Archivos de la categoría ‘Luteranismo’


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (43)

En total, la comparecencia de Lutero fue contemplada por unas mil quinientas personas.

El 17 de abril de 1521, después de esperar por espacio de dos horas, Lutero fue conducido a una sala abarrotada en la que el calor resultaba sofocante.
Los miembros de la Dieta se quedaron sorprendidos al ver aparecer al fraile. Pálido, delgado, cansado por las dos semanas de viaje, enfermo por la tensión de los meses anteriores, los presentes, especialmente los italianos y los españoles, no acertaban a entender cómo aquel hombre podía ser el origen de tantos problemas . Porque además a su ausencia de prestancia, unió el humilde comportamiento que se hubiera esperado de un religioso. Mantuvo la cabeza inclinada y dobló sus rodillas ante sus superiores.
Contamos con seis informes de la comparecencia de Lutero ante la Dieta que proceden de las dos partes .
Para el estudioso, resulta tranquilizador el hecho de que sean muy similares en su contenido y además recojan de manera literal lo actuado. Puede decirse que, ciertamente, los énfasis son diferentes según las versiones, pero, en términos generales, ningún hecho aparece omitido ni tampoco deformado tendenciosamente.
El primero de los relatos (29 páginas) es el denominado informe de Spalatino que fue recogido por éste con la ayuda de los teólogos de Wittenberg . Existe también una versión abreviada de este informe que no añade nada a nuestro conocimiento del episodio.
El tercer texto del que disponemos es el informe oficial católico compilado fundamentalmente por el letrado Von Ecken, el fiscal oficial, y aprobado por Aleandro .
El cuarto informe, conocido como el Informe alemán, ofrece detalles muy interesantes sobre el procedimiento legal  y sobre personajes como el arzobispo de Tréveris, Glapión o Cochlaeus. A estas fuentes hay que añadir el Informe Vehus, un texto muy objetivo y no teológico, escrito por un laico que era letrado y canciller del elector Felipe de Baden, y dedicado a los procedimientos del 24-25 de abril, y el Informe Cochlaeus debido a este teólogo católico, que, a pesar de su carácter extremadamente parcial, proporciona datos interesantes sobre las personalidades implicadas.
En total, la comparecencia de Lutero fue contemplada por unas mil quinientas personas  lo que explica el calor sofocante que había en la sala. Las más importantes eran el emperador Carlos, los electores Federico de Sajonia, Joaquín de Brandeburgo, Luis del Rhin y los arzobispos Alberto de Maguncia, Reinhart de Tréveris y Hermann de Colonia.
Una vez que Lutero se encontró en presencia del emperador, Ulrico von Pappenheim le advirtió de que no debería hablar a menos que se le interrogara. Entonces el fiscal , Juan Von Ecken, en sustitución de Aleandro que no había querido estar presente, se dirigió a Lutero en latín y después en alemán para informarle de que se encontraba ante el tribunal por dos razones. La primera era reconocer públicamente si los libros expuestos que llevaban su nombre eran suyos y la segunda, si en tal caso, estaba dispuesto a retractarse de lo expuesto en ellos .
Acto seguido, el doctor Jerónimo Schurff, un suizo de San Gall, ordenó que se leyeran los títulos de los libros y se instó a Lutero a retractarse de ellos de acuerdo con el mandato imperial.
El monje respondió a la primera pregunta que, efectivamente, los libros eran suyos.
En relación con la segunda, contestó que estaba dispuesto a ceder ante cualquiera que le convenciera valiéndose de las Sagradas Escrituras . Ese hecho, hasta el momento, no se había dado a pesar de que se había ofrecido repetidamente a ello.
En ese instante, el emperador expresó su deseo de que Lutero fuera informado a través de Von Ecken de que en todo momento debía tener a la vista la unidad de la iglesia santa, católica y apostólica y de que no debía de desgarrar lo que tenía que sostener, venerar y adorar, ni tampoco debía apoyarse en su propia opinión ni en textos bíblicos pervertidos.
Lutero debía volver en sí y retractarse. Si así lo hacía, el emperador le prometía su gracia y favor y que obtendría esos mismos favores del papa. Pero si no lo hacía, le esperarían la pena y el castigo. En opinión de Carlos, el monje debía haber meditado en todo hacía mucho tiempo. Sin embargo, aceptó conceder a Lutero un tiempo para reflexionar que se prolongaría hasta las cinco de la tarde del día siguiente.
Pero Lutero añadió, inesperadamente, que se trataba de una pregunta difícil ya que iba referida a la fe. Por esta razón, no podía dar una respuesta en ese momento sin reflexionarla antes y por ello, humildemente, solicitó que se le concediera un tiempo para deliberar.
La petición de Lutero fue un paso muy hábil . No disponía de un abogado defensor y además Aleandro había preparado las preguntas que debía formular Von Ecken de tal manera que el agustino no pudiera pronunciar ninguna declaración de defensa y sólo tuviera la salida de retractarse o verse abocado a una condena. Sin embargo, a pesar de su cansancio y de su mal estado físico, Lutero supo captar que todo era una argucia para dar a su comparecencia la apariencia de una vista legal, pero sin ninguna de las garantías indispensables.
La petición de tiempo desconcertó al tribunal, obligó al partido papal a esperar, impresionó a los laicos y a los nobles por la humildad y la honradez del monje y le proporcionó una noche para orar y reflexionar sobre lo que iba a decir al día siguiente.
Pero de eso trataremos en nuestro siguiente artículo.

Autores:César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (42)

Viaje y llegada a Worms de Lutero
No faltaron los que intentaron disuadirlo de que continuara su viaje.

 

 Lutero esperó hasta que los cultos de Pascua concluyeran antes de ponerse en camino. Finalmente, el jueves, 2 de abril, partió hacia Worms. Llevaba consigo la citación, el salvoconducto imperial y los documentos oficiales de su príncipe.

Además lo acompañaban en el carro en que viajaba tres amigos: el teólogo Nicolás Amsdorf, un agustino llamado Juan Petzensteiner y Pedro Suaven, un estudiante joven.

El grupo atravesó Leipzig, Weimar, Erfurt, Gotha, Eisenach, Frankfurt y Oppenheim en un viaje muy distinto al que habían sufrido Aleandro y Eck.

La gente simpatizaba con Lutero y resulta por ello normal que predicara en las distintas localidades por las que fue pasando.

 No faltaron, sin embargo, los que intentaron disuadirlo de que continuara su viaje. En ocasiones, se trataba de gente que lo apreciaba y que temía que acabara en la hoguera  como había sucedido con Huss.

 En otros casos, eran intentos encaminados a evitar que la Dieta pudiera escucharlo . Así, el nuncio Aleandro se ocupó de que el decreto imperial estuviera fijado en varias de las ciudades por las que había de pasar como un claro elemento disuasor. Por añadidura, en Oppenhein, Glapión, el confesor de Carlos, se valió de Martín Bucero para sugerir a Lutero que se ocultara en el castillo de Ebernburg con Hutten y Von Sickingen y aceptara solventar todo apartado de la publicidad de la Dieta.

El ofrecimiento constituía una verdadera trampa porque, de haberlo aceptado el monje, se le hubiera considerado en rebeldía y su salvoconducto habría prescrito, un resultado que hubiera entusiasmado a Aleandro.. Por todo ello, no sorprende que la respuesta de Lutero fuera que si Glapión deseaba hablar con él tendría ocasión de hacerlo en Worms y que, desde luego, de él se podría esperar cualquier cosa salvo que huyera o se retractara.

Así,  a las diez de la mañana del martes, 16 de abril de 1521, tras recorrer más de cuatrocientos kilómetros en catorce días de viaje, Lutero entró en Worms . Pendientes de recibirlo estaban unas dos mil personas. Mientras bajaba del carro en el que había viajado, se pudo oír cómo decía para si, “Dios estará conmigo”.

 Las Actas de la Dieta nos han dejado un testimonio bien revelador de la situación moral de Worms . Sabemos que era normal que en la ciudad se perpetraran tres o cuatro homicidios cada noche y que las ejecuciones por este motivo superaban el centenar. Por añadidura, las calles estaban llenas de prostitutas y los príncipes de la iglesia distaban mucho de dar ejemplo. A decir verdad, los prelados se pasaban la mayor parte del tiempo banqueteando y bebiendo (¡en cuaresma!) e incluso uno de ellos llegó a perder sesenta mil guilders en una partida.

Se mire como se mire, lo cierto es que cuesta no contemplar en semejantes conductas síntomas innegables de la acusada crisis espiritual de la época.

Durante la mañana del día siguiente a su llegada, Lutero escuchó la confesión de un caballero que estaba agonizando y le administró la Eucaristía.

Luego cuando Ulrico von Pappenheim, un caballero del emperador, le informó de que debería comparecer ante la dieta a las cuatro de la tarde, el monje fue a que le cortaran el pelo para que su tonsura quedara bien de manifiesto. Con posterioridad, lo llevaron a palacio por un camino secundario para evitar a la multitud.

 Después de esperar por espacio de dos horas, Lutero fue conducido a una sala abarrotada en la que el calor resultaba sofocante.

Y así se inició el juicio, el 17 de abril de 1521.

 El viernes de la próxima semana seguiremos esta apasionante parte de la historia de la vida del reformador alemán: Worms inicia el juicio a Lutero.

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (41)

El valor de Lutero al acudir a Worms
Después de años, el Caso Lutero iba a ser escuchado en la Dieta de Worms.

 

En clara contradicción con su conducta de los años anteriores, había enviado, eso sí, una carta a Carlos afirmando que daba gracias a Dios por haber concedido a la iglesia un emperador como él.

Sin embargo, mientras Aleandro se había enfrentado con la amarga realidad, el pontífice se distraía asistiendo al carnaval de Roma. Bajo su ventana del castillo de Sant´Angelo, se había levantado un escenario para una representación que se iniciaba con la oración de una mujer dirigida a la diosa Venus. Acto seguido, venía la historia de unos ermitaños que acababan despojándose de sus hábitos para combatir entre si para conseguir que Amor les entregara a una fémina. Se puede pensar lo que se quiera de lo oportuno y decoroso del espectáculo bajo las ventanas papales, pero poco puede dudarse de que León X no perdía el sueño por lo que estaba sucediendo en Alemania.

 A decir verdad, es muy posible que en aquellos momentos fuera Aleandro el único que se diera cuenta de que estaba comenzando una nueva época y de que la SantaSede no se percataba ni lejanamente de la gravedad de la situación.

Sin embargo, incluso su propia preocupación distaba mucho de ser espiritual. Como ha señalado, el estudioso católico Lortz, Aleandro estaba enfocando el problema desde una perspectiva política y diplomática, pero no espiritual. Al respecto, resulta reveladoramente llamativa su nula entrega a la oración. Sin duda, se trataba de una conducta como mínimo chocante en un hombre que, supuestamente, estaba llevando a cabo una tarea de corte trascendente y no puede negarse que contrastaba de manera poderosa con la seguida por la del monje al que pretendía aniquilar.

 El comportamiento de Lutero en esa época se encuentra extraordinariamente bien documentado. En primer lugar, sabemos que estaba totalmente decidido a mantener la controversia en el ámbito de lo espiritual  por más que sus enemigos recurrieran al poder político o que personajes como Hutten o Von Sickingen le ofrecieran el respaldo de sus espadas. Bajo ningún concepto, y en eso su posición era diametralmente opuesta a la de Aleandro, iba a consentir el agustino que se mezclaran una causa espiritual con otras humanas.

El 4 de noviembre de 1520, cuando los acontecimientos difícilmente podían resultarle más adversos escribió:
 Si el Evangelio fuera de tal naturaleza que pudiera ser propagado o preservado por los poderes de este mundo, Dios no se lo habría confiado a pescadores ”

Unas semanas después, el 16 de enero de 1521, añadía:
 Lo que Hutten busca, ya lo ves. Me niego a combatir por el Evangelio con la fuerza y la matanza. Con la Palabra, el mundo es ganado, y por ella la Iglesia es preservada, y por ella la Iglesia será restaurada ”

 En segundo lugar, la conducta de Lutero se caracterizaba por una fe extraordinaria. Semejante circunstancia le impulsaba a actuar con una notable intrepidez en un mundo donde personajes de la talla de Erasmo no dudaron, por mero temor, en dar marcha atrás a toda una trayectoria de décadas . Por supuesto, el reformador era consciente de que no contaba con un respaldo político que le permitiera salir indemne de Worms.

Sin embargo, aquellos problemas de extrema gravedad los consideró secundarios en comparación con el cumplimiento de su deber, con la obediencia que debía al Evangelio y con la sumisión que mantenía para con Cristo. El 19 de marzo de 1521, señalaba de manera meridianamente clara:
 Si (el emperador) me llama a Worms para matarme, o a causa de mi respuesta, para declararme enemigo del imperio, me ofreceré para acudir. Porque no voy a huir, si Cristo me ayuda, ni abandonaré la Palabra en este contexto ”

 Semejante valentía resulta aún más destacada cuando se tiene en cuenta que no era compartida por la gente que lo rodeaba, incluidos sus simpatizantes. El Elector, por ejemplo, tenía dudas – y no le faltaban razones – acerca de si sería sensato que Lutero compareciera ante la Dieta. InclusoVon Sickingen y Hutten acabaron aceptando la tesis de Glapión de que era mejor que el agustino no hiciera acto de presencia en Worms.

 Era cierto que el emperador había otorgado un salvoconducto, pero también Huss había disfrutado de un documento similar para concurrir al concilio de Constanza y esa circunstancia no había evitado que ardiera en la hoguera . ¿Qué razón había para pensar que Lutero iba a tener mejor suerte? En teoría, ninguna, pero Lutero estaba dotado de una fe que sólo puede inspirar un profundo amor hacia Cristo y había decidido acudir aunque en ello le fuera la vida. Así, escribió a Melanchton el 7 de abril, “entraré en Worms bajo mi capitán, Cristo, a pesar de las puertas del infierno”. Justo una semana después, dejaba de manifiesto la misma actitud en una carta dirigida a Spalatino, “Voy, mi Spalatino, y entraremos en Worms, a pesar de las puertas del Infierno y de los poderes del aire”.

 Constituiría un grave error el pensar que Lutero era un irresponsable o ignoraba el peligro que estaba corriendo. Por el contrario, sabemos que la presión psicológica que experimentó durante esos días resultó enorme dado que era más que consciente de la conclusión que podía tener todo. Por añadidura, la gente cercana a él no dejaba de indicárselo .

Sin embargo, tampoco esa circunstancia lo apartó de su camino. Como reconocería años después, cuando el 26 de marzo llegó a Wittenberg el legado imperial Sturm y le preguntó si no prefería volverse atrás dado que se había iniciado la quema de sus libros, Lutero tembló, pero decidió que debía seguir adelante. La fe prevaleció sobre el temor natural hasta el punto de que, según confesión propia, “cuando fui a Worms, si hubiera sabido que había tantos demonios dispuestos a abalanzarse sobre mi como tejas en los tejados, alegremente me hubiera movido en medio de ellos”

 Después de años, el Caso Lutero iba a ser escuchado. 

 CONTINUARÁ: La Dieta de Worms, el juicio 

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (40)

Lutero, convocado a la Dieta de Worms
El emperador Carlos, finalmente, accedió a la petición del Elector. Lutero sería escuchado ante la Dieta y gozaría de un salvoconducto que garantizara que contra él no se emplearía la fuerza.

El 3 de enero de 1521, el papa León X firmó una última bula contra Lutero, la conocida como Decet Romanum . El plazo fijado para la retractación había expirado y Lutero era declarado hereje obstinado y excomulgado . Todos los lugares por los que pasara se verían sometidos a las penas de entredicho y suspensión. Además, los que se manifestaran como partidarios suyos quedarían condenados a las mismas sanciones. La bula debía ser publicada por todos los obispos y las órdenes religiosas debían colaborar en su publicación y cumplimiento. Quince días después, un breve del papa invitó al emperador a publicar la sentencia y proceder a su ejecución.
El padre Glapión, confesor del emperador, intentó mediar una vez más tratando de entrevistarse con el Elector. Pero Federico no consideró que mereciera la pena recibir al clérigo y lo desvió hacia Brück, su canciller. Como ha señalado, el dominico Olivier, Glapión fue muy claro en su exposición. Había leído con entusiasmo los primeros escritos de Lutero y, personalmente, estaba convencido de que tenía razón, pero su libro La cautividad babilónica de la iglesia  había cegado la vía para su causa. Si se retractaba de ese libro, había posibilidad todavía de remontar la situación. La respuesta de Brück no fue menos terminante. Glapión podía no encontrar objeciones a las opiniones primeras de Lutero, pero lo cierto era que la bula de excomunión había sido firmada antes de que Lutero escribiera La cautividad… y condenaba precisamente esas tesis. No existía, pues, razón para pensar que con una simple retractación de esa obra fuera a cambiar nada. Así, se lo comunicaría Glapión a Carlos.
Por su parte, el emperador, una vez más, había decidido dejar todo en manos de Aleandro – que tenía la bula desde el 10 de febrero y que, precisamente, había sido el personaje que había sugerido al papa que dictara los últimos documentos de condena – y le pidió el martes de carnaval que, al día siguiente, se dirigiera a la Dieta.
El discurso de Aleandro, pronunciado el 13 de febrero con el respaldo del emperador, duró tres horas. En el mismo, el nuncio no ahorró calificativos hasta el punto de que llegó a comparar a Lutero con Mahoma. Pero toda la disertación fue en latín y, posiblemente, esa circunstancia fue sufrida por no pocos de los presentes como una penitencia. Por si fuera poco, a pesar de la longitud de la exposición de Aleandro, el discurso no discutía ninguna de las afirmaciones de Lutero ni tampoco respondía a ninguna de sus críticas. A decir verdad, se limitaba a señalar que el único problema espiritual existente era la enseñanza del agustino que debía ser extirpada con la mayor energía. Lo cierto es que no sorprende que no fuera acogido ni lejanamente con entusiasmo.
Cuatro días después, estaba preparado un edicto que allanaba el imperio a los deseos del papa. Aleandro pretendía con este texto no sólo que se obedeciera a la Santa Sede sino que Lutero cayera en la provocación e, irritado por las concesiones de Carlos, lo atacara. Sin embargo, no se salió con la suya . Por un lado, Lutero no dio respuesta al texto y, por otro, la oposición que provocó aquella medida resultó extraordinaria. Para la mayoría resultaba obvio que el monje podía tener o no razón, pero no era de recibo que se le condenara sin haber disfrutado del derecho a defenderse de las acusaciones que se habían formulado contra él. La forma en que, finalmente, se conciliaron el deseo de respetar la legalidad germánica y el del emperador de complacer al papa resultó verdaderamente salomónica.
El 22 de febrero, la Dieta había decidido convocar a Lutero y el 2 de marzo, tras un encuentro entre los príncipes y el emperador, éste accedió a escuchar al agustino. Así, la invitación formal con valor de salvoconducto firmada por el emperador se cursó el 6 de marzo. Sin embargo, en paralelo, el 8 de marzo estaba listo un edicto para secuestrar y quemar los escritos de Lutero que se publicó el 26 de marzo . Ese mismo día, de manera bien significativa, un heraldo imperial, expresamente enviado a Wittenberg, entregó a Lutero en persona la invitación de Carlos.
En apariencia se había contentado a ambas partes. Sin embargo, la realidad resultaba muy diferente. A pesar de la victoria que implicaba el que Carlos ordenara la destrucción de los escritos de Lutero, el hecho de que éste tuviera el camino abierto para llegar a la Dieta significó una gran derrota para el nuncio Aleandro.
Sin embargo, no puede decirse que le cogiera de sorpresa. A decir verdad, sus cartas de la época constituyen una fuente extraordinaria de información sobre lo que había sido su calvario de los meses anteriores. Primero, había contemplado la hostilidad con que se había recibido la bula en las ciudades alemanas. En algunos casos, tanto él como Eck –que, de manera vergonzosa, había llegado a añadir el nombre de sus enemigos al texto de bula para poder así ejecutar venganzas personales- habían logrado que la bula se anunciara, pero, generalmente, para descubrir que al día siguiente los carteles habían sido sustituidos por escritos antipapales.
Aleandro había recurrido entonces a la panoplia habitual de la diplomacia vaticana que iba desde la persuasión a la utilización de argumentos espirituales pasando por la mentira y el soborno – había corrido nuevamente el rumor de que se le había ofrecido a Lutero un capelo cardenalicio todo ello sin éxito. En sus misivas, el nuncio deploraba que ninguno de esos recursos servía de nada, como tampoco el que continuamente lanzara injurias sobre Lutero llamándolo “este Mahoma”, “este Arrio” o este “hijo de Satanás”. Al final, como señalaría a sus superiores: “Toda Alemania está completamente sublevada. Nueve décimas partes levantar el grito de guerra de “¡Lutero!”, mientras que la consigna de la otra décima parte que es indiferente a Lutero es “Muerte a la curia romana””.
El papa León X no parecía, a pesar de las medidas que había firmado, especialmente inquieto.  En clara contradicción con su conducta de los años anteriores, había enviado, eso sí, una carta a Carlos afirmando que daba gracias a Dios por haber concedido a la iglesia un emperador como él. Sin embargo, mientras Aleandro se había enfrentado con la amarga realidad, el pontífice se distraía asistiendo al carnaval de Roma. Bajo su ventana del castillo de Sant´Angelo, se había levantado un escenario para una representación que se iniciaba con la oración de una mujer dirigida a la diosa Venus. Acto seguido, venía la historia de unos ermitaños que acababan despojándose de sus hábitos para combatir entre si para conseguir que Amor les entregara a una fémina. Se puede pensar lo que se quiera de lo oportuno y decoroso del espectáculo bajo las ventanas papales, pero poco puede dudarse de que León X no perdía el sueño por lo que estaba sucediendo en Alemania.
A decir verdad, es muy posible que en aquellos momentos fuera Aleandro el único que se diera cuenta de que estaba comenzando una nueva época y de que la Santa Sede no se percataba ni lejanamente de la gravedad de la situación.

Autores:César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (39)

 
Vimos la pasada semana que Aleandro no estaba dispuesto a permitir que Erasmo se sumara al partido de Lutero y no perdió tiempo a la hora de ordenarle que compareciera ante él.
 
El nuncio entregó a Erasmo de Rotterdarm una copia de la bula de excomunión en un acto cargado de simbolismo. El humanista podía darse por enterado de lo que le esperaba si no sabía elegir bando, desde luego, pero, a la vez, quedaban de manifiesto las limitaciones de la Reforma que había propugnado Erasmo. Había sido un intento brillante, dotado de altura, acertado en no pocos de sus planteamientos, pero carente del valor y, sobre todo, de la fe en Cristo que caracterizaban, con todas sus limitaciones y fallos, al agustino Lutero.

 Si Aleandro pensó que el camino había quedado allanado tras comprobar la falta de valor de Erasmo, no debió de tardar mucho en percatarse de que se trataba de una impresión apresurada. De entrada, el elector Federico partió de Colonia sin comprometerse a obedecer las órdenes papales. Por lo que a la ciudad se refería, Aleandro consiguió que se arrojaran a la hoguera los escritos de Lutero, pero ni el príncipe obispo, ni el capítulo, ni el consejo municipal ni la universidad quisieron colaborar en ello. Para colmo, al final, en una muestra añadida de desapego, al fuego no fueron a parar los escritos del agustino sino unos papeles sin valor. 

Aquella negativa a someterse a la bula papal, por mucho que la respaldara el emperador, se repitió en Maguncia donde el verdugo rehusó obedecer al nuncio. Conocedor de la ley, se aferró al hecho de que sólo podía dar a las llamas lo que hubiera sido condenado por una sentencia judicial y ése, ciertamente, no era el caso. En este caso, el arzobispo se había dignado respaldar al nuncio, pero, al fin y a la postre, los estudiantes acabaron lanzando a la hoguera los textos de los enemigos del excomulgado.

Por si fuera poco, Aleandro no tardó en enterarse de que el día 10, en Wittenberg, los profesores habían quemado varios libros de derecho canónico y la bula de excomunión.  A esas alturas, ni el clero, ni la nobleza, ni los humanistas, ni los estudiantes, ni siquiera el pueblo llano parecían dispuestos a someterse a la bula procedente de Roma . Obviamente, para los nuncios del papa la única posibilidad de acabar con el Caso Lutero consistía en contar con todo el apoyo del emperador.

 El 28 de noviembre, el emperador llegó a Worms acompañado de la corte . También Aleandro se dirigió a ese mismo destino y no tardó en comprobar que no era querido en la ciudad. Su alojamiento estaba reservado, pero se le negó la entrada. Tras proponer incluso la entrega de un pago suplementario, Aleandro sólo consiguió alquilar una miserable habitación propiedad de un hombre demasiado pobre como para renunciar a unos ingresos suplementarios. Los siguientes días, marcados por el frío, la humedad y la suciedad, serían recordados por Aleandro con profunda amargura.

Quizá todo lo habría dado por bueno el nuncio si su misión hubiera progresado, pero sólo se encontró con una omnipresente hostilidad. De hecho, Aleandro se vio obligado a suspender los autos de fe en los que se quemaban los escritos de Lutero por el temor a las reacciones. Para colmo de males, el elector Federico había rogado al emperador que convocara a Lutero para comparecer ante la dieta y la petición había prosperado. Daba la impresión de que el poder temporal no se sometía al papal que ya había condenado a Lutero y que exigía la ejecución de la bula.

A decir verdad, Carlos no era un desobediente al papa. Simplemente, uno de los consejeros del emperador –Carlos Guillermo de Croy, señor de Chièvres, que dormía en el mismo aposento de Carlos– no estaba dispuesto a olvidar la manera en que León X había favorecido a Francisco I de Francia en contra de su señor cuando la corona imperial aún estaba en el aire.

Se trataba de un comportamiento que el nuncio no podía aceptar. Fuera por las razones que fueran,  Aleandro era consciente de las graves consecuencias que podía tener el hecho de que el emperador diera inicio a su reinado pasando por alto las órdenes del papa. Resultaba, por lo tanto, obligado conseguir un edicto del gobierno que decretara la aplicación pública de la bula. 

Esta vez, el empeño de Aleandro no concluyó en fracaso. De hecho,  logró convencer a Chièvres y a Gattinara de que Lutero no podía comparecer ante la dieta sin haberse retractado previamente y de que incluso en ese caso lo mejor sería que no se presentara en Worms  por la mala imagen que podía recaer sobre la ciudad. Por si fuera poco, el Elector envió una carta Carlos en la que reclamaba que Lutero fuera examinado por jueces imparciales y que se detuviera la quema de libros si no contaba con la anuencia del emperador. Podía pensarse que el Elector estaba dando marcha atrás y  Aleandro aprovechó la ocasión para solicitar que la bula se convirtiera en una ley imperial que contara con una aplicación inmediata. El 29 de diciembre, el consejo permanente de representantes de los estados alemanes aprobó la petición del nuncio. Sólo quedaba ya por estampar el sello del archicanciller, y el consentimiento del arzobispo de Maguncia y del Elector Federico y el Caso Lutero quedaría zanjado.

Animado por sus últimos avances, Aleandro redactó las instrucciones que dos emisarios suyos debían llevar al Elector en nombre del consejo permanente. Se trataba de una enumeración exhaustiva de razones para que, de una vez, entregara a Lutero. La misión de los enviados de Aleandro consistía en hablar a solas con el príncipe evitando la presencia de sus consejeros y convencerle de que la única salida coherente con sus antepasados y con su propia trayectoria personal era sofocar la rebelión y la división creada por Lutero.

La obediencia del Elector, según Aleandro, no sólo era una conducta indispensable desde la perspectiva religiosa sino también de la social, ya que ¿a dónde llegaría la sociedad si, siguiendo el ejemplo del monje Lutero que cuestionaba el comportamiento del papa, los inferiores se permitían criticar a los superiores? Aleandro no negaba que hubiera habido malos papas, pero, a fin de cuentas, habían sido papas también los que habían coronado emperador a Carlomagno y luego habían concedido la elección imperial a los alemanes. Si no se aceptaba esa autoridad, resultaba imposible sostener la existencia del emperador, del imperio y, por supuesto, de los príncipes electores como el mismo Federico. Los enviados del papa debían además insistir en que no era permisible conceder una disputa a Lutero sobre las ceremonias y la fe católica; en que además no existían jueces para la misma y en que la convocatoria de un concilio no era ni eficaz ni razonable, sino muy peligrosa para quien la solicitara. Lutero tenía que retractarse o atenerse a las consecuencias y, al respecto, el príncipe no debía temer la reacción del pueblo porque éste tenía que limitarse a obedecer a sus superiores. Por supuesto, no debía comparecer en Worms porque no se juzgaba a una persona sino a una serie de doctrinas heréticas y su presencia sólo serviría para complicar la situación.

 Aleandro incidía en la misma conducta que había caracterizado a la Santa Sede durante los años anteriores. Lutero no tenía el menor derecho a ser escuchado sino que debía retractarse sin condiciones. El no hacerlo se traduciría en que el poder temporal lo arrojaría a las llamas al igual que ya sucedía con sus libros. Al argumentar de esa manera, volvía a incurrir en un error de trágicas consecuencias. A esas alturas, la opinión pública en Alemania sostenía que la doctrina incriminada tenía todo el derecho a ser defendida  y que su mejor paladín era precisamente el hombre que no había dudado en arriesgar todo, incluida la vida, en defensa del Evangelio.

Y entonces, una vez más, las circunstancias experimentaron un cambio inesperado.

 El 5 de enero, el Elector llegó a Worms antes de que la delegación estuviera preparada y de que el archicanciller entregara el edicto de ejecución. Inmediatamente, Federico pidió explicaciones al emperador. No era de recibo que Carlos anulara una gracia concedida a uno de los electores por mucho que se lo hubiera solicitado el nuncio. Desde luego, no sería la mejor manera de comenzar un reinado. Carlos, finalmente, accedió a la petición del Elector. Lutero sería escuchado ante la Dieta y gozaría de un salvoconducto que garantizara que contra él no se emplearía la fuerza.

 La próxima semana: Lutero es convocado a la Dieta de Worms

 

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (38)

Erasmo reconoció que Lutero tenía razón, pero, de manera un tanto cínica, añadió que había cometido dos errores graves, atacar la tiara del papa y el vientre de los monjes.

 

 La actividad de Lutero durante la segunda mitad del año 1520 había transcurrido en paralelo con toda una panoplia de acciones papales encaminadas a lograr su aniquilación. Además de Eck –que está horrorizado por el avance de las tesis de Lutero entre el pueblo de Alemania– el principal protagonista de ese empeño es Aleandro. Su misión fundamental es convencer a Carlos, el nuevo emperador, de la necesidad de colaborar en esa tarea. Lo sucedido puede ser reconstruido con detalle.

El 31 de octubre de 1519, Carlos había enviado su primera carta a los Estados alemanes. Su intención era llegar a Aquisgrán, la capital de Carlomagno y lugar tradicional de la coronación imperial, y desde allí remontar el río Rhin hasta llegar a Worms, donde tendría lugar la primera Dieta de su reinado.

El 20 de mayo de 1520, Carlos se embarcó en La Coruña rumbo a Amberes. La decisión de realizar el viaje por mar se debe a que el trayecto por barco resulta más seguro que el terrestre a través de Francia.  Al llegar a Amberes, Carlos se encontró con los enviados del papa. Mientras que el nuncio Caracciolo le solicitó su colaboración en una cruzada contra los turcos, Aleandro le pidió que descargara su poder sobre Lutero.

Influido por su confesor, el franciscano P. Glapion, Carlos no dudó en acceder a las peticiones de Aleandro.  De momento, no podía hacer nada en Alemania al no haber sido coronado todavía, pero dictó un decreto ordenando la quema de los libros de Lutero  en Flandes y Borgoña, sus territorios hereditarios. El 8 de octubre, se encendieron en Lovaina las primeras hogueras. Una semana después, sucedió lo mismo en Lieja.

El 23, tuvo lugar la coronación en la Iglesia de los Tres Reyes Magos. Inmediatamente, Aleandro volvió a solicitar la firma de un decreto imperial que permitiera iniciar la persecución contra Lutero y sus partidarios en Alemania. Sin embargo, los consejeros del emperador no estaban nada dispuestos a apoyar al nuncio papal. En su opinión, iniciar el reinado con un acto de fuerza sólo podría ser considerado un grave error.

Aleandro comenzó a comprender que su empresa no iba a resultar fácil. Como ya hemos señalado, la resistencia frente a la misión de Juan Eck era considerable. Lejos de ser popular, su tarea no dejó de verse obstaculizada. En septiembre, aún pudo enunciar la bula en Meissen, en Merseburgo y en Brandeburgo, pero la universidad de Leipzig –donde había sido derrotado por Lutero un año antes y donde él se empeñó en que se había alzado con la victoria– le cerró sus puertas. Eck envió después el documento desde Leipzig a Wittenberg a donde llegó el 3 de octubre. El rector, Pedro Burkhard no obedeció la orden de ponerlo en vigor valiéndose de un tecnicismo legal, el de que Eck no había respetado las normas de estilo. Y Wittenberg no fue una excepción. Erfurt, Torgau, Doblen, Friburgo, Magdeburgo, Viena… todas ellas se negaron a obedecer las órdenes contenidas en la bula. Incluso en Ingolstadt, en sus propios dominios, Eck chocó con enormes dificultades a la hora de imponer la voluntad del papa.

 En esos momentos, Colonia se había convertido en la capital del imperio por unas semanas. En torno al nuevo emperador, se arremolinaron las figuras más diversas desde los nobles a los eclesiásticos pasando por los mercaderes y los eruditos como el gran Erasmo. El 29 de octubre, Aleandro llegó a la ciudad con la intención de que el emperador se decidiera, finalmente, por desencadenar la persecución contra Lutero y que en la empresa participara el elector Federico. Sin embargo, lo que encontró fue una hostilidad generalizada. 

De entrada, el elector de Sajonia se negó a recibirlo al igual que a su colega Caracciolo. Sin embargo, los nuncios, en el cumplimiento de su misión, no estaban dispuestos a dejarse desanimar. El 4 de noviembre, mientras se celebraba la misa, se acercaron al elector y le entregaron una carta del papa y la bula, dejándole de manifiesto que no tenía otra salida que proceder a entregar a Lutero y ordenar la quema de sus libros. Para zanjar la cuestión, los nuncios le comunicaron que contaban con el respaldo del emperador y de los príncipes. Pero el elector no era hombre para dejarse doblegar con facilidad e informó a los nuncios de que una misa no era ni el lugar ni el momento para abordar ese tema.

Al día siguiente,  el elector convocó a Erasmo para pedirle consejo. El veterano humanista reconoció que Lutero tenía razón en sus opiniones, pero, de manera un tanto cínica, añadió que había cometido dos errores graves, atacar la tiara del papa y el vientre de los monjes . En otras palabras, según el príncipe de los humanistas, Lutero no era un hereje, pero había sido un imprudente al cuestionar el inmenso poder del papa y los intereses materiales del clero.

Si lo sabría Erasmo que en una carta dirigida a Juan Lang el 17 de octubre de 1518 había escrito: “Veo en la monarquía del Sumo Sacerdote romano a la peste de la Cristiandad; los dominicos lo adulan constantemente de un modo vergonzoso. No sé si conviene tocar esta llaga abiertamente. Tendrían que hacerlo los príncipes, pero temo que éstos colaboren con el papa y se repartan el botín. No sé cómo se le ha ocurrido a Eck atacar de este modo a Lutero” (las palabras en cursivo aparecían en griego en el original precisamente para evitar complicaciones)

 Erasmo prefería mantenerse al margen. Sin embargo, ni el elector ni Spalatino estaban dispuestos a perder una baza como la que representaba la opinión favorable de Erasmo. Así, lograron, finalmente, persuadirlo para que pusiera por escrito sus opiniones sobre Lutero.

El resultado difícilmente puede ser más elocuente: “Los buenos cristianos, los que tienen un espíritu verdaderamente evangélico, se sienten menos golpeados por los principios de Lutero que por el tono de la Bula del papa. Lutero está en su derecho al solicitar jueces imparciales. El mundo tiene sed de la verdad del Evangelio. Resulta injusto enfrentar tanto odio a unas aspiraciones que resultan tan encomiables. El emperador estaría muy mal inspirado si inaugurara su reino con medidas de rigor. El papa está más empeñado en promover sus propios intereses que la gloria de Jesucristo. Lutero todavía no ha sido refutado. El conflicto debería ser confiado a hombres capacitados, libres de toda sospecha. El emperador es un prisionero de los papistas y de los sofistas”.

Aquellos Axiomas resultaban claramente comprometedores –y, a la vez, reveladores del pensamiento de Erasmo– y por eso no sorprende que el humanista pretendiera que se le devolvieran por temor a las consecuencias. Spalatino comentaría irónicamente que semejante comportamiento era una muestra clara de la “valentía” con la que Erasmo defendía el Evangelio. El juicio era sarcástico, pero lo cierto es que se correspondía con la realidad. Finalmente, el texto fue devuelto al humanista, pero no antes de sacar una copia que se dio a la imprenta.

Aleandro, desde luego, no estaba dispuesto a permitir que Erasmo se sumara al partido de Lutero y no perdió tiempo a la hora de ordenarle que compareciera ante él. El nuncio le entregó entonces una copia de la bula de excomunión en un acto cargado de simbolismo. El humanista podía darse por enterado de lo que le esperaba si no sabía elegir bando, desde luego, pero, a la vez, quedaban de manifiesto las limitaciones de la Reforma que había propugnado Erasmo. Había sido un intento brillante, dotado de altura, acertado en no pocos de sus planteamientos, pero carente del valor y, sobre todo, de la fe en Cristo que caracterizaban, con todas sus limitaciones y fallos, al agustino Lutero.

 Continuará: Prolegómenos de la Dieta de Worms 

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

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Living Lutheran

Serving_NewCity by LivingLutheran, on FlickrNew City Parish members advocating in the community.

Smoke from the 1992 civil unrest was still darkening the skies of Los Angeles when five pastors from neighborhood ELCA congregations sat down to study Scripture and pray.

Their communities had been rocked by riots following the Rodney King verdict. What, they wondered, was the Lutheran response to a city in anguish?

Their answer came out of the book of Nehemiah, where God called for a new city in the aftermath of the destruction of Jerusalem.

And out of that conversation New City Parish was born, rooted in a desire to address the underlying causes of inner-city violence: poverty, racism and injustice.

Today New City Parish is a nonprofit urban coalition of nine ELCA congregations serving south Los Angeles and neighboring Inglewood and Compton.

The goal is to share the gospel and forge relationships in support of more just and sustainable communities.

Grants from the ELCA churchwide organization and synods provide critical funding.

Scott Fritz, New City executive director and pastor at Chapel of Peace Lutheran Church, Inglewood, sums up their mission.

“We don’t just hand out food and a blessing and walk away. We sit down with our neighbors and ask questions. What are their real needs and concerns? And how can we better address them?”

The benefits of this intentional partnership can also be seen closer to home.

“Some of our congregations may have been forced to close their doors had we not banded together,” he notes.

“There is strength in numbers and in doing things together so we can share resources. When times get tough and things get scarce, we have to explore new ways to keep congregations alive and thriving.”

The ELCA’s commitment to diversity is a huge gift to their ministry, Scott believes.

“We’re dedicated to that vision and we want to be the answer.”

SIRVIENDO EN LA NUEVA CIUDAD DE DIOS

El humo de los disturbios civil de 1992 todavía estaba oscureciendo los cielos de Los Ángeles, cuando cinco pastores de congregaciones de la IELA vecinos se sentaron a estudiar las Escrituras y orar.

Sus comunidades se había visto sacudida por disturbios tras el veredicto deRodney King. ¿Qué, se preguntaban, fue la respuesta luterana a una ciudad en la angustia?

Su respuesta salió del libro de Nehemías, en el que Dios llamó a una nueva ciudada raíz de la destrucción de Jerusalén.

Y de esa conversación la ciudad de Nueva Parroquia nació, sus raíces en el deseo de abordar las causas subyacentes de la violencia dentro de la ciudad: la pobreza,el racismo y la injusticia.

Hoy en día la ciudad de Nueva Parroquia es una coalición sin fines de lucro urbano de nueve congregaciones de la IELA que sirven al sur de Los Ángeles y vecino de Inglewood y Compton.

El objetivo es compartir el evangelio y establecer relaciones de apoyo a las comunidades más justas y sostenibles.

Las subvenciones de la organización nacional de la IELA y los sínodosproporcionar fondos críticos.

Scott, Fritz, director ejecutivo de Nueva Ciudad y el pastor de la Capilla de la Paz la Iglesia Luterana, Inglewood, resume su misión.

«Nosotros no sólo por la comida y una bendición y se aleje. Nos sentamos connuestros vecinos y hacer preguntas. ¿Cuáles son sus verdaderas necesidades y preocupaciones? ¿Y cómo podemos abordarlos mejor? »

Los beneficios de esta asociación intencional también puede ser visto más cerca de casa.

«Algunas de nuestras congregaciones pueden haber sido obligados a cerrar suspuertas si no hubiéramos unido», señala.

«Hay fuerza en números y en hacer las cosas juntos para poder compartir recursos.Cuando llegan los tiempos difíciles y las cosas se ponen escasos, tenemos que explorar nuevas formas de mantener viva y floreciente congregación. »

El compromiso de la ELCA a la diversidad es un gran regalo a su ministerio, Scott cree.

«Estamos dedicados a esa visión y queremos ser la respuesta.»


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (37)

En 1520 Lutero redactó tres escritos sobre la problemática de la Reforma. Finalizamos con el tercero de estos escritos y un hecho que se ha visto como histórico.

 

En el anterior artículo analizamos los dos primeros escritos de Lutero: Una carta abierta a la nobleza cristiana de la nación alemana referente a la reforma del estado cristiano y Un preludio sobre la cautividad babilónica de la Iglesia.

 El tercer escrito de la época es De la libertad del cristiano . Se trataba de un texto breve que continuaba en la línea de su texto  Acerca de las buenas obras .

En él, Lutero conciliaba dos afirmaciones aparentemente contradictorias, la de que “el cristiano es un hombre libre, señor de todo y no sometido a nadie” y la de que “el cristiano es un siervo, al servicio de todo y a todos sometido”.

Partiendo, pues, de la base de que el Evangelio es “lo único que en el cielo y en la tierra da vida al alma”, Lutero vuelve a recordar el estado de “eterna perdición” que se merece el hombre y cómo sólo es posible salir de ella gracias a la obra de Jesucristo. Precisamente, el que se rinde “a él con fe firme y confía en él con alegría”, es el que recibe la remisión de los pecados. De hecho, “una fe verdadera en Cristo, es un tesoro incomparable: conlleva la salvación eterna y aleja toda desventura, como está escrito en el capítulo final de Marcos: “Quien crea y se bautice se salvará; el que no crea se condenará”” [1] . Precisamente ese cristiano, “que ha sido consagrado por la fe, realiza obras buenas”.

Al respecto, al final de la obra, Lutero realiza una afirmación que había sido apuntada por distintos humanistas con Erasmo a la cabeza:

“Cualquier obra que no se encamine a servir a los demás o a mortificar su voluntad – doy por supuesto que no se exija nada contra Dios – no será realmente una buena obra realmente cristiana. Esto es lo que lleva a sospechar que sean cristianos pocos monasterios, iglesias, conventos, altares, misas, fundaciones, ayunos y oraciones que se dirigen a santos concretos. Y es que me temo que en todo ello se persigue únicamente el interés propio, al creer que es un medio de penitencia por los pecados y para salvación. Todo procede de la ignorancia que hay en relación con la fe, la libertad cristiana, y de que algunos prelados ciegos impulsan hacia estas cosas al alabarlas y enriquecerlas con indulgencias, sin preocuparse nunca en enseñar la fe. Mi consejo es que si deseas levantar alguna fundación, orar, ayunar, te guardes de hacerlo con laidea de beneficiarte a ti mismo. Da de forma gratuita y en beneficio de los demás para que otros puedan disfrutarlo. Así serás un cristiano auténtico”.

La conclusión de Lutero es rotunda: “Un cristiano no vive en si mismo. Vive en Cristo y en su prójimo. En Cristo, por la fe; en el projimo, por amor”. [2]

 El texto, unido a su tratado  Acerca de las buenas obras , constituye un díptico de ética sencillo y, a la vez, extraordinario suficiente para disipar en quien lo conozca cualquier creencia en el supuesto antinomismo del protestantismo o en la falta de interés por las obras de la Reforma. Elcristiano es aquel que, después de comprobar su incapacidad para salvarse, se arrodilla a los pies de Cristo y recibe, a través de la fe, la redención que obtuvo en la cruz del Calvario. A partir de entonces, libre de la condenación, se convierte en siervo de Dios y del prójimo, no para salvarse, sino porque ya ha sido salvado, no por beneficio propio sino por amor a su redentor y a los demás.

 Durante aquellos meses, Lutero no dejó de tener noticias de la manera en que los enviados del papa recorrían las diferentes ciudades alemanas y procedían a arrojar a la hoguera sus escritos .

Se trataba de una ceremonia que solía chocar con la oposición popular e incluso no faltaron ocasiones en que los libros del agustino fueron sustituidos por otros. Sin embargo, las intenciones de Eck y Aleandro eran obvias. Entonces el 10 de diciembre, tuvo lugar un episodio que señaló de manera clara que la Historia había cambiado radicalmente.

 Cerca de la puerta de Elster en Wittenberg, Agrícola, acompañado de algunos profesores y estudiantes, encendió un fuego al que arrojó algunos volúmenes de derecho canónico, las decretales papales y la Summa Angelica de Angelo de Chiavasso.

La elección de los textos llevaba en si una profunda carga simbólica. El derecho canónico y las decretales –un fruto directo de la obra legislativa de los papas del Renacimiento– eran, desde su punto de vista, una innegable demostración de cómo el derecho había terminado por sustituir la verdad clara y sencilla del Evangelio. Por su parte, la Summa Angelica era un ejemplo de cómo los deberes pastorales habían sido relegados en pro de una especulación teológica apartada de la realidad y de las necesidades del pueblo cristiano.

 De repente y de forma inesperada, Lutero se abrió paso entre los presentes y, profundamente emocionado, arrojó al fuego un pequeño volumen.

Lo que dijo en aquellos momentos apenas se pudo oír y es dudoso que fueran muchos los que se dieran cuenta de que acababa de quemar la bula de excomunión que el papa había lanzado contra él.

Durante unos instantes, los presentes contemplaron en silencio las llamas que contrastaban con el frío aire del invierno. Luego alguien realizó un comentario y el grupo se disolvió.

 Siglos después, Lord Acton indicaría que aquella había sido el verdadero acto de inauguración de la Reforma.

Continuará: La Dieta de Worms y sus antecedentes.

 


   [1] Marcos 16:16 .
   [2] WML 2.342.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

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The 2009 ELCA Churchwide Assembly adopted a statement on human sexuality which acknowledged four different opinions the ELCA held “with conviction and integrity,” ranging from “same-gender sexual behavior is sinful” to “same-gender couples should… seek the highest legal accountability available for their relationships.” It called on members “as we live with disagreement… to accompany one another in study, prayer, discernment, pastoral care, and mutual respect.”

So how is this going? Three recent announcements cast into question just how seriously the ELCA is officially holding to the balance among these four convictions.

First, Bishop Mark Hanson was announced as the keynote speaker for “Reconciling Works 2012,” the gathering of Lutherans Concerned/ North America, to be held in Washington, D.C., in July. The website of Lutherans Concerned notes, “This is the first time a presiding bishop of any denomination has delivered the keynote address at our assembly.” Lutherans Concerned is the leading group advocating within the ELCA for full acceptance of gay, lesbian, bisexual, and transgender relationships.

We asked Bp. Hanson whether his presence there upsets the balance among these four opinions. He
responded: “As presiding bishop I am called to provide servant leadership for this whole church. I believe that it’s an
important time in the life of the ELCA to reach out broadly to members of this church by taking opportunities to proclaim the gospel and share stories of how we are engaged together in God’s mission.

“My address will focus on the state of the ELCA and will not advocate for further divisions. It is my hope that my commitment to being available to diverse groups to speak about the gospel that unites us will not be used by anyone to further divide us.”

Another person being put forward in several official ELCA events is perhaps less worried about dividing people. Pr. Nadia Bolz-Weber has cultivated a public image which can charitably be called “edgy” in her attempts to reach out to young adults. Her website and email address are “sarcasticlutheran,” and her mission congregation “House for All Sinners and Saints” proudly abbreviates itself as HFASS.

The mission describes itselfon its website as “a group of folks figuring out how to be a liturgical, Christo-centric, social justice oriented, queer inclusive, incarnational, contemplative, irreverent, ancient–future church with a progressive but deeply rooted theological imagination.” She published online a “liturgical naming rite for a transgendered church member” and has boasted on the Internet about her use of profanity.

Pr. Bolz-Weber has been designated as the opening night speaker for the ELCA National Youth Gathering in July in New Orleans, where she will travel shortly after serving as Bible study leader for the same Lutherans Concerned conference at which Bp. Hanson will be keynoter. She will also be the keynote speaker at a worship conference in San Antonio in June sponsored by the Southwest Texas Synod.

Side note: A smaller but much more doctrinally-reliable youth event, “Impact,” sponsored by Youth Encounter, will be held July 5-8 in Nashville, Tennessee. Pastors, youth leaders, and parents might want to consider this event, advertised below, instead.

Finally, we note an action by the Minneapolis Area Synod at its assembly this year, in which it overwhelmingly adopted a resolution to  “oppose the Minnesota state constitutional amendment on marriage proposed for the 2012 general ballot that would prevent one group of committed couples and their families from pursuing ordinary legislative or legal means to gain the support and protections afforded to all other(s).” In other words, the synod is clearly advocating marriage or its equivalent for same-sex couples.

One must ask, “Why did the synod take this action?” (We understand there will be a similar resolution presented to
at least one other Minnesota synod). Their resolution will be unlikely to change one vote regarding the amendment, but such a declaration further marginalizes the large number of ELCA members who hold to one of the other three opinions that the sexuality statement says are held “with conviction and integrity.”

Lutheran CORE calls on the ELCA leadership on every level to be aware of how these actions seem to move the denomination in a direction quite different from the conclusions of the 2009 social statement. Especially as so many congregations and members have felt conscience-bound to withdraw from the ELCA, it behooves ELCA’s leadership to work very hard to build bridges with the traditional members who remain, instead of burning those bridges by inflammatory actions.
Pr. Shipman, director of Lutheran
CORE, can be reached at
sshipman@lutherancore.org

 

La asamblea ELCA 2009  aprobó una declaración sobre la sexualidad humana, que reconoce cuatro diferentes opiniones de la ELCA a cabo «con convicción e integridad», que van desde «el comportamiento del mismo género sexual es malo» a «las parejas del mismo sexo deberían … buscar el mayor rendición de cuentas legal disponible para sus relaciones. «llamó a los miembros», como el que vivimos con el desacuerdo … para acompañar unos a otros en estudio, la oración, el discernimiento, la atención pastoral, y el respeto mutuo. »

Entonces, ¿cómo va esto? Tres recientes anuncios oficialmente emitidos ha puesto en tela de juicio la seriedad de la ELCA  la celebración del equilibrio entre estas cuatro acuerdos.

En primer lugar, el obispo Mark Hanson fue anunciado como el orador principal de «Obras Reconciliadas 2012», la reunión de los luteranos preocupados / América del Norte, que se celebrará en Washington, DC, en julio. El sitio web de notas de luteranos Preocupados, dice «Esta es la primera vez que un obispo presidente de cualquier denominación  ha aceptado entregar el discurso principal en nuestra asamblea.» Luteranos Preocupados es el grupo líder en la promoción dentro de la IELA para la plena aceptación de gays, bisexuales lesbianas, y relaciones transgénero.

Le preguntamos a Bp. Hanson si su presencia no altera el equilibrio entre estos cuatro dictámenes. Él
respondió: «Como obispo presidente me llamó para proporcionar un liderazgo de servicio para esta iglesia. Creo que es un momento importante en la vida de la ELCA para llegar ampliamente a los miembros de esta iglesia mediante la adopción de las oportunidades para proclamar los relatos evangélicos y la cuota de la forma en que están comprometidos juntos en la misión de Dios.

«Mi dirección se centrará en el estado de la ELCA y no abogar por más divisiones.Es mi esperanza que mi compromiso de estar a disposición de los diversos grupos para hablar sobre el evangelio que nos une no será utilizado por cualquier persona que más nos dividen «.

Otra persona que está siendo presentado en varios eventos oficiales de la ELCA, quizás es menos preocupante por dividir a la gente. Pr. Nadia Bolz-Weber ha cultivado una imagen pública que caritativamente se puede llamar «vanguardista» en sus intentos por llegar a los adultos jóvenes. Su sitio web y dirección de correo electrónico son «sarcasticlutheran,» y su «Casa para todos los pecadores y los santos» Congregación de la Misión orgullosamente se abrevia como HFASS.

La misión se describe en  su página web como «un grupo de personas que trabajan en cómo hacer una litúrgica, Cristo-céntrico, la justicia social inclusiva orientada, homosexual, encarnación, contemplativa, irreverente, antiguo-futuro iglesia con una imaginación teológica progresista, pero profundamente arraigada. «Ella publicó en línea un» rito litúrgico para nombrar un miembro de la iglesia transexuales «y se ha jactado en Internet acerca de su uso de la blasfemia.

Pr. Bolz-Weber ha sido designado como el orador de la noche de apertura del Encuentro Nacional Juvenil de la IELA en julio en Nueva Orleans, donde viajará en breve después de servir como líder de estudio bíblico para la conferencia de luteranos prepocupados, mísma conferencia dónde el Bp. Hanson será orador principal. También será el orador principal en una conferencia de adoración en San Antonio en junio patrocinado por el Sínodo del Suroeste de Texas.

Nota al margen: una más pequeña pero mucho más fiable doctrinalmente-evento de la juventud, «Impacto», patrocinado por el Encuentro de la Juventud, se celebrará en julio 5-8 en Nashville, Tennessee. Pastores, líderes juveniles, padres de familia y tal vez quieran considerar este evento, anunciado más adelante, en su lugar.

Por último, tomamos nota de una acción por el Sínodo del Área de Minneapolis en su asamblea de este año, en el que se aprobó por mayoría una resolución para «oponerse a la enmienda constitucional del estado de Minnesota en el matrimonio propuesto para la votación general de 2012 que impida a un grupo de parejas comprometidas y su familias de perseguir por las vías legales o jurídicas para obtener el apoyo y la protección otorgada a todos los demás (s). «En otras palabras, el sínodo está claramente defendiendo el matrimonio o su equivalente para parejas del mismo sexo.

Uno debe preguntarse, «¿Por qué el sínodo tomar esta acción?» (Somos conscientes de que habrá una resolución similar a la presentada al menos en otro sínodo Minnesota). Su resolución será poco probable que cambie un voto sobre la enmienda, pero tal declaración margina aún más a la gran cantidad de miembros de la IELA que tienen a uno de los otros tres dictámenes que la declaración de la sexualidad dice que se llevan a cabo «con convicción e integridad».

Lutheran CORE insta a los líderes IELA en todos los niveles a ser conscientes de cómo estas acciones parecen moverse a la denominación en una dirección muy diferente de las conclusiones de la declaración Social de 2009. Especialmente en lo que tantas congregaciones y miembros se han sentido obligados en conciencia a retirarse de la ELCA, es necesario que el liderazgo IELA  trabaje muy duro para construir puentes con los miembros tradicionales que se mantienen, en lugar de quemar los puentes por las acciones de la inflamación.
Pr. Shipman, director de la luterana
CORE, se puede alcanzar en
sshipman@lutherancore.org

http://www.lutherancore.org


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (36)

Lutero y los escritos del verano de 1520
Durante el verano de 1520, en medio de la tormenta, Lutero redactó tres escritos que abordaban de manera práctica la problemática de la Reforma. A ellos dedicamos la presente entrega.

 

 El primero de los escritos de Lutero surgido en el verano de 1520 fue un manifiesto titulado  Una carta abierta a la nobleza cristiana de la nación alemana referente a la reforma del estado cristiano . Se trataba de un llamamiento a los dirigentes de Alemania, al joven emperador, a los príncipes y a los caballeros, y a las grandes ciudades imperiales. El texto comenzaba con una advertencia solemne a los gobernantes en el sentido de que no debían imaginar nunca que la reforma de la Cristiandad pudiera lograrse mediante la fuerza de las armas:

“Debemos acudir a nuestra labor renunciando a la fuerza física, y confiando humildemente en Dios. No estamos tratando con hombres, sino con los príncipes del infierno, que pueden llenar el mundo con guerra y derramamiento de sangre, pero a los que la guerra y el derramamiento de sangre no vencen”  [1]

Una afirmación de este tipo sería hoy difícilmente discutida, pero en el contexto en que se escribió, cuando la bula de excomunión de Lutero condenaba como herética la afirmación de que el enviar a los herejes a la hoguera no era obra del Espíritu, constituía una refrescante nota de modernidad, modernidad que se asentaba no en la iconoclastia sino en la fe en Cristo.

 Lutero contraponía a lo que denominaba los tres muros del romanismo –la pretensión papal de poseer una jurisdicción superior a la del poder temporal, su pretensión de tener el único poder para interpretar la Escritura y la pretensión de tener la única autoridad para convocar un concilio general-  [2]  la tesis teológica del sacerdocio de todos los creyentes y la social del bien común que debe ser sometido a la fiscalización de todos .

El sacerdocio común de los creyentes, surgido del bautismo y de la fe cristiana, sitúa en pie de igualdad a todos los cristianos, de tal manera que cuando un obispo es elegido es como si “diez hermanos, todos hijos de reyes y herederos iguales, fueran a escoger a uno de entre ellos para gobernar la herencia de todos… todos serían reyes e iguales en el poder, aunque uno de ellos se encargara del debe de gobernar”  [3] . La visión de Lutero conectaba con las declaraciones neotestamentarias que afirman que los discípulos de Cristo son “reyes y sacerdotes” (I Pedro 2, 5, 9; Apocalipsis 1, 6; 5, 10) y con la práctica de los primeros siglos de que el pueblo eligiera a los obispos, pero, sin ningún género de dudas, chocaba frontalmente con la situación eclesial de entonces.

Pero a la consideración teológica, Lutero sumaba una reflexión sobre la que se levantaría tiempo después el edificio de la primera democracia moderna:

“Nadie debe adelantarse y asumir, sin nuestro consentimiento y elección, el hacer lo que está en poder de todos nosotros. Porque lo que es común de todo, ningún debería atreverse a emprenderlo sin la voluntad y el mandato de la comunidad”  [4] .

 A diferencia de no pocos de los teóricos de la democracia, Lutero no era antropológicamente optimista y basta revisar sus comentarios bíblicos, desde los dedicados a la carta a los Romanos en 1515 a los relacionados con el Génesis en 1540, para captar que pensaba que los gobernantes no corruptos eran excepcionales y que estaba seguro de que el poder corrompía. Sin embargo, pensaba que la tarea de la reforma tenía que ser llevada a cabo y si no la emprendían las autoridades eclesiales, serían las políticas las encargadas de ello.

El punto de vista de Lutero puede resultarnos chocante pero contaba con precedentes históricos, pero, sobre todo, enlazaba con una visión humanista muy de la época. Así, el concilio de Nicea en el que se había enfrentado la iglesia con la herejía de Arrio no había sido convocado por el papa – que tuvo un papel muy secundario – sino por el emperador Constantino y a nadie se le hubiera ocurrido negar su magnífico resultado. Por otro lado, confiar en que los príncipes impulsaran la Reforma – una propuesta que nos resulta chocante en la actualidad – era algo que ya había sucedido en la España de los Reyes católicos y de Cisneros y que había sido propugnado por personajes de la talla de Erasmo.

 Lutero era consciente del peligro que implicaba aquella propuesta y no se engañaba al respecto. Sin embargo, estaba convencido de que, en conciencia, no podía hacer otra cosa : “Creo que he tocado mi melodía con una nota demasiado alta, y que he formulado demasiadas propuestas… pero ¿qué puedo hacer? Estoy vinculado a la obligación de hablar… Prefiero la ira del mundo a la Ira de Dios: no pueden hacer más que quitarme la vida”  [5] .

 A finales de agosto, había millares de copias del escrito circulando por Alemania con un efecto extraordinario . Estaba redactado en la lengua del pueblo, expresaba todo en términos sencillos y ponía por escrito y de manera articulada lo que muchos pensaban.

 EL SEGUNDO ESCRITO
 El siguiente escrito de Lutero en aquel verano de 1520 tuvo un carácter muy diferente. Lo redactó en latín y estaba dirigido no al pueblo llano sino a los humanistas y al clero. Su título – Un preludio sobre la cautividad babilónica de la Iglesia – enlazaba con una corriente de pensamiento que había comparado desde hacía siglos la decadencia de la iglesia católica con el destierro que había sufrido el pueblo de Israel en Babilonia . De hecho, también se había denominado cautividad babilónica al período en que el papa había abandonado Roma para residir en Aviñón.

Lutero comenzaba diciendo que había tenido que escribirlo impulsado por los ataques feroces de los que había sido objeto, pero lo cierto es que también recogía las consecuencias lógicas de sus conclusiones contrarias a Roma. Anunció su publicación a Spalatino a la vez que le informaba de la llegada de Eck con la bula papal.

Lutero sostiene en el texto que la Biblia debe ser la base de la vida de la iglesia: “La iglesia debe su vida a la Palabra de la promesa, y es alimentada y preservada por esta misma Palabra – son las promesas de Dios las que hacen a la iglesia y no la iglesia la que hace las promesas de Dios” [6] . A partir de ahí, Lutero indica que, propiamente hablando, por lo tanto, sólo pueden existir dos sacramentos, el Bautismo y la Santa Cena, porque son los únicos de los que hablan las Escrituras. Lutero no niega el matrimonio, la confirmación o el orden, pero no los considera sacramentos en la medida en que Cristo no los instituyó como tales.

 Precisamente, ese biblicismo es el que lleva a Lutero a cuestionar buena parte de la enseñanza católica sobre la Eucaristía. Enprimer lugar, cuestiona el dogma de la transubstanciación. De hecho, el pasaje de Juan 6 nada tiene que ver con este dogma –una afirmación que pocos exegetas católicos cuestionarían en la actualidad– que carece de sustento bíblico. La base para llegar a esa conclusión es no sólo que los textos del Nuevo Testamento hablan de que lo que tomaban los primeros cristianos era pan y vino (I Corintios 11, 26-28), sino que además resultaba inverosímil definir un dogma sobre la base de la filosofía aristotélica. La objeción última ya había sido planteada por humanistas como Erasmo, si bien habían preferido no entrar en controversias al respecto. Igualmente, Lutero se refería a la Biblia para indicar que los cristianos participaban del pan y del vino, y no sólo del pan como era práctica en la época. 

 La conclusión a la que acababa llegando el teólogo era que la iglesia estaba sometida a una situación de cautividad espiritual por Roma . Ésta, en lugar de sujetarse a lo que indicaban las Escrituras, había añadido sacramentos que carecían de base bíblica y había trastornado la naturaleza del bautismo y de la Cena del Señor.

Del tercer escrito y de un hecho histórico poco conocido y menos aún reconocido trataremos la próxima semana.

 Continuará

 


   [1] WML 2.64.
   [2] WML 2.65.
   [3] WML 2.67.
   [4] WML 2.68.
   [5] WML 2. 164.
   [6] WML 2. 273.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

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