Archivos de la categoría ‘Iglesia’


César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (20)
Lutero y la disputa sobre las indulgencias
Posiblemente, Lutero no hubiera intervenido por sí mismo en la cuestión de las indulgencias.
Pero surgió que hubo personas que se le acercaron a pedirle consejo pastoral sobre el tema, o que le refirieron los supuestos beneficios espirituales derivados de la compra de indulgencias. Lutero consideró que semejante conducta era indigna y decidió comunicarlo junto con un escrito privado y muy respetuoso a su obispo, el prelado de Brandeburgo, y a Alberto de Maguncia que era el responsable de aquella campaña concreta de venta de indulgencias.

Al mediodía de la víspera de Todos los Santos, Lutero, acompañado de un tal Agrícola, cruzó la ciudad y llegó hasta la Schlosskirche.

Subió entonces las escaleras y  fijó el texto de las tesis. Semejante acción, lejos de ser rebelde o revolucionaria, implicaba meramente seguir el uso propio de los profesores universitarios, es decir, redactar un conjunto de tesis que podían ser discutidas con diversos argumentos a favor o negadas con otros en contra. Así iba a nacer la controversia de las noventa y cinco tesis.

Para el lector no acostumbrado, el contenido de las  Noventa y cinco tesis  resulta programático, escueto, incluso seco. La realidad es que resulta explicable esa impresión porque no se trataba sino de una enumeración de posiciones teológicas que se sometían a la discusión. Sólo cuando se tiene en cuenta el carácter de mero enunciado puede comprenderse la naturaleza del texto y enjuiciar adecuadamente las reacciones posteriores.

En su conjunto, como veremos la próxima semana , las 95 Tesis eran un escrito profundamente católico e impregnado de una encomiable preocupación por el pueblo de Dios  y la imagen que éste pudiera tener de la jerarquía.

Además, en buena medida,  lo expuesto por Lutero ya había sido señalado por autores anteriores  e incluso cabe decir que con mayor virulencia.

Sin embargo, el monje agustino no supo captar que la coyuntura no podía ser humanamente más desfavorable. Por desgracia, ni el papa ni los obispos eran tan desinteresados como él parecía creer y, desde luego, en aquellos momentos necesitaban dinero con una urgencia mayor de la que les impulsaba a cubrir su labor pastoral.

Quizá de no haber sido ésa la situación, de no haber requerido el papa sumas tan cuantiosas para concluir la construcción de la basílica de san Pedro en Roma, de no haber necesitado Alberto de Brandeburgo tanto dinero para pagar la dispensa papal, la respuesta, de haberse dado, hubiera resultado comedida y todo hubiera quedado en un mero intercambio de opiniones teológicas que en nada afectaban al edificio eclesial.

Sin embargo, las cosas discurrieron de una manera muy diferente. Pero antes de ver sus consecuencias, la semana que viene analizaremos “Las 95 tesis de Lutero”.

Autores: César Vidal Manzanares

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Leonardo de Chirico

Leonardo de Chirico

¿Está terminada la Reforma? es una pregunta que estará en la agenda del Vaticano en los próximos años

La actual visita de Benedicto XVI a su Alemania natal (los días 22 al 25 de setiembre) es una oportunidad para elevar las expectativas acerca de los eventos de los 500 años de la Reforma protestante que se conmemoran en 2017 y una posible declaración conjunta protestante y de la ICR. En esta línea, el Papa ha visitado la ciudad de Erfurt donde Lutero estudió filosofía entre 1501 y 1505 y allí se reunió con los representantes de la Iglesia Evangélica Alemana. Is the Reformation over? (¿Está terminada la Reforma?) es el título de un libro muy discutido de Mark Noll y Carolyn Nystrom que se publicó en 2005. La respuesta del libro no es ni “sí” ni “no”, sino una especie de “bueno sí, pero”.  Según los autores, los evangélicos y los católico-romanos puede que estén de acuerdo en el contenido de dos tercios del Catecismo de la Iglesia Católica; y su creciente cooperación es un signo de que sus relaciones no son tan polémicas ni tan malas como antes. Por consiguiente, su larga separación ya no es sostenible. La respuesta, por lo tanto, está abierta y el libro es el testimonio de una situación de cambio continuo por lo que al contexto de Norteamérica se refiere.

¿Está terminada la Reforma? es también una pregunta que estará en la agenda del Vaticano, especialmente en la del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, en los próximos años.

 2017, DECLARACIÓN CONJUNTA SOBRE LA REFORMA
 El año 2017 marcará el 500 aniversario de la publicación de las 95 tesis sobre las indulgencias de Lutero. Convencionalmente, el año 1517 se considera como el comienzo oficial y público de la Reforma. Aquel evento dio lugar a la controversia con Roma y fue la causa de que, finalmente, Lutero fuera excomulgado por el papa León X.

Como parte de las celebraciones que tendrán lugar, el Vaticano y la Federación Luterana Mundial proyectan emitir una declaración conjunta sobre la Reforma con  tres objetivos principales:

1.  La consecución de una “memoria compartida”  sobre lo sucedido antes y después de la Reforma, apreciando de este modo el patrimonio común de los primeros quince siglos de “unidad” cristiana (al menos en Occidente) y la conciliación de los relatos en pugna de 1517 y más adelante.

2.  Llegar a una “admisión de culpabilidad” por ambas partes por los respectivos errores y pecados.  El Vaticano acentúa el hecho de que Juan Pablo II ya pidió perdón por las responsabilidades católicas en la división de la Iglesia.

3.  El relanzamiento de la iniciativa ecuménica que, después de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación de 1999, ha ido perdiendo impulso . En realidad, esta Declaración no tuvo ningún impacto significativo en el proceso ecuménico y el Vaticano busca otro acontecimiento simbólico para promover su agenda ecuménica.

 RECORDAR Y PROMOVER LA REFORMA: INTERROGANTES
 Los tres objetivos de la declaración conjunta son positivos en sí mismos. Sin embargo, deben hacerse algunas preguntas puesto que estos propósitos necesitan ponerse en perspectiva  y no se debería correr el riesgo de que se conviertan en definitivos.

1.  Hay mucho sentimentalismo acerca de la unidad íntegra de la Iglesia anterior a la Reforma. Antes de la Reforma, la unidad estaba tan fracturada como lo estuvo después.  La sobria realidad es que la aparente unidad institucional no es ninguna garantía de unidad según el Evangelio. La “memoria compartida” y el “pasado indiviso” necesitan ser menos místicos y más realistas, no únicamente en lo que a la historia se refiere sino también en lo que concierne al presente y al futuro de la Iglesia.

2.  La sinceridad a la hora de confesar la propia culpabilidad es una actitud cristiana que debe fomentarse siempre . Los protestantes tienen muchos pecados que confesar. A pesar de todo, ¿significa que cuestionar a las autoridades de la iglesia establecida, siempre es pecado? ¿Romper los lazos con un sistema pagano, es pecado? ¿Utilizar un lenguaje “abierto” para denunciar la idolatría, es siempre pecado? ¿Proclamar “aquí estoy” para anunciar el Evangelio sea cual sea el precio, es pecado? El peligro está en difuminar las líneas hasta ser incapaces de distinguir entre el Evangelio y los falsos evangelios y llegar al punto de decir: ¡todos culpables, todos perdonados!

3.  La Declaración Conjunta sobre la Justificación ha sido un fracaso en muchos aspectos . Por una parte, la Iglesia Católico Romana no dio a este documento ninguna importancia eclesiológica. Se quedó en una declaración “dogmática” sin consecuencias prácticas. Por otra parte, según algunos luteranos liberales el Evangelio se define más por la inclusión que por la justificación por la fe. Para ellos el documento no reflejaba realmente el corazón del Evangelio. Más pronto o más tarde, las palabras infladas se desinflan si no son verdaderas; éstas, por sí mismas, no hacían que el documento fomentara ni dificultara el proceso ecuménico. ¿Será también éste el caso de la propuesta declaración conjunta sobre la Reforma?

 Por tanto, el proyecto del 2017 es ambicioso y debe otorgársele una esmerada consideración. Pero, la cuestión de fondo es: considerando todos los matices y con el menor partidismo posible, ¿estaba Lutero fundamentalmente en lo cierto o estaba equivocado conforme al Evangelio?

La Reforma estará terminada solamente si se dan dos circunstancias:

a) en el caso y cuando se juzgue que Lutero estaba equivocado;

b) en el caso y cuando el testimonio fundamental de Lutero del Evangelio sea el testimonio de la Iglesia a lo largo y ancho del mundo.

Hasta entonces, la Reforma no está terminada, pero continúa siendo un importante ítem en la agenda de la Iglesia.

Autores: Leonardo de Chirico
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¿El fin de un EEUU cristiano?

Publicado: septiembre 27, 2011 en Iglesia, Sociedad

Juan Francisco Martínez

¿El fin de un EEUU cristiano?

Según un estudio sobre la religiosidad en los Estados Unidos (American Religious Identification Survey) se están viendo varios cambios importantes en las tendencias religiosas del país.

Algunas de las características sobresalientes son:
·  El porcentaje de personas no religiosas o ateas a doblado a 15% de la población
·  La religión en Estados Unidos se está privatizando
·  El número total de cristianos no ha declinado, pero sí su porcentaje de la población
·  Están creciendo los seguidores de otras religiones en el país
·  Están declinando las iglesias liberales y creciendo las iglesias conservadoras
·  Aunque declina la identificación religiosa hay un crecimiento de espiritualidad

Cuando se une esta información a lo que mencioné en la nota de hace quince días sobre el crecimiento de la religiosidad hispana, también sabemos que:
·  La población mayoritaria se está secularizando, pero está decreciendo como porcentage total de la población
·  Los grupos minoritarios y los inmigrantes son más religiosos que la población mayoritaria
·  Casi todo el crecimiento que se está viendo en iglesias cristianas se debe a grupos minoritarios, particularmente latinos
·  Las religiones mundiales están creciendo mayormente por medio de los nuevos inmigrantes
·  Los líderes políticos, sociales y económicos del país son más seculares que la población en general

 El estudio hace suscitar varias preguntas. En primer lugar, está la pregunta teológica: ¿y cuándo fue cristiano este país? Entiendo que muchos de los fundadores tuvieron valores cristianos y que los Estados Unidos refleja una cultura cristianizada occidental. Pero: ¿Puede existir un país cristiano o existe una diferencia fundamental entre iglesia y estado tal que ningún país ha sido o será cristiano?

Los cambios que están ocurriendo en los Estados Unidos y en todo el mundo tradicionalmente “cristianizado” nos obliga a hacernos la pregunta sobre cómo entendemos el concepto de ser cristiano.

 Una segunda cosa es que el estudio enfoca en el individualismo estadounidense. Este siempre ha sido un valor muy importante en esta sociedad. Es tan fuerte que ha producido una religiosidad individualista. Era casi inevitable que las iglesias en un país tan individualista reflejaran una tendencia en contra de la iglesia como comunidad. Una de las tareas importantes de las iglesias será presentar un evangelio que enfoca en el discipulado y la iglesia como comunidad.

 Una tercera cosa clave es el papel que jugarán los inmigrantes en el futuro religioso del país. Una cosa que no toma en cuenta el estudio es que un número creciente de inmigrantes (tanto cristianos como musulmanes) vienen al país con una visión misionera.

Será interesante ver como la migración cambia la trayectoria religiosa de los Estados Unidos a largo plazo. ¿Qué resultado tendrá el espíritu misionero de los inmigrantes? ¿Podrán ser agentes de avivamiento o serán influenciados por el secularismo creciente.

 La última cuestión que quisiera enfocar tiene que ver con las implicaciones para el ministerio cristiano. ¿cómo vamos a ministrar en un país que se está secularizando? ¿Cómo hemos de compartir el evangelio a personas pos-cristianas? También es muy posible que muchas de las estructuras cristianas, particularmente la denominaciones históricas, posiblemente desaparezcan en medio de estos cambios. Siendo que creo en el futuro de Dios, esto no me inquieta. Pero sí nos obliga a reconocer que tendremos que desarrollar nuevos modelos de iglesia y ministerio que respondan a esta nueva realidad.

 El estudio demuestra que la iglesia no está próxima a desaparecer en el país y que la religión seguirá teniendo una influencia importante. Lo que sí está cambiando es el papel del cristianismo en la vida pública. El concepto de los Estados Unidos como un país que se nombra “cristiano” está desapareciendo. Algunos cristianos quisieran “regresar” a un pasado supuestamente más cristiano. Pero en este momento el reto principal para los cristianos será aprender a evangelizar y servir en un ambiente indiferente y hasta hostil.

 Está realidad suscita dos peticiones de mi parte: 1) Que Dios nos de sabiduría para proclamar el evangelio en maneras que nuestros conciudadanos lo entiendan como buenas nuevas.  2)  También pido que los cristianos de los grupos minoritarios seamos fieles a la tarea y que Dios nos utilice como medio de un avivamiento en los Estados Unidos.

Autores: Juan Francisco Martínez
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Y la penitencia fue sacramento

Publicado: septiembre 27, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (19)
Y la penitencia fue sacramentoVimos la pasada semana que la actitud inicial de los papas fue negarse a aplicar las indulgencias a los muertos.
 Sin embargo, en 1476, Sixto IV acabó estableciendo una indulgencia para los difuntos. El éxito de la medida fue espectacular –como los beneficios económicos derivados de ella– y en breve se fueron añadiendo nuevos atractivos. Así, el comprador de la bula de indulgencia tenía garantizada una bula de confesión, otra de “mantequilla” –que le permitía comer mantequilla, huevos, queso y leche en días de ayuno-, el derecho a sustituir las buenas obras por promesas, el derecho a aumentar su capital espiritual por transferencia de una parte del crédito del tesoro de los méritos y, finalmente, el permiso para utilizar los bienes adquiridos fuera de la ley si su dueño legítimo no era encontrado. Toda esta visión a su vez estaba relacionada con desarrollos dogmáticos que habían tenido lugar durante la Edad Media,  pero que fueron desconocidos a los cristianos de, al menos, los primeros mil años de Historia del cristianismo.

 El primero era el concepto del tesoro de méritos.

En el s. XIII, Alejandro de Hales y Hugo de St.Cher apuntaron a la existencia de un capital celestial procedente de los méritos excedentes que procedían de Cristo y de las buenas obras de los santos que no los habían necesitado para salvarse. Semejante tesoro de méritos implicaba un capital espiritual que era accesible a los fieles mediante entrega específica del papa. Así, una indulgencia plenaria transfería los méritos suficientes para librar de todas las penas en la tierra y en el purgatorio.

 El segundo desarrollo que afectó a las indulgencias fue la conversión de la penitencia en un sacramento.

Ya hemos señalado antes como la confesión pública ante la comunidad acabó siendo sustituida por otra privada ante el sacerdote. De la misma manera, la secuencia de pesar por el pecado, confesión y absolución se convirtió en dolor por el pecado, confesión, satisfacción y absolución y, finalmente, en dolor, confesión, absolución y satisfacción. En esa evolución, se enseñó que la culpa y el castigo eterno en el infierno eran evitados por la absolución, pero que el castigo temporal derivado del pecado tenía que ser pagado por el pecador antes de entrar en el cielo. Ese castigo temporal podía ser en esta vida o después de la muerte. La penitencia impuesta por el sacerdote se convirtió en el equivalente del castigo temporal, pero si el cumplimiento no era exacto, las penas tendrían que ser completadas en el purgatorio. Llegados a ese punto, la conexión con el sistema de las indulgencias caía de su peso ya que permitía evitar la pena temporal del Purgatorio.

 El tercer desarrollo fue la distinción entre atrición y contrición. Hasta el siglo XIII, la creencia común era que Dios exigía para el perdón de los pecados la contrición, es decir, el dolor que nace del amor. Sin embargo, en esa época los teólogos comenzaron a señalar que el dolor causado por la atrición, es decir, el miedo al castigo podía sustituir a la contrición siempre que estuviera vinculada a la disciplina eclesiástica y al sacramento. El dolor, por lo tanto, que producía el pavor al infierno podía ser suficiente para obtener el perdón. Semejante tesis no fue enseñada de manera generalizada, pero la propugnaban los escotistas y los vendedores de indulgencias y gozó –y es lógico que así fuera– de un notable predicamento.

 Por otro lado, y no se trataba ciertamente de un problema menor, como sucedía con otro tipo de ventas, la de indulgencias también utilizaba recursos propagandísticos extraordinarios. Sus vendedores afirmaban, por ejemplo, que apenas sonaban en el platillo las monedas con las que se habían comprado las indulgencias, el alma prisionera en el purgatorio volaba libre hasta el cielo. Además dado que semejante beneficio podía adquirirse no sólo para uno mismo sino también para otros, no pocas familias dedicaban una parte de sus recursos a beneficiar a sus seres queridos ya difuntos que, supuestamente, padecían en el purgatorio.

 EL “ESCÁNDALO” DE LUTERO
Se piense lo que se piense del curso posterior de los acontecimientos, lo cierto es que  aquel episodio constituía un verdadero escándalo moral y no resulta extraño que llamara la atención de Lutero, tanto más si se tiene en cuenta su experiencia pastoral y, de manera muy especial, el desarrollo de una teología en la que Dios entrega todo gratuitamente al pecador en la cruz de Cristo esperando de éste que se vuelva para recibirlo. Entre esa concepción de honda raigambre paulina y la compraventa de beneficios espirituales mediaba obviamente un abismo.

Dar tal paso implicaba no escaso riesgo para Lutero. Ciertamente, se había expresado en público alguna vez sobre el tema de las indulgencias, pero no podía pasarse por alto el hecho de que Federico el sabio, el príncipe del que dependía, contaba con una extraordinaria colección de reliquias que no había dejado de crecer en los años anteriores. Si en 1509, la colección del elector se encontraba en cinco mil reliquias; en 1518, había aumentado a 17.443 reliquias, incluyendo 204 pedazos y un cuerpo entero de los Santos inocentes. A estas reliquias se hallaba vinculada una indulgencia de 127.799 años y 116 días.

 CONTINUARÁ: Lutero y la disputa sobre las indulgencias 

Autores: César Vidal Manzanares

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CLADE 5 – Mensaje de Juan Stam

Publicado: septiembre 25, 2011 en Iglesia


Carlos Martínez García

 

Incluso en la estimación más baja el número de indígenas evangélicos expulsados de sus tierras, la cifra no tiene parangón en la historia contemporánea de México.

 Muchos continúan en su afán de deslegitimar la identidad construida por los indios evangélicos. Lo hacen desde distintas ópticas y por las más variadas motivaciones. De esto me ocupo en el escrito que sigue a la cita de Fernando Savater. El trabajo fue publicado antes en un libro colectivo, por la Universidad Nacional Autónoma de México. [1]  Lo he revisado, le hice correcciones y amplié ligeramente para ser incluido como un capítulo de la segunda edición de mi libro  Poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas . Ofrezco a mis posibles lectores de  Protestante Digital  la sección mencionada en la obra a ser publicada en México por CUPSA. Sin duda la riqueza fundamental de los seres humanos es su semejanza, el hecho de que compartan su condición simbólica y su terror metafísico ante el destino mortal en el universo que les engendra y les abruma. Ser semejantes les permite comprenderse, colaborar, traducir sus mensajes y sus poemas, trabar entre ellos los lazos siempre imprescindibles de la complicidad civilizada. Pero esa semejanza queda mutilada si se limita a la repetición incesante de lo idéntico dentro de cada ocasional grupo histórico (nada más perversamente inhumano que absolutizar cualquier identidad cultural) en lugar de buscar la combinación con lo distinto, con la aportación insólita descubierta por quien, padeciendo nuestras mismas necesidades y anhelos, ha sabido darles otra perspectiva . Fernando Savater

 Las resistencias de los indígenas protestantes de Chiapas, y/o a sus experiencias auto organizativas buscan la defensa de un espacio de identidad frente a hostigamientos que les llegan de distintas partes. Tales amenazas a su integridad en mucho han sido posibles por el desentendimiento de las instituciones del Estado mexicano, y el desinterés de quienes defienden el respeto a los derechos humanos pero consideran políticamente incorrecto hacerlo en el caso de los indios evangélicos.

Voy a referirme a un punto que siempre está a debate cuando se habla de los indígenas. Normalmente se entiende como verdaderos indígenas a una manera de serlo, y esa tipología tiene que ver con uno de sus componentes centrales, si no es que  el componente , que se relaciona con la pureza del ser indígena.  Para ser reconocido como tal, sobre todo por actores externos, el indígena debe tener una práctica religiosa identificada con una religión tradicional: el catolicismo y/o lo que se consideran ritos prehispánicos.  Aunque éstos últimos en realidad, lo han mostrado estudios antropológicos, no son prácticas prehispánicas sino producto de la Colonia. No son exclusivamente construcciones indígenas, son resultado de la colonización a la que los pueblos indios dieron distintas respuestas. Se apropiaron de religiosidades impuestas, las reconstruyen y las hacen suyas con nuevos significados.

Durante los siglos de la Colonia hubo en buena medida lo que llamo  conversión taimada  a la propuesta de los conquistadores. Una conversión como esta es hacia afuera, mientras hacia adentro se siguen guardando creencias religiosas anteriores que terminan por, de alguna manera, mediatizar, el mensaje religioso exógeno. Por siglos los indígenas, desde su marginalidad y opresión, han sabido preservar y transmitir un cierto núcleo de independencia en todos los órdenes. Esto se comprueba claramente en el caso de Chiapas, donde los indígenas desde su debilidad negociaron cognoscitivamente con las propuestas externas. Las hicieron suyas, con frecuencia las modificaron para, finalmente y de cierta forma, salir triunfantes frente a las imposiciones religiosas y de otro tipo (Ortiz Herrera, 2003).

 Una de las primeras luchas que tienen los indígenas protestantes es mostrar, sobre todo a sus críticos de afuera, que también son indígenas. Porque si se define como indígena a quien practica una religión tradicional, particularmente el catolicismo mezclado con los elementos que les han sumado los indios, obviamente quienes no se identifican con la religión ancestral entonces no son indígenas. El problema es aceptar tal criterio como el único válido, el canónico que mide a los demás.  Quien carece de pertenencia al catolicismo o a lo que en los pueblos indígenas de Chiapas llaman “la costumbre”, es un indígena deuterocanónico. [2]  Está fuera por no ajustarse a una definición estrecha de lo correcto.

La costumbre sale a flote muy nítidamente cuando uno hace estudios de adscripción religiosa en Chiapas. En los censos de población un buen número de municipios, sobre todo de Los Altos de Chiapas, reportan altos porcentajes de personas “sin religión”. Tales porcentajes alcanzan entre 15 y 40 por ciento, o más. Es decir, en algunos casos, casi diez veces mayor, que lo reportado como media nacional, o en ciudades como la de México, Guadalajara y Monterrey, por citar las tres más grandes y con mayores niveles de ingreso y educativo. ¿Cómo es posible que en los espacios más tradicionales y de menor desarrollo (en distintos rubros socioeconómicos, como es el caso de Chiapas) donde lo religioso está en buena medida unido con la organización social y política de las comunidades, reporte tan altos números de supuestos ateos?

La respuesta está en que desde la lógica de quienes diseñan los censos y levantan la información, para ellos, automáticamente, se interpreta la respuesta de quienes dicen no tener religión como sinónimo de ateismo. Obviamente la medición externa es errónea. Que hubiese más ateismo en los pueblos de mayoría indígena de Chiapas que en las mayores urbes mexicanas, sería una excepción sociológica, que iría en contra de lo que globalmente se sabe acerca de los procesos de secularización.

Entonces la cuestión es entender que la respuesta sin religión se refiere a prácticas religiosas que no se identifican con las posibilidades de respuesta que aparecen en los censos. Porque sí tienen religión, pero es lo que llaman “el costumbre”. Una definición que me parece le hace justicia es la de Jan de Vos:

 Los indígenas llamaron a su religiosidad la Costumbre. Creo que es uno de los monumentos culturales más llamativos y bellos que se ha construido en estas tierras. A veces sostengo solo esta interpretación, pero considero la Costumbre merece una mayúscula para poder ponerla al lado de la Iglesia Católica y, ahora, las denominaciones Protestantes… La Costumbre indígena llegó a ser un sistema holístico donde todo se integraba junto con una gran disciplina y cohesión social. La Costumbre lo era todo. Las comunidades lograron estructurarse en torno a esta costumbre, en la que obviamente lo religioso era lo fundamental, pero en la que también funcionaba lo económico, lo político, todo. En cambio, creo que en la población mestiza, primero española, después criolla y mestiza y finalmente mestiza, este catolicismo popular siguió funcionando básicamente a nivel devocional. Pero no tuvo que ver con lo ético. En la Costumbre funcionaban sistemas de control muy elaborados para que, por ejemplo, no hubiera excesos en el ejercicio del poder; ahí no era posible legalmente llegar a cosas que podían romper la unidad de la comunidad, lo que podríamos llamar los pecados sociales como el rompimiento del matrimonio… Todo estaba mucho más estructurado en la otra religiosidad. En ambos casos de modo muy devocional, pero en el caso de la Costumbre también se llegaba a planteamientos éticos y a reglas de convivencia social y hasta política. Me parece que en el desarrollo del catolicismo no hubo realmente fases de reestructuración o cambios profundos como los hubo en la Costumbre del siglo XIX en Chiapas (De Vos, 1999:14-16).

El ser indígena en una sociedad como la mexicana, que se dirige hacia más pluralización y no menos, también es una realidad que se transforma y diversifica. Hay distintas maneras de ser indígenas, y su construcción en la historia reciente no deja lugar a dudas. Como en el caso de los indios e indias que decidieron hacer suya una pastoral impulsada por el obispo católico Samuel Ruiz, y la conjuntaron con otros elementos que dieron por resultado tanto una organización eclesial como una opción política y social. [3]

 Los indígenas protestantes son otra forma de expresión teológica y social, no impuesta desde afuera, sino fruto de una raíz elegida por ellos. No fueron, ni son, víctimas propiciatorias de predicadores externos que les engañaron. Respondieron de forma activa, haciendo suya una propuesta que les llegó de afuera, pero que ya es, desde hace mucho, una práctica endógena. Por lo tanto las clasificaciones externas, las que intentan extender certificados de suficiencia indígena, finalmente son definiciones de vista corta. En esta miopía influye la visión imaginaria que de los indígenas se tiene en los espacios cosmopolitas y/o doctrinarios.

Alejados de tipologías que les son ajenas,  lo que está sucediendo en los pueblos indios de Chiapas, y del país, es que miles de indígenas están optando por una nueva identidad religiosa, el cristianismo evangélico, el protestantismo.  En el caso de la parte predominantemente indígena de Chiapas existen municipios, como el de Chenalhó y otros de población tzotzil o tzeltal, que tienen porcentajes de entre 20 y 45 por ciento de habitantes que se declaran evangélicos. Recordemos que la media nacional en el mismo rubro apenas supera el cinco por ciento, según el Censo del 2000 y ocho por ciento en el del 2010. Esta comparación nos muestra que el cambio religioso en las comunidades indígenas de Chiapas, pero también en Oaxaca (aunque con un ritmo más lento) y de otros estados del sur-sureste de México, apunta hacia una creciente pluralización de las creencias religiosas. Esto acontece con mayor celeridad que en los espacios modernos de la nación. Explicar por qué sucede esto no es tema de nuestra exposición, solamente apuntamos lo que arrojan los datos al respecto.

 Los factores para diversificar religiosamente Chiapas son múltiples, como lo son los actores que contribuyeron a posicionar el protestantismo en la entidad. [4]  No fue, como se afirma reiteradamente, mediante misioneros norteamericanos que se inició la implantación del protestantismo en tierras chiapanecas. Poca atención se ha prestado a una vertiente que considero más influyente en el desarrollo del cristianismo evangélico en esa parte de la geografía nacional. Se trata de las conversiones de indígenas que migraban, en su mayoría por razones de trabajo, a Tabasco y a las fincas cafetaleras del Soconusco. Ya convertidos y/o sensibilizados por la evangelización protestante, fueron los principales difusores del mensaje. Desde finales del siglo XIX existen núcleos evangélicos en la frontera de México con Guatemala. Mames de aquí y de allá convivieron en las fincas con indígenas llegados de Los Altos de Chiapas. Aquellos compartieron sus creencias con éstos, resultando varios conversos que fueron anónimos misioneros al regresar a sus poblaciones alteñas. Esto sucedió entre cuarenta y cincuenta años antes de que llegaran los del Instituto Lingüístico de Verano, organismo que siguen señalando como el que llevó el protestantismo a Chiapas. [5]

Cuando el número de conversos indígenas al protestantismo es muy pequeño no representan reto alguno para su comunidad. Sobre todo porque mantienen sus creencias con nula o escasa expresión pública. Conforme las células crecen y comienzan a llamar la atención de familiares o amigos cercanos, acontecen las reacciones con distintos grados de hostilidad. En algunos poblados el hostigamiento se torna cotidiano y violento, y tiene continuidad durante dos o tres décadas. En otros el ciclo persecutorio es más corto y los creyentes evangélicos terminan por ganar su espacio. Hoy contamos con investigaciones que nos muestran que las actitudes de la población tienen diferencias importantes, sabemos que históricamente las persecuciones más crudas se han concentrado en dos municipios: Chamula y Las Margaritas (Rivera Farfán, 2005a).

 Es mayormente en Los Altos de Chiapas donde se ha dado el trato más hostigante y con frecuencia violento a los indios protestantes . Las expulsiones iniciaron a mediados de los años sesenta del siglo pasado, se tornan masivas, en el caso de Chamula, en los setentas, y siguen durante los ochentas y noventas. Tenemos conocimiento de esto por el caudal de denuncias de los expulsados ante distintas instancias locales, estatales y nacionales. Prácticamente nadie les hizo caso. Al fin y al cabo eran indios, y además con una práctica religiosa heterodoxa. Por otra parte no todas —ni la mayor parte de— las poblaciones indígenas respondieron con ataques a los nuevos actores religiosos.

¿Por qué sí hubo reacciones en extremo violentas, como en Chamula? El asunto tiene varias aristas. Una de ellas se relaciona con la impunidad que benefició a los perpetradores de golpizas, despojos y expulsiones. Los líderes chamulas pudieron hacer lo que quisieron con los evangélicos porque no hubo autoridades estatales que les pusieran un alto. Como “Joya del indigenismo” oficial, en Chamula se dejó hacer y deshacer a los caciques. Disfrutaron en su municipio de una autonomía de facto, a cambio de garantizar al PRI el cien por ciento de las votaciones. En este sentido es muy certera la explicación de Jan Rus (1998), quien describe a la de Chamula como una Comunidad Revolucionaria Institucional. En ese municipio la identificación con el PRI (y/o los gobiernos estatales emanados de ese partido) fue más intensa. Chamula es un caso paradigmático, porque la existencia de los grupos de indígenas evangélicos se vio más amenazada que en cualquier otro lugar de la geografía chiapaneca.

En un caso como el anterior, donde existe simbiosis entre lo político y religioso, quien rompe con alguna de esas partes rompe con el todo. Desvincularse del núcleo religioso identitario de la comunidad, es hacerlo también de la organización política y económica de la misma. Enfatizar el punto no está de más, la disidencia religiosa conlleva “amenazas” políticas al conjunto de una sociedad en la que es inseparable la confesionalidad religiosa de su estructuración política. Por lo tanto, sostener, como lo hacen varios observadores, que los indígenas protestantes son expulsados por “supuestos motivos religiosos”, es minimizar, o desaparecer, una de las causas por las que se les ha expulsado de Chamula a partir de los años sesenta del siglo XX.

 Los números de expulsados protestantes son muy variados. Hay fuentes que reportan que a lo largo de cuatro décadas son diez mil los desplazados. Otros afirman que son más de treinta mil. Depende de cómo se mide, si se incluyen solamente a los originalmente expulsados, o si se considera en situación de expulsión también a sus descendientes. Pero incluso en la estimación más baja el número no tiene parangón en la historia contemporánea de México. Estamos ante un caso de violación masiva de derechos humanos, pero también ante un caso de invisibilización sufrido por miles de indígenas cuya suerte no le ha interesado a la mayoría de personajes y organizaciones que usualmente levantan sus críticas cuando se vulnera la dignidad humana.

 Ante la violación reiterada de sus derechos, y la invisibilización, los expulsados organizaron sus respuestas de varias formas. Al principio, y con denuncias judiciales que levantaron, esperaron refugiados en lugares que les facilitaron mestizos evangélicos en San Cristóbal de las Casas a que las autoridades aplicaran la ley y castigaran a sus perseguidores. Cuando esto no sucedió y el número de desplazados aumentó, finales de los setentas y principios de los ochentas, decidieron pasar a otra etapa: la creación de las colonias de expulsados en la periferia de la antigua capital chiapaneca. La primera en su tipo fue La Nueva Esperanza, con más de tres décadas de existencia. La segunda fue Betania, fundada en 1980, y que se localiza en el municipio de Teopisca.

En un multitudinario acto conmemorativo de la resistencia que dio nacimiento a Betania, el domingo 31 de julio tuvo lugar una gran concentración para celebrar los 25 años de fundación del poblado. La ceremonia al aire libre tuvo entre 3 mil y 4 mil asistentes, hubo varios estilos de música y el programa se inició con la entrada al lugar de un contingente acompañado por una banda que interpretaba el himno  Firmes y adelante, huestes de la fe. Hubo un recuento histórico y pasaron al estrado algunos de los que dirigieron dos décadas y media atrás el asentamiento de las primeras familias. El día del acto, y de acuerdo con el propio censo de las autoridades del lugar, Betania contaba con 628 jefes de familia, más o menos unos 4 mil pobladores, 10 veces más que los habitantes originales.

 Como en otras diásporas forzosas en la historia, obligadas por sus perseguidores, la que resultó en la fundación de Betania es un recordatorio tanto de los costos de la intolerancia como de la lucha de quienes defendieron su derecho a la diferencia y el respeto a sus derechos humanos . Por eso recordaron, por eso celebraron la lid que dio origen a su poblado.

Las colonias de expulsados son una muestra de resistencia, espacios desde los cuales la población indígena evangélica afirma su derecho a existir una vez que se agotan las posibilidades de regresar a sus comunidades originales. Son una especie de organizaciones autónomas. Les dan origen con sus propios recursos, y/o con apoyos de correligionarios dentro y fuera del país. Lo hacen ante la total indiferencia y desentendimiento de las autoridades de Chiapas y federales. Sus espacios son construidos, social y materialmente, a contracorriente de quienes les perseguían, pero también contra el Estado mexicano que no hizo valer las leyes y consintió las expulsiones. Por ejemplo, en San Cristóbal de Las Casas, la antigua capital de Chiapas, hacia principios de los noventas unas doce mil familias, en su mayoría tzotziles y tzeltales, se fueron instalando tras ser expulsadas por su vínculo con la fe protestante. El número mencionado solamente corresponde a las personas asentadas en las inmediaciones del periférico de la ciudad coleta. Donde han construido espacios para poder vivir de acuerdo a sus creencias, perseguidas en sus poblados de origen (Fernández Liria, 1993:11).

Con sus propias fuerzas y organización los miles de expulsados construyeron en terrenos sin servicios, edificaron sus viviendas y paulatinamente introdujeron luz, agua, escuelas, clínicas y telefonía. Esos espacios marginales son hoy lugares bien asentados, que contrastan por la calidad de vida de sus habitantes con las de poblaciones que debieron dejar por la intolerancia religiosa. En cierta medida son precursores de muchas organizaciones indígenas que en las dos últimas décadas del siglo XX levantaron reivindicaciones sociales y de respeto a los derechos humanos.

A las comunidades protestantes que primero se refugiaron en San Cristóbal de Las Casas, que después, al percatarse que su situación no tendría solución a corto ni mediano plazo, fundaron sus colonias;  hay que agregar las que realizaron un éxodo hacia la Selva. Gruposde evangélicos salieron de sus pueblos, al igual que lo hicieron otros, como los católicos identificados con la pastoral del obispo Samuel Ruiz García, con la esperanza de encontrar tanto mejores tierras como condiciones de vida más benéficas. De hecho la diócesis de San Cristóbal elabora lo que llama una Pastoral del Éxodo, en la que se presenta el periplo como la salida de la Finca/Egipto hacia la meta Selva/La Tierra Prometida, la que se visualiza con su símil bíblico, un lugar fértil, donde “fluye leche y miel”.

Los indígenas protestantes migran hacia la Selva, donde vislumbran construir espacios de libertad. Van con la esperanza de poder practicar su confesión religiosa sin restricciones. Anhelan edificar comunidades modelo. Los mueve la utopía, la convicción de que es posible encontrar “cielos nuevos y tierra nueva”, como dice el libro de Apocalipsis. Con su “escapismo” ponen en tela de juicio a la sociedad de la que salieron, donde fueron discriminados y carecían de derechos para practicar sus creencias y difundirlas. Cabe acotar que además de los católicos y evangélicos que se fueron a la Selva, “una tierra para sembrar sueños” la llama Jan De Vos (2002), también llegaron a ella testigos de Jehová y precursores de lo que vendría a ser El Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Chiapas concentra los porcentajes más altos a nivel nacional de distintas confesiones, entre otras los testigos de Jehová, los adventistas, los presbiterianos, pentecostales, los de la Iglesia del Nazareno, etcétera. Además en la entidad existe una comunidad musulmana muy pequeña, pero que no tiene igual en el país. La gran mayoría de sus integrantes son tzotziles, y los difusores iniciales de este credo fueron españoles que se asentaron en San Cristóbal de Las Casas con la intención de hacer prosélitos. [6]  Como se ve, el territorio chiapaneco es, pese a todo, hospitalario para distintas creencias religiosas.

 La variada y extensa geografía de Chiapas ha sido desde siempre tierra de misión. Pero no nada más de misión religiosa, sino también política. En esta óptica hay que ver al subcomandante Marcos y a los mestizos que le acompañaron en la tarea de “sembrar y cultivar” al EZLN en ese rincón del país. Su misión fue llevar un evangelio político , el cual fue bien recibido por un amplio sector de los indígenas. No hubo manipulación, se dio un intercambio entre los misioneros ezelenitas y los indios cuyas terribles condiciones de vida les hicieron particularmente receptivos al mensaje social y político.

Incluso las comunidades indígenas más tradicionalistas y supuestamente cerradas a las influencias externas, en realidad han establecido más negociaciones cognoscitivas, y por ende valorativas, de las que están dispuestos a reconocer los antropólogos esencialistas. Lo que sucede es que hay algunos contactos y adaptaciones que, desde afuera, sí se ven como válidos y otros no. Por su parte los indígenas adoptan y resignifican toda clase de propuestas, incluso, y quizás sobre todo, aquellas que muchos de sus redentores de todo tipo consideran políticamente incorrectas. Quienes conciben que las comunidades indígenas buenas son las herméticas, las que no se contaminan con valores y doctrinas ajenas a su idiosincrasia (cualquier cosa que sea esto), sostienen un romanticismo vano, además de enarbolar un topus uranus  que nada más no existe en las comunidades indias. Éstas son dinámicas, sus identidades no son estáticas, se forjan en contacto con otros seres humanos. Todos estamos “contaminados” por elementos exógenos. En este sentido quien esté libre de contaminaciones exógenas que arroje la primera piedra.

 En la mayoría de los pueblos indios de Chiapas ya se resolvió la cuestión de qué hacer con los convertidos al protestantismo. Éstos ya ganaron su permanencia en las poblaciones, forman parte de una realidad variopinta, multicolor, que en buena medida es fruto de su resistencia, de su decisión para enfrentar un medio que les era muy hostil. Se encuentran bien enraizados lo mismo en las zonas dominadas por los zapatistas, que en las comunidades mayormente católicas o tradicionalistas.  Existen focos de intolerancia violenta en algunos municipios chiapanecos, pero ya no tiene los niveles de hace dos o tres décadas.  Y no los tiene en buena medida por la propia resistencia, por la lucha de los indígenas evangélicos que se organizaron para defender sus derechos.

 A esta lucha no le ha acompañado un ejercicio de comprensión por parte de sectores identificados con gestas libertarias. Me refiero a la izquierda, porque está claro que la derecha mexicana, muy identificada con la Iglesia católica, sigue atada a la conservadora idea de que sólo son verdaderos indígenas los indios católicos. Es muy lamentable que desde posturas políticas progresistas sigan señalando a los indígenas evangélicos de agentes de una cultura extraña y dañina.

Los indígenas no son recipientes vacíos, que se pueden llenar al gusto de quien vierte en ellos lo que se le antoja. Más bien son agentes activos en su conversión, la que eligen después de valorar distintos aspectos de la propuesta. Exactamente el mismo discurso tiene distintos efectos, dependiendo del lugar donde se presenta y las personas que lo reciben. Por lo tanto el “auditorio” sí importa, las condiciones en las que viven las personas influyen en una u otra dirección la respuesta que se da al mensajero exógeno.

Hay muchas formas de resistencia, y la de los indígenas protestantes de Chiapas es un reto para quienes buscamos entender las transformaciones que viven nuestros pueblos originarios.

 BIBLIOGRAFÍA
De Vos, Jan, “El encuentro de los mayas de Chiapas con la Teología de la Liberación”, Eslabones , julio-diciembre, núm. 14, 1997, pp. 88-101.

_____ “Chiapas, el camino de un pueblo”,  Ixtus , núm. 26, 1999, pp. 13-25.

_____ Una tierra para sembrar sueños: Historia reciente de la Selva Lacandona, 1950-2000 , Fondo de Cultura Económica, México, 2002.

Fernández Liria, Carlos, “Enfermedad, familia y costumbre en el periférico de San Cristóbal de Las Casas”, en  Anuario 1992 , Gobierno del Estado de Chiapas-ICHC, Tuxtla Gutiérrez, 1993, pp. 11-56.

Martínez García,  Poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas , Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano-Publicaciones El Faro, 2004.

_____ “Indígenas deuterocanónicos”,  La Jornada , 7/XII72006.

_____ “De otros indios y otras resistencias: los protestantes en Chiapas”, en Horacio Cerutti, Carlos Mondragón González y J. Jesús María Serna Moreno (coordinadores),  Resistencia, democracia y actores sociales en América Latina , Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe-UNAM, México, 2008, pp. 103-113.

Morquecho, Gaspar,  Bajo la bandera del Islam. Un acercamiento a la identidad política y religiosa de los musulmanes en San Cristóbal de Las Casas , Ediciones Pirata, San Cristóbal de Las Casas, 2004.

Ortiz Herrera, Rocío,  Pueblos indios, Iglesia católica y élites políticas en Chiapas (1824-1901), una perspectiva comparativa , CONECULTA Chiapas-Colegio de Michoacán, Tuxtla Gutiérrez, 2003.

Rivera Farfán, Carolina y María del Carmen García Aguilar,  et. al. ,  Diversidad religiosa y conflicto en Chiapas: intereses, utopías y realidades , UNAM-CIESAS-COCyTECH-Gobierno de Chiapas-Secretaría de Gobernación, México, 2005a.

Rus, Jan, “La Comunidad Revolucionaria Institucional: la subversión del gobierno indígena en Los Altos de Chiapas, 1936-1968”, en Viqueira, Juan Pedro y Mario Humberto Ruz (editores),  Chiapas, los rumbos de otra historia , UNAM-CIESAS-CEMCA-Universidad de Guadalajara, México, 1998, pp. 252-277.

Serna Moreno, J. Jesús María, “Religiosidad popular en los procesos de construcción de nuevas utopías en algunas comunidades chiapanecas”, en Horacio Cerutti Guldberg y Carlos Mondragón González (coordinadores),  Religión y política en América Latina: La utopía como espacio de resistencia social , UNAM-CCyDEL, México, 2006, p. 99.


   [1] (2008:103-113).
   [2] Al respecto ver Carlos Martínez García, “Indígenas deuterocanónicos”,  La Jornada , 7/XII/2006, p. 27.
   [3] En el proceso de forjar su identidad los indígenas que migraron a la Selva chiapaneca hablan de cuatro caminos. “1.  Sc’opte Dios  (la Palabra de Dios), es decir, la concientización nacida de la evangelización llevada a cabo en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas a partir de la década de los sesenta; 2. la organización, es decir, el alto grado de estructuración sociopolítica alcanzado gracias a la asesoría de la misma diócesis y de varios movimientos de izquierda desde la década de los setenta; 3. el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), es decir, la vía de las armas promovida por los guerrilleros de las Fuerzas de Liberación Nacional a partir de los ochenta; 4.  Slop  (La Raíz), es decir, la propia identidad étnica preservada por los pueblos indios a pesar de casi cinco siglos de opresión ejercida por los kaxlanes: españoles primero, mexicanos mestizos después (De Vos, 1997:90).
   [4] Sobre el tópico me ocupo en  Poligénesis del cristianismo evangélico en Chiapas .
   [5] Un ejemplo reciente es el de Serna Moreno (2006:99), quien escribe: “La evangelización protestante de los indígenas de Chiapas corrió inicialmente a cargo de misioneros norteamericanos y se remonta al año de 1938…”.
   [6] Es muy útil al respecto el trabajo de Gaspar Morquecho (2004).

Autores: Carlos Martínez García
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¿Se vende la Catedral de Cristal?

Publicado: septiembre 19, 2011 en Iglesia, Misión Integral

Juan Francisco Martínez

¿Se vende la Catedral de Cristal?

Esta situación me hace llorar por muchas razones.

 

Desde que la Catedral de Cristal tuvo que declararse en bancarrota el año pasado, ha habido mucha especulación sobre cuál será el futuro del edificio.  En el momento actual existen dos o tres compradores serios, incluyendo la diócesis católica y una universidad local. Pese a ello todavía hay algunos miembros de la iglesia que están seguros de que podrán conseguir 50 millones de dólares para poder pagar a todos los acreedores.  Sin embargo, todo pareciera indicar que el edificio se tendrá que vender para saldar las deudas acumuladas.

 La Catedral siempre ha suscitado opiniones encontradas entre el pueblo evangélico estadounidense . Para los miembros de la iglesia y para los que seguían el programa  Hour of Power , del Dr. Robert Schuller, la catedral representaba la bendición divina. Ellos veían en esta construcción un camino lleno de posibilidades, de logros y una presencia pública importante.

Sin embargo,  fuimos muchos los que cuestionamos la sabiduría que podía estar detrás de utilizar $18 millones (en la década de 1970) para construir un edificio de lujo en un terreno de lujo . Algunos hicieron preguntas al respecto desde la perspectiva de la mayordomía, y otros desde la misión. También se manifestaron aquellos que se preguntaban si era factible que una congregación mantuviera ese tipo de infra-estructura.

Pero era la época de apogeo de las mega-iglesias y todo parecía ir viento en popa. La iglesia siguió ampliando sus ministerios y tuvo sus momentos de gloria. Siguiendo su ejemplo se establecieron muchas otras mega-iglesias, aunque ninguna con un nivel equiparable de lujo. Las mega-iglesias llegaron a verse como modelos para ministerio y misión.

Para cuando llega la década de 1990, el secreto, conocido a voces, era que varias mega-iglesias estaban quedando en la bancarrota. No era tan fácil mantener edificios y ministerios grandes; y cuando una iglesia se hacía tan grande, era difícil también discipular a los miembros. La Catedral de Cristal no fue la primera mega-iglesia que se topó con la dificultad de sostener este modelo eclesial.

 Tres décadas más tarde la Catedral, y la familia Schuller, se encuentran en una situación complicada. La congregación de habla inglesa sigue decreciendo, mientras que el ministerio en español bajo el liderazgo de Dante Gebel ya casi llena el edificio .

Algunos anticipan que pronto se establecerá un segundo culto en español los domingos. Mientras, en la de habla inglesa se produjo un desacuerdo público entre Schuller padre e hijo, y el padre quitó al hijo del liderazgo. A esto se añade que ha habido luchas internas entre la familia y la directiva de la iglesia.

 Esta situación me hace llorar por muchas razones .

Sentí dolor cuando estuve recientemente en una reunión con el Dr. Schuller. En vez de terminar su ministerio público en bendición, está viendo caer lo que él levantó. Lloro por las burlas que se escuchan entre los no creyentes. Lloro por aquellos que dieron tanto en el pasado y que lo están viendo desaparecer en el presente. Lloro por la creciente congregación de habla hispana que nada tuvo que ver con la situación, pero que posiblemente perderá su edificio. Y lloro por mis hermanos que siguen determinados a seguir con un modelo de ministerio que claramente no está respondiendo a su contexto.

Aunque la iglesia pudiera recaudar los $50 millones que debe, parece obvio que no podrían mantener el edificio y los ministerios a largo plazo. Y habría que hacerse la misma pregunta de hace tres décadas: ¿será éste el mejor uso del $50 millones a favor del reino?

 Como latino también me doy cuenta que la odisea de la Catedral de Cristal es un reflejo de los cambios que están ocurriendo en tantas iglesias en Los Ángeles hoy.

Hubo muchas congregaciones durante las décadas de 1950 a 1970 que construyeron grandes edificios, muchos de ellos mini-catedrales. Hoy muchos de esos edificios están vacíos o casi vacíos. Las denominaciones históricas que los construyeron están decreciendo rápidamente. En este momento están creciendo las iglesias evangélicas y las congregaciones entre latinos y asiáticos.  Un número creciente de iglesias latinas están utilizando esos edificios mientras que las de la cultura mayoritaria tienden a desaparecer. Pero algunas de las iglesias que están creciendo quieren imitar los modelos de esas congregaciones que ahora están en crisis.

Claramente estamos en otro momento histórico en la vida de la iglesia en Los Ángeles. La población está cambiando y los latinos representamos el crecimiento actual de la iglesia. Sin embargo,  espero que podamos aprender de lo que está pasando con la generación de la iglesia que tuvo su momento de “éxito” hace poco tiempo. Cuando las barbas de tu vecino veas recortar…

Autores: Juan Francisco Martínez
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Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XXXVII)
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5.

 

¿Te da miedo ser manso?Es verdad que este concepto “manso” no tiene por qué ser aplicado de una manera directa a los pobres de la tierra. Creo, sin embargo, que hay más mansedumbre entre los pobres que entre los ricos y poderosos del mundo, aunque,  en este artículo, el concepto “manso” lo quiero aplicar, de forma especial, a todos aquellos que, en vez de preocuparse de acumular, de aumentar sus cuentas corrientes, del poder y del lujo, se preocupan, como buenos samaritanos, de aquellos que se quedan tirados y apaleados al lado del camino.

¿Por qué quiero hacer esta aplicación? Porque el concepto “manso”, siendo un concepto poco usado en la Biblia, se aplica a Jesús, al experto en sufrimiento o experimentado en quebranto, al que amó y se preocupó de los débiles de la tierra, de los pobres y de los oprimidos. Jesús, quien nos dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso…”. También se le aplica este concepto, cuando en la entrada triunfal de Jerusalén, el Evangelista Mateo repite lo dicho por el profeta: “He aquí, tu Rey viene a ti, manso…”.

Por tanto,  para comentar el concepto de mansedumbre y a quién lo podemos aplicar, debemos recurrir al modelo que para los cristianos es Jesús . Hemos de recurrir al Maestro que nos dio ejemplo con su vida, con sus hechos, con su forma de moverse entre los hombres.

Hoy el concepto de mansedumbre puede asustar.  Hoy nadie parece admirar a los mansos. Se admira a los triunfadores, aunque éstos hayan ejercido violencia, aunque hayan montado sus fortunas pisando el pecho y la dignidad de los pobres.  Hoy se admira a todos aquellos que su fortaleza consiste en montarse sobre el oro del dios Mamón, el dios de las riquezas o del poder. Yo creo que hoy, sólo Jesús y el remanente fiel de sus seguidores, se atreverían a decir: “Bienaventurados los mansos”.

Pues bien: yo quiero aplicar este concepto a todos aquellos que, con mansedumbre, encuentran la fuerza suficiente para enfrentarse a las estructuras injustas de este mundo, el valor para decir no al escándalo que supone la pobreza en el mundo, la decisión de analizar las causas de la pobreza y de oponerse a las desiguales e injustas redistribuciones de los bienes del planeta tierra, a los que sufren viendo a los niños morir de hambre y no se pueden callar, a los que tienen el impulso de gritar contra todos aquellos ladrones y robadores de la dignidad de tantos coetáneos nuestros.

 Estos son los valientes del mundo que combinan su valentía con la mansedumbre que caracterizó a Jesús.  Jesús, hombre manso, que criticó todo tipo de mal de una manera clara y sin rodeos; Jesús, hombre manso, que denunció la acumulación desmedida de los ricos; Jesús, hombre manso que critica la hipocresía de los religiosos de su época; Jesús, hombre manso, que cambia el discurso de los religiosos introduciendo la preocupación por los pobres y les dedica a ellos, de forma específica, su Evangelio; Jesús, hombre manso que es capaz de volcar las mesas de los cambistas y denunciar el hecho terrible de que la casa de Dios se convierta en cueva de ladrones… Tampoco el mundo debe ser una cueva de ladrones.

En los mansos de la tierra que siguen el ejemplo de Jesús, se une la fortaleza con la mansedumbre. Estos mansos de la tierra, que sin duda también los hay hoy, son aquellos que pueden defender a los pobres y a la justicia misma, sin hacer violencia, sin agarrar las armas, sin proclamar revoluciones violentas, sin matar, sin herir ni mutilar a nadie. Los mansos, en su fuerza interior, son también, siguiendo el ejemplo del hombre manso por excelencia, pacificadores.

Se imponen con la dulzura de la razón, la dulzura del justo, del humilde, del buen prójimo. Los mansos pueden atacar la injusticia del mundo sin necesitar las armas diabólicas. Los mansos son impulsados de una misericordia que les lanza de forma imparable a la conquista de la tierra, pero no la conquista de la tierra para ellos, no la acumulación de las tierras como lo hacen los avaros del mundo o los que justifican sus acumulaciones apoyándose en las leyes humanas, diciendo que es su propiedad privada y que la han ganado con su esfuerzo para disfrutarla solamente él y sus descendientes familiares. No.

 Los mansos podrán ir conquistando la tierra para que ésta sea de todos, para que todos puedan disfrutar de los bienes que Dios ha puesto en este planeta, bienes que no son solamente para unos pocos.  ¡Señor, que los mansos que siguen tus pisadas puedan heredar la tierra! Sabemos que heredarán la tierra de la promesa, pero también te pedimos que tú entregues la tierra en manos de los mansos y humildes de corazón como lo fuiste tú. ¡Señor, que los mansos vayan conquistando la tierra y poseyéndola, arrancándola así de las manos injustas y manchadas de sangre! No queremos que la tierra sea poseída por los que se olvidan de los pobres y sufrientes del mundo. Por los egoístas y ladrones de haciendas y de dignidades.

 Los mansos son más fuertes, más incansables, más duros y con unos objetivos más claros que los violentos.  Los violentos destruyen, empobrecen la tierra, aniquilan, roban, ponen la escasez del pobre en sus mesas… los mansos son los que construyen, los que van edificando la justicia en el mundo. ¡Señor, danos auténticos mansos y humildes que tengan la fuerza y valor que tú tuviste!… aunque se tenga que pasar por nuevas crucifixiones de los mansos del mundo.

Autores: Juan Simarro Fernández

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César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (18)
Historia de la práctica de las indulgenciasVimos la pasada semana que Alberto de Brandeburgo necesitaba una dispensa papal para disfrutar de los beneficios de su privilegiada posición eclesiástica en Alemania.
El papa exigió a Alberto, nombrado arzobispo de Maguncia y Primado de Alemania, la suma astronómica de 24.000 ducados, una cifra fabulosa imposible de entregar al contado.Como una manera de ayudarle a cubrirla,  el papa ofreció a Alberto la concesión del permiso para la predicación de las indulgencias en sus territorios.

Referíamos la pasada semana que para comprender lo que implicaba la venta de indulgencias hay que situarse en la mentalidad de la Europa del Bajo Medievo.

De entrada, el significado de las indulgencias no era, ni lejanamente, el mismo que el que pueda tener actualmente para un católico posterior al Vaticano II y, a decir verdad, tampoco tenía el mismo sentido que para los cristianos de los siglos anteriores a Lutero.

 En la iglesia primitiva, la caída en pecado se traducía en la separación de la comunidad. Ya Jesús había señalado que ésa era una práctica comunitaria que era antecedida por una serie de amonestaciones y de oportunidades para abandonar el pecado ( Mateo 18:15-22 ). Esa práctica de disciplina comunitaria la encontramos también en los escritos paulinos donde es el conjunto de la congregación el que procede a separar al pecador que se niega a arrepentirse ( I Corintios 5:1-13 ) y también, operado el arrepentimiento, quien vuelve a reintegrarlo ( II Corintios 2:5-11 ). Tanto en los pasajes de los Evangelios como en los de las epístolas resulta obvio que la finalidad de la disciplina ejercida por la comunidad de los fieles no es tanto castigar o sancionar al pecador como llevarlo al cambio de vida y al abandono de su pecado.

Esta práctica fue modificándose y ya en  el s. II , la reintegración en el seno de la iglesia obligaba a una confesión pública del pecado –una práctica que fue cayendo en desuso para evitar el escándalo de los fieles– y, sobre todo, un auténtico arrepentimiento.

 En el s. III, ya encontramos referencias al hecho de que esa confesión pública y ese arrepentimiento debía ir acompañado de ciertas “satisfacciones”. La forma variaba y fue incluyendo con el paso del tiempo las limosnas, los ayunos y –bien significativo– la manumisión de esclavos. Esas acciones las seguía imponiendo la comunidad y, sobre todo, mantenían la pretensión de lograr el bien espiritual del pecador. Precisamente, en el deseo de alcanzar el mayor bien para el penitente, fue extendiéndose la idea de dulcificar la satisfacción atendiendo a su arrepentimiento y a sus circunstancias personales. Esa mitigación fue el inicio de lo que sería conocido como indulgencias.

 El sistema iba a ir experimentando notables variaciones con el paso del tiempo. La confesión pública –que, como ya hemos dicho, podía resultar de contenido delicado– fue siendo sustituida por una privada ya no ante la comunidad sino ante el sacerdote. Sobre éste recayó, de manera lógica, la satisfacción que debía imponerse a cada pecador, y, en un intento de unificar de manera justa la doctrina aplicable, comenzaron a publicarse catálogos de pecados con referencias a las circunstancias personales del pecador.

 A partir del s. VII, se fue extendiendo un sistema de penitencias conmutativas en virtud del cual una peregrinación o un donativo podía sustituir a la satisfacción. El modo no experimentó la misma aceptación en todo Occidente, pero, por ejemplo, en Alemania sí gozó de mucho predicamento ya que el derecho germánico estaba habituado a la idea de conmutar penas por el pago de una cantidad. También resultaba común que un sustituto –que podía ser un sirviente o un subordinado- recibiera sobre si la pena que debía satisfacer el penitente.

 En el año 1030, algunos obispos franceses lanzaron la idea de prometer una remisión parcial de la pena en recompensa por alguna obra que tuviera un carácter especialmente piadoso.  Al cabo de unas décadas, semejante concepción se había extendido hasta el punto de que fue acogida por la Santa Sede que en 1063 proclamó la remisión total de los pecados a cambio de la buena obra que era luchar contra el islam. En 1187, el papa Gregorio VII permitió incluso que la indulgencia plenaria fuera recibida por aquel que no iba a la guerra, pero podía costear un soldado que lo sustituyera. De manera bien significativa –e inquietante– la indulgencia comenzaba ya a relacionarse con el dinero.

Cuando concluyeron las cruzadas, distintos pontífices pensaron en la posibilidad de encontrar un sustituto que pudiera, a la vez, atraer al pueblo y resultar interesante desde una perspectiva económica. Así, el papa Bonifacio VIII estableció la indulgencia del jubileo que prometía una remisión completa de la pena a todos los que visitasen las tumbas de los Apóstoles en Roma una vez al día, durante quince días, durante el año jubilar de 1300. Inicialmente, el año jubilar debía ser cada cien años, pero los papas no tardaron en reducir el intervalo entre un año y el siguiente. En 1343, Clemente VI lo disminuyó a cincuenta años y en 1389, Urbano VI lo pasó a treinta y tres.

 Durante el s. XV, se fueron introduciendo nuevos cambios. Si Pablo II redujo el plazo para el año jubilar a tan sólo veinticinco años,  los papas fueron asumiendo un poder general para garantizar absoluciones plenarias en cualquier momento y con cualquier finalidad.  Así, en menos de un milenio, el derecho a conmutar una satisfacción – que contaba con elementos razonables – había pasado de la congregación a los sacerdotes y de éstos a los obispos y, finalmente, al papa. En esa evolución además lo que, originalmente, era tan sólo una conducta espiritual se había transformado en un negocio santo –  sacrum negotium  – sin que semejante denominación provocara ninguna reticencia. A pesar de todo, el ciclo no estaba cerrado.

Las indulgencias a las que nos hemos referido tenían una desventaja y es que estaban asociadas a épocas concretas. En 1294, comenzó la publicación de bulas confesionales que capacitaban al poseedor para obtener la absolución plena de cualquier sacerdote a elección del penitente, una vez en la vida e “in articulo mortis” todas las veces que se encontrara en peligro. La garantía de salvación era completa y ahora la evolución culminó cuando, por semejante merced, se estableció un precio, aunque también podían otorgarse como un favor especial.

La idea de las indulgencias no tardó en hacerse popular y muy pronto quedó entrelazada con la creencia en el Purgatorio. A pesar de que se trataba de un dogma reciente, para el hombre de finales de la Edad Media, la realidad del Purgatorio era indiscutible y además cercana. A decir verdad, no existía mucho temor hacia el infierno – reservado supuestamente para gente especialmente mala – pero sí hacia el purgatorio. Creía que si era absuelto por el sacerdote tenía garantizada la entrada en el cielo. No obstante, ese mismo hombre tenía que cargar con todas las consecuencias y castigos por sus pecados – conocidos o desconocidos – antes de entrar en el cielo donde sólo se permitía el paso a los ya purificados. No sorprende que ante ese panorama, muchos fieles desearan que las indulgencias se aplicaran a familiares ya difuntos que estaban supuestamente sufriendo las penas temporales del Purgatorio.

 La actitud inicial de los papas –a fin de cuentas, no pocas veces expertos en derecho– fue la de negarse a aplicar las indulgencias a los muertos. Sin embargo, en 1476, Sixto IV acabó estableciendo una indulgencia para los difuntos. El éxito de la medida fue espectacular –como los beneficios económicos derivados de ella– y en breve se fueron añadiendo nuevos atractivos. Así, el comprador de la bula de indulgencia tenía garantizada una bula de confesión, otra de “mantequilla” –que le permitía comer mantequilla, huevos, queso y leche en días de ayuno-, el derecho a sustituir las buenas obras por promesas, el derecho a aumentar su capital espiritual por transferencia de una parte del crédito del tesoro de los méritos y, finalmente, el permiso para utilizar los bienes adquiridos fuera de la ley si su dueño legítimo no era encontrado.

 Toda esta visión a su vez estaba relacionada con desarrollos dogmáticos que habían tenido lugar durante la Edad Media, pero que fueron desconocidos a los cristianos de, al menos, los primeros mil años de Historia del cristianismo. El primero era el concepto del tesoro de méritos. En el s. XIII, Alejandro de Hales y Hugo de St.Cher apuntaron a la existencia de un capital celestial procedente de los méritos excedentes que procedían de Cristo y de las buenas obras de los santos que no los habían necesitado para salvarse. Semejante tesoro de méritos implicaba un capital espiritual que era accesible a los fieles mediante entrega específica del papa. Así, una indulgencia plenaria transfería los méritos suficientes para librar de todas las penas en la tierra y en el purgatorio.

Una indulgencia parcial, por su parte, podía librar del purgatorio por espacios de tiempo que iban de unos días a un milenio. Semejante indulgencia –que confería un poder extraordinario al papa– tenía en no pocos casos una contraprestación económica que sobrepasaba la información sobre las cualificaciones teológicas que pudieran existir. No iba a ser el único desarrollo relacionado con el perdón de los pecados.

 Continuará: La Reforma indispensable (19): Lutero y la penitencia como sacramento

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (17)
Lutero y la práctica de las indulgencias
Se ha señalado que fue el 31 de octubre de 1517 Lutero fijó las 95 tesis sobre las indulgencias.

 

Lo hizo en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg y  en buen número de casos se afirma que fue como un desafío dirigido contra la iglesia católica. Semejante versión es insostenible históricamente.

En realidad,  Lutero actuaba impulsado por preocupación pastoral y la raíz del problema no se hallaba en él –que distaba mucho de desear una ruptura- sino en las prácticas económicas de ciertas jerarquías eclesiásticas  sin excluir al papa.

 ALBERTO DE BRANDEBURGO
En 1513, el príncipe Alberto de Brandeburgo, de tan sólo veintitrés años de edad, se convirtió en arzobispo de Magdeburgo y administrador de la diócesis de Halberstadt. Al año siguiente, obtuvo el arzobispado de Maguncia y el primado de Alemania.

Es más que dudoso que Alberto contara con la capacidad suficiente como para atender de la manera debida a esas obligaciones pastorales y, por si fuera poco, la acumulación de obispados era de dudosa legalidad.

Sin embargo,  en aquella época, los cargos episcopales no sólo implicaban las lógicas obligaciones pastorales sino que llevaban anejos unos beneficios políticos y económicos extraordinarios  hasta tal punto que buen número de ellos eran cubiertos por miembros de la nobleza que contaban así con bienes y poder más que suficientes para competir con otros títulos.

El arzobispado de Maguncia era uno de los puestos más ambicionados no sólo por las rentas inherentes al mismo sino también porque permitía participar en la elección del emperador de Alemania, un privilegio limitado a un número muy reducido de personas, y susceptible de convertir a su detentador en receptor de abundantes sobornos.

Al acceder a esta sede, Alberto de Brandeburgo ya acumulaba, sin embargo, una extraordinaria cantidad de beneficios y por ello se le hacía necesaria una dispensa papal, dispensa que el papa estaba dispuesto a conceder a cambio del abono de una cantidad proporcional al favor concedido. En este caso exigió de Alberto la suma de 24.000 ducados, una cifra fabulosa imposible de entregar al contado.

Como una manera de ayudarle a cubrirla,  el papa ofreció a Alberto la concesión del permiso para la predicación de las indulgencias en sus territorios. De esta acción todavía iban a lucrarse más personas.  Por un lado, por supuesto, Alberto lograría pagar al papa la dispensa para ocupar su codiciado arzobispado, pero además la banca de los Fugger recibiría dinero a cambio de adelantar parte de los futuros ingresos de la venta de las indulgencias, el emperador Maximiliano obtendría parte de los derechos y, sobre todo, el papa se embolsaría el cincuenta por cien de la recaudación que pensaba destinar a concluir la construcción de la basílica de san Pedro en Roma. El negocio era notable e indiscutible y la solución arbitrada satisfacía, sin duda, a todas las partes. Cuestión bien diferente era la mentalidad que se hallaba por debajo de aquella práctica.

 Para comprender lo que implicaba la venta de indulgencias hay que situarse en la mentalidad de la Europa del Bajo Medievo.

Autores: César Vidal Manzanares

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