Archivos de la categoría ‘Iglesia’


César Vidal Manzanares

La reforma indispensable (31)

La disputa de Leipzig: el debate
Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino –al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes– tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias.

 

 El 18 de julio, una fanfarria de trompetas anunciaba en Frankfurt la coronación de Carlos de España como emperador y con ello que los planes papales para lograr que la elección imperial se ajustase a sus intereses habían fracasado estrepitosamente.   Al día siguiente, 19 de julio, se inició la disputa de Leipzig.  El lugar para su celebración era el castillo de Pleissenburg que el duque Jorge puso a disposición de la universidad de la ciudad.

Inicialmente, el duque se había mostrado muy reticente ante la idea de permitir que Lutero participara en un debate celebrado entre Eck y Carlstadt, e incluso no faltaron los problemas a la hora de decidir las instituciones que deberían dictaminar quién había ganado la disputa. Finalmente, se decidió que fueran las universidades de Erfurt y de París.

El 1 de julio, Eck, que no dejaba de quejarse de la mala calidad de la cerveza de Leipzig, supo que sus rivales de Wittenberg habían llegado. Se trataba de una comitiva numerosa encabezada por dos carros. En el primero, viajaba Carlstadt, acompañado por sus libros, y, en el segundo, iban el duque Barnim de Pomerania, rector de Wittenberg, Lutero y Melanchthon. Cuando entraban por las puertas de la ciudad, el primer carro se rompió y Carlstadt cayó en el barro provocando las carcajadas de algunos de los que habían salido a mirar la llegada de los visitantes. La caída de Carlstadt provocó que se golpeara la mano y que tuviera que practicársele una sangría, de manera que, a causa de la herida y del tratamiento a que se le sometió, estuvo en pésima situación durante algunos días.

 Cuando, finalmente, dio comienzo la disputa, los preliminares resultaron agotadores . Se iniciaron a las siete de la mañana con una misa del Espíritu Santo que estrenaba ese día un músico local llamado Jorge Rhau. Después Mosellano pronunció un prolongado discurso en latín sobre el procedimiento que seguiría el debate y, al cabo de dos horas, la audiencia que abarrotaba la sala pudo ver cómo el profesor de poesía se dirigía realizando reverencias hacia una puerta trasera para regresar al cabo de un instante con más músicos. A continuación, vino la comida y sólo entonces, tras un anuncio llevado a cabo por un floreo de trompetas, comenzó la disputa.

 La primera semana transcurrió en un debate entre Eck y Carlstadt acerca del tema de la gracia y del libre albedrío.  Se produjo un momento de tensión cuando un irritado Eck apeló al moderador negando que fuera necesario que Carlstadt llevara todos sus libros consigo y tuviera que consultar cada cita. Finalmente, el moderador decidió dar la razón a Eck.

La discusión se extendía únicamente durante el día por lo que quedaba un cierto tiempo para pasear y hacer visitas. A la sazón, Tetzel, uno de los personajes que habían provocado el inicio de la controversia sobre las indulgencias, se encontraba muy enfermo en Leipzig. Es posible que la pérdida de salud estuviera relacionada con la derrota de los propósitos que había abrigado contra Lutero, pero, sobre todo, por la manera en que se había visto abandonado por la jerarquía a la que había defendido encarnizadamente. Apenas unos meses antes había recibido un doctorado y el respaldo de su orden; ahora y como consecuencia de la visita conciliadora de Miltitz al elector se veía reducido al papel de sujeto que estorbaba y, en consecuencia, sufría un arrinconamiento. No deja de ser significativo que precisamente en esos momentos Lutero, que había sido víctima de sus asechanzas nada nobles, le enviara una nota consolándolo en su enfermedad. Sin duda, se trató de una muestra de caridad cristiana, pero, posiblemente, en ese comportamiento subyacía también la convicción de que Tetzel había pasado a ser un personaje secundario en una controversia que se elevaba por encima de los individuos para dirigirse hacia los principios.

 Durante los siguientes días en que se prolongó el debate, el aburrimiento fue invadiendo a los asistentes. Incluso los teólogos comenzaron a seguirlo con los ojos cerrados. Era obvio que se necesitaba un cambio que animara la disputa y éste se produjo cuando el día 4 de julio acudió Lutero a debatir con Eck.

El agustino comenzó su exposición con prudencia manteniendo su tesis décimotercera con la afirmación de que el papado era de derecho humano. Semejante opinión puede resultar chocante para un católico actual, pero lo cierto es que era la que mantenía en el seno de la iglesia católica el movimiento conciliarista en las décadas anteriores e incluso la que había sostenido personaje tan poco sospechoso de heterodoxia como Tomás Moro en sus años jóvenes. El punto de vista de Lutero no era, por lo tanto, necesariamente heterodoxo en esa época, pero Eck captó a la perfección que, si era lo suficientemente hábil, podía mezclarlo con elementos políticos para lograr que el agustino apareciera como un hereje. Tanto la universidad de Leipzig como el duque Jorge por motivos familiares eran especialmente sensibles a las menciones a Bohemia y a las guerras hussitas que se habían iniciado cuando los bohemios habían decidido defender su libertad religiosa con las armas. Para ellos, Juan Huss no sólo era un hereje, que había ardido en una hoguera en Constanza, sino el origen de un peligro político. Conocedor de esa circunstancia, Eck se había dedicado a acusar a Lutero de “bohemio” y “hussita” en algunos escritos difundidos antes de la controversia y ahora iba a volver a utilizar esa arma dialéctica.

Lutero había crecido y se había educado con el comprensible horror católico hacia Juan Huss. No sólo eso. Además, el orgullo de los agustinos de Erfurt era Juan Zacarías que había pasado a la Historia con el nombre de “azote de Huss”. Lutero había tenido ocasión de ver su tumba en la que estaba grabada la rosa de oro que se le había concedido por su celo contra Huss. No resulta, por lo tanto, extraño que Lutero se opusiera a que Eck lo etiquetara de esa manera. Sin embargo, a esas alturas, y después de haberse sumergido en el estudio de la Historia eclesiástica, para Eck no resultó muy difícil llevarlo a una situación en la que afirmó que “entre los artículos de Juan Huss y de los hussitas que fueron condenados hay muchos que son verdaderamente cristianos y evangélicos, y que la iglesia universal no puede condenar”. Aquella afirmación provocó un silencio sepulcral en la sala que fue seguido por una exclamación del duque Jorge en el sentido de que aquello era “la peste”. Eck captó a la perfección que había colocado en una situación más que delicada a su adversario y siguió presionando en esa dirección.  Lutero no sólo cuestionaba el origen divino del papado – una posición no necesariamente heterodoxa a la sazón – sino que iba más allá y, efectivamente, el agustino reconoció que, tal y como pretendía Eck, desde su punto de vista, los concilios podían también equivocarse.

 Llegados a ese punto, Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino – al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes – tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias que, dicho sea de paso, había sido el inicio de todo el Caso Lutero.

El 14 de julio, Carlstadt regresó a la disputa y el duque Jorge se apresuró a poner punto final a los debates. El elector de Brandeburgo venía a visitarlo para una cacería y poca duda puede haber de que el duque se sentía mucho más interesado en perseguir animales con su jauría que en escuchar aquel cruce de argumentos teológicos. Una vez más, Jorge Rhau hizo acto de presencia y señaló el final del debate con un elaborado Te Deum.

 Continuará: Conclusión del debate de Leipzig

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (30)

Meses antes de la disputa de Leipzig, Eck era un defensor del poder papal, mientras que Lutero estaba cerca de considerar la Iglesia católico-romana una entidad perversa.
La política de acercamiento del pontífice al elector Federico se puso claramente de manifiesto en la misión que llevó a cabo el agente papal Carlos von Miltitz. Dotado de una notable ambición diplomática y de un elevado concepto de si mismo, von Miltitz era un alemán italianizado que, en apariencia, estaba especialmente bien dotado para su comisión. Miltitz llegó a la corte del Elector cargado de regalos papales.  De entrada, varios hijos bastardos de Federico iban a ser legitimados en virtud de sendas dispensas papales. Además, el pontífice le otorgaba la Rosa de oro, una distinción verdaderamente extraordinaria. Por si fuera poco, von Miltitz aseguró al elector que tanto el papa como el cardenal Accolti habían emitido algunas opiniones bastante negativas acerca de Tetzel y de Prierias, enemigos ambos de Lutero. A cambio de aquel despliegue de halagos papales, se esperaba que el elector respaldara la política del papa en relación con el sucesor del emperador Maximiliano. En otras palabras, los asuntos espirituales podían esperar frente a la situación política del papado.

 Lutero se entrevistó varias veces con Miltitz  en Altenburg, pero no se dejó engañar por el estilo de su interlocutor. Sin embargo,  aceptó la idea de mantenerse apartado de cualquier controversia siempre que sus oponentes actuaran de la misma manera . Miltitz prometió entonces lograr la intervención de un mediador más imparcial como el arzobispo de Salzburgo o el obispo de Tréveris.

En un intento de facilitar la correcta comprensión de sus opiniones, Lutero redactó una breve declaración donde salía al paso de las acusaciones de que la enseñanza de la justificación por la fe era un llamamiento a olvidar las buenas obras. El texto incluía un párrafo bien revelador: “No he pasado por alto las buenas obras. Sólo he afirmado que, al igual que el árbol ha de ser bueno antes de poder dar buen fruto, de la misma manera el hombre ha de ser hecho bueno por la gracia de Dios, antes de hacer lo bueno”.

 Y entonces, intervino un teólogo llamado Juan Eck.

 LA DISPUTA DELEIPZIG: LOS PRELIMINARES
Cuando todavía corría el año 1517,  Juan Eck,  un antiguo amigo de Lutero, vano, violento y amigo de la bebida,  hizo circular un virulento ataque contra las Noventa y cinco tesis.  El agustino se sintió profundamente herido por el episodio, pero no respondió. En realidad,  quien salió en su defensa fue Carlstadt, uno de los seguidores de Lutero.  En respuesta, Eck lo desafió a una disputa pública, aunque lo cierto es que deseaba enfrentarse con Lutero. Así, durante los meses siguientes, en que se preparaba el encuentro que sería conocido como la disputa de Leipzig, se desencadenó un enfrentamiento por escrito de enormes consecuencias.

Hasta aquel entonces, la línea de argumentación de Lutero se había sustentado de manera esencial en las Escrituras y se había centrado en las doctrinas de la gracia y en determinados problemas pastorales. Sin embargo, a esos aspectos se iban a sumar otros. De una manera casi casual,  en sus Resoluciones, Lutero había sugerido que en la época de Gregorio I, la iglesia romana no estaba por encima de las otras iglesias  ( non erat super alias ecclesias ).  Eck aprovechó esta declaración ciertamente de pasada para formular la duodécima de una serie de tesis que publicó contra Lutero y Carldstadt  y que afirmaba: “Negamos que la iglesia romana no fuera superior a las otras iglesias en la época de Silvestre, sino que reconocemos que aquel que tiene la sede y la fe del bienaventurado Pedro siempre ha sido el sucesor de Pedro y el Vicario de Cristo”.

 Aquella afirmación provocó que Lutero se lanzara a un estudio intensivo de la Historia de la Iglesia y del derecho canónico  cuyos resultados no se hicieron esperar. No mucho después afirmaba:

“Que la iglesia romana es superior a todas las iglesias está ciertamente demostrado por los decretos promulgados por los pontífices romanos durante los últimos cuatrocientos años. Pero este dogma eclesiástico es contrario a las Historias comprobadas de 1100 años, a la enseñanza sencilla de la Divina escritura y al decreto del concilio de Nicea, el más sagrado de los concilios”.

 Según Lutero, ciertamente, el desarrollo del poder papal había sido excepcional en los últimos cuatro siglos, pero la Biblia no hacía referencia alguna a la iglesia de Roma más allá de  la carta enviada por Pablo y el decreto del concilio de Nicea dejaba de manifiesto que el papel del papa había sido mínimo en el mismo a diferencia de lo sucedido con los obispos orientales. Sin embargo, aquello era sólo el comienzo.

 Durante la Edad Media, había sido habitual fundamentar el poder papal en una serie de documentos falsos a los que se denomina convencionalmente como “fraudes píos”.  Esos textos incluían desde las pseudos-decretales a la Donación de Constantino, un texto en el que, supuestamente, el emperador entregaba al obispo de Roma los territorios pontificios, pero, que, en realidad, era un falsificación. El inicio del estudio histórico-crítico durante el Renacimiento había puesto de manifiesto la falta de autenticidad de estos textos canónicos lo que se había traducido, entre otras circunstancias, en un cuestionamiento del poder papal. Lutero había sido ajeno hasta ese entonces a estos aspectos históricos, pero ahora descubrió, por ejemplo, la obra del humanista Lorenzo Valla que, en 1440, había demostrado definitivamente que la  Donatio Constatini  era una falsificación.

En la actualidad, esa circunstancia no reviste especial relevancia, primero, porque casi nadie sabe qué es la  Donatio ; segundo, porque el papa ha abandonado los planes mantenidos durante siglos de ampliar territorialmente los Estados pontificios y, tercero, porque el católico medio tiene una capacidad de metabolizar la Historia de su iglesia verdaderamente prodigiosa. Sin embargo, a finales del s. XV e inicios del s. XVI, el descubrimiento del fraude tuvo consecuencias fáciles de entender en la medida en que indicaba que la Santa Sede no había tenido escrúpulo alguno en perpetuar un engaño con la única finalidad de legitimar su poder político. El descubrimiento afectó también a Lutero.

El 13 de marzo, cuando se hallaba inmerso en el estudio de las decretales, llegó a escribir:“Y, dicho sea entre nosotros, no sé si el papa es el Anticristo mismo o tan sólo su apóstol, por la manera tan terrible en que Cristo, i. e., la Verdad es maltratado y crucificado por él en las decretales”.

 Por lo tanto, meses antes de que tuviera lugar la disputa de Leipzig, las posiciones estaban claramente definidas. Eck era un indudable defensor del poder papal, mientras que, en el caso de Lutero, las dudas sobre la institución habían avanzado extraordinariamente hasta hallarse cerca de considerarla una entidad verdaderamente perversa.

 CONTINUARÁ: La Disputa de Leipzig y sus consecuencias

Autores: César Vidal Manzanares

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El obispo John Bradosky de la Iglesia Luterana de América del Norte se ha unido a otros líderes cristianos y  religiosos de otras comunidades de fe en una carta abierta defendiendo el matrimonio y la libertad religiosa.
«El matrimonio y la libertad religiosa: los bienes fundamentales que sostienen o caen juntos – una abierta Carta de los líderes religiosos en los Estados Unidos a todos los estadounidenses «, fue lanzado el jueves, 12 de enero.
«Como líderes religiosos a través de una amplia variedad de comunidades de fe, nos unimos para afirmar que el matrimonio en su verdadera definición debe ser protegida por su propio bien y por el bien de la sociedad, » dice la carta.
«Animamos a todos los hombres de buena voluntad para proteger el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, y de considerar cuidadosamente las consecuencias de largo alcance para la libertad religiosa de todos los Estadounidenses si el matrimonio es redefinido «, dice la carta.
La carta señala que la modificación de la definición del matrimonio va a cambiar cientos de leyes. También se establece que aquellos que se aferran a las creencias religiosas tradicionales sobre el matrimonio se enfrentaría las sanciones y la discriminación legal para la celebración de su fe si la definición del matrimonio es cambiado.
«En especial, exhortamos a los encargados del bien público para apoyar las leyes que defienden la definición de todo los tiempos  del matrimonio, y así evitar que amenazan la libertad religiosa de un sinnúmero de las instituciones y de los ciudadanos en este país.

El matrimonio y la libertad religiosa son profundamente entrelazada en el tejido de esta nación «, dice la carta.
Además de obispo Bradosky, firmantes de la carta incluyen a líderes de una amplia gama de
Cuerpos de la iglesia cristiana – de los católicos romanos y anglicanos a los bautistas y pentecostales.
El reverendo Matthew Harrison, presidente de la Iglesia Luterana-Sínodo de Missouri, fue uno de los 35 signatarios.
La Iglesia Evangélica Luterana en América y algunos otros órganos de la iglesia protestante liberal no tiene líderes firmaron n la carta.
«Ser audaces en nuestra confesión de Cristo a una cultura hostil nunca es fácil. Es la hora de tomar una posición por lo que creemos que nos pone en relación con los de diversos
perspectivas teológicas. Que es el caso entre los que se han unido para firmar la declaración dada a conocer hoy con respecto a la preservación de la libertad religiosa, la santidad de matrimonio, y la definición del matrimonio conservada en la Escritura y la fiel interpretación de las Escrituras a través de miles de años «, dijo el obispo Bradosky.
«Aunque creemos que estos conocimientos y los valores son esenciales para el bien de todas las personas en nuestra nación y en todo el mundo, y además creen que la presión política ejercida sobre la iglesia a aceptar o redefinir el matrimonio de acuerdo a la comprensión cultural relativista es una perversión de los derechos garantizados por nuestra Constitución, que es aborrecible para nosotros porque es contrario a la enseñanza de las Escrituras. La definición del matrimonio es establecida por el Creador, por el Salvador y bendecido por el Espíritu Santo, afirmó. Por tanto, es imposible que la Iglesia para redefina o acepte a estos cambios de fe.
«Es triste reconocer que nuestra cultura ha llegado a un punto en que tal declaración es necesaria, y sin embargo, es sólo para un momento como este, que el Señor ha llamado a la Iglesia Luterana de América del Norte, para poder afirmar y ofrecer nuestro apoyo a esta causa tan importante «, el Obispo Bradosky dijo. «Por todas estas razones tengo el honor de firmar este documento.»
En diciembre de 2010, el Obispo Paull Spring de la NALC se unió a otros líderes religiosos de América en la firma de «La Protección del Matrimonio: Un compromiso compartido».
La carta con la lista de firmantes está disponible en línea en http://www.thenalc.org. Una lista de frecuencia preguntas y un resumen ejecutivo están disponibles en línea.


MARRIAGE AND RELIGIOUS FREEDOM:
Fundamental Goods That Stand or Fall Together An Open Letter from Religious Leaders in the United States to All Americans
Released January 11, 2012
Dear Friends:
The promotion and protection of marriage—the union of one man and one woman as husband and wife—is a matter of the common good and serves the wellbeing of the couple, of children, of civil society and all people. The meaning and value of marriage precedes and transcends any particular society, government, or religious community. It is a universal good and the foundational institution of all societies. It is bound upwith the nature of the human person as male and female, and with the essential task of bearing and nurturing children.
As religious leaders across a wide variety of faith communities, we join together to affirm that marriage in its true definition must be protected for its own sake and for the good of society. We also recognize the grave consequences of altering this definition. One of these consequences—the interference with the religious freedom of those who continue to affirm the true definition of “marriage”—warrants special attention within our faith communities and throughout society as a whole. For this reason, we come
together with one voice in this letter.
Some posit that the principal threat to religious freedom posed by same-sex “marriage” is the possibility of government’s forcing religious ministers to preside over such “weddings,” on pain of civil or criminal liability. While we cannot rule out this possibility entirely, we believe that the First Amendment creates a very high bar to such attempts.
Instead, we believe the most urgent peril is this: forcing or pressuring both individuals and religious organizations—throughout their operations, well beyond religious ceremonies—to treat same-sex sexual conduct as the moral equivalent of marital sexual conduct. There is no doubt that the many people and groups whose moral and religious convictions forbid same-sex sexual conduct will resist the compulsion of the law, and church-state conflicts will result.
These conflicts bear serious consequences. They will arise in a broad range of legal contexts, because altering the civil definition of “marriage” does not change one law, but hundreds, even thousands, at once.
By a single stroke, every law where rights depend on marital status—such as employment discrimination, employment benefits, adoption, education, healthcare, elder care, housing, property, and taxation—willchange so that same-sex sexual relationships must be treated as if they were marriage. That requirement, in turn, will apply to religious people and groups in the ordinary course of their many private or public occupations and ministries—including running schools, hospitals, nursing homes and other housing
facilities, providing adoption and counseling services, and many others.
So, for example, religious adoption services that place children exclusively with married couples would be required by law to place children with persons of the same sex who are civilly “married.” Religious marriage counselors would be denied their professional accreditation for refusing to provide counseling in support of same-sex “married” relationships. Religious employers who provide special health benefits to married employees would be required by law to extend those benefits to same-sex “spouses.” Religious employers would also face lawsuits for taking any adverse employment action—no matter how modest— against an employee for the public act of obtaining a civil “marriage” with a member of the same sex. This is not idle speculation, as these sorts of situations have already come to pass.
Even where religious people and groups succeed in avoiding civil liability in cases like these, they would face other government sanctions—the targeted withdrawal of government co-operation, grants, or other benefits.
For example, in New Jersey, the state cancelled the tax-exempt status of a Methodist-run boardwalk pavilion used for religious services because the religious organization would not host a same-sex “wedding” there. San Francisco dropped its $3.5 million in social service contracts with the Salvation Army because it refused to recognize same-sex “domestic partnerships” in its employee benefits policies. Similarly, Portland, Maine, required Catholic Charities to extend spousal employee benefits to same-sex “domestic partners” as a condition of receiving city housing and community development funds.
In short, the refusal of these religious organizations to treat a same-sex sexual relationship as if it were a marriage marked them and their members as bigots, subjecting them to the full arsenal of government punishments and pressures reserved for racists. These punishments will only grow more frequent and more severe if civil “marriage” is redefined in additional jurisdictions. For then, government will compel special recognition of relationships that we the undersigned religious leaders and the communities of faith that we represent cannot, in conscience, affirm. Because law and government not only coerce and incentivize but also teach, these sanctions would lend greater moral legitimacy to private efforts to punish those who defend marriage.
Therefore, we encourage all people of good will to protect marriage as the union between one man and one woman, and to consider carefully the far-reaching consequences for the religious freedom of all Americans if marriage is redefined. We especially urge those entrusted with the public good to support laws that uphold the time-honored definition of marriage, and so avoid threatening the religious freedom of countless institutions and citizens in this country. Marriage and religious freedom are both deeply woven into the
fabric of this nation.
May we all work together to strengthen and preserve the unique meaning of marriage and the precious gift of religious freedom.
Sincerely Yours:
Rev. Leith Anderson
President
National Association of Evangelicals
Johann Christoph Arnold
Senior Pastor
Bruderhof Communities
Randall A. Bach
President
Open Bible Churches
Dr. Gary M. Benedict
President
The Christian and Missionary Alliance
The Rev. John F. Bradosky
Bishop
North American Lutheran Church
Bishop H. David Burton
Presiding Bishop
The Church of Jesus Christ of Latter-day
Saints
Rabbi Abba Cohen
Vice President for Federal Affairs
Washington Director
Agudath Israel of America
Most Rev. Salvatore J. Cordileone
Bishop of Oakland
Chairman
USCCB Subcommittee for the Promotion
and Defense of Marriage
Cardinal-designate Timothy M. Dolan
Archbishop of New York
President
United States Conference of Catholic Bishops
The Most Rev. Robert Duncan
Archbishop, Anglican Church in North
America
Bishop, Anglican Diocese of Pittsburgh
Dr. Barrett Duke
Vice President for Public Policy and Research
Southern Baptist Ethics & Religious Liberty
Commission
Rev. Jim Eschenbrenner
Executive Pastor
General Council of Christian Union
Churches
Dr. William J. Hamel
President
Evangelical Free Church of America
Rev. Dr. Ron Hamilton
Conference Minister
Conservative Congregational Christian
Conference
Rev. Matthew Harrison
President
Lutheran Church – Missouri Synod
John Hopler
Director
Great Commission Churches
Dr. Bill Hossler
President
Missionary Church, Inc.
Clyde M. Hughes
General Overseer
International Pentecostal Church of Christ
Rev. Kenneth D. Hunn
Executive Director
The Brethren Church
David W. Kendall
Bishop
Free Methodist Church USA
Dr. Richard Land
President
Southern Baptist Ethics & Religious Liberty
Commission
Most Rev. William E. Lori
Bishop of Bridgeport
Chairman
USCCB Ad Hoc Committee for
Religious Liberty
Dr. Jo Anne Lyon
Chair Board of General Superintendents
The Wesleyan Church
Most Rev. Kevin C. Rhoades
Bishop of Ft. Wayne – South Bend
Chairman
USCCB Committee on Laity, Marriage,
Family Life and Youth
Commissioner William A. Roberts
National Commander
The Salvation Army
Rocky Rocholl
President
Fellowship of Evangelical Churches
Rev. Samuel Rodriguez
President
National Hispanic Christian
Leadership Conference
David T. Roller
Bishop
Free Methodist Church USA
Matthew A. Thomas
Bishop
Free Methodist Church USA
Dr. Joseph Tkach
President & Pastor General
Grace Communion International
Berten A. Waggoner
National Director
Vineyard USA
W. Phillip Whipple
Bishop
United Brethren in Christ Church, USA
Dr. John P. Williams, Jr.
Regional Director
Evangelical Friends Church, North America
David P. Wilson
General Secretary
Church of the Nazarene
Dr. George O. Wood
General Superintendent
Assemblies of God


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (29)

Se mirara como se mirara, resultaba obvio que la vida de Lutero estaba pendiente de un hilo.

 

Ya relatamos en el artículo de la pasada semana que tras predicar en Wittenberg hasta finales de noviembre, el agustino dijo adiós a sus habitantes de Wittenberg, celebrando el 1 de diciembre una cena de despedida. El 8 de diciembre, Federico envió una respuesta a Cayetano. De manera sorprendente para el cardenal, se negaba a expulsar a Lutero de Wittenberg y manifestaba que tampoco estaba dispuesto a entregarlo a Roma. 

Sus razones no eran nimias.

Por un lado, indicaba que la universidad de Wittenberg estaba detrás del agustino y le había suplicado que lo protegiera.

Por otro, era su obligación como príncipe cristiano actuar de manera honorable y de acuerdo con su conciencia. A su juicio, esa circunstancia impedía que considerara como hereje a alguien cuya herejía no había quedado demostrada judicialmente.

La posición del Elector era muy arriesgada aunque no cabe la menor duda de que se basaba en principios extraordinariamente nobles.

 Y precisamente entonces la marcha del imperio experimentó un vuelco.  

El 12 de enero de 1519, el emperador Maximiliano falleció y su nieto Carlos, el rey de España, acudió a Alemania con la intención de convertirse en el nuevo emperador.  La pesadilla que el papa -un príncipe con intereses políticos y territoriales a fin de cuentas- venía temiendo desde hacía años parecía más cerca de convertirse en realidad que nunca.  Si Carlos heredaba la corona imperial, los Estados pontificios se verían prácticamente cercados por España  y sus posibilidades de expansión territorial desaparecerían.

 No resulta extraño, por lo tanto, que el pontífice estuviera moviendo todas sus piezas en el tablero de la política internacional para favorecer a los rivales de Carlos ya fuera Francisco I de Francia o incluso el Elector Federico. 

Ante unos intereses internacionales de esa magnitud, la pureza doctrinal de la iglesia, como en tantas ocasiones antes y después, pasaba a convertirse para el papa León X en un asunto de segundo rango. El 29 de marzo, el papa escribió a Lutero una nota mucho más suave  por su tono que cualquier otra de las comunicaciones previas. Y se trataba sólo del principio.

En junio, el Elector recibió la comunicación de que si todo iba bien en el asunto de la elección imperial el capelo cardenalicio podría adornar la coronilla de alguno de sus amigos. La promesa –una referencia apenas oculta a Lutero– dice mucho de las prioridades de la Santa Sede a la sazón.

El historiador católico J. Lortz ha señalado cómo nada podía justificar tanto la protesta de Lutero como esa subordinación del peligro de herejía a los intereses de la política papal e italiana y que pocas cosas impidieron tanto el evitar la ruptura [1] .

 El juicio recoge una verdad innegable. Durante la primavera y el verano de 1519 –una época verdaderamente decisiva en que Lutero se encontraba realmente inerme y desprotegido– la condena del presunto hereje quedó encallada simplemente a causa de los intereses políticos del papa. 

Pocas veces, estuvo la Santa Sede más cerca de conseguir acabar con Lutero; y pocas veces, hubiera encontrado menos resistencia. Nunca tuvo, seguramente, más a su alcance concluir a su gusto y sin complicaciones el Caso Lutero.

Sin embargo, el comportamiento del papa no sólo significó la pérdida de aquella oportunidad sino que también se tradujo en un descrédito para la institución y su titular que anteponían cuestiones materiales a las supuestas obligaciones espirituales.

 Continuará: la Disputa de Leipzig  

 


 

   [1]  J. Lortz, Reforma…, pp. 236 ss.
 

 

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2011

 

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Publicado: diciembre 29, 2011 en Iglesia


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La fuga de Eck

Publicado: diciembre 19, 2011 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares
La Reforma indispensable (28)

Staupitz liberó a Lutero de sus votos monásticos para facilitarle así la huída y emprendió una apresurada salida de Augsburgo en compañía de Link sin siquiera despedirse del cardenal Cayetano.

El 16 de octubre, Staupitz y Link habían considerado que la situación era tan peligrosa que habían optado por abandonar Augsburgo. Lutero se había quedado peligrosamente solo.

Solo, pero no rendido. El 18 de octubre, escribió una carta “al papa mal informado que debería estar mejor informado”. En la misiva insistía en que sus posiciones habían sido tergiversadas y que estaba dispuesto a someterse a una audiencia en cualquier lugar que no fuera Roma ya que, en esa ciudad, el mismo papa había estado a punto de ser asesinado el año anterior. Las dos afirmaciones, dicho sea de paso, eran rigurosamente ciertas.

También escribió Lutero al cardenal Cayetano despidiéndose formalmente. Cayetano no se dignó responder y los partidarios de Lutero interpretaron aquel silencio como un pésimo presagio.

Durante la noche del 20 al 21 de octubre, Lutero fue despertado por un hombre de confianza de su amigo el canónigo Langenmantel. Sin darle tiempo a despejarse, fue empujado hasta la puerta de atrás y colocado sobre un caballo sin calzones ni botas. Sin una sola parada, fue llevado al galope hasta una aldea llamada Murheim, situada a una cincuentena de kilómetros. Lutero se desplomó al llegar a un establo y, a causa del dolor y del agotamiento, no pudo emprender el viaje durante un día completo que pasó oculto. Después partió hacia Wittenberg a través de Nuremberg. En esta ciudad, fue recibido calurosamente y recibió una copia de su orden de arresto, una circunstancia a la que había escapado por muy poco.

Cayetano estaba furioso después de que se le hubiera escapado una presa que daba por segura. Inmediatamente, escribió una carta muy áspera al elector Federico quejándose de lo que consideraba el comportamiento insolente de Lutero. Al final de la misiva, el cardenal se refería al agustino despectivamente como frailecillo ( fraterculus ). Federico pasó la misiva a Lutero que escribió una respuesta larga y sopesada –en ello le iba la vida– en la que acusó a Cayetano de romper las promesas que había formulado al Elector puesto que no había tenido lugar ninguna discusión y además se le había juzgado sin escucharlo. Sin embargo, Lutero no estaba dispuesto a que su situación significara riesgo alguno para el príncipe y la concluía afirmando: “Estoy dispuesto a dejar vuestro territorio y a marcharme a donde el Dios misericordioso disponga que vaya”.

Todo esto sucedía mientras Lutero se veía situado en unas circunstancias extraordinariamente perjudiciales. Al regresar a Wittenberg, procedió a escribir un relato de su entrevista con Cayetano y el texto de una apelación a un concilio general ante el que pudiera exponer con libertad su causa. Su intención no era publicarlo, sino conservarlo para el caso de que se produjera una reacción del papa en su contra. Sin embargo, sin conocimiento de Lutero, el texto salió a la luz. La gravedad de esa circunstancia puede comprenderse si se tiene en cuenta que la bula Execrabilis de 1460 condenaba como herejía el hecho de apelar a un concilio general. Al situarse en ese terreno, Lutero se convertía automáticamente en hereje, se veía privado del derecho de apelación por la ley canónica e impedía prácticamente que el Elector Federico le siguiera protegiendo salvo que deseara verse sometido a las más graves penas.

Por su parte, el 25 de octubre, Cayetano había remitido al papa un nuevo estudio sobre las indulgencias con un informe sobre el caso Lutero. La curia utilizó aquel material como base para una decretal de fecha 9 de noviembre que fue entregada a Carlos von Miltitz a fin de que se la hiciera llegar al cardenal. El texto – que iba dirigido contra “un cierto religioso en Alemania” – no pasaba de ser una reafirmación de la interpretación tomista-dominica de las indulgencias y del poder absoluto del papa en esta materia. No contenía, sin embargo, la menor referencia a los abusos que se cometían al respecto y, de manera previsible, condenaba las posiciones de Lutero como inadmisibles.

Se mirara como se mirara, resultaba obvio que la vida de Lutero estaba pendiente de un hilo. Tras unas semanas en que predicó todos sus sermones con la sensación de que podía tratarse del último, a finales de noviembre, el agustino dijo adiós a los habitantes de Wittenberg. El 1 de diciembre, celebró una cena de despedida que estuvo teñida por el dramatismo. En el curso de la misma llegaron dos cartas que eran fiel reflejo del momento por el que se atravesaba. La primera se debía a Spalatino y manifestaba la sorpresa que tenía el Elector porque Lutero no había abandonado todavía la ciudad; la segunda, indicaba que si no se había marchado, era mejor que no lo hiciera porque había una serie de cuestiones nuevas y urgentes que había que discutir.

El 8 de diciembre, Federico envió una respuesta a Cayetano. De manera sorprendente para el cardenal, se negaba a expulsar a Lutero de Wittenberg y manifestaba que tampoco estaba dispuesto a entregarlo a Roma.

Continuará: el papa antepone la política al dogma

Autores: César Vidal Manzanares

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Por Néstor Cornara

En el libro “Misión sin Conquista”, los autores nos invitan a una búsqueda –lo expresan así- “a buscar cómo llevar adelante la tarea de hacer conocer el evangelio en todo el mundo, en formas más eficaces que a la vez sean fieles al estilo de presencia que vivía y enseñaba Jesús”.

El Equipo Menonita se volcó a esta búsqueda hace más de 55 años. Dejando de lado todo intento “conquistador” y liberándose de la necesidad de dejar como legado una “iglesia denominacional”, encontraron un estilo alternativo de misión: “caminar al lado de otros que también están buscando la Vida”. Entonces, esta invitación que hacen es para todos los que están en esa búsqueda. Para ello:

–    Relatan históricamente el camino de fe del pueblo toba-qom en el Chaco argentino, desde los años de su conversión al camino de Jesús.

–    Describen el desarrollo de una iglesia autóctona que se fortaleció por el acompañamiento en pos de la autogestión de las comunidades receptoras del evangelio.

–    Cuentan la experiencia vivencial de uno de los matrimonios del Equipo Menonita.

A decir verdad, lo primero que me llamó la atención fue el título, que más que título es una proclamación, una declaración, una afirmación. Decididamente “Misión sin conquista” define explícitamente que hay otra forma de hacer misión, en contraste u oposición a la “misión” con conquista. En relación a este tema, René Padilla hace mención en el prólogo –con justa referencia– al libro de Juan A. Mackay, “El otro Cristo español”. Creo también, que para tener un cuadro completo de la realidad de aquellos años, habría que añadir a esta trilogía el libro “Las venas abiertas de América Latina”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Willis Horst dice al respecto:

El Señor nos envió a los pueblos originarios del Chaco en un contexto posconquista. El legado de la conquista está sellado en cada célula de la memoria de los indígenas chaqueños. No pasa ni un día en que los efectos de la conquista no se hagan sentir. La conquista no se limitó a lo militar, sino que abarcó lo cultural y lo espiritual. Es más, las atrocidades del genocidio, el etnocidio y el deicidio se cometieron en nombre del dios de los conquistadores, los cristianos, y con toda su autoridad.

En  “Misión sin Conquista”, los autores nos comparten su historia junto al pueblo Toba-qom en el Chaco argentino. En este relato nos cuentan el camino que han transitado desde los inicios de la Misión Menonita en 1943 hasta nuestros días como Equipo Menonita: casi 70 años. Menciono esto con mucho respeto y reconocimiento a todos los misioneros extranjeros, los de antes y los de ahora, que han venido a dejar sus vidas en el monte chaqueño. También a los argentinos que se les han unido en estos últimos tiempos.

CAMBIOS DE PARADIGAMA

Jesús vino para compartir su vida con nosotros, así lo entienden ellos al tomarlo como ejemplo y modelo de misión integral. Lo que surge de sus páginas es para que reflexionemos sobre la forma en que hacemos misión, y es también un desafío a reconsiderar los caminos, las estrategias y los programas en los que hemos envuelto y condicionado la misión y, si fuera necesario, desandar esos caminos y cambiar los paradigmas de misión que tenemos.

MISIÓN AL ESTILO DE JESÚS

La “práctica misionera alternativa” que presentan los autores no es otra cosa que lo que ellos interpretan sobre lo que fue la misión de Jesús. Como lo hizo Jesús al venir hasta nosotros, ellos conviven –“viven con”–  el pueblo toba-qom: “Aquel que es la palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros” (Juan 1.14). Es lo que conocemos como misión encarnacional. Una misión comprometida “con” el otro, no “para” el otro.

Dios, en la persona de Jesús, se inserta en la historia, interviene e influye en el mundo y se involucra e inspira a la Iglesia. Así lo expresan los autores:

Cuando desde el Equipo Menonita hablamos de nuestra praxis misionera como una alternativa, la idea no es poner nuestro estilo en contra de otras formas de presencia misionera ni proponerlo como superior a otros. Lo que entendemos es que este estilo de acompañamiento es la manera más adecuada al contexto de los pueblos originarios chaqueños.

EN EL ACOMPAÑAMIENTO

El hecho de que se hable de “acompañar” o “caminar” no es algo metafórico, como el “peregrinaje del cristiano”, sino literal.

“La convivencia con gente indígena –dicen– nos convenció del acompañamiento mutuo.  La gente indígena también nos acompaña a nosotros. Nos hospedan, tanto cultural como físicamente. El anuncio del evangelio se hace en gran parte al escuchar, al prestar atención. La conversión se logra mutuamente”.

Me hizo recordar cuando Jesús comienza a caminar con los dos discípulos hacia Emaús. Jesús, el caminante, aunque es un “extranjero” (extraño, forastero, peregrino o visitante, como dice una versión de la Biblia) se une a ellos, se acomoda a su ritmo, ni adelante ni atrás, se pone a caminar a su lado para compartir la angustia, el dolor, el sufrimiento. El caminante desconocido se interesa por la vida de sus compañeros de camino. Se dice que el sufrimiento, compartido, es la mitad de sufrimiento. En este sentido, es un cambio de paradigma. Ni adelante, ni atrás ni desde arriba (que representa el poder), sin pretensiones de superioridad sino al lado, junto a… acompañando.

GIRO COPERNICANO

La Misión también tuvo su giro copernicano: de “Misión Menonita a Equipo Menonita”. En 1954 aprovecharon los servicios de especialistas en Antropología y Lingüística. Las Sociedades Bíblicas Unidas enviaron al Chaco al matrimonio Guillermo y María Reyburn para ayudar a comprender el contexto misionero y comenzar el análisis lingüístico del idioma toba. Alberto y Lois Buckwalter, quienes eran misioneros menonitas en el Chaco en aquel tiempo, a partir de la ayuda que obtuvieron comenzaron a reconsiderar cómo llevar a cabo la tarea misionera con creatividad y valentía. Dieron la espalda al proselitismo denominacional y pusieron todos sus esfuerzos en la traducción de la Biblia y las visitas pastorales. En definitiva, se convirtieron en los principales protagonistas de la modalidad de hacer misión sin formar iglesias denominacionales y sin imponer teologías importadas. Misión sin conquista: sin paternalismo y sin violencia. Así lo expresan:

Nos ayudaron a entender que cada pueblo tiene su historia, sus tradiciones, su enfoque cultural, su manera de encarar la realidad, y que cualquier novedad que llega es recibida e interpretada en términos de toda experiencia que ese pueblo ha tenido hasta ese momento, y que es imposible que respondan auténticamente a Dios de otra manera que no sea la propia.

LIDERAZGO

Un cambio de paradigma en el liderazgo. En 1955, después de un tiempo de búsqueda, se cerró la Misión Menonita. Los misioneros menonitas entregaron la tierra a las familias tobas que estaban viviendo en ella. También entregaron a los mismos dirigentes tobas las tres iglesias que habían comenzado. Confiaron en el poder del Espíritu Santo y en los hermanos. Pero a la vez, se comprometieron a no abandonar a los hermanos tobas. Así comenzó una nueva etapa en la relación de los misioneros menonitas con los indígenas tobas. Tomaron decisiones importantísimas.

–    Dejaron de considerarse los dueños de las iglesias de los hermanos indígenas.

–    Basaron su decisión en que Dios mismo era capaz de formar su iglesia entre los indígenas.

–    Se designaron simplemente “obreros fraternales” o “misioneros-huéspedes”.

Con respecto a esta decisión, ellos escriben:

Un misionero huésped llega como visita, no como dueño, guerrero, jefe, encargado o dirigente. Respeta a los dueños, comparte la vida, va conociendo las costumbres, saberes y capacidades de sus anfitriones e intenta ubicarse apropiadamente para no causar problemas o divisiones.
Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita y que no somos entrevistadores o investigadores. Entendemos que de esa manera también transmitimos a nuestros anfitriones que no hemos llegado con una agenda fija y que queremos acercarnos a su forma de pensar y concebir las cosas.

A fines de la década de los 50, los misioneros menonitas y algunos líderes espirituales toba-qom se pusieron de acuerdo para organizar una iglesia que fuera completamente indígena. Por eso no hay Iglesia Menonita sino la Iglesia Evangélica Unida. Hoy día, los toba-qom atribuyen esa idea al Espíritu Santo.

CÍRCULO BÍBLICO

También aquí hay un cambio de paradigma. Es muy sugestiva la imagen. Es un círculo, no una pirámide. El Círculo Bíblico, de acuerdo a como ellos lo entienden, es más que una célula como la conocemos nosotros o un grupo casero de estudio bíblico. El círculo en las culturas indígenas representa igualdad, unidad, plenitud. El círculo incluye a todos: mujeres, hombres, alfabetizados y analfabetos.

En el Círculo Bíblico no hay alguien que enseñe y los demás aprenden, como en el viejo concepto de la “educación bancaria”, donde uno sabe mucho y los demás poco. “Estar en círculo es como estar en casa: se puede conversar las cosas de Dios y de la vida de manera natural”, dicen ellos.

Los propios indígenas –siguen relatando- nos enseñaron el valor profundo del diálogo teológico intercultural. El formato del círculo para la conversación con los textos de la Biblia permite escuchar la voz de Dios desde la óptica indígena. En el Círculo Bíblico todos enseñan y todos aprenden. Junto a ellos, el Equipo Menonita sigue aprendiendo a estar presente sin conquistar —ni para la denominación cristiana que nos envía ni para la cultura en la cual nos formamos.

ESCUCHAR AL OTRO SIN INVASIÓN

En este sentido, también es un cambio de paradigma. Es un acercamiento hacia el otro que tiene otra cosmovisión del tiempo y del espacio. Mucho del acompañamiento a los indígenas incluye tiempos de conversación con ellos y  respeto de sus espacios, sin imposición, sin usurpación y sin adueñarse de sus tiempos. Hay que saber esperar en esos encuentros. Dicen los autores:

Nos ayuda mucho mantener en mente que estamos de visita. En el mundo blanco rigen otras costumbres, ritmos y reglas, como la de hacer muchas preguntas. Pero queremos entrar en el mundo aborigen como huéspedes respetuosos. Tratamos de esperar hasta que ellos toquen el tema que quieran, o hagan la pregunta que les importe. Eso puede tardar un buen rato. Ese rato se hace valioso una vez que llegamos a experimentar cuánto sucede en el silencio. Aguantar el silencio en los encuentros es como tensar las cuerdas de la atención y la intuición.

Ya en el final, expresan:

De la misma manera, la práctica misionera alternativa procura alcanzar el mismo resultado final que plantean las prácticas misioneras clásicas en que buscamos difundir el amor de Dios, hacer conocer el camino de Jesucristo, aportar a la transformación de la Creación y promover la sanidad integral tanto de otros como de nosotros mismos. Anhelamos inspirar a otros a caminar con la esperanza que Jesucristo puede dar.

DESDE LA RED MISIONES MUNDIALES / COMIBAM ARGENTINA RECOMENDAMOS EL LIBRO “MISIÓN SIN CONQUISTA” POR SER:

–    Útil en la tarea misionera que Dios nos ha encomendado. Lo usamos como libro de texto en nuestro Programa de Capacitación Misionera Básica (PCMB).

–    Desafiante para hacer misiones a la manera de Jesús “como práctica misionera alternativa”. En este sentido, lo recomendamos tanto para contextos transculturales como contextos urbanos.

–    De inspiración porque necesitamos aprender de los que saben, de los que ya han regresado, de aquellos que ya han experimentado tanto éxitos como fracasos (deseamos que estos últimos que cometemos frecuentemente sean cada vez menos).

* Este artículo fue leído por su autor en la presentación de la segunda edición de “Misión sin conquista” (Ediciones Kairós) realizada el 25 de noviembre de 2011 en el auditorio de la Sociedad Bíblica Argentina en la Ciudad de Buenos Aires.

 

http://www.kairos.org.ar