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Hazme un instrumento de tu paz
donde hay odio lleve yo tu amor
donde hay injuria tu perdon señor
donde haya duda fe en ti

CORO:
Maestro ayudame a nunca buscar
querer ser consolado como consolar
ser comprendido como comprender
y ser amado como yo amar

Hazme un instrumento de tu paz
que lleve tu esperanza por doquier
donde haya oscuridad lleve tu luz
donde haya pena tu gozo Señor.

 

Hazme un instrumento de tu paz
es perdonado que nos das perdon
es dando a todos que tu te nos das
muriendo es que volvemos a nacer

La tragedia de Marvin Gaye

Publicado: enero 20, 2011 en Música

JOSÉ DE SEGOVIA

Hace medio siglo nacía en Detroit la leyenda de la Motown, una casa de discos que va a dar a conocer en todo el mundo el sonido de la música afroamericana de cantantes como Marvin Gaye. Desde su trágica muerte en 1984, disparado por su padre – un predicador apartado de una extraña iglesia –, la compleja figura de este gigante del soul, nos sigue dejando perplejos con su extraña combinación de espiritualidad cristiana con la exaltación del sexo libre. ¿Cómo se puede unir la devoción a la promiscuidad?, ¿orar antes de tomar drogas?, o ¿leer la Biblia y vivir sin limite alguno? La religión de Gaye nos llena de preguntas…

Durante siglos la iglesia es el único lugar donde la población afroamericana ha podido desarrollar su propia cultura. La música ocupa un lugar especial en su culto. Y el predicador es la persona que mas influencia tiene en la comunidad. No es extraño por lo tanto, que la mayoría de los músicos negros tengan relación con la iglesia. Incluso aquellos que la abandonan, han sido criados en ella. o pueden ser hijos de predicadores, como Marvin Gaye o Sam Cooke.

El abuelo y el padre de Gaye eran pastores evangélicos, uno bautista y otro pentecostal. Su familia pertenecía a una pequeña denominación que se llama La Casa de Dios. Pertenece a esa tradición de santidad de la que nace el pentecostalismo clásico, pero tiene algunas peculiaridades extrañas. Fundada en 1918 por R. A. R. Johnson, tiene la particularidad de combinar los dones del Espíritu – como la sanidad o las lenguas –, con ciertas prácticas de origen judío como la Pascua, el culto en sábado y la abstención de ciertos alimentos como el cerdo o los mariscos – lo que hace que se conozcan popularmente en Estados Unidos como los pentecostales hebreos –.

Aparte de usar la estrella de David o repetir los Diez Mandamientos, en La Casa de Dios se predica como en cualquier otra iglesia evangélica, que las personas son salvas por medio de la fe en Cristo, cuya muerte es el castigo de Dios al pecado humano. Como los pastores de esta denominación no tenían una formación especial, sino que bastaba una “unción del Espíritu”, el padre de Gaye empieza a trabajar a los 17 años con una evangelista conocida como la Hermana Fain, por todo el país. Su mejor amigo era un chico de la congregación de Lexington que se llamaba Rowlings. Juntos llegaron a pastorear una iglesia en Mayesville, al sur de Carolina, hasta trasladarse finalmente a Washington.

PROBLEMAS CON SU PADRE

Estando en la capital, el padre de Marvin conoce a una chica bautista que se acababa de quedar embarazada. Se casa con ella tres meses después del nacimiento de su hijo Micah, que entregan al cuidado de su hermana Pearl. Esta historia vergonzosa, la sacará a relucir él, cada vez que quiera humillarla. Algo que no era difícil de hacer con una mujer que había sufrido la pobreza y la brutalidad de malos tratos desde que era niña, habiendo muerto su padre alcohólico en la prisión. Ella dijo después del asesinato de Marvin, que él no quería tener ese hijo. Lo cierto es que le hizo la vida imposible.

Los Gaye como cualquier otra familia de pastor, vivía en torno a la iglesia. Cuando tenía solo 27 años, el padre de Marvin había sido hecho secretario general de la denominación en 1942, pero su congregación era bastante pequeña. Formada básicamente por su familia, tenía sin embargo las mismas actividades que una iglesia grande. Marvin cantaba desde pequeño en los cultos, donde se hablaba también en lenguas, había profecías y se buscaba la sanidad divina.

Su padre era tan estricto en la iglesia, como en la casa. Las chicas no podían maquillarse, ni llevar medias. Y para los chicos no había deporte desde la noche del viernes hasta la del sábado, según sus rígidas costumbres sabatarias. Ni cine, ni televisión. Cada infracción de las normas o provocación desobediente, era castigada duramente a golpe de cinturón. Guardar la ley era por lo tanto algo fundamental. La obediencia no te llevaba al Cielo, pero tu deseo de obedecer mostraba la realidad de tu estado espiritual. Lo que abría la puerta a una duda y un temor terrible,

Es sorprendente que sin embargo Marvin respetó siempre a su padre. Le estaba especialmente agradecido por haberle enseñado la Biblia. Decía que conocía a Jesús, gracias a él, pero su relación mostraba una clara ambigüedad. Le amaba, pero sin embargo le temía; despreciaba su conducta, pero respetaba su enseñanza; quería agradarle, pero también deseaba enfrentarse a él. Buscaba sobre todo su amor y apoyo, pero nunca encontró su aprobación. Reconoció que tenía un don para la música, pero le decía que debía usarlo para glorificar a Dios, no para celebrar sus deseos carnales.

MAL EJEMPLO

El ejemplo del padre, dejaba sin embargo mucho que desear. Aunque él ya era miembro del comité ejecutivo de la denominación –que eran llamados apóstoles, como los doce, teniendo además ese número –, quería ser el Principal Apóstol. En 1947 se produce una división, formando la Iglesia del Dios Vivo. Gaye ve entonces su oportunidad, haciéndose obispo del grupo. Lo que pasa es que la denominación fracasa, y el padre regresa humillado a la Casa de Dios dos años más tarde, para descubrir que su amigo Rawlings es el nuevo Apóstol Principal. Éste para asegurar su posición, dicta una nueva regla por la que a sus 37 años convierte el cargo en vitalicio.

Al ver sus ambiciones frustradas, el padre de Marvin continúa unos años como pastor, pero pierde todo su interés en la iglesia. Lleno de orgullo, no la abandona, pero finalmente se retira, y su vicio empieza a salir a la luz. Parece que ocultaba una práctica fetichista de vestirse de mujer. Empieza a vestirse de forma cada vez más ambigua, hasta el punto que muchos creían que era homosexual, aunque se acostaba con mujeres de su congregación, a las que siempre se refería como “hermanas” o “compañeras”.

Su hijo se siente cada vez más avergonzado por el afeminamiento de su padre. Lo que le hace obsesionarse por su sexualidad, preocupado de que su condición pueda ser hereditaria. Cambió de hecho su apellido Gay por Gaye, cansado de las bromas que le hacían constantemente, e intenta demostrar una y otra vez su heterosexualidad. Aunque Marvin habla suavemente, vestía impecablemente y tenía los modales educados de un hijo de pastor. Como su padre no le dejaba hacer deporte, se dedica a cantar con un grupo del instituto, intentando demostrar siempre que es alguien “normal”. Comienza a pensar que “tiene que hacer algo malo para ser aceptado” y “perder el estigma de ser un hijo de Dios”. Para su desgracia, sus amigos le consideran sin embargo demasiado conformista, mientras su padre le ve como un rebelde.

LA FASCINACIÓN POR LO PROHIBIDO

Ante este panorama, Marvin sólo veía dos opciones: se enfrentaba con su padre – cosa que le parecía imposible –, o se alistaba al ejército. Así que contra la voluntad paterna, abandona el instituto un año antes de acabar, para ser reclutado en la Aviación. Era claramente un gesto desesperado. Su carácter era muy poco apropiado para la vida militar. Su temperamento pacífico y sensible, se unía explosivamente a una aversión a la autoridad, que le empujaba a hacer calladamente, exactamente lo contrario a todo lo que le mandaban. Cuando descubre que esto no es lo suyo, sigue el mismo juego que tenía con su padre, incumpliendo las normas, hasta ser finalmente expulsado.

Mientras está destinado en la base de Salinas (Kansas), tiene la primera experiencia sexual con una prostituta. El sexo, por un lado le fascina, pero por otro le da miedo. Su padre le había enseñado a verlo como algo sagrado, pero lo llama siempre “hacer algo sucio”. Aunque pronto adquiere el sabor de lo prohibido. El remordimiento post-coital se convierte así en una experiencia regular para él, que siente la atracción de la lujuria, pero lo ve como algo degradante. Recurre por eso a la prostitución. Le parece el clímax demasiado corto, para tanta anticipación. Y evita de ese modo comprometerse en ninguna relación, prefiriendo de hecho mirar a hacer.

Esta obsesión con el sexo, es tan importante para entender a Gaye, como su incapacidad para abandonar el cristianismo. Uno y otro, se aúnan en la más extraña combinación, que le acompaña hasta el día de su muerte, la víspera del día que iba a cumplir 45 años. Muerto en las manos de su propio padre, con quien había vuelto a vivir. Disparado con un arma, que él mismo le había dado, en su miedo paranoico de que alguien pudiera atacar a su familia. La droga le hacía vivir aterrado, mientras leía sobre la cama de la habitación – donde fue asesinado – las promesas de los Salmos de que nadie podía hacerle daño. Una historia patética, pero real como la vida misma.

SEXO Y ESPIRITUALIDAD

Si las canciones de la música popular presentan el amor como la salvación del hombre, la idea de Gaye es que es el orgasmo es lo que nos trae la liberación. Debido a la represión que sufrió por la extraña educación de su padre, Marvin no sabe relacionar su fuerte impulso sexual con la idea de vocación divina, que le anima toda su vida a proseguir su carrera, a pesar de tantos problemas. Él creía desde niño, que había sido escogido por Dios para una tarea. Ese sentido de misión no le abandona, aunque esté fuera de la iglesia. Es lo que le hace cantar hasta el final de su vida. Y que acaba uniendo finalmente a su obsesión sexual.

Canciones como Get It On o Sexual Healing plantean una idea sagrada del sexo, por la que puede dedicar estos discos a “nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, mientras alaba el deseo por el cuerpo de una mujer. Esa combinación de promiscuidad y religión, es la que finalmente pretende que purifique sus más oscuras pasiones. Se sintió por eso muy consolado de saber que el poeta y predicador John Donne, ya había comparado el sexo duro con el amor de Cristo en 1609. El problema es que cuando libros como El Cantar de los Cantares utilizan el sexo como analogía o ejemplo de la relación de Dios con su pueblo, no están declarando el sexo como una actividad espiritual en si misma.

Se ha especulado mucho sobre la relación entre el orgasmo y el éxtasis místico. Se dice que ambos muestran una misma intensidad y pérdida del ego, como si así se pudiera trascender este mundo, perdiéndose en la identidad de otro. Lo cierto es que para nuestro occidente materialista, el orgasmo ya no expresa ninguna verdad profunda. El sexo ha ocupado el lugar de la religión. Y como dice Malcolm Muggeridge, parece “el único misticismo que el materialismo ofrece”.

DOS CAMINOS

La religión de Gaye se convierte así en el triste ejemplo de a dónde llega esa espiritualidad, como nos muestra Steve Turner en su magistral biografía. Al final de su vida no hace más leer Apocalipsis y ver pornografía. Se relaciona sólo con prostitutas y un público que utiliza como sustituto a otra compañía sexual, mientras vive dominado por la enfermiza relación con su padre, la adicción a las drogas y su enfermiza inseguridad por su virilidad. Esos son los frutos de “vivir para la carne”. Por eso el apóstol Pablo nos advierte en Romanos 8:13 que “si vivimos conforme a la carne, moriremos; pero si por el Espíritu hacemos morir las obras de la carne, viviremos”.

Hay dos caminos aquí. Uno presenta una vida aparente, basada en la autoindulgencia, pero cuyo final es muerte. Y una muerte que en realidad nos lleva a la vida. “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:6). ¿Cómo podemos entonces dejar de vivir para la carne?, ¿cumpliendo la Ley que enseñaba el padre de Gaye?, ¿haciendo los Diez Mandamientos que se repiten cada domingo en La Casa de Dios? No, contesta Pablo, “porque es imposible para la ley librarnos de la ley del pecado y de la muerte” (vv. 2-3). Hace falta otra la ley, ¡la del Espíritu de vida en Cristo Jesús!

“Dios, enviando a su hijo, en semejanza de carne de pecado, condenó al pecado en la carne, para que la justicia de Cristo se cumpliese en nosotros” (Ro. 8:3-4). Al estar unidos así a Él por la fe, recibimos la justicia de Dios, por la que ya no hay “ninguna condenación” (v. 1). Su Espíritu hace que ya no andemos “conforme a la carne” y pensemos en “las cosas del Espíritu” (v. 5). Tenemos así una deuda de gratitud, “no a la carne, para que vivamos conforme a la carne” (v. 12), si no que “por el Espíritu hacemos morir las obras de la carne”, Porque, o matas el pecado, o el pecado te mata a ti. Y sólo hay una forma de hacerlo: ¡Por el Espíritu de vida que hay en Cristo Jesús!

José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid

© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com

The Doors, jinetes en la tormenta

Publicado: enero 10, 2011 en Cine, Música

JOSÉ DE SEGOVIA

Tras la aparición de una nueva grabación de un concierto suyo en Vancouver, se exhibe en los cines el primer documental sobre el mítico grupo de los años sesenta The Doors. Aunque sólo hizo música durante cinco años, el carismático y autodestructivo Jim Morrison logró forjar una leyenda a partir de su misteriosa muerte en París en 1971. No llegó a ser el poeta que hubiera querido ser, pero se convirtió en un mito que perdura hasta la actualidad.

La película que narra Johnny Depp, When You´te Strange, ha sido nominada para los Grammy de este año. Dirigida por un director independiente, Tom DiCillo, utiliza fragmentos de un film inédito de Jim Morrison (HWY: An American Pastoral, 1969) e imágenes de conciertos, pero no entrevistas. Aunque el DVD norteamericano incluye como extras documentos tan sorprendentes como unas declaraciones de su padre antes de morir, que suenan un tanto falsas. Sorprende el emocionado testimonio de su hermana Anna, que parece encantadora. Ella mantuvo contacto con él, después de que Jim rompiera con sus padres, al ir a la escuela de cine de la Universidad de California en 1964, diciendo a todos que habían muerto.

El tono del documental es bastante didáctico e informativo. Encuadra a los Doors en la época en que vivieron, haciendo referencia a los asesinatos de los Kennedy, Martin Luther King, las protestas estudiantiles ante la guerra del Vietnam y la lucha por los derechos civiles. Es cierto que no cuenta nada nuevo, pero evita los excesos mitómanos de una película como la de Oliver Stone en 1991, que distorsiona claramente su vida, imaginando situaciones que nunca ocurrieron. Sorprende en ese sentido el riguroso análisis del suceso por el que el cantante fue procesado por indecencia en Miami en 1970, que fue literalmente el principio del fin.

UNA MUERTE ANUNCIADA
El fallecimiento de Jim Morrison en 1971 fue el último de una serie de muertes en la historia del rock, que comienza con Brian Jones de los Rolling Stones en 1969, Janis Joplin y Jimi Hendrix en 1970, todos ellos con 27 años –aunque el médico que vio el cadáver de Morrison, ¡creía que tenía 57!–. Para entender su tragedia, tenemos que remontarnos a su infancia. Puesto que desde que se forma el grupo The Doors, Jim no vuelve a ver a sus padres, asegurando no tener más familia que su hermana.

Los abuelos de Jim, por parte de los Morrison, eran presbiterianos del sur, trabajadores y temerosos de Dios. Su padre siguió la tradición familiar en el Ejército, siendo destinado a Hawai justo antes del ataque japonés a Pearl Harbor. Era almirante en Vietnam, cuando su hijo se hizo famoso por su oposición a la guerra. Siempre que le preguntan por su infancia, hay un suceso que Jim cuenta una y otra vez, que anuncia misteriosamente su muerte…

Un día a primera hora de la mañana, la familia iba en coche por el desierto de Nuevo México, cuando su padre salió de la carretera a la cuneta en algún punto entre Alburquerque y Santa Fe. Había habido un choque frontal entre un coche y un camión, que llevaba unos indios. Sus cuerpos aparecían “desparramados en la sangrante autopista del amanecer”. La voz angustiada de una mujer gemía dolorosa e histéricamente. Cuando el niño intentó salir del coche con su padre y su abuelo, para ver lo que pasaba, su madre se lo impidió, pero apretó su cara a la ventanilla.

“La sensación que ahora tengo, pensando en aquello –diría años después ante un micrófono en un oscuro estudio de grabación al oeste de Hollywood– mirando hacia atrás, es posible que el alma de uno de aquellos indios, quizá de varios, simplemente se desbordó y se introdujo en mi cerebro”. Lo cierto es que a partir de aquel momento empezó a mojar la cama, teniendo miedo hasta de dormir. Se echaba como un ovillo en el suelo, donde su madre le despertaba furiosa. Esto se lo cuenta llorando a su abogado en el proceso de 1969, sugiriendo incluso posibles abusos sexuales por un familiar cercano, mientras su madre lo niega, llamándole mentiroso.

EL REY LAGARTO
Esa cercanía del desierto es la que le hace sentirse fascinado por los reptiles, adquiriendo su famoso apodo de Rey Lagarto. Vagaba así de una casa a otro, según el destino del padre, en continuo conflicto con su madre. Le fascinaba la película Rebelde sin causa (1955). Esa ausencia de hogar hace que nunca tuviera en su vida una casa en propiedad, ni un apartamento alquilado. Solía vivir con sus novias, a veces en moteles, o simplemente dormía en el sofá de la oficina de los Doors –ahora un restaurante mexicano, donde se puede ver el baño donde grabó una de sus últimas canciones–.

Su comportamiento exhibicionista le llevaba a fingir que se desmayaba desde que iba al colegio, como luego haría una y otra vez sobre el escenario. Como los poetas beat, Morrison leía a Nietzsche –Kerouac le dedica En el camino–. Solitario y deprimido, se queda hasta tarde oyendo en las radios cristianas los incendiarios sermones de los predicadores evangélicos sureños. Su primera novia recuerda que una vez le dijo que tenía un problema que no podía contar a sus padres, y le llevó al pastor de jóvenes de la iglesia presbiteriana de Westminster (Alexandria, Washington). Jim nunca le dijo de qué habían hablado…

Cuando va a vivir con sus abuelos en Florida, deja de ir a la iglesia. En 1962 frecuentaba un café de ambiente beatnik –el Contemporary–, cuando pasó algo que le alejó de aquel mundo. En el proceso le dijo a su abogado que había tenido una experiencia homosexual. Su actitud es cada vez más extraña. Irrumpe en una reunión evangélica negra, que se celebraba bajo una carpa, siendo expulsado por un grupo enojado de diáconos. En el barrio mexicano de Los Ángeles había predicadores entonces en la calle Olivera, cerca de la antigua Misión y la plaza Pershing. Cuando uno se bajó de su escalera, subió él para predicar su propio sermón incendiario, hasta que el indignado evangelista le quitó a la fuerza.

LAS PUERTAS DE LA PERCEPCION
La expresión del poeta William Blake en Las Bodas del Cielo y el Infierno (1793) –“si las puertas de la percepción se limpiaran, todo se le aparecería al hombre como es, infinito”– dan no sólo nombre a un libro de Aldous Huxley, sino también al grupo The Doors. Hacen referencia a la experiencia psicodélica que algunos escritores empiezan a tener con el LSD, cuando todavía era legal en Estados Unidos. Morrison estudia cine entonces en California con Ray Manzarek, formando el grupo tras un encuentro en la playa de Venice. Aunque su compañero de clase más conocido es Coppola, que utilizará su canción The End al comienzo de su particular visión de El corazón de las tinieblas en la guerra de Vietnam, en Apocalypse Now (1979).

Un estudiante mayor, licenciado en Berkeley, le da a Morrison el primer LSD, pero le convierte también en alcohólico, antes incluso de que pudiera comprar legalmente cerveza. Porque a pesar de su fama de chamán psicodélico, lo que destruyó a Jim Morrison fue sin lugar a duda el alcohol, como demuestra su biógrafo Stephen Davis. Es en 1964 que Jim empieza a tomar ginebra hasta para desayunar. Manzarek sin embargo, había cambiado el LSD por la meditación oriental. En el centro del yogui Maharishi conoce a los otros dos miembros de los Doors.

El Maharishi había fundado su Movimiento para la Regeneración Espiritual en la India en 1957, pero se había trasladado a Los Ángeles el año 60. Hasta que no se hizo famoso con los Beatles, la secta no se convirtió en una multinacional. En 1965 la Meditación Transcendental tenía todavía pocos seguidores, aunque enseguida atrajo a algunos músicos jóvenes, como varios de los Beach Boys. Tres de los cuatro miembros de los Doors habían buscado en este culto la iluminación espiritual. “Incluso Jim a su manera”, dice Manzarek después, en una entrevista radiofónica. Puesto que Morrison dice que compuso Take It As It comes para el yogui Maharishi.

THE END
Tras convertirse en el nuevo sex symbol de Sunset Strip, Morrison es la imagen de un grupo cuya música es descrita como “un sonido de iglesia combinado con el de una feria de atracciones, que haría que sus conciertos parecieran una funesta capilla de la experiencia extrema” (Davis). Exaltado por una embriaguez permanente, según recuerda el agente Ronnie Haran, Jim “estaba enloqueciendo”. Obsesionado por la muerte, Morrison le dice a Haran, mientras se muda con su novia Pam a una casa en el Cañón Laurel: “Dentro de dos años estaré muerto”.

La noche que grabó The End, alguien encontró a Jim en una gran iglesia católica, que hay al otro lado del Sunset, Blessed Sacrament. Morrison se llevó un gran libro de oraciones, que en el estudio arranca página tras página, mientras cantaba a la muerte del padre y a la violación de la madre. Ella intenta contactar con él por medio de su compañía discográfica –cuando la canción Light My Fire llega a ser número uno el verano del amor de 1967–, pero él no atiende a sus llamadas. En Washington intenta verle en uno de sus conciertos, pero él no lo permite. No hablará con ella nunca más.

Su siguiente disco, Strange Days (1967), se cierra con una canción –When the Music´s Over– que parece al principio una negación de la fe, llena de imaginería sexual, pero acaba con una intensa agitación espiritual, invocando a gritos el nombre de Jesús, en busca de salvación. Aunque al mismo tiempo define su poema épico de Celebración del Lagarto como “una invocación a las fuerzas oscuras”. La directora de una revista musical, Patricia Kennely, pretende incluso que se casó con él en una ceremonia de brujería, que recrea ella misma en la película de Oliver Stone.

La poesía Texas Radio está inspirada en los predicadores que oía de madrugada, cuando estaba en el instituto. La interpretaba casi completa en sus conciertos. En Saratoga Springs hay una grabación de un día que se le acerca un pastor metodista, mientras prueba sonido. Es un hombre de mediana edad que fuma en pipa y lleva alzacuellos. Le dice que su concierto es una experiencia religiosa. Jim le contesta que los Doors es una forma de religión secular.

UNA ORACIÓN AMERICANA
El disco que ahora se ha publicado con la grabación de un concierto en Vancouver, incluye el tema que grabaron en su cuarto álbum, The Soft Parade (1969): Petition The Lord With Prayer. Esta peculiar petición de oración a gritos comienza con la introducción: “Cuando estaba en el Seminario”. Su poema largo más conocido lleva el significativo título de Una oración americana. El problema es que, para Morrison, la religión incluye todo, desde el sexo y las drogas hasta la filosofía y la literatura.

El día de los incidentes en Miami llevaba una cruz en el cuello. Cuando le preguntaron qué significaba, dijo: “Fui educado en una cultura cristiana, y la cruz es uno de sus símbolos, eso es todo”. Su religión, como la de la sociedad americana, no puede salvarle. Como dice en 1970, ni el amor puede salvarte de tu destino. Con aspecto desaliñado, gordo y con barba, escapa a París, atormentado y desolado, para reunirse con Pam. Ella está enganchada a la heroína, pero él bebe constantemente.

Uno de los cuadernos que llevaba a todas partes en una bolsa de plástico de unos grandes almacenes, antes de morir en 1971, está lleno de poemas de angustia ante la muerte, oraciones y obscenidades. Una página entera está llena con el garabato repetido y torturado: Que Dios me ayude. Nadie sabe con certeza lo que pasó la noche antes de aparecer muerto en la bañera, pero parece que estaba miserablemente solo. La tragedia de su vida y su muerte parece un clamor desesperado a un Dios que no nos escucha.

Dios sin embargo nos ha amado hasta el punto de dar a su propio Hijo por nosotros (Juan 3:16). Se compadece de nuestras debilidades, porque fue tentado en todo, a nuestra semejanza (Hebreos 3:15). Y nos invita a acercarnos a su trono de gracia, para alcanzar misericordia y oportuno socorro (v. 16). ¡Esta es nuestra única esperanza!

José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid

© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com (España, 2011).

El sueño de Lennon

Publicado: diciembre 27, 2010 en Música, Sociedad

José de Segovia
(Nota: Este artículo fue escrito el 12/13/05. Un escrito magistral de J. de Segovia, acerca de la vida del ex –Beatles John Lennon)

Hace veinticinco años que John Lennon moría asesinado en la puerta de su casa de Nueva York. Millones de personas lloraron su pérdida en todo el mundo. Ahora su figura se ha convertido en un mito, que simboliza la revolución cultural de los años sesenta. Por esta beatificación, el ex-Beatle se ha convertido en un santo laico, abogado del pacifismo, en cuya angelical pureza cuesta hoy reconocer el lado oscuro de su vida. Pero ¿quién fue realmente Lennon? Y ¿qué queda de su sueño?
En 1964, cuando los Beatles estaban en la cima de la histeria adolescente, nadie imaginaba que dos años después estarían haciendo textos religiosos y siguiendo instrucción espiritual, para acabar haciendo pronunciamientos sobre la paz mundial. Su generación había tenido poca relación con la Iglesia. El padre de McCartney era agnóstico y la madre de Harrison católica, pero no creían que la religión debía imponerse a los hijos. “Ninguno de nosotros cree en Dios”, dijo McCartney a un entrevistador aquel año. “Pero somos más agnósticos que ateos”, añadió Lennon.

Lennon era tal vez el beatle que había tenido más influencia religiosa. Su tía Mimi le había mandado a la escuela dominical a una iglesia anglicana, donde acabó cantando en el coro. Lennon era sin embargo conocido por sus blasfemias. Odiaba quizás, aquel Dios que había permitido que su madre muriera en un accidente cuando era adolescente, atropellada por un conductor borracho. O era incapaz de concebir un Padre en los cielos, cuando su propio padre le había abandonado poco después de nacer.

Lo cierto es que en sus días salvajes de Hamburgo, Lennon escribía cartas como si fuera Juan el Bautista, colgaba condones de imágenes religiosas o ridiculizaba a las monjas que pasaban. Sus escritos de aquella épocas tienen vicarios, leprosos, tullidos y a Cristo mismo, sujetos al más cruel humor negro. Ese lenguaje despiadado hacía difícil de imaginar en 1964, que dos años después Lennon estaría en un estudio cantando versos del Libro Tibetano de los Muertos, diciendo al productor George Martin: “Quiero que suene como un santón oriental, rezando en la cumbre de una montaña”…

EL CIELO ESTÁ EN TU CABEZA
El verano de 1967, McCartney decía a la revista People que sus ojos se habían abierto a la existencia de Dios . “Una experiencia similar”, recomendaba, “haría mucho bien a algunos de nuestros clérigos”. La experiencia de Lennon y McCartney sería desde luego imitada por muchos músicos y jóvenes de aquella década . Agnósticos apáticos se convertían así en apasionados buscadores de una verdad espiritual, que tenía al rock´n´roll como ritual tribal, abriendo las puertas a toda religión, secta o gurú. No tardarían a partir de entonces las iglesias en llenarse de guitarras acústicas y vicarios sin alzacuellos, que bendiciendo motos como bebés, murmuraban textos esotéricos, mientras condenaban los males de la sociedad de consumo.
A lo largo de la segunda mitad de los sesenta, el fenómeno de la religión marginal se convirtió en una industria millonaria, cuyo mercado abarca desde la magia pagana hasta el budismo zen. Los jóvenes lamentan el materialismo de sus padres, y canciones como el Nowhere Man de Lennon, hablan en 1965 de ese hombre que “no tiene visión, ni sabe a dónde va”. El LSD se convierte así en la pastilla del Camino de Damasco, por el que muchos aseguran ver a Dios, o incluso ser el mismo Dios, atesorando esos instantes y colores intensos, ante los que la vida pasada no resulta más que un juego. Ahora llenos de benevolencia, desean “el amor” a todos…

“Yo soy él, como tú eres yo, y todos estamos juntos”, canta Lennon en I Am The Walrus (1967), uno de los temas que compuso bajo su influencia. Esa ilusión temporal de unidad, que ellos llamaban Dios, es la que McCartney describe como “una fuerza de la que todos somos parte”. Lennon y Harrison cuentan que conocieron el LSD por un café que les dio una noche un amigo dentista en 1965. Los efectos iniciales fueron de desorientación. Tanto que Lennon pensó que se había vuelto loco y le perseguía el diablo, pero luego se vio lleno de ideas, humor y creatividad. A partir de ese momento, Lennon quedó tan “enganchado”, que hizo más de mil “viajes”. Por ellos dice que se convenció de “la existencia del alma humana y la vida después de la muerte”.

Aquella religión del LSD hizo de Timothy Leary su sumo sacerdote. Este profesor de psicoterapia de Harvard había tenido una experiencia psicodélica en 1960, cuando tenía cuarenta años. Y el año 63 hizo un experimento con estudiantes de teología, que afirmaron tener una “experiencia mística” por medio de esta droga, sobre la que escribió dos libros que leyeron los Beatles. Uno de ellos introdujo a Lennon al Libro Tibetano de los Muertos, que usó para escribir Tomorrow Never Knows, para el disco Revolver de los Beatles el año 66. Entonces se hizo amigo suyo y Lennon dice que escribió para él Come Together y Give Peace A Change, aunque luego le acusó de “recibir un mensaje del ácido, por el que tenía que destruir su ego”. “Y lo hice”, dice Lennon: “Leí el estúpido libro de Leary y me destruí a mí mismo”…

Lo he descubierto.
¡No creas la palabra de nadie!
Es lo que puedes hacer…
No dejes que te engañen
Con droga y cocaína…
¡Siente tu propio dolor

EL SUEÑO SE ACABÓ
Los Beatles pasaron dos meses con el gurú Maharishi el verano de 1967, pero se desilusionaron. En su decepción, Lennon escribe una canción llamada Sexy Sadie, llena de odio y resentimiento. Su primera esposa, Cynthia, dice que “la naturaleza humana y la búsqueda última de algo nuevo, que no pudieran conseguir, les llevó a experimentar todo”, pero “la increíble velocidad y locura de su fama creó un gran vacío en su vida”. Lennon descubre que “Dios es un concepto por el que medimos nuestro dolor”…

No creo en la magia.
No creo en el I Ching.
No creo en la Biblia.
No creo en el Tarot.
No creo en Hitler.
No creo en Jesús.
No creo en Kennedy.
No creo en Buda.
No creo en el Mantra.
No creo en el Gita.
No creo en Reyes.
No creo en Elvis
No creo en Zimmerman.
No creo en los Beatles.
Sólo creo en mí,
Yoko y yo.
Esa es la realidad.
El sueño ha acabado.
Desde que se emancipó de los Beatles, Lennon se enfrenta de tal forma al mundo, que parece que ha perdido todo sentido del ridículo. Dejando atrás todo pudor, John aparece desnudo con Yoko en la portada de la revista Rolling Stone o en su disco Dos Vírgenes. Como el personaje favorito de sus años infantiles, Guillermo el Proscrito, se ve una y otra vez abocado al desastre, pero continúa sin embargo convencido de que sus acciones son correctas. Aguanta mal la bebida y monta broncas penosas en locales de Los Ángeles, hasta que dirigido por Yoko, ella maneja los negocios y le manda hacer extraños viajes rituales, dictados por la numerología, a Hong Kong o Ciudad del Cabo

Mientras imagina que “no hay ningún paraíso, ni infierno bajo nosotros”, sólo siente la realidad de su propio dolor. Pero al descubrir que “no hay ningún Jesús, que vaya caer del cielo”, se da cuenta que “podría llorar”. Muchos lloramos desde entonces por él, porque sabemos que un día vendrá ese Jesús, en que no creía, cuando era su única esperanza. Por eso ahora que hay tiempo decimos: ¡Imagina!, ¡imagina que hay un cielo y un infierno! Y no vivas de espaldas a él… ¡Vive a la luz de esas realidades eternas! Y descubrirás que lo mejor está todavía por venir…

José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid
© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com (España).

Aqui estamos / Marcos Vidal

Publicado: diciembre 25, 2010 en Música

Queridos amigos y hermanos : estamos ya para finalizar el año, cabe ahora reflexionar sobre este año que pasó, y como Dios ha estado a tu lado y el mío, a pesar de las tristezas , pérdidas, y por que no también hubo muchos momentos de alegría y prosperidad. Esta canción me la pidió escuchar mi hermana Michal varias veces en el hospital y en la casa, ella  partió  a la presencia del Señor este 4 de Agosto pasado, a ella le encantaba esta canción pués ella puso su confianza en Jesús como su Salvador personal de su alma, quién guió sus pasos durante toda su vida terrenal, y hoy descansa en los brazos de su Señor Jesucristo. Aquí les comparto con mucho cariño esta bella canción.

Berenguela Nieva de Correa

Lima-Perú.


Navidad Negra – Peru Negro (Parte 2)

Publicado: diciembre 21, 2010 en Música

Navidad Negra – Peru Negro (Parte 1)

Publicado: diciembre 21, 2010 en Música