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BEN STERNKE

The Inventor and His Useless Invention

A few days ago Mike Breen posted a series on his blog that essentially asked the question, “Why does most ‘innovation’ in the church revolve around technology instead of discipleship?” In other words, why do we spend so much intellectual and creative capital tinkering with technological niftyness instead of investing that capital in finding out how to make disciples well?

Most of the possible reasons he offered revolved around the fact that discipleship is difficult, and therefore left untried (like that great G.K. Chesteron quote, “Christianity has not been tried and found wanting; it has been found difficult and not tried.”) While I think there’s an element of truth in that, I think that the real issue lies much deeper, and has to do with how our unspoken theological assumptions invariably guide our lives. And everyone has theological assumptions. You can’t live without them. But if they remain unexamined and un-articulated they could lead you to waste your life tinkering with things that don’t really matter in the long run.

My contention is this:

If we want to see a discipleship revolution take root in the North American church, we have to grapple with our inherited assumptions about what salvation is.

Until we really wrestle with this question and come to some solid answers, discipleship will not take root because it will always feel like an optional “add-on” to the “main thing,” some Christian bling for those who are into that kind of thing.

My friend JR Rozko articulated it really well with his comment on the first post in Mike’s series, andwrote a good post in his blog outlining the issue. I’ve also written about the issue a couple times (“Forgiveness Isn’t the Whole Gospel” and “The Gospel, Evangelism, and Discipleship”).

Essentially the issue is this: If salvation is merely agreeing with a few propositions so we can get into heaven when we die, if that’s what it’s really about, then of course all we’ll do is innovate new ways to attract people to hear that message and “say the prayer,” so to speak. Our goal defines the path our innovation takes.

But if salvation is something bigger, like participating in the life of God, joining with him in what he’s doing now (which I would argue is a far more biblical definition), then it makes perfect sense to make disciples of Jesus, because if we accept the invitation to live with God in his kingdom now, we very quickly learn that wedon’t know how to do that. Thus discipleship follows naturally from this, because Jesus knows how to do it, and he promises to teach us and empower us to do it.

If salvation is “signing the papers” so we secure blessing in heaven, then our goal will simply be to get more people to sign the papers, and thus our innovation will take a technological turn, because you get more informational bang for your buck that way. But if salvation is participating in what God is doing now, and our goal is initiating people into that kind of life, we will naturally utilize our creative and intellectual capital to innovate ways to more effectively make disciples. Again, our goal will define the path our innovation takes.

The problem is that many churches try to “add” discipleship to their already-existing programs and paradigms, without deeply examining their assumptions about salvation, which tragically lead them to invent tricky new ways to “get the word out” and remain impotent in their ability to make disciples. Like my friend Michael Rudzena said the other day, “Sometimes it isn’t the problem that needs troubleshooting, it’s the paradigm.”

If we really want to move churches toward building discipling cultures, we need to find ways to ask this deeper question about the nature of salvation. We need ways to confront the underlying assumptions that lead us away from discipleship. One idea I’ve wondered about is using parables. Jesus used them all the time to explode paradigms and turn things upside down.

What kinds of parables could we tell that would explode our paradigms of salvation?

http://bensternke.com



Por: Tito Pérez (Director de peruanitos.org)

El “Programa Dulces Sueños”, del  grupo de voluntariado  de Peruanitos.org, realizó otra entrega de camitas a los niños necesitados. Esta vez estuvimos en el asentamiento humano Mirador de Villa-Ampliación La Encantada, del Cerro Lomo de Corvina en el distrito de Villa El Salvador, Lima. El evento de entrega, lleno de expectativas y de alegrías desbordadas, se realizó el 4 de agosto a las 3:00 pm.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración tuvo que ver con el anuncio, por parte de nuestro director, de que las 20 camitas habían sido donadas por nuestras compatriotas Gisella Rebagliati (18 camitas), Paola Bustamante, Karina Carmona y otros (02 camitas). Hubo sonoros aplausos para las donantes, y curiosidad de algunas niñas para saber el origen del regalo.

Niñas que recibieron su camita: Deyanira Apaza Quiñones (04 años), Alejandra Yapuchura Huanca (04 años), Jenifer Vega Pariona (05 años), Xiomara Campos Tenorio (07 años), Jimena Sánchez Cristóbal (07 años), Flor Torres Pérez (07 años), Evelyn Aro Jeremildo (08 años), Sheyla Cabanillas Cayco (08 años), Kasandra Ortiz Yapuchura (08 años), y Brillet Taquila Quiñones (10 años).

Los niños que recibieron su camita son: Albertino Gamarra Tello (05 años), Ángelo Taipe Echevarría (05 años), Diego Mamani Suárez (06 años), Carlos Rúa Oré (06 años), Aldair Suárez Infantes (06 años), Edinson Falcón Alvarado (08 años), Ángel Mendoza Pacheco (08 años), Meier Espichán Cuya (10 años), José Salazar Cubas (10 años), e Isair Yapuchura Cusi (10 años).

La lista de niños fue confeccionada por los dirigentes Amalia Cusi y Raúl Flores, siguiendo nuestras indicaciones de dar prioridad a los niños más necesitados. En el evento de agosto 4 hubo plena participación de las mamás y de los niños, básicamente en el armado de las camitas. Algunas personas mostraron su pena porque sus hijos no pudieron ingresar a la lista de beneficiarios.

Seguimos, pues, trabajando con los niños pobres de nuestra tierra. Y hacemos un llamado a los compatriotas y amigos, del Perú y del extranjero, para que sigan ayudándonos con sus donaciones voluntarias a sacar adelante éste y los demás programas de nuestro grupo. Van, hasta hoy, 231 camitas entregadas en varios lugares de Lima y Chincha. Para nosotros servir es un placer.

Gracias, y que Dios te bendiga!

Tito Pérez y Adriana Torres
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Dios pide agua, tiene sed

Publicado: agosto 4, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (30)
Dios pide agua, tiene sed“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed”. Juan 19:28. Texto completo en Juan 19:17-30.

 

Dios pide agua. Al dolor físico que Jesús tuvo que soportar en la cruz, se le añade el de la sed. La sed es un tormento terrible en situaciones extremas. Situación extrema era la de los crucificados.

Dios pide agua. Algunos tuvieron compasión y le acercaron una esponja con una mezcla de vinagre que Jesús aceptó. No le dieron un agua limpia, pero muchos piensan que esa mezcla les adormecía y evitaba sufrimiento. Lo aceptó como un acto de misericordia a un sufriente, a un torturado, con la boca seca y próximo a la muerte. Quizás lo acepta como aprobación de los actos de misericordia que nosotros debemos de tener para con los sacrificados de la historia, como aprobación y aceptación de los que son movidos a misericordia, como llamada a la solidaridad para con los tantos condenados que se mueven en el mundo hoy.

Dios pide agua. ¡Qué importante debe ser el hombre para Dios cuando Jesús sufre el dolor físico, el tormento de la sed y el derramamiento de sangre a su favor! Tanta sangre perdió que la sed se convirtió en algo insufrible, un tormento inaguantable.

Dios pide agua. Jesús nos pide de beber. Sufre por los sedientos del mundo y nos recuerda  la sed de justicia  que sus seguidores deben de tener. La sed de justicia se debería despertar hoy de una forma inmediata ante la exposición que al mundo se hace a través de los potentes medios de comunicación. Podemos estar comiendo en nuestras casas mientras contemplamos el hambre del mundo.

Dios pide agua. La sed de Jesús, a pesar de la intensidad con que la sufrían los crucificados, va más allá y es más profunda que la sed de agua física. El grito de Jesús: “Tengo sed”, refleja también la preocupación de Jesús por el despojo de los pobres, de los excluidos, de los hambrientos que, a su vez, son sedientos.  No tienen agua potable y limpia y beben de charcas infectas hasta morir . Tienen sed. Mueren uniéndose al grito de Jesús. Jesús tiene sed y se une a los sedientos del mundo, a los hambrientos y sufrientes de nuestra historia.

Dios pide agua. Negamos el agua al Dios sufriente, al Jesús crucificado, cuando se la negamos al hombre empobrecido y despojado. Negamos el agua al hombre y a Dios, cuando nos resistimos a la ayuda a los humillados y dejados en el sin vivir de los márgenes del camino. Negar el agua al hombre es negar el agua a Dios… y viceversa. Cuando Jesús grita su sed, pide nuestra práctica de la projimidad a los sedientos del mundo. Muere por ellos. Es verdad que su muerte tiene una trascendencia que va más allá de las miserias humanas, pero Jesús nunca separó el cielo de la tierra, el amor a Dios y al prójimo en necesidad, lo divino y lo humano, el dar de beber a Dios o el darle al hombre que se muere en el tormento de su sed.

Dios pide agua. Jesús con su grito de sufrimiento extremo por la sed, motivó la compasión de los que le dieron a beber ese vinagre que calmaba y adormecía. Jesús, con su voz forzada para implorar el agua, nos está pidiendo que seamos sensibles ante el dolor humano y ante las carencias que hacen sufrir y que acaban matando. Si alguien reaccionó ante la muerte de Jesús ahogado por la sed, ese grito seco nos pide compromiso con los sufrientes que, siendo coetáneos nuestros, nos lanzan su grito angustioso por ayuda. Tenemos que aceptar la parte que nos corresponde… la parte de culpa que nos toca, que depende también de nosotros mismos.

Dios pide agua. No se trata de sentir una compasión fofa, un contemplar el sufrimiento de forma que pasemos nuestra pena y un sentimiento de compasión pasiva. No se trata de quedarse paralizado ante el dolor ajeno, sea el de Jesús o del hombre, con una especie de resignación paralizadora. Se trata de asumir el reto de una compasión activa que acepta el reto de llevar algo de humedad a unos labios secos, de llevar algo de alimento a los estómagos vacíos.  “Tengo sed”, nos invita a la acción , a que tomemos nuestras esponjas y las empapemos… de agua limpia, pues si el mundo cambiara sus valores, sería posible.

Dios pide agua. “Tengo sed” es la frase que deberían asumir los cristianos no sólo en épocas de celebración de la Semana Santa, sino que la deberíamos asumir como solidaridad con el prójimo empobrecido y sufriente. Es el grito por sed solidaria.

Dios pide agua. Tenemos que gritar, sentir y experimentar el tener sed. Sed de justicia, de solidaridad, de amor al prójimo apaleado, despojado y tirado al lado del camino…  sed de amor que avala toda búsqueda de justicia.  Vivir sin esa sed que nos impele, que nos empuja, que nos lleva irremisiblemente a la solidaridad, es vivir una vida sin sentido, sin dar, sin darse. Vidas egoístas que nunca lograrán la felicidad del clamar por agua por el hecho de estar sediento de justicia para el mundo.

Dios pide agua. Esa expresión “tengo sed”, debe ser una consecuencia de nuestra vivencia de la fe, de la fe activa que actúa a través del amor. Es la sed que reclama nuestra corresponsabilidad en la sed de la víctimas del mundo. Si no actuamos, si no tenemos sed de justicia, estaremos dejando a Jesús con su boca seca, con el terror de la sed de un crucificado por buscar justicia para el mundo, por una justificación para el más allá que, a través de los valores del reino, ya empieza a actuar acercando el Reino de Dios y su justicia a la tierra, a los sedientos de nuestra historia.

Dios pide agua. No hemos de hacer en Semana Santa una exposición de la teología de la cruz como símbolo de ignominia y dolor que nosotros contemplamos pasivamente, sino una teología del dolor que nos anima a mancharnos las manos como buenos samaritanos buscando ayuda y justicia para el mundo de los sufrientes, de los sedientos del mundo, de los hambrientos y despojados de dignidad. Danos esa sed, Señor, de tal manera que clamemos por justicia a favor de los excluidos de los bienes que tú nos dejaste en la tierra. Danos esa sed, Señor, para que clamemos por justicia… para que también hoy calmemos tu sed. Dios pide agua.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelios a los pobres (30)
Grito, lamento, abandono…“Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿Lama sabactani?” Marcos 15:34. Texto completo en Marcos 15:21-41.
Un pequeño montículo, un cerro, una elevación del terreno. Pudiera parecer bonito, paisaje hermoso, pero no lo era. Ese montículo, ese cerro, tenía la forma de una calavera. Para los judíos era el lugar del horror. Le llamaban el Gólgota. Lo podemos llamar el Calvario. No estaba muy lejos de la ciudad. Nada más cruzar la muralla se podía llegar a este triste lugar. Su forma de calavera recordaba la muerte, aunque los judíos hicieron del lugar algo más triste: el lugar de las ejecuciones de los condenados a muerte. El lugar de la tragedia, de los gritos de dolor , del sufrimiento, de la tortura, del grito, del lamento, del abandono y de la burla… el mejor de los lugares para ejecutar a los condenados a muerte… aunque había errores… se podía ejecutar también a inocentes, a justos, al Dios de la vida.

Jesús estaba allí crucificado ante un montón de curiosos y también de personas más cercanas a Él. El Salvador del mundo no estaba profiriendo quejas. Había pronunciado palabras de perdón: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Se había preocupado de los ladrones que estaban crucificados a su lado: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Se había preocupado de su madre: “Mujer, he ahí tu hijo…”. Su cuerpo se iba debilitando. Una sensación de angustia y de tristeza invadieron al Dios de la vida, humanado, sufriendo como hombre… la cumbre de la pasión. Es el momento del grito, del lamento, del desamparo, del sentimiento de sentirse abandonado.

Habría ruidos. Muchos de estos ruidos eran de los escarnecedores de Jesús, sonidos de burlas, quizás también de los llantos de los que amaban a Jesús. Sin embargo, Jesús debilitado, agotado, casi asfixiado por su propio peso colgando de la cruz, hizo su último milagro: sacar fuerzas de su debilidad, de su situación de asfixia. Encierra un misterio cómo se pudo escuchar ese grito de Jesús, esa invocación al Padre, esa oración desgarrada. Debió sonar fuerte y llena de poder, sonido misteriosos y como proveniente de lo alto. Tanto impactó que la iglesia primitiva lo ha conservado incluso en lengua aramea, en la forma original en la que la pronunció Jesús: “Eloi, Eloi, ¿Lama sabactani?” que traducido es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

 Es el grito de la soledad, del abandono … el que puede ser el grito de los marginados y empobrecidos del mundo, de los que algunos llaman los crucificados de la tierra. Ese grito no ha parado de sonar debido a la gran identificación de Jesús con el grito de los pobres, abandonados y excluidos de este mundo. Por eso, en Mateo 25, cuando habla de socorrer a los pobres y más pequeños de la tierra, dice de una forma también un tanto misteriosa y que cuesta trabajo entender: “Por mí lo hicisteis”.

Hoy, desde el sufrimiento humano, desde las situaciones de pobreza y de opresión, desde las injusticias que el hombre hace contra el hombre, Jesús reactualiza su grito. Jesús, ante el dolor del mundo y la indignidad en la que muchos son hundidos reduciéndolos al no ser de la marginación, a la asfixia del hambre y de la falta de medios, Jesús se convierte hoy en el icono de los sufrientes y revive el Cristo de la pasión, el Cristo roto, el Cristo sufriente… y el grito o el lamento, la invocación o la oración, suena hoy de manera fuerte y terrible con una sensación de soledad y de abandono que afecta a tantos coetáneos nuestros hundidos en la infravida de la miseria: “Eloi, Eloi, ¿Lama sabactani?”. “Dios mío, Dios mío. ¿por qué me has abandonado?”.

 Ante el escándalo y vergüenza humana de la pobreza se puede hablar hoy de la experiencia del abandono. ¿Acaso se da el silencio de Dios? Algunos han hablado hasta de la teología de la muerte de Dios. El Dios ausente. ¿Dónde estaba Dios durante el holocausto de los judíos?, se preguntan algunos incluso de los religiosos de la tierra.  Como si se pudiera dar la ausencia de Dios… quizás lo que se está dando es el silencio del hombre insolidario. El silencio de Dios es sólo aparente. Dios va a responder. La cizaña y el trigo están creciendo juntos, pero llegará el día en que la cizaña sea quemada y aniquilada para siempre en el fuego devorador. Hay esperanza. Si Dios permaneciera callado para siempre y no pudiéramos escuchar nada de su respuesta, estaríamos en el ámbito de la angustia, de la náusea, de la nada… del horror.

Jesús cuando gritó, aunque se sentía abandonado del Padre, aún tenia esos lazos con un Dios que existe, con un Padre al que se puede clamar. No tuvo esa experiencia de un abandono ante la nada. Él, a pesar de esa sensación de abandono, aún le queda un hilo donde agarrarse, puede clamar a Dios, al Padre, sabiendo que Él está ahí a pesar de ese sensación angustiosa de abandono en este trance de angustias de muerte. Dios no ha muerto.

El Padre sufre la muerte junto a su hijo, pero no se da la muerte de Dios dejando todo un vacío de nausea y sinsentido. El grito de Jesús no era de desesperanza total como si ya sólo existiera el reino de la nada, del vacío absoluto. Jesús sabía que el Padre le escuchaba, que estaba con él, aunque lo sintiera lejos en medio de su angustia y sensación de abandono. Dios es el dios de los desvalidos, padre de huérfanos y defensor de viudas.

 El grito, el lamento o la invocación de Jesús, se transforma en un aferrarse al Dios de la vida , en un acogerse a alguien en quien se cree. Nunca se ha dado el vacío de Dios en la historia humana. Nunca se ha dado la muerte de Dios. Sólo del Jesús hombre en nuestro lugar.

¿No estaba dando Jesús un grito de afianzamiento de la fe? Quizás ese grito debiera ser la confesión de fe de los pobres y abandonados de la historia, de nuestra historia. Se grita por abandono, pero con la fe de que Dios aún está ahí, que Dios puede responder a nuestro grito, a nuestro lamento. Hay esperanza.

Esta oración de confesión de fe, la deberían repetir también los integrados de este mundo, los que pueden navegar en medio de las crisis económicas, los que se sienten bendecidos por Dios… repetir esta confesión de fe que nos identifica con los pobres del mundo, con los injustamente tratados. Una confesión de fe que puede lanzarnos a la acción. Nos tenemos que unir al grito y lamento de Jesús para hacernos solidarios con los pobres y sufrientes del mundo. Es un grito que pone de manifiesto que hay prójimos nuestros sufriendo y en el sin vivir de la pobreza y la exclusión. Gritamos por ellos, Señor. “Eloi, Eloi, ¿Lama sabactani?”.

 Será nuestro grito y lamento de Semana Santa uniéndonos a los que sufren a la vez que recordamos el sufrimiento de Jesús en la cruz. En esta Semana Santa… y siempre, nos debemos sentir abandonados con los abandonados y unirnos al grito de fe de Jesús, pues Él estaba aferrado al Padre.  Le sintió lejos, pero pudo invocarle.

Necesitamos gritar “Eloi, Eloi”… porque es imposible entender este mundo sin Dios. Así, invocamos a Dios en esta Semana Santa ante el escándalo de la pobreza en el mundo y, como humanos, nos sentimos avergonzados a la vez que lanzamos nuestras voces de denuncia… y de esperanza. Las lanzamos a ti, Señor: Eloi, Eloi, no nos abandones. No abandones a los pobres, sufrientes y excluidos de la tierra.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


Escrito por Entrecristianos

Una conversación realizada por Gustavo Frederico con Natanael Disla y Anyul Rivas

La iglesia emergente —’Emerging Church’— es un movimiento que nació en el Reino Unido a principios de los 1990s como «movimiento de adoración alternativa» —’alternative worship’, con mucha reminiscencia de grupos como Taizé—, buscando repensar la liturgia en las iglesias tradicionales haciéndola más contextualizada con la época posmoderna que ya se estaba viviendo en Europa. En Estados Unidos, hacia mediados de la década, un grupo de líderes y pastores se reúnen en torno al grupo Especialidades Juveniles —’Youth Specialties’, una especie de ‘think thank’ de recursos juveniles eclesiásticos— y empiezan a buscar nuevas maneras de entender la fe cristiana y responder a los nuevos contextos posmodernos que ya se afincaban también en Norteamérica. Es allí donde el movimiento empieza a tomar forma como ‘Emerging Church’ y se forma el grupo Emergent Village como intento de articular esas iniciativas.

Gustavo Frederico: Natanael, ¿Qué seria el movimiento emergente en América Latina?

Natanael Disla: No podemos decir que exista un «movimiento emergente» en América Latina, al menos como se lo entiende en Estados Unidos actualmente. Cambios han estado proponiéndose por décadas en América Latina y el Caribe, pero estos no han calado a fondo en las iglesias y comunidades de fe.

Gustavo Frederico: ¿Cuáles serian algunos de esos cambios y cuáles serian sus causas?

Natanael Disla:

1. El ser humano como sujeto de la teología. La teología se la vio como «el estudio de Dios», sin tener en cuenta a la persona sujeto como productora de esa teología, ni mucho menos el contexto vital que determinaba esa teología. De ahí viene la preocupación desde América Latina y el Caribe por colocar al ser humano como sujeto de la teología… pues este tiene todo un bagaje de historia que se funde con su teología.

2..La acción y justicia social como clímax cíclico del quehacer teológico. El atrincheramiento de las iglesias evangélicas en la región y su dependencia de las sociedades misioneras a la hora de llevar a cabo la misión y la pastoral, llevó a ir más allá de satisfacer estéticamente las necesidades de las comunidades, tratando de hurgar en las causas estructurales que causaban esas necesidades, y tercero…

3. Inclusión de las individualidades excluidas. Se ha venido proponiendo no solamente que la iglesia tenga que ser «voz de los que no tienen voz», sino que esas voces «pasen al frente» sin distinciones de ninguna clase. No pretendo ser exhaustivo, pero creo que estos tres puntos nos dan una mirada general sobre los cambios que se han propuesto.

Gustavo Frederico: me gustaría de volver a algunos aspectos de esos 3 puntos, pero pregunto ahora a Anyul: ¿Qué entiendes por «movimiento emergente» en general?

Anyul Rivas: en general, diría que el movimiento emergente es un movimiento heterogéneo de cristianos dialogando con el mundo y la sociedad posmoderna, es el intento de ver el evangelio desde la posmodernidad y no la posmodernidad desde el evangelio moderno y cerrado.

Gustavo Frederico: ¿Cuáles serían algunas características de la posmodernidad en América Latina?

Anyul Rivas: creo que en primer lugar sería la crítica de los presupuestos de la ilustración. Sobrepasar el enfoque que la ciencia era sinónimo de verdad y la imposición del racionalismo como parámetro universal, por otro lado el acento sobre los valores del individuo y su experiencia como base de la interpretación de lo real.

Gustavo Frederico: Si. Pienso también que hay una descreencia en las meta narrativas / gran utopías como «capitalismo» o «socialismo». Una parte interesante de tu respuesta, Anyul, es la interpretación hermenéutica, «es intento de ver el evangelio desde la posmodernidad y no la posmodernidad desde el evangelio moderno y cerrado» ¿nosotros leemos el evangelio o el evangelio nos lee a nosotros?

Anyul Rivas: si, es una experiencia bilateral, pero por años hemos creído que es una experiencia unilateral de Dios hacia nosotros.

Gustavo Frederico: Los números de las iglesias evangélicas – sobretodo las pentecostales – siguen creciendo en América Latina. ¿Necesitamos de un movimiento emergente, Natanael?

Natanael Disla: Más que necesitar de un «movimiento emergente», que vendría siendo otro modelo eclesiológico importado más, necesitamos repensar desde nuestros propios contextos las formas de ser y hacer iglesia, que respondan a las necesidades de nuestra gente.

Anyul Rivas: Coincido con Natanael, si algo debemos aprovechar del «Movimiento emergente» de Norteamérica es su disposición al dialogo y la conversación con el entorno en el que se desenvuelve. Yo aplaudo la iniciativa del dialogo interdenominacional / interreligioso y el no aferrarse a confesiones doctrinales específicas del movimiento emergente americano, pero en latinoamérica esto parece ser un hueso duro de roer…

Natanael Disla: Sí, pero eso ya las teologías presentes en América Latina y el Caribe lo han venido diciendo desde hace décadas.

Gustavo Frederico: «movimiento emergente» o «iglesia emergente» parece ser un termo «temporal» para describir un proceso natural y orgánico de cambio en Norteamérica, por eso pregunto si hay diferencias entre las características de la posmodernidad en la América Latina, Caribe y Norteamérica.

Natanael Disla: En mi opinión la posmodernidad no puede definirse claramente en América Latina y el Caribe. Más bien debiéramos hablar de la poscolonialidad, entendida como el proceso que está llevando a esta región, África y ciertas zonas de Asia, de «independizarse por segunda vez». Hemos recibido todo un bagaje de pensamiento externo a nuestra realidad, euro céntrico, que veía a la razón como el ente más elevado de la humanidad, inherente a ella, pero externo, ahora se ha venido recuperando las identidades autóctonas, contextuales y vivenciales de los pueblos de nuestras regiones.

Difiero con Anyul en ese sentido:

1. Crítica de los presupuestos de la ilustración. Aquí debiéramos hablar de reencuentro con las formas de pensamiento originarios a partir de ver al individuo como ente unido a la Tierra, en cuanto ser vivo

2. Intepretación de lo real. Aquí debiéramos hablar del ser humano en cuanto parte integrante del mito.

3. Descreencia en las metanarrativas. No me parece que esto esté sucediendo en estos pueblos. Aún pervive y es herencia de un modernismo bien tardío que empezó a afincarse desde las guerras de independencia del siglo XIX.

Gustavo Frederico: ¿No le parece a usted que la caída del muro de Berlín, la crisis de las izquierdas, el fin de la guerra fría, y ahora la crisis económica y ecológica colaboran para una ‘descreencia en las metanarrativas’?

Natanael Disla: Desde luego que sí, pero es muy cuesta arriba superar las dicotomías fe/razón y fe/ciencia en nuestros pueblos, presas todavía de la institucionalización aún presentes en el socialismo del siglo XXI… y en los demás sistemas políticos presentes.

Gustavo Frederico: Anyul, usted menciona una crítica al racionalismo, y puedo veer esto en los emergentes en la América del Norte. En América Latina nosotros conocemos algunos problemas de la falta de la razón en las iglesias y en la teología (abuso de poder, manipulación, fe sin comprehensión, etc). ¿Piensas que la «crítica a la razón» de los emergentes se aplica en la América Latina?

Anyul Rivas: El racionalismo es uno de los causantes del denominacionalismo que compone a la iglesia en Latinoamerica, así que si la crítica a este racionalismo es una forma de superar esta segmentación, entonces pienso que su aplicación es válida.

Gustavo Frederico:
 A mi parece que la crítica norteamericana al racionalismo adviene de la presunción de la lectura literal de la Biblia. Asímismo me parece que tienen una descreencia en la tecnología, y en los modelos económicos

Anyul Rivas: De acuerdo. Y en esta presunción de leer las Esctiruras literalmente, cada quien interpreta su visión de las Escrituras como única verdadera e intenta imponerla en el otro, cuyo rechazo deviene en la formación interminable de denominaciones. Creo que sería un tremendo logro que lograramos enfatizar la ortopraxis antes que la adhesión a sistemas doctrinarios cerrados.

Gustavo Frederico: 
Natanael, una de las propuestas de la conversación emergente es que son contra las divisiones, como sacro y profano ¿Puedes ver tendencias teológicas en Latino América que promueven este concepto?

Natanael Disla:
 Sí, en las Teologías de la Liberación (TLs) se han venido promoviendo estos conceptos, pero en la primigenia TL el tema de la corporeidad no fue tratado, salvo cuando empezó a dialogar con los estudios feministas en los 1980s, cuando empezaba a gestarse tímidamente la teología feminista.

Quisiera subrayar el concepto de corporeidad aquí, puesto que desde el mismo propone la desfragmentación de la dicotomía sagrado/profano, en cuanto el cuerpo ha sido entendido como fuente de pecado desde la religión. El cuerpo entonces necesita de un medio que lo vincule con la divinidad, y ahí es donde entra la religión. El concepto de cuerpo en América Latina y el Caribe aún no sale fuera de la academia debido a los paradigmas esclavizadores aún presentes.

Gustavo Frederico: ¿Y la Misión Integral? ¿Que va a decir acerca de la división entre sacro y profano?

Natanael Disla: La Misión Integral no se ha ocupado del tema, por provenir de un talante conservador en su teología… no se ha preocupado por repensar desde dentro los supuestos teológicos que ha heredado

Gustavo Frederico: pero la TL habla de la «liberación de la teología» parece ser una distinción interesante. Como si en la TL hubiera una forma de desconstrución que no existe en la Misión Integral.

Natanael Disla: La TL y la Misión Integral (MI) difieren bastante. La MI no es la «versión protestante» de la TL.

Gustavo Frederico:
 Anyul, usted habló de los problemas del denominacionalismo en Latino América. La conversación emergente en Norte América parece tener una noción (o al menos un discurso) de alteridad semejante a esa presente en la Misión Integral y la Teología de la Liberación. Quizás podríamos hablar de personas con interés en el ecumenismo en Norte América (Samir Selmanovic por ejemplo). Desde la Reforma Protestante tenen varias denominaciones los protestantes.¿Qué rumbo podrían tener las denominaciones en América Latina?

Anyul Rivas: Phylis Tickle tiene una teoría interesante, ella menciona que las denominaciones que no se acoplen a la conversación emergente estarán condenadas a la disminución de sus miembros y posterior extinción, pero no creo que ese concepto se aplique si quiera por completo en Norte América. Ahora lo que veo es que existe cierta tendencia en las denominaciones en fortalecer sus estructuras y centralizarse aun más, ejemplo de ello son los recientes «movimientos apostólicos», que según mi entender es simplemente otro esfuerzo de verticalizar aún más la iglesia protestante.

Gustavo Frederico: Natanael, puedo ver los 3 cambios como asuntos en Cristianismo de Liberación ( nuevo termino en Brasil para la Teología de la Liberación 2.0) ¿Es realista esperar ver las 3 caracteristicas – el ser humano como sujeto de la teología, la acción y justicia social y la inclusión de los excluidos – en los evangélicos latinoamericanos y caribeños en el futuro?

Natanael Disla: En algún momento deberá ocurrir, pero definitivamente hay que deconstruir el concepto de iglesia como hasta ahora lo hemos tenido. Aún iglesia y templo son sinónimos, y es tristemente cierto que la Palabra de Dios —que tristemente también ha sido secuestrada en un «papa de papel»— está presente en la homilía en el templo. Es lo que se desprende del marco de pensamiento imperante.

Gustavo Frederico: Aparentemente, los emergentes norteamericanos y europeos han recuperado la omnipresencia de Dios con su critica a la división entre sacro y profano, que es un puro ejercicio de deconstrución. ¿Cuánto rompimiento con las denominaciones actuales sería necesario para tenernos una praxis de lo cotidiano, del pueblo, de la tierra, de la inclusión de los excluídos y de justicia social?

Natanael Disla: Creo que el denominacionalismo debe pasar a otra forma de entender y dialogar con las diversas formas de pensamiento, ser y hacer iglesia. No es asunto de romper con las denominaciones actuales, no es asunto de crear nuevas instituciones, ni siquiera de fusionar otras, es asunto de dejarnos provocar por el Otro o la Otra; embarcarnos en un nuevo viaje y redescubrirnos en cuanto seres orgánicos.

Anyul Rivas: Creo que no se hace necesario el rompimiento, aunque quizás sea más difícil la transición para las denominaciones más conservadoras. Tengo conocimiento de iglesias metodistas en Colombia con proyectos de Latinoamericanización de la iglesia bajo la iniciativa de Elsa Tamez, cuyos postulados coinciden con las 3 propuestas mencionadas arriba. Como dice Natanael, se trata de realizar un ejercicio de alteridad.

Gustavo Frederico: Cuando pienso en praxis del pueblo, de la tierra, de la inclusión de los excluidos y de justicia social, parece que la iglesia está automáticamente posicionándose «en la izquierda» sobre la óptica politica. Esto debe sonar un poco incómodo por ejemplo, para algunos Venezolanos o Paraguayos o Bolivianos que no comparten una «posición política socialista». ¿Es posible imaginar un movimiento emergente latinoamericano que incluya tendencias que no sean de «izquierda»? O en otras palabras: ¿Cómo hablar de teología del pueblo, del la tierra, de inclusión, etc, y tener pluralidad de posiciones políticas?

Natanael Disla: Es un tema espinoso. En primer lugar, Si bien es cierto que la pluralidad de posiciones políticas no exime de que hayan cambios en las diversas individualidades en cuanto a la preocupación sobre la contextualización de la fe, no es menos cierto que los sistemas imperantes de opresión resultan estar avalados por los mismos entes e instituciones políticas que los sustentan, lo que conlleva a tomar partido en una u otra posición política, máxime cuando se trata de hacer cambios radicales en las comunidades desde la misma fe, se llega a una disyuntiva en algún momento. Pareciera ser un «zugzwang» en ocasiones del que no podemos despegarnos. En segundo lugar, nos tendríamos que preguntar cómo repensar la política desde la fe, Las reflexiones de la participación política de los protestantes desde la Misión Integral, sólo se han circunscrito a avalar el ocupar posiciones influyentes en los gobiernos de turno para de esa manera, desde la fe, repensar la forma de hacer política… pero no se ha reflexionado el «hacer» política desde el contexto vital, y aquí es donde quisiera detenerme y enfatizar que la macropolítica debe dar paso a la micropolítica. Ello incluye deconstruir el Estado como institución rectora y reguladora del pueblo, las instituciones en cuanto entes fragmentadores de ese suprapoder y las iglesias en cuanto guardianes de la «moral y las buenas costumbres»

Gustavo Frederico: Comprendo, ¡Amen! Anyul, ¿usted quisiera agregar algo?

Anyul Rivas: En Venezuela es justamente ese el problema que tenemos al promocionar la discusión sobre la TL o promover la lectura comunitaria de la Biblia por ejemplo, porque siempre la presuponen asociada del discurso Marxista. Ha sido muy difícil superar estas barreras y hasta ahora no existe una propuesta convincente e inclusiva a la vez.

Gustavo Frederico: Una característica interesante del movimiente emergente es el «liderazgo como cuerpo» que aplana las jerarquías. Quizás eso sería una herramienta para la deconstruición de instituiciones sociales, Aplanando las jerarquías no tería a priori posición política.

Gustavo Frederico: En Brasil vemos nuevas comunidades «emergentes» que siguen una línea más alternativa, con tatuajes, rock pesado y lenguaje muy informal, esta línea no sería tan diferente de los ‘neo-reformados’ como Driscoll. Una de las ideas sería que la aplicación del evangelio cambia y se contextualiza con la cultura pero la esencia del evangelio no cambia. ¿Es verdad que la esencia del evangelio no cambia, y solamente la forma de transmisión del evangelio cambia?

Anyul Rivas: 
Yo creo que es inevitable que el evangelio cambie, principalmente por los distintos contextos de vida y significados del evangelio, la «buena nueva» de la cultura que lo comparte y la que lo recibe, los términos salvación y liberación han tenido connotaciones muy distintas durante los años en las distintas culturas, y si el evangelio ha de ser relevante, debe abordar esos conceptos y tomar su significado desde allí, no son las mismas buenas nuevas las que se predican ahora que las que se predicaban en tiempos de Jesús.

Natanael Disla: La esencia del evangelio, cualquiera que sea o se entienda este, siempre vuelve a cómo se entiende el ser humano utópicamente. Este concepto es cambiante en épocas, contextos vitales, culturales, grupos de personas. Esa utopía se resume en el ser humano como amor, «Deus caritas est» La «forma de transmisión» de ese evangelio se la ha entendido como «método», que no es más que la construcción de técnicas a partir de paradigmas prediseñados. Esas mismas «formas de transmisión», así entendidas conceptualmente, se disocian de la palabra en cuanto ente orgánico primario del discurso, que ya tiene una construcción determinada y todo un bagaje de formas que dan lugar a la fundación de paradigmas que norman las sociedades, de modo que las formas de transmisión de ese evangelio no son más que diversos métodos estéticos que se apoyan en los paradigmas teológicos de las metanarrativas.


*Esta conversación se publicó originalmente en el sitio web Renovatio Cafe . Tambien existe una versión en inglés en Emergent Village

Natanael Disla posee una Licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña y está estudiando para obtener la Licenciatura en Ciencias Teológicas en el Seminario Bautista de la República Dominicana. Es miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (Grupo de Trabajo Latinoamericano) y Coordinador del Grupo de Trabajo (FTL) de la República Dominicana. Natanael vive en Santo Domingo, República Dominicana.

Gustavo Frederico es canadiense-brasileño que vive actualmente en Brasilia, Brasil. Obtuvo su Maestría en Ciencias de la Computación por la Universidad de Ottawa, Canadá. La Teología de la Liberación y la lectura son algunos de sus intereses. Es fundador de Conversa Sem Nome | Conversación «Sin Nombre». Está casado con Louise y es padre de Christina y Lucas

Anyul Rivas tiene una Licenciatura en Ciencias de la Computación de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez y es estudiante de Teología en el Seminario Evangélico de Caracas, Venezuela. Es anfitrión de una pequeñá comunidad emergente (iglesia en casa). Vive en Los Teques, Venezuela.


by BEN STERNKE on JULY 18, 2011

Harvest Time Mowers 1873, by Grigory MyasoedovThis morning I read the parable of the sower from Mark 4:1-20. I’vewritten before about this parable, specifically on the three things Jesus illuminates as those which “choke the word, making it unfruitful.” As I read this morning, though, I was struck by a simple thing: Jesus gives us a three-phase process of discipleship in this compact story.Jesus describes the fourth soil, the one that produces the abundance harvest, as those people who “hear the word, accept it, and produce a crop.” Hearing, receiving, and producing are the three phases Jesus seems to be illuminating here. But there are all kinds of ways we can interrupt and abort this process. That’s what the other soils are showing us.

If we think back through the other soils, we’ll notice that each one aborts the process at some point along the way. The seed sown on the path doesn’t really even get to the hearing phase. The seed sown on rocky soil hears the word, but doesn’t properly receive it; they have no root, so when hardship comes, they fall away quickly like a plant wilting in the hot sun. The seed sown among thorns hears the word, receives it and so grows good roots, but the thorns around the plant make it unfruitful, interrupting the last phase of the process. They have heard and received, but aren’t producing fruit.

I don’t think it’s stretching the truth to say that most North American Christians are “third soil” people. They have truly heard and received the good news. They have grown some roots and don’t fall away when the going gets rough. They attend church services and small groups and try their best to bless and serve others, but at the end of the day they aren’t producing fruit. That is, there is no multiplication-factor to their lives. They aren’t making disciples and thus aren’t “producing a crop,” which is what a sown seed is called to do.

So what to do? Pull up the thorns that are choking the word. As I wrote in my previous post on this parable:

The implication is that you can be a Christian your whole life and never produce the kind of fruit you were made for if you don’t deal with the “thorns” Jesus mentions. All the potential to produce a massive harvest of fruit is there, inherent in the seed that has grown up into a plant. The “natural” thing for the plant to do is produce a crop thirty, sixty, or a hundred times what was sown, but it will not happen as long as the thorns are allowed to co-exist with the gospel plant.

In my previous post, I went into some detail about the thorns that Jesus outlines in this parable, so I won’t belabor them here. I just wanted to point out the three-phase process of discipleship I saw in the parable.

I’d love to hear from you on this:

Do you think that Jesus is laying out a discipleship process here? What are some ways that we abort or interrupt this process in our lives? In the lives of those we disciple?

Escuchando, Recibiendo, y Produciendo

Esta mañana he leído la parábola del sembrador en Marcos 4:1-20. He escrito antes acerca de esta parábola, específicamente en las tres cosas que Jesús ilumina como aquellos que «ahogan la palabra, y se hace infructuosa.» Cuando leí esta mañana, sin embargo, me llamó la atención una cosa simple: Jesús nos da un período de tres -fases del proceso de discipulado en esta historia compacta.
Jesús describe la tierra en cuarto lugar, la que produce la cosecha de la abundancia, como las personas que «oyen la palabra, la aceptan, y producen una cosecha.» Audiencia, la recepción y la producción son las tres fases de Jesús parece estar iluminando aquí. Pero hay todo tipo de formas en que pueden interrumpir y cancelar este proceso. Eso es lo que los otros suelos se nos muestran.
Si recordamos a través de los otros suelos, nos daremos cuenta de que cada uno anula el proceso en algún momento a lo largo del camino. La semilla sembrada en el camino en realidad no  llega hasta a la fase de audiencia. El que fue sembrado en terreno pedregoso oye la palabra, pero no lo reciben bien, porque no tienen raíz, por lo que cuando las dificultades viene,  desaparecen rápidamente como una planta marchita bajo el sol. El que fue sembrado entre espinos oye la palabra, lo recibe y por lo tanto crece buenas raíces, pero las espinas alrededor de la planta la hacen que sea estéril, la interrupción de la última fase del proceso. Que han escuchado y recibido, pero no produce frutos.
Yo no creo que sea una verdad más que decir que la mayoría de los cristianos de América del Norte son «tercer suelo» de personas. Ellos realmente han escuchado y recibido las buenas noticias. Ellos han crecido con algunas raíces y no se apartan cuando las cosas se ponen difíciles. Ellos asisten a los servicios religiosos y a los grupos pequeños y hacen todo lo posible para bendecir y servir a los demás, pero al final del día, que no están produciendo sus frutos. Es decir, no hay factor de multiplicación de sus vidas. Ellos no están haciendo discípulos y por lo tanto no son «productores de un cultivo», que es lo que una semilla sembrada está llamado a hacer.
Entonces, ¿qué hacer? Tire hacia arriba de las espinas que se está ahogando la palabra. Como escribí en mi post anterior sobre esta parábola:
La implicación es que se puede ser cristiano toda su vida y no producir el tipo de fruto que se hicieron para si no se ocupan de las «espinas» Jesús menciona. Todo el potencial de producir una cosecha masiva de frutos está ahí, inherentes a la semilla que ha crecido en una planta. Lo «natural» de una planta  es producir una cosecha de treinta, sesenta o cien veces lo que se sembró, pero no va a suceder, siempre y cuando las espinas pueden co-existir con la planta del Evangelio.
En mi post anterior, me fui en algunos detalles acerca de las espinas que Jesús describe en esta parábola, por lo que no voy a extenderme aquí. Yo sólo quería señalar el proceso de tres fases de discipulado que vi en la parábola.
Me encantaría saber de usted en esto:
¿Cree usted que Jesús está poniendo a cabo un proceso de discipulado aquí? ¿Cuáles son algunas maneras en que abortarán o interrumpirán este proceso en nuestras vidas? En las vidas de aquellos a quienes discípulas?

 

 

http://bensternke.com


Check out this clip of Mike Breen (3DM) at Exponential 2011: On the Verge! He reminds us that “Attractional” and “Missional” are two ends of the same spectrum, and that missional communities need to be attractive in their missional work.

Stay tuned for more clips and full sessions from Exponential 2011: On the Verge, right here at Verge Network!

Mike Breen has been an innovator in leading missional churches throughout Europe and the United States for more than 25 years. In his time at St Thomas Sheffield in the UK, he created and pioneered Missional Communities, mid-sized groups of 20-50 people on mission together. The result, less than 6 years later, was the largest church in England, and ultimately, one of the largest and now fastest growing churches in Europe. In 2006 Mike was approached by Leadership Network to lead an initiative into church planting. Through this partnership, more than 725 churches were planted in Europe in just three years. Today, Mike lives in South Carolina, leading 3DM, a movement/organization that is helping hundreds of established churches and church planters move into this discipling and missional way of being the church. Twitter: @mike_breen


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (29)

Tened confianza, levantaos, pobres de la tierra

“Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama”. Marcos 10:49. Texto completo enMarcos 10:46-52.

 

 Bartimeo, el símbolo universal de la pobreza y la exclusión , el que era reprendido por gritar clamando el nombre del Maestro, aquel al que sólo quedaba su grito que, para muchos, era molesto, consiguió que Jesús se detuviera. No sólo se detuvo, sino que dio una orden.

 ¿Tuvo Jesús que gritar también para que los que le seguían escucharan esa orden que se mezclaba con los grandes gritos y voces de Bartimeo?  Imaginaos la escena:  Jesús se dirige a los que le seguían, a los que querían callar a Bartimeo . Les ordena, les manda. Vosotros, los que queréis callar la voz de Bartimeo, os ordeno y os mando que lo traigáis a mí.

Supongo que los que reprendían al ciego quedaron asombrados: ¡El Maestro se detiene, se para y quiere verle! Así, comenzaron ellos a cambiar su discurso. En vez de gritarle que se callara, comenzaron a gritarle que el Maestro quería verle. Triunfo de Bartimeo, triunfo de su grito, de su constancia, de su esperanza activa. Los gritos de silencio que querían acallar a Bartimeo se convierte en este imperativo: ¡Ten confianza!

 La voz y el grito de los pobres pueden cambiar situaciones.  Si los gritos de Bartimeo consiguieron que Jesús se detuviera, se parara, ¿por qué hoy los gritos de los pobres, oprimidos y marginados de la tierra no paran el mundo? Hoy se ha definido a los pobres como “los sin voz”. ¡Qué triste! ¡Que grado de resignación ante nuestra pasividad ante su grito! También, muchas personas reclaman que los cristianos sean “la voz de los sin voz”, el grito de los ahogados por su propio grito, de los que han destrozado sus gargantas y sus corazones. ¿Han perdido la esperanza? Ante el mensaje del Maestro: “Ten confianza”, ¿en quién pueden confiar ellos? ¿Cuál es la voz que les transmite esperanza y confianza?

 Si nosotros somos voceros del Señor, deberíamos ser también los voceros de los “sin voz”.  Quizás así haríamos renacer su grito conjunto que atronaría la tierra, quizás así pudiéramos darles unas briznas de esperanza, quizá así pudiéramos transmitirles el mensaje de Dios a los pobres de la tierra: “Ten confianza”. Si el grito de los pobres hoy está ahogado y los cristianos no nos comprometemos a ser su voz, es imposible transmitirles un mensaje de confianza en alguien o en algo. Si el amor a Dios debe ser semejante al amor al prójimo, resulta que a la vez que somos voceros de Dios debemos ser también voceros de nuestros prójimos sin voz: los pobres y excluidos de la tierra.

Jesús se había interesado por el grito de Bartimeo, icono de los pobres y desamparados del mundo. De esta manera,  la reprensión de los que le querían callar, se convierten en dos palabras preciosas: “Ten confianza”.  Quizás el mundo podría decir esta frase a los pobres de la tierra si los cristianos nos detuviéramos, nos parásemos ante el grito ahogado de los pobres. El mundo se quedaría asombrado y, quizás, podrían sonar en los oídos de los excluidos y oprimidos las mismas palabras que sonaron en los oídos de Bartimeo.

 El otro imperativo, es ¡levántate!  ¿Quién puede levantar al pobre hoy de su bajada a los abismos? ¿Quién puede gritar hoy, levantaos pobres de la tierra porque hay esperanza? “Ten confianza” y “levántate”, son dos imperativos que van indisolublemente unidos. No podemos hacer que se levanten los pobres de la tierra si no les podemos transmitir un mínimo de confianza, un mínimo de esperanza.

Después de estos dos imperativos que conmueven a Bartimeo y que podrían conmover a los pobres de la tierra, llega el mensaje: “Te llama”. Y Bartimeo creyó en el llamado. Confió en la palabra de Jesús hasta el punto de levantarse tirando todo lo que le pudiera molestar. Bartimeo se precipitó al encuentro de Jesús arrojando su capa, aligerándose de lo poco que tenía. Jesús y Bartimeo, frente a frente. Jesús ante uno de los símbolos o iconos de la pobreza en el mundo.

Jesús premia a todos los que se aligeran para servirle. Nosotros tampoco podremos ser voceros de los pobres si vamos cargados con fardos de tesoros humanos que nos pesan y nos paralizan. Para el seguimiento de Jesús entre los pobres hay que hacer lo que hizo Bartimeo: arrojar lo que nos pesa o nos impide correr hacia el llamamiento de Jesús. Bartimeo “arrojó su capa, se levantó y vino a Jesús”.

 A Bartimeo le esperaban aún muchas sorpresas. Aligerado, descargado de peso, lleno de esperanza y confianza, se enfrenta a Jesús y éste le pregunta: “¿Qué quieres que haga?”  Bartimeo pidió liberación humana, liberación de su enfermedad para comenzar una nueva vida sin exclusión y con dignidad. Quizás es lo primero que nos van a pedir los pobres de la tierra, según su necesidad: Necesito alimentos, necesito medicinas, agua potable… salud. Bartimeo pidió lo suyo: “Maestro, que recobre la vista”. Quiero ver con mis ojos carnales. Confío en tu poder, Señor. Pongo en ti toda mi esperanza.

 Y la respuesta fue esta: “Vete, tu fe te ha salvado”.

¿Qué pensaría Bartimeo en ese momento? Le estaban restaurando algo que él no había pedido, pero no le quedó mucho tiempo para pensar. Recibió dos cosas: Visión espiritual, naciendo a una nueva vida y dice la Escritura que “en seguida recobró la vista”.

 Restauración integral.  Es por eso que nosotros, en Misión Urbana en nuestro trato con los pobres de la tierra, también les comunicamos el Evangelio… pero el milagro tiene que ser integral. La iglesia y los creyentes tienen que unir lo espiritual, lo trascendente, a la acción que rescata y libera en nuestro aquí y nuestro ahora. Liberamos de la pobreza y del sinsentido del no ser de la marginación y exclusión social, damos esperanza, a la vez que esta esperanza la prolongamos sin límite, en términos de eternidad. El Evangelio tiene que ser integral. Cuando lo espiritualizamos y somos sordos al grito del marginado, estamos mutilando el Evangelio de la Gracia y de la Misericordia.

“¿Qué quieres que te haga?”… Danos la doble visión, Señor. No nos conviertas en mutiladores de tu Evangelio, del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


by Mike Breen

From time to time I will have the people I’m discipling write out their own pastoral obituary. I ask them to write out how our enemy would take them out, rendering them unable to serve their family and communities. As you can imagine, the answers vary, but always serves as a really helpful exercise as they are forced to confront issues of character, etc.

Now last week I did a post looking at some of the things the American church is doing well.Today, let’s do something different. You see, taking the same exercise I’ve used with pastors, for the past year I’ve been thinking how the enemy would/might be trying to take down the American church. Now what I’ve noticed is that the original temptations Jesus faced (which can best be boiled down to Appetite, Affirmation and Ambition) are somehow warped and insinuated into the culture. As each culture is distinct and different, a smart enemy would come at each culture in subtle ways, tempting them in ways they don’t see or expect, and with things that would look different from culture to culture.

For instance, the issues the European church deal with are actually quite different than the ones the American church is dealing with…even though often times they are put under the same broad umbrella of “Western Church.” Sure, there are some similarities, but the attack is different. More nuanced.

But those original temptations of Appetite, Affirmation and Ambition are slowly insinuating themselves into everything we call CHURCH. We just often don’t recognize it or see it.

And so this is how, if our enemy gets his way, the American church could be taken out:

  • A culture of CELEBRITY (affirmation)
  • A culture of CONSUMERISM (appetite)
  • A culture of COMPETITION (ambition)
  • CELEBRITY
The idea of celebrity is deeply woven into American culture and values. All you have to do is look at the ridiculous nature of Reality TV and you see how Americans are constantly craving celebrity (either to be a celebrity or to find the next celebrity and stalk there every move). Now there is nothing dark or sinister about “celebrity” in and of itself. You can’t find an argument that says Jesus wasn’t a huge celebrity in his day. However, there is a difference between beingfamous and being significant. If Jesus was famous, it’s because he was doing something significant. The problem with many pastors is they make decisions, develop personas and define success from the lens of what will make them a celebrity/famous (even if they don’t know it or see that they are doing this). So in American church culture, it’s pretty easy to become a celebrity: Grow a HUGE church. Now all in all, it’s not terribly difficult to grow to be a giant church if you have the right tools at your disposal…but that doesn’t mean the ends justify the means of getting there. For instance, though Jesus was a celebrity in his day, he was willing to say things that ran people off in droves. In fact, the book of Mark chronicles the way (from about the mid-point of the book on) how people left Jesus to where, at the end, virtually no one was left. NO ONE wants to be associated with him for fear of the consequences. That’s a Charlie Sheen-esque flameout (obviously without the character issues!). That’s not something you see too often in American churches. I suspect it’s because riven deeply into the American psyche is the desire to be a celebrity. And American pastors are very susceptible to this. Many subtle things happen in people who desire to this kind of celebrity status: They can disengage community and isolate themselves, setting themselves up for moral failure. They can make decisions that are numbers driven and not always Kingdom driven. They can skew to a shallow understanding of the Gospel as opposed to a holistic one that leads people to discipleship. They can put the good of their church (their personal Kingdom) over the good of God’s Kingdom. Question: In what ways are your decisions made by a subtle undercurrent of ambition and a hope for celebrity?
  • CONSUMERISM

We live in a culture that revolves around consuming. Every TV commercial, every store, every credit card company, every bank, every TV show or movie, every piece of clothing, car or product, every website, every restaurant…every everything is tailored to fit your desires, needs or personal preference. We are easily infuriated when things don’t happen exactly as we want them. We exist in a place that implicitly says this: “We are here to serve you and meet your every whim and desire. Let us take care of you.” What’s more, it’s never enough. Eventually the house or the car get older and we want new ones. The clothes aren’t as fashionable and we want something more in style. That restaurant is getting boring, we must find another. Our favorite TV show is wearing thin, so the search begins for the next favorite. And on and on and on. This is how we are wired to think in the United States. And it is all backed up by this rationale: You’re worth it. You deserve to have what you want, how you want it, when you want it. And for the most part, the church plays the exact same game. We do as best we can to provide as comfortable an experience as humanly possible, using every means at our disposal to attract them in (and then keep them in). So we tailor what we do around their wants and desires. That’s Marketing 101, right? The problem is at the end of the day, the only thing that Jesus is counting is disciples. That’s it. He doesn’t seem to care too much about converts, attendance, budgets or buildings. It’s about disciples. And, by nature, disciples are producers, not consumers. Yet most of our churches are built around feeding consumers. I’d argue 90% of the church’s time, energy and resources are linked to this. But the issue is this: The means you use to attract people to you are usually the means you must use to keep them. In other words, if you use consumerism to attract them to your church, it often means you must continue using it to keep them…or else they will find another church who will meet their “needs.” And yet…that consumer mentality is antithetical to the Gospel and to the call of Discipleship. Disciples aren’t consumers, they are producers. Jesus cared about disciples more than anything else. Question: In what ways is your church community using consumerism as the means to draw people to a Gospel that is, in and of itself, anti-consumerism?

  • COMPETITION
You will never find a more hyper-competitive culture than you do in the United States. As a foreigner living in this land, I can attest to that with the utmost respect. Americans love to win, they love the struggle of the journey and love holding up the gold medal of victory. Now don’t hear me wrong, there’s nothing wrong with being competitive, it’s just how competition has become warped and twisted within our culture. And it’s that, at least in the church, we are competitive about the wrong things. Much of the American church finds itself competing with the church down the road. “Are we bigger than them? Do we have more influence than them? Do we have the best/biggest youth group in town? Do people like to get married in our church building? Do people like our church better than theirs?” The fact of the matter is that there is a battle, we do have an enemy and we should be competitive…but against our enemy! What we haven’t seen is how crafty he is. This seems to be the alliance he has struck with the American church: “I’ll let a good chunk of your churches grow…just not at the expense of my territory.“ And so what happens? 96% of church growth is due to transfer growth and not churches striking into the heart of our enemy’s territory. We’ll consider it a win because we have the new service or program that is growing…but that growth is mainly from people coming from other churches. That’s not a win! That’s a staggering loss. Furthermore, for many pastors, we don’t think we’ve won until we’ve won AND someone else has lost. Seriously?! For sure, we have an enemy and we should be competitive, but we should be competing against our enemy, knowing that the final battle has already been won, and not competing against our own team members. So gifted and skilled is our enemy, so conniving is he, that he has convinced us that beating the people on our own team is victory while he stands back and laughs, rarely having to ever engage in conflict, protecting his territory. He is beating us with a slight of hand, with a clever distraction, turning us against ourselves. Question: In what ways are you competing (both in actuality or simply in your mind) against people who are on your own team?

In all honesty, it isn’t that the American church will ever truly die or cease to exist. It will always be there. But it is entirely possible that if these three critical issues aren’t addressed and dealt with, it will be a hallow shell that is spiritually listless.

If we think through Celebrity, Consumerism and Competition, the anti-body against all of these is sacrifice. Learning to lay down what builds us up and giving to others instead. “Learning to serve, rather than to be served.” Looking for anonymity rather than celebrity. To build a culture of producers rather than a consumers. To live in a vibrant, sacrificial community fighting a real enemy rather than competing against the same community God has given us to fight WITH rather than AGAINST. It’s about sacrificing what we want for the glory of God and the advancement of his Kingdom, regardless of our advancement or desires. Clearly this is what Paul was getting after in Philippians 2:6-11 when describing the attitude of Jesus as taking on the attitude of a servant, willing to sacrifice all acclaim and equality with God. It was a willingness to set aside and sacrifice celebrity, consumerism and competition at the altar of the incarnation.

Fifty years ago, as these three subtle threads were being woven into the American church, Dr. Martin Luther King, Jr., serving as a prophetic voice, said this:
If today’s church does not recapture the sacrificial spirit of the early church, it will lose its authenticity, forfeit the loyalty of millions, and be dismissed as an irrelevant social club with no meaning for the twentieth century.
We are now into the second decade of the 21st century and we find ourselves still, for the most part, refusing to sacrifice what we want for what God is asking of us and his Church. Will we have the courage to sacrifice as Christ sacrificed? Will we do the things that cost us so that his Kingdom may advance?
OBITUARIO PARA LA IGLESIA AMERICANA

De vez en cuando voy a tener la gente que estoy discipulando va  a escribir su obituario pastoral. Les pido que escriban cómo nuestros enemigos les llevarían a cabo, que les impide atender a sus familias y comunidades. Como se puede imaginar, las respuestas varían, pero siempre sirve como un ejercicio muy útil, ya que se ven obligados a enfrentarse a cuestiones de carácter, etc

Ahora la semana pasada hice un post en busca de algunas de las cosas de la iglesia estadounidense se encuentra bien. Hoy en día, vamos a hacer algo diferente. Usted ve, teniendo el mismo ejercicio que he usado con los pastores, en el último año he estado pensando en cómo el enemigo / podría estar tratando de acabar con la iglesia americana. Ahora lo que he notado es que Jesús enfrentó tentaciones originales (como puede ser  la mejor manera reducir el Apetito, La afirmación y la ambición) son de alguna manera insinuaciones retorcidas de la cultura. A medida que cada cultura es distinta y diferente, un enemigo inteligente que viene en cada cultura de manera sutil y tentadora de manera que no se le ve o espera, y con las cosas que se vería diferente de cultura a cultura.

Por ejemplo, los problemas de la  iglesia europea  en realidad son muy diferentes a los de  la Iglesia estadounidense está tratando con … a pesar de que muchas veces se ponen bajo el mismo paraguas amplio de la «Iglesia de Occidente.» Claro, hay algunas similitudes, pero el ataque es diferente. Más matizada.

Pero las tentaciones originales de apetito, la afirmación y la ambición poco a poco se insinúan en todo lo que llamamos iglesia. Simplemente a menudo no se le reconocen ni se ve.

Y así es como, si nuestro enemigo sale con la suya, la Iglesia estadounidense debería renunciar a:

Una cultura de la celebridad (afirmación)

Una cultura de consumismo (apetito)

Una cultura de la competencia (ambición)

CELEBRIDAD

La idea de la fama es profundamente entrelazada en la cultura y los valores estadounidenses. Todo lo que tienes que hacer es mirar a la naturaleza ridícula de la realidad TV y ver cómo los estadounidenses están en constante deseo de celebridad (ya sea para ser una celebridad o para encontrar la próxima celebridad y la persecución en cada movimiento). Ahora no hay nada oscuro o siniestro «celebridad» en sí mismo. Usted no puede encontrar un argumento que dice que Jesús no era una gran celebridad en sus días. Sin embargo, hay una diferencia entre ser famoso y ser importante. Si Jesús era famoso, es porque estaba haciendo algo importante. El problema con muchos pastores hacen decisiones, desarrollan un personaje y definen el éxito atreves del lente de lo que va a hacer una celebridad / famoso (incluso sin saber o reconocer de lo que están haciendo). Así que en la cultura de la iglesia americana,  es bastante fácil llegar a ser una celebridad: Hacer crecer una gran iglesia. Ahora todo en todos, no es terriblemente difícil crecer para ser una iglesia gigantesca si usted tiene las herramientas adecuadas a su disposición … pero eso no significa que el fin justifica los medios para llegar allí. Por ejemplo, cuando Jesús era una celebridad en su día, él estaba dispuesto a decir cosas que corrieron las personas saliendo en manadas. De hecho, el libro de Marcos relata la manera (alrededor del punto medio del  libro sobre) cómo la gente dejó Jesús para que, al final, prácticamente se quedara sin nadie. NADIE quiere estar asociado con él por temor a las consecuencias. Eso es un Charlie Sheen-es que Apagado (obviamente sin los problemas de carácter!). Eso no es algo que se ve muy a menudo en las iglesias de América. Sospecho que es porque dividido profundamente en la psique norteamericana es el deseo de ser una celebridad. Y los pastores americanos son muy susceptibles a esto. Muchas cosas sutiles ocurren en personas que desean este tipo de estatus de celebridad: Se puede desactivar la comunidad y se aíslan, fijándose para el fracaso moral. Que puedan tomar decisiones que son números y no siempre impulsado impulsados por  el Reino. Se puede inclinar a una comprensión más profunda del Evangelio en lugar de una integral que lleva a la gente a ser discípulos. Se puede poner el bien de su iglesia (su reino personal) sobre el bien del Reino de Dios. Pregunta: ¿De qué manera son sus decisiones tomadas por un trasfondo sutil de la ambición y la esperanza de la celebridad?

CONSUMISMO

Vivimos en una cultura que gira en torno a consumir. Cada comercial de televisión, cada tienda, cada compañía de tarjetas de crédito, cada banco, cada programa de televisión o una película, cada pieza de ropa, coche o el producto, el sitio web, todos los restaurantes … todo,  todo lo que se adapta para satisfacer sus deseos, necesidades o preferencias personales. Nosotros  fácilmente enfurecemos cuando las cosas no suceden exactamente como queremos. Existimos en un lugar que, implícitamente, dice esto: «Estamos aquí para servir y satisfacer todos sus caprichos y deseos. Vamos a cuidar de ti. «Lo que es más, es nunca suficiente. Con el tiempo la casa o el coche se hacen mayores y queremos que los nuevos. Las ropas no son tan de moda y queremos algo más en el estilo. Ese restaurante es muy aburrido, hay que encontrar otro. Nuestro programa favorito de televisión se está agotando, por lo que comienza la búsqueda de la siguiente favorita. Y así una y otra vez. Esta es la forma en que se conectan a pensar en los Estados Unidos. Y todo es respaldado por esta razón de ser: Usted se lo merece. Usted merece tener lo que quieres, cómo lo quieres, cuando lo desee. Y en su mayor parte, la iglesia juega el mismo juego exacto. Hacemos lo mejor que podamos para proporcionar una experiencia tan cómoda como sea humanamente posible, utilizando todos los medios a nuestra disposición para atraerlos en (y luego mantenerlos en). Por lo tanto, a medida lo que hacemos en torno a sus necesidades y deseos. Eso es Marketing 101, ¿verdad? El problema es que al final del día, lo único de Jesús es el conteo de discípulos. Eso es todo. No parece que se preocupan demasiado por los conversos, la asistencia, los presupuestos o los edificios. Se trata de discípulos. Y, por naturaleza, los discípulos son los productores, no los consumidores. Sin embargo, la mayoría de nuestras iglesias se construyen alrededor de los consumidores de alimentación. Yo diría que 90% del tiempo de la iglesia, la energía y los recursos están relacionados con esto. Pero la cuestión es la siguiente: Los medios que utiliza para atraer a la gente a que suelen ser los medios que debe utilizar para conservarlos. En otras palabras, si usted utiliza el consumismo para atraerlos a su iglesia, a menudo significa que debe continuar su uso para evitar que … o de lo contrario se encuentra otra iglesia que se reunirá con sus «necesidades». Y sin embargo … la mentalidad de los consumidores es la antítesis al Evangelio y al llamado del discipulado. Los discípulos no son los consumidores,  son los productores. Jesús se preocupaba por sus discípulos más que cualquier otra cosa. Pregunta: ¿De qué manera  su iglesia comunitaria trabaja con el consumismo como medio para atraer a la gente a un Evangelio que es, en sí mismo, contra el consumismo?

COMPETENCIA

Usted nunca encontrará una cultura hiper-competitivo de lo que hacen en los Estados Unidos. Como  extranjero que vivo en esta tierra, puedo dar fe de ello con el máximo respeto. Los estadounidenses les encantan ganar, les encanta la lucha de la jornada y el amor que sostienen la medalla de oro de la victoria. Ahora no se me oye mal, no hay nada malo en ser competitivo, es hasta qué punto la competencia se ha convertido en algo viciado o torcido en nuestra cultura. Y es que, al menos en la iglesia, que somos competitivos en las cosas equivocadas. Gran parte de la iglesia estadounidense se encuentra en competencia con la iglesia en el camino. «Somos más grandes que ellos? ¿Acaso tienen más influencia que ellos? ¿Tenemos el mejor grupo de jóvenes más grande / en la ciudad? Por qué la gente le gusta  nuestra iglesia para casarse? ¿Le gusta nuestra iglesia mejor que la suya? «El hecho del asunto es que hay una batalla, tenemos un enemigo y debemos ser competitivos … pero en contra de nuestro enemigo! Lo que no hemos visto que es  astuto. Esta parece ser la alianza que ha golpeado a la Iglesia de América: «Voy a dejar una buena parte de sus iglesias que crecen justo … no a costa de mi territorio.» Y así, ¿qué sucede? 96% de crecimiento de la iglesia se debe a la transferencia de crecimiento y no las iglesias en huelga en el corazón del territorio de nuestro enemigo. Vamos a considerar que una victoria, porque tenemos el nuevo servicio o programa que está creciendo … pero que el crecimiento es principalmente de personas procedentes de otras iglesias. Eso no es una victoria! Eso es una pérdida enorme. Además, para muchos pastores, no creemos que hemos ganado hasta que hayamos ganado y el otro ha perdido. ¿En serio?! Por supuesto, tenemos un enemigo y debemos ser competitivos, pero debemos estar compitiendo contra nuestro enemigo, sabiendo que la batalla final ya ha sido ganada, y no competir con nuestros propios miembros del equipo. Por lo tanto dotado y cualificado es nuestro enemigo, por lo intrigante es, que nos ha convencido de que golpear a la gente en nuestro propio equipo es la victoria, mientras que se queda atrás y se ríe, rara vez de tener que realizar siempre en conflicto, la protección de su territorio. Él nos está golpeando con un juego de manos, con una distracción inteligente, para que vayamos en contra de nosotros mismos. Pregunta: ¿De qué manera estás en competencia (tanto en la realidad o simplemente en su mente) contra las personas que están en tu propio equipo?

Con toda honestidad, no es que la iglesia estadounidense nunca realmente muere o dejen de existir. Que siempre estará ahí. Pero es muy posible que si estas tres cuestiones fundamentales no se tratan y solucionan, será una cáscara de santificar que es espiritualmente indiferente.

Si pensamos que a través de Celebridad, el consumismo y la competencia, el anti-cuerpo en contra de todos estos es el sacrificio. Aprender a establecer lo que nos construye y entrega a los demás en su lugar. «Aprender a servir, en lugar de ser servido.» Buscando el anonimato en vez de la celebridad. Para construir una cultura de los productores en lugar de a los consumidores una. A vivir en una comunidad vibrante y sacrificio lucha contra un enemigo real en lugar de competir contra la misma comunidad que Dios nos ha dado para luchar con y no contra. Se trata de sacrificar lo que queremos para la gloria de Dios y el avance de su reino, a pesar de nuestro progreso o deseos. Es evidente que esto es lo que Pablo estaba después en Filipenses 2:6-11 al describir la actitud de Jesús como la toma de la actitud de un siervo, dispuesto a sacrificar a todos los elogios y la igualdad con Dios. Fue la voluntad de dejar a un lado y el sacrificio de la celebridad, el consumismo y la competencia en el altar de la encarnación.

Hace cincuenta años, ya que estos tres hilos sutiles se tejían en la iglesia de América, el Dr. Martin Luther King, Jr., que sirve como una voz profética, dijo lo siguiente:

Si la iglesia de hoy no recuperar el espíritu de sacrificio de la Iglesia primitiva, perderá su autenticidad, perderá la lealtad de millones, y será descartado como irrelevante  club social con ningún significado para el siglo XX.

Ahora estamos en la segunda década del siglo 21 y nos encontramos todavía, en su mayor parte, se niega a sacrificar lo que queremos para lo que Dios pide de nosotros y de su Iglesia. ¿Tendremos el coraje de sacrificar, como Cristo sacrificado? Vamos a hacer las cosas que nos costó para que su Reino puede avanzar?


Escrito por Entrecristianos

iglesiaMisional

En nuestra entrega anterior intentamos definir lo que es ser «iglesia misional» y la idea de percibir este concepto como un cambio de paradigma. En esta oportunidad profundizamos un poco más en el tema y para ello intentaremos elaborar una lista de lo que implica ser una «iglesia misional» y otra lista que con lo que no es ser «iglesia misional». Además tomamos algunos aspectos de J.R. Woodward que definen su perspectiva en cuanto a este tema.

Lo que significa ser iglesia misional

♦ La iglesia misional la forman un grupo de creyentes que trabajan para lograr la «mision dei»

♦ La iglesia misional es un lugar donde las personas exploran y redescubren el significado de ser enviados por Jesús a proclamar el Reino a las personas que tienen su misma identidad y vocación.

♦ La iglesia misional son comunidades de fe que quieren vivir su fe en el entorno natural donde se desenvuelven

♦ La iglesia misional quiere hacer misión en su contexto.

♦ La iglesia misional tiene un compromiso con la cultura (estar en el mundo) sin que esto implique ser envueltos en la misma (no ser del mundo), y por lo tanto su deseo es ser una iglesia indígena.

♦ La iglesia misional entiende que Dios está presente en la cultura. Por lo tanto su propósito no es llevar a Dios a la cultura o llevarse a los individuos fuera de la cultura a espacios sagrados.

♦ La iglesia misional significa algo más que ser contextual, se trata de descubrir la esencia de lo que es ser iglesia.

♦ La iglesia misional busca plantar comunidades misionales de todo tipo.

♦ La iglesia misional es evangelística y proclama el Evangelio al mundo. Para ella las palabras no son suficientes puesto que el Evangelio implica servicio y comunidad.

♦ La iglesia misional alinea todas sus actividades a la «missio dei» (misión de Dios).

♦ La iglesia misional da un papel fundamental a la integridad, la moral, la conducta y la compasión que dan crédito al testimonio verbal.

♦ La iglesia misional depende totalmente de Dios y se mueve en lo sobrenatural.

♦ La iglesia misional es ortodoxa en su forma de entender las escrituras, pero a la vez culturalmente relevante en la forma como la practica.

♦ La iglesia misional busca descubrir los dones de sus miembros y depende más en personas con dones que personas con talentos aprendidos.

♦ La iglesia misional es una comunidad sanadora en la que sus miembros aprenden a sobrellevar las cargas de todos y se ayudan mutuamente en la restauración.

Lo que no es la iglesia Misional

♦ La iglesia misional no es un conjunto de bienes y servicios religiosos o un lugar donde la gente acude semanalmente para revisarse espiritualmente.

♦ La iglesia misional no es un lugar donde acuden los cristianos para alimentarse y satisfacer sus necesidades.

♦ La iglesia misional no es un lugar donde se contratan a líderes «profesionales» para realizar el trabajo de la iglesia.

♦ La iglesia misional no es una iglesia con un «buen programa de misiones». Su gente es el programa de misiones para ir Jerusalén, Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

♦ La iglesia misional no es una nueva estrategia de evangelismo.

♦ La iglesia misional es misional no sólo porque es joven y posmoderna.

¿A qué se parece la iglesia misional?

JR Woodward en su libro «Dream Awakener» (Despertador de sueños) explica su perspectiva que nos ayuda a entender lo que conlleva ser misional. A continuación algunos puntos interesantes

♦ No pone su enfoque en el número de personas que vienen a los servicios de la iglesia, sino a la cantidad de personas que se ministran y se ayudan

♦ No pone su enfoque en cuántas personas asisten a su ministerio,  sino en la cantidad de personas que se han equipado para el ministerio.

♦ No se enfoca en cuántos se ministran dentro, sino más bien en  cuántos se ministran fuera.

♦ No busca simplemente ayudar a las personas a ser íntegros, sino en ayudarles en ser íntegros en el mundo en relación a la justicia social.

♦ No se enfoca sólo en cuántos incrédulos llegan a la comunidad, sino también cuántos creyentes viven en comunidad sanamente.

♦ No sólo se enfoca en sanar las heridas del pasado de los creyentes sino que busca que vivan en la plenitud del Espíritu.

♦ No sólo cuenta los recursos que Dios ha dado, sino como se utilizan esos recursos para el bien del prójimo que está en el mundo.

♦ No sólo busca conectar con la cultura que la rodea, sino que también se  compromete con la cultura de su entorno.

♦ No busca simplemente producir paz a los individuos, sino busca producir paz en el mundo.

♦ No sólo busca eficacia en su misión, sino ser fiel a Dios.

♦ No sólo busca el bienestar del país donde se desarrolla, sino que también se preocupa por el bienestar de otros países.

♦ No sólo busca traer personas al Reino sino también como expandir el Reino de Dios en la tierra.

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