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Migración y misión cristiana

Publicado: septiembre 27, 2011 en Misión Integral

Samuel Escobar

Pablo, el primer europeo.  La fe cristiana nació para viajar, es una fe misionera por excelencia, dice Samuel Escobar en una serie sobre Migración y misión cristiana.
La naturaleza de esta religión la impulsa a atravesar fronteras geográficas y culturales, a tal punto que hoy en día no se puede comprender la historia de la humanidad sin referencia a los procesos de expansión de la Iglesia cristiana por el mundo. Esta movilidad propia de la fe cristiana arraiga en sus antecedentes en la fe judía y es así como judaísmo y cristianismo han dejado su marca en las culturas y pueblos por los cuales han pasado.
La historia cultural de Europa no se puede entender sin esta doble referencia, y sin otras referencias como la musulmana. Por ello mismo la historia de la iglesia cristiana está íntimamente vinculada con la historia de las migraciones. Se puede decir que el marco socio-cultural de la expansión misionera cristiana han sido procesos migratorios obligados por circunstancias como el hambre o la persecución, o bien emprendidos en forma intencional por razones vinculadas a la fe. No hace falta optar por una visión imperial de la historia o por un globalismo triunfalista, como el que parece animar a algunos cristianos occidentales de hoy, para reconocer esta movilidad de la fe. Sin embargo, como cristianos hemos de reconocer también las ambigüedades que conlleva el proceso de expansión misionera.

En tiempos recientes se ha profundizado en el estudio de la historia de la Iglesia de los primeros siglos con aportes de las ciencias sociales. Investigaciones interdisciplinares mantienen la convicción de que durante los primeros tres siglos de nuestra era la Iglesia cristiana se extendió por el territorio del Imperio Romano con una rapidez sorprendente. El sociólogo estadounidense Rodney Stark ha resumido información estadística disponible a partir de la obra clásica de Edward Gibbon, con el beneficio de cálculos más recientes, estableciendo que en los años anteriores a la llamada «conversión» de Constantino la tasa de crecimiento de la Iglesia llegó al 40% anual, de manera que para el año 350, de una población total de 60 millones de habitantes en el Imperio, más de 30 millones habían abrazado la fe cristiana.
Hay otros aspectos de esta extensión de la fe cristiana por el mundo, que van más allá de las simples estadísticas. En un libro de la serie «La construcción de Europa», el historiador Peter Brown, de la Universidad de Princeton nos recuerda unos hechos fascinantes, que tienen lugar hacia el año 700 de nuestra era. Se han descubierto planchas de cera sobre madera en el condado de Antrim en Irlanda del Norte, que muestran cómo en la mencionada fecha algunos estudiantes hacían ejercicios basados en los Salmos de David. Por otra parte, en Panjikent, al este de Samarkanda, se han descubierto cascotes de ladrillo de la misma época, que demuestran que también en esa región de Asia central había estudiantes que copiaban versos de los salmos de David. Dice Brown, «Hacia el año 700 estaban produciéndose unos procesos muy similares en ambos confines. Los escolares, cuyas lenguas nativas eran respectivamente el irlandés y el sogdiano, intentaban aprender mediante el laborioso método de la copia de las versiones, latina en un caso y siríaca en otro, de un texto sagrado realmente internacional.»
Hechos como éste atestiguan por un lado que el mensaje cristiano es fundamentalmente un mensaje para ser trasmitido a través de las barreras culturales y lingüísticas, un mensaje que puede traducirse. De hecho, los documentos fundamentales de la fe cristiana, que son los Evangelios, no fueron escritos en la lengua que Jesús usó para ofrecer su enseñanza, es decir hebreo y arameo, sino en el griego popular o koiné, que se hablaba en buena parte del Imperio Romano.
Por otro lado el hecho que mencionábamos arriba demuestra también el impulso expansivo característico de la fe que siete siglos después de su surgimiento es una fe viviente en rincones del planeta muy distantes entre sí. Un tercer aspecto es la capacidad contextual de esta fe que consigue adaptarse a lenguas y culturas muy distintas de aquellas entre las cuales nació.
Por estas mismas razones, podemos decir que la comunidad cristiana en los momentos en que vive más cercana a esa naturaleza expansiva de la fe tiende a ser una comunidad «de frontera», por así decirlo. Es decir, es una comunidad que vive y a veces florece, precisamente en esos espacios donde mundos diferentes se encuentran.
Brown estudia cómo se dieron situaciones fronterizas en la constitución de Europa, en la que juega un papel importante la existencia de fronteras del Imperio romano, fronteras que crearon una cierta mentalidad, un talante en quienes vivían dentro de ellas y una actitud respecto a quienes vivían fuera de ellas. En las zonas fronterizas se daban los encuentros entre unos y otros y Brown llama nuestra atención a «los costes humanos que para muchos supusieron las frágiles sociedades surgidas cuando el lado “romano” y el lado “bárbaro” de una determinada región fronteriza “estallaban”, como aquel que dice, para formar nuevas unidades culturales y sociales.»
Hay quien ha llamado al apóstol Pablo «el primer europeo», en alusión a la forma en que resumía en su persona la herencia espiritual judía, la familiaridad con las formas de pensamiento griego y la ciudadanía romana.
Publicado originalmente en Protestante Digital
Sobre el autor: 
Samuel escobar es un «peruano universal» radicado en Valencia, España. Catedrático emérito de Misiología de «Palmer Baptist Theological Seminary» en Philadelphia, USA y profesor del Seminario Teológico de la UEBE en Madrid.  La Asociación Cultural Jorge Borrow, le ha otorgado recientemente el premio  de difusión bíblica 2011.

¿Hasta dónde llega tu llanto?

Publicado: septiembre 27, 2011 en Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXIX)
,your mom,mom son,super mom,mom beach,mom boy,me mom,mom lap,my mom,mom dress,mom crying,nursing mom,swim mom,mom 1960,siblings mom,mom linda,working mom,mom boucher,football mom,big mom“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. Mateo 5:4. “Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”. Lucas 6:21.

 

Estas son las versiones que de la Bienaventuranza de Jesús dan Mateo y Lucas. Probablemente la versión de Lucas, que es algo más radical y impactante en su formulación, esté más cerca del grupo de contrastes que marcan los valores del Reino que trastocan la visión mundana de la vida: los últimos serán los primeros, los pobres y lisiados serán los convidados del Reino, los sanos serán dejados de lado para acoger a los enfermos… los que lloran van a ser los que ríen. ¿Hasta dónde llega tu llanto?

Pero no simplemente los que lloran por cualquier causa, como si el llanto fuera un valor espiritual y bueno en sí mismo.  El gozo y la alegría son los valores válidos en toda la Biblia. Por tanto, la bienaventuranza no está alabando el llanto, ni proponiéndolo como algo a buscar. El llanto, como la pobreza, no pueden ser, en ningún caso, valores deseables. Aquí no se trata de ensalzar la tristeza ni de presentarla como un valor que hay que buscar para llegar algún día, en la metahistoria, a disfrutar de la risa y del gozo. Los cristianos deben estar dispuestos a ser manos tendidas que eviten la tristeza, manos diligentes capaces de limpiar lágrimas. ¿Te lleva tu llanto a limpiar las lágrimas de otros? Ese sería un buen llanto.

Por otra parte, siguiendo la línea de estos artículos,  nosotros nos vamos a fijar en las lágrimas de los pobres y de los oprimidos. ¿Hasta dónde llega tu llanto por ellos?  ¡Cuántas lágrimas en el no-ser de la marginación, la pobreza y la exclusión social! ¡Cuántas lágrimas por la opresión! Yo, desgraciadamente, he tenido que contemplar las lágrimas de muchos inmigrantes que lloran por la presión de sus opresores, injustos empleadores que se lucran con los trabajos de estos débiles del mundo: los extranjeros oprimidos. Pero también están las lágrimas de aquellos que no llegan ni siquiera a ser oprimidos: los excluidos del mundo sumergidos en la infravida de la pobreza extrema. Quizás no tienen fuerzas ni para llorar. Todo su ser es un llanto sin lágrimas.

 La Biblia no es ajena a este llanto , y la bienaventuranza, sin duda alguna, es también para ellos, aunque no sean los únicos sumidos en el llanto por el pecado de otros, pecado de muchos insolidarios que oprime y que reduce la vida a un paso o simple transcurrir por el valle de lágrimas. Dios no es indiferente a estas lágrimas y llora con los dolientes del mundo. Así dice la Biblia: “Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien les consuele; y la fuerza que estaba en la mano de los opresores, y para ellos no había consolador”.  Eclesiastés 4:1 . ¿Hasta dónde observas tú el llanto de los oprimidos y pobres del mundo?

 Dios quiere ser el Consolador para ellos, trasladarles y concederles la bienaventuranza de la risa y del gozo.  Dios también quiere ser el que motive a sus hijos, a los que dicen seguirle para que podamos nosotros también ser las manos y los pues del Señor en medio de un mundo de dolor llevando consuelo, risa, alegría y la felicidad de la bienaventuranza. Limpiadores de llantos, enjugadores de lágrimas. Quizás a todos los queramos levantar risas en medio del llanto, nos toque también participar del lloro y del llanto de los pobres y oprimidos del mundo.

 Para esas lágrimas también hay bienaventuranza.  Hay promesa de felicidad para los que comparten el llanto de los sufrientes del mundo, para los que andan por los valles y caminos de esta tierra intentando secar lágrimas. Son aquellos sembradores de alegrías y gozos que, aunque empapados del llanto de los oprimidos y pobres del mundo y aún de su propio llanto al ver las violencias que se hacen debajo del sol y las lágrimas de los oprimidos, lloran con los que lloran, como mensajeros del llanto y del canto de alegría. Así nos anuncia el salmo como con un grito de alegría: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”. No te quejes ni te preocupes de sembrar con lágrimas o entre lágrimas. En la siega vendrá el regocijo.

 Así, pues, la bienaventuranza no es sólo para los pobres y oprimidos del mundo que lloran bajo el yugo de sus opresores o despojadores, sino para todos aquellos que se acercan a ellos no sólo para compartir sus lágrimas, sino para secarlas y darles a sus rostros un rictus de risa, de consuelo, de gozo . La bienaventuranza, así, es para muchos que en el mundo lloran con los que lloran, a la vez que es para aquellos sumidos en el llanto por la violencia que ejercen los poderosos del mundo, los acumuladores y ladrones de vida y de dignidad. ¿Te lleva tu llanto a la bienaventuranza? Promesa de felicidad y de risa para todos aquellos que están bajo el yugo o la bota de tantos tiranos injustos que se mueven en el mundo. Para ellos, para los tiranos, son uno de los ayes de Lucas: “¡Ay de los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis”. ¡Señor, queremos estar entre los que lloran!

 ¿Hasta dónde llega tu llanto?  “Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice nuestro Dios”. El tiempo de las lágrimas no será eterno. También el dolor y las lágrimas van a tener un fin allí en la nueva Jerusalén en donde ya no habrá más lágrimas ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron. Pero nos queda el “mientras tanto” de nuestro aquí y de nuestro ahora. El tiempo en el que en el “todavía no” del Reino debemos seguir trabajando por la eliminación de las lágrimas del mundo acercando el Reino y sus valores a los pobres y oprimidos de la tierra. Aquí, en nuestro momento histórico, es donde el Señor necesita tener agentes de liberación del Reino que sepan transformar las lágrimas en gritos de júbilo, los llantos en risas, los sufrimientos en consuelo. ¡Señor, queremos ser transformadores de lágrimas!

Así, nosotros, los que hemos creído, podemos ser partícipes de una tarea divina: la de ser consoladores y levantadores de risas. Las lágrimas de los que hemos creído, lágrimas que compartimos con los sufrientes del mundo, no son lágrimas que nos paralizan, sino lágrimas que nos ponen en acción y que nos lanzan a llevar las Buenas Nuevas a toda criatura, nuevas de justicia y de salvación, de posibilidad de romper el yugo de los opresores, despojadores y acumuladores del mundo. Nuestras lágrimas deben ser como el combustible que mueve el motor de la misericordia y búsqueda de justicia. Sólo así seremos capaces de acercar esta bienaventuranza a los que en el mundo viven empapados por su propio llanto: “Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”.

¿Hasta dónde llega tu llanto? Tus lágrimas pueden ser liberadoras.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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Mike Breen

My last post, “Why the Missional Movement will fail” caused quite a stir in the past week and the overwhelming response seemed to require a followup post. So consider this PART TWO.

There were a few questions that emerged in online conversation because of this article:

  1. How am I defining disciple/discipleship?
  2. Am I separating mission from discipleship? Aren’t they part and parcel the same thing?
  3. Why am I making this complicated? Can’t we just do what Jesus says and stop talking about this stuff?
  4. What should we do about it?

WE’VE MOVED THE GOAL POSTS
Defining a disciple is fairly easy, in my view. The greek word mathetes is the word that scripture uses for “disciple” and it means learner. In other words, disciples are people who LEARN to belike Jesus and learn to do what Jesus could do. One great writer on discipleship put it this way:Discipleship is the process of becoming who Jesus would be if he were you.

A disciple is someone who, with increased intentionality and passing time, has a life and ministry that looks more and more like the life and ministry of Jesus. They increasingly have his heart and character and are able to do the types of things we see Jesus doing. We don’t have to look far in the New Testament to see this happening. Just look at the life of the disciples/ apostles and the communities they led…over time, they looked more and more like Jesus!

How did the church go from 120 people in an upper room to more than 50% of the Roman Empire in about 250 years? Simple. They had a way of reproducing the life of Jesus in disciples (in real, flesh-and-blood people) who were able to do the things we read Jesus doing in the Gospels.

Is that still the way we see Christians or have we moved the goal post? I have to wonder if we’ve changed our criteria to match the kind of fruit our communities are now producing. Many are now fine with Christians who show up to our churches, are generally nice people, do some quiet times, tithe and volunteer. Maybe they even have a little missional bent to them. These are all good things, but I don’t think this is the kind of “fruit” Jesus was referring to when he talked about fruitfulness in John 15. Would those kinds of people change the world like the early church did?

Probably not.

In truth, I think we are pretty bad at making disciples in the Western church. Why? Because I look at the life of Jesus, the life of the disciples, the life of the early church and what they were able to produce with their fruit…and then I look at ours. When we read scripture and the texture of their lives and ministry, do we think that ours holds up to it? Even if we have a growing church, do the lives of the people we lead look like the lives of people we see in scripture? That’s the goal post we should be going after.

I’ve heard Dallas Willard say that every church should be able to answer two questions: First, what is our plan for making disciples? Second, does our plan work? I believe most communities have a plan for discipleship. I’m not convinced many plans are working the way Jesus is hoping they will — and that’s why we’re in trouble.

I think the fruit of our lives will reveal the root of our lives. So if we are creating disciples who are far from the people we see in scripture as the rule and not the exception, we must ask ourselves why this is the case and how we can change that reality.

“I’LL HAVE A CHEESBURGER WITH NO CHEESE, PLEASE”
Undoubtedly, one of the key components to being a disciple is to care deeply about mission. In Christendom, it seemed that people thought of discipleship as only an “inner” reality that sought the transformation of the individual and mission was left on the sideline. As we have come to re-embrace the mission Dei — the reality that the God of mission sent his Son as the great rescuer and we are to imitate him — I wonder if some within the “missional movement” are far more concerned with being missionaries/reformers than also seeking the transformation and wholeness that Christ is offering them personally.

What concerns me is that we have gone ditch to ditch. The reality is that both things are at work in being a disciple. The reality of living more fully in the Kingdom of God is that we are being back put together through God’s grace, conforming more to the image of Jesus, having his heart and mind, and the overflow leads to Kingdom activity. That is why Jesus says, “Apart from me, you can do nothing.” Apart from the active work of Jesus in our life we cannot produce Kingdom fruit. To engage in Kingdom mission without being equally attentive to our own personal transformation (through relationship with the King) is like asking for a cheeseburger with no cheese. It stops being the very thing we’re asking for! By the same token, to be a “disciple” while not actively engaging in mission as a way of life is asking for a cheeseburger with no burger. Both are necessary. To be a disciple is to be a missionary.

If we look at it objectively, we see churches with discipling cultures (that focus mainly on the transformation of individual self) and churches with missional cultures (which focus on the transformation of the world/people around us) and we often see tensions between these two camps.

One has a clue, but no cause. The other has a cause, but no clue. High mission/low discipleship church cultures have issues with Biblical literacy, theological reflection and deficiencies in character and Creed that, in the end, sabotage the very mission they’re about. Critics are rightly concerned that these kinds of churches are a hair’s breath away from heresy, with people largely not experiencing the depth and transformation of heart and mind Jesus invites us into. High discipleship/low mission church cultures have strength in the previous issues, but lack the adventurous spirit/ heart of compassion and Kingdom compulsion that so stirred the Father into action that he sent his only Son to a world he so loved. Their transformation isn’t leading to the place God is taking them. Critics are rightly concerned that these kinds of churches will turn into Christian ghettos, creating people who lob “truth bombs” over their high, secure walls, creating an “us vs. them” mentality. In both, something is disastrously off.

As humans, we are creatures of overreaction, choosing polarities rather than living in tension. The truth is, a TRUE discipling culture (as Jesus envisioned it) must have both. It’s not either/or, it’s both/and. We mustn’t choose between depth and breadth, but embrace the tension of having and shaping both in our communities.

CHARACTER AND COMPETENCY
At the end of the day, we can probably boil being a disciple down to two things: Character and Competency. We want the character that Jesus has and we want to be able to do the things that Jesus could do (competency). Discipleship is learning, over the course of our lives, to become people who have both. 

So how we are forming/discipling the people in our communities? This is only helpful if we’re truly honest.

  • Character: Are their lives characterized by grace? Peace? Love? Transformation? Patience? Humility? A deep relationship with the Father? A love of the scriptures? Can they submit?  Do they see the world through the eyes of the Kingdom and not the prevailing culture? (Obviously there’s a lot more, but you get the idea.)
  • Competency: Can they disciple people well who can then disciple others? Can they do mission well? Can they hear the voice of their Father and respond with action, with His authority and power? When they pray, do things happen as they did for Jesus? Can they read and teach scripture well? (Again, Jesus was able to do many things, this is but a short summary.)

These are Kingdom questions. These are Discipleship questions. Which is why I go back to the point that if you make disciples, you will always get the church, but if you make the church, you won’t always get disciples. If the people in your community are discipling people who can answer “yes” to those questions, you’re doing what Jesus asked you to do. You’ve sought first the Kingdom and the rest will be added. Look at it through this matrix:

Finally, discipleship is about faithfulness and reflection. We need to be faithful and obedient to the things Jesus has asked of us (when it comes to character and competency) and let him control outcomes. At the same time, we need to be reflective about whether we’re good at the things Jesus could do. Jesus is calling us to be faithful, but he’s also asking us to get better, in “his strength which so powerfully works through us,” at the Kingdom things he could do. If we’re not good at something, let’s just not say, “It’s OK, I’m faithful.” I’d argue that faithfulness also requires us being honest and reflective about whether we’re good at the things Jesus could do, seeking to become better. Faithfulness and reflection. It requires us living in tension. He wants both, and if we embrace both, we take the posture of a learner.

So what do you think? Am I way off? Am I missing something? Is this a fair assessment?

If you’re interested in how we’ve made these kinds of disciples, you can check out the book we released on the subject here.

¿Se vende la Catedral de Cristal?

Publicado: septiembre 19, 2011 en Iglesia, Misión Integral

Juan Francisco Martínez

¿Se vende la Catedral de Cristal?

Esta situación me hace llorar por muchas razones.

 

Desde que la Catedral de Cristal tuvo que declararse en bancarrota el año pasado, ha habido mucha especulación sobre cuál será el futuro del edificio.  En el momento actual existen dos o tres compradores serios, incluyendo la diócesis católica y una universidad local. Pese a ello todavía hay algunos miembros de la iglesia que están seguros de que podrán conseguir 50 millones de dólares para poder pagar a todos los acreedores.  Sin embargo, todo pareciera indicar que el edificio se tendrá que vender para saldar las deudas acumuladas.

 La Catedral siempre ha suscitado opiniones encontradas entre el pueblo evangélico estadounidense . Para los miembros de la iglesia y para los que seguían el programa  Hour of Power , del Dr. Robert Schuller, la catedral representaba la bendición divina. Ellos veían en esta construcción un camino lleno de posibilidades, de logros y una presencia pública importante.

Sin embargo,  fuimos muchos los que cuestionamos la sabiduría que podía estar detrás de utilizar $18 millones (en la década de 1970) para construir un edificio de lujo en un terreno de lujo . Algunos hicieron preguntas al respecto desde la perspectiva de la mayordomía, y otros desde la misión. También se manifestaron aquellos que se preguntaban si era factible que una congregación mantuviera ese tipo de infra-estructura.

Pero era la época de apogeo de las mega-iglesias y todo parecía ir viento en popa. La iglesia siguió ampliando sus ministerios y tuvo sus momentos de gloria. Siguiendo su ejemplo se establecieron muchas otras mega-iglesias, aunque ninguna con un nivel equiparable de lujo. Las mega-iglesias llegaron a verse como modelos para ministerio y misión.

Para cuando llega la década de 1990, el secreto, conocido a voces, era que varias mega-iglesias estaban quedando en la bancarrota. No era tan fácil mantener edificios y ministerios grandes; y cuando una iglesia se hacía tan grande, era difícil también discipular a los miembros. La Catedral de Cristal no fue la primera mega-iglesia que se topó con la dificultad de sostener este modelo eclesial.

 Tres décadas más tarde la Catedral, y la familia Schuller, se encuentran en una situación complicada. La congregación de habla inglesa sigue decreciendo, mientras que el ministerio en español bajo el liderazgo de Dante Gebel ya casi llena el edificio .

Algunos anticipan que pronto se establecerá un segundo culto en español los domingos. Mientras, en la de habla inglesa se produjo un desacuerdo público entre Schuller padre e hijo, y el padre quitó al hijo del liderazgo. A esto se añade que ha habido luchas internas entre la familia y la directiva de la iglesia.

 Esta situación me hace llorar por muchas razones .

Sentí dolor cuando estuve recientemente en una reunión con el Dr. Schuller. En vez de terminar su ministerio público en bendición, está viendo caer lo que él levantó. Lloro por las burlas que se escuchan entre los no creyentes. Lloro por aquellos que dieron tanto en el pasado y que lo están viendo desaparecer en el presente. Lloro por la creciente congregación de habla hispana que nada tuvo que ver con la situación, pero que posiblemente perderá su edificio. Y lloro por mis hermanos que siguen determinados a seguir con un modelo de ministerio que claramente no está respondiendo a su contexto.

Aunque la iglesia pudiera recaudar los $50 millones que debe, parece obvio que no podrían mantener el edificio y los ministerios a largo plazo. Y habría que hacerse la misma pregunta de hace tres décadas: ¿será éste el mejor uso del $50 millones a favor del reino?

 Como latino también me doy cuenta que la odisea de la Catedral de Cristal es un reflejo de los cambios que están ocurriendo en tantas iglesias en Los Ángeles hoy.

Hubo muchas congregaciones durante las décadas de 1950 a 1970 que construyeron grandes edificios, muchos de ellos mini-catedrales. Hoy muchos de esos edificios están vacíos o casi vacíos. Las denominaciones históricas que los construyeron están decreciendo rápidamente. En este momento están creciendo las iglesias evangélicas y las congregaciones entre latinos y asiáticos.  Un número creciente de iglesias latinas están utilizando esos edificios mientras que las de la cultura mayoritaria tienden a desaparecer. Pero algunas de las iglesias que están creciendo quieren imitar los modelos de esas congregaciones que ahora están en crisis.

Claramente estamos en otro momento histórico en la vida de la iglesia en Los Ángeles. La población está cambiando y los latinos representamos el crecimiento actual de la iglesia. Sin embargo,  espero que podamos aprender de lo que está pasando con la generación de la iglesia que tuvo su momento de “éxito” hace poco tiempo. Cuando las barbas de tu vecino veas recortar…

Autores: Juan Francisco Martínez
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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXVII)
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5.

 

¿Te da miedo ser manso?Es verdad que este concepto “manso” no tiene por qué ser aplicado de una manera directa a los pobres de la tierra. Creo, sin embargo, que hay más mansedumbre entre los pobres que entre los ricos y poderosos del mundo, aunque,  en este artículo, el concepto “manso” lo quiero aplicar, de forma especial, a todos aquellos que, en vez de preocuparse de acumular, de aumentar sus cuentas corrientes, del poder y del lujo, se preocupan, como buenos samaritanos, de aquellos que se quedan tirados y apaleados al lado del camino.

¿Por qué quiero hacer esta aplicación? Porque el concepto “manso”, siendo un concepto poco usado en la Biblia, se aplica a Jesús, al experto en sufrimiento o experimentado en quebranto, al que amó y se preocupó de los débiles de la tierra, de los pobres y de los oprimidos. Jesús, quien nos dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso…”. También se le aplica este concepto, cuando en la entrada triunfal de Jerusalén, el Evangelista Mateo repite lo dicho por el profeta: “He aquí, tu Rey viene a ti, manso…”.

Por tanto,  para comentar el concepto de mansedumbre y a quién lo podemos aplicar, debemos recurrir al modelo que para los cristianos es Jesús . Hemos de recurrir al Maestro que nos dio ejemplo con su vida, con sus hechos, con su forma de moverse entre los hombres.

Hoy el concepto de mansedumbre puede asustar.  Hoy nadie parece admirar a los mansos. Se admira a los triunfadores, aunque éstos hayan ejercido violencia, aunque hayan montado sus fortunas pisando el pecho y la dignidad de los pobres.  Hoy se admira a todos aquellos que su fortaleza consiste en montarse sobre el oro del dios Mamón, el dios de las riquezas o del poder. Yo creo que hoy, sólo Jesús y el remanente fiel de sus seguidores, se atreverían a decir: “Bienaventurados los mansos”.

Pues bien: yo quiero aplicar este concepto a todos aquellos que, con mansedumbre, encuentran la fuerza suficiente para enfrentarse a las estructuras injustas de este mundo, el valor para decir no al escándalo que supone la pobreza en el mundo, la decisión de analizar las causas de la pobreza y de oponerse a las desiguales e injustas redistribuciones de los bienes del planeta tierra, a los que sufren viendo a los niños morir de hambre y no se pueden callar, a los que tienen el impulso de gritar contra todos aquellos ladrones y robadores de la dignidad de tantos coetáneos nuestros.

 Estos son los valientes del mundo que combinan su valentía con la mansedumbre que caracterizó a Jesús.  Jesús, hombre manso, que criticó todo tipo de mal de una manera clara y sin rodeos; Jesús, hombre manso, que denunció la acumulación desmedida de los ricos; Jesús, hombre manso que critica la hipocresía de los religiosos de su época; Jesús, hombre manso, que cambia el discurso de los religiosos introduciendo la preocupación por los pobres y les dedica a ellos, de forma específica, su Evangelio; Jesús, hombre manso que es capaz de volcar las mesas de los cambistas y denunciar el hecho terrible de que la casa de Dios se convierta en cueva de ladrones… Tampoco el mundo debe ser una cueva de ladrones.

En los mansos de la tierra que siguen el ejemplo de Jesús, se une la fortaleza con la mansedumbre. Estos mansos de la tierra, que sin duda también los hay hoy, son aquellos que pueden defender a los pobres y a la justicia misma, sin hacer violencia, sin agarrar las armas, sin proclamar revoluciones violentas, sin matar, sin herir ni mutilar a nadie. Los mansos, en su fuerza interior, son también, siguiendo el ejemplo del hombre manso por excelencia, pacificadores.

Se imponen con la dulzura de la razón, la dulzura del justo, del humilde, del buen prójimo. Los mansos pueden atacar la injusticia del mundo sin necesitar las armas diabólicas. Los mansos son impulsados de una misericordia que les lanza de forma imparable a la conquista de la tierra, pero no la conquista de la tierra para ellos, no la acumulación de las tierras como lo hacen los avaros del mundo o los que justifican sus acumulaciones apoyándose en las leyes humanas, diciendo que es su propiedad privada y que la han ganado con su esfuerzo para disfrutarla solamente él y sus descendientes familiares. No.

 Los mansos podrán ir conquistando la tierra para que ésta sea de todos, para que todos puedan disfrutar de los bienes que Dios ha puesto en este planeta, bienes que no son solamente para unos pocos.  ¡Señor, que los mansos que siguen tus pisadas puedan heredar la tierra! Sabemos que heredarán la tierra de la promesa, pero también te pedimos que tú entregues la tierra en manos de los mansos y humildes de corazón como lo fuiste tú. ¡Señor, que los mansos vayan conquistando la tierra y poseyéndola, arrancándola así de las manos injustas y manchadas de sangre! No queremos que la tierra sea poseída por los que se olvidan de los pobres y sufrientes del mundo. Por los egoístas y ladrones de haciendas y de dignidades.

 Los mansos son más fuertes, más incansables, más duros y con unos objetivos más claros que los violentos.  Los violentos destruyen, empobrecen la tierra, aniquilan, roban, ponen la escasez del pobre en sus mesas… los mansos son los que construyen, los que van edificando la justicia en el mundo. ¡Señor, danos auténticos mansos y humildes que tengan la fuerza y valor que tú tuviste!… aunque se tenga que pasar por nuevas crucifixiones de los mansos del mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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No nos fatiguemos de hacer el bien

Publicado: septiembre 16, 2011 en Misión Integral

 

Ignacio Simal Camps

 

Solidarios con el Cuerno de ÁfricaViendo la noticias en televisión -puedes ver la video-noticia al final de la reflexión- escuché que las oenegés encuentran problemas a la hora de recabar fondos para sus proyectos humanitarios. Es más, España –se decía- es un país que está muy por debajo de la media europea en relación con el número de afiliados a las organizaciones de ayuda. Se habla, desde hace años, dela fatiga del donante: “Ayudar, para qué, si nada cambia-.

Pues bien, mientras escuchaba la noticia me vino a la mente un texto bíblico que, desde el realismo, nos convoca a perseverar en hacer el bien. Es decir, a llevar a cabo todo aquello que favorezca y aliente la dignidad y el bienestar, o calidad de vida, del ser humano. El texto bíblico al que aludo dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gal. 6:9,10).

Decía que el texto paulino habla desde el realismo. Indudablemente a aquel que se dedica a hacer el bien le puede acosar –en cualquier momento- el cansancio, el agotamiento, al observar la ausencia de resultados. Sin embargo, Pablo, nos exhorta a no caer en el agotamiento en la expectativa de que un día lograremos el fin perseguido que no es otro que una casa habitable para todos los seres humanos,  “a su tiempo segaremos” nos dirá.

De ahí se sigue que debemos continuar haciendo el bien a todo ser humano –sin distingos-, pero entendiendo que uno de los temas prioritarios entre las iglesias cristianas es construirse como comunidades igualitarias  (2Cor. 8:9-15) que sean anticipo evangelizador de la buena voluntad de Dios para toda nuestra aldea global.

Acabo citando un texto que leí en mi juventud –siempre lo he guardado como un tesoro- que narra de una forma genial lo que he tratado de expresar a través de mi opinión falible:

Hay una antigua fábula china llamada El Viejo Tonto que removió las montañas. Cuenta que hace mucho tiempo vivía en el Norte de China un anciano conocido como el Viejo Tonto de las montañas del Norte. Su casa miraba al Sur y frente a ella, obstruyendo la pasada, se alzaban dos grandes montañas: Taijang y Wangwu. El Viejo Tonto tomó la decisión de llevar a sus hijos a remover con azadones las dos montañas. Otro anciano, conocido como el Viejo Sabio, los vio y dijo riéndose: ¡Qué tontería! Es absolutamente imposible que vosotros, tan poca gente, logréis remover montañas tan grandes. El Viejo Tonto respondió: Después que yo muera, seguirán mis hijos; cuando ellos mueran, quedarán mis nietos, y luego sus hijos y los hijos de sus hijos, y así indefinidamente. Aunque son muy altas, estas montañas no crecen y cada pedazo que les sacamos las hace más pequeñas. ¿Por qué no vamos a poder removerlas? Después de refutar la idea errónea del Viejo Sabio, siguió cavando día tras día, sin cejar en su decisión. Dios, conmovido ante esto, envió a la tierra dos ángeles, que se llevaron acuestas ambas montañas.” (Libro Rojo, Mao Zedong). 

 

Ignacio Simal, septiembre de 2011

 

 

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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXVI)
Latrocinios y trasfondos traidores“… a los pobres siempre los tendréis con vosotros”.Juan 12:8. Texto completo en Juan 12:1-8.
Jesús, el gran defensor de los pobres y de los sufrientes del mundo, el que era capaz de decir a uno de los ricos de este mundo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”, parece que cambia su discurso en este relato del Evangelio de San Juan. Lo hizo como crítica y denuncia de la traición y del deseo de robo de uno de sus discípulos: Judas. Corazón traidor. El cuadro que contemplamos es el de Lázaro resucitado de los muertos y sentado a la mesa con Jesús. Allí estaban Marta y María. La primera, prototipo del servicio y la segunda, de la escucha y la adoración. María se separa del servicio para hacer un acto de adoración. Quería ungir los pies de Jesús y enjugarlos con sus cabellos.  María realizó su acto de adoración. La casa se llenó del olor del perfume, olor que llegó a la nariz de Judas, el ladrón y traidor. Su mente, la de Judas, comenzó a trabajar. Ese perfume valía mucho dinero. Podría haber caído en la bolsa que él portaba y, así, podría sustraer, robar, algo del valor de aquel precioso perfume.  De ahí viene su frase hipócrita, traidora, infame, infiel al Maestro y a sus compañeros los discípulos: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?”. El traidor, ladrón, tomó el nombre de los pobres en vano. Fue un desprecio a los pobres del mundo, los quiso utilizar para sus fines traidores y de latrocinio. Quería aprovecharse de los pobres, robar usando el nombre de los pobres para su propio disfrute, el disfrute amargo de todo ladrón.

 Jesús no podía ponerse en línea con Judas , conociendo su corazón engañoso y traidor. En este caso Jesús no podía decir, tiene razón Judas, se podría haber vendido este perfume y dado a los pobres… porque se trataba de un engaño, de una traición. Jesús le dice a Judas un imperativo: “Déjala”. No perturbes a esta mujer usando el nombre de los pobres para tu propio latrocinio. “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”, dijo Jesús al discípulo traidor.

 Jesús debió sufrir mucho en ese contexto de robo tomando el nombre de los pobres en vano, en ese contexto de traición, de mentira, de dureza del corazón, de perversión por conseguir riquezas , de adoración de uno de sus discípulos al dios Mamón, al dios de las riquezas.

Jesús estaba ante un icono traidor de los que después se repetirían muchos en el mundo. Ladrones y despojadores de palabras dulces para con los pobres, pero palabras mentirosas y falsas. Jesús estaba contemplando algo que, después, y a lo largo del tiempo, se repetiría en la historia de la humanidad. Los ladrones que guardan en sus bolsas lo que pertenece a los pobres. Bolsas de injustos, acumuladores y desequilibradores del mundo.

Jesús ante esa imagen de un Judas que se repetiría en la historia, ante la dureza del corazón del hombre que es capaz de acumular mintiendo y dejando en la estacada a tantos robados de bienes y de dignidad, se dio cuenta de lo que ocurriría cuando Él se marchara, cuando dejara solos a sus discípulos. Los valores del Reino que “ya” estaban entre nosotros, como dijo Jesús, tardarían en cambiar la historia, los corazones de los ladrones, despojadores y traidores. Nos deberíamos mover en el “ya” pero también el “todavía no” del Reino hasta que éste se estableciera en plenitud.

El corazón de Jesús se quedó triste ante el gesto ladrón de Judas, ante su hipocresía y traición, prototipo de los Judas que después deberían deambular por la tierra. La traición, la hipocresía, el robo, el corazón duro y la falta de solidaridad y de amor para con los pobres, hacen que Jesús acepte ese perfume derramado a sus pies. Antes esto que la traición y el robo en nombre de los pobres. Jesús no quería contraponer el gesto de María gastando ese perfume para ungirle con lo que se debería haber gastado para ayudar a los pobres. Pensamiento traidor de la mente de Judas que, ni por asomo, estaba pensando en ayudar a sus prójimos empobrecidos.

La tristeza de Jesús llega a lo sumo, conociendo el corazón de Judas. Dice el Evangelio, ante la frase de Judas de que se podría haber vendido este perfume y dado a los pobres: “Pero dijo esto, no porque se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”. Esto lo veía Jesús. Jesús sufría. Su mente ya se prolongaba también a lo largo de la historia contemplando a los futuros Judas del mundo, los futuros traidores a Dios y a los pobres, los hipócritas acumuladores y despojadores de haciendas y de dignidad.

Probablemente un halo de tristeza inundó el rostro de Jesús. Su corazón permanecía encogido ante la traición del hombre contra el hombre, ante ese icono del robo y el despojo que era Judas. Su voz, como si sonara a algo tremendo, terriblemente grave e inevitable por los corazones judas que poblaban e iban a seguir poblando la tierra, exclamó: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”. Es el resultado de la traición y del robo, de la dureza y falsedad de tantos corazones judas que han de poblar el mundo.

 Algunos dicen que Jesús instituyó con esta frase la pobreza en el mundo. Nada más incierto e incorrecto. Esta frase simboliza la traición del hombre contra el hombre, el despojo de los fuertes sobre los débiles, un escándalo y vergüenza humana inevitable por ese corazón traidor y ladrón de Judas que era el símbolo, el incono y la viva imagen de tantos  corazones judas  que habrían de poblar la tierra.

Los resultados de los corazones judas y traidores que pueblan el mundo, se ven hoy claramente en una humanidad en la que el ochenta por ciento está en la pobreza. Les han robado, traicionado y dejado tirados al lado del camino.

Señor, nosotros queremos sentir contigo, entender tu tristeza y sufrimiento… pero queremos ser tus seguidores que, a pesar del “todavía no” del Reino, vayamos ganando parcelas a los traidores judas de nuestra historia y liberando a personas de la sinrazón de la pobreza y el despojo. Ayuda a tu pueblo para que, apartados de ese corazón traidor, se entreguen al servicio de los pobres y clamen por justicias… hasta que tú vengas y los valores del Reino sean implantados en plenitud.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011


Por Mike Breen

La semana pasada, Steve Jobs renunció como CEO de Apple y entregó las riendas a su ex director de operaciones. Ese día, el stock se redujo en 5%. En todo el mundo digital todos hablan  si Apple puede mantener su racha de victorias sin su líder visionario  de administrar en todo el mundo día a día de su compañia. He aquí por qué creo que no sólo va a capear el temporal, pero si siguen en:

Éstos que son los valores centrales de Apple:

Creemos que estamos sobre la faz de la tierra para hacer grandes productos.
Creemos en lo simple, no en lo complejo.
Creemos que tenemos que posesión y control de las principales tecnologías detrás de los productos que fabricamos.
Nosotros participamos solamente en mercados en los que se puede hacer una contribución significativa.
Creemos en decir no a los miles de proyectos para que realmente pueda centrarse en las pocas que son realmente importantes y significativos para nosotros.
Creemos en la colaboración profunda y la polinización cruzada de nuestros grupos, lo que nos permite innovar de una manera que otros no pueden.
No nos conformamos con nada a menos que no sea la excelencia en cada grupo en la empresa, y tenemos la honestidad consigo mismo para admitir cuando nos equivocamos y el coraje para cambiar.
Lo que Apple ha hecho es crear una cultura de innovación, el diseño y la colaboración. No hay duda de que Jobs es un genio y es responsable de la subida meteórica de Apple. Sin embargo, lo que ha hecho más que cualquier otra cosa (y probablemente no recibirá crédito hasta en este momento) es crear una cultura que siempre puede producir productos y servicios que han encantado a la gente en todo el mundo. Este empleo del ADN, es a través y por medio, en la vida de esa cultura.
Me pregunto si nosotros,  los líderes de nuestras comunidades eclesiales, estamos tratando de hacer el mismo tipo de cosas. ¿Estamos tratando de crear una cultura donde todo el mundo es un productor, donde la cultura de la comunidad es lo que nos sobrevivirá? El empleo del ADN del discipulado y la misión tiene una especie de media-vida que nace en el corazón y el alma de nuestro pueblo y nuestras comunidades para que tenga una vida  «propia».
¿Estamos tratando de crear ese tipo de cultura?

by Mike Breen

Last week Steve Jobs stepped down as CEO of Apple and handed the reigns over to his former COO. That day, the stock dropped by 5%. The talk around the digital world is whether Apple can keep up their winning streak without their visionary leader manning the day-to-day world of the company. Here’s why I think they’ll not only weather the storm, but continue on:

Here are Apple’s core values:

  • We believe that we’re on the face of the Earth to make great products.
  • We believe in the simple, not the complex.
  • We believe that we need to own and control the primary technologies behind the products we make.
  • We participate only in markets where we can make a significant contribution.
  • We believe in saying no to thousands of projects so that we can really focus on the few that are truly important and meaningful to us.
  • We believe in deep collaboration and cross-pollination of our groups, which allow us to innovate in a way that others cannot.
  • We don’t settle for anything less than excellence in every group in the company, and we have the self-honesty to admit when we’re wrong and the courage to change.
What Apple has done is created a CULTURE of innovation, design and collaboration. There is no doubt that Jobs is a genius and is responsible for Apple’s meteoric rise. However, what he has done more than anything else (and probably won’t get credit for until now) is created a culture that can consistently produce products and services that have enchanted people the world over. It’s Jobs DNA, through and through, in the life of that culture.
It makes me wonder if we, we leaders in our church communities, are seeking to do the same kind of thing. Are we seeking to create a culture where everyone is a producer, where the culture of the community will far outlast us? Where the DNA of discipleship and mission has a kind of half-life that is born into the heart and soul of our people and our communities so that it takes on a life of its’ own.
Are we seeking to create that kind of culture?

by BEN STERNKE on SEPTEMBER 6, 2011

Post image for No Mission Without the Gospel of the KingdomEarly on in my explorations of missional theology, I remember thinking that this stuff was so brilliant that all people really needed was permission to do it, and it would take off. I figured all this missional energy was just bottled up inside everyone and they were just waiting for someone to release them and bless them in it. I thought the reason people weren’t doing it was because they didn’t know they were allowed to.You probably know what’s coming. Excitedly I began giving people permission to live missionally, explaining why it made sense, illustrating the possibilities. And people basically nodded in agreement. Some even got excited with me. But nothing changed (including me). Even people who wanted to couldn’t find their way into a way of life that was naturally joining God in the renewal of all things as a matter of course. A deeper problem was manifesting itself, one that I was just beginning to understand.

As I’ve read and prayed and pondered and worked with people and discussed with others, I think I see more clearly now what the underlying issue is. I’ve boiled it down to a little axiom that I want to offer and explain. Here’s the axiom:

No mission without formation.
No formation without discipleship.
No discipleship without the gospel of the kingdom.

I think this gets to the heart of why mobilizing Christians and churches for everyday mission seems to take so long and be so difficult. Here’s why.

No mission without formation
Underneath the issue of mission was formation. As Dave Fitch has said, “missional people do not fall out of trees,” they have to be formed. More properly, they have to be transformed (“changed from one form to another”). The reason we weren’t seeing any sense of “everyday mission” was because people hadn’t been formed significantly into the image of Christ.

No formation without discipleship
But why hadn’t they been formed in this way? These were people who attended church services regularly, led small groups, taught Sunday school,worked in the nursery, even! Why wasn’t all this activity and service resulting in spiritual formation in the likeness of Christ? Because they had never fully intended to follow Jesus as his disciple, learning from him how to be like him. This gets to the heart of why some of the most beautiful and theologically-rich liturgies can sometimes produce some of the meanest people you’ll ever meet: event the practices, in and of themselves, don’t magically make us like Jesus. We must “enroll in the school,” as Dallas Willard says. I’ve written previously about how we do this. The truth is that we will not be significantly formed to look like Jesus unless we do so.

No discipleship without the gospel of the kingdom
So why don’t people become disciples of Jesus? Short answer: because they’ve never been ravished by a vision of the kingdom of God. In other words, they haven’t really understood or received the gospel of the kingdom. The “gospel” we’ve been predominantly preaching is a truncated version of the full vision of life in God’s kingdom that Jesus talked about (as did Paul and the rest of the New Testament writers).

The gospel is not primarily about dealing with our “sin issue,” it is about theinvitation to live with God in his kingdom right now. If this is the gospel we are responding to, then all the rest of the dominoes fall easily into place:

Responding to the gospel of the kingdom naturally leads to discipleship,because we very quickly learn that we don’t know how to live with God in his kingdom, but Jesus does. This is a very different way of life that we mustlearn from Someone who knew how to do it well: Jesus. We are with him, learning from him how to be like him.

This kind of discipleship to Jesus naturally leads to significant spiritual formation, because the Spirit transforms us as we follow Jesus in kingdom living. We start thinking and speaking and acting and loving like Jesus. His life gets “into” us more and more.

Our formation as disciples then naturally leads to everyday mission,because ultimately this kingdom life we are invited into is simply a matter of being involved in what God is doing in the world, joining with him in the renewal of all things.

So ultimately it seems to me that if we want to cultivate a movement of people and communities joining with God in the renewal of all things, we must begin by preaching the gospel of the kingdom: giving people a brilliant picture of life in God’s kingdom (both in our words and lives), and telling them the shocking news that they can step into the kingdom right now.

Any additional thoughts? Does this axiom seem to hold true for you in your situation?


¨Estos conflictos son resultados de que las iglesias protestantes se han mal acostumbrado a ser sostenidas por fondos extranjeros¨

Entrevista a Nicolás Panotto

Martín Díaz Velásquez

Durante las ultimas décadas, las Iglesias Históricas en América Latina se han separado paulatinamente del trabajo pastoral y han aumentado su trabajo asistencialista logrando así el sueño de poder y gloria dentro de los organismos políticos y ecuménicos internacionales.

Para iniciar el recorrido por este peligroso reportaje, nuestra primera entrega es una entrevista con el joven teólogo argentino Nicolás Panotto, un teólogo que propone una nueva forma de incidencia publica desde las iglesias, actualmente es  Director del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP – www.gemrip.com.ar) y Coordinador del núcleo Buenos Aires de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.
MD: En las ultimas dos décadas los organismos interreligiosos y ecuménicos se han autodenominado como Organizaciones de Gestión de instituciones sin ánimo de lucro y se han amoldado a las características planteadas por las Naciones Unidas para ser consideradas como  Organizaciones Basadas en la Fe (OBF). Eso hace que el lobby de estos espacios se concentre en objetivos que son ajenos a las iglesias que forman parte de ellas. ¿Crees que este camino de secularización y de búsqueda de aceptación política puede llevar a las iglesias a transformarse en agencias de cooperación, viviendo dentro de su propio campo una marcha atrás? ¿A que se debe esta búsqueda de apadrinamiento de instituciones multinacionales?

NP: El temor a las agencias y organismos financieros es algo generalizado, no sólo en el campo de las iglesias. Sin meternos en elucubraciones sobre las posibles “reales intensiones” en torno a estas intervenciones –que nos llevaría a un desarrollo de sospechas y pesimismos que no vale la pena mencionar aquí-, hay diversos factores que provocan resistencias frente a posibles trabajos en conjunto a estos organismos: la falta de sensibilidad a las necesidades reales en los espacios de intervención (que lleva, en muchos casos, a la invención o sobredimensionamiento de problemáticas, las cuales son más bien funcionales a la intención del organismo que a la atención sincera de necesidades), la exigencia de formar un aparato administrativo que consume un alto porcentaje del aporte y que no concuerda con las posibilidades de la comunidad receptora, la imposición de formas, ideas, mecanismos y estructuras como condicionantes para el percebimiento del apoyo, entre muchas otras cosas.

En otras palabras, la ejecución de estos proyectos suele resultar en dos caminos: tensión o funcionalidad. Tensión, en el sentido de las problemáticas que se originan a la hora de negociar los intereses y las posibilidades entre los actores en juego. Aunque generalmente la principal tensión suele darse a la hora de negociar las condiciones para la recepción de fondos y la resistencia de las instituciones receptoras a recibirlos. En cuanto a la funcionalidad, el camino se allana un poco más: los organismos receptores aceptan los condicionamientos sin crítica alguna, transformando su propia identidad e institucionalidad según las obligaciones decretadas.

Demás esta decir que este mismo panorama se dibuja entre las instituciones y comunidades eclesiales. Y en respuesta a tu pregunta, creo que existen dos factores para la construcción de estos apadrinamientos y sus respectivas dinámicas. Primero, el hecho de que las iglesias cristianas protestantes son en sí una institución social de gran influencia en las sociedades latinoamericanas. Tienen una llegada a diversos sectores sociales –especialmente marginados- con la que no cuentan otras organizaciones sociales. Es por este hecho que partidos políticos, organismos financieros, empresas y fundaciones internacionales están tan interesados en otorgar recursos para la ejecución de proyectos comunitarios. Segundo, las mismas instituciones eclesiásticas no poseen suficientes recursos para establecer proyectos y estructuras de trabajo en instancias de injerencia pública. Creo que una de las mayores razones de esta carencia es que las iglesias nunca han formado dinámicas de trabajo autosustentable ya que, en cierta forma, siempre han dependido de financiación externa. Resultado: necesitan de organismos financieros. Y aquí, el círculo comienza….

De aquí mi respuesta a tu primera pregunta: tal vez no diría que las iglesias se transformen íntegramente en agencias de cooperación –ya que su especificidad eclesial seguirá existiendo-, pero sí pueden asumir dicha lógica en varios aspectos de su institucionalidad (¡y su teología!), lo cual jugaría en contra en varios aspectos. Primero, en no crear esfuerzos de incidencia pública genuinos, desprendidos de los intereses de los organismos financieros. Segundo, en ceder su independencia y particularidad identitaria a causa de su funcionalidad con dichos organismos. Y tercero –tal vez el más delicado para mi-, diluir o fosilizar ciertos elementos teológicos que tienen que ver con la instancia diaconal de la comunidad de fe.

MD: Esta forma de buscar la sustentabilidad, ¿es la adecuada para el futuro de las iglesias?

NP:Yo diría más bien que no es la única forma, y que tal vez es la que mayores riesgos conlleva, como lo he mencionado antes. Por un lado, no niego la posibilidad de que estos tipos de esfuerzos sean posibles. Las comunidades religiosas son instituciones sociales con un lugar central dentro de los conglomerados latinoamericanos. Por ello, creo que es importante trabajar conjuntamente con diversas instituciones y organismos de financiamiento.

Pero, como dijimos, hay que perder la ingenuidad sobre lo que implica asumir una relación acrítica con ellos. Existe un gran peligro cuando se produce un tipo de funcionalidad que estanca la posibilidad del desarrollo genuino de esfuerzos locales de incidencia pública, por importar estructuras y crear instancias descontextualizadas a las particularidades del contexto, que además carecen de una proyección a largo plazo por falta de autosostenibilidad.

De aquí, me inclinaría a profundizar sobre dos aspectos. Primero, en replantear los mecanismos de diálogo y cooperación entre organismos de financiación y las instituciones locales ejecutoras. No podemos negar que los primeros, en una buena mayoría de los casos, aterrizan a nuestras instituciones con todo un programa y conjunto de condicionamientos prefabricados sin previa consulta y acuerdo. ¿Cómo crear una instancia de diálogo y planificación previos? ¿Se podrían establecer marcos referenciales generales, como puntos de partida para la investigación de las necesidades reales del contexto donde se desea trabajar?

Segundo, instaría a pensar formas alternativas de incidencia pública de parte de las iglesias. Creo que nuestras comunidades de fe poseen un gran potencial político y social, que van más allá de su relación con instancias paraeclesiásticas. Su constitución comunitaria, la proyección simbólica de su liturgia, el poder reflexivo de sus espacios educativos, entre otros aspectos, son espacios que tienen grandes implicancias para la proyección social de la especificidad de su identidad religiosa, eclesial y teológica. En este sentido, el trabajo en conjunto con otras instituciones es un elemento más, pero no el más determinante. Más aún: creo que lo central es cómo proyectar la fuerza social, comunitaria y política de su especificidad, antes de crear proyectos marginales a la estructura eclesial.

MD: Las iglesias históricas en América Latina particularmente están sufriendo conflictos internos, debido al abandono paulatino del trabajo pastoral. A tu criterio, ¿podrían las nuevas generaciones de líderes cambiar este sistema monetarista y asistencialista que se ha apoderado de las iglesias?

NP: Yo creo que sí. Más aún, es una obligación. Por una parte, todos estos conflictos son resultados de que las iglesias protestantes se han mal acostumbrado a ser sostenidas por fondos extranjeros, sin crear estructuras de trabajo propio y autosustentable. Hace más o menos 8 años que todas las instituciones protestantes –sean iglesias, ONGs, fundaciones, instituciones educativas, etc.- han entrado en una crisis financiera profunda ya que una mayoría de organismos financieros internacionales dejaron de aportar cuantiosas sumas de dinero –en un lapso muy corto de tiempo- para proyectos en América Latina, debido a que el eje se trasladó hacia África. Aunque por un lado hubo errores por parte de estos mismos organismos –que no midieron las implicancias de tal cambio, como tampoco las condiciones reales en que quedaban las instituciones locales- creo que una de las mayores falencias es que las instituciones locales de trabajo no supieron hacer proyecciones a largo plazo y crear estructuras de sustentabilidad apropiadas. Esto conlleva, por ende, a vivir en una constante dependencia de fondos externos.

Por otra parte, hay que revalorar el lugar de lo pastoral. Es conocida la frase: “tenemos que ayudar al prójimo, no hacer proselitismo”. Más allá de la verdad de esta afirmación, a veces se confunde proselitismo con el necesario trabajo pastoral que las comunidades eclesiales deben ejercer, transformándose así estos proyectos en instancias de simple asistencia comunitaria que no cubren otras áreas que son centrales. Además, refleja una visión estrecha de lo que implica la pastoral y la evangelización. Más aún, del lugar de la religión en la sociedad.

Las comunidades de fe son espacios de encuentro donde los sujetos creyentes construyen su identidad. En esta dirección, tienen un fuerte potencial para resignificar el sentido de los lazos sociales y de la dignificación de las personas. También ofrecen una serie de recursos simbólicos, discursivos e institucionales que la hacen un espacio con un gran poder pedagógico y educativo.

En resumen, las nuevas generaciones tienen la tarea de analizar las consecuencias no muy favorables que ha tenido la “compartimentación teológica” entre lo que se conoce como diaconía, misión, iglesia y evangelización. Más allá de que estos elementos teológicos contienen cierta especificidad, que requieren ser profundizados, no podemos continuar separándolas tajantemente como suele hacerse. Una reflexión que resignifique su unidad dentro de la especificidad de la comunidad de fe, podría lograr dos consecuencias importantes.

Primero, construir un marco teológico integral que provea de elementos críticos para analizar el tipo de relación que las instituciones eclesiales construyen con organismos financieros. De esta manera, los proyectos de injerencia social se inscribirán en un marco más amplio de trabajo desde el lugar de la comunidad eclesial, dejando así las lógicas asistencialistas.

En segundo lugar, permitirá repensar el lugar de la iglesia toda como un espacio de incidencia pública, y no solo como la ejecutora de un proyecto comunitario particular. Eso despierta un interrogante: ¿será que la iglesia actúa de esta manera para mantener aislados los proyectos sociales de su estructura? Viéndolo así, los trabajos comunitarios adquieren más una dinámica asistencialista que sirve simplemente para aplacar el cargo de conciencia. Superando estos reduccionismos, debemos procurar una visión del lugar público y social de las iglesias a través de una profunda resignificación de varios elementos teológicos, que permita crear una autocomprensión identitaria que sirva de punto de partida para considerar diversas alternativas de injerencia pública, dentro de ellas el trabajo con organismos financieros.

 

Martin Ignacio Diaz Velasquez

 

 

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