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«La pobreza está cerca del corazón de Dios» (A. Jackson)

Una entrevista a Amanda Jackson, coordinadora de Desafío Miqueas.

27 de marzo de 2011

Amanda Jackson es coordinadora de campañas y políticas de Desafío Miqueas Internacional, una coalición mundial de cristianos para que los gobiernos, en 2015, cumplan su promesa de reducir a la mitad la pobreza extrema mundial. Previamente lideró la campaña en Australia. Con valiosa experiencia en comunicaciones, vida de iglesia y activación de campañas a nivel internacional y nacional.Desafío Miqueas viene desarrollando su misión en cuarenta países, buscando aumentar el compromiso cristiano con los más necesitados, propiciando también un diálogo con los líderes mundiales para que actúen con justicia.

Con su apoyo acaba de crearse en España la Plataforma Desafío Miqueas, en cuyo lanzamiento estuvo ella presente.

Pregunta.- Para los que no conozcan. ¿Qué es Desafío Miqueas y cuáles sus objetivos?
Respuesta.- En el 2000, con la llegada de un nuevo Milenio, 189 naciones realizaron la audaz promesa de liberar a 600 millones de personas de la extrema pobreza en tan sólo una generación. El Reto Miqueas es una campaña global de cristianos que quieren recordarles a los gobiernos nuestra promesa. Queremos desarrollar un movimiento global para motivar un compromiso cristiano más profundo hacia los pobres, y para hablar a los líderes y así asegurarnos que los Objetivos de Desarrollo del Milenio se cumplan. El tiempo es importante. Tenemos hasta el 2015 para ver si las promesas se cumplen.

P.- ¿Por qué utilizar el nombre de este profeta?
R.- Miqueas, como todos los profetas bíblicos, percibió la conexión entre santidad y justicia.
Le recordó al pueblo de Dios que la verdadera alabanza es “actuar con justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios”. La combinación de amabilidad, justicia y humildad es un modelo de comportamiento que resulta eternamente relevante.

P.- Se pretende cambiar actitudes y estrategias de gobiernos, líderes y personas que pueden influir en la disminución de la pobreza. Y fomentar un mayor compromiso cristiano con los pobres. No es tarea fácil…
R.- No, ¡pero todos necesitamos un reto! El cambio llega a través de una acción persistente y llena de oración. Y si simplemente nos encogemos de hombros y nos damos la vuelta ante las cosas malas que suceden en el mundo, ¿qué diría Dios al respecto?

P.- ¿Contáis con la colaboración de otros organismos para sacar adelante vuestra misión?
R.- Contamos con cristianos de todas partes, así que le pedimos a los grupos de oración, grupos misioneros, iglesias, organizaciones benéficas cristianas y familias que se unan para ser la voz de los pobres. La iglesia de Dios tiene un potencial increíble para traer el cambio y para compartir las buenas nuevas.

P.- 189 países han adoptado la Declaración del Milenio y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ¿Es ésta una oportunidad que los evangélicos no debemos perderr?
R.- La pobreza y el sufrimiento están siempre cerca del corazón de Dios. Ahora que los Objetivos de Desarrollo del Milenio reflejan este corazón, es bueno para los cristianos apoyarlos incondicionalmente. Queremos declarar y mostrar el amor de Dios no sólo a través de la acción social, sino también en una llamada a la justicia en acciones gubernamentales.

P.- Como ya se dijo, los cristianos tenemos un compromiso con los pobres, sin duda alguna. ¿Cómo pueden contribuir en esta misión las iglesias locales?
R.- Nuestras voces son importantes por muchos motivos: Si queremos que nuestra voz se oiga en el ámbito público, debemos mostrar que tenemos las cifras que harán que los políticos nos escuchen. Así que el hecho de que las iglesias hablen como una sola voz es una buena manera de exponer ante nuestros líderes que queremos que las promesas del ODM se cumplan. Nuestra voz es importante porque los cristianos siempre hemos actuado dentro de la comunidad para ayudar a los pobres y marginados, por lo que si hablamos sobre estos temas nuestra perspectiva se respeta.
Otro motivo por el que nuestra voz es importante es que los cristianos somos cumplidores de la ley y bastante respetables (¡!), así que, si hablamos en nombre de los pobres, merecemos que se nos escuche.

P.- ¿Los objetivos que os planteáis son realistas? Algunos pueden verlos utópicos. Sobre todo porque gran parte de los países en vías de desarrollo sufren unos gobiernos corruptos y en sus planes la justicia social brilla por su ausencia. ¿Lo habéis considerado, así como estrategias para una toma de conciencia?
R.- Los Objetivos de Desarrollo del Milenio son en realidad bastante asequibles. No buscan erradicar la extrema pobreza –pretenden reducirla en un 50%. Este objetivo no es utópico si se tiene en cuenta que la pobreza se ha reducido enormemente en los últimos 100 años. Los economistas están de acuerdo en que podemos lograr estos objetivos si tenemos la voluntad y la determinación necesarias. Hay obstáculos –las guerras, los desastres naturales, la crisis económica mundial y los gobiernos ineficientes son barreras en el camino hacia conseguir los ODM. Por ello, el Reto Miqueas se centra en un buen gobierno y en la integridad como los cimientos en los que sustentar la consecución de estos objetivos.
Sin embargo, no debemos emplear la corrupción como excusa para no hacer nada ante el terrible sufrimiento de más de 1.2 billones de personas, las cuales pasan hambre, no tienen hogar y están enfermas. Y debemos recordar que la corrupción no es sólo un problema en las naciones pobres. Por ello, nuestro mensaje va dirigido tanto a los negocios y estados ricos y poderosos, como a los funcionarios corruptos de los países pobres.

P.- ¿Tiene algo que ver el Pacto de Lausana elaborado en el año 1974 para que cada vez más los evangélicos nos acordemos de los pobres y excluidos del mundo?
R.- Sí. A lo largo de la última generación, los cristianos han re-descubierto la relación entre la evangelización y la preocupación social, y hay mucha más conciencia de la pobreza y la injusticia en el mundo. El acuerdo de Lausana establece que “el mensaje de la salvación implica también un mensaje de condena hacia cualquier forma de alienación, opresión y discriminación, y no debería asustarnos denunciar la maldad y la injusticia dondequiera que existan”. La pobreza es una gran injusticia y creo que todos los cristianos estarán de acuerdo en que, si queremos alcanzar al mundo con el amor de Dios, tenemos que encarar las necesidades de la gente que conocemos –ya sean físicas, sociales o espirituales.

P.- ¿En cuántos países actúa la Red Desafío Miqueas?
R.- El Reto Miqueas está presente en más de 40 países y en nuestra campaña global el año pasado participaron iglesias de más de 70 naciones. Uno de los puntos fuertes del Reto Miqueas es que une a cristianos alrededor del mundo, ricos y pobres, para ser defensores en oración.

P.- Acaba de constituirse en España la Plataforma Desafío Miqueas, conformada por trece entidades. ¿Apuesta por esta iniciativa?
R.- Indudablemente. Los cristianos españoles tienen la oportunidad de hablar acerca de la pobreza. Tenéis la ocasión de hablar acerca de los valores de Dios y de ser un ejemplo. El hecho de que tantos grupos se estén uniendo es prueba de que es un momento en el que la iglesia puede liderar a la nación para re-pensar sus valores y tomar partido por la justicia.

P.- Se ha hablado de trabajo en Red, una asignatura que avanza lentamente entre nosotros… Por ello, se necesita un respaldo significativo. ¿Podrá la Plataforma contar con vuestro apoyo en su puesta en marcha y desarrollo posterior?
R.- Una de las virtudes del Reto Miqueas es que se trata de la iglesia global –los evangélicos y otros creyentes trabajando juntos. Ese es un apoyo poderoso para los cristianos, ya vivan en una ciudad de Portugal o un pueblo de Bolivia. También tenemos un pequeño equipo internacional que planea estrategias y ayuda a que campañas en distintos países se consoliden.

P.- ¿Cuáles las áreas de trabajo planteadas? Me imagino que están estrechamente relacionadas con los Objetivos del Milenio.
R.- Cada campaña nacional tiene sus propias prioridades ODM, en base a lo que está sucediendo en su contexto. Así, la India se centra en niños que viven en la pobreza, ya que, a pesar de las excelentes políticas y leyes, millones de niñas y niños no van al colegio, se abortan o asesinan miles de bebés por ser niñas, ya que no se las valora, y muchos de los niños más pobres se ven obligados a trabajar. En Alemania la campaña se centra en financiar los proyectos que cumplirán los objetivos relacionados con la salud infantil y materna.
De hecho, muchas campañas enfatizan aquellos objetivos que se centran en niñas y mujeres. En la Biblia se habla a menudo de cuidar de las viudas y los huérfanos –son todavía las mujeres y los niños los que sufren lo peor de la pobreza hoy en día, y creo que los cristianos se identifican con aquellos temas que fortalecen a las familias y que protegen a los más vulnerables.
Las campañas incrementan la conciencia acerca de estos temas, conectan la campaña a la oración y a la enseñanza bíblica, y proporcionan a las iglesias maneras de usar su voz y sus acciones para apoyar a los pobres. Queremos políticas que sean acordes a las promesas que hicimos.
Tenemos también un enfoque global hacia un buen gobierno, que es una de las barreras que impiden la consecución de los Objetivos. Es un problema en todo el mundo, aunque quizá es más visible en las naciones pobres. Nos encantaría ver a cristianos tomando partido por la integridad en la iglesia, los negocios y el gobierno, para que el dinero destinado a proveer escuelas, clínicas, puentes y sueldos realmente llegue a las propias comunidades.
El Reto Miqueas no pide dinero para los proyectos (aunque animamos a la gente a dar para el trabajo de las agencias cristianas). Pedimos a los cristianos que se involucren a través de la oración y la defensa. Queremos que los gobiernos sean tan eficaces, honestos y humanitarios como sea posible y que se tomen en serio la tarea de preocuparse por los más pobres y marginados.

P.- ¿Nos podría dejar un lema que nos animara a todos a embarcarnos en este proyecto?
R.- Hay muchos versículos en la Biblia que muestran la preocupación de Dios por los pobres, pero uno que toca mi corazón se encuentra en el maravilloso capítulo de Isaías que plantea la visión de Dios para la justicia y la rectitud. En Isaías 58:10 dice: “y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”.
Dar nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros recursos es un sacrificio, pero la promesa de la luz y la bendición de Dios es un ánimo poderoso.

Gracias, Amanda, por la gentileza que ha tenido contestando a estas preguntas, aun en medio de intenso trabajo. Que nuestro Dios bendiga vuestra campaña a favor de los pobres y marginados del mundo. ¡No es nada fácil!

Traducción del inglés: Miriam Borham Puyal, profesora de Filología inglesa de la Universidad de Salamanca.

Autores: Jacqueline Alencar
© Protestante Digital 2011


Juan Simarro
Retazos del evangelio a los pobres (XII)“El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo… mas el publicano estando lejos no quería ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí pecador”. Texto completo en Lucas 18:9-14.

En las líneas del Evangelio a los pobres que nos dejó Jesús, nunca se valora la prepotencia ni el orgullo humanos. Siempre se va a valorar a los humildes, a los últimos. Las formas de posicionarse en la oración dejaban ver quién era el fariseo y quién el humilde. Del publicano, de este despreciado y proscrito, de este tachado de pecador por el propio fariseo, se nos dice algo acerca de su posicionamiento ante el Señor para orar. Se nos dice que estaba lejos, quizás considerándose de los últimos. Si Jesús, en los valores del Reino siguiendo las líneas que van configurando el Evangelio a los pobres, nos dice que los últimos van a ser los primeros, parece que en la Parábola del Fariseo y el Publicano nos dice que los lejanos serán los más cercanos, los invisibles se harán visibles, los rechazados serán atraídos, los sencillos serán destacados como valiosos y los orgullosos y prepotentes que se enaltecen serán humillados.Esto está en total consonancia con las líneas del Evangelio a los pobres. Estas son líneas, valores y parámetros que hay que aplicar a los marginados y empobrecidos del mundo, a los últimos y a los proscritos, a los rechazados y despreciados, a los oprimidos y olvidados Dios los quiere hacer cercanos y enaltecerlos.

El orgullo y la prepotencia del fariseo y la humildad y el considerarse de los últimos o alejados del publicano, se refleja en su posicionamiento físico ante la oración, en sus gestos, en sus actitudes. El fariseo, estaba en pie, erguido, confiaba en sí mismo y oraba consigo mismo de forma altanera y despreciadora de los considerados por él pecadores. El publicano, se mantenía lejos, como considerándose indigno de apropiarse el uso de una mayor cercanía. Sus ojos, en actitud de humildad, no se elevaban, no se atrevía a elevarlos al cielo, los tenía bajados hacia la tierra, lo que implica tener la cabeza inclinada. Otro gesto duro y de humildad reconociéndose pequeño ante Dios y pecador, era el de golpearse el pecho reconociendo su culpabilidad ante Dios.

Pues bien, esa actitud de alejamiento, de considerarse indigno de más cercanía ante el Señor, el tener los ojos bajados y mirando a la tierra, es más propio de los pobres que de los ricos. Son más características de los pobres que de los poderosos de la tierra, de los acumuladores del mundo. Estas características de humillación las acoge Jesús y las aprueba en línea con el concepto de su Evangelio a los pobres.

Los pobres son los económicamente pobres, los excluidos, los marginados y proscritos, los oprimidos, los humillados y privados de dignidad… no están lejos del Reino de Dios porque Jesús tuvo esa tendencia hacia abajo que le configura como el que presenta unos valores que le identifican como Mesías que, como señas de identidad, puede decir que el Evangelio es predicado a los pobres… ¡y con qué valores!

Valores que asustan a los prepotentes enriquecidos del mundo. El Evangelio al desnudo trastoca todos los valores de aquellos integrados que confían en sí mismos y que oran consigo mismos al no poder dar, darse, compartir y dedicarse a la búsqueda de la justicia como deben hacer los seguidores del Maestro.

Dentro de la línea del Evangelio a los pobres, con ese trastoque de valores que nos traen los valores del Reino, encaja perfectamente la moraleja de la parábola del Fariseo y el Publicano: “Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Y si los creyentes todos nos humilláramos, comprenderíamos perfectamente lo que significa el Evangelio a los pobres. Cambiaríamos valores, evangelizaríamos al mundo, a la sociedad, a la cultura y a las estructuras injustas que marginan y empobrecen… cambiaríamos el mundo, acercaríamos el Reino de Dios y sus valores a los pobres, a los hombres todos de la tierra.

Los valores del Reino y del Evangelio a los pobres preñan toda la Escritura, fundamentalmente los Evangelios… y no los queremos ver, no deseamos detectarlos. Es un trastoque tal de nuestras seguridades humanas y de nuestras prepotencias y orgullos que nuestra mente tiende a no considerarlos en su fuerza, en su formulación radical… nos da miedo. No queremos sentirnos interpelados por este Evangelio de Jesús. Pues os digo, nos dice Jesús, que el humillado con los ojos bajados a tierra, el lejano, el que reconoce su miseria delante de Dios, será justificado… y éste no puede ser insolidario con el prójimo, con los pobres de la tierra.

Dios rechaza el sacrificio y el culto de los inmisericordes, de los que no tienen una mano tendida al débil, del que desprecia, aunque sólo sea con el pecado de omisión a los pobres y proscritos del mundo. Dios rechaza el sacrificio de los inmisericordes a los que condena y les cierra las puertas del templo. Es importante cumplir con el concepto de projimidad que nos deja Jesús para que nuestro culto sea acepto al Altísimo.

El prójimo y, fundamentalmente, el prójimo necesitado, está en una relación central, clave y necesaria para poder relacionarnos con el Creador. Amar al prójimo es semejante a amar a Dios. Y cuando nos acercamos a Dios, a su altar dejando tirado de forma inmisericorde al prójimo o despreciándole, la Biblia nos llama “mentirosos”.

La vivencia de la espiritualidad cristiana no es algo que se dé exclusivamente en una relación exclusiva entre el hombre y Dios. Hay un tercero imprescindible: El prójimo apaleado y en necesidad. La relación con Dios implica siempre una relación a tres: Dios, nosotros y el prójimo.

Señor, queremos ser enaltecidos, enaltecidos por ti. Sabemos que para eso tenemos que humillarnos y bajar nuestros ojos al suelo, a la tierra donde están los que nos necesitan, donde está el prójimo pobre y sufriente al que tenemos que servir. Queremos que nuestras oraciones y culto sea acepto a ti. Danos la actitud de aquel que, siendo despreciado por el fariseo, fue justificado. Queremos entender tu Evangelio, un Evangelio lleno de las líneas y los valores del Evangelio a los pobres. ¡Guárdanos de cualquiera que nos traiga otro evangelio!

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011


Juan Simarro fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XI)
“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros…” Texto completo: Lucas 18:9-14.
Confiar en uno mismo como justo y despreciar a los otros, va en contra de los valores del Reino. Menospreciar no es solamente hablar mal contra el prójimo, decirle cosas que perjudiquen su honor, insultar o decir cualquier tipo de palabras vejatorias. Menospreciar puede ser simplemente no apreciar, pasar de largo, no tener en cuenta, considerar a una parte de la humanidad como un sobrante humano o dar la espalda a los gritos de dolos de los pobres y sufrientes del mundo. Menospreciar es un contravalor en relación con los valores del Evangelio a los pobres.Jesús apreció a los pobres ante el menosprecio, los valoró ante la infravaloración de la que eran objeto, trastocó todos los valores para dar un giro de ciento ochenta grados y poner a los pobres, los débiles y últimos en los primeros lugares en donde fuera imposible pasar de largo de ellos. La Parábola del Fariseo y el Publicano, está preñada de los valores del Evangelio a los pobres. Marca una de las rutas centrales de este Evangelio.El Evangelio a los pobres delata a los religiosos insolidarios y les condena. El contexto en el que se da la Parábola es en el ambiente del mismo templo. Es un contexto de oración, aunque nos deja claro que no todos los que están en un contexto de oración orando están en comunión con Dios. Un fariseo que despreciaba a los sufrientes y tachados de pecadores, que menospreciaba al prójimo, oraba junto a un, para él, despreciable publicano. La Parábola nos muestra que su ritual de oración no es acogido por Dios. Ese religioso que busca el templo y el ritual de oración, ese cumplidor religioso, no sale justificado. Practicaba un ritual alejado de las líneas y parámetros del Evangelio a los pobres.

Y es que para que el ritual o culto sea acepto a Dios, no es suficiente con el hecho de buscar el templo como mediación, no es suficiente con buscar la iglesia para relacionarse con Dios. Hay otra variable, otra mediación con la que hay que contar. Y es que en la relación del hombre con Dios, la relación necesaria, imprescindible, no es el templo, sino el hombre, el prójimo, fundamentalmente el prójimo en necesidad, el prójimo tirado al lado del camino, el prójimo sufriente, el prójimo empobrecido y robado de dignidad.

El que sólo piensa en el templo como mediación única para la relación con Dios, está alejándose de las líneas del Evangelio, del Evangelio a los pobres… aunque Dios no necesita de ninguna mediación, pero sí rechaza a aquellos que se quieren relacionar con Dios cuando no están buscando justicia, ni ejerciendo misericordia, cuando ve al hermano desnudo o hambriento, y no le cubre ni le da de comer. Basta con leer a los profetas y los Evangelios.

Esta era la situación del fariseo, que quería orar a Dios mientras menospreciaba al hermano, al publicano que estaba allí buscando a un Dios que fuera propicio con él, pecador. Hay una condición imprescindible y necesaria para que Dios escuche nuestro ritual: hacer justicia al prójimo y tener misericordia de él. Leamos, entre muchos otros, Isaías 1, Isaías 58 y escuchemos las palabras de Jesús. Al fariseo le faltaba un requisito importante para poder reconciliarse con Dios: la reconciliación con el prójimo.

Es por eso que los religiosos, llámense cristianos o no, que menosprecian y dan la espalda al pobre, al sufriente, al proscrito, marginado o excluido, por muy altos que suenen sus “amenes” o“ayes”, nunca éstos subirán por encima del techo de los templos en los que oran o adoran. No están reconciliados con el hermano. Ni siquiera deberían haber entrado al templo. Para ellos deberían sonar fuertes las palabras de Jesús: “Reconcíliate primero con tu hermano” y, luego, después, ve al templo a orar.

Es por eso que es tan importante entrar por las líneas de projimidad que nos marca el Evangelio a los pobres si queremos que nuestras plegarias, alabanzas o adoración no queden en palabras vanas que no llegan al trono del Dios Altísimo. Si buscamos el templo, si buscamos a Dios en oración, si buscamos cualquier ritual y permanecemos de espaldas al grito de dolor de los pobres y sufrientes del mundo, todo queda en vanidad de vanidades. Dios no escucha, Dios no aprueba nuestras peticiones, Dios no responde… se da el silencio de Dios.

Si falla el concepto y la práctica de la projimidad, si no nos ponemos a disposición del prójimo usando nuestros medios y bienes como hizo el buen samaritano, son inútiles nuestras plegarias… Estamos de espaldas al Evangelio a los pobres.

Hoy todavía hay muchos que pueden estar en la situación que denunciaban los profetas impulsados por Dios mismo. Muchos en situación farisaica: Buscan a Dios, quieren alabarle y orar a Él, rendirle culto, pero no les importa la injusticia o no les preocupa coquetear con la injusticia en el mundo, un mundo que oprime, margina y empobrece a tantas personas. La injusticia en nuestro mundo y en nuestro momento. Dios nos enseña que intentar orar a Dios o rendirle culto en esta situación es imposible… No saldremos justificados, como le ocurrió al fariseo de la Parábola. Confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a su prójimo sufriente, pasaban de largo, omitían la ayuda… se cerraban las puertas del cielo. “No me traigáis más vana ofrenda”, dirá el Señor.

Señor, ayúdanos a ser personas en línea con los compromisos de tu Evangelio… aunque lleguemos a ti rotos, con nuestra armadura destrozada en la defensa y en la práctica de la justicia y de los valores del Reino. No nos des acomodo en este mundo si esto va a ser un obstáculo para seguir los valores del Evangelio a los pobres. Acoge nuestros ruegos y no seas sordo a nuestro clamor, Dios de justicia.


Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011


La siguiente solicitud de oración fue enviada por el Rev. Dr. Wakseyoum Idossa, Presidente de la Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus a través del Rev. Dr. D. Gemechis Buba, Director de misiones de la NALC:

En los últimos días más de 41 iglesias y varias estaciones misioneras evangélicas o congregaciones de la misión fueron incendiados. Hay miles de personas expulsadas de sus hogares y muchos han sido muy golpeados y asesinados. Los autores son elementos radicales islamistas y yihadistas que operan actualmente en las partes oeste y sur de Etiopía.

He hablado con el Rev. Wakseyoum mientras me encontraba en la frontera de Sudán , visitando los sínodos e iglesias de Mekane Yesus. La Voz de América (VOA) se puso en contacto con él (Rev. Wakeseyoum) lo entrevistó desde un lugar remoto, siendo esta entrevista emitida desde Washington DC

En esa entrevista dijo que, Mekane Yesus intencionalmente esta trabajado duro para establecer buenas relaciones con los etíopes musulmanes  y este trabajo ha dado lugar a muchas cosas buenas y también a una relación positiva. Sin embargo, está conmocionado y entristecido por este desgarrador y atroz brote de violencia.

Estos actos brutales no son nuevos. Hace tres años, los fundamentalistas musulmanes quemaron varias iglesias, evangelistas, pastores y líderes laicos fueron asesinados. Ahora están repitiendo estos mismos ataques. Hoy miles de miembros de familia han perdido sus hogares, iglesias y sus derechos a la seguridad de adorar y llevar a cabo sus ministerios.

Los funcionarios del gobierno etíope y las fuerzas de seguridad han intervenido. El resultado de su trabajo aún no se conoce. Hoy mismo algunos líderes de la oficina central de la Iglesia Mekane Yesus en Addis Abeba han viajado a la zona para empezar a ayudar a las víctimas. Hay muchas personas que ahora están a la espera de obtener alguna ayuda de emergencia en un campo de refugiados. El Presidente Idossa (Presidente de la Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus) va a lanzar otro comunicado en los próximos días ya que la investigación continúa y que el gobierno intenta controlar estos actos y llevar a los perpetradores ante la justicia.

Por favor, oren sobre esto!

La persecución no es nueva para los luteranos en Etiopía. Sin embargo, cada vez que esto sucede se abre viejas heridas y se rompe los corazones de muchos. En medio de esta situación están caminando hermanos y hermanas que en este santo tiempo de Cuaresma no con cenizas en la frente, pero llevando la cruz de Cristo y confesando su fe en las palabras del Salmo 23:1, «El Señor es mi pastor!»

En este tiempo de Cuaresma, que Dios renueve nuestro mundo a través de la Santa Palabra y por el poder de su  gracia de Dios que está en Cristo, Amén!



La revolución de Jesús es de abajo a arriba

Una entrevista a Juan Simarro, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid. Entrevista realizada por Jacqueline Alencar.

Difícilmente cuestionable es la labor que Juan Simarro (Villacañas, Ciudad Real, 1945), realiza al frente de Misión Evangélica Urbana, un ministerio que ha cumplido veinticinco años de dedicación a los más desprotegidos.
Pregunta.- ¿Fue Jesús un revolucionario? Me parece que su estilo de vida distaba mucho del de la sociedad de su época, es más, del de los religiosos de su época.
Respuesta.- Jesús fue totalmente revolucionario, siempre que entendamos bien el concepto “revolucionario”. Un revolucionario pacífico, pero que los valores que predicaba, los valores del Reino, eran un revulsivo para la sociedad, un trastoque de los valores imperantes, lo mismo en el campo religioso, que en el social, que en el económico o el cultural.
Un revolucionario que hizo su revolución desde abajo, desde los bajos fondos, desde los pobres, los desclasados, los proscritos… revalorizando a sectores que eran estigmatizados y marginados de alguna manera, como era la situación de la mujer, la de los niños, la de los tildados de ignorantes que eran considerados malditos, los enfermos que también tenían el estigma de que quizás algo malo habían hecho contra Dios o que era simplemente un castigo de Dios. Dios revaloriza revolucionariamente y trastoca los valores imperantes, valores marginantes y humillantes para los más débiles con su frase que impregna toda su enseñanza, sus prioridades y estilos de vida: “Los últimos serán los primeros”… incluso en el mundo del trabajo y de los asalariados, como se ve en la parábola de “Los obreros de la viña”.
Su revolución es una revolución integral y pacífica, de abajo a arriba. El posicionamiento de Jesús, incluso en la evangelización, fue evangelizar desde los de abajo, desde el compromiso con los pobres, desde los abismos de los desclasados y de los que parecía que no tenían lugar en la sociedad, de los que eran rechazados, incluso, de los ritos religiosos de los que formaban círculos con los autoconsiderados puros.Su revolución alcanza también al terreno religioso en donde no tiene ningún recelo en condenar a los religiosos insolidarios, como en la parábola del Buen Samaritano, a los religiosos de golpe de pecho, pero que son tildados de hipócritas, sepulcros blanqueados por fuera, pero que por dentro son putrefacción y nido de gusanos.

Revoluciona el mundo de los religiosos tachándoles de que cuelan la hormiga y se tragan el camello, que diezman y practican el ritual, pero que olvidan lo más importante de la ley: “La justicia, la misericordia y la fe”. Jesús fue un revolucionario tal que sus palabras siguen sonando hoy tan fuertes como hace ya más de veinte siglos. Si hoy en las iglesias cristianas se recuperaran realmente los valores del Reino y se pusieran en práctica, aún serían valores revolucionarios que trastocarían lo que se hace y se dice dentro de las iglesias.

La revolución de Jesús no sólo afectaba a la vida de las congregaciones religiosas, sino que afectaba al propio individuo que había de cambiar su corazón y su mente, su forma de percibir al prójimo. El concepto de projimidad de Jesús es totalmente revolucionario. Creo que aún la iglesia no ha captado en profundidad las dimensiones y las implicaciones de este concepto, el de prójimo o el de projimidad, del que Jesús llega a decir que el amor a Dios y al prójimo están en una relación de semejanza.

La revolución de Jesús sólo la puede captar el que nace de nuevo. Nos es necesario nacer de nuevo para poder captar la profundidad, la anchura y la largura de la revolución que Jesús trae con sus valores, sus prioridades y sus estilos de vida. Muchas veces asusta y se ve como una utopía. Es posible que haya una utopía del reino, pero hemos de ser utópicos y caminar adelante por esta línea revolucionaria pacífica que nos dejó Jesús.

P.- Él dijo que el Reino de Dios se había acercado… ¿Nos hemos enterado los cristianos de hoy de esta relevante noticia?
R.- A veces se dice que Jesús nos trajo el Reino de Dios, que con Él irrumpe todo este reinado moldeado por un conjunto de nuevos valores, pero que, en su lugar, los cristianos hemos hecho la iglesia. No es que yo apoye totalmente esa idea, porque yo amo a la iglesia y ésta tiene su función en el mundo. El problema es cuando la iglesia actúa como si el Reino de Dios no se hubiera acercado, como si no estuviera entre nosotros. Entonces la iglesia cae en el ritual, en una ética de cumplimiento y olvida lo fundamental: La aplicación práctica de los valores que Jesús nos dejó en las parábolas del Reino y en tantos otros pasajes de los Evangelios.

Resumiendo: Puede haber iglesias que no son las iglesias del Reino. Si todas las iglesias cristianas fueran realmente iglesias del Reino, serían un fermento mucho más fuerte y transformador de la sociedad que lo son actualmente. Tampoco es fácil que haya iglesias del antirreino, que serían iglesias dominadas por el poder de Satanás, pero sí puede haber iglesias que, como me dices en tu pregunta, no se hayan enterado bien de que hay ahí unos valores del Reino, un Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, unos valores que, en muchos casos, descafeinamos y los cubrimos con otros valores como el de la riqueza como prestigio, la adoración del poder y del dinero, el despojo de los pobres, la desigual redistribución de los bienes del planeta tierra, las desmedidas acumulaciones de bienes por parte de algunos…. Estos valores entran también en nuestras congregaciones y muchos cristianos no valoran, ni perciben, ni siguen la gran noticia de que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

Hoy la Iglesia necesita este mensaje que sonó ya hace más de veinte siglos: “¡Arrepentíos, porque el Reino de Dios se ha acercado!”. Si asumiéramos realmente la presencia del Reino con sus valores, veríamos que muchos de los valores que entran en nuestras iglesias, encajan en una contracultura bíblica que hace que para nosotros hoy sea irrelevante la gran noticia de que el Reino de Dios “ya” está entre nosotros.

Si nos hubiéramos enterado, globalmente, todos los cristianos de que el Reino de Dios se ha acercado, más aún, de que nosotros debemos colaborar en el acercamiento del Reino a toda la tierra, a los pobres de la tierra, que necesitamos colaborar a que los auténticos valores se lancen como contracultura contra el mundo de los que acumulan en sus mesas la escasez del pobre, como dice la Biblia, la realidad de los cristianos y de la iglesia sería diferente. Los valores del Reino son buscadores de justicia, de projimidad, de solidaridad cristiana, de devolución de dignidad a los robados de ella, de sacar de los profundos abismos a aquellos que han sido lanzados a ellos por el egoísmo de sus congéneres, de los que deberían ser sus hermanos.

Hay que trabajar para que la iglesia se conciencie de que el Reino de Dios, aunque exista un “todavía no”, está “ya” entre nosotros. Si la iglesia llegara a ser iglesia del Reino con total conciencia y compromiso, las cosas comenzarían a cambiar a un mundo injusto, un mundo escandaloso y despojador de los débiles. Es entonces cuando el mensaje evangelístico y las buenas nuevas de Salvación comenzarían a escucharse con más atención en el mundo. Muchos no escuchan y pasan de las buenas nuevas de salvación, por falta de coherencia de los cristianos para con la predicación de que el Reino de Dios se ha acercado.

P.- Se está recordando, en los últimos tiempos, a los hermanos cuyas voces fueron acalladas por la hoguera de la Inquisición, allá por el siglo XVI. ¿Podemos decir que fue abolida esta institución? O es que quedan resabios…
R.- Yo diría que la Inquisición ya no existe en la forma y manera en que en su día existió. De todas formas, hoy hay historiadores que pueden hablar mejor que yo de este tema. Yo lo vería de una manera menos histórica. Creo que aún pueden quedar resabios inquisidores de muchas formas y de muchas maneras. Una inquisición con menos fuerza aniquiladora de vidas, con menos patíbulos u hogueras, al menos hablando desde nuestro contexto occidental, pero que anima a muchos a que silencien, desprecien, olviden, critiquen y, en su caso maten, aunque sea sin hoguera y sin patíbulo, a los que quieren vivir la espiritualidad cristiana desde el compromiso con Dios y con el prójimo. A muchos inquisidores modernos les gusta más la celebración del ritual no comprometido. Estos aguantan con dificultad el compromiso de los cristianos que quieren vivir su vida en compromiso, siendo las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.

Por tanto, yo no voy a hablar de los resabios asesinos que quedan de la inquisición, pero sí he experimentado el poder inquisidor de algunos que, quizás, han querido quemarme… quizás no en la hoguera. Yo he experimentado algo de la fuerza del poder inquisitorial en mi vida… aunque poco, porque, gracias a Dios, la mayoría de los creyentes e iglesias de nuestro país me apoyan y están a mi lado, orando por mi ministerio, donando para la obra social que hacemos y comprometiéndose en muchos aspectos con nuestro trabajo a favor de prójimo en el nombre del Señor. Quizás sea un privilegiado y el Señor me ha protegido mucho en estas áreas inquisitoriales.

Hoy hay una inquisición silenciosa que intenta olvidarnos, no tenernos en cuenta, minusvalorar la fuerza del cristianismo, que es potencia, poder de Dios para todo aquel que cree. Hoy puede haber fuerzas inquisidoras que aún cierran templos, que no apoyan a los movimientos evangélicos ni con las mismas posibilidades de subvenciones, ni con las mismas cesiones de terrenos para equipamientos religiosos porque quieren que la voz de algunos cristianos, que proclaman un Evangelio transformador, se calle. Sigue habiendo fuerzas inquisidoras y discriminatorias… ¿cada vez menos? Es posible.

Lo peor es cuando practicamos la inquisición internamente, unos creyentes para con otros, cuando los que parece que tienen un pensamiento único que consideran lo total y absolutamente verdadero, practican la inquisición con sus hermanos, juzgándolos y desprestigiándolos, incluso jugando con conceptos políticos partidistas o politizando realidades espirituales. Hay inquisición cuando falta amor, cuando falla el concepto de projimidad, cuando hay prepotencia y desprecio al que no piensa exactamente igual que yo… Hay muchas formas de ser inquisidores.

P.- Insisto con el mismo tema: ¿consiguió la hoguera acallar esas voces?
R.- La hoguera no sólo consiguió acallar esas voces, sino que las potenció. La sangre de los mártires dio color a su mensaje. La historia suele olvidar menos a los injustamente asesinados o quemados, que a aquellos que apoyan a los que queman, a los inquisidores. Es posible que la hoguera perfeccionara sus obras. El fuego no puede matar el espíritu, la voz que sigue sonando a través de la historia, de sus escritos, de sus compromisos, de sus ejemplos.

El sambenito que a estilo escapulario portaron algunos de aquellos a los que quisieron acallar sus voces en la hoguera, se ha convertido en una prueba inolvidable de compromiso hasta la muerte. Y este compromiso habla mucho más fuerte que las palabras de los necios, que los inquisidores inclementes contra algunos justos. Nunca se olvidará ni el testimonio, ni el trabajo de aquellos cristianos condenados a la hoguera. Ahí queda como voz amplificada por un megáfono gigante que nunca podrán acallar todos los inquisidores del mundo.

Así, pues, cuando hoy algunos, como nuevos inquisidores, quieren callar las voces de los que ellos creen equivocados o heréticos, pero que están siguiendo a Jesús de una forma comprometida, lo que hacen es dar megafonía, ánimo y respiro a los que trabajan en nombre de Dios. Y, siguiendo las palabras de Jesús, si fuera posible que los inquisidores del mundo acallaran los gritos de los voceros y luchadores por la justicia, las piedras gritarían. Ninguna hoguera, ningún poder inquisidor podrá acallar la voz de los que siguen al Maestro… porque esa voz está bendecida y llena de poder de lo alto.

P.- Jesús proclamó pero también alimentó. ¿Podríamos decir que su Misión fue Integral?
R.- El Evangelio que nos trajo Jesús era, realmente, integral. Si en un lado de la balanza pudiéramos poner sus palabras y en el otros sus acciones, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus estilos de vida, sus compromisos y prioridades y en el otro su mensaje, habría equilibrio. Si en un lado pudiéramos poner sus referencias al amor de Dios, a la espiritualidad y a la salvación eterna y en otro se pusieran su concepto de projimidad, su compromiso con el hombre sufriente, con los marginados, excluidos y pobres, habría equilibrio.

No comprendo a los que quieren reducir la espiritualidad cristiana a una relación vertical con Dios, mientras son insolidarios con el prójimo. No comprendo a los que se refugian en el ritual para ser sordos a los gritos de los pobres. No comprendo la mentira de los que dicen amar a Dios y dan la espalda al hermano que le necesita. No entiendo un cristianismo de cumplimientos del ritual y que se olvida de su compromiso con el hombre. No entiendo a los que levantan las manos sólo hacia el cielo y no son las manos del Señor en medio de un mundo de dolor… No lo entiendo.

En Jesús la Diaconía y el mensaje iban juntos. Unas veces comenzaba hablando y otras actuando, pero nunca desequilibró la balanza que nosotros debemos mantener equilibrada en las relaciones entre Dios y el prójimo. Quizás enfatizamos poco que el amor a Dios y al prójimo están en relación de semejanza. Hablamos mucho de la parábola del Buen Samaritano, pero nos fijamos poco en la condena de los religiosos que anteponen el ritual a la misericordia. Diezmamos y cumplimos con algunas de las jotas y las tildes de la ley, pero, a veces, olvidamos que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fe. Una fe que, como dice el Apóstol Pablo, actúa por el amor.

El mensaje de Jesús fue integral desde que presentó su Programa en la sinagoga leyendo el libro del profeta Isaías, hasta su muerte. Si somos o queremos ser sus discípulos, la vivencia que tengamos de la espiritualidad cristiana debe ser integral… quizás para que nuestra fe no se muera o deje de ser. No sea que nos convirtamos en religiosos seguidores del ritual y que sólo tenemos una ética de cumplimiento con respecto a prácticas religiosas vanas.

Por tanto, una persona que dice haberse convertido, si no se ve lanzado a hacer cambios en su forma de percibir la sociedad y el prójimo, si no experimenta cambios en la forma de ver el escándalo de la pobreza en el mundo, si no se siente llamada a la práctica de la projimidad, si su amor al hombre no se puede parangonar con el amor a Dios, quizás debe empezar a dudar de su fe… o a replantearse toda su vida cristiana. Lógicamente, buscando la integralidad. La preocupación por el prójimo no debe reducir a algo secundario la alabanza, la oración, el leer y compartir la Palabra… la relación personal con Dios. Si sólo miramos hacia arriba podemos caer en un misticismo vano que a Dios no le agrada, y si sólo miramos hacia abajo podemos convertir el cristianismo en un humanismo que incluso puede ser ateo. Hay que buscar la integralidad en la vivencia de la espiritualidad cristiana. Siguiendo a Jesús. Es la clave.

P.- ¿Sigue esta tónica Misión Urbana, la entidad que usted dirige?
R.- Eso es lo que hemos intentado en Misión Urbana desde sus inicios. Misión Urbana, además de su acción y de su compromiso social, es una Entidad Evangelizadora. Las Misiones Urbanas en el mundo intentan la integralidad del Evangelio. A los primeros misioneros urbanos que se acercaban a los suburbios y focos de conflicto para llevar alimentos, medicinas, ayuda social y consuelo, les llamaban “los hombres del libro”, porque siempre llevaban la Biblia consigo.

Nosotros, en la Misión de Madrid, también intentamos esto. En la historia de la Misión se ha evangelizado en la calle, se han dado muchísimos mensajes, usando el método del tablero, en la mismísima Puerta del Sol de Madrid. Tenemos literatura evangelística en diferentes idiomas, hacemos devocionales al comienzo de algunos programas… No nos hemos dedicado a la ayuda social aséptica al estilo de un ayuntamiento.

También, en nuestra forma de trabajo, hemos querido compaginar la acción social y la evangelización con la concienciación social y la sensibilización de los cristianos en torno a los contenidos bíblicos de compromiso con el prójimo, de búsqueda de la justicia y de denuncia social siguiendo a los profetas y a Jesús como el último de los profetas.

Así, nuestra acción social, nuestras publicaciones, nuestra participación en revistas, radio o televisión, nuestras conferencias o seminarios…, unido todo ello a la evangelización y al compartir en nuestros centros la Palabra, va formando un todo integral en la línea que estamos tratando y siguiendo el ejemplo de Jesús.

P.- ¿Qué se siente después de 25 años siendo una de las voces proféticas que clama a favor de los más débiles?
R.- Yo no sé si, realmente, Misión Urbana o yo mismo hemos sido una voz profética. Lo hemos intentado. Hemos trabajado para ello…, pero el Señor es el que lo sabe. Hemos escrito, hemos hablado, hemos viajado… quizás gritado. Es verdad que hemos intentado seguir el ejemplo profético. Esa era nuestra intención y deseo. Ese era nuestro ministerio. Yo, personalmente, después de 25 años, aunque sé que he trabajado y he escrito, sé que he viajado llevando siempre el mismo mensaje, he visitado un tan alto número de iglesias en el ámbito interdenominacional, aunque he atendido a miles de personas en exclusión social y he intentado limpiar las lágrimas de los más pobres, aunque sé que he alimentado, vestido, consolado -no sólo desde Misión Urbana, sino que me siento partícipe de la acción social de tantas iglesias que han comenzado sus ministerios de acción social debido a mi visitación y trabajo-, tengo el sentimiento de que lo que he hecho es demasiado poco, que he encontrado poco eco, que me hubiera gustado, por ejemplo, escribir mucho más y mejor, tener más medios… que mi voz se hubiera oído más. Pero no estoy descontento. Doy gracias al Señor por lo que Él me ha usado. Quiero continuar a su servicio para ir cumpliendo muchas de las cosas que aún me faltan por hacer.

Es verdad que mi voz, sea escrita o hablada, ha sonado mucho a favor de los débiles, que la obra social de las iglesias de España han tenido un referente en Misión Urbana, que hemos sido constantes durante veinticinco años… y lo que nos queda. Mi sentimiento es de agradecimiento. Agradecimiento a Dios y a todos aquellos que nos han sostenido y ayudado. Un sentimiento de agradecimiento, mezclado con una actitud de humildad porque lo poco o lo mucho que hemos conseguido ha sido gracias a la misericordia de Dios.

P.- En pleno siglo XXI, ¿tienen un lugar especial los pobres y excluidos en la misión de la iglesia local y universal?
R.- Sí tienen su lugar. Quizás un lugar restringido y no el lugar que deberían ocupar si todas las actividades, preocupaciones y compromisos de la Iglesia estuvieran en línea con los valores del Reino y con las prioridades y estilos de vida de Jesús. Es tan enfática la Biblia en el concepto de “prójimo”, es tan enfática en la preocupación por los débiles del mundo, por los pobres y por los despreciados y marginados, que la iglesia les debería dar un lugar mucho mayor, tanto en su voz como en su acción.

Un lugar en el que los pobres no se sintieran sólo objeto de nuestra misericordia, sino sujetos partícipes de su propia liberación e integración en la iglesia tanto local como universal. Para ello la iglesia debería seguir los posicionamientos de Jesús en su Evangelización. Muchas veces evangelizamos desde los integrados, desde los posicionados en la sociedad… Jesús evangelizaba desde los pobres, desde abajo. Si la iglesia quiere dar a los pobres el lugar que les corresponde, debe comenzar por ahí. Bajarse a la arena de la realidad, a los focos de conflicto y marginación y, desde allí, en total coherencia, lanzar sus mensajes de cambio y de transformación de las personas.

No predicamos la depauperación de la Iglesia, sino la vivencia del Evangelio en compromiso con los más débiles. La acción y la coherencia de los cristianos es lo que ratifica la verdad de la palabra que compartimos. Acción y coherencia que debe estar unida a los gritos de denuncia contra la opresión, contra el desigual reparto de las riquezas, contra la excesiva acumulación de bienes en tan pocas manos. En la medida en que los cristianos vayan consiguiendo unos mayores niveles de justicia en el mundo, irán dando un mayor lugar en la iglesia a los pobres.

Los pobres pueden tener un lugar especial en la Iglesia, aunque no todos estén presentes en el ámbito de nuestras congregaciones. Los pobres están en la iglesia y la iglesia con los pobres, cuando se les tiene presentes, cuando se trabaja por su liberación social y por su salvación, cuando se asumen compromisos de ayudas y cambios… aunque los pobres no se agolpen para estar presentes en nuestras congregaciones.

Cuando la iglesia sea consciente de que debe ser una iglesia del Reino con todo lo que ello implica, el lugar de los pobres en la iglesia comenzará a ampliarse y las estructuras sociales injustas que empobrecen y marginan, comenzarán a resquebrajarse y cambiar. La voz y la acción de los cristianos en el mundo, podría resultar en que el lugar que la iglesia diera a los pobres, fuera mucho más amplio que las cuatro paredes de la iglesia. Sería la iglesia en el mundo en justicia y compromiso.

P.- Escuché hace un tiempo que Dietrich Bonhoeffer cambió radicalmente su visión cuando se enfrentó con la pobreza en Barcelona y en Harlem. ¿Con quién o con qué tuvo usted ese encontronazo?
R.- Yo no sé si puedo hablar de encontronazo al estilo del Bonhoeffer. Mi encontronazo ha sido tan fuerte en la contemplación de los pobres del mundo, como en la contemplación de la opresión y despojo de los pobres por parte de los acumuladores del mundo. Es un encontronazo doble. Lo que sí puedo decir es que mi trabajo y mi relación con los pobres, ha cambiado mi visión del cristianismo. Si se pudiera decir que uno se puede convertir dos veces, yo diría que tuve una nueva conversión en contacto con los pobres del mundo. Mi visión del Evangelio pasó a ser diferente, mi experiencia profunda de la cercanía de Jesús en mi vida la he experimentado de una forma muy especial en relación con la pobreza. Dios se mueve entre los pobres de una manera muy visible. La vivencia del cristianismo es más integral, se vive la espiritualidad de una forma más encarnada, se comprende mejor la lectura de los Evangelios… se entiende mejor el posicionamiento de Jesús.

Mi doble encontronazo se ha dado cuando, desde el trabajo con los pobres, he podido ver cómo un pequeño número de personas consume indignamente lo que necesita el resto de la humanidad. Mi encontronazo no violento está también en la incomprensión de tantos corazones egoístas ante un mundo en donde el 80% está en pobreza. Mi encontronazo está contra ese escándalo y vergüenza humana que es la miseria y el robo de dignidad de tantas personas en el mundo.

Mi encontronazo también está contra aquellos que viven un cristianismo de ritual y de sacristía de espaldas al dolor de los pobres, mi encontronazo está con los que se callan, haciéndose así cómplices, ante la muerte de tantos niños por el hambre y por falta de vacunas o enfermedades vencibles y por falta de agua potable. Mi encontronazo se da con un mundo injusto en donde no se asumen compromisos reales para eliminar el hambre del mundo. Un escándalo que se podría eliminar con la práctica de los valores cristianos, si hubiera auténtico compromiso en el seguimiento a Jesús. La culpa es del egoísmo y de la codicia humana contra quienes mantengo mi encontronazo y mi denuncia.

P.- También recibe críticas, algunas desde casa, ¿perseverar antes que claudicar?
R.- Sí recibo críticas. También desde casa… pero recibo también muchas comprensiones, muchos apoyos. Son tantas las comprensiones que recibo, que me olvido de las críticas. En mi experiencia son menos las críticas que el respeto que se tiene a mi ministerio, mi trabajo y mis escritos.

De todas formas, cuando recibo una crítica, la tengo siempre en cuenta y pienso en si puede tener alguna parte de verdad. Yo respeto también las críticas, pero no creo que éstas me hagan claudicar… porque si no me convencen con la verdad de la Palabra, si no me muestran que me estoy equivocando gravemente en mi vivencia y comprensión del Evangelio, es imposible la claudicación. Yo no hago la acción social, ni el trabajo en la sensibilización de la sociedad o de las personas ante estos temas, por simple altruismo, sino que para mí es una cuestión teológica, una forma de vivir mi fe en compromiso, una forma de seguir a Jesús. Y esta línea jamás puede conducir a la claudicación, sino al fortalecimiento de la fe, de las convicciones cristianas.

P.- Si hiciéramos una radiografía de la Iglesia de este siglo, ¿diría que es necesaria una Re-forma?
R.- Yo creo que la iglesia cristiana siempre debe estar reformándose hasta llegar a la plenitud del modelo como “iglesia del Reino”. Yo, cuando escribo, busco reforma. No siempre la radiografía de la Iglesia en este siglo se corresponde con la iglesia que sigue los valores del Reino. Si no estuviéramos abiertos a que la reforma continúe como actitud permanente, perderíamos el rumbo. Es posible que parte de la cristiandad lo haya perdido dejándose moldear por los valores del mundo que son antivalores para con Dios, son contracultura para con las líneas de compromiso con el prójimo que nos deja Jesús.

La iglesia debe estar abierta a seguir reformándose hasta llegar al modelo perfecto. Reformarse también en su forma de entender las dimensiones de la Misión diacónica de la Iglesia. La Iglesia debe alternar entre levantar sus manos y sus ojos al cielo, para también bajarlas y ponerlas a funcionar misericordiosamente buscando justicia. Porque, si no es así, es posible que nos lleguemos a encontrar con las situaciones que narra el profeta Isaías. Si no hacemos el bien, si no hacemos justicia al huérfano y a la viuda como símbolo de los débiles y pobres del mundo, Dios no va a escuchar nuestras oraciones y alabanzas. Va a ser sordo a nuestro ritual. Nuestro olor a incienso le va a ser desagradable y va a dar la espalda a nuestras fiestas solemnes.

No debemos dar nunca por terminada la reforma, no sea que, como ocurrió en Isaías 58, estemos buscando a Dios cada día, trayéndole ofrenda y haciendo cilicio y ceniza, pero estemos explotando a nuestros trabajadores y no dando de comer al hambriento ni vistiendo al desnudo. Dios quiso que el profeta gritara “a voz en cuello” contra esos inicuos para que se reformaran y llegaran a entender lo que Dios pide de sus hijos, el tipo de ritual que Dios quiere que está unido al concepto de projimidad que nos trajo Jesús.

P.- ¿Cuál es su próximo proyecto literario? Sé de buena fuente que escribir una novela es su asignatura pendiente.
R.- La verdad es que tengo varias novelas escritas y no he tenido tiempo de promocionarlas, quizás ni de corregirlas en profundidad para que lleguen a ser publicadas. Lo he hecho por simple placer literario. Esa faceta tan importante para mí está un poco aparcada… pero creo que debo retomarla. He dedicado mi vida y mi tiempo al servicio a los más pobres. Espero que el Señor me dé tiempo e ilusión para poder hacer algo en esta faceta tan interesante y que tanto me gusta.

El tiempo en mi vida ha pasado muy rápidamente y me he centrado más en la acción social cristiana que en la literatura que tanto me gusta. No sé si el futuro me deparará salud y ánimos para trabajar estas áreas abandonadas. Tengo ilusión por vivir, por continuar haciendo cosas.

A pesar de que no soy un hombre fuerte, el Señor me ha cuidado y no tengo ningún problema importante de salud. ¿Me dará el Señor larga vida para que pueda trabajar estas áreas casi olvidadas? Cuando era niño me operaron de mi pierna izquierda y, estando ingresado en el hospital, estaba leyendo la Biblia y me topé con un texto del Salmo 91 que, no sé por qué, nunca he olvidado: “Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación”. Si el Señor también, en medio de tantas promesas y consuelos que ofrece, me concede el tener “larga vida”, creo que podré hacer todavía muchas cosas… pero si Él me llamara antes, estoy aquí dispuesto.

Terminamos la entrevista. Damos las gracias a Juan Simarro por dedicarnos su tiempo inestimable, que escasea ante tanto clamor por justicia, pan, Palabra, misericordia…
Os sugerimos la lectura de algunos de sus libros: Diaconía o las Obras de la Fe; Jesús, Evangelio de Dios a los pobres; Desde el corazón de la ciudad (CLIE); Cristianos ante la pobreza (CLIE); Inmigrantes: el multiforme rostro de Dios (CEM).

Autores: Jacqueline Alencar
© Protestante Digital 2011


Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (X)

“El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano…” Texto completo en Lucas 18: 9-14.

¿Cuando se ora con uno mismo? El contexto de la parábola está claro: uno ora consigo mismo, cuando se está de espaldas al prójimo o, peor todavía, cuando nos comparamos con él despreciándolo. Cuando pasamos de largo de los pobres y sufrientes del mundo, de los estigmatizados o proscritos, de los que nos necesitan en un momento complejo de su vida. Se puede agravar la situación hasta extremos límite cuando, además, miramos con desprecio a aquellos ante los cuales no nos queremos parar y ser una mano tendida de ayuda. Aquí el fariseísmo se sitúa en las antípodas del Evangelio a los pobres.

En estas situaciones farisaicas es cuando se da el silencio de Dios. Es cuando Dios no nos puede justificar, no nos escucha… estamos, egoístamente, orando con nosotros mismos. Lo único que queda entonces es gozarnos en la falsa autojustificación que nos conduce a la condenación, nos aleja de Dios… y de los hombres. Desde ahí es imposible entender el Evangelio a los pobres. Es imposible entender el Evangelio de la gracia y de la misericordia de Dios. Nos fabricamos nuestro propio “evangelio” basado en la insolidaridad y en la falta de projimidad. Nos falseamos y perdemos la autenticidad de la espiritualidad cristiana.

Dios, que también de vez en cuando se pasea por los templos, tiene que cerrar sus oídos y sellar su boca, no dar respuesta, ante oraciones insolidarias que se hacen con uno mismo. Podemos ponernos en pie en los templos en actitud altanera, con falta de humillación y decir las palabras más preciosas… pero palabras que Dios no escucha y sólo notamos la ausencia de su respuesta: el silencio de Dios. Nos basta con escucharnos a nosotros mismos.

Supongo que Dios, en ocasiones, se siente mejor y busca su morada entre aquellos que hacen justicia al huérfano y a la viuda, que comparten con el pobre, que restituyen y dignifican al agraviado, que son solidarios y activos en la ayuda al prójimo. Con esto no quiero decir que no haya iglesias solidarias que amplían sus tiendas y su visión y que son iglesias del Reino. Más que una crítica a la iglesia, es un aldabonazo solidario que despierte conciencias y que evite la falta de humillación, la altivez y el orar con nosotros mismos. Pretendo que os fijéis en las líneas solidarias del Evangelio a los pobres.

El fariseo quería cumplir con el ritual el templo, quería orar y buscar a Dios en su Santuario, pero su falta de amor al prójimo y su desprecio hacia él, tiraba por tierra la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Hacía un ritual sólo válido para su propio orgullo y autosuficiencia. No amaba al prójimo, despreciaba, se consideraba espiritualmente superior, dando simultáneamente la espalda a Dios y al prójimo. Había mutilado el Evangelio. Jamás podría entender tampoco los valores del Reino tan vinculados a los valores del Evangelio a los pobres.

Si, como el fariseo, somos sordos ante el grito del marginado, proscrito o pobre, Dios también es sordo y mudo ante cualquier tipo de súplica que le hagamos. Sólo oiremos el frío y pesado silencio de Dios. Silencio que también grita por misericordia y práctica de la projimidad. El silencio también habla.

Esto es una ley del Evangelio a los pobres: No se pueden buscar bendiciones de Dios, de espaldas al que sufre. Es una frase que se debería poner en el frontal de las iglesias en busca de compromiso para que los cristianos no entraran en las línea farisaicas, en los errores que, siguiendo la línea del Evangelio a los pobres, denuncia la parábola del Fariseo y el Publicano.

Dios no tiene por qué sufrir con nuestra insolidaridad, con nuestras alabanzas, oraciones y cumplimientos del ritual. El fariseo no estaba reconciliado con el hermano, con el prójimo. No debiera haberse atrevido a cruzar por los atrios de la casa de Dios. Para él sonaban las palabras de Jesús: “Reconcíliate primero con tu hermano”, no entres en el templo sin cumplir esta premisa previa. El resultado de todo esto, de esta parábola y de otros textos bíblicos en esta línea es la siguiente: Hay una conexión entre el culto y nuestra solidaridad para con el prójimo sufriente. Hay una relación entre culto y prójimo sufriente. Hay una relación entre el culto y la obra social cristiana.

Según esta parábola tan en línea con el Evangelio a los pobres, cuando cortamos la relación de solidaridad y búsqueda de justicia para con el prójimo sufriente, para con los pobres del mundo, se viene abajo nuestro ritual, nuestro culto, nuestra oración, nuestra ofrenda… nuestras posibilidades de salvación. Por eso el fariseo de la parábola no salió justificado del templo a pesar de su religiosidad y su ética de cumplimiento religioso.

No sólo se da el silencio de Dios ante los injustos que dan la espalda y desprecian al prójimo, sino que éste, Dios, se queda prendado del publicano pecador y proscrito que no se atrevía a alzar los ojos y que se golpeaba el pecho clamando: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Este hombre humillado sí hablaba con Dios. Sus palabras subían al altísimo traspasando los techos y tejados del templo. Volaban como con olor suave y fragante ante la misma presencia de Dios.

Señor, ayúdanos a no orar con nosotros mismos. Te lo suplicamos. No nos des palabras, ni frases elocuentes para que sólo las escuchemos nosotros. Danos humildad, amor y capacidad de servicio a los pobres y proscritos del mundo. Queremos orar contigo, no con nosotros mismos. Escucha nuestra oración, que no nos atruene tu silencio. Sé propicio a nosotros, pecadores.

 


Juan Simarro

 

Retazos del evangelio de Dios a los pobres (IX)

“De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Texto completo en Mt. 25: 31-46.

Esta es una parte del Evangelio a los pobres que más nos debería hacer reflexionar, ya que no se trata solamente de que dejemos a los empobrecidos, marginados y excluidos tirados al lado del camino sin que seamos movidos a misericordia, como en la parábola del Buen Samaritano, sino que el texto de Mateo 25 nos lleva a la visión de cómo repercute esto en la sensibilidad de Dios mismo. Dios percibe la omisión de la ayuda como si hubiéramos sido inmisericordes con Él mismo. Es la mayor llamada de atención que nos hace el Evangelio a los pobres.

Lo que no hemos hecho por uno de estos que tienen hambre, hemos dejado de hacerlo por el mismo Dios. Jesús, el experto en sufrimiento, se queda también al lado del camino, al lado de los sufrientes del mundo, cuando omitimos la ayuda. Por tanto, podemos dejar también a Dios tirado al lado del camino cuando cometemos el pecado de omisión.

La verdad es que el Evangelio a los pobres que nos deja Jesús suena con una radicalidad tan fuerte a nuestros oídos que, quizás, tenemos problemas para comprometernos en esa forma tan radical que demanda el concepto de projimidad que nos deja Jesús, nos da miedo… podríamos temblar al pensar que nuestras insolidaridades para con el prójimo son insolidaridades para con Dios mismo al que podemos dejar tirado en la estacada. Hiere a nuestra sensibilidad el pensar que estamos dejando tirado a Dios al lado del camino. Nos interpela menos el dejar tirado a nuestro prójimo, pero está en la relación de semejanza que nos habló Jesús.

Quizás es por eso que el cristianismo lo hemos ido adaptando, de forma cómoda, para que nuestra sensibilidad no se sienta tan radicalmente llamada al compromiso. En lugar de esta radicalidad en la línea horizontal del Evangelio a los pobres, en la relación de servicio al prójimo, hemos adoptado una espiritualidad un tanto desencarnada en busca de una relación más cercana con el más allá y con los ángeles, que con el prójimo que gime y grita al lado del camino implorando misericordia. Le damos la espalda en muchas ocasiones, faltando a los deberes de projimidad, sin darnos cuenta que lo que estamos haciendo es dar la espalda a Dios mismo.

Es tanta la responsabilidad y el compromiso actuante que nos demanda, tanto la fe como el Evangelio a los pobres, que nos da miedo de que trastorne todas nuestras comodidades, goces y disfrutes insolidarios. Es como si Jesús fuera demasiado lejos en sus demandas para con el prójimo, pero esto lo vemos en toda la Biblia y se resume con las palabras de Jesús en donde el amor a Dios y el amor al prójimo se ponen en relación de semejanza. Así, pues, en la situación de pobreza en el mundo, o en nuestras ciudades, cuando dejamos al prójimo desnudo, sin albergue y hambriento sin hacer nada y sin ser llamados al compromiso, estamos dejando tirado a Jesús mismo.

Es curioso que lo que el texto nos demanda es cubrir simplemente las necesidades básicas, aunque todo esto bíblicamente sea el comienzo de la búsqueda de la justicia y la denuncia del despojo de los pobres, pero el texto parece que no nos habla de ayudas excelsas, ni de sacrificios ímprobos. Nos habla de dar de comer, vestir, albergar, visitar… Es la importancia de la ayuda asistencial, aunque el proceso culmine con la búsqueda de justicia. Es la línea que va marcando el proceso de puesta en marcha de la solidaridad cristiana en el seguimiento del Evangelio a los pobres.

Esta línea del Evangelio a los pobres nos muestra la importancia y la repercusión de nuestras acciones comprometidas y liberadoras, de nuestros compromisos solidarios y, en su caso, la maldad de la omisión de la ayuda. Es tal la relación y comunión de Dios con los hombres, que la omisión de nuestras acciones de fe, le afectan profundamente. Por eso separa de su lado a los insolidarios y a los que han sido sordos ante el grito de los pobres, ante su dolor, ante su hambre.

Así, el pecado de omisión, tal y como se ve en Mateo 25, es callarse o pasar de largo ante las necesidades de los empobrecidos del mundo, de los tirados en las cunetas por falta de misericordia de tantos que dicen querer servir a Dios. El pecado de omisión, no es sólo un pecado contra el hombre, sino contra Dios. Por tanto, no hay ningún Evangelio que no pase por las líneas del Evangelio a los pobres que nos anunció Jesús. Es lo que dio identidad a Jesús como el Mesías enviado y es lo que da identidad a los auténticos seguidores de Jesús.

Así, pues, a los insolidarios y acumuladores que se ponen vestimentas religiosas y se dan golpes de pecho buscando la espiritualidad cristiana, no los creáis. Si ellos anduvieran por las líneas de la auténtica espiritualidad cristiana, deberían actuar como Zaqueo: repartir los bienes entre los más pobres.

Mateo 25 nos dice que Dios no puede salvar a los insolidarios que, pudiendo, no actuaron y dejaron en el hambre, en la desnudez y en la intemperie a sus prójimos necesitados. Son condenados por esta omisión porque, según estos textos, no es Dios quien los separa de sí, sino que fueron ellos los que dejaron a Dios tirado al lado del camino: “Lo que no hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

Esto no quiere decir que la salvación sea por obras. Lo que quiere decir es que la salvación por fe implica una fe viva y actuante que sabe que creer es comprometerse tanto con Dios como con el hombre, con el prójimo.

Señor, no nos dejes gozarnos en el disfrute insolidario, no nos des alegría hasta que no entendamos las líneas que tú nos dejaste en el Evangelio que, siendo para todos, tú nos quisiste hablar de forma específica del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011



Juan Simarro
Retazos del Evangelio a los pobres (VIII)
“Venid, benditos de mi Padre…porque tuve hambre y me disteis de comer”. Texto completo: Mateo 25:31-46.

“Cuando el hijo del hombre venga en su gloria”… entonces será este juicio que será de carácter global: “serán reunidas delante de Él todas las naciones”. Todos serán examinados y sólo habrá dos resultados posibles: el que uno vaya en este examen a la derecha o a la izquierda del Padre. Es el único resultado previsto por Dios. Nadie va a poder eludir este examen. El test que tenemos que pasar es el de si hemos tenido una fe viva, una fe actuante, una fe que obra a través del amor, como diría después el apóstol Pablo. Este examen tiene a los pobres como centro. Está en la línea del Evangelio a los pobres.

Los que se pondrán a la derecha, aprobando el examen, serán los que puedan contestar positivamente a estas preguntas: ¿Ha movido tu fe montañas, te ha movido tu fe al servicio a los pobres, hambrientos, desnudos y sedientos, te ha implicado en la acción de ayuda al prójimo necesitado, tu fe fue tan viva como para moverte a la misericordia, al hacer y buscar justicia a los débiles del mundo… o simplemente estaba muerta? La respuesta si es positiva, nos acerca a Dios, si es negativa nos separa de Él para siempre a la condenación eterna. En el fondo de todo, están los pobres. La fuerza radical y aplastante del Evangelio a los pobres.

 

La radicalidad es clara y definitiva: quien no apruebe este examen perderá la salvación y pasará a la eterna condenación. No podemos apelar a la bondad y al sacrificio de Jesús en la cruz, sin tener en cuenta el concepto de projimidad, de búsqueda de la justicia, del hacer misericordia y actuar en el servicio al necesitado. La influencia del Evangelio a los pobres no queda sólo en la formulación teórica de ser un grupo o colectivo que se nombra de forma específica como destinatarios del Evangelio. El Evangelio a los pobres está lleno de recomendaciones y mandamientos cuyo incumplimiento mata nuestra fe y nos separa de Dios para siempre.Muchas veces nos gustaría tener una fe que nos elevara hacia lo eterno, que nos identificara más con lo angélico, una fe que actúa en nosotros como un simple sentimiento de seguridad, comodidad o gozo en lo sobrenatural, una fe estática, contemplativa y de autogozo, pero la fe nos demanda otras cosas. La fe sin acción se muere y deja de existir. Los que pasen el test, serán los que hayan tenido una fe actuante y comprometida que nos convierte en las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor… Los que han entendido el Evangelio a los pobres.

El examen del juicio de las naciones, en relación con nuestro compromiso con Dios y con el hombre y, fundamentalmente, con el hombre tirado al lado del camino, es el que probará si nuestra fe ha sido genuina. La fe genuina está en línea con el Evangelio a los pobres, con la acción solidaria, con la dignificación de las personas, con la liberación de los oprimidos. El hambre que quitamos, la sed que apagamos, los desnudos que vestimos son todo el icono de una acción liberadora que busca justicia para los pobres y apaleados de este mundo. La fe verdadera no puede quedar quieta y contemplativa ante un mundo empobrecido y lleno de dolor dando la espalda al grito de los pobres del mundo. Esto es un desprecio al Evangelio de Jesús, al Evangelio a los pobres.

El tema central de todo este pasaje, en línea con el Evangelio a los pobres, es el siguiente: Por una parte, Jesús se identifica con nuestras acciones liberadoras, con las acciones solidarias de sus hijos a favor de los pobres, y se siente afectado en su sensibilidad divina por la fe muerta que omite la acción solidaria, que omite la búsqueda de justicia en el mundo. Por otra parte, Dios se identifica también con el apaleado, con el injustamente tratado, con el empobrecido y oprimido, con el despojado por la acumulación injusta y desmedida de los enriquecidos del mundo que agrandan sus graneros pensando solamente en ellos mismos.

Todo esto es así hasta el punto que en esta identificación con estas líneas del Evangelio a los pobres, ya en su forma práctica y actuante en el mundo a través de las solidaridades y el amor de sus hijos, llega a decir las expresiones “a mí lo hicisteis”, en su forma positiva y “a mí no lo hicisteis” en su forma negativa. Dos expresiones que dan cierto miedo cuando pensamos en el juez justo que nos va a examinar nada menos que para aceptarnos y acogernos con él para siempre, ejemplo de salvación eterna, o para rechazarnos y dejarnos en un lugar aparte en una condenación sin remedio, para siempre. En este test, tanto nosotros como la iglesia, nos jugamos la credibilidad ante Dios, el ser o no agentes de liberación o iglesias del reino.

Por tanto, en un Evangelio que tiene a Dios como centro y, en segundo lugar y en semejanza, en un Evangelio que también tiene como centro al hombre, especialmente al hombre apaleado y empobrecido, a los pobres, la nota aprobatoria del test será la siguiente: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer… lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Has aprobado. Bien buen siervo y fiel. El suspenso, se dirá con estas palabras condenatorias: “apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

El olvido de los pobres, del hombre en su situación de sufrimiento, el ser sordo ante el grito por misericordia y justicia para con los oprimidos y empobrecidos del mundo, separa de Dios. Esa es la dureza del Evangelio a los pobres. Pero tiene su lado dulce, aprobatorio, de acogida y de salvación, para todos aquellos que, en el nombre de Dios, han acogido, alimentado, quitado la sed y vestido a aquellos que siendo nuestros prójimos, han quedado heridos y apaleados, despojados y robados de dignidad y excluidos, tirados como basura al lado del camino… cuando son criaturas o hijos de Dios.

Señor ayúdanos a comprometernos con tu Evangelio, con el Evangelio a los pobres. No nos des disfrute hasta que no nos metamos en estas líneas solidarias de servicio que demanda la visión práctica del Evangelio a los pobres.

Protestante Digital.com


El inicio de una nueva congregación lleva mucho tiempo, es un trabajo interesante. Y nadie sabe mejor que Samuel Nieva, pastor del Pueblo de Dios,  misión de la IELA en Compton, California

Cuando Samuel llegó a Compton hace ocho años, se enfrentó una situación desesperante.

El edificio de la iglesia estaba programado para la demolición, y no había otras congregaciones luteranas en la zona, para ayudar a resolver necesidades espirituales y sociales de la comunidad.

Samuel tomó rápidamente el asunto en sus propias manos.

Comenzó la reparación del edificio de la iglesia. Los vecinos se acercaron  para ayudarlo. Pronto el santuario, un auditorio, dos cocinas y cuatro baños se renovaron, limpios  y restaurados en condiciones de funcionamiento.

«Me sentí como que había una situación de emergencia», dice Samuel. «Teníamos que empezar la adoración de inmediato. La gente venía buscando a la iglesia ayuda espiritual y social. Era obvio que la gente de la comunidad  necesitaba  una iglesia a su servicio. »

Hoy Pueblo de Dios está prosperando, mantener un horario semanal muy completo. Ellos tienen un servicio de adoración muy vibrante donde combinan la liturgia luterana con ritmos latinos contemporáneos, estudios bíblicos, clases de comunión y  confirmación, un club infantil, alimentos y servicios de distribución de ropa, trabajan con una clínica local de salud y profesionales voluntarios que brindan sus servicios a la comunidad alrededor de la iglesia, clases de costura para proporcionar oportunidades de generación de ingresos para las familias y mucho más.

Este año la misión Pueblo de Dios, espera comenzar  lo que Samuel llama a un «restaurante  casero», donde los fieles preparan las comidas tradicionales para brindar a la comunidad celebrando así, su herencia cultural.

«Estoy sorprendido por la gracia de Dios en el crecimiento de nuestra misión», dice Samuel. Se espera que Pueblo de Dios, se convierta en la primavera de 2011 en una congregación  oficial de la IELA.

También espera  el comienzo de una misión en otro punto de la ciudad de Compton para servir y ayudar a muchos inmigrantes, que cruzan la frontera México-Estados Unidos. Compton Es una ciudad pobre, con alto desempleo que sirve como un destino de llegada a muchas personas latinas.

«Tenemos que seguir compartiendo el pan espiritual y material», dice Samuel.

El trabajo misionero está impregnado en la sangre de Samuel, él y los miembros del Pueblo de Dios se están preparando para iniciar una nueva congregación en la ciudad.

“Congregaciones abriendo nuevas  congregaciones” es un modelo principal para las nuevas iglesias en la IELA de acuerdo con Mary Frances. Un pastor luterano debe asistir en la formación de nuevas congregaciones de la IELA.

Ella cree que este modelo ofrece una tasa de mayor éxito y oportunidades.

«Tenemos muchos grandes congregaciones de la IELA a punto de hacer este trabajo, y eso es lo que queremos que suceda,» dice Mary.

«Se trata de compartir el reino de Dios, especialmente entre los pobres y entre las comunidades desesperadas por la atención espiritual», dice Samuel.

Su visión para la nueva congregación en Compton es mostrar que «la gracia de Dios es un don (regalo) para la humanidad.»

«Toda mi vida me sentí llamado a compartir la buena noticia de Jesucristo», dice Samuel, y añadió que ser un desarrollador de misión (misionero urbano) es un ajuste perfecto para él.

Antes de su vocación en la iglesia, Samuel era un reportero gráfico que trabajan en América Latina en nombre de la revista Latin America Evangelist, Christianity Today, Servicio Mundial de Iglesias, organizaciones y medios seculares.

Originario de Perú, Samuel se trasladó a Estados Unidos en la década de 1990. Él y su familia se unieron a la Iglesia Luterana Angélica en Los Ángeles, fue su primera membrecía familiar en una iglesia luterana. Allí Samuel tomó la decisión de asistir a Seminario Teológico Luterano del Pacífico en Berkeley, California, y entrar en el ministerio ordenado.

«Servir a la gente en el nombre de Dios ha sido lo más gratificante de mi vida», dice.

Artículo traducido: LivingLutheran.com / Evangelical Lutheran Lutheran Church.

Siervos inútiles somos

Publicado: febrero 9, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (VII)

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”. Texto completo en Lucas 17:7-10.

Una de las características que deben tener todos aquellos que quieran seguir a Jesús en las líneas del Evangelio a los pobres -no hay otra forma de seguirle-, es la de la humildad, así como la del reconocimiento de que se depende en todo del Señor de los campos, de la creación, del universo, de los hombres, todos igual en dignidad y derechos. Dentro de los parámetros del Evangelio a los pobres, tiene que haber ausencia de prepotencia, reconocimiento del otro como superior a nosotros mismos, independientemente de cuál sea su situación. Reconocimiento de siervos o esclavos de aquél que, como grupo específico dentro de los destinatarios de su Evangelio, eligió a los pobres de la tierra y vio en ello sus señas de identidad como Mesías. Es la única manera de que podamos decir con alegría: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”… Sólo así podremos experimentar la felicidad del siervo.
Las palabras “prepárate, cíñete, sírveme” dichas cuando nos acercamos al Señor ya cansados, se configuran como todo un mensaje. Alguien nos está diciendo: Yo primero. No obstante, debemos recordar siempre que en estas líneas de servicio, por semejanza entre el amor a Dios y al hombre y por la identificación que Dios tiene con el sufrimiento de los débiles y despojados del mundo, este “yo primero”, lo podríamos interpretar como “el prójimo primero” y, especial y específicamente, el prójimo en necesidad.
Estas líneas de servicio que encajan perfectamente en las estructuras del Evangelio a los pobres, nos están exhortando a que la vivencia del Evangelio tenga unas líneas prácticas y de arraigo en la realidad socioeconómica hasta que nos demos cuenta de que, aunque la contemplación, la espiritualidad mística, la búsqueda de gozo y disfrute, el recibir parabienes por nuestro servicio y puesta en práctica del Evangelio, debe quedar en su lugar -pues tampoco queremos eliminar estos conceptos-, estas vivencias no nos deben apartar un ápice de las líneas de servicio tanto a Dios como al prójimo. El servicio a Dios y el servicio al prójimo son como las dos caras de la misma y única realidad. Sólo el que sirve puede, en autenticidad, disfrutar de la exaltación en la alabanza, de la oración y del culto. Fuera del servicio, estas prácticas pueden ser como una molestia a los oídos de Dios, “metal que resuena o címbalo que retiñe”.
Si la salvación es por gracia, el servicio también debe ser gratuito en todos los aspectos. De ahí que esta frase que tan bien encaja en las estructuras y conceptos del Evangelio a los pobres:“Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos”, sólo les es posible vivirla a los que han captado tanto la gracia como la gratuidad en el servicio. De ahí que nadie debe servir ni trabajar, tanto en la ayuda al prójimo en la línea del Evangelio a los pobres, como en los campos de la evangelización, ni de la misericordia, ni de la enseñanza, pensando en el reconocimiento o cierto agradecimiento de Dios por nuestro trabajo.
De gracia recibimos, debemos dar y actuar de gracia. El que algún día el Señor pueda recompensarnos no debe entrar en nuestros parámetros de servicio. Recordad que cuando hayamos servido hasta la extenuación, debemos continuar con la frase: Siervos inútiles somos. Sólo hemos hecho lo que debíamos.
Así, si no queremos servir gratuitamente, si no queremos arar los campos donde hay tantas personas que sufren injustamente, si no queremos ni nos sentimos llamados a pacentar a los que tienen hambre, si no queremos cavar los campos endurecidos por la opresión, la explotación y el despojo de los débiles, si sólo queremos gozarnos en la tranquilidad y falso sosiego de los injustos, si el sufrimiento del prójimo a nosotros no nos afecta, de nada nos sirve el ritual, que será vano, de las iglesias.
Si no nos preparamos, si no nos ceñimos, si no damos de comer y beber, nuestra situación como cristianos es triste y desoladora. No hemos entendido, no sólo lo que implica el Evangelio a los pobres, sino que no hemos entendido la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Fuera de estas estructuras de bondad y misericordia, sólo se puede vivir una religiosidad insolidaria, no el cristianismo del Maestro.
La frase que estamos comentando en la línea del Evangelio a los pobres de considerarnos siervos inútiles porque sólo hemos hecho lo que debíamos, nos debe llevar a contemplar la integralidad del Evangelio con tantas líneas de servicio, de las cuales Jesús nos dice “porque ejemplo os he dado”, líneas de servicio que nos conducen a la vivencia de un Evangelio integral… sin esperar nada a cambio.
Si aceptamos la salvación por gracia, como un don gratuito, sin que Dios nos pida a cambio esfuerzos, sacrificios, cilicios, cenizas o penitencias, nuestra respuesta debe estar en la línea de la gratuidad del servicio… por coherencia. Si no, no hemos entendido el Evangelio, ni ha calado en nosotros la gracia de Dios. ¡Qué dispuestos estamos a aceptar como gracia, como don gratuito, todo lo que Jesús sufrió en nuestro lugar, y cómo tiramos por la borda estos dones graciosos al dar la espalda al que necesita algo de la gratuidad de nuestro servicio! “De gracia recibisteis, dad de gracia”, servid de gracia. Sólo así entenderemos las líneas, los parámetros, los conceptos y los mandamientos que conforman el Evangelio de Dios a los pobres, sólo así podremos entender a Jesús: Evangelio de Dios a los pobres.
Señor, si aceptamos tu gracia, la salvación por gracia, como don gratuito, sacude nuestras conciencias hasta que sepamos servir de gracia, sn esperar nada a cambio.Que podamos hacer lo que los siervos inútiles que trabajan, sin esperar nada a cambio, hasta hacer todo lo que debían.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro
3 Los pobres, Moisés y los profetas
4 Todo en el cielo y todo en la tierra
5 Ricos inquietos y ricos satisfechos
6 El deber del siervo

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