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Lutero en el cine

Publicado: noviembre 5, 2014 en Cine, Historia, Iglesia, Luteranismo

José de Segovia

Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.

MARTES AUTOR José de Segovia 31 DE OCTUBRE DE 2014 13:30 h
LuteroLutero, en la versión protagonizada por Joseph Fiennes (2003).

La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.

Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero. Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.

UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR

Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula. Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.

 

Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly, es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas. Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales (Dance Hall) a filmes de aventuras (O.S.S.), cine negro (Ellos no creen en mí), ciencia-ficción (Con destino a la luna) o adaptaciones de Steinbeck (Donde nacen los héroes). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!

Pichel hace la película de Martin Luterojusto después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.

 

Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.

El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach, veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.

EL JOVEN REFORMADOR

La película más fácil de encontrar ahora en DVD, es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003). Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios.

 

El protagonista de Shakespeare In Love, Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra. Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia.

La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.

Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.

La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.

Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.

LA PALABRA LIBERADORA

 

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora.

Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.

Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero.

Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.

GRACIA ASOMBROSA

Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.

Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador.

Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

 

Artículo originalmente publicado en la sección mARTES, el 30 de octubre de 2012.

 

http://protestantedigital.com/blogs/375/Lutero_en_el_cine


BRISA FRESCA AUTOR Will Graham

LuteroImagen de la película ‘Lutero’ (2003) con Joseph Fiennes.

Esta semana nos encontramos en Alemania donde un joven predicador y teólogo agustiniano está causando un revuelo en su comunidad local. Se trata del doctor Martín Lutero (33) profesor de Teología bíblica en la Universidad de Wittenberg.

El nombre de Lutero ha estado en la boca de miles de alemanes desde que anunció que se opondrá públicamente a la venta de indulgencias este próximo 31 de octubre de 1517. Por esta misma razón, hemos viajado hasta aquí con el fin de hacerle una entrevista exclusiva para Protestante digital.

Will Graham (WG): Gracias por recibirnos con tanto cariño, doctor Lutero.

Martín Lutero (ML): Por favor, Martín. Somos hermanos en Cristo.

WG: Bueno, Martín, nuestros lectores en España están ansiosos por saber qué es lo que exactamente va a pasar día 31. ¿Qué tienes en mente?

ML: Todo se revelará, Will. Prefiero no hablar sobre mis planes todavía.

WG: ¿Pero nos puedes confirmar si te sigues oponiendo a la venta de indulgencias?

ML: Sí, en efecto, es así. Estoy cien por cien en contra de las indulgencias.

WG: ¿Por qué?

ML: ¿Por dónde empiezo? La indulgencia es una blasfemia abominable, hija de falsa doctrina. ¡Como si el perdón y el favor de Dios se pudiesen comprar! ¿Qué no venderán por amor al dinero? Dijo el apóstol: “Tu dinero perezca contigo porque has pensado comprar el don de Dios con dinero”. ¿Por qué el Papa no prefiere construir esa catedral de san Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres cristianos? La verdad es que estoy muy desilusionado con una gran parte de mi Iglesia. Percibo que se están distanciando cada vez más de la sencillez del relato del Evangelio. Me pregunto todos los días: ¿dónde están los cristianos verdaderos?

WG: ¿Cómo definirías tú un ‘cristiano verdadero’?

ML: Un cristiano significa tener el Evangelio y creer en Cristo. Esta fe –y nada más que la fe- trae el perdón de los pecados y la gracia de Dios. ¡Nada, pues, de indulgencias! La fe viene sólo del Espíritu Santo que la crea sin nuestra intervención y colaboración. Es la obra propia de Dios. Esta fe tolera solamente que el Espíritu Santo la moldee y la forme como el alfarero hace una vasija de barro o arcilla.

Semejante cristiano verdadero cree en Cristo y confiesa que sólo por Él alcanzamos el perdón de los pecados, la vida eterna y la bienaventuranza por mera gracia y misericordia, sin ningún mérito o dignidad o indulgencia por nuestra parte.

WG: Si entiendo bien tu argumento, estás diciendo que las indulgencias usurpan el lugar que corresponde al Espíritu Santo en el Evangelio, ¿es así?, ¿o me equivoco?

ML: Exacto. Es tan necesario apartar la vista de los becerros de oro contemporáneos y mirar directamente al hombre llamado Cristo. Sólo podemos hacer esto en el poder del Espíritu. Por Jesús tenemos consuelo contra la muerte y el pecado. ¡No por las indulgencias!

Nuestro amado Salvador sufrió la muerte por nosotros y obtuvo la victoria para nuestra paz y protección y se sienta a la diestra de su Padre divino para defendernos. Cristo es todo suficiente. No hace falta manipulación humana. Mi mensaje es: ¡sólo Cristo!, ¡sólo fe en Él!

WG: Algunos te han criticado precisamente por esa misma razón. Dicen que por hacer tanto énfasis en la fe que te has olvidado de la razón. ¿Te parece una crítica apropiada, correcta?

ML: No. De ninguna forma. Tales personas no han entendido mi teología. Déjame explicarte la relación entre la fe y la razón a la luz de las Escrituras.

Antes de que un hombre nazca de nuevo, la razón frente a la fe y al conocimiento de Dios es mera oscuridad. No sabe ni entiende nada de cosas divinas. Sin embargo, un creyente renacido e iluminado por el Espíritu Santo es un excelente instrumento de Dios. Todos los dones de Dios e instrumentos y habilidades son perjudiciales en los impíos. En cambio, en los piadosos son saludables.

Entonces la razón favorece la fe. Sirve a la fe cuando antes la impedía. La razón iluminada por la fe recibe vida de ella, puesto que ha muerto y resucitado. A la luz del día, cuando hay claridad, nuestro cuerpo se levanta mejor, más seguro y más hábil y se mueve, anda y obra mejor que en la noche, en la oscuridad. Así también nuestra razón tiene otro modo de ser. Ya no lucha ni lidia contra la fe como anteriormente, cuando no estaba iluminado, sino ayuda más bien a la fe y la sirve.

WG: Gracias por esta explicación tan espléndida. Así que no es pecado pensar. ¡Aleluya! ¿Y podrías aclararnos la relación entre la fe y las obras también?

ML: Con mucho gusto. Por la fe recibimos un nuevo corazón puro. Las buenas obras son una consecuencia de nuestra regeneración y del perdón de los pecados. Y lo que de pecado o defecto en las obras haya, no será contado como tal, precisamente por amor de Cristo; antes al contrario, tanto la persona como las obras del hombre serán consideradas justas y santas por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, gracia y misericordia que han sido abundantemente derramadas sobre nosotros.

De aquí se desprende la imposibilidad de poder preciarnos de nuestras obras y sus méritos, a no ser que Dios las considere bajo su gracia y misericordia; como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor”.

WG: Es decir, ¿la fe siempre produce buenas obras?

ML: Efectivamente.

WG: ¿Y por qué piensas que tantas personas procuran ser salvas por sus obras?

ML: Porque eso es lo que sucede cuando hay duda. No confían en el Evangelio de Dios. Las personas que andan así son como un siervo, harto desesperado que muchas veces se vuelve loco. Quién no está de acuerdo con el Evangelio en su corazón, empieza a buscar y a preocuparse cómo poder satisfacer a Dios y conmoverle con muchas obras. Peregrina a Santiago, a Roma, a Jerusalén, para acá y para allá; reza las oraciones; esto y aquello; ayuna en ese día y en aquél. No obstante, no halla tranquilidad, y realiza todo eso con gran pesadumbre, desesperación y aflicción del corazón.

De todos modos, ésas no son buenas obras. Todas ellas son vanas. No glorifican al Dios del Evangelio porque surgen de la duda y no de la fe.

WG: Y, si me permites hacerte una pregunta personal, ¿por qué obedeces tú a Dios?

ML: Pues, le obedezco porque tengo fe. Ahora todo lo hago con el corazón alegre, apacible y seguro. Me siento libre. Es para mí un placer el agradar a Dios de esta manera y sirvo a Dios sinceramente y sin interés alguno. Me basta con que a Dios le agrade.

Podemos verlo en un común ejemplo humano. Cuando un hombre o una mujer confían en el amor y la complacencia del otro y confían firmemente, ¿quién les enseña cómo comportarse, qué se debe hacer, dejar de hacer, callar o pensar? La sola confianza les enseña todo esto y más de lo que hace falta.

WG: Preciosa analogía. Tenemos que ir terminando, hermano, porque sabemos que eres un hombre muy ocupado y tienes que dar clase esta tarde. Un par de preguntas finales. La primera sería si estás preocupado por las consecuencias que conllevarían tu oposición pública hacia las indulgencias.

ML: ¿Preocupado? Estoy más preocupado por ofender a mi Dios. Mi conciencia está ligada a su Palabra. Sé que el Señor me protegerá porque estoy defendiendo su causa, su verdad. Ahora bien, si alguien me convence de la falsedad, estaré pronto y dispuesto a retractarme de todo error. Seré el primero en denunciar mi doctrina. Así que salvo el caso de que me venzan y me refuten con testimonios de las Sagradas Escrituras o con argumentos públicos, claros y evidentes, no cambiaré mi postura tocante a las indulgencias.

WG: Finalmente, hermano Martín, ¿hay algo que te gustaría decir a los creyentes de España?

ML: Pues, qué estén firmes en la fe, entendiendo que todo verdadero cristiano participa de todos los bienes espirituales de Jesucristo y de la Iglesia por la gracia de de Dios y sin bulas de indulgencia. Qué no pierdan su temor a Dios y qué confíen en Él sobre todas las cosas.

WG: Muchas gracias por tu tiempo. Estaremos todos atentos esperando las noticias del próximo 31 de octubre. Muchas bendiciones de parte de tus hermanos en Cristo de la península ibérica.

ML: Amén, gracias. A Dios sea la gloria.

 

 

* Las citas de Lutero están sacadas del libro Martín Lutero: Antología (Editoral Pleroma: Barcelona, 1983).

 

http://protestantedigital.com/magacin/34261/Entrevista_exclusiva_con_Lutero

¿San Pedro fue el primer Papa?

Publicado: julio 14, 2013 en Historia, Iglesia

Mario Escobar Golderos

Historia e historias de los Papas (1)

 

¿San Pedro fue el primer Papa?

 

 La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20.

 

  Hace no mucho tiempo el actual papa de Roma, Benedicto XVI, sorprendía al mundo por su abdicación o renuncia. No es muy común que un Papa deje su cargo en vida, aunque tampoco es el único caso. En unas semanas estaremos hablando de los papas, su historia y contradicciones.

Espero que disfruten de esté viaje al corazón de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

El título de papa ha sido discutido a lo largo de la historia. El obispo de Roma, que era como se conocía al papa en los primeros siglos de la Cristiandad, ha sufrido una evolución en estos casi dos mil años de historia hasta convertirse en lo que es hoy. De un sencillo obispo o pastor de los fieles de Roma a un representante del cristianismo en la parte occidental del Imperio Romano, para convertirse más tarde en representante de Dios en la Tierra, infalible en doctrina y uno de los hombres más poderosos del planeta. La pregunta es: ¿Realmente Cristo dejó a un representante suyo en la Tierra? ¿Es el papado una apropiación indebida de la Iglesia Católica?

Cuando Cristo se apareció a sus discípulos tras la resurrección y les ordenó la Gran Comisión de hacer discípulos por toda la tierra, tuvo un trato especial con el apóstol Pedro, que siempre había destacado como uno de los líderes del grupo.

La Iglesia Católica en su defensa del papado como institución divina argumenta fundamentalmente el texto de Mateo 16: 13-20en el que Jesús hace toda una declaración sobre Pedro, que ha reconocido que era el Cristo. El texto dice lo siguiente:

 13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
 15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

Jesús había cambiado con anterioridad el nombre de Simón de su discípulo por Pedro que quiere decir textualmente piedra. ¿Estaba reconociendo Jesús a Pedro como su máximo representante en la tierra?

Naturalmente, una lectura apresurada nos hace ver que Jesús se está refiriendo a Pedro como una especie de sustituto, pero cuando hacemos una lectura más detallada vemos algo muy distinto.

Jesús se había anunciado en varios momentos como la roca. El autor de la Epístola a los Romanos habla de Cristo como la roca de Sion [1] . El apóstol Pablo, en su primera epístola a los Corintios capítulo 10 y vero 4 dice textualmente: ”y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.

Pero el mismo apóstol Pedro reconoce a Cristo como la Roca en su epístola: “ Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, m porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados[2] ”.

Por otro lado tanto el libro de Los Hechos de los Apóstoles, como todo el Nuevo Testamento nos habla de un gobierno colegiado apostólico, sin caer en una monarquía dirigida por el apóstol Pedro.

Entonces, ¿cómo tenemos que interpretar el texto de Mateo?

Cuando Pedro reconoce que Jesús es el Cristo, está reconociendo que es el Mesías enviado por Dios para salvar al hombre. Entonces Jesús hace un juego de palabras, diciendo como tú eres Pedro, sobre esta piedra o declaración que has hecho edificaré mi iglesia. ¿Sobre qué declaración? La de que Jesús es el Cristo esperado.

Aún puede surgir una duda, ¿por qué le da a Pedro las llaves?

En primer lugar Jesús vuelve a referirse a la verdad que dice Pedro más que a su persona. En el evangelio de Lucas capítulo 11 y versículos 52 dice a los escribas y fariseos:

 “!!Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis”.

El apóstol Pedro había encontrado la llave interpretativa de las Sagradas Escrituras al ver en Cristo el cumplimiento de las promesas, por eso él tenía las llaves y con su mensaje podía condenar o salvar al mundo al proclamarlo, ya que el que lo aceptaba era salvo, pero el que no lo aceptaba era condenado.

El hecho de atar y desatar cosas en el Cielo y en la Tierra es el resultado de la predicación de esa verdad de que Jesús es nuestro salvador, por eso el mismo Cristo incluirá en ella a todos los creyentes al decir en Mateo 18:18:

 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” .

En la profecía de Isaías 22:22 vemos como el profeta habla del poder de Cristo para abrir y cerrar: “ Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá”.  Aunque algunos católicos han interpretado este texto referido a Pedro y sus sucesores en Apocalipsis 1:18, vemos que únicamente uno puede abrir las puertas de los cielos y el Hades: “ y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.

Para concluir. ¿Es pues el papa el vicario de Cristo? ¿Necesitamos un intermediario para que Dios nos hable? La Biblia nos dice que el único abogado que tenemos para con el Padre es Cristo, que Él intercede por nosotros y que Él nos defiende de las acusaciones del Diablo.

Según la Biblia todos somos reyes y sacerdotes, no hace falta una casta sacerdotal que haga ciertos ritos, porque el Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec, que es anterior al pacto de Abraham, es Cristo, convirtiéndose también en sacrificio vicario, una vez y para siempre [3] .

En las próximas semanas veremos la historia de los papas y su evolución hasta la actualidad.


   [1]  Romanos 9:33
   [2]  1ª Pedro 2:8.
   [3]  Leer el libro de Hebreos.

 

Autores: Mario Escobar Golderos

 

©Protestante Digital 2013

 

 


César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (49)

49855_N_09-03-12-22-22-06La Reforma tenía razón y la iglesia católica se ha visto obligada a reconocerlo desdiciéndose de sus posiciones de hace 5 siglos.
Al fin y a la postre, la Reforma protestante implicó una ruptura:

– Que ha permanecido, lo que la diferencia de otros movimientos a lo largo de la Historia del cristianismo que se extinguieron con el paso del tiempo. A la Reforma no se le puede aplicar de manera negativa el argumento de Gamaliel que indicaba que aquello que no es de Dios se extingue (Hechos 5, 34-42). A decir verdad, no ha dejado de extender su área de influencia por un solo día en casi cinco siglos pese a chocar con un poder católico que, históricamente, no se refrenó a la hora de utilizar contra ella la hoguera y la prisión.

– Que no se puede explicar como hicieron apologistas católicos como Denifle o Grissar aludiendo a la mala fe de Lutero o a su supuesta insania mental o a sus graves pecados.

Todos esos argumentos han quedado desmentidos por católicos como J. Lortz o D. Olivier que han reconocido, entre otros extremos, la ruptura de la unidad eclesial, la grave crisis espiritual de la iglesia católica, la falta de respuesta a los argumentos de Lutero e incluso la inferioridad moral y teológica de los adversarios del agustino. Como muy bien ha indicado Lortz, ni el Eck corrupto, ni el Aleandro que no se dedicaba a la oración, ni los obispos despreocupados, ni el papa León X ocupado en una cacería mientras firmaba la bula de excomunión del fraile estuvieron a la altura de las circunstancias.

Humanamente, pudieron acabar con Lutero en diversas ocasiones, pero las consideraciones de carácter político –como el deseo del papa León X de impedir que Carlos I de España se convirtiera en emperador– impidieron adoptar esas medidas.

Si, en no escasa medida, Lutero no fue neutralizado se debió al hecho de que él era un hombre de fe que tomaba sus decisiones con la valentía que sólo deriva de la confianza total en Cristo y en el poder del Evangelio, mientras que las consideraciones de sus adversarios –que contaban con el respaldo de los dos grandes poderes de la época– pensaban en otra clave no precisamente evangélica.

No debería sorprender que ese resultado haya sido contemplado siempre desde el lado reformado como una demostración innegable de la acción de la Providencia que preservó a los que anteponían a Cristo y Su Evangelio a cualquier otra meta ni tampoco que inspirara una clara convicción de superioridad ética y teológica.

– Que fue positiva para el protestantismo–que siempre la vio como un acto de la Providencia- ya que permitió iniciar la Reforma por la que venía gimiendo la Cristiandad occidental desde hacía siglos. Y…

– Que cambió la Historia de formas notablemente positivascomo es el hecho de que ese pensamiento reformado inspiró, como han indicado entre otros Whitehead o Kuhn, la revolución científica, el desarrollo económico y el nacimiento de la democracia moderna.

La razón espiritual de la Reforma queda afirmada, por añadidura, por el hecho de que la misma iglesia católica, con cerca de medio milenio de retraso si se quiere, pero, de manera innegable, ha terminado por aceptar algunas de las tesis sustentadas por Lutero incorporándolas como propias a pesar de que, en el pasado, pudiera haberlas condenado como heréticas.

Por citar un ejemplo llamativo, ¿qué católico –no digamos ya que pontífice u obispo– sostendría hoy que quemar herejes es una obra impulsada por el Espíritu Santo y que negarlo merece la excomunión como afirmó el papa León X en la bula de excomunión de Lutero? Sólo un desequilibrado o un ignorante podría mantener semejante posición y más después de la declaración oficial de Juan Pablo II, con todos los límites que se quiera, pidiendo perdón por los pecados cometidos por la iglesia católica.

No se trata además de la única de las reivindicaciones reformadas que también han sido asimiladas en el seno de la iglesia católica. La celebración de los cultos en lengua vernácula y no en latín; el libre acceso de los laicos a las Escrituras (aunque en el catolicismo persista la obligación de que sean traducciones comentadas), el arrinconamiento de la Vulgata latina en favor de traducciones de la Biblia realizadas a partir de las lenguas originales o la desaparición del poder temporal del papa, por más que, inicialmente, se viviera como una imposición traumática son realidades actuales cuya negación llamaría la atención de la inmensa mayoría de los católicos salvo algunos fanáticos irreductibles. Sin embargo, todas esas propuestas resultaban intolerables para la jerarquía de inicios del s. XVI y no se aceptaron hasta el Vaticano II.

No sólo eso. El acercamiento no de la jerarquía, pero sí de los teólogos y los escrituristas católicos a las posiciones reformadas sobre temas como la justificación por la fe sola resulta verdaderamente espectacular. Una vez más, autores como Denifle, en ciertos momentos paradigmáticamente católicos, han quedado ubicados en el altillo de los objetos inútiles y se han visto sustituidos por predicaciones como las del confesor del papa actual Benedicto XVI o por documentos como la Declaración conjunta luterano-católica sobre la justificación por la fe. Este documento en concreto asume de tal manera posiciones protestantes en lo que a la justificación por la fe se refiere que las preguntas que asaltan al lector que conoce el tema es, primero, cómo los teólogos católicos pueden después encajar en semejante esquema cuestiones como el sistema sacramental católico y, segundo, cómo lo contemplarán no pocos protestantes que no tienen un punto de vista tan radical en lo relativo a la acción de la gracia. Partiendo de esa base, hay que preguntarse si la tesis del Hans Küng consultor del Vaticano II señalando que había que darle inicio reconociendo que Lutero tenía razón y a partir de ahí esperando que Dios actuara no reflejaba más que mero voluntarismo una realidad innegable y hasta qué punto no estaba totalmente justificada la pregunta que se formulaban no pocos teólogos católicos: “¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aún para admitir reformas que Martín Lutero planteó con toda razón hace ya cuatrocientos años?” [1] .

La Reforma tenía razón y, se diga lo que se diga, hasta la iglesia católica se ha visto obligada a reconocerlo en una parte desdiciéndose de sus posiciones de hace cinco siglos.

Sin embargo, todos estos hechos no deberían llevarnos a pasar por alto un principio reformado tan esencial como el de “Ecclesia reformata semper reformanda” (la iglesia reformada siempre tiene que ser reformada).La Reforma es necesaria a día de hoy y sobre los mismos parámetros que tuvo durante el siglo XVI. A esa cuestión, dedicaremos las próximas entregas.

 Continuará: Sola Scriptura


   [1]  H. Küng, Libertad conquistada, Madrid, 2003, p. 377.

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2013

Creative Commons

Carlos Martínez García

¿Retirarle la excomunión a Lutero?

Para Ángela Trejo y Moisés Pérez, hijos de Lutero en México

14 DE ENERO DE 2013

Algunos protestantes en Alemania pretenden que Roma le retire la excomunión a Martín Lutero. La pena data de 1520, y los promotores de que sea levantada la sanción tienen como meta que la medida tomada por León X contra el reformador sea quitada a más tardar en el 2017, cuando se cumplen quinientos años del inicio de la Reforma protestante.
Mediante Protestante Digital  nos enteramos que Margot Kässmann fue nombrada por la Iglesia Evangélica Alemana “embajadora de Lutero” en abril del año pasado. Entre sus responsabilidades está organizar distintos eventos preparatorios al quinto centenario de la gesta iniciada por Lutero a partir de que dio a conocer sus 95 Tesis  el 31 de octubre de 1517, para concluir dentro de cuatro años con un Jubileo conmemorativo que recuerde y celebre la lid del ex monje agustino.
Leo en la nota informativa que “ Para Margot Kässmann ha llegado el momento de eliminar esta arista entre católicos y protestantes y que se produzca un ‘gesto de buena voluntad’ . Que ya vayan a ser cinco los siglos que dura la excomunión de Lutero no es en sí mismo un obstáculo para Kässmann ya que tampoco ‘en 1984, nadie previó la caída del Muro de Berlín’ y ocurrió”. Parece que ella, quien ha sido obispa de la Iglesia Evangélica Alemana, se hace eco de lo deseado por un sector de protestantes luteranos germanos. La suya no es una iniciativa personal, sino expresión compartida por un buen número de sus correligionarios.
Tal vez a la iniciativa nazca de una profunda convicción de que algo se lograría si Roma le retira la excomunión a Lutero. Tengo preguntas al respecto: ¿en qué consistiría ese logro? ¿Hay disposición en el Papa Benedicto XVI, por cierto alemán al igual que el excomulgado, en retractarse de la sanción impuesta?
Benedicto XVI, tal y como hizo su predecesor Juan Pablo II, sigue una línea preconciliar. Los dos papas han ido en sentido contrario al Vaticano II. Ambos reforzaron el verticalismo romano. El anterior Papa, y el presente, tienen como denominador común pugnar por la reconcentración del poder en manos del que llaman el Sumo Pontífice, el obispo de Roma. No veo cómo quien hoy ocupa el trono que detentó en el siglo dieciséis León X se atreva a revertir la expulsión de Lutero.
Para responder qué se lograría en el hipotético caso de que la excomunión fuese levantada, debo hacer antes una evocación histórica .
Es necesario recordar que tras varios intentos de emisarios papales por obtener la retractación de Martín Lutero sobre sus abiertas críticas a la Iglesia católica romana, en junio de 1520 el Papa León X promulga la bula Exsurge Domine  (Levántate Señor), en la que se otorgan máximo sesenta días para que el teólogo germano reconozca sus herejías y se someta a Roma.
La bula iniciaba con palabras contundentes: “¡Levántate, oh Señor, y juzga tu causa! Un jabalí salvaje ha invadido tu viña. ¡Levántate, oh Pedro, y observa la situación de la Santa Iglesia Romana, madre de todas las iglesias consagradas con tu sangre! ¡Levántate, Pablo, que con tu enseñanza y tu muerte iluminaste e iluminas a la Iglesia!” Agrega que no se puede “tolerar más que la serpiente se arrastre por el campo del Señor” (Roland H. Bainton, Lutero , Editorial Hermes, México, 1978, p. 159).
Lutero en lugar de retractarse profundiza su desacuerdo con las enseñanzas doctrinales católico romanas . En agosto de 1520 publica Discurso a la nobleza de la nación alemana , en octubre La cautividad babilónica de la Iglesia , y en noviembre La libertad del cristiano . Estos tres escritos circulan en México editados por la Secretaría de Educación Pública, en la colección Cien del Mundo. La tríada está conformada por textos fundamentales para comprender la creciente distancia entre el teólogo alemán y el papado romano.
En noviembre del mismo año Lutero responde a las pretensiones de León X a través de un tratado titulado Contra la execrable bula del Anticristo , en la que señala que “[El apóstol] Pedro dice que debemos dar cuenta de la fe que está en nosotros, pero esta bula me condena autocráticamente sin ninguna prueba de las Escrituras, mientras que yo documento todos mis postulados con la Biblia” (Bainton, op. cit ., p. 176).
El disidente germano quema la bula de León X el 10 de diciembre . En los primeros días de enero del siguiente año el Papa expide otra bula, llamada Decet Romanum Pontificem , en la que valida la pena de excomunión contra Martín Lutero.
Quedaría por delante el último intento de los poderes políticos religiosos de entonces, personificados en el emperador Carlos V y los representantes del Papa, ante quienes en la Dieta de Worms (abril de 1521) Martín Lutero reafirmó sus convicciones bíblicas. No hubo vuelta atrás, la ruptura estaba consumada.
Como no existe la historia en if  (si condicional), me parece un ejercicio improductivo especular sobre qué pensaría Martín Lutero acerca de que algunos descendientes teológicos suyos tengan interés en que el Papa le retire la pena de excomunión . En alguna parte leí que todos tenemos derecho a nuestras interpretaciones (aunque no todas sean igualmente válidas), pero no tenemos derecho a crear nuestros propios hechos. No podemos, ni debemos, modificar los datos duros y comprobables para ponerlos en sintonía con nuestras preferencias políticas, teológicas o éticas.
Lutero mismo dejó plena constancia del concepto en que tenía la bula de excomunión: “Por mi parte, la suerte está echada. Estoy por encima tanto de las amenazas como de los favores de Roma. Ya no es posible la reconciliación. Nunca más seré de ellos. Que condenen mis libros, que los quemen. Yo condenaré y arrojaré al fuego su derecho canónico, que no es más que un tejido de herejías. Basta de esta humildad que nunca ha servido para arreglar nada. Basta de alentar a los enemigos del Evangelio en su orgullo y suficiencia. Eligen la violencia para esconder su ignorancia y su conciencia culpable”  (César Vidal, El caso Lutero , EDAF, Madrid, 2008, p. 228).
Solicitar que pierda su vigencia la pena de excomunión es reconocerle autoridad al Papa en asuntos de fe y doctrina. Autoridad que Martín Lutero sin ambages desconoció. Yo prefiero a Lutero excomulgado.

Autores:Carlos Martínez García

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Francisco Boix, es el único español que declaró contra importantes miembros del gobierno nazi en el Proceso de Nuremberg. El documental nos narra la vida de este fotógrafo, que al exiliarse tras la Guerra Civil Española, acabó en el campo de concentración de Mauthausen.

Destinado en el laboratorio fotográfico del campo, consiguió sacar los negativos de unas 2.000 fotos que posteriormente servirían de prueba acusatoria en el famoso Juicio.


Margot Kässmann

Los protestantes alemanes instan al Papa retirar la excomunión a Lutero
Instan a este “gesto de buena voluntad” con motivo del próximo quinto centenario de la reforma de Martín Lutero, iniciada en octubre de 1517.

 BERLÍN

 Kässmann, de 54 años, desempeña desde abril de 2012 el cargo de «embajadora de Lutero» para el Jubileo de 2017 que conmemorará el quinto centenario del inicio de la reforma de Lutero el 31 de octubre de 1517. Con este motivo a lo largo de 2017 se realizarán una serie de importantes actos en Alemania en torno a la Reforma protestante y el propio Martín Lutero.

Margot Kässmann ha sido obispa de la Iglesia Evangélica Alemana -la EKD (por sus siglas en alemán)- la organización protestante más grande de Alemania y reside en la localidad alemana de Mannheim.

Por su cargo, Kässmann participa en coordinación de esta efeméride, que los evangélicos alemanes quieren que sirva para dar a conocer el verdadero significado que supuso la Reforma de la Iglesia que inició Lutero en lo espiritual, en la sociedad y en la Historia.

 EL PAPA Y LA EXCOMUNIÓN DE LUTERO
 Kässmann ha expresado en una entrevista publicada en el «Mannheimer Morgen» que espera que Benedicto XVI como papa revoque la excomunión que aún pesa sobre el fundador del protestantismo.

Una excomunión que se materializó a través de la bula ‘Decet Romanum Pontificem’, firmada por León X en enero de 1521, y que Martín Lutero quemó públicamente al recibirla.

 Para Margot Kässmann ha llegado el momento de la eliminar esta arista entre católicos y protestantes y que se produzca un “gesto de buena voluntad”. Que ya vayan a ser cinco los siglos que dura la excomunión de Lutero no es en sí mismo un obstáculo para Kässmann ya que tampoco «en 1984, nadie previó la caída del Muro de Berlín» y ocurrió. 

La representante de la EKD utiliza varios argumentos para fundamentar su petición, como por ejemplo que muchas comisiones ecuménicas han concluido que la excomunión a Martín Lutero «es teológicamente injustificable», y el valor simbólico positivo de retirar esta bula.

Otro que menciona es que también lo piden muchos católicos, algunos como el conocido teólogo como Hans Küng, aunque este teólogo no sea el mekor ejemplo de ortodoxia católica ya que está amenazado de sanción por la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio) por sus reiteradas opiniones contrarias a la Doctrina y al Magisterio católico-romanos.

Asimismo, para Kässmann, el diálogo ecuménico y el hecho de que católicos y protestantes asistan juntos a diferentes ceremonias con cada vez mayor frecuencia es otro motivo suficiente para que se produzca este gesto de reconciliación entre católicos y protestantes.

 EXPECTATIVAS NEGATIVAS
No se conoce que podrá decir el papa, pero no es de esperar una respuesta positiva.

Así lo augura  el  gesto de Benedicto XVI de no querer acudir a su Alemania natal a los actos del quinto centenario de la reforma protestante , así como las  recientes declaraciones del Cardenal Koch, Presidente del católico Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, que ha tildado a la reforma protestante de “pecado” y “fracaso”   , expresando además que le gustaría asistir -en lugar de a una celebración de la memoria de la Reforma protestante- a una reunión en la que las confesiones reformadas pidieran disculpas y reconociesen sus errores.

 Esto  a pesar del sentimiento general, como el de la Canciller alemana Ángela Merkel  que el pasado 31 de octubre ante la conmemoración de los cinco siglos de la reforma protestante en 2017 invitó a celebrar esta efeméride de la Reforma en un espíritu ecuménico, a pesar de que católicos y protestantes no hayan logrado ponerse de acuerdo sobre un marco común de las celebraciones.

Merkel expresó un profundo agradecimiento a la obra de Martín Lutero, quien con su trabajo ayudó a definir la imagen de un ser humano «maduro y responsable».

Editado por: Protestante Digital 2013

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César Vidal Manzanares

La Reforma indispensable (48)

Con Pablo IV cualquier posibilidad de diálogo con los reformados o de una reforma católica en profundidad se extinguieron.
 Después de Worms, los intentos realizados para volver a remendar, siquiera en parte, la unidad eclesial resultaron, desde luego, fallidos.Quizá  el último se agotó en diciembre de 1549 a los tres años de la muerte de Lutero . En esa fecha falleció el papa Pablo III, un miembro de la familia Farnesio que con sus cuatro hijos y sus tres nietos –nombrados cardenales entre los 14 y los 16 años– era un paradigma del papa renacentista.

En esos momentos,  la mayoría de los cardenales apostaba porque el sucesor de Pablo III fuera el cardenal Reginald Pole. Primo de Enrique VIII y miembro del círculo erasmista inglés, Pole parecía el hombre adecuado para adoptar una serie de pasos reformadores que permitieran eliminar los males de 1517 y, a la vez, recomponer la unidad herida .

El 3 de diciembre de 1549, ante la oposición de los cardenales franceses, los partidarios de Pole le sugirieron que aceptara la elección por aclamación, pero el inglés –un erasmista que podría haber ocupado el trono papal– se retiró, según su expresión, “mudo como un buey” a su celda. Al día siguiente, el voto ya no respaldó a Pole que pasó el resto del cónclave, dos meses, escribiendo un libro sobre el poder y la misión del papa.

Las dudas de Pole –erasmista hasta en eso– provocó un cambio radical en el cónclave.

 El candidato de los franceses, fundador de la Inquisición romana en 1542, de la orden de los Teatinos, Juan Pedro Carafa logró maniobrar con la suficiente habilidad como para ser elegido papa con el nombre de Pablo IV .

El nuevo pontífice llevó a cabo una acción mezcla de antiguos y nuevos pecados.

En su lujosa corte, entregó cargos a sus sobrinos incompetentes y carentes de piedad –dos de ellos fueron ejecutados como malhechores por el sucesor de Carafa– y emprendió una guerra contra España, el emperador y, por supuesto, la Reforma.

 Con Pablo IV, la Inquisición se convirtió en institución e instrumento privilegiado, los escritos de Erasmo resultaron definitivamente condenados y cualquier posibilidad de diálogo con los reformados o de una reforma católica en profundidad se extinguieron .

 En adelante, con Carafa o con sus sucesores, ya de manera definitiva, para la iglesia católica la Reforma no sería ni una alternativa ni una instancia con la que debatir sino un enemigo al que abatir , cuestión aparte es que semejante visión estuviera condenada al fracaso.

¿Qué supuso la ruptura producida por la Reforma protestante que inició Lutero? A responder esta pregunta dedicaremos nuestro próximo artículo.

 Continuará

Autores: César Vidal Manzanares

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Samuel Escobar

Reforma Protestante: reflexión del día después
 Los protestantes de habla hispana hemos de celebrar a nuestros abuelos de la reforma clásica como Lutero y Calvino; sin olvidar a nuestros padres: pietistas, metodistas y avivamientistas.
 Una vez más en este 31 de octubre de 2012 muchos evangélicos en España nos hemos unido a la rememoración de aquel día de 1517 en que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg. Pero es importante recordar que el Protestantismo que se ha extendido más en los países de habla hispana, y que sigue creciendo no es el que desciende directamente de Lutero y Calvino. Este Protestantismo fue mediado por el de los misioneros evangélicos que eran parte de una corriente misionera fuertemente influida por el Pietismo de Europa central, el Avivamiento Wesleyano en las islas británicas y el Gran Avivamiento en los Estados Unidos .Y la forma de Protestantismo que podríamos describir como “popular”, porque ha arraigado mayoritariamente entre las masas populares en América Latina es el movimiento Pentecostal. Aunque muchos evangélicos de habla hispana, y también muchos pentecostales, vean a Lutero y Calvino como figuras patriarcales de su historia espiritual, en realidad los antecesores inmediatos del Protestantismo latinoamericano fueron los pietistas, los moravos y los metodistas del siglo 18, precursores del gran movimiento misionero evangélico que iba a florecer en el siglo 19. Es importante recordar que en estos movimientos hay claros antecedentes del movimiento pentecostal que ha florecido durante el siglo veinte .

Es por eso que cuando se trata de imaginar como ha de ser la misión cristiana en el siglo 21 cabe plantearse las preguntas
– ¿Qué pueden aprender los evangélicos de habla hispana de sus antepasados en la fe?
– y también ¿qué pueden aprender de ese Protestantismo popular que se ha multiplicado?

Si se observa las creencias y forma de vida de los evangélicos latinoamericanos, por ejemplo, el parentesco con los pietistas, moravos y metodistas – nuestros padres en la fe – es más evidente que el que podamos tener con Lutero y Calvino – nuestros abuelos en la fe. Sin embargo, generalmente invocamos más a los abuelos que a los padres.

 La revisión de nuestra herencia puede ser un factor importante cuando, mirando al futuro, consideramos el desafío misionero específico que se nos plantea en pleno siglo veintiuno: la participación de los evangélicos de habla hispana en la misión cristiana a escala global. Este examen histórico clarifica una cuestión importante para la misión: la relación entre  creencia  sobre el contenido de la fe,  experiencia  de la fe y  estructura  para la propagación de la fe, tal como se ha dado en las diversas formas del Protestantismo.

Este es precisamente el punto que cabe destacar, porque tanto el gran movimiento misionero protestante de los siglos dieciocho y diecinueve, como el dinamismo misionero de los evangélicos y pentecostales latinoamericanos en el siglo veinte  se relacionan directamente con el concepto y la práctica del sacerdocio universal de los creyentes .

Este concepto fue formulado primero por Lutero y si lo leemos en contexto suponía un rechazo de dos males predominantes en la cristiandad que él buscaba reformar: el sacramentalismo y el clericalismo. Por un lado el poder exclusivo que reclamaba la institución eclesiástica para administrar la gracia divina mediante prácticas exteriores, a pesar de la condición moral corrupta en la cual la propia institución había caído. Por otro lado el monopolio de los clérigos respecto a las tareas propias de la vida de la Iglesia en la cual los fieles venían a ser simples espectadores.

 Lo que Lutero no llegó a crear fueron estructuras nuevas que facilitasen la participación de todos los creyentes como sacerdotes de Dios en el ministerio mutuo. Un siglo después de Lutero las propias iglesias luteranas parecían haber caído en el sacramentalismo y el clericalismo. El Pietismo y los Avivamientos en Europa fueron movimientos de renovación espiritual que llegaron a crear estructuras y prácticas nuevas y contextuales que facilitaron el sacerdocio universal de los creyentes . Este concepto fundamental de la fe evangélica no se puede separar de una visión de la obra del Espíritu Santo en el mundo y de los dones que el Espíritu da a todos los creyentes, verdades que son fundamentales para la práctica y la teología de la misión.

Por eso en un libro dedicado a este tema [1]  me permití plantear lo siguiente como tesis que vale la pena investigar: que el vigor misionero evangélico de los siglos dieciocho y diecinueve provenía del Espíritu Santo y se pudo manifestar cuando se crearon estructuras que permitían el ejercicio de los dones de todos los creyentes y su participación en la misión .

De la misma manera, el vigor misionero de las iglesias evangélicas populares latinoamericanas en el siglo veinte viene de un impulso del Espíritu Santo, que encuentra iglesias dispuestas a reconocer que el Espíritu da dones a todos y a estructurarse para permitir que el impulso del Espíritu se manifieste.

 Nuestra reflexión tendrá que encaminarse por dos vías. Por un lado la consideración detenida del proceso histórico que permite establecer con cierta claridad la continuidad entre pietismo, avivamiento wesleyano , misiones evangélicas, protestantismo de habla hispana, y movimiento pentecostal. Por otro lado hemos d comprender el curso de la reflexión misionológica que durante el siglo 20 fue redescubriendo la importancia de reconocer, comprender y seguir la acción del Espíritu Santo en la misión cristiana 

Como ya se dijo, los evangélicos latinoamericanos estamos mucho más cerca de los pietistas y avivamientistas de los siglos dieciocho y diecinueve que de los reformadores del siglo dieciséis. Y cuando queremos reflexionar acerca de nuestra participación en la misión será mejor que exploremos esa parte de nuestra herencia con más detenimiento. Lo que hemos recibido del Pietismo, del movimiento Moravo y de los Avivamientos puede ayudarnos en la forja de modelos misioneros para el siglo 21.

En más de una ocasión me he referido por extenso a la precisión con que el historiador Justo L. González nos ofrece una descripción de los orígenes del moderno movimiento misionero que se desarrolló durante el siglo dieciocho, como algo nuevo en la historia del protestantismo. El interés en las misiones iba vinculado con «un  despertar de la religiosidad individual «. Una nota que destaca González es que «los dirigentes de este nuevo despertar  protestaban contra la rigidez de la vieja ortodoxia protestante , y aunque ellos mismos eran por lo general teólogos debidamente adiestrados, tendían a  subrayar por encima de las fórmulas teológicas la importancia de la vida cristiana práctica «. [2] Además de este pragmatismo, los pietistas insistían en la experiencia personal de conversión y en la obediencia individual a los mandatos divinos. No tenían espíritu sectario, ya que permanecían en el seno de sus propias iglesias o denominaciones, a fin de ser algo así como una levadura de renovación. Como aclara González: «Si en algunas ocasiones éste no fue el resultado de tales movimientos, ello no se debió tanto al espíritu cismático de sus fundadores como a la rigidez de las iglesias dentro de las cuales surgieron.»  [3]

 El pietismo alemán de Spener y Francke, hombres de gran saber y de gran piedad, influyó sobre promotores celosos de la misión como el Conde Zinzendorf, y luego sobre Wesley en las islas británicas y el llamado «Gran Avivamiento» en América del Norte. En consecuencia, la expansión misionera protestante llevó consigo las marcas del pietismo y los movimientos que le siguieron: «los misioneros protestantes del siglo XIX tendían a subrayar la necesidad de una decisión individual por parte de los conversos mucho más de lo que antes lo habían hecho los misioneros católicos y aun los primeros misioneros protestantes». [4]

Otro conocido historiador de las misiones cristianas, Kenneth Scott Latourette, estableció las mismas vinculaciones históricas en las conferencias Carnahan que presentó en Buenos Aires, en 1956. Luego de trazar un cuadro magistral del protestantismo contemporáneo y de los desafíos que lo confrontaban en ese momento, Latourette nos recordaba que «Las minorías vitales de protestantes en Europa son en gran parte de tradición puritano-pietístico-evangélica. A la misma corriente obedece más aun el crecimiento en números e influencia fuera de Europa. Esto significa que el protestantismo mundial tiene más y más una complexión puritano-pietístico-evangélica.» [5]   Estas tres notas descriptivas, puritano, pietista y evangélico que vienen a ser la marca del protestantismo misionero se vinculan con las notas teológicas propias de la Reforma del siglo dieciséis. Latourette señala cómo al expandirse por medio de esta corriente misionera durante el siglo diecinueve, en la vida práctica el movimiento protestante pasó a acentuar doctrinas como la justificación por la fe, el sacerdocio universal de los creyentes y el derecho y deber del juicio individual en la decisión religiosa y concluye: » Y al hacer esto se acerca más que nunca en su testimonio al corazón del Evangelio .» [6]

Los elementos que he subrayado en estas descripciones son algunas de las características propias de los evangélicos de habla hispana. Aspectos extremos de ellas como el individualismo excesivo se han criticado con frecuencia utilizando términos como «pietista» en sentido siempre negativo.

Sin embargo quiero destacar que los evangélicos muestran esas notas pietistas de entusiasmo espiritual, conversión personal, y atención a la práctica visible de la fe más que a las formulaciones doctrinales, y a ellas va unido el fervor misionero.  Mi tesis aquí es que las iglesias populares de tipo pentecostal que han crecido en América Latina muchas veces encarnan las notas del dinamismo misionero de los moravos y pietistas mejor que otras iglesias evangélicas que se consideran guardianes de la herencia protestante. Me refiero a  la práctica  de estas iglesias populares más que a su capacidad de repetir un discurso teológico formal .

Con esto quiero decir también que el protestantismo renovado y pietista que forjó el movimiento misionero del siglo dieciocho y diecinueve creó estructuras que permitieron la realización práctica del sacerdocio universal de los creyentes, mejor que las iglesias luteranas o calvinistas del siglo dieciséis. También el movimiento protestante popular ha creado en Latinoamérica estructuras que facilitan su misión.

 Sin embargo, también es importante aclarar que las iglesias protestantes populares de hoy expresan esas notas evangélicas y ese dinamismo misionero  dentro de las condiciones propias de la cultura de la pobreza  en que se mueven. Es decir, el movimiento pentecostal es una expresión contextual y popular del Protestantismo del siglo dieciséis, surgida en el mundo de la pobreza tanto en Norteamérica y Europa como en América Latina . En ambos casos lo protestante fue mediado por el movimiento evangelizador o misionero de marca pietista y avivamientista. Le cabe el nombre de Protestantismo Popular porque la contextualización se ha dado en forma creativa respondiendo a las notas propias del mundo de la pobreza.

Aquí creo muy necesaria una nota aclaratoria. Primero insistir en que no me estoy refiriendo aquí a las mega-iglesias neo-carismáticas o pos-denominacionales aparecidas en las décadas más recientes y que constituyen un fenómeno que habrá que estudiar también. Me refiero a las iglesias populares relacionadas con el movimiento pentecostal clásico, como las Asambleas de Dios, por ejemplo.

 En conclusión, los protestantes de habla hispana hemos de celebrar a nuestros abuelos de la reforma clásica como Lutero y Calvino. Pero no debemos olvidarnos de nuestros padres: pietistas, metodistas y avivamientistas. Porque en su herencia hay claves para la misión en el siglo 21.

En un próximo artículo exploraré un tema íntimamente vinculado a esta recapitulación histórica: el de la misión cristiana y la teología del Espíritu Santo.


   [1]  Samuel Escobar  Tiempo de misión , Semilla-Clara, Guatemala-Bogotá, 1999.
   [2] . Justo L. González y Carlos Cardoza Orlandi  Historia general de las misiones  CLIE, Viladecavalls 2008; p.138.
   [3] . Ibid.
   [4] . Ibid. p. 141.
   [5] . Kenneth S.Latourette Desafío a los protestantes  La Aurora, Buenos Aires 1957; p.78.
   [6] . Ibid.

Autores: Samuel Escobar

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31 de octubre, Día de la Reforma

La Reforma que trastocó Iglesia y mundo hace 495 años
Este 31 de octubre se conmemora en todo el mundo la Reforma Protestante, 495 años después de clavar Lutero sus 95 tesis un 31 de octubre en Wittenberg (Alemania).

 MADRID

 El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma protestante.

Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de “la” iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta.

Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el catolicismo romano, por considerarlas contrarias al contenido de la Biblia.

 La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación es por gracia solamente, no por obras . La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades.

 LARGA LUCHA
Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.

Estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que «el justo por la fe vivirá».

La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente.  La “justicia de Dios” no se refiere en la carta a los Romanos, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios.  La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito.

En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.

Lutero (Joseph Fiennes, trailer)
Lutero, mucho más que un biopic llevado a la gran pantalla, es un drama de acción que transcurre en una de las épocas más revolucionarias de la historia (el paso de la Edad Media al Renacimiento) y muestra como las creencias de un solo hombre pueden cambiar el mundo. Lutero, que cautivadoramente crea el malestar religioso y político y las sacudidas cívicas de la época, es un testamento del poder de la un hombre para reinventar la historia.

 PRUDENTE Y RESERVADO
 Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia católica entendía la fe cristiana . Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba el catolicismo.

 Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis, que debían servir de base para un debate académico . En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la Iglesia.

 CONTRA EL LUCRO
 La controversia fue mayor de lo que Lutero se proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él.

Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba.

 LAS 95 TESIS
Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología.

La mayoría de historiadores conviene en que Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a algunos amigos y a otras universidades en esa fecha. Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Europa.

 REACCIÓN Y CISMA
 Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades religiosas vacilaron, sin embargo, en condenar a Lutero. Este último continuará discutiendo con teólogos partidarios de las doctrinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la famosa disputa de Leipzig de 1519.

Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine del papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflicto con la Iglesia católica, es excomulgado a principios del año siguiente.

El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la reforma protestante.

Fuentes: Histª del Cristianismo

Editado por: Protestante Digital 2012

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