laboral alemán, los resultados en el ámbito de la educación y la frecuencia con la que los inmigrantes recurren a las ayudas estatales. Bajo estos indicadores, se observa que tanto la integración de la inmigración procedente del este de Europa como también la de Extremo Oriente no representan ningún problema. Los inmigrantes en este caso tienen trabajo, se integran en el sistema y recurren menos a las ayudas sociales. Todos esos indicadores, analizados en el contexto de los inmigrantes que proceden de países musulmanes, ofrecen como resultado, por término medio, los datos contrarios.

P. Por un lado, la indicación de un grupo étnico-religioso como «el corazón del problema»; por otro, sus teorías de inteligencia genética. ¿No debería uno tener cuidado con estos temas, sobre todo en Alemania a causa de su pasado nazi?

R. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. El conocido psicólogo americano Martin P. Seligman escribió en su libro What you can change and what you can’t que las importantes investigaciones de los nazis en materia de genética fueron injustamente desacreditadas, debido solo a los horrores perpetrados por el régimen nazi. Esto significa que la pregunta del pasado nazi no tiene nada que ver con los hechos del mundo de hoy.

Si se le pregunta a Sarrazin por las acusaciones de racismo, ya que designa a un grupo étnico como causa de la posible destrucción de Alemania, él disiente con la cabeza y, mirando hacia abajo, contesta nervioso: «No hace falta que lo vuelva a repetir. La acusación de que soy racista es absurda y no se me puede hacer». Y añade: «Por lo que se refiere a los musulmanes, yo digo que su falta de integración se debe a su cultura. Con respecto a su inteligencia media, yo no digo nada en mi libro».

P. El partido neonazi NPD distribuyó clandestinamente ejemplares digitales de su libro entre los miembros del partido…

R. La editorial ya está tomando medidas y eso no tiene nada que ver con nosotros.

P. Pero sus teorías apoyan ideales políticos extremistas.

R. La pregunta es si el libro describe factores importantes y verdaderos. No se trata de ver quién tiene una opinión particular sobre él. El hecho de que el partido NPD apoye algunos de los pasajes del libro se ha utilizado para difamarme.

A pesar de las condenas iniciales, la polémica causada por la idea de que «Alemania se destruye» ha producido algunos cambios sustanciales en el tono de la política alemana. Pocos meses después de la publicación del libro, y en pleno debate acerca de estas tesis, la canciller Angela Merkel dio por fracasado el multiculturalismo, tras haber defendido este modelo durante años. «Nosotros como Unión estamos a favor de la cultura alemana como guía y en contra del multiculturalismo. El multiculturalismo ha muerto», afirmó Merkel en octubre pasado frente a los jóvenes de su partido, tras argumentar que es necesario exigir más a los inmigrantes. Desde entonces han empezado a escucharse con más frecuencia frases de discriminación contra el islam. «El islam no pertenece a Alemania», repitió Horst Horst Seehofer, líder del partido socialcristiano bávaro, aliado político de la canciller. «No hay nada en la historia que demuestre que el islam pertenece a Alemania», comentó la semana pasada el recientemente nombrado ministro del Interior, Hans Peter Friedrich, también socialcristiano.

P. ¿Cree que el éxito de su libro ha influido en decisiones políticas posteriores?

R. No lo sé todavía. Pero los políticos han tenido que reconocer que las cuestiones planteadas por mi libro mueven al 60% de la población. No sé, sin embargo, si declaraciones como la de «el multiculturalismo ha fracasado» han sido oportunistas.

Representantes musulmanes en Alemania, por otra parte, denuncian constantemente que se sienten víctimas de discriminación en una disputa que les parece absurda y descaradamente parcial. La polémica está servida y se encamina, con mucha claridad, hacia una creciente tensión social.

ElPAIS.com


René Padilla

Las noticias acerca de actos de violencia, muchos de ellos con consecuencias fatales, son noticias de todos los días. Desde que me propuse escribir este artículo, mi problema no ha sido encontrar ejemplos para ilustrar ese terrible flagelo. Mi problema ha sido, más bien, decidir qué ejemplos mencionar y qué otros dejar por fuera.

Una abundante cosecha de ejemplos proviene de países, especialmente en el mundo árabe, donde los frecuentes atentados suicidas que dejan como saldo decenas de muertos y heridos tienen generalmente un sentido religioso. Pero no hay que olvidar que también tuvo un sentido religioso, aunque de un signo diferente, la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en marzo de 2003, la que dejó desde ese entonces más de 100.000 muertos civiles y millares de familias desplazadas. Me cuesta pensar que haya algo más detestable a los ojos de Dios que la religión puesta al servicio de la violencia o ésta puesta al servicio de aquélla.

De la misma región del mundo provienen otros ejemplos de violencia: la desatada por parte de dictadores de larga data que no reconocen las señales de los tiempos. Tras la caída de Zine el-Abidini Ben Alí, después de 23 años en el poder en Túnez, y la de Hosni Murabak, con más de 30 años de dictadura en Egipto, Muammar Khadafi piensa que, con un brutal despliegue de violencia, puede prolongar su dictadura de más de 40 años en Libia. Haciendo uso de ametralladoras y cazas de combate, las Fuerzas Armadas libias han matado a cientos, tal vez miles, de manifestantes. En vano para Khadafi: como Ben Ali y Mubarak, lo más probable es que él también, pese a la feroz represión,  sea derrotado por el pueblo.  ¿Qué sucederá ahora en esos países por tanto tiempo dominados por regímenes  a cargo de una pequeña minoría que es una lujosísima isla en medio de un mar de pobreza denigrante?

A quienes vivimos en este lado del océano, lo que sucede en el mundo árabe no nos afecta en gran medida, por lo menos no directamente. A lo mucho, tratamos de mantenernos informados sobre las repercusiones de los cambios que se están dando, generalmente a un alto costo en términos de vidas segadas por la violencia.  En nuestras tierras hemos superado la época de las dictaduras, varias de ellas tan sangrientas como las actuales del mundo árabe.  No hemos superado, sin embargo, la violencia de la delincuencia urbana, ni la del narcotráfico, ni la del imperio de turno  con su presupuesto militar de 553 millones de dólares para 2012. Y tampoco hemos superado un tipo de violencia que hoy afecta directamente a muchas familias, incluso a muchas que profesan la fe cristiana: la violencia doméstica, mayormente perpetrada por el hombre contra la mujer.

Las cifras de femicidios (o feminicidios) en América Latina son alarmantes. Basta citar unos pocos ejemplos en promedios: en Chile hay 1 femicidio por semana; en Uruguay, 1 por mes; en Perú, 12 por mes; en Guatemala, 58 por mes; en Argentina, 1 cada 36 horas. El victimario más común es pareja o ex pareja, amante, padre, novio o pretendiente de la víctima. Es, pues, violencia machista, una fatal expresión de la opresión de la mujer en todos los ámbitos de la vida social y en todas las clases sociales. Según la ex Presidenta chilena Michelle Bachelet, “Entre las mujeres de 15 y 44 años, los actos de violencia  causan más muertes y discapacidad que la suma de las provocadas  por el cáncer, la malaria, los accidentes de tránsito y la guerra”.

A la luz de este terrible terrorismo machista, celebramos que en la Argentina acaba de disponerse, en el ámbito del Ministerio de Justicia de la Nación, la creación de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género. Esta comisión, coordinada por la Dra. Perla Prigoshin, se ocupará de profundizar la lucha contra la violencia de género mediante el establecimiento de sanciones de los distintos tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, conforme la normativa nacional e internacional. Asimismo, celebramos la formación de ONU Mujeres, la nueva agencia de las Naciones Unidas diseñada para empoderar a la mujer y combatir el machismo bajo la dirección de Michelle Bachelet.

Estas y otras medidas similares que apuntan a combatir la violencia contra la mujer merecen nuestro entusiasta apoyo. Son expresiones de la acción del Espíritu de Dios en la sociedad secular, aunque no se reconozcan como tales. Sin embargo, no exoneran a la iglesia de su responsabilidad de formar personas que reconocen que tanto el hombre como la mujer son portadores de la imagen de Dios y que, consecuentemente, no hay lugar para la discriminación, menos aún para la violencia, contra la mujer por parte del hombre.

http://www.Kairos.org.ar

Aclaraciones oscuras

Publicado: marzo 15, 2011 en Noticias, opinión

Acabo de recibir por correo electrónico una carta abierta del pastor Julio Rosas, candidato al congreso por Fuerza 2011 de Keiko Fujimori, con el número 1 en la lista por Lima. Días antes recibí también una carta abierta de la Junta Nacional de la Alianza Cristiana y Misionera del Perú, de la que el pastor Rosas es/era(¿?) miembro. Semanas antes leí en el diario La República una aclaración que a propósito de la candidatura de Rosas hace el Pastor Francisco Beltrán como lider de esa denominación.

Estoy desconcertado y decepcionado.

El Pastor Beltrán da la impresión de que la Alianza Cristiana del Perú no está de acuerdo con los intríngulis políticos del pastor Rosas. La Junta Nacional de la Alianza hace una aclaración tibia, a medias tintas, en las que más parece respaldar a Rosas que deslindarse de él. Y Rosas manda una carta abierta al pueblo evangélico en  la que, usando ese manoseado argot evangelista de la “voluntad de Dios”, trata de convencer a los evangélicos incautos que él está a la misma altura que Moisés, José, Nehemías, Daniel, el apóstol Pablo; pareciera que en la lista solo faltara Jesús de Nazaret.

No me cabe la menor duda de que hay todavía muchos evangélicos y evangélicas que no leen más que la Biblia, a los que apela el pastor Rosas, que se sentirán intimidados, casi obligados a votar por este señor que dice que Dios lo está llamando a dicho puesto.

A usted, pastor Rosas, lo llamó la Sra. Fujimori y no Dios, como pretende; y usted, con todo derecho de ciudadano peruano, ha aceptado la invitación porque es la lotería de su vida.

Número uno en la lista de candidatos al congreso por Fuerza 2011, lugar que más de uno de los conspicuos adulones del dictadorzuelo que fue el padre de esa señora—de quien ella con comprensible lealtad no deslinda responsabilidades, sino que elogia ese gobierno tirano, anti democrático, cruel, criminal y corrupto, como los peores que fue el de Alberto Fujimori—quisiera tener. No pensará usted, pastor Rosas, que fue invitado por su brillante carrera política, porque no la tiene; o por su capacidad intelectual, Lima y el Perú la desconocen; o por su experiencia en la administración pública, cero. Usted fue invitado con palabras aduladoras, brillantes y seductoras con la tentación misma, para jugar el mismo papel que jugó el pobre pastor García, cuando corrió y fue elegido como Segundo Vicepresidente de la República, en las elecciones que llevaron a la presidencia a Alberto Fujimori. Esa es la única razón por la que usted fue invitado.

Para los que han olvidado esa patraña política, Alberto Fujimori fue el primer político que se dio cuenta de la importancia del caudal del voto evangélico y jugó a ser evangélico el mismo, mintiendo por su puesto, y llevó en su plancha presidencial al pastor Carlos García de la Iglesia Bautista del Perú. Muchísimos evangélicos emocionados por la posibilidad de tener un presidente hermano cristiano, votaron entonces por Fujimori. Una vez instalado en Palacio de Gobierno, Alberto Fujimori arrinconó, humillo y olvido al pastor García. Todo lo que quiso fue los votos una vez logrados, sacó las garras. Eso mismo esta haciendo la hija de ese dictadorzuelo, con Julio Rosas.

Cuando Dios llamó a esos grandes hombres, y mujeres, entre los que Rosas delira al ver su nombre, lo hizo para enfrentar y denunciar a tiranos, a delincuentes, a asesinos, a corruptos; mas nunca para amancebarse con ellos. El pastor Rosas puede ser candidato por la lista que mejor le venga en gana, pero que se deje de estar manoseando el lenguaje bíblico para presentarse como un mesías a estas alturas de la historia.

Y es por esta misma razón mi decepción con la Junta Nacional de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera del Perú. Una carta abominablemente tibia, que muy poco tiene que ver con el pastor Rosas, sino más bien con su enredo con una candidata que es a toda luz defensora del gobierno vergonzoso y tirano que fue el de su padre. Calladitos hubiera quedado más bonitos.

En mi concepto cristiano en primer lugar y demócrata como consecuencia, es una vergüenza que haya evangélicos y evangélicas que voten y apoyen a Keiko Fujimori. Como predicadores de la luz somos llamados a denunciar todo tipo de injusticia, venga de quien venga y de donde venga y a desenmascara a aquellos lobos con piel de cordero; y a recordarles que no todo el que dice “Señor, Señor” es de los nuestros.

Hago votos por que los peruanos y peruanas logren hacerse un espacio casi imposible en este tiempo de efervescencia electoral, para meditar y reflexionar y votar sin la influencia manipuladora de algunos de sus pastores.

Rev. Pablo B. Espinoza