Archivos de la categoría ‘Iglesia’


17.02.11
El secretario general del CMI, Dr. Tveit, habla en la conferencia
de prensa durante la reunión del Comité Central.

“No existe reflexión teológica alguna que no tenga lugar en el mundo vulnerable de Dios y en medio de las alegrías y el sufrimiento de la gente”, dijo el Dr. Olav Fykse Tveit en su primer informe como Secretario General ante una reunión del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

Tras su elección por el Comité Central en su reunión anterior, celebrada en septiembre de 2009, el Dr. Tveit comenzó a ejercer su mandato a principios de 2010.

El Dr. Tveit dijo que su experiencia el pasado año ha reforzado su convicción de que las Iglesias “están llamadas a ser una” en su fe, así como en su acción en nombre de una paz justa con dignidad para todos. “Estamos llamados a interpelar a quienes están en el poder para que escuchen los clamores de justicia y de un futuro común mejor”.

El secretario general describió el CMI “como una comunidad de iglesias ecuménica, mundial, comprometida, cuyos miembros son mutuamente responsables”.  Y añadió, “estamos llamados a ser una organización establecida y sustentada con objeto de que las iglesias miembros establezcan relaciones conciliadoras y actúen juntas”.

En el Consejo se combina la comunión espiritual con estructuras prácticas, “con el objetivo de obtener resultados mediante mejores relaciones”, así como “permaneciendo juntos a fin de poder actuar juntos”, dijo el secretario general.

Entre los ámbitos que preocupan especialmente al CMI, a sus iglesias miembros y a los demás copartícipes, el Dr. Tveit mencionó las relaciones y el diálogo interreligioso, las iglesias y la población de Oriente Medio, en particular, de Jerusalén y de toda Tierra Santa.

También mencionó a ese respecto los ministerios de servicio y de desarrollo que el CMI lleva a cabo en colaboración con la nueva Alianza ACT, la necesidad de sustentar la comunidad de mujeres y hombres en las iglesias y en la sociedad, los cambios en la iglesia y en el mundo que están creando un “nuevo panorama ecuménico”, y los problemas de justicia y paz.

Respecto de los problemas de justicia y paz, el Dr. Tveit se refirió a la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP), en la que esos temas ocuparán el centro de la atención, y que se celebrará en Kingston (Jamaica), en mayo de 2011.

El Dr. Tveit concluyó su informe oficial agradeciendo el apoyo del Comité Central de CMI. Y expresó, “He tenido el año más atareado y bendecido de mi vida”.

El secretario general añadió, “me he sentido particularmente inspirado por los encuentros y la cooperación con los jóvenes –ustedes  son el futuro y los componentes básicos del movimiento ecuménico. La participación de ustedes es siempre de gran inspiración y valoro mucho las contribuciones que aportan a nuestro presente y nuestro futuro. ¡Quiera Dios continuar dándonos fuerza y alegría en esta tarea y en esta comunidad”.

Al responder a las preguntas y observaciones del Comité Central, el Dr. Tveit reconoció que hay un anhelo general de avanzar hacia la unidad entre las iglesias, sobre todo  de formar una comunidad eucarística que permita a los cristianos de todas las tradiciones compartir el sacramento de la santa cena.  También destacó la importancia de construir un “consenso estratégico” entre las iglesias “para poder hablar de una sola voz”.


17.02.11

El pastor Dr. Walter Altmann, moderador del Comité Central del CMI,
habla en la conferencia de prensa durante la reunión del Comité Central.

El pastor Dr. Walter Altmann, moderador del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias, argumentó hoy de manera convincente que tanto la unidad como la justicia y la paz deberían ser incluidas en el tema de la próxima Asamblea del mayor organismo ecuménico del mundo.

El Comité de Planificación de la 10ª Asamblea del CMI que se celebrará en octubre de 2013 en Busan, Corea del Sur, propone al Comité Central que elija uno de los dos temas sugeridos: “Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz” o “En el mundo de Dios, llamados a ser uno”. Para Altmann, ambos temas reflejan una visión común.

“Los temas propuestos no deberían entenderse como alternativas”, dijo Altmann en su discurso de apertura a los 150 miembros del Comité Central reunidos en Ginebra del 16 al 22 de febrero. “Ambas perspectivas forman parte de un mismo entendimiento global de la vocación y el compromiso ecuménico que unen nuestra comunidad de iglesias”.

Es preciso centrar los esfuerzos en la justicia y la paz, dijo el moderador luterano brasileño, porque acontecimientos tales como el colapso financiero mundial y los recientes movimientos exitosos en pro de la democracia en los países árabes “nos advierten de los riesgos de las políticas que constituyen una ofensa a la dignidad humana y oprimen a poblaciones enteras”.

Por ello, Altmann afirmó que “la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre y el compromiso con la justicia en las relaciones económicas internacionales deben seguir formando parte del programa del CMI”.

En una conferencia de prensa que tuvo lugar después de su alocución, Altmann dijo que en su América Latina natal puede verse la influencia de la teología de la liberación, que se centra en combatir la pobreza y los gobiernos opresores a través de la organización y la acción comunitarias cristianas. “Las luchas de los años sesenta, setenta y ochenta están dando frutos hoy”, declaró.

También pidió al CMI que “preste aún una mayor atención a la preocupación por el Oriente Medio, y en particular por Tierra Santa”. La incapacidad de las naciones implicadas para conseguir el “objetivo fundamental” de la paz, dijo, no se debe únicamente a la complejidad de la situación en Oriente Medio, “sino también a una persistente falta de voluntad política para hacer las concesiones necesarias para alcanzar [la paz justa]”.

Altmann manifestó especial preocupación por las minorías cristianas de muchos países de Oriente Medio, observando que los esfuerzos del CMI “contribuyen a la creación y el mantenimiento de un clima de respeto y reconocimiento mutuos sobre el cual se puede construir una paz con justicia”.

La importancia de tales esfuerzos no es menor en el seno del movimiento ecuménico, continuó Altmann; de ahí la necesidad de un tema de la Asamblea que abarque la unidad. El texto bíblico que se sugiere para apoyar ese tema, Juan 17:20-23, “expresa mejor que ningún otro el fundamento de nuestra vocación y nuestro compromiso ecuménicos”, añadió.

Dado que la unidad cristiana “es una realidad en el corazón de Dios”, dijo Altmann, la tarea de las iglesias es “perseverar en esa unidad, no apartarse de ella, no rebelarse contra Dios y no romper las relaciones entre ellas”.

Y puesto que la unidad no “es el resultado del establecimiento de estructuras institucionales”, Altmann apeló a “ampliar y profundizar” el ecumenismo, que reconoce que “hay un único movimiento ecuménico del que el CMI forma parte”.

Al comentar que el año pasado el Secretario General del CMI, el pastor Dr. Olav Fykse Tveit, fue invitado a pronunciar un discurso ante las principales reuniones pentecostales y evangélicas, Altmann dijo que “las reuniones respetuosas deberían ir seguidas de una profundización de las relaciones […] sobre la base del discernimiento espiritual y la reflexión teológica”.

Concluyó diciendo, Esos esfuerzos “requieren mentes abiertas, actitud de oración y una labor teológica rigurosa”.


Las «iglesias genéricas» son casi mayoría en EEUU
La pregunta `¿De qué denominación eres?´ es cada vez menos relevante entre los jóvenes evangélicos.

9 de febrero de 2011, NUEVA YORK

Un artículo reciente del periódico Wall Street Journal asegura que, al menos en Estados Unidos, posiblemente estamos siendo testigos de la progresiva muerte de las denominaciones cristianas.

Según la Encuesta sobre la religión de la Universidad Baylor, las iglesias sin denominación ahora representan el segundo grupo más grande dentro del abanico que conforman las iglesias protestantes estadounidenses y también son las de más rápido crecimiento.

Russell D. Moore, decano del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, escribió una nota publicada por Wall Street Journal donde dice que los estudios realizados por organizaciones laicas y cristianas indican que cada vez menos cristianos estadounidenses se identifican con una particular denominación religiosa, como los metodistas, bautistas, presbiterianos y pentecostales.

Moore asegura que cada vez más cristianos eligen una iglesia no por pertenecer a una denominación concreta, sino basándose en cuestiones más prácticas. ¿El templo es fácil de encontrar? ¿Me gusta la música? ¿Existen grupos de apoyo para los que luchan contra las adicciones?

Según el decano, esta tendencia es una extensión natural de la experiencia evangélica de Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial la nueva generación de evangélico enfrentó a las congregaciones que consideraban les faltaba vida espiritual. Las personas pertenecían a una iglesia pero parecía que dentro del templo no tenían una experiencia que marcase sus vidas.

CAMBIOS EN LAS IGLESIAS
Los nuevos grupos e iglesias renovadores vieron crecer la burocracia cuando la denominación se hizo más grande y se pasó de enviar misioneros a predicar por todo el mundo a la producción de documentos técnicos sobre temas como la política energética.

Moore cree que los renovadores desean volver a lo básico, para recuperar la centralidad de una relación personal con Jesús; cumpliendo el tópico siempre presente en el púlpito evangélico: “Ser miembro de una iglesia no te hace cristiano, de la misma forma que vivir en un garaje no te convierte en coche.”

Esta renovación al margen de las denominaciones ha tenido diversas consecuencias, una de ellas las megaiglesias. Antes de 1955, prácticamente no existían mega-iglesias en EE UU (congregaciones con más de dos mil personas en el culto dominical). Ahora, en cambio, hay entre 850 y 1.200 mega-iglesias y muchas de ellas no pertenecen a ninguna denominación, según una Investigación del Instituto Hartford para la Religión.

IDENTIDAD GENÉRICA
Otro factor que influye en el desapego de las denominaciones es que muchos nuevos creyentes a menudo carecen de raíces en las tradiciones históricas y culturales de las grandes denominaciones, y en cambio las numerosas iglesias evangélicas que tienen una identidad genérica les abren sus puertas sin complicaciones de arrastrar sus propias tradiciones y cultura.

El autor termina diciendo que hay algunas señales de una creciente iglesia centrada en el mensaje evangélico. Sobre todo “muchos evangélicos jóvenes pueden estar a punto de reconsiderar su doctrina confesional, por la sencilla razón de que están mostrando signos de fatiga con el estilo de vida consumista típico de los evangélicos”.

A modo de ejemplo, Moore ha mencionado a predicadores de la prosperidad como Joyce Meyer que, según expone en su libro “Eat the Cookie, Buy the Shoes,”, anima a los cristianos a “iluminar” su vida comiendo galletas y comprando zapatos.

En contraste con esta postura, el decano bautista citó el libro “Radical” de David Platt, un predicador de Alabama que está motivando a miles de jóvenes a rescatar su fe mediante la reducción de su alto nivel de vida, y dar su tiempo y dinero a organizaciones de ayuda social llevadas por las Iglesias.

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Siervos inútiles somos

Publicado: febrero 9, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (VII)

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”. Texto completo en Lucas 17:7-10.

Una de las características que deben tener todos aquellos que quieran seguir a Jesús en las líneas del Evangelio a los pobres -no hay otra forma de seguirle-, es la de la humildad, así como la del reconocimiento de que se depende en todo del Señor de los campos, de la creación, del universo, de los hombres, todos igual en dignidad y derechos. Dentro de los parámetros del Evangelio a los pobres, tiene que haber ausencia de prepotencia, reconocimiento del otro como superior a nosotros mismos, independientemente de cuál sea su situación. Reconocimiento de siervos o esclavos de aquél que, como grupo específico dentro de los destinatarios de su Evangelio, eligió a los pobres de la tierra y vio en ello sus señas de identidad como Mesías. Es la única manera de que podamos decir con alegría: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos”… Sólo así podremos experimentar la felicidad del siervo.
Las palabras “prepárate, cíñete, sírveme” dichas cuando nos acercamos al Señor ya cansados, se configuran como todo un mensaje. Alguien nos está diciendo: Yo primero. No obstante, debemos recordar siempre que en estas líneas de servicio, por semejanza entre el amor a Dios y al hombre y por la identificación que Dios tiene con el sufrimiento de los débiles y despojados del mundo, este “yo primero”, lo podríamos interpretar como “el prójimo primero” y, especial y específicamente, el prójimo en necesidad.
Estas líneas de servicio que encajan perfectamente en las estructuras del Evangelio a los pobres, nos están exhortando a que la vivencia del Evangelio tenga unas líneas prácticas y de arraigo en la realidad socioeconómica hasta que nos demos cuenta de que, aunque la contemplación, la espiritualidad mística, la búsqueda de gozo y disfrute, el recibir parabienes por nuestro servicio y puesta en práctica del Evangelio, debe quedar en su lugar -pues tampoco queremos eliminar estos conceptos-, estas vivencias no nos deben apartar un ápice de las líneas de servicio tanto a Dios como al prójimo. El servicio a Dios y el servicio al prójimo son como las dos caras de la misma y única realidad. Sólo el que sirve puede, en autenticidad, disfrutar de la exaltación en la alabanza, de la oración y del culto. Fuera del servicio, estas prácticas pueden ser como una molestia a los oídos de Dios, “metal que resuena o címbalo que retiñe”.
Si la salvación es por gracia, el servicio también debe ser gratuito en todos los aspectos. De ahí que esta frase que tan bien encaja en las estructuras y conceptos del Evangelio a los pobres:“Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos”, sólo les es posible vivirla a los que han captado tanto la gracia como la gratuidad en el servicio. De ahí que nadie debe servir ni trabajar, tanto en la ayuda al prójimo en la línea del Evangelio a los pobres, como en los campos de la evangelización, ni de la misericordia, ni de la enseñanza, pensando en el reconocimiento o cierto agradecimiento de Dios por nuestro trabajo.
De gracia recibimos, debemos dar y actuar de gracia. El que algún día el Señor pueda recompensarnos no debe entrar en nuestros parámetros de servicio. Recordad que cuando hayamos servido hasta la extenuación, debemos continuar con la frase: Siervos inútiles somos. Sólo hemos hecho lo que debíamos.
Así, si no queremos servir gratuitamente, si no queremos arar los campos donde hay tantas personas que sufren injustamente, si no queremos ni nos sentimos llamados a pacentar a los que tienen hambre, si no queremos cavar los campos endurecidos por la opresión, la explotación y el despojo de los débiles, si sólo queremos gozarnos en la tranquilidad y falso sosiego de los injustos, si el sufrimiento del prójimo a nosotros no nos afecta, de nada nos sirve el ritual, que será vano, de las iglesias.
Si no nos preparamos, si no nos ceñimos, si no damos de comer y beber, nuestra situación como cristianos es triste y desoladora. No hemos entendido, no sólo lo que implica el Evangelio a los pobres, sino que no hemos entendido la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Fuera de estas estructuras de bondad y misericordia, sólo se puede vivir una religiosidad insolidaria, no el cristianismo del Maestro.
La frase que estamos comentando en la línea del Evangelio a los pobres de considerarnos siervos inútiles porque sólo hemos hecho lo que debíamos, nos debe llevar a contemplar la integralidad del Evangelio con tantas líneas de servicio, de las cuales Jesús nos dice “porque ejemplo os he dado”, líneas de servicio que nos conducen a la vivencia de un Evangelio integral… sin esperar nada a cambio.
Si aceptamos la salvación por gracia, como un don gratuito, sin que Dios nos pida a cambio esfuerzos, sacrificios, cilicios, cenizas o penitencias, nuestra respuesta debe estar en la línea de la gratuidad del servicio… por coherencia. Si no, no hemos entendido el Evangelio, ni ha calado en nosotros la gracia de Dios. ¡Qué dispuestos estamos a aceptar como gracia, como don gratuito, todo lo que Jesús sufrió en nuestro lugar, y cómo tiramos por la borda estos dones graciosos al dar la espalda al que necesita algo de la gratuidad de nuestro servicio! “De gracia recibisteis, dad de gracia”, servid de gracia. Sólo así entenderemos las líneas, los parámetros, los conceptos y los mandamientos que conforman el Evangelio de Dios a los pobres, sólo así podremos entender a Jesús: Evangelio de Dios a los pobres.
Señor, si aceptamos tu gracia, la salvación por gracia, como don gratuito, sacude nuestras conciencias hasta que sepamos servir de gracia, sn esperar nada a cambio.Que podamos hacer lo que los siervos inútiles que trabajan, sin esperar nada a cambio, hasta hacer todo lo que debían.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro
3 Los pobres, Moisés y los profetas
4 Todo en el cielo y todo en la tierra
5 Ricos inquietos y ricos satisfechos
6 El deber del siervo

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César vidal

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XIV) Los protestantes no creen en la Virgen (2)

La semana pasada examiné sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad y apunté igualmente a lo que sí creen sobre ella en relación a lo sucedido antes del ministerio público de Jesús.

Concluía así
que de la vida de María antes del ministerio público de Jesús, sólo tenemos algunos datos gracias a dos de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento,
que María aparece como una joven virgen judía desposada con José
que quedó encinta por obra del Espíritu Santo y no tuvo relaciones sexuales con José “hasta que dio a luz a su hijo primogénito”
que le fue anunciado por un ángel que su hijo iba a ser el mesías
que María era una judía piadosa cuya esperanza espiritual era la propia del pueblo de Israel expresada en los términos propios del judaísmo de la época, de ahí que, por ejemplo, contemplara a Dios como a su salvador y reconociera su propia “bajeza”
que, como judía piadosa, cumplió fielmente con lo prescrito en la Torah en materia de purificación y de fiestas y
que distaba, a pesar de su piedad, de ser perfecta no entendiendo lo que hacían los pastores en Belén y todavía menos la respuesta que Jesús le dio a ella y a José tras perderse en el viaje a Jerusalén. Precisamente porque no entendía esto, lo guardó en su corazón y lo meditaba continuamente.
¿Qué creemos los protestantes del resto de la vida de María? Pues, por decirlo de manera sencilla, lo que enseña el Nuevo Testamento. María aparece siempre como una mujer piadosa, fiel al Señor, aunque imperfecta, que no comprendía a cabalidad el ministerio de su hijo Jesús.

La primera referencia a María es, seguramente, la relacionada con las Bodas de Caná (Juan 2:1-11) a las que acudió junto a Jesús y algunos discípulos (2:1-2). Cuando el vino se terminó, María se lo indicó a Jesús. No tenemos razones para pensar que María actuó movida sino por buenas razones aunque, por ejemplo, Juan Crisóstomo afirmó que sólo la guiaba el deseo de preeminencia. Desde luego, resulta obvio que Jesús no aceptó una supuesta mediación de María. En Juan 2:4 se recoge que le dijo: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. A decir verdad, cuando se vuelca el texto griego al arameo original no hay duda alguna sobre la interpretación del texto. Jesús no sólo llama a María “mujer” rechazando la idea de que pueda tener algún privilegio por darle a luz sino que además indica que su petición no tiene lugar. Al respecto, no deja de ser significativo que la Biblia de Jerusalén – una traducción católica – señale en nota a pie de página que la respuesta de Jesús es un “semitismo que rechaza una intervención”. Así lo vemos también nosotros. Y lo debió de ver María porque se limitó a decir a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera.

No es la única vez recogida por los Evangelios en que Jesús rechazó la intervención de María. Por ejemplo, cuando María y los hermanos de Jesús – sobre los que hablaré en otra entrega – pretendieron interrumpir su predicación para hablar con él, la respuesta no pudo ser más clara: “extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana y madre” (Mateo 12:48-50. Véase también: Marcos 3:31-36; Lucas 8:19-21). Desde luego, en ningún momento, Jesús consideró que la condición de su madre fuera superior a la de otros. Para él, de manera expresa, ser su discípulo era tan importante como ser su madre algo que, dicho sea de paso, ningún católico podría aceptar. No sólo eso. Jesús insistió en que había condiciones espirituales superiores a la de ser su madre. Eso es lo que encontramos, por ejemplo, en Lucas 11:27-28: “mientras él (Jesús) decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”. Las palabras de Jesús no indican – como han señalado algunos historiadores – falta de afecto hacia su madre, pero sí muestran cuáles eran sus prioridades espirituales y, a sus ojos, escuchar la palabra de Dios y guardarla era mucho más importante que haber sido su madre.

Ese equilibro personal de Jesús hacia su madre explica que uno de sus últimos cometidos fuera el de procurar que su madre contara con abrigo y cobijo después de su muerte. Tal y como recoge Juan 19:25-27, mientras se hallaba en la cruz, Jesús dejó a María al cuidado del discípulo amado, algo lógico si tenemos en cuenta que los hermanos de Jesús “no creían en él” (Juan 7:5). Este pasaje de Juan ha sido utilizado frecuentemente por autores católicos como una referencia a la maternidad universal de María. Se trata de un tema que abordaremos en una entrega posterior, pero ya podemos adelantar que semejante interpretación ni siquiera es aceptada por teólogos católicos de peso. Por ejemplo, L. Ott, un teólogo católico conservador, señala en relación con la supuesta maternidad de María sobre los creyentes: “Faltan las pruebas escriturísticas expresas. Los teólogos buscan apoyo bíblico en las palabras de Cristo en Juan 19:26 ss: “Mujer, he ahí a tu hijo” “He ahí a tu madre”, pero, de acuerdo con el sentido literal, dichas palabras se refieren sólo a las personas a quienes van dirigidas: María y Juan” (Fundamentals of Catholic Dogma, Cork, 1966, p. 214). Cualquier protestante estaría totalmente de acuerdo con esa interpretación.

Las referencias a María tras la muerte de Jesús son muy escasas. No tenemos ninguna noticia de que Jesús resucitado se le apareciera, aunque quizá, sólo quizá, formara parte de los quinientos hermanos a los que se apareció a la vez (I Corintios 15:6). Sí sabemos que estuvo presente en las reuniones de la comunidad cristiana de Jerusalén (Hechos 1:14) y, de nuevo quizá, que lo estuviera durante el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, aunque no se puede asegurar. De hecho, a partir de Hechos 1, 14 perdemos su rastro en la Biblia ocupada, sin embargo, de narrar la vida de personajes como Esteban, Felipe, Timoteo y, por supuesto, Pedro y Pablo. Desde luego, si los primeros cristianos vieron a María de una manera lejanamente parecida a como la ven los católicos actuales se ocuparon rigurosamente de no dejar la menor huella. Por supuesto, es más lógico deducir que simplemente nunca la contemplaron como los católicos de hoy en día.

Resumiendo, pues, los datos que tenemos sobre María en el Nuevo Testamento relacionados con el ministerio público de Jesús y con la vida de los primeros cristianos se reducen a que:
Durante el ministerio público de Jesús, María intentó intervenir en varias ocasiones y Jesús siempre rechazó esa intervención.
Jesús subrayó una y otra vez que también era su madre aquel que escuchaba la Palabra de Dios y la obedecía, y que la condición espiritual de los discípulos era superior a la de su madre.
Jesús encomendó el cuidado de su madre al discípulo amado.
Carecemos de noticia de que Jesús se apareciera a María tras la resurrección y
En el año 30 d. de C., María, junto a los hermanos de Jesús, formaba parte de la comunidad cristiana de Jerusalén. A partir de ahí, el Nuevo Testamento no dice nada de ella.
Como señalaba en la anterior entrega, todo lo que la Biblia dice de María, los protestantes lo creemos firmemente. A contrario sensu – y tendremos ocasión de verlo en próximas semanas – no creemos aquello que no enseñan las Escrituras y que incluso colisiona con lo que éstas nos muestran.

Pero sobre eso hablaremos, Dios mediante, a partir de la semana que viene.

CONTINUARÁ: Los protestantes no creen en la Virgen (3): lo que los protestantes no creen de María.

Artículos anteriores de esta serie:

1 Juan Calvino y la Inquisición
2 Enrique VIII y los protestantes ingleses
3 Inglaterra y María la sanguinaria
4 Cisneros ¿precursor de la Reforma?
5 Juan de Valdés y la Reforma en España
6 Juan de Valdés huye de la Inquisición
7 Españoles del siglo XVI con la Reforma
8 Las ekklesias y «la» Iglesia católica
9 La verdadera Iglesia no tiene Papa
10 Salvación por gracia, no por obras
11 Carta de Santiago: fe, salvación y obras
12 Obispos casados
13 Los protestantes y la Virgen María

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Tito Pérez Quiroz

Escritor y servidor social

Miembro de la Iglesia del Nazareno

Lima, la gran capital peruana, es una ciudad circundada por cerros donde la vida está presente a través de numerosas casitas de material precario y de innumerables compatriotas de origen provinciano, que viven sus vidas en condiciones de pobreza y extrema pobreza. Es decir, sin los servicios básicos como agua, desagüe y luz.

En estos lugares marginales también se yerguen, hasta la altura de un piso que el terreno permite, sendos templos evangélicos a cargo de pastores cargados de fe. También, por supuesto, pastoras que han hecho de los cerros su medio natural para la misión y el servicio, como por ejemplo la pastora Wilma Grández.

En estos lugares también trabaja nuestro grupo de voluntariado ayudando a los niños, de dos a diez años de edad, con programas relacionados a las áreas de educación, alimentación y vivienda. Y en la actual coyuntura, cercana ya al inicio del año escolar, estamos enfatizando nuestro “Programa paquetes escolares”.

Es un programa de vital importancia en estos lugares donde los padres carecen de recursos para comprar los útiles escolares, porque sus precarios trabajos no les permiten asumir la educación de los pequeños. Son padres que trabajan como vendedores ambulantes, obreros de construcción, y principalmente recicladores.

Entonces, como hombres de fe y conocedores de esta realidad, cada cierto tiempo hacemos campañas para solicitar el apoyo de nuestros compatriotas, amigos, y hermanos en la fe, del Perú y del extranjero, a través de donaciones voluntarias que se destinan a solventar los gastos de nuestros programas sociales.

Trabajamos en los cerros de Comas, Carabayllo, San Martín de Porres y Ate-Vitarte, en Lima; también en los cerros de

Ventanilla, en el Callao, así como en los arenales de Chincha, en Ica. Es un trabajo cuyo pago se traduce en la sonrisa de los niños y en el agradecimiento de madres y padres que es más que suficiente.

Hacemos, pues, un llamado a los hermanos en la fe, para que abran sus corazones y nos ayuden en esta tarea de amor al prójimo. Nuestros niños necesitan cuadernos, lapiceros, juegos de escuadras, cajas de colores, forros de plástico, potes de goma, papel, mochilas y otros para sus estudios primarios.

Ayúdennos a ayudar, y que Dios les bendiga!

Más información en:

PERUANITOS grupo

Diego de la Torre 1433 Lima 1 Perú

Teléfono (511) 425-3128

http://www.peruanitos.org

Nota de Redacción: Para los amigos y hermanos en el extranjero sus donaciones monetarias pueden ser depositadas en la cuenta corriente en Dólares Nro. 191-1878829-1-78 (Banco de Crédito del Perú) o  por medio de la empresa Western Union o agencias similares. También puedes hacerlo por Internet (Xoom.com) o por intermedio de terceras personas o familiares. Todos los medios son válidos. ¡MUCHAS GRACIAS !

El deber del siervo

Publicado: febrero 3, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

JUAN SIMARRO
Retazos del evangelio a los pobres (VI)

“Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú”. Texto completo en Lucas 17:7-10.

26 de octubre de 2010

Muchas veces, en las líneas que buscamos para la vivencia de la espiritualidad cristiana, nos olvidamos de la crudeza con que Jesús narra el deber del siervo. Es verdad que están los textos en los que Jesús se muestra como nuestro amigo, pero los deberes del servicio, del ser siervos ante la grandeza y autoridad de Dios, siguen ahí vigentes. No las hemos de rechazar. Servimos a Dios, cuando servimos al prójimo. Yo creo que es mucho más fácil entender el servicio desde los parámetros del Evangelio a los pobres, un evangelio encarnado en nuestra historia, que desde los espiritualismos que nos elevan por encima de los sufrimientos de los demás mortales. Debemos hacer un esfuerzo por captar el concepto de servicio que es central tanto para la vivencia auténtica de la espiritualidad cristiana, como para el seguimiento a Jesús desde su exposición del Evangelio a los pobres.

Un problema es que intentamos servir al Señor, no desde los parámetros del siervo, del esclavo, sino desde una líneas de vivencia del Evangelio en donde el deseo de búsqueda de felicidad propia, el deseo de gozarnos en una relación espiritual con Dios, un tanto mística, el deseo que a veces tenemos de sentarnos rápidamente a la mesa con el Señor y escuchar sus parabienes es tan grande, que hace que nos olvidemos de la importancia del papel de siervos y buscamos el gozo espiritual de forma pasiva e insolidaria, de forma un tanto contemplativa sin querer enredarnos demasiado en el servicio al Señor y en su semejante, el servicio al prójimo. Preferimos el descanso, la comodidad, la pausa en el trabajo… queremos sentarnos al lado del Señor.

Pero el texto bíblico es duro: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?”. La idea del texto es que hay que seguir sirviendo. No hay tiempo para el descanso. Las tareas que nos esperan en el mundo son tan arduas e importantes, el grito de los pobres y sufrientes es tan desgarrador que no es posible aún el sentarse al lado del Señor, del amo, del dueño de vidas y haciendas. La necesidad de poner en práctica el Evangelio a los pobres es tan urgente y necesaria, que los seguidores de Jesús, sus siervos, no debemos todavía desear sentarnos a descansar y a comer junto al Maestro, no se nos es permitido todavía olvidarnos ni un momento del servicio.

Muchos pueden pensar: Señor, he arado, he apacentado, he labrado los campos… necesito descansar, quiero sentarme contigo a la mesa. Pues bien, el Señor nos dice: “Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido”. Nosotros podríamos decir: “Señor, ¿desde cuando te tengo que preparar la cena, y ceñirme para servirte hasta que comas y bebas?”. Y el Señor nos puede responder en la línea del Evangelio a los pobres: “En cuanto lo hiciste a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hiciste”. El siervo no debe buscar descanso mientras haya tantos hambrientos que necesitan de una cena preparada, mientras haya tantos sedientos y tantos necesitados que necesitan de personas ceñidas para el servicio.

El texto del deber del siervo está compuesto por palabras duras de Jesús, palabras de urgente necesidad, palabras de ánimo para trabajar sin descanso por el servicio a los que nos necesitan. Ser cristiano es también ser siervo de Dios y de los hombres, sin pausa, ni descanso. El sentarse relajadamente a la mesa, no podremos hacerlo mientras haya gritos de auxilio, demandas de ayuda urgente y desesperada.

A veces podemos acudir al Señor, cansados y rotos después del servicio, con hambre y sed y con la tendencia de sentarnos con él a la mesa. Queremos sentarnos con él, de brazos caídos para escuchar palabras de aprobación. Pero las palabras de aprobación: “Bien, buen siervo y fiel”, aún no llegan. El Señor, ni siquiera después de haber arado, apacentado, labrado y trabajado los campos duros en donde se tiene que hacer realidad el Evangelio, el Evangelio a los pobres, nos invita a sentarnos a su mesa para comer y descansar. No. Cuando lleguemos cansados del servicio nos podremos aún encontrar con los imperativos del auxilio a los otros: “Prepárame, cíñete, sírveme…”.

Yo creo que estos parámetros no se explican bien en el seno de las congregaciones. Es por eso que nos parecen demasiado radicales, demasiado autoritarios, demasiado urgentes. Necesitamos ser entrenados en las líneas del Evangelio a los pobres. Nuestro trabajo en el servicio es suave frente al sufrimiento de muchos de los excluidos, los necesitados y los hambrientos del mundo, los despojados de sus bienes y de su dignidad, los que desde sus bocas nace un grito de auxilio que se extiende por toda la tierra.

Por eso, en la línea del servicio, en los parámetros del Evangelio a los pobres, hemos de olvidarnos de que, el ser o llamarnos siervos del Señor, nos va a llevar rápidamente a la aprobación de Dios y a que éste nos dé las gracias. Nos gustaría oír rápidamente las aprobaciones de Dios. Aprobaciones como “has sido un héroe de la fe, un siervo ejemplar… te mereces un amplio y bonito descanso”. Pero, en su lugar, nos encontramos con las duras y radicales palabras del Evangelio: “¿Acaso el Señor da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no”. El Señor lo que busca de nosotros es que siempre estemos ceñidos, preparados y sirviendo. No busquemos, pues, tan rápidamente, las alabanzas, aprobaciones de Dios y los descansos. El deber del siervo es servir.

¡Qué interesante son estas palabras de Jesús sobre el deber del siervo para el seguimiento de las líneas marcadas por Jesús en el Evangelio a los pobres! Así, pues, no busques méritos ni recompensas… ni descansos estériles. Busca el ser útil, el mantenerte ceñido y preparado para el servicio al Maestro que, por semejanza en el amor, es el servicio a los más necesitados, al prójimo apaleado y tirado al lado del camino.

Señor, no nos dejes deleitarnos nunca en las aprobaciones y parabienes del mundo. No nos dejes sentarnos a tu mesa hasta haber acabado el servicio… cuando ya estemos contigo para siempre.

JUAN SIMARRO

ProtestanteDigital.com


CESAR VIDAL
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XIII) Los protestantes no creen en la Virgen (1)

Uno de los mitos más difundidos en el mundo católico acerca del protestantismo es el de que los protestantes no creemos en María. La idea está tan difundida que, a decir verdad, suele ser una de las dos o tres respuestas que da cualquier católico cuando se le pregunta acerca de cómo definiría a un protestante: “los protestantes no creen en la Virgen”

No sólo eso. Esa circunstancia resulta muy ofensiva para no pocos católicos lo que, dicho sea de paso, deja de manifiesto el enorme peso que tiene la mariología en sus creencias y prácticas. A título de ejemplo, puedo decir que cuando algunas personas decidieron iniciar una campaña contra mi en la cadena COPE – ¡tras una sola temporada de trabajo como simple colaborador! – su argumento fue que no creía en la Virgen y que mis puntos de vista al respecto resultaban absolutamente intolerables en esa emisora.

Como señalaría con cierta ironía un amigo católico, también se podía haber dicho que no creía en la infalibilidad papal o en la transubstanciación. Era cierto. Sin embargo, la peor acusación que se podía lanzar contra mi era el de que no creía en la Virgen. Deseo tranquilizar a nuestros amigos católicos señalando de entrada que los protestantes sí creemos en María, aunque, eso sí, creemos en lo que señala sobre ella el Nuevo Testamento. Desarrollaré esta afirmación en diversas entregas y en esta primera me centraré en lo que creemos de María antes del inicio del ministerio público de Jesús.

De entrada, hay que señalar que María tiene un papel de relevancia escasa en los escritos del Nuevo Testamento. Sólo se hace mención de ella en cinco de sus veintisiete libros y de esos cinco sólo dos mencionan su embarazo virginal.

Por Lucas y Mateo, sabemos que era una virgen desposada con José, un hombre justo, de la casa de David y que vivía en la localidad galilea de Nazaret (Lucas 1:26-27). Es posible que perteneciera a una familia sacerdotal porque su prima Elisabet – o Isabel – estaba casada con un sacerdote de la clase de Abías y ella misma era de las hijas de Aarón (Lucas 1:5).

También sabemos que antes de que el matrimonio con José se consumara, es decir, cuando sólo se hallaba en la fase de esponsales, quedó encinta (Lucas 1:26-38). Dado que José no había mantenido relaciones sexuales con ella, llegó a la conclusión de que María era culpable de adulterio y resolvió repudiarla en secreto, posiblemente para evitar que la lapidaran (Mateo 1:18-19). Así, lo habría hecho de no ser porque un ángel aparecido en sueños le anunció que el niño que se estaba formando en el seno de María era fruto de la acción directa del Espíritu Santo (Mateo 1:20), que el nacido salvaría al pueblo de sus pecados (Mateo 1:21) y que la concepción virginal era el cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14 (Mateo 1:22-23). Al despertar, José acogió a María en su casa (1:24) y no tuvo relaciones sexuales con ella “hasta que dio a luz a su hijo primogénito” (Mateo 1:25). En Mateo, pues, la experiencia de María aparece descrita – y no deja de ser revelador – con José como protagonista.

El enfoque es diferente – y complementario – en el Evangelio de Lucas donde todo el episodio es narrado desde la perspectiva de María. Según Lucas, un ángel le anunció que tendría un hijo a pesar de que no mantenía relaciones sexuales con ningún varón (1:34-38) y María se encaminó a una ciudad de Judea, en la montaña donde vivía su prima Isabel (1:39-40). Ésta también se hallaba encinta y, al ver a María, el niño que se gestaba en su vientre dio un salto lo que llevó a aquella a confirmar que su prima llevaba en su seno al mesías (1:41-45). Las palabras que María dio como respuesta (Lucas 1:46-55) son conocidas convencionalmente como el Magnificat y constituyen la declaración más amplia de que disponemos acerca del pensamiento teológico de María. Excede de los límites de este artículo detenernos en ese texto, pero podemos indicar que en él, María indica como Dios es su salvador (v. 46-47), como Dios no ha reparado en la “bajeza de su sierva” que será llamada bienaventurada por dar a luz al mesías (v. 48-49) y como todo esto armoniza con el carácter y las promesas de Dios formuladas a Israel (v. 50-55). María permaneció con Isabel tres meses al cabo de los cuales regresó a su casa y, presumiblemente, fue recibida por José (Lucas 1:56).

Los datos siguientes nos indican que María y José se dirigieron a Belén con ocasión de un censo (Lucas 2:1-4); que María dio a luz en un humilde lugar donde pudieron aposentarse (Lucas 2:7) y que el niño fue objeto de las alabanzas de un grupo de pastores cercano (Lucas 2:8-20).

A los ocho días, en cumplimiento de la Torah, Jesús fue circuncidado (Lucas 2:21) y, tras cumplir con su purificación, María y José lo llevaron al templo para ser presentado al Señor con la ofrenda prescrita por Moisés (Lucas 2:22-23Levítico 12:6-8). Allí, María fue testigo de la proclamación del niño como Mesías por parte de Simeón y de Ana (Lucas 2:25-38) y, tras cumplir con lo prescrito en la Torah, regresó junto a José a Nazaret (Lucas 2:39).

Mateo relata además episodios como la adoración de los magos (Mateo 2:1-12), la matanza de los inocentes por Herodes (Mateo 2:13-18) y la huída a Egipto si bien, de manera significativa y propia de este evangelista, el protagonista es José y no María. Fue también José, según Mateo, el que recibió la revelación para regresar a Israel (Mateo 2:19-21) y el que optó por asentarse en Galilea en lugar de en Judea (2:22).

Desde ese momento hasta el inicio de la vida pública de Jesús, sólo tenemos constancia del episodio de la bajada a Jerusalén de Jesús con sus padres en el curso de la cual lo perdieron y hallaron luego en el templo (Lucas 2:21-40). De manera bien significativa a la pregunta de María: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”, Jesús respondió: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (2:48-9).

Ni María ni José “entendieron las palabras que les habló” (Lucas 2, 50). Como había sucedido con el episodio de los pastores (Lucas 2:19), María se limitó a guardar aquellas palabras y meditarlas en su corazón (2:51).

Resumiendo todo, podemos señalar:
que de la vida de María antes del ministerio público de Jesús, sólo tenemos algunos datos gracias a dos de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento,
que María aparece como una joven virgen judía desposada con José
que quedó encinta por obra del Espíritu Santo y no tuvo relaciones sexuales con José “hasta que dio a luz a su hijo primogénito”
que le fue anunciado por un ángel que su hijo iba a ser el mesías
que María era una judía piadosa cuya esperanza espiritual era la propia del pueblo de Israel expresada en los términos propios del judaísmo de la época, de ahí que, por ejemplo, contemplara a Dios como a su salvador y reconociera su propia “bajeza”
que, como judía piadosa, cumplió fielmente con lo prescrito en la Torah en materia de purificación y de fiestas y
que distaba, a pesar de su piedad, de ser perfecta no entendiendo lo que hacían los pastores en Belén y todavía menos la respuesta que Jesús le dio a ella y a José tras perderse en el viaje a Jerusalén. Precisamente porque no entendía esto, lo guardó en su corazón y lo meditaba continuamente.

Todo esto afirma el Nuevo Testamento acerca de la María anterioridad al ministerio público de Jesús y todo esto lo creemos los protestantes.

No se puede decir, pues, en propiedad que no creemos en María, pero sobre lo que creemos de ella seguiremos tratando en la próxima entrega, Dios mediante.

CONTINUARÁ: Los protestantes no creen en la Virgen (II)

CESAR VIDAL
Protestantedigital.com

 


31 de enero de 2011, CIUDAD DEL CABLO


En el Encuentro se reflexionó sobre cómo trabajar conjuntamente para la evangelización del mundo. Ahora se ha publicado la declaración final del encuentro, un texto claro, directo y muy concentrado que resume un “llamado a la acción” basado en dos aspectos centrales del evangelio: hacer discípulos de Jesús y amarse los unos a los otros.

La declaración final de Ciudad del Cabo 2010, oficialmente publicada el viernes, está formada por dos documentos. El primero es la “Confesión de fe de Ciudad del Cabo”, que reafirma a través de 10 puntos las bases de la fe cristiana. Dirigiéndose al lector siempre en primera persona del plural, el credo repasa 10 puntos centrales de la doctrina cristiana, que empiezan afirmando que “amamos porque Dios nos amó primero”. A partir de aquí, el texto toma la fórmula “Amamos…” para aplicarla a la trinidad, la Palabra de Dios, el mundo en el que vivimos, el evangelio, la iglesia y la misión de Dios.

El segundo documento es la aplicación de la confesión de fe, y plantea retos concretos para la iglesia en el siglo XXI. Lleva el título “Para el mundo al que servimos: La Llamada a la Acción de Ciudad del Cabo”. En él se ha buscado transmitir de forma concisa la gran cantidad de ideas sobre las que se reflexionó y debatió durante los 10 días que duró el Congreso, e incluir además todo el trabajo de preparación de materiales previo al encuentro, que daba continuidad a Lausanne II (Manila, 1989).

El Comité organizador ha buscado reunir las diferentes sensibilidades de los 4.000 líderes asistentes que representaban a un total de 198 países. “Los seis temas principales del Congreso nos proveen de un marco para discernir los retos que tiene la iglesia de Cristo en todo el mundo, y nuestras prioridades para el futuro”, dice la introducción del documento. Con esta base y el convencimiento de “haber buscado la voz de Dios a través del Espíritu Santo” durante el congreso, algo que se hizo “estudiando el libro de Efesios” conjuntamente y “escuchando las voces de Su gente de todas las partes del mundo”, el texto entra en materia para plantear de qué forma la iglesia puede servir a Dios y al mundo en el presente y el futuro.

Relatamos a continuación los puntos principales de la “Llamada a la Acción de Ciudad del Cabo”.

RELATIVISMO Y LA VERDAD, QUE ES CRISTO

Esta declaración empieza enfocándose en el concepto de verdad en un mundo plural y globalizado, y lo hace de forma contundente: “Jesucristo es la verdad del universo”, se lee en la primera sección. Por ello, es esencial vivir en esta realidad, “una verdad que la gente verá en las caras de aquellos que viven su vida para Jesús”, así como proclamar esta verdad, “algo que no puede ser separado de vivirla”. Así, el compartir el evangelio estará basado “no sólo en presentar el evangelio como una mejor solución que la que otros dioses ofrecen”, sino como “el plan de Dios para el universo entero, en Cristo”.

Ante un pluralismo posmoderno que rechaza todo lo que suena a absoluto, es importante identificar, formar y orar por personas que puedan “defender las verdades bíblicas en el espacio público”, pero también “equipar a cada creyente con el valor y las herramientas para explicar la verdad”, y así participar relevantemente en cada área de la cultura en la que vivamos.

Este llamado a mostrar la verdad incluye muy especialmente el lugar de trabajo. El texto denuncia la “falsedad” que es que exista “una división entre los secular y lo sagrado”, una visión errónea “que ha calado en el pensar y actuar de la iglesia”. Esta división artificial de la vida de un cristiano entre lo que es espiritual y lo que no, es un “obstáculo importante” ya que “cada creyente debería aceptar y afirmar su propio ministerio diario y su misión, sea cual sea el sitio en el que Dios le ha llamado a trabajar”. El texto anima a pastores, evangelistas y misioneros a “integrar totalmente” a cada trabajador cristiano en la estrategia global de la misión.

La verdad que está en Cristo también debería tenerse en cuenta cuando hablamos de comunicación. Hay una necesidad de tener “un nuevo compromiso crítico, creativo con los medios y la tecnología”, que ayude a la gente a “ser consciente de los mensajes que reciben de los medios de comunicación y las visiones del mundo que hay detrás”, pero también a animar a cristianos a formar parte de estos medios de comunicación (sea información o entretenimiento), para que sean “ejemplos creíbles”. La participación de los cristianos, sigue el texto, también podría ser mucho más grande en el arte o en el nuevo mundo de las ciencias de la biotecnología, en el que es necesario animar a estudiantes a que se esfuercen para formar parte de estas áreas de investigación. Un reto en este sentido es reflexionar bíblicamente sobre cómo las leyes deberían marcar el avance de la tecnología para ayudar a reafirmar “el respeto por la dignidad excepcional de la vida humana”.

Tampoco hay duda, para los redactores de esta declaración, que la participación en la vida pública (es decir: política, economía y educación) es esencial, ya que “estas áreas de la sociedad tienen una fuerte influencia en los valores de cada país”.

OFRECER PAZ EN UN MUNDO DIVIDIDO

La declaración de Ciudad del Cabo remarca que “la reconciliación con Dios es inseparable de la reconciliación unos con otros”. Es decir, “la unidad del pueblo de Dios es a la vez una hecho (a través de Cristo) y un mandato”. En este sentido, hay un llamamiento especial a ofrecer el evangelio al pueblo judío, que “ha recibido las promesas de Dios” pero que como toda otra persona tiene “la necesidad de reconciliarse con Dios a través del Mesías, Jesús”.

“Anhelamos ver el día en el que la iglesia será el modelo más visible en el mundo de la reconciliación étnica y el defensor más activo para la resolución de conflictos”. Los cristianos deben lamentar y arrepentirse por los casos en los que se ha participado en violencia étnica o represión. También por los momentos en los que se ha sido cómplice de la injusticia por medio del silencio, como en muchos casos de racismo. Pero la iglesia también debe ser proactiva y adoptar un “un estilo de vida reconciliador”, en el que se hable de la paz de Cristo en contextos de violencia y se luche por convertir el ámbito de la iglesia en un lugar seguro.

La paz del evangelio, además, tiene que mostrarse especialmente en problemáticas concretas, como el tráfico de seres humanos en nuestro siglo. Los redactores de la declaración recuerdan que actualmente hay unas 27 millones de personas que viven en esclavitud, una realidad dramática que los cristianos no pueden ignorar: “tenemos que enfrentarnos a los factores sociales, económicos y políticos que generan el tráfico”. La iglesia debe “mostrar la nueva sociedad que Jesús prometió”.

Otro momento para llevar paz que surgió de Ciudad del Cabo es el de añadirse activamente en la lucha contra la pobreza extrema, pidiendo a los gobiernos de todos los países que se esfuercen en cumplir los Objetivos del Milenio, que buscan acabar con la pobreza extrema. Pero esto no se puede hacer sin “también confrontar la riqueza excesiva y la avaricia”, que “perpetua la pobreza” y que es el evangelio define como una forma de idolatría.

En cuanto a las personas que sufren enfermedades crónicas, el texto llama no sólo a apoyar sanitaria, emocional y económicamente a estas personas, sino también a reconocer sus dones y su aportación a la iglesia.

Por último en esta sección, la paz del evangelio es completamente aplicable al estado del planeta. “La Tierra no nos pertenece a nosotros, pertenece a Dios”. Los cristianos no sólo deberían participar de las tendencias sociales para la reducción del consumo innecesario y de la contaminación, sino también implicarse activamente en ámbitos como la agricultura, la industria o la medicina para llevar a cabo programas que tengan un impacto positivo sobre el Medio Ambiente.

RELACIÓN CON PERSONAS DE OTRAS RELIGIONES

La evangelización fue uno de los temas centrales del Congreso, en octubre del año pasado. Pero no el proselitismo, aclara el texto.No se debe buscar que alguien “acepte nuestra religión ni siquiera entrar a formar parte de nuestra denominación”. La evangelización debe ser “ética” y basada en una “conciencia limpia”. El trato con gente de otras religiones debe mostrar “amor”, “hospitalidad”, “denunciando el racismo” y no reaccionando nunca con violencia, “aún cuando se es atacado” por otras religiones. Además, el diálogo de los cristianos con otras religiones debe combinar el escuchar respetuosamente a otros, en base a la propia confianza en la singularidad de Cristo.

La declaración no olvida a los que “sufren por el evangelio” en partes del mundo en los que la falta de libertad religiosa puede llevar a algunos cristianos a la muerte. “Muchos cristianos que viven en el confort y la prosperidad necesitan escuchar otra vez el llamado de Cristo a estar dispuestos a sufrir por Él”. No sólo es necesario apoyar en oración a los perseguidos, sino de ser conscientes del “infinito dolor que Dios siente ante aquellos que se oponen y rechazan su amor, su evangelio y sus siervos”. Ante esto es especialmente importante que los creyentes hagan una realidad en su vida el “evangelio de gracia”, por el que estén dispuestos a “vivir, amar y servir en sitios difíciles y dominados por otras religiones, para llevar también allí la fragancia de la gracia de Jesucristo”.

Aparte de ir a otros sitios del mundo, la iglesia debe también darse cuenta definitivamente de lasoportunidades de misión que ofrece la migración global. “Animamos a los cristianos en países que acogen comunidades inmigrantes de otros contextos religiosos a que sean un testimonio cultural del amor de Cristo, en palabras y acciones, amando al forastero, defendiendo a los extranjeros, construyendo relaciones, invitando a nuestras casas y ofreciendo ayuda”. Los cristianos que emigran, por su parte, son animados a “discernir la mano de Dios, incluso en circunstancias que no hayan escogido libremente, para buscar las oportunidades que Dios provee para dar testimonio de Cristo en su nuevo país de acogida”.

Sea como sea, “esforcémonos por conseguir el objetivo de la libertad religiosa de todas las personas”, dice la declaración. No sólo se trata de defender la libertad de conciencia de los cristianos, sino también el de personas de otras religiones cuyos derechos sean atacados. Como dice la Biblia, el pueblo de Dios ha de buscar el bien de la sociedad, honrar y orar aquellos que tienen responsabilidades políticas. Pero en situaciones en las que un estado fuerza a los cristianos a decidir entre la lealtad a su propio poder o la lealtad a Dios, “debemos decir ‘no’ al estado porque hemos dicho ‘sí’ a Jesucristo como nuestro Señor”.

EL EVANGELIO Y EL MUNDO

La declaración de Ciudad del Cabo reconoce con “dolor y vergüenza” que aún hay muchas comunidades en el mundo que no han escuchado el evangelio, y remarca que “sólo un porcentaje muy pequeño de los recursos de la iglesia (sean humanos o materiales) se está dirigiendo a las gentes menos alcanzadas”. El texto dice que la iglesia tiene la oportunidad de “arrepentirnos de nuestra ceguera” y de “nuestra falta de urgencia en compartir el evangelio” con las personas que no han tenido oportunidad de escucharlo. Quienes vayan a hacerlo deben integrarse realmente en la sociedad a la que van, aprender su cultura y su lengua y vivir el evangelio de forma real. La traducción de la Biblia a lenguas que aun no tienen una traducción propia debería ser un objetivo, y no se puede olvidar que hay culturas orales que no utilizan el lenguaje escrito, a las que hay que llegar con otras formas de compartir el evangelio.

El crecimiento espectacular de la iglesia en muchos países lleva a plantear la necesidad de que haya líderes que realmente sean discípulos de Jesús. Se observa que en muchos sitios hay líderes cristianos que “usan su posición para conseguir poder, un estatus arrogante o el enriquecimiento personal”. En estas situaciones de abuso de poder, “la gente de Dios sufre y Cristo es deshonrado”. Por ello, se recuerda que la Biblia enfatiza en que “sólo aquellos que muestran con sus vidas las características básicas de madurez como discípulos deberían ser puestos en lugares de liderazgo”.

“La solución al fracaso en el liderazgo no es simplemente hacer más formación de liderazgo, sino mejorar la formación de las personas como discípulos de Cristo”. La iglesia necesita auténticos líderes, que son “los que tienen un corazón de servicio, humildad, integridad, pureza, sin codicia, que son perseverantes en la oración, con dependencia del Espíritu de Dios y un profundo amor por las personas”. Ante estas altas exigencias, es necesario que “oremos por nuestros líderes”, para que sean “bíblicos y obedientes” a Dios. Para conseguirlo, es importante que estos puedan tener espacios en los que poder rendir cuenta de sus vidas y su trabajo a otras personas.

Aún puesto el enfoque en la evangelización, el documento hace un especial énfasis en llevar el mensaje a las ciudades y al colectivo de los niños. Las aglomeraciones urbanas son especialmente importantes porque en ellas se encuentran “la próxima generación de gente joven, la mayoría de las personas inmigradas, las personas que marcan las tendencias de la sociedad y los más pobres entre los pobres”. En cuanto a los niños, Ciudad del Cabo considera que todos ellos están en riesgo: “la mitad de ellos están en riesgo de caer en la pobreza”, mientras que otros muchos millones “están en riesgo por la prosperidad” de las sociedades en las que viven, los hijos de los ricos y seguros tienen todo con lo que necesitan para vivir, pero nada por lo que vivir”. Es importante entender, afirma el texto, que “la gente joven son la iglesia de hoy, no solamente la del mañana, la gente joven tienen un potencial enorme como agentes activos de la misión de Dios”.

“VUELTA A LA HUMILDAD, LA INTEGRIDAD Y LA SIMPLICIDAD”

Uno de los grandes peligros de la iglesia es seguir a “otros dioses”, la “idolatría entre el pueblo de Dios es uno de los principales obstáculos para llevar a cabo la misión”. Afirma el texto que “cuando no hay diferencia entre la conducta de los cristianos y los no cristianos, entonces el mundo tiene el derecho de preguntarse si nuestra fe hace alguna diferencia, nuestro mensaje no aportaría ningún tipo de autenticidad a un mundo que observa”.

Uno de estos “ídolos” que asolan la iglesia son “los desórdenes sexuales”, y todo lo que conlleva (“familias rotas” y “soledad”, por ejemplo). Por ello, se anima a los pastores de las iglesias a“facilitar en la iglesia una conversación más amplia sobre la sexualidad”, “enseñar claramente lo que estándares que marca Dios” con “compasión por los que han caído en pecado” y a los miembros de la iglesia a “fortalecer la fidelidad en el matrimonio, resistirse a participar en todas las formas de desorden sexual en la cultura que nos rodea, incluyendo la pornografía, el adulterio y la promiscuidad”.

A ello hay que añadir un “esfuerzo por entender y  trabajar en los profundos problemas de identidad y experiencias que llevan algunas personas a la práctica homosexual”. A ellos es importante acercarse con el amor, la compasión y la justicia de Cristo, además de rechazar y condenar cualquier tipo de odio o abuso verbal o físico contra las personas homosexuales”. Lo mismo se puede aplicar a las personas con el virus del Sida.

Otro reto para la iglesia ahora es la humildad, se concluye del documento. En referencia a Pablo, la declaración dice que el “idolatrar el orgullo y el poder” se combate con el requerimiento de que “aquellos que están llenos por el Espíritu de Dios se sometan los unos a los otros por reverencia a Cristo”. También conlleva riesgos la búsqueda del éxito como un objetivo, por el que estamos tentados a “sacrificar nuestra integridad”.

En cuanto a la “idolatría de la codicia”, la declaración de Ciudad del Cabo se muestra claramente en contra de los que se ha llamado “el evangelio de la prosperidad”. “Negamos como algo no bíblico la enseñanza que dice que el bienestar espiritual puede ser medido en términos de bienestar material”. Sigue diciendo que “muchos que promueven el ‘evangelio de la prosperidad’ distorsionan seriamente la Biblia” y “a menudo cambian el llamado al arrepentimiento por el llamado a dar dinero a la organización del pastor”. Por ello, y en base a un análisis bíblico riguroso centrado especialmente en las palabras y el ejemplo de Jesús, el documento describe el ‘evangelio de la prosperidad’ como “un falso evangelio”.

TRABAJANDO PARA LA UNIDAD EN LA MISIÓN

En el sexto y último punto del “Llamado a la Acción de Ciudad del Cabo” se empieza recordando que “una iglesia dividida no tiene ningún mensaje que ofrecer a un mundo dividido”. La realidad de la unidad espiritual, que fue hecha por Jesús en la cruz, tiene que llevarse a la práctica en el trabajo conjunto en muchas áreas. “Demasiado a menudo nos hemos invertido en la misión en formas que han priorizado y perseverado nuestras propias identidades (énticas, denominacionales, teológicas) y hemos fallado en someter nuestras pasiones y preferencias a Dios”.

Para buscar la unidad de la iglesia en los objetivos marcados por la soberanía de Dios, es necesario “dejar de lado la sospecha, la competencia y el orgullo, y aprender de aquellos a los que Dios está usando, aun cuando no son de nuestro continente, ni nuestra organización, o teología, o nuestro círculo de amigos”. Este trabajo conjunto, además, debe ser una realidad también en la colaboración entre hombres y mujeres. Más allá de los enfoques diferentes sobre el ministerio de la mujer en la iglesia (que son acercamientos “sinceros en su intento de ser fiel y obediente a la Biblia”) el texto enfatiza en que “todos nosotros, hombres y mujeres, casados o solteros, somos responsables de utilizar los dones de Dios para el beneficio de otros, para la gloria y la honra de Cristo”.

Además, la declaración llama a que la formación teológica que se de en diferentes partes del mundo sea “intrínsicamente misionológica”. Es decir, “el estudio de teología no es un fin en sí mismo, sino que sirve a la misión de la iglesia en mundo”. En este mismo sentido, la misión debe usar la teología, teniendo la Biblia como mensaje central en la propia evangelización.

CONCLUSIÓN

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de reconciliación” (2ª Corintios 5:19). Este fue uno de los conceptos lema de Ciudad del Cabo, y también lo es de la conclusión de esta declaración.

Discipulado y reconciliación son indispensables en nuestra misión. Lamentamos el escándalo de la poca profundidad y falta de discipulado, y el escándalo de nuestra falta de unidad y de amor, porque ambas cosas dañan seriamente nuestro testimonio del evangelio”. Por eso, “discernimos la voz de Jesús” en estos grandes retos, acaba el texto, que n palabras de hace 2.000 años ya marcaba dos grandes prioridades en las que  la iglesia debe reenfocarse: “Haced discípulos” y “Amaos los unos a los otros”.

Puede descargarse la declaración final de Ciudad del Cabo 2010 aquí (inglés, en formato PDF).

(*) Esta noticia se ha basado en el original del texto en inglés. Por ello, las citas pueden no coincidir exactamente con la traducción oficial del texto al español, que aun no existía cuando se escribió esta noticia.

Fuentes: CT2010

© Protestante Digital 2010


JUAN SIMARRO

Retazos del evangelio a los pobres (V)

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”. Texto completo en Mateo 19:16-22.

Lo curioso de este joven rico es que no se encontraba satisfecho con el uso exclusivo de sus riquezas. Quería tener nuevas perspectivas. El joven rico de la parábola se fue triste. El Evangelio a los pobres, adjudica la felicidad a los menesterosos: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Para el rico de la parábola no hubo felicidad. Dice el texto bíblico: “Oyendo el joven esta palabra, se fue triste porque tenía muchas posesiones”. Se fue insatisfecho, notaba un vacío existencial que quería llenar, pero el peso de las riquezas era tan grande sobre él, que prefirió seguir con ese peso, ese vacío, y no perder ninguna de sus riquezas temporales. Se dejó atrapar por las riquezas que le conducían a un cierto sinsabor en la vida, a un vacío que le lleva a preguntar: “¿Qué más me falta?”.

La parábola, en la línea del Evangelio a los pobres, nos enseña no solamente que la riqueza no da la felicidad, sino que puede llegar a entristecer, aislar, impedir tener la vida que uno desea tener. Las riquezas también ahogan las raíces de la vida y conducen a la infravida… aunque hay otros ricos satisfechos, sin inquietudes que ni siquiera intentan el camino del seguimiento. Espero que la tristeza del joven rico, le acercara en otro momento a Jesús. Sería deseable que este vacío existencial que llevaba a este joven a la búsqueda, afectara a todos los ricos del mundo, que la tristeza planeara sobre ellos hasta hacerles dar un giro existencial para poder asumir los valores del Reino.

Notar que algo nos falta, no es algo estrictamente de los ricos del mundo. Debería ser también un sentimiento de muchos de los cristianos cumplidores en el ámbito de las iglesias. Los religiosos cumplidores y los ricos, pueden tener problemas similares. Así, los religiosos que se acercaron a Jesús estaban más en la línea de los ricos que de los pobres. El Evangelio a los pobres da un toque también a los religiosos presos de la ética del cumplimiento, presos de los rituales y celosos de cumplir las jotas y las tildes de una religión teórica.

Hay muchos cristianos que comparten la inquietud o la satisfacción que hemos comentado de los ricos de este mundo. Así, muchos cumplidores religiosos se encuentran cómodos con su ética de cumplimiento religioso y sin compromiso con el prójimo sufriente. Hay muchos cristianos que su conciencia no les dice que algo les falta. Pueden pensar que incluso tienen méritos suficientes acumulados. Ni siquiera sienten la necesidad de preguntar al Señor: “¿Qué más me falta?”. Comparten los cumplimientos del joven rico, pero sin la inquietud. Así, leen la Biblia, oran, alaban, cumplen con todos los servicios religiosos.

No estaría mal que muchos de estos cumplidores religiosos sintieran al menos la inquietud del joven rico, que pensaba que algo le faltaba. Por eso este joven lo veo con algo de simpatía y espero que, movido por su profunda tristeza y su vacío existencial, volviera a Jesús en arrepentimiento.

El fomentar esta inquietud en los ricos y en los religiosos cumplidores, pero insolidarios con el prójimo, es positivo. No creo que este joven rico buscara solamente una forma de perder el tiempo con Jesús. Su vacío existencial y religioso le presionaba. “¿Qué más me falta, Señor?”.

El problema es que la respuesta de Jesús, en su radicalidad, puede dar miedo. Si el joven rico, presa de la tristeza existencial, no volvió después a Jesús, fue por el miedo a la radical exigencia de Jesús. Por eso no es fácil el seguimiento para los ricos. La respuesta desde la línea del Evangelio a los pobres que nos deja Jesús sigue estos parámetros: haz, da, vende y reparte, comprométete, cuida, sirve… y sígueme libre de todas estas cargas y todas esas marañas económicas o religiosas que pueden perjudicar tu vivencia de la espiritualidad cristiana.

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”. ¿Creéis que la respuesta de Jesús impacta a los ricos hoy? El joven rico pudo pensar: Señor, aquí en esta vida he heredado mucho, soy joven y tengo casi todo. Quiero heredar también la vida eterna… pero no puedo aceptar el precio.

Yo creo que el joven rico se debió de quedar frío delante de Jesús. Helado. Sorprendido. ¿Cómo puede afectar esta repuesta a los ricos del mundo hoy? ¿Tanto vale el tesoro en el cielo que me puede costar el tesoro en la tierra?

A los ricos, en la línea del Evangelio a los pobres habría que decirles: Perder el tesoro en la tierra en forma de compartir y eliminar sufrimiento; perder el tesoro en la tierra por dar vida, por sacar a personas de la infravida; perder el tesoro en la tierra por seguir el concepto de projimidad de Jesús, no es tal pérdida. Todo es ganancia. Habrás eliminado tristeza y experimentado la felicidad del dar: “Es más feliz dar que recibir”.

La respuesta de muchos ricos es: No, Señor, no. Yo quiero ambos tesoros. El de la tierra y el del cielo. La respuesta viene desde lo alto, desde el megáfono del Dios que nos dejó el Evangelio a los pobres: ¡Imposible!

El desprenderse de las riquezas para compartirlas, no es un precio alto si, a cambio, te va a dar felicidad y eliminar tu vacío existencial y religioso. Si todo lo acaparas egoístamente para ti mismo, el halo de tristeza que te va a embargar, afectará a todo el mundo, afectará al rostro de Dios mismo, de Jesús.

No te quedes con tu riqueza y con tu tristeza… aunque tengas poco. Comparte, sirve. Cuando llegues delante del Señor, si quieres seguir tus cumplimientos religiosos insolidarios, te darás cuenta que el que va a ser recibido en el seno de Abraham, siguiendo el concepto de la parábola del rico y Lázaro, no va a ser el que más alabe, el que más lea la Biblia, el que más haya cumplido con el ritual religioso… sino el que más haya servido.

Mantennos en cierta tristeza, Señor, una tristeza que sea un aguijón que nos inquiete hasta llegar a comprender todas estas líneas del Evangelio a los pobres.

Artículos anteriores de esta serie:

1 El evangelio a los pobres: retazos
2 El rico y Lázaro
3 Los pobres, Moisés y los profetas
4 Todo en el cielo y todo en la tierra

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com (España, 2011)