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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (47)

Cuando se encontraba a cuatro jornadas de Wittenberg, el carricoche en el que viajaba Lutero fue asaltado por cuatro hombres.

 

De manera casi simultánea a la reunión entre Lutero y Cochlaeus a la que nos referimos en la última entrega, la comisión nombrada por la Dieta presentó su informe. Los partidarios del emperador exigieron la marcha inmediata de Lutero, pero el elector de Tréveris propuso una alternativa que despertó la suspicacia de un Aleandro que temía que se le escapara la presa a la que llevaba persiguiendo tanto tiempo.
Durante la tarde del día 25, el Elector de Tréveris ofreció a Lutero su protección. Estaba dispuesto a entregarle un buen priorato, a admitirlo a la mesa episcopal y a invitarlo al consejo. Además, el arzobispo le dio a elegir entre varias posibilidades: someter la cuestión al juicio conjunto del papa o del emperador; o al emperador solo que mantendría conversaciones con el papa; o apelar al emperador y a la Dieta; o retractarse de algunos errores especialmente graves y esperar a que un concilio decidiera en el futuro sobre los demás.
Lutero rechazó la propuesta del arzobispo. No era sólo que las ofertas materiales –como había quedado demostrado una y otra vez con anterioridad– no le tentaban. Se trataba, fundamentalmente, de que sus adversarios estaban, al fin y a la postre, dispuestos a renunciar a los principios que defendían con tal de acabar con el Caso Lutero, como ha reconocido, por ejemplo, el dominico D. Olivier. De hecho, la solución planteada por el arzobispo constituía un mentís en toda regla al principio de primacía papal y, de manera bien significativa, una aceptación de lo que Lutero llevaba sosteniendo hacía años. Lutero, que hacía tiempo que había dejado de creer en la institución, debió de contemplar todos aquellos episodios como una confirmación evidente de las conclusiones a las que había ido llegando de manera lenta, dolorosa e irreversible.
Esa misma tarde, el emperador envió a Lutero una notificación en la que se le ordenaba salir de Worms al día siguiente, 20 de abril. El salvoconducto todavía tendría una vigencia de veintiún días , pero le estaría prohibido predicar, reunirse con gente o publicar escrito alguno durante su camino, debiendo permanecer después en Wittenberg  a la espera de lo que se decidiera sobre su suerte.
El mensaje del emperador tenía un contenido evidente. El monje contaba tan sólo con veintiún días antes de que se iniciara su caza, una caza que sólo podía concluir con su captura y su ejecución en la hoguera . Aleandro se sentía satisfecho. Ya no quedaban resistencias frente a sus propósitos y el camino tan trabajosamente seguido en los meses anteriores había llegado a su fin. Ahora sólo había que dedicarse a dar forma al texto que permitiría finiquitar el Caso Lutero. Precisamente, se encontraba entregado a esa labor, cuando le llegó una noticia que sacudió a todo el imperio. El monje había desaparecido.
Como resulta fácil comprender, los rumores se dispararon inmediatamente. No pocos –entre ellos Alberto Durero– temieron que el agustino hubiera sido asesinado por sicarios papales. Se llegó a hablar de que lo habían degollado y de que su cadáver había sido arrojado a una mina. Para colmo, el 12 de mayo, el Elector de Sajonia declaró ante la Dieta que ignoraba donde estaba Lutero.
¿Dónde se encontraba el monje? Lutero había abandonado Worms al recibir la orden imperial. Después de haber dejado a la mayor parte de sus acompañantes en el camino real que llevaba a Gotha, Lutero, junto a Amsdorf y a otro agustino, se desvió hacia Möhra con la intención de visitar a su tío Enrique . Sus parientes lo recibieron cordialmente e incluso pasó la noche en casa de sus abuelos. A la mañana siguiente, predicó a los campesinos al aire libre porque la aldea carecía de edificio para la parroquia. Por la tarde, se despidieron. Al hacerlo, todos se encontraban tranquilos. Los Lutero no temían el castigo canónico derivado de acoger a un excomulgado y Martín sentía una paz extraordinaria tras lo que había sucedido en Worms. En términos eclesiales, había cruzado el Rubicón y su confianza en Dios era tan acusada que decidió prescindir del heraldo imperial que lo acompañaba con la misión de protegerlo.
En Friedberg, a unas leguas de Frankfurt, Lutero escribió al emperador . En esta nueva misión, volvió a reiterarle que siempre había estado dispuesto a retractarse si se le convencía con las Escrituras de que estaba equivocado. Insistió también en la necesidad de predicar el Evangelio al pueblo para superar las capas que, generación tras generación, se habían ido sumando a un edificio doctrinal cada vez más distante de lo enseñado en la Biblia. El texto resultaba muy revelador porque enfrentaba la visión reformada con la de los opositores de Lutero. Mientras que ambas partes insistían en que estaban defendiendo la Verdad, el fraile la identificaba con lo contenido en la Biblia mientras que sus adversarios lo hacían con la autoridad papal.
Después de la misiva al emperador, Lutero dirigió otra a la Dieta que, en esos momentos, estaba redactando el edicto que debía permitir acabar con él . Ya en Frankfurt, escribió también a su amigo Cranach resumiéndole lo que había sido la Dieta. En tan sólo unas frases, el monje le señalaba donde sólo le habían preguntado si los libros eran suyos y si estaba dispuesto a retractarse de su contenido.
Así, prosiguió el viaje y cuando se encontraba a cuatro jornadas de Wittenberg, el carricoche en el que viajaba Lutero fue asaltado por cuatro hombres . Sin hacer caso de los gritos de Amsdorf –el hermano corrió a esconderse en la espesura– los jinetes se abalanzaron sobre el agustino que apretaba contra si un ejemplar del Antiguo Testamento en hebreo y otro del Nuevo en griego. Con rapidez, los emboscados ataron las manos de Lutero y arrojaron los libros que llevaba en una alforja. Acto seguido, montados a caballo, obligaron al secuestrado a seguirlos a pie. Y entonces sucedió algo inesperado. Tras desaparecer en la primera vuelta del camino, los raptores desataron al monje y le proporcionaron un caballo. A continuación, partieron a galope tendido junto con Lutero.
Aquella misma noche, la comitiva llegó ante un castillo situado al final de una empinada y dilatada cuesta. Lutero fue conducido a una estancia de dos habitaciones y se le entregó ropa secular para que se despojara de su hábito de fraile y se cambiara. Igualmente, le informaron de que tenía que dejarse la barba y de que, a partir de ese momento, para todos era el caballero Jorge. Sus secuestradores tan sólo tenían una intención, la de brindarle protección frente al edicto imperial en el lugar donde se encontraba que no era otro que el castillo de Wartburgo.
Algunas semanas después, Lutero recibió en la fortaleza un ejemplar del Edicto de Worms de 8 de mayo de 1521, que había sido firmado el día 26 del mismo mes. El texto, en el que no era difícil percibir la mano del nuncio Aleandro, lo convertía oficialmente en un proscrito .
Sin embargo, Lutero no sintió inquietud al encontrarse frente a la consumación legal de un caso, el suyo, que se había extendido durante varios años. Desde hacía unos días, había comenzado a traducir la Biblia de las lenguas originales al alemán vulgar . Su intención no era otra que la de acercar al pueblo el mensaje del Evangelio en su forma más pura, la contenida en las Escrituras.
Difícilmente, hubiera podido responder el monje de manera más adecuada a aquella condena.
Continuará

Autores:César Vidal Manzanares

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Una latinoamérica joven que tiene  fe y lucha por su futuro…

Lima,Perú

Fotografía: Samuel Nieva.

Worms: el último debate de Lutero

Publicado: septiembre 10, 2012 en Historia, Iglesia, Luteranismo

César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (46)

A pesar de que en Worms sobre Lutero pesaba ya la condena de la iglesia católica y del emperador, la opinión pública obligó a ambas instancias a un debate con el agustino.
Para aquel esperado momento que se había hecho esperar años, Lutero se hizo acompañar por Schurf y por Amsdorf. Por su parte, el arzobispo llevó consigo a Von Ecken, el fiscal ante la dieta, y Cochlaeus, un canónigo decano de la colegiata de Frankfurt. Con el tiempo, Cochlaeus iba a convertirse en un encarnizado enemigo de Lutero, pero, como ha reconocido el erudito católico Lortz, ni siquiera este personaje en el campo papal tenía una base religiosa para enfrentarse con el monje. Desde el principio, Cochlaeus recurrió a argumentos que pueden calificarse de cualquier manera, menos de teológicos. Así, por ejemplo, aprovechando que el arzobispo estaba ausente y que había que llamarlo para que acudiera, invitó a Lutero a retractarse de sus opiniones para no arrastrar en su caída a Felipe Melanchthon y a otros muchos jóvenes en los que se había confiado para una renovación del pensamiento cristiano. El monje debió quedar afectado por aquellas palabras porque, como tendremos ocasión de ver, Cochlaeus volvería a utilizar ese argumento.La llegada del arzobispo permitió, finalmente, el inicio del debate.  Von Ecken insistió entonces en que Lutero debía abandonar su interpretación de las Escrituras que era contraria a la de  la Iglesia . Semejante obstinación era la propia de los herejes. La respuesta del monje fue insistir en que tenía derecho a contradecir los decretos de los concilios . Las dos posiciones habían quedado establecidas y así la discusión continuó hasta la hora de la comida en que el arzobispo decidió interrumpirla.

 ENCUENTRO EXTRAOFICIAL
A esas alturas, Cochlaeus había llegado a la conclusión de que estaba al alcance de su mano conseguir que Lutero se retractara. Todo consistía en continuar pulsando sus sentimientos como había comenzado a hacer antes de la llegada del obispo. Así, el canónigo, seguramente sin consultarlo con nadie, fue a verlo a su hospedaje en la sede de los caballeros de san Juan y logró que lo pasaran al hipocausto. De esta manera, la conversación iba a contar con algunos testigos inesperados. Una vez más, los argumentos esgrimidos por Cochlaeus no fueron teológicos. Por el contrario, esgrimió un análisis de la situación ante la que se enfrentaba el monje.

Era obvio que Lutero no podía enfrentarse con el papa, con el emperador, con los príncipes y con los Estados del Sacro imperio. Ante un panorama tan obviamente sombrío, ¿no resultaba lo más sensato retractarse? Lutero comentó entonces que no sabía que Carlos había llegado a un acuerdo con los príncipes para declararlo hereje si no se retractaba, momento que Cochlaeus aprovechó para insistir en que debería renunciar a sus creencias en favor, al menos, del pueblo y de los jóvenes. Pero precisamente los jóvenes que se encontraban presentes protestaron al escuchar aquellas palabras y uno de ellos se atrevió a preguntar por qué atacaba a quien, como Lutero, estudiaba habiendo sido Cochlaeus un humanista. Una vez más, quedaba de manifiesto el corte generacional que estaba provocando la Reforma con una generación de estudiosos jóvenes especialmente proclive a seguir los enfoques de Lutero y sorprendida por la manera en que humanistas de mayor edad no eran consecuentes en sus planteamientos.

En ese momento de la conversación, Schurf invitó a Cochlaeus, que había escrito contra Lutero, a que citara al menos uno de sus errores. La respuesta del canónigo resultó un verdadero paradigma de lo que, desde hacía años, venía siendo el Caso Lutero. Ante aquellos testigos, Cochlaeus reconoció que no conocía a fondo las obras de Lutero ni las había leído todas, porque no les había dado importancia hasta la publicación de  La cautividad babilónica . Incluso este libro lo había leído sólo en parte, pero lo que había examinado le había causado un profundo desagrado. En otras palabras,  el experto escogido por el arzobispo de Tréveris era un firme defensor del papado que había reaccionado simplemente ante lo que Erasmo había definido como un ataque contra la tiara del papa y el vientre de los frailes sin saber a ciencia cierta lo que estaba combatiendo . Se trataba, sin duda, de una situación poco airosa y Cochlaeus intentó salir de ella indicando que no era de recibo que Lutero defendiera que en la Eucaristía los laicos participaran del pan y del vino. La respuesta del agustino no resultó una sorpresa. Señaló que la idea no era suya sino que era lo que se contemplaba en el Nuevo Testamento. Jesús había ofrecido a los apóstoles el pan y el vino, y la misma práctica había sido descrita por el apóstol Pablo (I Corintios 11, 26).

Cochlaeus dirigió entonces la discusión hacia el tema de la transubstanciación, pero el argumento contra esta doctrina ya lo habían señalado Erasmo y otros humanistas: el dogma estaba definido en los términos de la filosofía aristotélica ajena a las Escrituras y difícilmente hubiera sido comprendido por gente como los apóstoles. Cochlaeus intentó apoyarse entonces en el concilio de Letrán de 1215 que lo había definido. El argumento, de manera que no causa sorpresa, fue considerado más que insuficiente por los que asistían a la discusión dado lo tardío del dogma.

A esas alturas, Cochlaeus había comprendido que estaba perdiendo la discusión y recurrió a un último recurso. Afirmó que estaba dispuesto a hablar con Lutero de igual a igual si éste renunciaba al salvoconducto que le había otorgado el emperador. Dialécticamente, la propuesta era hábil. Si Lutero la rechazaba, el canónigo podía alegar que se había negado al enfrentamiento; si la aceptaba, se colocaba directamente en el camino que conducía a la hoguera. Pero el monje no cayó en la trampa y preguntó quiénes serían los jueces en esa disputa. Fue entonces cuando Cochlaeus señaló que tenía que decir algo a Lutero, pero que no podía ser en aquel lugar lleno de espectadores. El conde de Mansfeld propuso entonces que acompañara al monje a su cuarto y allí le comunicara lo que considerara pertinente.

 CONVERSACIÓN EN LA HABITACIÓN
Lutero aceptó la propuesta del noble, pero lleno de desconfianza. Temiendo cualquier peligro, pidió al hermano que compartía la habitación con él que se quedara. Cochlaeus, que había captado a la perfección los temores del agustino, se desabrochó la ropa para dejar de manifiesto que no iba armado, pero hizo subir a su sobrino para no ser menos que el monje.

La conversación comenzó entonces de manera relajada. Lutero reconoció que se hallaba en una situación delicada respecto al papa, pero afirmó también que se sentía satisfecho porque ya no se oía hablar de las indulgencias. Cochlaeus le dijo entonces que el nuncio le había dado a entender que lo único que debía hacer Lutero era retractarse de lo que estaba abiertamente en contra de la fe y de la iglesia católica. Con respecto al resto de sus escritos, el emperador y los príncipes designarían expertos que los leyeran y separaran la paja del grano.

 Una vez más, el agustino se veía enfrentado con la disyuntiva de aquellos años: retratación o destrucción. A esas alturas, Cochlaeus añadió un elemento nuevo. Como en el caso de Aleandro, del propio León X, en su interior albergaba la convicción de que todos los hombres eran susceptibles de doblegarse si el precio era el adecuado. Señaló así que comprendía que Lutero pudiera temer regresar a Wittenberg si se retractaba, pero no debía preocuparse por su futuro ya que el emperador y el arzobispo de Tréveris estaban dispuestos a proporcionarle los medios suficientes para vivir en otro lugar con sosiego y decoro. Sin duda, podría contar, si se retractaba, con un futuro brillante dedicado al estudio de las Escrituras. Como colofón de ese discurso tentador, el canónigo volvió a invocar el nombre de Melanchthon. Si Lutero no deseaba retractarse por él mismo, al menos que debía hacerlo para evitar daños al joven erudito. La mención de Melanchthon arrancó lágrimas a Lutero, que, por supuesto, era consciente del peligro por el que atravesaban sus amigos .

Se trató de un momento que Cochlaeus aprovechó para insistir en que el papa estaría dispuesto a perdonarlo aunque, por lo que se refería a las indulgencias, no le cabía duda de que tendrían un buen porvenir en el seno de la iglesia. A fin de cuentas, después de todo lo pasado, ante Lutero se abría un futuro prometedor y la posibilidad de librar de la desgracia a la gente a la que amaba si tan sólo accedía a pronunciar su retractación y regresar al punto de partida anterior a las Noventa y cinco tesis.

 Cochlaeus, un hombre que, en realidad, no se movía por motivaciones religiosas, no había comprendido a Lutero. El agustino no era un hombre de fe al que las amenazas o las ofertas de promoción profesional pudieran conmover. Sí le afectaban las referencias a la gente querida, como era el caso de Melanchthon, pero no tanto como para llevarle a abandonar un camino marcado por su amor al Evangelio y por los dictados de su conciencia. El Aleandro que se había valido de todos los medios para conseguir sus objetivos; el Cochlaeus que había hecho carrera en el seno de la iglesia y que condenaba a Lutero sin haber leído sus obras, el papa León X que, entretenido por las diversiones de Roma, no había captado en ningún momento la gravedad de lo sucedido en Alemania; el joven emperador que se guiaba únicamente por el principio de autoridad y, como ellos, tantos otros no podían comprender al monje. Esa circunstancia se revelaría fatal.

Al fin y a la postre, Lutero y Cochlaeus se despidieron. El primero se había mantenido en sus posiciones. Cochlaeus nunca se lo perdonaría y dedicaría el resto de su vida a atacarlo encarnizadamente.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012

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Carlos Scott

¿Los pobres para el templo o el templo para los pobres?

 Marcos 12:38-44 y Marcos 13:1-2

 

 Nos encontramos en el Templo de Jerusalén y es tiempo de la Pascua. Erael momento oportuno para traer ofrendas y diezmos. Jesús dice: “Tengan cuidado de los maestros de la ley…”

A los maestros de la ley les gustan pasearse con ropas ostentosas, que los saluden en las plazas, ocupar los primeros lugares, apoderarse de los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás (Mr. 12:38-40).

·  El primer tema que Jesús señala es la jactancia y figuración.

La sociedad estaba basada en el prestigio y el honor. La figuración era imprescindible, estaba asociada con la riqueza y el poder. Estos religiosos participan de esa competencia por el poder y el prestigio.  Si bien la crítica de Jesús apunta a los religiosos, es un tiro por elevación a todo el sistema de honores y poder.

·  El segundo tema que Jesús señala es el deseo de enriquecerse y confiscar los bienes de los pobres

Según algunos comentaristas los escribas cobraban a las viudas cuando actuaban como abogados para proteger sus derechos. Eran nombrados administradores y en esa ambición por acomodarse socialmente usan sus artes y ciencias para enriquecerse. Confiscan los bienes de los pobres, especialmente de las viudas.

·  El tercer tema que Jesús señala es que el templo se queda con el sustento de la viuda

 Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo (v41).
La escena probablemente se ubica en el patio de las mujeres donde hay cofres en forma de trompeta que rodean a los que adoran. Cuando uno insertaba la ofrenda por esa trompeta o cuerno, se producía una amplificación del sonido de las monedas rodando.

 “ Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor”  (v42). Jesús está mirando este procedimiento, llama a sus discípulos y les dice:  “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro mas que todos los demás. Éstos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”  (v43.44).

 Si atendemos lo que Jesús acaba de decir sobre los maestros de la ley (Mr. 12:38-40) se puede suponer que el humor y valoración de este acto por parte del Señor no ha de ser muy positivo . Podemos preguntarnos: ¿Cuál fue la motivación de la viuda para ofrendar? ¿Será para ser aceptada delante de los hombres y de Dios? ¿Será que buscaba la libertad delante de Dios mediante un sistema de cancelación de deudas? ¿Habrá sido guiada por un corazón totalmente desprendido y generoso?

 La carga interpretativa en cuanto a la generosidad que se ha puesto en este pasaje hace que leamos allí lo que no está .  La frase de Jesús, simplemente establece que la viuda puso comparativamente más que los otros .  Es notable que en las palabras de Jesús no aparece ninguna alabanza, ni destaca un sentido positivo del acto de la viuda.

Mientras  los demás ofrendan “lo que les sobra” , una parte insignificante de sus posesiones,  la viuda entrega el total, lo que le sirve para vivir.  ¿Pero es eso bueno, la hace mejor?

 Jesús la ve como víctima de un sistema de explotación y corrupción que contradice la ley.Lasviudas no debían dar las ofrendas sino recibirlas (Dt. 14:28-29, 26:12). Cuando esta mujer pone allí “todo su sustento” el objetivo de las ofrendas queda totalmente desequilibrado y desvirtuado.   Jesús no dice que esa viuda recibirá mucho, no anuncia su bendición ni su prosperidad .  La ve como una condenada a la extrema pobreza e inanición.  Es contrario al anuncio de las buenas nuevas de Jesús que privilegia la vida y la misericordia. Jesucristono aprueba a los maestros de la ley cuando se aprovechaban de personas tan frágiles y tan indefensas. 

·  El cuarto tema que Jesús señala es que se privilegia un sistema de acumulación antes que la vida.

Las personas que interpretan mal este pasaje lo que hacen es exigir lo que establece la institución o el templo, pero no lo que dice Dios.  La verdadera mayordomía cristiana no está en alimentar un sistema de acumulación, sino en la preservación de la vida.

·  El quinto tema que Jesús señala es la justicia, la misericordia y la gracia 

Este texto debe ser leído en el contexto de la teología profética y de misericordia de Jesús. Hay diferencias entre ricos y pobres en el Evangelio,  y este pasaje bíblico lo destaca. Los que tienen, deben expresar más cabalmente su generosidad.

Recordamos al joven rico que se fue triste ante la demanda de Jesús (Mr. 10:22) y el ciego Bartimeo que se despojó de todo por seguir a Jesús (Mr. 10:50). Las mismas contradicciones las podemos observar hoy. Mientras los que más tienen muchas veces ofrendan con mezquindad,  muchos hermanos pobres son capaces de ofrendar sacrificialmente o dar hasta el último centavo.   Todos somos llamados a expresar la gracia y la misericordia.

 Este texto también se proyecta como una crítica a todo sistema económico o gubernamental que impone tributos exigentes para los pobres, pero sólo recauda lo que les sobra a los ricos, y no los usa para compensar las desigualdades sino para alimentar a su propia burocracia .

 Jesús sale del templo para no volver Mr. 13:1-2 y nos dice que no quedará piedra sobre piedra; todo será derribado. La hermosura del templo quedará tirada por el piso.

 Queremos afirmar que una iglesia renovada es posible y será la respuesta de Dios a los cristianos de gran Fe (Mr. 11.23-24).  Dios responderá las oraciones que piden un nuevo tiempo.  “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones” Mr. 11:17

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:
 ¿Qué tipo o modelo de Iglesia se esta formando?

 ¿Cómo afecta a la misión y a la nueva generación de siervos?

 ¿Por qué para muchos el templo y la institución esta primero? ¿Por qué muchos enfatizan pactos, estatutos o reglamentos? 

 ¿Cómo podemos rescatar el modelo bíblico de iglesia en nuestro contexto protestante – evangélico?

 ¿Qué voz profética debe levantar la iglesia ante la desigualdad y los sistemas de gobierno (políticos o religiosos) que no tienen como prioridad defender la vida de los débiles e indefensos?

 ¿Es posible otra iglesia?

Autores: Carlos Scott
©Protestante Digital 2012

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (45)

El 18 de abril Lutero manifestó ante el tribunal “Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios”. A una señal del emperador, dos guardias lo sacaron de la sala.

 

El 19, el emperador Carlos I de España y V de Alemania convocó a los electores y a los príncipes para resolver cuál debía ser el destino de Lutero. En esta ocasión, Aleandro se encontró presente. Sin embargo,  en contra de lo que hubiera deseado el nuncio, la discusión no zanjó el problema y, finalmente, se acordó solicitar un plazo para poder reflexionar mejor sobre el asunto. El emperador aceptó concederlo, pero antes se preocupó de dejar sentado cuál era su postura :

 Estoy resuelto a atenerme a todo lo que se haya hecho desde el concilio de Constanza. Este Hermano aislado, con seguridad se equivoca al levantarse contra el pensamiento de toda la Cristiandad, porque si no fuera así, la Cristiandad hubiera estado en el error desde hace más de mil años.

 Estoy dispuesto a apoyar esto con mis reinos y con mis posesiones, con mis amigos, con mi cuerpo y con mi sangre, con mi vida y con mi alma. Sería una deshonra para nosotros y para vosotros, miembros de la noble nación alemana, si hoy, por nuestra negligencia, permitiéramos que la menor sospecha de herejía o descrédito de la religión se deslizara en elcorazón de los hombres.

 Hemos oído ayer, aquí, el discurso de Lutero. Os declaro que me arrepiento de haber tardado tanto en adoptar medidas contra él. No deseo volver a oírlo nunca ”.

 Carlos añadió a continuación que, aunque Lutero contaba con un salvoconducto, lo consideraba un hereje notorio y esperaba que los príncipes hicieran lo mismo. Las palabras del emperador constituían una sentencia de muerte para el monje .

En apariencia, sus días estaban contados perseguido por Carlos y por sus súbditos. Sin embargo, la Historia no se desarrolla jamás como la planean los hombres.

Nada podía permitir sospechar que ese mismo emperador en unos años saquearía Roma y que no pocos católicos interpretarían ese hecho como un justo castigo divino sobre los pecados papales. Tampoco podía ni siquiera imaginar que su decisión no señalaba el final de la Reforma apenas iniciada sino la consumación de la ruptura y del caso Lutero.

Ciertamente, con la manifestación del emperador Carlos, clara y sin fisuras, en contra de Lutero el proceso había llegado a su fin. No existía ya marcha atrás.

Por un lado, a pesar de sus debilidades y de sus intereses mal situados, el mayor poder religioso de la época había obtenido lo que deseaba; por otro, el mayor poder político de la época había decidido colaborar en sus objetivos.

 Nadie había discutido a fondo las posiciones de Lutero, nadie le había respondido y, mucho menos, nadie lo había refutado. Sin embargo, había razones para considerar que, como en el caso de Juan Huss, que había ardido en la hoguera un siglo antes, todo había concluido .

A la mañana siguiente, las calles de Worms aparecieron repletas de inscripciones y volantes que gritaban de manera elocuente: “¡Que el papa te condene, que el emperador te condene! Federico también te va a condenar y con toda seguridad no respetará tu salvoconducto. ¡Pobre desgraciado! Lo único que haces es rumiar viejos errores. ¡No has inventado nada nuevo!”.

 Sin embargo, no todo resultaba tan sencillo ni iba a ser tan fácil. Como en los años anteriores, una parte considerable del pueblo respaldaba a Lutero . Así, junto a los textos que apuntaban al final próximo de Lutero también aparecieron letreros que anunciaban “¡Desgraciado el pueblo que tiene a un niño por rey!”.

 La situación resultaba tan delicada que el arzobispo de Maguncia envió a su hermano, el elector de Brandeburgo, para entrevistarse con el emperador. Su misión era suplicarle que se dignara interrogar otra vez a Lutero en presencia de algunos príncip es. La reacción del emperador, advertido de los propósitos del arzobispo de Maguncia por el nuncio Aleandro, fue de negativa rotunda. Con todo, a pesar de la claridad de ideas de Carlos, los Estados distaban mucho de estar convencidos de que la manera en que se había llevado todo a cabo hubiera sido la mejor. Insistieron, por lo tanto, en que Lutero compareciera ante tres o cuatro personalidades que conocieran las Escrituras y que pudieran refutarlo. De esa manera, el monje no podría decir que sus tesis no se habían discutido ni el pueblo podría quejarse – hasta ahora con razón – de que se le condenaba sin haber sido juzgado con todas las garantías.

 El día 22, con no poca reticencia, el emperador cedió. Sin embargo, su concesión fue mínima. Se limitó a comprometerse a conceder a los Estados tres días para que intentaran durante los mismos conseguir la retractación de Lutero . Por lo que a él respectaba, se mantendría al margen. De hecho, ni siquiera enviaría a un representante.

Así, el mismo día en que la Dieta sometía a votación las  Quejas de la nación alemana , nombró una comisión formada por los Electores de Brandeburgo y de Tréveris, el duque Jorge, los obispos de Augsburgo y Brandeburgo, Peutinger y otras dos personas, una de las cuales representaba a Estrasburgo. De la composición de la comisión dice bastante el hecho de que sólo este último miembro y Peutinger no fueran hostiles a Lutero.

El interrogatorio estuvo dirigido por Jerónimo Vehus, canciller de Baden, pero  Lutero, que estaba convencido de que pretendían obligarlo a que renunciara a apoyarse en la Biblia, insistió en que sólo se retractaría ante una demostración de sus errores basada en las Escrituras . La situación volvía de nuevo a correr el riesgo de llegar a un punto muerto y, para sortearlo, el arzobispo de Tréveris invitó a Lutero a discutir frente a frente, asistido cada uno de ellos por un par de expertos.

 Finalmente, tras las bulas papales, tras la comparecencia ante la Dieta, tras la condena imperial, se había llegado al punto que el agustino llevaba suplicando desde hacía años. Como era de esperar, Lutero aceptó.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (44)

Lutero: <em> Mi conciencia, cautiva de la Palabra de Dios</em>
Al reanudarse la sesión, Von Ecken inició un discurso cuya finalidad obvia era doblegar a Lutero.
La petición de tiempo para reflexión que hizo Lutero desconcertó al tribunal, obligó al partido papal a esperar, impresionó a los laicos y a los nobles por la humildad y la honradez del monje y le proporcionó una noche para orar y reflexionar sobre lo que iba a decir al día siguiente.

 Contamos con notas de Lutero redactadas durante esa noche y por ellas sabemos que aquellas horas estuvieron marcadas por una soledad absoluta . Sus amigos estaban amenazados de muerte por Aleandro, habían sido condenados y excomulgados por la bula y carecían de permiso para estar en Worms. Sin embargo, el monje era consciente de que todo el mundo contemplaba lo que estaba sucediendo en Worms y, lo que era más importante para él, también lo hacía Dios.

A las cuatro de la tarde del día siguiente, 18 de abril, el heraldo vino a buscar a Lutero y lo condujo hasta el tribunal. Rodeado por una multitud, el monje tuvo entonces que esperar hasta las seis, dado el trabajo del que debían ocuparse los príncipes. Durante ese tiempo, algunos nobles se le acercaron para decirle que deseaban quemarlo, pero que esa circunstancia no se produciría porque antes tendrían que eliminarlos a todos. “No tendrán problema en hacerlo”, les contestó Lutero de manera irónica, pero realista.

 Cuando finalmente Lutero compareció ante la Dieta, se le indicó que se le había concedido un tiempo para deliberar a pesar de que no tenía ningún derecho a ello. Ahora debía responder si deseaba defender todos los libros que había reconocido como propios o quería retractarse de alguno . El anuncio fue realizado en latín y en alemán, y de manera bien significativa, el tono de la requisitoria fue más áspero en la primera lengua.

 Lutero respondió en alemán . Su tono fue humilde y tranquilo por lo que no pocos pensaron que pensaba retractarse. Sin embargo, tenía otras intenciones. Así, señaló , en primer lugar, que reconocía como suyos los libros  reunidos en el lugar en la medida en que no hubieran sido alterados por sus adversarios.

 Por lo que se refería a la defensa o retractación de los mismos, dividió sus libros en tres grupos. El primero abarcaba aquellos que la misma bula consideraba inofensivos . De ésos, no se retractaba.

 En segundo lugar, estaban los libros en los que lanzaba acusaciones contra el papado por torturar las conciencias y exprimir al pueblo. De esos no podía retractarse porque significaría “consentir esa tiranía y fortalecer su dominio”.

 Finalmente, se encontraban los escritos que había dirigido contra las personas que defendían “la tiranía romana” y pretendían tergiversar lo que había enseñado sobre la fe.  En este caso, reconocía que debería haber sido más considerado, pero lo cierto es que no era un santo y, por añadidura, le resultaba imposible retractarse. A pesar de todo, si se le convencía de sus errores, refutándolos de acuerdo con los escritos de los profetas y del Evangelio, “nadie estaría más dispuesto a una retractación” que él “y sería el primero en arrojar al fuego los libros” que eran suyos.

 Al terminar su exposición, se le pidió que la repitiera en latín , lo que Lutero hizo. Acto seguido, los príncipes se retiraron a deliberar. No da la impresión de que resultara muy difícil que se pusieran de acuerdo. A su juicio, resultaba indispensable que Lutero dejara de manifiesto con claridad si se retractaba o no. Por ello, pidieron a Von Ecken que intentara dejar convenientemente esclarecido este aspecto y optaron por continuar la vista.

 Al reanudarse la sesión, Von Ecken inició un discurso cuya finalidad obvia era doblegar a Lutero. Finalmente, le formuló la pregunta clave. ¿Se retractaba de sus libros y de los errores que contenían? . El monje reconoció que tanto el emperador como los miembros de la Dieta deseaban una respuesta sencilla y manifestó que la iba a dar en latín sin equívoco alguno:

 “Hela aquí: a menos que se me persuada por testimonios de las Escrituras o por razonamientos evidentes, porque no me bastan únicamente las afirmaciones de los papas y de los concilios, puesto que han errado y se han contradicho a menudo, me siento vinculado con los textos escriturísticos que he citado y mi conciencia continúa cautiva de las palabras de Dios. Ni puedo ni quiero retractarme de nada, porque no es ni seguro ni honrado actuar en contra de la propia conciencia” 

En ese momento, abrumado por la emoción, Lutero cambió el latín en que se había expresado por su alemán materno y exclamó: “No puedo más. Haced de mi lo que deseéis. ¡Que Dios me ayude!”.

La respuesta de Lutero no dejaba esta vez lugar a dudas y algunos de los príncipes hicieron ademán de abandonar la sala. Von Ecken intentó entonces controlar la situación y gritó a Lutero que olvidara su conciencia, que nunca podría probar que los concilios se habían equivocado en materia de fe, sino, como mucho en materia de disciplina. El monje le respondió entonces que sí podía probarlo. No tuvo, sin embargo, oportunidad.

 A una señal del emperador, dos guardias lo sacaron de la sala y en esos momentos se produjo el estallido .

Mientras la guardia española del emperador gritaba “¡Al fuego! ¡Al fuego!”, los alemanes –que no entendían lo que estaban diciendo- hacían la señal de la victoria.

Escoltado por los que llamaba sus “ángeles guardianes”, Lutero llegó al final a su alojamiento. Una vez allí, levantó los brazos al cielo mientras gritaba: “¡Ya está! ¡Ya está!”.

 Se encontraba embargado por la convicción de que había cumplido con su deber. Donde otros se habían retraído por miedo o por interés, él se había mantenido firme frente a los grandes poderes de su tiempo y fiel a los dictados de su conciencia. Lo había hecho además no por intereses políticos, por codicia o por ansia de poder sino por amor al Evangelio y sostenido en la fe en su Redentor.

Autores: César Vidal Manzanares

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Dios y su misión

Publicado: agosto 14, 2012 en Iglesia, Misión Integral

Carlos Scott

Dios y su misión

 El enfrentamiento real se produce cuando la iglesia se transforma en agente de cambio.

 Cuando hablamos acerca de Dios y la misión es indispensable entender que la Misión no es nuestra y no pertenece a ningún proyecto privado .

Estamos hablando de la  Misión   de Dios .

 LA MISIÓN DE DIOS
Karl Barth se convirtió en uno de los primeros teólogos en articular la misión en términos de una actividad de Dios mismo . Entendió la misión como algo derivado de la misma naturaleza de Dios.  Dios es un Dios misionero . Se concibe  la misión como un movimiento de Dios hacia el mundo  y a  la Iglesia como un instrumento para esa misión.

El término  missio Dei (Misión de Dios)  nos ayuda para articular la convicción de que ni la Iglesia ni ningún otro agente humano pueden considerarse como el autor o portador de la misión.  La misión nace en el corazón de Dios . “Dios es una fuente de un amor que envía. Este es el sentido más profundo de la misión. Es imposible penetrar más allá;  existe la misión sencillamente porque Dios ama a las personas” [1] e invita a su iglesia a participar .

Por lo tanto nos acercarnos a definir a la « Misión de Dios   (missio Dei)  cuando el pueblo de Dios cruza intencionalmente barreras  de iglesia a no iglesia, de fea no fe, para proclamar por   palabra y acción  el advenimiento del  reino de Dios en Jesucristo , a través de la participación de la iglesia en la misión de Dios de  reconciliar  a las personas con Dios, consigo mismas, unas con otras, y con el mundo , y reunirlas en la iglesia  a través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo por la obra del Espíritu Santo  con miras a la   transformación  del mundo  como una  señal de la venida del reino en Jesucristo » (Carlos Van Engen). [2]

 Carlos Van Engen en su resumen expone:

· El Pueblo de Dios es el Instrumento del amor universal de Dios para todas las gentes
· Las comisiones se basan sobre la misión universal de Dios en la historia de la revelación divina: Mat. 28:18-20; Mr. 16:15-16; Lc. 24: 46-49 – Hechos 1:8; Jn. 15:12-17 – 21:15-17
· Pablo entiende la misión universal de Dios de tal forma que él es “deudor” a todo ser humano: Rom. 1:14; el “misterio del Evangelio”, Ef. 2:11-3:21
· El Pueblo de Dios es una SEÑAL del amor universal de Dios para todas las naciones. – Isa. 11:12; 49:22; 62:10; Mt. 5; Jn. 3:14,15; 12:32; Rom. 1:14.
· La Cristología exaltada de Ef. 1, Col. 1, y Fil. 2.
· La Iglesia como el Cuerpo de Cristo es la presencia física de Jesús en este mundo – para la bendición y la transformación del mundo. Rom. 12; I Cor. 12; Ef. 4; I Ped. 2 y 4.
· La Iglesia está en camino hacia la Nueva Jerusalén, desde un jardín hacia una ciudad. Hechos 2, 6; Ef. 2:11-22; Fil. 2:10-11; Col. 1: 13-23; Apoc. 21

 ¿POR QUÉ PARTICIPAR EN LA MISIÓN DE DIOS?
· Porque Dios es un Dios de AMOR / la misión es de Dios / el propósito es de Dios.
· Porque es LO QUE SOMOS – somos elegidos para servir, somos el instrumento de Dios para la bendición de las naciones.
· Porque nos encontramos a nosotros mismos en cuánto participemos como instrumentos del amor de Dios para todas las naciones.
· Porque somos especialmente escogidos para participar en la misión de Dios.

 CONCLUSIONES
Hay un Reino y hay un Rey que quiere ser Señor.  “Jesucristo es el Señor”   y su deseo es que los ciegos vean, los tristes tengan gozo, los paralíticos caminen, los que no tienen ropa y alimento lo tengan, que se practique la justicia y el amor como señal del reino  (Lucas 4: 18-19 y Mateo 9:35-36).

 La misión de Dios es un atributo de Dios mismo que se expresa en su accionar por redimir a la humanidad y somos llamados a participar .

El enfrentamiento real se produce cuando  la iglesia  se transforma  en   agente de cambio . Cuando de alguna manera tocamos las realidades e intereses de determinados sectores  por presentar “Todo el Evangelio” nos enfrentaremos con el verdadero “costo de ser discípulos” .

Sólo cuando nuestras creencias cambian realidades humanas que son transformadas, comenzará una lucha de Poder contra Poder.

 Dios llama a todos los creyentes a participar y comprometerse en su misión.

 PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN
– ¿Qué implicancias tiene para la vida de la Iglesia participar en la Misión de Dios?
– ¿Qué significa compartir todo el evangelio?
– ¿Cuáles son las barreras que debe cruzar la iglesia para transformar el mundo y ser señal de la venida del Reino en Jesucristo?


Por Mike Riccardi

clip_image001Como mencioné ayer , después del ‘post’ del miércoles sobre el Chick-Fil-A-Day generó un gran debate sobre diversos temas. En particular, un par de comentaristas enumeró una serie de argumentos populares de por qué creen que la homosexualidad es conciliable con el cristianismo. Quería tomar el jueves y viernes para hacer frente a un par de esos argumentos con los que me encuentro más a menudo. Mi esperanza es que pueda servir a aquellos que erróneamente creen que la fe en Jesús y su Palabra se puede conciliar con los intentos de legitimar la homosexualidad.

Ayer, me dirigí a los que se oponen a nuestra prohibición de la homosexualidad, mientras que no prohíben la mezcla de tejidos, el consumo de marisco o carne de cerdo y otras regulaciones de la ley mosaica.

Hoy quiero dirigirme a lo que creo que es la objeción más generalizada en toda la discusión. Sinceramente, creo que este tema llega al corazón mismo de la discrepancia. Esto va más allá de sólo los puntos de vista sobre la homosexualidad o la definición de matrimonio. Impacta en el corazón mismo de la visión del mundo de la sabiduría contemporánea. Tiene que ver con la noción del amor.

 

La objeción es algo como esto: “En medio de toda su atención a los detalles de varios versículos de la Biblia, usted ha perdido el cuadro grande. La virtud cardinal que Jesús enseñó a sus seguidores era el amor. Si usted valora el amor, ¿cuál es el problema con dos adultos que consienten en hacer un compromiso uno al otro por amor? El amor es el amor. Insistir en que la homosexualidad es pecado y negarles el derecho a contraer matrimonio no es simplemente amor, y por lo tanto no es cristiano.”

Así que puede ver cómo el razonamiento colectivo de la cultura arrincona al cristiano a esta esquina. Cualquier respuesta que no afirme totalmente la homosexualidad –no importa lo que la Biblia dice explícitamente sobre el asunto– es odio, puro y simple. Y Jesús nos llama a amar. Y usted dice seguir a Jesús. Así que usted es un anti-estadounidense, anti-Cristiano, fanático hipócrita.

Amor Como Aceptación Incondicional

Pero el argumento, simplemente no es sostenible. Y esta es la razón: la sabiduría de la sociedad secular no ha logrado definir el amor bíblicamente. Para nuestra cultura autocomplaciente, narcisista, eternamente adolescente, soberbia, “amor” significa nada más que la noción de Carl Rogers de la consideración positiva incondicional. “Amar” a alguien, de acuerdo con nuestra sociedad, es afirmar cada decisión que tomen y aplaudirles sólo por ser ellos. La canción de Bruno Mars ‘hit es la banda sonora del evangelio secularismo occidental de la aceptación incondicional: “Eres increíble, al tal y como eres.

Y eso se siente bien, ¿no? Se siente muy bien afirmado sin reservas –que te digan que eres increíble, tal y como eres. Y por eso, la gente ha confundido la idea de ser afirmado, aceptado, halagado, hacerlo sentir importante con el verdadero amor. Amarme significa hacer que me sienta bien, darme mucha importancia. Y esta ideología del amor como la aceptación incondicional se teje en el tejido de nuestra conciencia cultural. Creer otra cosa sería antiamericano.

Y luego, los que han asimilado esa definición de amor van a la Biblia. Y, de repente, empiezan a leer y escuchar sobre el amor. Dios es amor (1 Juan 4:8). Porque de tal manera amó Dios al mundo (Juan 3:16). El mandamiento más grande en la Ley es amar a Dios y amar a los demás (Mateo 22:37-40). Amar a tu prójimo como a ti mismo (Gálatas 5:14). En esto conocerán todos que son mis discípulos: si os amáis unos a los otros (Juan 13:35). Todos estos conceptos maravillosamente bíblicas vienen inundando en sus mentes.

Pero entonces sucede algo trágico. En lugar de renunciar a sus propios prejuicios a la autoridad de la Palabra de Dios y tratar de entender cómo Dios define el amor, utilizan su propia definición distorsionada de amor que han bebido de nuestra sociedad, e imponen esa definición en las Escrituras y en su concepción de Dios. Así que ahora, cuando escuchan que “Dios es amor”, piensan, “Dios no nos pide a la gente cambiar. Dios no hace acepción de personas. Dios acepta a todos tal como son. Y así los cristianos deben hacer lo mismo.”

El Amor Busca el Beneficio Objetivo

Pero esto no es cierto, porque esto no es enfáticamente como Dios define el amor. “En esto consiste el amor», dice el apóstol Juan, “no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10). “De tal manera amó Dios al mundo: que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree nose pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Mas Diosmuestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Todos estos pasajes y decenas más nos enseñan que el amor es actuar, incluso trabajar, para lograr el mayor beneficio a alguien.

Estos pasajes no se nos enseñan que Dios sólo pensó que nosotros somos tan maravilloso, tal y como somos, que iba a entregar a su Hijo a la muerte sólo para mostrarnos lo bien que estábamos. De ninguna manera. Estos pasajes nos enseñan que Dios obra a un gran costo para Sí, e incluso sufre en la persona de Jesucristo, a fin de asegurar el mayor beneficio de Sus amados. Cuando estábamos muertos en nuestros pecados, separados de Dios, y sin esperanza, ¿Qué habría sido nuestro mayor beneficio en ese momento? Respuesta: un Sustituto perfectamente justo, propiciando la ira y que lleva los pecados. Y eso es exactamente lo que Dios nos da. Dios muestra su amor al beneficiarnos con Él en la persona de Su Hijo amado.

Bíblicamente, entonces, el amor no significa aceptar a alguien incondicionalmente, para afirmarlo sin reservas, o hacer que se sienta bien y hacerlo sentir importante. El amor bíblicoobra para el mayor beneficio del amado.

¿Cuál es Nuestro Mayor Beneficio?

Esa es la pregunta, entonces, ¿no? Si el amor obra para asegurar un beneficio al amado, ¿Cuál es el más grande beneficio de alguien?

Te diré lo que no es. ¡Nuestra mayor beneficio no es hacerlo sentir bien con nosotros mismos! “Bueno, ¿por qué no?” Usted pregunta. “Eso no suena tan mal.” He aquí por qué: Si todo lo que hago en mi esfuerzo de amar es tratar de hacerlo sentir importante –trabajar para su propia exaltación y afirmación incondicional, yo le robo el gozo. Le robo la satisfacción verdadera y duradera y la felicidad. “¿Cómo es posible imaginarte eso, Mike?” Debido a que su propia gloria y exaltación del yo (“Eres increíble en la forma en que eres!”) puede sentirse bien por un rato, perono va a satisfacer los anhelos de su alma por la eternidad. Usted simplemente no se ha sido diseñado de esa manera. Dios no diseñó a los seres humanos para prosperar en la gloria de sí mismo. Así que el que busca a satisfacerlo al enaltecerlos a usted como un tesoro que todo satisfactorio no le ama. Le esta mintiendo a usted, y le llevará por un camino de “felicidad” ingenua a una eternidad de sufrimiento.

Pero Dios tenía que diseñar para prosperar en la gloria de Jesucristo. Al igual que un coche está diseñado para funcionar con gasolina, usted fue creados para la gloria de Dios (Isaías 43:7). El ha diseñado su corazón, su alma, sus afectos, sus emociones -todo su ser –para que usted pueda estar más satisfechos en El. Él llama a la vida espiritual la capacidad de ver la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo (2 Corintios 4:6). ¡Esto significa que el amor es ayudar a alguien a ver y conocer y disfrutar de Dios en la persona de su Hijo! !Ese es el beneficio más grande que usted puede hacer por cualquier persona! La visión de su propia gloria y auto-exaltación no satisface los deseos de su corazón. Sino la visión de Su gloria!

Así que el amor no es hacer sentir importante a alguien. El amor es obrar, y muchas veces, incluso sufrir, –aun ser llamado odioso e intolerante – para que el amado pueda encontrar el gozo en darle la importancia a Dios para siempre, porque eso (es decir, hacer a Dios importante) es lo que más verdadera y duraderamente satisface. *

Amar a los Homosexuales

¿Puede usted ver por qué, entonces, la aceptación incondicional y la afirmación de lo que nuestra cultura llama amor, es en realidad ¿odio? ¿Puede usted ver por qué nunca advertir a alguien que los fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, y estafadores, no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10) es lo contrario del amor ? Porque no es en el mejor interés de los pecadores que los cristianos afirmen un estilo de vida que, si no se arrepiente de tal estilo de vida, va a terminar en la destrucción eterna. No es odio advertir a la gente del peligro. Es odio dejar de emitir tales advertencias.

No amamos como Jesús amó incondicionalmente si afirmamos a alguien en una elección que les priva de la satisfacción verdadera, duradera y que los conduce a la ruina. Amamos como Jesús ama cuando amablemente y con paciencia proclamamos un mensaje que tiene el poder para liberar al pueblo de la esclavitud de su historia de amor suicida con ellos mismos, el poder de liberarlos a la libertad y gozo de darle la importancia a la gloria de Dios . Amamos como Dios ama al señalar a las personas a dejar de adorarse a sí mismos y, a sus propios deseos, y cuando los dirigimos hacia su mayor beneficio: Dios mismo.

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (43)

En total, la comparecencia de Lutero fue contemplada por unas mil quinientas personas.

El 17 de abril de 1521, después de esperar por espacio de dos horas, Lutero fue conducido a una sala abarrotada en la que el calor resultaba sofocante.
Los miembros de la Dieta se quedaron sorprendidos al ver aparecer al fraile. Pálido, delgado, cansado por las dos semanas de viaje, enfermo por la tensión de los meses anteriores, los presentes, especialmente los italianos y los españoles, no acertaban a entender cómo aquel hombre podía ser el origen de tantos problemas . Porque además a su ausencia de prestancia, unió el humilde comportamiento que se hubiera esperado de un religioso. Mantuvo la cabeza inclinada y dobló sus rodillas ante sus superiores.
Contamos con seis informes de la comparecencia de Lutero ante la Dieta que proceden de las dos partes .
Para el estudioso, resulta tranquilizador el hecho de que sean muy similares en su contenido y además recojan de manera literal lo actuado. Puede decirse que, ciertamente, los énfasis son diferentes según las versiones, pero, en términos generales, ningún hecho aparece omitido ni tampoco deformado tendenciosamente.
El primero de los relatos (29 páginas) es el denominado informe de Spalatino que fue recogido por éste con la ayuda de los teólogos de Wittenberg . Existe también una versión abreviada de este informe que no añade nada a nuestro conocimiento del episodio.
El tercer texto del que disponemos es el informe oficial católico compilado fundamentalmente por el letrado Von Ecken, el fiscal oficial, y aprobado por Aleandro .
El cuarto informe, conocido como el Informe alemán, ofrece detalles muy interesantes sobre el procedimiento legal  y sobre personajes como el arzobispo de Tréveris, Glapión o Cochlaeus. A estas fuentes hay que añadir el Informe Vehus, un texto muy objetivo y no teológico, escrito por un laico que era letrado y canciller del elector Felipe de Baden, y dedicado a los procedimientos del 24-25 de abril, y el Informe Cochlaeus debido a este teólogo católico, que, a pesar de su carácter extremadamente parcial, proporciona datos interesantes sobre las personalidades implicadas.
En total, la comparecencia de Lutero fue contemplada por unas mil quinientas personas  lo que explica el calor sofocante que había en la sala. Las más importantes eran el emperador Carlos, los electores Federico de Sajonia, Joaquín de Brandeburgo, Luis del Rhin y los arzobispos Alberto de Maguncia, Reinhart de Tréveris y Hermann de Colonia.
Una vez que Lutero se encontró en presencia del emperador, Ulrico von Pappenheim le advirtió de que no debería hablar a menos que se le interrogara. Entonces el fiscal , Juan Von Ecken, en sustitución de Aleandro que no había querido estar presente, se dirigió a Lutero en latín y después en alemán para informarle de que se encontraba ante el tribunal por dos razones. La primera era reconocer públicamente si los libros expuestos que llevaban su nombre eran suyos y la segunda, si en tal caso, estaba dispuesto a retractarse de lo expuesto en ellos .
Acto seguido, el doctor Jerónimo Schurff, un suizo de San Gall, ordenó que se leyeran los títulos de los libros y se instó a Lutero a retractarse de ellos de acuerdo con el mandato imperial.
El monje respondió a la primera pregunta que, efectivamente, los libros eran suyos.
En relación con la segunda, contestó que estaba dispuesto a ceder ante cualquiera que le convenciera valiéndose de las Sagradas Escrituras . Ese hecho, hasta el momento, no se había dado a pesar de que se había ofrecido repetidamente a ello.
En ese instante, el emperador expresó su deseo de que Lutero fuera informado a través de Von Ecken de que en todo momento debía tener a la vista la unidad de la iglesia santa, católica y apostólica y de que no debía de desgarrar lo que tenía que sostener, venerar y adorar, ni tampoco debía apoyarse en su propia opinión ni en textos bíblicos pervertidos.
Lutero debía volver en sí y retractarse. Si así lo hacía, el emperador le prometía su gracia y favor y que obtendría esos mismos favores del papa. Pero si no lo hacía, le esperarían la pena y el castigo. En opinión de Carlos, el monje debía haber meditado en todo hacía mucho tiempo. Sin embargo, aceptó conceder a Lutero un tiempo para reflexionar que se prolongaría hasta las cinco de la tarde del día siguiente.
Pero Lutero añadió, inesperadamente, que se trataba de una pregunta difícil ya que iba referida a la fe. Por esta razón, no podía dar una respuesta en ese momento sin reflexionarla antes y por ello, humildemente, solicitó que se le concediera un tiempo para deliberar.
La petición de Lutero fue un paso muy hábil . No disponía de un abogado defensor y además Aleandro había preparado las preguntas que debía formular Von Ecken de tal manera que el agustino no pudiera pronunciar ninguna declaración de defensa y sólo tuviera la salida de retractarse o verse abocado a una condena. Sin embargo, a pesar de su cansancio y de su mal estado físico, Lutero supo captar que todo era una argucia para dar a su comparecencia la apariencia de una vista legal, pero sin ninguna de las garantías indispensables.
La petición de tiempo desconcertó al tribunal, obligó al partido papal a esperar, impresionó a los laicos y a los nobles por la humildad y la honradez del monje y le proporcionó una noche para orar y reflexionar sobre lo que iba a decir al día siguiente.
Pero de eso trataremos en nuestro siguiente artículo.

Autores:César Vidal Manzanares

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