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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de él (III)

¿De qué te sirve la bolsa, la cartera?Coge tu bolsa, tu cartera, tu tarjeta de crédito para andar por los caminos de la vida… de forma solidaria.

 

Jesús, antes de su pasión, no hizo nunca esa afirmación tan imperativa que hizo ante la proximidad de su crucifixión:  “El que tiene bolsa tómela, y también alforja” .  Lucas 22:35-38 . Podría ser una frase escandalosa en los labios de Jesús.  Hoy siguen escandalizándonos muchas de las afirmaciones de Jesús en torno al dinero. ¿De qué te sirve tu bolsa, tu cartera, tu cuenta corriente? ¿Vas preparado con ella para usarla en el avance del Reino de Dios entre los pobres? No te escandalices. Úsala.

Él enviaba a sus discípulos a sanar enfermos, limpiar leprosos o echar fuera demonios, todo ello ejemplo de una acción social liberadora que complementaba la verbalización de la Palabra, ejemplo de su Evangelio a los pobres.  Hasta el momento de la proximidad de su partida al Padre, no los enviaba con bolsa o alforja, no les aconsejaba llevar recambios de túnica, de calzado o de bordón.  Les decía: “ No os proveáis de oro, ni plata ni cobre en vuestros cintos” . No llevéis dos túnicas ni calzado de repuesto. Confiad en mi provisión… porque,  “cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada” . Iban sin nada, pero nunca les faltó nada… y esto sigue siendo así, pero ¿por qué cambió Jesús el mensaje ante la pasión y su muerte en la cruz? ¿Tiene este cambio algo que aportar a su Evangelio a los pobres? ¿Es escandaloso el cambio?

Se acercaba su oración en Getsemaní que está en este contexto, su arresto, sus azotes, su presencia ante Pilatos, su sentencia de muerte, su crucifixión. Por tanto el cambio de mensaje o el juego de tesis y antítesis que Jesús hace, no es algo contradictorio, sino algo de lo que tiene que salir una síntesis creadora y dinamizadora del Evangelio. Aunque no te va a faltar nada, ahora debes coger la bolsa, llenar las alforjas para andar por los caminos de la vida. Cargar con la bolsa de forma no egoísta, no sólo para mi bienestar y disfrute. Espero que no te escandalice.

 Son palabras de despedida a sus discípulos ante el sufrimiento que se avecinaba, quizás palabras para reorientar su acción de apoyo a su Evangelio a los pobres, a los sufrientes, a los apaleados y tirados al lado del camino. Jesús parece que quería reorientar la acción de sus discípulos en una etapa nueva: Él se iba, aunque no nos dejaba solos. Quedaba con nosotros el Consolador. Sin embargo, coge la bolsa, hazte de provisiones, el mundo las necesita.

El cambio de mensaje, desde el decirles que fueran sin bolsa, sin alforja y sin calzado, hasta el imperativo de  “el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja” , para conseguir una síntesis dinamizadora con esos dos mensajes antitéticos, se da en un momento en el que Jesús, más que nunca, tiene delante de él la fuerza y problemática del sufrimiento humano. Él iba a sufrir, pero hay otros muchos en el mundo que están sufriendo, que iban, simbólicamente hablando, a ser crucificados con él: Los pobres y sufrientes del mundo.

 Si en mí hacen esto, qué no harán con tantos débiles del mundo.  Yo tengo que pasar por el escarnio y la muerte, mi nombre puede ser contado entre los inicuos. ¿Qué podrá ocurrir con tantos débiles del mundo? Jesús presagiaba un futuro de persecución, violencia, muerte… religiosos que se podrían acomodar al ritual sin preocuparse por la projimidad de la que tanto él había hablado, cristianos de rituales vacíos a los que les podría faltar la acción, la misericordia y la búsqueda de justicia… y yo me voy, pensaría el Señor. Los que me siguen tienen que ser mis manos y mis pies, mi bolsa y mi alforja en compromiso con el mundo sufriente. ¿Te asusta, te escandaliza?

Jesús había vivido con arreglo a unos valores del Reino, había dejado sus parábolas del Reino que avalaban y explicaban esos valores de rescate de los últimos, los pobres, los débiles, lisiados y marginados del mundo a los que invita al banquete del Reino en su línea del Evangelio a los pobres. Jesús preveía que podía haber despojos, acumulaciones desmedidas y necias que sumirían a muchos en la miseria y en el hambre, habría robos de dignidad, se dispararían las fuerzas del mal, habría opresiones y aumentaría la pobreza y el dolor… Jesús: El experto en sufrimiento o experimentado en quebranto como dicen algunas de nuestras versiones bíblicas.

 Hasta ahora, los discípulos habían ido sin bolsa, sin alforja y sin calzado… Nunca les faltó nada…  “Cuando os envié -les dice Jesús- sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo” . Nada, Señor, respondieron sus discípulos. Pero el Señor que incluso les dijo que no llevaran dos túnicas ni calzado de repuesto, ahora da un giro antitético a su mensaje. Sus discípulos, cuando Él faltara, deberían ser sus manos y sus pies en medio de un mundo injusto, deberían ser su voz de Evangelio a los pobres… Deberían prepararse y abastecerse. Necesitaban una bolsa, una bolsa que redistribuyera la justicia y la misericordia.

¿Os dije -les dijo Jesús- que fuerais sin bolsa y sin alforja a aquellas misiones temporales de diaconía, de ayuda y expulsión de demonios? Pues ahora no. Mi Evangelio a los pobres demanda algo más de vosotros. Tenéis que salir preparados y pertrechados:  “El que tiene bolsa tómela”.  Es un imperativo.  “También la alforja” . Haced provisión. La gente que vais a encontrar en el camino lo va a necesitar. Trabaja y lucha por tener una bolsa solidaria, una bolsa para compartir, para hacer misericordia, para hacer realidad mi Evangelio a los pobres.

No salgas sin tu bolsa y sin tu alforja repleta. No dejes nada guardado en tu caja fuerte, no acumules en los graneros de los ricos necios a los que, quizás, hoy mismo, se les va a pedir su alma. ¿Tienes alforja? ¿Tienes alimentos para llenar la alforja? ¿Tienes provisiones que puedes meter en esa alforja que Dios te ha dado? ¡Tómalas también! Vete por los campos, caminos y vallados provisto de alforja. No lo dudes. No te escandalices del mandato de Jesús.

Lo que tenemos y lo que viene es duro: dificultades, injusticias, opresiones, empobrecimiento de más de medio mundo, rechazo de los valores del Reino… rechazo del Evangelio o vivencia mutilada de la espiritualidad cristiana.

 Así, Jesús cambia o complementa, de forma antitética, su discurso ante la visión del sufrimiento humano, de su propio sufrimiento.  Tu bolsa y tu alforja pueden ser útiles si actúas con misericordia y solidaridad cristiana, si has entendido el mensaje de projimidad que nos dejó Jesús. Busca recursos, provéete de ellos… no sólo para ti. Se trata de bolsas solidarias que no nos deben escandalizar.

Nos quedamos con tu mensaje, Señor:  “El que tiene bolsa tómela, y también la alforja”.  La vamos a tomar, Señor, hasta quedar exhaustos y sin nada… confiados en tus promesas. Entonces podremos responder a tu pregunta:  “¿os faltó algo?”,  recordando que, cuando íbamos sin bolsa, sin alforja y sin calzado, no nos faltó nada. Ahora, en momentos en los que yo me marcho y voy a morir, tomad la bolsa. ¿Les faltará algo a ellos?… A vosotros tampoco. Así, Señor, si tenemos bolsa y alforja y no la tomamos para el servicio de tu Evangelio a los pobres, no nos des tranquilidad hasta que te entendamos. Que no nos escandalicemos de tus mandamientos. Que no estemos tranquilos, Señor, hasta que nos lancemos al mundo con lo que tenemos… y con lo que somos.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de él (III)

Coge tu bolsa, tu cartera, tu tarjeta de crédito para andar por los caminos de la vida… de forma solidaria.
Jesús, antes de su pasión, no hizo nunca esa afirmación tan imperativa que hizo ante la proximidad de su crucifixión:  “El que tiene bolsa tómela, y también alforja” .  Lucas 22:35-38 . Podría ser una frase escandalosa en los labios de Jesús.  Hoy siguen escandalizándonos muchas de las afirmaciones de Jesús en torno al dinero. ¿De qué te sirve tu bolsa, tu cartera, tu cuenta corriente? ¿Vas preparado con ella para usarla en el avance del Reino de Dios entre los pobres? No te escandalices. Úsala.

Él enviaba a sus discípulos a sanar enfermos, limpiar leprosos o echar fuera demonios, todo ello ejemplo de una acción social liberadora que complementaba la verbalización de la Palabra, ejemplo de su Evangelio a los pobres.  Hasta el momento de la proximidad de su partida al Padre, no los enviaba con bolsa o alforja, no les aconsejaba llevar recambios de túnica, de calzado o de bordón.  Les decía: “ No os proveáis de oro, ni plata ni cobre en vuestros cintos” . No llevéis dos túnicas ni calzado de repuesto. Confiad en mi provisión… porque,  “cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada” . Iban sin nada, pero nunca les faltó nada… y esto sigue siendo así, pero ¿por qué cambió Jesús el mensaje ante la pasión y su muerte en la cruz? ¿Tiene este cambio algo que aportar a su Evangelio a los pobres? ¿Es escandaloso el cambio?

Se acercaba su oración en Getsemaní que está en este contexto, su arresto, sus azotes, su presencia ante Pilatos, su sentencia de muerte, su crucifixión. Por tanto el cambio de mensaje o el juego de tesis y antítesis que Jesús hace, no es algo contradictorio, sino algo de lo que tiene que salir una síntesis creadora y dinamizadora del Evangelio. Aunque no te va a faltar nada, ahora debes coger la bolsa, llenar las alforjas para andar por los caminos de la vida. Cargar con la bolsa de forma no egoísta, no sólo para mi bienestar y disfrute. Espero que no te escandalice.

 Son palabras de despedida a sus discípulos ante el sufrimiento que se avecinaba, quizás palabras para reorientar su acción de apoyo a su Evangelio a los pobres, a los sufrientes, a los apaleados y tirados al lado del camino. Jesús parece que quería reorientar la acción de sus discípulos en una etapa nueva: Él se iba, aunque no nos dejaba solos. Quedaba con nosotros el Consolador. Sin embargo, coge la bolsa, hazte de provisiones, el mundo las necesita.

El cambio de mensaje, desde el decirles que fueran sin bolsa, sin alforja y sin calzado, hasta el imperativo de  “el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja” , para conseguir una síntesis dinamizadora con esos dos mensajes antitéticos, se da en un momento en el que Jesús, más que nunca, tiene delante de él la fuerza y problemática del sufrimiento humano. Él iba a sufrir, pero hay otros muchos en el mundo que están sufriendo, que iban, simbólicamente hablando, a ser crucificados con él: Los pobres y sufrientes del mundo.

 Si en mí hacen esto, qué no harán con tantos débiles del mundo.  Yo tengo que pasar por el escarnio y la muerte, mi nombre puede ser contado entre los inicuos. ¿Qué podrá ocurrir con tantos débiles del mundo? Jesús presagiaba un futuro de persecución, violencia, muerte… religiosos que se podrían acomodar al ritual sin preocuparse por la projimidad de la que tanto él había hablado, cristianos de rituales vacíos a los que les podría faltar la acción, la misericordia y la búsqueda de justicia… y yo me voy, pensaría el Señor. Los que me siguen tienen que ser mis manos y mis pies, mi bolsa y mi alforja en compromiso con el mundo sufriente. ¿Te asusta, te escandaliza?

Jesús había vivido con arreglo a unos valores del Reino, había dejado sus parábolas del Reino que avalaban y explicaban esos valores de rescate de los últimos, los pobres, los débiles, lisiados y marginados del mundo a los que invita al banquete del Reino en su línea del Evangelio a los pobres. Jesús preveía que podía haber despojos, acumulaciones desmedidas y necias que sumirían a muchos en la miseria y en el hambre, habría robos de dignidad, se dispararían las fuerzas del mal, habría opresiones y aumentaría la pobreza y el dolor… Jesús: El experto en sufrimiento o experimentado en quebranto como dicen algunas de nuestras versiones bíblicas.

 Hasta ahora, los discípulos habían ido sin bolsa, sin alforja y sin calzado… Nunca les faltó nada…  “Cuando os envié -les dice Jesús- sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo” . Nada, Señor, respondieron sus discípulos. Pero el Señor que incluso les dijo que no llevaran dos túnicas ni calzado de repuesto, ahora da un giro antitético a su mensaje. Sus discípulos, cuando Él faltara, deberían ser sus manos y sus pies en medio de un mundo injusto, deberían ser su voz de Evangelio a los pobres… Deberían prepararse y abastecerse. Necesitaban una bolsa, una bolsa que redistribuyera la justicia y la misericordia.

¿Os dije -les dijo Jesús- que fuerais sin bolsa y sin alforja a aquellas misiones temporales de diaconía, de ayuda y expulsión de demonios? Pues ahora no. Mi Evangelio a los pobres demanda algo más de vosotros. Tenéis que salir preparados y pertrechados:  “El que tiene bolsa tómela”.  Es un imperativo.  “También la alforja” . Haced provisión. La gente que vais a encontrar en el camino lo va a necesitar. Trabaja y lucha por tener una bolsa solidaria, una bolsa para compartir, para hacer misericordia, para hacer realidad mi Evangelio a los pobres.

No salgas sin tu bolsa y sin tu alforja repleta. No dejes nada guardado en tu caja fuerte, no acumules en los graneros de los ricos necios a los que, quizás, hoy mismo, se les va a pedir su alma. ¿Tienes alforja? ¿Tienes alimentos para llenar la alforja? ¿Tienes provisiones que puedes meter en esa alforja que Dios te ha dado? ¡Tómalas también! Vete por los campos, caminos y vallados provisto de alforja. No lo dudes. No te escandalices del mandato de Jesús.

Lo que tenemos y lo que viene es duro: dificultades, injusticias, opresiones, empobrecimiento de más de medio mundo, rechazo de los valores del Reino… rechazo del Evangelio o vivencia mutilada de la espiritualidad cristiana.

 Así, Jesús cambia o complementa, de forma antitética, su discurso ante la visión del sufrimiento humano, de su propio sufrimiento.  Tu bolsa y tu alforja pueden ser útiles si actúas con misericordia y solidaridad cristiana, si has entendido el mensaje de projimidad que nos dejó Jesús. Busca recursos, provéete de ellos… no sólo para ti. Se trata de bolsas solidarias que no nos deben escandalizar.

Nos quedamos con tu mensaje, Señor:  “El que tiene bolsa tómela, y también la alforja”.  La vamos a tomar, Señor, hasta quedar exhaustos y sin nada… confiados en tus promesas. Entonces podremos responder a tu pregunta:  “¿os faltó algo?”,  recordando que, cuando íbamos sin bolsa, sin alforja y sin calzado, no nos faltó nada. Ahora, en momentos en los que yo me marcho y voy a morir, tomad la bolsa. ¿Les faltará algo a ellos?… A vosotros tampoco. Así, Señor, si tenemos bolsa y alforja y no la tomamos para el servicio de tu Evangelio a los pobres, no nos des tranquilidad hasta que te entendamos. Que no nos escandalicemos de tus mandamientos. Que no estemos tranquilos, Señor, hasta que nos lancemos al mundo con lo que tenemos… y con lo que somos.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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Resurrección y justicia

Publicado: abril 10, 2012 en Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XXX)

Resurrección y justicia
La resurrección puede contemplarse como un acto de justicia hacia los injustamente tratados. Acto de justicia contra tanta injusticia.
 Todo el proceso de Jesús fue injusto. La pasión es un acto de injusticia. Es en la resurrección donde se hace justicia: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”. Mateo 28:6.Es verdad que la resurrección de Jesús tiene un valor trascendente, garantía de nuestra propia resurrección. Cristo resucitó dándonos garantía de vida eterna, de resurrección en gloria e inmortalidad. Sin embargo es verdad que la resurrección puede verse desde otras perspectivas más cercanas a los que sufren en nuestro aquí y nuestro ahora. Así, pues, la resurrección puede contemplarse como un acto de justicia para todos los injustamente tratados. La pasión de los pobres y oprimidos del mundo también es un acto de injusticia.

Así, la pasión de Jesús se relaciona se relaciona también con la pasión del hombre, de los injustamente tratados, de los empobrecidos, oprimidos, proscritos y sufrientes de la tierra. También, en la resurrección se puede ver un acto de justicia contra tanta injusticia. La resurrección también es un mensaje de esperanza para los sufrientes del mundo.

 Jesús murió como justo. Todo su proceso de sufrimiento, de pasión que culmina con su crucifixión y muerte, es un acto de injusticia contra el justo. Jesús es el justo que murió por los injustos. Toda la pasión de Jesús es un acto de injusticia humana, aunque Dios Padre la usase para que se cumpliera todo el plan de Dios. Desde esta perspectiva de la pasión como injusticia cometida contra el justo, la resurrección se puede ver como un acto de justicia de Dios, un acto que se puede ver como un acto de justicia a favor de una víctima .

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que algunos quieran ver en la resurrección un acto de justicia que repercute también, como tal acto de justicia, en todos los injustamente tratados.  La resurrección dice a las víctimas del mundo: Hay esperanza. La injusticia no tiene al final la última palabra . Hay esperanza para los oprimidos de la tierra, los robados de dignidad y de hacienda, los empobrecidos por el egoísmo de los necios acumuladores del mundo, para los tirados al lado del camino como sobrante humano, para los que han sido presa de la injusticia, del robo, de la tortura injusta y deshumanizante. Hay esperanza. Jesús ha resucitado como garantía de que la injusticia y el mal no van a triunfar sobre la justicia y el bien.

Así, la resurrección alcanza un valor importante para todas las víctimas del mundo: el mal, el dolor, el empobrecimiento de más de media humanidad, el escándalo del desigual reparto de las riquezas del mundo, la vergüenza de las grandes acumulaciones que dejan en la pobreza a tantos millones de seres humanos, es un escándalo humano que la resurrección vence y dice que las injusticias no van a ser eternas, que la muerte de tantos hambrientos del mundo ven una luz de justicia en la resurrección.

Jesús vence la muerte muriendo y es reivindicado en justicia por la resurrección. Jesús derrota a la muerte y a todo proceso de muerte, como es el de la pobreza en el mundo y la situación de tantos injustamente tratados. Hay justicia para todos los injustamente tratados del mundo a través del acto de justicia contra una víctima que implica la resurrección de Jesús.

 Así, en la resurrección Jesús se nos muestra como el reivindicador y vencedor del sufrimiento de tantas víctimas inocentes que hay en el mundo, de tantos que están sufriendo por el pecado de otros. Los pobres de la tierra tienen de común con la muerte de Jesús, salvando el hecho de que en Jesús es también un acto redentor, el que sufren por el pecado de otros . Los pobres de la tierra son sufrientes por el pecado de tantos acumuladores, injustos que esquilman la tierra pensando que todo el mundo, que toda la tierra es suya. Estos pecados de los opresores y acumuladores del mundo, recaen sobre los pobres de la tierra que sufren por el pecado de otros.

Dios es garante de justicia para ellos a través de la resurrección. La resurrección como acto de justicia para la víctima llamada Jesús, para el dador de la vida. La resurrección, igualmente un acto de justicia para todos los injustamente tratados que mueren o viven en la infravida por el pecado y la maldad de otros, de los acumuladores del mundo a los que se dedica uno de los ayes de Isaías: “Hay de los que acumulan casa a casa y heredad a heredad hasta ocuparlo todo. ¿Pensaréis que es vuestra toda la tierra?”.

En la resurrección, además de ver a un Jesús garantía de nuestra propia resurrección, además de ver el triunfo de Dios sobre la muerte que es garantía para nosotros de vida eterna, también se puede ver que Dios Padre se muestra como un Dios justo para con Jesús, para con las víctimas del mundo, para con los injustamente tratados, para con los pobres y proscritos de la tierra.

 Jesús, en su muerte, hace suya la causa de los sufrientes del mundo . También, en su resurrección se muestra como garantía de justicia para con los injustamente tratados, como garantía de que el bien y la justicia van a triunfar al final, que hay esperanza para las víctimas de la tierra. La resurrección como acto liberador que ha de convertirnos también a todos nosotros, sus seguidores, en agentes de liberación de los sufrientes del mundo. Si queremos defender la causa del Maestro, hemos de convertirnos en sus manos y sus pies como agentes de liberación en medio de un mundo de dolor.

 Así, prolongamos la resurrección de Jesús cuando somos garantes de justicia y liberación para con las víctimas del mundo, para con los injustamente tratados, para con los marginados, excluidos y proscritos del mundo, para todos aquellos que sufren en sus carnes y en sus vidas el resultado del pecado de los acumuladores y opresores de la tierra .

De esta manera, tenemos que ver y percibir la resurrección, no solamente como el acto que abre una perspectiva más allá de la muerte que todos hemos de pasar como un acto natural, sino que genera perspectivas de reivindicación ante el escándalo de tantos niños que mueren por el hambre, que viven en la infravida de la pobreza y el abandono. El acto reivindicativo de Dios en la resurrección de Jesús como un acto de justicia sobre la muerte de un inocente, nos debe motivar a trabajar por la liberación y la reivindicación de todos los que, injustamente, sufren esa muerte temprana que es el vivir en pobreza severa y en el hambre, en la infravida y en el no ser de la pobreza en el mundo.

 Con la resurrección hay una gran noticia: la justicia ha triunfado sobre la injusticia. Ejemplo que se nos da a todos los seguidores del resucitado que debemos convertirnos en buscadores de lo justo, en reivindicadores de los que injustamente están sufriendo por el pecado de otros, como es el caso de la pobreza en el mundo. A los pobres de la tierra dedico este artículo sobre la resurrección de Jesús, garantía de victoria para todas las víctimas del mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XXIX)

La cruz no es símbolo de un sufrimiento que me ahoga en lágrimas, sino de sufrimiento que me permite enjugar las lágrimas de los sufrientes de la tierra, de los pobres del mundo.
 Semana Santa.
Recuerdo de la cruz de Jesús. La frase de Jesús  “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”  (Mateo 16:24), se dice en un contexto de sufrimiento. Jesús estaba declarando a sus discípulos algo de su pasión, el sufrimiento que tendría que soportar en su cruz, la cruz de Jesús. Tendría que padecer mucho de parte de los religiosos, de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas… hasta la muerte. Lo matarían. Matarían al autor de la vida . Jesús tomaba su cruz a favor de los demás , por conseguir nuestra salvación, por dejar afianzados los valores del Reino, valores de justicia y de liberación de los débiles del mundo, valores que mostraban que uno debería vivir para los otros, para los demás… para el prójimo. Jesús no acepta su cruz de forma pasiva y victimista como si el sufrimiento fuera algo bueno en sí mismo. Sufre con un propósito. La cruz no es símbolo de sufrimiento que me ahoga en lágrimas, sino de sufrimiento que me permite limpiar las lágrimas de los demás, de los otros… de redimir, de salvar, de liberar. Ese era el sentido del sufrimiento en Jesús, de su cruz.

¿Qué sentido debe tener, pues, el sufrimiento de sus seguidores, nuestras cruces? ¿Qué puede significar que si queremos seguir a Jesús debemos también tomar nuestra cruz? Lógicamente no se refiere a tener que pasar por sufrimientos masoquistas, dolores o angustias que nos suman en la depresión, la inseguridad o el miedo. El sufrimiento de nuestra cruz también debe ser, de alguna manera, redentor. Nuestra cruz debe tener el sentido de ser también las manos y los pies del Señor en la línea de la projimidad, del servicio al otro, de la liberación del prójimo robado de su dignidad, empobrecido, sufriente.

 Jesús carga con su cruz compadeciéndose de nosotros . Así, nuestra cruz también debe ser compasiva, cruz que nos convierte en agentes de liberación de todos aquellos que son víctimas del egoísmo humano, del robo, de la opresión, de la falta de misericordia. Sólo el que toma su cruz puede ser un buen prójimo.

Cuando queremos ver siempre a los creyentes despojados de la cruz, siempre con un gozo insolidario, con una sonrisa porque Dios les ama, pero que este amor de Dios no les lanza a tomar su cruz de ayuda a los otros, a los sufrientes del mundo, cuando los vemos triunfantes en medio de los poderes y valores de este mundo y de espaldas a los crucificados de la tierra, es que estamos rechazando nuestra cruz. Es entonces cuando nos apartamos de los valores del Reino, ya no pensamos como Dios, sino como los hombres que, en su egoísmo, sólo piensan en su propio bienestar.

Nos ocurrirá lo que a Pedro. Ni siquiera vamos a querer que se de el sufrimiento redentor de Jesús, no queremos ni siquiera que Jesús cargue con la cruz… y nos convertimos, como en aquél momento Pedro, en emisarios del mismo Satanás. Es cuando Jesús nos tiene que separar de Él y nos tiene que decir:  “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” . Queremos eliminar el sufrimiento redentor, queremos eliminar de nuestras vidas nuestra cruz, el sufrimiento que debo tener mirando a mi prójimo en dificultad.

 Jesús llevó su cruz a favor de los hombres . Igualmente, mi cruz, me debe llevar a sufrir con las injusticias que se dan en el mundo, el desigual reparto de los bienes del planeta, el hambre, las torturas, los robos de dignidad, las exclusiones, el empobrecimiento de los pueblos, la infravida en la que viven tantos prójimos nuestros.

¿Debemos limitarnos ante esto a los goces espirituales sin tomar también nuestra cruz a favor de los demás? No podremos seguir al Maestro si no vamos cargados también de nuestra cruz a favor de los otros, de nuestro prójimo sufriente. No podrás ser un discípulo de Jesús si no cargas con una cruz que te mueve a misericordia y te hace pararte y compartir con tu hermano tirado al lado del camino, apaleado y en manos de ladrones… ¿No está acaso gran parte del mundo en manos de ladrones?… No nos queda otro remedio que tomar la cruz.

Tomar la cruz no significa hacer un seguimiento de Jesús preocupándote solamente de tu propio sufrimiento y viendo las formas de uso de la religión o de la espiritualidad cristiana para liberarte tú de tus propios miedos, sino que tomar la cruz es pasar a ser un buen prójimo preocupándote de las situaciones de los otros, del sufrimiento del mundo, de los empobrecidos de la historia, de los desheredados, de los puestos en los últimos lugares allí donde se da la infravida y el no ser de la marginación y de la exclusión social, allí donde el hombre sufre apaleado y robado por sus propios semejantes.

 Jesús en la cruz no sólo se compromete con el hombre para el más allá, sino que se compromete también con su sufrimiento en su aquí y su ahora . Con su muerte en la cruz quiere sellar también su legado, los valores del Reino que son dignificadores y liberadores de la injusticia y de la opresión. Nuestra cruz también nos debe comprometer con el hombre sufriente. Si no, nuestra cruz no tiene ningún valor, no es una carga, ni ligera, ni fácil, ni nada. Vivimos para nosotros mismos.

Mi cruz, tu cruz en el seguimiento del Señor, te debe comprometer con el hambre en el mundo, con la injusticia, con la muerte temprana de tantos niños, las torturas, los abusos, la opresión y el despojo que se hace de tantos prójimos nuestros. Si no, ¿Qué cruz es la nuestra? ¿Qué cruz es la tuya? ¿Qué cruz es la que te permite el seguimiento del Maestro de espaldas al dolor de tu prójimo? Nadie puede llevar su cruz de espaldas al grito de los marginados y pobres de la tierra. Sería un insulto al concepto de projimidad que nos dejó Jesús.

 No te escandalices ante una cruz que te pide compartir sufrimiento, a la cruz que te pide amor y misericordia para con el prójimo sufriente, una cruz que tiene que ser a favor de los otros… como la de Jesús . Mientras la iglesia y los creyentes tengan miedo al sufrimiento que comporta tomar y llevar la cruz del seguimiento de Jesús, el cristianismo no será auténtico, no se dará eso que es contrario al egoísmo humano: el negarse a sí mismo… quizás para vivir pendiente del prójimo que nos necesita.

Eso implica seguir a Jesús llevando nuestra cruz. Hazlo y no tengas miedo. Te sentirás unido al proyecto de Jesús, tomado de su mano… camino de la eternidad que sólo se alcanza en compromiso con el presente, con el ahora… portando la cruz. Si no quieres ver ni compartir sufrimiento, serás apartado y considerado como un agente de Satanás. Como le ocurrió a Pedro en aquel momento.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XXVIII)

 
Vísperas de Semana Santa. Semana de pasión… de traición. Jesús, con su ejemplo de servicio, vence a los traidores del mundo.

 

 Nos acercamos a la Semana Santa. Semana que también nos recuerda la traición.  “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que el entregase…  Es la traición. “… se levantó Jesús de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” … para servirles. Es el servicio que vence la traición . (Juan 13:2y4). La traición versus el servicio. El servicio venciendo la traición. Si es así, la acción social cristiana debe vencer también a los traidores injustos. Traidores contra sus prójimos. Ejemplo nos ha dado Jesús: frente a la traición, el servicio. Es lo que nos recuerda el inicio de la Semana de Pasión.

Son los últimos momentos de Jesús, antes de que abandonara este mundo para volver al Padre. Momentos para redactar todo un testamento. Su última voluntad. ¿Qué propósito último tenía Jesús cuando se acercaba el momento de su partida hacia el Padre? Nos deja un testamento como ejemplo a seguir. Un testamento vivo de servicio. El servicio venciendo la traición.

El ambiente podría ser de cierta expectación, de cierta tensión ante lo que podían notar que la vivencia de la presencia de Jesús encarnado era ya corta. Se aproximaba el gran cambio, la posible soledad de los discípulos. Hemos dicho que era un ambiente de amor con la expresión límite del texto que nos dice que Jesús amó a los suyos hasta el fin. Amor sin límites, pero un amor con una competencia maligna. En medio de este ambiente amoroso, pululaba la sombra de la traición.

Así, el texto dice bruscamente:  “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas que traicionara a Jesús” , que le entregara. El amor, la muerte y la traición, convivían en aquella cena. Por tanto, la trama del texto es agridulce. El amor y la traición se codean. Dios y el diablo. El amor, que es vida, con la muerte. El pan y la zancadilla.

 Semana de pasión, semana de traición. En el versículo 18 nos dice que  “el que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar” . Junto al comer unidos el pan, junto al amor hasta el fin, está el que pone la zancadilla, el que traiciona, el que no respeta las normas, el que no hace justicia, el que tiende a llevar a otros a la muerte. El bien y el mal juntos , el trigo y la cizaña… como la vida misma en un mundo caído, mundo en el que convive la pasión y la traición.

Levantando el calcañar contra los inocentes. La pasión se repite. Semana de pasión, años de pasión, siglos de pasión. El mundo está lleno de los que ponen la zancadilla a los inocentes, a los más débiles. Están los que abusan, los que oprimen, los que llevan a otros hacia el patíbulo. Hay que hacer algo para contrarrestar. En el mundo el trigo quiere ser ahogado por la cizaña.

 Pasión y traición. Están los Judas encargados de la bolsa y que, como él, a veces aluden a los pobres… para poder robar más . Ese era Judas, el dueño de la bolsa que, cuando derramaron a los pies de Jesús un perfume de alto precio, dijo traidoramente que eso debería vender y ser dado a los pobres. Pero la Biblia dice que dijo esto porque era ladrón y quería tener todo en su bolsa.

Cercanía de la Semana de pasión. Ahora, en los momentos finales de la vida de Jesús entre nosotros, planea la traición. El mal acosa al bien. Los inocentes son injustamente tratados, los mansos son despojados y los débiles echados a los márgenes del no ser de la marginación. Es la historia de un mundo caído.

Testamento de pasión. Jesús tenía que hacer algo como última voluntad, como testamento vital de ejemplo a los hombres, a sus criaturas. Tenía que contrarrestar el ambiente de traición, la obra de Satanás que se realizaba a través de Judas, el tesorero ladrón, el amante de la bolsa… el que es capaz incluso de entregar a Jesús, al Maestro divino por dinero.

 Ante el inicio de su pasión, Jesús se humaniza al máximo . Tiene que hacer algo, algo importante, algo ejemplo para la humanidad. Tránsito final del ministerio de Jesús hombre en el mundo. El Maestro, el Hijo de Dios, en este acto final, se humaniza mucho más. El que había partido de Dios y volvía a Dios, se humaniza hasta el límite, hasta el fin, al igual que amó. Se quiere mostrar como el humano más humano entre todos los humanos. En este momento de vuelta a la divinidad, se quiere mostrar como el Hijo del Hombre, el Dios humanado encarnado… para servir… para darnos ejemplo de servicio… mientras comenzaba su pasión.

Servicio venciendo a la traición… Testamento ante la muerte. Se quita su manto y se ciñe una toalla. Imágenes de su acto de última voluntad, de su testamento como ejemplo a seguir por todos. Imágenes simbólicas. Se despoja un tanto de su halo de divinidad. Se quita su manto. Se queda como el hombre despojado de algo digno, cerca de la desnudez, como si dejara su propia divinidad a un lado y se humaniza en el servicio.

 Toalla versus manto. En lugar del manto, que le podía dar cierta imagen de Maestro, Maestro divino, se ciñe una toalla . Está escribiendo su última voluntad, su testamento de ejemplo al mundo. Jesús se quitó el manto y mostró al Dios hombre… con una toalla ceñida y dispuesto al servicio.

Este Dios hombre es el Dios preparado para el servicio, con su toalla ceñida y dispuesto a lavar los pies a sus discípulos. Jesús, en su última voluntad, en su testamento final, estaba mostrando al Dios siervo, dispuesto al servicio, a preocuparse de las necesidades de los otros… ejemplo a sus discípulos de todas las épocas.

Es la forma de contrarrestar la traición. Es la forma de vencer con el bien el mal. Es el ejemplo que nos deja para decirnos como podemos cambiar el mundo, como podemos destrozar las estructuras injustas de traición y de pecado, las estructuras que llevan a los inocentes a la muerte o a la infravida de la pobreza y marginación. El servicio, que es amor en acción, vence a los poderes de maldad del mundo, a la injusticia, a los egoísmos que llevan a otros a la muerte.

Jesús se quita su manto… ¿Se despoja de su deidad? Se pone una toalla… ¿Le humaniza a lo sumo el comienzo de su pasión? Jesús, en estos últimos momentos entre nosotros, es como si, al quitarse su manto, se estuviera despojando de su deidad, estuviera mostrando su humanidad en servicio como forma de vencer la traición de los Judas del mundo. Es como si tuviera miedo de que los hombres vieran en Él solamente a Dios. Este despojo del manto se relaciona con el servicio.

Última voluntad. Testamento de vida… ejemplar. El Jesús ceñido con una toalla, el Jesús siervo, el Jesús ejemplo de servicio…  “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” . Es como si nos estuviera diciendo: Quitaos vosotros también el manto y ceñiros la toalla del servicio. No ha entendido el Evangelio quien no sirve.

 Servicio que contrarresta a los traidores del mundo, a los egoístas que sólo piensan en la bolsa repleta, aunque sea a costa de la muerte de tantos que, empobrecidos, caminan por el mundo en la infravida. El servicio vence la traición. Una lección previa a Semana Santa. Una lección de la semana de pasión .

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Simarro Fernández

En el ambiente que rodea a Jesús, están los antihéroes.

 

 Hace no mucho tiempo, regalé uno de mis libros “Inmigrantes, el multiforme rostro de Dios”, a un misionero norteamericano amigo mío. Lo estuvo viendo y, al cabo de unos días, me dijo: “En los Estados Unidos esto no tendría éxito”. No lo dijo en forma crítica, sino que parecía que lo decía de una forma realista ante la manera que tienen, al parecer, de vivir el cristianismo algunos evangélicos norteamericanos.

Quizás sea la generalidad, porque yo sé que también en los Estados Unidos hay creyentes comprometidos con los pobres, los inmigrantes desarraigados y desclasados, con los proscritos y excluidos de la tierra. También se puede hablar de los valores del Reino en los países ricos… aunque haya incomprensiones, dificultades y extrañezas. Los seguidores auténticos de Jesús están esparcidos por toda la faz de la tierra.

Sin embargo  es posible que en los países ricos y consumistas, allí donde la riqueza se considera como prestigio, en aquellas iglesias en donde exigen o quieren que sus pastores vayan vestidos de forma impoluta, dando la imagen de triunfador, sea difícil entender la figura de Jesús cercana a los pobres , a los pecadores, a los marginados, a las prostitutas, a los ladrones, a los extranjeros como eran los samaritanos, a los ignorantes, locos, poseídos o enfermos. En muchos ambientes cristianos, o denominados cristianos, esto sigue pareciendo una locura.

 En el ambiente que rodea a Jesús, están los antihéroes , los que no tienen poder mundano, los fracasados y desprestigiados, los desheredados y todos aquellos a los que, incluso desde los sectores religiosos, se les negaba todo tipo de esperanza. ¡Qué difícil es entender al Jesús histórico desde algunos sectores del mundo rico, desde las iglesias que, hartas y nadando en la abundancia, viven cómodamente los valores antibíblicos de una sociedad injusta y maldita en muchos aspectos!

El ambiente que rodeaba al Maestro, al Hijo de Dios Humanado, a Jesús de Nazaret, era muy diferente que el ambiente de las iglesias de los cristianos ricos en medio de un mundo de pobreza. A Jesús le seguían, por la esperanza que transmitía a los desheredados de la tierra, todos aquellos pecadores, pobres, publicanos, rameras, desclasados y proscritos de la época. Jesús transmitía esperanza a gentes sencillas, a los ignorantes considerados malditos por los sectores religiosos que pensaban que estos malditos ignorantes no podrían cumplir nunca la ley.

 Jesús, así, se rodea de la gente menos representativa, más molesta para los puros de la época, agobiados, “trabajados y cansados” , cargados, minusvalorados, de fama sospechosa y mal vistos por la sociedad, enfermos, incultos, ladrones… y come con ellos, comparte con todos estos desheredados la vida, el pan y la Palabra.

Los religiosos de la época cerraban las puertas de la salvación a todos éstos. Se convertían en guardianes de las puertas del Reino de los Cielos que sólo abrían a los puros, a los carcomidos por la hipocresía y una santidad fingida que les convertía, según Jesús mismo, en sepulcros blanqueados por fuera cuyo interior es putrefacción en la que deambulan los gusanos inmundos.

Por eso hoy, habría que gritar a las iglesias de los ricos autoconsiderados puros: ¡No cerréis las puertas de los cielos a estos pequeños, no sea que estéis clausurando para siempre la posibilidad de poder cruzar vosotros hacia los atrios del Dios vivo!

Con Jesús no sólo irrumpe en el mundo la comunicación de que el Reino de los cielos ha llegado, la comunicación de que el Evangelio es predicado, sino la comunicación de que el Reino de Dios se ha acercado, ha llegado a los pecadores, excluidos y marginados, que el Evangelio es predicado a los pobres.

Esto sigue escandalizando.  Las prioridades de Jesús son una interpelación tan grande a tantos cristianos de espaldas al dolor de los hombres que muchos llamados seguidores de Jesús no pueden aguantar estas interpelaciones… y vuelven su mirada hacia arriba, hacia los ángeles, hacia el trono de Dios ante el cual se quieren gozar y sentirse bendecidos y privilegiados . Pero el mensaje sigue sonando desde el trono del altísimo: El reino de Dios se ha acercado a los pobres, a los desclasados, a los marginados y excluidos, a los proscritos… y se nos cierra la visión del trono de gloria hasta que no nos paseemos por los focos de conflicto, hasta que no nos convirtamos en agentes de liberación de los sufrientes de la tierra.

Así, los pobres son los preferidos del Señor… No por ninguna especie de superioridad moral o espiritual de los marginados y excluidos de la tierra, de los empobrecidos del mundo, sino porque Jesús viene investido de la propia bondad y amor de Dios el Padre que los acepta y los acoge destruyendo y haciendo saltar en pedazos todo tipo de exclusión y todo tipo de prepotencia basada en consideraciones de pureza por razón de estatus social, acumulación de riqueza o de sabiduría mundana.

Jesús, en su bondad y amor, reflejando las características del Padre, ofrece acogida y salvación a todos aquellos marginados, olvidados, humillados, excluidos y robados de dignidad por los que los autoconsiderados puros, por los religiosos que sólo miran al cielo y a su autogozo y deseos de bendición, sea ésta económica o de otro tipo.

 Jesús no fue neutral ante las injusticias del mundo, no fue neutral ante el desamor , ante la exclusión y empobrecimiento de las gentes sencillas, de los huérfanos, las viudas y los extranjeros, como prototipos de las personas marginadas, empobrecidas y excluidas de todas las épocas… Nosotros, los cristianos, tampoco debemos ser neutrales.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él. (II)

En el mundo hay muchos que tienen buenas palabras para Dios, pero que no son coherentes.
 La afirmación de Jesús de que las prostitutas pueden ir delante de ellos al reino de Dios, se la dirige a los religiosos de la época. ¿Era algo escandaloso? El texto tiene su importancia porque esta frase está dicha en un contexto muy especial. Jesús se dirigía a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo.  Una vez más se dirige a los religiosos de la época. ¿Les diría esto Jesús también a los religiosos de hoy? Yo creo que hoy seguiría escandalizando lo mismo o más que en la época de Jesús. “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios”.  Mateo 21: 31 . También el contexto es esta parábola de los dos hijos en la que uno responde con un “no” incomprensible a la llamada del padre para ir a trabajar a su viña -negación escandalosa-, pero luego arrepentido va, y el otro hermano dice que “sí”, de forma hipócrita , porque luego no va. Otro escándalo. Deja al padre tirado en la estacada a pesar de sus buenas palabras o su buena respuesta. Este es el contexto de la frase de Jesús.

 Por tanto, el tema de que las rameras pueden ir por delante de muchos religiosos al reino de Dios, está en la línea de que en el mundo hay muchos que tienen buenas palabras para Dios, pero que no son coherentes , no cumplen, son religiosos sólo de labios, mientras que hay otros que, sin tener tan buenas palabras, tanta palabrería aparentemente positiva, son los que realizan la obra, son los que responden al llamado del Padre. ¿No es un tanto chocante la parábola? ¿No es un tanto escandaloso para los religiosos cumplidores del ritual?

 Pareciera que al padre no se le agrada con palabras que no culminan en hechos y acciones coherentes con lo que se dice. ¡Qué bueno es repetir esto hoy aunque escandalice!  Es una parábola sobre la importancia de la acción y sobre el hecho de que las buenas palabras no valen para nada, sean litúrgicas, u oraciones o alabanzas, si no culminan en trabajos, en hechos, en la realización del mensaje en el mundo, en la encarnación del Evangelio en nuestra historia como un evangelio que actúa tendente a la realización de la obra evangélica, al hecho de que todo cristianos tiene que ser las manos y los pies en medio de un mundo de dolor. Algunos hoy todavía se pueden escandalizar cuando se les saca del rito y se les quiere sumergir en la realización del mensaje en nuestro contexto histórico con hechos, con acciones con compromisos.

Nos escandaliza a muchos religiosos el que se nos diga que muchas prostitutas y personas estigmatizadas, marginadas y tachadas de pecadores nos pueden preceder en el camino al cielo. Ni se lo piensan para evitar el escándalo que les produciría… pero son palabras de Jesús. Parece que esto atentara contra la buena reputación que tienen muchos de los que viven su cristianismo de palabra, de ritual y de cumplimientos de normas. Una ética de cumplimiento, una moral de ritual a la que escandaliza el compromiso, la aceptación y el poner en los primeros lugares a los pobres y débiles del mundo.

Es verdad que nos enfrenta la parábola con el hecho de que muchos religiosos están diciendo continuamente “sí”. Pero es un “sí” que es fachada religiosa, sepulcros blanqueados por fuera y cuyo interior es hipocresía, insolidaridad con los sufrientes de la tierra, con los pobres, con los oprimidos… con el prójimo que nos necesita. Su vida religiosa está basada en palabras que no son coherentes con la acción que la fe demanda a través del amor. Estos son los que se escandalizan ante las afirmaciones de Jesús a favor de los débiles y proscritos del mundo.

 ¿Quiénes son los que han dicho “no” a Dios, pero que después son los que “realizan” el Evangelio, los que encarnan el mensaje, los que hacen la obra, el trabajo que el Reino de Dios necesita?  ¿Son personas que, quizás, no hacen alabanzas de labios, no siguen los libros de rituales? ¿Son los que, aparentemente, están dando la espalda a Dios? ¿Son personas que no comunican de palabra el Evangelio a nadie, que ni siquiera hablan de Dios, que no confiesan con su boca que son hijos de Dios?… pero capaces de arrepentirse. Un tanto escandaloso, pero sin embargo son aprobados porque “hacen” la voluntad del padre… aunque tengan que decir: “Señor, ¿cuándo?”. No lo han hecho por ningún tipo de recompensa.

Hay textos y parábolas de la Biblia que nos dejan un tanto escandalizados. Sin embargo no se puede pasar por ellos sin hacer una reflexión. Una reflexión seria, una reflexión sobre lo que significa ser “hacedores de la palabra”, realizadores del mensaje, encarnadores en medio del mundo de la voluntad del padre.

¿Puede haber hombres y mujeres, despreciados por el mundo que estén realizando el mensaje, haciendo el trabajo que Dios quiere que se haga en el mundo, encarnando con sus hechos los valores del Evangelio, haciendo y practicando la projimidad? Realmente son parábolas radicales de Jesús, escandalosas, parábolas que extrañan un poco o un mucho a los cristianos del mundo hoy, temas a los que nos gustaría no enfrentarnos. Pueden causar escándalo.

 También de la parábola se desprende la reafirmación de Jesús, escandalosa para algunos, en uno de los valores centrales del Reino: “Muchos últimos serán primeros”.  La afirmación que los publicanos y las rameras van delante de muchos de nosotros en el camino del Reino de Dios, es una afirmación en línea con el mensaje de Jesús, con sus prioridades, con sus enseñanzas… aunque nos escandalice desde la vivencia de un cristianismo cómodo e insolidario con los sufrientes de la tierra.

¿Será que al evitar tantos cristianos la responsabilidad con tantos pobres y proscritos del mundo, con tantos hambrientos, empobrecidos y oprimidos, Dios se acerque a ellos -a pesar del posible escándalo- y ellos, arrepentidos, se pongan a disposición de realizar con hechos el mensaje en el mundo? Quizás cuando nosotros los rechazamos Dios se acerque más a ellos, cuando nosotros los dejamos en la estacada tirados y apaleados a los lados de los caminos de la vida, Dios se acerque a ellos y les use… y los defienda… aunque parezca incomprensible y escandaloso.

¿Sería un escándalo que Dios siguiera hoy viviendo en el mundo más entre los que habiendo dicho “no”, pero arrepentidos están disponibles para Dios, abiertos a hacer su voluntad, a realizarla en el mundo… aunque el mundo sólo pueda ver su “no” y no perciba su arrepentimiento?

 Son misterios que no podemos desentrañar ahora… escándalos incomprensibles… cuando estemos con el Señor, entonces lo entenderemos  si es que nosotros estamos también haciendo la obra, el trabajo de la viña obedeciendo los mandatos del Señor sin la hipocresía del “sí” falso y en el arrepentimiento que transforma el “no” en acción positiva para el mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Francisco Martínez

Capacitando a pastores para 2040
 Para el 2040 la mayoría de cristianos en EEUU serán de grupos minoritarios. Los pastores que se están formando hoy trabajarán en esta nueva realidad
 Este fin de semana me encuentro en Pittsburgh, Pensilvania, donde se encuentran las oficinas de la Asociación de Escuelas Teológicas. Esta institución es la que acredita a los seminarios de EEUU, Canadá y Puerto Rico .

Estoy aquí como parte de un comité cuya tarea es ayudar a seminarios a prepararse para capacitar a los pastores y líderes de la iglesia cristiana en Norteamérica tomando como punto de enfoque el año 2040.

 La razón por enfocar en este año es que se estima que para el año 2040 los grupos minoritarios juntos serán la mayoría de la población de EEUU. Ligado a esto está el hecho de que la iglesia está creciendo entre los grupos minoritarios y los nuevos inmigrantes .

Mientras crece el número de cristianos entre las minorías, decrece el porcentaje de personas “blancas” que son cristianas.

Todo esto significa que  para el 2040 la mayoría de cristianos en EEUU serán de grupos minoritarios. Si Cristo no viene para el 2040 los pastores que se están formando hoy estarán pastoreando en esta nueva realidad .

 La mayoría de los seminarios en EEUU fueron formados por denominaciones históricas para capacitar a personas blancas a pastorear iglesias de mayoría blanca y de denominaciones históricas . Pero eso también está cambiando. Todas las denominaciones históricas están decreciendo. Muchos de los seminarios de denominaciones históricas están en crisis y no pueden anticipar que sus denominaciones les manden muchos estudiantes nuevos.

 Hoy en día las iglesias que están creciendo son de denominaciones pentecostales o no-históricas y hay un número creciente de iglesias que tienen fuerte presencia minoritaria . Si también se toma en cuenta el cambio demográfico y el crecimiento de iglesias minoritarias, esto significa que los pastores del futuro necesitan herramientas para las relaciones inter-culturales en la vida de la iglesia.

Pero  este cambio se da en medio de otros cambios en la formación de pastores. Por un lado, un número creciente de pastores se están capacitando en institutos bíblicos o por otros medios alternativos. Y un número creciente de los estudiantes de los seminarios son pastores bi-vocacionales o personas que no pueden dedicarse a estudiar tiempo completo . Tampoco pueden dejar sus iglesias o trabajos para mudarse y estudiar en un seminario.

Las nuevas tecnologías nos dan nuevas maneras de incluir en la formación teológica a personas que antes no podían participar por estar muy lejos. Pero también nos presentan retos pedagógicos y preguntas sobre la mejor manera de capacitar a hombres y mujeres para servir al Señor, al reino y la iglesia.

 Todo esto significa que tenemos que considerar nuevos modelos de formación teológica y pastoral al mismo tiempo que tenemos que preparar a personas para pastorear en un mundo diferente al que han conocido .

Por un lado, esto nos presenta muchos retos. Pero también nos invita a estar abiertos a nuevas maneras de formar a esta nueva generación de pastores y siervos del Señor. Que Dios nos de sabiduría y discernimiento para la tarea.

Autores: Juan Francisco Martínez
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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Jesús (I)

Una nueva serie sobre principios de Jesús que escandalizaban a muchos de quienes le escuchaban.
 Apedrearon a los siervos y mataron al hijo para quedarse con los frutos, con la heredad. Poco se predica hoy sobre esta parábola dirigida a los religiosos de la época, a los principales sacerdotes y ancianos del pueblo. Quizás escandaliza la forma en que Jesús se dirige a los religiosos.Así dice uno de los textos de la Parábola dirigida a cumplidores de las normas religiosas: “Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos para que los recibiesen. Mas los labradores apedrearon a los siervos. Finalmente les envió a su hijo… mas los labradores cuando vieron al hijo dijeron: Venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad”.  Mateo 21: 34-38 .

 ¿Son los religiosos, acaso, los ladrones de los frutos del Reino? La parábola afirma como conclusión que el reino de los cielos se le quitará a estos labradores y se entregará a otro pueblo que produzca sus frutos . ¿Acaso eran los religiosos de la época de Jesús los que impedían que los frutos llegaran a su legítimo dueño, el dueño de la viña? ¿Causa escándalo el tildar a los religiosos, trabajadores de la viña, de ladrones? ¿Sigue siendo actual la parábola y los frutos del reino son frenados por los religiosos?

Esta es una parábola escandalosamente dura que nos presenta a un grupo de personas que trabajan en la viña del dueño, pero que impiden que éste vea el fruto de su viña.  Estos labradores malvados se creen en la libertad de apoderarse ellos de los frutos de la viña hasta el punto de que son capaces de matar a los emisarios del dueño que claman por sus frutos.

¿Quiénes apedrean o persiguen hoy a estos emisarios, a los profetas de Dios?  ¿Quiénes apedrean hoy a los que reclaman los frutos de la viña para entregarlos a su Señor?  ¿Quiénes son los que apagan la voz profética para que no se den los frutos de justicia que reclama el dueño de la viña? ¿Quiénes se oponen hoy a los frutos de justicia, de solidaridad humana, de dignificación de las personas, de liberación de la pobreza y de la miseria de tantos sufrientes del mundo? ¿Acaso son los propios religiosos?  A mí no me escandalizan las palabras de Jesús, pero la Biblia constata que muchos se escandalizaban de Él.

Religiosos que se preocupan de sus iglesias, de sus parroquias, de que se mantenga cierta “limpieza” interna intramuros de los templos… pero ladrones de frutos. Pero ¿se puede identificar la iglesia con el Reino de Dios? ¿Debe dar la iglesia los frutos del reino o se puede quedar con ellos apedreando incluso a los profetas?

Yo defiendo y amo a la Iglesia. Aquí la cuestión está en saber si las iglesias son todas iglesias del reino. Si son iglesias del reino, no pueden estar robando los frutos que éste demanda.  Yo espero que las iglesias no estén apedreando a los profetas, ni maten al hijo para quedarse con los frutos de la viña, los frutos del reino que deberían estar actuando en el mundo, como frutos de búsqueda de justicia, de práctica de misericordia, de estar sacando a los últimos y poniéndolos en los primeros lugares . ¿Se roban estos conceptos porque, quizás, causan escándalo?

Gracias a Dios que hay iglesias del Reino y no son identificables con los labradores de la viña que querían sólo para ellos la heredad y la posesión de los frutos que producía la viña. Pero puede haber iglesias del antirreino.

Quienes ejerciendo de labradores, de trabajadores de la viña, son malvados y matan a los profetas, a los emisarios de Dios e impiden que los frutos del reino lleguen a todos, al mundo, a los necesitados para que haya una sociedad nueva en la que prosperen esos frutos, no son dignos de ser labradores del reino. El reino se les quitará y se buscará otro pueblo que produzca esos frutos. Hay que acabar con los labradores homicidas para que los frutos del reino resplandezcan en el mundo de una manera clara.

 Tenemos que saber que en la viña del Señor no hay lugar para los que no están aportando continuamente frutos, para los que no están actuando para los demás, para los que desconocen los frutos de la projimidad, para los que sólo se dedican a la palabrería y alabanzas vanas, pero que, al final, se quedan con los frutos, los roban, impiden que los frutos lleguen a un mundo lleno de dolor y con el que Dios se siente identificado.  Pero, cuando se dice esto, muchos se pueden escandalizar.

¿Quién es el que puede quitar a los labradores malvados que, sintiéndose propietarios o amos impiden que el Señor recoja sus frutos? ¿Quién puede eliminar a los que apedrean a los profetas, a los que matan al hijo? ¿Quizás pensarán que con un Dios muerto van a poder quedarse con los frutos de la viña del Señor? Por eso matan al Hijo. Quieren matar al mismo Dios para que no les demande la entrega de los frutos. Esto sí es un escándalo real. Ante esto sí hemos de escandalizarnos en justicia.

 A Dios no se le puede matar, porque es el dueño de la vida y de la muerte. Es verdad que mataron a Jesús, pero éste venció la muerte, resucitó y sigue pidiendo cuentas sobre los frutos que los religiosos tienen que dar al Señor de la viña.  Esos falsos amos de la viña tienen que ser sustituidos y eliminados. Tiene que darse la viña a otros que produzcan frutos, frutos de justicia, de misericordia y de amor. Sin esto la religión no es válida, los cultos no son aceptos al dueño de la viña, las plegarias son una molestia para los oídos de Dios, las fiestas solemnes no las puede soportar el dueño de la viña. Éste lo que quiere son los frutos del reino, que éstos actúen en el mundo.

Creo que esto puede ser una gran lección para el cristianismo hoy, una lección que potencia la obra social cristiana, el compromiso con los pobres, con el mundo, con los oprimidos, con los que están esperando que los frutos del reino lleguen a todos los rincones del mundo eliminando injusticias, liberando, dignificando… Aunque esto escandalice a algunos.

Dios no puede bendecir una iglesia que no dé los frutos del reino, que no los entregue como ofrenda a su Señor. Si la iglesia y los cristianos intentan robar los frutos y apedrear a los profetas, será quitada de la faz de la tierra y entregada a otro pueblo que sea iglesia del reino.

No puede darse la vivencia de un cristianismo estéril que no produce los frutos que el dueño de la viña está esperando. El reino de Dios no está entre los religiosos que no producen frutos, en el pueblo que apedrea a los profetas y que es capaz de matar al hijo para quedarse egoístamente con los frutos y con la herencia que no le pertenece. Nadie que mate la voz de los profetas puede ser un agente del reino de Dios.

La iglesia hoy tiene que escuchar la advertencia de Dios a su pueblo: “El reino de Dios será dado a gente que produzca los frutos de él”, dice el texto de Mateo. La iglesia debe estar preparada con su cesto de frutos. Su privilegio será el poder decirle al Señor: Aquí están los frutos, Señor. Los frutos de mi fe, los frutos que nuestra fe ha dado a través del amor… aunque esto escandalice a los religiosos insolidarios.

Autores: Juan Simarro Fernández

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¿Tú también eres tentado?

Publicado: febrero 8, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Retazos del Evangelio a los pobres (LII)

Fin de los artículos sobre la oración modelo de Jesús. “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Texto completo en Mateo 6:9-15.
 Con esto terminamos las reflexiones sobre la oración modelo de Jesús.  “No nos metas en tentación” , es la última petición de esta oración modelo, el Padre nuestro, que nos deja Jesús.  Es una petición que muestra la debilidad humana y la dependencia del Creador. Es tan completa y exigente la oración que nos deja Jesús como modelo para orar, que necesitamos las fuerzas de Dios mismo, que sea Él quien nos sostenga para poder resistir en medio de un mundo lleno de valores tentadores , de tentaciones mundanas en línea con la injusticia, el poder, la acumulación de riquezas… valores que son contracultura con los del Padre nuestro y los del Evangelio a los pobres que nos dejó Jesús. Esta petición es la fundante de la posibilidad de poder asumir las peticiones anteriores que, uniendo el cielo con la tierra, nos marcan las líneas de la projimidad, de acercamiento del Evangelio y los valores del Reino a los pobres de la tierra.

Esta última petición es el reconocimiento final de que caeremos si no nos ponemos en las manos de un Dios que nos tiene que librar de la tentación y no meternos en los males tentadores de las riquezas, del poder, de la avaricia, del egoísmo humano, de la prepotencia, de la falta de solidaridad y práctica de la injusticia. Sin ti, Señor, permaneceremos en el mal de considerar la riqueza como prestigio, en la infravida de los que sólo desean acumular y adorar al becerro de oro, al dios Mamón. En la necedad de los que no quieren compartir, de los que permanecen de espaldas al grito de los pobres y, por ello, de espaladas a tu Evangelio, de espaldas a ti… aunque olamos a cirio y a incienso. Permaneceremos en la peor de las idolatrías.

Señor, sin ti, seremos de los que consideran locura las exigencias de tu Evangelio, seremos de los que a lo dulce llaman agrio y a lo agrio dulce. Sin un Dios que nos libre del mal y de caer en la tentación, jamás entenderemos tu Evangelio a los pobres, tu oración modelo. Nos revolcaremos afanados y ansiosos en el cieno de las falsas riquezas -o el deseo de ellas- y de los falsos valores, como puercos a los que no les importa la suciedad ni el pecado. Sin tu ayuda y liberación, podremos estar alabando en la iglesia, mientras somos carcomidos y deslumbrados por los valores insolidarios que nos impiden ver tu rostro, el rostro de los pobres del mundo. Señor,  “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” , para que seamos personas solidarias, agentes de liberación de tu reino en la tierra… para que los valores de tu Evangelio a los pobres, de tu oración modelo, no nos parezcan locura ni insensatez.

 ¿Qué cosas nos tientan? Es verdad que el listado puede ser largo, pero hay tentaciones enormes en torno al dinero, al poder, al sexo, a la vanagloria. Hay tentaciones tremendas en torno al egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, el despojo de los otros, la falta de amor al prójimo en necesidad y la práctica de la injusticia. Son los contravalores en relación con los auténticos valores del Evangelio a los pobres, de los valores del Reino, los que más nos tientan.  Sin la ayuda de un Dios que nos puede librar de la tentación y del mal, caeremos. Es necesario estar de cara a Dios y de cara al sufrimiento del prójimo para poder hacer vida en nosotros las peticiones del Padre nuestro, de esta oración modelo que nos deja Jesús.

Tenemos que plantearnos nuestra vida ante el Señor estando pendientes y en relación con el lugar más sagrado que Jesús reconoce, más sagrado que el templo, que las largas oraciones, que los sacrificios… Ese lugar sagrado es el hombre, fundamentalmente el que sufre, el pobre, el marginado, el despojado, el excluido, oprimido y explotado. Tenemos que clamar al Señor para que el nos libre de la tentación, que no nos deje ser tentados más allá de lo que podemos soportar, pues el atractivo de estos valores satánicos en relación con las riquezas y la opresión, es de tal magnitud que nuestras fuerzas humanas, sin el apoyo de Dios, no podrán soportar estas presiones y el ser inundados de los contravalores mundanos que, a veces, entran en nuestras iglesias y los acogemos como normales y buenos… y comenzamos a vivir exactamente igual que los que no tienen esperanza, como idólatras injustos. Por eso la petición debe sonar en nuestros labios y en nuestros corazones: Señor , “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” . Si esta petición fundante, no entenderemos jamás el Evangelio a los pobres que impregna todas las enseñanzas de Jesús.

Para entender los valores que nos deja Jesús en su oración modelo, el Padre nuestro, debemos plantearnos nuestra vida ante el Señor, pedirle que él nos libere, nos libre de las tentaciones mundanas, nos use, nos haga criaturas nuevas, solidarias, comprometidas con el Evangelio, con Dios, con el prójimo, con la justicia misericordiosa.

 El Evangelio se entiende muy bien desde los campos de marginación, desde la convivencia con los pobres, desde el apearse de nuestro tren de la prosperidad, desde la solidaridad, la projimidad y el amor. Fuera de esto, no se entenderá esta oración y estaremos haciendo teología o entendiendo la espiritualidad cristiana desde parámetros falsos presentados como buenos y bellos por el ángel de luz, por Satanás, cuando, en realidad, son parámetros de muerte que nos atraen intentando hacernos caer en la tentación… en el mal.

¡Señor, líbranos del mal! ¡Líbranos de lo malo! ¡Líbranos del maligno! ¡Líbranos del pecado! ¡Líbranos de la tentación! No nos mantengas en un mundo sin sentido, no nos mantengas en el vacío del tener insolidario, en las tentaciones injustas que nos sumen en la angustia de una vida sin valor.

Por tanto,  “No nos metas en tentación” . Sólo tú puedes hacer esto,  “porque tuyo es el Reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

Autores: Juan Simarro Fernández

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