Archivos de la categoría ‘Misión Integral’

¿Tienes entrañas de hermano?

Publicado: noviembre 14, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernáandez

Retaz0s del evangelio a los pobres (XLIV)

 

¿Tienes entrañas de hermano?“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

 

 Desde el rastreo que estamos haciendo de loa Evangelios, buscando los retazos de las enseñanzas de Jesús sobre el Evangelio a los pobres, no podíamos dejar de lado la oración modelo que nos enseñó Jesús : La oración que nos hermana. Es un texto fundamental, un texto modelo para la comprensión de este tema que estamos tratando.

Los esquemas del Evangelio a los pobres impregnan toda la oración que Jesús nos dejó para que sepamos cómo dirigirnos a Dios en oración. Al decir “Padre nuestro”, nos estamos reconociendo como hermanos.

 Lógicamente, el Padre Nuestro no lo podemos tratar solamente en un artículo. Vamos a verlo poco a poco  para intentar sacar de esta oración la esencia de su contenido. Lo vamos a tratar en su totalidad, incluso rastreando lo que de Evangelio a los pobres puede haber en la invocación. Así, pues, Padre nuestro, Padre de todos, Padre que nos hermanas, aunque tu corazón lata tan cerca de los pobres, guíanos a todos en esta reflexión. Queremos seguirte en las líneas que tú trazaste nombrando a los pobres como destinatarios específicos de tu Evangelio. Queremos ser sus hermanos.

 Muchas veces no llegamos a la esencia de esta oración modelo porque es un texto excesivamente repetido . No es que sea malo repetirlo, sino que la excesiva repetición lo puede convertir en algo mecánico sobre el que no se reflexiona lo suficiente, o que, como ocurre en nuestro contexto católico español, se usa como algo mágico en contextos difíciles, se usa como una receta que se repite una y otra vez sin pensar en su contenido, como una especie de talismán o, simplemente, como penitencia.

Sin embargo, esta oración modelo es una oración totalmente comprometida, totalizante, solidaria, que nos hermana a todos en el camino de la vida sin olvidar nunca la necesidad de los más pobres a los que muchas veces no les llega el pan de cada día. Nos hermana con los desclasados y los proscritos.

Es por eso que vamos a ver esta oración modelo que nos deja Jesús, no solamente desde la reflexión y el respeto, sino desde la pasión que se debe tener ante algo fresco, la pasión que Jesús puso en la exposición de su Evangelio a los pobres… la pasión por la justicia que se debe hacer a los nuestros, a nuestros hermanos los más pobres.

 Comienza con una invocación:  “Padre nuestro” . Dios, Padre de todos. Los discípulos veían y escuchaban que Jesús oraba de una forma muy concreta. No a un Dios abstracto, ni a un Dios lejano, sino a su Padre.  ¿Qué tenían que hacer ellos? ¿Se podían dirigir a un Dios que agrupa al mundo como su familia, como sus hijos? ¿Eran ellos también hijos? Si así era, ¿eran hermanos todos los hombres? ¿Eran hermanos de los pobres, los marginados, excluidos y despojados de dignidad?

 El poder llamar todos a Dios padre, nos hermana . Ahí tienes a tus hermanos los pobres, los hambrientos del mundo… Jesús no les deja ni una sola duda:  “Cuando oréis hacedlo así: Padre nuestro” . Gracias a esta invocación que nos enseña Jesús, nos podemos llamar unos a otros hermanos. Pregúntate: ¿Por qué tengo tantos hermanos que no puede comer como yo? Son tus hermanos, son nuestros hermanos.

No dice “Padre mío”, aunque a veces lo usemos en nuestras oraciones. Jesús nos dice: Tenéis que usar el posesivo plural “nuestro”. Esto os ayudará a quitar todo vestigio de egoísmo personal, os hará más solidarios, se os hará más fácil el compartir… somos todos parte de una misma familia. Los pronombres posesivos “mi”, “mío” y “mis” son propios de personas que no se solidarizan con la oración modelo que nos dejó Jesús, que tienen dificultades para considerar al prójimo como hermano, que no les preocupa acumular, aunque el hermano pase hambre. Los que se comen la escasez del pobre, no son buenos hermanos. Tendrán dificultad para llamar a Dios “Padre”.

A estas personas que no se solidarizan ni siquiera en la oración reconociendo a Dios como Padre de todos, sólo les importa “lo mío y mi familia”, considerando por familia un pequeño grupo de cercanos sin que puedan extender la visión. Están rechazando a muchos de sus hermanos.

El pronombre nuestro, aplicado al Padre, nos amplía la visión por las sendas de la solidaridad, de la pertenencia común de todos, agranda la visión que nos dice que todo lo que hay en la tierra, todos sus bienes, son de nuestro Padre y, por tanto, de todos. El que haya empobrecidos, despojados y oprimidos, es un atentado contra el Padre que tenemos en común, el Padre de todos.

 Jesús critica a los que, en su vida social, usan demasiado los posesivos “mi”, “mío”, “mis”…  Recordad al rico necio. Su Dios eran sus posesiones. No tenía Padre común con nadie. Era un hijo egoísta que empobrecía a sus hermanos con sus injustas acumulaciones.

No podía decir, en ninguna manera,  “Padre nuestro” . Su Dios, su padre, su madre… eran sus posesiones. Su único padre era el dios Mammón, sus hermanos los acumuladores del mundo, hijos de Satanás.

Los que andan en estas líneas, al no tener un Padre común, tampoco tienen hermanos. Cierran su corazón al compartir. La oración modelo, que está en la línea del Evangelio a los pobres, es para ellos un sinsentido. Ni los pobres, ni los que sufren son sus hermanos. ¡Qué Evangelio puede existir para los egoístas de este mundo, anclados en el poseer y en el despojo de los débiles! Al único padre que reconocen es al dios Mammón, el dios de las riquezas, el dios mercado, el dios que encabeza la insolidaridad y las fuerzas del mal. Son hermanos interesados e injustos que se apropian de la escasez de sus hermanos pobres.

 El que no puede decir “Padre nuestro” le ocurre lo que al rico insensato de la parábola de Jesús: Habla consigo mismo . Su mundo se restringe. La pobreza en la que viven sus hermanos no le importa nada… porque no tiene, realmente, hermanos. Sus familiares son los que se pueden conjuntar y agrupar con los diferentes posesivos. Estos son los familiares de los insolidarios que no reconocen un Padre común: “mis bienes”, “mis frutos”, “mis graneros”… “mis cuentas corrientes”… “mi alma”.

¡Qué necedad! Estos insolidarios jamás podrán hacer la invocación con la que comienza la oración modelo. Su tiempo es una espera vacía. El sinsentido de su vida es breve:  “¡Necio! Esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿de quién será?”.  El no reconocer al Padre común, impidió al rico necio reconocer a los hermanos, y el no reconocer a los hermanos, le hundió en un soliloquio egoísta infernal que acaba en la muerte.

Es mejor el poder decir “Padre nuestro”. Es la base del Evangelio a los pobres, de la obra social cristiana, de la búsqueda de justicia, de toda denuncia social a favor de los desheredados de la tierra. Decir “Padre nuestro”, crea fraternidad universal, hermandad entre todos los hijos del mismo Padre, solidaridad entre los hombres… deseos de servicio. Deseos de justicia para los empobrecidos de la tierra.

 Señor, ayúdanos a hermanarnos a través de esta invocación.  Si nos quedamos en el “mi”, “mío”, “mis”, restringe nuestras posesiones y déjanos lo esencial para que podamos conservar la vida. Quizás desde el no tener, aprendamos a compartir esta vida que nos das. Que a través de ese “Padre nuestro”, podamos encontrar a nuestros hermanos. Te invocamos, Señor, te invocamos, Padre nuestro.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Francisco Martínez

Redes de migrantes cristianos en misión

Misión desde los pobres hacia los pobres.

 Un número creciente de iglesias latinas en Los Ángeles (y otras partes de los Estados Unidos) están ampliando sus ministerios a través de redes familiares o de amistades . Por causa de los patrones migratorios constantes y multi-direccionales estas iglesias están desarrollando ministerios transnacionales por medio de dichas redes.Siendo que  estos ministerios se desarrollan por medio de redes eclesiales locales, no caben dentro de la definición tradicional de misión como algo que comienza “aquí”, pero que se hace “allá”  (más allá de fronteras nacionales). Muchas iglesias tienen miembros que viven vida transnacionales, así que el cuidado pastoral también cruza fronteras. Estas tendencias son más evidentes entre iglesias pentecostales latinas, iglesias que conectan a Los Ángeles con el mundo y están cambiando las definiciones protestantes tradicionales de misión.

Los estudios de migración han demostrado que los migrantes de hoy están desarrollando y manteniendo redes familiares y sociales que crean identidades y compromisos transnacionales.  Casi todas estas personas son pobres, pero responden a compromisos económicos amplios.  Ellos apoyan a sus familiares en los Estados Unidos y a sus familiares en sus países de origen por medio del envío de remesas. Pero también siguen estas mismas redes para servir a otros.  Los cristianos entre ellos utilizan estás mismas redes para hacer misión en varias partes de América Latina y más allá.

 Estos cristianos e iglesias representan características importantes al pensar en la misión de la iglesia:

 1. Aunque son iglesias pobres son agentes de misión. Nunca se les “informó” que tenían que ser ricos para hacer misión. Hacen misión desde pobres hacia pobres. Sus proyectos de misión muchas veces cruzan fronteras nacionales, particularmente hacia América Latina.

 2. Para estas personas las fronteras son una molestia, no algo que les limita en su misión. Algunos países tratan de limitar su movimiento (particularmente los Estados Unidos), pero ellos siguen ministrando. Algunos son indocumentados y en ocasiones la deportación llega a ser su “llamado” misionero. Pero ellos son personas transnacionales y sus redes de misión también son transnacionales.

 3. Lo interesante es que éste no es un modelo nuevo de misión entre pentecostales latinos.  Algunas iglesias en Los Ángeles han estado siguiendo este modelo de misión por casi 100 años.

 4. Estas personas pobres hacen misión de forma más orgánica , siguiendo redes familiares y sociales en sus proyectos misionales. No siguen planes estratégicos, sino lo que ellos entienden como la dirección del Espíritu.

 5. Siendo que estos proyectos son misión de los pobres a los pobres, evitan muchos de los problemas de dependencia comunes entre proyectos de misión protestante en América Latina. Se toma por sentado que los nuevos proyectos y congregaciones tomarán responsabilidad económicamente desde un principio.

 6. Muchas veces los líderes de estos proyectos tienen poca experiencia misionológica, así que no siempre han reflexionado sobre las implicaciones de sus proyectos . Pero siendo que tienen relaciones ya establecidas con la población local parece que se absorbe el posible efecto negativo de los errores en el proceso de caminar juntos, pobres entre pobres.

 En conclusión, Dios está utilizando a cristianos latinos inmigrantes pobres para hacer misión en el mundo. Estos creyentes latinos son parte de un movimiento global de misión de pobres hacia otros pobres.

En el proceso de participar en la misión divina están cambiando los conceptos tradicionales de misión. Que Dios nos de ojos para ver y disposición para aprender de estos hermanos y hermanas que Dios está utilizando en América Latina y a través del mundo.

Autores: Juan Francisco Martínez
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Justicia para los hambrientos

Publicado: noviembre 3, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio para los pobres  (XLIII)

“Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados”. Lucas 6:21. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Mateo 5:6.

 Otra vez nos encontramos con que los dos evangelistas, Lucas y Mateo, dan versiones un tanto diferentes de esta bienaventuranza. Lucas es más concreto, práctico y sólo nos habla del hambre. Mateo suaviza, espiritualiza, concreta en un tipo de hambre: el hambre de justicia. Yo pienso que, como ocurre con otras bienaventuranzas, la distancia entre los dos apóstoles cuando formulan la bienaventuranza que oyeron de Jesús, tampoco están tan lejos.  El hambre de justicia, implica también el hambre de justicia redistributiva que afecta a los hambrientos de una forma tan transgresora de la justicia que Dios quiere que reine en el mundo.Aunque sólo se entendiera el hambre de la justicia total que Dios debe de tener, no hay duda que no puede quedar fuera la justicia redistributiva de los alimentos del mundo. Aunque fuera solamente hambre de justificación, el justificado tiene que amar al prójimo y, por ende, preocuparse de la justicia redistributiva de los alimentos del planeta que condenan a más de mil millones de personas en el mundo al hambre, a la muerte por hambre o a la infravida de los hambrientos del mundo.

 De todas formas, como ocurre con el caso de la bienaventuranza de los pobres o de los que lloran, el hambre en sí no puede ser deseada por nadie.  A lo largo de toda la Biblia hay un reguero que afecta a los hambrientos y Dios tiene que proveer para ellos, sea a través del maná, o sea a través de los milagros de Jesús. El hambre no puede ser deseada por nadie al ser una tragedia humana y, en el caso del mundo en donde el hambre podría ser vencida, es un escándalo de la historia de la humanidad. Jesús conoció el hambre y la sed material, física. No era ajeno a la tragedia de los hambrientos del mundo. ¿Por qué estos pueden ser felices? ¿En qué consiste su bienaventuranza? ¿Es sólo una bienaventuranza para el más allá? ¿No hay esperanza para los hambrientos del mundo en nuestro aquí y nuestro ahora?

 Metahistóricamente, de forma apocalíptica, sí se nos promete el final del hambre y del sufrimiento, pero Jesús se preocupó también de los pobres de la tierra en nuestro momento histórico, de los hambrientos del mundo.  La saciedad les puede llegar también en nuestra historia, en nuestra realidad. Quizás esto nos enlace con la relación entre la bienaventuranza de Mateo y Lucas. El hambre real de los que han de ser bienaventurados, debe ser saciada por la acción de aquellos que su hambre no es real, sino que tienen hambre y sed de justicia. La justicia social y redistributiva no puede estar excluida de la justicia global de Dios, de la justicia que él quiere que los bienaventurados busquen.

 La búsqueda de la justicia y la necesidad de que haya buscadores de justicia es un tema bíblico central.  Ya desde los profetas se nos insta a hacer y buscar justicia. En los valores del Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, también se nos habla de la justicia del Reino. No creo que esta justicia del Reino sea una justicia insolidaria que excluye la justicia que necesitan los hambrientos del mundo. Todo el que lucha por la justicia del Reino, tiene que luchar por la justicia que debe eliminar las injusticias que afectan a nuestro prójimo. La justicia del Reino implica la projimidad. Hacia la defensa del prójimo excluido y marginado se dirigen todos los valores del Reino que debe trastocar las justicias humanas y llegar a poner a los últimos como primeros.

Todos aquellos que han sido justificados deben ser también y, a su vez, buscadores de justicia. Estos no se pueden sentir contentos con las justicias humanas que, en la mayoría de los casos, son inmisericordes. La justicia de los justos, de los justificados, debe ser una justicia como la que nos trajo Jesús: una justicia misericordiosa. Los justos, entre los que se deberían encontrar los cristianos al haber sido justificados por Dios, no se deberían conformar con la justicia que les presenta el mundo. Debe ser una justicia misericordiosa que tiene en cuenta al que no tiene nada. Si la justicia humana es dar a cada uno lo suyo, la justicia de los justificados tiene que ver con aquellos que no tienen nada, con aquellos de los que no se puede invocar ni siquiera lo suyo.

 Loa hambrientos del mundo deben llegar a quedar saciados. Para ello tiene que haber derroches de amor, de justicia y de projimidad.  Los hambrientos del mundo necesitan pan y algo más: hay que devolverles su dignidad, hay que mostrarles el amor que emana del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones, hay que hacerles justicia… Yo, mientras haya tantos hambrientos en el mundo, no puedo entender a los cristianos que viven de espaldas a estos sufrientes de la tierra privándoles de su bienaventuranza. La bienaventuranza llegará en su plenitud cuando el Reino se haya alcanzado también plenamente.

Mientras, al igual que ya el Reino de Dios y sus valores ya están entre nosotros y hemos de acercarlos a los pobres, también hemos de acercar las posibilidades de vida justa a los hambrientos. Son nuestros prójimos. Necesitan de la mano tendida de los cristianos que dicen haber sido justificados que, llenos de hambre y sed de justicia, se acercan a sus prójimos empobrecidos y excluidos de los bienes del planeta tierra, a los hambrientos, para mostrar que hay pueblo justo, remanente justificado que, a su vez, practican la justicia. Así, también en nuestro aquí y nuestro ahora, podremos conseguir que la bienaventuranza llegue a los hambrientos del mundo. Es entonces cuando estaremos anticipando la bienaventuranza: “Bienaventurados los que tienen hambre, porque ellos serán saciados”. Aún es posible, en nuestro momento histórico, hacer felices a los hambrientos. Se necesitan agentes del Reino que tengan hambre y sed de justicia.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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by BEN STERNKE

Post image for A Word for Church Planters from HaggaiThis morning I was reading the Scriptures from the Daily Office Lectionary and felt like God encouraged me with one of the passages from Haggai. I also felt like it might be an encouraging word for others out there who are planting new expressions of church. So if you’re doing the slow work of rooting a community of faith in discipleship and mission, this one’s for you!The context is the rebuilding of the temple after the exile, and the Lord has “stirred up the spirit of the whole remnant of the people” to work on the building the house of the Lord, a place for him to dwell on earth. They begin in earnest, excited about the vision and expecting great things.

But pretty soon discouragement sets in. The work is hard. They are remembering the good old days of the former temple. They’re really not sure anymore if it’s going to be worth it in the end. So God sends them a word from the prophet Haggai:

“Who of you is left who saw this house in its former glory? How does it look to you now? Does it not seem to you like nothing? But now be strong… all you people of the land… and work. For I am with you,” declares the Lord Almighty… “And my Spirit remains among you. Do not fear.”

This is what the Lord Almighty says: “In a little while I will once more shake the heavens and the earth, the sea and the dry land. I will shake all nations, and what is desired by all nations will come, and I will fill this house with glory… the glory of this present house will be greater than the glory of the former house… and in this place I will grant peace.”

I think it might be a message for discouraged church planters, too. Those who are trying to plant churches rooted in discipleship and mission are often discouraged at the immensity and slowness of the task. It would be far easier (in some ways) to gather a crowd of eager consumers and give them what they want each week. When people are leaving and finances are tight, it’s hard to resist the temptation toward spiritual feudalism, where we as leaders act as providers of goods and services in exchange for a better paycheck and more people.

We are trying to build on an entirely different foundation (discipleship to Jesus). The foundation is the most important part of any structure, but it’s slow, messy, difficult work that doesn’t yield a lot of visible progress at the end of the day. If we’re discouraged about “results” the temptation will be to cut corners on the foundation.

So the encouragement for me this morning (and maybe for you) is simple, and straight from Haggai:

“Be strong and work, for I am with you.”

Though it doesn’t seem as impressive as other ministries or what you were involved in before, be strong and work, for I am with you, and my Spirit remains among you. You are digging deep and building strong foundations for a house that I can dwell in, a community I can live among. And while things look small and insignificant now, the glory of what is coming will be greater than the glory of what was.

Keep building the foundations of a house for me to live in, because this is ultimately what the world needs and desires. When you build with discipleship and mission, you are building on the unshakable foundation of my kingdom, and it will stand. I will fill my house with glory in time – for now, be strong and work, for I am with you.

Rituales de fachada e hipocresía

Publicado: octubre 24, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres  (XLII)
Rituales de fachada e hipocresía
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Mat. 5:7.

 

 El culto o ritual a Dios que no va precedido de la práctica de la misericordia es hipocresía.  Simple fachada religiosa. El culto debe estar impregnado, antecedido y seguido de la práctica de la misericordia para con los débiles del mundo.

Analizar el tema de la misericordia en esta serie en la que estamos hablando del Evangelio a los pobres y de la ayuda al prójimo, siguiendo las enseñanzas y ejemplo de Jesús, es un tema central y al que se le debería dar especial relieve. Además, la misericordia es una de las características de Dios, lento para la ira y grande en misericordia. De alguna manera, si el amor a Dios y el amor al prójimo están en relación de semejanza, a través de la misericordia el hombre se asemeja a Dios, participa de la divinidad.  El que llamándose cristiano es inmisericorde con el prójimo, es mentiroso. El no practicar la misericordia nos aleja de Dios. La práctica de ritos religiosos alejados de la misericordia, son simple fachada y nos hunde en la hipocresía. 

Jesús llama bienaventurados a los misericordiosos, porque nos acerca a la misericordia de Dios para con nosotros. Ante la falta de misericordia, los rituales y todo intento de culto a Dios se derrumban. No es posible hacer un ritual o culto agradable a Dios, si falla la misericordia.

 La misericordia es la característica central de toda acción social cristiana , de la práctica de la projimidad en la que tanto insistió Jesús. El samaritano de la parábola es buen prójimo, porque fue movido a misericordia. La actitud del sacerdote y del levita que dieron prioridad al ritual, es una actitud que condena y separa de Dios. No fueron movidos a misericordia. No sería posible ni siquiera entrar en el templo a los inmisericordes, a los que no se han reconciliado con el hermano, con el prójimo pobre, con el oprimido, con el excluido e indignamente tratado. Así, Jesús nos dice que antes de entrar en el templo nos reconciliemos con nuestro hermano. ¿Hasta qué punto tenemos esto en cuenta en nuestra práctica cúltica?

Los que no tienen misericordia con el prójimo en necesidad, con el prójimo robado, despojado, apaleado y tirado al lado del camino, como ocurre con los pobres y sufrientes del mundo, podrán asistir a las iglesias, practicar el ritual, leer la Biblia diariamente, alabar, orar, hacer genuflexiones, levantar las manos… No vale para nada. Las ventanas de los cielos están cerradas para ellos y Dios es sordo a las plegarias de los que no practican la misericordia. No pueden ser bienaventurados.

 Si analizamos la vida de Jesús, sus enseñanzas y sus hechos, veremos que la vida del Maestro es un grito urgente por misericordia. De nada valen los diezmos ni los sacrificios : “Misericordia quiero y no sacrificio”, nos dirá el Señor. La Biblia nos insiste en que si supiéramos lo que significa “misericordia quiero y no sacrificio”, no condenaríamos a tantos inocentes del mundo.

Jesús critica a los religiosos que practican toda clase de ritual, que incluso se esfuerzan por diezmar la menta, el eneldo y el comino. O sea, personas que se toman en serio lo que creen ser sus responsabilidades para con Dios, incluso diezmando sus haberes para dar al templo. Pero vemos a Jesús gritar contra ellos de una forma tremendamente dura y fuerte: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe”.

 Es importante ver cómo en este trío de conceptos, Jesús relaciona la misericordia con la justicia.  La justicia y la misericordia deben marchar juntas. Los misericordiosos deben caminar de la mano de la justicia. Este es un concepto fundamental en la acción social cristiana para superar el asistencialismo. La misericordia es fundamental, pero se sublima cuando se une a la búsqueda de la justicia en el mundo. También es importante ver como se junta, en estos tres conceptos, la misericordia con la fe. La fe también es un motor de acción. San Pablo define a la fe como actuando por el amor. Amor es el otro concepto que habría que añadir a la misericordia. Conceptos coimplicados con el culto.

Los religiosos que se centran en la práctica de los rituales y que siguen su ética de cumplimiento con aquello que se les demanda en relación con el culto y con el templo, pero que no son misericordiosos, están mutilando el auténtico Evangelio. Jamás podrán ser bienaventurados. Tienen que ser movidos a misericordia, que es también una característica de Dios mismo que es movido a misericordia para con nosotros.

Dios, que es misericordioso para con nosotros, quiere que nosotros también seamos misericordiosos para con nuestro prójimo en necesidad. Si recibimos la misericordia de Dios, sin dar nosotros misericordia a nuestro prójimo, somos peores que los ateos. El mandamiento de Dios es claro: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre que está en los cielos es misericordioso”. Así, el que no practica la misericordia, aunque huela a incienso o a sacristía, su olor religioso será falso. Cuando falta el olor de la misericordia, todo el cumplimiento religioso se transforma en hipocresía. Nos convertimos en sepulcros blanqueados por fuera, pero que por dentro son putrefacción. Nuestros cultos se convierten en cultos de fachada e hipocresía.

 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”, dice la bienaventuranza. No pretendamos alcanzar nunca la misericordia de Dios desde la indiferencia ante el dolor del prójimo empobrecido y marginado , no pretendamos alcanzar la misericordia de Dios desde el ritual insolidario con el prójimo e inmisericorde. No pretendamos hacer un culto acepto a Dios, de forma inmisericorde para con los pobres de la tierra, para con los sufrientes del mundo.

No nos equivoquemos, no sea que en nuestra vivencia religiosa estemos colando el mosquito y nos estemos tragando el camello. El camello de la opresión, el despojo del prójimo sumido en pobreza y en la infravida y el camello de la injusticia que impera en un mundo desigual… el gran camello de la falta de misericordia. Camello que derrumba toda la estructura cúltica.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Compañero de los olvidados

Publicado: octubre 24, 2011 en Misión Integral

El sol comenzará a despuntar

Publicado: octubre 17, 2011 en Iglesia, Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XLI)
El sol comenzará a despuntar“Mas en la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar… ¡Un fantasma!… ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” Mateo 14:25-27. Texto completo en Mateo 14:22-33.

 

 Es la cuarta vigilia de la noche. Es el momento del horror, del problema, de la pesadilla.  Es cuando uno casi ni siquiera se considera humano. Es como en las peores pesadillas de Kafka. Uno se siente un insecto retorcido, abandonado, infravalorado, privado de dignidad. La noche parece eterna. Uno está en un túnel que parece que no tiene fin… No hay solución. Nadie vendrá. Nadie puede ayudarme.

Puede ser el problema de los pobres del mundo, de los hambrientos. Los niños mueren en los brazos de sus madres por falta de alimentación. No hay salida, no hay esperanza. Se está en medio del mar encrespado. Nadie viene dispuesto a la ayuda. Es la situación de muchos de los desempleados en el mundo. Sobrante humano. Ni siquiera quieren explotarlos como en los momentos de las peores revoluciones industriales… Uno de los pobres en una situación de pobreza y de exclusión extrema, me decía: “No soy nada, un bulto, un poco de grasa”. Una barca rota azotada por las olas de un mar encrespado en la que sólo queda ya, por unos minutos, una tabla de salvación. Todo se ha ido a la deriva. La tabla pronto dejará de sostenerme.

También otro tipo de sufrientes: los enfermos que sufren dolor y están desahuciados en situaciones límite, los maltratados, los torturados, los despreciados, los infravalorados y robados de dignidad. Vidas azotadas y lanzadas en medio de la cuarta vigilia de la noche en medio de un mar encrespado. El horror, la desesperanza.

 ¿Hay algún mensaje para ellos? ¿Se puede andar sobre el sufrimiento, sobre el horror y la tragedia?  ¿Podemos andar sobre nuestro propio problema? El texto que comentamos es el de los discípulos en medio de la cuarta vigilia de la noche, azotados por un fuerte viento y con grandes olas que hacían naufragar la pequeña barquilla en la que iban. Todo un símbolo del sufrimiento humano. ¿Cómo podremos andar sobre nuestro problema?

 Jesús da ejemplo: aparece andando sobre el problema de sus discípulos.  Se puede andar sobre la causa del sufrimiento de los otros para intentar que ellos también puedan caminar por encima de sus horrores. En medio de la cuarta vigilia de la noche y de las ondas, las olas y los vientos, el sol puede comenzar a despuntar. No es fácil. Cuando la noche es dura y oscura, cuando sólo se perciben tinieblas, puede que los sufrientes del mundo, al acercárseles Jesús, aunque sea por medio de sus discípulos y de sus seguidores en el mundo, pueden parecer fantasmas.

Los cristianos necesitan identificarse en medio del sufrimiento de los pobres, oprimidos, torturados y marginados del mundo. En medio de los sufrientes de nuestra historia. Para eso tenemos que aprender a andar sobre las olas, las ondas y los vientos del sufrimiento humano, aprender a andar sobre las injusticias, los desequilibrios y las causas de la pobreza y del sufrimiento con pies solidarios, bocas denunciadoras y brazos arremangados dispuestos al servicio.

 Jesús puede caminar sobre las aguas encrespadas del sufrimiento humano y nos pide que nosotros también aprendamos a caminar sobre estos vientos y olas. Si nos perciben como fantasmas, debemos de identificarnos: Tened ánimo. Somos nosotros, los seguidores del Dios altísimo. Queremos ayudaros  a que vosotros también podáis caminar sobre la cuarta vigilia de vuestra noche, sobre las aguas encrespadas de vuestro sufrimiento. Contáis con la solidaridad, la voz y el compromiso con la justicia de todo un pueblo. Somos el pueblo de Dios, agentes de liberación, manos tendidas que os ayudarán a caminar sobre las aguas en la cuarta vigilia de la noche de vuestro sufrimiento.

Los cristianos debemos trabajar para que el sol comience a despuntar en los lugares de conflicto, en los focos de marginación, en las zonas de mayor pobreza. El sol no comenzará a despuntar hasta que nosotros, siguiendo las órdenes del Maestro, no nos lancemos a caminar sobre las aguas encrespadas en las que están tantos de nuestros coetáneos.

Si el pueblo empobrecido y sufriente, cuando nos acercamos a ellos, nos confunden en medio de su noche con fantasmas, como ocurrió a los discípulos con Jesús, ¿tenemos nosotros argumentos suficientes para identificarnos como agentes de liberación del Reino? Jesús fue contundente: “Tened ánimo; yo soy, no temáis”. Y los discípulos identificaron a Jesús después de haberle confundido con un fantasma.

 ¿Tenemos las suficientes señas de identidad los cristianos para con los pobres, los oprimidos y los sufrientes del mundo que están en su cuarta vigilia de la noche, en medio de su valle de sombras de muerte?  ¿Podemos los cristianos decir con autoridad a los pobres y excluidos de la tierra que tengan ánimo, que somos nosotros, los seguidores del Maestro y que echen fuera todo temor?

El Apóstol Pedro pudo andar sobre las aguas encrespadas en la cuarta vigilia de la noche, mientras mantuvo su mirada fija en el Señor. Cuando miró los problemas, los vientos y las olas gigantes, comenzó a hundirse. Nos da la clave para poder enseñar a caminar a otros sobre su sufrimiento: Hay que mantener la mirada fija en el Señor. Mantener la mirada fija en su ejemplo, en sus prioridades, sus estilos de vida, su denuncia y su compromiso con los débiles del mundo.

 Podemos actuar. ¿Por qué dudamos, hombres de poca fe?  Yo muchas veces no encuentro salida para la acción en el mundo. Me limito a mi trabajo con los pobres de la tierra en Misión Urbana. No tengo ni los medios, ni las relaciones, ni las infraestructuras suficientes. Me gustaría tener y dar más visión. Es posible actuar. Es posible caminar sobre las aguas. Es posible sanar heridas y comunicar paz y felicidad. Los cristianos del mundo deberían ser más esa levadura que ponga en movimiento la solidaridad de los cristianos de la tierra. Si se consiguiera, los vientos se calmarían, volvería la paz que se fundamenta en la justicia… y el sol comenzaría a despuntar. ¡Levantaos, cristianos del mundo, y comenzad a caminar sobre las aguas! El sol de justicia puede deslumbrar la tierra y curar todas las heridas.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres  (XL)
¿Dónde estás, dónde te escondes, Señor?“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario”. Mateo 14:24. Texto completo en Mateo 14:22-33.
 Muchos se preguntan que dónde está el Señor en los momentos difíciles que tenemos que pasar , que dónde está el Señor en medio de la noche de los pobres del mundo, de los abandonados y proscritos de la historia, de los sufrientes de la tierra. ¿Dónde estás, Señor? ¿Dónde te escondes? ¿Acaso nos has abandonado? Pareciera que, en estos casos, quisiera resurgir el grito de Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, ¿por qué nos has abandonado, por qué has abandonado a tantos hambrientos, pobres y sufrientes de la historia?Debemos tener mucho cuidado para no culpar a Dios de los hechos realizados en el mundo por los injustos de la tierra, los que desequilibran el mundo acumulando y guardando en sus almacenes como el rico necio de la parábola bíblica que nos dejó Jesús. No obstante, el pasaje de los discípulos azotados en el mar en soledad y abandono, sin la presencia del Maestro, nos hace pensar en el sufrimiento del mundo.

 Este pasaje de los discípulos, azotados por las olas y las ondas del mar, podríamos tomarlo de forma alegórica y hacer de ello un simbolismo universal , una alegoría del sufrimiento humano, un icono de cuando el hombre se ve abandonado a las fuerzas del sufrimiento, un símbolo del sufrimiento aplicable a la tragedia del sufrimiento del mundo, del horror que tienen que vivir los hambrientos y los pobres de la tierra en su infravida.

Nos encontramos con la alegoría del mar, de las olas y de las ondas. La alegoría del viento fuerte y la alegoría de la noche, la cuarta vigilia de la noche. Las tres alegorías pueden acercarnos al sufrimiento humano, a las situaciones de emergencia, de conflicto. A las situaciones de angustia que tienen que vivir los desheredados de la tierra, la depresión y el sinvivir de los excluidos del mundo, de los robados de dignidad.

Los pobres del mundo, los sufrientes y los abatidos, los marginados y excluidos, pueden clamar con el salmista: “Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”. Los pobres buscan misericordia esperando en el Señor, pero, en el mundo, el trigo y la cizaña crecen juntos y hay que esperar a que el Señor separe esta cizaña del trigo para quemarla y que se produzca la auténtica liberación y la auténtica justicia. Mientras, nosotros tenemos que ser las manos y los pies del Señor intentando justicia para el mundo injusto.

 Jesús parece que no está.  Las olas nos azotan. Nos sobrecoge el temor y la angustia, el hambre, la escasez de agua potable, la falta de medicinas… Situaciones terribles en donde parece que el Señor se ha escondido, nos ha abandonado. La alegoría del viento fuerte que nos zarandea. El viento nos es contrario. Hay injusticias, opresiones, despojos, acumulaciones injustas… El hombre azotado y llevado de un lado a otro, a la deriva, ante la mirada insolidaria de los que llenan sus graneros inmisericordemente. Muchos azotados, sin dirección, por vientos agresivos.

Vidas que se derrumban y que se quedan en la infravida, en el no ser de la marginación, por el azote de los vientos de maldad o de injusticia… y la noche. La cuarta vigilia de la noche de los pobres de la tierra. El reino de las sombras, el “valle de sombras de muerte”, como dice el salmista. No es solamente “la noche oscura del alma” de los místicos, sino la noche oscura también del debilitamiento de los cuerpos, de la falta de capacitación, de lo mínimo imprescindible para vivir con dignidad. “Por la noche durará el lloro”, dice el salmista. La alegoría de la noche oscura como una amenaza de desastre y depresión.

 ¿Quién es suficientemente fuerte para hacer frente él sólo a las fuerzas de estos vientos y de esta noche oscura, de estas ondas y olas de la injusticia y del mal?  La frágil barca de la vida no puede resistir a los embates de los injustos…. Mientras, parece que Dios está retirado y como ajeno a la tragedia del hombre. ¿Dónde está Dios en estos momentos de sufrimiento? ¿Por qué deja Dios avanzar a tantos hombres hasta la cuarta vigilia de la noche del sufrimiento humano? ¿Por qué no abate y destruye Dios a los injustos y opresores de más de media humanidad?

El sufrimiento humano es un misterio difícil de comprender. Así pueden pasar años, siglos… como si la esperanza ya no pudiera resistir. Momentos cruciales. Nadie vendrá. Dios nos ha dejado. Nadie nos ayuda. Nadie nos quiere. Nadie nos puede tender una mano. Es el momento de tensión, de hambre, de sufrimiento, de soledad. Es entonces, cuando todos nos miran como sobrante humano, como despojo innecesario, cuando el Señor aparece. Y si le preguntamos, es posible que su respuesta nos vuelva a sumir en el misterio: “Bástate mi gracia. Mi poder se perfecciona en la debilidad”.

 Jesús se acerca en medio de la vigilia de la noche, del sufrimiento, de la tragedia, andando sobre las aguas, sobre las olas y las ondas de nuestro sufrimiento y nos llama para que nosotros también andemos sobre esas aguas.  El problema es, cuando en medio del dolor y del sufrimiento, podemos confundir al Señor con un fantasma, como ocurrió a los discípulos en medio de su sufrimiento en medio de las olas y las ondas encrespadas.

Dios no está ausente, no se ha escondido, no se ha ocultado. Está ahí andando sobre los elementos que nos azotan… sufriendo con nosotros. Mientras, nos pide que, en fe, andemos por las aguas. ¿Quiénes podrán andar sobre las aguas para ser manos tendidas de ayuda, para vencer a los elementos injustos y asesinos de la vida de los que están en el no ser de la marginación, la pobreza y el hambre?

 Atrévete a andar sobre las aguas. Conviértete en enemigo de las tinieblas, de la noche oscura. Trabaja en el “todavía no” del reino en el que estamos hasta que llegue la guadaña que corte la cizaña.  Sé portador de los valores del Reino y las manos y los pies del Señor que se mueven en medio de las olas y las sombras del sufrimiento. Dios no nos ha dejado. Camina delante de nosotros por las encrespadas olas del sufrimiento humano y, cuando le seguimos y nos convertimos en manos sanadoras y diacónicas en ayuda del prójimo sufriente nos dice: “Por mí lo hicisteis”. Es entonces cuando podremos romper a llorar de gozo.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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