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Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (28)

“Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho mas: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Marcos 10:48. Texto completo en Marcos 10:46-52.
 El grito rebelde del ciego mendigoLa esperanza que Jesús había despertado en el mendigo ciego Bartimeo era imparable.  Nadie podía acallar aquel grito. Cuando oyó que quien pasaba por allí era Jesús, encontró su oportunidad y comenzó a dar voces y gritos… pero el grito o los gritos de los pobres molestan a los que creen estar integrados en la sociedad. Dice el texto que “muchos le reprendían”, pero no hacía caso, no podía obedecer… era su gran oportunidad, declararse en rebeldía contra los que querían acallar su grito. Cuando le ordenaban que callase, dice la escritura que él “clamaba mucho más”.  Era imparable, rebelde, no obedecía a las órdenes de que callara. Su grito sonaba como el paradigma del grito de los pobres y marginados del mundo. A Bartimeo no lo pudieron callar. Su rebeldía triunfó. Tal vez hoy, por el hecho de que el mundo de los integrados dan la espalda al grito de los marginados, este grito ha dejado ronca la garganta de los pobres… y se han resignado. Se necesita del apoyo de los cristianos para que ese grito no pare. Se necesita que los cristianos nos unamos al grito de los pobres de la tierra… hasta que se detenga el mundo y se tengan que parar los responsables del mantenimiento de las estructuras injustas del poder y de la riqueza.

 Jesús se paró. Es lo que yo creo que deberían hacer los creyentes ante el grito de los pobres y marginados del mundo.  Es una pena que ese grito no sea más rebelde y que se haya resignado. Hoy, más de medio mundo en pobreza, permanece callado y resignado… quizás porque no ha encontrado eco a su grito. Se les ha destrozado la garganta y el corazón… pero Jesús se paró. Jesús se detuvo para sorpresa de la multitud. Nunca fue sordo al grito del marginado. Nunca pasó de largo.

Jesús sí criticó a los religiosos y conocedores de la ley cuando pasaron de largo ante el grito del apaleado, del prójimo sufriente. Recordad, por ejemplo, la parábola del Buen Samaritano. Parece que el estribillo triste y trágico de la parábola es este: “y viéndole, pasó de largo”. En el caso de Bartimeo podríamos decir: Y oyéndole, pasaron de largo. Causa suficiente para que, todos estos inmisericordes, sean rechazados como prójimos y, además, enviados a la condena eterna.

Los creyentes del mundo, los discípulos del Maestro, nos deberíamos parar ante el grito de los pobres y oprimidos del mundo. Y cuando ese grito no resuena como una gran sirena atronadora del mundo, nosotros deberíamos iniciar el grito para que ellos, tocados por la esperanza, se pusieran a gritar junto a nosotros. Un grito de rebeldía, un no a la injusticia y al desigual reparto, un no al robo de dignidad de tantas personas en el mundo. Los cristianos deberíamos ser inconformistas, con rebeldía positiva, transmisores de esperanza… hasta contagiar a los pobres del mundo para que no cayeran en la resignación. Alguien tiene que pararse y reflexionar. Jesús ya no está entre nosotros. Nos corresponde sus seguidores pararnos al lado del lacerado, del apaleado y tirado a los márgenes del camino, allí junto al abismo de la desesperación.

El mendigo ciego Bartimeo usó este grito: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Y nadie pudo apartarle de aquel grito.  Se mostró rebelde a las órdenes de silencio y, cuanto más le querían obligar a callarse, más gritaba. Era Jesús. Su esperanza. No podían callarle. ¿Cómo se iba a callar?  Hubieran tenido que matarle. Esa rebeldía sigue necesitando el mundo hoy. El grito del Bartimeo debe ser el grito de la humanidad pobre… y nosotros, los cristianos, tenemos que alentar ese grito y unirnos a él, pararnos ante el grito del sufriente.

Quizás tenemos miedo del conflicto, de molestar a los poderosos de la tierra, a los integrados y acumuladores del mundo. Si tenemos miedo, es que los objetivos no los tenemos claros. Nos falta la rebeldía de Bartimeo que no quiso callarse… porque es más que probable que si nos unimos al grito de Bartimeo, al grito de los pobres de la tierra, comencemos a tener problemas. Si Bartimeo los tuvo, ¿por qué no los vamos a tener nosotros? Todos se echaron encima de Bartimeo pidiéndole que callara, le reprendían. Su grito les parecía molesto y no adecuado. Sin embargo, Bartimeo en su rebeldía activa, en su seguridad ante la esperanza que le transmitía el paso de Jesús, no dejó de gritar, sino que clamaba más aún.

El conflicto nos puede ocurrir a nosotros si nos unimos al grito de Bartimeo. Conflicto con nuestros vecinos, con las autoridades, con los compañeros de trabajo, parientes o amigos… Es necesario tener la rebeldía de Bartimeo. Poco les faltó a aquellas personas para decirle a Bartimeo: ¡Cállate y muérete! Querían reducirlo para siempre a la marginación y a la pobreza.

Quizás es que en el mundo, gritar el nombre de Jesús, impresiona. Más aún cuando se grita el nombre de Jesús en relación con la eliminación del escándalo de la pobreza en el mundo. Poco se grita hoy el nombre de Jesús en relación con la ayuda al prójimo pobre y sufriente, con la ayuda a los oprimidos e injustamente tratados. No usamos el nombre de Jesús, el Hijos de David, para implorar misericordia para con los pobres y sufrientes del mundo. Es una de las carencias del cristianismo hoy.

 Bartimeo, sin ojos, tenía fija la mirada en Jesús.  Algo, motivado por la esperanza, se estaba iluminando en su interior. Unos nuevos ojos… quizás los de la fe. Fe que hoy el mundo necesita para que haya personas que actúan a través del amor, como diría el Apóstol Pablo. Esa fe incipiente, esa esperanza, le animaron a ser rebelde y a no callarse, a gritar por encima de las prohibiciones: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mi”. ¡Ten misericordia! Grito que parece no entender el mundo hoy.

Jesús se paró. Él no podía pasar de largo.  Jesús hoy también está parado al lado de los pobres y sufrientes del mundo. Somos nosotros, los que nos decimos ser sus seguidores, los que no nos paramos ante este grito.  Nos dio ejemplo. Ejemplo que si no seguimos puede hacer que caminemos por el mundo con una fe muerta, eliminada por los excesivos rituales insolidarios, hipócritas como sepulcros blanqueados por fuera. Esto no debe ser así. No es así para muchos cristianos del mundo que han sabido pararse ante el grito de los marginados y se han sentido movidos a misericordia. A partir de ahí, vendrá la acción y el compromiso. Quizás podamos cambiar ese grito en una exclamación de alegría, en un brote de esperanza. Imitemos al rebeldía de Bartimeo aunque se nos venga encima el mundo entero. Lo hacemos en el nombre del Señor. Él tiene poder para sostenernos.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011


by Mike Breen

I often coach people in our Learning Communities that what we need is EVOLUTION not REVOLUTION. If we try to revolutionize the church over night (either on a macro or micro level), everyone winds up dead. It’s not spiritually responsible in how we are forming people and suggests that somehow the Spirit of God hasn’t been at work previously. We may not like it, but change takes time. And because of that, it’s important to note where things have shifted and where we are seeing positive transformation.

There are always some who are called to be revolutionaries – exploring new frontiers, taking new ground for the Kingdom in new and innovative ways, even serving in prophetic and ultra-counter-cultural ways. But not everyone is called to be a pioneer. Some are called to advance at a different pace, in a way that takes along the masses who don’t change quite so quickly.

Sometimes it seems there are two polarized camps – those pushing out, who want to throw out the dirty bath water (and sometimes the baby with it) – and those who staunchly want to stay put – doing the same things and expecting different results. Those two camps are often quite critical of one another – rather than recognizing that there are unique callings within the Kingdom.

As someone who has spent the majority of my life living outside of the United States and didn’t grow up here, I think there is a perspective from an outsider that is always helpful. With that being said, with an outsiders perspective, here is what I think the American church is doing well:

  1. SUNDAYS. We may not love everything about the attractional nature of Sundays that many churches are currently trying to get out of, but by-and-large, we are probably seeing stronger teaching from scripture, more creative expressions of worship, more passionate people coming together to worship the Lord, partnered with a greater sense that Sundays aren’t what “it’s” about. I think we’re seeing lots of innovation/imagination in the realm of teaching, doing more to connect the truth of scripture with the context of our lives. I think you’d be hardpressed to think we were better off 50 years ago with worship services. That being said, I think we all believe we need to see just as much (and MORE!!!) imagination/innovation go into how we live OUTSIDE of that 90 minutes on Sunday. We can always do better than we are now, but we should also celebrate when positive change happens.
  2. AUTHENTIC. People can idolize the 1950′s all they want, but I’ll take people not sweeping their issues under the rug any day of the week and twice on Sunday. The fact of the matter is that people were just as broken in the 1950′s, we were just better at hiding it. As Christendom has faded and we live in an increasingly post-Christian culture, the church has become far more comfortable with accepting the fact that every person is broken and there isn’t a need to hide it. It doesn’t mean we shouldn’t change, repent and seek transformation, but at least we can be more honest about who we are in the church (or that there is a greater sense of that).
  3. ACTIVATION. At least within the evangelical tradition of the last 50 years, when the evangelical church has gotten behind something, they have been able to activate people behind a singular cause and will do everything they can to get people on board. The problem has been that, often times, we’ve activated behind suspect causes/ideologies. But there seems to be a swing more and more towards a wholistic expression of the Gospel and the Kingdom of God.
  4. SELF-CRITIQUE. Sometimes observing evangelicals is a bit like watching parents eat their young…in the sense that no one is “safe” (which is sad). However, the flip side of that is the ability to be agile and self-critiquing and to change quickly. Simply look at Willow Creek. The church saw enormous numeric success, thousands join the Willow Creek Association and 30 years in they release the Reveal Study. And they very publicly admit where things aren’t working, where they got it wrong and how they are trying to change. Thirty years sounds like a long time, but in all actuality, that’s not a lot of time in comparison to the church’s ability to be self-reflective in the past. Now if we could learn to critique with civility and grace, that would be a huge step forward as well.
  5. ENTREPRENEURIAL. Again, sometimes we can get lost in the bubble of our own making, but can we think of a more imaginative or entrepreneurial time in church history? We are boldly stepping out of “well, that’s how we’ve always done it” mode and are constantly trying new, exciting and frightening things to push forward the Kingdom of God. We may fail from time to time (or more than that), but at least we are following the wild goose of the Holy Spirit and having a go at it. I have to imagine the the original entrepreneur, the God of creation, is smiling as we go about His business. More and more, there is a missional disturbance happening. We certainly don’t have all of the answers, but the desire to change the world and impact people other than ourselves grows daily. And out of this desire we see new and fresh expressions of the church.
  6. SMARTER. A huge knock on the church has been how negatively the business world has affected the way the church functions. This is a pretty fair reaction. However, we would be foolish not to see a few of the benefits, with two big ones coming to mind. VISION/PURPOSE. Any time a church is asking itself, “God, why have you put this spiritual family here? What are you asking us to do?” is a good thing. While there is the meta-narrative of God’s grand rescue mission that we all exist in, it never ceases to be helpful to see how our community fits into it on a more micro level. This can be particularly helpful as we are spiritually forming people (though, can be narcissistic or ego-driven if not done well). The second is FINANCES. I think we’ve gotten much shrewder with how we use the finances within the church. Rather than hoarding the money and protecting it, we are pushing it out of the safe, interest-collecting coffers and putting it to work (though I imagine we could question HOW and WHERE that money is being spent in many cases). But we still need to recognize it’s a step forward. Most churches and denominations are no longer collecting endowments but spending them on Kingdom-initiatives. Even if it’s not close to perfect, this is a good thing, a shift and a re-orientation towards the Kingdom.

6 COSAS QUE LA IGLESIA AMERICANA ESTA HACIENDO BIEN

por Mike Breen

Muchas veces entrenamos a las personas en nuestras comunidades de aprendizaje que lo que necesitamos es evolución no revolución. Si tratamos de revolucionar la iglesia durante la noche (ya sea a nivel macro o micro), Levantarán los vientos de todos los muertos. No es espiritualmente responsable en la forma en que se están formando personas y sugiere que de alguna manera el Espíritu de Dios no ha estado en el trabajo con anterioridad. Es posible que no le guste, pero el cambio toma tiempo. Y debido a eso, es importante tener en cuenta que las cosas han cambiado y donde estamos viendo una transformación positiva.

Siempre hay algunos que son llamados a ser revolucionarios – la exploración de nuevas fronteras, tomando un nuevo camino para el Reino de maneras nuevas e innovadoras, sirviendo incluso de manera profética y ultra-contra-cultural. Pero no todos están llamados a ser pioneros. Algunos son llamados a avanzar a un ritmo diferente, en un camino que lleva a lo largo de las masas, que no cambian tan rápidamente.

A veces parece que hay dos campos de polarización – aquellos que impulsan hacia fuera, que quieren tirar el agua de baño sucia (y algunas veces al bebé también) – y los que decididamente quieren quedarse – haciendo las mismas cosas y esperar resultados diferentes. Los dos campos son a menudo muy críticos el uno del otro – en lugar de reconocer que hay llamamiento único en el Reino Unido.

Como alguien que ha pasado la mayor parte de mi vida viviendo fuera de los Estados Unidos y no creció aquí, creo que es un punto de vista de un forastero que siempre es útil. Con eso se dice, con una perspectiva de afuera, esto es lo que creo que la Iglesia estadounidense está haciendo bien:

DOMINGOS. No puede amar a todo lo relacionado con la atractiva naturaleza  de los domingos que muchas iglesias están tratando de salir, sino por-y-grandes, es probable que estemos viendo más fuerte la enseñanza de la escritura, la expresión más creativa de la adoración, la gente más apasionada que se unen para adorar al Señor, se asoció con un mayor sentido de que los domingos no son lo que «se trata de» unos. Creo que estamos viendo un montón de innovación / imaginación en el ámbito de la enseñanza, hacer más para conectar la verdad de las Escrituras con el contexto de nuestras vidas. Creo que sería dura depresión a pensar que era mejor hace 50 años con los servicios de adoración. Dicho esto, creo que todos los que tenemos que ver exactamente lo mismo (y más!) Imaginación / innovación van de la forma en que vivimos fuera de que el 90 minutos el domingo. Siempre podemos hacer mejor lo que somos ahora, pero también hay que celebrar cuando ocurre un cambio positivo.

AUTÉNTICO. La gente puede idolatrar a los de 1950 todo lo que quieran, pero me quedo con la gente que no quiere barrer los problemas debajo de la alfombra todos los días de la semana y dos veces el domingo. El hecho del asunto es que la gente estaba tan quebrada en la década de 1950, estuvo  mejor en ocultarlo. Como la cristiandad se ha desvanecido y que vivimos en una cultura cada vez más post-cristiana, la iglesia se ha convertido en mucho más cómodo con la aceptación del hecho de que cada persona se quiebra  y no hay una necesidad de esconderlo. Esto no significa que no debería cambiar, arrepentirse y buscar la transformación, pero al menos podemos ser más honestos acerca de lo que somos en la iglesia (o que hay un mayor sentido de que).

ACTIVACIÓN. Por lo menos dentro de la tradición evangélica de los últimos 50 años, cuando la iglesia evangélica se ha hecho detrás de algo, que han sido capaces de motivar a la gente detrás de una causa singular y hacer todo lo posible para la gente a bordo. El problema ha sido que, muchas veces, hemos activado detrás de las causas sospechosas / ideologías. Pero parece que hay un giro cada vez más hacia una expresión holística del Evangelio y del Reino de Dios.

Autocrítica. A veces la observación de los evangélicos es un poco como ver a los padres comer a sus crías … en el sentido de que nadie es «seguro» (lo cual es triste). Sin embargo, la otra cara de esto es la capacidad de ser ágil y auto-crítico-para cambiar rápidamente. Basta con mirar en Willow Creek. La iglesia tuvo un éxito numérico enorme, miles se unieron a la Asociación Willow Creek y 30 años en que la autorización del estudio revela. Y muy públicamente admitir que las cosas no están funcionando, donde se equivocaron y cómo se están tratando de cambiar. Treinta años parece mucho tiempo, pero en toda la actualidad, que no es un montón de tiempo en comparación con la capacidad de la iglesia a ser reflexivos en el pasado. Ahora bien, si podemos aprender a criticar con cortesía y gracia, que sería un gran paso hacia delante.

EMPRENDEDOR. Una vez más, a veces nos podemos perder en la burbuja de nosotros mismos, pero podemos pensar en un momento más imaginativo o empresarial en la historia de la iglesia? Estamos saliendo de valentía «, así, así es como hemos hecho siempre» el modo y están constantemente probando cosas nuevas, interesantes y aterradoras para llevar adelante el Reino de Dios. Nosotros podemos fallar de vez en cuando (o más que eso), pero al menos estamos siguiendo el ganso salvaje del Espíritu Santo y tener que  ir en él. Tengo que imaginar que el empresario original, el Dios de la creación, está sonriendo a medida que avanzamos a lo suyo. Cada vez más, no es un acontecimiento perturbación misional. Desde luego, no tienen todas las respuestas, pero el deseo de cambiar el mundo y repercuten en las personas distintas a la nuestra crecer  día a día. Y de este deseo se ve expresiones nuevas y frescas de la iglesia.

MÁS INTELIGENTE. Un golpe enorme en la iglesia ha sido la forma negativa del mundo de los negocios ha afectado la forma en que funciona la iglesia. Esta es una reacción bastante justa. Sin embargo, sería absurdo no ver a algunos de los beneficios, con dos grandes  ideas. VISION / OBJETIVO. Cada vez que una iglesia se está preguntando, «Dios, ¿por qué  has puesto a esta familia espiritual aquí? ¿Qué le están pidiendo que hagamos? «Es una buena cosa. Si bien no es la meta-narración de la gran misión de rescate de Dios que todos existimos en él, no deja de ser útil para ver cómo encaja en nuestra comunidad en un nivel más micro. Esto puede ser particularmente útil ya que estamos espiritualmente en la formación de personas (sin embargo, puede ser narcisista o ego, si no se hace bien). El segundo son las finanzas. Creo que hemos conseguido ser mucho más hábiles con la forma en que usamos las finanzas dentro de la iglesia. En lugar de acaparar el dinero y que lo protege, nos están empujando hacia fuera de la caja fuerte, el interés de recolección de las arcas y ponerlo a trabajar (aunque me imagino que podemos preguntarnos cómo y dónde se gasta el dinero en muchos casos). Pero todavía tenemos que reconocer que es un paso adelante. La mayoría de las iglesias y denominaciones ya no están recogiendo donaciones, pero el gasto que en el Reino de las iniciativas. Incluso si no es casi perfecto, esta es una buena cosa, un cambio y una reorientación hacia el Reino.


Escrito por entreCristianos

cultura.jpgAntes de exponer el tema descrito en el título vamos a definir lo que en este artículo entendemos por «iglesia».  Definiremos iglesia al pueblo de Dios, es decir a los llamados que han sido llamados a ser portadores de la Presencia de Dios en el mundo.  Es por eso que nuestra intención al leer este artículo es que el lector cuando vea la palabra «iglesia» la relacione consigo mismo y la relacione también con aquellos que le rodean y que comparten su fe en su vida diaria.  No nos estamos refiriendo a un espacio físico, ni a denominación alguna.

En un artículo titulado «La ‘Iglesia Misional’: un modelo para las iglesias canadienses»,  David Horrox dice: «La Iglesia debe dejar de imitar a la cultura que le rodea y convertirse en una comunidad alternativa, con un conjunto creencias, valores y comportamientos diferentes. Sus miembros dejan de realizar actividades de mercadeo y las iglesias dejan de enfocarse en programas para servir a sus miembros. Se debe rechazar la metodología para evaluar a las iglesias con ‘éxito’ que se base en las que tienen edificios más grandes, más gente, mayores presupuestos, mayor cantidad de ministros y con mayor cantidad de programas y actividades para servir a sus miembros.  Por ello se debe adoptar una evaluación con nuevos criterios a considerar como por ejemplo: ¿Hasta qué punto nuestra iglesia es una congregación «enviada» porque cada creyente está llegando a su comunidad? ¿Hasta qué punto nuestra iglesia impacta a la comunidad por el mensaje cristiano que desafía los valores de nuestra sociedad secular? »

Dan Kimball en «La Iglesia Emergente» (The Emerging Church» – Zondervan, 2003) describe que la iglesia misional es «un grupo de personas enviadas con la misión de reunirse en comunidad para adorar, animarse y aprender de la Palabra de Dios como suplemento del alimento que ellos mismos comen durante la semana».

Tanto Horrox como Kimball reflejan la esencia de lo que significa ser misional.  Sin embargo hemos de profundizar un poco más en este tema para que podamos entender lo que significa ser misional en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean.

Ser Misional es romper paradigmas

Antes de proseguir debemos hacer una advertencia. Alan Hirsch afirma que en los últimos años la palabra «misional» ha sido adoptada por los que desean etiquetarse con palabras de moda para describir lo que ellos hacen, sean estas personas misionales o no. A menudo se utiliza la palabra «misional» en sustitución a «abierto a los que están buscando» (seeker-friendly), al programa de células de la iglesia o a otro concepto de iglecrecimiento.  Esto está diluyendo el signficado original de «misional» porque usualmente se asocia con una fase o un programa.  También erramos al ver la «iglesia misional» como un movimiento porque en realidad es la expresión de lo que la «ekklesia» de Cristo es y esta llamada a ser. En su esencia, misional es un cambio en el pensamiento.

Con esta premisa revisamos también lo que dicen E. Stetzer y David Putman en su libro  «Breaking the Code Misional» (Broadman & Holman, 2006).

Ser misional significa pasar

* De los programas y actividades a los procesos
* De los aspectos demográficos al discernimiento
* De los modelos a las misiones
* De lo que atrae (atraccional) a lo encarnacional
* De la uniformidad a la diversidad
* De lo profesional a lo apasionado
* De estar sentados a ser enviados
* De las decisiones a los discípulos
* De lo adicional a lo exponencial
* De los monumentos y locales al movimiento

A esta lista se puede añadir

* De los cultos al servicio
* De la organización a la persona

Este cambio de paradigma es muy difícil porque estamos acostumbrados a concebir el cristianismo desde la perspectiva evangélica y para romperlo debemos explorar lo que significa ser misional desde la narrativa bíblica.

«Jesús nos ha dicho de ir al mundo y ser sus embajadores, pero hoy muchas iglesias sin darse cuenta han cambiado el mandato ‘id y sed’ por «venid y ved». Hemos crecido apegados a locales, programas, personal, y una gran variedad de buenos servicios para atraer y entretener a las personas. El término misional nos ayuda a describir lo que pasa cuando cambiamos la invitación «ven a nosotros» por «vamos hacia ellos».  Es una vida donde «el estilo de Jesús’ nos enseña y transforma radicalmente nuestra existencia enfocados a vivir en forma sacrificada para Él y para los demás, así como a adoptar una actitud misionera en relación a nuestra cultura.  Es esto lo que nos define la verdadera naturaleza del seguidor de Jesús». (Rick Meigs)

En nuestra próxima entrega se profundizará más en lo que significa ser «misional».

 

 

http://www.entrecristianos.com


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (XXVII)

Bartimeo: símbolo universal de marginación

“…Bartimeo, el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces…” Marcos 10:46-47. Texto completo en Marcos 10: 46-52.

 

 Bartimeo se puede tomar como un símbolo universal. Todos nos podemos sentir reflejados en él, pobres y menos pobres.  Nos encontramos dos personajes centrales: Jesús y Bartimeo. Jesús y el símbolo de los pobres de la tierra, de los marginados y excluidos por cualquier causa. Ese símbolo podría dar como resultado Jesús y tú mismo, aunque no seas pobre económicamente hablando; Jesús y yo mismo. Bartimeo reducido a símbolo, a icono que representa a todos los pobres de la tierra, a ese sobrante humano que a algunos les gustaría que desapareciera del planeta tierra, a los que sufren. Jesús y Bartimeo. Jesús y cualquier hombre sufriente de la historia pasada o de nuestro aquí y nuestro ahora. Jesús ante cualquiera de los empobrecidos de hoy.

 El escenario es la gran ciudad de Jericó. Otro símbolo , otro icono de la gran ciudad. Iconos o símbolos que albergan mucha pobreza urbana, el Cuarto Mundo Urbano, la pobreza de las grandes ciudades, de los centros antiguos de las megaciudades. ¡Cuántos pobres! ¡Cuántos mendigos! ¡Cuántas personas en dificultad social, en exclusión, en pobreza severa en las grandes ciudades del mundo!

Jesús salía de Jericó y arrastraba con él una gran multitud. Hoy, que hemos olvidado los centros antiguos y, en general, los centros de las grandes ciudades como punto de misión urgente y preferente, nos encontramos con Jesús saliendo de Jericó y tras él una gran cantidad de urbanitas. Jesús debió causar impacto en la ciudad, en Jericó. La prueba era el aluvión de gente que le seguía en donde los discípulos eran sólo un puntito de arena en un aplaya.

¿Qué impacto causaría Jesús en la ciudad para que le siguiera tanta gente? ¿Qué esperanzas levantaría? La gente le seguía. Gente activa, interesada, que quería ver señales y milagros, oír algún mensaje de parte del Maestro, de Jesús. Gente llena de curiosidad y esperanza. No querían perderse el contemplar al Maestro, ver sus señales y prodigios, admirar su poder.

 Hoy la iglesia y los creyentes también podrían causar impacto en las grandes urbes si se pusieran a realizar el milagro, el de la multiplicación de los panes y los peces…  y otros milagros que Jesús puede hacer también hoy a través de los que le siguen. Sólo habría que hacer lo que hizo aquel niño que tenía los panes y los pececillos: ponerlos en las manos del Señor.

Ciudades llena de actividad, de bullicio, de estrés, de las diferentes dinámicas que emanan de la gran urbe. Muchos que participaban de la vida activamente, comercialmente, desde el punto de vista de los negocios, de los engaños, de las actividades que dan vida a la ciudad… Pero allí, justo a la salida, al igual que muchos otros estarían dentro de la ciudad, estaba el símbolo universal de la pobreza, el icono de los marginados del mundo, de los empobrecidos y privados de dignidad: Bartimeo.

Hay muchos que no participan de la vida de la ciudad, excluidos, lanzados a la marginación, pasivos… y aparentemente sin poder seguir al Maestro. Sentados o tirados al lado del camino, dependientes de otros, implorando caridad… mendigando. ¿Quién podría pensar que esa persona olvidada y excluida, Bartimeo, iba a ser un personaje central en la vida y enseñanza del Maestro, un personaje de una historia universalmente conocida?

Hoy muchos, en nuestras ciudades, son vidas rotas, sin ilusiones ni proyectos, evitados por la gente para que su conciencia no les reproche el no pararse movidos a misericordia, vidas truncadas… la antivida o infravida de la marginación, el no ser de la pobreza, el sin vivir de la exclusión, símbolos del abandono y de la soledad. Bartimeo tiene paralelismos claros con el hombre de hoy, independientemente de que mendiguen o no, de que sean ciegos o que vean. Símbolo o icono de los pobres del mundo, del escándalo de la pobreza.

 El problema en el mundo es que no sólo los Bartimeos de nuestra historia están sentados en medio del sufrimiento, sino que muchos, la mayoría de los cristianos también están sentados a la otra orilla , la de la abundancia, la del disfrute de bienes… la del disfrute de la búsqueda de bienes espirituales… de forma insolidaria, sin salir, como Jesús, a las calles comunicando esperanza a los pobres y oprimidos del mundo.

No podemos ser auténticos discípulos de Jesús si nos falta un gesto de rebeldía positiva, de inconformismo… de esperanza activa que ponga en marcha nuestra fe que actúa a través del amor. Si Bartimeo pudo gritar y hacer que Jesús se parase, fue porque Jesús estaba allí en compromiso. Los pobres gritarían hoy llenos de esperanza si sus seguidores pudieran transmitir algo de la esperanza que transmitía Jesús con sus acciones y con sus palabras. Sin embargo, muchos caminan por el mundo resignados y se sientan al lado del camino, del abismo cuyo fondo van a tocar pronto. “No me suicido, porque soy un cobarde”, me decía un pobre urbano al que yo intentaba ayudar desde Misión Urbana.

 El ciego pobre, Bartimeo, símbolo de la pobreza severa en nuestros ambientes del mundo hoy, pudo gritar. Pero, ¿por qué gritó? Porque oyó que pasaba Jesús. ¿Gritarían hoy los pobres del mundo si oyeran que por su lado pasaban unos cristianos?  Algo nos falta para que el cristianismo sea hoy un halo de esperanza para los pobres del mundo, para que éstos estallen en un grito de esperanza.

Bartimeo gritó “oyendo que era Jesús”. Hoy deberían gritar igualmente cuando pasan los que dicen ser sus seguidores, los que pronuncian su nombre. Es necesario que hoy en las grandes ciudades del mundo y entre los pobres, resuene el nombre de Jesús, que sea gritado y proclamado… pero con coherencia. Que esta coherencia en el compromiso haga que los pobres del mundo nos lancen su grito de esperanza. Que usen lo que tengan para lanzar su grito. Bartimeo era ciego, pero podía oír y gritar. Pero somos los cristianos los que hemos de posibilitar ese grito con nuestro ejemplo de servicio, de búsqueda de justicia, de amor en acción.

La coherencia de Jesús, su ejemplo en el servicio y preocupación por los débiles, los desclasados, los pobres y los proscritos, hicieron emerger en Bartimeo un grito de esperanza, un grito desgarrador que hace decir a la Escritura: Y Jesús se paró. Los cristianos debemos posibilitar y potenciar ese grito, hacerlo nuestro. Eso sólo ocurrirá cuando el cristianismo sea vivido en compromiso, cumpliendo el mandato de projimidad que nos ha dejado Jesús, siendo movidos a misericordia como lo fue el buen samaritano.

Jesús consiguió con su ejemplo y enseñanza que un entumecido ciego, tirado al lado de camino, al pie del abismo de la infravida, se pusiera a gritar. Los cristianos lo deberían conseguir también. Sí. Con nuestra entrega, nuestro compromiso, nuestro compartir, nuestra lucha por la justicia, nuestra denuncia de la falsa e impía redistribución de bienes en el planeta tierra… con nuestro amor en acción. Con nuestra fe… si es que no está muerta.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011

 


por Mike Breen

Jonathan Dodson (cuyo blog hizo una revisión de nuestro libro Lanzamiento de Comunidades Misioneras) recientemente escribió un artículo para la VERGE Network,  sobre: 8 maneras simples para ser misionero. Me encantó su tren de pensamiento y pensó que era la pena compartir.

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Hacer misión no es un evento que añadimos a nuestras vidas que ya están ocupadas. Es nuestra vida. La misión debe ser la forma en que vivimos, no es algo que añadir a la vida: «. Dondequiera que vayan, hagan discípulos …», «Camina con prudencia hacia los extranjeros», «Deja que tu palabra sea siempre sazonada con sal», «estar preparados para dar una defensa de vuestra esperanza «. Podemos ser misionero de manera cotidiana, sin sobrecargarnos nuestros horarios. Aquí están algunas sugerencias:

1. Comer con los no cristianos. Todos comemos tres veces al día. ¿Por qué no hacer un hábito de compartir una de esas comidas con un no cristiano o con una familia no cristiana? Ir a comer con un compañero de trabajo, no tu solo. Invitar a los vecinos a una cena familiar. Si es demasiado trabajo para preparar una gran cena, simplemente pedir una pizza y enfoca tu conversación. Cuando vayas a salir a comer invita a otros. O lleva a su familia a los restaurantes de estilo familiar, donde podrá sentarse a la mesa con desconocidos y entablar conversación. Comida al aire libre e invitar a los cristianos y no cristianos. Huir de la subcultura cristiana.

2. Caminar, no manejes. Si usted vive en una zona peatonal, tienen la costumbre de salir y caminar por su vecindario, complejo de apartamentos, o de la escuela. En vez de conducir a la oficina de correo, tiendas de conveniencia, o apartamento, a pie para llegar por correo, tiendas de comestibles, y otras cosas. Sé deliberado en tu caminar. Saluda a la gente que no conoces. Entablar conversaciones. Llama  la atención por pasear al perro, teniendo un 6-pack (y acción), con los niños. Hacer amigos. ¡Sal de tu casa! Debes tener interés en tus vecinos. Hacerles  preguntas. Ora cuando sales a caminar. Ahorra un poco de gas, el planeta, y algunas personas.

3. Sé una persona metódica. En lugar de saltar por toda la ciudad por gasolina, comida, cortes de pelo, salir a comer, y el café, ir a los mismos lugares. Conoce el personal. Ir a los mismos lugares a la misma hora. Sonríe. Haz preguntas. Ser metódico. Haz amigos en los cafés por toda la ciudad. Mis amigos de Starbucks donaron una tonelada de pasteles que sobraron a nuestra iglesia 2-3 veces a la semana. Las usamos para reuniones de la iglesia y, ocasionalmente, dar a las personas sin hogar. Construir relaciones. Ser un metódico.

4. Comparte una afición con los no cristianos. Escoja un hobby que se puede compartir. Salir y hacer algo que disfrute con los demás. Trata de hacer Deportes de la liga de tu Ciudad. Remo (futbol) local y los equipos de ciclismo. Comparte tu afición enseñando las lecciones a otros. Enseña  clases de costura, clases de piano, violín, guitarra, tejido, clases de tenis. Sé una persona de oración. Sé intencional. Sé atractiva (o). Que se diviertan. Sé tú mismo.

5. Hable con sus compañeros de trabajo. ¿Qué tan difícil es eso? Toma tus descansos  con mucha  intencionalidad. Salga con su equipo o grupo de trabajo después del trabajo. Muestre interés en sus compañeros de trabajo. Escoge a cuatro y ora por ellos. Forma grupos de mamá en tu vecindario y no lo haga exclusivamente para cristiano. Organiza un calendario de fechas de juego para los niños de la vecindad. Trabaja en la misión.

6. Sé un voluntario con las organizaciones no lucrativas. Encontrar una sin fines de lucro en alguna parte de la ciudad y toma un sábado al mes para servir a tu ciudad. Lleva a tus vecinos,  a tus amigos o a tu grupo pequeño. Pase tiempo con tu iglesia, sirviendo a la ciudad. Una vez al mes. ¡Usted puede hacerlo!

7. Participar en eventos de la ciudad. En vez de jugar X-Box, ver televisión o navegar por la red, participe en eventos de la ciudad. Ir a la recaudación de fondos, festivales, campañas de limpieza, espectáculos de verano, y conciertos. Participa misionalmente. Entabla conversaciones. Estudia de la cultura. Reflexiona sobre lo que ven y oyen. Ora por la ciudad. Ama a tu ciudad. Participa con la ciudad.

8. Sirve a tus vecinos. Ayudar a un vecino para su matrimonio, en la cosecha, ayuda a  construir  un gabinete, ayuda a arreglar un coche. Pase por la asociación de vecinos o de oficina de los apartamentos y pregunte si hay algo que usted puede hacer para ayudar a mejorar las cosas. Pregunte a su policía local y de Bomberos, si hay algo que usted puede hacer para ayudarlos. Sea creativo. ¡Solamente sirva!

No cometa el error de hacer «la misión» como otra cosa que añade a su horario. En su lugar, haga Ud. la misión dentro de su programación existente.

by Mike Breen

Jonathan Dodson (whose blog did a review of our book Launching Missional Communitiesrecently wrote an article for the VERGE Network on 8 simple ways to be missional. Loved his train of thinking and thought it was worth sharing.

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Missional is not an event we tack onto our already busy lives. It is our life. Mission should be the way we live, not something we add onto life: “As you go, make disciples….”; “Walk wisely towards outsiders”; “Let your speech always be seasoned with salt”; “be prepared to give a defense for your hope”. We can be missional in everyday ways without overloading our schedules. Here are a few suggestions:

1. Eat with Non-Christians. We all eat three meals a day. Why not make a habit of sharing one of those meals with a non-Christian or with a family of non-Christians? Go to lunch with a co-worker, not by yourself. Invite the neighbors over for family dinner. If it’s too much work to cook a big dinner, just order pizza and put the focus on conversation. When you go out for a meal invite others. Or take your family to family-style restaurants where you can sit at the table with strangers and strike up conversation. Cookout and invite Christians and non-Christians. Flee the Christian subculture.

2. Walk, Don’t Drive. If you live in a walkable area, make a practice of getting out and walking around your neighborhood, apartment complex, or campus. Instead of driving to the mailbox, convenience store, or apartment office, walk to get mail, groceries, and stuff. Be deliberate in your walk. Say hello to people you don’t know. Strike up conversations. Attract attention by walking the dog, taking a 6-pack (and share), bringing the kids. Make friends. Get out of your house! Take interest in your neighbors. Ask questions. Pray as you go. Save some gas, the planet, and some people.

3. Be a Regular. Instead of hopping all over the city for gas, groceries, haircuts, eating out, and coffee, go to the same places. Get to know the staff. Go to the same places at the same times. Smile. Ask questions. Be a regular. I have friends at coffee shops all over the city. My friends at Starbucks donate a ton of left over pastries to our church 2-3 times a week. We use them for church gatherings and occasionally give to the homeless. Build relationships. Be a Regular.

4. Hobby with Non-Christians. Pick a hobby that you can share. Get out and do something you enjoy with others. Try City League sports. Local rowing and cycling teams. Share your hobby by teaching lessons. Teach sewing lessons, piano lessons, violin, guitar, knitting, tennis lessons. Be prayerful. Be intentional. Be winsome. Have fun. Be yourself.

5. Talk to Your Co-workers. How hard is that? Take your breaks with intentionality. Go out with your team or task force after work. Show interest in your co-workers. Pick four and pray for them. Form mom groups in your neighborhood and don’t make them exclusively Christian. Schedule play dates with the neighbors’ kids. Work on mission.

6. Volunteer with Non-Profits. Find a non-profit in your part of the city and take Saturday a month to serve your city. Bring your neighbors, your friends, or your small group. Spend time with your church serving your city. Once a month. You can do it!

7. Participate in City Events. Instead of playing X-Box, watching TV, or surfing the net, participate in city events. Go to fundraisers, festivals, clean-ups, summer shows, and concerts. Participate missionally. Strike up conversation. Study the culture. Reflect on what you see and hear. Pray for the city. Love the city. Participate with the city.

8. Serve your Neighbors. Help a neighbor by weeding, mowing, building a cabinet, fixing a car. Stop by the neighborhood association or apartment office and ask if there is anything you can do to help improve things. Ask your local Police and Fire Stations if there is anything you can do to help them. Get creative. Just serve!

Don’t make the mistake of making “missional” another thing to add to your schedule. Instead, make your existing schedule missional.

http://mikebreen.wordpress.com


Juan Simarro Fernández

Retazos del evangelio a los pobres (XXVI)

“Viendo la multitud subió al monte; y sentándose vinieron a él sus discípulos, y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados…”. Mateo 5: 1-3.

 

Las Bienaventuranzas, esta parte esencial del Sermón del Monte, no se preocupan especialmente de una espiritualidad desencarnada, no son consejos para que las personas sean más piadosas, no intentan el cultivo del espíritu pensando en el más allá.

 Las Bienaventuranzas están llenas de humanidad encarnada.  Tanta humanidad que no pueden pasar de largo de los problemas de los pobres, de los tristes, de los hambrientos e injustamente tratados. Se configuran, así, como una respuesta de misericordia y como promesas de felicidad para aquellos que están hundidos en el no ser de la pobreza y el sufrimiento humano. Tienen la urgencia de aquel, que siendo experto en sufrimiento como lo era Jesús, tiene que lanzar un grito de emergencia como respuesta al sufrimiento y a la insolidaridad humana que hunde a tantos en la infravida de la pobreza y del desconsuelo.

Mientras los demás maestros religiosos incidían en una ética de cumplimiento de rituales, de mandamientos humanos, de prescripciones y de una pureza piadosa basada en la estricta observancia de múltiples normas, Jesús, sorprendentemente para muchos de los integrados de aquella época, en las Bienaventuranzas les va a hablar de una forma diferente: les podía hablar de los pobres, tanto de los económicamente pobres como de aquellos que son pobres por su desconsuelo, por su llanto, por ser personas oprimidas o pertenecer al grupo de los hambrientos del mundo. Era una forma totalmente revolucionaria y novedosa de hablar.

 Era una forma de hablar totalmente diferente de los líderes religiosos del momento.  Mostraba un camino nuevo y distinto para los sufrientes del mundo, para los proscritos y privados de dignidad. Era como una corriente de aire fresco para los pobres de la tierra que eran despreciados y rechazados por los religiosos del momento. Sus palabras eran como un rayo de luz en medio de las tinieblas de una religiosidad alejada de los planes de Dios para con los débiles del mundo. Eran una forma no violenta de liberación que se ha mostrado como muy difícil de seguir por aquellos que se declaran discípulos del Maestro experto en sufrimiento. Los cristianos de hoy necesitan hacer toda una inmersión en los valores del Sermón del Monte, de las Bienaventuranzas.

Las personas que les escuchaban, la mayoría de ellos gentes sencillas que se sentían atraídos por un mensaje que les llegaba como una gran novedad y que les abría nuevos caminos insospechados en aquellos ambientes religiosos, se quedarían gratamente sorprendidas, sería como si las ventanas del cielo se estuvieran abriendo para ellos por primera vez. Era un Evangelio misericordioso, que proclamaba una justicia también llena de misericordia para con los que sufren, para los despojados y oprimidos.

 No sé si las personas que les escuchaban podrían ser conscientes de la revolución que implicaban las sentencias de Jesús en el terreno religioso.  No sé cuántos de ellos podrían captar de forma consciente esa revolución que implicaban las Bienaventuranzas para los pobres y desconsolados del mundo, pero no cabe duda que el Reino de Jesús que irrumpía en nuestra historia era un Reino con valores liberadores dentro de la no violencia, a no ser que se pueda hablar de la violencia verbal que las palabras de Jesús causarían en los religiosos de la época. Esta parte esencial del Sermón del monte, era algo totalmente novedoso, algo que nosotros, muchas veces, en nuestras modorras espirituales insolidarias, no somos capaces de captar en un mundo insolidario en donde, desgraciadamente y de forma bastante amplia, esta insolidaridad afecta a los que se llaman seguidores del Maestro del Sermón del Monte.

 No es que quiera hacer una crítica a la forma en que se vive el cristianismo hoy en la mayoría de las iglesias, sino que intento un esfuerzo de reflexión para que nos preguntemos qué ha sido de aquella frescura novedosa que implicaban en sí las Bienaventuranzas.

Por eso me atrevo a hacer las siguientes preguntas:

¿Qué ha pasado con aquel ardor que hacía que las masas humildes, los pobres, los despreciados y proscritos siguieran esos mensajes, esas sentencias liberadoras y comprometidas con los débiles del mundo que eran estas sentencias esenciales y que dan sentido a todo el Sermón del Monte?

¿Por qué hemos dejado que se apague aquél fuego que eran las sentencias de Jesús, sus bienaventuranzas? ¿Acaso estamos apagados espiritualmente? ¿Acaso nuestra fe está mortecina o definitivamente muerta para que no podamos captar la urgencia, el grito solidario y aquella fuerza evangélica que nos trajo Jesús con su Evangelio a los pobres?

¿Qué necesitaríamos para poder reavivar el fuego que ardía en los labios de Jesús al sentarse ante sus discípulos y las multitudes para enseñarles? ¿Qué hemos de hacer para que el Evangelio sea así de atractivo para que las gentes caminen tras el mensaje de los cristianos? ¿Cómo podríamos sumergirnos en la frescura y en el fuego del mensaje de Jesús?

Quizás yo no os sepa decir el cómo, el camino para poder seguir la revolución solidaria de Jesús con los pobres y con los sufrientes. Pero sí os puedo decir una cosa:  Hay que estar dispuesto a pagar el precio de la práctica y enseñanza de este evangelio solidario con los excluidos del mundo.

Jesús pagó el precio. Quizás su compromiso con los pobres y robados de dignidad, quizás el hacer un Evangelio tan diferente de las líneas insolidarias que seguían y practicaban los religiosos de la época de Jesús, fue lo que llevó a Jesús a la cruz, a la muerte del dador de la vida, a la muerte del creador de todo lo que existe.

Quizás cada una de estas bienaventuranzas, cada una de estas sentencias solidarias con los pobres, los hambrientos y los desconsolados del mundo, eran, simbólicamente hablando, los clavos que clavaron a Jesús en la cruz. Ocho sentencias que dieron lugar a los ocho clavos, valga la imagen simbólica con la que en este momento hablo, que clavaron a Jesús en la cruz por comprometerse con los pobres y sufrientes del mundo. El Evangelio a los pobres le llevó a la cruz, aunque, indudablemente, la cruz tenía una trascendencia global de redención de toda la humanidad, de todo aquél que cree en Él.

 Si hoy la iglesia se comprometiera con las líneas de las Bienaventuranzas de Jesús con un compromiso serio y total, es posible que la indiferencia que los poderosos del mundo, religiosos, políticos o acumuladores, dejara de ser tal indiferencia.  Saltarían a la palestra intentando destruir el movimiento solidario y misericordioso que es el Evangelio.

Hemos de ser valientes y no rehuir de las solidaridades, compromisos, estilos de vida y prioridades de Jesús. Si no, seremos todo, excepto seguidores del Maestro de Nazaret.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011


Juan Simarro Fernández

 

Retazos del Evangelio a los pobres (XXV)

Bienaventuranzas y claves del sermón del monte

“Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. Viendo la multitud, subió al monte…” Texto completo en Mateo, 4:25 y Mateo 5:1-12.

 

 No creo que nadie, al leer las llamadas Bienaventuranzas, piense que Jesús se estaba refiriendo a los ricos y poderosos de este mundo.  Es verdad que Jesús se dirige a todos, pues los ricos también pueden alcanzar la bienaventuranza siempre que se conviertan, compartan y busquen justicia para el prójimo despojado, pero nadie puede dudar de la tendencia de Jesús a dirigirse, de una manera especial, específica y notoria, a los sufrientes del mundo, a los pobres de la tierra, a los que han sido víctimas de la injusticia, del rechazo, de la marginación y de la exclusión.

Ya sabéis que yo sostengo que ni siquiera fue una opción preferente como a algunos les gusta indicar, sino que fue una necesidad prioritaria y vital, una urgencia para la aplicación de los valores del Reino emergente que ya comenzaba a estar entre nosotros, algo imprescindible en un mundo en el que hasta los religiosos marginaban y despreciaban a los sencillos e ignorantes llamándoles malditos, a los enfermos considerándolos objeto del castigo de Dios, a los despojados de hacienda y dignidad considerándoles indignos de entrar incluso en sus lugares religiosos de pureza. Los religiosos, autoconsiderados puros, practicaban el rechazo, el desprecio y el alejamiento de todos aquellos proscritos por ellos mismos con los que no querían contaminarse.

 También hay que tener cuidado de no considerar a las Bienaventuranzas, esa especie de sentencias desgarradoras del Maestro, como un simple prólogo al Sermón del Monte.  Son, como hemos afirmado, su parte esencial. Si se dejaran estas sentencias, así como los ayes que siguen a la narración de las Bienaventuranzas que hace el evangelista Lucas, ayes dirigidos a los ricos, a los saciados, a los que ríen y a los que son alabados por los hombres, perderíamos algo muy importante de la esencia del Evangelio. Perderíamos muchas claves para poder interpretar el concepto de Evangelio a los pobres que nos deja Jesús.

 Estas ocho sentencias o Bienaventuranzas que Jesús nos deja, seguidas de los ayes de Lucas, están marcando una parte central de ese nuevo espíritu que se va a ir anunciando a lo largo de todo el Sermón del Monte … mejor de ese nuevo espíritu que se va a ir anunciando a lo largo de todo el Evangelio… más aún, ese nuevo espíritu que se puede rastrear en toda la Biblia sobre la preocupación de Dios por los pobres de la tierra, por los sufrientes del mundo, por los marginados, excluidos, huérfanos, viudas y extranjeros como les gustaba decir a los profetas, en un momento en que estos tres últimos colectivos eran los prototipos de los pobres y marginados del mundo.

En estas sentencias se nos están marcando las coordenadas en las que se enmarca el Evangelio, el Reino de Dios con sus valores rehabilitadores y dignificadores de los pobres, excluidos, sufrientes y proscritos del mundo. Son como los raíles por los que los cristianos tienen que andar teniendo cuidado del prójimo, mostrando que el amor a Dios es semejante al amor al prójimo, fundamentalmente al prójimo maltratado, injustamente tratado, despojado, apaleado y dejado como muerto, expresión que encaja perfectamente con los hambrientos de este mundo y tantos que se mueven en la infravida de la marginación, el hambre y la pobreza… más de media humanidad.

 Las cumbres del amor al prójimo se dan en las Bienaventuranzas, así como también se muestra la profundidad del desastre humano , del egoísmo y la avaricia que condenan a tantos semejantes, prójimos, a la pobreza, a la exclusión, al llanto, a la injusticia, a la falta de misericordia, a la violencia y a la persecución.

Poco se predica hoy sobre las bienaventuranzas. A veces no se sabe ni cómo tocarlas, pero lo que está claro es que las Bienaventuranzas no son para escucharlas de forma plácida para gozarnos insolidariamente con el mensaje que transmiten. Lucas nos dice que Jesús, alzando los ojos hacia sus discípulos, les hablaba. Mateo nos dice que viendo a la multitud, subió al monte y, sentándose, vinieron a él sus discípulos. Allí estaba una multitud y sus discípulos. La imagen de un Jesús sentado en el monte, rodeado de multitudes y mirando a sus discípulos, ha sido interpretado muchas veces como una imagen bucólica, campestre, de complacencia y tranquilidad… pero yo creo que no era ese el ambiente que se formó en torno a las palabras de Jesús.

Más que complacidos y bucólicamente tranquilos, es muy posible que los discípulos estuvieran atónitos con la enseñanza del Maestro, con aquellas palabras que no se dirigían a los religiosos y poderosos de este mundo, sino a los que estaban en el mundo como cañas cascadas, rotos, apaleados y despreciados. Con toda seguridad, ningún maestro, ningún religioso de la época enseñaba desde esos parámetros. Es por eso que no es extraño que a Jesús le siguiera tanta gente, multitudes de pobres, gentes sencillas teñidas de la ignorancia de aquellos pescadores, campesinos, pastores y gentes tachadas de pecadores y de impuros.

Jesús habló desde la perspectiva de los sufrientes, de los pobres, de los hambrientos, de los afligidos, de los iletrados, de los desempleados, enfermos y proscritos. Esto nos debería hacer reflexionar si, de alguna manera, el Evangelio hoy lo hemos privado de su más profunda esencia, lo hemos adaptado a la comodidad del autodisfrute de una salvación que, al pensar que hemos recibido por gracia, no nos compromete en nada con el prójimo.

 Quizás, si despojamos de su esencia a las bienaventuranzas y ayes que nos deja Jesús en el Sermón del monte, estemos matando la fe , lanzándola por los barrancos de los montes más altos en donde pensamos que las palabras de Jesús, desde ese otro monte, ya no nos llegan, ya no resuenan en nuestros oídos, y así no tenemos por qué inquietarnos con estas bienaventuranzas y ayes que, de escucharlas, las deseamos escuchar plácidamente sentados al lado de un Jesús al que sólo pedimos que nos consuele sin que nos meta en nuestras mentes ninguna inquietud para con los pobres de la tierra, para con los sufrientes del mundo. Hay que volver a la esencia del Evangelio… aunque nos asuste el concepto del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011

PENTECOSTALISMO INTEGRAL

Publicado: junio 9, 2011 en Misión Integral, Teología

Juan Stam

PENTECOSTALISMO INTEGRAL

¡Todos debemos ser pentecostales!

(como lo describe Hechos 2)

 

El día de Pentecostés es el paradigma para la Iglesia de todos los siglos. En él, Dios marcó a la Iglesia para siempre con su carácter carismático, bíblico y profético. Tan importante era ese día, que Cristo ordenó a sus discípulos quedarse sentados en Jerusalén hasta que no se cumpliera (Lc 24.49, kathísate). La misión no pudo iniciarse sin el don pentecostal. La Iglesia es Iglesia porque es pentecostal. Es fiel a su naturaleza y misión sólo cuando es fiel a su origen en el Pentecostés.

 

El capítulo dos de los Hechos nos enseña un pentecostalismo integral. El derramamiento del Espíritu (2.1-13), va acompañado por una clara exposición de la Palabra de Dios (2.14-36), que resulta en muchas conversiones (2.37-41) y una comunidad radicalmente transformada (2.42-47). El Pentecostés comenzó, ero no terminó, con el don de lenguas. Mucho más que la impresión del fenómeno de las lenguas, el secreto de su poder fue la fuerza de la Palabra y la práctica evangélica que ésta inspiró. Si hubiera sido lenguas y nada más, no hubiera sido Pentecostés.

 

El Pentecostés nos enseña que la iglesia vive de los dones del Espíritu, entre ellos el de las lenguas. Las lenguas en ese momento eran una señal, apropiada para la ocasión, del derramamiento inicial del Espíritu sobre la Iglesia, cuando “todos fueron llenos del Espíritu Santo” (2.4). El Espíritu es la vida común del cuerpo de Cristo y distribuye sus abundantes dones a todos los miembros, “repartiendo a cada uno como él quiere” (1 Co 12.7-13).1  Sin esos dones, la Iglesia no puede vivir ni cumplir su misión en la tierra.

 

El don de lenguas en Hechos 2 reviste un claro sentido misionero y evangelístico. Es importante notar que a diferencia de Corinto, donde las lenguas eran extáticas e ininteligibles (1 Co 13.1; 14.2), en Hechos 2 el don consistía en idiomas humanos, de todas las naciones identificadas en el pasaje(2.9-11). El texto nos cuenta que cada uno oía a los apóstoles “en nuestro propio dialecto” (2.5, dialecto), “en nuestra lengua en la que hemos nacido” (2.8, cf. 2.11). Por otra parte, Pedro les predicó en alguna lengua común (a lo mejor, su mal griego, con fuerte acento galileo) y la multitud lo pudo entender. Su comunicación fue tan eficaz que tres mil personas se convirtieron. Los galileos eran famosos por pronunciar mal su propio idioma (Mr 14.70). Sin embargo, en el día de Pentecostés el Espíritu capacitó a esos galileos para glorificar a Dios en muchos idiomas extranjeros y bendijo al mal griego de Pedro con envidiables resultados evangelísticos.

 

El contraste llama la atención. Por una parte, unos galileos, “sin letras y del vulgo” (Hch 4.11), lucen por un momento como brillantes lingüistas, pero a continuación Dios bendice el griego deficiente de Pedro para una evangelización impresionante. Entonces, ¿para qué ese previo don de lenguas?

 

El testimonio misionero de la iglesia, aun antes del sermón de Pedro, se inició cuando los apóstoles proclamaron “las maravillas de Dios” en los idiomas de todas las naciones presentes (2.11). Parece que en la sabiduría de Dios, los gentiles tenían que escuchar el Evangelio primero en los acentos auténticos de su propia cultura y en su lengua materna. Ningún idioma, ni el hebreo ni el griego ni el latín, debe considerarse el idioma oficial del Evangelio. Cuando el Evangelio llega a un pueblo, la única cultura a que pertenece debe ser la misma cultura del pueblo que recibe el mensaje. El Evangelio se encarna con fidelidad en la auténtica idiosincrasia de cada pueblo. Por eso, ser pentecostal significa ser contextual y autóctono. Imponer algún lenguaje extraño o patrones culturales extranjeros es anti-pentecostal.

 

A las experiencias carismáticas ha de seguir la exposición de la Palabra (2.14-36), la proclamación del Evangelio para la conversión de las personas (2.37-40). La predicación bíblica de Pedro no era menos pentecostal y carismática que los anteriores fenómenos de glosolalia. Aunque Pedro no tuvo oportunidad para preparar su sermón2, escogió muy acertadamente sus textos del Antiguo Testamento: Joel 2.28-32 junto con Salmos 16.8-11 y 110.1. Este mensaje de Pedro muestra las características de un buen sermón expositivo. Como respuesta a una situación no anticipada, comienza contextualmente (2.14-15). Se basa sólidamente en apropiados textos bíblicos. Aunque su ocasión fue el derramamiento del Espíritu y el don de lenguas, no es un sermón sobre lenguas, ni aun sobre el Espíritu Santo, sino sobre Cristo (2.22-35), que interpreta los fenómenos carismáticos cristológicamente (2.33). El sermón concluye con una afirmación contundente del señorío de Cristo (2.35). La Palabra predicada fue tan poderosa que los oyentes clamaron arrepentidos, “¿qué haremos?” (2.37), con lo que Pedro extendió una invitación evangelística (2.38-40) y tres mil se convirtieron (2.41).

 

Sin predicación bíblica, que expone cuidadosamente el sentido fiel de las Escrituras, como lo hizo Pedro, no se es pentecostal. Demasiadas veces, en nuestros días, la “celebración” y las experiencias sensacionales desplazan la fiel exposición bíblica. No fue así en el día de Pentecostés. Ser pentecostal, según el capítulo dos de los Hechos, significa “perseverar en la doctrina” (2.42) y edificar bíblicamente a la congregación con sólida predicación expositiva. La predicación bíblica es un elemento esencial de la pentecostalidad.

 

El final del capítulo nos presenta un tercer elemento esencial de la pentecostalidad: Una comunidad radical que practica la fe hasta las últimas consecuencias (2.42-17). En la nueva comunidad de fe, perseveraron en la doctrina, la comunión, el pan compartido y la oración (2.42). Era una comunidad integral y balanceada. Tenían favor con el pueblo (2.47) pero, a la vez, las maravillas y señales en la comunidad provocaban temor y respeto. Y lo más sorprendente, y la mayor prueba de auténtica pentecostalidad: tenían todas las cosas en común (2.44) “y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía” (4.32). Hasta vendían sus propiedades para financiar los proyectos sociales de la comunidad (2.45; cf. 4.32-37).

 

La mayor prueba de la autenticidad de lo que pasó el día de Pentecostés, fue lo que pasó el día después del Pentecostés. Los recién convertidos recibieron el Espíritu (2.38) y en seguida practicaron la justicia social y económica, como manda la palabra de Dios. El proyecto pentecostal incluyó un programa de comedores populares (6.1)

 

Algunos pensadores judíos relacionaban el día de Pentecostés con el año del Jubileo (Lv 25) en que Israel había de repartir equitativamente toda la tierra4. El Jubileo era el año cincuenta y el Pentecostés era el día cincuenta, por lo que correspondía dentro del año a lo que era el Jubileo en el siglo. Además, en un pasaje claramente “jubilar”, el profeta anunció el don del Espíritu y buenas nuevas para los pobres en el “año agradable del Señor” (Is 61.1-3). Jesús aplicó este pasaje, en el mismo sentido, en su sermón inaugural en Nazaret (Lc 4.16-21; cf. 7.18-23). En el Pentecostés, el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia, nuevo cuerpo de Cristo, y en seguida la práctica del Evangelio, en el poder del Espíritu, trajo “buenas nuevas para los pobres”.

 

El tercer momento del Pentecostés, según el capítulo dos de los Hechos, es una comunidad radical

que practica el Evangelio sin reservas, conforme al modelo del año del Jubileo. Sin eso no se es pentecostal, por muchas lenguas que se hablen. ¡Sin Jubileo económico, no hay Pentecostés!

 

Debe ser imposible para un cristiano ser anti-pentecostal, en el significado bíblico de ese magno acontecimiento. Pero tampoco se debe permitir que el hermoso título de “pentecostal” se límite a uno sólo de los aspectos del día de Pentecostés o a una sola corriente dentro del cristianismo evangélico. ¡Pentecostales somos todos!

 

Cuentan que un evangelista decía una vez que no tocaba los problemas políticos porque “Dios me llamó al ministerio evangelístico, no profético”. Al contrario, Dios ha llamado a toda la Iglesia y a cada creyente a una presencia profética en medio del mundo. La Iglesia, como dicen Arens y Díaz Mateos (2000:288), es una comunidad de profetas y testigos. Dios encargó a Ezequiel profetizar de tal manera que, aunque el pueblo no creyera, “al menos sabrán que entre ellos hay un profeta” (Ez

2.5). Donde está la Iglesia, la gente debe darse cuenta de una presencia profética en su medio5.

 

Es cierto que el Nuevo Testamento enseña también una vocación personal de algunos creyentes al oficio profético (Ef 4.11), y afirma que no todos son profetas, igual que no todos son apóstoles ni maestros (1 Co 12.29)6. A estos profetas Dios puede dar revelaciones directas para la Iglesia (1 Co 14.29-31). Siempre que se dan tales revelaciones en el culto, la congregación entera, en cuanto comunidad también profética, las ha de juzgar (14.29). Igual que los profetas del Antiguo Testamento, estos profetas traen un mensaje directo de Dios (no necesariamente predictivo) para el pueblo de Dios. La vocación específica de ellos es una expresión más concentrada del carácter profético de toda la comunidad.

 

Apocalipsis 10.1-11 es un interludio entre la sexta trompeta y la séptima, sobre la misión profética de la iglesia en tiempos de crisis y tribulación. Se dedica primero a la misión profética de Juan mismo, como uno de esos profetas “de oficio”. Juan tiene que comerse el librito que está en manos del poderoso ángel (10.8-10; cf. Ez 2.9-3.3), con lo cual Dios le renueva su comisión a “profetizar “sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (10.11)7. La segunda mitad del interludio (11.3-13) trata del testimonio profético de la Iglesia entera, representada por los dos testigos, cuyo poder no se basa en soplar fuego sino en morir y resucitar con Cristo8. Hay un amplio consenso entre los comentaristas que ellos representan el testimonio profético de toda la comunidad.

 

Igual que Juan y los dos testigos, la Iglesia hoy está llamada a profetizar sobre las naciones y gobernantes de nuestro tiempo (Ap 10.11; 11.3-13), aunque eso signifique atormentar al mundo entero (11.10) y hasta entregar nuestras vidas en martirio (11.7-10). Una Iglesia que calla ante la corrupción y la injusticia, que no molesta a nadie sino que busca quedar bien con todos, es una Iglesia infiel y cobarde. Y en primera fila de los que no entrarán al Reino de Dios, según el Apocalipsis, están los cobardes (Ap 21.8).

 

La tarea profética toma la forma de palabra y acción. Los antiguos profetas generalmente acompañaban su palabra de denuncia y anuncio con gestos simbólicos también proféticos. Esas acciones proféticas a veces eran preformativas para hacer realizarse la profecía, y en otros casos funcionaban como parábolas que aclaraban su mensaje. El profeta Juan realizó una acción simbólica antes de recibir su mandato de profetizar (10.10, comió el rollo) y en seguida se le ordena realizar otra (medir el santuario, 11.1-2). En cambio, el ministerio de los dos testigos (11.3-13) parece ser de pura acción profética, pues no pronuncian ni una palabra en todo el relato. La profecía siempre debe mantener esta correlación de palabra y acción. Como dice la canción, “no basta orar”, ni basta solamente la profecía verbal sin acción profética (ora et labora; “a Dios orando y con el mazo dando”

 

El pueblo de Dios está llamado a ser una comunidad pentecostal, carismática y profética. ¿Está la Iglesia evangélica, en América Latina hoy, dispuesta a asumir este reto? Que Dios nos ayude a ser fieles y valientes, con esa presencia profética que nos exige su Palabra, como también nuestro momento histórico.

 

NOTAS

1) Puesto que el Espíritu reparte sus dones entre todos los miembros del cuerpo, no debemos distinguir entre cristianos “carismáticos” y otros que supuestamente no lo son. Según el Nuevo Testamento, todo cristiano es carismático.

2) Dejamos a un lado la pregunta, hasta qué punto el sermón es de Pedro mismo o hasta qué punto puede ser redacción de Lucas, que no afecta nuestro argumento.

3) Este proyecto de asistencia a los pobres de Jerusalén fue muy importante en la fase final de la misión de San Pablo (Ro 15.26; 1 Co 16.1-4; 2 Co 8-9; Hch 20.22-25; 21.11; cf. Ga 2.10).

4) Asociado con el Jubileo estaba el sábado de la tierra, cada siete años, en que debían cancelar todas las deudas y liberar a todos los y las israelitas bajo servidumbre (Dt 15).

5) No debe dejar de leerse, con mucha oración, el enjundioso capítulo (¡que nos parece en sí profético!) de Arens y Díaz Mateos, “Profeta, testigo y mártir” (2000:437-452).

6) Debe quedar claro que no estamos afirmando que todos los creyentes son profetas, sino que la Iglesia como tal está llamada a ser una comunidad profética. El énfasis en Hechos 2 sobre la universalidad del don pentecostal, que se extiende a todos y a todas en la comunidad, muestra que aun los que no son “profetas” por vocación están llamados a ser “proféticos” como miembros del cuerpo de Cristo.

7) Llama la atención que sólo aquí esta fórmula cuatripartita menciona “reyes”, lo que da a la comisión de Juan un énfasis más fuerte en el aspecto político. De hecho, a continuación Juan va a denunciar a diferentes, reyes, sobre todo los emperadores romanos (capítulos 13-19.

8) En el Apocalipsis, “testigo” (mártus) suele sugerir martirio (1.5; 2.13). El testimonio profético de los dos testigos consiste sobre todo en su muerte, vituperio y resurrección.

 

BIBLIOGRAFIA

Arens, Eduardo y Manuel Días Mateos, Apocalipsis: la fuerza de la esperanza (Lima: CEP, 2000).

Blenkinsopp, Joseph, “Profetismo y profetas” en Comentario bíblico internacional, William A. Farmer, Armando Levoratti et al ed. (Estella: Verbo Divino 1999), 867-872.

Fee, Gordon y Douglas Stuart, La lectura eficaz de la Biblia (Miami: Editorial Vida, 1985)

Rofé, Alexander, “Jeremiah” en HarperCollins Bible Dictionary, Paul J. Achtemeier ed (HarperSanFrancisco 1996), 490-492.

Stam, Juan, Apocalipsis y Profecía (Buenos Aires: Kairós, 1998).

Stam, Juan, Apocalipsis (Buenos Aires: Kairós, 1999).

Vine, W.E. Vine’s Complete Expository Dictionary of Old and New Testament Words (Nashville: Thomas Nelson, 198

 

Juan Stam, La Biblia en México 2006

Purismo y fanatismo

Publicado: junio 8, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández
Purismo y fanatismo“Jesús les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Texto completo en Marcos 2:13-17.

 

Nos encontramos dentro del mismo texto en el que Jesús llama a Leví, un publicano, considerado ladrón y pecador, para ser su discípulo. Hizo con él, y con otros tildados de pecadores, esa comida compartida que ya hemos comentado.

 Jesús fue objeto de la crítica de los religiosos de la época, de los escribas y de los fariseos, de los fanáticos y autoconsiderados puros.  Los religiosos del momento eran celosos observantes de la ley y de las normas que ellos mismos habían creado. El problema era el siguiente: Su estricta observancia, su fanatismo, su dependencia y esclavitud de un número excesivo de normas religiosas, les hacía despreciar, excluir y marginar a aquellos que no eran tan observantes como ellos mismos.

 También el orgullo religioso de ser estrictos cumplidores de la ley y de las normas, les hacía considerarse dentro del grupo de los puros, de los limpios, de los justificados por ellos mismos, por su observancia de las leyes y normas a las que se sentían atados.

Esta búsqueda de pureza basada en la observancia de normas, les llevaba también al rechazo de los por ellos considerados impuros. Se formaba así una separación, una división entre los puros e impuros que traía como consecuencia algo que Jesús denunció: el desprecio, la marginación, el rechazo de los considerados impuros, el no poder reunirse con ellos en una mesa comunitaria. Tristes consecuencia de un fanatismo religioso común a aquellos que, esclavos de las observancias, pensaban que se autopurificaban, que se autojustificaban. Eran los criticados por Jesús como sanos que no tienen necesidad de médico.

 Estaba también el grupo de los tachados por estos religiosos de ignorantes, considerados malditos . Eran gentes humildes que eran despreciadas porque no cumplían la ley ni eran observantes de las normas como ellos. Eran gentes sencillas, pobres, marginados y excluidos, iletrados que, por su marginación, les era imposible el conocimiento de esas leyes y normas que debían cumplir. No podían seguir las tradiciones y códigos religiosos. Eran rechazados, despreciados como ignorantes, considerados como malditos.

 Así, la religión les valía a los escribas y fariseos, a los fanáticos religiosos de la época, para establecer divisiones y grupos  entre los puros e impuros, pobres y ricos, ignorantes y sabios, dignos e indignos. Jesús se propone romper con todas estas barreras religiosas y sociales que marginaban a las personas y que excluían a muchos dejándolos tirados, como prójimos robados de hacienda y dignidad, a los lados del camino de la vida.

Hoy en día, entre los religiosos de nuestro siglo, habría que preguntarse si existen estos conceptos de pureza conseguida con la observancia de las normas religiosas, frente a los marginados de nuestras ciudades, los pobres de la tierra, los proscritos e ignorantes, los nacidos en los focos de pobreza.  Deberíamos preguntarnos si hoy también estamos estableciendo divisiones y grupos entre los autoconsiderados puros y limpios frente a otros que, de inicio, consideramos impuros o contaminados.  Pues bien, Jesús quiere romper con todas esas divisiones, quiere romper muros y, para ello, se pone del lado de los pobres y de los proscritos, entra en los lugares de conflicto en donde están los apaleados y dejados al ladeo del camino, y hace con ellos una comida comunitaria, el banquete del Reino.

Cuando la práctica de la religión no se hace desde la solidaridad, desde la apertura al prójimo necesitado, desde el servicio y el compromiso con los más débiles siguiendo el ejemplo de Jesús, el riesgo es caer en el creernos más puros, más limpios que los que están sufriendo en los focos de conflicto. Podemos caer en el orgullo religioso, en el orgullo del cumplimiento del ritual frente a otros que vemos fuera y a los que consideramos el grupo de los impuros. Esta forma de considerar a los débiles del mundo, se puede convertir en una especie de agresión a los pobres, marginados y proscritos del mundo. Nos separamos del ejemplo de Jesús.

Muchos religiosos de hoy, enclaustrados entre las cuatro paredes del templo y que permanecen de espaldas al grito de los colectivos empobrecidos y marginados, nunca van a poder practicar la acogida que vemos que practica Jesús, no van a ser capaces de reunirse en una mesa compartida, una mesa comunitaria en donde estén los pobres de la tierra, una mesa en donde no se practique la exclusión de los débiles, en donde no se de la marginación de ningún colectivo humano.

El problema para muchos religiosos hoy, al igual que el de los religiosos de los tiempos de Jesús es el de caer en el orgullo vanidoso de pensar que sólo ellos están en posesión de la verdad absoluta y, además, del bien absoluto. Así es como se abren las fronteras y los muros entre las divisiones que hacemos entre los buenos y los malos. Son sólo divisiones humanas basadas en las apariencias. División que Jesús, conociendo los corazones, rechaza de forma absoluta. A veces los religiosos quieren todo el bien para ellos y no pueden ver ningún rasgo bueno, ninguna posibilidad de cambio en aquellos que no ven en el bando de los puros. Esto nos lleva al desprecio del prójimo. Hay que romper el círculo infernal que fomenta la marginación de las personas.

 Señor, ayúdanos a seguirte, a imitarte, a romper los muros de división entre los hombres.  Queremos compartir todos esa mesa comunitaria de la que tú nos has dado ejemplo.

Autores: Juan Simarro Fernández

© Protestante Digital 2011


Escrito por Mark Driscoll

Entender cómo calificar a una iglesia como «emergente» es muy difícil puesto que esta categoría incluye una gran cantidad de creencias. Sin embargo lo que busca cocinarse con el concepto de «Iglesia Emergente» es el deseo que las iglesias sean realmente iglesias misioneras en el propio entorno o nación en las que se encuentran.

Para ayudar a explicar como una Iglesia Emergente se diferencia de otro tipo de formas de iglesias, explicaré brevemente cuatro tipos de iglesias que he definido mi primer libro «Reformission: Reaching Out without Selling Out» (Libro no disponible en español y cuyo título pudiese ser: Reformisión: Alcanzar sin necesidad de vender»). Jesús ha llamado a la iglesia a ser misionera desde tres focos: 1) el evangelio (amar al Señor), 2) la cultura (amar al prójimo), y 3) la iglesia misma (amar a nuestros hermanos en Cristo). Lamentablemente debemos reconocer que nuestras iglesias solo tienen éxito en uno o dos de estos focos y es por ello que existe entre nosotros tanta paraeclesialidad, liberalismo o fundamentalismo.

1) Evangelio + Cultura – Iglesia = Paraeclesialidad

Ministerios como Young Life y Cruzada Estudiantil para Cristo (AGAPE) se saltan a la iglesia para presentar el evangelio a las personas en la cultura. El resultado es un cristianismo que ama al Señor, ama a la cultura pero son propensos a dejar de amar a la iglesia. Esto es ser paraeclesiales.

2) Cultura + Iglesia – Evangelio = Liberalismo

La mayoría de las iglesias tradicionales tienen una conciencia social profunda y están comprometidas a desarrollar labores en este sentido, pero carecen del evangelio del arrepentimiento del pecado y de la fe personal en Jesús para alcanzar la salvación. El resultado es el liberalismo que ama a la iglesia y a ama a la cultura pero falla en amar al Señor de manera adecuada.

3) Iglesia + Evangelio – Cultura = Fundamentalismo

La mayoría de las iglesias independientes y conservadoras son propensas a amar a la iglesia y amar la verdad del evangelio pero por otro lado minimizan, niegan e inclusive luchan contra la cultura y las personas que viven en ella. Este es el caso típico del fundamentalismo.

4) Evangelio + Cultura + Iglesia = Emergente

La iglesia emergente, en diferentes variantes, trata de combinar lo mejor de cada forma de cristianismo de manera que la gente pueda amar simultáneamente al Señor, a la Iglesia y a la gente en su cultura. El resultado es permanecer continuamente en una tensión entre ser teológicamente conservador y culturalmente liberal, y es por ello que cada vez es más creciente el debate entre cristianos conservadores y liberales en relación a como se involucran en la iglesia emergente.

Francamente, el rumbo y futuro de la iglesia emergente está aun por verse. En ella se incluye una corriente que está comenzando a replicar el pensamiento teológico liberal en aspectos como la autoridad de las escrituras, las referencias masculinas de Dios, los roles por géneros, el pecado personal, el infierno eterno entre otras. También esta siendo influenciada por una corriente fundamentalista que incluyen pastores de tendencias teológicas reformadas quienes luchan contra sus denominaciones en aspectos como el alchohol y el hablar en lenguas.

Los próximos años serán decisivos para determinar si la Iglesia Emergente toma rumbos hacia los destinos mencionados, esto es el paraeclesialismo, el liberalismo, o el fundamentalismo; o si por el contrario se consolidará como un nuevo movimiento de plantadores de iglesias y de misioneros culturales tal como ocurrió con el Movimiento de Jesús en la generación anterior.

Mark Driscoll es pastor de Mars Hill Church en Seattle, Wash., y fundador de la red Hechos 29, una rede de plantadores de iglesia. También es un columnista regular en la sección de Fe y Valores del Seattle Times.