Archivos de la categoría ‘Iglesia’


Leonardo de Chirico

 Cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.
El Papa Francisco, bautizando a un niño.

Visitar al Papa se ha convertido en algo muy popular entre los líderes evangélicos de todo el mundo. Casi todos los meses evangélicos procedentes de las cuatro esquinas del globo son recibidos por Francisco ya sea en una conversación privada, en torno a una mesa compartiendo una comida o en el contexto de reuniones más oficiales. El Papa Francisco parece haber dirigido su objetivo hacia los evangélicos de todas las tendencias (desde los sectores altamente litúrgicos del protestantismo a los gurús del evangelio de la prosperidad, con todas las variaciones que hay en medio) con el fin de construir puentes con estos cristianos que tradicionalmente han permanecido fuera de la corriente principal ecuménica pero que, no obstante, representan el ala de la Iglesia que crece más que cualquier otra. Este fenómeno de los líderes evangélicos haciéndose “selfies” con el Papa y después transformándose en portavoces prominentes de la unidad con la Iglesia Católico Romana necesita examinarse más detenidamente.

En el ambiente de esta tendencia creciente de líderes evangélicos visitando al Papa, la visita de la delegación oficial de la Alianza Evangélica Mundial (WEA por sus siglas en inglés) con representantes de todo el mundo, el día 6 de noviembre, constituye posiblemente la primera vez que ha sido concedida una audiencia a una delegación tan extensa por parte del Romano Pontífice. El significado y la importancia de esta recepción lo atestiguan el hecho de que la alocución del Papa a la delegación de la WEA se hizo pública a través del canal oficial del Boletín de Prensa del Vaticano, que es su medio oficial.

 

¿Unidos en el Bautismo?

El Papa empezó su discurso haciendo referencia al bautismo como uno de los terrenos en los cuales la unidad podría alcanzarse. Después de citar Efesios 4:13 como ejemplo para la consecución de la unidad de la verdad, Francisco continuó diciendo que “esta verdad se fundamenta en nuestro bautismo, por el que compartimos los frutos de la muerte y de la resurrección de Cristo. El bautismo es un don inestimable de Dios que tenemos en común”. Curiosamente, ésta es una afirmación típica católico romana. Mientras que los evangélicos tenderían a decir que la unidad se basa en la gracia de Dios recibida mediante la fe en Jesucristo, el Papa explica detalladamente un punto de vista diferente. Según su opinión, el “sacramento del bautismo”, un sacramento eclesial, es la base para la unidad de los cristianos.

La convicción estándar evangélica es que todos los que creen en Jesucristo ya están unidos (“Creemos en la Unidad del Espíritu de todos los creyentes verdaderos”, dice la Declaración de Fe de la WEA), pero el Papa presenta una perspectiva diferente: son aquellos que están bautizados los que están unidos. Una persona bautizada por la iglesia puede o no ser un creyente como demuestra claramente el fenómeno del Cristianismo Nominal y, a pesar de todo, el Papa y su Iglesia creen que el bautismo representa una razón suficiente para la unidad.

En este punto debe plantearse una pregunta: ¿Son conscientes de esto los líderes evangélicos que parecen ser tan entusiastas fans del Papa?

Que los cristianos ya están unidos por el bautismo es una convicción ecuménica compartida, pero no es la posición evangélica histórica. El Papa la reforzó cuando habló sobre “la profunda unidad producida por la gracia en todos los bautizados” (citando el documento del Vaticano II Unitatis Redintegratio, 13). ¿Cómo pueden los cristianos estar unidos por la gracia con los que están bautizados pero que no profesan ni viven su fe en Jesús? La cuestión es que cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.

 

No es una Mera Relación Personal con Cristo

La insistencia en el bautismo como la base de la unidad se demuestra en otro comentario que hizo Francisco en su disertación. En su reiteración en la preeminencia del bautismo sobre la fe, el Papa dijo que “el Evangelio no es meramente acerca de nuestra relación personal con Dios”. Es más que esto. Este lenguaje de tener una “relación personal con Dios” es apreciado por los evangélicos y es una de las marcas definitorias de su espiritualidad. Al Papa Francisco también le gusta utilizarlo.

No obstante, la referencia al sacramento del bautismo que para él es una base suficiente para la unidad y que precede a una relación personal con Dios pone esta frase en su contexto. Según Francisco, la unidad se funda en el bautismo, no en la relación personal con Cristo. Los evangélicos también entienden que la vida cristiana es más que tener una relación personal con Cristo, aunque creen que éste es el fundamento sobre el cual debe construirse el completo discipulado cristiano. Independientemente de la visión que posean sobre el bautismo, es en todo caso, la fe personal lo que es central. Para Francisco la gracia nos es dada no por la sola fe sino por medio del sistema sacramental administrado por la Iglesia. Esto no es meramente un aspecto menor de la diferencia.

El discurso incluía un llamamiento para entrar en una “nueva era de relaciones entre los católicos y los evangélicos”. Sin embargo, si todavía no están de acuerdo en lo que consiste la base de la unidad de los cristianos y no hay ninguna indicación de apertura al cambio según el Evangelio, ¿cómo puede haber una “nueva era”?

 

http://protestantedigital.com/magacin/34433/una_nueva_era_entre_los_catolicos_y_los_evangelicos


La ciudad de Kobane, en el norte de Siria, protagoniza una resistencia agónica frente al Estado Islámico. Los kurdos son la única esperanza de Occidente para detener el avance del radicalismo en la región.

EDUARDO ESTRADA

Estos días en que Kobane está de actualidad, sencillamente porque la están destruyendo, he recordado cómo en una ocasión, hace algunos años, la ciudad de Kobane entró en cierto modo en mi vida. Fue durante un viaje a las ruinas bizantinas abandonadas del norte de Siria. Fuimos acompañados por un taxista de Alepo. Él nos guió entre los restos de aquellas urbes, cuyo abandono, por parte de sus habitantes, sigue siendo un misterio. El momento culminante de la visita nos condujo a las espléndidas piedras blancas que contemplaron, siglos atrás, la ascética terquedad de Simón el Estilita. No era difícil imaginarse al viejo Simón encaramado a su columna despreciando los bienes mundanos bajo el cielo azul turquesa del atardecer.

Como el territorio recorrido era amplio y el viaje duraba varias horas hubo ocasión de escuchar las explicaciones del taxista. Trabajaba en Alepo pero era de Kobane, una pequeña ciudad perteneciente al propio distrito de Alepo. Así se incorporó, por así decirlo, Kobane a mi vida. El taxista amaba su ciudad natal y siempre que podía viajaba hasta ella para permanecer unos días con su familia. Nos explicó que en un inicio era sólo un poblado y que debía su nombre a la compañía alemana que construía la línea de ferrocarril que tenía que llegar a Bagdad. Pese a ese inicio modesto Kobane tenía un próspero bazar, una docena de mezquitas y tres iglesias armenias. Por lo que contó, los armenios se habían instalado allí escapando del genocidio causado por los turcos. Sin embargo, el taxista era kurdo, como la inmensa mayoría de la población de Kobane.

Esto, naturalmente, acentuó mi interés por aquel personaje de poblado mostacho y maneras delicadas. En alguna que otra ocasión he relatado mi simpatía por los kurdos, pese a haber conocido a pocos de ellos y no haber estado nunca en el Kurdistán propiamente dicho. De hecho, como acostumbra a ocurrir con este tipo de simpatías, su neblinoso origen está anclado en impresiones ocurridas en la infancia o en la adolescencia, a menudo vinculadas a libros o películas. En mi caso esta impresión se desencadenó al asociar un titular de periódico con la secuencia de una película. En ambos casos se trataba del desigual enfrentamiento entre Ejércitos. El titular se refería a una carga de la caballería dirigida por Mustafá Barzani, legendario líder kurdo, contra los tanques turcos, y la secuencia de la película Lawrence de Arabia mostraba al rey Faisal —el actor Alec Guinness— encabezando a un grupo de jinetes a caballo que trataban de combatir desesperadamente contra los aviones enviados por el Imperio Otomano. En mi memoria ambas acciones quedaron asociadas. Con posterioridad, de modo casual, leí la necrológica de Barzani en un diario de Estados Unidos, país en el que acababa de morir, y se incrementó mi curiosidad por el personaje. El fiero caudillo, que en una fotografía aparecía armado hasta los dientes, se había confesado amante de los poetas románticos ingleses, a los que había estudiado en la Universidad de Moscú, en su época de estudiante exiliado, con una preferencia especial por John Keats, de quien, a juzgar por lo que refería la necrológica, recitaba de memoria varios poemas, singularmente Oda a un ruiseñor.

El taxista de Kobane conocía a la perfección los prodigios militares de Mustafá Barzani, al que equiparaba con el gran Saladino, también kurdo al parecer. Sin embargo, reservaba su mayor admiración para los combatientes guerrilleros y por él supe el significado de la expresión peshmerga con la que se los denominaba en la prensa: los que miran a la muerte de cara. Aquella tarde, entre las ruinas de las ciudades bizantinas y bajo la advocación de Simón el Estilita, recibí un curso acelerado de historia kurda.

Los ‘peshmergas’ se enfrentan con armas anticuadas a los modernos arsenales yihadistas

Cuando uno se adentra en ese escenario, al fondo siempre reaparece el arbitrario trazado de fronteras establecido en la Primera Guerra Mundial tras el desmoronamiento del Imperio Otomano. Este estigma de nacimiento, impuesto por las potencias coloniales, ha marcado el destino de Irak, Siria, Jordania, Líbano o Palestina. También, naturalmente, el de los kurdos, la principal etnia sin Estado propio de la zona, con alrededor de 40 millones de personas. Los acuerdos más o menos secretos de 1916 entre los diplomáticos Mark Sykes y François Georges-Picot, en representación de Gran Bretaña y Francia respectivamente, ilustran ahora a la perfección, casi cien años después, la magnitud del desastre que se avecinaba. Algo de esto quizá pudo intuir el coronel Lawrence cuando se opuso a esos tratados por creerlos perjudiciales para la causa árabe. Lo cierto es que después del acuerdo Sykes-Picot Lawrence de Arabia abandonó Oriente Próximo para sumirse en su ostracismo final.

Como ha venido sucediendo desde hace décadas cíclicamente los kurdos han vuelto a asomarse en las páginas de los periódicos y en las pantallas de los informativos. La razón es que los peshmerga son los encargados de detener a las fanáticas milicias del Estado Islámico. Las noticias que nos llegan al respecto, alrededor de la batalla de Kobane, son descorazonadoras aunque, al mismo tiempo, sugieren una repetición del dramático hado que rodea la historia kurda. Los peshmerga, con su valor habitual, se enfrentan con armas anticuadas a los arsenales de los milicianos yihadistas, saturados de armamento moderno, como si se volviera a los tiempos de Mustafá Barzani y sus heroicas cargas de caballería. La composición de lugar es tragicómica: los norteamericanos, escarmentados de sus guerras en tierra, lanzan armas y provisiones desde el aire con el propósito de abastecer a los kurdos aunque abasteciendo, en realidad, al bando contrario; mientras tanto, los dirigentes europeos hacen grandes declaraciones de intenciones que caen en el vacío; de otro lado Turquía, miembro de la OTAN, que simpatiza mucho más con la causa yihadista que con la kurda, procura acorralar a los peshmerga para que éstos queden encajonados entre el acoso de las milicias yihadistas y los tanques que ha alineado a lo largo de la frontera propia. En medio del cerco es improbable que Kobane resista. Su exterminio está casi asegurado.

Combaten en una lucha en la que, tal vez, esté comprometido nuestro entero futuro

La pregunta, una vez más, es: ¿cómo ha podido producirse este decorado? Europeos y norteamericanos, por lo general amnésicos con respecto a los kurdos, ahora parecen fiarlo todo a la valentía de los peshmerga frente a un enemigo abruptamente surgido de la tiniebla como el Estado Islámico. Pero es esa irrupción espectral la que es sospechosa, además de sorprendente. ¿Cómo puede aceptarse que en la época de la información total, cuando nuestras tecnologías nos abruman con datos a cada instante, pudiese pasar inadvertida la rápida maduración del huevo de la serpiente?

He seguido con mucha atención a lo largo de estos últimos tres años las noticias acerca de la contienda de Siria, país que siempre despertó mi fascinación y al que he viajado varias veces. Pese a ese detenimiento no tuve conocimiento del profundo enraizamiento yihadista hasta las fechas recientes en que el califato se ha dado a conocer sangrientamente en aquel país y en Irak. Durante mucho tiempo nuestros medios de comunicación únicamente informaban, de forma genérica, de los “rebeldes sirios”. De pronto, una buena parte de estos “rebeldes”, no sólo en Siria sino también en Irak, resultaron crueles yihadistas que decapitaban a los ciudadanos de los países que habían contribuido a armarlos. La ceremonia de la confusión aumenta cuando Occidente anuncia una cruzada contra el califato terrorista con una movilización fantasmal de fuerzas. Entre tanto error y tanto simulacro lo único que parece real, al seguir las noticias del conflicto, es la determinación de los peshmerga, realzados una vez más para ser relegados, probablemente, con posterioridad.

Al contemplar estos días las imágenes de la devastación de Kobane me he acordado con frecuencia del taxista sirio. Si vive debe hacer mucho tiempo que no puede acompañar a forasteros hasta las hermosas ciudades bizantinas abandonadas. Dada la situación en Alepo es posible que no haya visitado desde hace tiempo su ciudad natal. O quizá esté en ella, combatiendo como tantos voluntarios. En cualquier caso, si vive, puede estar orgulloso del comportamiento de sus hermanos. Ellos combaten en una lucha en la que, tal vez, esté comprometido nuestro entero futuro. Si la modesta Kobane cae, y es devuelta al anonimato de los espacios aniquilado, se confirmará el triunfo de la hipocresía y tendremos un nuevo motivo para la vergüenza.

Rafael Argullol es escritor.

http://elpais.com/elpais/2014/10/31/opinion/1414751165_052045.html

Lutero en el cine

Publicado: noviembre 5, 2014 en Cine, Historia, Iglesia, Luteranismo

José de Segovia

Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.

MARTES AUTOR José de Segovia 31 DE OCTUBRE DE 2014 13:30 h
LuteroLutero, en la versión protagonizada por Joseph Fiennes (2003).

La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.

Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero. Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.

UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR

Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula. Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.

 

Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly, es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas. Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales (Dance Hall) a filmes de aventuras (O.S.S.), cine negro (Ellos no creen en mí), ciencia-ficción (Con destino a la luna) o adaptaciones de Steinbeck (Donde nacen los héroes). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!

Pichel hace la película de Martin Luterojusto después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.

 

Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.

El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach, veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.

EL JOVEN REFORMADOR

La película más fácil de encontrar ahora en DVD, es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003). Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios.

 

El protagonista de Shakespeare In Love, Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra. Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia.

La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.

Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.

La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.

Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.

LA PALABRA LIBERADORA

 

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora.

Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.

Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero.

Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.

GRACIA ASOMBROSA

Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.

Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador.

Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

 

Artículo originalmente publicado en la sección mARTES, el 30 de octubre de 2012.

 

http://protestantedigital.com/blogs/375/Lutero_en_el_cine

Lutero en San Marcos de Lima

Publicado: noviembre 5, 2014 en Iglesia, Luteranismo, Testimonio

Por presión de la Iglesia Católica, la película “Martín Lutero” no pudo exhibirse en los cines de Perú. Inventamos el slogan “Venga a ver la película prohibida”.

Martín Lutero

El excelente artículo de José de Segovia sobre películas acerca de Martín Lutero me ha traído a la memoria un evento de mi juventud como universitario evangélico en la Universidad de San Marcos de Lima.

Hacia 1955 formamos un grupo de estudiantes evangélicos al cual llamamos Círculo Bíblico Universitario (CBU). Nuestra principal actividad eran los círculos de estudio bíblico en diferentes facultades usando el método inductivo que por su carácter participativo atraía a una gran variedad de estudiantes. Varios de ellos llegaron a tener una experiencia personal de fe en Cristo durante aquellos estudios.

Fue en octubre de 1957 que el CBU ensayó un impacto masivo en San Marcos con la película “Martín Lutero”. Yo invité a un colega de la Federación Universitaria (FUSM) a ver esa película en mi iglesia, y él me respondió que si la llevaba a la universidad él me ayudaría a conseguir el Salón General, un auditorio amplio y clásico, situado junto a la Biblioteca. Aunque con cierto temor interior acepté el desafío. Cuando se consiguió el local, pusimos manos a la obra en el grupo y empezamos a hacer propaganda en pizarrones y por medio de volantes y afiches.

Por la presión de la Iglesia Católica, que dominaba la comisión de censura de las películas que se exhibían en público,  la copia de 35 mm de la película “Martín Lutero” no pudo exhibirse en los cines del país. Así que inventamos el slogan “Venga a ver la película prohibida”. Pese a nuestro trabajo intenso no creímos que muchas personas viniesen.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando la noche de la presentación, quienes llegamos algo atrasados con el equipo de proyección, el telón y la película, encontramos el Salón General lleno de tope a tope.

Una salva de aplausos nos recibió cuando entramos en el salón. Luego de la proyección de la película nos quedamos más de dos horas en un debate apasionado. Los estudiantes marxistas aprovecharon para atacar a la Iglesia de Roma y al Fascismo, y los pocos estudiantes católicos que hablaron trataron de referirse a los excesos de Lutero, según las versiones totalmente arbitrarias que en esa época todavía ciertos textos escolares de historia ofrecían, sin  ningún respeto por la verdad histórica.

Los del CBU tuvimos oportunidad de hablar con toda claridad sobre lo que significa la conversión personal, la justificación por la fe y las consecuencias sociales del Evangelio por el impacto de la Reforma. Lo que nos impactó y fortaleció nuestra fe y vocación fue ver el interés de la masa estudiantil en estos temas.

A pedido de los propios estudiantes y la Federación la película se presentó tres o cuatro veces más en el Salón General y luego fue a dar a otras escuelas y centros superiores. Así se generó en el CBU la convicción de que por lo menos una vez por año debíamos realizar una actividad masiva en la propia universidad, además de los grupos de estudio bíblico y la obra de evangelización personal.

Aquella película sobre Lutero estaba basada en una excelente biografía del reformador alemán que había escrito Roland H. Bainton, un historiador que era profesor en la Universidad de Yale. Su título en inglés era Here I stand es decir “Aquí estoy”[1] frase famosa con la cual Lutero se negó a retractarse como se lo pedían en la Dieta de Worms ante el Emperador Carlos V. Es todavía una de las mejores biografías del reformador en nuestra lengua.  La obra Lutero: un destino del historiador francés Lucien Febvre[2] pasa revista a las controversias históricas acerca de Lutero en la Iglesia Católica, y a la renovación de las investigaciones que se dieron en el ámbito protestante. Resulta sorprendente que escritores católicos reconocidos como progresistas, como es el caso de José Luis L. Aranguren, hayan mantenido sin embargo una línea hostil y pobremente informada en su tratamiento de Lutero.[3]

Sin duda Lutero tenía una personalidad vigorosa y apasionada que se puede ver aún en sus obras que no son de controversia.

Al acercarse la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante en 2017 será deseable que los estudiosos evangélicos españoles vuelvan a evaluar la figura histórica de Lutero para entender mejor el genio,  espíritu y mensaje de la Reforma.

Sin embargo, como nos lo recuerda José de Segovia, los evangélicos tenemos la convicción de que la Reforma fue obra del Dios que actúa en la historia  y no simplemente un logro de la audacia de un hombre genial.

 

[1] La versión en castellano es, Roland H. Bainton, Lutero, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1955.

[2] Lucien Febvre, Lutero: un destino, Fondo de Cultura Económica, México, 5ta. Reimpresión, 1983

[3] José Luis L. Aranguren, Catolicismo y Protestantismo como formas de existencia, Revista de Occidente, Madrid,  2da. ed., Madrid, 1957.

 

http://protestantedigital.com/blogs/34374/Lutero_en_San_Marcos_de_Lima


EE.UU.

Nueva York cuenta con 2.8 millones de católicos, pero sólo el 12% va regularmente a misa. Al menos 19 iglesias de la Gran Manzana dejarán la actividad religiosa.

FUENTES El Diario NUEVA YORK
iglesia católicaIglesia católica de N. York / Getty images

Tal como estaba previsto, la Arquidiócesis de Nueva York anunció que más de un centenar de parroquias del estado deberán fusionarse y más de 30 iglesias dejarán de ofrecer servicios religiosos para hacer frente a la pérdida de feligreses y bajo número de curas ordenados.

El anuncio es parte del mayor plan de restructuración de la Arquidiócesis en sus más de 150 años de historia, que culminará en agosto del próximo año. Para ese fecha, 112 de las 368 parroquias con las que cuenta en el estado se unirán, dando lugar a 55 nuevas parroquias.

El cambio provocará también que 31 iglesias dejen de celebrar misas o sacramentos de manera regular, y sólo se utilizarán para eventos especiales, por lo que los parroquianos deberán cambiar su lugar de culto a partir del 1 de agosto de 2015.

“Este tiempo de transición en las historia de nuestra Arquidiócesis será sin duda difícil para las personas que dependen de las parroquias que se fusionarán”, dijo el cardenal y arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, a través de un comunicado. “Habrá muchos que se sientan dolidos y tristes por este cambio en sus vidas espirituales, y yo seré uno de ellos. Será nuestra responsabilidad facilitar la transición lo máximo posible”.

UN CAMBIO ESTUDIADO

Dolan nombró un comité de más de 40 personas, compuesto por miembros del clero, feligreses y personal de la Arquidiócesis, entre otros, para determinar los cambios necesarios ante la pérdida de fieles y fondos, ya que, aunque Nueva York cuenta con 2.8 millones de católicos, sólo el 12% van regularmente a misa.

Se ha intentado diseñar el plan de restructuración de la manera más eficiente, con el fin que los parroquianos que pierdan la iglesia a la que acudan regularmente, tengan siempre una en las cercanías. Las parroquias fusionadas serán evaluadas cada dos años para determinar cómo se han adaptado al cambio.

La falta de fieles no afecta sólo a los nortemaericanos, sino también a un sector tradicionalmente caólico como es el origen hispano. De estos templos 19 están en Manhattan, El Bronx y Staten Island, y vecindarios tradicionalmente latinos como El Barrio (3), el sur de El Bronx (2) y Loisaida (1) se verán especialmente afectados.

La Arquidiócesis determinará en el futuro que hacer con las iglesias que cesen sus servicios, cuyos terrenos podrían ser vendidos, aunque se dejará pasar el tiempo para tomar una decisión al respecto.

La transición no afectará a las escuelas católicas que comparten el nombre de las parroquias, ya que operan de manera independiente durante años.

La Diócesis de Brooklyn, que también supervisa a las iglesias católicas de Queens, se vio ya obligada también a llevar a cabo una reorganización en 2009, eliminando más de una decena de parroquias.

IGLESIAS QUE CERRARÁN EN NYC

STATEN ISLAND: Assumption/Saint Paul at Assumption. 15 Webster Avenue, Saint Mary of the Assumption. 2230 Richmond Terrace, Saint Roch. 602 Port Richmond Avenue, Saint Mary. 1101 Bay Street

MANHATTAN: Nativity Mission. 44 Second Avenue, Saint James/Saint Joseph. 5 Monroe Street, Saint Stephen/Our Lady of the Scapular. 142 East 29 Street, Saint Elizabeth of Hungary. 211 East 83 Street, Saint Stephen of Hungary. 414 East 82 Street, Our Lady of Peace. 237 East 62 Street, Saint Lucy. 344 East 104 Street, Holy Agony. 1834 Third Avenue, Holy Rosary. 444 East 119 Street

EL BRONX: Visitation. 160 Van Cortlandt Park South, Saint Ann. 3519 Bainbridge Avenue, Saint Roch .525 Wales Avenue, Saint Pius V. 420 East 145 Street, Saint John Vianney. 715 Castle Hill Avenue, Nativity of the Blessed Lady. 1531 East 233 Street.

 

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Identidad protestante popular

Publicado: octubre 25, 2014 en Iglesia, Sociedad

El protestantismo en Chiapas: análisis (final)

EN Chiapas vemos granos de mostaza que germinaron y crecieron donde otros sólo veían páramos, tierras secas y áridas.

Culto pentecostal en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. / Voz de los Mártires

 Como en el conjunto del protestantismo en América Latina, el rostro predominante entre los evangélicos indígenas de Chiapas es el del protestantismo popular o pentecostalismo. Walter Hollenweger considera como características de tal expresión “la liturgia oral, la predicación narrativa más que expositiva, la conexión íntima entre teología y testimonio, la participación máxima a todo nivel en la oración y la liturgia, la inclusión de sueños y visiones en la adoración y una comprensión singular de la relación cuerpo-mente aplicada al ministerio de la sanidad divina por medio de la oración”.1

En el protestantismo popular/pentecostalismo existen líneas de ruptura con algunas pautas de la cultura tradicional indígena, como los altos niveles de consumo de bebidas alcohólicas. La abstención protestante del alcohol facilita que los conversos y sus familias, al ya no gastar parte significativa en fiestas patronales católicas y dejar de hacer otros gastos asociados con las mismas, inviertan sus ingresos en obtener bienes que mejoran su calidad de vida.

También están presentes líneas de continuidad con la cultura indígena, es el caso del baile, parte constituyente de las celebraciones religiosas. En el pentecostalismo indígena el baile es todavía más intenso que en las celebraciones y procesiones católicas, lo cual resulta atractivo en una cultura en la que relacionarse con lo sagrado conlleva manifestaciones corporales.

El amplio abanico que integra el pentecostalismo comenzó a desplazar hace tres o cuatro décadas al presbiterianismo como confesión evangélica mayoritaria en Chiapas. Llama la atención un dato sobre la principal ubicación poblacional de los pentecostales chiapanecos, según el Censo del 2000: “La mayoría de los pentecostales habita en localidades de menos de 2,500 habitantes (es decir, rurales), donde reside 43 por ciento de personas que se adscriben a esta doctrina, en oposición con la población total del país, en el cual 47 por ciento de personas reside en localidades de más de 100 mil habitantes”.2

En otro trabajo de la misma investigadora se describe, de manera panorámica, el estado actual del pentecostalismo chiapaneco.3 Apunta que es relativamente reciente la consolidación de las iglesias pentecostales en las zonas indígenas de Chiapas, si se le compara con los cien años de presencia presbiteriana en algunas de esas regiones, sin embargo el pentecostalismo ha crecido con mayor rapidez. A tal dinámica es necesario sumar la pentecostalización en buena parte de las iglesias presbiterianas indígenas, las que se hacen llamar a sí mismas presbiterianas renovadas.

Rivera Farfán sitúa la dinámica del pentecostalismo chiapaneco en el contexto de la región sur-sureste de México. Observa que: “Según datos del Censo de Población del año 2000, más de la mitad de la población pentecostal de México se ubica en el sur-sureste, con importante presencia en Veracruz, Chiapas y Oaxaca. Estos tres estados suman en su conjunto más de 560 mil personas que se adscriben a esta doctrina. Asimismo, en Campeche, Tabasco y Chiapas, sus seguidores representan más de 5% de la población total de esos estados”.4

La experiencia en investigación de campo, y su receptividad para comprender lo observado, se conjuntan para que Carolina Rivera Farfán concluya sobre “las causas y razones de conversión”, las cuales “son múltiples y su explicación es compleja y heterogénea”.5 Toma distancia de los reduccionismos que todo lo hacen depender de misioneros extranjeros, sostenidos por cuantiosos recursos financieros que buscan, según esta teoría conspirativa, sobre todo objetivos de control político.

Comienza por referirse a las motivaciones propiamente religiosas, de búsqueda y realización espiritual. Las desglosa en cinco, de las que hago un resumen: 1) La conversión, “el constante relato de un encuentro personal con Dios y Cristo, transmitido por la palabra bíblica, que salva y promete vida eterna”. 2) “La importante experiencia de sanidad que algunas iglesias […] han institucionalizado de manera muy exitosa. La concepción de la sanación es un elemento clave porque se cree que curar la enfermedad, el sufrimiento, y el dolor, físico y espiritual, es parte de una regeneración”. 3) “La experiencia del cambio ético”. 4) “El descubrimiento o resignificación en el uso de la Biblia se convierte en un ‘recetario ético-mágico’ para dar respuestas a preguntas, que los evangélicos expresan con citas bíblicas”. 5) La expectativa escatológica, el retorno de Jesús en el fin del mundo.6

Después de la conversión y/o decisión de la persona por agregarse a una iglesia evangélica, sobre todo de corte pentecostal popular, “sobreviene un segundo momento que va a definir su permanencia, o no, en el interior de la congregación: llegar a formar parte de una comunidad caracterizada por un sentimiento de igualdad básica, que comparte una impronta de orden moral y ético a partir de la cual la persona iniciará una fase, como un proceso de receptividad y aprendizaje del modelo construido por la congregación religiosa. El acto o experiencia de compromiso que se cultiva en su interior es, desde mi punto de vista, el elemento más importante, junto con el sentimiento de seguridad y bienestar, ya que brinda una gran motivación para que el fiel experimente cambios importantes de conducta”.7

En la comunidad de su nueva fe el converso es alguien, no ya “cualquierita”, como lo ha escrito el teólogo y pastor pentecostal Darío López. Se integran porque son bienvenidos, porque les abrieron la puerta, cuando en otros lugares mayormente encontraron exclusión y puertas cerradas:

[…] más que religión de los pobres o lugar de refugio para los excluidos, las comunidades pentecostales localizadas en zonas de miseria y carencias materiales son espacios sociales alternativos de recuperación de la dignidad humana. En ellos, además de una democratización de la palabra y una recuperación de la ciudadanía, germinan nuevas formas de comunicación y una propuesta teológica ‘informal’ que tiene como centro de su discurso oral la afirmación de la dignidad humana como un don de Dios […] Ahora ellos ya no son “cualquierita”, sino seres humanos con dignidad y derechos, personas que han pasado de una situación de exclusión a ser ciudadanos, y que han encontrado en una iglesia local el espacio social en el cual pueden canalizar todo su potencial humano”.8

 

La evaluación externa, sin ligas confesionales con las iglesias indígenas protestantes chiapanecas, tiene algo que decir sobre los efectos culturales de tales comunidades. George Collier, un conocedor de la cultura indígena alteña de Chiapas, al tratar de explicar el proceso de toma de conciencia de los indios no duda en reconocer como pioneros en este camino a los evangélicos que emigraron a la Selva y fueron construyendo sus espacios sociales de manera contrastante con los de otras adscripciones religiosas.

Las iglesias protestante y evangélica ofrecían congregaciones más participativas y democráticas de lo que muchos de los colonos estaban acostumbrados. Mujeres y niños eran bien recibidos e incluidos en los servicios religiosos, lo que contrastaba agudamente con las prácticas religiosas más patriarcales de la mayoría de los poblados de origen de los colonos. En vista de que estas nuevas formas de adoración tuvieron tan buena acogida, la iglesia católica de Chiapas oriental comenzó a adoptar algunas de las características más democráticas de las iglesias protestantes […]

Hace poco, mientras visitaba un poblado donde algunos exiliados protestantes de Zinacantán han empezado una vida nueva, escuché a Losha, una pequeña de cinco años, leer en voz alta un pasaje de la Biblia, en tzotzil. Más tarde acompañamos a Losha y a su familia a un oficio religioso en la iglesia presbiteriana del poblado: Uno de varios servicios a los que la familia asiste semanalmente. Un pastor indígena pronunció el sermón y habló de organizar una visita a Sekemtik, en Zinacantán, para apoyar a los protestantes del lugar. Lo que más me impresionó fue cómo la nueva religión había forjado un vínculo entre los residentes de esta comunidad, y la manera en que esta iglesia había atraído a mujeres y niños, tanto como a hombres, para conformar esta dinámica congregación, creando un espacio en el que la gente pudiera retar no sólo las limitaciones impuestas por género y alfabetismo, sino también aquellas que limitaban el acceso al derecho y la política, antes impenetrables.

El protestantismo ha colaborado a legitimar el alfabetismo que, a los ojos de muchos indígenas, se ha asociado de manera negativa con leyes y políticas represivas del gobierno ladino y, como tal, se ha considerado históricamente un reto a las convenciones y costumbres que organizan a la comunidad maya tradicional. Pero los campesinos están aprendiendo a leer y a escribir sobre su fe en sus lenguas indígenas y en español, y el alfabetismo está llegando a verse como algo propio y no como algo que representa al mundo de los ladinos.9

 

El historiador Juan Pedro Viqueira, que se ha destacado por deshacer los estereotipos de los indios imaginarios de muchos chiapanólogos de reciente aparición y medios masivos electrónicos, advierte sobre los peligros de un indianismo deshistorizado.10 Este autor subraya que es la capacidad de cambio y adaptación la que ha hecho permanecer las culturas indias, y no un apego irrestricto a la tradición como arguyen los etnógrafos culturalistas y los antropólogos esencialistas. Las creencias protestantes operaron cambios culturales que contribuyeron a fertilizar el terreno en el que trabajaron otros actores sociales, que igualmente enarbolaron la necesidad de cambios en la cultura tradicional.

Sin duda una de las paradojas más sorprendentes de la situación actual radica en el hecho de que gran parte de los actores sociales que más han contribuido al cambio en Los Altos y la Selva Lacandona enarbolan hoy en día la bandera de la defensa de la cultura indígena y de sus usos y costumbres. La Iglesia católica, las organizaciones campesinas independientes, los partidos políticos de izquierda, al igual que los zapatistas ensancharon la brecha abierta por las iglesias protestantes en los años cincuenta y sesenta. Combatieron el consumo ritual (e inmoderado) de alcohol de pésima calidad, se opusieron a los gastos excesivos en ocasión de las fiestas religiosas, enseñaron a leer y a escribir a muchos indígenas, pusieron a su alcance conocimientos teóricos y prácticos de gran utilidad para desenvolverse en el mundo actual, propiciaron una mayor igualdad entre hombres y mujeres, difundieron las leyes nacionales que los beneficiaban y les ayudaron a organizarse para defenderse de la explotación económica, y de la discriminación social y de la violación a sus derechos humanos más elementales.

Desgraciadamente el cambio cultural no tiene buena prensa en nuestro mundo globalizado y el discurso de la defensa de las culturas tradicionales tiene muchos más adeptos.11

 

Para Jean Meyer los sucesivos gobiernos de la Revolución mexicana favorecieron el crecimiento del evangelicalismo en Chiapas. Este no es el lugar para entrar en detalle con su tesis, solamente diré que el protestantismo se adaptó mejor al anticlericalismo revolucionario al basar su expansión en el trabajo de los laicos, mientras el catolicismo fue presa de su propio modelo clerical. De todos modos Meyer le reconoce “méritos propios al protestantismo”, que fue

…capaz de reproducirse por división, ventaja de un cuerpo de pastores casados, formados instantáneamente, organizados en pequeñas comunidades (un pastor por cada trescientas persona, es decir, treinta familias); una organización que descansa en un liderazgo popular procedente de las mismas comunidades. La entrada en una iglesia protestantes implica un cambio radical de vida, el abandono del alcohol, del tabaco, etcétera…, lo que causa una verdadera revolución en la vida y economía de la familia. El beneficio inmediato es visible y comprobado, La crítica contra las fiestas religiosas con sus gastos y despilfarros, es parte del embate radical contra el costumbre. En este sentido, el protestantismo resulta muy atractivo en zonas indígenas y también en zonas culturalmente diferentes, pero con los mismos problemas socioeconómicos. La conversión es un factor de promoción social y de mejoría económica.12

 

Los tres autores citados comparten la idea de que el protestantismo en tierras indias de Chiapas ha sido un factor de cambios culturales benéficos para las comunidades, y que en lugar de erosionar la indianidad la ha reelaborado a partir de cambios religiosos ya bien enraizados. El proceso literalmente ha costado sangre de quienes se atrevieron a retar con sus prácticas religiosas innovadoras a las comunidades tradicionales.

Mientras en las cúpulas políticas e intelectuales, tanto de derecha como de izquierda, se han ocupado de filosofar, lo que no está mal pero es insuficiente, sobre los significados de la indianidad del Continente y las implicaciones culturales de la Conquista española en la construcción del ethos nacional, por su parte grupos de misioneros evangélicos se dieron a la tarea de ir a compartir la cotidianidad de los indios e indias concretos.

Ese pequeño acto de ir a compartir la vida en las mismas condiciones de marginalidad en que sobreviven las comunidades indias, es un mensaje y un acto que ha sido aquilatado por quienes reciben a los misioneros. Cuando en amplias zonas de la nación discriminan a los indígenas, éstos comprueban que hombres y mujeres que dicen llegar a sus poblados movidos por el deseo de servirles cumplen su palabra y se hacen uno de ellos.

Los misioneros exógenos, ya sean de otros países o nacionales, junto con los primeros conversos inician una encomiable labor que les lleva muchos años (incluso décadas): traducir la Biblia a la lengua del grupo lingüístico con el que conviven. Tal encomiable labor pone a la lengua antes carente de expresión escrita en un plano de igualdad con otros idiomas que desde hace varios siglos cuentan con esa calidad. Para los tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, zoques y mames evangélicos de Chiapas, pero que tienen su símil entre otros pueblos indios latinoamericanos, el contar con la Palabra de Dios (título que más usan) ha significado su independencia de la Biblia “en castilla” –así le llaman a lo que la generalidad de los mexicanos denominan idioma español- y la posibilidad de construir su propia teología, con fortalezas y debilidades como las de cualquier otro grupo humano.

La Biblia en los múltiples idiomas indios de América Latina es un logro en varios órdenes, entre ellos el cultural. En lugar de “robarle” su cultura, que no es inmóvil sino, como todas las culturas, dinámica, lo realizado por los traductores de aquel libro ha fortalecido una expresión fundamental de los pueblos, la lengua. En tanto que por un lado quienes se sienten propietarios de los indios y pretenden, desde afuera, decidir sobre lo que deben adoptar o desechar los indígenas, por el otro éstos han decidido apropiarse de la Biblia y basar en ella sus creencias, a veces en línea con el protestantismo clásico y en ocasiones divergentes del mismo.

Una de las distorsiones que sigue campeando en el Continente es la que acusa de aviesos intereses a los traductores de la Biblia a los idiomas indios. Tales lingüistas estarían, según la teoría conspirativa, realizando su labor con propósitos de dominación política y económica. Y como sin decirlo, porque se guardan de ser políticamente correctos, consideran a los indios e indias incapaces de descubrir por sí mismos las actividades encubiertas de los misioneros, entonces son imprescindibles los hombres y mujeres con títulos académicos para defender a los indígenas. En su bien construido romanticismo indiano, la casta académica y mestiza se niega a ver que los indígenas edifican sus propios caminos para incorporarse a la globalidad, y uno de esos caminos es el de hacer suya la Biblia al leerla y predicarla en su lengua.

Otra contribución de los indígenas evangélicos es la de ser alternativa al colonialismo interno perpetrado por generaciones al interior de los pueblos indios. En muy buena medida la organización social india es resultado de la Colonia, del patrimonialismo político y religioso católico español. Al reivindicar su derecho a cambiar la religión tradicional por una elegida en el amplio abanico que representa el cristianismo evangélico, los indios que se convierten y comienzan a vivir con nuevos referentes de ideas y éticos, se están oponiendo a la uniformización sociorreligiosa y cultural para hacer válido su derecho a la diversificación.

Por lo anterior esos disidentes son precursores, lo que no se les ha reconocido, de la lucha por la vigencia de los derechos humanos en los pueblos indios. Cuando nadie reivindicaba el tema en esas poblaciones, los indígenas protestantes enarbolaron la bandera de su derecho a tener creencias distintas, a defender su libertad de conciencia ante la violencia simbólica y física. Al hacerlo estaban abriendo su comunidad a otros cambios. Ellos y ellas no pretendieron imponer sus nuevas creencias, pero sí dieron, y lo siguen haciendo, la gesta por los derechos humanos y la construcción de una nueva identidad. No es poca cosa, al contrario, es una labor silenciosa, pero efectiva y trascendente, que se ha desarrollado en los márgenes de la nación y acerca el tema al centro de los debates culturales.

El progresismo, que en el tópico que estamos desarrollando es conservador, frecuentemente niega el derecho de los indios al cambio religioso. Su interés lo explica con argumentos endebles y propios de una concepción social uncida al catolicismo más rancio. Para justificar su postura elaboran modelos de indios imaginarios, ahistóricos, y los contraponen a los remisos indígenas que por su cuenta y riesgo nada más, pero nada menos, quieren ejercer el derecho a ser “aleluyas”.

Las contribuciones señaladas dejan ver uno de los mejores rostros que puede mostrar el cristianismo evangélico en América Latina. Cuando el criollismo del Continente proclamaba que el futuro de nuestros países era desindianizar a las naciones, de manera silenciosa pero decidida un sector del protestantismo tuvo la lucidez de mirar a los pueblos indios con otros ojos, los de la identificación con sus necesidades.

En el tópico hay muchas historias que deben ser rescatadas, para que alcancen más allá de los ámbitos en que tuvieron lugar. Historias de misioneros y creyentes locales que se atrevieron a vislumbrar otros horizontes para sus vidas personales y las de sus coterráneos. Granos de mostaza que germinaron y crecieron donde otros sólo veían páramos, tierras secas y áridas.

En el protestantismo popular indígena de Chiapas existen los mismos peligros presentes en su contraparte blanca o mestiza: una lectura descontextualizada y mágica de la Biblia; religiosidad que se agota en sí misma y no se ocupa de transformaciones éticas personales y colectivas; corporativismo que anula el principio del sacerdocio universal de los creyentes para privilegiar cúpulas de liderazgo; crecimiento cuantitativo que no va acompañado de formación educativa y discipulado; exaltación de ciertos oficios sobre los demás ministerios (apóstoles, profetas, salmistas); exacerbada identificación del actual Israel con el pueblo bíblico de la promesa; corrupción de los liderazgos; participación política electoral con escasa reflexión bíblica y desconocimiento de las fuerzas que compiten y sus puntos programáticos; tentación constantiniana que vulnera al Estado laico; negación de derechos a otros y otras debido a un estrecho entendimiento doctrinal; desdén por la preparación intelectual y teológica; y desconocimiento de los antecedentes históricos que posibilitaron el enraizamiento evangélico en América Latina.

Uso para concluir una figura descriptiva/interpretativa elaborada por Samuel Escobar para plantearse por donde irá el protestantismo latinoamericano, y la traslado al protestantismo indígena chiapaneco. Su futuro está entre la promesa y la precariedad.13 Hacia dónde se inclinará dependerá de múltiples actores y factores. La promesa de crear hombres y mujeres nuevos, construir ciudadanía consciente de sus derechos y responsabilidades (personalidades democráticas), es un reto que de cumplirse pudiera leudar al conjunto de la sociedad. Por otro lado está la precariedad de agotarse en un mero cambio religioso, pero que culturalmente sigue reproduciendo los peores rasgos del caudillismo latinoamericano.

1 Citado por Samuel Escobar Aguirre, “La presencia protestante en América Latina: conflicto de interpretaciones”, en Samuel Escobar Aguirre, Estuardo McIntosh y Juan Inocencio Silva, Historia y misión, revisión de perspectivas, Ediciones Presencia-Ediciones Puma, Lima, 1994, p. 17.

2 Carolina Rivera Farfán, “Id y predicad el Evangelio… difusión cristiana y recomposición del escenario religioso en Chiapas”, en Marco Estrada Saavedra (editor), Chiapas después de la tormenta: estudios sobre economía, sociedad y política El Colegio de México-Gobierno del Estado de Chiapas-Cámara de Diputados LX Legislatura, México, 2009, p. 293.

 

3 Carolina Rivera Farfán, “Pentecostalismo en Chiapas”, en Margarita Nolasco, Marina Alonso, et. al. (coordinadoras), Los pueblos indígenas de Chiapas. Atlas etnográfico, Gobierno de Chiapas-Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2008, pp. 321-324.

 

4 Carolina Rivera Farfán, “La comunidad eclesial y la comunidad moral: ¿dos realidades en sintonía?”, en Carolina Rivera Farfán y Elizabeth Juárez Cerdi (editoras), Más allá del Espíritu. Actores, acciones y prácticas en iglesias pentecostales, CIESAS-El Colegio de Michoacán, México, 2007, p. 119.

 

5 Carolina Rivera Farfán, op. cit., 2009, p. 297.

6 Ibíd., pp. 299-300.

 

7 Ibíd., p. 301.

 

8 Darío López, Pentecostalismo y transformación social, Ediciones Kairós, Colección Fraternidad Teológica Latinoamericana, núm. 7, Buenos Aires, 2000, pp. 59-61.

9 George A. Collier, ¡Basta! Tierra y rebelión zapatista en Chiapas, UNACH-Institute for Food and Development Policy, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1998, pp. 77-78, 81.

 

10 Juan Pedro Viqueira, “Los peligros del Chiapas imaginario (versión ampliada y corregida)”, Anuario 1999, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica-Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2000, pp. 9-81.

 

11 Juan Pedro Viqueira, “¿Identidades contrapuestas o sobrepuestas? Indígenas y ladinos en Chiapas”, Este País, tendencias y opiniones, núm. 100, julio de 1999, p. 13.

12 Jean Meyer, Samuel Ruiz en San Cristóbal, 1960-2000, Tusquets Editores, México, 2000, pp. 55-56.

13 Samuel Escobar, “The Promise and Precariousness of Latin American Protestantism”, en Damiel R. Miller (editor), Coming of Age: Protestantism in Contemporary Latin America, University Press of America, Lanham, Maryland, 1994, pp. 3-29.

 

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Falsos evangelios de hoy

Publicado: octubre 25, 2014 en Iglesia

Han surgido algunos «otros evangelios» que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos tan tajantes como en la carta a los Gálatas.

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Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos estén sembrando confusion entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!.. ahora lo repito … ¡que caiga bajo maldición! (Gálatas 1:6-9)

Para Pablo las buenas nuevas eran el tesoro más grande de nuestra vida en Cristo, y por lo tanto era un «pecado teológico imperdonable» tergiversar o negar el evangelio, como hacían algunos maestros que habían engañado a los gálatas.  El mismo apóstol que pudo decir, con profunda convicción cristiana, «No me avergüenzo del evangelio», pudo, con la misma convicción, declarar malditos los predicadores de cualquier «otro evangelio».

Los gálatas habían aprendido de Pablo el evangelio de la gracia, pero, engañados por algunos cristianos judaizantes, habían recaído en las exigencias de la ley (comidas, circuncisión, nuevas lunas etc).  Con eso, les dice Pablo, han roto con Cristo y han caído de la gracia (5:4); ya «Cristo no les servirá de nada» (5:2). Pablo denuncia ese «evangelio legalista» como un falso evangelio, un «otro evangelio» que «tergiversa el evangelio de Cristo» (1:6-7).

Hace cincuenta años un sector amplísimo de los «evangélicos», especialmente de los Estados Unidos y de América Latina, era de hecho más legalista que evangélico. Para estar bien con Dios, la fórmula era «No fumar, no tomar, no bailar y no ir al cine» (y para algunos, no jugar futbol ni tocar instrumentos mundanos como la guitarra y la marimba).  Ellos seguían, sin darse cuenta, el «no-evangelio» que denunció Pablo tan vehemente en esta epístola.

Hoy día, a Dios gracias, ese legalismo ha sido mayormente superado y la tentación ahora puede ser más bien el libertinaje.

Sin embargo, han surgido algunos «otros evangelios» que estamos seguros que San Pablo hubiera denunciado en términos igualmente tajantes.  Veamos algunos de ellos:

(1) EL EVANGELIO DINERO-CÉNTRICO [1]

Se predica «otro evangelio» no sólo por negar una verdad o enseñar un error, sino también por desenfocar el mensaje.  Muchas herejías parten de algún aspecto de la verdad, pero lo toman aisladamente y lo exageran y distorsionan. A menudo toman algo periférico y secundario, y lo colocan como central y hasta excluyente. El resultado es un «evangelio ex-céntrico», desbalanceado, que termina siendo «otro evangelio». Una verdad fuera de proporción y fuera de su enfoque bíblico, fácilmente se convierte en una herejía.

Así es el caso de la teología de la prosperidad.  Parte de enseñanzas bíblicas muy secundarias, las hacen centrales y definitivas, y contradicen (a lo mejor sin darse cuenta) enseñanzas mucho más claras y centrales de las escrituras. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de «la bendición de Dios que enriquece», y cita la prosperidad de Abraham y otros.  Pero todo el énfasis bíblico cae más bien en la justicia y la igualdad, como se puede ver en la legislación social y económica de Israel`. especialmente el año sabático (Lev 25:1-7; Deut 15, cancelación de deudas y leyes de ayuda a los pobres) y el año de jubileo (Lev 25, con reforma agraria y mucha legislación social).

Los predicadores de la prosperidad han inventado una supuesta «ley de la siembra», malinterpretando 2 Cor 9:10.  Convierten una simple analogía agrícola en una especie de ley natural automática, comparable a la ley de la gravedad o las leyes de la astrofísica.  Pero olvidan que el gran tema central de ese pasaje (2 Cor 8-9), lejos de ser fórmulas mágicas para acumular riquezas, es la invitación a los corintios a demostrar su gratitud a Dios, precisamente ayudando a los pobres de Jeruslén (cf. 1 Cor 9:8-9, el versículo inmediatamente anterior a la analogía agrícola).  El modelo es aquel que «siendo rico se hizo pobre por nosotros» (8:9), no el «testimonio» de algún pobre que se hizo rico o, aún más común, de un rico que se hizo más rico, sin mencionar aquellos que «sembraron» pero nunca salieron de su pobreza. Además, 8:14 insiste dos veces en que Dios quiere la mayor igualdad posible, no el enriquecimiento desproporcionado de algunos pocos.

Fuera del mundo evangélico, la teología de la prosperidad ha sido un escándalo y un tropiezo, una vergüenza para la fe.  Alberto Cañas, renombrado autor costarricense, lo caracterizó como la doctrina que «el rico lo es porque Dios lo premia, y el pobre porque Dios lo castiga.  Ergo, los ricos son los elegidos de Dios» (La República, 4 de julio de 2007).  Esa es la impresión que produce esa teología entre los de afuera.

El evangelio, en cambio, nos llama a entregarnos para que todos tengan lo suficiente, que la brecha entre ricos y pobres sea mínima, y que no haya injusticia.

(2) EL EVANGELIO DEMONIO-CÉNTRICO

También conocido como «guerra espiritual». Este movimiento ve demonios por todos lados y tiende a enfocarse mucho más en ellos que en Cristo.  Interpretan toda la vida como una lucha contra Satanás y sus huestes. Es cierto que los evangelios presentan numerosos casos de individuos poseídos por demonios, a los que exorcizó Jesús. Es una realidad que no debe negarse, pero no es central en los evangelios ni debe ser central en nuestra experiencia de fe.  Karl Barth dijo una vez que los poderes demoníacos son una realidad, pero no debemos mirarlos más que por el rabo del ojo.  Concentrarnos en ellos es darles gusto y darles un poder que de otra manera no tendrían. Por cada mirada hacia ellos, debemos echar diez miradas hacia Cristo.

En las epístolas de San Pablo, lo demoníaco se manifiesta en «principados y poderes, tronos y coronas», o sea, en fuerzas y estructuras de maldad, no en individuos con espuma en la boca. El Apocalipsis es el libro del Nueva Testamento que más énfasis pone en el diablo y sus aliados, pero lo ve definitivamente en el imperio romano (Apoc 13:2; 17:9-11).  Los militantes de la guerra espiritual ven demonios muchas veces donde no están, pero quedan totalmente ciegos a la presencia diabólica donde realmente está.

Hay una clara veta de belicismo en esta teología; practicarlo es un poco como jugar a guerra con Nintendo o gozarse sádicamente en películas de tortura.  Una vez una hermana evangélica me confesó ingenuamente, «A mi me encanta la guerra espiritual, es muy emocionante». Por eso, los mismos que practican «liberación» por medio de exorcismos, no tienen el menor problema en apoyar incondicionalmente el militarismo criminal del Pentágono o los ejércitos y dictadores asesinos de sus propios países.

El diablo es real, y sus huestes son reales, pero en conjunto todos son un enemigo ya vencido por Cristo. No tenemos por qué fijarnos obsesivamente en ellos.  Apocalipsis aún se burla un poco del ellos.  Al pobre dragón de Apocalipsis 12, absolutamente nada le va bien; es un fracaso total, es de veras un pobre diablo.  Más adelante vemos al dragón y sus aliados no sólo vomitar, sino vomitar ranas; las criaturas más feas que han salido de la mano del Creador salen ahora de las bocas de ellos.  Porque el Apocalipsis sabe que el diablo está derrotado ya, puede reconocer toda su realidad sin temerlo por un segundo ni cederle una pulgada.  Porque ha concentrado toda su mirada en el Cordero, puede mirar al dragón «por el rabo del ojo» mientras celebra el triunfo del Crucificado.

(3) EL EVANGELIO MILAGRO-CÉNTRICO

No cabe duda de que los milagros son importantes en las escrituras e importantes para nuestra fe, pero nuevamente, una teología cuyo énfasis principal cae en los milagros, como tema casi exclusivo, no es el evangelio que proclama el Nuevo Testamento.  Los milagros son señales, y con cada milagro debemos preguntarnos, «¿Qué nos está diciendo Dios con esta señal?»  Como bien ha dicho Plutarco Bonilla, «Los milagros también son parábolas».  El milagro no es un fin en sí sino ocurre en función de la historia de la salvación, dónde Dios quiere y cuándo Dios quiere.  Durante períodos enteros de la historia bíblica, y en la vida de grandes héroes de la fe, no ocurrieron milagros. Abraham, por ejemplo, o Samuel, David o los profetas bíblicas, no se caracterizaron por poderes milagrosos.  Los milagros son muy legítimos en su lugar, pero su lugar no es en el centro de nuestra fe y vida cristiana.

Originalmente los dones se entendían como la acción de Dios al dar; un don de sanidad, por ejemplo, era básicamente el acto de Dios al darle salud al enfermo, no una fuerza especial que poseyera alguna persona para lograr milagros. Por eso, cuando Dios sanó al cojo por medio de Pedro y Juan, éstos dijeron, «¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham … ha glorificado a su Hijo Jesús» (Hech 3:12-13).  Poner los ojos en un «sanador» humano suele ser señal de un evangelio milagro-céntrico.

Gracias a Dios por todos sus dones maravillosos y por su gran poder.  Pero cuando esos milagros ocupan el centro de nuestra fe y nuestras vidas, en vez de Dios y su Hijo Jesucristo, fácilmente termina siendo «otro evangelio» al que correspondería la vehemente denuncia del Apóstol Pablo.

(4) EL EVANGELIO RAPTO-CÉNTRICO

Esta es la variante escatológico-profética del evangelio milagro-céntrico.  En este caso, la fe se centra en que Cristo vendrá a «levantar a su iglesia» y llevarla al cielo antes de que comience la gran tribulación. El hecho es que esta ferviente expectativa del rapto de la iglesia domina la fe de millones de evangélicos, y a veces es toda su esperanza.  Hace unos años escuché el testimonio de una persona recién convertida, quien dijo: «Ahora siento un alivio muy grande, pues no sufrirá los terrores de la gran tribulación ni iré al infierno después».  Un popular predicador televisivo, más charlatán que expositor bíblico, solía preguntar al público, «¿Cuántos esperan la venida de Cristo?».  A los que levantaban la mano respondía frívolamente, «¡Equivocados! No esperamos a Cristo sino al rapto de la iglesia».

Cabe un debate serio en cuanto a la enseñanza novotestamentaria sobre la venida de Cristo y el mal llamado «rapto». A favor del rapto pre-tribulacionista hay argumentos válidos, mayormente inferenciales o cuestionables exegéticamente; creo que de hecho, son mucho más fuertes los argumentos exegéticos en contra de tal interpretación.  Pero en cualquier caso, el rapto es de los temas menos importantes en el Nuevo Testamento y jamás debe ocupar el centro de nuestra fe y esperanza.

La palabra «rapto» nunca aparece en la Biblia sino que se deriva de la Vulgata (traducción al latin). En 1 Tesalonicenses 4:17 «seremos arrebatados» es un verbo pero «al encuentro con el Señor», en el griego original, es un sustantivo. Ese «encuentro» era un momento importante en las venidas de grandes personajes como el emperador, generales victoriosos y otros, y aquí, la de nuestro Señor Jesucristo. En la interpretación bíblica y la teología, es peligroso cambiar verbos de acción («arrebatar») en sustantivos abstractos («el rapto»).  En el texto de San Pablo, el verbo «seremos arrebatados» no es más que transporte para llevarnos a lo que realmente importa, que es precisamente la gloriosa esperanza de «nuestro encuentro con él».

El «evangelio rapto-céntrico» no sólo confunde verbos con sustantivos abstractos, sino también confunde lo que es mero «transporte» con lo que es realmente importante, el encontrarnos con aquel que hemos amado sin haberlo visto (1 Pedro 1:8).  Cualquier evangelio rapto-céntrico en vez de Cristo-céntrico es un evangelio falso que recibe la condena del apóstol Pablo.

(5) EL EVANGELIO EGO-CÉNTRICO

Un denominador común de estos «evangelios que no son» es su egocentrismo.  Proclaman un evangelio de ofertas, lo que Dietrich Bonhoffer calificó de «gracia barata». Te ofrece, sin las exigencias del costoso discipulado, la prosperidad, el poder y la victoria, la sanidad y la profecía y el escape de la gran tribulación y del infierno. Vienen al caso las palabras de José Martí en cuanto a los curas y predicadores de su época:

¿Qué juicio debes de formar de un hombre que dice que te va a hacer un gran bien, que lo tiene en su mano, que sin él te condenas, que de él depende tu salvación, y por unas monedas de plata te niega ese inmenso beneficio? ¿No es ese hombre un malvado, un egoista, un avaricioso? ¿Qué ideas te haces de Dios, si fuera Dios de veras quien enviase semejantes mensajeros?

Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero, que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan les manda al cielo, ese Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro Dios!

¡Cuánta falta nos hace a todos los cristianos hoy meditar seriamente en el soneto anónimo y muy evangélico del siglo XVI:

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

Si no debe ser el cielo que nos motiva a amar a Dios, mucho menos debe ser «la prosperidad o la salud milagrosa que me tienes prometida» (aún cuando esas cosas sean legítimas).  Si el temor al infierno no debe motivar nuestra fe, mucho menos debe ser el temor a los demonios o a «la gran tribulación tan temida, para dejar por eso de ofenderte». Cualquier «evangelio» que se centra sólo en ofertas, de ganga y baratillo, definitivamente no es el evangelio del Nuevo Testamento.

EL EVANGELIO CRISTO-CÉNTRICO

Es el único evangelio verdadero, que juzga y denuncia, igual que Pablo, a todos los «pseudo-evangelios» ex-céntricos y egocéntricos de nuestro tiempo.  Su único centro inconmovible es Jesucristo, el Verbo hecho carne, en cuya muerte y resurrección está nuestra única salvación.  Llama la atención la ausencia del mensaje de la cruz en los «evangelios» tan populares en estos días. «Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado», porque para nosotros el mensaje de la cruz es «poder de Dios, y sabiduría de Dios» (1 Cor 1:24; 2:2; cf. Fil 3:7-10).

El verdadero evangelio es un mensaje de salvación por la gracia de Dios, pero no por la gracia barata; de justificación por la fe, pero por «la fe que obra mediante el amor eficaz» (Gál 5:6 paráfrasis personal). Jesucristo nos llama a tomar la cruz y seguirlo a él (Mat 16:24), no sólo a ser creyentes o miembros de alguna iglesia.  Nos manda al mundo, no a comerciar con una serie de productos religiosos, ni tan sólo producir simpatizantes «que creen todo lo que os he enseñado», sino a hacer discípulos, dijo Jesús, «que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mat 28:20). Cristo nos llama a todos a la aventura del discipulado radical.

Hay «evangelios» hoy que dan vergüenza al evangelio.  Pero del verdadero evangelio podemos decir con San Pablo,  «No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todos… « (Romanos 1:16).

 

[1] Debo los dos primeros títulos (dinero-céntrico y demonio-céntrico) a un excelente sermón del pastor Ricardo Salazar de la Comunidad Vida Abundante en Coronado, San José de Costa Rica.

 

http://protestantedigital.com/magacin/34281/Falsos_evangelios_de_hoy


BRISA FRESCA AUTOR Will Graham

LuteroImagen de la película ‘Lutero’ (2003) con Joseph Fiennes.

Esta semana nos encontramos en Alemania donde un joven predicador y teólogo agustiniano está causando un revuelo en su comunidad local. Se trata del doctor Martín Lutero (33) profesor de Teología bíblica en la Universidad de Wittenberg.

El nombre de Lutero ha estado en la boca de miles de alemanes desde que anunció que se opondrá públicamente a la venta de indulgencias este próximo 31 de octubre de 1517. Por esta misma razón, hemos viajado hasta aquí con el fin de hacerle una entrevista exclusiva para Protestante digital.

Will Graham (WG): Gracias por recibirnos con tanto cariño, doctor Lutero.

Martín Lutero (ML): Por favor, Martín. Somos hermanos en Cristo.

WG: Bueno, Martín, nuestros lectores en España están ansiosos por saber qué es lo que exactamente va a pasar día 31. ¿Qué tienes en mente?

ML: Todo se revelará, Will. Prefiero no hablar sobre mis planes todavía.

WG: ¿Pero nos puedes confirmar si te sigues oponiendo a la venta de indulgencias?

ML: Sí, en efecto, es así. Estoy cien por cien en contra de las indulgencias.

WG: ¿Por qué?

ML: ¿Por dónde empiezo? La indulgencia es una blasfemia abominable, hija de falsa doctrina. ¡Como si el perdón y el favor de Dios se pudiesen comprar! ¿Qué no venderán por amor al dinero? Dijo el apóstol: “Tu dinero perezca contigo porque has pensado comprar el don de Dios con dinero”. ¿Por qué el Papa no prefiere construir esa catedral de san Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres cristianos? La verdad es que estoy muy desilusionado con una gran parte de mi Iglesia. Percibo que se están distanciando cada vez más de la sencillez del relato del Evangelio. Me pregunto todos los días: ¿dónde están los cristianos verdaderos?

WG: ¿Cómo definirías tú un ‘cristiano verdadero’?

ML: Un cristiano significa tener el Evangelio y creer en Cristo. Esta fe –y nada más que la fe- trae el perdón de los pecados y la gracia de Dios. ¡Nada, pues, de indulgencias! La fe viene sólo del Espíritu Santo que la crea sin nuestra intervención y colaboración. Es la obra propia de Dios. Esta fe tolera solamente que el Espíritu Santo la moldee y la forme como el alfarero hace una vasija de barro o arcilla.

Semejante cristiano verdadero cree en Cristo y confiesa que sólo por Él alcanzamos el perdón de los pecados, la vida eterna y la bienaventuranza por mera gracia y misericordia, sin ningún mérito o dignidad o indulgencia por nuestra parte.

WG: Si entiendo bien tu argumento, estás diciendo que las indulgencias usurpan el lugar que corresponde al Espíritu Santo en el Evangelio, ¿es así?, ¿o me equivoco?

ML: Exacto. Es tan necesario apartar la vista de los becerros de oro contemporáneos y mirar directamente al hombre llamado Cristo. Sólo podemos hacer esto en el poder del Espíritu. Por Jesús tenemos consuelo contra la muerte y el pecado. ¡No por las indulgencias!

Nuestro amado Salvador sufrió la muerte por nosotros y obtuvo la victoria para nuestra paz y protección y se sienta a la diestra de su Padre divino para defendernos. Cristo es todo suficiente. No hace falta manipulación humana. Mi mensaje es: ¡sólo Cristo!, ¡sólo fe en Él!

WG: Algunos te han criticado precisamente por esa misma razón. Dicen que por hacer tanto énfasis en la fe que te has olvidado de la razón. ¿Te parece una crítica apropiada, correcta?

ML: No. De ninguna forma. Tales personas no han entendido mi teología. Déjame explicarte la relación entre la fe y la razón a la luz de las Escrituras.

Antes de que un hombre nazca de nuevo, la razón frente a la fe y al conocimiento de Dios es mera oscuridad. No sabe ni entiende nada de cosas divinas. Sin embargo, un creyente renacido e iluminado por el Espíritu Santo es un excelente instrumento de Dios. Todos los dones de Dios e instrumentos y habilidades son perjudiciales en los impíos. En cambio, en los piadosos son saludables.

Entonces la razón favorece la fe. Sirve a la fe cuando antes la impedía. La razón iluminada por la fe recibe vida de ella, puesto que ha muerto y resucitado. A la luz del día, cuando hay claridad, nuestro cuerpo se levanta mejor, más seguro y más hábil y se mueve, anda y obra mejor que en la noche, en la oscuridad. Así también nuestra razón tiene otro modo de ser. Ya no lucha ni lidia contra la fe como anteriormente, cuando no estaba iluminado, sino ayuda más bien a la fe y la sirve.

WG: Gracias por esta explicación tan espléndida. Así que no es pecado pensar. ¡Aleluya! ¿Y podrías aclararnos la relación entre la fe y las obras también?

ML: Con mucho gusto. Por la fe recibimos un nuevo corazón puro. Las buenas obras son una consecuencia de nuestra regeneración y del perdón de los pecados. Y lo que de pecado o defecto en las obras haya, no será contado como tal, precisamente por amor de Cristo; antes al contrario, tanto la persona como las obras del hombre serán consideradas justas y santas por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, gracia y misericordia que han sido abundantemente derramadas sobre nosotros.

De aquí se desprende la imposibilidad de poder preciarnos de nuestras obras y sus méritos, a no ser que Dios las considere bajo su gracia y misericordia; como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor”.

WG: Es decir, ¿la fe siempre produce buenas obras?

ML: Efectivamente.

WG: ¿Y por qué piensas que tantas personas procuran ser salvas por sus obras?

ML: Porque eso es lo que sucede cuando hay duda. No confían en el Evangelio de Dios. Las personas que andan así son como un siervo, harto desesperado que muchas veces se vuelve loco. Quién no está de acuerdo con el Evangelio en su corazón, empieza a buscar y a preocuparse cómo poder satisfacer a Dios y conmoverle con muchas obras. Peregrina a Santiago, a Roma, a Jerusalén, para acá y para allá; reza las oraciones; esto y aquello; ayuna en ese día y en aquél. No obstante, no halla tranquilidad, y realiza todo eso con gran pesadumbre, desesperación y aflicción del corazón.

De todos modos, ésas no son buenas obras. Todas ellas son vanas. No glorifican al Dios del Evangelio porque surgen de la duda y no de la fe.

WG: Y, si me permites hacerte una pregunta personal, ¿por qué obedeces tú a Dios?

ML: Pues, le obedezco porque tengo fe. Ahora todo lo hago con el corazón alegre, apacible y seguro. Me siento libre. Es para mí un placer el agradar a Dios de esta manera y sirvo a Dios sinceramente y sin interés alguno. Me basta con que a Dios le agrade.

Podemos verlo en un común ejemplo humano. Cuando un hombre o una mujer confían en el amor y la complacencia del otro y confían firmemente, ¿quién les enseña cómo comportarse, qué se debe hacer, dejar de hacer, callar o pensar? La sola confianza les enseña todo esto y más de lo que hace falta.

WG: Preciosa analogía. Tenemos que ir terminando, hermano, porque sabemos que eres un hombre muy ocupado y tienes que dar clase esta tarde. Un par de preguntas finales. La primera sería si estás preocupado por las consecuencias que conllevarían tu oposición pública hacia las indulgencias.

ML: ¿Preocupado? Estoy más preocupado por ofender a mi Dios. Mi conciencia está ligada a su Palabra. Sé que el Señor me protegerá porque estoy defendiendo su causa, su verdad. Ahora bien, si alguien me convence de la falsedad, estaré pronto y dispuesto a retractarme de todo error. Seré el primero en denunciar mi doctrina. Así que salvo el caso de que me venzan y me refuten con testimonios de las Sagradas Escrituras o con argumentos públicos, claros y evidentes, no cambiaré mi postura tocante a las indulgencias.

WG: Finalmente, hermano Martín, ¿hay algo que te gustaría decir a los creyentes de España?

ML: Pues, qué estén firmes en la fe, entendiendo que todo verdadero cristiano participa de todos los bienes espirituales de Jesucristo y de la Iglesia por la gracia de de Dios y sin bulas de indulgencia. Qué no pierdan su temor a Dios y qué confíen en Él sobre todas las cosas.

WG: Muchas gracias por tu tiempo. Estaremos todos atentos esperando las noticias del próximo 31 de octubre. Muchas bendiciones de parte de tus hermanos en Cristo de la península ibérica.

ML: Amén, gracias. A Dios sea la gloria.

 

 

* Las citas de Lutero están sacadas del libro Martín Lutero: Antología (Editoral Pleroma: Barcelona, 1983).

 

http://protestantedigital.com/magacin/34261/Entrevista_exclusiva_con_Lutero

Jesús aún hoy habla con autoridad

Publicado: octubre 25, 2014 en Iglesia, Teología

El 31 de octubre se cumplirán 497 años de la Reforma Protestante. Se recuerda ese día al clérigo católico romano Martín Lutero que, a costa de la excomunión papal y la condena de muerte, hizo públicas sus 95 tesis contra la corrupción eclesiástica reinante. Las ‘Cinco Solas’ son las frases que resumen su legado.

El Evangelista Mateo viene de narrar el llamado de Jesús a los que el Padre le había dado para que fuesen sus discípulos íntimos1; entonces, cierra el capítulo cuatro con esta información:

«Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.» 2

El capítulo 5 del Evangelio según Mateo comienza definiendo claramente una situación que no nos resulta extraña en nuestra época de movilizaciones masivas, pero que sí lo fue en el siglo I de nuestra era; más aún en el contexto histórico en el cual ministraba el Maestro de Galilea.

«Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.» 3

Permítame el lector contrastar el relato con estos tiempos que vivimos, tan marcados por un desmedido afán de notoriedad instalado en todas las actividades humanas como una necesidad básica más. Esta realidad, estudiada por sociólogos y psicólogos sociales, es aprovechada por empresas líderes para elaborar estrategias de venta e incrementar sus beneficios.

Los que nos ocupamos de las mayorías sin voz y de los reclamos de las minorías movilizándose para ser escuchadas, también denunciamos la ilimitada ambición de liderazgo de los codiciosos. Tomamos partido por los primeros y nos oponemos a las maniobras de los segundos.

Sin embargo, es necesario decir que la patología urbana más contagiosa es aquella que nos hace creer que el mundo gira alrededor nuestro; que todo es según como yo lo vea, sea como individuo o como parte de un colectivo determinado. Desde este contexto, intentando ser objetivos y utilizando los parámetros actuales, cualquiera podría preguntar

¿Por qué razón Jesús no aprovechó la fama que tenía para conducirse como un líder natural?

Jesús no buscaba a la gente, era seguido por ella. ¿No es eso clave para ser un líder poderoso?

En lugar de ello, Jesús da la espalda a la multitud, sube al monte y se sienta. Hay quienes ven en esto una interesante relación con el significado que tenían los montes en el pueblo de Israel4. Entonces llegan tras él sus discípulos; sin descansar, el Maestro inicia su doctrina:

«Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.» 5

Escribí algo sobre ‘las bienaventuranzas’6 a fines del año pasado; pero este no es justificativo para afirmar que ya no hay más que pueda decirse sobre ellas; lo contrario es lo correcto. Amigos que buscan la verdad solo en la Palabra revelada al hombre en la persona de su Hijo Jesucristo me dan prueba de ello.

No soy el único que, al leer las ‘bienaventuranzas’ con la mente y el corazón dispuestos, descubre en ellas aspectos más profundos de la verdad. Este privilegio ocurre con los que escudriñan la Palabra revelada sin condicionarla con credos, dogmas u otras formas impuestas por hombres – por bien intencionadas, tradicionales y muy institucionalizadas que sean – ya que las riquezas de este tesoro que nos ha regalado Dios son insondables7.

Puede que la experiencia de otros contribuya a mejorar nuestra relación con la Escritura; pero es la de primera mano la que sacia la sed del espíritu; así como las aguas de un manantial refrescan y renuevan al sediento y fatigado caminante.

Los que no entienden o repiten mal el Evangelio son aquellos que usan el método deductivo; van de lo particular a lo general y, sin cotejar el texto con el resto de las Escrituras, en su apuro por sacar conclusiones no respetan el Plan de Redención de Dios revelado en la Biblia y niegan el principio inviolable por el cual toda Escritura es explicada por la Escritura.

Porque el Evangelio es poder de Dios para salvación a todos los que creen en Jesucristo8, podemos decir sin temor a error que ningún agente terrenal – por santo que fuere – tuvo, tiene, o tendrá autoridad para salvar al pecador. El poder de salvar pertenece solo a Dios.

La única santa iglesia católica y apostólica9, el cuerpo en la tierra cuya Cabeza está glorificada, da testimonio de ese poder a través de cada uno de sus miembros que viven fieles al Evangelio en su casa, en el lugar de trabajo o estudio, en los sitios de esparcimiento, en hospitales y cárceles, en la calle y en los lugares de culto.

 

¿QUÉ NO SON LAS ‘BIENAVENTURANZAS’?

Siguen algunas reflexiones propias y ajenas sobre lo que muchas personas piensan acerca de las ‘bienaventuranzas’.

1. Consejos simples de entender. Hay personas que leen mecánicamente, una y otra vez, y se quedan en la superficie del texto. No entienden que haya algo más que párrafos, frases, palabras, letras en blanco y negro. No captan el espíritu de la enseñanza. El apóstol Pedro hace una referencia a esta tendencia respecto de los que leían las cartas del apóstol Pablo sin entenderlas10.

2. La confirmación de una teoría. Es ir a la Biblia como quien va a encontrar en ella aquello que le ha venido a la mente y ha adoptado como idea fuerza propia. «Nos acercamos a la Biblia con dicha teoría, y todo lo que leemos queda coloreado por ella» – dice Lloyd Jones11. ¿Acaso no somos tentados a hacer eso? Por los que cayeron en el pasado ante esa tentación nacieron las herejías que luego se transformaron en tradiciones y se enseñan hoy como dogma de fe.

De los herejes, dice el citado autor: «No debería pensarse que eran hombres que se propusieron expresamente equivocarse y enseñar algo erróneo; se cuentan más bien entre los hombres más sinceros que la Iglesia ha tenido.»12

Lamentablemente, la sinceridad no es suficiente. Podemos estar sinceramente equivocados. Los que tienen una fe sincera en una teoría bíblica propia o en un dogma histórico pueden estar confiando en una herejía. Van a la Biblia para probar que es verdad aquello que creen. No escuchan a la Palabra, le hacen decir a ella lo que ellos dicen y creen.

3. La enseñanza de una Nueva Moral. Lo afirman los que sostienen que, en realidad, «el Sermón del Monte es lo único importante en el Nuevo Testamento, que en él está el fundamento del llamado evangelio social»13, como definió el ya mencionado predicador. Entonces dicen que así es como deben vivir todos los hombres y que esas enseñanzas morales han de ser inculcadas a todos para que el mundo sea un mundo mejor. Suena lindo.

¿Quién no quisiera vivir en un mundo mejor que este que estamos destruyendo entre todos?

Sin embargo basta con leer las dos primeras bienaventuranzas para dar por tierra con esa presunción. ¿Quién desea hoy ser ‘pobre en espíritu’ y ‘llorar’ todo el tiempo a causa de necesidades insatisfechas?

Las dos terceras partes de la población mundial padecen ya a causa de los ambiciosos sin límites, ¿bastaría con enseñar moralidad pública para acabar con ese flagelo? No, el ser humano no puede cambiar al ser humano para hacerlo mejor. Lo contrario es la evidencia.

4. Una versión elaborada de los diez mandamientos. Durante su ministerio terrenal Jesús desnudó la hipocresía de fariseos y escribas que interpretaban mal la Ley que Dios había dado a su pueblo por medio de Moisés. Basándose en este hecho hay quienes afirman que las ‘bienaventuranzas’ explican la ley mosaica de manera más elevada que aquellos falsos maestros.

Este punto de vista lo tienen quienes intentan cumplir con la Ley. Es la base de un legalismo renovado que basa la salvación del pecador en sus buenas obras. Para ellos lo que el Señor está enseñando es que el ser humano puede y debe salvarse a sí mismo.

Nada más falso, pues deja a la Gracia de Dios en el desván de los objetos en desuso.

5. La proclama del Reino de Dios. Una fuerte corriente aún enseñada en muchas iglesias evangélicas es la del ‘dispensacionalismo’, que afirma que el Sermón del Monte está dirigido a los judíos, no a los cristianos; y que, como lamentablemente ocurrió, los judíos no lo recibieron.

En otras palabras: que por culpa de los judíos Jesús no pudo establecer el Reino, fue acusado de sedicioso e impostor y fue crucificado como malhechor. Dicen aquellos que la iglesia remplazó al Reino hasta que Dios le ponga fin a esta era cuando el Señor glorificado regrese a la tierra, instaure el Reino milenial y ponga en vigencia el Sermón del Monte.

Esta postura queda desarticulada cuando leemos las Bienaventuranzas en el contexto de los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo y de todo el NT. En ellos leemos que el Reino ya está entre nosotros14 por la obra realizada por Jesucristo una vez y para siempre15; pero que aún no ha llegado a manifestarse en su plenitud, motivo por el cual oramos ‘Venga Tu Reino’16.

Entonces, ¿qué son en realidad las Bienaventuranzas?

Esto veremos en nuestra próxima entrega, si el Señor así lo permite.

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Notas

Ilustración: Las cinco frases en latín comienzan con el vocablo que en nuestro idioma significa ‘solamente’. Este autor desea destacarlas relacionándolas con su base bíblica haciendo notar que las negritas son suyas. Es importante recordar que, así como las 95 tesis deben analizarse en su conjunto, ‘las cinco solas’ no deben aislarse al ser analizadas una por una; sino, pensarlas y expresarlas juntas e inseparables: Solamente Escritura, Gracia, Fe, Cristo, a Dios la gloria.

Solamente Escritura: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.» 2ª Timoteo 3:16,17.»Me postraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.» Salmo 138:2.

Solamente Gracia: «para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

Efesios 1:6-8. «Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.» Romanos 5:15.

Solamente Fe:” Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.“ Romanos 1:17. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.» Romanos 5:1,2.

Solamente Cristo: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.» 1ª Timoteo 2:5,6. «Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.» Colosenses 2:9,10.

Solamente a Dios la gloria: «Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.» Romanos 11:36. “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.» 1ª Corintios 10:31. «Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.» Apocalipsis 1:5,6.

1. Juan 17:6-9

2. Mateo 4:24,25.

3. Ibíd. 5:1a

4. El vocablo ‘monte’ está ligado a aspectos centrales de la cultura semítica. Dos ejemplos: la Ley fue dada a Moisés en el monte Sinaí; el Templo de Salomón estaba en el monte Sión. El monte simboliza el sitio desde donde Dios se manifiesta y se comunica con la humanidad. Jesús, lleno del Espíritu de Dios, se sienta en ese lugar para asumir la autoridad que tiene por ser hombre y Dios al mismo tiempo. Los símbolos del pasado dan lugar a la realidad presente; con Jesucristo ya no hay necesidad de intermediarios entre Dios y los hombres. La gente tiene ahora alguien que abogue por su necesidad.

5. Mateo 5:1b – 11

6. Serie ‘Prosperidad y Evangelio’ (VIII, IX y X), Agentes de Cambio, Magacín 2, 7 y 15 de diciembre de 2013.

7. Job 5:9; Romanos 11:33; Efesios3:8.

8. Romanos 1:16:»Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.» (Negritas del autor)

9. El autor ha escrito quince (15) artículos sobre ‘la única santa iglesia católica y apostólica’ (en su serie ‘La iglesia y los lugares de culto’) 30/12/12 al 06/04/13, en este medio.

10. 2ª Pedro 3:15,16.

11. ‘Estudios Sobre el Sermón del Monte’ por D. Martyn Lloyd-Jones, Pastor, Iglesia Westminster, Londres; cap. I y II.

12. Ibíd. 12.

13. Ibíd. 12.

14. Mateo 10:7; 12:28;Marcos 1:15; 9:1; 11:10; 12:34; 14:25; Lucas 9:27; 10:9,11; 11:20; 12:32; 17:21; 19:11; Juan 3:3,5; Hechos 1:3-7; 14:22; 28:31; 1ª Corintios 15:24,50; Colosenses 4:11; Santiago 2:5; Apocalipsis 1:9; 12:10.

15. Hebreos 9:27,28; 1ª Pedro 3:18.

16. Mateo 6:10; Lucas 11:2.

 

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Predicación XIV

La iglesia evangélica contemporánea agoniza porque ha dejado de creer en el poder que la Palabra de Dios tiene para dar vida espiritual, y en lugar de predicarla se dan testimonios o consejos terapéuticos de autoayuda.

Alejandro PeluffoAlejandro Peluffo.

Hoy cruzamos el charco para hablar sobre Predicación con Alejandro Peluffo, de Argentina. Peluffo es Pastor de la Iglesia Bautista Misionera en Lobos (Buenos Aires-Argentina), desde 1990, y profesor de Física y Química a nivel Secundario desde 1993. Ha realizado un Máster en Divinidad (2010) y en Teología (2013) en TheMaster’s Seminary, Los Ángeles, California. Actualmente dirige IDEAR (Instituto de Expositores en Argentina). Está casado con Mónica Debus y tiene tres hijos.

Pregunta.- En la actualidad en Europa estamos desarrollando nuestra fe en un mundo postmoderno y secular, donde prima el relativismo ético, y la religión se oferta «a la carta», según las necesidades de la demanda. ¿También en Argentina se está pasando por esta situación?

Respuesta.- Sí, claro que sí. El mundo de hoy hiperconectado no deja demasiado lugar para que un país se mantenga al margen de lo que pasa en el resto. Ya en la época del Nuevo Testamento llama la atención que Pablo escribiera cartas tan similares a dos congregaciones distantes como Éfeso y Colosas. O a Tito en Creta, y a Timoteo en Éfeso, dejándonos entrever que los desafíos procedentes de la cultura eran similares.

P.- ¿Qué desafíos presenta la cultura posmoderna tanto a la interpretación de la Palabra como a la exposición bíblica en la pastoral y docencia?

R.- Los mismos desafíos de siempre. Siempre el intérprete y el expositor han sido tentados a acomodar ese mensaje a la cultura en la que viven, a diluir su contenido o a reescribir su significado, para así, “hacerlo más pertinente” al oyente contemporáneo. Sin embargo, la Palabra de Dios presenta un mensaje que es universal y atemporal. Un mensaje que siempre es pertinente pues Dios, el Espíritu Santo, promete utilizar la Palabra que Él mismo inspiró. La iglesia evangélica actual ha perdido su confianza en el poder de la Palabra de Dios para hablar al hombre de hoy, y en su arrogancia, cree saber o poder acomodar ese mensaje a lo que el individuo posmoderno necesita escuchar. Al modificar ese mensaje, al hacerlo más “cool” lo despoja de poder espiritual. El desafío que hoy tiene el expositor y maestro bíblico es a ser fiel y preciso con lo que Dios le ha dado para administrar. Después de todo, eso es lo que significa ser un “ministro».

P.- ¿Cómo debe el expositor bíblico adaptarse a estos cambios culturales? Pero antes de contestar esta pregunta, díganos qué entiende por predicación expositiva. ¿Es un método nuevo o estamos hablando de la predicación de toda la vida…?

R.- Predicación expositiva es la predicación que procura que el punto del sermón sea tomado del punto del texto bíblico que se considera. Todo el sermón expositivo se edifica alrededor de una gran idea, que debe ser la idea principal de la unidad de pensamiento (párrafo o episodio) del texto bíblico que se estudia. De esa manera el sermón está imbuido de la misma autoridad de Dios, y el predicador puede decir «Así dice el Señor». No es un nuevo método de predicación, sino que a lo largo de la historia, los fieles hombres de Dios, arraigados en una sólida teología, han visto que ésta es la manera de predicar la Palabra que hace que el predicador se ponga al servicio del texto y no que el texto sirva al predicador. La teología bíblica nos informa que nuestro corazón y capacidad de razonamiento han quedado afectados por la caída en pecado, de manera que la verdad no está en nosotros. Por otro lado, la Biblia asegura que Dios sigue hablando hoy como en el pasado, pero ya no de forma audible sino por medio del texto inspirado al ser predicado. Estas y otras grandes verdades de las Escrituras llevan a la conclusión de que Dios no hablará de la misma forma por medio de cualquier clase de sermón. La Palabra de Dios es viva y eficaz, así que, el sermón que respeta y se guía por Su Palabra tendrá Su poder y Su autoridad.

El expositor no debe preocuparse por los cambios culturales. Sin saberlo, o sin ser plenamente consciente de ello, cada predicador es parte de la cultura en la que vive. Eso es suficiente para que suene de manera relevante a su cultura. Con estar medianamente informado de lo que lo rodea, estará listo para hablar de manera clara y directa a su generación. ¿Quién de nosotros no sabe, por ejemplo, que los jóvenes de hoy postergan el matrimonio, que hay un problema tremendo con la pornografía, que se nos hace cada vez más difícil enfocarnos en una tarea sola hasta terminarla, que el entretenimiento ha dejado de ser un apéndice del trabajo, etc.? Con esto quiero decir que los pastores no necesitamos leer a Jacques Derrida o Michel Focault. El predicador debe conocer su Biblia. La cual dice que el ser humano tiene el mismo problema básico desde Adán y Eva, que Dios no cambia, y que siempre la solución a nuestro gran problema no ha salido de dentro del hombre sino que ha venido de Dios, en Su gracia y misericordia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús.

P.- ¿Podría hacer un diagnóstico de la situación de este ministerio en las iglesias de su país? ¿Está el púlpito evangélico en crisis?

R.- La iglesia se ha dejado engañar. Los seminarios e institutos bíblicos han comprado la falacia de que demasiado estudio bíblico puede matar a una congregación. Eso de que “la letra mata pero el espíritu vivifica” ha calado hondo en el pueblo evangélico. Me refiero por supuesto a la mala interpretación de ese texto (2 Cor 3:6). Hay un concepto generalizado de que estudiar mucho para predicar un sermón es no confiar en el Espíritu Santo, y por lo tanto, un sermón preparado matará a la iglesia. Como contrapartida se estimula la improvisación como sinónimo de «dejar que el Espíritu guíe». Pero todo esto surge de una interpretación ilegítima de ese versículo. Pablo está contrastando el antiguo pacto de la ley, con el nuevo pacto del espíritu. Él dice que la letra de la ley mata, pero no puede dar vida. Y es que para eso fue escrita la ley, para “matarnos”, en el sentido de atraparnos o llevarnos presos. Así es como en Argentina todavía hablamos: “me mataste” es sinónimo de «me atrapaste». Pablo explica en Romanos 7, que la ley lo mató en ese sentido, y el Espíritu, obrando por el evangelio, le dio vida (Rom 8). ¿A quién se le ocurre pensar que la Palabra de Dios produce muerte? Todo lo contrario. Dios creó el mundo por Su palabra, y esa misma Palabra vivificante es la Biblia. Eso se ve de manera impresionante en Ezequiel 37, cuando Dios manda al profeta a predicar a un montón de huesos muertos, ¡y estos cobran vida! Esto es especialmente indicado en Stg 1:18 y 1 Pe 1:23, donde se nos dice que Dios nos ha dado vida espiritual por medio de la Palabra implantada en nuestros corazones.

La iglesia evangélica contemporánea agoniza porque ha dejado de creer en el poder que la Palabra de Dios tiene para dar vida espiritual. Y en lugar de enseñar, explicar y predicar la Palabra de Dios se dan testimonios, consejos terapéuticos de autoayuda, lo que se ha llamado psicología pop (que es lo mismo que decir “consejos de almacén”) y discursos improvisados carentes de poder divino; ¡y todo esto con la pretensión de que es el Espíritu que está hablando por medio de su “ungido”! Esa arrogancia mata una iglesia y aun una denominación entera. En eso consistió la denuncia de Dios, por medio de Jeremías, al pueblo de Israel justo antes de llevarlos cautivos: ellos seguían las imaginaciones de su propio corazón, en lugar de obedecer la Palabra de Dios (ver Jer7:24, 31; 11:8; 13:10; 14:14; 18:12; 23:16).

Soy consciente que lo que estoy diciendo es fuerte y negativo, pero la iglesia necesita desesperadamente volver a la Palabra, y esto significa que debemos llamar a sus líderes al arrepentimiento.

P.- ¿Puede ser la narrativa una de las formas más acertadas de comunicar el evangelio en esta época posmoderna?

R.- Hay una forma válida de predicar narrativa y una forma ilegítima. La Biblia posee distintos géneros literarios, entre ellos la narrativa. De hecho, dos tercios de la Biblia son narrativos. Sin embrago, la Biblia enseña verdad proposicional, siendo la narrativa una manera de iluminar o ilustrar lo que en otro lado está dicho sin vueltas y de manera directa. Cuando se propone usar la narrativa como una forma de comunicación oral, no precisamente para predicar las porciones narrativas de la Biblia, sino para presentar la verdad de manera oblicua y un tanto ambigua y relativa, la predicación se desvirtúa. Se trata, en ese caso, de quitar la ofensa que produce tener un mensaje autoritativo. La cultura postmoderna rechaza como algo arrogante cualquier declaración que indique certeza. Sin embargo, la Palabra de Dios está llena de certezas, de verdades absolutas, que deben ser predicadas con autoridad y convicción. La autoridad del «así dice el Señor». Por supuesto que esto debe hacerse con humildad y amor por parte del mensajero. Entiendo el deseo postmoderno de tener una perspectiva múltiple de los asuntos, pero Dios ha elegido revelarse por medio de verdades proposicionales, y un ministro de Dios no puede ser fiel a Quien lo reclutó como portavoz de esas verdades si trata de evitar hablar con convicción.

P.- Cuando se prepara una exposición, ¿es importante conocer y entender el contexto donde están insertos los oyentes, conocer sus desafíos, sus problemáticas; conocer la realidad que los circunda? O una exposición surge del criterio personal del predicador.

R.- Es importante conocer y entender el contexto cultural y social en que se vive, a la hora de relacionar los principios generales, universales y atemporales con las vidas y circunstancias particulares de los oyentes. Pero, repito, cada predicador que es un hábil observador de su congregación, de su ciudad, e incluso de lo que escucha, ve o lee en los medios de comunicación, sabe lo suficiente como para no hablar desde una torre de cristal. Un pastor gana cierta perspicacia leyendo a los clásicos de la literatura, que son clásicos precisamente porque han sabido exponer las pasiones y motivaciones ocultas del corazón humano. Pero la mayor fuente de información de la naturaleza humana es la Biblia misma, pues allí tenemos lo que Dios dice sobre quiénes somos nosotros, para qué nos creó, y cuál es nuestra problemática. Al final del día, cada uno de nosotros debe reconocer que hay una dimensión incomprensible del corazón humano (Jer 17:9). Y es allí donde nuevamente somos llamados a confiar en el poder que tiene la palabra de Dios para penetrar dentro de los oyentes y revelar los motivos ocultos del corazón (ver Hebreos 4:12).

P.- ¿Se abordan desde el púlpito temas como la pobreza, sexualidad, la crisis, la política, la corrupción, la violencia en todos sus aspectos, la injusticia social, etc.? O considera que estos temas no atañen a los evangélicos…

R.- Yo creo que hay varias maneras de abordar esos temas, pero no creo que deban marcar la agenda de un pastor. La mayoría de las problemáticas que Ud. menciona son más bien sintomáticas de problemas de fondo mucho más serios. Poner demasiado el foco en esos asuntos sería como diagnosticar aspirinas a alguien que tiene un tumor cerebral. Además, cuando un ministerio se enfoca en problemas sociales como su razón de ser, sin quererlo, su mensaje se vuelve moralista. La Biblia no nos dice que nos pongamos las pilas, o que le echemos más ganas, o que seamos más buenos. El punto es justamente que por más que lo intentemos, no podemos reformarnos a nosotros mismos. Todos esos problemas, dijo Jesús, salen del corazón del hombre. Esto es otra forma de decir que no somos víctimas de un sistema impersonal corrupto, cualquiera que sea. El principal problema que tiene cada uno de nuestros oyentes es su propio corazón, ¡y debe saberlo!, si es que ha de hacer algo al respecto. Suena duro e insensible, pero la buena noticia del evangelio es que Cristo vino a este mundo a remediar ese problema. Cada ser humano nace alienado de Su Creador, y toda su insatisfacción con la vida procede de no tener una relación íntima con Dios. Agustín, quien se convirtió en cristiano a los 31 años, luego de enredarse en un sinfín de problemas buscando llenar ese vacío existencial, lo expresó de manera memorable: «Tú nos hiciste para ti, Señor; y nuestras almas no hallan descanso hasta que se hallan en ti».

De manera que sí se habla de esos temas, pero no como el asunto que la iglesia está llamada a manejar, sino como evidencias del problema de fondo que aqueja a cada persona (tanto la víctima como el victimario) y del que la iglesia sí tiene mucho que decir.

P.- ¿Debe ser el predicador el primero en entusiasmarse, apasionarse, demostrar su fe, por la verdad para luego transmitirla a sus oyentes?

R.- Yo estoy convencido de que si el texto que estoy estudiando, primero no me conmueve a mí, no tendré un sermón para predicar. Si yo no me sorprendo con las verdades del texto, nadie se sorprenderá al escucharme. Si yo no me quebranto con lo que Dios dice en ese pasaje, nadie se quebrantará. Para que un mensaje sea una predicación debe necesariamente tener un elemento de persuasión, de urgencia, de pasión. De otra manera será más bien una clase magistral, una charla o una conferencia sobre un tema más o menos antiguo. Cuando el predicador estudia la Biblia para que primero de todo Dios le hable a él mismo, el sermón reflejará esa convicción imprescindible. Esta es otra de las razones por las que se debe preferir la predicación expositiva por sobre cualquier otra forma de predicación. Cuando el pastor estudia una porción de la Biblia, sin preconceptos, buscando honestamente encontrar su significado, Dios le habla, y él crece, y la Biblia lo santifica de la misma manera que lo hace con la congregación. En cambio, cuando un predicador improvisa, aduciendo falsamente que el Espíritu le está guiando, solo habla de sus opiniones y sentimientos, y entonces su crecimiento se estanca, y así el de la congregación.

P.- ¿Escasea el don pastoral cuando se predica o enseña? ¿Se están preocupando los predicadores por inspirar respeto y afecto por parte de quienes los oyen?

R.- ¡Que pregunta interesante! Nosotros los pastores debemos ser ejemplos de la grey en todos los aspectos de la vida cristiana. Como cualquier cristiano somos vulnerables y débiles, ¡y eso se nota! Cuando un pastor no encuentra su satisfacción en Dios, su identidad en su unión con Cristo, la buscará en sustitutos imperfectos. Lamentablemente, es demasiado común dentro del ministerio cristiano que busquemos nuestro sentido de importancia en el “éxito” laboral, en el respeto o admiración que nos den los demás. Nunca estaremos libres de esa tentación, como cualquier otro cristiano debemos cuidar nuestro corazón, y asegurarnos de que nuestro contentamiento viene de Dios.

Un ministro que esté demasiado preocupado por agradar a su gente no será un buen expositor de la Biblia. Un buen expositor busca ante todo agradar a Dios.

Por otro lado, si uno tiene el “don pastoral” como Ud. dice, lo tiene cuando predica, cuando come, cuando duerme, o cuando juega al fútbol. Yo más bien diría que escasea el don pastoral en general. El pastor es quien, por amor a su Salvador, se hace siervo de todos para ayudarles a crecer en la fe. Me gusta pensar en ese “don” en la manera en que Pablo describe a Timoteo, cuando dice “a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil 2.20-21). No es extraño que en esta época de individualismo exacerbado falten personas con «don pastoral». Sin embargo, como en todos los demás aspectos del ministerio, Dios es quien, al llamarnos, nos capacita de forma sobrenatural para eso.

P.- ¿Debe el predicador evaluarse cada cierto tiempo? Si es así, ¿cómo debe llevar a cabo esta evaluación? ¿Debe la iglesia evaluar a sus predicadores?

R.- Yo suelo usar una analogía para explicar esto: ¿Por qué Roger Federer, el tenista más grande de todos los tiempos, aún necesita un entrenador? Todos somos propensos a deslizarnos hacia vicios o tics que perjudican nuestra “performance”. A mí me parece saludable ser evaluado de tiempo en tiempo. Una manera simple de hacerlo es por medio de vídeos o grabaciones. Otra más saludable aún, es por medio del liderazgo compartido (tema que también es necesario rescatar por el bien de la iglesia). Solemos tener muy buenas charlas “técnicas” con el otro anciano que gobierna la iglesia junto conmigo, donde evaluamos los sermones que ambos predicamos.

La iglesia, de alguna manera, también evalúa. Yo he tenido muy buenas experiencias en ese sentido. Cuando recién comenzaba el ministerio, hace 25 años atrás, un hermano no tan maduro espiritualmente, pero sí biológicamente, me invitó a comer a su casa especialmente para decirme que le exasperaba mi manera de dar vueltas cuando explicaba algo. ¡Me dolió mucho, pero me sirvió más! Unos años después, un seminarista que venía a nuestra iglesia a hacer prácticas, esperó el momento oportuno para decirme que él consideraba que las citas que yo leía en mis sermones a él le gustaban mucho, pero que estaba seguro que atragantaban al resto de la congregación. “Que te lleguen a vos, no quiere decir que a ellos les va a llegar”. ¡Gran lección! Finalmente, otra gran advertencia me vino de uno de mis discípulos, que un día me mostró el cuaderno donde anotaba mis sermones, y de manera indirecta me hizo notar que antes llenaba varias páginas con sus notas, pero últimamente no anotaba casi nada. ¡Una manera muy elegante de decirme que estaba improvisando demasiado!

P.- Usted está participando en la creación de un nuevo seminario. ¿Podría decirnos si se está dando la importancia que merece la predicación en los planes de estudio de las distintas entidades educativas evangélicas?

R.- Estamos comenzando un Instituto de Expositores, donde todo nuestro programa gira alrededor de la predicación expositiva. Para ello es necesario que los alumnos aprendan a hacer exégesis, lo cual a su vez requiere conocimientos sólidos de hermenéutica, introducción bíblica e idiomas originales.

Los planes de estudio tradicionales de los seminarios se basaban en el aprendizaje de idiomas originales. Eso comenzó a modificarse cuando la iglesia dejó de confiar en el poder de la Biblia para cambiar el corazón. Ahora erróneamente, se cree que el trabajo pastoral es más de tipo terapéutico, y por tanto, materias de consejería y psicología pastoral han desplazado primero a los idiomas originales, y luego inexorablemente a la predicación.

 

Alejandro Peluffo, impartiendo clase en Idear.

P.- ¿Se están enfrentando los predicadores del siglo XXI a unos oyentes con una buena preparación bíblico-teológica o de otra índole?

R.- Los oyentes no tienen una buena preparación bíblico-teológica. Pero eso no quiere decir que no puedan apreciarla y disfrutarla. Los creyentes nacidos de nuevo, que han experimentado la regeneración, tienen siempre sed de Dios y Su Palabra. Así como los discípulos camino a Emaús dijeron: “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”, de la misma manera los creyentes verdaderos tienen hambre y sed de buena enseñanza.

Por otro lado, uno de los tristes resultados de haber aplicado técnicas de mercadeo para hacer crecer las iglesias es que gran parte de su membresía no son personas convertidas, y por tanto no tienen amor por la verdad, sino rechazo hacia ella. Cristianos profesantes siempre resistirán la verdad y preferirán las “fabulas de viejas” y todo tipo de supersticiones (ver 2 Timoteo 4:1-4, note también cómo Pablo en Rom 6:17 identifica la conversión como “habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”).

P.- ¿Se le resta autoridad a la Biblia si se admite que está culturalmente condicionada?

R.- Que lo que dice la Biblia tenga un contexto histórico, lingüístico y cultural, no significa que su mensaje haya perdido vigencia. Todas esas barreras significan un desafío para el intérprete, pues éste debe llegar a entender qué significó la porción que se estudia para los lectores originales. Recién entonces estará listo para hacer el “puente” para los oyentes actuales. Las circunstancias particulares y el contexto cultural es diferente, pero los principios teológicos son universales, basados, como dije antes, en que Dios es el mismo, y el problema básico y fundamental del hombre también.

Lamentablemente, muchos pastores y profesores usan las diferencias culturales como una excusa para desestimar y desatender el mensaje de la Biblia y así restarle autoridad.

Es revelador ver cómo Jesús y los apóstoles usaron el Antiguo Testamento creyendo que tenía la autoridad divina a pesar del paso de los años. Jesús, por ejemplo, cita con autoridad pasajes que hablan de Abraham (quien vivió dos milenios antes) y de Moisés (1.400 años antes).

Un pastor que no puede creer que la Biblia tenga la autoridad de Dios es un intruso en la iglesia cristiana, debería bajarse del pulpito y con honestidad intelectual renunciar a llamarse ministro de Dios.

P.- Una recomendación clave para los predicadores de este siglo XXI…

R.- Debemos arrepentirnos de nuestra incredulidad. La única esperanza para la iglesia del siglo XXI es que sus pastores crean que Dios habla hoy por medio de Su palabra de la misma manera que habló por medio de Jesús en el siglo I de nuestra era, o a Abraham en forma directa, en el siglo XXI de la era pasada. Dios sigue hablando y el Espíritu sigue iluminando la mente de los oyentes para que entiendan y apliquen Su Palabra a sus vidas. Por eso sigue vigente la misma recomendación de siempre:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra”.

Finaliza la entrevista. Gracias, Alejandro, por colaborar con esta iniciativa, que pretende hacer reflexionar sobre el tema de la Predicación.

 

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