Archivos de la categoría ‘Iglesia’


La Iglesia Evangélica Luterana del Brasil (IELB) repudia el reconocimiento civil de la unión homosexual, establecida por el Supremo Tribunal Federal (STF), “porque es contraria a la voluntad expresa de Dios” y dificulta, cuando no imposibilita, homosexuales “rever sus opciones y comportamiento”.

Porto Alegre, miércoles, 18 de mayo de 2011

La posición de la IELB viene firmada por su presidente, pastor Egon Kopereck, amparado en el parecer de la Comisión de Teología. Luteranos repudian la hipótesis de la adopción y guarda de niños y niñas por parejas homosexuales porque formarán en ellas “una visión distorsionada de su propia naturaleza”.

Diferenciando homosexualidad de homofobia, la IELB no concuerda con la conducta homosexual, pero no discrimina al sujeto. Ella repudia cualquier forma de discriminación y por eso se coloca al lado “también de las personas de comportamiento homosexual”, prestándoles apoyo para que alcancen una vida agradable a Dios.

Dios ama a todas las criaturas, también al homosexual, expresa el posicionamiento de la IELB, que ve a la sexualidad como don del Creador  “para ser vivido entre un hombre y una mujer dentro del casamiento”.

Pero al mismo tiempo la IELB, basada en la Sagrada Escritura, ve en la homosexualidad “un desvío del propósito creador de Dios, fruto de la corrupción humana que degrada a la persona y transgrede la voluntad de Dios”.

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Elsa Tamez

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

(Efesios 2:14-22)

Oler es uno de los cinco sentidos de los humanos que, como los demás, hace participar la mente, el cuerpo y el sentimiento. Cuando hueles algo, conoces y al mismo tiempo sientes. Por un lado se discierne con la mente lo que uno huele y por otro, al entrar el olor en el cuerpo por medio de la nariz, brotan sentimientos de placer, serenidad, o de asco y rechazo. Oler te puede llevar a una acción, de huida o de búsqueda; o simplemente de gratitud a la vida. Si olfateas algo que apesta huyes o tratas de quitar lo que hiede y si es tu hermana quien hiede te mueve a llorar y abrazar, te aguantas el mal olor. Ahora, si hueles algo que te agrada hasta el alma, caminas hacia ese olor y todos tus sentidos se despiertan: quieres ver lo que hueles, saborearlo, te guías por ruidos hacia el olor y ansías tocarlo. En otras palabras sentimos que vivimos y damos gracias a Dios por ello.

Esto ocurre con las cosas cotidianas, como con un pan sabroso o un perfume. Pero cuando sentimos que olemos a Dios en todas partes, es algo mucho más profundo y misterioso: es experimentar la trascendencia en todo el cosmos desde lo más minúsculo hasta lo más imponente. En todos los cuerpos terrenales y también en los cuerpos celestes, como las estrellas; y hasta en la Iglesia de Cristo que es su cuerpo terrenal y celestial.

Experimentar la trascendencia en nuestro mundo es como sentir a Dios en todas partes despidiendo un olor muy particular. Es verdad que Dios puede oler feo, de hecho nuestro mundo actual despide este olor feo de Dios a menudo: en las guerras, las torturas, las violaciones de mujeres, el abuso a las niñas y los niños, en el desempleo y en los ríos contaminados. Porque, sabemos, allí habita el Dios crucificado solidario. Este olor despreciable advierte que no se respetó la trascendencia, o la gloria divina reflejada en las criaturas de Dios. Pero ese no es el olor que queremos.

Quiero imaginar la paz en nuestro mundo y nuestra casa como la corola de una flor que despide un olor a Dios. Olor que lleva a discernir su presencia en cada cosa creada, ya sea por Dios o por los humanos. Esto sería como el fin de toda violencia de humanos contra humanos y de humanos contra la naturaleza. Porque así como no puedo asir, agarrar con mis manos el olor para apoderarme de él, así tampoco puedo dominar a las personas y los pueblos: su olor a Dios me detiene. Es un olor de paz, de reconciliación, porque se respeta el olor de Dios en el otro.

La carta a los Efesios sugiere que todo el cosmos es morada de Dios, como un templo santo, como una construcción bien hecha, con excelentes fundamentos. La llama Iglesia, pero como hoy día este término e ha vuelto estrecho, yo la llamaría comunidad cósmica, donde cabe la diversidad de espiritualidades. n esta comunidad todo se vive “en Cristo”, imagen profunda y constante en Efesios. Fórmula que expresa que todo respira a Dios y huele a Dios porque vivimos ligados a esa atmósfera divina. Jesucristo es para los cristianos el “Dios con nosotros”, el “rostro humano de la trascendencia”. Según Ef 2:20 el rostro humano de Dios es el pilar de esa morada habitada por Dios. Esta piedra angular n la construcción de la comunidad cósmica, recuerda perennemente que él mismo es paz, la hace  la anuncia como buena noticia (2:14, 15, 17). Tiene autoridad para hacerlo. Sabe en carne propia qué es la violencia, la tortura y la traición porque padeció la crucifixión causada por la pax romana; otra clase de paz militar que cree que matando a los malos se alcanzará la paz. Paz militar, paz sin justicia ni abrazos. Pero “Dios con nosotros”, que encarna la paz, despide un olor a paz sin muertos, ni violaciones, ni dominaciones, ni exclusiones. Una paz que se edifica derribando no a las personas que trepan a los muros, sino a los muros de la enemistad. Es una paz que no se construye edificando muros e autoprotección contra migrantes o para repeler las guerras. Los muros no llevan más que al odio, la exclusión, el miedo, el asesinato, la avaricia.

Efesios 2:20 dice también que los ancestros de esta comunidad cósmica, es decir los apóstoles y profetas que siguieron ese olor de Dios, también forman parte de los cimientos de esa comunidad universal. Estos pioneros de la comunidad nos recuerdan la vocación a la cual hemos sido creados: vivir simplemente como humanos, interrelacionándonos como hermanos y hermanas, como familia de Dios, incluyendo a la hermana luna y al hermano sol. Las huellas de los ancestros, forjadores de la comunidad, iluminan nuestro caminar.

Imagino la paz vivida en una comunidad cósmica, donde todos tienen cabida, desde los niños llenos de mocos hasta los ancianos que usan pañales. Y todo se respeta porque todo huele a Dios.

En esta comunidad cósmica, templo santo y morada de Dios, no hay armas, ni siquiera de juguete; la pesadilla de la guerra y los atracos queda atrás, enterrada entre los escombros de los muros de separación. No hay violencia porque la paz verdadera trae comida y trabajo y dignidad. Tampoco hay discriminaciones, porque no hay pueblos que viven lejos ni pueblos que viven cerca (2:13). No hay elegidos, ni atrasados. Todos los pueblos viven en el regazo de Dios, cuyo corazón palpita la paz y la reconciliación. Los que estaban lejos no se asimilaron a los que estaban cerca, y los que estaban cerca no preservaron sus privilegios sobre los demás, porque se hizo de todos una comunidad cósmica nueva, bendecida en su diversidad de lenguas, culturas y modos de dar gloria al Dios creador.

Por eso imagino la paz sin asimilaciones ni exclusiones, sin dominios de unos sobre otros. Y es que el olor a Dios del otro frena los impulsos del sometimiento y de la puñalada. En esta nueva comunidad humana se vive la diversidad en paz, atrás quedan las mañas de acumular dinero a costa de los pobres y de preferir el color blanco y rubio al café y negro. Ah, y no hay a quien se le ocurra alimentar las máquinas en lugar de a los seres vivos porque esta comunidad nueva pluricultural es sensata, vive la sabiduría de Dios.

Así es la paz que imagino y la veo en la Carta a los Efesios como una promesa que quiero creer es posible. Me da fuerza para no temer a las fuerzas ocultas de poderes y potestades (6:12), fuerzas que no vemos pero cuyos golpes sentimos. A esa mano invisible que hace que las monedas de los países suban y bajen o que el petróleo suba sin parar y que de pronto los alimentos básicos se vuelvan inalcanzables. Porque Dios, dice la epístola, recapituló todos los acontecimientos y las cosas en la tierra y en los cielos para que confluyeran en la divinidad crucificada (1:10) y resucitada por amor a la humanidad. Me mueve la esperanza de que así como el crucificado fue resucitado y llevado a una posición más allá de los poderes ocultos (1:20), así también nosotros, hemos sido resucitados y colocados en esa misma posición (2:10). Por eso creo que todos somos de alguna manera “Dios con nosotros” porque olemos a Dios en todas partes y despedimos olor de Dios.

Pero, claro, cuando abro los ojos y veo al mundo que nos rodea, pienso que esto que he dicho no es más que una plegaria, un clamor a Dios desde el Espíritu de Dios en mí, igual que el de la tierra que gime como una mujer parturienta (Ro 8:22).

Elsa Tamez, de nacionalidad mexicana; especialista en Estudios Bíblicos y asesora de traducción de las Sociedades Bíblicas Unidas; profesora emérita de la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica.

Esta meditación bíblica ha sido publicada en el libro «La paz: imagínala«, una colección de recursos litúrgicos preparados en el marco de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz 2011.


19.05.11

Dr Muna Mushahwar

As peace advocates from around the world relayed heartrending stories of violence and oppression, they also expressed their ongoing hope that a movement of peace will prevail during the proceedings of the second day of the International Ecumenical Peace Convocation (IEPC) being held in Kingston, Jamaica.

The advocates included religious leaders from the Middle East, India, Brazil and the USA addressed the issue of violence from the perspective and need for peace within communities and strengthening the dignity and rights of all.

“As a woman, I believe we cannot have justice in the community without having it first in the safe haven of our church,» said Dr Muna Mushahwar, a medical doctor who is a Palestinian Christian from Jerusalem.

She is intimately acquainted with being at the receiving end of displacement, denial and oppression which hits women particularly hard.  «The church has a huge role and must take responsibility.”

Dr Deborah Weissman, who also lives in Jerusalem and serves as president of the International Council of Christians and Jews broadened the issue beyond the church saying that some faith communities seize on “absolute truths” and leave no room for questioning authority.

“Throughout the world today, in the name of religion, atrocities have been committed. In many places, there is an unholy alliance between faith and extreme violence,” she said.

Violence does not take place in a vacuum, pointed out Prof. Ram Puniyani, a writer-activist known for his relentless struggle to uphold the secular ethos of India.

“Violence takes places because a large section of society is indoctrinated with a hatred for others. They basically aim to abolish the human rights of the weaker section of societies.”

Asha Kowtal, a Dalit activist and the leader of a female empowerment movement in India, also spoke about the role of peace in improving women’s lives in her home country. “Today hundreds of young girls are sexually abused by the dominant caste men,” she said.

The caste system is considered by many to be the largest systemic human rights violation anywhere in the world today. “It results in discrimination and exclusion,” said Kowtal.

As people at the bottom are continually denied access to opportunities and resources, “they remain the poorest of poor, most unemployed, most hated and most vulnerable,” she said.

Discrimination causes violence

People in Brazil also face discrimination that causes violent conflict, said Dr Tania Mara Vieira Sampaio, a professor at the Catholic University of Brasilia.

“In Brazil, as in the rest of Latin America, to have access to a university is a privilege that only few people can afford,” she said. “Our struggle to overcome the sacrifice-driven logics of the market today and enable a more condign life for everybody also has implications on the formation of the younger generations.”

Martin Luther King III, of Atlanta, Georgia and eldest son of slain civil rights leader Martin Luther King Jr., said churches need to do a better job of promoting peace in the community.

“Despite great progress, the 11 a.m. Sunday morning worship hour is still the most segregated hour of the day,” said King. “Today, as we all strive to affirm the dignity and rights of humankind, many tenacious forms of discrimination continue to undermine the basic respect for human rights.”

From a Christian perspective, the teachings of Jesus are deeply rooted in nonviolence, he said, but peace advocacy should be the responsibility of people from all spiritual traditions.

“The teachings of Jesus are deeply rooted in nonviolence but I believe that all faiths can have a mandate for nonviolence in all of the holy scriptures.”

During the next several days the IEPC will also explore peace with the earth, peace in the marketplace and peace among peoples.  The convocation, which is organized by the World Council of Churches, the Caribbean Conference of Churches and the Jamaica Council of Churches concludes on Tuesday, 24 May.


19.05.11

Martin Luther King III

After losing his father, uncle and grandmother to violent and, in some cases, suspicious causes of death, Martin Luther King III still believes that that there is a higher and more noble way and that is to «dislike the evil act» but «still love the individual.»

In the case of the recent killing of Osama Bin Laden, «it is hard to feel good about that,» said King, the eldest son of slain civil rights leader Martin Luther King Jr.

King’s comments were made in a press conference following a keynote address Thursday which he gave to some 1,000 participants at the first-ever International Ecumenical Peace Convocation (IEPC) in Kingston, Jamaica.

The convocation is being organized by the World Council of Churches, Caribbean Conference of Churches and the Jamaica Council of Churches.

«Because [the United States] said he was responsible for killing others, they assassinated him [Bin Laden]. A lot of people feel good about that. I find it hard to feel good about that,» said King.

«The U.S. had to address Bin Laden’s horrific actions in some way but killing him was not necessarily the best course of action,» he said.

«Certainly something should have been done with Bin Laden but I just don’t know if [killing him] was good. I just don’t believe in an eye-for-an-eye and a tooth-for-a-tooth. If that’s the case, we’d all be without eyes and teeth,» he said.

During the press conference, King urged churches, political leaders and citizens around the world to reach for that noble higher ground of nonviolence.

«We’ve got to reach higher. We’ve got to be better. We cannot continue to preach peace and practice war,» he said.

King also said that, collectively, churches need to do a better job of promoting peace and nonviolence.

«I hope I state this in the form of a challenge. But we in the church community, those of us who are members, must do a better job of not just working to talk about peace but to actually to live and promote peace in a better way. Quite frankly, it’s not until a crisis occurs that people seem to come together,» he said.

King said the church has a unique responsibility in bringing about peace.  «Peace will not come by one entity. It won’t be the churches alone or the United Nations. It must be the entire community that must embrace peace.»

Calling of a peaceful world

Recalling his parents and upbringing, King said that world peace might begin in individual homes. «I’m very thankful that my mother and father instilled in us certain principles and values around love.»

After his father was killed, King said he was 16 when his grandmother was gunned down, and that his uncle mysteriously drowned a year after his father was assassinated. Throughout the loss in his life, King said, «I have considered these as examples that taught me to dislike the evil act but love the people.»

King believes that nonviolence is not an unreachable ideal but a viable way for individuals and entire countries to resolve their conflicts.

«I believe that one day our people, human beings, will look back on our society and say that, at one time, we did go through archaic behavior, that violence is a thing of the past. We always have to immerse ourselves in truth. We know what is right and what is wrong,» he said.

The peace movement will be rooted in the next generation of young people, King added, and they should begin immersing themselves in the many existing methods of peace and nonviolence.

He cited the www.thekingcenter.org website, which outlines six steps of nonviolence, as well as a number of foundations named in honour of Gandhi. “You have to immerse yourself first in the topic. And then you have to talk about it. You have to tweet about it. You have to have Facebook pages about it.”

Peace could well become the focus of social media for youth, he said. “We have to make this world a better place. Tweet what people are doing. It’s young people who are going to lead this struggle. It’s your calling. Every generation has a calling. Maybe this generation’s calling is a peaceful world.”


19 mayo 2011

Rev. Dra. Margot Kaessmann

La Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP) se inauguró formalmente el miércoles en Kingston, Jamaica, con una ceremonia en que teólogos, líderes religiosos y el Primer Ministro de Jamaica dieron la bienvenida a unos mil participantes de más de un centenar de países.

El orador principal canónigo Dr. Paul Oestreicher, un activista por la paz reconocido a nivel mundial, pidió a las iglesias de todas las tradiciones espirituales que fortalezcan su posición con respecto a la paz al tiempo que reconocen las declaraciones de guerra en nombre de Dios de su propia historia.

“Bajo la señal de la cruz, las naciones cristianas conquistaron otras naciones”, dijo. “Masacraron a los hijos del islam en las Cruzadas. No se nos ha olvidado. Al igual que nuestros hermanos y hermanas musulmanes, consideramos que quienes murieron en la batalla tienen garantizado un lugar en el cielo”.

Oestreicher admitió que las complejidades políticas ponen obstáculos al camino hacia la paz.

“En la actualidad, una vez que empieza una guerra la mayoría de nuestros prójimos la consideran honorable, probablemente necesaria y a veces noble. El lenguaje utilizado oculta la cruel realidad sangrienta”, afirmó.

El Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), moderó la sesión de apertura de la Convocatoria, que contó con un servicio de oración, saludos y las historias de iglesias que buscan la paz y la reconciliación.

“Creo que Dios nos ha llamado a reunirnos aquí desde distintos lugares del mundo para que aportemos las experiencias de nuestros países”, dijo. “Muchos de ustedes llevan consigo la realidad de la injusticia de la violencia”.

Los habitantes de la región caribeña y de Jamaica dieron la bienvenida a los participantes de la CEIP, muchos de los cuales visitaban el país por primera vez.

El primer ministro jamaiquino Bruce Golding reconoció la historia de violencia de su país y, al mismo tiempo, el ingenio y la capacidad de recuperación nacional al hacer frente a la situación durante décadas.

“Sinceramente creo que todos fuimos creados por el mismo Dios”, dijo. “El problema reside en cómo podemos transformar nuestro debate en un conjunto de valores compartidos que cuenten con la aceptación y el respaldo de todos”.

Los teólogos comenzaron planteando las preguntas con las que los participantes de la CEIP lidiarán durante la próxima semana. El metropolitano Hilarion de Volokolamsk, presidente del departamento de relaciones exteriores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, habló de los cristianos y otras personas de todo el mundo que se ven expuestos diariamente a la humillación y las amenazas.

“La principal cuestión que debemos responder es qué podemos hacer juntos como cristianos ante el aumento de la violencia, la agresividad, la explotación y el terror”, dijo.

La CEIP tiene lugar cuando concluye el Decenio para Superar la Violencia, una iniciativa del CMI que se esforzó por consolidar los esfuerzos y redes existentes para prevenir y superar la violencia, y por estimular la aparición de nuevos empeños.

La Rev. Dra. Margot Kaessmann, teóloga luterana y pastora de la Iglesia Evangélica de Alemania, dijo que los participantes de la CEIP forman parte de un camino largo y complicado que comienza esta semana.

“Nuestras economías sacan provecho de la violencia y la guerra que nosotros lamentamos”, dijo. “La religión desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la paz y la superación de la violencia. Es hora de que se niegue a ser utilizada para avivar la guerra y el odio”.

Antes del plenario de apertura, se celebró un culto y un servicio de oración en los que abundaron los cánticos y las oraciones por la paz. Los acontecimientos de la tarde concluyeron con una oración del arzobispo jamaicano Donald Reece de la Iglesia Católica Romana.

Ambos acontecimientos fueron transmitidos en directo a todo el mundo por medio de un vídeo reproducido en tiempo real por Internet (streaming) disponible a través del sitio web de la CEIPwww.superarlaviolencia.org. Los plenarios de la mañana del resto de la CEIP serán transmitidos en directo de la misma forma de las 10:30 a las 12:30 hora local (GMT -5 horas).

El Cisma de Occidente

Publicado: mayo 18, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
La necesidad de la Reforma (2): la Reforma indispensable (II)

En mi anterior entrega, me detuve en la manera en que el papado se convirtió en punto menos que el departamento de asuntos religiosos de la monarquía francesa. Cuando tras siete décadas, concluyó la Cautividad babilónica de la iglesia en Avinón, la iglesia católica no recuperó la unidad. Por el contrario, se vio sumida en un Cisma que se prolongaría durante décadas.

A la muerte de Gregorio XI, el pueblo de Roma – que temía la elección de un papa francés y el regreso de la Santa Sede a Aviñón – exigió que el nuevo pontífice fuera «romano o al menos italiano». Aterrorizados, ante la posibilidad de que se produjera un derramamiento de sangre, los cardenales votaron casi unánimemente a Prignano que subió al trono papal con el nombre de Urbano VI.  Una vez más, cuestiones meramente políticas tuvieron consecuencias espiritualmente trágicas.

Al anunciar Urbano VI que tenía el propósito de crear nuevos cardenales para contar con una mayoría italiana en el Sagrado colegio,  los cardenales franceses proclamaron la nulidad de su elección y eligieron a Clemente VII  en su lugar. De esta manera comenzó el Gran Cisma o Cisma de Occidente. Aunque Urbano VI respondió ejecutando a cinco cardenales por conspiración y sometiendo a otros seis a tortura, murió sin conseguir que su pontificado fuera aceptado por toda la cristiandad católica.

En 1389,  a la muerte de Urbano VI, fue elegido el nuevo pontífice – Bonifacio IX  – por catorce cardenales romanos. Su propósito era alcanzar una solución de compromiso que permitiera solventar el Cisma de Occidente.

Desgraciadamente no fue así y  Bonifacio XI fue excomulgado por el papa de Aviñón Clemente VII. La muerte de este pontífice hubiera podido significar el final del Cisma. Sin embargo, los cardenales de Aviñón optaron por elegir a un nuevo pontífice, el aragonés Pedro de Luna, que accedió al trono papal con el nombre de Benedicto XIII.  Una vez más, el papa de Aviñón se negó a ceder ante la sede romana perpetuando así la división de la iglesia católica en dos bandos.

El drama que implicaba semejante situación – una unidad eclesial rota en la cúspide por dos papas que se anatematizaban recíprocamente – llevó a distintas instancias políticas a intentar una mediación que llevara a Benedicto XIII a abdicar y permitiera la continuación de la línea papal a través de un pontífice con sede en Roma. Así, en 1395, Carlos VI de Francia le instó infructuosamente para que abdicara y no mejor resultado obtuvieron una legación anglo-francesa en 1397 y otra alemana en 1398. Cuando en ese mismo año, Francia se apartó de la obediencia a Benedicto, Navarra y Castilla dieron el mismo paso situándolo en una posición muy delicada. Benedicto XIII llegó incluso a ser confinado en su palacio.

Sin embargo, en 1403 logró escapar disfrazado y esa muestra de audacia se tradujo en la recuperación de la obediencia de sus cardenales así como de la de Francia y Castilla.  En 1404, Benedicto XIII propuso llegar a un acuerdo con el pontífice romano, pero el proyecto fracasó. Finalmente, en virtud del tratado de Marsella de 21 de abril de 1407, Gregorio XII de Roma y Benedicto XIII de Aviñón acordaron entrevistarse en Savona para concluir el cisma. El encuentro no tuvo nunca lugar y, al año siguiente, la corona francesa – la primera interesada en mantener el papado de Aviñón – volvió a apartarse de la obediencia a Benedicto XIII e incluso ordenó su detención.

A esas alturas, la tesis de que un concilio tenía autoridad y legitimidad suficiente para deponer al papa se había impuesto siquiera por la vía del pragmatismo ya que no se percibía otra salida para una crisis institucional y espiritualmente escandalosa. Así, Benedicto XIII, que había huido a Perpiñán, tuvo allí noticia de que el concilio de Pisa de 1409 le había depuesto tanto a él como al papa Gregorio. A los pocos días,  Alejandro V fue elegido como nuevo – y, supuestamente, definitivo y legítimo – papa.

En teoría, la solución conciliarista, es decir la deposición de los pontífices y su sustitución resuelta por un concilio superior a ellos, debía haber acabado con el Cisma de Occidente. Desgraciadamente, a corto plazo, sólo sirvió para complicarlo aún más. Apoyándose en los reinos hispánicos y en Escocia, Benedicto XIII excomulgó a sus opositores y mantuvo sus pretensiones de ser el pontífice legítimo.  La existencia de tres papas – un hecho sin precedentes – fortaleció las tesis de los partidarios del conciliarismo que ahora contaban con el respaldo imperial para intentar acabar con el Cisma.  Así, el emperador alemán Segismundo acudió a Perpiñán para instar a abdicar a Benedicto XIII. No lo consiguió. De hecho, Benedicto XIII se mantuvo en su posición – en sus trece – hasta su fallecimiento en el castillo de Peñíscola en 1423.

Sin embargo, si el papa aragonés pasaría a la Historia como un paradigma de la testarudez, no más ejemplar resultó la conducta de Baldassare Costa. Nacido en Nápoles de familia aristocrática, Costa fue pirata en su juventud, pero en 1402, fue creado cardenal por Bonifacio IX y nombrado legado en Romaña y Bolonia. Empedernido mujeriego – de él se contaba que había seducido a más de doscientas mujeres mientras desempeñaba estas funciones – Costa rompió con Gregorio XII y se unió a los cardenales de Benedicto XIII que lo habían abandonado y en el curso del concilio de Pisa (marzo-agosto de 1409) votó a favor de la deposición de Gregorio XII y de Benedicto XIII, y de la elección de Alejandro V. Cuando éste murió, envenenado, al parecer, por órdenes del propio Baldassare Costa, éste logró ser elegido sucesor suyo.

 Costa – que tomó el nombre de Juan XXIII – consiguió disfrutar de un amplio respaldo en Francia, Inglaterra y varios estados italianos y alemanes. Decidido a acabar con la crisis por la que atravesaba el pontificado, condenó la enseñanza de los reformadores John Wycliffe y Jan Huss, y en 1414, convocó el concilio de Constanza con la intención de que se confirmara la deposición de Gregorio XII y Benedicto XIII.  La propuesta era sensata, pero, a esas alturas, la tesis de la superioridad del concilio sobre el papa estaba tan afianzada que en febrero de 1415, el concilio decidió que también Juan XXIII debía abdicar.

Ante aquella iniciativa, Juan XXIII decidió huir convencido de que con ese acto concluiría el concilio, pero no fue así. En sus sesiones IV y V (30 de marzo y 6 de abril de 1415), el concilio proclamó su superioridad sobre el papa y, tras detener a Juan XXIII, lo depuso en la sesión duodécima (29 de mayo) acusándolo de simonía, perjurio e inmoralidad. La respuesta de Juan XXIII fue declarar que el concilio era infalible y renunciar a cualquier derecho que pudiera tener al papado.

 Después de que el concilio de Constanza depusiera a Juan XXIII y a Benedicto XIII y recibiera la abdicación de Gregorio XII, en el curso de un cónclave que tan sólo duró tres días se eligió papa al cardenal Oddo Colonna que tomó el nombre de Martín V.

El cisma aún perduraría hasta el pontificado de Clemente VIII, sucesor de Benedicto XIII, pero ya con escasos católicos que no reconocieran como pontífice legítimo a Martín V. A partir de 1418, en un intento de fortalecer su autoridad y de recuperar el prestigio de la Santa Sede, Martín V comenzó a negociar concordatos con Alemania, Francia, Italia, España e Inglaterra, y en 1420, volvió a residir en Roma, pese a las presiones para establecerse en Alemania o Aviñón.

 El Cisma de Occidente había dejado de manifiesto hasta qué punto la unidad de la Cristiandad occidental resultaba frágil y cómo para recuperarla había resultado forzoso arbitrar medidas que colocaban la autoridad del concilio por encima de la de los pontífices. Sin embargo, no significó la recuperación de la unidad.  Durante los años siguientes, quedó de manifiesto esa desunión en episodios como los oídos sordos prestados por las diversas naciones a los llamados papales para socorrer a Constantinopla – que cayó ante los turcos en 1453 – y, sobre todo, en la separación de Bohemia de Roma siguiendo las tesis teológicas de Juan Huss, un teólogo quemado en la hoguera durante el concilio de Constanza.

La Reforma del s. XVI provocó – a su pesar – una ruptura, pero no en una iglesia impolutamente unida, sino en una que se había mostrado dividida durante décadas en los siglos anteriores y que además ya había perdido alguna región de Europa seguidora de una interpretación de las Escrituras diferente de la propugnada por la Santa Sede. La razón de esa ruptura fue espiritual, pero de eso hablaremos en siguientes entregas.

 Continuará. Próximo capítulo: La necesidad de la reforma (3): la Reforma indispensable (III): La crisis espiritual


Autores: César Vidal Manzanares

© Protestante Digital 2011


Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio de los pobres (XX)
“Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos…”. Marcos 2: 15. Texto completo en Marcos 2:13-17.
 La mesa compartida, además de tener todas las características muy especiales en aquella época, va mucho más allá del hecho necesario y solidario de dar de comer o el hecho de la acogida incondicional  sin establecer divisiones entre puros e impuros, ricos y pobres, integrados o desclasados. Jesús también es ese pan que se ofrece para ser compartido en cualquier situación, en los focos de conflicto, en medio de los hambrientos del mundo, fuera del templo, en las casas, en las fábricas, allí donde los hombres son oprimidos, excluidos y despojados de su dignidad.Por eso el tema de la mesa compartida va mucho más allá del hecho del deber de compartir el pan con los excluidos o estigmatizados, con los pobres y los que son rechazados como impuros. Jesús es el Mesías del pan compartido . Hay una trascendencia que nos lleva a considerar la búsqueda de la justicia en el mundo, el trabajo por una mejor redistribución de los bienes del planeta tierra, la dignificación de las personas y la acción social cristiana, la Diaconía, como temas impregnados de unos valores transcendentes. Es por eso que se puede hablar de la Teología de la Acción Social, la Teología de la búsqueda de la justicia, la Teología de la liberación de los oprimidos, la Teología de dar de comer a los hambrientos.

En el ejemplo de Jesús, en el ejemplo de su mesa compartida, hay pan para todos a la vez que Él mismo se ofrece como pan compartido. Su milagro no consiste solamente en la multiplicación de los panes y los peces, sino que también, en sus comidas compartidas, nos deja los retazos de lo que debe ser la vida cristiana, los retazos del Evangelio a los pobres. Multiplica el pan y acoge en su mesa, a la vez que, ofreciéndose como pan compartido, rompe todo tipo de ataduras que hace que unos hombres sean esclavos de otros. Jesús con sus comidas es liberador. Hace pedazos las normas y las leyes de pureza de los judíos religiosos que, considerándose puros, excluían a los más débiles haciendo divisiones sociales entre puros e impuros, integrados y excluidos.

 Cuando Jesús reúne a las personas en torno a su mesa, cuando se ofrece como pan compartido, rompe toda barrera que separa a los hombres  y que les clasifica entre dignos e indignos. En la mesa compartida, nadie se queda fuera ni pasa hambre, pero, a su vez, se encuentra con la figura de Jesús como pan compartido en una especie de banquete de encuentro humano en donde no se distingue el rico del pobre, porque en su presencia no puede hacerse divisiones entre ricos y pobres, entre proscritos e integrados, entre oprimidos y opresores. El pan es para todos, se da de forma gratuita. En la figura de Jesús como pan compartido, se muestra el Mesías de la acogida universal en donde se acogen a los últimos y excluidos y se les pone como los primeros, como los integrados y acogidos en los brazos del Maestro.

 Cuando no redistribuimos los bienes de la tierra con equidad, estamos apartando de nosotros al Mesías del pan compartido , no le seguimos aunque estemos visitando su templo día tras día; cuando estamos haciendo grupos y separaciones entre grupos humanos, dejando a muchos en la estacada, tirados al lado del camino, no lo estamos haciendo como seguidores del Jesús de la mesa compartida; cuando estamos considerando como exitosos a los acumuladores del mundo y rindiendo pleitesía a los que adoran al dios de las riquezas, envidiando sus éxitos, estamos olvidando al Jesús de la mesa comunitaria; cuando pasamos de largo ante el grito de los pobres, hambrientos y marginados del mundo, nos estamos autoexcluyendo como invitados al banquete del Reino.

Sólo cumpliendo nuestros deberes de projimidad, de atención al prójimo apaleado y tirado al lado del camino, podremos entender y seguir al Mesías del pan compartido, de la comida universal, del banquete del Reino. Siguiendo a este Jesús es la única manera de que nosotros también aprendamos a multiplicar el pan, a no hacer divisiones entre grupos, a ser solidarios y serviciales con el prójimo necesitado, buscadores de justicia y agentes de liberación de un Reino que nos necesita para expandir sus valores en un mundo desigual e injusto. Sólo siguiendo a este Jesús como el pan compartido, podremos nosotros también formar nuestra mesa comunitaria en la tierra en donde nadie debe ser excluido, donde nadie debe ser marginado.

 En la mesa compartida, el que tiene debe dar al que no tiene. El que sigue al Maestro debe ser como un promotor de justicia, de una humanidad más justa y con una mejor redistribución de los bienes del planeta tierra, debe ser acogedor del otro, del que está en una situación de rechazo, pobreza o exclusión.  El Jesús del pan compartido se nos muestra como modelo a seguir, como ejemplo de acogida, transmisor del modelo que debe seguir todo discípulo del Maestro: el del pan y la mesa compartida en la que también se comparte la palabra y el amor que debe reinar entre todos los hombres de la tierra.


Autores: Juan Simarro Fernández

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Edificios demolidos o reutilizado

Cada vez se cierran más iglesias católicas y protestantes en Holanda

Actualmente hay 4.200 iglesias en Holanda, de las que unas 1.400 serán clausuradas antes de 2020. 900 iglesias fueron abandonadas desde 1970.

18 de mayo de 2011, HOLANDA

Según el profesor Peter Nissen, de la Universidad de Nimega, un tercio de esas 900 iglesias que dejaron de utilizarse, fue demolido. Otro tercio fue asimilado por otras religiones y el resto fue destinado por los nuevos propietarios a funciones como oficinas, restaurantes, bares y apartamentos.

Un ejemplo que ilustra bien la situación es el de la Vredekerk, en Bussum, cuya torre se divisa desde lejos. Construida en 1914, esta iglesia protestante se encuentra en el centro de la ciudad, no lejos de la estación central de trenes. Pero al llegar a la entrada se descubre que, a pesar de la torre, las grandes puertas de madera y su ubicación central, el edificio ya no funciona como iglesia. En lugar de los avisos de horarios de culto, encontramos el intercomunicador y los buzones de correo para los 18 apartamentos que ocupan actualmente el edificio.

La iglesia Vredekerk, que contaba con una escasa asistencia de fieles, fue vendida en 2005, renovada y convertida en un edificio residencial. El destino de la Vredekerk, por extraño que parezca, es algo común en Holanda.

 MENOS FIELES
 Este fenómeno, explica el profesor Nissen, refleja el estado actual de las iglesias católicas y protestantes en Holanda: la creciente disminución del número de fieles y la consecuente pérdida de ingresos. “Alrededor de 1960, el setenta por ciento de los católicos holandeses asistía a la misa del domingo. Actualmente sólo lo hace el 7 por ciento. Las iglesias, así como la sociedad holandesa y todos aquellos interesados en estos edificios por su valor como monumentos, se enfrentan al problema de que ya no se los necesita para servicios religiosos. ¿Es posible darles otra función? ¿Y quién cubriría los gastos? Ese es el mayor problema”, señala el profesor.

El mantenimiento de una iglesia puede ser un asunto costoso. Con espacios más amplios que otros edificios, las iglesias suelen estar emplazadas en sitios privilegiados y demandan altas inversiones en calefacción y electricidad. Por otra parte, no cualquiera está en condiciones de comprar una iglesia, especialmente las católicas. Según el departamento de arquitectura de la Diócesis de Haarlem, la venta de una iglesia puede ser un proceso de 5 a 10 años.

La diócesis católicas tiene algunas reglas para impedir que lo que para ellas el un espacio sagrado se transforme en algo que no corresponde con los valores cristianos. Aún así es posible encontrar iglesias convertidas en night-clubs, escuelas de buceo y alpinismo, e incluso sex-shops. Señala el profesor Nissen que aunque algunas fueron templos católicos la mayoría de estos edificios habían sido iglesias protestantes. “Para los católicos, la iglesia es la ‘casa del Señor’, mientras que para los protestantes es meramente un lugar físico de encuentro, sin ese carácter sagrado”, interpreta.

La única manera de evitar la demolición de una iglesia es convertirla en un monumento nacional. Ese es el caso de la Heilig Hartkerk (Iglesia del Sagrado Corazón) en Haarlem, construida en 1902 y reabierta en 1998 como pensión estudiantil y salón de belleza.

 UNA PELUQUERIA ESPECIAL
Jan Dortmundt, propietario del salón que ocupa la antigua capilla católica, asegura ser el único peluquero que trabaja en el interior de una iglesia en Holanda. El salón muestra varias referencias religiosas. El logo recuerda al Sagrado Corazón y la decoración incluye varias imágenes de santos. Jan Dortmundt ha reservado un espacio para encender velas encima del cual cuelga una imagen invertida del papa Benedicto XVI. Un gesto de ironía, asegura Dortmundt, desde una base de respeto.

Cuando el estilista se mudó a la nueva dirección, perdió algunos clientes que no estaban de acuerdo con la idea de instalar un salón de belleza en una antigua capilla. Pero esta pérdida fue compensada con nuevos clientes interesados en el sitio. Los objetos de decoración, así como las velas, suelen ser un aporte de los clientes. “Se sienten relajados en este lugar, que les inspira paz, y realmente es relajado trabajar aquí. Creo que eso es lo que hace especial estar en una iglesia”, afirma el peluquero.

 ACTITUD RESPETUOSA
También Francesca van Raab, que vive en el apartamento A1 de la antigua iglesia protestante Vredekerk, cree que el trasfondo religioso del edificio influye en sus actuales habitantes.

Desde el interior, su casa no se parece en nada a una iglesia. Las únicas señales de la antigua iglesia son el alto cielorraso y las puertas ovaladas. En el hall de entrada, una pesada campana de bronce sirve como objeto de decoración y también se conservó la piedra angular en una de las paredes.

Francesca asegura que la antigua función del edificio ejerce una influencia en su actitud hacia él. ‘No soy una persona religiosa en el sentido de creer en Dios, pero creo que algo debe haber. Cuando me mudé a este lugar, lo hice con una actitud de respeto hacia cualquier persona que haya practicado su fe en este recinto. Creo que es necesario sentir ese respeto para poder habitar en una iglesia’, opina.

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Los papas de Aviñón

Publicado: mayo 9, 2011 en Historia, Iglesia

César Vidal Manzanares
La necesidad de la Reforma: la Reforma indispensable (I)
En mi anterior serie, me detuve en más de una ocasión en referencias a la Reforma del s. XVI. En esta nueva, intentaré mostrar hasta qué punto la Reforma era indispensable y justa y hasta qué punto en ella puede encontrarse un punto de referencia obligado para la situación espiritual de nuestro tiempo.
 La unidad rota
Suele ser una opinión extendida entre círculos no informados –o decididamente tendenciosos– el de que la Reforma significó el final de una unidad eclesial que se había extendido desde el s. I d. de C. hasta el s. XVI.

Esa ruptura, extraordinariamente traumática, habría venido provocada sustancialmente por la herejía. Semejante visión –a pesar de que sigue siendo común en ciertos ambientes- no se corresponde ni lejanamente con la realidad histórica. De manera bien reveladora, un católico tan fiel y piadoso como Geiler von Kayserberg, de Estrasburgo, diagnosticaría que “la cristiandad está destrozada de arriba abajo, desde el papa al sacristán, desde el emperador a los pastores”. El juicio era severo, terrible si se quiere, pero dolorosamente exacto.

A decir verdad, la Reforma fue una ruptura ciertamente, pero se sumó a otras fracturas anteriores, algunas de las cuales se habían producido en el seno de la Cristiandad occidental tan sólo unas décadas antes.  Como ha señalado un personaje tan poco sospechoso como el estudioso católico J. Lortz, aparte del desgarro que había separado a las iglesias ortodoxas de Roma, la ruptura de la Cristiandad occidental fue anterior a la Reforma. A decir verdad, los episodios resultaron además de trágicos, numerosos. El primero se produjo a inicios del s. XIV y es conocido como la Cautividad babilónica de la iglesia.  Este lamentable hecho iba a marcar prácticamente la totalidad de la Historia de la Cristiandad occidental durante el s. XIV.

En 1305, Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos (n. c. 1260), fue elegido papa gracias al apoyo de los cardenales favorables a la monarquía francesa. Tributario de esta acción,  Bertrand, que tomó el nombre pontificio de Clemente V, trasladó la residencia de la Santa Sede desde Roma a Aviñón.  Durante las siguientes siete décadas, el rey de Francia controló de manera casi total los asuntos papales o, como señala Lortz, “el papa se convierte casi en obispo de la corte francesa”(1). Clemente V condenó por hereje e inmoral a su predecesor el papa Bonifacio VIII – que se había enfrentado con Francia – y ordenó el proceso de los Templarios, cuyas riquezas codiciaba el rey galo.

A la muerte de Clemente V, la sede papal estuvo vacante por espacio de más de dos años y cuando, finalmente fue elegido papa Jacques Duèse, se trató de un candidato de compromiso, que contaba con el respaldo de Felipe de Francia y de Roberto, rey de Nápoles y que adoptó el nombre de Juan XXII, viéndose su pontificado amargamente marcado por las acusaciones de herejía.

En 1322, el Capítulo general de los franciscano declaró que Jesús y los apóstoles no habían tenido ninguna posesión material. La respuesta del papa Juan XXII consistió en renunciar a la titularidad de los bienes de los franciscanos -que, formalmente, era papal, pero, en la práctica, estaba en manos de la orden franciscana– y, a continuación, proceder a condenar como herejía la declaración del Capítulo general.

La reacción de los franciscanos ante estas medidas papales consistió en acusar, a su vez, al papa de hereje. En defensa de semejante postura, los franciscanos contaban con precedentes papales ya que en 1279, el papa Nicolás III se había decidió en favor de la tesis defendida por los franciscanos señalando que la renuncia a los bienes en comunidad podía ser un camino de salvación. Deseo de convertir la decisión papal en irrevocable, el franciscano Pedro Olivi redactó la primera defensa teológica de la infalibilidad papal en cuestiones de fe y costumbres. Juan XXII, por lo tanto, no podía revocar aquello sobre lo que se había pronunciado previamente Nicolás III. Sin embargo, cuando los franciscanos apelaron a la creencia en la infalibilidad papal para oponerse a Juan XXII, éste condenó la mencionada doctrina como «obra del diablo» (bula  Qui quorundam  de 1324). Dando un paso más allá, en 1329, el papa, en virtud de la bula Quia vir reprobus , declaró que la propiedad privada existía antes de la Caída de Adán y que los apóstoles contaban con posesiones propias.

Otro problema de carácter teológico se originó cuando en 1322, el papa declaró asimismo que los salvos que están en el cielo sólo ven la humanidad de Cristo y no podrán contemplar plenamente a Dios hasta después del Juicio final. En 1333, esta tesis fue condenada por la universidad de París como herética, circunstancia que aprovechó Luis IV el Bávaro para intrigar contra el papa y preparar un concilio general que lo depusiera.

Ya en su lecho de muerte, Juan XXII, muy afectado por las acusaciones de corrupción que se lanzaban contra él y la desesperada situación política, se retractó de su declaración sobre el estado de los bienaventurados y afirmó que los mismos ven la esencia divina «tan claramente como lo permite su condición».

 Sin duda, los frutos del traslado de la Santa Sede de Roma a Aviñón resultaban muy amargos  y uno de los menores no fue precisamente el de que se articularan defensas de profundo calado intelectual en contra del papado. Al respecto, el Breviloquium de principatu tyrannico papae (1339-40) de Guillermo de Occam(2) o el Defensor Pacis (1324) de Marsilio de Padua(3).

Sin embargo, a pesar de todo, tras el dramático pontificado de Juan XXII, la Santa Sede se mantuvo en Aviñón con Nicolas V (12 de mayo de 1328 – 25 de julio de 1330) –que suele ser incluido en la lista de los antipapas- Benedicto XII. (20 de diciembre de 1334 – 25 de abril de 1342), Clemente VI. (7 de mayo de 1342 – 6 de diciembre de 1352), Inocencio VI. (18 de diciembre de 1352 – 12 de septiembre de 1362) y Urbano V. (28 de septiembre de 1362 – 19 de diciembre de 1370).

En 1367, este último papa abandonó Aviñón con la intención de volver a establecer la sede papal en Roma. Allí se trasladó y permaneció hasta 1370. Para esa fecha la presión de los cardenales franceses y la antipatía que le profesaba el pueblo de Roma, le llevaron a considerar la necesidad de regresar a Aviñón donde volvió a establecerse en septiembre del citado año.  Hasta 1377, no regresó a Roma su sucesor Gregorio XI en un acto que significó la conclusión de la cautividad de Aviñón.

Este regreso a la sede papal de siglos fue, sin duda, feliz, pero no implicó una recuperación espiritual ni tampoco una cura para la maltrecha imagen del papado. Por el contrario, constituyó el preámbulo de una crisis aún más grave que recibiría el nombre de de Cisma de Occidente.

 CONTINUARÁ
 Próximo artículo: La necesidad de la Reforma: la Reforma indispensable (II): el Cisma de Occidente


1) J. Lortz, Historia de la Reforma, 2 vols, Madrid, 1963, p. 20.
2) Existe una buena edición con estudio preliminar de Pedro Rodríguez Santidrián, Guillermo de Ockham, Sobre el gobierno tiránico del papa, Madrid, Madrid, 1992.
3) Existe una buena edición estudio preliminar de Luis Martínez Gómez, Marsilio de Papua, El defensor de la paz, Madrid, 1989.

Autores: César Vidal Manzanares

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MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO 09/05/2011

Blanco de la violencia de los radicales, las comunidades cristianas de Oriente Próximo se desangran entre ataques, discriminación económica y persecución judicial. A este ritmo, en una década ya no habrá cristianos en Irak, advierten los expertos

Meses antes de la matanza en una iglesia de Alejandría, el pasado 1 de enero; delasesinato del único cristiano del Gabinete pakistaní o del río de sangre que corrió el domingo en El Cairo, un grupo de trabajo del Vaticano formado por representantes de distintas religiones había advertido de la amenaza que se cierne sobre las minorías de Oriente Próximo y, especialmente, sobre la comunidad cristiana. La de Egipto, la mayor de la región (un 10% de la población, unos 8 millones de personas), es el blanco preferido de los radicales, aunque el optimismo que alentó la Revolución del 25 de Enero pareciese cerrar el abismo que separa la mayoría musulmana del resto de las confesiones: en la plaza de Tahrir se vieron un sinfín de pancartas en las que cruces y medias lunas coexistían. La transición posMubarak avanza hoy a buen paso, pero el acoso a los cristianos no da en absoluto señales de alivio.

En esa reunión ecuménica, celebrada en otoño pasado en Roma, el libanés Muhammad Sammak, consejero del exprimer ministro Saad Hariri, lanzó una advertencia: la desaparición de las minorías de Oriente Próximo, ya sea por aniquilación, por emigración o por asfixia económica, compromete gravemente la herencia cultural y menoscaba el tejido social del país. Porque los cristianos son solo una minoría en números (unos 12 millones de personas en total), no en significado: un copto de El Cairo es tan árabe y tan egipcio como un suní nacido en Alejandría o el valle del Nilo. Lo mismo puede decirse de un caldeo o un asirio iraquí, o de los cristianos sirios: la existencia de todos ellos atestigua siglos de presencia común y compartida. «Tenemos dos mil años de historia, somos los primeros cristianos de la zona. Hablar de minorías parece implicar un papel subordinado o trasplantado, ajeno a la mayoría, pero culturalmente hemos contribuido al desarrollo de Irak tanto como los musulmanes. Y desde luego nos sentimos tan árabes y tan iraquíes como ellos», señala Rad Salaam, cristiano caldeo exiliado en España tras la primera guerra del Golfo (1991).

La persecución de que son objeto está mermando numéricamente sus comunidades con proporciones de sangría. Según datos recopilados por el Barnabas Fund, una organización de apoyo a las minorías cristianas en el mundo con base en Inglaterra, de los 1,5 millones de cristianos que había en Irak en 1990, hoy solo quedan alrededor de 400.000, en una estimación optimista; Salam calcula que los que resisten no son más de 250.000, y casi todos en el norte, donde la violencia desatada entre suníes y chiíes llega con sordina. «Si el ritmo de desaparición se mantiene, dentro de una década no habrá cristianos en Irak», ha avisado Muhammad Sammak, presidente de la Comisión de Diálogo Cristiano-Musulmán. El recurso a la emigración ha colmado los campamentos de refugiados de Siria y Jordania, donde los cristianos son alrededor del 30% entre los desplazados iraquíes, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Junto con el declive demográfico -son comunidades esencialmente endogámicas; los matrimonios mixtos con representantes de otras confesiones no son habituales, y si los hay son casus belli-, hay otro factor que opaca la cada vez más débil presencia pública de los cristianos en la región: la persecución judicial. La traslación al ordenamiento jurídico de pecados como la blasfemia constituye la mejor manera de yugular cualquier conato de crítica. Las leyes contra la blasfemia -al islam, se entiende- vigentes en numerosos países de la zona permiten encarcelar a alguien por una falta que, en otras latitudes, solo sería percibida como exabrupto. Aunque pecado no sea igual a delito, ni semántica ni jurídicamente hablando, la ley antiblasfemia es un brazo ejecutor muy eficaz para zanjar cualquier diferencia vecinal (como en el caso de Asia Bibi, la campesina condenada a muerte en Pakistán por ofender al profeta Mahoma cuando discutía con otras mujeres, musulmanas, sobre el agua de un pozo) o reprimir cualquier atisbo de disidencia, como los casos del bloguero egipcio que pasó varios meses en la cárcel por el mismo delito que aquella, una presunta blasfemia, o el periodista afgano encarcelado en 2008 y liberado un año después, tras purgar entre rejas una opinión desviada. En este sentido, tanto el Departamento de Estado norteamericano como la Unión Europea han manifestado su inquietud ante los reiterados intentos de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) de promover en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución contra la blasfemia. Año tras año, la OCI, por medio de alguno del medio centenar de sus miembros -el último que presentó la propuesta fue Marruecos-, maniobra para que la Asamblea adopte un texto «contra la difamación de las religiones», sea lo que fuere eso.

A diferencia de los cristianos libaneses, que durante décadas han gozado de preeminencia económica y política en el país -la presidencia de Líbano sigue estando reservada a un cristiano, según el tradicional reparto sectario de las principales instituciones-, los cristianos de Oriente Próximo y, por extensión, de otros países con mayorías musulmanas, no son grupos de poder o presión; al contrario, como ocurre en Egipto o en Pakistán (1% de la población), «la persecución supone en muchos casos el abandono de bienes y hacienda por parte de los cristianos, que se ven obligados a huir de sus lugares de residencia para salvar la vida. Los vecinos musulmanes son los que se quedan con todo», relata desde Karachi Jalid Gill, de la Asociación de Abogados Cristianos de Pakistán. «Así es más fácil: no se atreverían a meterse con un magistrado, o con un empresario, pero con unos pobres campesinos o un tendero la limpieza [religiosa] es total; y no estoy hablando de incidentes que salgan a la luz pública, sino de un acoso sistemático, diario, que pretende borrar a los cristianos del mapa». Pero la violencia no solo se ceba en las clases bajas: tanto el ministro para las Minorías como el gobernador del Punjab, asesinados recientemente, habían mostrado su oposición a las leyes contra la blasfemia.

En los campos de Pakistán, o en barrios como el de Mokkata, en El Cairo, un gueto cristiano donde sus habitantes viven de recoger y vender basura, los cristianos atraviesan momentos de pesadumbre y miedo. O en Mosul, en el Kurdistán iraquí, donde se refugian muchos de los últimos cristianos iraquíes. Contra ellos se abate la yihad, la guerra santa contra el infiel, aunque el infiel sea la mayor parte de las veces el vecino de al lado o el tendero de la esquina.

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