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Leonardo de Chirico

Anécdotas de una beatificación

El Catolicismo Romano (CR) es experto en el manejo de las dimensiones de su universo, tanto si se trata de las macro como de las micro.

17 de abril de 2011

Por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica es una síntesis impresionante de la sabiduría milenaria de la Iglesia CR. El mismo proporciona una muestra de la habilidad que tiene la Iglesia CR en dominar y condensar la historia, la doctrina y la cultura. Asimismo, se observa la misma maestría cuando se hace un análisis minucioso de una celebración litúrgica. Cada gesto, movimiento, acción, palabra, etc., es un detalle que forma parte de una totalidad. La atención esmerada a todos los eventos, sean universales o particulares, es una peculiaridad que distingue al ámbito CR.La combinación de ambas, macro y micro dimensiones, será desplegada durante los tres días de intensa actividad en la beatificación de Juan Pablo II el próximo 1 de mayo. Se espera que más de 300.000 personas asistan en Roma a este acontecimiento, cuyo programa es un reflejo de la amplitud “católica” de la Iglesia CR así como también de su carácter “romano”. La catolicidad se demostrará por la presencia de todos los cardenales y, sobre todo, por la participación de gran número de personas en los diversos escenarios de la beatificación: La vigilia mariana de oración, el sábado 30 de abril; la ceremonia de la beatificación, el domingo 1 de mayo; y la misa de acción de gracias, el lunes 2 de mayo. Toda la celebración estará marcada por un intenso acento mariano dada la particular devoción mariana de Juan Pablo II, pero también por una convincente presentación de las heroicas virtudes del anterior Papa.

En la vigilia mariana de oración del sábado por la noche se tiene la intención de honrar el marianismo del antiguo Papa y exhortar a los fieles a seguir el mismo camino. La vigilia, al aire libre, empezará con una procesión detrás de Maria Salus Populi Romani (“María la salvación del pueblo romano”), un icono mariano bizantino que se considera el protector de los romanos e irá seguida por su entronización en el Circus Maximum. La elevación del icono es el símbolo de que María es el objeto de pública hiperveneración, es decir, el particular homenaje de honor que le rinde la Iglesia CR. Después, la multitud entonará el himno Totus Tuus (“Totalmente Tuyos”), haciéndose eco del lema de Juan Pablo II que indicaba su total entrega a María. A continuación habrá un rosario mariano transmitido mediante enlace por satélite a cinco santuarios marianos: Krakow (Polonia), Bugando (Tanzania), Harissa (Líbano), Guadalupe (Méjico) y Fátima (Portugal). Juan Pablo II visitó todos estos lugares a lo largo de su extenso pontificado, por lo cual se ofrecerán extractos de sus discursos sobre María en pantallas gigantes. Entretanto, por la noche, se animará al gentío a unirse a las oraciones a María. Las ceremonias de la beatificación serán un gran estímulo para la espiritualidad mariana.

Al día siguiente, se celebrará la ceremonia de la beatificación en la plaza de San Pedro, con la presencia en la misma del ataúd de Wojtyla que será sacado de su ubicación actual. Durante la ceremonia, el Papa será presentado oficialmente a la Iglesia CR como un destinatario de las peticiones e intercesiones de los fieles.Asimismo, se les animará a dirigirle plegarias y a ofrecerle misas votivas según la práctica y la piedad CR. Después, la multitud rendirá homenaje al féretro en una dilatada y visual expresión de comunión entre los vivos y los muertos, que posiblemente se prolongue varios días para asegurarse de que todos los presentes han podido hacerlo. Después de rezar a María, la gente rogará a Juan Pablo II. La oración será uno de los lemas del evento de la beatificación, a pesar de que uno siempre debe preguntarse a quien presentarán la plegaria y en que marco espiritual.

Fuera del marco doctrinal y teológico CR, es difícil estar de acuerdo con estas profundas convicciones y estos patrones de espiritualidad de una práctica generalizada. A algunos evangélicos les gustaría creer que son actitudes periféricas y no-esenciales relacionadas solamente con movimientos marginales y expresiones religiosas populares. Sin embargo, la realidad nos indica que éste no es el caso. Se trata del núcleo de la fe CR, especialmente atractiva para las masas y totalmente integrada en el panorama doctrinal de la Iglesia CR.

Después de escribir un libro sobre Jesús de Nazaret, Benedicto XVI realzará la María de Juan Pablo II. Su fe le permite, mejor dicho, le reclama hacer ambas cosas con el mismo ánimo. La beatificación de Juan Pablo II será una demostración de la habilidad de la Iglesia CR para defender con fuerza las cosas que los demás cristianos consideran que quedan muy alejadas del cristianismo básico.

Autores: Leonardo de Chirico
© Protestante Digital 2011


Publicado por: juanstam

(Estudios Bíblicos, Encuentro de familias confesionales, Matanzas, Cuba; 13-15 de julio de 2005)

Photo:  Mark Barkway

Introducción

En la teología sistemática, mayormente bajo el capítulo de Soteriología (doctrina de la salvación), se suele incluir el tema de «nuestra identificación con Cristo» y también, de unos con otros en el cuerpo de Cristo. Escritores devocionales lo describen como nuestra «unión mística» con Dios en Cristo. En estas charlas, queremos interpretar esa «identificación» y «unión» con el término más contemporáneo de «solidaridad».  Lo estudiaremos en torno a tres de los momentos principales de la Cristología: la encarnación, crucifixión y resurrección del Hijo de Dios.

Por un lado, vamos a afirmar que la persona y la obra salvífica de Jesucristo tienen importantes implicaciones para nuestra vida y compromiso hoy.  Cuando los grandes momentos cristológicos se entienden como solidaridad, se convierten en exigencias de solidaridad para nosotros hoy en América Latina.

Por otro lado, trataremos de demostrar que esos tres momentos se entienden mejor desde la perspectiva de la solidaridad.  De hecho, la cruz no se entiende, o se entiende mal, sin este enfoque decisivo.  La encarnación y la resurrección también (como igualmente el Pentecostés) encuentran su sentido más profundo cuando se interpretan como actos de solidaridad.

En otras palabras, la Cristología nos ayuda a entender la solidaridad, y la solidaridad nos ayuda, y mucho, a entender la Cristología.

 

 I. La Encarnación como motivo y modelo de solidaridad

(Jn 1:14)

El prólogo del cuarto evangelio se mueve sobre tres ejes: «el Verbo era Dios» (1:1), «el Verbo fue hecho carne» (1:14), y «el Hijo unigénito… nos lo ha dado a conocer» (1:18). El pasaje plantea la encarnación del Verbo como la máxima revelación de Dios; conocemos al Dios invisible en una vida de carne y hueso. En las palabras de Heb 1:1-2, Dios culminó su proceso de auto-revelación cuando «nos habló en hijo» (elalêsen hêmin en huiô).

Juan 1:14 es un texto sumamente denso, en que cada palabra concentra una gran riqueza de significado. La frase medular reza, «Y el Verbo fue hecho carne» (kai ho logos sarx egeneto). Lo primero que llama la atención es la paradójica yuxtaposición del sujeto logos (quien es Dios según 1:1-4) y el verbo egeneto, que implica «devenir», «hacerse», cuando supuestamente Dios debe ser inmutable (según las categorías de la filosofía griega y la teología sistemática). En este acto de encarnación comienza la solidaridad de Jesucristo con nosotros. Del mundo eterno del «puro ser» (como lo conciben los teólogos), al que correspondería el verbo eimi pero no ginomai, el Verbo entró en las dialécticas del proceso histórico. Quizá podríamos decir que en su encarnación el Verbo «se contradice a sí mismo», para inmiscuirse en nuestro mundo del «devenir». Cambia su eternidad supuestamente estática por nuestro mundo dinámico de constante cambio. Filosíficamente, diríamos que optó por Heráclito contra Parmenides.

La encarnación del Verbo eterno fue el acto de solidaridad por excelencia, fundamento de toda la Cristología y clave para su entendimiento. Al tomar nuestra «carne» (fragilidad humana; ser-carente-de, ser-para-la muerte), Cristo se identificó incondicionalmente con nuestra condición humana en toda su vulnerabilidad. También se identificó con nuestra condición de criaturas y con la creación misma. Aquel por quien todas las cosas fueron hechas (1:2-3, egeneto), pues el mundo fue hecho por él (1:10 egeneto), también «fue hecho» (1.14 egeneto), el mismo, creación y «criatura» (feto prenatal y bebé en los procesos normales de crecimiento; Lc 2:40,52; cf. 1:0).

En esa vida humana — tan humana como la nuestra, pero sin pecado y por eso más humana — el Verbo-hecho-carne nos dió la máxima revelación de Dios (Jn 1:18; cf. Heb 1:1-2). El Verbo no sólo asumió nuestra carne sino también «habitó entre nosotros» (1:14), «tomó residencia en la tierra» y vivió en la más dolorosa y peligrosa cercanía con nosotros y con nuestro pecado. Y de esa manera «visibilizó» a Dios («y vimos») ante nuestros ojos. Un Verbo es invisible, como lo es Dios mismo (1:18), pero en su radical identificación con nosotros, Jesús volvió visible al Invisible. En eso ejemplificó el ejemplo del valor de una vida encarnada en solidaridad.

Hay varios otros textos que señalan a estas «mutaciones» del Verbo divino.  Cristo, «siendo por naturaleza Dios, … se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo (doulos), y haciéndose semejante a los seres humanos … » (Fil 2:6-8: se identificó con la humanidad y con todos los humillados de la tierra); «siendo rico, se hizo pobre (II Cor 8:9: se identificó, en su encarnación y su estilo de vida, con la clase pobre); «Dios lo hizo pecado por nosotros» (II Cor 5:21, huper hêmôn hamartian epoiêsen; se identificó aun con nuestro pecado y su consecuencia, la muerte).

Por la Virgen María el Verbo se unió plena e incondicionalmente con nuestra humanidad, y por el Espíritu Santo nosotros y nosotras somos incorporados en un solo cuerpo en esa humanidad solidaria del Encarnado. Nuestra incorporación en Cristo por la fe crea toda una nueva realidad de solidaridad.  Por eso San Pablo tiene tanta predilección por la frase en Cristô y por los verbos con sun («con») de prefijo, a veces aparentemente acuñados por el mismo. Hemos sido co-crucificados con Cristo (Gal 2:20), co-sepultados (Rom 6:4,5; Col 2:12), co-resucitados y co-sentados con él en lugares celestiales (Col 2:13; 3:1; Ef 2:6) y co-viviremos con él (Rom 6:8). Somos co-herederos con él, y si co-sufrimos con él, también co-reinaremos con él (Rom 8:17; Fil 3.10; Apoc 20:4). Todo eso habla de la solidaridad que él ha creado con nosotros, y de nosotros con él.

Por otra parte, como consecuencia de su encarnación y solidaridad, Cristo ha hecho de su pueblo un solo cuerpo que practica entre sí la misma solidaridad con que él se identificó con nosotros. Aquí también abundan los verbos con el prefijo sun. Entre muchos tenemos: en Cristo estamos co-articulados en un solo cuerpo (Ef 2:21; 4:16).  Como tal co-combatimos (Fil 1:27) y co-luchamos en oración (Rom 15:30, sunagonizô); co-actuamos (1 Cor 16:16) y nos co-ayudamos (2 Cor 1:11).  Estamos unidos para co-morir y co-vivir (2 Cor 7:3) y co-reinaremos juntamente (1 Cor 4:8). En esa solidaridad del cuerpo de Cristo, cuando un miembro sufre, a todos los miembros les duele, y cuando un miembro recibe honra, todos se llenan de gozo (I Cor 12:26).  En esa solidaridad, no caben las rivalidades.

No podríamos encontrar expresiones más enfáticas de la solidaridad. Y todo procede de la solidaria encarnación del Verbo.

 

 II. La solidaridad como sentido más profundo de la Cruz

(2 Cor 5:21; Gal 3:13)[1]

Con razón dijo Pablo que la cruz es una locura y un escándalo (1 Cor 1:18-23); si su «irracionalidad» no nos escandaliza, no hemos comenzado a entender su significado.  La tradicional teoría de «substitución» (yo debo dinero en el almacén pero un amigo lo paga en mi lugar; estoy preso bajo sentencia de muerte, pero un amigo me visita en la celda, cambiamos de ropa, yo salgo libre y el amigo muere en mi lugar) es una simplificación que traiciona los datos bíblicos, y hace de la muerte de Jesús una crasa injusticia (Camus, Bernard Shaw, Domenic Crossan). La muerte de Cristo no puede entenderse como una transacción externa y objetiva, una especie de intercambio o trueque.

Sin pretender «explicar» la cruz, dos puntos importantes pueden por lo menos comenzar a aclarar su sentido. Primero, nunca debemos olvidar que en el plano humano e histórico, la muerte de Jesús en la cruz no fue un mero episodio desconectado de toda su vida sino que fue la consecuencia inevitable de su manera de ser y de vivir.  Polemizaba osadamente con los líderes y toda la «buena gente», y defendía a los que eran «mala gente» ante los ojos de la sociedad.  Comenzó la semana final de su vida con una marcha pública, seguida por un violento acto de protesta en el mismo templo.  Su manera de ser y su conducta eran insoportables para las autoridades.  Así entendido, lo mataron por subversivo.

La segunda pista, que ayuda aun más, nos la proporciona Juan Calvino, junto con otros. Calvino introduce el tercer libro de Institución de la religión cristiana, precisamente sobre la salvación, con un párrafo muy importante:

Ante todo hay que notar que mientras Cristo está lejos de nosotros y nosotros permanecemos apartados de él, todo cuanto padeció e hizo por la redención del humano linaje no nos sirve de nada, no nos aprovecha en lo más mínimo. Por tanto, para que pueda comunicarnos los bienes que recibió del Padre, es preciso que Él se haga nuestro y habite en nosotros. Por esta razón es llamado «nuestra Cabeza»  y «primogénito entre muchos hermanos»; y de nosotros se afirma que somos «injertados en Él» (Rom 8.29; 11. 17; Gál 3.27); porque, según he dicho, ninguna de cuantas cosas posee nos pertenecen ni tenemos que ver con ellas, mientras no somos hechos una cosa con Él (Calvino Inst 3.1).

Interesantemente, fue sólo en la última edición de su magnum opus que Calvino introdujo este fuerte énfasis sobre la identificación solidaria de Cristo con nosotros como clave a su obra redentora.[2]

Parece que le fascinó tanto el tema, que acuñó una serie muy rica de expresiones latinas al respecto («nostrae cum Deo coniunctionis» 3.6.2; «cum ipse in unum coalescimos» 3.1.1; «in Christi participatione» 3.16.1; Cristo «se nobis agglutinavit societatem» 3.2.24 etc.).  Para Calvino, el Cristo que nos justifica y redime no es un «Christus extra nos» sino que nos redime en «la más íntima coalescencia» con nosotros (3.11.10), en un «sagrado matrimonio» (3.1.3 «sacrum coniugium») entre él y nosotros.  No debemos considerar a Cristo «como separado de nosotros» (procul stantem) sino «más bien habitando en nosotros» (3.2.24). Por la » habitatio Christi in cordibus nostris» (3.11.10) compartimos «vita in consortio» (3.8.1; cf. 3.6.5).  Esta relación es una especie de amalgama aglutinada, en que el Espíritu Santo es el «vinculum» (3.1.1). «Incorporados nosotros a su cuerpo, nos hace partícipes, no solamente de sus bienes, sino incluso de sí mismo» (3.2.24).

Todo eso puede entenderse como lo que hoy llamamos «solidaridad».  Cristo se hizo carne y uña con nosotros, e hizo a nosotros carne y uña con él.  Puede verse como una especie de «trasplante total». Cristo tomó nuestro pecado porque nos tomó a nosotros dentro de sí y entró él dentro de nosotros, en un mismo cuerpo solidario.  El fue más que un «representante», y mucho más que un «sustituto». Su solidaridad llegó a tal grado de identificación, que sería más fácil para dos gemelos siameses separarse que para él separarse de nosotros.[3]

Jesucristo maniféstó y practicó esta solidaridad en su nacimiento, en su estilo de vida y en su muerte:

Cuando el Verbo fue hecho carne, identificándose así con toda nuestra fragilidad, pasó también, como todos nosotros, sus nueve meses como feto pre-natal. Es más, fue concebido en el vientre de una madre soltera, lo que a los y las vecinos seguramente no les parecía un milagro sino un escándalo. Por eso después sus enemigos se lo echaron en la cara diciendo, «nosotros no hemos nacido de fornicación» (Jn 8:41), y posteriormente algunos rabinos lo llamaban «el bastardo de Nazaret».  Al octavo día Jesús fue circuncidado (sin duda sangraba, como cualquier niño) y después sus padres ofrecieron dos tórtolas para la purificación del niño y su madre (Lc 2:21-23; el padre no tenía culpa en el asunto y no necesitaba purificación). Como joven Jesús tuvo ciertos roces con sus padres (Lc 2:48-49) y trabajó unos dieciocho años de carpintero como uno más de la clase obrera. Al iniciar su ministerio, se sometió al humillante «bautismo de arrepentimiento» de Juan el Bautista, «para cumplir toda justicia».  Aunque él no tenía pecados de que arrepentirse, en esto también se identificó con nosotros los pecadores para nuestra redención («toda justicia»).

En su conducta y su estilo de vida también Jesús se identificaba con los pecadores; los fariseos le condenaban por ser amigo de pecadores (Lc 15:1-2; 5:29-32; 7:33-39). Extendió su mano a tocar a los enfermos, los leprosos y los muertos, lo que le contaminaba ceremonialmente y le incapacitaba para entrar al templo. Era amigo de la «mala gente» por lo que fue mal visto por la «buena gente». Fue tierno y compasivo con los pecadores, pero muy severo con los hipócritas; agresivo e insultante; hasta afirmó que los publicanos y las prostitutas entrarían al reino de Dios antes que los fariseos (Mt 21:31).  En todo eso, ante los sacerdotes y maestros de la ley, él fue «hecho pecado» por vía de su solidaridad inseparable con pecadores.

Esa clase de solidaridad con los marginados y los desvalidos de la sociedad nunca está bien visto por los poderosos.  Para nada sorprende que muy temprano comenzaron a confabular para matarlo. Y mucho menos cuando se dejaba llamar «Rey de los judíos», defendía siempre a las víctimas del sistema, entró en la ciudad capital en una marcha triunfal y trastornó el sucio comercio de los poderosos en la misma casa de Yahvé, denunciándoles a ellos por convertir el templo en una cueva de ladrones.  Toda esa solidaridad profética le granjeó la muerte.  La cruz fue instrumento de ejecución pública de los enemigos del sistema.  Fue el precio de su solidaridad con nosotros, en servicio osado al Reino de Dios y su justicia.

Finalmente, la misma muerte fue la expresión definitiva de esa solidaridad que comenzó con su nacimiento.  Al asumir la condición humana, lo hizo incondicionalmente, sin reservas en su solidaridad («Acepto nacer y vivir en carne, pero no morir, porque soy Dios y Dios no muere, mucho menos puedo hacerme pecado y maldición». ¿Cómo es posible eso para Dios mismo?) Ahí podemos ver la locura y el escándalo de la cruz.

Pero en Cristo la cruz tiene también su lógica, y es la lógica de la solidaridad incondicional.  Humanamente hablando, esa muerte violenta fue la consecuencia lógica e inevitable de una vida que los poderosos jamás iban a tolerar. Pero evangélicamente hablando, Cristo hizo suyos nuestros pecados para hacer nuestra su justicia; hizo suya nuestra muerte, para liberarnos de ella.  Cristo fue desamparado por su propio Padre (de nuevo, lo incomprensible para el entendimiento humano; «¡Dios desamparado por Dios! ¿Cómo puede ser?», exclamó Lutero. «No lo puedo entender»). Pero él fue desamparado por su Padre, para que nosotros nunca lo seamos.  Y en esa muerte solidaria, «Dios mostró su justicia, para que él [Dios] sea justo y el que justifica a los injustos», con los que se ha solidarizado (cf. Rom 3:25-26).

«Oh Cristo», dijo Lutero, «Yo soy tu pecado, y tu eres mi justicia» (2 Cor 5:21).  Y eso, no por alguna transacción externa y abstracta, sino por su solidaridad hasta las últimas consecuencias.  «Fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil 2:8).  Habiéndonos amado, nos amó hasta el fin (Jn 13:1).

 

 La Resurrección como reafirmación de la solidaridad

(Lucas 24:13-49)

En la teología de la resurrección volvemos a encontrar lo inadecuado de una explicación meramente forense, externa y transaccional, o la clásica teoría de «satisfacción» (teoría «comercial» de Anselmo).  Si Cristo ya había expiado toda la culpa del pecado y ya había pagado en pleno todo el precio de nuestra redención, ¿qué papel le queda a la resurrección en ese plan salvífico? ¿Por qué no ascendió directamente a la diestra de Dios, en vez de pasar cuarenta días más en la tierra (según nos narra Lucas)? Y aun más, si Cristo ya nos ha redimido plenamente, ¿para qué la resurrección corporal nuestra en vez de un traslado espiritual del alma al cielo?

Una parte importante de la respuesta a estas preguntas será precisamente la solidaridad de Jesucristo con nuestra humanidad.

En primer lugar la resurrección fue una nueva afirmación de la carne, del valor de nuestra condición física y su lugar decisivo en el plan salvífico de Dios para nosotros. En cierto sentido, sin negar la continuidad del Resucitado con el Crucificado y la identidad de ambos en la persona de Jesús, la resurrección puede considerarse como una especie de «segunda encarnación».  Habiéndonos redimido por su muerte en la cruz, Jesús opta, por decirlo así, por tomar de nuevo nuestra carne y solidarizarse con nuestra corporalidad, pero ahora liberada y glorificada. Por eso Lucas insiste en que Jesús comía, caminaba y conversaba.  Por eso también el credo apostólico habla con todo acierto de «la resurrección de la carne» (no sólo «del cuerpo»)… Eso significa hoy un compromiso cristiano con el cuerpo, con la carne, en tiempos cuando se ha hecho común la tortura y la mutilación de los cadáveres de los asesinados. Por eso también deben preocuparnos no sólo los muertos en guerra sino también todos los heridos y lisiados, que llevan en sus cuerpos, de por vida, las llagas del nefasto militarismo de nuestro tiempo. Esto debe significar también un compromiso con la salud pública, la buena alimentación para todos, y la lucha contra la pobreza.

En segundo lugar, la resurrección de Jesús fue una nueva afirmación de la vida. En su obra redentora, Cristo no sólo logró el perdón de nuestros pecados sino también venció para siempre la muerte. «Oh Cristo», reza un antiguo himno alemán, «muerte de mi muerte, vida de mi vida». «En él estaba la vida» (Jn 1:3), y su resurrección significó su compromiso con ella, frente a la muerte, hasta las últimas consecuencias. Él vino para darnos vida, y vida en abundancia (Jn 10:10), y ratificó ese compromiso con su resurrección. Por eso, porque en Cristo la vida venció a la muerte, los y las cristianos debemos dar nuestro mayor esfuerzo para que todos y todas disfrutan de esa vida abundante, en todas sus dimensiones (vivienda, alimentación, educación, dignidad, y esperanza en Jesucristo como su Salvador).  Y por eso, debemos ser «forjadores de la paz» (Mt 5:9) contra las fuerzas de muerte, guerra y opresión que nos rodean.

La resurrección de Cristo significa también su compromiso con lo humano. Llama la atención que, según los relatos evangélicos, el Cristo Resucitado no tenía nada de apariencia angelical. María lo confundió con el jardinero, los discípulos lo confundieron con otro pescador (ambos de la clase obrera), y los caminantes a Emaús lo toman por un extranjero que no sabía nada de lo que había pasado. En ese relato, también, Lucas revela un sentido de humor, sutil y simpático, en el Jesús Resucitado que caminaba con ellos: su inocente «¿Qué cosas? Cuéntenme, por favor» (Lucas 24:19), la conversación que sigue en que ellos narran al mismo Jesús lo que a él le había pasado, como si él no lo supiera, y las palabras finales de ellos, «pero a él no le vieron» (24:24), cuando ellos mismos están viendo a Jesús con sus propios ojos.[4]

Gracias a Dios, la resurrección no nos va a convertir en ángeles sino en seres humanos auténticos.  Igual que el Primogénito de los resucitado, no seremos menos humanos; seremos plenamente humanos, aun más humanos que nunca. Y Lucas nos permite entender que no perderemos ese precioso don que es el sentido de humor.  Podemos estar seguros de que en el Reino de Dios también contaremos chistes, con alegría perfecta e infinita.

La resurrección de Jesús inaugura también el proceso hacia la nueva tierra, y como tal significa un compromiso con lo terrenal. Cristo resucitado tuvo dos pies para caminar tras los caminantes a Emaús y alcanzarlos en el camino, pero nadie puede caminar sin tierra, aunque tenga pies. ¿Por qué insistimos en alegorizar las calles de la Nueva Jerusalén, en la nueva tierra? En la primera página de la Biblia, Dios crea la tierra y la declara buena. En el segundo relato de la creación, lo primero que Dios da a Adán es tierra, un huerto para cultivar. Cristo proclamó que los mansos heredarán la tierra (Mt 5:5); la gran liturgía en el cielo anuncia que reinaremos con Cristo sobre la tierra (Ap 5:10). La resurrección de Cristo, precursora de la nueva creación, nos obliga ahora a comprometernos con el medio ambiente, la justa distribución de la tierra, y la adoración al Creador como momento obligado en nuestra liturgia (Ap 4:4,6,11; 5:13).

La resurrección nos llama a un compromiso con el futuro, un compromiso con la esperanza.  Desde que Cristo resucitó, su Reino es invencible y nada es imposible. Su resurrección nos asegura que un mundo diferente es posible, ahora en medida relativa y sentido penúltimo, y finalmente en la plenitud de su reino. Los que dicen que «todas las cosas permanecen así desde el principio de la creación» son los burladores incrédulos (2 Pedro 3:3-4), no los que están identificados con Cristo en la solidaridad de su resurrección. Al contrario, nuestro Dios es el que hace nuevas todas las cosas (Apoc 21:5), hoy, mañana y siempre.  Creer en la resurrección significa solidarizarnos con Dios en Cristo, en su proyecto de transformación radical del mundo.

 

Conclusion

La identificación incondicional de Jesucristo con nosotros (solidaridad) es clave pare entender la Cristología, y la Cristología, bien entendida, es una poderosa motivación a la solidaridad.

En su encarnación, Jesús asumió nuestra humanidad corporal, nos hizo un solo cuerpo, y nos llama a ser también solidarios como fue y es él.

En su cruz, la solidaridad de Cristo fue hasta el extremo, hasta hacer suyos nuestro pecado y muerte.

En su resurrección, Cristo reafirmó su solidaridad con la corporalidad, la vida y la esperanza.

Bendición franciscana

Que Dios te bendiga con la inconformidad

frente a las respuestas fáciles, las medias verdades,

las relaciones superficiales,

para que seas capaz de profundizar dentro de tu corazón.

Que Dios te bendiga con la ira,

frente a la injusticia, la opresión y la explotación de la gente,

para que puedas trabajar por la justicia, la libertad y la paz.

Que Dios te bendiga con lágrimas,

para derramarlas por aquellos que sufren dolor,

rechazo, hambre y guerra,

para que seas capaz de extender tu mano, reconfortarlos

y convertir su dolor en alegría.

Y que Dios te bendiga con suficiente locura,

para creer que tu puedes hacer una diferencia en este mundo,

para que tu puedas hacer lo que otros proclaman que es imposible.

[1] La traducción de 2 Cor 5:21 en la Nueva Versión Internacional, «Dios lo trató como pecador», queda corto del sentido del texto griego, huper hêmôn hamartian epoiêsen; «por nosotros lo hizo pecado».

[2] El primer capítulo del Libro III (3.1) es completamente nuevo en la edición de 1559, como es también el lugar definitivo asignado a la unión con Cristo en todo el tercer libro (Barth, Church Dogmatics, IV/3: 552-3).

[3] Sin duda estas formulaciones pueden prestarse para exageraciones o malos entendidos, pero captamos mejor su fuerza y su profundo sentido, según Calvino mismo, si lo sobreformulamos.

[4] ) Sobre este pasaje, véase Stam, Profecía bíblica y misión de la iglesia (Quito: CLAI, 2001), pp. 42-44.

Blog deJuan Stam


«GLORIOSA CRUZ» UN ENCUENTRO CON   ISAAC WATTS  Y CHRIS TOMLIN

Isaac Watts nació en 1674 en Southampton, Inglaterra. » Cuando cuento sobre la Maravillosa Cruz» (Traducción literal)Muchos reconocen, como el himno más importante y profundo  escrito en todo los tiempos.

El mayor de nueve hijos, él era hijo de un diácono educado en una iglesia Congregacional disidente. En el momento del nacimiento de Isaac, su padre estaba en prisión por sus creencias no-conformista. El Jóven Watts mostró una aptitud inusual para el estudio y aprendió latín a la edad de cinco años, el griego a las nueve, a las once francés y el hebreo a los trece. Comenzó a escribir versos de buena calidad cuando era muy joven.  A Watts se refiere con frecuencia como el padre de los himnos en inglés. Una de sus primeras preocupaciones fue observar el deplorable estado en que el canto congregacional había degenerado en la mayoría de iglesias de habla inglesa. El canto de los Salmos consistió en ser lento y pesado,  en el que se lee cada línea por primera vez por un diácono nombrado y seguido por el zumbido de la congregación. Watts fue un revolucionario de la «música futurista» de su tiempo. Debido a esta salida en negrilla de los salmos tradicionales, Isaac Watts fue considerado a menudo como un clérigo radical. Watts no sólo volvió a escribir los Salmos de esta manera, sino que también escribió una serie de himnos basada únicamente en sentimientos personales. Estos cantos fueron conocidos como los himnos de serenidad humana. Estos himnos fueron muy polémicos durante su vida. «Cuando cuento sobre la Maravillosa Cruz» es un ejemplo de este tipo de himno escrito por Watts. Es el primer himno que está  escrita en primera persona, la introducción de una experiencia religiosa personal en lugar de limitarse a la doctrina.

Isaac Watts, y su himno » Maravillosa Cruz»  ha ayudado a replantear el futuro de la música de la iglesia como la conocemos hoy en día. El Sr. Watts habría estado orgulloso de saber que Chris Tomlin continúa su tradición.

Las palabras de «Gloriosa Cruz» narran una historia maravillosa. Ellos hablan de la belleza paradójica del sacrificio. Cuentan una historia de dolor y sufrimiento entrelazados con alegría y amor. ¿Quién habría pensado siempre que estos polos opuestos pueden unirse y formar una afirmación paradójica de que, a primera vista suena ridículo, pero cuando se toma en serio y meditado con mucho sentido que incluso el más simple de las mentes puede entender?

El verso perdido:

Watts, de hecho escribió cinco versos, pero uno se ha caído a través de los años (incluso en nuestro himnario). Aquí está el verso que falta (en realidad la intención de ser el cuarto verso):

«Su muerte roja, como un manto,

Regado Su cuerpo sobre el madero:

Entonces estoy muerto para todo el mundo,

Y todo el mundo está muerto para mí. »

ANTECEDENTES DE Chris Tomlin y «Gloriosa Cruz»

Nacido y criado en el este de Texas, Chris Tomlin se crió con una dieta constante de la música country, el aprendizaje de la guitarra por su estilo de juego es igual a los registros de Willie Nelson. No me hubiera imaginado alguna vez escuchar la suavidad de su voz.

«Me encanta la sencillez de la batería, bajo, guitarras eléctrica y acústica», explica Chris. «No estamos de poner en un gran espectáculo. No queremos ser estrellas de rock. Estamos a punto de conectar con la gente y tener una experiencia compartida de venir ante Dios y adorarlo.

Su Créditos está en los  estribillos venerables para los coristas de la iglesia como «Forever», «We Fall Down» y «La Maravilloso Cruz», Tomlin es considerado uno de los máximos compositores de esta época. Con millones cantando sus canciones por semana, Chris se le reconoce como una voz central de la expresión moderna de hoy en día del culto cristiano. Sin embargo, Tomlin ha planeado varios remakes de los himnos clásicos como Amazing Grace (Mis cadenas se han ido) y «Toma mi vida y Let it Be».

Aquí está el coro que Chris Tomlin agregó:

Oh, la cruz maravillosa, ¡Oh, la maravillosa cruz

Las ofertas que me calle, y morir, y encontrar

Que verdaderamente puedan vivir.

Oh, la cruz maravillosa, ¡Oh, la maravillosa cruz

Todos los que se reúnen aquí, por la gracia,

Acercaos y bendecir su nombre.

Canción ICCLI N º 3148435 © 2000 songsSix worshiptogether.com Pasos Música (Admin. por EMI Christian Music Publishing) (Admin. por EMI Christian Music Publishing) Chris Tomlin / Isaac Watts / JD Walt Reeves Jesse

La referencia bíblica a «La Maravillosa Cruz» es Gálatas 6:14.

¿Puedo gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, a través del cual el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo. – NVI

Coro Tomlin basa en Gal 2,20:

He sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. – NVI

      “WHEN I SURVEY THE WONDROUS CROSS” (ISAAC WATTS MEETS  CHRIS TOMLIN)

Isaac Watts was born in 1674 in Southampton England.  “When I Survey the Wondrous Cross” is thought, by many, to be the greatest hymn ever written.

The eldest of nine children, he was the son of an educated deacon in a dissenting Congregational church.  At the time of Isaac’s birth, his father was in prison for his non-conformist beliefs.  Young Watts showed an unusual aptitude for study and learned Latin at the age of five, Greek at nine, French at eleven and Hebrew at thirteen.  He began to write verses of good quality when he was very young.  Watts is frequently referred to as the father of English hymnody.  One of his early concerns was the deplorable state to which congregational singing had degenerated in most English-speaking churches.  The singing consisted of slow, ponderous Psalms in which each line was first read by an appointed deacon and was followed by the droning of the congregation.  Watts was a revolutionary producing “futuristic music” for his time.  Because of this bold departure from the traditional Psalms, Isaac Watts was often considered to be a radical churchman.  Watts not only rewrote the Psalms in this way, but he also wrote a number of hymns based solely on personal feelings.  These hymns were known as hymns of human composure. Such hymns were very controversial during his lifetime.  “When I Survey the Wondrous Cross” is an example of this type of hymn written by Watts.  It’s the first known hymn to be written in the first person, introducing a personal religious experience rather than limiting itself to doctrine.

Isaac Watts, and his hymn “When I Survey the Wondrous Cross” helped to reshape the future of church music as we know it today.  Mr. Watts would have been proud to know that Chris Tomlin is continuing his tradition.

The words of “When I Survey the Wondrous Cross” tell a wonderful story. They tell of the paradoxical beauty of sacrifice.  They tell a story of pain and suffering woven together with joy and love.  Who would have ever thought that these polar opposites could come together and form a paradoxical statement that on the face of it sounds ridiculous, but when taken to heart and pondered makes so much sense that even the simplest of minds can understand it?

The lost Verse:

Watts, actually wrote 5 verses but one has been dropped through the years (including in our hymnal).  Here’s is the missing verse (it’s actually meant to be the fourth verse):

“His dying crimson, like a robe,
Spreads o’er His body on the tree:
Then am I dead to all the globe,
And all the globe is dead to me.”

BACKGROUND OF CHRIS TOMLIN AND “THE WONDERFUL CROSS”

Born and raised in East Texas, Chris Tomlin grew up on a steady diet of country music, learning his guitar style by playing along with Willie Nelson records.  Not that you would ever guess it from listening to the gentle smoothness of his vocals.

“I love the simplicity of drums, bass, electric and acoustic guitars,” Chris explains. “We’re not about putting on a big show. We don’t want to be rock stars. We’re about connecting with people and having a shared experience of coming before God and worshipping Him.

Credited with venerable church choruses such as “Forever,” “We Fall Down,” and “The Wonderful Cross,” Tomlin is considered one of this era’s top songwriters. With millions singing his songs weekly, Chris is recognized as a pivotal voice of today’s modern expression of Christian worship.  Yet, Tomlin has masterminded several remakes of classic hymns including Amazing Grace (My Chains Are Gone) and “Take My Life and Let it Be.”

Here is the chorus that Chris Tomlin added:

Oh the wonderful cross, Oh the wonderful cross

Bids me come, and die, and find

That I may truly live.

Oh the wonderful cross, Oh the wonderful cross

All who gather here, by grace,

Draw near and bless Your name.

CCLI Song No. 3148435 © 2000 worshiptogether.com songsSix Steps Music (Admin. by EMI Christian Music Publishing)(Admin. by EMI Christian Music Publishing) Chris Tomlin / Isaac Watts / J. D. Walt / Jesse Reeves

The scriptural reference to “When I Survey the Wondrous Cross” is Galatians 6:14.

May I never boast except in the cross of our Lord Jesus Christ, through which the world has been crucified to me, and I to the world. – NIV

Tomlin’s chorus draws from Gal 2:20:

 

I have been crucified with Christ and I no longer live, but Christ lives in me.  The life I live in the body, I live by faith in the Son of God, who loved me and gave himself for me. – NIV

Traducción: http://sjbrown58.wordpress.com


 

César Vidal Manzanares

Antisemitismo de Lutero y Holocausto

De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XXII): Lutero y el antisemitismo (2)

En mi última entrega, puse de manifiesto cómo la posición antisemita que adoptó Lutero poco antes de morir no pasó de ser un reflejo de la habitual en la Europa católica propugnando precisamente la misma medida que habían ejecutado en España los Reyes Católicos.

Esa circunstancia explica no poco que el texto de Lutero no tuviera repercusión en la Europa reformada, a diferencia de lo que sucedía en la católica.Ciertamente, si hay que buscar un precedente histórico en algunos episodios del Holocausto los hechos históricos nos obligan a concluir que no se halla en la Europa reformada sino en la católica. De hecho, si Hitler no encontró una resistencia cerrada frente a esas medidas antisemitas se debió en no escasa medida a los precedentes católicos. Al respecto, los paralelos son elocuentes.

A continuación señalo algunas de esas normas tal y como se dieron en la ley canónica y en la nacional-socialista.

I. Prohibición del matrimonio y de las relaciones sexuales con judíos, Concilio de Elvira de 306.

Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes, 15 de septiembre de 1935.

II.- Prohibición de que judíos y cristianos comieran juntos, Concilio de Elvira de 306.

Prohibición de que los judíos entraran en los vagones restaurante, 30 de diciembre de 1939.

III.- Prohibición de que los judíos tuvieran cargos públicos, Concilio de Clermont de 535.

Prohibición de que los judíos tuvieran cargos públicos, Ley para el restablecimiento del servicio público profesional, 7 de abril de 1933.

IV.-Prohibición de que los judíos empleen a cristianos o tengan esclavos cristianos, III Concilio de Orleans de 538.

Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes, 15 de septiembre de 1935

V.- Prohibición de que los judíos aparecieran por las calles durante la Semana santa, III Concilio de Orleans de 538.

Decreto autorizando a las autoridades locales a prohibir a los judíos aparecer por las calles durante ciertos días de fiesta, 3 de diciembre de 1938

VI.- Quema del Talmud y otros libros judíos, XII concilio de Toledo de 681

Quema de libros perpetrada por los nacional-socialistas alemanes

VII.- Prohibición de consultar a médicos judíos, Concilio trulánico de 692

Decreto de 25 de julio de 1938

VIII.- Prohibición de que los cristianos vivieran en hogares donde hubiera judíos, Concilio de Narbona de 1050.

Directiva de Goering ordenando la concentración de judíos en casas donde no hubiera arios de 28 de diciembre de 1938

IX.- Impuesto sobre los judíos para el mantenimiento de la iglesia católica de la misma extensión que el sufragado por los católicos, Concilio de Gerona de 1078.

Sozialausgleichsabgabe impuesto a los judíos para que apoyaran económicamente al Partido nacional-socialista igual que lo hacían sus afiliados, 24 de diciembre de 1940.

X.- Prohibición para los judíos de demandar o testificar contra los cristianos, III Concilio de Letrán de 1179.

Propuesta de la Cancillería del Reich para que los judíos no pudieran llevar a cabo acciones civiles ante los tribunales, 9 de septiembre de 1942.

XI.- Prohibición de que los judíos reciban herencias de los cristianos, III concilio de Letrán de 1179.

Decreto permitiendo al ministerio de justicia anular los testamentos que ofendan el “juicio sólido del pueblo” de 31 de julio de 1938.

XII.- Orden para que los judíos llevaran un signo identificatorio en la ropa, IV Concilio de Letrán de 1215. De esa manera, la iglesia católica aceptaba incorporar una norma promulgada por el califa Omar II (634-644) contra los cristianos y los judíos.

Decreto obligando a los judíos a llevar un signo identificatorio en la ropa de 1 de septiembre de 1941.

XIII.- Prohibición de que los cristianos asistan a ceremonias judías, Concilio de Viena de 1267.

Prohibición de relaciones amistosas con los judíos, 24 de octubre de 1941.

XIV.- Obligación de que los judíos queden confinados en ghettos, Concilio de Breslau de 1267.

Orden de Heydrich estableciendo la reclusión de los judíos en ghettos de 21 de septiembre de 1939.

XV.- Prohibición de que los judíos tuvieran títulos académicos, Concilio de Basilea de 1434.

Ley sacando a los judíos de las escuelas y universidades alemanas de 25 de abril de 1933.

Los ejemplos citados previamente son suficientemente elocuentes, pero no tengo el menor ánimo de ser exhaustivo en su enumeración. Resulta bien revelador que todas y cada una de las medidas es anterior al inicio de la Reforma y que todas y cada una de ellas fueron puestas en vigor por los nacional-socialistas.

Dar ese paso no fue difícil por varias razones. La primera es que la legislación anti-semita fue desapareciendo de Europa a partir del s. XVI gracias a la Reforma y del s. XVIII gracias a las revoluciones liberales. Sin embargo, se mantuvo en las naciones católicas y, de manera muy especial, en la misma Santa Sede. De hecho, durante las dos últimas décadas del s. XIX, la Santa Sede utilizó el antisemitismo como uno de los elementos de aglutinamiento de sus fieles y fue muy común que prelados católicos defendieran la veracidad de la acusación de crimen ritual perpetrado por los judíos, una acusación, dicho sea de paso, que nunca se dio en la Europa protestante y sólo excepcionalmente en la ortodoxa.

Durante el s. XIX –el siglo en que nació Hitler y no pocos de sus seguidores– la misma Santa Sede mantuvo ghettos, perpetuó la existencia de la Inquisición e incluso procedió al secuestro de niños judíos como Edgardo Mortara arrebatándoselos a sus padres con el argumento de que habían sido bautizados en la fe católica.

Cuando Hitler llegó al poder, eran millones los que habían vivido buena parte de su vida contemplando cómo la iglesia católica vivía en un firme y convencido antisemitismo que se articulaba en multitud de normas. No sorprende por ello que Hitler tuviera un enorme éxito en la Baviera católica – fue donde comenzó su carrera política – o que fuera aclamado en la católica Austria que no se resistió lo más mínimo a la anexión al III Reich gracias a la intervención directa de la jerarquía católica. Para ser ecuánimes, ha de señalarse que ni la jerarquía ni los fieles católicos pensaban que Hitler fuera a ordenar el exterminio de los judíos y que, cuando se produjo tal eventualidad, no pocos arriesgaron la vida para salvarlos. Sin embargo, previamente no vieron con malos ojos que el nacional-socialismo implantara un régimen de medidas antisemitas que, a fin de cuentas, era el mismo que había impulsado durante siglos la iglesia católica.

De hecho, uno de los datos más escalofriantes del Holocausto es la cantidad desproporcionada de personas procedentes del catolicismo que participaron en la denominada Solución final. Trágicamente, no parece que les costara mucho dar los pasos que separaban el antisemitismo católico de siglos de las cámaras de gas de Auchswitz.

De manera bien significativa, la resistencia a las leyes de Nüremberg de 1935 e incluso a los actos antisemitas previos vino en Alemania de círculos evangélicos como la Bikenende Kirche del pastor Martin Niehmoller o el teólogo Dietrich Bonhoeffer. Para ellos – que, de manera bien significativa, apelaban a la Reforma – el antisemitismo era condenable en todas sus manifestaciones y no sólo en las posteriores y letales.

Huelga decir que la resistencia contra Hitler fue menor de la deseable, pero, por lo que se refiere a la lucha contra el antisemitismo, sólo la nacida en círculos protestantes era coherente con su Historia previa. Esos son los datos objetivos y lo demás no pasa de ser un intento de amoldar la Historia a una visión tan tardía como la del concilio Vaticano II arrojando las propias responsabilidades sobre espaldas ajenas.

Debería todo ello ser tenido en cuenta para intentar comprender, por ejemplo, ese antisemitismo desatado de la prensa española que va con apenas excepciones desde la derecha a la izquierda. Como señaló Lincoln, podemos negar la Historia, pero no podemos escapar de ella.

Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro

Retazos del evangelio a los pobres (XVIII)

“Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”. Lucas 17:12-13. Texto completo.

En los relatos de los Evangelios, vemos que aparecen personajes pobres y enfermos que gritaron a Jesús para atraer su atención en situaciones de emergencia. Así ocurrió con el ciego Bartimeo. En este caso que estamos tratando eran diez leprosos. Eran gritos por misericordia en una situación de gran ewmergencia.

Hoy en el mundo también podríamos escuchar millones de gritos que claman por misericordia en situaciones límite de hambre, pobreza o enfermedad. Somos igualmente interpelados como lo fue Jesús. La diferencia está en que hoy se da, de una forma bastante generalizada en nuestras sociedades, la espalda a estos gritos. En Jesús fue diferente. Siempre acogió el grito de los marginados. A Jesús nunca le molestó la urgencia de estos gritos.

Jesús desea que los pobres de la tierra y los marginados del mundo clamen a él en el clímax de la urgencia, de la emergencia, de la tensión, del conflicto. También, cuando los pobres del mundo han llegado a situaciones límite en las que ya no tienen voz, sólo resignación, el Señor puede escuchar el grito de los que claman por ellos, los gritos proféticos de sus hijos que claman por misericordia para con los despojados y oprimidos.

Los diez leprosos gritaron en busca de misericordia: “¡Ten misericordia de nosotros!”. Jesús acogió ese grito y, siempre, en toda acogida de Jesús, había liberación. En este caso, los que gritaban eran diez enfermos. Diez enfermos que, a su vez, eran diez marginados, diez pobres de la tierra, excluidos de todo bien terrestre. La enfermedad, en los tiempos bíblicos, también excluía y marginaba. Muchos de los enfermos eran pobres y muchos de los pobres eran enfermos. La enfermedad convertía a muchos en marginados y excluidos. Era el caso de los leprosos, pero podía ser también el caso de otros enfermos como los ciegos y muchos, muchísimos, aquejados de diferentes enfermedades.

Había muchas enfermedades que excluían y marginaban en tiempos de Jesús. ¿Y hoy? Es posible que hoy todos nos creamos más moralistas en cuanto a la enfermedad, más puros en estas áreas que pueden afectar a cualquier persona. Pero, de todas maneras, el problema se sigue detectando en los campos de marginación de las grandes ciudades y del mundo.

En estos momentos es un poco más invisible, pero cuando yo llegué a Lavapiés hace solamente veinticinco años, pude observar muy de cerca la situación de marginación de muchos enfermos drogodependientes. En aquellos tiempos recuerdo que en más de una ocasión, en alguna de mis conferencias, dije que los drogodependientes eran los leprosos de nuestros días.

Luego, entre los usuarios de Misión Urbana, me encontré con varios de los infectados por el VIH, los enfermos de sida. También tuve una impresión similar al ver el rechazo de que eran objeto en la sociedad. Luego fui viendo que, en los campos de marginación de nuestras ciudades, muchos deambulan empobrecidos y marginados por taras mentales. Es como si aún fuera necesario hacer un gran exorcismo social para liberar a tantos endemoniados de nuestros entornos y de nuestros ambientes ciudadanos. También hay muchos pobres tocados por la depresión y deprimidos que caen en pobreza. El tema “enfermedad y pobreza”, debería ser más estudiado en nuestros días.

Si Jesús supo acoger el grito de esos pobres-enfermos o de esos enfermos-pobres, nosotros, los seguidores de Jesús hoy, deberíamos acoger también el grito de estos marginados y empobrecidos del mundo.

En los tiempos de Jesús era aún peor que hoy. Jerusalén era un centro de mendicidad. Por los caminos y vallados había pobres tullidos, ciegos, leprosos, enfermos cuya única salida era la mendicidad. Además, había otros estigmas para la enfermedad en aquellos momentos. Muchos consideraban la enfermedad como castigo o maldición de Dios, otros la consideraban como producto del pecado o de una falta contra Dios. Jesús rechaza todas esas concepciones y les acoge con una acogida incondicional y liberadora.

Jesús, si estudiamos los contextos de sus milagros, se acerca a los enfermos no como un simple médico que puede resolver el problema biológico. Jesús se acerca a ellos de forma integral para recuperar y reconstruir hombres hundidos en el dolor, en la condena moral, en la soledad y en la marginación. En la experiencia de Jesús, el enfermo y el pobre, el enfermo y el excluido, se funden en una persona que necesita acogida y liberación e su situación.

Jesús veía al hombre integral y, así, en el enfermo veía al marginado, al solitario, al sufriente, al culpabilizado y despreciado. Jesús no era un sanador biológico. No era un curandero ni un milagreo al estilo de tantos milagreros que deambulan hoy por el mundo que dicen actuar en nombre de Jesús. Él buscaba la restauración integral de la persona por encima de lo estrictamente físico o biológico. Para Jesús era importante el contexto social, la insolidaridad de las personas, la exclusión en la que se veían lanzados muchos de los enfermos, las situaciones de pobreza ante la indiferencia de tantos, incluyendo los religiosos de la época. Jesús era observador de todo un contexto social inmisericorde.

Tenemos que aprender, nosotros sus seguidores, a mirar con los ojos de Jesús. No podemos tomar de la vida y ejemplos de Jesús, sólo aquellos que nos produce gozo y satisfacción, eludiendo los compromisos con los pobres, enfermos y oprimidos del mundo. No podemos convertirnos en mutiladores del Evangelio que Jesús nos dejó tanto con sus palabras como con sus hechos. Nuestra mirada también tiene que ser integral, de acogida sin condiciones, de compromiso solidario, de aceptación de la projimidad. Sólo así podremos vivir la integralidad del Evangelio. Sólo así podremos tener una vivencia integral de la espiritualidad cristiana.

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011


Dureza con disidentes políticos y religioso

Represión en China contra cristianos evangélicos

Doscientos cristianos protestantes detenidos en Beijing por orar en la calle, tras quitarles su lugar de culto.

13 de abril de 2011, BEIJING

En marzo pasado, los líderes del Partido afirmaron en el Congreso Nacional del Pueblo que aplastarían cualquier desorden social y reafirmaron el papel dirigente de la red política instaurada por Mao.

El régimen comunista chino, temeroso de que la “Revolución de los Jazmines” se extienda por el país, está aplastando todo movimiento que pueda escapar a su control, como es el caso de las llamadas ”iglesias clandestinas”, es decir, iglesias cuyos líderes no son nombrados y controlados por el Gobierno chino.

El domingo pasado los fieles de la Iglesia Protestante de Shouwang, imposibilitados de acceder al establecimiento donde realizaban regularmente sus actos de culto, convocaron una reunión de oración en la calle. Los feligreses habían dado publicidad en Internet al acto pacífico de protesta, por lo que fueron recibidos por cientos de policías que, tras darles “la bienvenida”, los introdujeron en autobuses con un destino incierto. Entre los detenidos, se encontraba un fotógrafo del New York Times que pronto fue liberado.

Los líderes de la Iglesia de Shouwang, que no es de las reconocidas oficialmente reconocida en China, dijo que sus actividades son puramente religiosas y no tienen trasfondo político. Acusaron a las autoridades chinas de interferir en sus posesiones y su libertad de expresión.

El corresponsal de la BBC en Pekín, Michael Bristow, señala que esta iglesia parece ser otra víctima de un amplio operativo de las autoridades chinas para mantener sectores disidentes bajo control.

DISIDENTES POLÍTICOS
Otra víctima de la represión desencadenada en China en los últimos meses es el disidente Wei Qian, condenado “administrativamente” a dos años de trabajos forzados o “reeducación por el trabajo”, acusado de participar en una “protesta ilegal”.

Sobre la suerte de Ni Yulan y su esposo Dong Jiqin, nada se sabe ya que se encuentran en paradero desconocido tras ser detenidos en el hotel donde se vieron obligados a residir, al ser expulsados de su casa que fue demolida ilegalmente.

Desaparecido está el famoso artista Ai Weiwei, desde el pasado 3 de abril. En tal fecha, unos agentes de la autoridad lo condujeron a un lugar desconocido.

Fuentes: BBC

© Protestante Digital 2011

 

Mi Vida sin Ti

Publicado: abril 7, 2011 en Iglesia

Estos 4 minutos y 23 segundos son prodigiosos.

Y enseña más sobre el matrimonio que los cientos de libros que se han escrito.

A veces todo se resume en unos sencillos consejos, pero claro, hay que aplicarlos.

El amor es entregarse y con Dios es más fácil, pues él ya sabe de que se trata.

Disfrútalo.

 

JPC.CLIPS


Juan Simarro
Retazos del evangelio a los pobres (XVII)

“Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 3:2. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios”. Juan 3:3.

Quizás los cristianos no hayamos captado en su profundidad el cambio de valores, el nuevo orden de cosas que supone el Reino de Dios que irrumpe en nuestra historia con la vida y la enseñanza de Jesús. Ya hemos dicho en otras ocasiones lo que implican los valores del Reino que aparecen en las parábolas, valores dignificadores de los débiles, de los oprimidos, de los desempleados por su debilidad y porque nadie los quiere contratar, de la revolución que significa el hecho de que los últimos pasen a ser los primeros, los valores que acogen en el banquete del Reino a los pobres y lisiados, a los excluidos de la sociedad, a los despreciados y a los ignorantes.

Si en la sociedad en la que vivió Jesús toda este trastoque de valores podía parecer algo subversivo, una inversión de valores que podía parecer un escándalo, una destrucción de todos los valores viejos sociales que marginan y el intento de crear una nueva sociedad, un nuevo orden de valores que revolucionara las viejas esencias que dividían a los hombres en dignos e indignos, ricos y pobres, últimos y primeros, fuertes y débiles, dándose esta inversión revolucionaria de valores que fueron difíciles de aceptar en la época de Jesús.

La única diferencia entre la época en la que irrumpe el Reino y la nuestra, es que a Jesús lo crucificaron los religiosos de su época, y hoy, los religiosos de nuestros días, simplemente muestran su indiferencia hacia estos valores y pasan a la vivencia de un cristianismo cómodo, no comprometido y de autodisfrute.

Tampoco queremos defender, a pesar de que estamos escribiendo desde el compromiso con los pobres de la tierra desde Misión Evangélica Urbana, un cristianismo que se fundamente solamente en el compromiso social. Somos conscientes que un humanismo ateo, podría defender también la dignificación de los proscritos y la liberación de los pobres de la tierra.

La revolución, la subversión y el nuevo orden de cosas que implica la irrupción del Reino, va muchos más allá de estas vivencias y de estos hechos que pueden cambiar la realidad sociopolítica. Implica una revolución que cambia al hombre, que le renueva en su interior y en su exterior, en sus relaciones sociales y en su relación con Dios. Es como si se quisiera destruir todo el viejo orden de valores y conseguir que nazca un hombre nuevo, renovado espiritualmente, y que la relación que tenga tanto con Dios como con el hombre, sea a partir de una muerte de lo viejo y un nacimiento de lo nuevo.

Es por eso que para entender el Reino de Dios y sus valores hay que pasar por la experiencia que Jesús quería que pasara Nicodemo y todo aquel que quiera entrar en el Reino de Dios: Nacer de nuevo. El que nace de nuevo no va a tener problemas con el nuevo orden de valores que exponen las parábolas del Reino y tampoco va a caer en una especie de humanismo que, como hemos dicho, incluso podría ser ateo.

Los valores del Reino son una llamada de atención, un reto subversivo para aquellos cristianos que quieren vivir el cristianismo desde la comodidad de los cumplimientos de rituales insolidarios con el prójimo, al igual que lo son para aquellos que se centran sólo en los cambios sociales sin haber pasado por el nuevo nacimiento. El que no nace de nuevo, rompiendo con el viejo hombre y los viejos valores, no puede entrar en el Reino de Dios.

El nuevo orden de cosas, el nuevo orden de valores del Reino, implica la vivencia integral de la espiritualidad cristiana. Esta integralidad abarca el nuevo nacimiento, el cambio interior, el amor a Dios que nos lanza a la dignificación de las personas, a la denuncia social desde ese nuevo ser y sentir arraigados en Dios mismo, a la práctica del concepto de projimidad que nos ha dado Jesús. O sea, que, siguiendo el Evangelio, tanto desde Misión Evangélica Urbana, como desde estas series de artículos o estos escritos en Protestante Digital, no caemos en la ingenuidad de la defensa de un simple cambio social que se podría defender igualmente desde cualquier humanismo que podría ser, como ya hemos dicho, incluso ateo.

Es por eso que en varias ocasiones he podido hablar de la teología de la acción social que se vive desde los valores del Reino y desde el cambio que implica la aceptación y deseo de muerte a lo viejo y de nacer a lo nuevo en una renovación total. El compromiso social dentro de las líneas de projimidad y de los valores del Reino es algo teológico, es algo que dimana de la profunda vivencia de la espiritualidad cristiana. Que nadie se confunda nunca pensando que desde estos artículos estamos defendiendo algo estrictamente sociopolítico.

Sin embargo, sin olvidar la necesidad de cambio espiritual y nuevo nacimiento para enfrentarse a la vivencia de un cristianismo integral, sí tenemos que decir que el ejemplo de Jesús que hemos de seguir no acepta una sociedad desigual dividida entre acumuladores y pobres, oprimidos y opresores. No acepta una sociedad injusta en la que los derechos de los débiles son pisoteados, en donde una gran cantidad de personas en el mundo son como un sobrante humano, despojada y excluida de todo bien social, viviendo en el no ser de la marginación y en la infravida de la exclusión.

Hay que hacer, siguiendo las líneas del nuevo orden social que implica la instauración del Reino, toda una inversión de valores, aunque parezca algo revolucionario y subversivo… a la vez que se vive una espiritualidad cristiana que implica la muerte a lo viejo y el nuevo nacimiento a una realidad nueva que transmuta las relaciones entre los hombres, que vive la projimidad desde los parámetros que marca Jesús que nos dice que el amor a Dios y el amor al hombre están en una relación de semejanza y que el que dice que ama a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso.

Los valores del Reino implican un cambio radical en donde, realmente, los últimos pueden llegar a ser los primeros, aunque esto para la mente humana y para el hombre conformado por el egoísmo y la necedad del poseer parezca realmente una locura. También la cruz de Cristo es una locura para los que no han pasado por la experiencia de morir y resucitar. Pero este morir y resucitar, este nuevo nacimiento, el abrirnos a una nueva vida por fe, va a ser lo que realmente nos hace entender la urgencia y la necesidad del cambio de valores que implica la instauración del Reino entre los hombres.

Si es verdad que el Reino de Dios no se va a instaurar por simples esfuerzos sociales, también es verdad que la aceptación del Reino y el renacer a una nueva vida, nos va a llevar a la lucha por la justicia y la dignificación del prójimo despojado y sufriente. Esa es la grandeza de los valores que nos deja Jesús. Esa es la grandeza de ese nuevo orden de cosas que propone Jesús y que ha de apoyarse en los valores del Reino que él nos deja.

Autores: Juan Simarro

© Protestante Digital 2011

 

Lutero y el antisemitismo

Publicado: abril 7, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
De algunos mitos difundidos sobre el protestantismo (XXI): Lutero y el antisemitismo
El papel de la iglesia católica durante el Holocausto es, sin ningún género de dudas, uno de los episodios más controvertidos en la Historia del s. XX. Es lógico que así sea porque el antisemitismo fue rampante en naciones católicas como Austria o Polonia; porque Pío XII firmó un concordato con Hitler; o porque el papel de la jerarquía católica fue esencial pa.
En los últimos años, algunos autores católicos han intentado desviar la atención de posibles responsabilidades de la iglesia católica en el Holocausto hacia la supuesta culpabilidad de Lutero en ese episodio. Merece la pena detenerse en el tema porque, aparte de disipar mitos sobre el protestantismo, de él se deriva una reflexión indispensable sobre uno de los grandes dramas de la Historia.De entrada, Lutero manifestó al inicio de su carrera como reformador una compasión hacia los judíos que no era habitual en la Alemania católica de la época. No deja de ser significativo que en uno de sus escritos de esa época llegue incluso a indicar que hasta cierto punto la falta de conversión de los judíos al cristianismo arranca, fundamentalmente, del maltrato que ha recibido de la iglesia católica. Durante los años siguientes, los judíos dejaron de tener interés para Lutero envuelto en una controversia teológica en la que se jugaba personalmente la vida y Europa, su futuro.

De esa situación, salió al final de su vida al redactar un tratado titulado “Los judíos y sus mentiras” (1543). El texto, efectivamente, rezuma un deplorable anti-semitismo, pero me atrevo a señalar que constituye una de las obras más profundamente católicas de Lutero. La razón es obvia: hasta Lutero habían llegado noticias de cómo los judíos difundían la noticia de que Jesús era el hijo de una prostituta: “Así lo llaman (a Jesús) el hijo de una prostituta y a su madre, María, una prostituta, que lo tuvo en adulterio con un artesano. Con dificultad tengo que hablar de una manera tan áspera para oponerme al Diablo. Ahora bien, saben que hablan tales mentiras por puro odio y voluntariamente, únicamente para envenenar a sus pobres jóvenes y a los judíos simples contra la Persona de nuestro Señor, para evitar que acepten Su doctrina”

La acusación era cierta ya que, efectivamente, en algunos pasajes del Talmud se hace referencia a que María es una adúltera y Jesús es llamado específicamente bastardo. De hecho, esa razón fue una de las que más pesaron en el papado para ordenar quemas del Talmud durante la Baja Edad Media y también la que llevó a algunos editores judíos a suprimir los pasajes para evitar ser objeto de esa represión papal.

Sin embargo, Lutero no se limitaba en su acusación a los insultos dirigidos contra Jesús y su madre. Además, consideraba que los judíos eran un colectivo que, mediante la usura, oprimía a los más humildes. La afirmación puede ser matizada, pero es la misma que desde hacía siglos venía vertiendo la iglesia católica sobre los judíos provocando decisiones civiles y eclesiales de especial dureza contra ellos.

Ante esa situación, Lutero proponía como solución – “la de los reyes de España” cita expresamente – es decir, la expulsión llevada a cabo por los Reyes Católicos en 1492. Puede o no gustar, pero lo cierto es que si alguna vez a lo largo de su dilatada carrera apoyó Lutero una decisión católica reciente fue ésa.

Visto con perspectiva de tiempo, el texto de Lutero es innegablemente lamentable.Lejos de seguir la línea propia de la Reforma de respeto a la libertad de expresión y de culto, Lutero se dejó llevar por la cólera que le provocaban las injurias contra Jesús y María -¿algún católico de la época habría actuado con más moderación?- y optó por la solución católica medieval al problema judío que venía aplicándose desde hacía siglos: la expulsión.

Ciertamente, si Lutero fue culpable de algo especialmente en este escrito fue de no seguir las líneas marcadas por la Reforma sino de continuar una multisecular tradición católica. Es precisamente esa circunstancia la que explica la reacción que provocó el panfleto de Lutero. A pesar de ser un autor profundamente odiado en el mundo católico, no he conseguido dar con un solo texto católico de su época que le afeara sus conclusiones, seguramente porque la coincidencia con lo que pasaba en la Europa católica era muy notable. Sin embargo, en la Europa protestante, el texto de Lutero fue repudiado. El príncipe de Hesse –que, supuestamente, debía haber escuchado la enseñanza de Lutero– se negó rotundamente a expulsar a los judíos siguiendo el ejemplo de los Reyes católicos y los mantuvo en su territorio. Felipe Melanchton, la mano derecha de Lutero, también manifestó su oposición al texto señalando que no debía seguirse sus directrices.

Fue la posición generalizada de las iglesias nacidas de la Reforma y era lógico que así fuera. La Reforma había introducido en las mentes y los corazones de las personas un principio fundamental que no era otro que el de juzgar las acciones y las enseñanzas de todos los hombres a la luz de la Biblia. Partiendo de esa base, nadie se consideró obligado a seguir el criterio de Lutero si chocaba con la Biblia lo que, dicho sea de paso, era el caso. En el mundo católico, apenas unos años antes, el papa había celebrado la expulsión de los judíos de España con una serie de festejos entre los que se incluyó una corrida de toros. Ahora, a pesar de la autoridad moral de Lutero, en la Europa protestante nadie lo siguió en sus conclusiones.

Al respecto, y por analizar una situación contemporánea, no deja de ser curioso que exista una causa de beatificación de Isabel la católica que pasa por alto el episodio de la expulsión de los judíos y, a la vez, haya católicos que pretenden cargar a Lutero con la responsabilidad del Holocausto precisamente por proponer como solución al “problema judío” la llevada a la práctica por esa misma Isabel.

El mito anti-protestante no pasa de ser un mito, pero, como hemos visto en otras ocasiones, viene caracterizado por la ignorancia o por la mala fe. Ciertamente, el Holocausto tuvo algunas raíces históricas previas al nacimiento de Hitler, pero de ello me ocuparé en la siguiente entrega.

CONTINUARÁ: El antisemitismo de Lutero y el Holocausto: el origen de las primeras medidas antisemitas de Hitler

Autores: César Vidal Manzanares

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Una mujer evangélica expulsada entrevistada con lagrimas en sus ojos confesaba que “es muy triste ver a mis hijos no poder vivir una vida como la de cualquier niño, extrañamos nuestras casas, nuestros animales y nuestra forma de vivir en el campo, extrañamos la tierra donde vivieron nuestros padres vivir”

México | Miércoles 6 de Abril, 2011 | Por Luis Jershon|

30 evangélicos mexicanos expulsados exigen al gobierno de Chiapas que les permita regresar a sus comunidades(Noticias Cristianas) Después de un año y tres meses de ser arrancados de su comunidad natal por practicar una fe distinta al del grupo, 30 indígenas evangélicos habitantes de Los Llanos y 10 de San Gregorio en Huixtán, exigen al gobierno de Chiapas dar una solución definitiva para poder regresar a sus comunidades y sobre todo recuperar su vida.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en México, ha emitido una recomendación al gobierno de Juan Sabines, pidiendo actuar conforme marca la constitución que para garantizar la libertad de culto por lo que pidió el retorno de los expulsados a Los Llanos y San Gregorio.

Aunque el mismo gobierno chiapaneco, ha apoyado a los expulsados rentando una casa y ofrecido alimentación esto no ha podido resolver el problema de fondo ya que muchas familias tienen niños pequeños que han dejado la escuela y por ello han perdido su estudio; los padres de estos deben quedarse mirando el gran vacío que representa esta casa y cruzarse de manos ya que el modo de ganarse la vida quedo allá, atrás de las montañas en sus parcelas, en sus animales; las madres son las que sufren más al ver a sus hijos encerrados entre cuatro paredes y añorando que estos pudieran correr entre los paisajes verdes de San Gregorio.

Por ello piden los expulsados al gobierno, que resuelva el conflicto haciendo valido los derechos que marca la constitución al dar la libertad, de que cada mexicano profesé la religión que quiera sin sufrir persecución alguna por su credo.

Una mujer evangélica expulsada, entrevistada con lágrimas en sus ojos confesaba que “es muy triste ver a mis hijos no poder vivir una vida como la de cualquier niño, extrañamos nuestras casas, nuestros animales y nuestra forma de vivir en el campo, extrañamos la tierra donde vivieron nuestros padres y donde nosotros también queremos vivir”.

Acciones legales

El Vocero de Voz de los Mártires en México, Esdras Alonso, explicó que se han tomado medidas legales para hacer que los expulsados puedan regresar a casa; se tuvo un plantón de 60 días frente a la Fiscalía de Justicia Indígena de San Cristóbal de las Casas y no existió solución.

Las demandas que pedimos es el retorno a las dos comunidades, reparación de los daños pues un templo y 13 casas fueron destruidos y hacer caso de la recomendación emitida por la CNDH en este problema.

Esdras Alonso, reveló que “se han tenido pláticas con el gobierno estatal para dar solución al conflicto y que este se ha comprometido a dar respuesta definitiva en dos semanas”.

Ya han pasado semana y media del plazo que el gobierno prometió para dar solución; si la administración estatal no cumple – señaló Esdras Alonso – los expulsados estarán haciendo una caravana desde San Cristóbal de las Casas hasta la ciudad de México para pedir respuesta al gobierno federal y pedir justicia a instancias internacionales.