Archivos de la categoría ‘Iglesia’


César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (22)
Reacción a las 95 tesis de Lutero
Las Tesis de Lutero no eran ni un texto revolucionario, ni irrespetuoso.
Por añadidura, daban por supuesta la existencia del purgatorio, un dogma definido a inicios del s. XIII, y no cuestionaban en nada la autoridad del papa.Para remate,  no pasaban de ser un escrito académico impulsado por razones de carácter pastoral. Sin embargo, la reacción que provocaron fue extraordinaria.

Las tesis de Lutero fueron inmediatamente impresas y traducidas al alemán. Al cabo de unas semanas, habían experimentado varias reediciones y se habían difundido por toda Alemania. Sin embargo, en ese proceso nada tuvo que ver el agustino.

En marzo de 1518, Lutero, tras examinar sus tesis impresas y traducidas, manifestó su pesar a Christopher Scheuerl, un amigo de Nuremberg. De haber sabido la difusión de que iban a disfrutar, señaló, las hubiera redactado de una manera más precisa. Lo cierto era que las había redactado para iniciar un debate sobre el tema, pero nadie había respondido a la invitación y, por añadidura, la cuestión se había difundido por toda Alemania.  Ante una situación como ésa, Lutero consideró que lo mejor que podía hacer era escribir una explicación de sus tesis.

El texto –conocido como  Resoluciones – fue enviado al obispo de Brandeburgo con una explicación sobre sus intenciones iniciales de provocar un debate público y sobre la manera en que todo se había desviado de esa intención inicial. Lutero continuaba insistiendo en que se discutiera públicamente la cuestión, pero también  manifestaba que no había tenido la menor intención de actuar impertinentemente y que sometía “todo al juicio de la santa iglesia”.

Incluso suplicaba que echara mano de la pluma y suprimiera lo que considerara oportuno. Lutero, lejos de ser un rebelde, era, según propia confesión, una persona tan sometida al pontífice que habría estado dispuesto a “asesinar – o al menos habría estado encantado de ver y ayudar a que se perpetrara el asesinato – a todos aquellos que no fueran obedientes y sumisos al papa, con que sólo me lo hubiera sugerido”. Cuando se tiene todo esto en cuenta, llama la atención ver hasta qué punto la crisis podía haber concluido incluso antes de comenzar.

 Si en ese preciso momento no vio su final un proceso apenas iniciado, se debió a aquellos que llegaron a la conclusión de que sus intereses estaban amenazados. El primero fue –y resulta lógico– uno de los principales beneficiarios de la predicación de las indulgencias, es decir, Alberto de Maguncia. De manera inmediata, envió documentos a Roma con la petición de que se silenciara a Lutero. La respuesta –dada por otra de las partes especialmente beneficiadas en la predicación de las indulgencias– resultó positiva y no debería sorprender que así fuera. Así, en febrero de 1518, se entregaron órdenes en ese sentido a Gabriel Della Volta, promagistrado de la orden de los agustinos. De manera lógica, el mandato fue transmitido a Staupitz.

 Sin embargo, la reacción más virulenta no procedió de la jerarquía alemana ni de Roma sino de la orden que se veía especialmente beneficiada por la predicación de las indulgencias.

En buena medida, la conducta de los dominicos era previsible y no sólo porque fueran los encargados de anunciar la indulgencia sino porque ya desde hacía siglos eran los campeones de la ortodoxia y del absolutismo papal. Llegado el caso, no puede sorprender que optaran por defender al papa de lo que consideraban ataques peligrosos en lugar de escuchar para ver si había algo de verdad en las críticas formuladas.

Con seguridad la suya no fue la mejor opción, pero era coherente con una trayectoria secular. Así, en el capítulo sajón de los dominicos celebrado en enero de 1518 en Frankfurt del Oder, Wimpina y Tetzel propusieron una serie de contratesis y formalmente acusaron a Lutero de ser sospechoso de herejía.

A estas alturas, resulta obvio que  Tetzel podía condenar a Lutero, pero ni lejanamente se acercaba a refutarlo. No sólo eso. Incluso acentuó algunos de los disparates que había predicado con anterioridad.

Si previamente Tetzel había anunciado que “tan pronto como la moneda suena en el cofre, el alma sale volando del purgatorio”, ahora indicó que la indulgencia era tan eficaz que la liberación del alma que padecía tormento tenía lugar “antes” de que llegara a sonar la moneda.

En un arrebato de entusiasmo, Tetzel llegó a afirmar que la indulgencia podía absolver incluso a alguien que hubiera violado a la Virgen María. Seguramente, semejantes comentarios buscaban, en primer lugar, respaldar al papa, pero, con la distancia del tiempo, cabe preguntarse si un apoyo tan cerrado verdaderamente ayudaba a la institución a la que pretendía defender.

 Por lo que a Lutero se refiere , resulta más que dudoso. De entrada, el agustino interpretó –y no se le puede culpar por ello- que había personajes dispuestos a todo con el único propósito de defender al papado, tuviera o no razón, y para ello recurrirían al exceso y a la calumnia. Por añadidura,  aquella defensa resultaba tan cerrada y sin concesiones que le impulsó a examinar todo el edificio del papado en términos de análisis bíblico e histórico.

 Continuará: El giro del “caso Lutero”

Autores: César Vidal Manzanares

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Carlos Martínez García

Manuel Aguas, el Lutero de México (y III)

Manuel Aguas: de sacerdote católico a precursor del protestantismo en México. La ruptura de 1871. Tercera y última parte.

 

 La carta de Manual Aguas a su ex superior en la orden de los dominicos, “fue el primer documento sobre la conversión de un sacerdote conocido al protestantismo y además [llamó poderosamente la atención] por la forma de folleto evangelístico en que está escrito” . [i]  Las críticas al deslinde con su anterior identidad religiosa y nuevo compromiso con el protestantismo por parte de Aguas, motivaron respuestas de las autoridades eclesiásticas católicas y de antiguos correligionarios.

De forma anónima un cura católico romano señala que por la lectura del documento en que Aguas refiere su conversión al cristianismo evangélico, se desprende que los folletos protestantes por él leídos, “y que con tanta profusión se han repartido para seducir incautos e ignorantes”, afectaron el buen juicio del converso. También señala que la misiva redactada por Aguas no debió haberle costado mucho trabajo escribirla, porque “calculada como está sobre alguna de aquellas muestras que suelen salir de las Islas Británicas o del Norte de América cada vez que un fraile o clérigo se harta de la disciplina que suele ocurrir en las filas católicas”. [ii]

Desde el anonimato, el crítico de Aguas defiende la necesidad de que la Biblia leída por los católicos incluya notas doctrinales, a diferencia de la Biblia impulsada por los protestantes que carecía de esos comentarios. Argumenta sobre la necesidad de guías para que los feligreses católicos no fuesen engañados, por ello las notas en la Biblia son para proteger las conciencias de los débiles: “¿no veis que sirven de guía a los ignorantes?”. También hace decidida apología de la autoridad del Papa, la que había cuestionado claramente Aguas en su documento. El autor anónimo fue abundante en disquisiciones y sofismas, en los que “hizo gala de la latinajos y asuntos teológicos que poco se acercaban al meollo de la crítica que había hecho Aguas”. [iii]

 Otro crítico de Aguas fue uno de los líderes de los Padres Constitucionalistas, a quienes antes nos hemos referido. Juan N. Enríquez Orestes , sacerdote liberal que pugnó por la creación de una Iglesia católica nacional, es decir sin supeditación a Roma, entra al debate desatado por Manuel Aguas con un escrito en el que mantiene distancia con la Iglesia católica romana pero, al mismo tiempo, manifiesta escepticismo respecto de unirse al protestantismo. [iv]

Enríquez Orestes afirma que él no servía a católicos ni a protestantes. Consideraba que la manifestación pública de Aguas sobre renunciar al catolicismo para adherirse a la fe protestante, era resultado de las garantías legales hechas posibles por Benito Juárez y los liberales que dieron la lucha contra el conservadurismo mexicano. Consideraba que las leyes juaristas en lugar de perjudicar a la Iglesia católica la beneficiaban, porque así se mantenían dentro de sus filas los verdaderos católicos y no quienes solamente simulaban seguirla.

 Las autoridades eclesiásticas católicas reaccionan a las pocas semanas en que comienza a difundirse la carta de Manuel Aguas.  El 21 de junio de 1871 se hace pública la  Sentencia pronunciada en el Tribunal Eclesiástico contra el religioso fray Manuel Aguas . En ella se le acusa de “crimen de plena apostasía, así del sacerdocio y de los votos monásticos como de la fe católica, y por el gravísimo escándalo con que de palabra y por escrito ha propagado sus herejías, tanto por medio de la carta dirigida a su provincial. M. R. P. fray Nicolás Arias, que después publicó y repartió, en que se declara absolutamente adicto a los errores del protestantismo, como por medio de la enseñanza que por sí mismo emprendió de esos mismos errores en el templo que ha sido del Convento de San José de Gracia de esta capital […]”.

El documento es breve pero saturado de estigmatizaciones contra Aguas. Además de apóstata, hereje y errático la  Sentencia  lo considera cismático, contumaz, obstinado, extraviado, criminal, ofensor, inmoral, en ruina espiritual, destructor, heterodoxo, irrespetuoso, desobediente, temerario, pernicioso, rebelde y falto de gratitud a la Iglesia católica.

 La  Sentencia cita distintos cánones y disposiciones eclesiásticas, especialmente las del Concilio de Trento. La pena impuesta es la de anatema y excomunión mayor  latae sententiae . El tribunal manifiesta que espera del sentenciado “un motivo de reflexión y arrepentimiento, que le haga volver al camino de la verdad, al seno de la Santa Iglesia y a los brazos paternales de Dios, que le aguarda lleno de misericordia. Comuníquese en debida forma esta sentencia al Ilmo. Sr. Arzobispo, y circúlese a todas las parroquias e iglesias de esta capital, con orden que se fijen copias autorizadas de ella en la sacristía y en la puerta principal de cada templo, por la parte interior, para conocimiento de todos”.

 La enjundiosa respuesta de Aguas a la excomunión no se hizo esperar demasiado tiempo . La dirige a la cabeza de la diócesis de México, Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos. Para empezar le niega a éste el título de arzobispo, y lo llama “señor obispo de la secta romana establecida en México”, porque “aquel título no existe en la Biblia”. [v]

El ex sacerdote le niega jurisdicción sobre él a las autoridades eclesiásticas católicas, tanto nacionales como a las de Roma (en particular a “vuestro superior, el llamado Pontífice”). Aguas hace tanto una apología de su identificación con los intereses nacionales de México, como señalamientos de que en la historia del país ha sido la Iglesia católica la institución enemiga de la libertad del país. En cuanto a su mexicanidad, Manuel Aguas manifiesta que
Llegado el caso, que quiera el Dios de las Naciones que nunca se verifique, de que la Nación Norteamericana se resolviera a anexionarse nuestro país y formalmente nos invadiera, los mexicanos, a pesar de los traidores, haríamos esfuerzos inauditos por conservar íntegro nuestro territorio. De los protestantes sé decir con verdad y certeza que ocuparíamos en la campaña el lugar que el Supremo Gobierno tuviera a bien señalarnos… Si los mexicanos logramos emanciparnos completamente de Roma, entonces libres ya de ese enorme peso que gravita sobre la conciencia, nos atreveremos a afirmar con toda certeza que ya no habría peligro de perder la patria, y que en conflicto dado, nuestra y sólo de nosotros será la victoria, porque ya no estaremos divididos y sólo existirá la unión, que da la fuerza y hace respirar a las naciones. [vi]

En lo tocante a la actuación histórica de la jerarquía de la Iglesia católica, Aguas hace eco a los argumentos de los liberales:
Todos los mexicanos de buena fe deben convencerse que la Iglesia Romana es y siempre ha sido y será antipatriótica y traidora. Recuérdese la indolencia con que vio esa iglesia la invasión norteamericana en el año 1847: siendo entonces inmensamente rica, se negó a auxiliar al gobierno que pedía recursos para conservar la independencia nacional… En el año de 1810, el denodado anciano de Dolores dio el glorioso grito de libertad e independencia. ¿Quién fue entonces su más encarnizado enemigo, quién lo maldijo, quién lo declaró hereje, quién lo excomulgó, quién se unió íntimamente con los opresores de España para odiar y perseguir a muerte a nuestros padres, a esa raza de héroes que nos han dada la patria? La traidora, la herética Iglesia Romana. [vii]

 


   [i] Daniel Kirk Crane,  Op. cit ., p. 98.
   [ii]   Un sacerdote católico. Refutación de los errores contenidos en una carta que el presbítero Manuel Aguas ha publicado al abrazar el protestantismo , Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1871, en Daniel Kirk Crane,  Op. cit ., p. 100.
   [iii]  Ricardo Pérez Montfort, “Nacionalismo, clero y religión durante la era de Juárez”, en Laura Espejel López y Rubén Ruiz Guerra (coordinadores),  El protestantismo en México (1850-1940). La Iglesia Metodista Episcopal , Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1995, p. 71.
   [iv]  Juan N. Enríquez Orestes,  Juicio sobre la carta y conversión del P. Aguas , México, 1871, cita de Ricardo Pérez Montfort,  Op. cit. , p. 71.
   [v]   Contestación que el presbítero Don Manuel Aguas da a la excomunión que en su contra ha fulminado el Sr. Obispo Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos , Imprenta de V. G. Torres, México, 1871, citado por Ricardo Pérez Montfort,  Op. cit. , p. 69.
   [vi]  Ricardo Pérez Montfort,  Op. cit ., p. 70.
   [vii]   Ibid ., pp. 70-71.

Autores: Carlos Martínez García
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Juan Stam
Por Juan Stam
Muchos evangélicos — probablemente la mayoría, por lo menos en los EUA — defienden desde la Biblia al actual estado israelí. Por los mismos argumentos, rechazan los reclamos palestinos de una parte del territorio que antes ocupaban. Estos evangélicos ven la formación del estado israelí como un evidente cumplimiento profético, maravilloso e impactante, y hasta una prueba de la veracidad de la Biblia. Es, para ellos, también una señal de la pronta venida de Cristo. En esa teología sionista-evangélica, «Israel es el reloj de Dios».
En cuanto a este tema, hay algo que me sorprende mucho: ningún pasaje del Nuevo Testamento enseña tal cosa. Jesús profetizó la destrucción de la ciudad de Jerusalén por los romanos (Mr 13; Lc 21; Mt 24), pero no procedió a anunciar la reconstrucción de esa ciudad, mucho menos el establecimiento de un futuro estado israelí. Según la versión en San Lucas, después de su destrucción «los gentiles pisotearán a Jerusalén, hasta que se cumplan los tiempos señalados para ellos» (Lc 21:24), A eso sigue, en los tres evangelios sinópticos, no un estado israelí sino el retorno de Cristo. Eso me parece muy significativo.

¿Cómo es posible que las escrituras hebreas (Antiguo Testamento) digan una cosa, y las escrituras cristianas (Nuevo Testamento) digan otra cosa? Quiero hacer unos comentarios al respecto, sin pretender agotar el tema y las evidencias al respecto.
Son numerosos los pasajes del AT que prometen tierra a Israel. A inicios de la historia de la salvación, Dios llama a Abraham a «la tierra que te mostraré» (Gén 12:1,7) para formar ahí un pueblo como una nación grande (12:2; 18:18).3 Los defensores evangélicos del sionismo citan una larga cadena de textos muy explícitos:

Yo te daré a ti [Abram] y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que abarca tu mirada… Ve y recorre el país a lo largo y lo ancho, porque a ti lo daré. (Gén 13:15,17; cf. 17:8; 48:3-4)
Tú les prometiste [a Abraham, Isaac y Jacob] que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna. (Ex 32:13)
Tal como le prometí a Moisés. yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies. Su territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates, territorio de los hititas, hasta el mar Mediterráneo, que se encuentra al oeste. (Jos 1:3-4; cf. Deut 11:24-25; cf. 34:4)
¿No fuiste tú quien les dio para siempre esta tierra a los descendientes de tu amigo Abraham? (2Cron 20:7; cf. Esd 9:12)
Cf. entre muchos otros textos Isa 34:17; Jer 7:7; 25:5; Ezq 37:25; Joel 3:20

Siendo tan enfática y tan repetitiva esta enseñanza de las escrituras hebreas. ¿cómo podemos explicar su ausencia en las escrituras cristianas, aun cuando Jesús profetiza la destrucción de Jerusalén? En los tiempos del NT, toda la tierra de Israel estaba ocupada por el imperio romano. Después de la caída de Roma, pasaron largos siglos, hasta el XX, sin existir ningún estado israelí sobre la faz de la tierra. Si la promesa fue «para siempre». ¿cómo pueden caber tales paréntesis de muchos siglos en una promesa supuestamente perpetua?
El requisito primero e indispensable para entender el AT es el de siempre interpretarlo en primer lugar dentro de su propio contexto y sólo después en el contexto del NT o del Siglo XXI. Eso debe aplicarse a la semántica de su lenguaje, la problemática a que responden sus afirmaciones, y el contexto de cada pasaje. Comencemos con un detalle importante en cuanto al idioma hebreo.
Aunque parezca extraño, el idioma hebreo no contiene la palabra «siempre» en su vocabulario, ni mucho menos la palabra «eterno».4 Para esa idea empleaba mayormente la frase «por los siglos» o «por los siglos de los siglos» o frases similares. La idea básica de «siglo» (yoLaM en hebreo) es «un tiempo largo», a menudo «pasado remoto» o «futuro remoto». Puede ser un período largo sin principio ni fin («el Dios sempiterno», Deut 33.27), pero también largo con principio (desde pasado remoto) o con fin (hasta un futuro remoto).5 La ocupación por Israel de Palestina tuvo un principio y puede tener un fin, en lo que al adjetivo «siempre» se refiere. Por eso, la palabra «siempre» o términos similares en las promesas de tierra no significan necesariamente que dicha promesa constituye un «título de propiedad» para el actual gobierno israelí.
Un pasaje revelador para este tema está en Jeremías 31:

Vienen días — afirma el Señor —
en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá.
No será un pacto como el que hice con sus antepasados…
ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo…
Así dice el Señor,
cuyo nombre es el Señor Todopoderoso,
quien estableció el sol para alumbrar el día,
y la luna y las estrellas para alumbrar la noche,
y agita el mar para que rujan sus olas:
Si alguna vez fallaran estas leyes
— dice el Señor —
entonces la descendencia de Israel
ya nunca más sería mi nación especial.
— Así dice el Señor —
Si se pudieran medir los cielos en lo alto
y en lo bajo explorar los cimientos de la tierra,
entonces yo rechazaría a la descendencia de Israel
por todo lo que ha hecho
— afirma el Señor –.
(Jer 31:31-32, 35-37)

Este pasaje interpreta proféticamente dos pactos divinos. La primera promesa, en prosa, anuncia un nuevo pacto de Dios con Israel, y específicamente con Judá. Éste nuevo pacto, de carácter ético-espiritual, reemplazará al viejo pacto, anulado por la desobediencia del pueblo (31:32). La segunda promesa, en verso, asegura, en los términos más enfáticos, la existencia «eterna» de la nación judía, co-extensiva con la duración del pacto de Dios con la creación (Gén 1:16; 9:8-13).1
La primera promesa, del nuevo pacto, se cumple muy explícitamente en la última cena del Señor, cuando declara, «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre… que es derramada por muchos para perdón de pecados» (1 Cor 11:25; Mat 26:28; Luc 22:20; Mat 26:28). Pero, ¡qué sorpresa!, Jeremías no hubiera reconocido este cumplimiento de su profecía. Aquí no hay nada del pueblo de Israel ni de la tribu de Judá, ni de escribir la ley en los corazones. Ahora el nuevo pacto tiene un contenido totalmente diferente. Es un pacto en la sangre derramada del Mesías, de lo que Jeremías no parece haber sabido nada. Es un pacto para la remisión de pecados, algo medular al sentido de la muerte de Jesús pero ausente en la promesa original de un nuevo pacto.
Es indispensable — ¡estrictamente obligatorio!, ¡urgentemente imperativo! — interpretar a cada pasaje del Antiguo Testamento en su contexto histórico, como mensaje profético a sus contemporáneos y no primeramente a nosotros. Jeremías, como los demás profetas en general, quiso comunicar a sus oyentes un mensaje de amonestación y esperanza, de denuncia y anuncio. Si Jeremías hubiera dicho, por revelación divina, «Dios hará un nuevo pacto a un nuevo pueblo, redimido por la sangre del Mesías, y ese pacto se celebrará en algo nuevo que va a llamarse ‘iglesia'», no hubiera comunicado a sus contemporáneos el mensaje que ardía como fuego en sus huesos.
Ni Jeremías ni ningún otro profeta hebreo tenían la menor idea de una «segunda venida» del Mesías, largo tiempo después de su primera venida, ni de una nueva comunidad que iba a llamarse «iglesia» que existiría entre la primera y la segunda venida. Si entendemos que la esencia de la profecía no era la predicción futurista sino la exhortación y exigencia, entenderemos también que anuncios de la futura existencia de la iglesia o de una segunda venida del Mesías más bien hubiera bloqueado seriamente la comunicación del mensaje. Eran verdades que en ese momento no hacían falta.
Básicamente lo mismo puede decirse de Jer 31:35-37. En primer lugar, debemos tomar en cuenta que estos versículos son una expresión poética, con alguna dosis de hipérbole, de la fidelidad de Yahvéh para con su pueblo.2 E igual que el nuevo pacto, Dios lo ha cumplido pero no como Jeremías lo entendía o lo esperaba. El NT describe la iglesia como nación santa, tesoro especial, pueblo de reyes y sacerdotes, y otras atribuciones del pueblo de Dios. San Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son los hijos de su fe, sean judíos o gentiles, y que los creyentes incircuncisos tienen la circuncisión del corazón. Con este nuevo «Israel de Dios» (Gál 6:16) el «Israel» se ha expandido y internacionalizado.
A San Pablo, como fiel judío hasta su muerte, le dolía profundamente la condición de su pueblo (Rom 9:2-5; 10:1). Apelando al concepto profético del «remanente», Pablo afirma que «Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció» (Rom 11:1-2) y que «luego todo Israel será salvo» (11:26). Así queda claro que Dios no ha abandonado a Israel, y que la nación judía sigue presente ante él. Pero una cosa es la nación y otra cosa es el estado. Durante la mayor parte del tiempo después de Jesús, Israel ha sido una nación pero no ha tenido un estado ni ha ocupado territorio. La promesa de Dios sigue fiel, pero en ningún pasaje del NT esa fidelidad de Dios incluye un estado político y un territorio geográfico, ni mucho menos un ejército armado hasta los dientes. Eso es impresionante porque en la época del NT Israel era colonia de Roma, y otros movimientos sí anunciaban la restitución de un gobierno judío independiente.
La actitud hacia el judaísmo en el NT parece ser ambivalente. Juan de Patmos, autor del Apocalipsis, era también judío de nacimiento, palestinense de origen, pero tenía otra actitud. Describe a los judíos de Esmirna y los de Filadelfia como «sinagoga de Satanás», aparentemente por su colaboración con el satánico imperio romano y por haber delatado a los cristianos ante las autoridades romanos. El mismo Jesús, en su polémica contra los poderosos líderes judíos, exclamó, «Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino» (Mat 21:43).
Conclusión:
Los cristianos/as debemos interpretar los textos del AT dentro de su propio contexto original y la semántica de su lenguaje (como p.ej. el término «siempre»), y después buscar su reinterpretación en el NT, a la luz de la venida del Mesías, su segunda venida y el nacimiento de la iglesia.`Bien analizado, ni el AT da base para un derecho divino de Israel a determinado territorio hoy, ni mucho menos la da el NT. Ese error sólo entorpece el análisis del problema entre los israelíes y los palestinos. Ese conflicto debe analizarse, como cualquier otro conflicto político, por los mismos factores históricos, sociales, económicos y éticos, en términos de justicia y promoción de la vida.

Notas:
1. De hecho, Dios quiere que todos tengan suficiente tierra para una vida digna. Apenas crea a Adán y le prepara una finquita.
2. Obviamente, cuando las palabras «siempre» o «eterno» aparecen en las traducciones, es interpretación del traductor. Tampoco se refiere el término al «siglo» como período de cien años.
3. Sólo en Éxodo se describe como «eterno» («siempre», perpetuo, Y oLaM) la vida de un esclavo (21:6; cf. Dt 15:17), las instrucciones para el aceite de la lámpara (27:21), la ofrenda elevada con el pecho para los sacerdotes (29:28) y la unción para el sacerdocio perpetuo (40:15), la tela para los calzoncillos del Sumo Sacerdote (28:42) y su deber de lavar sus manos y sus pies (30:21; para más ejemplos de Éxodo y de otros libros, búsquese bajo «estatuto perpetuo» en la Concordancia). Las doce piedras en el Jordán eran «un recuerdo permanente» para Israel (Jos 4:7) y el sacerdocio de los hijos de Elí, que Dios declaró «eterno», poco después fue invalidado por Dios mismo y la familia de Elí «condenada para siempre» (1 Sam 2:20; 3:13-14).
4. Básicamente, lo que hoy llamamos «leyes naturales» la Biblia considera «pactos de Dios con la creación»/ La diferencia es que un pacto tiene carácter personal y es condicional. El pacto con la creación también nos exige obediencia.
5. Según Rom 4:13, Dios le prometíó a Abraham que sería heredero del mundo (ho kosmos). La promesa similar en Sal 2:8 se interpretaba cristológicamente en el NT.

Sobre el autor: 
Juan Stam se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina .  Es Dr. en Teología por la Universidad de Basilea.  Docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Bíblico Iberoamericano del Apocalipsis de Editorial Kairós.

http://www.elblogdebernabe.com


Juan García Biedma
Iglesia católica y protestantes españolesMuy de acuerdo en que se de a conocer el problema (del protestantismo español) y se desarrollen actos de protesta por toda España para el próximo 31 de octubre.

 

Creo conocer como pocos la trayectoria de las iglesias cristianas evangélicas en España.

 Apuntar de manera muy general que para la Iglesia católica española siempre ha conformado una minoría tan exigua numéricamente e imprecisa confesionalmente, que no le ha prestado más atención que la que se debe con los “vecinos molestos”.

En efecto, la Iglesia católica en España, a través de su Comisión de Relaciones Interconfesionales (CERI), de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha mantenido diversas «relaciones» no siempre de hermandad, pues ha imperado en no pocas de ellas la prepotencia y arrogancia que ofrecen los números, que no la calidad, de fieles y su pretendido tono de superioridad ecuménica, frente a «comunidades eclesiales» alejadas de Roma, a las que ha considerado, salvo excepciones como la Iglesia Evangélica Española (IEE), la Iglesia Luterana en España o la Comunión Anglicana o IERE, como de escasa vocación ecuménica, y en la mayoría de los casos de antiecuménicas.

La CERI (Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española), bien a través de su director o algún asesor técnico, bien a través de sus obispos, miembros o presidente, se han dejado notar bien poco en los acontecimientos más importantes del protestantismo español, así como han limitado también la ayuda del “hermano mayor” a lo estrictamente protocolario.

 Que un servidor sepa, la Iglesia católica siempre ha mantenido relaciones “amistosas” y respetuosas con el resto de iglesias cristianas, pero sin ir más lejos de lo que unas relaciones interconfesionales sanas puedan demandar. En el caso español ha demandado acciones pastorales conjuntas; peticiones expresas de “perdón” por actos históricos lesivos por parte de la Iglesia católica dominante… Por ejemplo, la Iglesia católica en España ha desechado al resto de iglesias cristianas en la presencia de éstas en ámbitos como el ejército alegando su escasísimo personal militar confesional no católico (años atrás se utilizó los mismos argumentos para negar su presencia pastoral en cárceles y hospitales), ámbito en el que sigue manteniendo en exclusiva tanto la formación moral como la oferta religiosa y espiritual la Iglesia católica, con una presencia de categoría arzobispal, con suficiente dotación de personal militar y civil, medios, edificios y cuerpo sacerdotal, equiparado éste económica y militarmente a los Mandos de carrera militar.

 Pero no es mejor la visión que las diócesis españolas, sean éstas personales como territoriales, o instituciones y toda clase de organizaciones católicas españolas, tienen del amplio espectro de confesiones cristianas en España, considerando desde una supuesta supremacía a algunas de éstas como “sectas”, con todas las connotaciones peyorativas y negativas que el término adquiere en una sociedad abierta como la nuestra. Pongo por ejemplo a los Adventistas del Séptimo Día, o bien algunas comunidades pentecostales, que reciben el estigma del sectarismo por personas y/o entidades que se presentan como católicas romanas desde la arrogancia que nace de la creencia de ser árbitro o juez de las creencias y prácticas religiosas de grupos humanos, sin el menor atisbo de rubor ecuménico, sin la consideración cristiana y respeto humano debido a la aceptación de la pluralidad en la organización y creencias dentro del cristianismo, y a la negación teológica cristiana de la exclusividad o superioridad de una Iglesia histórica (como es el caso de la Iglesia católica de Roma), sobre el resto de iglesias cristianas.

 Calificaciones como la de “sectas” al “distinto” ofrece a los cristianos y a la sociedad en general una visión de intolerancia y prepotencia por parte de la Iglesia católica , que vela así su empeño ecuménico, contradice su ideal de servicio y coloca en tela de juicio su misma presencia pública.

 Entiendo bien las reclamaciones (ya históricas) de estas iglesias en España. Y no solamente comprendo su descontento ante lo inicuo de la situación actual, sino que comparto con todos los cristianos evangélicos españoles su deseo, por otra parte muy ejemplar y cristiano, de ser respetados , de ser debidamente atendidos en todos los ámbitos de la sociedad española, con independencia de su número, de ser tratados en igualdad y paridad con el resto confesional español,  pues les ampara primero la justicia histórica (unas iglesias que han vivido un largo período en la sombra, bajo el peso de un estado confesional católico, que les negaba e incluso perseguía), segundo el nuevo orden que los españoles consagramos en la Constitución de 1978 , en donde queda establecido la separación entre confesiones religiosas y Estado.

Este es el espíritu constitucional del artículo 16.3 de nuestra Constitución, al declarar que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. El hecho de ser citada, en dicho artículo, la Iglesia católica por su nombre y las demás confesiones de manera general, no indica en absoluto que la Católica tenga primacía, prebendas, prerrogativas o espacios pastorales en exclusiva en nuestro país, siendo así que si la Iglesia católica detentara alguno como propio, o bien disfrutara de mayores consideraciones por parte del Estado, la Constitución, su letra y espíritu, serían gravemente lesionados, por lo que se hace necesaria la revisión del citado artículo, como una nueva Ley de Libertad Religiosa que ponga fin a una situación de facto, camuflada de poder y favoritismo de una Iglesia frente al resto confesional español.

 De acuerdo entonces en que el próximo gobierno “aplique de una vez por todas las directrices de la Constitución” y las leyes que regulan el derecho a la libertad religiosa, que remuevan los obstáculos existentes y se garantice una libertad de culto real y efectiva”.

Y para este empeño, muy de acuerdo en que se de a conocer el problema y se desarrollen actos de protesta y manifestaciones por toda España para el próximo día 31 de octubre.

Autores: Juan García Biedma

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El sol comenzará a despuntar

Publicado: octubre 17, 2011 en Iglesia, Misión Integral

Juan Simarro Fernández
Retazos del evangelio a los pobres (XLI)
El sol comenzará a despuntar“Mas en la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar… ¡Un fantasma!… ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” Mateo 14:25-27. Texto completo en Mateo 14:22-33.

 

 Es la cuarta vigilia de la noche. Es el momento del horror, del problema, de la pesadilla.  Es cuando uno casi ni siquiera se considera humano. Es como en las peores pesadillas de Kafka. Uno se siente un insecto retorcido, abandonado, infravalorado, privado de dignidad. La noche parece eterna. Uno está en un túnel que parece que no tiene fin… No hay solución. Nadie vendrá. Nadie puede ayudarme.

Puede ser el problema de los pobres del mundo, de los hambrientos. Los niños mueren en los brazos de sus madres por falta de alimentación. No hay salida, no hay esperanza. Se está en medio del mar encrespado. Nadie viene dispuesto a la ayuda. Es la situación de muchos de los desempleados en el mundo. Sobrante humano. Ni siquiera quieren explotarlos como en los momentos de las peores revoluciones industriales… Uno de los pobres en una situación de pobreza y de exclusión extrema, me decía: “No soy nada, un bulto, un poco de grasa”. Una barca rota azotada por las olas de un mar encrespado en la que sólo queda ya, por unos minutos, una tabla de salvación. Todo se ha ido a la deriva. La tabla pronto dejará de sostenerme.

También otro tipo de sufrientes: los enfermos que sufren dolor y están desahuciados en situaciones límite, los maltratados, los torturados, los despreciados, los infravalorados y robados de dignidad. Vidas azotadas y lanzadas en medio de la cuarta vigilia de la noche en medio de un mar encrespado. El horror, la desesperanza.

 ¿Hay algún mensaje para ellos? ¿Se puede andar sobre el sufrimiento, sobre el horror y la tragedia?  ¿Podemos andar sobre nuestro propio problema? El texto que comentamos es el de los discípulos en medio de la cuarta vigilia de la noche, azotados por un fuerte viento y con grandes olas que hacían naufragar la pequeña barquilla en la que iban. Todo un símbolo del sufrimiento humano. ¿Cómo podremos andar sobre nuestro problema?

 Jesús da ejemplo: aparece andando sobre el problema de sus discípulos.  Se puede andar sobre la causa del sufrimiento de los otros para intentar que ellos también puedan caminar por encima de sus horrores. En medio de la cuarta vigilia de la noche y de las ondas, las olas y los vientos, el sol puede comenzar a despuntar. No es fácil. Cuando la noche es dura y oscura, cuando sólo se perciben tinieblas, puede que los sufrientes del mundo, al acercárseles Jesús, aunque sea por medio de sus discípulos y de sus seguidores en el mundo, pueden parecer fantasmas.

Los cristianos necesitan identificarse en medio del sufrimiento de los pobres, oprimidos, torturados y marginados del mundo. En medio de los sufrientes de nuestra historia. Para eso tenemos que aprender a andar sobre las olas, las ondas y los vientos del sufrimiento humano, aprender a andar sobre las injusticias, los desequilibrios y las causas de la pobreza y del sufrimiento con pies solidarios, bocas denunciadoras y brazos arremangados dispuestos al servicio.

 Jesús puede caminar sobre las aguas encrespadas del sufrimiento humano y nos pide que nosotros también aprendamos a caminar sobre estos vientos y olas. Si nos perciben como fantasmas, debemos de identificarnos: Tened ánimo. Somos nosotros, los seguidores del Dios altísimo. Queremos ayudaros  a que vosotros también podáis caminar sobre la cuarta vigilia de vuestra noche, sobre las aguas encrespadas de vuestro sufrimiento. Contáis con la solidaridad, la voz y el compromiso con la justicia de todo un pueblo. Somos el pueblo de Dios, agentes de liberación, manos tendidas que os ayudarán a caminar sobre las aguas en la cuarta vigilia de la noche de vuestro sufrimiento.

Los cristianos debemos trabajar para que el sol comience a despuntar en los lugares de conflicto, en los focos de marginación, en las zonas de mayor pobreza. El sol no comenzará a despuntar hasta que nosotros, siguiendo las órdenes del Maestro, no nos lancemos a caminar sobre las aguas encrespadas en las que están tantos de nuestros coetáneos.

Si el pueblo empobrecido y sufriente, cuando nos acercamos a ellos, nos confunden en medio de su noche con fantasmas, como ocurrió a los discípulos con Jesús, ¿tenemos nosotros argumentos suficientes para identificarnos como agentes de liberación del Reino? Jesús fue contundente: “Tened ánimo; yo soy, no temáis”. Y los discípulos identificaron a Jesús después de haberle confundido con un fantasma.

 ¿Tenemos las suficientes señas de identidad los cristianos para con los pobres, los oprimidos y los sufrientes del mundo que están en su cuarta vigilia de la noche, en medio de su valle de sombras de muerte?  ¿Podemos los cristianos decir con autoridad a los pobres y excluidos de la tierra que tengan ánimo, que somos nosotros, los seguidores del Maestro y que echen fuera todo temor?

El Apóstol Pedro pudo andar sobre las aguas encrespadas en la cuarta vigilia de la noche, mientras mantuvo su mirada fija en el Señor. Cuando miró los problemas, los vientos y las olas gigantes, comenzó a hundirse. Nos da la clave para poder enseñar a caminar a otros sobre su sufrimiento: Hay que mantener la mirada fija en el Señor. Mantener la mirada fija en su ejemplo, en sus prioridades, sus estilos de vida, su denuncia y su compromiso con los débiles del mundo.

 Podemos actuar. ¿Por qué dudamos, hombres de poca fe?  Yo muchas veces no encuentro salida para la acción en el mundo. Me limito a mi trabajo con los pobres de la tierra en Misión Urbana. No tengo ni los medios, ni las relaciones, ni las infraestructuras suficientes. Me gustaría tener y dar más visión. Es posible actuar. Es posible caminar sobre las aguas. Es posible sanar heridas y comunicar paz y felicidad. Los cristianos del mundo deberían ser más esa levadura que ponga en movimiento la solidaridad de los cristianos de la tierra. Si se consiguiera, los vientos se calmarían, volvería la paz que se fundamenta en la justicia… y el sol comenzaría a despuntar. ¡Levantaos, cristianos del mundo, y comenzad a caminar sobre las aguas! El sol de justicia puede deslumbrar la tierra y curar todas las heridas.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Las 95 tesis de Lutero

Publicado: octubre 17, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (21)
Las 95 tesis de LuteroPasamos, tal y como anunciamos, a un análisis pormenarizado de las noventa y cinco tesis de Lutero sobre las indulgencias.

 

Las primeras tesis de Lutero apuntan al hecho de que Jesucristo ordenó hacer penitencia -literalmente:  arrepentíos  en el texto del Evangelio – pero que ésta es una actitud de vida que supera el sacramento del mismo nombre:

 “1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “haced penitencia”, etc, quiso que toda la vida de los fieles fuese penitencia.
 2. Este término no puede ser entendido como una referencia a la penitencia sacramental, es decir, a la confesión y satisfacción realizada por el ministerio sacerdotal ”

Precisamente, por ello el papa no puede remitir ninguna pena a menos que previamente lo haya hecho Dios o que sea una pena impuesta por si mismo. De esto se desprendía que afirmar que la compra de las indulgencias sacaba a las almas del purgatorio de manera indiscriminada no era sino mentir ya que el papa no disponía de ese poder:

 “5. El papa no quiere ni puede remitir pena alguna, salvo aquellas que han sido impuestas por su propia voluntad o de acuerdo con los cánones.
 El papa no puede remitir ninguna culpa, a no ser cuando declara y aprueba que ha sido ya perdonada por Dios, o cuando remite con seguridad los casos que le están reservados..
 20… la remisión plenaria de todas las penas por el papa, no hace referencia a todas las penas, sino sólo a las que él ha impuesto.
 Yerran, por lo tanto, los predicadores de las indulgencias que afirman que en virtud de las del papa el hombre se ve libre y a salvo de toda pena.
 no remite ninguna pena a las almas del purgatorio que, de acuerdo con los cánones, tendrían que haber satisfecho en esta vida.
 Si se pueden remitirse las penas a alguien, seguro que se limita únicamente a los muy perfectos, es decir, a muy pocos.
 Por lo tanto, se está engañando a la mayor parte de la gente con esa promesa magnífica e indistinta de la remisión de la pena.””

 A fin de cuentas, según Lutero, la predicación de las indulgencias no sólo se basaba en una incorrecta lectura del derecho canónico sino que además servía para satisfacer la avaricia  de determinadas personas y para colocar en grave peligro de condenación a aquellos que creían sus prédicas carentes de una base espiritual cierta:

 27. Predican a los hombres que el alma vuela en el mismo instante en que la moneda arrojada suena en el cepillo.
 Es verdad que gracias a la moneda que suena en la cesta puede aumentarse lo que se ha recogido y la codicia, pero el sufragio de la iglesia depende de la voluntad divina.
 31. El ganar de verdad las indulgencias es tan raro, a decir verdad, tan   rarísimo, como el encontrar a una persona arrepentida de verdad. 
 Se condenarán eternamente, junto a sus maestros, los que creen que aseguran su salvación en virtud de cartas de perdones.
 35.No predican la verdad cristiana los que enseñan que no es necesaria la contrición para las personas que desean librar las almas o comprar billetes de confesión”

 En realidad, según Lutero, mediante predicaciones de este tipo, se estaba pasando por alto que Dios perdona a los creyentes en Cristo que se arrepienten y no a los que compran una carta de indulgencia.  La clave del perdón divino se halla en que la persona se vuelva a Él con arrepentimiento y no en que se adquieran indulgencias. Con arrepentimiento y sin indulgencias es posible el perdón, pero sin arrepentimiento y con indulgencias la condenación es segura.

Por otro lado, había que insistir también en el hecho de que las indulgencias nunca pueden ser superiores a determinadas obras de la vida cristiana. Aún más, el hecho de no ayudar a los pobres para adquirir indulgencias o de privar a la familia de lo necesario para comprarlas constituía una abominación que debía ser combatida:

 “36. Todo cristiano verdaderamente arrepentido tiene la debida remisión plenaria de la pena y de la culpa, aunque no compre cartas de indulgencia.
 37. Todo cristiano, vivo o muerto, incluso sin cartas de indulgencia, disfruta de la participación de todos los bienes de Cristo y de la iglesia concedidos por Dios. 
 39. Resulta extraordinariamente difícil, incluso para los mayores eruditos, presentar a la vez al pueblo la generosidad de las indulgencias y la verdad de   la contrición.
 41. Hay que predicar con mucha cautela las indulgencias apostólicas, no sea que el pueblo entienda erróneamente que hay que anteponerlas a las demás obras buenas de caridad.
 Hay que enseñar a los cristianos que actua mejor quien da limosna al pobre o ayuda al necesitado que el que adquiere indulgencias.
 ya que mediante las obras de caridad éste crece y el hombre se hace mejor, mientras que a través de las indulgencias no se hace mejor sino que sólo se libra mejor de las penas.
 Hay que enseñar a los cristianos que aquel que ve a un necesitado y lo que pudiera darle lo emplea en comprar indulgencias, no sólo no consigue la venia del papa sino que además provoca la indignación de Dios.
 Hay que enseñar a los cristianos que, a menos que naden en la   abundancia, deben reservar lo necesario para su casa y no despilfarrarlo en la adquisición de indulgencias”.

Lutero -que seguía siendo un fiel hijo de la iglesia católica- estimaba que el escándalo de las indulgencias no tenía relación con el papa, a pesar de los antecedentes de las últimas décadas, y que éste lo suprimiría de raíz de saber lo que estaba sucediendo. En otras palabras –y este extremo resulta de enorme importancia– los representantes de la institución papal podían haber sido indignos -los casos de Alejandro VI o de Julio II eran una buena muestra de ello- pero eso en si no negaba la legitimidad de la misma:

 “48. Hay que enseñar a los cristianos que el papa, cuando otorga indulgencias, más que dinero sonante desea y necesita la oración devota.
 Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias del papa tienen utilidad si no las convierten en objeto de su confianza, pero muy perjudiciales si como consecuencia de ellas pierden el temor de Dios.
 Hay que enseñar a los cristianos que si el papa supiera las exacciones cometidas por los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica   de san Pedro se viera reducida a cenizas antes que levantarla con el pellejo, la carne y los huesos de sus ovejas.
 Hay que enseñar a los cristianos que el papa, como es natural, estaría dispuesto, aunque para ello tuviera que vender la basílica de san Pedro,   a dar de su propio dinero a aquellos a los que se lo sacan algunos predicadores de indulgencias” 

Para Lutero -que deja transparentar un concepto muy respetuoso e incluso idealizado de la institución papal- resultaba obvio que el centro de la vida cristiana, que debía girar en torno a la predicación del Evangelio, no podía verse sustituido por la venta de indulgencias.  Ésa era la cuestión fundamental, la de que la misión de la iglesia era predicar el Evangelio. Al permitir que aspectos como las indulgencias centraran la atención de las personas lo único que se lograba era que apartaran su vista del esencial mensaje de salvación,  que se desviaran del Evangelio que anunciaba el verdadero camino hacia la vida eterna:

 “54. Se injuria a la palabra de Dios cuando se utiliza más tiempo del sermón para predicar las indulgencias que para predicar la palabra.
 55. La intención del papa es que si las indulgencias (que son lo de menor importancia) se anuncian con una campana, con una pompa y en una ceremonia, el Evangelio (que es lo de mayor importancia) se proclame con cien campanas, cien pompas y cien ceremonias.
 El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sagrado evangelio de la gloria y de la gracia de Dios;
 pero es lógico que resulte odioso ya que convierte a los primeros en últimos.
 Por el contrario, el tesoro de las indulgencias resulta lógicamente agradable ya que convierte en primeros a los últimos.
 Los tesoros del Evangelio son las redes con las que en otros tiempos se   pescaba a los ricos;
 ahora los tesoros de las indulgencias son las redes en las que quedan atrapadas las riquezas de los hombres.
 Las indulgencias, proclamadas por los predicadores como las gracias de mayor importancia, deben ser comprendidas así sólo en virtud de la ganancia que procuran;
 en realidad son bien poca cosa, si se las compara con la gracia de Dios y con la piedad de la cruz”

Precisamente, partiendo de estos puntos de vista iniciales -la desvergüenza y la codicia de los predicadores de indulgencias, la convicción de que el papa no podía estar de acuerdo con aquellos abusos y la importancia central de la predicación del Evangelio- Lutero podía afirmar que las indulgencias en si, pese a su carácter de escasa relevancia, no eran malas y que, precisamente por ello, resultaba imperativo que la predicación referida a las mismas se sujetara a unos límites más que desbordados en aquel momento. De lo contrario, la iglesia católica tendría que exponerse a críticas, no exentas de mala fe y de chacota, pero, a la vez, lo suficientemente cargadas de razón como para hacer daño por la parte mayor o menor de verdad que contenían:

 “69. Los obispos y los sacerdotes tienen la obligación de aceptar con toda reverencia a los comisarios de indulgencias apostólicas;
 pero tienen una obligación aún mayor de vigilar con ojos abiertos y escuchar con oídos atentos a fin de que aquellos no prediquen sus   propias ideas imaginarias en lugar de la comisión del papa.
 Sea anatema y maldito quien hable contra la verdad de las indulgencias papales;
 pero sea bendito el que tenga la preocupación de luchar contra el descaro y la verborrea del predicador de indulgencias.
 Lo mismo que el papa, con toda justicia, fulmina a los que de manera fraudulenta hacen negocios con gracias,
 con motivo mayor intenta fulminar a los que, con la excusa de las indulgencias, perpetran fraudes en la santa caridad y en la verdad.
 81. Esta predicación vergonzosa de las indulgencias provoca que ni siquiera a los letrados les resulte fácil mantener la reverencia debida al papa frente a las injurias o a las chacotas humorísticas de los laícos,
 82. como: ¿porqué el papa no vacía el purgatorio en virtud de su santísima caridad y por la gran necesidad de las almas, que es la causa más justa de todas, si redime un número incalculable de almas por el funestísimo dinero de la construcción de la basílica que es la causa más insignificante?
 83. también: ¿porqué persisten las exequias y aniversarios de difuntos, y no devuelve o permite que se perciban los beneficios fundados para ellos, puesto que es una injuria orar por los redimidos?
 84. también: ¿qué novedosa piedad es ésa de Dios y del papa que permite a un inicuo y enemigo de Dios redimir por dinero a un alma piadosa y amiga de Dios, y, sin embargo, no la redimen ellos por caridad gratuita guiados por la necesidad de la misma alma piadosa y amada de Dios?
 86. también: ¿porqué el papa, cuyas riquezas son actualmente mucho más pingües que las de los ricos más opulentos, no construye una sola basílica de san Pedro con su propio dinero mejor que con el de los pobres fieles? 
 89. Y ya que el papa busca la salvación de las almas por las indulgencias mejor que por el dinero ¿porqué suspende el valor de las cartas e indulgencias concedidas en otros tiempos si cuentan con la misma eficacia?”

Para Lutero, aquellas objeciones no implicaban mala fe en términos generales. Por el contrario, constituían un grito de preocupación que podía brotar de las gargantas más sinceramente leales al papado y precisamente por ello más angustiadas por lo que estaba sucediendo. La solución, desde su punto de vista, no podía consistir en sofocar aquellos clamores reprimiéndolos sino en acabar con unos abusos que, de manera totalmente lógica, causaban el escándalo de los fieles formados, deformaban las concepciones espirituales de los más sencillos y arrojaban un nada pequeño descrédito sobre la jerarquía:

 “90. Amordazar estas argumentaciones tan cuidadas de los laicos sólo mediante el poder y no invalidarlas con la razón, es lo mismo que poner en ridículo a la iglesia y al papa ante sus enemigos y causar la desventura de los cristianos.
 91. Todas estas cosas se solucionarían, incluso ni sucederían, si las indulgencias fueran predicadas según el espíritu y la mente del papa”

 Como ya anunciamos la pasada semana, en su conjunto, por lo tanto, las 95 Tesis eran un escrito profundamente católico e impregnado de una encomiable preocupación por el pueblo de Dios y la imagen que éste pudiera tener de la jerarquía. Además, en buena medida, lo expuesto por Lutero ya había sido señalado por autores anteriores  e incluso cabe decir que con mayor virulencia.

Sin embargo, el monje agustino no supo captar que la coyuntura no podía ser humanamente más desfavorable. Por desgracia, ni el papa ni los obispos eran tan desinteresados como él parecía creer y, desde luego, en aquellos momentos necesitaban dinero con una urgencia mayor de la que les impulsaba a cubrir su labor pastoral.

Quizá de no haber sido ésa la situación, de no haber requerido el papa sumas tan cuantiosas para concluir la construcción de la basílica de san Pedro en Roma, de no haber necesitado Alberto de Brandeburgo tanto dinero para pagar la dispensa papal, la respuesta, de haberse dado, hubiera resultado comedida y todo hubiera quedado en un mero intercambio de opiniones teológicas que en nada afectaban al edificio eclesial. Sin embargo, las cosas discurrieron de una manera muy diferente y las 95 Tesis iniciaron el Caso Lutero y, al hacerlo, cambiaron de manera radical – e inesperada – la Historia.

 CONTINUARÁ: La Reforma indispensable (21): La reacción a las 95 tesis de Lutero

Autores: César Vidal Manzanares

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Carlos Martínez García

Manuel Aguas, el Lutero de México (II)

Manuel Aguas: de sacerdote católico a precursor del protestantismo en México. La ruptura de 1871, segunda parte.

15 DE OCTUBRE DE 2011

En  la entrega anterior  dejamos a Manuel Aguas, primavera de 1871, poniéndose en contacto con el grupo evangélico liderado en la ciudad de México por Henry C. Riley. Proporcionamos más información sobre  la llegada de Riley a la nación mexicana , y la ruptura pública de Manuel Aguas con la Iglesia católica.Este personaje arriba a nuestro país en continuidad con los primeros contactos establecidos por algunos de los Padres constitucionalistas con la Iglesia episcopal de Estados Unidos. [1]  Ante que él, y como resultado de la solicitud de ayuda a la Comisión Protestante Episcopal para Misiones Extranjeras, llega al país, en 1864, el reverendo  E. G. Nicholson  y tiene una estancia de seis meses. Nicholson ya había estado en México, en 1853, en Chihuahua, donde funda la “Sociedad Católica Apostólica Mexicana dando a sus miembrosbiblias en español y libros de oración anglicanos (escritos en inglés en 1789 y traducidos al español en 1851)”. [2]Durante su tiempo en México, mayormente en la capital, Nicholson observa que los esfuerzos de los sacerdotes católicos liberales bien pueden ser canalizados por la Iglesia episcopal, pues aunque entre ésta y la Iglesia católica existen sustanciales diferencias teológicas, en el terreno litúrgico la brecha no es tan pronunciada: “La Iglesia Episcopal está especialmente obligada a introducir su ministerio y culto en esos terrenos porque su servicio es mejor adaptado a las necesidades de la raza española, que las formas y métodos usados por otras denominaciones [protestantes]… tiene una liturgia más evangélica, que además incluye todo lo que es escriturario y católico en el culto español”. [3] Cuando Nicholson regresa a Nueva York presenta un informe en el que describe el ambiente positivo para los trabajos religiosos disidentes del catolicismo , porque existen personas interesadas en el nuevo mensaje representado por los Padres constitucionalistas, que de fortalecerse y crecer significarían una opción religiosa desvinculada de la Iglesia católica:
La causa de la Iglesia reformada ha penetrado profundamente en las mentes y corazones de mucha gente, y si es dirigida con inteligencia será un éxito. Todos los hombres buenos e inteligentes nos tratan con respeto y alegría al conocer nuestros trabajos y propósitos. El trabajo abierto por nuestra iglesia es muy prometedor… Nosotros creemos que una adoración espiritual y racional de nuestro Salvador suplantará definitivamente las formas paganas de adoración que están en boga en México, y que una verdadera Iglesia Católica Apostólica y Mexicana se moldeará frente a nosotros compensando los sacrificios de los trabajadores y será bendición para toda la gente de esta tierra. [4]

 Uno de los sacerdotes que ejerce liderazgo entre los Padres constitucionalistas es Manuel Aguilar Bermúdez, él y otros de sus correligionarios se reúnen, a partir de 1865, con Sóstenes Juárez [5]  y el representante de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, John W. Butler, entre otros, para leer la Biblia y difundir actividades evangelizadoras. El grupo se hace llamar Sociedad de Amigos Cristianos. Más delante, “una vez finiquitado el asunto entre la República y el Imperio esta Sociedad, ahora ya con el nombre de Comité de la Sociedad Evangélica y con nuevos miembros invitaba a los servicios religiosos los domingos, en la casa # 21 calle San José de Real”. [6]  El grupo tiene una pérdida sensible en 1867, cuando muere Aguilar Bermúdez.

 Por recomendación de Nicholson es enviado a México el pastor Henry C. Riley , quien ya tenía conocimiento y contacto de los Padres constitucionalistas por haberles conocido cuando una delegación de aquellos estuvo en Nueva York. Como antes anotamos, Riley llega a México en 1868, y el panorama ya ha transitado de un grupo no católico hacia otro que ya podemos clasificar como protestante. Es necesario subrayar que en otras partes del país se estaban constituyendo al mismo tiempo iglesias protestantes/evangélicas, destacadamente en Monterrey y Villa de Cos, Zacatecas. [7]

La misionera  Melinda Rankin , que inicia en 1852 sus intentos de adentrarse al norte de México, cuenta en sus memorias que ella fue el factor definitorio para que Riley decidiera trasladarse a territorio mexicano. Por lo que hemos consignado anteriormente acerca delpersonaje nacido en Chile, parece que la de Rankin es una versión un tanto romántica de la manera en que realmente tuvieron lugar los hechos. De todas maneras consignamos lo que ella dejó plasmado al respecto:
En el verano de 1868, estuve en Nueva York y me encontré con el señor Riley, que desde hacía tiempo era un amigo personal. Nuestra reunión fue en la Casa Bíblica y tras los saludos usuales, me dijo: “Señorita Rankin, ¿por qué no va a la Ciudad de México, donde hay doscientas mil almas, en vez de trabajar en Monterrey, donde sólo hay cuarenta mil?” Respondí que pensaba que estaba en el sitio adonde me había llamado la providencia de Dios; además pensaba que cuarenta mil almas era una buena cantidad. Entonces hice la pregunta: “Señor Riley, ¿por qué no va usted a la Ciudad de México?” “Ah”, me dijo, “no puedo dejar mi iglesia hispánica en Nueva York; apenas ayer una señora cubana se puso a llorar porque escuchó un reporte de que yo me iría”. “¿Qué tan grande es su iglesia y congregación?” “Como dos o trescientos”. “Pero, señor Riley, ¿cree justificado permanecer aquí y predicar a unos cuantos cientos que están rodeados de privilegios evangélicos, cuando podría ir a la Ciudad de México donde hay doscientas mil almas sin un solo predicador del Evangelio?” El señor R. echó la mirada al suelo, y se mantuvo quieto sin hablar durante varios minutos; luego alzó la vista con un rostro alegre y dijo: “Señorita Rankin, voy a ir. El próximo agosto usted escuchará sobre mí en la Ciudad de México”. [8]

 Eso de que no había “un solo predicador [protestante] del Evangelio”, según Rankin, dejaba fuera a un pequeño pero decidido grupo de creyentes evangélicos, nacionales y extranjeros, que ya tenían varios años de estar difundiendo su credo no católico. La misma misionera deja constancia de un informe que Riley envía, desde la capital mexicana, hacia finales del verano de 1869 , en el que se denota un ambiente social agitado pero relativamente hospitalario para el protestantismo. “Hay un huracán perfecto de sentimiento protestante alzado contra la Iglesia romana. Me siento como si de pronto me hallara yo mismo en la época de la Reforma. Lo mejor que podemos hacer es plantar iglesias e instituciones cristianas tan rápido como sea posible”. [9]

 El misionero Henry C. Riley encuentra en la ciudad de México esfuerzos organizativos protestantes a los que se articula y, en poco tiempo, los encabeza dada su preparación ministerial y experiencia pastoral. Sin embargo, un grupo tiene ciertas reticencias hacia Riley, las que tiempo después causarían que algunos líderes nacionales con trabajo organizado antes de la llegada del pastor anglo/chileno decidieran seguir como independientes, primero, y, después vincularse a los metodistas o a los presbiterianos.

 En tanto que Manuel Aguas, por su cuenta lee la Biblia e inicia un decidido caminar hacia el protestantismo, Henry C. Riley compra al gobierno mexicano, a través de Matías Romero, ministro de Hacienda, los templos de San Francisco y de San José de Gracia . [10]  Paulatinamente ambos lugares, pero sobre todo el segundo, se transforman en centros principales del cristianismo evangélico

 Como asistente a la Iglesia protestante que Riley junto con otros encabezaba, Manuel Aguas escuchaba atento las predicaciones . Cuenta que inicialmente conoce a Henry C. Riley por su voz, ya que al ser “corto de vista” no podía percibir bien el rostro del misionero cuando éste predicaba desde el frente del salón. Es precisamente el valor de Riley para hacer obra evangélica “en medio de la más odiosa idolatría, y rodeado de enemigos”, escribe Aguas, que se siente avergonzado y decide conversar con el misionero para hacerle saber que está decidido a “contender [públicamente] por la fe de Jesús”.

 En los primeros meses de 1871  El Monitor Republicano  desliza la posibilidad de que Manuel Aguas se hubiese convertido al protestantismo . El provincial de los dominicos, fray Nicolás Arias, dirige una carta fechada el 12 de abril a Manuel Aguas, quien ya había dejado de ejercer el sacerdocio católico meses atrás. En el escrito le pregunta directamente sobre las versiones que corren sobre su abandono de la Iglesia católica.

Aguas responde a su ex superior pocos días después, el 16 de abril de 1871 con una extensa misiva en la que no deja lugar a dudas sobre sus creencias evangélicas, su escrito está lleno de citas bíblicas. Así deja ver que el año y medio anterior dedicado a estudiar “con cuidado y cariño la divina Palabra” ha dejado profundas huellas en él.

Su respuesta es un rotundo sí, a la pregunta de si se ha convertido al protestantismo. Pero antes de ello el ex sacerdote católico Manuel Aguas hace una relación, a quien le pregunta, el cura Nicolás Arias, de dónde estaba en cuestiones de fe y su nueva creencia evangélica cuyas características describirá a lo largo de la misiva. [11]

Quien fuera dominico inicia comentándole a su interlocutor que como sacerdote “había seguido la religión tal como Roma la enseña; de manera que todavía hace tres años era cura de Azcapotzalco, combatía al protestantismo con todas mis fuerzas, y aún hice que algunos protestantes se reconciliaran con la Iglesia Romana. Creía entonces que profesaba la verdadera religión”.

Hacemos un paréntesis para comentar lo señalado por Aguas, que logró regresar al seno del catolicismo romano a ciertos protestantes que habitaban en la jurisdicción de su parroquia. Eso tuvo lugar en 1868, cuando la presencia de los misioneros protestantes en el país era de carácter personal y espontáneo. Es decir, entonces todavía no predominaban los misioneros respaldados por denominaciones, planes y recursos bien estructurados. Acaso esos protestantes, algunos reconvertidos al catolicismo pero no todos, que menciona Manuel Aguas fuesen el fruto de la presencia discreta y el testimonio de creyentes evangélicos extranjeros y nacionales que a partir de la Independencia, en 1821, fueron consolidando en el país pequeños grupos de cristianos que ya  no  eran católico romanos.

 En su epístola Aguas evoca que el arranque de su peregrinaje hacia la fe evangélica inicia cuando llegaron a sus manos “algunos trataditos de aquellos a quienes combatía; trataditos que por razón de mi oficio tuve que leer”.  La lectura del material tiene resultados que Manuel Aguas consigna en los siguientes términos: “Por ellos [los trataditos] comprendí, a mi pesar, que aunque había hecho una carrera literaria en lo eclesiástico hasta concluirla, aunque había sido catedrático de Filosofía y Teología, y aunque creía conocer la religión, principalmente en lo relativo al protestantismo: no sabía yo todo lo que verdaderamente se alegaba en aquel campo cristiano que, adhiriéndose de buena fe a las Sagrada Escritura, hace que revivan los primitivos discípulos de Jesús, campo respetable y aun superior en número al romanismo. Porque como Roma prohíbe con excomunión mayor leer los libros de los protestantes, yo sólo había consultado autores romanistas que las más de la veces todo lo pintan al revés”.

 Ante él, lo dice en su escrito, se presentaban tres opciones: 1) La religión de Dios; 2) La religión del sacerdote; y 3) La religión del hombre. La primera, caracteriza Aguas, es la religión de la Biblia a la que él ha decidido seguir. La segunda es la que encabeza un mero hombre que se dice infalible [el Papa]. La tercera, en la que confían los racionalistas, tiene en el centro la infalibilidad de la razón natural.

Antes que enseñarle a escuchar la Palabra de Dios, arguye Manuel Aguas, en la Iglesia católica le habían instruido a “creer en la palabra del hombre”, al transmitirle lo que decían grandes pensadores eclesiásticos sobre uno y otro tema. Él hizo a un lado esa tradición para ir directamente a las enseñanzas de la Biblia: “Hoy soy feliz; sigo a Jesús, oyendo todos los días su dulce y apacible voz en el libro Santo, que nos ha dejado para que, sin temor de caer en el error, lo leamos todos sus hijos. Leedlo vos también con frecuencia; obedeced el precepto del Señor que nos dice: ‘Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí’ [Juan 5:39]. No hagáis caso de la palabra del hombre, sino atended solo la palabra de nuestro Dios. Si así lo hiciereis, encontraréis la verdad y seréis dichosos”.

Vale la pena detenernos en mencionar que la versión de la Biblia citada por Manuel Aguas en su extensa carta es la de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. James Thomson, colportor enviado a México en 1827 por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, difunde la Biblia traducida por el sacerdote católico Felipe Scío de San Miguel, aunque sin libros deuterocanónicos, llamados por algunos apócrifos.  Es en 1858 cuando la Sociedad reemplaza la versión de Scío con la publicación del Nuevo Testamento traducido por los protestantes españoles del siglo XVI Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, y en 1861 imprime para su distribución toda la Biblia de esos mismos traductores. [12]

 Ante la posición de la Iglesia católica en el sentido de que los feligreses deben ser guiados doctrinalmente en su, por otra parte poco probable, lectura de la Biblia, Manuel Aguas aboga por un acceso amplio a las Escrituras por parte de todos: “Es verdad que Roma nos dice que hay peligro en leer la Biblia sin notas; no lo creáis, no existe tal peligro, mil veces no. No puede ser que el Dios de bondad y de amor nos dejara un libro peligroso, donde en lugar de la vida encontraremos el veneno de la muerte. A nuestro divino Jesús nunca se le podrá considerar como un envenenador, cuando es nuestro Salvador, nuestro Vivificador, nuestro bien”.

 En un interesante ejercicio de diferenciación de lo que es la Biblia, Manuel Aguas reconoce que hay porciones “semejantes a altas montañas a donde sólo podrán llegar personas de cierta fuerza intelectual”. También advierte que “hay pasajes de tan dificultosa inteligencia, que se parecen a aquellas elevadísimas serranías a donde ninguno de los mortales, ni aún de los demás esclarecidos y animosos han podido encumbrarse”. 

 Pero, en general, las Escrituras son diáfanas y para comprenderlas es innecesario, rebate Aguas, todo el aparato que las recarga de notas doctrinales aprobadas por las autoridades: “Nos alega Roma que la Biblia es oscura y difícil de entenderse. Esta dificultad está contestada en muchas ocasiones. Se podría decir, entre otras cosas, que todas las verdades necesarias para nuestra Salvación se encuentran en ella, en un estilo tan claro, tan sencillo, tan natural, tan encantador, que estos lugares se parecen a aquellos campos amenos y floridos, que siendo planos y sin tropiezos, aún los más débiles pueden transitarlos con toda facilidad y sin temor de caer”.

 Las Escrituras son nítidas, aseguraba Manuel Aguas contra quienes se empeñaban en obstaculizar su lectura bajo el argumento de que era necesaria la supervisión de los clérigos católicos . Además, con seguridad, escribe en la misiva donde expone su confesión evangélica, el creyente cuenta con la asistencia del Espíritu Santo para tener un entendimiento cabal de la Biblia.

En el documento del 16 de abril de 1871, Aguas argumenta que a la comprensión de la Palabra debe acompañarle el seguimiento cotidiano de Jesús. Como otros y otras que se han entregado al estudio intelectual, emocional y comprometido de la Palabra, Manuel Aguas logra hallar “la fe que justifica y que conduce a la gloria, esa fe que ha sido oscurecida por Roma con multitud de trabas que le ha puesto para avasallar las conciencias y arrebatarnos la dulce libertad que Jesús nos ha alcanzado con su preciosa muerte”.

 Para él es muy claro que las obras eran innecesarias para alcanzar la salvación en Cristo, y que el resultado de la redención necesariamente debería producir buenas obras. Tiene conciencia de que los libros neotestamentarios de Romanos y Santiago no se contradicen sino que se articulan : “Se me exige que mi fe no sea falsa, ilusoria, que no sea muerta sino viva, esto es, animada por la caridad; que crea sin dudar un momento en esta redención; que espere con entera confianza este perdón; que ame con toda mi alma al Dios misericordioso que así me ha agraciado; que aborrezca con odio eterno mis crímenes pasados, y que no vuelva a cometerlos; que ame no sólo de palabra sino también de obra a todos los hombres, porque todos son mis hermanos; que los ame y perdone aunque sean mis mayores enemigos, y me hayan hecho los mayores agravio; que sea misericordioso, limosnero y caritativo con los desgraciados; y que, por último, guarde los verdaderos mandamientos de mi Dios que se encuentran en las Santas Escrituras. Porque el Señor que me manda que crea para ser salvo, me ha dejado un criterio, un medio seguro para que yo conozca si mi fe es verdadera y salvadora. Me ha dicho: el árbol bueno se conoce por sus frutos, lo mismo que el malo [Mateo 7:16 y 18]. De modo que si yo os digo tengo caridad, y no tengo fe y que estoy salvado, y que no tengo caridad, y no tengo buenas obras, no me creáis aunque haga milagros y pase un monte de un lugar a otro” [adaptación de 1 Corintios 13:2 y Santiago 2:14].

 Aguas hace un uso intensivo de citas bíblicas, para contraponer esas enseñanzas a las de Roma . Sus nuevas creencias las respalda con versículos y las contrasta con el “yugo espantoso y pesado que [la Iglesia católica hace que] gravite sobre la humanidad, arrebatándole el yugo del Señor que es dulce, suave y ligero [Mateo 11:30]”. Para Aguas la Biblia es suficiente porqueLas Santas Escrituras enseñan que Jesucristo instituyó no la misa, sino la Cena, en la que los cristianos deben participar no solamente del pan, sino también del vino, en memoria de Jesús que dio su cuerpo y derramó su sangre para salvarnos, Lucas 22:19-20; que hay solamente una puerta en el cielo; Jesús dijo: “Yo soy la puerta”, Juan 10:9; que únicamente por los méritos de Cristo se recibe el perdón; que sólo hay una cabeza para la Iglesia, Jesús que le dice a su pueblo: “Yo estoy con vosotros siempre”; que sólo hay un Salvador y Refugio para los pecadores, Hechos 4:12, el Divino Redentor: un Maestro, Cristo; uno solamente, a quien la Iglesia debe titular Padre, el Celestial, Mateo 22:9; una Iglesia, la consagración de todas las almas salvas que deben escuchar y obedecer la voz de su pastor infalible que dio su vida por su grey, Juan 10:11; una moral, tanto para el clero como para los seglares; la del Evangelio, que recomienda a los obispos y diáconos tener cada uno “una esposa”, 1ª Timoteo 3:2-12; un abogado para con el Padre, Jesús, 1ª Juan 2:1; un sólo Ser a quien se debe adorar: enseñan las Escrituras: “al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás”, Mateo 4:10; que hay un sólo y eficaz remedio para todo pecado: “la sangre de Cristo de Jesucristo” que “nos limpia de todo pecado” 1ª Juan 1:7; una respuesta a la pregunta: ¿qué debo yo hacer para ser salvo? “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”, Hechos 16:30-31; también las Escrituras nos enseñan que “Cristo fue ofrecido una vez para cargar los pecados de muchos”, Hebreos 9:27; y que no quedan más sacrificios para ellos. El Evangelio nos manda bendecir, amar, hacer el bien, no maldecir, no perseguir ni aborrecer al que piensa de distinta manera a nosotros, y que nos manifiesta que su modo de obrar emana de su conciencia; también nos enseña la divina Palabra que el único por el nos podemos acercar a Dios Padre, es por Jesús que nos dice: “Ninguno viene al Padre sino por mí”, Juan 14:6.

 Hacia el final de su intensa carta dirigida al sacerdote católico Nicolás Aguilar, y que pronto fue reproducida y puesta a circular en las calles de la ciudad de México, Manuel Aguas confirma lo que ya se sabía en los corrillos de la catedral metropolitana y en las altas esferas eclesiásticas católicas de la urbe. Lo hace sin ambages , “hermano mío, en vuestra carta me preguntáis si me he adherido a la secta protestante. Rechazo la palabra secta, a no ser que se entienda por ella seguidor de Cristo; creo que mejor se debe aplicar a vos esa expresión, mientras seáis romanista, porque seguís a Roma y no a Jesús”.

Aguas sabía que al romper de forma tan tajante con el catolicismo le esperaban jornadas difíciles. Por lo mismo, además de confirmar las sospechas de sus anteriores superiores eclesiásticos, anuncia que va a integrarse a la  Iglesia de Jesús , en calidad de ministro de la Palabra: “¿He de negaros que soy protestante, es decir, cristiano, y discípulo de Jesús? Nunca, nunca quiero negar a mi Salvador. Muy al contrario, desde el domingo próximo [23 de abril] voy a comenzar a predicar a este Señor Crucificado en el antiguo templo de San José de Gracia. Ojalá que mis conciudadanos acudan a esa Iglesia de verdaderos cristianos, Si así sucede, como lo espero en el Señor, se ira conociendo en mi querida patria la religión santa y sin mezcla de errores, idolatría, ignorancia, supersticiones ni fanatismos; y entonces reinando Jesús en nuestra República, tendremos paz y seremos dichosos”.

En efecto, Manuel Aguas inicia sus predicaciones en el lugar dado a conocer en la carta. El templo le era familiar ya que ahí había predicado años antes, como párroco católico.  Sus dotes de gran expositor atraen un importante número de interesados en escuchar de viva voz a quien los vendedores callejeros de impresos y volantes se refieren de distintas maneras, casi siempre usando expresiones descalificadoras sacadas de los dichos de prominentes eclesiásticos católicos . No tardaría en arreciar la reacción del obispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, ante la cual Manuel Aguas se mantiene incólume e incluso intensifica su compromiso con la difusión del protestantismo mexicano.

 La próxima semana nos vamos a ocupar de la excomunión de Manuel Aguas, la defensa que hace por haber abandonado el sacerdocio católico romano y su corto pero intenso liderazgo en la Iglesia de Jesús.


   [1]  Abraham Téllez menciona que “entre 1862 y 1863 los sacerdotes [Francisco] Domínguez, [Rafael] Díaz Martínez y [Juan Enríquez] Orestes viajaron a Estados Unidos —a la ciudad de Nueva York—, para ponerse en contacto con las autoridades de la Iglesia Episcopal”,  Op. cit. , p. 163; por su parte Daniel Kirk Crane sostiene que “al final de 1864 el movimiento reformista manda a tres de sus miembros a Nueva York con las instrucciones de establecer contacto con un cuerpo protestante. En mayo de 1865 una vez en el país del norte, se empieza a negociar una alianza entre los padres constitucionalistas y la Iglesia Episcopal”, Op. cit. , p 87. ¿Los tres realizaron dos viajes a Nueva York, uno antes de la llegada de Nicholson, y otro posterior para fortalecer las relaciones entre las partes?
   [2] Daniel Kirk Crane,  Op. cit. , p. 87.
   [3]   Ibid .
   [4]  Citado por Abraham Téllez,  Op. cit. , p. 164.
   [5]  Se acerca al protestantismo a través de un capellán del ejército francés, el moravo Emile Guión, éste presidía servicios religiosos en San Ildefonso, a los que también asistió Manuel Aguilar Bermúdez. Según Arcadio Morales, quien lo conoció muy bien, Sóstenes Juárez “aparecía en el púlpito con su traje civil y dirigía el culto con una liturgia especial que había formado tomando la idea según el decía, de otra en francés que un ministro protestante que había venido con la Intervención francesa le había proporcionado. El señor Juárez leía sus sermones y generalmente tomaba sus asuntos del Nuevo Testamento. La congregación más grande era la de los domingos; y el jueves de la Semana Mayor, que era cuando se celebraba la Cena del Señor, el número de congregantes llegaría a 70; la concurrencia de los martes sería de 16 a 22 personas”. “Datos para la historia”,  El Faro , 1º de noviembre de 1893.
   [6]  Abraham Téllez,  Op. cit. , p. 169.
   [7]  Al respecto ver Melinda Rankin,  Op. cit ., y Joel Martínez López,  Op. cit . Para el caso de Villa de Cos, más información en Apolonio C. Vázquez,  Los que sembraron con lágrimas. Apuntes históricos del presbiterianismo en México , Publicaciones El Faro, México, 1985, pp. 322-326.
   [8] Melinda Rankin,  Op. cit. , pp. 211-212.
   [9]   Ibid. , p. 212.
   [10]  Jean-Pierre Bastian menciona que la iglesia de San Francisco la compra Riley en 4 mil pesos,  Los disidentes: sociedades protestantes y Revolución en México, 1872-1911 , Fondo de Cultura Económica-El Colegio de México, México, 1989, p. 38. En tanto Daniel Kirk Crane apunta que la cantidad pagada fue de 35 mil pesos,  Op. cit. , p. 97.
   [11]  Acerca del alegato Crane asienta que se imprimió” bajo el nombre  Viniendo a la luz , fue publicado varias veces, incluso hasta finales de este siglo. Su importancia se da por sentada, dado que fue el primer documento sobre la conversión de un sacerdote conocido al protestantismo y además por la forma de folleto evangelístico en que está escrito”, p. 98.
   [12]  Pedro Gringoire,  El doctor Mora, impulsor nacional de la causa bíblica en México , Sociedades Bíblicas en América Latina, s/l, 1963, p. 51. La Sociedad Bíblica Americana publica en 1865 la Reina-Valera, y es la que distribuye en los países de habla española, entre ellos México; Rafael A. Serrano, “La historia de la Biblia en español”, en Philip W. Comfort (editor),  El origen de la Biblia , Tyndale House Publishers, Carol Stream, Illinois, 2008, p. 355 y Jane Atkins Vásquez,  La Biblia en español: cómo nos llegó , Augsburg Fortress, Minneapolis, 2008, p. 118.

Autores: Carlos Martínez García
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Por Eryn Sun|Corresponsal de Christian Post
Traducción de Emilia Fuentes

El escándalo financiero del fundador Robert Schuller que ahora opaca los problemas de la quiebra de la Catedral de Cristal está dando al cristianismo una mala reputación, dice Craig Huey, un político cristiano y activista.

  • catedral de cristal
    (Foto: Reuters / Alex Gallardo)
    Interior de la Catedral de Cristal.

Las recientes acusaciones de apropiación indebida de fondos de la iglesia de la familia fundadora han empeorado la situación en la mega-iglesia de Garden Grove, que ya estaba luchando para cumplir con una deuda de $ 50 millones para finales de octubre o enfrentar el cierre.

Los acreedores que supervisan el caso de quiebra de la Catedral de Cristal presentaron una demanda contra los Schuller y otros administradores de la iglesia el 30 de septiembre por sacar dinero del fondo de dotación del ministerio para cubrir sus propios salarios.

Documentos judiciales dados a conocer por el diario Los Angeles Times a principios de esta semana revelan que Schuller y sus familiares se prestaron cerca de $10 millones del fondo entre 2002 y 2009, durante el apogeo de los problemas financieros de la mega-iglesia.

La demanda fue impulsada por la petición de la familia para ser pagados al mismo tiempo que los demás acreedores después de la venta de la catedral – a pesar de que la familia debe ser la último en recibir el dinero basado en el caso de bancarrota.

Alrededor de 400 acreedores presentaron la demanda contra los administradores por esa razón, informó el Times.

Negando todas las acusaciones, sin embargo, los Schuller sostienen que la demanda carece de fundamento y siguen declarando su inocencia.

Schuller dijo al Times, «Esta demanda hace acusaciones graves y falsas sobre mí y mi familia. Es lamentable que voy a tener que defender esta demanda sólo para demostrar lo que es verdadero.»

A pesar de las afirmaciones de Schuller, algunos están empezando a poner en duda la conducta supuestamente intachable de la familia fundadora.

Huey, del Foro de las elecciones, dijo a OneNewsNow, «Lo que es evidente es que el liderazgo puede haber ignorado lo que había que hacer en la reducción de los gastos y se fue a vivir con el estilo de vida que había tenido cuando había un montón de dinero en todo.»

El llamó el escándalo una distracción del mensaje del Evangelio.

«Esta es una iglesia que el mundo mira, y realmente muestra una mala imagen de la iglesia, y pinta un cuadro malo para algunos del cristianismo», agregó.

Negando todas las acusaciones y siguiendo avanzando, los Schuller están esperando hacer todo lo posible para salvar a la iglesia.

Una esfuerzo de Ofrenda Milagrosa de Fe, tiene el objetivo de recaudar los $50 millones adeudados, con sólo 4.737 dólares recolectados, The Orange County Register informó.

El representante de la Catedral de Cristal Marc Winthrop dijo a The Register que más fondos acumulados y otro informe de situación sería liberado pronto.

Si los fondos no pueden ser recogidos hasta el 24 de octubre la junta de acreedores encargados de facilitar el pago de las deudas supuestamente llevará a cabo una votación para decidir sobre la venta de la propiedad.

Pocos compradores están interesados en la tierra, incluyendo la diócesis católica de Orange, la Universidad de Chapman, Hobby Lobby y My Father’s House International Church en Norco, California

Por el momento, la diócesis está ofreciendo la oferta más alta en $53,6 millones.

 

 

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Y después de Lutero ¿qué?

Publicado: octubre 9, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

Leonardo de Chirico

Benedicto XVI: cristianismo y secularió

Y después de Lutero ¿qué?

En su reciente visita a Alemania el Papa tras examinar el mensaje de Lutero, reflexionó sobre donde se puede encontrar hoy su legado.

En su reciente visita a Alemania (22-25 Setiembre 2011), los asuntos ecuménicos tenían el centro del escenario en la agenda del Papa Benedicto. Cuando visitó el convento de Erfurt, donde el joven monje Martín Lutero estudió teología, el Papa se reunió con representantes de la iglesia protestante en Alemania (EKD), y pronunció un interesante discurso cuyo tema fue la pasión primordial y el legado de Lutero en el ambiente ecuménico de hoy en día.Vamos a revisarlo brevemente. 1. LA ACTUALIDAD DE LA PREGUNTA DE LUTERO
Después de decir unas palabras de reconocimiento apropiadas para la ocasión, Benedicto señala, con razón, que  la pregunta fundamental de Lutero (“¿Cómo recibo yo la gracia de Dios?”) continúa teniendo un significado espiritual para nosotros . Aunque la mayoría de la gente parece no tener problemas de conciencia delante de Dios, la posición de Dios hacia nosotros y nuestra posición delante de El son problemas “reales” para toda la humanidad. El Papa quiere subrayar la interacción entre el sentido existencial de la fe (“¿Cómo yo…) y la salvación de Dios (…recibo la gracia de Dios?”) que era esencial para Lutero.

 El otro punto principal sobre la importancia de Lutero se encuentra en su pensamiento y su espiritualidad “completamente Cristocéntricos” . Para Lutero, tal como lo reseña Benedicto, Dios no es una simple hipótesis filosófica, sino que tiene un rostro que nos ha hablado por medio de Jesucristo. Por consiguiente, “lo que promueve la causa de Cristo” es la obra impulsora del Reformador alemán.

 La primera parte del discurso es un resumen respetuoso y justo de la visión teológica de Lutero, pero la segunda parte es incluso más interesante, cuando Benedicto indirectamente trata la cuestión de lo que sucedió después de Lutero.

 2. DESPUÉS DE LUTERO… ¿DOS DIRECCIONES?
En la segunda parte el Papa hace alusión a  la situación ecuménica actual . Es evidente que después de examinar el mensaje de Lutero, quiere reflexionar acerca de donde se puede encontrar hoy su legado.  Según Benedicto existen dos corrientes y ambas le ocasionan problemas.   La “geografía del cristianismo” se caracteriza por una “nueva forma de cristianismo” que es fácilmente identificable con las espiritualidades evangélicas y pentecostales , aunque estos términos no se emplean en el texto oficial, pero a las que se ha hecho referencia por parte de los periodistas que informaban del acontecimiento. Tendremos que hacer algunas observaciones sobre esta “nueva forma de cristianismo”, la cual el Papa relaciona con el protestantismo evangélico.

 La otra corriente es la secularización  por la cual “Dios es progresivamente expulsado de nuestra sociedad”. En nuestro contexto secularizado, las Escrituras parece que están encerradas en un pasado remoto y la fe se diluye. ¿Es esto una descripción de los fracasos del protestantismo liberal? Benedicto dice que Lutero ha sido una gran figura de la iglesia en todo el mundo, pero después de cinco siglos sus herederos, o bien van por mal camino en una “nueva forma de cristianismo”, o son un tanto responsables de la degradación que se observa debido a la secularización.

 ¿Dónde podemos encontrar hoy a Lutero? ¿Está diciendo el Papa, suavemente pero con firmeza, que el legado de Lutero es un fracaso? ¿Insinúa también que el remedio para las dos peligrosas direcciones es recuperar la dimensión católico (romana) mediante un compromiso ecuménico sereno con Roma?

 3. LOS EVANGÉLICOS SEGÚN BENEDICTO XVI
Volvamos a la referencia hecha anteriormente a  “Una nueva forma de cristianismo”. Es interesante observar como la describe Benedicto, teniendo presente que esta descripción es también una valoración: 

– Es una “ nueva forma de cristianismo ”. Tenemos la impresión que el evangelicalismo es un  nuevo  movimiento religioso, con muy poco, si es que tiene alguno, sentido de la historia y de la tradición.  Mientras que la Iglesia CR aprecia (y a veces idolatra) la continuidad, los evangélicos son gente de discontinuidad, que siempre necesitan algo “nuevo”, pero que no construyen sobre el pasado. Se dice que reflejamos la novedad de la fe cristiana a expensas del “viejo Evangelio” pasado a través de la historia.

– Se “ está extendiendo con un abrumador dinamismo misionero ”.  El Papa sabe que el movimiento evangélico es la forma de cristianismo que se expande cada vez más por todo el mundo . Dice que esta información se la proporcionan los obispos de todas partes que se lo indican constantemente. El Vaticano reconoce el ímpetu misionero y el celo de este movimiento.

– Su dinamismo tiene lugar a veces de “ una forma alarmante ”.  Hay algunos métodos, dinámicas y prácticas de las misiones evangélicas que asustan al Papa . ¿Es esto una crítica a los modos de proselitismo poco éticos? O, ¿es más bien una insatisfacción general con respecto al activismo evangélico y a su falta de “respeto” por las iglesias territoriales ya establecidas?

– Es una forma de cristianismo marcado por “ una escasa profundidad institucional ”,  es decir, con poca conciencia eclesiológica y exiguo aparato eclesiástico . El evangelicalismo es más una “para-iglesia” que una iglesia propiamente dicha. Bonito comentario.

– También está marcado por la “ poca racionalidad ”. ¿Está pensando en los tipos de evangelismo tales como “señales y prodigios”, “la salud y la riqueza”, “la experiencia vs lo racional” o la “fácil creencia”? Ciertamente,  está diciendo que el evangelicalismo en su conjunto no es un campeón del pensamiento racional .

– Todavía peor, esta forma de cristianismo tiene “ incluso menos contenido dogmático ”. El Papa emite un juicio sobre la superficialidad doctrinal de gran parte del evangelicalismo. Según él, los evangélicos no se distinguen por ser personas razonables, pero tampoco son gente doctrinal . Fuera de una vaga espiritualidad, no queda casi nada en su discernimiento.

– Finalmente, también tiene “ poca estabilidad ”. La impresión que damos como movimiento es la de inestabilidad,  fragmentación excesiva, falta de cohesión y un cambio constante que no conduce a ninguna parte .

Estos comentarios acerca del evangelicalismo no son nuevos. El Papa Benedicto ya menciona algunos de ellos en el libro-entrevista de 2011  “Light of the World: The Pope, the Church, and the Signs of the Times”  (La luz del Mundo: El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos). [1]

 Podrían desecharse como caricaturas injustificadas pero, en realidad, no lo son. Aunque sea doloroso, es saludable que nos preguntemos que clase de testimonio damos al mundo que nos observa . La lógica de la interpretación de Benedicto del protestantismo actual parece indicar que los herederos de Lutero, ya sean evangélicos o liberales, se desenvuelven mal.  Todos aquellos que comparten la pasión de Lutero por Dios y el amor de Cristo deberían reaccionar  y vivir una fe bíblica, apostólica, protestante, despierta (siempre reformándose) y misionera, es decir, el evangelicalismo de los mejores tiempos. ¿Cambiará el Papa de opinión?

 Traducción: Rosa Gubianas


   [1]  Ver Archivos del Vaticano nº 3, “El Papa dixit. La reciente entrevista a Benedicto XVI” (6 diciembre 2010).

Autores: Leonardo de Chirico
©Protestante Digital 2011

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Carlos Martínez García

Manuel Aguas, el Lutero de México (I)

Manuel Aguas: de sacerdote católico a precursor del protestantismo en México. la ruptura de 1871 (*)

09 DE OCTUBRE DE 2011

 Ningún sacerdote católico, de honradez y criterio puede pasar de buena fe ni por convicción al protestantismo […] será si quiere un filósofo, un incrédulo, pero no un protestante. J uan N. Enríquez Orestes

 [A Manuel Aguas] se le puso negra la lengua después de predicar un sermón contra la Inmaculada Concepción de la Virgen. MarianoCuevas

 [Manuel Aguas] el Lutero de México.  Hans-Jürgen Prien

Para entender mejor el enraizamiento del protestantismo en México es necesario conocer tanto los esfuerzos exógenos como el contexto y personajes endógenos que facilitaron la implantación de la nueva creencia.

 Es un desatino histórico que varias de las denominaciones cristianas evangélicas de México tracen sus orígenes al tiempo que llegaron los misioneros extranjeros al país. Cuando queda demostrado, fehacientemente, que los misioneros de fuera son los iniciadores de una obra determinada hay que reconocerlo y difundirlo. Sin embargo, en no pocos casos y me parece que por desconocimiento, se han marginado a nacionales que actuaron como precursores y determinantes en el establecimiento de iglesias protestantes. Aclaro que no se trata de favorecer un nacionalismo excluyente, sino de ser justo con el espíritu del historiador Lucas, y escribir ordenadamente los acontecimientos, después de haber investigado todo con esmero  ( Lucas 1:3 ).

Prácticamente al otro día de consumada la Independencia nacional arrecian los debates sobre el porvenir del país. Los conservadores buscaron afanosamente mantener inamovible la identidad religiosa católica de la nación. Para tal propósito edificaron un cuerpo legal que vedaba la práctica pública de cualquier otra religión distinta al catolicismo. Veían con temor la posibilidad de que el protestantismo incursionara en México.

Otros consideraban que esa presencia era inevitable, pero que la misma debía posponerse para otros tiempos en que la sociedad mexicana tuviera más preparación para aceptar una creencia y práctica religiosa distinta a la católica. Así, por ejemplo, Carlos María de Bustamante, [i]  sostuvo: “Llegará el día en que nuestra gente pueda tratar con protestantes, pero por el momento la tolerancia, además de peligrosa sería, impolítica”. [ii]

 Entre 1813 y 1827 (año de su deceso), José Joaquín Fernández de Lizardi a la vez que critica el autoritarismo de la cúpula clerical católica, se pronuncia crecientemente por la tolerancia religiosa. Aunque en franca minoría, no está solo en sus alegatos por abrir el país a la práctica de otros credos religiosos. En el periodo que va de finales de 1822 a los primeros meses de 1823, importantes personajes políticos respaldan que México se abra no sólo políticamente sino también religiosamente. Andrés Quintana Roo, Joaquín Parrés y Vicente Rocafuerte toman partido en el sentido antes mencionado. [iii]

 Mientras las élites políticas e intelectuales se enfrentaban sobre prohibir o no la tolerancia religiosa, el 29 de abril de 1827 James Thomson desembarca en Veracruz, enviado por un organismo de raigambre protestante, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera . Pocos días después se establece en la ciudad de México, hace en ella su base y viaja por distintas partes del país para promocionar y vender la Biblia. Se dedica por tres años a sus tareas de promotor bíblico, sale del país cuando la combinación de intereses religiosos católicos con la debilidad de funcionarios políticos que no atajan al poder clerical hacen prácticamente imposible la obra de Thomson. De todas maneras  su esforzada labor deja miles de porciones bíblicas, y biblias completas, en manos de posibles lectores  que podrían descubrir enseñanzas contrastantes con las de la Iglesia católica. [iv]

 No con la misma fuerza que el liberalismo político, pero se fue gestando en México un liberalismo religioso en la década de los cincuenta del siglo XIX . Una manifestación clara de este último fue el grupo de los Padres constitucionalistas. Fueron sacerdotes católicos que se organizaron en 1854, y su movimiento se caracterizó por ser “reformista intracatólico, nacionalista y antirromanista”. [v]  Los Padres constitucionalistas hicieron activismo e favor de la Constitución liberal de 1857, en cuyas sesiones se deliberó acaloradamente sobre la libertad de cultos, pero que finalmente no fue aprobada como pugnaban los liberales radicales. [vi]

 Por distintas vías algunos pocos nacionales entran en contacto con el protestantismo en la década de los sesenta del siglo XIX . Tiene lugar esto en ciertos casos al relacionarse con personas extranjeras de esa confesión que difunden el credo. Así sucedió en Monterrey, donde el grupo de Melinda Rankin, [vii]  Santiago Hickey [viii]  y Tomás Westrup [ix]  trabaja con creyentes locales. Lo mismo acontece en Zacatecas, donde Julio Mallet Prevost [x]  inicia estudios bíblicos caseros y, posteriormente, junto con nacionales que hacen suyo el mensaje evangélico inician la pujante congregación protestante de Villa de Cos.

 En la ciudad de México el agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, John Butler conforma un pequeño grupo que se reúne con él para tener estudios bíblicos .  No mucho después del decreto de tolerancia de cultos promulgado por el emperador Maximiliano (26 de febrero de 1865), [xi]  Butler, Sóstenes Juárez y algunos Padres constitucionalistas forman la Sociedad de Amigos Cristianos.  El 18 de noviembre de ese año se celebra “por primera vez en la ciudad de México el culto evangélico, en la calles de San José del Real número 21”. [xii]  Al triunfo de la República sobre los conservadores y Maximiliano,  dicha Sociedad trasmuta su nombre por el de Comité de la Sociedad Evangélica , y sus integrantes abren al público sus reuniones que continúan desarrollándose en San José del Real. [xiii]

 Por la lectura individual de la Biblia distintas personas se alejan del catolicismo e inician contactos con las células protestantes de la ciudad de México. Son los casos, entre otros de dos personajes que serían claves para el posterior desarrollo del protestantismo mexicano: Arcadio Morales y Manuel Aguas. Esta vertiente, la de quienes como paso inicial leen la Biblia para después vincularse al protestantismo, ha sido importante no nada más en el caso mexicano sino igualmente en otros países latinoamericanos: “De forma general se puede decir que la Biblia ha jugado un papel destacado en el arraigo del protestantismo en América Latina. Siempre empezó apareciendo la Biblia y, detrás de ella, un predicador evangélico, cuando no era el propio agente bíblico quien actuaba también de evangelizador”. [xiv]

A los trece años, por estímulo de su madre,  Arcadio Morales [xv]  inicia la lectura de la Biblia. Seis años después asiste a una reunión en San José del Real 21, va enviado por su progenitora dado que ella estaba imposibilitada de asistir por un compromiso doméstico. El siguiente es el testimonio de Arcadio Morales sobre lo sucedido el 26 de enero de 1869:
El templo quedaba en el fondo de unos callejones tortuosos, oscuros, en el tercer piso de la casa mencionada […] me acompañaban el señor Luis Ortega, amigo mío y el señor Julián Rodríguez, que en paz goce, y que era el que se había empeñado en llevarme a su culto. Por fin llegamos a la capilla, y cual no sería mi sorpresa al encontrarme en una sala casi hermosa, limpia y bien alumbrada, como que era nada menos que la biblioteca de los padres filipinos, pues todo aquel edificio había pertenecido al convento de los jesuitas de la Profesa, [xvi]  que por virtud de las Leyes de Reforma había sido secularizado.
Allí se hallaban reunidos como unos veinte individuos pertenecientes a la clase humilde del pueblo; campesinos y obreros todos; no había ni una sola señora ni un niño; pero, los hombres que se hallaban allí era muy devotos y reverentes. El señor Sóstenes Juárez, profesor, era el pastor de aquel rebaño, y en aquella noche tenía como ayudante al señor Coronel Lauro González, quien leía la fórmula bautismal. Cuando el señor González leyó el capítulo tercero del Evangelio de San Mateo, me pareció al momento reconocer a un antiguo amigo mío, un viejo conocido que, al oírlo me llenaba de placer. Al concluir el culto fuimos presentados al pastor y su ayudante, quienes nos invitaron a volver. Al salir de la capilla pregunté al señor Rodríguez: “Este es el culto protestante. Sí, señor, me contestó. ¿Nada más? Nada más leer las Escrituras sagradas, hacer oración y explicar sencillamente el Evangelio. Entonces, dije para mí, yo he sido protestante hace mucho tiempo. ¡Qué equivocado estaba!” [xvii]

Otro lector solitario de la Biblia, primero, y después junto con varios colaboradores y seguidores, habría de sacudir al México de los primeros años setenta del siglo XIX.  Manuel Aguas  nace en el norteño estado mexicano de Chihuahua, en 1830. Es hijo de un español, Francisco Aguas, llegado a México para sofocar la Independencia y de Marcela N. La familia se traslada a la ciudad de México, donde Manuel hace sus estudios universitarios y musicales. A la edad de veinte años ingresa a la orden de los dominicos. En 1857, debido a una orden del gobierno liberal, tiene lugar la exclaustración de monjas y frailes, por lo que Manuel Aguas se dedica a estudiar homeopatía. En 1863 las autoridades de su orden lo nombran para hacerse cargo del curato de Cuautla, Morelos, donde el templo se atiborra de feligreses para escuchar sus intensos sermones. [xviii]

Alrededor de 1859-1860 retorna a la ciudad de México, y abre el Colegio Guadalupano que en poco tiempo alcanza alta reputación. Aguas predicaba en el templo de San José de Gracia, donde la muchedumbre llena el lugar para seguir las enseñanzas del dominico. Parece que es en 1867 cuando muda su ministerio al curato de Azcapotzalco, en aquel entonces un poblado aledaño a la ciudad de México y en nuestros días un barrio más de la misma.

En Azcapotzalco se presenta ante él una persona que dice ser protestante, después de varias horas de discusión entre ambos, el protestante acepta reconciliarse con la Iglesia católica.  En una carta fechada en octubre de 1871, en la que Aguas da cuenta de su itinerario de lo que él llama el romanismo a la verdadera religión , escribe que entre sus tareas como párroco estaba enseñar sobre la “pestilencia [del protestantismo] que vendría a hacernos en México más desafortunados que nunca”. [xix]  Manuel Aguas daba tiempo a combatir una presencia que no era imaginaria, como antes hemos visto, sino que ya contaba en la ciudad de México y sus alrededores con algunos núcleos y seguidores.

De Azcapotzalco es promovido para ser el confesor oficial de los canónigos de la Catedral Metropolitana, en la capital del país. Entre sus deberes estaba predicar con cierta regularidad ante el arzobispo y el capítulo catedralicio. Al tiempo de realizar lo anterior, Aguas entra crecientemente en una crisis de fe. En el documento antes citado menciona que “no tenía paz en el alma, dudaba de mi salvación, y nunca creía que estaba haciendo suficientes obras para obtenerla”.

Por el tiempo de sus dudas llega a manos de Manuel Aguas un panfleto protestante titulado Verdadera libertad . Su primera reacción es combatir el tratado con lo que él llama “su arsenal romanista”. Pero la voz de su conciencia le lleva a pensar que tal vez él estaba en el error. El todavía sacerdote decide ponerse a estudiar, dice, “todos los libros y panfletos protestantes que pudiese conseguir”. Subraya que con mucho cuidado se dedica a la tarea de leer la  Historia de la Reforma del siglo XVI , de Merle D’Aubigné.

Es importante referir que el autor del libro mencionado por Manuel Aguas, Merle Jean Henri D’Aubigné (1794-1872) nace en un poblado cercano a Ginebra, es hijo de una distinguida familia hugonota (calvinista). D’Aubigné tiene una conversión en 1816 mediante las campañas evangelísticas de los hermanos Robert y James Haldane, escoceses revivalistas y vinculados a la Iglesia bautista.

Un personaje ya mencionado que tiene un lugar central en la distribución de la Biblia en México, James Thomson que es colportor en nuestro país en dos periodos (1827-1830 y 1842-1844) se vincula con los Haldane (quienes evangelizan a D’Aubigné) en su adolescencia, trabaja con ellos y hasta antes de emprender su primer viaje a tierras latinoamericanas (Argentina en 1818), les ayuda en las tareas pastorales en la Iglesia bautista de Leite Walk, en Edimburgo.

Merle D’Aubigné publica su  Histoire de la Reformation du XVI siecle  en 5 volúmenes, el primero aparece en 1835 y el ultimo en 1853. La obra tuvo varias reediciones y traducciones, fue muy usada por lectores protestantes durante la segunda mitad del siglo XIX. Muy probablemente Manuel Aguas lee la obra en francés y se hace de un panorama amplio del desarrollo y características de la Reforma protestante.

 En la misiva de 1871, enviada a las oficinas de la Iglesia Episcopal en Estados Unidos con el fin de que apoye el trabajo evangélico que los mexicanos están realizando en el país, Manuel Aguas insiste en que además de los libros protestantes, sobre todo, se da a la tarea de estudiar la Biblia.Esentonces cuando “comienza a ver la luz del Señor” y queda totalmente convencido de la “la falsedad del sistema romano […] encontré la largamente deseada paz de mi alma”. Por lo que escribe después parece que decide dejar de practicar el sacerdocio católico pero no hace pública, en ese momento (¿1870?) su conversión, sino que se sostiene por su trabajo de médico y “en las tardes leía la Santa Escritura a mi familia, y oraba con ella”.

 Una vez que tiene claro que él ya es protestante, Manuel Aguas comienza a reunirse en la que llama en su misiva Iglesia protestante provisional . En ésta ministraba el misionero Henry C. Riley, nacido en Chile en 1835, educado en Estados Unidos e Inglaterra y ordenado como ministro de la Iglesia episcopal en 1866. Antes de llegar a México, en 1868, [xx]  Riley pastoreaba una iglesia de habla castellana en Nueva York.

 De la manifestación pública de su fe evangélica, la excomunión contra él por parte de las autoridades eclesiásticas católicas, la respuesta de Aguas y su activismo evangelizador y docente en la Iglesia de Jesús nos ocuparemos en nuestra próxima entrega.

 


   *  Ponencia presentada en el Coloquio Internacional  Historia, Protestantismo e Identidad en las Américas , organizado por la UNAM, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Fraternidad Teológica Latinoamericana, México, 6-8 de octubre del 2011.
 [i]  Intelectual y político de larga trayectoria. En 1805, junto con Jacobo de Villaurrutia, funda el  Diario de México . Decidido partidario de la Independencia de México. En 1822 es presidente del Congreso nacional. Por ser acérrimo crítico de Agustín de Iturbide y su ensayo imperial, Bustamante es encarcelado, recobra la libertad en marzo de 1823 y retoma su puesto parlamentario. Participa activamente en el Congreso Constituyente que elabora la Constitución de 1824.  Diccionario Porrúa. Historia, biografía y geografía de México , Editorial Porrúa, México, sexta edición, 1995, p. 501.
   [ii]   La Águila Mexicana , 11/XII/1823, pp.1-2; citado por Evelia Trejo, “La introducción del protestantismo en México. Aspectos diplomáticos”,  Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México , volumen 11, 1988, p. 1  (versión de Internet).
   [iii]  Al respecto me ocupo del tema en “De la presencia ideológica a la presencia física del protestantismo en el México independiente”, en Carlos Mondragón (coordinador),  Ecos del Bicentenario. El protestantismo y las nuevas repúblicas latinoamericanas , Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2011, pp. 205-227.
   [iv]  En un libro de mi autoría me ocupo del personaje y sus actividades en nuestro país, James Thomson: un escocés distribuidor de la Biblia en México, 1827-1830 , Editorial Cajica, Puebla, 2011.
   [v]  Daniel Kirk Crane,  La formación de una Iglesia mexicana, 1859-1872 , tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM, 1999, p. 47.
   [vi]  Los pros y contras en la discusión en  Los debates sobre la libertad de creencias , Facultad de Derecho UNAM, México, 1994.
   [vii]  Para conocer a detalle la obra de Melinda Rankin en el norte de México, sobre todo en Nuevo León, consultar sus memorias  Veinte años entre los mexicanos. Relato de una labor misionera , Fondo Editorial de Nuevo León, México, 2008.
   [viii]  Irlandés agente de la Sociedad Bíblica Americana, por cinco años (1861-1866, año de su muerte) distribuye la Biblia a la vez que pone los fundamentos de la Iglesia bautista en Monterrey. Para más datos Justo Anderson,  Historia de los bautistas. Sus comienzos y desarrollo en Asia, África y América Latina , tomo III, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1990, pp. 18-23.
   [ix]  Discípulo de Santiago Hickey, nacido en Inglaterra en 1837 y emigra a México en 1852. Se convierte a la fe evangélica y es bautizado por Hickey el 30 de enero de 1864. Al morir su mentor (1866), Westrup es nombrado representante de la Sociedad Bíblica Americana. Mayor información en Horacio Westrup P., “Tomás Martín Westrup”,  Paladines del Evangelio en México , Casa Unida de Publicaciones-Editorial La Aurora, México-Buenos Aires, 1953, pp. 13-35.
   [x]  Ciudadano estadunidense, casado en 1850 con Mariana Cosío, hija del liberal Severo Cosío. La boda debió celebrarse en Brownsville, Texas, bajo la liturgia presbiteriana. Pormenores sobre el personaje y su papel en la difusión del protestantismo en Zacatecas los consigna Joel Martínez López,  Orígenes del presbiterianismo en México , s/e,Matamoros, Tamaulipas, 1991, pp. 60-64.
   [xi]   Biblioteca.TV
   [xii]  Arcadio Morales, “Datos para la historia”,  El Faro , 15 de abril de 1897.
   [xiii]  Abraham Téllez,  Op. cit. , p. 169.
   [xiv]  Hans-Jürgen Prien,  La historia del cristianismo en América Latina , Ediciones Sígueme, Salamanca, 1985, p. 715.
   [xv]  Nacido en la ciudad de México, el 12 de enero de 1850. Hijo de Bartolo Morales y Felipa Escalona.
   [xvi]  El templo se localiza en las actuales calles de Isabel la Católica esquina con Francisco I. Madero.
   [xvii]  Arcadio Morales, “Memorias”,  El Faro , 15 de junio de 1947.
   [xviii]  Alberto Rosales Pérez,  Historia de la Iglesia nacional presbiteriana El Divino Salvador, bajo el pastorado del presbítero y doctor Arcadio Morales Escalona (1869-1922) , s/e, México, 1998, p. 27.
   [xix]  Manuel Aguas,  Letter from Manuel Aguas , T. Whittaker Publisher and Bookseller, No. 2, Bible House, New York, p. 1.
   [xx]  Daniel Kirk Crane,  Op. cit. , p. 98.

Autores: Carlos Martínez García
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