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Un día como hoy

Publicado: abril 7, 2012 en Iglesia, Teología

Resurrección

Un día como hoy
Jesús no necesitó ninguna iglesia, ni culto, ni sistema para resucitar.

07 DE ABRIL DE 2012

Tampoco jerarquías, ni edificios, ni coros y música conmovedores.

Ni siquiera una oración, porque ningún ser humano siquiera esperaba que resucitase, ni que tal cosa se pudiese pedir. Todas las oraciones fueron hechas antes de su muerte, para superar el dolor, la prueba.

Sólo necesitó confiar hasta la muerte. Y esperar. Porque ¿Hay algo imposible para el Dios soberano, omnipotente, que cuenta las galaxias como arena de su playa? Su voluntad, ¿quién la impedirá?

 Hay momentos en los que eso es todo lo que necesitamos.

Confiar hasta que las apariencias, los sueños, los planes, los presupuestos, los apoyos y estrategias van agonizando, demostrando su caducidad.

Confiar incluso mientras nuestras nuestras fuerzas se derrumban.

Seguir confiando aunque toda apariencia sugiera que Dios se ha olvidado de nosotros, nos ha dado la espalda.

Y ahí, en esa encrucijada sin nombre, sin horas, sin rumbo ni agenda… esperar.

No nos levantarán iglesias, ni jerarquías, ni sistemas, ni personas, ni sentimientos.

Nos levantará aquel que ha vencido a la muerte. El único que lo ha hecho a lo largo de toda la Historia de la humanidad. De esa realidad hay testigos, hay escritos, hay constancia que nos ayuda a confiar. Aunque siempre el último paso es un paso de fe.

Porque nada, nada, ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38-39).

Nosotros lo hemos creído, lo seguimos haciendo. Por eso te escribimos estas líneas. Y tú ¿crees tú esto?

Lo xcreas o no, un día todos estaremos figurada o físicamente en la tumba ¿En que confiarás entonces?

Un día como hoy…

© Protestante Digital 2012

Creative Commons

Una novela provocadora ha sido publicada en inglés por la casa editorial AndroGyne Press. Ha sido escrita por una «lesbiana cristiana» que indica que ha encontrado a Cristo en las profundidades de su corazón. Esta novela ha causado un amargo impacto entre los cristianos americanos.

 

Estados Unidos | Por Patricio |

Kittredge Cherry dice que se hizo cristiana durante los estudios con una beca de periodismo en Japón. Fue allí donde según sus palabras «sentí que Dios me había alcanzado tal y como soy, esto es lesbiana».

“Tan pronto como comprendí que Dios existía supe que Dios aceptaba mi homosexualidad puesto que de si no fuese así no me hubiese molestado” escribe Cherry en su libro.

En la ficción Cherry habla de la sexualidad de Cristo y describe las relaciones de Jesús con Juan, el discípulo amado, Maria Magdalena y el Espíritu Santo a quien califica de multigénero.

“He escrito acerca de un Jesús sexual porque los humanos son sexuales, y le he puesto como bisexual-trasgénero porque no quiero limitar la sexualidad de Jesús a un sólo aspecto” acota Cherry. Además añade que “Mientras escribía la novela el mismo Cristo me revelaba su compasión. No es una novela de hechos históricos sino una de verdades espirituales”, asegura la escritora.

Un poco más adelante habla que el “Cristo queen” es un signo de esperanza en medio de la guerra entre cristianos y gays puesto que Jesús representa a todos incluyendo los “sexualmente marginados”.

Esta novela ha sido considerada como blasfema por la mayoría de los cristianos, que ven este libro un paso más de la agenda gay para infiltrarse y distorsionar la ética cristiana tal como se presenta en las Escrituras.

Redacción: ACPress.net

entreCristianos.com

 

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En Cuba, el proyecto de nación del catolicismo se presenta como extensión o complemento del proyecto oficial. Es un camino que no contribuye a la democratización ni a garantizar el pluralismo ideológico de la isla

 

EVA VÁZQUEZ

En la resaca de las tantas visiones promisorias sobre la visita del Papa a Cuba que circulaban desde fines del año pasado, hoy advertimos que los mayores beneficios del paso de Ratzinger por la isla tal vez no haya que buscarlos en Santiago o La Habana sino en Washington y Bruselas. La presencia en Cuba del líder de una iglesia que congrega a más de mil millones de fieles en el mundo tal vez ayude a consolidar el criterio de que la democratización cubana no se abrirá paso por medio de políticas basadas en el aislamiento diplomático de ese país o en sanciones comerciales contra su gobierno.

Al igual que en la visita de Juan Pablo II en 1998, la ciudadanía de la isla pudo escuchar a un jefe de Estado que habla de paz y libertad, de sociedad abierta y verdad cristiana. Todos, conceptos ajenos al discurso excluyente y confrontacional que ha caracterizado al gobierno cubano en más de medio siglo de poder. La forma manipuladora con que los medios oficiales enfocaron la visita y los mensajes del Papa y el modo abiertamente represivo con que las autoridades manejaron la seguridad nacional, antes y durante la estancia de Benedicto XVI en Cuba, fue una perfecta negación de esos mismos conceptos, serenamente formulados en las homilías del Papa.

De cara a la nueva sociedad que se viene construyendo en la isla, en las dos últimas décadas, la visita papal abre interrogaciones que no pueden silenciarse ¿Qué tipo de ciudadanía acabará constituyéndose en ese país caribeño, si se normaliza la hegemonía doble del Partido Comunista sobre la sociedad política y de la Iglesia Católica sobre la sociedad civil? ¿Qué sujetos políticos moldeará un sistema en el que la institución alternativa al Estado socialista, que cuenta con mayores derechos civiles para la trasmisión de sus valores a la sociedad, es la Iglesia Católica?

Hoy se puede hablar de una fe sostenida por dos instituciones autoritarias que saben entenderse

Existe la equivocada percepción de que Cuba ha sido y es una nación católica, como España o México, Irlanda o Polonia. El proyecto católico de nación nunca predominó en Cuba por muchas razones que podrían resumirse con la idea del antropólogo cubano, Fernando Ortiz, de que allí la nacionalidad se formó tardíamente, entre mediados del siglo XIX y principios del XX, por medio de un proceso de transculturación que incluyó, por supuesto, diversos cultos religiosos. La religión católica fue la más practicada por los cubanos hasta 1958, pero la Iglesia no era la institución hegemónica de la sociedad civil de la isla antes del triunfo de la Revolución.

Hoy los católicos no son mayoría demográfica en Cuba y, sin embargo, la Iglesia es tratada por el gobierno de Raúl Castro como si su feligresía acumulara las bases no representadas por el Partido Comunista. Este último ha concedido al clero católico derechos de asociación y expresión que, por ser negados a la ciudadanía, se convierten en privilegios, que le permiten crecer en condiciones excepcionales. Es cierto que los católicos cubanos han luchado por esos derechos en el último medio siglo, pero no menos que otras minorías de la sociedad, como las que conforman la oposición pacífica.

En su loable esfuerzo por abrir la esfera pública de la isla, la Iglesia y sus intelectuales insisten en que el crecimiento de esta institución se debe a que la misma no pertenece a la sociedad política sino a la sociedad civil y que, por tanto, su labor es estrictamente “pastoral”. Sin embargo, no dejan perder oportunidad alguna para presentar la manera en que la Iglesia se relaciona con el gobierno de Raúl Castro como el tipo de oposición leal que deberían practicar todas las asociaciones independientes para ser reconocidas. Nada más político que asumir un tipo de relación con un gobierno como paradigma de toda la sociabilidad de un país.

El Papa se vio obligado a declarar que “la ideología marxista ya no responde a la realidad”

Habría entonces que empezar por admitir que el crecimiento del catolicismo cubano en las dos últimas décadas no ha sido meramente “natural” o “espontáneo”, sino que ha respondido a la coyuntura histórica del colapso ideológico del marxismo-leninismo en los 90 y a los privilegios concedidos a la Iglesia a partir de esa década. Todavía en los años previos y posteriores a la visita de Juan Pablo II a la isla podía hablarse de la recuperación de una fe reprimida o amordazada. Hoy habría que hablar ya de una fe ideológicamente sostenida por dos instituciones autoritarias, que encuentran un punto de entendimiento en el discurso y la práctica del nacionalismo excluyente.

El sentido excluyente de ambos nacionalismos comienza con la representación de toda la comunidad cubana como comunista o católica. Un editorial de Granma de mediados de marzo hablaba de la “Nación cubana”, no de la Revolución o el Socialismo, y presentaba a esta al Papa Benedicto XVI, casi, como un pueblo católico. El embajador de la isla ante la Santa Sede fue más allá y declaró que la “Revolución Cubana y la Iglesia Católica hablaban el mismo idioma porque perseguían lo mismo”. La homologación de discursos entre ambas instituciones fue tan clara en los medios oficiales que el Papa se vio obligado a declarar, antes de su viaje a México, que la “ideología marxista ya no responde a la realidad”.

Si lo que el Papa quiso decir era que la ideología oficial cubana no responde a la realidad de la isla, tal vez debió referirse a la ideología “marxista-leninista” o “estalinista” o, incluso, “comunista”. La teoría social e histórica del capitalismo moderno de Marx es, por el contrario, una de las ideologías que más contactos establece con la realidad global del siglo XXI. Lo curioso es que el gobierno tolere el anticomunismo de la Iglesia Católica, mientras subvalora, margina o silencia los marxismos críticos que se posicionan frente a la ausencia de democracia o al avance del capitalismo en Cuba.

La elección oficial del catolicismo como alternativa leal posee, además, el inconveniente de facilitar el arraigo de ideas conservadoras sobre la nueva comunidad multicultural que intenta articularse en la isla a principios del siglo XXI. La visión de la Iglesia sobre las alteridades sexuales, raciales y genéricas, sobre los cultos afrocubanos, el aborto y el matrimonio gay, es tradicionalista, por no decir reaccionaria. El gobierno cubano, que históricamente ha demostrado ser también conservador en esas materias, hace acompañar su cautelosa apertura económica de una reevangelización católica que se propone crear una mayoría moral, “obediente en la fe” y “buscadora de la verdad”.

El Papa, el cardenal Jaime Ortega, el arzobispo Thomas Wenski y casi todos los líderes católicos, dentro y fuera de Cuba, hablan de un “largo camino de reconciliación nacional” y de una transición gradual, que evite el capitalismo salvaje en Cuba. La pregunta que queda en pie es por qué para evitar ese tipo de capitalismo y avanzar en esa reconciliación nacional es necesario privar a la ciudadanía de derechos civiles y políticos elementales como la libertad de asociación y expresión. No estaría mal que, aprovechando los medios con que ya cuenta, la Iglesia fuera más transparente en la exposición del tipo de capitalismo y el tipo de democracia que desea para Cuba.

El catolicismo, como sostuviera el malogrado profesor de la Universidad de Cambridge, Emile Perreau-Saussine, en su póstumo estudioCatholicism and Democracy (2012), no es incompatible con la democracia. Pero sus mayores contribuciones a esta se han verificado cuando ha sabido renunciar a sus linajes antiliberales y anticomunistas y se ha secularizado por la vía del diálogo ecuménico y la convivencia con otras religiones, cultos e ideologías. Los católicos cubanos deberían ganar conciencia en que el crecimiento de su fe en Cuba sólo podrá consolidarse plenamente bajo un clima de tolerancia religiosa, diversidad ideológica y libertades públicas para todos.

La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba ha sido beneficiosa para la democratización, toda vez que el pueblo de la isla entró en contacto con un líder mundial que trasmite ideas y valores diferentes a los del Estado cubano. Lo que no favorece la democratización de Cuba es que el proyecto de nación del catolicismo se presente como extensión o complemento del proyecto oficial. Lo que, definitivamente, no contribuye al creciente pluralismo ideológico de la isla es que la Iglesia Católica comparta con el Partido Comunista la hegemonía sobre la esfera pública cubana, aceptando la limitación de derechos de las demás asociaciones civiles y políticas del país.

Rafael Rojas es historiador.

 

http://elpais.com

Bienaventurados los indignados/as

Publicado: marzo 27, 2012 en Iglesia

Juan Stam

¡Bienaventurados los indignados!

¡a veces el pecado no es enojarse,

sino no enojarse!

 

Hace unas semanas recibí un correo que expresa una actitud típica de muchas iglesias:

Hermano, nosotros en México tendremos elecciones, queremos un cambio, pero muchos cristianos no entienden esto.  La iglesia institucional no participa en las cuestiones sociales.  ¿Oponerse a que las cosas sigan igual, es oponerse a Dios?  Nos dicen que Dios es el que pone las autoridades y hay que dejarlo así.  ¿Como entender esto?

La consigna parece ser: «Bienaventurados los conformes y sumisos, porque ellos no tendrán problemas».  En muchas iglesias priva la cultura de la sumisión ciega, sin permitir el necesario discernimiento crítico. Es la cultura del «Amén automático», irreflexivo y acrítico.  A menudo el decir Amén es algo así como roncar, porque ambos se hacen estando dormidos y sin pensar. Por eso a veces alguien puede soltar su «Amén» antes de que el predicador o la predicadora hayan terminado la oración o expresado su idea. No importa lo que haya dicho, diré Amén, y cuánto más fuerte, mejor.[1]

Comentemos primero la pregunta específica: ¿Pone Dios a los gobernantes y es pecado oponerse a ellos? Pues, ¡jamás de los jamases! Ni en la sociedad ni en la iglesia. Dios por su providencia y gracia ha establecido el orden en la sociedad y ha puesto al gobierno para castigar a los injustos y defender a los justos (Rom 13:3-4), pero cuando un gobierno hace lo contrario, cuando protege a los injustos y persigue a los justos, como hacía el imperio romano en tiempos de Juan de Patmos, ese gobierno no lo puso Dios sino el diablo (Ap 13:2-4). En Israel, la tarea mayor de los profetas fue la de criticar al gobierno. De Micaías, un profeta ejemplar, el rey Acab se quejó que «me cae muy mal porque nunca me profetiza nada bueno» (1R 22:8). A eso respondió Micaías, «Vive Yahvéh, que lo que Yahvéh me hablare, eso diré» (22:14), por mucho que eso ofenda al rey.

A menudo se manipulan algunos textos para evitar la responsabilidad. Recuerdo que en Nicaragua, bajo la dictadura somocista, los amigos del régimen apelaban a Romanos 13 para afirmar que Dios puso a Somoza y había que obedecerlo. Pero qué curioso, con el triunfo Sandinista ellos se olvidaron de ese texto y su versículo favorito ya era Hechos 5:29: «Es necesario obedecer a Dios [que puso a Somoza] y no a los hombres [el nuevo gobierno]». ¿Cómo explicar que Dios puso a Somoza pero no a los Sandinistas? Era una manipulación obvia de la fe y de la Biblia.

Históricamente, la religión ha sido una espada de dos filos. Con demasiada frecuencia ha sido una instancia legitimadora del sistema. A eso corresponden los profetas del palacio, que siempre dicen lo que el rey quiere escuchar. Pero la religión puede ser también transformadora, como muchas veces en la historia ha sido. En esa ambivalencia, la religión suele ser opio, como bien observó Marx, pero puede ser también una poderosa levadura de procesos históricos de liberación y transformación. Si Marx hubiera conocido a Camilo Torres, Oscar Arnulfo Romero, Dietrich Bonhoeffer y Martin Luther King, hubiera reformulado su frase: «La religión suele ser opio, pero también puede ser una poderosa levadura de cambio».

Una peligrosa arma de la religión paralizadora consiste en entender el amor como pasividad. Entendido bíblicamente, el amor no es principalmente un sentimiento sino un compromiso radical con el bien del otro y de todos (cf. Prv 25:21), lo que Camilo Torres llamaba «amor eficaz». Por eso Cristo nos ordena amar a nuestros enemigos, aunque nos caigan insoportablemente mal. Significa desear el mayor bien de ellos y responder a ellos en la forma que mejor corresponde para su mayor bien.[2]

Jesucristo, el indignado: Esto lo ejemplificó Jesús en toda su vida. Sin duda él amaba a los fariseos y saduceos, pero no fue «amable» (en el sentido moderno burgués) con ellos. De hecho, los insultaba una y otra vez.  Según el cuarto evangelio dijo a los judíos, «Ustedes son hijos de su padre el diablo» (Jn 8:31,44); son «generación de víboras» y convierten la gente en «hijos del infierno» (Mt 23:15). Al rey Herodes le llamó «aquella zorra» (Lc 13:32) y a los escribas y fariseos, ¡con cuántos insultos los agredía! En un solo discurso mateano (Mat 23; cf. 6:1-3; cf, Lc 11:39-52), Jesús los tilda de vanidosos y pretenciosos, hipócritas (repetido siete veces, para mayor énfasis), devoradores de casas de viudas, insensatos, necios,  guías ciegos, sepulcros blanqueados, serpientes y generación de víboras. Aun a su discípulo Pedro Cristo lo llamó «Satanás» (Mt 16:23; Mr 8:33; o agente de Satanás, que también era insulto).

 

¡Jesús fue (y es) todo un ejemplo de indignación! Jesús mismos nos llama a unirnos solidariamente con los indignados de nuestro siglo. Lejos de ser un modelo de tranquilo conformismo, Jesús nos da un ejemplo de la más radical criticidad, incluso contra las autoridades religiosas y políticas de su nación.

Podemos notar aquí también que el Jesús de los evangelios se enojaba ante la injusticia, la falsedad y el pecado. Nunca se enojó por interés propio, por lo que le afectaba en lo personal. Ante el juicio totalmente injusto con que lo condenaron, no abrió su boca. Pero cuando sanó a un enfermo y los fariseos, indiferentes al sufrimiento humano, se dedicaban a ponerle trampas legalistas, vemos a Jesús «mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones» (Mr 3:5). Y a los mismos discípulos, cuando impedían a los niños venir a él, «se indignó» (Gr aganaktew, enojarse). A veces el pecado no consiste en enojarse sino precisamente en lo contrario, en no enojarse. Un Jesús incapaz de enojarse ante la injusticia no sería nada convincente, ni sería Hijo de Dios.

Hay una paradoja muy significativa en las relaciones humanas de Jesús. Se pronunció a favor de los pobres («Bienaventurados ustedes los pobres») pero era hostil contra los ricos («Ay de ustedes ricos», Lc 6:20,24; cf. Mt 19:23-26; Mr 12:41; Lc 16:19; 18:23; 19:8-9).[3] Para «los de abajo» (publicanos, adúlteras, rameras, pobres) Jesús tenía sólo palabras compasivas, de comprensión y perdón, mientras a «los de arriba» (ricos, fariseos, sacerdotes, escribas), cuesta mucho encontrar palabras que no sean severas y, reconozcámoslo, a menudo insultantes. Ni al gran maestro Nicodemo le mostró deferencia alguna. Una paradoja similar marca la figura de Jesús como Príncipe de Paz, pero que no había venido a traer paz a la tierra sino espada (Mt 10:34):

 

Aunque Jesús critica a la iglesia de Éfeso por haber perdido «el primer amor», en seguida (¡qué paradoja!) les felicita por «aborrecer las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco» (Ap 2:4,6).[4] En efecto les dice, «Ustedes han perdido el primer amor, y por eso son una iglesia caída e infiel, pero por lo menos una cosa buena tienen, que aborrecen…conmigo, como yo aborrezco». (Nunca dice que aborrece a los nicolaítas mismos, sino a la doctrina y las obras de ellos). El Jesús de las cartas a las siete iglesias, y del Apocalipsis en general, es un Jesús indignado con la indignación de su amor.

 

Tomás Münzer, el reformador anabautista del siglo XVI, denunciaba «la bondad ficticia» de un Cristo dulce, desconociendo al Cristo amargo de los evangelios. El Cristo dulce es el Cristo de la gracia barata, domesticado y aburguesado, un Cristo simpático y complaciente. Esa dulzura sacarina y anodina, inocua e inofensiva, es más bien una negación total del Cristo de los evangelios.

 

¡Dios mismo es el primero de los indignados! Todos sabemos que Dios es amor, pero no de un amor sentimental sino un amor que sabe indignarse. Sorprenden, y poco se toman en cuenta, los muchos textos bíblicos que hablan del odio y el enojo de Dios y que nos mandan a nosotros también «odiar como Dios y con Dios». Veamos una breve síntesis:

 

(1) Dios ama la justicia y por eso odia la injusticia y la corrupción: «Yo, Yahvéh, amo la justicia, pero odio el robo y la iniquidad» (Isa 61:8). «No maquinen el mal contra su prójimo ni sean dados al falso testimonio, porque no aborrezco todo eso, dice Yahvéh» (Zac 8:17). Del rey mesiánico dice, «Tu amas la justicia y odias la maldad» (Sal 45:7; cf. 26:5; 119:163; cf Heb 1:9). «Yahvéh ama a los que odian el mal» (Sal 97:10 NVI; cf. RVR «Los que amáis a Jehová, aborreced el mal»; cf. Am 5:15; Rom 12:9).

 

¿Dónde está la voz profética de nuestros políticos «cristianos/as» ante tanta injusticia y corrupción en nuestros países hoy? Sólo por las voces nuestras puede hacerse escuchar el odio de Dios contra esas realidades.

 

(2) Dios ama la paz y odia la violencia. Prv 6:16-19 da un registro muy revelador de los odios de Dios:

 

Hay seis cosas que Yahvéh aborrece,

y siete que le son detestables [odiosas],

Los ojos que se enaltecen,

la lengua que miente [falsedad],

las manos que derraman sangre inocente [violencia],

el corazón que hace planes perversos [corrupción, injusticia]

los pies que corren a hacer lo malo,

el falso testigo que esparce mentiras [falsedad, injusticia]

y el que siembra discordia entre hermanos.

 

«Yahvéh examina a justos y a malvados, y aborrece a los que aman la violencia» (Sal 11:5). «Tu has pecado derramando sangre, pues la sangre te perseguirá» (Ezq 35:6 BJ). Dios abomina los que entran en su presencia con manos llenas de sangre (Isa 1:15). En el Apocalipsis, el caballo rojo simboliza la violencia, la guerra y el derramamiento de sangre (6:3-4). La gran ramera está ebria con la sangre de los santos (17:6). Según la explicación angelical de las segunda y tercera copas de ira, los que derraman sangre no tienen derecho de beber agua (16:6). ¡Si les gusta tanto la sangre, que beban sangre! Según Ap 18:24, Dios vengará toda la sangre derramada en la tierra.

 

Qué raro, pero muy, muy extraño, que tantos «cristianos» y «cristianas» hoy, en vez de odiar la violencia y la guerra, son los más enamorados de ellas.

 

(3) Dios ama la verdad y odia la falsedad (Prv 6:17,29 citado arriba). «El justo aborrece la mentira» (Prv 13:5). «Aborrezco y repudio la falsedad, pero amo tu ley», canta el salmista (Sal 119:163). Satanás es por naturaleza un mentiroso y engaña a las naciones. La segunda bestia de Ap 13 es la cara buena del sistema, como «Ministro de Propaganda y Relaciones Públicas» de la primera bestia.  En Ap 16 la guerra de Armagedón es convocada por los sapos diabólicos que van a todos los palacios del mundo para convencer a los reyes que hace falta una guerra de agresión, y ellos creen esa propaganda militar de puras mentiras, como siempre (Ap 16:13-14).

 

Si amamos la verdad y aborrecemos la mentira, tenderemos mucho cuidado con toda la propaganda que nos traen los medios de comunicación. Tendremos el «sospechómetro» en su máximo nivel. Al prender el televisor, veremos los muchos sapos de engaño que se arrastran por la pantalla.

 

(4) Dios odia, con un odio especial, la falsa espiritualidad. Cuando el pueblo es infiel, y vive en la injusticia, la violencia y la mentira, hacen aun peor cuando pretenden adorar a Dios (como pensar, «por lo menos una cosa buena tenemos, que somos religiosos»). Su falsa espiritualidad no compensa por sus pecados, sino constituye la peor de sus ofensas:

 

¡Oigan la palabra de Yahvéh, gobernantes de Sodoma [Israel]!

¡Escuchen la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorrah [Israel]!

¿De qué me sirven sus muchos sacrificios? — dice Yahvéh–

Harto estoy de holocaustos de carneros

y de la grasa de animales engordados…

¿Por qué vienen a presentarse ante mí?

Quien les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios?

No me sigan trayendo vanas ofrendas;

el incienso es para mí una abominación…

No soporto que con su adoración me ofendan…

Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos,

aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé,

pues tienen las manos llenas de sangre.

                                                                  (Isa 1:10-15)

 

Yo aborrezco sus fiestas religiosas,

no me agradan sus cultos solemnes…

Aleja de mí el bullicio de tus canciones;

no quiero oír la música de tus cítaras.

Pero que fluya el derecho como las aguas,

y la justicia como arroyo inagotable.

                                                      (Amós 5:21-24)

 

Conclusión: Podemos afirmar, muy paradójicamente, que uno de los grandes defectos de la iglesia de hoy es que no sabe odiar. No sabemos aborrecer con Jesús lo que él aborrece, no sabemos odiar con Dios como él odia. Dios es amor, pero amor que odia, y hasta odia al odio. El amor odia con un odio santo. El odio contra la injusticia, la violencia y la falsedad es de hecho el amor en acción frente al desamor y la maldad. Lo contrario del amor no es la indignación sino la indiferencia:

 

Sólo le pido a Dios

Que el dolor no me sea indiferente,

Que la reseca muerte no me encuentre

Vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente.

 

Sólo le pido a Dios

Que lo injusto no me sea indiferente,

Que no me abofetean la otra mejilla

después que una garra me arañó esta suerte.

 

Sólo le pido a Dios

Que la guerra no me sea indiferente,

es un monstruo grande y pisa fuerte

toda la pobre inocencia de la gente.

 

Este odio de Dios es la ternura de su compasión ante tanta injusticia; es un odio que llora (cf Mr 3:5). La canción de Julio Jaramillo lo expresa bien:

 

Yo vi llorar a Dios

Anoche, soñando, he visto a Dios llorando, jamás lo olvidaré
ahora que estoy despierto, aún me parece cierto,
yo quiero contarle al mundo lo que soñé
ahora que estoy despierto, aún me parece cierto,
yo quiero contarle al mundo lo que soñé.

Yo vi llorar a Dios y al preguntar por qué lloraba
me contestó el Señor que por nosotros se apenaba
por qué ya no seguimos sus santos mandamientos
y nuestros pensamientos se alejan de su amor.

Me habló con triste voz de tanto niño abandonado
de la miseria cruel que tanto pueblo ha destrozado
por qué si le queremos y le necesitamos
por qué no terminamos de hacer llorar a Dios
por qué si le queremos y le necesitamos
por qué no terminamos de hacer llorar a Dios.

Yo vi llorar a Dios y al preguntar por qué lloraba
me contestó el Señor que por nosotros se apenaba
por qué ya no seguimos sus santos mandamientos
y nuestros pensamientos se alejan de su amor.

Me habló con triste voz de tanto niño abandonado
de la miseria cruel que tanto pueblo ha destrozado
por qué si le queremos y le necesitamos
por qué no terminamos de hacer llorar a Dios
por qué si le queremos y le necesitamos
por qué no terminamos de hacer llorar a Dios.

Eduardo Galeano, en un reciente escrito, afirmó que hay dos clases de personas, «los indignados» y por otra parte «los indignos». Ser neutral o pasivo ante la maldad es renunciar a su propia dignidad como ser humano. Para Gandhi, «Lo más atroz de las cosas de la gente mala es el silencio de la gente buena». «No me duelen los actos de la gente mala», declaró Martin Luther King, «me duele la indiferencia de la gente buena». Ese silencio, según King, va minando la misma humanidad de los indiferentes: «nuestra vida comienza a terminar en el momento cuando nos callamos sobre asuntos importantes». También dijo que «no hay nada en el mundo más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda».

 

A través de la historia esa clase de «amor eficaz» y su converso, la ira santa y justiciera, ha sido la motivación que ha impulsado los grandes héroes de la libertad. Moisés, viviendo en el palacio, amaba a su pueblo y odiaba la opresión. Los profetas hebreos amaban apasionadamente la justicia y odiaban la corrupción y la maldad en su propio pueblo. Simón Bolívar y José Martí odiaban el colonialismo, Abraham Lincoln y José Simeón Cañas odiaban la esclavitud, Dietrich Bonhoeffer odiaba el nazismo; Martin Luther King odiaba el racismo. Todos ellos pertenecían a a la compañía noble de los indignados. ¿Cuales son los «santos odios» que deben inspirarnos a nosotros hoy? Igual que los cristianos de Éfeso, tenemos que aprender a odiar con Cristo las cosas que él aborrece:

 

Ya queda claro:

¡Dios mismo es un indignado,

y Jesucristo también!

 

¡Qué importante saber enojarnos!

 

¡Ay de mí si me quedo indiferente!

 

Bienaventurados los indignados,

porque ellos buscan el reino de Dios,

que se haga la voluntad de Dios

en estas tierras nuestras.

 

¡Unidos para una fe más militante!

 


[1] Ver el final de Tomo I de mi comentario al Apocalipsis, «Cómo decir Amén cristianamente»/

[2] Algunos párrafos que siguen son adaptados de mi artículo, «¿Era Jesús siempre amable?»,  www.juanstam.com  (12.28.2010).

[3] Cf. » Jesús y las riquezas», ibid. 11.24.2011.

[4] Esa aborrecible desviación, que parece haber consistido en una mezcla de fe en Cristo con el culto al emperador, se había presentado también en Pérgamo y Tiatira, y Jesus amenaza venir con su espada para pelear contra ellos.


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (35)

Lutero y la ruptura con Roma
Suele ser común entre los católicos –es lógico que así sea– pensar que la visión reformada intenta sustituir una iglesia, la suya, por otra.
La bula de excomunión constituía un instrumento formidable para aplastar a Lutero y a cualquiera que estuviera dispuesto a respaldarlo.

El único problema era de carácter administrativo ya que los acusados debían ser castigados por las autoridades de las que dependían. Esa circunstancia obligaba a trasladar la bula a todas las instancias responsables. Para llevar a cabo ese cometido en el norte y el sur de Alemania, fueron designados Eck –que tanto había contribuido a llegar a esta situación– y Aleandro. Para sorpresa suya, comprobaron que la opinión pública se había situado de manera masiva al lado de Lutero. Miltitz hizo todavía un último intento para encauzar la situación y se entrevistó con Lutero que aceptó la idea de escribir una carta al papa e incluso, una vez más, llegar a un armisticio con sus oponentes.

Efectivamente, el agustino redactó la misiva y la envió junto con una copia de su opúsculo  La libertad del cristiano . Se trataba de un último intento de reconciliación, pero, a esas alturas, y especialmente tras la disputa de Leipzig, la posición eclesiológica de Lutero había variado considerablemente y el año 1520 sería testigo de ello.

 LA RUPTURA CON ROMA 
El estudio de las cartas cruzadas entre Lutero y Spalatino en esta época dejan de manifiesto la sensación experimentada por el primero de que los acontecimientos eran incontrolables y estaban, a fin de cuentas, en manos de Dios y los intentos del segundo por frenar los acontecimientos. Lutero escribió a la sazón:

“¿Quién puede resistir el consejo de Dios? ¿Quién sabe si estos hombres insensatos no han sido predestinados por El como los medios para revelar la verdad?… Dios solo es el que se ocupa de este asunto. Somos arrastrados por Él. En vez de llevar, somos llevados”  [i]

El agustino era dolorosamente consciente de que ante él se extendían la persecución e incluso la muerte. Sin embargo, lo aceptaba como algo consustancial con la Historia del cristianismo:

“… deberías cuidarte de pensar que Cristo hará las cosas en la tierra silenciosa y suavemente, cuando se ve que combatió con Su propia sangre, y después todos los mártires” [ii]

Precisamente, la conciencia de lo que podía suceder llevó a Lutero a redactar una serie de escritos que encauzaran el camino de la Reforma ante la eventualidad, nada difícil, de que le arrancaran la vida.

Desde la disputa de Leipzig, Lutero había estado en contacto con algunos humanistas bohemios. Con posterioridad, leyó el De Ecclesia de carácter hussita. Las conclusiones a las que llegó quedaron expresadas en una carta a Spalatino: “Sin saberlo, he estado enseñando todo lo que Juan Huss enseñó y lo mismo ha hecho Staupitz. En resumen, somos todos hussitas, aunque no lo sabíamos, y también lo eran Pablo y Agustín”  [iii] .

Lutero admitía sus propias carencias – “soy más violento de lo conveniente”  [iv]  – pero esa circunstancia no podía ocultar su despego del sistema eclesial en el que había vivido desde su infancia. Una de las razones fundamentales había sido la lectura de la edición que Hutten había hecho de la Donatio Constantini. El texto no es conocido actualmente salvo por los especialistas, pero había tenido una extraordinaria relevancia durante la Edad Media ya que sostenía que Constantino había cedido terrenos al papa lo que legitimaba el poder temporal del papa y la extensión de los Estados pontificios, un fenómeno que había resultado especialmente cruento en los últimos pontificados. Ahora quedaba de manifiesto que no era sino una burda falsificación encaminada a justificar las ambiciones territoriales del papado. Las conclusiones de Lutero, al respecto, no resultan nada equívocas: “Buen Dios, qué grande es la oscuridad y la iniquidad de estos romanos… Estoy tan horrorizado que apenas tengo ninguna duda (prope non dubitem) de que el papa es el mismo Anticristo que se espera, tal y como la manera en que vive, actúa, habla y ordena, encaja en el retrato”  [v] .

 Para el agustino, resultaba obvio que el papa era una institución cuya justificación estaba en el servicio pastoral y evangelizador del pueblo de Dios. Sin embargo, lo cierto es que esa institución había abandonado esas funciones y se había dedicado, por el contrario, a crear un reino cuya legitimidad no había dudado en sustentar en documentos falsificados.

En mayo, el franciscano Alveldo publicó un áspero tratado en el que afirmaba el origen divino del primado papal. Lutero le dio respuesta inmediatamente con un texto que ya se encontraba en imprenta en junio. La obra es un opúsculo sencillo, pero indispensable para comprender la visión reformada de la iglesia.

Suele ser común entre los católicos –es lógico que así sea– pensar que la visión reformada intenta sustituir una iglesia, la suya, por otra. Semejante empeño parece absurdo en la medida en que, como ha vuelto a refrendar un reciente documento papal, la única iglesia verdadera y con la plenitud de medios es la iglesia católica y las otras confesiones no llegarían a esa entidad. El punto de vista es razonable –insistamos en ello– pero parte de una ignorancia grave de la concepción que de iglesia sostiene la Reforma.

 Para Lutero –y para los reformadores en general– la iglesia es una realidad visible, pero no se identifica con una institución concreta con exclusión de otras, sino con sus miembros, los cristianos . Es esa suma de cristianos como pueblo de Dios lo que es la iglesia y no una institución eclesial.

Por supuesto, esa iglesia, como señaló en su respuesta al franciscano, tiene unas marcas que son “el bautismo, el sacramento (la Eucaristía) y el Evangelio: no Roma, o este lugar, o aquel” [vi] . Sobre esta iglesia, que está formada por los verdaderos creyentes y no por una estructura eclesial específica, quien se encuentra es Cristo o, por utilizar la expresión de Lutero, “Cristo es la Cabeza y El sólo gobierna”  [vii] .

 Comprender este aspecto resulta absolutamente esencial en el diálogo interconfesional. Si la iglesia católica afirma –y es lógico que lo haga– que es la única iglesia verdadera y con plenitud de medios de gracia, las iglesias reformadas siempre responderán que la iglesia, a pesar de su visibilidad, es, fundamental y esencialmente, una comunión de fieles que no se identifica con tal o cuál confesión, sino que está formada por los que han experimentado una conversión a Cristo.

Si la iglesia católica contrapone –y es lógico que lo haga– su unidad formal a la división en distintas confesiones surgidas de la Reforma, las iglesias reformadas responderán que esa división no existe por la sencilla razón de que todos sus miembros forman parte de una sola iglesia, la verdadera, que es una realidad espiritual. Si la iglesia católica afirma – y es lógico que lo haga – que esa única iglesia verdadera mantiene una sucesión apostólica cuyo elemento esencial es el hecho de que el papa es sucesor de Pedro, las iglesias reformadas siempre responderán que la sucesión apostólica no es una sucesión similar a la dinástica – por otro lado, interrumpida históricamente en varias ocasiones – sino una identificación con la enseñanza y el comportamiento de los apóstoles. Si la iglesia católica afirma – y es lógico que lo haga – que el papa es el Vicario de Cristo en la tierra, las iglesias reformadas siempre responderán que Cristo no necesita de vicario alguno porque gobierna directamente a su iglesia a través del Espíritu Santo.

 Arrancando de esas premisas, no puede sorprender que Lutero escribiera: “¡Adiós, desdichada, desesperanzada, blasfema Roma! La ira de Dios ha llegado sobre ti, como te mereces”  [viii]  ni tampoco que redactara sus escritos del verano de 1520. 

 Continuará 

 


   [i] WA Br. 2.39.9-12.21.
   [ii] WA Br.2.41-3.
   [iii] WA Br. 2. 42.2.22.
   [iv] WA Br. 2, ibid I. 65.
   [v] WA Br. 2. 48.22.
   [vi] WML I.357.
   [vii] WML I. 357.
   [viii] WA 6.329.

Autores: César Vidal Manzanares

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Juan Simarro Fernández

Y se escandalizaban de Él (XXVIII)

 
Vísperas de Semana Santa. Semana de pasión… de traición. Jesús, con su ejemplo de servicio, vence a los traidores del mundo.

 

 Nos acercamos a la Semana Santa. Semana que también nos recuerda la traición.  “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que el entregase…  Es la traición. “… se levantó Jesús de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó” … para servirles. Es el servicio que vence la traición . (Juan 13:2y4). La traición versus el servicio. El servicio venciendo la traición. Si es así, la acción social cristiana debe vencer también a los traidores injustos. Traidores contra sus prójimos. Ejemplo nos ha dado Jesús: frente a la traición, el servicio. Es lo que nos recuerda el inicio de la Semana de Pasión.

Son los últimos momentos de Jesús, antes de que abandonara este mundo para volver al Padre. Momentos para redactar todo un testamento. Su última voluntad. ¿Qué propósito último tenía Jesús cuando se acercaba el momento de su partida hacia el Padre? Nos deja un testamento como ejemplo a seguir. Un testamento vivo de servicio. El servicio venciendo la traición.

El ambiente podría ser de cierta expectación, de cierta tensión ante lo que podían notar que la vivencia de la presencia de Jesús encarnado era ya corta. Se aproximaba el gran cambio, la posible soledad de los discípulos. Hemos dicho que era un ambiente de amor con la expresión límite del texto que nos dice que Jesús amó a los suyos hasta el fin. Amor sin límites, pero un amor con una competencia maligna. En medio de este ambiente amoroso, pululaba la sombra de la traición.

Así, el texto dice bruscamente:  “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas que traicionara a Jesús” , que le entregara. El amor, la muerte y la traición, convivían en aquella cena. Por tanto, la trama del texto es agridulce. El amor y la traición se codean. Dios y el diablo. El amor, que es vida, con la muerte. El pan y la zancadilla.

 Semana de pasión, semana de traición. En el versículo 18 nos dice que  “el que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar” . Junto al comer unidos el pan, junto al amor hasta el fin, está el que pone la zancadilla, el que traiciona, el que no respeta las normas, el que no hace justicia, el que tiende a llevar a otros a la muerte. El bien y el mal juntos , el trigo y la cizaña… como la vida misma en un mundo caído, mundo en el que convive la pasión y la traición.

Levantando el calcañar contra los inocentes. La pasión se repite. Semana de pasión, años de pasión, siglos de pasión. El mundo está lleno de los que ponen la zancadilla a los inocentes, a los más débiles. Están los que abusan, los que oprimen, los que llevan a otros hacia el patíbulo. Hay que hacer algo para contrarrestar. En el mundo el trigo quiere ser ahogado por la cizaña.

 Pasión y traición. Están los Judas encargados de la bolsa y que, como él, a veces aluden a los pobres… para poder robar más . Ese era Judas, el dueño de la bolsa que, cuando derramaron a los pies de Jesús un perfume de alto precio, dijo traidoramente que eso debería vender y ser dado a los pobres. Pero la Biblia dice que dijo esto porque era ladrón y quería tener todo en su bolsa.

Cercanía de la Semana de pasión. Ahora, en los momentos finales de la vida de Jesús entre nosotros, planea la traición. El mal acosa al bien. Los inocentes son injustamente tratados, los mansos son despojados y los débiles echados a los márgenes del no ser de la marginación. Es la historia de un mundo caído.

Testamento de pasión. Jesús tenía que hacer algo como última voluntad, como testamento vital de ejemplo a los hombres, a sus criaturas. Tenía que contrarrestar el ambiente de traición, la obra de Satanás que se realizaba a través de Judas, el tesorero ladrón, el amante de la bolsa… el que es capaz incluso de entregar a Jesús, al Maestro divino por dinero.

 Ante el inicio de su pasión, Jesús se humaniza al máximo . Tiene que hacer algo, algo importante, algo ejemplo para la humanidad. Tránsito final del ministerio de Jesús hombre en el mundo. El Maestro, el Hijo de Dios, en este acto final, se humaniza mucho más. El que había partido de Dios y volvía a Dios, se humaniza hasta el límite, hasta el fin, al igual que amó. Se quiere mostrar como el humano más humano entre todos los humanos. En este momento de vuelta a la divinidad, se quiere mostrar como el Hijo del Hombre, el Dios humanado encarnado… para servir… para darnos ejemplo de servicio… mientras comenzaba su pasión.

Servicio venciendo a la traición… Testamento ante la muerte. Se quita su manto y se ciñe una toalla. Imágenes de su acto de última voluntad, de su testamento como ejemplo a seguir por todos. Imágenes simbólicas. Se despoja un tanto de su halo de divinidad. Se quita su manto. Se queda como el hombre despojado de algo digno, cerca de la desnudez, como si dejara su propia divinidad a un lado y se humaniza en el servicio.

 Toalla versus manto. En lugar del manto, que le podía dar cierta imagen de Maestro, Maestro divino, se ciñe una toalla . Está escribiendo su última voluntad, su testamento de ejemplo al mundo. Jesús se quitó el manto y mostró al Dios hombre… con una toalla ceñida y dispuesto al servicio.

Este Dios hombre es el Dios preparado para el servicio, con su toalla ceñida y dispuesto a lavar los pies a sus discípulos. Jesús, en su última voluntad, en su testamento final, estaba mostrando al Dios siervo, dispuesto al servicio, a preocuparse de las necesidades de los otros… ejemplo a sus discípulos de todas las épocas.

Es la forma de contrarrestar la traición. Es la forma de vencer con el bien el mal. Es el ejemplo que nos deja para decirnos como podemos cambiar el mundo, como podemos destrozar las estructuras injustas de traición y de pecado, las estructuras que llevan a los inocentes a la muerte o a la infravida de la pobreza y marginación. El servicio, que es amor en acción, vence a los poderes de maldad del mundo, a la injusticia, a los egoísmos que llevan a otros a la muerte.

Jesús se quita su manto… ¿Se despoja de su deidad? Se pone una toalla… ¿Le humaniza a lo sumo el comienzo de su pasión? Jesús, en estos últimos momentos entre nosotros, es como si, al quitarse su manto, se estuviera despojando de su deidad, estuviera mostrando su humanidad en servicio como forma de vencer la traición de los Judas del mundo. Es como si tuviera miedo de que los hombres vieran en Él solamente a Dios. Este despojo del manto se relaciona con el servicio.

Última voluntad. Testamento de vida… ejemplar. El Jesús ceñido con una toalla, el Jesús siervo, el Jesús ejemplo de servicio…  “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” . Es como si nos estuviera diciendo: Quitaos vosotros también el manto y ceñiros la toalla del servicio. No ha entendido el Evangelio quien no sirve.

 Servicio que contrarresta a los traidores del mundo, a los egoístas que sólo piensan en la bolsa repleta, aunque sea a costa de la muerte de tantos que, empobrecidos, caminan por el mundo en la infravida. El servicio vence la traición. Una lección previa a Semana Santa. Una lección de la semana de pasión .

Autores: Juan Simarro Fernández

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En Tolyatti

 
S. Andreyev logró la alcaldía de una de las grandes ciudades rusas, tras vencer al partido de Vladimir Putin.

27 DE MARZO DE 2012, MOSCÚ

Por primera vez en la historia, una de las principales ciudades rusas ha elegido a un ciudadano de fe evangélica como alcalde.

 Se trata de Sergey Andreyev, de 39 años de edad, que logró la confianza de los ciudadanos tras vencer al partido de Vladimir Putin el pasado 18 de marzo, en las elecciones para la alcaldía de Tolyatti . Logró el 57% de los votos frente al 40% del partido de Putin, molesto tras su derrota.

 Parte del motivo de su éxito es que el partido de Putin («Rusia Unida») agitó el sentimiento contra las minorías religiosas de la región .En Tolyatti se presentó como el salvador de la patria de las potencias extranjeras siniestras.Como muestra, en las dos semanas previas a las elecciones, carteles y vallas publicitarias presentaban a la catedral ortodoxa de Tolyatti llena de luces y colores brillantes, junto a la iglesia bautista local en tonos grises oscuros, bajo de un cuervo negro que volaba sobre el edificio.

 Aunque  el nuevo alcalde no es bautista, sino miembro de la pequeña «Asociación de Iglesias Misioneras de cristianos evangélicos»  que tiene 12 congregaciones en Rusia y una treceava en Ucrania.

Andreyev se ha presentado con el apoyo de otros políticos rusos independientes, salidos de otros partidos, y que trabajan en coalición.

 FE CON COMPROMISO SOCIAL Y POLÍTICO
 Residente en Moscú, Paul Tokarchouk, trabaja con la entidad evangélica Russian Ministries (Ministerios Rusos). Ha manifestado su alegre sorpresa con el resultado de las elecciones: «Andreyev es evangélico. Él es un auténtico creyente y miembro activo de una iglesia local y, a pesar de esto, fue elegido como alcalde por la mayoría de la población de la ciudad» .

Esta elección, expresa, es exactamente lo que Russian Ministries desea que ocurra: que los cristianos se conviertan en líderes sociales en sus comunidades.

 Tokarchouk asegura que la capacitación que ellos ofrecen en la “Escuela Sin Muros” provee una formación del liderazgo con bases bíblicas, pero que no se limita a una espiritualidad “conventual”, sino que buscan que esta formación afecte a todas las áreas de la vida de los futuros líderes. Y esto esperan que puede llegar a tener un impacto sobre la vida política rusa : «La corrupción y la inmoralidad disminuyen, ciertamente, porque la gente con mentalidad y valores cristianos está en contra de lo que éticamente es incorrecto».

En el programa de “Escuela Sin Muros” hay actualmente 2.000 estudiantes.

Fuentes: Assist News Service, MundoCristianotv

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Viaje papal

El Papa encomienda Cuba "a la madre de Dios"
El Papa rezó de rodillas y con profunda devoción ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre.

27 DE MARZO DE 2012, CUBA

En el segundo día de su visita a Cuba, la mayor isla de las Antillas, Benedicto XVI realizó una peregrinación en privado al santuario de la Virgen del Cobre, venerada en Cuba como la patrona de la isla.

 El Papa rezó de rodillas y con profunda devoción ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre  en su basílica vacía, sin gente, sólo con la presencia de cardenales y obispos. Tras el rezo privado, el Papa leyó, con los presentes, la oración de la Virgen en su año jubilar y encendió un cirio ante la imagen: «Madre de todos los cubanos, ayúdanos a superar el rencor, la división y la enemistad».

 A la salida de la Basílica mariana, el Papa expresó su deseo de que «hagan saber a todos que el Papa ha encomendado a la madre de Dios el futuro de su patria» . Y, a continuación, el Papa desgranó en público las peticiones concretas que hizo, en su oración, a la Virgen por paz, justicia, gozo…

Dentro de estas peticiones, especificó, « He puesto asimismo en su inmaculado Corazón a los jóvenes , para que sean auténticos amigos de Cristo».

 TRIBUTO A LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL COBRE
 El viaje de Benedicto XVI a la isla se produce en el Año Jubilar por el 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, patrona del país y un símbolo de fe e identidad para los cubanos católicos.  Y es que la visita papal rinde tributo oficialmente al cuarto centenario del descubrimiento de la imagen de la virgen .

El papa viajó inmediatamente después hacia La Habana, donde tendrá lugar la ceremonia oficial de recibimiento por parte del presidente Raúl Castro. Benedicto XVI celebrará este miércoles una segunda misa al aire libre en la Plaza de la Revolución de La Habana como acto final de su visita a Cuba.

Allí le espera de nuevo la imagen de la Virgen del Cobre, trasladada a la Plaza de la Revolución de Santiago para presidir la misa a cielo abierto de Benedicto.

Fuentes: Efe

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