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Elecciones EEUU

Pastores evangélicos critican a candidatos republicanos por su política de inmigración

Candidatos republicanos en Iowa (2012)
Pastores evangélicos se unieron a estudiantes indocumentados para criticar a los republicanos por favorecer una política de inmigración que separa a las familias.

CHICAGO

 Pocas horas antes de la celebración de las elecciones primarias en Illinois –que tuvieron lugar el pasado martes-, pastores evangélicos latinos retaron a los precandidatos republicanos a revaluar sus posturas respecto a inmigración.

En conferencia de prensa,  un grupo de pastores evangélicos se unió a estudiantes indocumentados para criticar a Mitt Romney, Rick Santorum y Newt Gingrich por favorecer políticas sobre inmigración que separan a las familias, con la contradicción de ser políticos que afirman ser personas religiosas y defender a la familia .

«Estos candidatos están en libertad de asumir las posturas políticas que deseen, pero no podemos dejar de retarlos cuando se arropan en el manto de Cristo y llaman a que se separe a familias latinas y cristianas», señaló el pastor Rubén Cruz de la Iglesia Rebaño, ubicada en el barrio predominantemente latino de Humboldt Park. «Están atacando directamente a nuestras iglesias y a las familias de fe que se congregan todas las semanas», expresó.

 El pastor Cruz culpó también al gobierno del presidente Barack Obama por el número récord de deportaciones que ha habido bajo su administración.

«Seguiremos responsabilizando a Obama por las deportaciones y recordándole su promesa de detenerlas», dijo Cruz. «Sin embargo, también estamos preocupados por el silencio de nuestros hermanos evangélicos respecto al ataque republicano contra las familia hispanas».

 POSTURA CONSERVADORA
 En un esfuerzo por apelar a la base más conservadora del Partido Republicano, Romney, Santorum y Gingrich han adoptado posturas respecto a la inmigración indocumentada que han levantado críticas de grupos pro inmigrantes en el país.

Voto protestante y «evangelical» en EEUU
Juan Fco. Mnez. Guerra, profesor del Seminario Teológico Fuller en Pasadena, California, analiza el peso del voto evangélico en las elecciones presidenciales en EEUU, y especialmente el voto latino, en una entrevista de Daniel Oval.

Lawrence Benito, presidente de la Coalición de Illinois en Defensa de los Inmigrantes y Refugiados (ICIRR), un conglomerado de más de 100 organizaciones comunitarias, afirmó que «Romney no es bienvenido en Illinois», refiriéndose al candidato mormón.

« Romney ha apoyado políticas brutales de inmigración de estados como Arizona , afirmó que vetaría la ley bipartidista del DREAM Act y se comprometió a elevar los niveles que ya son récord de deportaciones», indicó Benito. «Las posturas de Romney contradicen su fe mormona y el liderazgo que ha mostrado el Partido Republicano de Illinois en el pasado respecto a los inmigrantes».

 POSTURA DE SANTORUM
En una de sus declaraciones más controvertidas,  Romney señaló que los 11 millones de indocumentados en el país se deberían «autodeportar»  para, una vez fuera, formarse al final de la fila si quieren ingresar legalmente. Por su parte, Santorum ha manifestado su oposición al DREAM Act.

Los evangélicos republicanos han jugado un papel clave en el impulso que ha recibido el candidato Santorum para continuar en la contienda por la candidatura a la presidencia por el Partido Republicano.

A diferencia de otros estados, Illinois ha adoptado medidas pro inmigrantes. El año pasado aprobó una legislación similar al DREAM Act y optó por no participar en el controvertido programa denominado «Comunidades Seguras» del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

 MASTER INDOCUMENTADA
 La estudiante indocumentada Fanny López Martínez, que cursa una maestría en administración pública en la Universidad de Chicago, envío un mensaje a Romney. Dijo que no culpa a sus padres por haberla traído de México ilegalmente a Estados Unidos en busca de trabajo y una mejor educación.

«Sr. Romney: Sé que no le importa saber que recibí una beca para cursar mi maestría», afirmó López Martínez. «¿Por qué tiene miedo de educar a jóvenes inmigrantes? La idea de educar a la población no es contraria a la de vivir en un país que respeta las leyes».

López Martínez, quien está casada con un soldado estadounidense que sirvió en Irak y Afganistán, pidió a Romney que reconozca su servicio a la nación. «Como esposa de un soldado, yo también he servido al país», exclamó López Martínez. «Con cada llamada, carta o mensaje electrónico, le he manifestado mi apoyo y amor a mi soldado. No he estado en una guerra, pero mi servicio es tan honorable como el de cualquier ciudadano estadounidense».

 Las elecciones primarias en Illinois, celebradas el martes pasado, dieron el triunfo a Mitt Romney, con amplia ventaja sobre su principal rival Rick Santorum.

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Evangélicos piden que la visita papal sea religiosa y no política
El Presidente de Confraternice pide “respeto a la ley, y a la dignidad de nuestra República, democrática y laica».

MÉXICO

 Con motivo de la visita de Benedicto XVI a México, la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas (Confraternice) ha pedido públicamente que no se haga un uso político de la visita papal, ya que políticamente sería violar la laicidad del Estado, que debería ser una prioridad.

Confraternice indicó que los católicos, en el ejercicio de su derecho de la libertad religiosa, recibirán a su líder espiritual; y que sin duda lo harán con la devoción que caracteriza a los mexicanos, pero al tiempo  pide que se aparte toda intención política de su celebración religiosa .

 GOBERNAR PARA TODOS LOS CIUDADANOS
En una rueda de prensa,  el Presidente de Confraternice, el pastor Arturo Farela Gutiérrez , destacó que lo que corresponde al gobierno es dar cuentas a la sociedad con resultados tangibles de que está haciendo su trabajo correctamente y que gobierna para todos los ciudadanos de México.

 «La laicidad no tiene reversa, por el contrario, se robustece en la sociedad la conciencia de la separación en las iglesias y el Estado. Están equivocados los que desde el poder creen lo contrario» , mencionó Farela.

 UNA REPÚBLICA LAICA
Además la administración federal debe demostrar que «no busca parches sino soluciones que generen bienestar social, desarrollo, ciencia y tecnología, libertad y pluralidad”, expresó el Presidente de Confraternice, añadiendo que debe existir  “respeto a la ley, a la institucionalidad y a la dignidad de nuestra República, democrática y laica» , sentenció.

«Los mexicanos exigimos de nuestros políticos respeto a la ley y a la historia que nos ha llevado a ella. No mirar atrás, antes bien observar en cada plaza, en cada calle, el sacrificio de muchos mexicanos para que podamos decir que somos un pueblo libre de manipulación y engaño», sostuvo.

Farela Gutiérrez mencionó que la sociedad mexicana es cada vez más plural, que convive en libertad con madurez, gozando de mayor sensibilidad en cuanto a la justicia social, que es tolerante con la divergencia, pero sin que por ello deje de ser contestataria ante los grupos tácitos de poder.

 EL TRASFONDO DE LA SITUACIÓN
 La preocupación tiene que ver con la interpretación política de la visita. En medio de un contexto preelectoral , la oposición del PRI (Revolucionario Institucional) y PRD (Revolución Democrática) consideran que una foto del presidente Felipe Calderón con su santidad puede inclinar la balanza a favor de su candidata Josefina Vázquez Mota de cara a las elecciones de julio.

  Por otro lado Benedicto XVI llega justo cuando se cumplen 20 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la nación azteca y el Vaticano y cuando  el Senado debate una reforma constitucional que afecta a la laicidad del Estado y que beneficiaría a la Iglesia Católica y a la que los evangélicos se oponen.

Fuentes: El Informador

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La excomunión de Lutero

Publicado: marzo 12, 2012 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (34)

La bula papal de excomunión Exsurge Domine.

Durante 1519, Miltitz siguió intentando volver al punto de inicio anterior a la disputa de Leipzig, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos. Para remate, Eck –que había sido extraordinariamente vapuleado por los humanistas- seguía empeñado en labrarse una carrera utilizando como peldaño la condena de Lutero. A finales de 1519, presentó un escrito en Roma con la finalidad de provocarla. Luego, a inicios de 1520, y ante la abstención de las universidades de París y Erfurt a la hora de señalar al vencedor en la disputa de Leipzig, las universidades de Lovaina y Colonia prepararon un texto – en el que nadie había pensado inicialmente – relacionado con las opiniones de Lutero. Tanto Lovaina como Colonia señalaron que Lutero había incurrido en herejía y enviaron su informe a la Curia. De manera comprensible, el papa nombró una comisión formal para abordar el asunto.

 El 1 de febrero, la comisión se hallaba entregada al trabajo de recoger pruebas sobre las herejías de Lutero, pero no tardó en disolverse . De manera bien reveladora, tanto el cardenal Cayetano, cuya especialidad era la teología, como el cardenal Acolti, que era un experto en derecho canónico, llegaron a la conclusión de que no resultaba especialmente fácil redactar un informe sensato al respecto.

 El 11 de febrero, una segunda comisión  se ocupaba de analizar los escritos de Lutero y, con bastante buen criterio, decidió discriminar entre aquellas expresiones que podían ser tachadas de herejía y aquellas otras que únicamente eran “escandalosas y ofensivas para los oídos piadosos”.  Pero entonces llegó Eck y el resultado fue la formación de una tercera comisión. De ésta acabaría finalmente surgiendo la Bula papal  Exsurge Domine  firmada por el papa León X en el curso de una cacería el 15 de junio.

 El texto de la bula comenzaba comparando a Lutero –sin mencionarlo expresamente– con un jabalí para luego acusarlo de aceptar por buenos los rumores que circulaban sobre los abusos de la curia y terminar por defender que los papas nunca se habían equivocado:

“¡Despierta, Señor! Haz triunfar tu causa contra las bestias feroces que tratan de destruir tu viña, contra el jabalí que la arrasa… ¡Alerta Pedro, Pablo, todos los santos, la Iglesia Universal!… En esta Curia Romana que tanto ha desacreditado, dando fe a los rumores esparcidos por la ignorancia y la maldad, no hubiera encontrado nada que censurar. Le hubiéramos demostrado que nuestros predecesores, de quienes ataca con tan singular violencia los cánones y las constituciones, no se han equivocado jamás”.

La verdad era que, por desgracia, mucho de lo que se contaba sobre los abusos y los excesos de la curia era cierto y que desde hacía décadas, también lamentablemente, sí que había mucho que censurar. No era menos cierto que los antecesores de León X se habían enfrentado entre si en episodios como el Cisma de Occidente y que también habían incurrido en equivocaciones. De hecho, el dogma de la infalibilidad papal que no sería definido hasta 1871 sería mucho más prudente a la hora de señalar la inerrancia de los pontífices.

 La bula indicaba a continuación que no era lícito apelar al concilio –una solución que había permitido, por ejemplo, acabar con el cisma de Occidente– y conjuraba tanto a Lutero como a sus partidarios a “no perturbar la paz de la Iglesia, la unidad y la verdad de la fe, y a renunciar al error”. 

La bula condenaba cuarenta y un artículos atribuidos a Lutero. Comprensible en su época, difícilmente, puede negarse que su lectura causa al lector moderno un cierto estupor. Así, aparecen afirmaciones que, hoy en día, serían contempladas de manera diferente. Por ejemplo, la expresión de Lutero “Quemar a los herejes es contrario a la voluntad del Espíritu” es condenada como herética, pero es más que dudoso que hoy se pudiera encontrar a algún católico que pudiera considerar que la voluntad del Espíritu puede ser quemar a los herejes. Igualmente, el texto declaraba herética la afirmación de que “No se puede probar la existencia del purgatorio por los libros auténticos de las Escrituras”. Sin embargo, ningún exegeta de talla afirmaría hoy que la doctrina del purgatorio se encuentra en la Biblia sino que más bien remitiría a una tradición relativamente tardía, que no ha sido igual en Oriente y en Occidente, y cuyo desarrollo no sólo teológico sino jurídico ha resultado desigual. Semejante circunstancia tiene una enorme lógica en la medida en que la creencia en el Purgatorio se desarrolló con más claridad en Occidente y tuvo un desarrollo especialmente extraordinario a partir del s. XII cuando el cisma se había consumado.

Algo similar sucede con la afirmación de que “La doctrina que señala que la penitencia comprende tres partes, contrición, confesión y satisfacción, no se funda ni en las Escrituras ni en los santos doctores de la antigüedad cristiana”. A día de hoy, sería también muy difícil que un historiador eclesiástico negara la veracidad de ese aserto del agustino. Y lo mismo sucede con otras tesis. Por ejemplo, la que afirma que “Bueno sería que la Iglesia determinara en un concilio que los laicos comulguen bajo las dos especies; los cristianos de Bohemia que así lo hacen no son por ello herejes sino cismáticos”. Se puede estar o no de acuerdo con la conveniencia de que los laicos, tal y como se describe en el Nuevo Testamento, participen del pan y del vino en la Eucaristía, pero parece un tanto excesivo considerar que plantear la cuestión sea herético. Algo semejante sucede con la que afirma que “La mejor definición de la contrición es la máxima:  La mejor penitencia es no reincidir, pero lo indispensable es cambiar de vida”.  Una vez más, se puede coincidir o no con la afirmación, pero, de nuevo, parece un tanto excesivo condenar como herejía la afirmación de que la mejor penitencia sería no reincidir en el pecado.

 De manera bien significativa, según el dominico D. Olivier, “la parte más lograda de la Bula fue la relativa a las condenas”. Los canonistas hicieron un acopio exhaustivo de todas las penas canónicas desde la excomunión para los que aceptaran las ideas de Lutero a la destrucción de los libros que las contenían pasando por la prohibición de imprimirlos, conservarlos o comerciarlos. Lutero y sus seguidores tenían sesenta días para retractarse bajo pena de ser declarados herejes notorios y reincidentes. Por lo que se refería a los católicos, era obligación suya denunciarlos y perseguirlos, quedando entredicho cualquier lugar en el que pudieran residir. La bula debía ser publicada y puesta en ejecución sin distinción de lugar quedando sujeto a excomunión cualquiera que contraviniera su contenido.

 Al fin y a la postre, en el texto de la bula se deja traslucir no tanto un análisis sólido del caso desde una perspectiva bíblica, histórica y pastoral como el deseo de sofocar, finalmente, una contestación que se había tolerado durante meses no por paciencia sino meramente por razones políticas y, más concretamente, por el deseo del pontífice de conseguir el apoyo del Elector Federico para impedir que Carlos I de España fuera elegido emperador de Alemania.

Por añadidura, como ha señalado el dominico D. Olivier, “La falla residía en que se excluía por principio toda discusión de la doctrina que se condenaba. Las frases de Lutero procedían de un contexto que había sido ignorado y que constituía el nudo del problema, el único que merecía ser tratado. Los ejecutores de la condena parecen no haberlo desconocido, pero les faltó la fuerza de concertar el diálogo que hubiera podido transformar el enfrentamiento estéril de convicciones irreductibles en el intercambio útil de los dos frentes… Una vez más se esquivó la reivindicación que Lutero pedía para que se pronunciaran sobre el Evangelio y no sobre expresiones recogidas al azar”.

Cuando se tienen en cuenta esos aspectos no sorprende que la bula no lograra poner fin al Caso Lutero.

 CONTINUARÁ: El reformador rechaza la excomunión 

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro Fernández

En el ambiente que rodea a Jesús, están los antihéroes.

 

 Hace no mucho tiempo, regalé uno de mis libros “Inmigrantes, el multiforme rostro de Dios”, a un misionero norteamericano amigo mío. Lo estuvo viendo y, al cabo de unos días, me dijo: “En los Estados Unidos esto no tendría éxito”. No lo dijo en forma crítica, sino que parecía que lo decía de una forma realista ante la manera que tienen, al parecer, de vivir el cristianismo algunos evangélicos norteamericanos.

Quizás sea la generalidad, porque yo sé que también en los Estados Unidos hay creyentes comprometidos con los pobres, los inmigrantes desarraigados y desclasados, con los proscritos y excluidos de la tierra. También se puede hablar de los valores del Reino en los países ricos… aunque haya incomprensiones, dificultades y extrañezas. Los seguidores auténticos de Jesús están esparcidos por toda la faz de la tierra.

Sin embargo  es posible que en los países ricos y consumistas, allí donde la riqueza se considera como prestigio, en aquellas iglesias en donde exigen o quieren que sus pastores vayan vestidos de forma impoluta, dando la imagen de triunfador, sea difícil entender la figura de Jesús cercana a los pobres , a los pecadores, a los marginados, a las prostitutas, a los ladrones, a los extranjeros como eran los samaritanos, a los ignorantes, locos, poseídos o enfermos. En muchos ambientes cristianos, o denominados cristianos, esto sigue pareciendo una locura.

 En el ambiente que rodea a Jesús, están los antihéroes , los que no tienen poder mundano, los fracasados y desprestigiados, los desheredados y todos aquellos a los que, incluso desde los sectores religiosos, se les negaba todo tipo de esperanza. ¡Qué difícil es entender al Jesús histórico desde algunos sectores del mundo rico, desde las iglesias que, hartas y nadando en la abundancia, viven cómodamente los valores antibíblicos de una sociedad injusta y maldita en muchos aspectos!

El ambiente que rodeaba al Maestro, al Hijo de Dios Humanado, a Jesús de Nazaret, era muy diferente que el ambiente de las iglesias de los cristianos ricos en medio de un mundo de pobreza. A Jesús le seguían, por la esperanza que transmitía a los desheredados de la tierra, todos aquellos pecadores, pobres, publicanos, rameras, desclasados y proscritos de la época. Jesús transmitía esperanza a gentes sencillas, a los ignorantes considerados malditos por los sectores religiosos que pensaban que estos malditos ignorantes no podrían cumplir nunca la ley.

 Jesús, así, se rodea de la gente menos representativa, más molesta para los puros de la época, agobiados, “trabajados y cansados” , cargados, minusvalorados, de fama sospechosa y mal vistos por la sociedad, enfermos, incultos, ladrones… y come con ellos, comparte con todos estos desheredados la vida, el pan y la Palabra.

Los religiosos de la época cerraban las puertas de la salvación a todos éstos. Se convertían en guardianes de las puertas del Reino de los Cielos que sólo abrían a los puros, a los carcomidos por la hipocresía y una santidad fingida que les convertía, según Jesús mismo, en sepulcros blanqueados por fuera cuyo interior es putrefacción en la que deambulan los gusanos inmundos.

Por eso hoy, habría que gritar a las iglesias de los ricos autoconsiderados puros: ¡No cerréis las puertas de los cielos a estos pequeños, no sea que estéis clausurando para siempre la posibilidad de poder cruzar vosotros hacia los atrios del Dios vivo!

Con Jesús no sólo irrumpe en el mundo la comunicación de que el Reino de los cielos ha llegado, la comunicación de que el Evangelio es predicado, sino la comunicación de que el Reino de Dios se ha acercado, ha llegado a los pecadores, excluidos y marginados, que el Evangelio es predicado a los pobres.

Esto sigue escandalizando.  Las prioridades de Jesús son una interpelación tan grande a tantos cristianos de espaldas al dolor de los hombres que muchos llamados seguidores de Jesús no pueden aguantar estas interpelaciones… y vuelven su mirada hacia arriba, hacia los ángeles, hacia el trono de Dios ante el cual se quieren gozar y sentirse bendecidos y privilegiados . Pero el mensaje sigue sonando desde el trono del altísimo: El reino de Dios se ha acercado a los pobres, a los desclasados, a los marginados y excluidos, a los proscritos… y se nos cierra la visión del trono de gloria hasta que no nos paseemos por los focos de conflicto, hasta que no nos convirtamos en agentes de liberación de los sufrientes de la tierra.

Así, los pobres son los preferidos del Señor… No por ninguna especie de superioridad moral o espiritual de los marginados y excluidos de la tierra, de los empobrecidos del mundo, sino porque Jesús viene investido de la propia bondad y amor de Dios el Padre que los acepta y los acoge destruyendo y haciendo saltar en pedazos todo tipo de exclusión y todo tipo de prepotencia basada en consideraciones de pureza por razón de estatus social, acumulación de riqueza o de sabiduría mundana.

Jesús, en su bondad y amor, reflejando las características del Padre, ofrece acogida y salvación a todos aquellos marginados, olvidados, humillados, excluidos y robados de dignidad por los que los autoconsiderados puros, por los religiosos que sólo miran al cielo y a su autogozo y deseos de bendición, sea ésta económica o de otro tipo.

 Jesús no fue neutral ante las injusticias del mundo, no fue neutral ante el desamor , ante la exclusión y empobrecimiento de las gentes sencillas, de los huérfanos, las viudas y los extranjeros, como prototipos de las personas marginadas, empobrecidas y excluidas de todas las épocas… Nosotros, los cristianos, tampoco debemos ser neutrales.

Autores: Juan Simarro Fernández

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Juan Stam

Fotografía: Pedro Valtierra

¡Mucha Atención!

Tendremos que dar cuenta a Dios

por nuestras opciones políticas

(Apoc 14:6-11)

   El aspecto más sorprendente, y también más importante, del mensaje de estos tres ángeles es su carácter exclusivamente político.[i] Todo tiene que ver con «Babilonia». Aquí no se trata en absoluto de un juicio «espiritual» de personas individuales en su vida religiosa o moral. Los tres ángeles nos anuncian, a gritos, que Dios juzgará a naciones e imperios, y a las personas que colaboran con esos sistemas injustos. El primer ángel anuncia la llegada de la hora del juicio de Dios, y el segundo, alude a la caída realizada siglos antes de la superpotencia más grande de la antigüedad oriental, Babilonia, y la aplica simbólica y proféticamente a la caída del imperio romano. Aún más específicamente, el anuncio del tercer ángel condena a los colaboracionistas no por delitos que ellos mismos hubieran cometido sino por someterse a Babilonia en vez de resistir hasta la muerte.

De nuevo parece evidente que Juan está pensando en primer término en los cristianos de Asia Menor que se sentían tentados a claudicar y participar en el culto al emperador. Podemos ver detrás del pasaje el contraste entre los «vírgenes» de 14:4, que rechazaban los valores corruptos del sistema y se negaban a adorar al emperador, y por otro lado los nicolaítas que se dejaron contaminar por la idolatría imperial (2:14-15,20). Si el mensaje del tercer ángel se aplicara únicamete al tiempo del futuro anticristo, ese mensaje quedaría sin receptor. Tampoco la exhortación que sigue (14:12-13) tendría sentido si se dirigiera sólo a la gente de esa remota generación final.

Este juicio contra la opción pro-imperio es central a los mensajes a las siete iglesias, alrededor del problema de los nicolaítas. Cristo felicita a los efesios por odiar esa cobarde e hipócrita postura política (Ap 2:6; cf. 21:8). Esmirna y Filadelfia sufren persecución por su resistencia a la idolatría (2:9-10; 3:8-10).[ii] Pérgamo ya tenía un mártir, pero estaba infiltrada por celulas nicolaítas (2:13-15). En Tiatira el problema era más grave, tanto por el sistema local de gremios que presionaba a participar en la idolatría como también por las actividades de la falsa profetisa «Jezabel» a favor del acomodo al sistema (2:20-21). Es razonable suponer también que la mayoría de los cristianos de Sardis habían «manchado sus vestiduras» sobre todo con el culto al emperador.[iii] Todo indica que el culto al emperador era central al juicio de Cristo contra las iglesias infieles.

No debe sorprendernos este enfoque del juicio que anuncian estos tres ángeles. Según la única descripción extensa y detallada que ofrece el N.T. del juicio final, Mateo 25:31-46, el Señor en su venida juzgará a las naciones (tanto como colectividades: Babilonio, segundo ángel; y como individuos, nicolaítas, tercer ángel) por su trato hacia los pobres e indefensos. Eso no significa que no seamos responsables ante Dios por otros aspectos de la vida ética, o que no importaran la fe y la relación personal con Cristo. Pero es de suma importancia que este pasaje tan importante destaque tan exclusivamente la responsabilidad social (que incluye política) en la final rendición de cuentas.

El N.T. enseña que nuestra justificación es por la gracia mediante la fe, y no por obras, pero enseña también, en todas las referencias al juicio final, que Dios juzgará «a cada uno conforme a sus obras» (Ro 2:6), «según lo bueno o lo malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo» (2 Co 5:10). La única fe que salva es «la fe que obra por el amor» (Gá 5:6). El final del Sermón de la Montaña deja muy claro que para los que no hacen la voluntad del Padre (pecados de omisión) sino son hacedores de maldad (pecados de comisión), no habrá lugar en el Reino de Dios (Mt 7:21-21-23). Por eso el Señor nos enseñó a orar, «hágase tu voluntad en la tierra [en América Latina, EE.UU. y Europa] así como se hace en los cielos» (Mt 6:10). El relato del juicio final, hacia la conclusión del mismo evangelio, nos aclara cuál es esa «voluntad de Dios» y cómo la hemos de realizar (Mt 25:31-46).

Uno que se dio cuenta de esta realidad fue Dietrich Bonhoeffer, bajo el regimen nazista. Una clave a su entendimiento de la crisis de su nación fue la relación dialéctica entre lo último y lo penúltimo. Bonhoeffer inicia una discusión profunda del tema (Ethics 84-91) con un párrafo muy importante:

La justificación por la sola gracia mediante la fe es en todo aspecto la última palabra y precisamente por eso, cuando hablamos de las cosas anteriores a lo último, debemos  traer a la luz su relación con lo último. Es en aras de lo último que ahora tenemos que hablar de lo penúltimo (p. 84)[iv]

En otras palabras, específicamente, en lo penúltimo (Alemania bajo Hitler) él se encontraba frente a lo último (la lucha entre el reino de Dios y el reino del mal, y la voluntad de Dios para nuestra acción). Por eso Bonhoeffer no tuvo el menor reparo en tildar a Hitler de Anticristo.[v] En noviembre de 1933 Karl Barth escribió a Bonhoeffer que con la toma de poder de Hitler «ha comenzado un período de teología completamente no-dialéctica», pues ante el nazismo sólo correspondería el «No» (Rusty Sword, 239). Tres años después, Bonhoeffer escribió a Leonard Hodgson: «La lucha en que estamos enfrascados… es una lucha para marcar una línea clara entre Vida y Muerte, entre obediencia y desobediencia a nuestro Señor Jesucristo… Tenemos que luchar en defensa de la verdadera iglesia de Cristo contra la iglesia del Anticristo».[vi]

Toda la ética de Bonhoeffer era una ética de obediencia a la voluntad de Dios como mandato concreto. Pronto entendió que ante el juicio de Dios no bastaba con sólo ser «una persona respetable»[vii], ni aun sólo ser un pastor ortodoxo y que cumple las tareas pastorales. Dios espera de nosotros una fidelidad radical ante el momento histórico que nos toca vivir. La ética de Bonhöffer, según Prüller-Jagenteufel, es «una ética de la práctica de la fe orientada por la escatología… una ética de responsabilidad en lo penúltimo».[viii] La ética evangélica, que nace de la gracias costosa, es «un llamado a la fe y, en unión con Dios, a la acción obediente y responsable».[ix]

Desde esa manera de entender su momento histórico (lo penúltimo) a la luz de la volutad de Dios (lo último), Bonhoeffer concluyó que el resistir al tirano era no sólo un

derecho sino un deber cristianoEn esa acción histórica responsable consistía la obediencia a la volutad de Dios. «La Palabra de Dios nos juzgará. Eso es suficiente».[x]

Esto es también el mensaje que los tres ángeles de Apoc 14:6-11 nos comunican hoy en América Latina. La vida política no es una actividad aislada sin significado espiritual sino una parte esencial de nuestra obediencia al Señor de la historia.¡Atención, cristianos latinoamericanos, del Caribe e hispanos en el país del norte! Nosotros somos responsables ante Dios por las opciones políticas que tomamos. Tendremos que dar cuenta ante Dios por esa fidelidad histórica que el Señor espera de nosotros. Tendremos que dar cuenta también por nuestra apatía, nuestra irresponsabilidad histórica o aun peor, por prestar nuestro apoyo a fuerzas de injusticia. Mejor darnos cuenta ahora: votar en nuestras elecciones es más que una alegre fiesta cívica. Tendremos que responder ante Dios por cada voto que hemos emitido. ¡Cuidado que el Señor no nos diga al final, «Apártense de mí, hacedores de maldad cuando votaron en su patria»!


[i] Aunque Juan se concentra aquí muy enfáticamente en el imperio romano y su culto al emperador, lo afirmado en estos párrafos no sería menos cierto si se aplica a otros imperios hasta el fin de la historia.

[ii] La historia de Policarpo dos décadas después muestra que los judíos de Esmirna denunciaban a los cristianos ante las autoridades romanas. Probablemente es por eso que Juan los llama «sinagoga de Satanás», ya que Juan veía al dragón (Ap 12) como creador e inspirador del imperio romano y su culto idolátrico (Ap 13).

[iii] El mismo verbo para «manchar», molunô, se usa en 3:4 y en 14:4 de los «vírgenes».

[iv] Dietrich Bonhoeffer, Ethics (London: SCM Press, 1955). Tillich expresó algo parecido cuando afirmó que es en los kairoi de la vida que nos encontramos frente al Kairos. Para Bonhoeffer esto significa que la palabra (lo último) siempre viene dentro de un contexto histórico (lo penúltimo), por lo que pregunta «si la palabra puede decirse en cualquier momento en la misma manera» (84). A continuación, Bonhoeffer elabora un contraste entre «Radicalismo» (lo último sin lo penúltimo) y «Acomodación» (lo penúltimo sin lo último). Jesucristo encarnado, crucificado y resucitado es el paradigma para una relación dialéctica entre los dos. Cf. Gunter M. Prüller-Jagenteufel, «Poner palos en la rueda’: La actualidad de la ética de resistencia de Dietrich Bonhoeffer», Pasos #127: setiembre-octubre 2006, 39-45.

[v] «Leibholz, Memoir» en Cost of Discipelship (NY: Macmillan 1959), p.23; Dietrich Bonhoeffer, No Rusty Sword (NY: Harper & Row, 1965), p.12.

[vi] No Rusty Sword p.12.

[vii] Dietrich Bonhoeffer, No Rusty Sword, p.212 (citando a Franz Hildebrandt).

[viii] La frase, de Widerstand und Ergebung, está entre las palabras más citadas de Bonhoeffer. En el siglo XX una multitud de mártires cristianos demostraron la misma obediencia radical a la voluntad de Dios.

[ix] Una consiga en algunos círculos universitarios bajo Hitler rezaba muy sucintamente: «Somos cristianos. Somos alemanes. Somos responsables por Alemania».

[x] Carta de Bonhoeffer, 25 enero 1936, No Rusty Sword p.306.

http://juanstam.com

Lutero el Reformador

Publicado: marzo 5, 2012 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (33)

Lutero el Reformador
El suyo no fue un trabajo sistemático sino que, en buena parte pretendía responder a los enemigos que se iban acumulando en contra suya.
 Posiblemente una de las pruebas más claras de la victoria de Lutero en Leipzig fuera la manera en que las universidades encargadas de pronunciar un veredicto sobre la disputa decidieron inhibirse . En teoría, tendrían que haber proclamado el triunfo de Eck sin fisuras y más cuando había logrado que Lutero reconociera que los concilios podían errar. Sin embargo, distaron mucho de adoptar esa conducta.En la universidad de París, optaron por asumir tácticas dilatorias hasta que el duque Jorge, poco esperanzado por el resultado final, aceptó dejar que se inhibiera. Por su parte, la universidad de Erfurt, tras varios meses de titubeos, renunció a emitir un veredicto el 9 de diciembre. La actitud no podía ser más clara. Estando en sus manos el condenar a Lutero, no lo habían hecho y habiendo podido dar por vencedor a Eck, tampoco lo habían hecho. A la vez, habían evitado reconocer el triunfo de Lutero porque eso hubiera significado oponerse de manera frontal a la Santa Sede.

 Por su parte, Lutero se iba a entregar durante los dos años siguientes a una labor incansable . El suyo no fue un trabajo sistemático sino que, en buena parte de las ocasiones, pretendía responder a los enemigos –Prierias, Alveldus, Eck, Catherinus, Cochlaeus- que se iban acumulando en contra suya . El lenguaje de esos textos puede resultar áspero para el gusto actual, pero no lo era más que el utilizado por Erasmo o por sus mismos oponentes. Además, en estos escritos, Lutero siguió demostrando su profundidad bíblica y teológica, haciendo además gala de un talento polémico que ha sido pocas veces sobrepasado.

La ironía, el uso del humor, el dominio del lenguaje y,  sobre todo, un conocimiento extraordinario de la Biblia fueron las características de no pocos de sus escritos  que provocaron las carcajadas divertidas hasta de adversarios suyos como Miltitz o el duque Jorge.. El agustino buscaba, según propia confesión, alcanzar a “los laicos sin instrucción” porque estaba dispuesto a “dar todo lo que tuviera en esta vida con tal de ayudar a un laico a ser mejor”

Tanto la  Catorcena de la consolación , escrita a finales de 1519, como su tratado  De las buenas obras , publicado en 1520, van en esa dirección. En especial, éste, redactado a petición de Spalatino, constituye un argumento más que sobrado y suficiente para refutar las afirmaciones de que Lutero no tenía ningún interés en las buenas obras o de que la doctrina de la justificación por la fe empuja a la dejadez moral.

 En la primera parte, Lutero desechaba la idea de que debemos realizar obras para salvarnos y, por el contrario, las colocaba en la misma dimensión que encontramos en el Nuevo Testamento . El cristiano hace buenas obras “porque es un placer complacer a Dios, y sirve a Dios de manera pura y por nada, contento de que su servicio complazca a Dios” [i] . Semejante conducta arranca de la fe ya que “la fe debe estar en todas las obras, debe ser su dueño, su capitán, o no son nada en absoluto”  [ii] . Esa fe “nace y fluye de la sangre, de las heridas y de la muerte de Cristo”  [iii] .

Se puede pensar lo que se desee de las tesis de Lutero, pero cuesta creer que no resulta muy superior teológicamente el colocar el origen de las buenas obras en la gratitud que provoca el amor de Cristo, en lugar de en el deseo de garantizarse la salvación por los propios medios o en el temor.

 En la segunda parte de este escrito, Lutero realizaba una exposición sobre los diez mandamientos que relacionaba también con el amor . Los tres primeros son obviamente preceptos vinculados con ese amor dirigido a Dios. En relación con el cuarto, Lutero lo extiende a la obediencia que debe darse también a la “santa madre iglesia, la madre espiritual” y a los poderes políticos.

Precisamente en ese punto, Lutero realizaba una afirmación bien significativa: “No existe un peligro mayor en el poder temporal que en el espiritual cuando éste se comporta erróneamente… porque el poder temporal no tiene nada que ver con la predicación y con la fe y con los tres primeros mandamientos. Pero el espiritual causa daño no sólo cuando actual mal, sino también cuando descuida su propio deber y se entrega a otras cosas, incluso si son mejores que las mejores obras del poder temporal. Por tanto debemos resistirlo cuando no haga el bien…” [iv] .

 Este examen de los poderes espirituales continúa siendo de clara actualidad. La finalidad de las instancias eclesiásticas es dedicarse al ámbito de lo espiritual, esencialmente a la predicación del Evangelio . Si no atienden a ese deber y, por el contrario, se dedican a otras funciones como la política, actúan mal incluso aunque los resultados sean buenos, ya que han abandonado su misión fundamental que es la de acercar el mensaje de salvación al género humano. En esos casos, el derecho de resistencia resulta totalmente legítimo.

 A continuación, Lutero desarrollaba el contenido de los diez mandamientos  fustigando pecados como la lujuria, la gula, la pendencia y un dilatado etcétera. Se trataba de una lectura en la que el Decálogo – en contra de lo que se ha afirmado en no pocas ocasiones – era leído desde la perspectiva del amor que nace de la fe en Cristo ya que “la fe debe ser el maestro… de manera que todas las obras queden enteramente comprendidas en la fe” [v]

 El modelo de reforma que planteaban los escritos de Lutero ya en esa época implicaba, en contra de lo que se ha dicho tantas veces, una senda teológica encaminada, sobre todo, a que el Evangelio de salvación por gracia llegara a los simples fieles, pero también una moral cuyo destino era, según sus propias palabras, que fueran “mejores” [vi] .

A decir verdad, ambos aspectos estaban profunda e indisolublemente vinculados. Comprender que la salvación es un don amoroso e inmerecido que Dios entrega al ser humano al enorme costo de la muerte de Cristo en la cruz debe provocar una respuesta de fe traducida en amor.

Si se restauraba la pureza de una predicación enfocada en anunciar el amor de Dios manifestado en el Calvario, cabía esperar que también tendría lugar un cambio profundamente ético que no sólo afectaría – como en intentos reformadores previos – a algunos miembros de las órdenes religiosas sino, más bien, a la mayoría de los fieles, a los laicos, al pueblo llano.

 Esa visión, a la vez sencilla y omnicomprensiva, explica la actitud de los humanistas hacia Lutero en aquellos años. Por un lado , los eruditos eran más que conscientes de hasta qué grado las críticas de Lutero se sustentaban en las Escrituras y en la preocupación pastoral y también de hasta qué punto sus dudas sobre determinadas afirmaciones curialistas contaban con un sólido respaldo en la Historia de la iglesia.

 Pero, por otro , no pocos de ellos pertenecían a una generación anterior que se había conformado con poner en solfa los abusos eclesiásticos –especialmente los relacionados con la Santa Sede y con las órdenes religiosas– y que había preferido inhibirse a la hora de referirse a determinadas doctrinas porque, a pesar de que no encontraba base para ellas en la Biblia, consideraba que carecía de sentido enzarzarse en discusiones al respecto.

 Lutero mantenía correspondencia con casi todos los miembros principales de los círculos humanistas en las grandes universidades y ciudades de Alemania  como era el caso de Heidelberg, Nuremberg, Estrasburgo o Basilea –y en marzo de 1519, escribió al famoso humanista que era amigo de Melanchthon y se carteaba con él– en términos elogiosos. Erasmo le respondió de manera cortés aunque no demasiado cordial, quizá porque temía que lo que era una carta personal pudiera ser publicada causándole complicaciones.

De manera semejante, cuando un grupo de humanistas redactó en 1519 su  Eccius Dedolatus  en el que despedazaba a Juan Eck, Erasmo se mantuvo al margen. Al margen, sí, pero no neutral. El humanista temía que Lutero fuera víctima de la intolerancia de gentes como los dominicos y así lo expresó en su correspondencia: “Los jefes del monasterio dominico han actuado… de una forma bien desgraciada. Uno de ellos dijo al escuchar a unos laicos: “Me encantaría clavarle los dientes al cuello de Lutero. No temería acudir a la cena del Señor llevando su sangre en la boca”.

 Así, en noviembre de 1520, Erasmo se entrevistó en Colonia con el elector Federico. En el curso del encuentro podría haber intentado influir al elector en contra de Lutero, pero hizo exactamente lo contrario . De hecho, lo convenció para que insistiera en conseguir la promesa del emperador de que Lutero no sería condenado sin que se le escuchara antes ( nisi auditus ). El esfuerzo de Erasmo tenía un mérito extraordinario –y dice mucho sobre sus puntos de vista– porque se había producido después de que se publicaran algunos de los textos más controvertidos de Lutero, precisamente los que vieron la luz en el año 1520.

 Continuará: La Reforma indispensable (32): la excomunión de Lutero


   [i]  WML I. 191.
   [ii]  WML I.199.
   [iii]  WML I. 204.
   [iv]  WML I. 263.
   [v]  WML I.284.
   [vi]  WML I.185.

Autores: César Vidal Manzanares

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Carlos Martínez García

Orígenes del protestantismo mexicano: un sermón histórico
 Un antes y un después con el sermón de Manuel Aguas
 Fue la primera vez en México que desde un púlpito, y ante una audiencia que se apretujaba, se reconoció la gesta de Martín Lutero en el siglo XVI. El 2 de julio de 1871 el ex sacerdote católico Manuel Aguas, y en ese momento líder de la Iglesia de Jesús en la ciudad de México, predicó un encendido sermón para explicar detalladamente su conversión al cristianismo evangélico .La pieza oratorio tuvo gran difusión entonces porque la publicó el muy leído periódico  El Monitor Republicano . De ésta publicación la retomaron otros diarios y revistas y la reprodujeron en otras partes de México, dándole así mayor audiencia a la que originalmente unos cientos de asistentes escucharon de Manuel Aguas.

Recordemos que fue la lectura de la Biblia, y de cuanta literatura protestante llegada a sus manos y que con fervor estudio Manuel Aguas, lo que le llevó a romper con la Iglesia católica.  El sermón que reproducimos da cuenta de la intensa formación autodidacta del personaje, así como ejemplifica el estado del naciente protestantismo mexicano antes de la llegada institucional de los misioneros extranjeros a partir de 1872 .

 DESCRIPCIÓN DEL ACONTECIMIENTO QUE TUVO LUGAR EN EL TEMPLO DE SAN JOSÉ DE GRACIA LA MAÑANA DEL DOMINGO 2 DE JULIO DE 1871 ( * )

El señor Javier Aguilar Bustamante propuso un combate religioso al presbítero Manuel Aguas, el que fue aceptado. Hoy que son las diez de la mañana, son el día y la hora señalados para la disputa: a la que, sin embargo, no concurre el señor Aguilar y sí el señor Aguas.

Una numerosa concurrencia está llenando el templo completamente. A cada paso se oyen rumores hacia la puerta de entrada, por la multitud que desea penetrar, que no puede lograr su objeto por falta de local. Hay dos elegantes plataformas frente a frente en el centro del templo, lugares destinados para los contrincantes, en cada una de las cuales se ve una mesa y dos sillas, en una de estas mesas está colocada la Santa Biblia.

A la hora citada se deja oír la orquesta, que toca dos piezas escogidas, apenas comienza la música, los ministros protestantes Manuel Aguas y Agustín Palacios, revestidos con el traje oriental que usan en tierra Santa los pastores de la Iglesia Reformada, suben a una de las plataformas y toman asiento.

Al concluir la orquesta, el ministro Aguas, poniéndose de pie, dice en voz alta: cantemos el himno número 2, que a la letra comienza: “¡Oh! Salvador, tierno Jesús…”, etc. Los concurrentes en pie, cantan el himno acompañados por la misma orquesta, dejándose oír un ordenado y acorde coro, compuesto de más de mil quinientas voces. Concluido, tomaron asiento.

Enseguida el ministro Aguas, de pie, con la misma voz, dice lo siguiente: “Dios en medio de relámpagos y truenos desciende de la cima del Monte Sinaí que humeaba, y el humo se elevaba como el humo de un inmenso horno; todo el monte se estremecía en gran manera, y los hijos del pueblo de Israel se postraron temerosos alrededor de este Monte majestuoso. Entonces en medio de ese fuego, de esos relámpagos, de esa grandeza aterradora y solemne se oye la voz de Jehová que habla a su pueblo, que proclama y publica sus diez mandamientos, esos preceptos que son y deben ser inmutables y eternos, que obligarán para siempre a todos los mortales, cualesquiera que sean sus creencias u opiniones, y que no habrá poder en la tierra para lícitamente alterarlos, variarlos o suprimirlos”.

El ministro relata el Decálogo, según como consta en el Éxodo capítulo 20, y concluido éste, dice: cantemos el himno número 7, que a la letra comienza: “A nuestro Dios…”, etc. Los congregantes se ponen en pie y entonan el himno.

Acto continuo, el ministro vuelve a levantar la voz diciendo al inmenso concurso: “Antes de dirigiros la palabra, os suplico me acompañéis a pedir a Dios su gracia celestial”. Todos se arrodillaron, el ministro permanece en una posición humilde, y después de un momento de respetuoso silencio, pronuncia con fervor la siguiente oración:

“Padre nuestro, fuente de toda verdad, que estás lleno de majestad y grandeza, eterno manantial de sabiduría infinita, que por tu bondad, por el amor grande que has tenido a tus hijos, hiciste que tu mismo Hijo, encarnara para redimirnos. Padre de cuyo Espíritu brota la luz más pura y consoladora, dirige una mirada compasiva hacia nosotros que te adoramos en espíritu y verdad, y no en materia y error; haz que conozcamos la verdadera religión para que la sigamos con frecuencia y sinceridad; haz que México, nuestra querida Patria, conozca cada día más y más del Evangelio Santo en toda su pureza, para que ya no nos postremos a adorar la materia bruta, que es incapaz de escuchar nuestras preces, haz que salgamos de esa idolatría en que tanto tiempo hemos estado sumergidos: haz, por último, que te amemos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón, y que también nosotros nos amemos como hermanos que somos. Estas gracias te las pedimos en el nombre de nuestro único abogado e intercesor Jesucristo”.

Los congregantes, puestos en pie, entonan el himno 15, que a la letra comienza: “Yo confío en Jesús”, etc. Finalizándose el canto, los congregantes toman asiento, y después de una pequeña pausa, el ministro Aguas vuelve a tomar la palabra diciendo: “No te harás ninguna imagen ni semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en el agua debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni las adorarás”. Palabras tomadas del Libro Santo del Éxodo capítulo 20.

¿Quién no ha visto, hermanos míos, que en la cuestión para la que se nos ha invitado, este día, la orgullosa Roma ha huido despavorida y espantada? Ciertamente que esta fuga no ha sido por mi insignificante persona, pues careciendo de talento y de conocimiento superiores, ningún temor podría infundir mi presencia en este lugar. Soy el último y el más moderno de los ministros de la Iglesia de Jesús, que es una, Santa, Católica, Apostólica y Cristiana, que se halla esparcida por todo el universo, y que cuenta con más hijos en su seno que la secta romana.

Esta huida humillante ha sido porque se sabía que iba a presentarme con este libro en mis manos (la Biblia), con esta Escritura Santa, que es la espada de dos filos, que cae sobre Roma hiriéndola de muerte, siempre que se atreve a presentarse delante de ella, para que mediante una discusión razonada se examinen sus falsas doctrinas.

La historia, ese juez imparcial habla altamente probando mis asertos. En la Suiza, ese país clásico de la libertad, tuvo lugar en el siglo XVI un acontecimiento semejante al que iba a comenzar a verificarse en este recinto. Zwinglio, ministro de una humilde parroquia, estudiando la Palabra de Dios, advirtió que Roma había incurrido en multitud de errores, que había extraviado a los pueblos conduciéndolos por senderos tortuosos, imponiéndoles una carga pesada, que no es la dulce y suave que Jesús nos impone: lleno de fervor y celo, comienza a predicar la verdadera religión, tal como se halla en la Santa Escritura. Como era natural, Roma se alarma, excomulga a Zwinglio, a quien titula hereje, llamándolo con los epítetos más calumniosos. Zwinglio resiste con valor y fe la encarnizada persecución que en su contra levantan los sectarios romanos.

Esta lucha los conduce a discusiones públicas. Se disputa sucesivamente sobre la tradición, las obras meritorias del hombre, la transubstanciación, la misa, la invocación de los santos, el purgatorio, las imágenes, el celibato y desórdenes del clero. En todas las disputas triunfa la Palabra del Señor, y Roma queda confundida. Y hoy en la Suiza florece el verdadero cristianismo, la verdadera Iglesia de Jesús, recordándose allí que Zwinglio, con la divina Palabra, fue el instrumento de que Dios se valió para hacer feliz a una gran parte de aquella nación.

 En ese mismo siglo que reinaba en Roma el pontífice León X, que aliado con los principales reyes y magnates de la tierra, había llegado al apogeo de la grandeza mundanal, y habiendo hecho que Roma apareciera como la dominadora de todo el mundo; allá, en un oscuro rincón de Alemania, un humilde monje con la Biblia en la mano, levanta la voz en contra de los errores papales: y Roma se conmueve, y Roma tiembla, y Roma ve venir un peligro y se prepara a la lucha. Dispone varias conferencias a las que obliga a comparecer a aquel hombre tan despreciable a los ojos del mundo; pero tan grande a los ojos de Dios, porque se apoya en la Biblia Santa, y defiende con fe y denuedo las verdades proclamadas en ella, verdades tantas veces ultrajadas por los políticos, que se creen sucesores de Pedro apóstol, que nunca estuvo en Roma. Lutero siempre que se pone frente de la tiranía papal, la avergüenza, la humilla,, la confunde, demostrando con toda claridad, que las máximas romanas modernas están diametralmente opuestas a las verdades evangélicas. Recordemos lo que pasó en la Dieta de Worms.

Allí se verificaba un espectáculo grandioso. El emperador Carlos V, cuyos reinos se extendían en el antiguo y nuevo mundo, está colocado en brillante trono; lo acompaña su hermano el archiduque Fernando, cuyos descendientes casi todos han portado la real corona, veinticuatro duques, la mayor parte reinantes, el duque de Alva y sus dos hijos, treinta arzobispos, multitud de de obispos y prelados, siente embajadores, entre los que se encuentran los de los reyes de Francia e Inglaterra, los diputados de diez ciudades libres, un gran número de príncipes, de condes y de varones soberanos; tal es la corte imponente, delante de la cual se obliga a aparecer a Martín Lutero, para que defienda sus doctrinas.

Jamás se había visto una asamblea tan augusta, reunida con el objeto de combatir a un solo hombre. Al presentarse Lutero en las puertas de aquel inmenso salón, todas las miradas se fijan en él, la mayor parte llenas de odio y desprecio; no hay una mano amiga que se tienda a Lutero (pero me equivoco); un viejo general, cuya cabeza se había encanecido en los combates, tocándole la espalda, le dice con bondad: “Amable monje, amable monje, tienes delante de ti un camino tan lleno de peligros, que ni yo, uno de los más grandes capitanes, he visto semejantes en las más sangrientas batallas. Pero tu causa es justa, si tienes confianza en ella, avanza en nombre de Dios y no temas; el Señor no te abandonará”.

Brillante homenaje ofrecido por el valor de la espada al valor del espíritu. El que logra dominar su corazón en el peligro, es más grande que el que conquista ciudades, dice un rey.

Comprendo, hermanos míos, que los romanistas estaban seguros de su triunfo en esa ocasión; pero se engañaron miserablemente. Lutero, sin orgullo, con calma, contesta victoriosamente a los que le interrogan; pronuncia un elocuente y sentido discurso, en el que pone de manifiesto los extravíos de la secta romana. La orgullosa Roma, ve, a su pesar, que allí es vencida por un sólo hombre, que si alcanzó tan brillante victoria fue porque se apoyaba en el libro de la revelación, que es el libro de Dios. ¿Cuáles fueron las consecuencias de tan decisiva batalla religiosa? Ya lo están mirando: la separación de Roma de casi la mitad de Europa.

Yo mismo, si en estos momentos estoy hablando con la libertad de un cristiano, es debido a ese triunfo glorioso.

He aquí, hermanos míos, los acontecimientos terribles que tuvo presente el jefe de la secta romana establecida en México, para haber impedido la conferencia religiosa que iba a tener lugar en estos momentos.

Roma ha huido delante de mi humilde persona; ved vacío el lugar de mi contrincante (señalando con el dedo el lugar) que con tanta arrogancia y orgullo le provocó a la lucha, ya sabéis la causa de tan humillante y vergonzosa fuga. La Escritura Santa con su autoridad divina, manifiesta que la Iglesia romana es una secta herética e idólatra.

Ni por un momento se debe admitir el fútil motivo que el señor Aguilar alega para no presentarse al combate que él mismo provocó. Su prelado, nos dice, se lo ha prohibido; pero el señor Aguilar nos ha dicho que su causa es la de Dios, y que la conciencia lo obliga a salir a la palestra. Pues bien, cuando Dios habla, cuando la conciencia impera; se debe obedecer resueltamente, sin atender a los obstáculos que cualquier poder humano nos ponga por delante. Yo mismo, si me he separado de Roma, ha sido porque he oído la voz de Dios en la Santa Escritura, que dice: Salid de ella pueblo mío, para que no participéis de sus plagas y de sus crímenes. Porque no cabe duda, primero se debe obedecer a Dios que al hombre.

El señor Aguilar se vio amenazado por su prelado con la suspensión de las funciones eclesiásticas. Y yo pregunto, ¿esta amenaza es la que verdaderamente le ha contenido? Si tal fuese en realidad de verdad la causa que le impide desobedecer el mandato de Dios y de su conciencia, aparece ante los ojos de la sociedad sensata e ilustrada, como un ser que carece de dignidad y aun de moral. No es posible creer que mi honorable adversario tenga más amor al mezquino estipendio de un peso que se le paga a un sacerdote romano por la misa, que a la santa causa de Dios y la religión. Al presentarse en este templo quebrantaba el precepto de un obispo, es verdad; pero no incurría en ningún pecado; en ninguna clase de responsabilidad, porque obedecía la ley de Dios, que manda defender públicamente su santa causa y el precepto de un hombre, aunque sea obispo, ningún valor tiene cuando se opone a la ley santa del Señor. Principalmente cuando aquí íbamos a tratar cuestiones que, como dice el señor Aguilar, están relacionadas con la felicidad de los pueblo, con las lágrimas que estos derraman, y que los ministros de la verdadera religión deben enjugar.

La circunstancia de haberse ocultado el señor Aguilar con sus libros para estudiar la presente cuestión, le hizo ver con evidencia que con la Escritura Santa se puede probar victoriosamente la idolatría romana: y que para los argumentos perentorios y demostrativos que están fundados en los hechos, no hay contestación posible. Y siendo de esta clase los que nos proporciona la Biblia en la presente ocasión, ¿cómo se había de atrever el señor Bustamante a presentarse en ese lugar vacío, que en estos momentos está hablando muy elocuentemente en contra de la idolatría de Roma? Con razón mi adversario, que se creía dotado de una fuerza intelectual gigantesca, que decía que yo carezco de honor al dirigirme a vosotros, a quienes él califica injuriosamente de débiles y despreciables; con razón, repito, huyó cobardemente a refugiarse bajo el manto de su obispo.

La Iglesia romana es idólatra, ya basta sólo tener sentido común para comprender esta verdad. El gran precepto que con la Escritura santa prohíbe la idolatría, ya lo sabéis, nos dice: “No te harás ninguna imagen ni semejanza de cosa alguna que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra”. ¿Y no es cierto que las figuras hasta aquí por desgracia hemos adorado, son imágenes y semejanzas de cosas que están en el cielo? ¿Quién ha puesto estas imágenes en los altares y en los templos? ¿Quién ha hecho que doblemos la rodilla delante de ellas? No cabe duda de que la herética Roma. Y cuando nos dice: “No te inclinarás ante ellas ni las adorarás”, no hay una inteligencia, por privilegiada que sea, que pueda demostrarnos que Roma no ha caído en la más crasa idolatría.

Por otra parte, ¿qué quiere decir ese robo escandaloso, que Roma ha hecho al Decálogo de un precepto tan remarcable y expreso? En el catecismo de Ripalda, único libro de religión que se nos ha puesto en las manos cuando niños, nunca habéis encontrado tan santo mandamiento, estoy seguro de ello. Este hecho habla muy a mi favor, probando que Roma se ha manchado con la asquerosa nota de la más repugnante idolatría.

Los eclesiásticos romanos, siempre nos han predicado poco más o menos de la manera siguiente: “Cuando Jesucristo pronunció aquellas palabras notables: Este es mi cuerpo, nos dio a entender que la sustancia de su carne se convirtió en sustancia de pan. Y tan cierto esto, que Jesucristo nos hubiera engañado, si las palabras referidas no tuvieran este sentido”. Creen estos eclesiásticos que este es un argumento perentorio que no tiene contestación.

Pero cualquiera le podría decir: “Señores, si fuera cierto lo que aseguráis, si se debiera reputar como un hereje y un excomulgado, al que no creyera que la hostia es el cuerpo real y positivo de Jesucristo, nosotros también deberíamos condenar a vosotros como herejes, porque cuando dijo el Salvador: “Yo soy la puerta; el que por mi entrare será salvo. Yo soy el camino: Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”, no queréis creer señores romanistas, que Jesucristo es una puerta material, ni un camino visible, ni una vid, ni que vosotros os habéis convertido en sarmientos. De aquí es que vosotros sois realmente herejes, excomulgados, dignos de la hoguera.

Además, la Santa Escritura nos enseña, y tanto los romanistas, como nosotros los verdaderos cristianos, creemos firmemente, que Jesucristo ya vino en carne mortal a este mundo, y que volverá e él en carne gloriosa en el último de los tiempos. Con lo que confesamos claramente que Jesucristo, en cuanto hombre, sólo dos ocasiones ha de venir al mundo. Sin embargo, los romanistas aseguran, contradiciéndose claramente consigo mismos, que Jesucristo, no dos veces, sino mil y mil ocasiones, está subiendo y bajando del cielo a la tierra, y de la tierra al cielo.

El enseñar estas doctrinas, el engañar así a los pueblos, el hacer que los hombres se hinquen delante de una hostia, que no es más que un pedazo de pan y al que debe adorar como un Dios; esto se llama idolatrar, esto quiere decir, que todos los que hemos estado en Roma, hemos sido verdaderos idólatras. Con razón Jesús nos manda que salgamos de esa secta herética y degradada.

Pero todavía hay más allá, la Sagrada escritura nos dice: que nos salvamos sólo por los méritos de Jesucristo, y no por los méritos del hombre, el que por perfecto que se le suponga es débil, pequeño e insuficiente, para satisfacer a la justicia de Dios. En san Mateo se nos dice: “Cuando hubiereis hecho todas las cosas que se os ha mandado, decid, siervos inútiles somos porque lo que debíamos haber hecho hicimos”. Sólo Jesús, divino Jesús, no es siervo, nunca ha sido esclavo, es el hijo de Dios. Él nos ha salvado, nos ha dado la verdadera libertad, y satisfaciendo a la justicia en el divino Calvario, con su muerte preciosa, su sangre nos limpia de todo pecado.

 Pero la herética Roma nos enseña todo lo contrario. A pesar de estar convencido de estas verdades, nos dice: “Cuando os confeséis, (confesión que ella ha inventado) aunque se os aplica la sangre de Jesús, se os perdona la culpa, pero no la pena del pecado. Todavía tenéis que ir al purgatorio, que es un horno de fuego idéntico al del infierno, para purificación allí de los pecados veniales y de la pena del pecado que no se os perdonó en la confesión. Solo de esta manera se os podrá aliviar este castigo; y es, dejando en vuestros testamentos consignado bastante dinero, para que se os digan misas por vuestras pobrecitas almas.

Esta conducta de Roma se parece a la que se tendría con un reo, que por sus crímenes había merecido doscientos azotes, por ejemplo. A este desgraciado hombre, que ha confesado su crimen al juez se le dice: el rey te ha perdonado la culpa en que incurriste. Este hombre se llenaría de alegría con tal noticia. Pero, ¿cuál sería su sorpresa y asombro cuando, si en el momento en el que cree que va a ser puesto en libertad, se le aseguran más grillos y esposas, y se le conduce a sufrir el terrible castigo? En el acto diría, ¿pues ya no estoy perdonado, por qué se me va a castigar? La respuesta que le daría un teólogo romano sería la siguiente: se te perdonó, en verdad, la culpa, por lo que debes estar gozoso, pero no se te perdonó la pena; y así resuélvete a recibir tu castigo, y sólo que pagues algún dinero a los ministros, los azotes serán menos en números y más suaves. ¿No es cierto que todo hombre de bien miraría con horror y desprecio a los que así entendieran la justicia? Pues de esta manera explica Roma la justicia y la misericordia de Dios. Pero no hay que extrañar los errores y mentiras de esa secta, que aún recomendando la aplicación de las misas, en las que es imposible, según las Escrituras, que Jesucristo se sacrifique en cuerpo y alma: se muestra no sólo como idólatra sino como la madre de las idolatrías y supersticiones.

Vosotros esperabais que Roma os enseñara la verdad en este día; creíais que vendría a discutir, para que de la discusión naciese la luz, pero habéis creído y esperado en vano; el déspota de Roma nunca disputa, sólo impone su voluntad soberana a los pueblos.

¿No sabéis lo que ha pasado en el Concilio Vaticano, adonde se ha decretado que es infalible? Ni una sola de las definiciones del Concilio se ha discutido allí, por más que los obispos le suplicaban, algunos hasta hincándose de rodillas delante del Pontífice, para que accediera a que se nombraran comisiones de uno y otro partido, donde se dilucidara siquiera la cuestión de la infalibilidad; el Pontífice se negó tenazmente a conceder una petición justa y racional; y sólo permitió se pronunciaran discursos de una y otra parte en el vasto salón del Vaticano, adonde se perdían las voces de los oradores.

¿Por qué Roma aborrece tanto las discusiones? Porque sigue el error, y el error ama a la oscuridad, las tinieblas, y odia la luz. Roma sigue la religión del sacerdote y no la de Dios, y nosotros debemos seguir la religión de Dios. (Aquí se agotó la voz del orador).

Enseguida el ministro [Agustín] Palacios dijo en alta voz: Cantemos el himno número 5, que a la letra comienza: “Yo voy viajando, sí, al cielo voy…”, etcétera. Concluido el canto, el mismo ministro tomando la Biblia leyó íntegro el capítulo 44 de Isaías; finalizada que fue la lectura se dirigió a sus oyentes, diciéndoles:

Solo hay un Dios y un solo intercesor entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Esta verdad nos la enseña el Espíritu Santo por boca del apóstol Pablo. Con razón cuando san Juan en el Apocalipsis, se postró delante de los pies del ángel que le revelaba, éste le dijo: “Mira que no lo hagas, porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan la profecía de este libro”. ADORA A DIOS. Este solo hecho basta para que veamos con claridad, cuán justo es el precepto del Señor que nos manda que lo adoremos en espíritu y verdad. Y cuan injustos son los romanistas, que haciendo a un lado a nuestro único intercesor Jesucristo, nos ponen mil y mil intercesores que no nos oyen, porque están muy lejos de nosotros, se encuentran allá en el cielo rodeados de felicidad, la que no sería completa, si constantemente estuvieran sabiendo nuestros pecados, nuestras miserias y desgracias.

Pero lo más triste es que los romanistas nos pongan delante de los ojos imágenes de madera, para que las adoremos doblando la rodilla. El profeta David nos dice: “Avergüéncense los que adoran imágenes de tabla”. De facto, nosotros debemos de estar avergonzados por haber adorado tanto tiempo la madera insensible, esa madera que como sabéis, sirve para tan variados y distintos usos.

Basta ya de idolatría y supersticiones, porque siendo el grande por excelencia, el omnipotente, el infinito, el único que está en todo lugar; sólo delante de él debemos doblar la rodilla, sólo a Él y a Jesucristo nuestro único intercesor, que aunque verdadero hombre es verdadero Dios, debemos manifestarle nuestras necesidades, nuestras miserias y nuestros pecados, para alcanzar el más completo y absoluto remedio. Os excito, por tanto, a que me acompañéis a ofrecer la oración que el mismo Señor se dignó enseñarnos. (Todos se arrodillaron)

El ministro recitó el Padre Nuestro, concluido el cual, dijo: cantemos el himno número 1, que a la letra dice:
De la muerte y su imperio vencimos
por aquel que nos da la victoria;
del error y tinieblas huimos
siguiendo al Señor de la Gloria.

 Coro
Por la fe te hemos visto,
¡Oh Jesús nuestra luz!
Por nosotros, ¡oh Cristo!
expiraste en la cruz;
Tú eres nuestra guía,
divino Salvador,
al cielo de alegría,
al celeste esplendor.

 Coro

Por la sangre que fue derramada
redimidos al cielo marchamos:
Ya la mancha en nosotros lavada
todo es nuevo en la vida en que estamos.

 Coro

Ya el error y la duda han huido,
la verdad refulgente ya luce;
desde el cielo nos ha esclarecido
ya la gloria Jesús nos conduce.

 Coro

Finalizado este canto, concluye el acto.


  ( * )  El Monitor Republicano , 7 de julio de 1871, pp. 1-2

Autores: Carlos Martínez García
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Juan Francisco Martínez

Capacitando a pastores para 2040
 Para el 2040 la mayoría de cristianos en EEUU serán de grupos minoritarios. Los pastores que se están formando hoy trabajarán en esta nueva realidad
 Este fin de semana me encuentro en Pittsburgh, Pensilvania, donde se encuentran las oficinas de la Asociación de Escuelas Teológicas. Esta institución es la que acredita a los seminarios de EEUU, Canadá y Puerto Rico .

Estoy aquí como parte de un comité cuya tarea es ayudar a seminarios a prepararse para capacitar a los pastores y líderes de la iglesia cristiana en Norteamérica tomando como punto de enfoque el año 2040.

 La razón por enfocar en este año es que se estima que para el año 2040 los grupos minoritarios juntos serán la mayoría de la población de EEUU. Ligado a esto está el hecho de que la iglesia está creciendo entre los grupos minoritarios y los nuevos inmigrantes .

Mientras crece el número de cristianos entre las minorías, decrece el porcentaje de personas “blancas” que son cristianas.

Todo esto significa que  para el 2040 la mayoría de cristianos en EEUU serán de grupos minoritarios. Si Cristo no viene para el 2040 los pastores que se están formando hoy estarán pastoreando en esta nueva realidad .

 La mayoría de los seminarios en EEUU fueron formados por denominaciones históricas para capacitar a personas blancas a pastorear iglesias de mayoría blanca y de denominaciones históricas . Pero eso también está cambiando. Todas las denominaciones históricas están decreciendo. Muchos de los seminarios de denominaciones históricas están en crisis y no pueden anticipar que sus denominaciones les manden muchos estudiantes nuevos.

 Hoy en día las iglesias que están creciendo son de denominaciones pentecostales o no-históricas y hay un número creciente de iglesias que tienen fuerte presencia minoritaria . Si también se toma en cuenta el cambio demográfico y el crecimiento de iglesias minoritarias, esto significa que los pastores del futuro necesitan herramientas para las relaciones inter-culturales en la vida de la iglesia.

Pero  este cambio se da en medio de otros cambios en la formación de pastores. Por un lado, un número creciente de pastores se están capacitando en institutos bíblicos o por otros medios alternativos. Y un número creciente de los estudiantes de los seminarios son pastores bi-vocacionales o personas que no pueden dedicarse a estudiar tiempo completo . Tampoco pueden dejar sus iglesias o trabajos para mudarse y estudiar en un seminario.

Las nuevas tecnologías nos dan nuevas maneras de incluir en la formación teológica a personas que antes no podían participar por estar muy lejos. Pero también nos presentan retos pedagógicos y preguntas sobre la mejor manera de capacitar a hombres y mujeres para servir al Señor, al reino y la iglesia.

 Todo esto significa que tenemos que considerar nuevos modelos de formación teológica y pastoral al mismo tiempo que tenemos que preparar a personas para pastorear en un mundo diferente al que han conocido .

Por un lado, esto nos presenta muchos retos. Pero también nos invita a estar abiertos a nuevas maneras de formar a esta nueva generación de pastores y siervos del Señor. Que Dios nos de sabiduría y discernimiento para la tarea.

Autores: Juan Francisco Martínez
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César Vidal Manzanares

La reforma indispensable (32)

Finaliza el encuentro en Lepizig.
 ¿Quién había vencido en la disputa de Leipzig? Por supuesto, Eck había logrado un tanto táctico al lograr que Lutero señalara que no creía en que los concilios estuvieran siempre exentos de error y, como era de esperar, proclamó que la victoria había sido suya. Mientras Eck se refería al premio que para él significaban “la buena cerveza de Leipzig y las bellas adoradoras de Venus” (una afirmación bien peculiar en un teólogo), el duque le regaló un ciervo, pagó todos sus gastos y le concedió una audiencia. En paralelo, el obispo de Brandeburgo solicitó su opinión sobre la denuncia presentada por los franciscanos de Juteborg contra Lutero lo que le permitió ganar quince coronas en un par de horas. Eck estaba tan entusiasmado que montó a caballo y fue al encuentro de Federico para convencerlo de que abandonara a Lutero a su suerte y cuando el príncipe lo remitió a Lutero y a Carlstadt, acudió a denunciar al agustino ante el dominico Hoogstraten, gran inquisidor de Alemania. No sólo eso. Envió un informe a Roma acusando a Lutero de hereje e indicando que, tras la disputa, la única salida es su condena fulminante. Sí, poca duda puede existir de que Eck se veía como el vencedor, recompensado por añadidura, y con el poder suficiente como para imponer condiciones.  Sin embargo, la victoria estratégica –y teológica- había sido para Lutero de una manera aplastante y así lo reconoce en la actualidad la mayoría de los estudiosos.  No se trataba sólo de que su príncipe estuviera más que dispuesto a seguir defendiéndolo nada convencido por los argumentos de Eck. Además se encontraba la reacción de las universidades. De entrada, los estudiantes y no pocos profesores de Leipzig emigraron a Wittenberg en masa. Por si fuera poco en Wittemberg, en Nuremberg, en Augsburgo, en Estrasburgo, en Selestat, en Heidelberg, en Erfurt y – no podía ser menos – en Leipzig las versiones escritas de lo sucedido unánimemente describieran a Eck como el indiscutible derrotado.

 De manera bien significativa, los eruditos y los humanistas también consideraron que Lutero había emergido de la disputa como el vencedor.

Erasmo, el príncipe de los humanistas, señaló que Lutero era demasiado honrado mientras que Eck no era más que un majadero ( jeck ). Lázaro Spengler de Nuremberg y Bernardo Adelmann de Augsburgo señalaron también la derrota espantosa sufrida por Eck e incluso W. Pirckheimer publicó un libro titulado  La bajada de calzones de Eck  que iba a provocar las carcajadas de toda Alemania.

 No deja de ser significativo que eruditos católicos como J. Lortz o el dominico D. Olivier compartan ese veredicto. Si Lortz señala que una prueba fatal de la debilidad católica fue la manera en que Eck se dedicó a su promoción personal durante las semanas siguientes y la forma en que las universidades se negaron a dar un veredicto en el que Lutero apareciera como derrotado. Por su parte, Olivier reconoce el juego sucio de Eck y acepta totalmente la victoria de Lutero. Con los datos históricos en la mano, no se puede llegar ciertamente a otra conclusión.

 Por añadidura, Eck había empujado a Lutero a asumir una posición que estaría cargada de consecuencias. Antes de Leipzig, el agustino se había manifestado profundamente preocupado por cuestiones de carácter pastoral y por la necesidad de regresar a una predicación bíblicamente pura del mensaje de salvación. Después de Leipzig y de los prolegómenos relacionados con el estudio de la Historia de la iglesia, Lutero ya no cuestionaría sólo el uso del edificio sino la bondad misma de su existencia. El teólogo y pastor estaba dando los pasos necesarios para convertirse en reformador.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012