Archivos de la categoría ‘Iglesia’


14.03.11 

Photo: Flickr

 

Después de lo que se está llamando un “monstruoso” terremoto y tsunami que azotó el Japón el viernes, el secretario general del CMI, Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, ha pedido a las iglesias de todo el mundo que oren por Japón y por el pueblo japonés.

 

“Vemos consternados hoy aquí en Asia las imágenes del terremoto y el subsiguiente tsunami registrados en Japón y escuchamos los lamentos de todas las personas azotadas por la doble catástrofe, y estamos conmocionados y horrorizados al ver lo vulnerables que somos como seres humanos a las catástrofes de esta magnitud”, dijo Tveit en los comentarios realizados durante su visita a Seúl, Corea.

 

“Expresamos nuestra más sincera condolencia y oramos por las víctimas, por sus familias y por todos los que ahora viven en el temor de otras réplicas, algunas de las cuales son tan fuertes como muchos terremotos”, dijo Tveit. “Oramos por todas las personas que han perdido o no pueden encontrar a sus seres queridos, por quienes han perdido sus hogares o se enfrentan con las consecuencias de esta enorme destrucción”.

 

“Todas las personas dispuestas a ayudar a las víctimas debemos prestar nuestra asistencia y apoyo en la forma en que podamos, y dar prioridad a quienes son los más vulnerables en esta situación. Confiamos en que la iglesias de todo el mundo mostrarán su solidaridad”, afirmó.

 

Como conclusión, Tveit pidió “a las iglesias de todo el mundo que oren por el pueblo de Japón y por todos los demás pueblos que han sufrido las consecuencias de esta terrible catástrofe que está ocurriendo. Oramos a Dios que, por medio de Cristo, ha mostrado la más profunda solidaridad y conmiseración con todos los seres humanos que sufren. Oramos a Dios para que socorra, restablezca y renueve la vida en este período de destrucción, desesperación y muerte”.

 

Iglesias miembros del CMI en Japón

 


La siguiente solicitud de oración fue enviada por el Rev. Dr. Wakseyoum Idossa, Presidente de la Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus a través del Rev. Dr. D. Gemechis Buba, Director de misiones de la NALC:

En los últimos días más de 41 iglesias y varias estaciones misioneras evangélicas o congregaciones de la misión fueron incendiados. Hay miles de personas expulsadas de sus hogares y muchos han sido muy golpeados y asesinados. Los autores son elementos radicales islamistas y yihadistas que operan actualmente en las partes oeste y sur de Etiopía.

He hablado con el Rev. Wakseyoum mientras me encontraba en la frontera de Sudán , visitando los sínodos e iglesias de Mekane Yesus. La Voz de América (VOA) se puso en contacto con él (Rev. Wakeseyoum) lo entrevistó desde un lugar remoto, siendo esta entrevista emitida desde Washington DC

En esa entrevista dijo que, Mekane Yesus intencionalmente esta trabajado duro para establecer buenas relaciones con los etíopes musulmanes  y este trabajo ha dado lugar a muchas cosas buenas y también a una relación positiva. Sin embargo, está conmocionado y entristecido por este desgarrador y atroz brote de violencia.

Estos actos brutales no son nuevos. Hace tres años, los fundamentalistas musulmanes quemaron varias iglesias, evangelistas, pastores y líderes laicos fueron asesinados. Ahora están repitiendo estos mismos ataques. Hoy miles de miembros de familia han perdido sus hogares, iglesias y sus derechos a la seguridad de adorar y llevar a cabo sus ministerios.

Los funcionarios del gobierno etíope y las fuerzas de seguridad han intervenido. El resultado de su trabajo aún no se conoce. Hoy mismo algunos líderes de la oficina central de la Iglesia Mekane Yesus en Addis Abeba han viajado a la zona para empezar a ayudar a las víctimas. Hay muchas personas que ahora están a la espera de obtener alguna ayuda de emergencia en un campo de refugiados. El Presidente Idossa (Presidente de la Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus) va a lanzar otro comunicado en los próximos días ya que la investigación continúa y que el gobierno intenta controlar estos actos y llevar a los perpetradores ante la justicia.

Por favor, oren sobre esto!

La persecución no es nueva para los luteranos en Etiopía. Sin embargo, cada vez que esto sucede se abre viejas heridas y se rompe los corazones de muchos. En medio de esta situación están caminando hermanos y hermanas que en este santo tiempo de Cuaresma no con cenizas en la frente, pero llevando la cruz de Cristo y confesando su fe en las palabras del Salmo 23:1, «El Señor es mi pastor!»

En este tiempo de Cuaresma, que Dios renueve nuestro mundo a través de la Santa Palabra y por el poder de su  gracia de Dios que está en Cristo, Amén!


Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (X)

“El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano…” Texto completo en Lucas 18: 9-14.

¿Cuando se ora con uno mismo? El contexto de la parábola está claro: uno ora consigo mismo, cuando se está de espaldas al prójimo o, peor todavía, cuando nos comparamos con él despreciándolo. Cuando pasamos de largo de los pobres y sufrientes del mundo, de los estigmatizados o proscritos, de los que nos necesitan en un momento complejo de su vida. Se puede agravar la situación hasta extremos límite cuando, además, miramos con desprecio a aquellos ante los cuales no nos queremos parar y ser una mano tendida de ayuda. Aquí el fariseísmo se sitúa en las antípodas del Evangelio a los pobres.

En estas situaciones farisaicas es cuando se da el silencio de Dios. Es cuando Dios no nos puede justificar, no nos escucha… estamos, egoístamente, orando con nosotros mismos. Lo único que queda entonces es gozarnos en la falsa autojustificación que nos conduce a la condenación, nos aleja de Dios… y de los hombres. Desde ahí es imposible entender el Evangelio a los pobres. Es imposible entender el Evangelio de la gracia y de la misericordia de Dios. Nos fabricamos nuestro propio “evangelio” basado en la insolidaridad y en la falta de projimidad. Nos falseamos y perdemos la autenticidad de la espiritualidad cristiana.

Dios, que también de vez en cuando se pasea por los templos, tiene que cerrar sus oídos y sellar su boca, no dar respuesta, ante oraciones insolidarias que se hacen con uno mismo. Podemos ponernos en pie en los templos en actitud altanera, con falta de humillación y decir las palabras más preciosas… pero palabras que Dios no escucha y sólo notamos la ausencia de su respuesta: el silencio de Dios. Nos basta con escucharnos a nosotros mismos.

Supongo que Dios, en ocasiones, se siente mejor y busca su morada entre aquellos que hacen justicia al huérfano y a la viuda, que comparten con el pobre, que restituyen y dignifican al agraviado, que son solidarios y activos en la ayuda al prójimo. Con esto no quiero decir que no haya iglesias solidarias que amplían sus tiendas y su visión y que son iglesias del Reino. Más que una crítica a la iglesia, es un aldabonazo solidario que despierte conciencias y que evite la falta de humillación, la altivez y el orar con nosotros mismos. Pretendo que os fijéis en las líneas solidarias del Evangelio a los pobres.

El fariseo quería cumplir con el ritual el templo, quería orar y buscar a Dios en su Santuario, pero su falta de amor al prójimo y su desprecio hacia él, tiraba por tierra la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Hacía un ritual sólo válido para su propio orgullo y autosuficiencia. No amaba al prójimo, despreciaba, se consideraba espiritualmente superior, dando simultáneamente la espalda a Dios y al prójimo. Había mutilado el Evangelio. Jamás podría entender tampoco los valores del Reino tan vinculados a los valores del Evangelio a los pobres.

Si, como el fariseo, somos sordos ante el grito del marginado, proscrito o pobre, Dios también es sordo y mudo ante cualquier tipo de súplica que le hagamos. Sólo oiremos el frío y pesado silencio de Dios. Silencio que también grita por misericordia y práctica de la projimidad. El silencio también habla.

Esto es una ley del Evangelio a los pobres: No se pueden buscar bendiciones de Dios, de espaldas al que sufre. Es una frase que se debería poner en el frontal de las iglesias en busca de compromiso para que los cristianos no entraran en las línea farisaicas, en los errores que, siguiendo la línea del Evangelio a los pobres, denuncia la parábola del Fariseo y el Publicano.

Dios no tiene por qué sufrir con nuestra insolidaridad, con nuestras alabanzas, oraciones y cumplimientos del ritual. El fariseo no estaba reconciliado con el hermano, con el prójimo. No debiera haberse atrevido a cruzar por los atrios de la casa de Dios. Para él sonaban las palabras de Jesús: “Reconcíliate primero con tu hermano”, no entres en el templo sin cumplir esta premisa previa. El resultado de todo esto, de esta parábola y de otros textos bíblicos en esta línea es la siguiente: Hay una conexión entre el culto y nuestra solidaridad para con el prójimo sufriente. Hay una relación entre culto y prójimo sufriente. Hay una relación entre el culto y la obra social cristiana.

Según esta parábola tan en línea con el Evangelio a los pobres, cuando cortamos la relación de solidaridad y búsqueda de justicia para con el prójimo sufriente, para con los pobres del mundo, se viene abajo nuestro ritual, nuestro culto, nuestra oración, nuestra ofrenda… nuestras posibilidades de salvación. Por eso el fariseo de la parábola no salió justificado del templo a pesar de su religiosidad y su ética de cumplimiento religioso.

No sólo se da el silencio de Dios ante los injustos que dan la espalda y desprecian al prójimo, sino que éste, Dios, se queda prendado del publicano pecador y proscrito que no se atrevía a alzar los ojos y que se golpeaba el pecho clamando: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Este hombre humillado sí hablaba con Dios. Sus palabras subían al altísimo traspasando los techos y tejados del templo. Volaban como con olor suave y fragante ante la misma presencia de Dios.

Señor, ayúdanos a no orar con nosotros mismos. Te lo suplicamos. No nos des palabras, ni frases elocuentes para que sólo las escuchemos nosotros. Danos humildad, amor y capacidad de servicio a los pobres y proscritos del mundo. Queremos orar contigo, no con nosotros mismos. Escucha nuestra oración, que no nos atruene tu silencio. Sé propicio a nosotros, pecadores.

 



Por Jorge Alberto López|Corresponsal de Christian Post

Representantes de la iglesia evangélica, judía y ortodoxa mexicana participaron en el lanzamiento de la campaña de donación de órganos Héroes por la vida, avalando la cultura de la donación que ayuda a otras personas que se encuentran en fase terminal, a salvar sus vidas.

Durante la ceremonia del evento de esta semana convocado por Fundación Slim en las instalaciones de Grupo Inbursa, y en la que participaron también personalidades de la política, el espectáculo, la educación y el deporte se reconoció en México todavía hay tabúes y mitos que vencer en cuanto a la cultura de la donación de órganos.

El secretario de Salud José Angel Córdova Villalobos, reconoció que en México hay una cifra estimada de 14 mil personas que se encuentra en una lista de espera para obtener un órgano que le pueda salvar la vida.

México está analizando la propuesta de que en el Seguro Popular, un sistema de seguro Medico ofrecido por el gobierno a personas de bajos recursos, se puedan hacer trasplantes de riñón, pero sólo en niños, porque éstos tienen una esperanza de vida enorme, adelanto el funcionario.

Arturo Farela, presidente de Confraternice y representante en el evento de las iglesias evangélicas, dijo que era un privilegio sumarse a esta iniciativa que atiene objetivos necesarios e impostergables en la salud pública del país.

Farela dijo que la donación de órganos se corresponde desde luego con la enseñanza cristiana evangélica, primero porque tratándose de donadores vivos o cadavéricos, tienen como fin salvar, a partir del amor, una o más vidas: y por otro lado, en el caso de un cadavérico, teniendo como premisa que el espíritu de la persona ya goza de un cuerpo glorificado en la vida eterna, entonces el cuerpo físico ya no es trascendental para la vida después de la muerte.

Por otro lado, la presidenta del DIF nacional y primera dama, Margarita Zavala, recordó que “la palabra donar es una palabra que se acerca a regalar, pero cuando hablamos de un don, hablamos mucho más allá de una cosa. Es un regalo en el que nos damos”, expuso.

Muestra de amistad y amor.

Mencionó también que donar es una muestra de amistad y de amor por los demás que no requiere ni siquiera de cantidades de dinero.

“Donar es hacernos mejores seres humanos, es una muestra clara de que creemos en los demás. Es una muestra de que nos sabemos abiertos, que queremos compartir y es una garantía de que quedamos con esta credencial, que nuestras manos están para los demás, más allá aún después de la muerte”.

La muerte no es impedimento para dar vida, sino al contrario, la muerte puede ser justo el momento de continuar la vida de otra persona, finalizo.

El secretario de Salud recordó que cuando un donador voluntario fallece puede salvar la vida de hasta siete personas y ayudar a que dos más recuperen la vista brindándoles mejor calidad de vida.

En México, la tasa de incidencia de donación de órganos es de 2.8 por cada millón de habitantes, mientras que en otros países como España, que cuenta con la tasa más alta a nivel mundial, es de 32 donadores por cada millón. Estados Unidos y el resto de Europa cuentan con 18 a 20 donantes por millón.

Entre las personalidades que asistieron al evento y quienes firmaron las primeras tarjetas de donadores se encuentran el boxeador Saúl Canelo Álvarez, el Secretario de Salud del D.F. Dr, Armando Agueda, la periodista Lolita Ayala, el Rector José Narro, la Srta. Paola Nuñez, el cantante Yahir, el clavadista Fernando Platas, la Sra. Johanna Slim Domit, el Lic. Patric Slim Domit, el Director de Grupo Carso, Carlos Slim Domit, el Director de Fundación Slim para la Salud Roberto Tapia, el Rabino Leonel Leviy el representante de las Iglesias Cristianas Evangelistas Arturo Farela.

THECHRISTIANPOST.COM

El culto a la Virgen María

Publicado: febrero 27, 2011 en Iglesia, Teología

César Vidal

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XVI) Los protestantes no creen en la Virgen (4)He venido señalando en las últimas semanas cómo resulta totalmente inexacto decir que los protestantes no creen en María. más bien, habría que decir que creen únicamente lo que la Biblia dice sobre María y que no sienten ninguna obligación de creer aquello que no sólo no aparece en la Biblia sino que incluso ha sido creído con el paso de los siglos

La Biblia establece de manera taxativa que sólo se puede rendir culto a Dios. Así, en el Decálogo entregado por Dios a Moisés se afirma: “Yo soy YHVH tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mi. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20, 3-5. Ver también Deuteronomio 5, 6-9).En el mismo sentido la Biblia indica: “A YHVH tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deuteronomio 6, 13).

No deja de ser significativo que el mismo Jesús, tentado por Satanás, repitiera expresamente ese mandamiento:

“Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a El solo servirás culto” (Lucas 4, 8).

Ese servicio sagrado rendido en exclusiva a Dios es una de las características esenciales de la visión espiritual recogida en la Biblia. Frente a la posibilidad de rendir culto a otros seres, Josué afirma que él y su casa servirán a YHVH únicamente (Josué 24, 15-8). Los salmistas insisten en ese servicio que sólo puede dispensarse al único Dios (Salmo 2, 11; 101, 6; etc) y Jesús enseñó que sólo se puede servir a Dios (Mateo 4, 10). Al respecto, no deja de ser significativo que en los escritos apostólicos sólo se hable de culto y de servicio al único Dios y a nadie más (Hechos 20, 19; Filipenses 3, 3; Hebreos 9, 14; 12, 28; Apocalipsis 7, 15). Obedeciendo, pues, el mandato de Dios entregado a Moisés y corroborado por Jesús y los apóstoles, los protestantes sólo podemos y debemos rendir culto y servir al único Dios.

En un intento de justificar el hecho de otorgar culto a otros seres que no son Dios – una acción que la Biblia considera idolatría – el catolicismo ha terminado diferenciando distintas formas de culto como el culto de latría (para Dios solo), el de hiperdulía (para María) y el de dulía (para los santos).

La verdad, sin embargo, es que la Biblia no distingue jamás entre diferentes clases de culto ni afirma que algunas sean lícitas si, en vez de dispensarse a Dios, se dispensan a criaturas. Por el contrario, insiste en que sólo puede servirse y otorgarse culto a Dios y además, de manera explícita, conecta los términos relacionados con la dulía sólo con Dios y jamás con María o los santos. Jesús indica claramente que no se puede servir (doulein) a dos señores –algo que, imaginamos, valdrá para un Señor y una señora– (Mateo 6, 24) y los apóstoles relacionan la dulía única y exclusivamente con Dios (Hechos 20, 19; Romanos 12, 11; I Tesalonicenses 1, 9), lo cual, dicho sea de paso, armoniza totalmente con la enseñanza de la Torah, pero colisiona con la del catolicismo.

Algo semejante hay que señalar en cuanto a la mediación de María y de los santos en que cree el catolicismo. Una vez más, los protestantes nos aferramos al testimonio de la Palabra de Dios. Fue Jesús – y no Lutero, Calvino o cualquier otro teólogo reformado – el que afirmó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mi (Juan 14, 6)

Sin duda, Jesús hubiera podido señalar que se podía llegar al Padre por otros caminos vg: gracias a la mediación de su madre o de algunos de sus seguidores. Lo que afirmó fue totalmente opuesto a esa posibilidad.

No sólo eso. Además Jesús recalcó que podrían pedir al Padre no en nombre de su madre o de alguno de sus discípulos, sino sólo de él (Juan 14, 13; 15, 16; 16, 24, etc). Esperamos que nuestros amigos y conocidos católicos comprendan que prefiramos seguir las enseñanzas de Jesús al respecto a unas prácticas humanas que no aparecen en las Escrituras y que se han ido perpetuando con el paso de los siglos. Porque ciertamente la iglesia primitiva supo con toda claridad que no había varios mediadores sino uno solo. Así, el apóstol Pablo enseñó taxativamente: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a si mismo en rescate por todos…” (I Timoteo 2, 5-6).

De nuevo, permítasenos obedecer la enseñanza de los apóstoles y afirmar con alegría y esperanza que sólo hay un mediador, aquel que murió en rescate por nuestros pecados – algo que, obviamente, no hizo María ni tampoco ningún santo – y al que podemos dirigirnos con confianza porque es el Sumo pontífice adecuado para nosotros pecadores (Hebreos 2, 14-18; 4, 14-16).

Resumiendo, pues, debemos señalar que respetamos la figura de María e incluso podemos considerar digna de ejemplo su sumisión a Dios su salvador (Lucas 1, 47). De la misma manera, podemos considerar que algunos personajes de la Historia del pueblo de Dios como Abraham, Moisés o Pablo dieron a lo largo de su vida ejemplos de cómo debían comportarse los creyentes.

Sin embargo, no por ello nos resulta menos obvio que, de acuerdo con la enseñanza de la Biblia, sólo se puede rendir culto a Dios y que sólo Cristo es mediador entre El y los hombres.

Salir de esa conducta nos colocaría en una peligrosa situación de distanciamiento de la enseñanza de la Biblia que – pensamos que será fácil de entender – no podemos asumir.

Como antaño señaló Josué, los demás pueden hacer lo que buenamente les parezca, pero nosotros sólo rendiremos culto al único Dios y no a ninguna criatura por buena que haya podido ser (Josué 24, 15).

CONTINUARÁ: Los protestantes no creen en la Virgen (V): lo que los protestantes no creen de María (IV): virginidad perpetua y corredención

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro

 

Retazos del evangelio de Dios a los pobres (IX)

“De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Texto completo en Mt. 25: 31-46.

Esta es una parte del Evangelio a los pobres que más nos debería hacer reflexionar, ya que no se trata solamente de que dejemos a los empobrecidos, marginados y excluidos tirados al lado del camino sin que seamos movidos a misericordia, como en la parábola del Buen Samaritano, sino que el texto de Mateo 25 nos lleva a la visión de cómo repercute esto en la sensibilidad de Dios mismo. Dios percibe la omisión de la ayuda como si hubiéramos sido inmisericordes con Él mismo. Es la mayor llamada de atención que nos hace el Evangelio a los pobres.

Lo que no hemos hecho por uno de estos que tienen hambre, hemos dejado de hacerlo por el mismo Dios. Jesús, el experto en sufrimiento, se queda también al lado del camino, al lado de los sufrientes del mundo, cuando omitimos la ayuda. Por tanto, podemos dejar también a Dios tirado al lado del camino cuando cometemos el pecado de omisión.

La verdad es que el Evangelio a los pobres que nos deja Jesús suena con una radicalidad tan fuerte a nuestros oídos que, quizás, tenemos problemas para comprometernos en esa forma tan radical que demanda el concepto de projimidad que nos deja Jesús, nos da miedo… podríamos temblar al pensar que nuestras insolidaridades para con el prójimo son insolidaridades para con Dios mismo al que podemos dejar tirado en la estacada. Hiere a nuestra sensibilidad el pensar que estamos dejando tirado a Dios al lado del camino. Nos interpela menos el dejar tirado a nuestro prójimo, pero está en la relación de semejanza que nos habló Jesús.

Quizás es por eso que el cristianismo lo hemos ido adaptando, de forma cómoda, para que nuestra sensibilidad no se sienta tan radicalmente llamada al compromiso. En lugar de esta radicalidad en la línea horizontal del Evangelio a los pobres, en la relación de servicio al prójimo, hemos adoptado una espiritualidad un tanto desencarnada en busca de una relación más cercana con el más allá y con los ángeles, que con el prójimo que gime y grita al lado del camino implorando misericordia. Le damos la espalda en muchas ocasiones, faltando a los deberes de projimidad, sin darnos cuenta que lo que estamos haciendo es dar la espalda a Dios mismo.

Es tanta la responsabilidad y el compromiso actuante que nos demanda, tanto la fe como el Evangelio a los pobres, que nos da miedo de que trastorne todas nuestras comodidades, goces y disfrutes insolidarios. Es como si Jesús fuera demasiado lejos en sus demandas para con el prójimo, pero esto lo vemos en toda la Biblia y se resume con las palabras de Jesús en donde el amor a Dios y el amor al prójimo se ponen en relación de semejanza. Así, pues, en la situación de pobreza en el mundo, o en nuestras ciudades, cuando dejamos al prójimo desnudo, sin albergue y hambriento sin hacer nada y sin ser llamados al compromiso, estamos dejando tirado a Jesús mismo.

Es curioso que lo que el texto nos demanda es cubrir simplemente las necesidades básicas, aunque todo esto bíblicamente sea el comienzo de la búsqueda de la justicia y la denuncia del despojo de los pobres, pero el texto parece que no nos habla de ayudas excelsas, ni de sacrificios ímprobos. Nos habla de dar de comer, vestir, albergar, visitar… Es la importancia de la ayuda asistencial, aunque el proceso culmine con la búsqueda de justicia. Es la línea que va marcando el proceso de puesta en marcha de la solidaridad cristiana en el seguimiento del Evangelio a los pobres.

Esta línea del Evangelio a los pobres nos muestra la importancia y la repercusión de nuestras acciones comprometidas y liberadoras, de nuestros compromisos solidarios y, en su caso, la maldad de la omisión de la ayuda. Es tal la relación y comunión de Dios con los hombres, que la omisión de nuestras acciones de fe, le afectan profundamente. Por eso separa de su lado a los insolidarios y a los que han sido sordos ante el grito de los pobres, ante su dolor, ante su hambre.

Así, el pecado de omisión, tal y como se ve en Mateo 25, es callarse o pasar de largo ante las necesidades de los empobrecidos del mundo, de los tirados en las cunetas por falta de misericordia de tantos que dicen querer servir a Dios. El pecado de omisión, no es sólo un pecado contra el hombre, sino contra Dios. Por tanto, no hay ningún Evangelio que no pase por las líneas del Evangelio a los pobres que nos anunció Jesús. Es lo que dio identidad a Jesús como el Mesías enviado y es lo que da identidad a los auténticos seguidores de Jesús.

Así, pues, a los insolidarios y acumuladores que se ponen vestimentas religiosas y se dan golpes de pecho buscando la espiritualidad cristiana, no los creáis. Si ellos anduvieran por las líneas de la auténtica espiritualidad cristiana, deberían actuar como Zaqueo: repartir los bienes entre los más pobres.

Mateo 25 nos dice que Dios no puede salvar a los insolidarios que, pudiendo, no actuaron y dejaron en el hambre, en la desnudez y en la intemperie a sus prójimos necesitados. Son condenados por esta omisión porque, según estos textos, no es Dios quien los separa de sí, sino que fueron ellos los que dejaron a Dios tirado al lado del camino: “Lo que no hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

Esto no quiere decir que la salvación sea por obras. Lo que quiere decir es que la salvación por fe implica una fe viva y actuante que sabe que creer es comprometerse tanto con Dios como con el hombre, con el prójimo.

Señor, no nos dejes gozarnos en el disfrute insolidario, no nos des alegría hasta que no entendamos las líneas que tú nos dejaste en el Evangelio que, siendo para todos, tú nos quisiste hablar de forma específica del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011



Juan Simarro
Retazos del Evangelio a los pobres (VIII)
“Venid, benditos de mi Padre…porque tuve hambre y me disteis de comer”. Texto completo: Mateo 25:31-46.

“Cuando el hijo del hombre venga en su gloria”… entonces será este juicio que será de carácter global: “serán reunidas delante de Él todas las naciones”. Todos serán examinados y sólo habrá dos resultados posibles: el que uno vaya en este examen a la derecha o a la izquierda del Padre. Es el único resultado previsto por Dios. Nadie va a poder eludir este examen. El test que tenemos que pasar es el de si hemos tenido una fe viva, una fe actuante, una fe que obra a través del amor, como diría después el apóstol Pablo. Este examen tiene a los pobres como centro. Está en la línea del Evangelio a los pobres.

Los que se pondrán a la derecha, aprobando el examen, serán los que puedan contestar positivamente a estas preguntas: ¿Ha movido tu fe montañas, te ha movido tu fe al servicio a los pobres, hambrientos, desnudos y sedientos, te ha implicado en la acción de ayuda al prójimo necesitado, tu fe fue tan viva como para moverte a la misericordia, al hacer y buscar justicia a los débiles del mundo… o simplemente estaba muerta? La respuesta si es positiva, nos acerca a Dios, si es negativa nos separa de Él para siempre a la condenación eterna. En el fondo de todo, están los pobres. La fuerza radical y aplastante del Evangelio a los pobres.

 

La radicalidad es clara y definitiva: quien no apruebe este examen perderá la salvación y pasará a la eterna condenación. No podemos apelar a la bondad y al sacrificio de Jesús en la cruz, sin tener en cuenta el concepto de projimidad, de búsqueda de la justicia, del hacer misericordia y actuar en el servicio al necesitado. La influencia del Evangelio a los pobres no queda sólo en la formulación teórica de ser un grupo o colectivo que se nombra de forma específica como destinatarios del Evangelio. El Evangelio a los pobres está lleno de recomendaciones y mandamientos cuyo incumplimiento mata nuestra fe y nos separa de Dios para siempre.Muchas veces nos gustaría tener una fe que nos elevara hacia lo eterno, que nos identificara más con lo angélico, una fe que actúa en nosotros como un simple sentimiento de seguridad, comodidad o gozo en lo sobrenatural, una fe estática, contemplativa y de autogozo, pero la fe nos demanda otras cosas. La fe sin acción se muere y deja de existir. Los que pasen el test, serán los que hayan tenido una fe actuante y comprometida que nos convierte en las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor… Los que han entendido el Evangelio a los pobres.

El examen del juicio de las naciones, en relación con nuestro compromiso con Dios y con el hombre y, fundamentalmente, con el hombre tirado al lado del camino, es el que probará si nuestra fe ha sido genuina. La fe genuina está en línea con el Evangelio a los pobres, con la acción solidaria, con la dignificación de las personas, con la liberación de los oprimidos. El hambre que quitamos, la sed que apagamos, los desnudos que vestimos son todo el icono de una acción liberadora que busca justicia para los pobres y apaleados de este mundo. La fe verdadera no puede quedar quieta y contemplativa ante un mundo empobrecido y lleno de dolor dando la espalda al grito de los pobres del mundo. Esto es un desprecio al Evangelio de Jesús, al Evangelio a los pobres.

El tema central de todo este pasaje, en línea con el Evangelio a los pobres, es el siguiente: Por una parte, Jesús se identifica con nuestras acciones liberadoras, con las acciones solidarias de sus hijos a favor de los pobres, y se siente afectado en su sensibilidad divina por la fe muerta que omite la acción solidaria, que omite la búsqueda de justicia en el mundo. Por otra parte, Dios se identifica también con el apaleado, con el injustamente tratado, con el empobrecido y oprimido, con el despojado por la acumulación injusta y desmedida de los enriquecidos del mundo que agrandan sus graneros pensando solamente en ellos mismos.

Todo esto es así hasta el punto que en esta identificación con estas líneas del Evangelio a los pobres, ya en su forma práctica y actuante en el mundo a través de las solidaridades y el amor de sus hijos, llega a decir las expresiones “a mí lo hicisteis”, en su forma positiva y “a mí no lo hicisteis” en su forma negativa. Dos expresiones que dan cierto miedo cuando pensamos en el juez justo que nos va a examinar nada menos que para aceptarnos y acogernos con él para siempre, ejemplo de salvación eterna, o para rechazarnos y dejarnos en un lugar aparte en una condenación sin remedio, para siempre. En este test, tanto nosotros como la iglesia, nos jugamos la credibilidad ante Dios, el ser o no agentes de liberación o iglesias del reino.

Por tanto, en un Evangelio que tiene a Dios como centro y, en segundo lugar y en semejanza, en un Evangelio que también tiene como centro al hombre, especialmente al hombre apaleado y empobrecido, a los pobres, la nota aprobatoria del test será la siguiente: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer… lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Has aprobado. Bien buen siervo y fiel. El suspenso, se dirá con estas palabras condenatorias: “apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.

El olvido de los pobres, del hombre en su situación de sufrimiento, el ser sordo ante el grito por misericordia y justicia para con los oprimidos y empobrecidos del mundo, separa de Dios. Esa es la dureza del Evangelio a los pobres. Pero tiene su lado dulce, aprobatorio, de acogida y de salvación, para todos aquellos que, en el nombre de Dios, han acogido, alimentado, quitado la sed y vestido a aquellos que siendo nuestros prójimos, han quedado heridos y apaleados, despojados y robados de dignidad y excluidos, tirados como basura al lado del camino… cuando son criaturas o hijos de Dios.

Señor ayúdanos a comprometernos con tu Evangelio, con el Evangelio a los pobres. No nos des disfrute hasta que no nos metamos en estas líneas solidarias de servicio que demanda la visión práctica del Evangelio a los pobres.

Protestante Digital.com

La Inmaculada Concepción

Publicado: febrero 18, 2011 en Historia, Iglesia, Teología

César Vidal
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XV) Los protestantes no creen en la Virgen (3) 

En las últimas semanas he examinado sucintamente cómo el mito de que los evangélicos no creen en María no se corresponde con la realidad. Los protestantes creen sobre María todas y cada una de las palabras que contienen las Escrituras. Llegados a este punto, debe señalarse que no se sienten obligados a creer nada más, pero en ellos – y seguramente sorprende.

Una de las creencias más populares – ciertamente, dogma – del catolicismo acerca de María es la de su inmaculada concepción. En breve, la creencia señala que María no nació con la marca del pecado original, una circunstancia única ya que no se da en ningún otro ser humano. Las Escrituras, desde luego, no contienen la menor mención a ese dogma y, a decir verdad, lo que enseñan de manera terminante es que TODOS – sin excepción alguna – pecaron y están destituidos de la gracia de Dios (Romanos 3:23-24), situación de la que sólo se puede salir mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo (Romanos 3:25 ss). 

Ni que decir tiene que cualquier católico medianamente instruido – insisto: medianamente instruido – sabe que la salutación del ángel a María contenida en Lucas 1:28 no significa que María no cometiera nunca pecado sino, simplemente, que Dios la favorecía al elegirla para concebir al mesías. Al respecto, no deja de ser significativo que en un interesante tratado de mariología el sacerdote católico J. M. Carda afirme: “La Sagrada Escritura no habla de los orígenes históricos de María ni alude expresamente a privilegio alguno en su concepción” (El misterio de María, Madrid, 1986, p. 55) o que señale que la referencia angélica de Lucas 1:28“no indica por si mismo una plenitud de gracia, como la indica, en cambio, la expresión pleres kharitos que se aplica a Cristo (cf. Juan 1:14)… La palabra dirigida a ella por el ángel significa sencillamente agraciada” (Idem, Ibidem, p. 56). No hace falta decir que los evangélicos compartimos ese punto de vista porque es el correcto que se desprende de la Biblia y del conocimiento de la lengua griega. Baste decir que en Efesios 1:6 se califica a los creyentes en general con el mismo término que a María en Lucas 1:28 y hasta donde yo sé no creo que nadie piense que hemos nacido sin la marca del pecado original.

De hecho, no deja de ser curioso que la primera referencia a que María no hubiera nacido sin la marca del pecado original no tuvo lugar hasta el s. V y la sostuvo… un hereje. Se trataba de Julián de Eclana, un miembro de la secta de los pelagianos, que negaba los efectos del pecado original en la especie humana. Para el hereje, María no podía haber cometido nunca pecado. Agustín de Hipona, respondiendo al herético Julián, señaló que si María se había visto libre de pecado no se debía a haber nacido sin él, sino a que había nacido de nuevo como señalaba Juan 3. No deja de ser curioso que cerca de un milenio después la iglesia católica proclamara dogmáticamente la posición del hereje y rechazara la de Agustín de Hipona. La Historia del catolicismo – sin duda, apasionante – abunda en episodios semejantes.

En el s. VIII, comenzó a celebrarse por primera vez – y en Oriente – el nacimiento de María, pero, de manera bien reveladora, no se hizo ninguna referencia a que el mismo hubiera tenido lugar sin pecado y lo mismo sucedió cuando esa fiesta llegó a Occidente nada más y nada menos que en el s. XII.

En otras palabras, durante más de un milenio las iglesia mantuvieron una posición sobre este tema mucho más cercana al protestantismo que al catolicismo actual. Sí, fue mucho más de un milenio porque todavía en el s. XIII, el famosísimo Tomás de Aquino, autor de la Summa Theologica, negaba la Inmaculada concepción por cierto sin que sobre él recayeran sanciones eclesiásticas. Así, en su Brevis Summa de fide dedicada a su compañero Fray Reinaldo, Tomás de Aquino escribió: “Ciertamente (María) fue concebida con el pecado original, como era natural… Si no hubiera sido concebida con pecado original, no habría necesitado ser redimida por Cristo y, de ser así, Cristo no sería el Redentor universal de los hombres, lo que derogaría la dignidad de Cristo” (CCXXXII bis. Hay traducción española: Compendio de teología, Barcelona, 1985).

Desde luego, no deja de ser revelador que en este tema, Tomás de Aquino sostuviera una posición similar a la del protestantismo… y totalmente contraria con el catolicismo actual. Al respecto, es significativo que cuando la mencionada obra se editó en castellano en 1862, el traductor, Carbonero y Sol, se permitiera omitir el párrafo que tan mal casaba con la enseñanza católica. Como prueba de falta de honradez intelectual y sectarismo, estuvo bien; como señal de amor a la verdad, resultó deleznable.

A finales del s. XIII, Duns Scoto hizo todo lo posible por imponer la creencia en la inmaculada concepción, pero su éxito fue limitado. El papa Sixto IV – franciscano como Scoto – se negó a apoyarla insistiendo en que nada había sido establecido todavía al respecto (DS 1426). Que a casi milenio y medio de distancia, la iglesia católica no se hubiera definido sobre tema tan importante da, desde luego, mucho que pensar. En 1439, un concilio reunido en Basilea definió el dogma, pero… el concilio no estaba en comunión con la sede papal lo que impidió que el dogma pudiera ser aceptado como tal.

Todavía en 1546, en el concilio de Trento, se tomó la decisión de no definir el dogma(DS 1516) porque a nadie se le ocultaba la posición de Tomás de Aquino y de tantos otros que habían negado la inmaculada concepción. Tan poco claro estaba el tema que en 1617, Paulo V prohibió las discusiones públicas sobre el mismo y en 1622, Gregorio XV extendía la prohibición a las conversaciones privadas. La única excepción eran los dominicos – seguidores de Tomás de Aquino a fin de cuentas – que podían abordar el tema, pero sólo en el seno de la orden y entre ellos, sin presencia de otros.

Finalmente, el dogma fue definido el 8 de diciembre de 1854 por la bula pontificia Ineffabilis Deus haciendo tabula rasa de las Escrituras, de las opiniones de teólogos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino y de lo que había creído el cristianismo occidental durante la mayor parte de la Historia.

Tras este breve examen, creo que mis amigos católicos comprenderán sobradamente por qué los evangélicos no creemos en la Inmaculada Concepción.

  • Sobre ella nada dice la Biblia y nada se creyó al menos hasta el s. XII salvo algún hereje como el refutado Julián de Eclana.
  • Contra ella se expresaron rotundamente Agustín de Hipona y Tomás de Aquino.
  • Sobre ella seguía existiendo controversia en el seno del catolicismo todavía en el s. XVII lo que acarreó prohibiciones papales de abordar el tema
  • El dogma no fue definido hasta la segunda mitad del s. XIX lo que, en términos históricos, equivale a ayer por la noche y
  • Si, finalmente, la iglesia católica se contradijo al definir el dogma ni nos sorprende ni nos turba. Nunca hemos creído que la iglesia católica fuera la única verdadera y episodios como éste nos confirman en esa apreciación.

Realmente, ¿puede alguien creer que sería sensato que arrojáramos por la borda lo que enseña la Biblia y lo que muestra la propia Historia del cristianismo occidental para abrazar un dogma de mediados del s. XIX? Cuesta creerlo.

Continuará

 

Protestante Digital.com


El inicio de una nueva congregación lleva mucho tiempo, es un trabajo interesante. Y nadie sabe mejor que Samuel Nieva, pastor del Pueblo de Dios,  misión de la IELA en Compton, California

Cuando Samuel llegó a Compton hace ocho años, se enfrentó una situación desesperante.

El edificio de la iglesia estaba programado para la demolición, y no había otras congregaciones luteranas en la zona, para ayudar a resolver necesidades espirituales y sociales de la comunidad.

Samuel tomó rápidamente el asunto en sus propias manos.

Comenzó la reparación del edificio de la iglesia. Los vecinos se acercaron  para ayudarlo. Pronto el santuario, un auditorio, dos cocinas y cuatro baños se renovaron, limpios  y restaurados en condiciones de funcionamiento.

«Me sentí como que había una situación de emergencia», dice Samuel. «Teníamos que empezar la adoración de inmediato. La gente venía buscando a la iglesia ayuda espiritual y social. Era obvio que la gente de la comunidad  necesitaba  una iglesia a su servicio. »

Hoy Pueblo de Dios está prosperando, mantener un horario semanal muy completo. Ellos tienen un servicio de adoración muy vibrante donde combinan la liturgia luterana con ritmos latinos contemporáneos, estudios bíblicos, clases de comunión y  confirmación, un club infantil, alimentos y servicios de distribución de ropa, trabajan con una clínica local de salud y profesionales voluntarios que brindan sus servicios a la comunidad alrededor de la iglesia, clases de costura para proporcionar oportunidades de generación de ingresos para las familias y mucho más.

Este año la misión Pueblo de Dios, espera comenzar  lo que Samuel llama a un «restaurante  casero», donde los fieles preparan las comidas tradicionales para brindar a la comunidad celebrando así, su herencia cultural.

«Estoy sorprendido por la gracia de Dios en el crecimiento de nuestra misión», dice Samuel. Se espera que Pueblo de Dios, se convierta en la primavera de 2011 en una congregación  oficial de la IELA.

También espera  el comienzo de una misión en otro punto de la ciudad de Compton para servir y ayudar a muchos inmigrantes, que cruzan la frontera México-Estados Unidos. Compton Es una ciudad pobre, con alto desempleo que sirve como un destino de llegada a muchas personas latinas.

«Tenemos que seguir compartiendo el pan espiritual y material», dice Samuel.

El trabajo misionero está impregnado en la sangre de Samuel, él y los miembros del Pueblo de Dios se están preparando para iniciar una nueva congregación en la ciudad.

“Congregaciones abriendo nuevas  congregaciones” es un modelo principal para las nuevas iglesias en la IELA de acuerdo con Mary Frances. Un pastor luterano debe asistir en la formación de nuevas congregaciones de la IELA.

Ella cree que este modelo ofrece una tasa de mayor éxito y oportunidades.

«Tenemos muchos grandes congregaciones de la IELA a punto de hacer este trabajo, y eso es lo que queremos que suceda,» dice Mary.

«Se trata de compartir el reino de Dios, especialmente entre los pobres y entre las comunidades desesperadas por la atención espiritual», dice Samuel.

Su visión para la nueva congregación en Compton es mostrar que «la gracia de Dios es un don (regalo) para la humanidad.»

«Toda mi vida me sentí llamado a compartir la buena noticia de Jesucristo», dice Samuel, y añadió que ser un desarrollador de misión (misionero urbano) es un ajuste perfecto para él.

Antes de su vocación en la iglesia, Samuel era un reportero gráfico que trabajan en América Latina en nombre de la revista Latin America Evangelist, Christianity Today, Servicio Mundial de Iglesias, organizaciones y medios seculares.

Originario de Perú, Samuel se trasladó a Estados Unidos en la década de 1990. Él y su familia se unieron a la Iglesia Luterana Angélica en Los Ángeles, fue su primera membrecía familiar en una iglesia luterana. Allí Samuel tomó la decisión de asistir a Seminario Teológico Luterano del Pacífico en Berkeley, California, y entrar en el ministerio ordenado.

«Servir a la gente en el nombre de Dios ha sido lo más gratificante de mi vida», dice.

Artículo traducido: LivingLutheran.com / Evangelical Lutheran Lutheran Church.