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Purismo y fanatismo

Publicado: junio 8, 2011 en Iglesia, Misión Integral, Teología

Juan Simarro Fernández
Purismo y fanatismo“Jesús les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Texto completo en Marcos 2:13-17.

 

Nos encontramos dentro del mismo texto en el que Jesús llama a Leví, un publicano, considerado ladrón y pecador, para ser su discípulo. Hizo con él, y con otros tildados de pecadores, esa comida compartida que ya hemos comentado.

 Jesús fue objeto de la crítica de los religiosos de la época, de los escribas y de los fariseos, de los fanáticos y autoconsiderados puros.  Los religiosos del momento eran celosos observantes de la ley y de las normas que ellos mismos habían creado. El problema era el siguiente: Su estricta observancia, su fanatismo, su dependencia y esclavitud de un número excesivo de normas religiosas, les hacía despreciar, excluir y marginar a aquellos que no eran tan observantes como ellos mismos.

 También el orgullo religioso de ser estrictos cumplidores de la ley y de las normas, les hacía considerarse dentro del grupo de los puros, de los limpios, de los justificados por ellos mismos, por su observancia de las leyes y normas a las que se sentían atados.

Esta búsqueda de pureza basada en la observancia de normas, les llevaba también al rechazo de los por ellos considerados impuros. Se formaba así una separación, una división entre los puros e impuros que traía como consecuencia algo que Jesús denunció: el desprecio, la marginación, el rechazo de los considerados impuros, el no poder reunirse con ellos en una mesa comunitaria. Tristes consecuencia de un fanatismo religioso común a aquellos que, esclavos de las observancias, pensaban que se autopurificaban, que se autojustificaban. Eran los criticados por Jesús como sanos que no tienen necesidad de médico.

 Estaba también el grupo de los tachados por estos religiosos de ignorantes, considerados malditos . Eran gentes humildes que eran despreciadas porque no cumplían la ley ni eran observantes de las normas como ellos. Eran gentes sencillas, pobres, marginados y excluidos, iletrados que, por su marginación, les era imposible el conocimiento de esas leyes y normas que debían cumplir. No podían seguir las tradiciones y códigos religiosos. Eran rechazados, despreciados como ignorantes, considerados como malditos.

 Así, la religión les valía a los escribas y fariseos, a los fanáticos religiosos de la época, para establecer divisiones y grupos  entre los puros e impuros, pobres y ricos, ignorantes y sabios, dignos e indignos. Jesús se propone romper con todas estas barreras religiosas y sociales que marginaban a las personas y que excluían a muchos dejándolos tirados, como prójimos robados de hacienda y dignidad, a los lados del camino de la vida.

Hoy en día, entre los religiosos de nuestro siglo, habría que preguntarse si existen estos conceptos de pureza conseguida con la observancia de las normas religiosas, frente a los marginados de nuestras ciudades, los pobres de la tierra, los proscritos e ignorantes, los nacidos en los focos de pobreza.  Deberíamos preguntarnos si hoy también estamos estableciendo divisiones y grupos entre los autoconsiderados puros y limpios frente a otros que, de inicio, consideramos impuros o contaminados.  Pues bien, Jesús quiere romper con todas esas divisiones, quiere romper muros y, para ello, se pone del lado de los pobres y de los proscritos, entra en los lugares de conflicto en donde están los apaleados y dejados al ladeo del camino, y hace con ellos una comida comunitaria, el banquete del Reino.

Cuando la práctica de la religión no se hace desde la solidaridad, desde la apertura al prójimo necesitado, desde el servicio y el compromiso con los más débiles siguiendo el ejemplo de Jesús, el riesgo es caer en el creernos más puros, más limpios que los que están sufriendo en los focos de conflicto. Podemos caer en el orgullo religioso, en el orgullo del cumplimiento del ritual frente a otros que vemos fuera y a los que consideramos el grupo de los impuros. Esta forma de considerar a los débiles del mundo, se puede convertir en una especie de agresión a los pobres, marginados y proscritos del mundo. Nos separamos del ejemplo de Jesús.

Muchos religiosos de hoy, enclaustrados entre las cuatro paredes del templo y que permanecen de espaldas al grito de los colectivos empobrecidos y marginados, nunca van a poder practicar la acogida que vemos que practica Jesús, no van a ser capaces de reunirse en una mesa compartida, una mesa comunitaria en donde estén los pobres de la tierra, una mesa en donde no se practique la exclusión de los débiles, en donde no se de la marginación de ningún colectivo humano.

El problema para muchos religiosos hoy, al igual que el de los religiosos de los tiempos de Jesús es el de caer en el orgullo vanidoso de pensar que sólo ellos están en posesión de la verdad absoluta y, además, del bien absoluto. Así es como se abren las fronteras y los muros entre las divisiones que hacemos entre los buenos y los malos. Son sólo divisiones humanas basadas en las apariencias. División que Jesús, conociendo los corazones, rechaza de forma absoluta. A veces los religiosos quieren todo el bien para ellos y no pueden ver ningún rasgo bueno, ninguna posibilidad de cambio en aquellos que no ven en el bando de los puros. Esto nos lleva al desprecio del prójimo. Hay que romper el círculo infernal que fomenta la marginación de las personas.

 Señor, ayúdanos a seguirte, a imitarte, a romper los muros de división entre los hombres.  Queremos compartir todos esa mesa comunitaria de la que tú nos has dado ejemplo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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03 junio 2011 

Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo (Hechos 1:8)

La promesa de Cristo resucitado antes de su ascensión se cumplió el día de Pentecostés, revelándose en dos tipos de poder: en un estruendo “como de un viento recio” y en “lenguas como de fuego” (Hechos 2:2-3). La venida del Espíritu Santo es indescriptible y por ello el evangelista Lucas utiliza la palabra“como”.

Este fuerte viento renueva completamente la atmósfera; crea un nuevo clima que da lugar a un entorno vivificante de aliento y energía. Esta energía “llenó toda la casa donde estaban”. Los discípulos se encontraron sumergidos, inmersos, “bautizados” por esta energía divina, tal como el Señor les había anunciado: “pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5).

Las “lenguas como de fuego” simbolizan el otro tipo de poder. Se trata de una manifestación de la energía increada de Dios. El fuego quema, calienta, ilumina. El Espíritu Santo actúa en el mundo “como” el fuego, quemando lo que es peligroso o inútil, pero también calentando, reconfortando y fortaleciendo. El Espíritu Santo será siempre una fuente de iluminación, que revela la verdad sobre el misterio de la Santa Trinidad y de la existencia humana.

El Espíritu Santo llega en un momento en el que “estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1), durante una celebración de acción de gracias, “el día de Pentecostés”. Llega durante una reunión de los fieles, “en medio de los hermanos”, que eran “como ciento veinte en número” (véase Hechos 1:15), para transformar la reunión en la Iglesia del Dios Trino y Uno. El “viento recio” no proviene de la tierra, sino “del cielo”, del “Padre en los cielos”. La presencia ardiente se reparte en lenguas “asentándose sobre cada uno de ellos”. Es de esta manera que se revela la relación directa entre el Espíritu y la Palabra de Dios (el Logos), así como el carácter personal de los dones divinos. El Espíritu nos revelará a Cristo como Señor y Salvador (véase 1 Cor. 12:3) y lo llevará, junto con su gracia, al corazón humano. El Espíritu Santo prosigue la obra salvadora de Cristo, en el espacio y el tiempo, irradiando la energía divina, de formas a menudo incomprensibles para la mente humana. “El viento (pneuma) sopla de donde quiere” (Juan 3:8).

El poder que los discípulos recibieron el día de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo no solo hace referencia a su progreso espiritual y crecimiento personal. No se trata únicamente de una iluminación individual, de un estado de éxtasis para que lo disfruten ellos solos. Es un poder que se otorga para la transmisión del Evangelio de la salvación a toda la tierra habitada, oikoumene, para que se continúe la labor de transformación del mundo, la obra que Cristo inició: “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Actos 1: 8). Los discípulos que hasta entonces se habían mostrado temerosos, se convierten en valientes apóstoles, en aquellos a quienes se ha encomendado proseguir el ministerio de Cristo en el mundo. Y la Iglesia se convierte para siempre en “apostólica”.

El firme de deseo de todo creyente es convertirse en un templo del Espíritu Santo, para que, a través de la madurez de los frutos del Espíritu, su personalidad se perfeccione (Gál. 5:22), de modo que pueda convertirse en portador del Espíritu de amor, verdad, santidad y reconciliación en su entorno, tanto para aquellos que están cerca como lejos; y contribuir a la renovación constante de la humanidad.

Cada año la celebración de Pentecostés brinda una nueva oportunidad a todas las comunidades eclesiales y a cada uno de nosotros para vivir en la Eucaristía y la doxología la venida y el don del Espíritu Santo; para renovar nuestra confianza en el poder del Espíritu y para implorar con toda la intensidad de nuestra alma:

Santísimo Espíritu, “ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha”.

Fortalece nuestro valor y nuestra determinación.

Renueva el aliento y el  poder de la Iglesia.

Y concédenos la capacidad de convertirnos, en el mundo actual que sufre,

en “mártires” de la cruz y la Resurrección, en testigos de la justicia,

la paz y la esperanza.

 
Arzobispo Dr. Anastasios de Tirana y Toda Albania, Iglesia Ortodoxa Autocéfala de Albania
Sr. John Taroanui Doom, Iglesia Protestante Maòhi (Polinesia Francesa)
Pastor Dr. Simon Dossou, Iglesia Metodista de Benín
Pastor Dr. Soritua Nababan, Iglesia Cristiana Protestante Batak (Indonesia)
Pastora Dra. Ofelia Ortega, Iglesia Presbiteriana Reformada de Cuba
Patriarca Abune Paulos, Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía
Pastora Dra. Bernice Powell Jackson, Iglesia Unida de Cristo (EE.UU.)
Dra. Mary Tanner, Iglesia de Inglaterra


Escrito por Mark Driscoll

Entender cómo calificar a una iglesia como «emergente» es muy difícil puesto que esta categoría incluye una gran cantidad de creencias. Sin embargo lo que busca cocinarse con el concepto de «Iglesia Emergente» es el deseo que las iglesias sean realmente iglesias misioneras en el propio entorno o nación en las que se encuentran.

Para ayudar a explicar como una Iglesia Emergente se diferencia de otro tipo de formas de iglesias, explicaré brevemente cuatro tipos de iglesias que he definido mi primer libro «Reformission: Reaching Out without Selling Out» (Libro no disponible en español y cuyo título pudiese ser: Reformisión: Alcanzar sin necesidad de vender»). Jesús ha llamado a la iglesia a ser misionera desde tres focos: 1) el evangelio (amar al Señor), 2) la cultura (amar al prójimo), y 3) la iglesia misma (amar a nuestros hermanos en Cristo). Lamentablemente debemos reconocer que nuestras iglesias solo tienen éxito en uno o dos de estos focos y es por ello que existe entre nosotros tanta paraeclesialidad, liberalismo o fundamentalismo.

1) Evangelio + Cultura – Iglesia = Paraeclesialidad

Ministerios como Young Life y Cruzada Estudiantil para Cristo (AGAPE) se saltan a la iglesia para presentar el evangelio a las personas en la cultura. El resultado es un cristianismo que ama al Señor, ama a la cultura pero son propensos a dejar de amar a la iglesia. Esto es ser paraeclesiales.

2) Cultura + Iglesia – Evangelio = Liberalismo

La mayoría de las iglesias tradicionales tienen una conciencia social profunda y están comprometidas a desarrollar labores en este sentido, pero carecen del evangelio del arrepentimiento del pecado y de la fe personal en Jesús para alcanzar la salvación. El resultado es el liberalismo que ama a la iglesia y a ama a la cultura pero falla en amar al Señor de manera adecuada.

3) Iglesia + Evangelio – Cultura = Fundamentalismo

La mayoría de las iglesias independientes y conservadoras son propensas a amar a la iglesia y amar la verdad del evangelio pero por otro lado minimizan, niegan e inclusive luchan contra la cultura y las personas que viven en ella. Este es el caso típico del fundamentalismo.

4) Evangelio + Cultura + Iglesia = Emergente

La iglesia emergente, en diferentes variantes, trata de combinar lo mejor de cada forma de cristianismo de manera que la gente pueda amar simultáneamente al Señor, a la Iglesia y a la gente en su cultura. El resultado es permanecer continuamente en una tensión entre ser teológicamente conservador y culturalmente liberal, y es por ello que cada vez es más creciente el debate entre cristianos conservadores y liberales en relación a como se involucran en la iglesia emergente.

Francamente, el rumbo y futuro de la iglesia emergente está aun por verse. En ella se incluye una corriente que está comenzando a replicar el pensamiento teológico liberal en aspectos como la autoridad de las escrituras, las referencias masculinas de Dios, los roles por géneros, el pecado personal, el infierno eterno entre otras. También esta siendo influenciada por una corriente fundamentalista que incluyen pastores de tendencias teológicas reformadas quienes luchan contra sus denominaciones en aspectos como el alchohol y el hablar en lenguas.

Los próximos años serán decisivos para determinar si la Iglesia Emergente toma rumbos hacia los destinos mencionados, esto es el paraeclesialismo, el liberalismo, o el fundamentalismo; o si por el contrario se consolidará como un nuevo movimiento de plantadores de iglesias y de misioneros culturales tal como ocurrió con el Movimiento de Jesús en la generación anterior.

Mark Driscoll es pastor de Mars Hill Church en Seattle, Wash., y fundador de la red Hechos 29, una rede de plantadores de iglesia. También es un columnista regular en la sección de Fe y Valores del Seattle Times.


Cuenta con la presencia del Presidente Christian Wulff y la canciller Ángela Merkel.

1 de junio de 2011, ALEMANIA

El número de participantes permanentes será de 120.000, calculándose en 300.000 los asistentes en total, añadiendo los transeúntes o que acudan días sueltos. Es de los más altos registrados en este tipo de encuentros, e iguala prácticamente al del congreso de 1995, celebrado en Hamburgo.

La presidenta de esta cita de la fe que tiene lugar cada dos años,  Katrin Göring-Eckardt , subrayó que un tercio de los asistentes proceden del este del país germano (la antigua Alemania del este), donde sólo una cuarta parte de la población dice pertenecer a alguna iglesia, frente al 70 por ciento que proviene del oeste de Alemania, tradicionalmente de mayoría protestante.

La inauguración tuvo lugar la tarde del miércoles 1 de junio, con la participación del presidente germano, Christian Wulff,  miembro de la Iglesia evangélica alemana. Además se reunirá hoy con jóvenes alemanes de raíces familiares de origen extranjero para hablar sobre integración.

Por su parte,  Ángela Merkel  (hija de un pastor protestante) acudirá el próximo sábado a la cita protestante en la capital sajona para abordar un tema que sin duda levanta expectativas y cierta inquietud: «El camino hacia un nuevo orden mundial».

 ¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN?
Un corazón formado con las dos manos incluye  la frase «… allí estará también tu corazón.» Es el logotipo y el tema de la Iglesia Protestante para este año . Es una frase del Evangelio de Mateo, que se completa con la primera parte de «Porque donde esté tu tesoro…».

Este lema es el centro del evento en Dresde, que se desarrolla a través de reflexiones como «¿Cuál es el corazón de esta sociedad? el dinero, Dios, tu propia casa? Cuando el corazón late más fuerte e inquieto, tal vez es esa la pista?» pero no se trata sólo de un debate espiritual desarraigado, sino que se aplica a cuestiones como el debate nuclear, la gestión financiera de algunos bancos y una mirada a una sociedad que envejece y pierde el sentido de la vida. Ante esta situación el encuentro propone «experimentar la alegría de la fe».

 ORIENTACIÓN ANTE GRANDES CAMBIOS SOCIALES
 Göring-Eckardt es una mujer que comparte responsabilidades eclesiales y políticas , puesto que es miembro destacado del Sínodo de la Iglesia Evangélica en Alemania y vicepresidenta verde del Bundestag. Ella ha destacado que el Congreso tiene lugar en un momento de grandes cambios en Alemania y en el mundo en el que muchas personas se sienten inseguras y buscan orientación.

Por ello en las cerca de  2.350 actividades programadas,  los participantes abordarán en los temas anunciados cuestiones de enorme actualidad como son el apagón nuclear, la integración de los inmigrantes y las revueltas en el mundo árabe, además de hablar sobre la Biblia, el ecumenismo y cómo lograr una sociedad más solidaria.

«Este congreso puede sentar un precedente para un futuro energético nuevo y diferente», declaró la presidenta del evento en alusión a la renuncia a la energía nuclear en Alemania.

Por otra parte,  expresó su esperanza de que esta cita dé un nuevo impulso a la fe y refuerce la conciencia de que «el cristianismo ofrece respuestas y propuestas creíbles».

Otro de los temas que se abordarán es el diálogo ecuménico con la Iglesia Católica, que muchos creyentes consideran difícil e incluso totalmente estancado.

Fuentes: DPA EFE

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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXIII)

La misericordia y el ritual“Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio”. Mateo 9:13. Texto completo en Mateo 9:9-13.

Es importante que  Mateo, narrando su propio llamamiento por Jesús mientras estaba en el banco de los tributos y pasando a narrar el episodio de la mesa compartida, introduzca en este contexto de comida comunitaria, símbolo de acogida a los proscritos, pobres y pecadores, unas palabras que Jesús dijo que no introduce el evangelista Marcos: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio”.Toda su acogida en la mesa comunitaria, comiendo con los proscritos, queda reducida a un acto de misericordia, mientras que, de alguna manera, rechaza el sacrificio y el ritual de los religiosos inmisericordes. Jesús lo dice con un imperativo:”Aprended lo que significa”. Contrapone la importancia de la misericordia en la vivencia de la espiritualidad cristiana, ante todo tipo de ritos religiosos, esfuerzos por conservar la pureza, rituales que considera vacíos si no se tiene en cuenta el concepto de projimidad. Están equivocados. No han aprendido la importancia vital de la misericordia si queremos que nuestro ritual sea válido.Esta frase que se da en este contexto de la mesa compartida, del tiempo compartido, de la acogida incondicional, es de vital importancia para comprender lo que es, lo que significa y el alcance del concepto de Jesús del Evangelio a los pobres. Lo dice también mientras continúa su frase de rechazo a los que se autojustificaban con la práctica del ritual y buscaban sus ámbitos de pureza que no era otra cosa que el desprecio al prójimo sufriente o inmerso en circunstancias que para ellos, los puros, podrían ser contaminantes.

La fe que actúa a través del amor, la misericordia y el concepto de projimidad de Jesús están por encima de cualquier ritual , de cualquier pietismo o deseos de pureza. Esto nunca nos debe llevar al hecho de ser inmisericordes con el prójimo. Si nuestro ritual impide la acogida al diferente, al pobre y al proscrito, debemos renunciar a ese ritual que nunca llega a los oídos de un Dios misericordioso.Por tanto la mesa comunitaria, la acogida a los proscritos, es un acto de misericordia que está por encima de cualquier ritual en busca de pureza, por encima de los pietismos religiosos vanos. Todo culto y todo ritual válido, tiene que estar apoyado en la misericordia, en el amor en acción, en el concepto de justicia misericordiosa que tenía Jesús. Los religiosos del momento caían en dos errores que critica Jesús : el considerarse y autoproclamarse justos, concepto que hoy puede tentar a muchos religiosos que están satisfechos como si ellos solos estuvieran en posesión de la verdad absoluta, y también caían, como consecuencia de lo anterior el desprecio a todos los que estaban fuera de sus círculos de pureza. Algo de esto nos puede tentar hoy a los que estamos tan felices en nuestros ámbitos eclesiales sin querer mancharnos con lo que está fuera, en el mundo, en medio de los focos de conflicto.

Jesús tenía otras pautas, otros estilos de vida, otras formas de acercamiento al prójimo sufriente… nos da ejemplo. Los religiosos del momento no podían entender como Jesús podía acoger a estos grupos de personas considerados impuros y, además, comer con ellos. Así, la religión entra en una crítica al propio Jesús. De esta manera, los religiosos quieren corregir la propia vida del Maestro.

 En esta forma crítica, los revestidos de fachadas religiosas y de santidad aparente, son los que más lejos están de los posicionamientos de Jesús, de los valores del Reino, del Evangelio a los pobres.  Es como una llamada de atención a los religiosos de cualquier época. Su excesivo pietismo y obsesión por la limpieza y pureza, le puede separar del Dios al que ellos dicen servir, pues es como si con su deseo excesivo de consumo del bien y de la santidad, estuvieran robando esta posibilidad para otros. Esos otros de los que se despreocupan, pasan de largo y les dan la espalda.

Jesús quiere dejar claro en sus enseñanzas, en sus parábolas del reino que por encima de todo está la misericordia y que, incluso la justicia, debe ser misericordiosa. Los que se olvidan de la justicia y la fe, aunque hagan todo tipo de diezmos y rituales, se están separando del Reino de Dios. De ahí la frase a los críticos de Jesús porque Él comía con los proscritos y pecadores: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Jesús les deja la frase imperativa: Aprended lo que esto significa. Todo esto conforma una de las bases inquebrantables de la Diaconía, de la acción social cristiana que tiene que estar impregnada de una justicia misericordiosa.  Es la base del Evangelio a los pobres. Es la base de una de las misiones centrales de la iglesia: sumisión diacónica.Hoy debemos reflexionar, leer y releer estos pasajes de la mesa compartida. Incluso el Reino de los Cielos se nos presenta como un banquete con estas características. Un banquete compartido con los excluidos del mundo, los pobres, los lisiados y todos aquellos que han sido rechazados y excluidos por otros hombres entre los que, sin duda, van a estar muchos religiosos.

Autores: Juan Simarro Fernández

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El clero: malos pastores

Publicado: junio 1, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
El clero: malos pastoresLa necesidad de la Reforma (4): la crisis espiritual (II)

En el episodio anterior, tuvimos ocasión de contemplar cómo la crisis espiritual previa a la Reforma se extendía al papado. Lamentablemente, no era el único segmento eclesiástico afectado por esa grave situación. A decir verdad, afectaba de manera muy directa al clero.

10 de diciembre de 2010

El historiador católico Lortz no ha dudado en señalar, en vísperas de la Reforma del s. XVI, “ el creciente  capricho  dominante en la curia , a veces sin escrúpulos”(1) en temas como la multiplicación de los modos de gracia en contradicción con la seriedad de lo santo y  el abuso de los castigos espirituales  como la excomunión.

No eran los únicos males. A ellos deben añadirse la práctica extraordinariamente extendida de la compra y venta de los puestos eclesiásticos  o su utilización como si se tratara de un patrimonio personal. Julio II prometió, por ejemplo, a Paris de Grassis, su maestro de ceremonias, que lo gratificaría con un obispado en premio por haber preparado adecuadamente la apertura del concilio de Letrán.

A ello había que sumar  la acumulación de cargos eclesiásticos  –el papa León X tuvo antes de llegar a ceñirse la corona papal una carrera espectacular de este tipo– y  el absentismo de los párrocos  que, por ejemplo, en el caso de Alemania se traducía en que sólo el siete por ciento residiera en sus parroquias(2). El dato –nada excepcional por otra parte– resulta más que revelador. No resulta difícil comprender que si los primeros, como mínimo, no podían atender las obligaciones de carácter pastoral; los segundos, simplemente, no deseaban hacerlo.

Pero no terminaban ahí los daños pastorales. A lo anterior hay que añadir que  los cargos episcopales eran no pocas veces ocupados por menores de edad procedentes de familias que consideraban ciertas sedes como patrimonio casi personal(3) . Ser obispo o párroco no era una función espiritual para muchos sino un cargo del que podían derivar rentas más que bienvenidas.

Afirmar que la pastoral había desaparecido no constituye, pues, una exageración sino una descripción de la realidad(4) y, por desgracia, de una realidad que “no es excepción sino regla”(5).  Sin embargo, el mal no se limitaba a la cúspide de la iglesia católica ni a los sacerdotes.

Por más que algunos autores católicos han insistido en la fecundidad de  la vida religiosa, ésta pasaba también por una época de terrible decadencia.  Lo que algunos autores denominan el proletariado eclesiástico era muy numeroso, pero de ínfima calidad(6).

En multitud de ocasiones, su formación teológica no resultaba mucho mejor que la de un pueblo ignorante y, lamentablemente, no faltaban los casos de miembros de la nobleza convertidos en abades o monjes sin ningún tipo de vocación religiosa ni eran escasos los episodios de baja moralidad de los frailes que, por ejemplo en las ciudades, tenían atribuida la cura de almas.

 Todas estas situaciones fueron criticadas y condenadas por los humanistas cristianos(7) que no podían sino verlas con profunda preocupación como un gravísimo distanciamiento del espíritu del Evangelio.  Pero a eso dedicaremos la próxima entrega.

CONTINUARÁ

Próximo capítulo:  La necesidad de la reforma: la Reforma indispensable (V): La crisis espiritual (3): los humanistas

Autores: César Vidal Manzanares

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Esta extraordinaria suiza de fe evangélica salvó a niños españoles exiliados, judíos; y a muchas de sus madres, de 1939 a 1944.

27 de mayo de 2011, BARCELONA

 Elisabeth Eidenbenz, enfermera y profesora de fe protestante, falleció en Zurich el pasado jueves 23 de mayo, a los 97 años.  En 1939 fundó la Maternidad de Elna, donde salvó las vidas de 597 hijos de refugiados españoles de la Guerra Civil que se encontraban en el campo de refugiados de Argeles y a aproximadamente 200 judíos que huían del nazismo. Si añadimos a sus madres, unas 1200 personas.

Eidenbenz trabajó como maestra en diferentes colegios deSuiza y Dinamarca hasta que decidió integrarse en la  Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra . Llegó a España en 1937, en plena Guerra Civil, con una delegación suiza de ayuda humanitaria y material. Tras la derrota republicana, cientos de miles de españoles huyeron de las represalias cruzando los Pirineos. Cuando llegaban a Francia eran llevados a campos de concentración como el de Argeles. Lugares sin condiciones sanitarias, construidos en plena playa, donde no había lugar donde refugiarse.

Elisabeth se dio cuenta de que las mujeres embarazadas y los bebés se encontraban en grave peligro debido a las condiciones en las que vivían durante el embarazo y el parto.En los campos de concentración donde Elisabeth desempeñaba su labor humanitaria había una mortalidad infantil del 95%; a las mujeres, cuando tenían que dar a luz, se las llevaban a parir a unas caballerizas de Perpiñán.

Contra esta adversidad, se sublevó la «señorita Elisabeth», así empezaron a llamarla las madres. Por ello decidió construir una maternidad en un palacete abandonado en la localidad cercana de Elna.

Al principio, la maternidad se mantuvo gracias a donaciones voluntarias que llegaban de Europa, pero  tras el comienzo de la II Guerra Mundial, los fondos disminuyeron y comenzaron a llegar refugiados de Francia y el resto de Europa. Principalmente eran mujeres judías que huían de la ocupación nazi.  Por ello, la maternidad se vio obligada a asociarse con la Cruz Roja y acatar la política de esta sobre neutralidad. Esto le impedía acoger refugiados políticos, sobre todo judíos, y por ello se decidió falsear la identidad de gran parte de ellos con el fin de burlar estas leyes. Fueron muy hostigados por la Gestapo, llegando a ser detenida Elizabeth en una ocasión.

 AMBIENTE ENTRAÑABLE
 Las mujeres que lo vivieron recuerdan el buen ambiente del centro, y destacan el estilo tan personal de Elisabeth, quien, “sin interferir en cada ideología, política o religiosa, y manteniéndose fiel al reglamento interno a favor de la neutralidad, consideraba un elemento prioritario del funcionamiento diario la organización de pequeñas celebraciones de aniversario, Navidad, Reyes…, e involucrar al personal y a las madres. Consideraba muy importante el aspecto emotivo”. Remei recuerda así las sorpresas de la cena de Navidad de 1940: “Todo aquello era digno de reinas, y nosotras no teníamos nada para ofrecer a cambio” recuerda la catalana Joana Pasqual, que se quedó a trabajar allí, al lado de Elisabeth.

 RECONOCIMIENTO TARDÍO
 El reconocimiento por su extraordinaria solidaridad no le llegó hasta hace aproximadamente diez años.  Retirada en la población de Rekawinkel, a 30 km de Viena Austria, empezó a recibir homenajes a partir de 2002, entre ellos la Creu de Sant Jordi del gobierno catalán en 2006, la Legión de Honor del gobierno francés, la Medalla de los Justos entre las Naciones de Israel o la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social del gobierno español.

En el año 2.002 se estrenó la película de Frédéric Goldbronn, “La Maternité d’Elne” Su nombre figura inscrito en mármol en el Muro de Honor del Museo Yad Vashem

También se han publicado libros biográficos como  La Maternidad de Elna  o  Elisabeth Eidenbenz, más allá de la Maternidad de Elna , ambos de la editorial Ara Llibres.

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En la mesa compartida

Publicado: mayo 25, 2011 en Iglesia, Misión Integral

Juan Simarro Férnandez
“Y los escribas y fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto que él come y bebe con los publicanos y pecadores?”. Marcos, 2:16. Texto completo en Marcos 2:13-17.
Se trata de un pasaje bíblico en el que  Jesús llama como discípulo a un publicano, Leví, a un despreciado como ladrón y pecador. Come con él y con otros muchos pecadores que se le acercan.  Visto desde nuestra perspectiva, este pasaje no es tan escandaloso como lo fue en tiempos de Jesús, en el contexto social y religioso de aquella época en la que la comida con otros, comunitaria, tenía unas normas muy estrictas que vamos a analizar brevemente unas líneas más abajo. Es un pasaje lleno de fuerza y, desde el contexto de la época, escandaloso. Jesús se acerca a aquellos a los que la sociedad rechazaba, marginaba, tenía como proscritos, como pecadores y malditos. Esta es una de las líneas del Evangelio a los pobres. Esta línea es: todo ser humano merece acogida.  Nadie debe ser rechazado ni marginado. Toda persona merece respeto independientemente de su situación. Nadie debe ser dado de lado ni rechazado. La acogida de Jesús es para todos, pero también se muestra parcial con aquellos que son objeto de un rechazo generalizado, sea por pobreza o cualquier otra circunstancia. No existe el grupo de los limpios y el grupo de los manchados. Esas divisiones sólo las hacen los hombres autoconsiderados limpios, los que considerándose sanos, no tienen necesidad de médico y, por tanto rechazan la oferta de Jesús.Esta afirmación de que todo ser humano merece respeto y acogida es una idea central del Evangelio y uno de los cimientos o columnas en donde se sustenta el concepto de Jesús del Evangelio a los pobres. Es un concepto central que hoy no deberíamos olvidar en un mundo en donde tantas personas se mueven en diferentes situaciones y de diferentes países dando lugar al fenómeno de las migraciones internacionales. Hoy, a nuestro concepto de pobreza en nuestras grandes ciudades, a través de la inmigración, se unen personas de los cuatro vientos de la tierra, muchas de las cuales caen en pobreza o son presa del racismo, la xenofobia, la opresión y el maltrato a los trabajadores.

Jesús no se somete a las normas sociales que muchos tenían por intocables. Es un hombre libre que no se deja esclavizar por leyes y costumbres sociales que marginaban a muchos.  No se deja arrastrar por las divisiones que hacían los religiosos y autoconsiderados puros entre ricos y pobres, justos y pecadores, los considerados prójimos y los alejados como no prójimos. Su forma de enfrentarse a todas estas normas creadas por los religiosos de la época, lo convierten en un liberador que rompe tabúes y normativas que agobiaban a los hombres. Así, su acogida es incondicional, se hace a todos, a todos se acerca y puede comer con los proscritos, pobres y pecadores.Por tanto, una de las líneas del Evangelio a los pobres es que Jesús se acerca por igual a los pobres, a los proscritos y desclasados, a todos aquellos considerados pecadores que eran marginados de la religión, al igual que pueden existir marginados por la sociedad. Practicando este tipo de acogida, esta forma de mesa compartida con los proscritos y pecadores, Jesús se está exponiendo a la crítica y al conflicto agrio con los religiosos de la época. Sin embargo Él, como hombre libre y liberador, no puede hacerse esclavo de las leyes, conductas y normas que marginaban a los más débiles.Jesús, en esa su faceta de hombre libre y liberador, se acerca y acoge a aquellos a los que nadie acogía, a los rechazados, a los impregnados por la mala fama, a los apestados por ladrones, como era el caso de los publicanos, a los pobres, desclasados y proscritos. Y, entrando de lleno en el tema de este artículo, no solamente se acerca a ellos y les acoge, sino que come con ellos rompiendo los prejuicios de los religiosos y liberando a los estigmatizados, rompe las convenciones sociales marginantes y rompe las barreras entre puros e impuros, ricos y pobres… todos son acogidos y dignos de sentarse a la mesa con el Maestro. Los religiosos no podían o no querían comer con los impuros, pobres y proscritos… Jesús sí pudo y queda como ejemplo a todos sus seguidores.

 A Jesús no le preocupó el conflicto con los religiosos.  Deseaba desmontar sus normas y leyes excluyentes y marginantes. Por eso, el cuadro que representa a Jesús comiendo con los proscritos y pecadores, que es un objeto de dura crítica de los religiosos hacia él, no le preocupa. No rehúye el conflicto y lo que quiere es transmitir un mensaje de liberación integral. Con su acogida está rompiendo todo tipo de ataduras y tabúes que marginan y excluyen a muchos hombres.

Dicen los comentaristas de la época que sólo se podía contraer matrimonio con aquellas personas con las que se podía comer. Por tanto, compartir la mesa era como compartir la vida.  Jesús compartía su vida con los proscritos y marginados del mundo. Es por eso que yo una serie que escribí sobre evangelización, la titule “Evangelizar: Compartir la vida, el pan y la Palabra”. Los seguidores de Jesús hoy deberían ser imitadores del Maestro en estas formas liberadoras y destructoras de todo tipo de división o muro creado entre los hombres.  Para ello hay que estar dispuesto a compartir la vida, el pan y la palabra con aquellos marginados, pobres, desclasados y proscritos del mundo. Hay que seguir las líneas dignificadotas y liberadoras del Evangelio a los pobres.

Autores: Juan Simarro Fernández

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César Vidal Manzanares
Papado y crisis espiritualLa necesidad de la Reforma (3): la crisis espiritual (I))
Las vísperas de la Reforma no sólo transcurrieron sobre un deterioro considerable de las estructuras eclesiales sino sobre un panorama de profunda crisis espiritual que ha sido negada una y otra vez por autores católicos de manera totalmente infructuosa ya que aparece, de manera insistente e innegable, en las fuentes históricas.

No se trataba sólo de que la iglesia católica hubiera pasado por episodios de terrible desunión como el papado de Aviñón o el Gran cisma de Occidente.  La tremenda crisis institucional del papado constituía un síntoma innegable de una no menos profunda crisis espiritual.  A decir verdad, la necesidad de Reforma era palpable hacía ya trescientos años como había propuesto Inocencio III en el IV concilio de Letrán..

 En primer lugar, se encontraba el cuestionamiento de un poder papal  cuya imagen había quedado muy erosionada como consecuencia del Cautiverio de Aviñón o del Gran Cisma de Occidente. Quizá esa imagen hubiera podido mejorar – Martín V se esforzó, sin duda, por conseguirlo – si los papas del Renacimiento se hubieran esforzado por ser pastores ocupados por el rebaño y se hubieran entregado a los cuidados espirituales que necesitaba el pueblo de Dios. Desgraciadamente, ésa constituyó, en realidad, una de las épocas más negras del papado.

La  potestas  papal se dirigió de manera preeminente hacia las cuestiones temporales y, para remate, suele estar infectada por la corrupción y el nepotismo. Como ha reconocido apropiadamente el católico Lortz, “desde Calixto III y, sobre todo, desde Sixto IV, los Papas son en gran medida representantes de su familia. El papado se ha convertido en una continuación de las generaciones dinásticas, el Patrimonium Petri es un Estado italiano; sus rentas son sacadas en gran parte de los asuntos generales de la Iglesia y entregadas a la familia o a los favoritos del portador de la tierra… la Iglesia se ha metido en una amplia corriente de simonía y, en relación con la nueva cultura del Renacimiento, había penetrado en ella un deseo de placer que tuvo como consecuencia las múltiples faltas de espiritualidad y moralidad” (1).

 Por supuesto, no todo resultó negativo en los pontificados de los papas renacentistas.  Sin duda, respaldaron la actividad de no pocos humanistas; se convirtieron en mecenas difícilmente superables; intentaron ocasionalmente aglutinar a los príncipes cristianos en la defensa de Occidente frente a las agresiones islámicas; aprovecharon las oportunidades de ampliar los territorios pontificios e incluso estuvieron a punto, como nunca antes, de someter bajo la sede romana a las iglesias de Oriente. Sin embargo, sus historias distaron mucho de resultar ejemplares.

Con la existencia simultánea de dos papas –  Félix V  (5 de noviembre de 1439 – 7 de abril de 1449) y  Nicolás V  (6 de marzo de 1447 – 24 de marzo de 1455) – se produjo un nuevo cisma que pudo ser conjurado gracias a que el primer pontífice aceptó abandonar su trono a cambio de ser creado cardenal de Santa Sabina (un cargo notablemente lucrativo) y también vicario y legado papal de Saboya y diócesis adyacentes.

Nicolás V no actuó corruptamente – a decir verdad, quizá fue el único pontífice del Renacimiento al que se puede eximir de esa acusación – pero ni logró convencer a los príncipes occidentales de la necesidad de apoyar a Bizancio contra la amenaza turca ni pudo evitar sufrir durante años sus últimos tiempo el temor de ser asesinado en cualquier momento.

 Calixto III  (8 de abril de 1455-6 de agosto de 1458), un valenciano de la familia Borja, fue acusado repetidamente de comportamiento nepotista y corrupto ya que nombró para el cardenalato y otros cargos importantes a diversos familiares. No deja de ser significativo que el mismo día de su muerte se produjera una sublevación en Roma contra aquellos a los que la población llamaba los «odiosos catalanes», es decir, el sector más odiado de las tropas y los funcionarios españoles con que el papa había sustituido a los italianos.

Su sucesor  Pío II  (19 de agosto de 1458 – 15 de agosto de 1464) era un humanista importante, el famoso Eneas Silvio Piccolomini. Aunque en el pasado había defendido las tesis de la superioridad del concilio sobre el papa, tal y como queda reflejado en sus memorias, condenó mediante la bula  Execrabilis  de 18 de enero de 1460 la práctica de apelar al concilio general. Al igual que  Pablo II  (30 de agosto de 1464 – 26 de julio de 1471), su sucesor y que  Sixto IV  (9 de agosto de 1471 – 12 de agosto de 1484), fracasó en el intento de organizar una cruzada.

Este último papa fue un verdadero paradigma de la situación de crisis por la que atravesaba la iglesia católica. Nacido en Celle de padres pobres, fue educado por los franciscanos. En 1464, fue elegido general de esta orden gracias a los sobornos repartidos por el duque de Milán. Tras el fracaso de su proyecto de cruzada contra los turcos, se volcó en los asuntos italianos y en la promoción de su familia relegando los asuntos espirituales a una consideración muy secundaria. De hecho, de los treinta y cuatro cardenales que creó la mayoría carecía de cualidades espirituales y, por añadidura, seis eran sobrinos suyos. Su nepotismo acabó creando una grave situación financiera a la Santa Sede que intentó solucionar mediante la agravación de la fiscalidad en el seno de la iglesia católica y un aumento del tráfico de indulgencias.

Le sucedió  Inocencio VIII  (29 de agosto de 1484 – 25 de julio de 1492), un papa que respaldó la expulsión de los judíos llevada a cabo en España por los Reyes Católicos en 1492 y que tuvo que enfrentarse a la desastrosa situación financiera heredada de su antecesor. El método elegido al respecto – la venta de cargos eclesiásticos – resulta bien revelador de la crisis espiritual por la que atravesaba la iglesia católica, en general, y la Santa Sede, en particular. A pesar de todo – y, ciertamente, la situación distaba mucho de ser aceptable – ninguno de los papas anteriores incurrió en los excesos de sus sucesores  Alejandro VI – Pío III  reinó solo diez días – y Julio II.

Alejandro VI (11 de agosto de 1492 – 18 de agosto de 1503) pertenecía también a la familia española de los Borja (Borgia en italiano). Protagonista de una brillantísima carrera eclesial, en 1457 comenzó a desempeñar las funciones de vicecanciller de la Santa Sede. Aprovechando ese puesto, Rodrigo Borja reunió una fortuna extraordinaria que le convirtió en el segundo cardenal más acaudalado del orbe. Por añadidura, esa riqueza le permitió pagar los sobornos suficientes como para lograr su elección como papa. Con seguridad, hay que descartar los rumores de que mantuvo relaciones sexuales con su hija Lucrecia – cuestión distinta es el hecho de que tuviera distintas amantes tanto en su etapa como cardenal como en la que fue papa – pero sí resulta innegable que su pontificado estuvo marcado por razones políticas de carácter familiar entre las que descolló el deseo de favorecer a su hijo César. Así, el papa Borgia utilizó las cuantiosas sumas procedentes de la venta de indulgencias por el año santo (1500) para financiar las aventuras militares de César. Inmoral y nepotista, pero hábil político y generoso mecenas artístico, Alejandro VI encontró la muerte de manera bien significativa. Fue envenenado por error al suministrársele en el curso de una cena la ponzoña que estaba destinada a un cardenal que era su invitado.

Por lo que se refiere a Giuliano della Rovere – el futuro  Julio II  (1 de noviembre de 1503 – 21 de febrero de 1513) – procedía de una familia pobre que había pensado dedicarlo al comercio. Sin embargo, la ayuda de su tío le permitió adquirir una educación y tomar las órdenes sagradas. Al convertirse su tío en el papa  Sixto IV , fue creado obispo de Carpentras y poco después cardenal. Al morir Pío III, tras un pontificado de sólo veintiséis días, consiguió mediante sobornos y promesas ser elegido papa derrotando al denominado partido español.

Julio II – y constituye uno de los grandes méritos de su pontificado – fue un mecenas de considerable importancia, que protegió a artistas como Miguel Ángel, Bramante y Rafael, y que en 1506 colocó la primera piedra de la nueva basílica de san Pedro. Sin embargo, este papa destacó, por encima de todo, como un hábil diplomático y un terrible militar – lo que provocó las burlas más aceradas de algunos de sus contemporáneos como Erasmo – que convirtió en principal objetivo de su reinado el aumento del territorio de los Estados pontificios. Tras derrotar a la familia Borgia, en 1511 formó la Santa Liga, en unión de España y Venecia, con la finalidad de defender el papado y logró expulsar a los franceses de Italia. Apodado – no sin razón – «Il terribile», su muerte fue recibida con pena por los italianos que lo consideraban un verdadero libertador de la opresión extranjera.

 El panorama resulta – no se insistirá lo suficiente en ello – obvio e imposible de discutir. Los papas eran diplomáticos, mecenas, incluso guerreros, pero, en el ámbito espiritual, dejaban mucho que desear.  No se trataba sólo de que sus vidas estuvieran manchadas por el nepotismo, la corrupción, la belicosidad, la sensualidad o la inmoralidad sexual, sino de que el enfoque de sus reinados se encontraba más orientado a aumentar sus territorios y a dejar memoria propia como si fueran reyes meramente temporales que a atender las obligaciones propias de un pastor de almas. Y, sin embargo, a pesar de todo, seguramente el papado no era la parte de la iglesia católica que sufría la crisis peor. Aún más grave era la que atravesaban la Curia y los obispos.

 CONTINUARÁ  (próximo capítulo: La necesidad de la Reforma (3): la crisis espiritual (II)): los pastores)


1) J. Lortz, Reforma…, p. 91.

Autores: César Vidal Manzanares

© Protestante Digital 2011


For immediate release: 23 May 2011

Full screen preview“As faithful disciples of the Lord of peace, we must constantly pursue and persistently proclaim alternative ways that reject violence and war. Human conflict may well be inevitable in our world; but war and violence are not.”

Ecumenical Patriarch Bartholomew shared this message of peace at a Sunday ecumenical prayer service and celebration in Kingston,
Jamaica, for the participants of the International Ecumenical Peace Convocation (IEPC).

Over the past four days, some 1,000 convocation participants have been exploring peace in the community, peace with the earth, peace in the marketplace, and will continue with peace among the peoples on Monday. On Tuesday they will release a convocation message.

The IEPC is co-sponsored by the World Council of Churches (WCC), the Caribbean Conference of Churches (CCC) and the Jamaica Council of Churches (JCC). The convocation is being held on the grounds of the University of the West Indies.

The IEPC participants, who come from more than 100 churches around the world, are completing their work against a global backdrop of unprecedented challenges to peace, Bartholomew said in his video recorded message.

“First, never before has it been possible for one group of human beings to eradicate as many people simultaneously; second, never before has humanity been in a position to destroy so much of the planet environmentally,” Bartholomew said, acknowledging the precipice humankind stands on.

As the convocation participants have been pondering the tension and ties between the concepts of peace and justice, the patriarch
stated that most peacemaking efforts fail because we are unwilling to forgo established ways of wasting and wanting.

“In peacemaking, then, it is critical that we perceive the impact of our practices on other people (especially the poor) as well as on the
environment,” he said. “This is precisely why there cannot be peace without justice.”

“Move Your Foot”

Despite the growing knowledge at the IEPC of the monumental obstacles blocking the path to peace, songs performed by local Jamaican
musicians ushered in a mood of celebration during the service.

The ecumenical service offered the opportunity for the participants to join as one voice both in their praise to God and their hope
for the church to be united in peacemaking.

The Rev. Dr Ralph Hoyte, of the United Church in Jamaica, who was officiating the praise service with Dr Oluwakemi Linda Banks who is
president of the Caribbean Conference of Churches, surveyed the congregants after the entrance song, and urged them to sing the refrain once again. He politely invited them to lighten up.

“This time,” he said, “move your foot.”

Just one foot. And they did, some tapping a toe, others hesitantly breaking into a slight sway, many finally dancing to the beat of
steel drums played by the Bethel Steel Orchestra.

“When you are in Jamaica, you don’t celebrate with just your voice,” he said. “Move your foot. Move your body.”

Later the University Singers presented more classical choral music composed by famed Jamaica composer Noel Dexter.

After celebrating peace for children, women, men and youth, the congregants heard a message from the Rev. Dr Burchell K. Taylor, vice
president of the Baptist World Alliance.

Burchell preached on the gospel of Mark 4:35 in which Jesus and his disciples leave a crowd and cross over the wind-swept waters. He
portrayed the water in the passage as a troubled border that the disciples must cross in order to spread their message.

“Life is sharply and simply filled with borders, with boundaries and with frontiers that divide people, making them strangers and
aliens,” he said. “Associated with this are nurtured and cultivated discriminations, mistrust and hostilities.”

Restoring peace in the world, he said, will depend upon peacemakers who are willing to “cross over” borders, or transform their
relations based on a restored humanity signaled by a new order of God’s rule in Jesus Christ.

“These borders – legal, racial, national, ethnic, social, economic, cultural, gender, political and religious – are assigned values to
define and identify those who are superior and those who are inferior, those who are entitled to be dominant and those who are predetermined to be dependent, those who are chosen to be at the center, and those who naturally belong to the margins.”

As IEPC congregants joined hands and sang, “We Shall Live in Peace” to the tune of the United States civil rights anthem “We Shall
Overcome,” they vowed to become living witnesses – within their families, communities and the world – to a new order of peace.

Burchell urged them to meet the challenges waiting for them in their home countries: “Cross over, agents of peace,” he said.