Archivos de la categoría ‘Misión Integral’


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (LI)

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

 

Este texto,  “perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” , interpretado desde los parámetros del Evangelio a los pobres, tiene hoy una significación muy específica y muy especial.  El mundo rico tiene a los pobres como deudores.  Los pobres, con su sacrificio, están financiando al mundo rico en concepto de una deuda contraída que se les exige que devuelvan. Duras políticas de ajustes para que esa deuda pueda ir siendo saldada, hace que muchos niños pasen hambre y, en su caso mueran. El mundo rico, una minoría en la opulencia y entre ellos muchos denominados cristianos, tiene al mundo pobre, al ochenta por ciento de la humanidad, como deudor… y siguen orando o rezando en las iglesias o en sus casas:  “perdónanos como nosotros perdonamos” . Esto es un atentado contra el Evangelio. Más aún, si pensamos en el Evangelio a los pobres.

 Esta quinta petición del Padre nuestro, me recuerda a la parábola de los dos deudores : el rico que había sido perdonado, los instalados en la sociedad a los que, no sé quién, les ha perdonado una gran deuda con la humanidad debido a sus acumulaciones injustas que nadie reclama ni condena, agarran por el cuello al deudor pobre y lo pone en aprietos de muerte, usa como esclavos a su familia y a sus hijos, hasta que acabe pagando la deuda… No hay misericordia. El pobre es considerado como deudor y se le aprieta hasta que ya no puede más. Hoy este texto clama y grita alrededor de un tema vital para muchos pobres: la deuda externa.

 Aquí hay un tema importante, si quisiéramos, como cristianos, poder orar esta petición a nuestro Padre, si fuéramos coherentes con la Biblia y con nuestra fe, deberíamos estar clamando por perdón al mundo pobre.  Muchos cristianos han tomado como base el tema del jubileo que aparece en las Escrituras. Debería clamarse por un jubileo universal y luchar por ello en busca de una mayor justicia en el mundo, para que nosotros, los cristianos, pudiéramos orar con tranquilidad y coherencia en la línea que nos marca esta quita petición:  “perdónanos como nosotros perdonamos” . Si no, los valores bíblicos, los valores que estamos viendo del Evangelio a los pobres, nos están condenando por nuestra falta de capacidad para perdonar.

Los cristianos deberíamos usar nuestra voz y nuestras fuerzas, nuestra capacidad de influencia y de denuncia, para que se fueran dando pasos en la dirección de la condonación de la deuda. Quizás así tendría sentido el que pidiéramos a Dios el ser perdonados así como nosotros perdonamos a los que nos deben, a nuestros deudores.

 Es verdad que el tema de la petición de perdón en la línea de esta petición del Padre nuestro, no se reduce al tema de esta deuda que los ricos reclaman de los pobres. Esta petición se puede aplicar en todos los órdenes de la vida , en las relaciones entre los hombres en general, entre los creyentes en el seno de las iglesias, en las relaciones de vecinos o de trabajo…, pero en este contexto que estamos tratando de los valores y las líneas del Evangelio a los pobres, encaja de una manera tal, que el mundo rico se siente interpelado por esta petición del Padre nuestro.

Se da en la situación del mundo un contrasentido, una esquizofrenia en la humanidad. Los países ricos que son deudores para con los países pobres por sus despojos, sus acumulaciones y gastos de energías, alimentos y bienes y servicios sin límite ante un Lázaro agonizante como es el inmenso mundo pobre, llaman deudores a los despojados y excluidos. ¿Quién es, realmente, el deudor y cuál es la cuantía de la deuda de cada uno? Por eso esta quinta petición del Padre nuestro me recuerda a aquella parábola tan llamativa de los dos deudores. Una parábola trágica y sangrienta, escandalosa y vergonzosa para el género humano.

 A los deudores ricos, el mundo les perdona y les rinde pleitesía. Con los deudores pobres se sigue la línea de la parábola: Se les tiene agarrados por el cuello hasta que paguen el último céntimo.  Así, la petición  “perdónanos como somos perdonados” , afecta al mundo en el que vivimos. Nos pone en evidencia ante el mundo pobre que pidió unos créditos que se ofertaban en épocas de crisis por gran liquidez, mientras que olvidamos al gran deudor, al deudor real, al deudor con respecto a las vidas y haciendas de los pobres del mundo.

Recordemos la historia de las conquistas, analicemos el trabajo de las multinacionales en el mundo hoy, analicemos las políticas de ajuste que se hacen para el mundo pobre hoy, por donde van y a quién pertenecen los flujos de dinero que circulan por el mundo intentando multiplicarse a costa de los más débiles del sistema.

Se podría afirmar con rotundidad: El mundo rico es deudor en grandísimas cuantías y no es capaz de personar la insignificante deuda de su hermano en el mundo pobre. Así, esta quinta petición del Padre nuestro resuena en el mundo hoy como una llamada de atención desde lo alto, como una llamada de atención de Jesús al perdón entre los hombres, a la reconciliación.

 El perdón no sólo debemos practicarlo entre los hermanos miembros de una misma iglesia, no sólo hemos de practicarlos en el seno de la familia, sino en el seno de esa gran familia que es el mundo entero . Yo creo que pocos en el mundo hoy se atreven a orar pidiendo al Señor que le perdone en la misma manera que él perdona. Así, muchas veces nos avergonzamos ante esta petición y la rezamos automática y repetitivamente sin fijarnos en lo que pedimos ni en la trascendencia de nuestra petición.

Tenemos que volvernos a Dios y pedirle que nos ayude a vivir de manera que podamos hacer esta petición de forma consecuente y sin tener que avergonzarnos.

Señor, no te pido que no nos perdones si no perdonamos. No me atrevo. Sí te pido que nos ayudes a poner en orden nuestra vida para poder ser consecuentes con esta petición, que afecta tanto al mundo, en la línea del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

El grito por el “cada día”

Publicado: enero 10, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández 

Retazos del evangelio a los pobres (L)

 
“… de cada día, dánoslo hoy”. Texto completo Mateo 6:9-15.

 

Esta frase de la cuarta petición del Padre nuestro,  esta especificación que se le añade a la petición del  “pan nuestro”  que nos lo tiene que dar  “hoy” , estas palabras que nos dicen que tenemos que esperar este pan  “cada día”, es una frase contra los acumuladores del mundo, contra los que se quieren asegurar su pan y el de sus hijos durante años y años.Está en contra de los que quieren convertir el  “hoy”  y el  “cada día”  del Padre nuestro en la frase del rico necio:  “Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años” . Esta forma de pensar del rico acumulador es necedad para Dios. Es tan trágica esta forma de pensar de los que pasan del  “cada día”  y del  “hoy”  a los  “muchos años” , que Dios arranca de la vida a este rico que desequilibraba al mundo sumiendo a tantos en la pobreza. Lo arranca de la vida, a favor de la vida de los pobres de loa que se preocupa en su Evangelio.

 No debemos colocar ni guardar en nuestros almacenes lo que va a significar la escasez del pobre.  Dios nos puede arrancar de la vida presente o futura. La forma de pensar del rico acumulador, su deseo de asegurarse en la tierra el alimento para  “muchos años”  va en contra de los principios del Evangelio a los pobres.

Los que quieren tranquilizar sus conciencias no confiando en la provisión diaria de Dios, sino luchando por la necedad de la acumulación, no puede ni deben orar el Padre nuestro. Esta frase de la cuarta petición,  “de cada día, dánoslo hoy” , los delataría. El Padre nuestro nos lleva al  “hoy”  de nuestro pan, a la frase de Jesús:  “basta a cada día su propio afán” .

Jesús, en la línea del Evangelio a los pobres, no quiere que nos preocupemos del día de mañana, no desea que los que le siguen estén en ansiosa inquietud por lo que han de comer, beber o guardar. Esa ansiosa inquietud que lleva a muchos a amasar fortunas desequilibrantes del mundo y generadoras de pobreza, es un mal para toda la humanidad, es un mal que sume a las tres cuartas partes de la humanidad en la pobreza.

 Los acumuladores del mundo que tienen asegurado el pan para  “muchos años” , no deberían orar, ni rezar, ni repetir esta oración. Es un sinsentido para ellos.  Un acumulador no puede orar diciéndole a Dios “dame el pan que necesito hoy”… cuando está rodeado de sobras, de sobras que son el fundamento de la escasez del pobre, del que, realmente, se pone ante su Dios implorando por “ el pan nuestro de cada día” , por el pan de  “hoy” .

Hay que tener cuidado al orar en la línea que nos marca la oración modelo que nos dejó Jesús. Esta oración está, sin duda, en la línea del Evangelio a los pobres. La oración modelo de Jesús está hecha para los que miran cada día al Señor esperando que Él les dé su alimento. Está en la línea de lo que dice la Biblia:  “Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su alimento a su tiempo” . Esperan en ti  “cada día” , esperan en ti  “hoy” . Los que tienen todo tan asegurado porque han almacenado, no pueden esperar así en el Señor. Estas frases bíblicas no están dichas ni escritas pensando en los ricos acumuladores. Están dentro de los parámetros de los que quieren seguir su Evangelio tan directamente orientado hacia los pobres y excluidos del sistema, los echados fuera de las estructuras económicas marginantes y excluyentes.

Los necios acumuladores no tienen control ni del tiempo ni de la vida. Comen y beben, acumulan y gastan como si la vida no tuviera fin, como si el tiempo que van a estar disfrutando de lo almacenado fuera eterno. Así, guardan como si fueran a vivir miles de años, como si sus fortunas les fueran a acompañar eternamente. La frase de Jesús para estos acumuladores es:  “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has almacenado, ¿para quién será?”. 

No obstante, algunos necios y que están fuera de los parámetros del Evangelio a los pobres, se justifican pensando y diciendo que lo que hacen, lo que construyen, lo que guardan, es para sus hijos, para sus nietos… para los suyos que le vayan a sobrevivir. La cuarta petición del Padre nuestro está vedada para ellos. Sería un contrasentido que oraran al Dios justo pidiendo el pan nuestro de cada día y rogando ese pan para el día de hoy, cuando se están regocijando en lo que tienen guardado para  “muchos años” .

 Esta petición del Padre nuestro, en la línea del Evangelio a los pobres, quiere cortar y condenar el deseo de acumulación humana sin límite.  No hay límites para el corazón de los acumuladores. Todo es querer más y más y más… para  “muchos años” . No importa para nada el que se queda tirado al lado del camino. Por encima de todo está el egoísmo y la codicia humana. Hoy, los tirados al lado del camino, en la pobreza y en la escasez de pan o, en su caso, el no poder comer hasta morir de hambre, son tantos, tantos millones que el escándalo y vergüenza humana del que hemos hablado en relación con la pobreza grita contra los que tienen almacenado para muchos años.

Estas palabras de la cuarta petición del Padre nuestro, son un grito sosegado que se fragua al lado de los pobres, de los que tienen sus estómagos vacíos, de los hambrientos del mundo. Es una frase que quiere motivar a los cristianos que, honestamente delante de su Dios, pueden decir:  “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” . Nosotros, los que queremos seguir a Jesús en compromiso con su Evangelio, tenemos que seguir orando así: Danos hoy nuestro pan cotidiano, el de cada día.

 Señor, no nos des las falsas seguridades de los acumuladores de este mundo. Permítenos el poder seguir pidiéndote por el pan de  “cada día” , por el pan de  “hoy”,  el “nuestro” , el de todos.  Permítenos seguir viviendo en la sencillez de tu Evangelio a los pobres… No nos arranques de la faz de una tierra preñada de hambrientos, para que seamos el fermento que ésta necesita para encontrar justicia. Señor, danos hoy del pan que necesitamos… dánoslo a todos comenzando, como exige tu Evangelio a los pobres, por los últimos.

 

 

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

 

La boca de los hambrientos

Publicado: diciembre 19, 2011 en Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XLIX)

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Texto completo: Mateo 6:9-15.

Esta cuarta petición del Padre nuestro es central para el Evangelio a los pobres, para los pobres de la tierra, aunque no sólo para ellos. Nos implica a todos. Habla del “pan nuestro” como si quisiera dar una llamada de atención a los que creen que “su” pan es sólo de ellos, que no necesitan compartirlo, que no creen en el pan compartido. En la oración modelo nadie dice: Señor, dame “mi pan”. Es “el pan nuestro”. ¿Puedes orar esto posicionándote en la boca de los hambrientos?

El pan del mundo es de todos, es el pan nuestro, el pan solidario que hemos de desear para todos. Estar harto de “mi pan”, sin acordarse de los otros, del pan que es de todos, es egoísmo que separa de Dios. El “pan nuestro” es un pan solidario que pertenece a todos, del que todos han de participar de forma igualitaria. El acumular “mi pan” sin pensar en el “pan nuestro” , es una forma de despojo, es hacernos cómplices de los acumuladores del mundo, de los que no piensan en los pobres, en el prójimo hambriento… Desde ahí nunca se podrá entender, ni practicar, ni vivir el Evangelio a los pobres.

La cuarta petición del Padre nuestro, “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” , es una frase solidaria con los pobres del mundo y es una petición necesaria de los pobres de la tierra. Para nosotros, los que estamos integrados dentro del sistema y no nos hemos quedado tirados al lado del camino, debe ser una frase solidaria con los que sufren, con los que tienen hambre, con los niños que no superan los primeros días, meses o años de vida por falta de alimentación. “El pan nuestro” debería ser una petición que en la iglesia nos dejara inquietos hasta ponernos a trabajar en la diaconía, hasta abrir nuestras bocas para que salieran voces de denuncia y de petición de ayuda para nuestros hermanos que no tienen qué comer, hasta poner todo lo que tenemos en las manos del Señor para que se produjera de nuevo el milagro de los panes y los peces.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” . ¡Qué diferente suena esta frase, cuando se ora, o se reza, o se repite en ambientes cristianos del mundo rico, a cuando esta frase, esta petición se hace desde el mundo pobre, desde la pobreza o el hambre! Esta petición conmueve más cuando sale de la boca de los hambrientos del mundo, de las madres que están perdiendo a sus hijos por falta de alimentación.

Pues bien, los que estamos integrados en los parámetros del mundo rico, cuando hacemos esta petición, la deberíamos hacer pensando qué significa este ruego en boca de una madre que está viendo como su hijo se le va poco a poco por la falta de este pan cotidiano. Señor, danos el pan nuestro . Sería entonces cuando esta frase sonaría con autenticidad, cuando esta frase nos solidarizaría con los pobres de la tierra, cuando esta frase nos pondría a disposición del Señor para ser sus manos y sus pies en medio de un mundo donde reina el hambre y la pobreza, donde reina el despojo y la exclusión de tantos que deberían participar de ese “pan nuestro” . Sería entonces cuando comenzaríamos a entender lo que significa el Evangelio a los pobres.

El ruego en oración, “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” , dentro de nuestro propio contexto del mundo rico, también suena diferente cuando lo pronuncian los ciudadanos integrados en el mundo del trabajo, fundamentalmente en estos años de crisis, que cuando lo pronuncia un desempleado. Es diferente cuando lo pronuncia un integrado en el mundo de la economía, la sociedad y la cultura, que cuando la pronuncia un inmigrante desarraigado, mendigando que alguien le explote en algún empleo secundario y duro con tal de poder dar pan a sus hijos.

Esta frase, partiendo de las diferentes necesidades y sensibilidades ante el hambre, la deberíamos decir todos desde la solidaridad con los pobres, con los desempleados, con los inmigrantes desarraigados, con los pobres lacerantes del Cuanto Mundo Urbano, con los pobres del mundo. Deberíamos hacer un esfuerzo de identificación con los estómagos vacíos o infraalimentados para encontrar el auténtico sentido de esta petición. Este pedir por “nuestro pan” debería conseguir que las lágrimas se asomaran a nuestros ojos en solidaridad con el sufrimiento de los pobres y los hambrientos del mundo. Esta frase de oración la deberíamos decir siempre pensando en el que no tiene, en el que pasa hambre.

Esta frase oratoria, siguiendo las líneas de Jesús en su Evangelio a los pobres, la deberíamos decir en contextos donde pudiera sonar como denuncia, como sensibilización social. La deberíamos decir en compromiso con los pobres de la tierra y trabajando por la justicia en el mundo, por una justa y mejor redistribución de bienes del planeta tierra. Deberíamos hacer esta petición con temor y temblor pensando en nuestra parte de responsabilidad en el hambre del mundo.

No se habla de “mi pan”, del “pan mío”. Se habla del “pan nuestro” . El pan para el mundo, para el mundo pobre, para los excluidos del sistema, para los despojados y oprimidos, los despojados de hacienda y de dignidad. El “pan nuestro”, o sea el pan para mí y para todos los pobres y despojados del mundo. ¡Señor, danos nuestro pan!

Rogar por el pan nuestro, es una petición solidaria que nos hermana con los pobres del mundo buscando justicia y fraternidad universal. Los bienes de la tierra, todos, son el pan que Dios nos da para comer… para comer todos.

Señor, que al comer del pan, nos acordemos que es el “pan nuestro” , el pan que pertenece también a otros. Que nos referenciemos siempre en los pobres de la tierra, en los hambrientos del mundo. Que este recuerdo nos haga ser solidarios siguiendo tus líneas de projimidad. No nos dejes comer dando la espalda a los desnutridos del mundo. Si al darles la espalda no vemos sus rostros marcados por el hambre, los veremos cuando te miremos a ti, pues en tu rostro se refleja la angustia de los hambrientos del mundo. Si tampoco mirando tu rostro nos sensibilizamos, golpéanos de alguna manera, Señor, para sacarnos del sinsentido de la infravida y darnos vida abundante que sacie también a otros. Sólo en la solidaridad y amor, se encuentra la auténtica vida.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

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Por Néstor Cornara

En el libro “Misión sin Conquista”, los autores nos invitan a una búsqueda –lo expresan así- “a buscar cómo llevar adelante la tarea de hacer conocer el evangelio en todo el mundo, en formas más eficaces que a la vez sean fieles al estilo de presencia que vivía y enseñaba Jesús”.

El Equipo Menonita se volcó a esta búsqueda hace más de 55 años. Dejando de lado todo intento “conquistador” y liberándose de la necesidad de dejar como legado una “iglesia denominacional”, encontraron un estilo alternativo de misión: “caminar al lado de otros que también están buscando la Vida”. Entonces, esta invitación que hacen es para todos los que están en esa búsqueda. Para ello:

–    Relatan históricamente el camino de fe del pueblo toba-qom en el Chaco argentino, desde los años de su conversión al camino de Jesús.

–    Describen el desarrollo de una iglesia autóctona que se fortaleció por el acompañamiento en pos de la autogestión de las comunidades receptoras del evangelio.

–    Cuentan la experiencia vivencial de uno de los matrimonios del Equipo Menonita.

A decir verdad, lo primero que me llamó la atención fue el título, que más que título es una proclamación, una declaración, una afirmación. Decididamente “Misión sin conquista” define explícitamente que hay otra forma de hacer misión, en contraste u oposición a la “misión” con conquista. En relación a este tema, René Padilla hace mención en el prólogo –con justa referencia– al libro de Juan A. Mackay, “El otro Cristo español”. Creo también, que para tener un cuadro completo de la realidad de aquellos años, habría que añadir a esta trilogía el libro “Las venas abiertas de América Latina”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Willis Horst dice al respecto:

El Señor nos envió a los pueblos originarios del Chaco en un contexto posconquista. El legado de la conquista está sellado en cada célula de la memoria de los indígenas chaqueños. No pasa ni un día en que los efectos de la conquista no se hagan sentir. La conquista no se limitó a lo militar, sino que abarcó lo cultural y lo espiritual. Es más, las atrocidades del genocidio, el etnocidio y el deicidio se cometieron en nombre del dios de los conquistadores, los cristianos, y con toda su autoridad.

En  “Misión sin Conquista”, los autores nos comparten su historia junto al pueblo Toba-qom en el Chaco argentino. En este relato nos cuentan el camino que han transitado desde los inicios de la Misión Menonita en 1943 hasta nuestros días como Equipo Menonita: casi 70 años. Menciono esto con mucho respeto y reconocimiento a todos los misioneros extranjeros, los de antes y los de ahora, que han venido a dejar sus vidas en el monte chaqueño. También a los argentinos que se les han unido en estos últimos tiempos.

CAMBIOS DE PARADIGAMA

Jesús vino para compartir su vida con nosotros, así lo entienden ellos al tomarlo como ejemplo y modelo de misión integral. Lo que surge de sus páginas es para que reflexionemos sobre la forma en que hacemos misión, y es también un desafío a reconsiderar los caminos, las estrategias y los programas en los que hemos envuelto y condicionado la misión y, si fuera necesario, desandar esos caminos y cambiar los paradigmas de misión que tenemos.

MISIÓN AL ESTILO DE JESÚS

La “práctica misionera alternativa” que presentan los autores no es otra cosa que lo que ellos interpretan sobre lo que fue la misión de Jesús. Como lo hizo Jesús al venir hasta nosotros, ellos conviven –“viven con”–  el pueblo toba-qom: “Aquel que es la palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros” (Juan 1.14). Es lo que conocemos como misión encarnacional. Una misión comprometida “con” el otro, no “para” el otro.

Dios, en la persona de Jesús, se inserta en la historia, interviene e influye en el mundo y se involucra e inspira a la Iglesia. Así lo expresan los autores:

Cuando desde el Equipo Menonita hablamos de nuestra praxis misionera como una alternativa, la idea no es poner nuestro estilo en contra de otras formas de presencia misionera ni proponerlo como superior a otros. Lo que entendemos es que este estilo de acompañamiento es la manera más adecuada al contexto de los pueblos originarios chaqueños.

EN EL ACOMPAÑAMIENTO

El hecho de que se hable de “acompañar” o “caminar” no es algo metafórico, como el “peregrinaje del cristiano”, sino literal.

“La convivencia con gente indígena –dicen– nos convenció del acompañamiento mutuo.  La gente indígena también nos acompaña a nosotros. Nos hospedan, tanto cultural como físicamente. El anuncio del evangelio se hace en gran parte al escuchar, al prestar atención. La conversión se logra mutuamente”.

Me hizo recordar cuando Jesús comienza a caminar con los dos discípulos hacia Emaús. Jesús, el caminante, aunque es un “extranjero” (extraño, forastero, peregrino o visitante, como dice una versión de la Biblia) se une a ellos, se acomoda a su ritmo, ni adelante ni atrás, se pone a caminar a su lado para compartir la angustia, el dolor, el sufrimiento. El caminante desconocido se interesa por la vida de sus compañeros de camino. Se dice que el sufrimiento, compartido, es la mitad de sufrimiento. En este sentido, es un cambio de paradigma. Ni adelante, ni atrás ni desde arriba (que representa el poder), sin pretensiones de superioridad sino al lado, junto a… acompañando.

GIRO COPERNICANO

La Misión también tuvo su giro copernicano: de “Misión Menonita a Equipo Menonita”. En 1954 aprovecharon los servicios de especialistas en Antropología y Lingüística. Las Sociedades Bíblicas Unidas enviaron al Chaco al matrimonio Guillermo y María Reyburn para ayudar a comprender el contexto misionero y comenzar el análisis lingüístico del idioma toba. Alberto y Lois Buckwalter, quienes eran misioneros menonitas en el Chaco en aquel tiempo, a partir de la ayuda que obtuvieron comenzaron a reconsiderar cómo llevar a cabo la tarea misionera con creatividad y valentía. Dieron la espalda al proselitismo denominacional y pusieron todos sus esfuerzos en la traducción de la Biblia y las visitas pastorales. En definitiva, se convirtieron en los principales protagonistas de la modalidad de hacer misión sin formar iglesias denominacionales y sin imponer teologías importadas. Misión sin conquista: sin paternalismo y sin violencia. Así lo expresan:

Nos ayudaron a entender que cada pueblo tiene su historia, sus tradiciones, su enfoque cultural, su manera de encarar la realidad, y que cualquier novedad que llega es recibida e interpretada en términos de toda experiencia que ese pueblo ha tenido hasta ese momento, y que es imposible que respondan auténticamente a Dios de otra manera que no sea la propia.

LIDERAZGO

Un cambio de paradigma en el liderazgo. En 1955, después de un tiempo de búsqueda, se cerró la Misión Menonita. Los misioneros menonitas entregaron la tierra a las familias tobas que estaban viviendo en ella. También entregaron a los mismos dirigentes tobas las tres iglesias que habían comenzado. Confiaron en el poder del Espíritu Santo y en los hermanos. Pero a la vez, se comprometieron a no abandonar a los hermanos tobas. Así comenzó una nueva etapa en la relación de los misioneros menonitas con los indígenas tobas. Tomaron decisiones importantísimas.

–    Dejaron de considerarse los dueños de las iglesias de los hermanos indígenas.

–    Basaron su decisión en que Dios mismo era capaz de formar su iglesia entre los indígenas.

–    Se designaron simplemente “obreros fraternales” o “misioneros-huéspedes”.

Con respecto a esta decisión, ellos escriben:

Un misionero huésped llega como visita, no como dueño, guerrero, jefe, encargado o dirigente. Respeta a los dueños, comparte la vida, va conociendo las costumbres, saberes y capacidades de sus anfitriones e intenta ubicarse apropiadamente para no causar problemas o divisiones.
Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita y que no somos entrevistadores o investigadores. Entendemos que de esa manera también transmitimos a nuestros anfitriones que no hemos llegado con una agenda fija y que queremos acercarnos a su forma de pensar y concebir las cosas.

A fines de la década de los 50, los misioneros menonitas y algunos líderes espirituales toba-qom se pusieron de acuerdo para organizar una iglesia que fuera completamente indígena. Por eso no hay Iglesia Menonita sino la Iglesia Evangélica Unida. Hoy día, los toba-qom atribuyen esa idea al Espíritu Santo.

CÍRCULO BÍBLICO

También aquí hay un cambio de paradigma. Es muy sugestiva la imagen. Es un círculo, no una pirámide. El Círculo Bíblico, de acuerdo a como ellos lo entienden, es más que una célula como la conocemos nosotros o un grupo casero de estudio bíblico. El círculo en las culturas indígenas representa igualdad, unidad, plenitud. El círculo incluye a todos: mujeres, hombres, alfabetizados y analfabetos.

En el Círculo Bíblico no hay alguien que enseñe y los demás aprenden, como en el viejo concepto de la “educación bancaria”, donde uno sabe mucho y los demás poco. “Estar en círculo es como estar en casa: se puede conversar las cosas de Dios y de la vida de manera natural”, dicen ellos.

Los propios indígenas –siguen relatando- nos enseñaron el valor profundo del diálogo teológico intercultural. El formato del círculo para la conversación con los textos de la Biblia permite escuchar la voz de Dios desde la óptica indígena. En el Círculo Bíblico todos enseñan y todos aprenden. Junto a ellos, el Equipo Menonita sigue aprendiendo a estar presente sin conquistar —ni para la denominación cristiana que nos envía ni para la cultura en la cual nos formamos.

ESCUCHAR AL OTRO SIN INVASIÓN

En este sentido, también es un cambio de paradigma. Es un acercamiento hacia el otro que tiene otra cosmovisión del tiempo y del espacio. Mucho del acompañamiento a los indígenas incluye tiempos de conversación con ellos y  respeto de sus espacios, sin imposición, sin usurpación y sin adueñarse de sus tiempos. Hay que saber esperar en esos encuentros. Dicen los autores:

Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita. En el mundo blanco rigen otras costumbres, ritmos y reglas, como la de hacer muchas preguntas. Pero queremos entrar en el mundo aborigen como huéspedes respetuosos. Tratamos de esperar hasta que ellos toquen el tema que quieran, o hagan la pregunta que les importe. Eso puede tardar un buen rato. Ese rato se hace valioso una vez que llegamos a experimentar cuánto sucede en el silencio. Aguantar el silencio en los encuentros es como tensar las cuerdas de la atención y la intuición.

Ya en el final, expresan:

De la misma manera, la práctica misionera alternativa procura alcanzar el mismo resultado final que plantean las prácticas misioneras clásicas en que buscamos difundir el amor de Dios, hacer conocer el camino de Jesucristo, aportar a la transformación de la Creación y promover la sanidad integral tanto de otros como de nosotros mismos. Anhelamos inspirar a otros a caminar con la esperanza que Jesucristo puede dar.

DESDE LA RED MISIONES MUNDIALES / COMIBAM ARGENTINA RECOMENDAMOS EL LIBRO “MISIÓN SIN CONQUISTA” POR SER:

–    Útil en la tarea misionera que Dios nos ha encomendado. Lo usamos como libro de texto en nuestro Programa de Capacitación Misionera Básica (PCMB).

–    Desafiante para hacer misiones a la manera de Jesús “como práctica misionera alternativa”. En este sentido, lo recomendamos tanto para contextos transculturales como contextos urbanos.

–    De inspiración porque necesitamos aprender de los que saben, de los que ya han regresado, de aquellos que ya han experimentado tanto éxitos como fracasos (deseamos que estos últimos que cometemos frecuentemente sean cada vez menos).

* Este artículo fue leído por su autor en la presentación de la segunda edición de “Misión sin conquista” (Ediciones Kairós) realizada el 25 de noviembre de 2011 en el auditorio de la Sociedad Bíblica Argentina en la Ciudad de Buenos Aires.

 

http://www.kairos.org.ar


Carlos Martínez García

Hacia CLADE V (tercera parte)

Para René Padilla, porque hace muchos años, con una pregunta: “¿Carlos, por qué no escribes?”, me hizo tomar en serio la vocación de escritor.

 

Todos y todas interpretamos lo que leemos. La actividad lectora es intrínseca a los seres humanos. No me refiero a la lectura de libros, sino a la tarea cotidiana de leer, examinar, tratar de entender el entorno en que transcurren nuestras vidas. Siempre estamos interpretando el sentido de lo que nos acontece, su origen e implicaciones, nos esforzamos por develar las intenciones de los otros. Estamos destinados a siempre interpretar.

Leamos o no leamos libros la tarea interpetradora es imprescindible. Todavía lo es más si el libro central en nuestra vida es la Biblia. En este sentido la pregunta que le hace Felipe al funcionario de la reina Candace, cuando este último trata de descifrar lo escrito por el profeta Isaías, “¿entiendes lo lees?” ( Hechos 8:30 ), es un cuestionamiento continuo a quienes leemos la Palabra. Por no tomar en serio la pregunta, al considerarla innecesaria, podemos incurrir en reducciones y esquematizaciones de enseñanzas bíblicas, y las consecuentes erróneas prácticas evangelizadoras y pastorales.

 En el cuaderno preparatorio para los participantes en el Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización (9-13 de julio de 2012, San José, Costa Rica), después de llamarnos a examinar la cristología dominante en el cristianismo evangélico de América Latina y el tipo de discipulado que se disemina, abre el tema de la hermenéutica y sus usos en las iglesias evangélicas del Continente .

El documento hace una definición sencilla y útil del ejercicio interpretativo: “la hermenéutica bíblica se encarga de interpretar y aclarar el mensaje bíblico a los oyentes modernos a partir del contexto de sus oyentes originales, volviéndola comprensible y relevante. Es un ejercicio que exige cuidado y atención”. Los autore(a)s del escrito recuperan una definición de René Padilla sobre tres tipos de hermenéutica existentes en el amplio abanico protestante/evangélico: intuitiva, científica y contextual.

 Uno de los temas que recorren la obra de René Padilla es el de la hermenéutica . Ha sido notable su esfuerzo por situar en la teología evangélica latinoamericana el tópico de prestar atención a la lectura e interpretación de la Palabra en nuestro contexto específico, siguiendo el principio bíblico de la encarnación. Las tres hermenéuticas referidas por el teólogo ecuatoriano/argentino son:
La  hermenéutica intuitiva  es la más encontrada en las iglesias de América Latina y El Caribe. En ella, el lector y la lectora estudian la Biblia poniendo énfasis en aplicación del mensaje para su vida personal. No consideran los aspectos culturales involucrados en el proceso. Se concentran en cómo la lectura puede ser aplicada a la realidad vivida en el momento, casi siempre de manera individual, generalmente con la ayuda del Espíritu Santo. Valorizan el sentimiento y la emoción. La  hermenéutica científica  constituye un abordaje por el cual quien lee se acerca a la Biblia con la ayuda de herramientas y técnicas especializadas. El conocimiento es fundamentalmente intelectual y dotado de fuerte cuño académico. Se estudia a partir de las lenguas originales, del conocimiento histórico y cultural del contexto original. Se define el mensaje original del texto, pero cuesta descubrir la aplicabilidad del mensaje al mundo contemporáneo. La  hermenéutica contextual  es un método que pretende combinar lo que hay de positivo en los dos modelos anteriores. Procura hablar al lector contemporáneo sin cambiar el sentido original. Para eso considera no solamente el sentido original de los textos bíblicos sino también la realidad del lector en su propio contexto histórico, trayendo el mensaje del pasado al presente de manera relevante y contextualizada. Los horizontes de quien habló o escribió y de quien oye o lee deben unirse de manera que el mensaje sea inteligible.

 La cuestión de la hermenéutica contextual fue el tema a desarrollar en la consulta fundadora de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. En diciembre de 1970 , en Cochabamba, Bolivia, “veinte estudiosos evangélicos, pastores y laicos, y cinco misioneros participaron en el evento” (Samuel Escobar,  Evangelio y realidad social ,  ensayos , Ediciones Presencia, Lima, 1985, p. 43).

La mayoría de los trabajos presentados en la consulta teológica fueron recogidos y publicados por el entrañable Pedro Savage en el libro  El debate contemporáneo sobre la Biblia  (Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1972).  Los títulos de las ponencias incluidas nos dan una idea de por dónde se orientó el diálogo en las reuniones: Samuel Escobar,  Una teología evangélica para Iberoamérica ; Pedro Arana Quiroz,  La Revelación de Dios y la teología en Latinoamérica ; Ismael E. Amaya,  La inspiración de la Biblia en la teología latinoamericana ; C. René Padilla,  La autoridad de la Biblia en la teología latinoamericana ; Andrés Kirk,  La Biblia y su hermenéutica en relación con la teología protestante en América Latina .

La participación de  Samuel Escobar  clamaba por una teología que respondiese a las preguntas y necesidades propias, y no a meramente importar reflexiones de otros lugares, con trasfondos históricos muy distintos al nuestro: “La pertinencia de la teología evangélica estará, entonces, en que se forje al calor de la realidad evangélica de Iberoamérica, y en fidelidad a la Palabra de Dios […] La reflexión tiene que ser nuestra, nacida de nuestra situación, surgida ante la urgencia de los problemas que la iglesia confronta aquí. Como hombres de aquí es que reflexionamos y hacemos teología, redescubrimos los énfasis que hoy hacen falta, criticamos las herejías en que hemos venido incurriendo nosotros mismos”.

Por su parte  René Padilla  puso en tela de juicio el lugar formalmente dado a Las Escrituras en el evangelicalismo latinoamericano, cuando lo constatable era el abandono normativo cotidiano de la Palabra en la vida de las iglesias y sus prácticas para hacerse de nuevos integrantes:
El asentimiento a la autoridad de la Biblia podría ser considerado como una de las características más generarles del movimiento protestante en América Latina. Esto es de esperar en un movimiento con una gran mayoría teológicamente conservadora. Cabe, sin embargo, preguntarse si el  uso real  de la Biblia por parte de los evangélicos latinoamericanos coincide en términos generales con ese asentimiento que los distingue. Podría ser que se tratase de un asentimiento puramente formal, sin consecuencias prácticas para la definición doctrinal y ética ni para la predicación […] hay que aclarar que la interpretación de las Escrituras es una tarea permanentemente inconclusa y que la Palabra de Dios exige una constante revisión de conceptos y de vida en función a un sometimiento pleno de éstos a la verdad revelada. Cuando falta esa revisión, hay el riesgo que con el transcurso del tiempo las enseñanzas de la Iglesia se vayan cristalizando hasta formar una tradición que desplace la tradición autoritativa de ka Biblia.

 En su participación el doctor Padilla estaba bosquejando lo que más tarde llamó la  espiral hermenéutica,  en la cual la Palabra ilumina la vida pero también la vida y sus nuevas situaciones ensanchan el entendimiento de la Palabra, y así sucesiva y alternadamente se nos abren nuevos horizontes de comprensión .

Dado que originalmente la revelación progresiva de Dios aconteció en un contexto temporal, geográfico, histórico, económico y cultural específico, luego también la lectura hoy de esa Revelación nos demanda no  desencarnarla  sino que nos reta a comprenderla desde nuestra particular situación histórica.

Apenas bordeamos el tema de la hermenéutica y su inclusión en la agenda rumbo a CLADE V. En nuestro siguiente artículo continuaremos con este asunto.

Autores: Carlos Martínez García

©Protestante Digital 2011


Ruth Padilla Deborst

Ni siquiera fue sencillo para ellas y ellos, para quienes convivieron con él por tres años. Sí; caminaron por esos polvosos caminos. Sí; oyeron sus relatos mediante los cuales, con elementos de la vida diaria, reveló verdades profundas sobre Dios, sobre la humanidad, sobre el propósito de la vida. Sí; le vieron dar vista a los ciegos, re-establecer a leprosos en la comunidad, afirmar la dignidad de las mujeres, legitimar el valor de los niños, confrontar a quienes en su religiosidad excluían a otras personas. Pero aun con todo ello, no les fue fácil seguirlo. Es que un seguimiento pleno les exigía más que el abandono temporal de asuntos margi­nales en su vida, más que superponer conceptos, prácticas y tradiciones nuevas a lo ya conocido. Quien seguía a este «maestro don-nadie» arriesgaba su reputación en la comunidad, se tornaba objeto de sospecha por parte de los poderes religiosos y políticos del día, y quedaba marcado de por vida como sectario inconformista. Extraña podría resultar la afirmación de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», especialmente cuando –como atestiguan los relatos del primer siglo– confe­sar a Jesús –y no al César– como Señor absoluto, ¡no sólo era mala estrategia para hacer carrera en el imperio romano sino que también podría implicar perder la vida! Nada tuvo de sencillo el discipulado en aquellos días.

Hoy el imperio es otro, las religiosidades excluyentes tienen otras caras, los intocables sufren otras ignominias, las cruces y los leones han sido reemplazados por otras formas de escarmiento y tortura. Aunque la naturaleza radical, integral y arriesgada del seguimiento de Jesús no ha variado, a quienes procuramos se­guirlo nos toca hoy preguntarnos cómo hacerlo en éste, nuestro contexto actual. ¿Qué implicará confesar su Señorío en medio de las imperantes tiranías políticas, económicas y aún religiosas y espirituales? ¿Qué posturas asumirán quienes se reconocen seguidoras y seguidores del Siervo sufriente que suplicó gracia para sus torturadores pero no cejó en su lucha por la justicia? ¿Cómo afirmar que el suyo es Reino de Vida cuando la violencia y la muerte parecen llevar las de ganar en nuestras calles y hogares? ¿Qué acciones caracterizarán a una co­munidad que no tolera estructuras, políticas o actitudes que explotan, excluyen, denigran o privan de oportunidad y de vida plena a minorías o mayorías?

La Fraternidad Teológica Latino-americana (FTL) no ha temido encarar pregun­tas como éstas en sus cuatro décadas de vida como movimiento. En núcleos loca­les, consultas regionales y continentales, en publicaciones, en iglesias, agencias y comunidades, así como en los históricos CLADE (Congresos Latinoamericanos de Evangelización), mujeres y hombres de diversas denominaciones y trasfondos han luchado por establecer puentes entre la enseñanza bíblica sobre la identidad y el llamado del pueblo de Dios y las realidades de su contexto histórico.Esta reflexión no se ha visto como un ejercicio meramente intelectual o académico sino como una labor necesaria e íntimamente vinculada con la identidad y praxis de la iglesia en el mundo.

A las comunidades de fe a lo largo y a lo ancho de América Latina, el Caribe, y el mundo, CLADE V se presenta como una nueva oportunidad de encuentro y diálogo, de revisión crítica, confesión y proyección creativa. Como decía Samuel Escobar en los inicios de la FTL:

La toma de conciencia teológica que se dio en Bogotá… consistió primero en comprobar que una comunidad evangélica dinámica y que crecía rápidamente iba llegando a cierta mayoría de edad sin identidad ni expresión teológica. Se comprobó también que la toma de conciencia res­pecto a una crisis en el continente encontraba a los evangélicos sin respues­ta ni alternativas serias frente al pensamiento que empezaba a forjarse en el ámbito ecuménico. Se percibió finalmente que la dominación misionera que explicaba en parte la falta de expresión teológica, intentaba polarizar desde fuera a la comunidad evangélica latino­americana (Escobar: Boletín 59-60).

Los tres ejes centrales, expresados en el lema son:

1. Sigamos a Jesús, por­que como iglesia de Jesucristo necesitamos aprender a seguirle, a encarnar con compromiso un discipulado integral en esta era donde se ha globalizado la sed del consumo y aprisionado la imaginación de pueblos enteros;

2. En su Reino de Vida, porque el Reino de Dios es reino de vida, aun en un contexto latinoameri­cano y caribeño tan plagado por múltiples expresiones de privación y muerte; y

3. ¡Guíanos, Santo Espíritu! porque el nuestro es un ruego, un clamor, una con­fesión en un medio en el cual demasiados evangélicos se sienten triunfalistas por el crecimiento numérico, y el acceso al poder anestesia a muchos a las demandas radicales del evangelio.

Aunque el encuentro de CLADE V tendrá lugar del 9 al 13 de julio del 2012, en San José, Costa Rica, CLADE V, más que un evento, es un proceso que consta de tres momentos entrelazados:

 

1. Proceso de participación CLADE V (septiembre 2011-junio 2012)

En el sitio http://www.clade5.org y a disposición de miembros de la FTL y grupos inte­resados está el Cuaderno de Participación, con preguntas para reflexión comunitaria. (A partir de noviembre, también estará en formato impreso publicado por Ediciones Kairós.) Quienes quieran pueden también participar de Foros de Reflexión ordenados temática­mente.

 

2. Encuentro CLADE V (9-13 julio, 2012).

Obviamente, los cupos en San José son limitados, pero también se llevarán a cabo encuentros paralelos en diversas ciuda­des de América Latina y el Caribe.

 

3. Proceso de transformación CLADE V (de agosto 2012 en adelante)

La re­flexión generada durante las etapas 1 y 2 seguirá volcándose mediante publicacio­nes, consultas y encuentros locales de todo tipo en búsqueda de una presencia fiel como testigos del Reino de Dios en nuestro medio.

Los desafíos para esta época están planteados. Tenemos una rica herencia; la FTL ha impactado dentro y fuera del continente con su misionología integral, su hermenéutica contextual, su resistencia a ser forzada a calzar categorías exóge­nas, su apuesta a la unidad y al encuentro dialogal.

Pero el panorama social, político, económico de América Latina y el Cari­be no deja de ser lúgubre. Si usted es joven entre 17-25 años de edad, es 70 veces más probable que pueda morir asesinado que si viviera en Europa. La desigualdad so­cial, la corrupción y la desesperanza parecen haberse instalado inamoviblemente. Mientras tanto, millones de nuestros pueblos se someten a extremas penurias y estatus de «no personas» al emigrar a otras latitudes. En este contexto, el Evan­gelio de nuestro Señor Jesucristo, ¿es verdaderamente tal? Es decir, la revelación de Dios mediante su Espíritu, ¿realmente constituye buena noticia para nuestros pueblos disgregados, nuestros jóvenes desesperanzados, nuestras niñas abusadas?

Acompañémonos en el nada sencillo camino del seguimiento de Jesús, ro­gando la dirección del Espíritu Santo, para que sí demos señales de su Reino de Vida aquí y ahora y nos unamos de tal modo a la multitud de mártires, hombres y mujeres que a través de los siglos han dado testimonio viviente de que Dios es Dios de Vida y su Reino es Reino de Justicia. Hasta que Jesús regrese y Dios com­plete su buena creación.

http://www.kairos.org.ar


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (XLVIII)

¡Renuncia, ponte bajo autoridad!
“Hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

“Hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra” , es la tercera petición de la oración de Jesús para enseñarnos a orar.  Cuánto falta, Señor, para que esta petición de tu oración modelo se cumpla en la tierra, para que, en el cumplimiento de esta tercera petición del Padre nuestro, el cielo y la tierra se abracen besándose la justicia y la paz, no sólo en el cielo, sino en medio de los focos de conflicto de la tierra, en medio de tanta pobreza y exclusión social. Yo creo que los cristianos no siempre trabajamos como debemos para que tu voluntad, la voluntad que se cumple en el cielo, se cumpla también en la tierra. Mucho hay que trabajar en la línea del Evangelio a los pobres, para que esta petición se encaje en el “ya” del reino. Úsanos, Señor.

 No debemos pensar en el cumplimiento de la voluntad de Dios para el más allá, sino que la petición nos baja el cielo a la tierra , en nuestro aquí y nuestro ahora, los funde dentro del objetivo de establecer la voluntad de Dios en el cielo y en la tierra.

 En toda esta petición hay un trasfondo importante: el de la renuncia a imponer mi voluntad para que se pueda cumplir la voluntad de Dios … la voluntad de Dios para con los pobres. No somos nosotros los quijotes ni los héroes humanos que vamos a arreglar el mundo, que vamos a imponer nuestra voluntad férrea. El hacer esta petición es un acto de humildad y de reconocimiento de la soberanía del Señor y de que la justicia en el mundo, la eliminación de la opresión o el Evangelio a los pobres, no se impone sólo con nuestras fuerzas humanas.

Es el proyecto de Dios al que nosotros nos unimos renunciando a mucho, a muchos objetivos humanos que nuestra voluntad quisiera conseguir. Todo lo que somos y lo que tenemos, lo ponemos a disposición de Dios y de los necesitados de la tierra, de los sufrientes del mundo. Si no, ¿dónde está el cumplimiento del concepto de projimidad tan fuerte que nos dejó Jesús?

 “Hágase tu voluntad” , es una petición que implica renuncia. Y en esta renuncia hay mucho a favor de los otros, de solidaridad humana, de projimidad, de no buscar nuestra propia relevancia, de valores del Evangelio a los pobres.  El  “hágase tu voluntad”  implica decir: Señor, úsame y usa todos los medios que tengo a mi alcance, todos mis bienes y todas mis capacidades. No yo, sino tú. El prójimo como yo mismo. Nos convertimos, así, en personas con una voluntad al servicio del Señor. Es un poco el acercarnos a la expresión del Apóstol Pablo:  “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” . No hay mayor forma de aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas y en el mundo.

Ante esta petición, nuestros intereses humanos pasan a un último lugar como ocurre con el concepto del Evangelio a los pobres: Lo primero, lo último. Es el trastoque de valores del Evangelio. Nuestros intereses pasan a ser los intereses de todos nuestros hermanos, los intereses de todos los hijos de Dios. Aceptar la voluntad de Dios significa que se dé prioridad a los planes de Dios, no a los nuestros… y la voluntad de Dios es que el hombre viva con dignidad, el que nos paremos en medio del camino para tender una mano al herido, al despojado, al apaleado y dejado en la exclusión en los márgenes de nuestra historia persona, de la historia personal y única de tantos pobres y hambrientos del mundo. El que acepta la voluntad de Dios, se ve convertido en un vocero del Creador, en un denunciador de la injusticia, en un redentor del hombre en nuestro aquí y nuestro ahora. Lo hacemos por ti, Señor… con él y en él.

Aceptar y orar esta petición, es ponerse bajo autoridad. Es su voluntad la que se ha de cumplir y dejamos que Él nos use… aunque muchas veces no sepamos dónde vamos, aunque el camino nos parezca estrecho y los que están instalados en los valores del mundo se rían de nosotros y piensen que hemos perdido el juicio… Hemos perdido el juicio por amor. Hemos perdido el juicio humano a favor de que se cumpla la voluntad divina: Que el amor al prójimo sea semejante al amor a Dios.

 Cumplir estas peticiones en la línea del Evangelio a los pobres, puede costar dolor. Es posible que haya momentos en el camino en el que sintamos deseos de rebelarnos, de vivir a favor de la corriente del mundo, de conformarnos a este siglo.  Es posible que, a veces, pienses que no vas a poder. Te puedes acordar de los ajos y de las cebollas de Egipto, como le ocurrió a su pueblo. Es posible que, en ocasiones, tengamos que llorar al dejar cosas del mundo que nos gustan. Al final del camino, experimentarás la felicidad del dar, de la entrega, de ver a alguien rescatado del despojo y con sus heridas curadas.

Porque si no estás dispuesto a servir, ni a dejar comodidades… ni a nada en esta línea del Evangelio a los pobres; si no estas dispuesto a dejar a Dios que te use, es mejor que no hagas esta oración. Como hemos dicho, búscate tus propios ídolos o dioses. Inclínate ante el oro del mundo. Quizás encuentres algún disfrute pasajero, aunque el final sea de muerte.

 Jesús sigue siendo el modelo para esta tercera petición del Padre nuestro.  Ante su muerte deseaba que pasara de Él ese trago tan doloroso… pero necesitaba ser experto en sufrimiento. Al final tuvo que decir:  “Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” . Así, hacer esta petición de que en el mundo se haga su voluntad, es alinearse con Jesús, con el experimentado en quebranto, para que el Padre pueda cumplir su voluntad y renunciemos a la imposición de la nuestra.

 Señor, ayúdanos decir “hágase tu voluntad como en el cielo así también en la tierra”.  Que tu voluntad celeste impregne este mundo. Y a nosotros, no nos des ningún disfrute cuando nuestra voluntad quiera imponerse de espaldas a la tuya. Concédenos esto, Señor.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

Un reino para los desheredados

Publicado: noviembre 29, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio de Dios  a los pobres (XLVII)
Un reino para los desheredados“Venga a nosotros tu reino”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

 

“Venga Tu Reino”. Es la segunda petición que se hace en el “Padre nuestro” , en la oración modelo que nos dejó Jesús. Es con Jesús que irrumpe en nuestra historia el Reino de Dios, que no es una referencia metahistórica al más allá, que no se concibe solamente como algo apocalíptico que tenemos que esperar, sino que Jesús nos deja claro que el Reino de Dios con sus valores, valores a los que tanto tiempo invertiría Jesús y tantas explicaciones y parábolas, “ya” está entre nosotros. Un reino de justicia para los desheredados del mundo.
Para comprender el Evangelio a los pobres es muy importante tener en cuenta este “ya” del Reino, el hecho de que los valores del Reino de los que Jesús habló ya están operativos y que a nosotros, como agentes de liberación del Reino, nos compete el sacar al mundo esos valores. “Venga a nosotros tu reino”  y habilita nuestras manos, nuestros pies y nuestra voz, para que podamos acercar ese tu reino a los pobres de la tierra. El Reino de Dios y su justicia.
Es verdad que lo que afirman los teólogos es cierto, que existe un “todavía no” , que el Reino de Dios llegará a su plenitud cuando ya no haya más penas, ni dolor, ni muerte, cuando pasen todas estas primeras cosas, pero, mientras tanto, tenemos la posibilidad, el mandato y la necesidad de actuar siguiendo los valores del Reino. Ellos dan sentido y nos urgen a la puesta en práctica del Evangelio de Dios a los pobres. ¡Venga tu Reino, Señor! Danos gracia y sabiduría para que nadie pueda detener el impulso de la extensión del Reino en medio de un mundo injusto.
¿Qué significa pedir a Dios que se acerque su Reino a nosotros?  La instauración del Reino fue el gran proyecto de Jesús en donde estaba englobado el Evangelio de Dios a los pobres. Jesús dedica a la instauración del Reino todas las también llamadas parábolas del Reino donde nos va dejando esas perlas que son los valores con los que hay que configurar el Reino, valores que no siempre son bien entendidos por los cristianos, valores que nos retan y que, muchas veces, nos inquietan por su radicalidad.
Los textos que ayudarán a la instauración del Reino, no son sólo las parábolas que dedica a este su proyecto favorito, sino muchos otros textos de los cuales algunos estamos comentando. Pedir que el Reino de Dios venga a nosotros, significa que sus valores se hagan operativos en el mundo . Seríamos inconsecuentes si orásemos pidiendo que el Reino de Dios venga a nosotros y luego pasáramos de largo sobre las enseñanzas de Jesús y de los valores propios del Reino. Seríamos necios y mutilaríamos el Evangelio si rogáramos que el Reino de Dios venga y luego pasáramos de largo, de forma inmisericorde, de los injustamente tratados, de los pobres de la tierra. No sólo estaríamos dando la espalda al Evangelio a los pobres, sino a Jesús mismo. Seríamos peor que los impíos.
¿Qué pedimos cuando rogamos que el Reino de Dios se acerque a nosotros, al mundo, a los lugares de conflicto, entre los desheredados de la historia? Estamos pidiendo que los valores marginantes del mundo, los valores injustos, los valores que empobrecen y marginan a más de media humanidad, sean vencidos con los valores que nosotros tenemos que sacar al mundo, los valores del Evangelio que son contravalores y contracultura en relación con los valores mundanos que muchas veces consideramos como buenos.
Así, pues, los valores del Reino, están reñidos con el hecho de que los cristianos y, en su caso, la iglesia, rindan pleitesía a los que más tienen, a los que están instalados en las riquezas de este mundo, están reñidos con los valores que ven la riqueza como prestigio, así como el enriquecerse y llenarse de sabiduría humana llena de contravalores, como el tener, el comer, el beber… como fundamentos del disfrute de la vida .
Cuando decimos “venga tu reino”  nos estamos comprometiendo con la justicia, con el Reino de Dios y su justicia . Nos estamos comprometiendo con los débiles del mundo, con el contravalor bíblico de que los últimos pasen a ser los primeros, con el hecho de saber que muchos primeros van a ser postreros. Nos estamos comprometiendo con los valores que Jesús nos deja en aquella historia de los trabajadores que nadie quería contratar por ser los más débiles. El Padre nuestro contrata, aunque sea a última hora, pero haciendo una justicia preñada de misericordia: a estos últimos les paga igual que a los fuertes y, además, los primeros. Los valores del Reino son Evangelio de Dios a los pobres de la tierra.
Cuando decimos “venga tu reino” , cuando oramos así, nos estamos comprometiendo con Jesús en la invitación a los pobres al banquete del Reino, la invitación a los lisiados, marginados y empobrecidos del mundo… con los excluidos de la tierra. Nos estamos comprometiendo con valores que para el mundo son locura. Si horas con sinceridad esta oración modelo, te estás exponiendo a que te cuenten entre los locos de esta tierra, pero una locura que para Dios es sabiduría.
Si oramos o deseamos que esta frase se haga realidad, estamos haciendo contracultura  y, de alguna manera, nos obligamos a denunciar la insolidaridad del mundo que impide que se hagan realidad estos valores en el mundo, un mundo insolidarios e injusto en donde muchos oran o rezan el “Padre nuestro”  de forma insolidaria mientras oprimen a sus trabajadores, acumulan o practican el pecado de omisión de la ayuda, intentando burlar así a Dios y siendo inmisericordes con los hombres. Estos no deberían orar nunca con la invocación “Padre nuestro” . Que se busquen sus propios rituales religiosos.
Al pedir “venga tu reino” , estamos clamando por solidaridad, amor y justicia en el mundo. Nos estamos disponiendo a seguir las líneas que Jesús marca en su Evangelio a los pobres. Nos estamos comprometiendo como agentes de liberación de los sufrientes del mundo. Si no quieres asumir estos retos, no ores nunca esta oración. Mejor que te calles y adores a tus propios ídolos, sean el dinero, el poder o el aparentar. El orar “venga tu reino”  obliga a vivir según los valores del Reino. Orar así y no vivir estos valores es hipocresía, una traición al Evangelio.
Desear que venga a nosotros el Reino de Dios, significa que estás alineándote o disponiéndote a seguir el Evangelio a los pobres. En última instancia estás pidiendo que en el mundo reine e amor y la paz, la justicia y la misericordia. Justicia y misericordia para con los despojados del mundo.
Señor, si no estamos dispuestos a cumplir con los valores del Reino, a comprometernos con el Evangelio a los pobres, que nuestros labios jamás pronuncien esta oración modelo que tú nos dejaste. Que sea como fuego a nuestros labios y como brasas a nuestro paladar.

Autores:Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

Creative Commons

by BEN STERNKE

Post image for Why We Celebrate the Christian CalendarToday is the first Sunday of Advent, which is New Year’s Day for the Church. Today is when we start telling the story again, the story of how Jesus Christ fulfilled the story of Israel in his life, death, resurrection, and ascension, and how we now live with him by the Spirit and await his final return.Every year we tell the story again, basically because we need to immerse ourselves in it, because it is the true story of the world. It is the report of what God is doing in the world to redeem and restore all things, the proclamation of how God was in Christ, reconciling the world to himself.

We immerse ourselves in this story every year because our identities come from the stories we tell and the rituals we participate in. We immerse ourselves in this story because our culture loudly proclaims quite a few alternative stories that vie to tell us who we are, and thus claim our allegiance. Some of those stories (from McKnight’s The King Jesus Gospel):

  • Individualism — the story that “I” am the center of the universe
  • Consumerism — the story that I am what I own
  • Nationalism — the story that my nation is God’s nation
  • Moral relativism — the story that we can’t know what is universally good
  • Scientific naturalism — the story that all that matters is matter
  • New Age — the story that we are gods
  • Postmodern tribalism — the story that all that matters is what my small group thinks
  • Salvation by therapy — the story that I can come to my full human potential through inner exploration

We combat these competing ideologies by immersing ourselves in the True Story, which is another name for the gospel of Jesus Christ. This is why it matters what holidays we celebrate, and how we celebrate them. Our very identities are stake, because we live by the stories we tell ourselves. Thus it is actually a matter of life and death.

There’s nothing magical about celebrating the church year. There are plenty of lifeless churches that commemorate Advent “faithfully” (i.e. read the right Scriptures, fly the right colors, stick to the right themes). But the church year is essentially organizing time around the gospel story, which seems like a great idea to me, because the alternative to organizing time around the life of Christ is to organize it around something else, like when it’s time to shop, which is a disastrous way to live.

So may you immerse ourselves in the True Story once again, and have a blessed Advent! Come, Lord Jesus!

http://bensternke.com

¿Por qué miras sólo al cielo?

Publicado: noviembre 22, 2011 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (XLV)

 

¿Por qué miras sólo al cielo?“… que estás en los cielos”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

 

 Estamos comentando el “Padre nuestro”  que, en la invocación ya comentada parcialmente, hay otra parte interesante que pareciera que no tiene mucho que ver con el Evangelio a los pobres. Quizás se podría ver así si no tuviéramos la oración completa, el “Padre nuestro”, en su conjunto. Si se lee completo se verá la voluntad del Padre se hace  “así en el cielo como en la tierra” . En esta oración modelo no se nos hace mirar solamente al cielo. No estaría en línea con todo el contexto bíblico, con las enseñanzas de Jesús, con el Evangelio a los pobres que irrumpe en el mundo con la llegada del Maestro. El que mira sólo al cielo, pierde el concepto de projimidad y su vivencia del Evangelio queda mutilada.

Sin embargo  la invocación nos dirige al cielo, quizás para después bajarnos a lo más arduo de la tierra en donde falta el pan, el pan nuestro , y donde todavía no han llegado los valores del Reino. En esta oración modelo parece que el cielo y la tierra se juntan. Así, lo que ocurre en la tierra no es indiferente en el cielo, repercute en la sensibilidad, en forma de sufrimiento o de gozo, del Padre nuestro que está en los cielos. El cielo y la tierra se juntan en la ayuda a los pobres de este mundo.

 El deseo de sólo mirar hacia arriba de muchos cristianos, puede ser una dificultad para entender el Evangelio a los pobres.  Es por eso que la oración modelo hay que verla en su conjunto, pues no nos hace mirar sólo hacia arriba. Cuando se desequilibra el Evangelio, cuando se le mutila, puede dar lugar a que muchos religiosos se descentren y se queden anclados con la mirada dirigida solamente al cielo. Tendemos a identificarnos más con los ángeles que con los pobres de la tierra. Es entonces cuando perdemos el Evangelio que nos trajo Jesús.

Este descentramiento que nos deja en la simple verticalidad, nos lleva a espiritualizar todo, tanto los términos bíblicos de opresión, pobreza, hambre, desnudez, cárcel… como a la espiritualización del compromiso cristiano que, por esto, se reduce a la actividad de los cumplimientos religiosos del ritual.

Es entonces cuando no podemos entender el Evangelio a los pobres, cuando damos la espalda al grito de los oprimidos y marginados mutilando la misión de la iglesia, el espíritu diacónico que debe haber en todo cristiano y que le lleva a la práctica de la projimidad. No debemos identificarnos sólo con los ángeles, con lo angélico, con una espiritualidad desencarnada. Cielo y tierra caminan juntos en Jesús.

 Es verdad que Dios está en el cielo, allí estableció el Eterno su trono.  Aludimos, así, en la invocación al reinado de Dios, a su majestad, a su poder, a su santidad, a su control y dominio sobre todas las cosas, pero la oración en su globalidad relaciona el cielo con la tierra. Pensemos, por ejemplo, cuando más adelante se dice:  “Venga tu reino” .

 Estamos pensando que venga a nuestro entorno histórico, a nuestro mundo en el que vivimos nuestro “aquí” y nuestro “ahora”, a la tierra. El cielo y la tierra deben estar en una interrelación , estamos deseando que el Reino de Dios sea acercado a la tierra, a los hombres… a los pobres de la tierra. El que sólo mira hacia arriba es un ciego espiritual, malencarado.

Cuando la oración modelo habla de que se cumpla la voluntad del Padre, del Todopoderoso, también debemos de decir  “así en el cielo como en la tierra” . Este es un concepto fundamental para entender el Evangelio a los pobres. Somos responsables ante la pobreza en el mundo, ante los oprimidos de la tierra… debemos buscar la voluntad justa de Dios, la justicia misericordiosa del eterno que pone a los últimos como primeros superando todos los parámetros de justicia humanos.

Esta interrelación del Padre nuestro entre el cielo y la tierra, nos hace ciudadanos de dos mundos y, mientras estemos en la tierra, debemos de seguir el concepto de projimidad que nos deja Jesús, el concepto del amor al prójimo que es semejante al amor a Dios mismo. El que no es ciudadano de dos mundos con todas sus consecuencias, es un ser alicortado, partido, roto.

 No podemos descentrarnos, desequilibrarnos y quedarnos mirando sólo al cielo.  Nos olvidaríamos de los pobres, de los sufrientes del mundo y faltaríamos a los conceptos de projimidad, de Evangelio a los pobres, de servicio, de diaconía, de acción social cristiana. Hay que vivir una espiritualidad con los pies bien anclados en la tierra, comprometidos con el hombre… es la forma de estar comprometidos con Dios y con el Evangelio. Parece que nos gusta más descansar en el escabel del trono de Dios y allí abandonarnos olvidando el mundo. Es el error de los insolidarios.

 Es necesario hacer la invocación completa con la que comienza la oración modelo: “Padre nuestro que estás en los cielos” ,  porque es reconocer la superioridad del Padre sobre nosotros, su majestad y su realeza, pero sin olvidar que tenemos un compromiso con la tierra con el hombre. Si no, somos seres espiritualmente incompletos.

Así nos enseñó Jesús que se puso al lado del hombre que sufre. Se mostró como experto en sufrimiento, experimentado en quebranto. No se olvidó de los pobres, de los oprimidos y marginados del mundo, sino que les nombró de forma específica como destinatarios de su Evangelio. Con la irrupción de Jesús en nuestro mundo, se unen el cielo con la tierra.

Así, la oración modelo, el Padre nuestro, nos enseña que tenemos una doble dimensión en la vida cristiana: La vertical, si se quiere decir así, pues Dios está en todas partes, y la horizontal que nos llama al compromiso con el hombre, a la acción social, a la búsqueda de justicia, al seguimiento de Jesús como Evangelio de Dios a los pobres. Deja de mirar sólo al cielo.

 Señor, ayúdanos a no descentrarnos en la vivencia de tu Evangelio. Haz que vivamos haciendo que se cumpla tu voluntad tanto en el cielo como en la tierra.  Si nos olvidamos de la tierra, de una tierra con más de media humanidad en pobreza, impídenos también la verticalidad hacia ti. Rompe ese puente hasta que nosotros, con tu ayuda, podamos reconstruirlo desde la horizontalidad de tu Evangelio, desde la preocupación por el hombre, por el pobre, por el sufriente… desde la horizontalidad de la práctica de los valores de tu Evangelio a los pobres. Desde la horizontalidad que nos enseñó y vivió Jesús.

Autores: Juan Simarro Fernández

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