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¿A unos días del ‘fin del mundo maya’?

Publicado: diciembre 6, 2012 en Cultura

El mito del 21-12-12

¿A unos días del 'fin del mundo maya'?
Historiadores y científicos explican las incoherencias sobre el supuesto “fin de los tiempos” del calendario maya para el veintiuno de diciembre de 2012.

MÉXICO

Nueva Era, pseudociencia, ignorancia y supersticiones. El “fin del mundo” en 2012, una teoría que se ha puesto de moda en los últimos años, fue analizada en un ciclo de conferencias en México hace meses (se cumple ahora un año), en el que participaron expertos en la materia. desde entonces nada ha cambiado para que sus opiniones no nos sirvan de referencia . Científicos mexicanos y extranjeros derribaron los mitos creados por los supuestos “profetas modernos” en torno al “cataclismo maya”.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Ciudad de México organizó una conferencia en la que participaron un astrofísico, una historiadora y dos epigrafistas, que se encargaron de cuestionar el supuesto cataclismo o un “cambio de conciencia de la humanidad, que presuntamente se producirá el 21 de diciembre del año venidero”, explicó el INAH en un comunicado.

El tema fue analizado por expertos en la cultura maya, entre ellos el historiador  Erik Velásquez, que explicó que la “profecía maya de 2012” surgió en la década de los 70, cuando el escritor Frank Waters escribió un texto con una “mezcolanza de creencias”.

En dicho documento aseguró que el “Monumento 6 de Tortuguero, en Tabasco, marca el supuesto fin de un Quinto Sol (que es un concepto mexica, no maya) y la llegada de una nueva humanidad o Sexto Sol”, recordó.

Velásquez señaló que a partir de ese texto comenzó una secuencia de obras sobre la “nueva Era” que ha crecido y genera grandes ganancias, debido a que “satisface la necesidad de mucha gente de creer, pero que no tiene ningún sustento en los métodos de la investigación humanística ni académica”.

Los mayas del periodo Clásico (250-900 d.C.) “de ninguna manera pensaron que su tiempo se iba a terminar en 2012”, afirmó.

 IMPROBABILIDAD ESTADÍSTICA
Los epigrafistas  Sven Gronemeyer y Erik Velásquez  de la Universidad de La Trobe (Australia) aseguraron que  la citada inscripción en el Monumento 6 de Tortuguero solo señala una fecha sobre la terminación de un ciclo y el comienzo de otro , período en el que retornaría una de las deidades mayas, el dios Bolon Yokte.

El astrofísico  Jesús Galindo  aclaró que aunque los mayas fueron grandes astrónomos, ni ellos “ni la ciencia actual estarían en posibilidades de plantear un ‘fin del mundo’”. El científico consideró imposible tratar de pronosticar que un cometa “extermine” a la humanidad, “pues es un evento que no se puede predecir con exactitud”.

Además, las personas  hablan “de las grandes erupciones en el Sol que suceden cada 11 años, pero por suerte tenemos un escudo magnético que evita que nos afecte”,  aseguró.

 CALENDARIO EQUIVOCADO
Por su parte, la historiadora mexicana  Laura Caso Barrera  explicó que la única predicción conocida de los mayas fue escrita en el libro Chilam Balam de Ixil en el siglo XVIII, quienes retomaron una profecía babilónica divulgada por el sabio Beroso del siglo III a.C., a partir de la cual  anunciaron el fin del mundo para el año 1887 de nuestra era.

Los expertos concluyeron que todas las versiones sobre el “fin del mundo” son rumores y leyendas que sacan de contexto la visión de las antiguas culturas. Añadieron que este fenómeno es parte de la necesidad de creer de mucha gente como consecuencia de la inestabilidad política y económica o por el cambio climático.

Fuentes: Efe

Editado por: Protestante Digital 2012

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Pastor, mártir, profeta, espía

Bonhoeffer, el pastor asesinado por conspirar contra Hitler
Sale en español el libro de Eric Metaxas sobre Dietrich Bonhoeffer que figuró en la lista de más vendidos del New York Times, y seleccionado entre los mejores libros del año.

EEUU

 Además de ser una de las figuras más fascinantes de la iglesia luterana alemana del siglo XX, Dietrich Bonhoeffer formó parte de un pequeño número de disidentes que pusieron su vida en juego en su lucha contra el Tercer Reich.

Como consecuencia, Bonhoeffer es reconocido y recordado tanto por sus obras sobre espiritualidad así como por su ejecución en 1945 en un campo de concentración debido a su participación en el complot para asesinar a Adolf Hitler.

 Las dos complejas vidas del líder religioso –teólogo y héroe- aparecen entrelazadas en la laureada biografía del autor norteamericano Eric Metaxas. La versión en español del libro,  Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía  (octubre 2012) está ya a la venta este mes de noviembre, publicado por el Grupo Nelson, la división en español de Thomas Nelson Inc.

La crónica sobre el pastor que conspiró contra Hitler es también el recuento de la extraordinaria fe de un hombre y el destino de la nación que trató de librar de las garras del nazismo.

Desde que fue publicada en inglés en 2010,  Metaxas ha sido elogiado por lo que muchos críticos han llamado una “biografía del poder fuera de lo común”. El libro figuró en la lista de los más vendidos del diario The New York Times, y fue seleccionado entre los mejores libros del año. La obra fue premiada como el mejor libro cristiano de 2010 por la Asociación de Editoriales Evangélicas. En 2011 ganó además el premio John C. Pollock por Biografía otorgado por la Escuela de Divinidad Beeson y el galardón Christopher en la categoría de no ficción.


Para contar la historia sobre cómo, armado con un excepcional coraje moral, el religioso alemán se enfrentó a uno de los males más monstruosos de la historia, Metaxas utiliza documentos previamente no disponibles , incluyendo cartas personales, detalladas entradas de diarios y testimonios de primera mano. Como resultado, el autor nos revela las dimensiones de la vida de Bonhoeffer con una impresionante profundidad.

En  Bonhoeffer, pastor, mártir, profeta, espía , el lector podrá apreciar la mejor dimensión de la desgarradora decisión que tuvo que tomar Bonhoeffer en 1939 de abandonar el refugio seguro que le proporcionaba Estados Unidos por la peligrosa Alemania de Hitler . Los fragmentos de las cartas de amor y los mensajes codificados por escrito desde y hacia la célula de Bonhoeffer 92, permiten descubrir por primera vez la historia completa de un romance apasionado y trágico que vivió el líder religioso luterano.

 Además, Metaxas arroja nueva luz sobre la reacción de Bonhoeffer a la Kristallnacht, (del alemán, Noche de los Cristales Rotos) , el feroz ataque contra los judíos en la Alemania nazi y Austria. El biógrafo también brinda detalles de su participación en el famoso complot Valkyrie y en «Operación 7,» el esfuerzo para el contrabando de judíos en la neutral Suiza.

«En Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía, Eric Metaxas narra la historia de Bonhoeffer con pasión y sofisticación teológica, desafiando con frecuencia los relatos revisionistas que lo hacen parecer un “humanista”», indicó el diario Wall Street Journal al reseñar la biografía.

Por su parte, Publisher‘s Weekly comentó: «En este importante y apasionante análisis de la vida de Dietrich Bonhoeffer, Metaxas… ofrece una revisión exhaustiva de una de las épocas más oscuras de la historia».

«Un logro extraordinario que narra la vida de Bonhoeffer con lucidez, detalle histórico y un manejo concretamente contextualizado de su, con frecuencia, malinterpretado legado teológico», dice ChristianBook.com.

 UNA VIDA DE AVENTURA
 El teólogo alemán formó parte de la resistencia al nazismo de Hitler. Se negó a ejercer como pastor en la Iglesia de Prusia, que había aceptado la disposición aria según la cual se prohibía a cualquiera que tenía sangre judía ejercer un ministerio en la Iglesia .

Se enfrentó a los “cristianos alemanes” de Hitler , que querían suprimir de la Biblia el Antiguo Testamento, desjudaizar a Jesús y transformarlo en un héroe político.

En abril de 1943 fue detenido por la Gestapo acusado de conspirar contra Hitler y encarcelado en Berlín. Enviado posteriormente al campo de concentración en Buchenwald, fue ahorcado por los nazis el 9 de abril de 1945. La burla del destino: Hitler se suicidó 21 días después. El monstruo pudo haber adelantado su trágica muerte unas tres semanas.

 EL AUTOR
 Eric Metaxas nació en Nueva York en 1963. Es graduado de la Universidad de Yale. Sus críticas de cine, ensayos y poesía, han sido publicadas en diversos medios como los diarios The New York Times, y el Washington Post. Además de Bonhoeffer, pastor, mártir, profeta, espía, Metaxas es el autor de la biografía de William Wilberforce, el también “bestseller” Maravillosa Gracia, «libro compañero oficial» del filme del mismo título.

Editado por: Protestante Digital 2012

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José de Segovia Barrón

Vázquez-Rial y la revolución perdida y desencantada
El desencanto de los viejos revolucionarios ha mirado todo lo que se hace debajo del sol, y lo ha encontrado vanidad.

 

Me entero en la costa irlandesa de que ha muerto de cáncer, a los 65 años, el escritor de origen argentino Horacio Vázquez-Rial, en Madrid. Aunque no le conocí personalmente, tuve noticias suyas cuando publiqué un comentario a su novela Revolución . Lo puso –para mi sorpresa– en su página web , íntegramente, aunque tal vez no compartiera el final del artículo –puesto que era agnóstico aunque decía que quería vivir según la norma de Pascal, “como si Dios existiera”–. Me pregunto ahora, qué pensaría al final de su vida…
El protagonista de su libro es un exiliado latinoamericano como él, que fue a Barcelona en 1974, amenazado por el grupo ultraderechista de la Triple A . Tras militar en el comunismo –en su caso, trotskista–, su personaje evoca, desengañado, sus sueños revolucionarios, estando ya lejos de los ideales de juventud. Esta narración desmitificadora recuerda los años sesenta como una época de grandes mentiras y nos hace preguntarnos, una vez más: ¿qué pasó con la revolución?
La historia que evoca este libro no es la búsqueda de un tiempo perdido. Ya que para su personaje, Pablo Estévez, la revolución de los años sesenta no fue más que una pérdida de tiempo. El distanciamiento con el que Vázquez-Rial recuerda aquella época, ya no está marcado por la nostalgia, sino por el escepticismo ante la épica personal con la que hoy contempla un pasado estereotípico, el del intelectual latinoamericano, comprometido con un activismo de izquierdas . El largo exilio europeo ha hecho cada vez más pesimista al autor del valor de su supuesta ideología revolucionaria.
LA GENERACIÓN DEL DESENCANTO Estévez cuenta al hijo de un amigo qué ideales le movieron a él y a su padre, en los años sesenta. Su pensamiento entonces, se le antoja ahora un conjunto de tópicos repetidos a pares, que le resultan tremendamente contradictorios e increíblemente falsos. Su idea dicotómica del bien y del mal no es para el personaje de Revolución más que una ficción. Pero en aquellos días lo ficticio y lo ilusorio parecía haber ocupado el lugar de lo real, que es para Vázquez-Rial quizás la condición esencial de toda utopía .
Una de las metáforas que recorre la novela asemeja la revolución a un juego de ruleta. La ingenua idea de aquel que cree tener la fórmula para descubrir el número ganador, y llevar así al casino a la bancarrota, es comparada al análisis pseudo-científico con el que el autor/protagonista preconizaba la revolución comunista. Su postura no es que fuera utópica, es que era una completa falacia . “La pretensión de burlar el cálculo de probabilidades mediante la intervención cíclica en su cumplimiento es tan absurda como la pretensión de burlar las leyes de la historia, que son las leyes del caos…”
¿Era la revolución una manifestación de la ambición personal, disfrazada de colectivismo? Napoleón decía que hay dos tipos de personas en toda revolución, los que la hacen, y los que se aprovechan de ella.
En esta novela se va dibujando el horror, al desvelar la realidad que había detrás de las actividades de un grupo de izquierdas argentino. Una devastadora tortura arruina interior y exteriormente a sus protagonistas. “Un día dejé de entender”, dice Estévez. Porque, como decía Jean Jaurés, ya no son los hombres los que hacen la revolución, sino la revolución la que maneja a los hombres .
EL MAYO FRANCÉS Cuando era estudiante, recuerdo haber asistido a un debate en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con el filósofo español Fernando Savater y uno de los cabecillas del mayo francés, el mítico Danny El Rojo, que estaba todavía dedicado a la política con los Verdes alemanes. El tema era: ¿Qué quedaba de la revolución?  El acto estaba relacionado con un libro y una serie de televisión que había hecho Cohn Bendit con entrevistas a sus antiguos compañeros en Europa y Estados Unidos. Estos revolucionarios eran ya en los años ochenta ejecutivos de multinacionales, políticos conservadores y liberales, o simplemente vendedores de hamburguesas y pantalones vaqueros, o seguidores de cualquier gurú.
Aquel día escuchaban a Bendit y Savater varios militantes comunistas, algunos de la vieja guardia, y otros más bien adolescentes militantes de la nueva izquierda. Recuerdo que había en el ambiente auténtica indignación ante estos hombres, que ahora consideraban traidores de la causa revolucionaria. Los insultos se repetían, hasta llegar a una situación tal de caos, que Bendit se levantó de la mesa, y puesto en cuclillas frente al público, exclamaba gesticulando, en un vehemente francés: “Pero ¿qué es?, ¿qué es la revolución?”. Y mientras un anciano le acusaba de su ignorancia del materialismo histórico, Danny El Rojo le contestaba santiguándose, en evidente muestra de ironía ante aquellos dogmas marxistas que un día le conmovieron…
REVOLUCIÓN ESPIRITUAL “Generación va, y generación viene”, dice el Eclesiastés . “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.” El desencanto de los viejos revolucionarios ha mirado todo lo que se hace debajo del sol, y lo ha encontrado vanidad . “Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse” (1:14-15).
La revolución no puede cambiar el mundo, pero ¿puede cambiar todo un mundo dentro de ti? La idea de la revolución, reconoce el personaje de Vázquez-Rial, no fue en su caso sino ansía de ser otro. Hay una revolución espiritual que Jesús llama nuevo nacimiento ( Juan 3), y que sólo puede producir el Espíritu de Dios . Nada más tras el reconocimiento y la humillación de aceptar esta situación, es que es posible que esta revolución triunfe. Ya que la liberación se hace realidad por medio de la batalla que sólo Jesucristo ha podido ganar ( Marcos 10:45).
Es una salvación personal, pero que tiene también dimensiones cósmicas. Porque la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios ( Romanos  8:21). El cristiano es por eso militante de un mundo nuevo. “Esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13). Pero no hay otra forma de esperar paz y justicia en este mundo, que haberla experimentado antes en nuestro corazón.

Autores:José de Segovia Barrón

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Una influencia sin igual

Seis imborrables huellas de Jesús en la historia
La influencia del maestro que vivió hace 2000 años es palpable en la sociedad de formas que no siempre tenemos en cuenta.

 ESTADOS UNIDOS

Un artículo del  Huffington Post (versión EEUU) firmado por el pastor presbiteriano John Ortberg  reflexiona sobre la “normalidad” con la que Jesús es objeto de opinión en la sociedad occidental.

No es extraño, dice Ortberg, que a los candidatos presidenciales de Estados Unidos se les pregunte repetidamente qué piensan de Jesús, que deportistas hagan mención de él en sus triunfos o derrotas, o que haya cientos de organizaciones, aún no cristianas, que utilizan su nombre de forma identificativa.

El historiador de Yale Pelikan Jeroslav escribió: “Independientemente de lo que a nadie personalmente puede pensar o creer en él,  Jesús de Nazaret ha sido la figura dominante en la historia de la cultura occidental desde hace casi 20 siglos.  Si fuera posible que con algún tipo de super-imán pudiéramos arrastrar hacia arriba cada trozo de historia que lleva al menos un rastro de su nombre, ¿qué nos quedaría?”.

 A esta reflexión se une Ortberg, expresando que “la vida de Jesús es como un cometa con una cola muy larga”, para presentar luego seis huellas imborrables que las enseñanzas de Jesús han dejado en la historia.  Estas son:

 – Niños. En el mundo antiguo, los niños no tenían valor hasta adultos, se les discriminaba por género, y hasta podían ser vendidos como esclavos. El trato de Jesús hacia los niños y sus enseñanzas llevaron a la prohibición de tales prácticas, así como a la creación de orfanatos y la práctica del apadrinamiento. Un estudioso noruego llamado Bakke escribió un estudio de este impacto, titulado “Cuando los niños se convirtieron en personas: el nacimiento de la infancia en el cristianismo primitivo”.

 – Educación. El amor al aprendizaje y al estudio de las Escrituras llevó a la fundación de los monasterios, que fueron la cuna de los gremios académicos. Las universidades, como Cambridge, Oxford y Harvard, se inspiraron en su fundación en la enseñanza de Jesús de amar a Dios con toda la mente. La primera legislación para financiar la educación pública en las colonias fue llamada “La ley para engañar a Satanás”, con la idea de que Dios no quiere que ningún niño sea ignorante. El mundo antiguo tendía a reservar la educación para la élite: la noción de que todos los niños llevaban la imagen de Dios ayudó a impulsar el movimiento para la alfabetización universal.

 – Compasión. Jesús tenía una preocupación universal para los que sufrieron que trasciende las reglas del mundo antiguo. Su compasión por los pobres y los enfermos llevó a la creación de instituciones de cuidado de los leprosos y el comienzo de los hospitales, tal y como los conocemos hoy. El Concilio de Nicea decretó que siempre que existiese una catedral tendría que haber un lugar donde cuidar a los enfermos y a los pobres. Es por eso que aún hoy en día los hospitales tienen nombres como “Buen samaritano”, “Buen Pastor”, o “San Antonio”.

 – Humildad. En el mundo antiguo, entre las virtudes destacaban el coraje y la sabiduría, pero no la humildad. Plutarco escribió un libro de autoayuda que podría romper las listas de best-sellers en nuestros días: ¿Cómo alabarte sin ofender? La vida de Jesús como siervo finalmente conduciría a la adopción de la humildad como una virtud ampliamente admirada. El historiador John Dickson escribe: “es poco probable que cualquiera de nosotros pudiera aspirar a esta virtud si no fuera por el impacto histórico de su crucifixión… Nuestra cultura sigue siendo “cruciforme” mucho después de que dejó de ser cristiana”.

 – Perdón.  En el mundo antiguo, la virtud significa recompensar a tus amigos y castigar a tus enemigos. Conan el bárbaro era el modelo, parafraseando a Gengis Khan en su famosa respuesta a la pregunta “¿Qué es lo mejor en la vida? Aplastar a tus enemigos, verlos desfilar frente a ti, y escuchar los lamentos de sus mujeres”.Pero la idea de Jesús es radicalmente distinta. Lo que es mejor en la vida es amar a tus enemigos, y verlos reconciliados contigo. Hannah Arendt, la primera mujer nombrada para una cátedra en Princeton, afirmó: “El descubridor del papel del perdón en el ámbito de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret”. Esto puede ser discutible, pero desde luego, Jesús le dio una difusión única.

 – Reforma Humanitaria.  Jesús tenía una manera de defender a los excluidos que a menudo era francamente irritante para quienes detentan el poder. Su inclusión de las mujeres condujo a una comunidad a la que las mujeres se reunieron en cantidades desproporcionadas. Los esclavos -hasta un tercio de las poblaciones antiguas– formaban parte de la comunión de la iglesia, donde su amo pasa a lavar sus pies en lugar de golpearlos. Un texto antiguo instruyó a los obispos a no interrumpir el culto para saludar a los asistentes ricos, sino para sentarse en el suelo para dar la bienvenida a los pobres. El apóstol Pablo dijo: “Ahora no hay ni Judio ni gentil, esclavo ni libre, varón y hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús”. Thomas Cahill, escribió que se trataba de la primera declaración de igualitarismo en la literatura humana.

Tal vez tan notable como cualquier otra cosa es la capacidad de Jesús para soportar las flaquezas de sus seguidores. El número de grupos que dicen ser ‘para’ Jesús son inagotables, por nombrar algunos: Judíos de Jesús, los musulmanes de Jesús, ex-masones de Jesús, atletas de Jesús, los moteros de Jesús, incluso ateos de Jesús.

Y concluye Ortberg: “Las elecciones en Estados Unidos pasarán, pero la influencia impredecible de un carpintero que nadie ha elegido perdurará y se extiende por todo el mundo”.

Fuentes: Huffington Post

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El legado de Churchill y su fe

Publicado: junio 7, 2012 en Cultura

Grupo Nelson

«Winston Churchill: su liderazgo» un libro del español Mario Escobar.

 MADRID

 Grupo Nelson presenta «Winston Churchill su liderazgo» un libro del español Mario Escobar, quien aseguró que Churchill enseñó con su liderazgo que «nunca debemos tirar la toalla, que el triunfo siempre llega para el que persevera, que la sinceridad y la honradez puede llevarnos más lejos que la mentira y la hipocresía». 

Si se analiza superficialmente la vida de Winston, el lector podría pensar que el nieto de George Spencer-Churchill, duque de Marlborough, el hijo de Lord Randolph Churchill, varias veces ministro y presidente de la Cámara de los Comunes, fue una vida fácil y llena de comodidades. Nada más lejos de la realidad.

Los padres de Churchill no eran muy religiosos y su moral dejaba mucho que desear. Ambos cónyuges habían sido infieles el uno al otro en varias ocasiones. La educación del joven Winston no fue sencilla. Después de vivir los primeros años como un niño mimado, sin muchas obligaciones, la llegada de una institutriz a la casa, y la obligación de aprender a leer y escribir en unos meses lo traumatizaron. Su niñera le había enseñado algunos rudimentos, pero tuvo que aprender rápidamente a leer, para ingresar en uno de los colegios privados en los que se criaba la élite del país.

 El autor de esta maravillosa obra, resume algunos conceptos vertidos en su libro, en breve palabras. «La primera condición para la formación del carácter de líder son las dificultades y cómo se enfrenta a ellas . En el caso de Churchill logró superar muchos de esos obstáculos como: su tartamudeo, sus traumas personales y su falta de adaptación a los modelos autoritarios. La segunda condición es tener una opinión propia de las cosas aunque esta entre en conflicto con la de la mayoría. La tercera condición es el amor al conocimiento. Churchill nunca aborreció el aprendizaje, pero sí que nadie se molestara en enseñarle las utilidades de las materias que tenía que estudiar. La cuarta de las condiciones que formaron el carácter de líder de este niño solitario fue la fidelidad a sus convicciones, sobre todo a las adquiridas a través de la señora Everest (su niñera). Por último, la quinta condición fue el tener un modelo a seguir y una vocación. El modelo era su padre que, a pesar de ser distante, constituía para Churchill un ejemplo del hombre en el que quería convertirse. La vocación fue la carrera militar».

Churchill comenzó a darse cuenta que tenía grandes lagunas de conocimiento. A pesar de haber leído un poco y haberse esmerado en mejorar su vocabulario, estaba muy lejos de ser una persona bien formada.  Su desafío comenzó con una frase que un amigo le comentó: «El Evangelio de Cristo fue la última palabra en ética».  Pero el joven oficial se preguntaba: «¿Qué es realmente la ética?…»

 Este indudable líder mundial había descubierto que la oración y la meditación eran una fuente de paz que su razón no llegaba a producir . Buscaba una fe personal, por encima de los convencionalismos de su clase y su época. Posiblemente el ejemplo de su niñera, la señora Everest, había calado más hondo en él de lo que creía.

Al final llegó al equilibrio. «Me parecía muy positivo dejar que la mente explorara al máximo las vías del pensamiento y de la lógica, pero también me lo parecía orar en busca de ayuda y auxilio y ser agradecido cuando te escuchaban. Me cuesta creer que el Creador Supremo, que nos dotó de mente y alma, se ofendiera si ambas no fueran de la mano. Después de todo Él debería haber previsto esto desde un principio y por supuesto lo entendería» aseguró.

El libro es apasionante, Escobar logra mostrar los logros y sacrificios de un líder mundial a quien le costó mucho trabajo llegar a ser de influencia a la sociedad en la que fue partícipe y actor de la historia mundial.

 LIBRO Y AUTOR
 Acerca del libro: Winston Churchill Su liderazgo. Autor: Mario Escobar. 9781602556492. Tapa dura con cubierta

 Mario Escobar Golderos , licenciado en Historia y diplomado en Estudios Avanzados en la especialidad de Historia Moderna, ha escrito numerosos artículos y libros sobre la Inquisición, la Reforma Protestante y las sectas religiosas. Trabaja como director ejecutivo de una ONG y es director de la revista Nueva historia para el debate, colaborando como columnista en distintas publicaciones. Apasionado por la historia y sus enigmas ha estudiado en profundidad la historia de la iglesia, los distintos grupos sectarios que han luchado en su seno y el descubrimiento y la colonización de América, especializándose en la vida de personajes heterodoxos españoles y americanos. Para más información, visitar www.marioescobar.es

Fuentes: Notiprensa

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Los templos más raros del mundo

Publicado: mayo 28, 2012 en Arte, Cultura

Por arquitectura o ubicación

Los templos más raros del mundo

Catedral subterránea en el interior de unas antiguas minas de sal, a 25 km. de Bogotá, Colombia.
No sólo fieles, sino que muchos turistas visitan estas iglesias entre las más raras del mundo en Islandia, Rusia, Grecia, Noruega, EEUU, Argentina, Brasil y Colombia.

MADRID

 Son edificios en ocasiones tan espectaculares que parecen hechos por ordenador e ideados para una superproducción americana. Se trata de templos raros, que no sólo atraen a fieles sino también a turistas que aprecian su originalidad.

Este es el caso de la  iglesia de Halgrimur en Reykjavík en Islandia . Esta iglesia luterana no sólo llama la atención por su original diseño, sino también porque con sus casi 75 metros de altura, se configura como el edificio más alto del país. Con estas dimensiones no es de extrañar que tardaran en construirla 38 años.

La iglesia de  Stykkishólmur, situada a 60 kilómetros del Círculo Polar Ártico , es otra de las maravillas del país. Con luces que cuelgan del techo en su interior y con una arquitectura casi alienígena, este edificio construido por el arquitecto Jon Haraldsson no sólo es atractivo en sí mismo, sino también por el entorno que lo alberga: un pequeño pueblo pesquero al norte de Islandia.

 MÁS EJEMPLOS
La silueta de la  Iglesia de Paraportiani, en Mykonos Grecia , completamente blanca, mezclándose en el profundo azul del mar y el cielo, en realidad no es una iglesia sino un conjunto de cinco capillas levantadas a lo largo de la historia de esta isla mediterránea.

Los templos más raros del mundo
Por arquitectura o ubicación. No sólo fieles, sino que muchos turistas visitan estas iglesias entre las más raras del mundo en Islandia, Rusia, Grecia, Noruega, EEUU, Argentina, Brasil y Colombia.

La  iglesia de Borgund, en Noruega,  está construida en madera y la revista Nathional Geographic la recomienda como una de las maravillas del país. Los detalles de su interior y su ubicación entre montañas, convierte en una aventura su visita.

Construida por Iván el Terrible,  la iglesia de San Basilio , imponente y colorida, es uno de las iglesias más curiosas del mundo y cuenta además con un asentamiento privilegiado: una de las plazas más grandes del mundo, la  Plaza Roja de Moscú .

Francia y Alemania poseen algunas de las iglesias más extravagantes, debido a su ubicación. La Capilla Bruder Klaus, situada en mitad del campo de Meternich al sur de Alemania, es un muro de hormigón que fue construido por los agricultores de la zona y de acceso casi imposible;  la Iglesia de Saint Michelle de Aiguilhe , se encuentra situada en la cima de una escarpada montaña.

 DEL OTRO LADO DEL MAR
Cruzando el Atlántico, en países como Brasil, Estados Unidos, Argentina o Colombia, se encuentran algunas maravillas de la arquitectura religiosa. Este es el caso de la  Iglesia Verde de Buenos Aires , cubierta de vegetación como si de un árbol se tratase, conocida popularmente como el «Huerto de los olivos».

En Brasil,  la Catedral de Brasilia contrasta con la Río de Janeiro,  que bien podría ser una pirámide de la ciudad mexicana de Teotihuacán.

Pero quizás los estadounidenses, excesivos en todo, se lleven la palma. Por ejemplo, la Capilla en el Rock, en Arizona, es literalmente eso, una capilla incrustada en una roca.  La Iglesia de San Francisco de Asís en Nuevo México , es una estructura de adobe, como si de un dolmen se tratase, situada en mitad del desierto, o la  Trandsetters Iglesia en Phoenix, Arizona , parece un platillo volante, venido directamente del espacio exterior.

Pero nada es comparable con una  catedral subterránea construida en el interior de unas antiguas minas de sal de una montaña, a 25 kilómetros de Bogotá, Colombia.

Fuentes: El Economista

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José de Segovia Barrón

R.L. Stevenson, la lucha de Jekyll y Hyde

Retrato de Robert Louis Stevenson
No duda en describirse como la persona más miserable. Demasiado agobiado por la culpa para disfrutar del mundo, pero demasiado mundano para la iglesia.

 

 Me ha llevado mi hija a ver una exposición de Robert Louis Stevenson (1850-1894) –el autor de  La isla del tesoro  o  El extraño caso del   Dr. Jekyll y Mr. Hyde – en Edimburgo, donde está acabando la carrera de filología inglesa. Ella tiene ahora la misma pasión que yo –cuando era adolescente– por este escritor, cuya obra todavía me conmueve.

“Una voluntaria convulsión de la naturaleza bruta”, son las últimas palabras que escribió en la amplia veranda de su casa en una isla del Pacifico, el día que murió de una hemorragia cerebral, cuando tenía 44 años. Enfermo de tuberculosis, observa: “durante catorce años, no he tenido un solo día de salud; me he despertado enfermo y he ido a la cama agotado”. Estaba increíblemente delgado, apenas una bolsa de huesos, pero sentía intensamente, lloraba fácilmente y amaba libremente.

 El exilio de Samoa le había traído la nostalgia de sus ancestros escoceses, que rememora en sus últimas cartas y la novela que dejó, como la historia de su vida, inacabada. El exilio es un estado de mente –como observa su biógrafo Ian Bell–, tanto como una condición del corazón o una situación física. Nos lleva a preguntarnos quiénes somos y qué hacemos aquí…

 EDUCACIÓN PRESBITERIANA
 Los padres de Stevenson –como los míos– fueron devotos presbiterianos, pero –como yo– tampoco tuvo una educación estricta. Su familia, por parte de padre, eran ingenieros constructores de faros. Mientras que por parte de madre, los Balfours, eran pastores protestantes. Ambas tradiciones no estaban contrapuestas. Aunque su padre rechazó tener responsabilidades en la iglesia, tomaba en serio su fe. Su calvinismo le daba “un morboso sentido de su propia indignidad”, recuerda el escritor.

 La tradición evangélica era tan importante entonces en Escocia como el whisky. Stevenson escuchó tantos sermones de su abuelo – Lewis Balfour (1777-1860) –, como historias de su niñera –Alison Cunningham, que llamaba cariñosamente Cummy– sobre los mártires de la fe reformada – los Covenanters–,  El progreso del peregrino  –la alegoría del pastor bautista John Bunyan– y la Biblia entera –tres veces, antes de saber leer–, mientras pasaba los días en la cama, enfermo . No es extraño que se dedicara a “jugar a la iglesia”, construyendo con sillas y mesas un púlpito, para hacer de pastor.

El  Shabbath  era guardado el domingo en Escocia, de una manera tan rígida que no se permitió el tráfico de trenes hasta 1860. El calvinismo dominaba la clase media, que tenía el control de los ayuntamientos, ordenando la vida pública como la escuela dominical.  El presbiterianismo se rompió en Escocia en 1843, cuando Thomas Chalmers –fundador de la Alianza Evangélica–, sale de la asamblea general para librar a la iglesia del patrocinio de los ricos, que podían establecer al pastor que quisieran en su parroquia. Como no era una discusión sobre los fundamentos de la fe, sino sobre la independencia de la Iglesia, sus padres se quedaron en la iglesia estatal .

 LA SOMBRA DEL PADRE
En 1867 su padre adquiere una casa de vacaciones, a los pies de los montes de Pentland. En ese lugar, en 1666, unos soldados buscaban Covenanters –presbiterianos aliados frente a la interferencia de la monarquía de los Estuardo en la Iglesia de Escocia–. Encontraron entonces un anciano, al que empezaron a maltratar cuando se negó a pagar una multa. Iban a marcarle con hierro ardiendo, cuando los habitantes de su aldea se enfrentaron a la guarnición. A causa de ello, murieron cientos de Covenanters, que inspiraron al joven Stevenson a escribir su historia –cuando tenía sólo 16 años–, en su primer libro –publicado privadamente por su padre en 1866, a los doscientos años de la matanza–.

Hijo único, hasta en su último libro inconcluso Stevenson lucha con la imagen de su padre, cuya justicia le alejaba del Padre celestial, en quien él creía.  Hasta el final de su vida, el escritor mantuvo un vago teísmo, imposible de relacionar para él con los terrores del infierno, sobre el que le advertía su niñera. Para ella, jugar a las cartas e ir al teatro era pecado –cosa que sí hacían sus padres–. En la Universidad tiene una crisis de fe y empieza a frecuentar el lado oscuro de las calles de Edimburgo . Según sus biógrafos, tiene entonces una relación romántica con una prostituta, cuyo nombre evoca el personaje de  Catriona.

Su ropa se hace cada vez más bohemia, dejándose crecer el pelo y no quitándose nunca la chaqueta de terciopelo, que aparece en la mayor parte de sus retratos. Entra entonces en un club con su primo, que se caracteriza por “rechazar todo lo que nuestros padres nos han enseñado”. Cuando su padre lo descubre, tienen una discusión que lleva a la ruptura entre ellos. “¡Qué condenada maldición soy para mis padres!” –escribe–. Mi padre me dice: Has hecho que toda mi vida sea un fracaso. Mi madre asegura: Esta es la más pesada aflicción que me ha caído. ¡Oh, Señor, qué agradable es haber condenado la felicidad de probablemente las dos personas que malditamente menos importas en esta vida!”.

 EL LADO OSCURO DE LA VIDA

 En la exposición que veo con mi hija, hay un mueble que tenía Stevenson de niño en su habitación, que perteneció a la legendaria figura del Diácono Brodie (1741-1888). Este fabricante de armarios que fue presidente de la Cámara de Comercio y canciller de la ciudad, se descubrió que llevaba una vida secreta como ladrón y jugador, siendo finalmente ejecutado en la horca. La dicotomía entre su fachada al mundo y su naturaleza oculta, inspiró la obra que da lugar a  El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde . 

Junto con otros relatos que leí en mi adolescencia, como  Markheim,  muestra la obsesión de Stevenson por la dualidad del ser humano. La exhibición sugiere también Romanos  7 como la principal fuente de inspiración del  Dr. Jekyll y Mr. Hyde .  Su protagonista “reflexiona profunda y repetidamente sobre esa dura ley de vida que constituye el meollo mismo de la religión y representa uno de los manantiales más abundantes de sufrimiento”, que llama “la doble naturaleza del hombre”.

El problema es de tal dimensión, que su personaje observa como: “a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras son igualmente sinceras”. Ya que “era el mismo yo, cuando abandonado todo freno me sumía en el deshonor y la vergüenza, que cuando me aplicaba a la vista de todos a profundizar en el conocimiento y a aliviar la tristeza y el sufrimiento”. Es “en el terreno de la moral y en mi propia persona donde aprendí a reconocer la verdadera y primitiva dualidad del hombre”. Descubre así que “las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos”.

 EN TIERRA DE NADIE
 Cuando leí este relato sentí el vértigo que sobrecogió a Stevenson al mirarse hacía dentro. El descubrimiento de esa misma dicotomía en mi adolescencia, me hizo sentir un vínculo especial con su obra. Aunque no llego, como Fernando Savater, a leer  La isla del tesoro todos los años, yo también encuentro en este libro la aventura de la vida misma. “Esta radical ambigüedad es el secreto o, si se prefiere, el tesoro de este cuento impar”, como dice Savater.

Como si hablara de su propia biografía, el pensador vasco observa como “la figura intrigante de Jim Hawkins acumula inacabables ambivalencias”, pues “circula de un bando a otro en un tráfago vertiginoso y equívoco, incapaz de aquietarse en un campo, fiel solamente a su condición de prófugo, de infiltrado”.  Todo el que se ha sentido en tierra de nadie, como Stevenson, se identifica con su personaje . Aunque el conflicto de Stevenson es de una moral diferente a la que ha vivido Savater. Tiene que ver con la fe recibida de su padre, que llegó a escribir un libro en defensa de ella, al ver el Cristianismo confirmado. 

Como el filósofo reflexiona, es la relación entre Jim y Silver, la clave de la novela. El relato se inaugura con la muerte del padre de Jim y se cierra con la desaparición de Silver, el pirata que constituye la imagen paterna del muchacho, tras su orfandad. Savater lo ve como “el padre que enseña a renunciar a los padres”. Algo que Stevenson nunca logró, ni en su exilio en el Pacifico, como demuestran sus últimas páginas, que buscan la recuperación de la infancia.

 ENTRE DOS MUNDOS
 Los cristianos que nos hemos sentido atraídos desde nuestra adolescencia por lo que en círculos evangélicos se llama el mundo, nos hemos sentido como Stevenson intentando vivir entre dos mundos. Como describe Lloyd-Jones la experiencia de Romanos  7, no sería ni el Saulo inconverso, ni el apóstol cristiano. Es, según él, un creyente en transición, que no duda en describir como la persona que se siente más miserable en el mundo. Porque está demasiado agobiado por la culpa para disfrutar del mundo, pero es demasiado mundano para la iglesia. ¡Cuántos nos hemos sentido así!

 “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”, cita el texto de la exposición. Estas palabras vienen del libro que la muestra dice que Stevenson leía, interesado incluso acerca de sus dificultades de distribución en España –tal y como cuenta el agente de la Sociedad Bíblica, George Borrow en  La Biblia en España,  que le acompaña en sus Viajes con burra  por Francia, cuyo ejemplar está expuesto aquí en el museo–.

Las dos mujeres de las que estuvo enamorado, tenían también origen protestante. Fanny Sitwell era doce años mayor que él y había estado casada con un pastor, pero ella prefiere a su amigo, el profesor de arte de la Universidad de Cambridge, Sidney Colvin, que edita luego su obra. La Fanny con la que se casa, se llamaba antes Osborne y era también once años mayor que él. Hija de un devoto presbiteriano americano – bautizado por el autor de  La cabaña del tío Tom – estaba separada, cuando la conoció Stevenson. Interesada por lo oculto, lleva al escritor a Francia y luego a California, para terminar en los mares del Sur.

 ESPERANZA QUE SALVA
 En el Pacífico, Stevenson encuentra cinco misioneros, tres anglicanos y dos metodistas. A pesar de su inicial rechazo, acaba apreciando su labor. Lee la Biblia cada día y durante un tiempo cantan un himno, orando el Padre Nuestro en un culto familiar , mientras su madre está con ellos, llegando a ser maestro de escuela dominical. Uno de los misioneros le da un entierro protestante en Samoa, donde escribe un libro de oraciones y moral cristiana. Todo parece indicar que volvió a sus raíces, después de una juventud rebelde . ¿Cómo podemos tener nosotros esa misma esperanza?

 Stevenson entendió dónde está la fuente de salvación. En su obra  El Almirante Guinea , el personaje John Gaunt –cuyo apellido significa literalmente Afligido–, que ha sido un esclavista como John Newton, dice a alguien llamado Christopher French: “la salvación viene de arriba”. Esas son las palabras de Jesús a Nicodemo en el Evangelio según Juan 3:3. En su poema  Muerte,  asegura que “Él perdona a pecadores, limpia al impuro” . Como uno de los personajes del  Príncipe Otto,  descubre que “ante la eternidad, es un pensamiento de consuelo que tenemos otros meritos que los propios”.

“La fe es creer en Dios”, escribe a su madre, pero Jesús dice que es también “creer también en mí” ( Juan  14:1). El Almirante Guinea dice: “Arrepiéntete, ora por un nuevo corazón, limpia tus pecados con lágrimas, huye del terror de la ira venidera”. A lo que Pablo y Silas añadirían: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” ( Hechos  16:31). Esa es la esperanza que salva. Puesto que, como dice el himno de Toplady,  Roca de los siglos:

 Aunque fuese siempre fiel,
 aunque llore sin cesar,
 del pecado no podré,
 justificación lograr.
 Ningún precio traigo a Ti,
 mas tu cruz es para mí.

Autores: José de Segovia Barrón

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Chagall, Jesús y la cruz

Publicado: abril 3, 2012 en Arte, Cultura, Espiritualidad

José de Segovia Barrón

Chagall, Jesús y la cruz
En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento.
 Sorprende que un judío como Marc Chagall (1887-1985), tenga tal obsesión por la cruz, que llene muchos de sus cuadros con la figura misma del crucificado. Algunos se pueden ver en la exposición que ahora le dedica el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid. El artista creció en la comunidad judía de Vitebsk –la actual Bielorrusía–, donde predominaba un jasidismo que prohíbe representar nada de lo creado. En su casa no había imagen alguna, pero pintó cien veces la cruz como símbolo universal del sufrimiento. No era fácil la vida para un judío en medio de las dos guerras mundiales y la revolución soviética. El mayor de nueve hermanos de una familia de origen levítico –su nombre es Shagal o Segal–, que vive del comercio del arenque –por eso pinta con frecuencia tantos pescados–, mientras su madre lleva una tienda de ultramarinos en casa. Cada mañana su padre va a la sinagoga, antes de trabajar, cargando pesados barriles –cuenta Chagall en  Mi vida,  su autobiografía–.

En aquella época, los judíos no tenían acceso a la educación rusa. Su formación era por lo tanto en una escuela religiosa judía, donde aprende hebreo con la Biblia. “Desde mi más temprana infancia, he sido cautivado por la Biblia” –le cuenta a su biógrafo Franz Meyer–. “Siempre me ha parecido la mayor fuente de poesía de todos los tiempos”. Tal fascinación le produce, que dice: “Yo no veía la Biblia, la soñaba”.

Logra entrar con un pasaporte falso en una academia de arte de San Petersburgo, pero en 1910 se establece en París, donde mantiene el folklore ruso y la espiritualidad jasidica. Vuelve a su pueblo, se casa y llega la revolución. Al regresar a Francia, tiene a Ambroise Vollard como marchante –que se encarga de la obra de Cézanne, Renoir, Picasso, Gauguin y Van Gogh–. Es él quien le pide que ilustre el Antiguo Testamento, viajando a Palestina en 1931.

 EL SUFRIMIENTO DEL CALVARIO 
 Chagall veía la Biblia como “historia humana”. Para él, “Cristo era un gran poeta, cuya enseñanza se ha olvidado en el mundo moderno” –dijo a la  Revista Partisana  en 1944–. Lo imagina como “un Jesús pre-cristiano”. Le dice a su hijo David después, que, para él, está en la línea de los grandes profetas judíos. En 1912 hace una obra Dedicada a Cristo,  que hoy conocemos como Calvario.  En el centro de la pintura coloca a Jesús crucificado, junto a Juan y María. José de Arimatea lleva una escalera y el cuerpo desnudo de Cristo está tapado por un chal de oración judío.

En sus representaciones del Antiguo Testamento incluye ya cruces, pero  a partir de la persecución nazi, ve en la crucifixión el sufrimiento del mundo.  Lo refleja como en un espejo. No es que esté concentrado en él, ni le sea transferido, para hacer un sacrificio, sino que forma parte de lo que considera “el destino permanente del hombre”.

 En  La crucifixión blanca  (1938), los judíos huyen de los nazis, mientras Jesús cuelga sobre ellos en la cruz. Está tapado con lo que parece un  tallith  por sus rayas negras, mientras sus píes se queman sobre un candelabro de siete brazos . Debajo una sinagoga arde, los rollos de la  Torah  se convierten en antorchas y los ancianos se lamentan. Y ¿qué hace Cristo para protegerles?

Chagall dice que “el hombre en el aire, que hay en mis pinturas, soy yo” –afirma en una entrevista de 1950–. En la vida y en el arte, el artista flota sobre la adversidad. Y parece que también sobre las distinciones humanas. En su experiencia y su obra, quiere ser nos sólo ruso para los rusos, o francés para los franceses, sino también judío para los judíos, y cristiano para los cristianos. ¿Se identifica entonces Chagall con Jesús?

 EL MESÍAS DE LOS JUDÍOS
 En  La crucifixión amarilla  (1943), Jesús lleva las filacterias de un devoto judío y sostiene el rollo de la  Torah  en su mano derecha, rodeado de un grupo de judíos que huyen en su sufrimiento. Durante la guerra empieza a pintar su famoso tríptico de  Resistencia, Resurrección y Liberación .  En el primero un judío con la  Torah  está de píe a la izquierda de la cruz, una mujer con un bebé extiende sus brazos al crucificado y Chagall cae boca abajo, junto al cuerpo de Jesús, como si él mismo fuera crucificado.

Después de la guerra, los judíos tienden a ver estas crucifixiones como un símbolo del sufrimiento judío, que no tiene carácter mesiánico alguno, hasta que el artista pinta la cruz detrás de la escalera de Jacob. En el catálogo de la exposición, Chagall le añade una cita de su amiga Raissa Maritain, convertida al catolicismo, que dice: “El Antiguo Testamento es precursor del Nuevo, y el Nuevo cumplimiento del Antiguo”.

Esto se hace aún más evidente en su representación del  Éxodo  de 1955. En este oscuro cuadro, se levanta la cruz en la esquina superior izquierda. En su famoso  Sacrificio de Isaac , Jesús está llevando la cruz, superpuesto en el fondo. El rojo que se derrama desde la cruz sobre la figura de Abraham, sugiere la idea de un sacrificio de sangre. Esa imagen de Isaac prefigurando a Cristo, aparece incluso en los tapices que hace para el Parlamento de la Knesset en Jerusalén.

 VARÓN DE DOLORES
 El registro de la Pasión no sólo ocupa gran parte de los evangelios. Está ya anunciada en el Antiguo Testamento. Jesús es presentado como el Varón de Dolores anunciado por  Isaías  53:3. Cristo conoció el sufrimiento antes, pero a partir de Getsemaní “se entristece y angustia en gran manera” ( Mateo  26:37), diciendo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (v. 38) . En contraste con la dulce calma y paz del aposento alto, Jesús está alarmado ante la horrible perspectiva de un tormento sin igual, que le sobrecoge.

La muerte de Jesús no tiene nada que ver con la forma en que Sócrates bebe la copa envenenada. Su actitud no es serena y calmada. Los héroes, además, que los judíos admiraban, como los macabeos, se enfrentan a la muerte con gesto desafiante, presentando sus miembros para ser amputados. Cristo sin embargo aparece agitado y en completa agonía ( Lucas  22:44), pidiendo al Padre si no hay forma de evitar su muerte (v. 42). ¿Por qué tantos “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” ( Hebreos  5:7)?

 La muerte de Cristo es diferente a cualquier otra, porque no sólo experimentó un dolor terrible –tres horas sofocado y desangrado–, sino que esa muerte física supuso una muerte espiritual . Lo que la Biblia llama la muerte eterna, la maldición de ser separado de Dios. Cuando clama a Él, gritando “¿por qué me has desamparado?” ( Mateo 27:46), muestra la agonía de la ruptura que se produjo en el propio corazón de Dios. Verdaderamente –como el Credo Apostólico dice–, sufrió los tormentos del infierno.

 REDENCIÓN Y SUFRIMIENTO
 Jesús entró en la oscuridad, para que nosotros no tengamos que pasar por ella. El dolor físico que todavía sentimos, no se puede comparar con la experiencia espiritual de abandono cósmico que Cristo sufrió. En la cruz padeció un dolor que excede el que nosotros podamos conocer y soportar. Es por eso que el cristianismo es la única fe sobre la faz de la tierra que proclama que Dios se hizo verdaderamente hombre, para experimentar de primera mano nuestra desesperación, soledad, rechazo, angustia y muerte .

¿Por qué Dios permite el sufrimiento? No tenemos la respuesta a esa pregunta, pero  miramos la cruz de Jesús y sabemos que por lo menos no es indiferente a nuestro dolor . Dios lleva así nuestra miseria. Es verdaderamente Emmanuel –Dios con nosotros–, incluso en la hora más oscura, pero por su resurrección sabemos que nuestro sufrimiento no es en vano. Su victoria frente a la muerte, no sólo nos trae consolación, sino el anuncio de la restauración de la vida.

 Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde ya no habrá muerte, llanto, clamor, ni dolor ( Apocalipsis  21:4) . Porque Dios mismo estará con nosotros, limpiando cada lágrima. Será la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del Hombre esté sentado en su trono de gloria ( Mateo  19:28). La Creación danzará entonces, como en los cuadros de Chagall.

Autores: José de Segovia Barrón

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José de Segovia Barrón

¿El espiritismo? Elemental, querido Watson
En 1917 Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y defensor de la lógica, tiene una “interesante experiencia espiritual” en una sesión espiritista.

 

 Al crear Sherlock Holmes hace ciento veinticinco años, Arthur Conan Doyle hizo el detective más famoso del mundo. La figura del sabueso con gorro de cazador y larga pipa, se resiste al paso del tiempo, como demuestran las recientes versiones cinematográficas y la sorprendente nueva serie de la BBC. Mientras Garci rueda una aventura del investigador en Madrid, se publica en castellano la primera secuela oficial de las historias de Holmes,  La Casa de la seda  – encargada por los herederos de Doyle al reputado escritor de novelas juveniles, Anthony Horowitz – . La pregunta que uno se hace, es: ¿cómo el creador de un personaje de lógica tan inexorable pudo acabar creyendo en el espiritismo y las hadas?

Nacido en una familia católica de origen irlandés, Doyle (1859-1930) se cría en Edimburgo. Su padre era un alcohólico que trabajaba de funcionario en la oficina escocesa de obras públicas, a la vez que hacía ilustraciones de libros –entre ellos el famoso  Progreso del Peregrino  del predicador bautista John Bunyan o  La vida y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe del presbiteriano Daniel Defoe–, para mantener a sus nueve hijos. Cuando aumentan los problemas del padre con el alcohol, Doyle es mandado interno a un colegio. El último año lo hace en una escuela jesuita de Austria, donde renuncia a su fe católica.

 Doyle estudió medicina en Edimburgo con el famoso doctor Bell, autor de un manual de operaciones quirúrgicas, pero también inspirador de Holmes . Dice que “sabía más del paciente con unas cuantas miradas rápidas, que con cualquier pregunta”. Tras servir como médico en un ballenero, navega a África, donde conoce la brutalidad del tráfico de esclavos en el Congo, que luego denunciaría. Al regresar a Inglaterra, tiene su primer contacto con la teosofía, poco antes de casarse con una viuda, que era paciente suya. Tras el nacimiento de su primera hija, Doyle se traslada con su familia a Londres, para trabajar de oculista, pero enseguida se dedica profesionalmente a la literatura.

 ¿ELEMENTAL, QUERIDO WATSON?
Holmes nace en una historia publicada en 1887,  Estudio en escarlata.  Ilustrada por su padre –que había sido trasladado de un centro de recuperación de alcohólicos a una residencia psiquiátrica–, que le muestra con una barba que enseguida desaparecerá. El 221 B de Baker Street era un lugar de moda al sur de Regent´s Park. Allí comienzan y acaban la mayor parte de los relatos de Holmes, con el doctor Watson leyendo el periódico y Holmes fumando en pipa, o sacando notas discordantes de su violín, si no está mirando por la ventana. Y por supuesto, la señora Hudson traerá enseguida una bandeja de comida o té, que Watson apreciará con placer y Holmes considerará una mera necesidad.


Sus clientes suelen llegar por una carta anónima o una visita inesperada –para la consternación de la señora Hudson–, si no es Watson quien llama la atención del detective con un suceso misterioso, que aparece en el periódico. Una de las frases favoritas de Holmes es: “Este caso tiene ciertamente algunos puntos de interés”. Aunque la primera vez que se encuentran con el cliente –da igual lo ilustre que sea–, Sherlock suele rechazar el caso. Las personas que ayuda están siempre en una situación de desventaja, o acusados de un crimen falsamente. A continuación emprende una investigación con una metodología estrictamente clínica.

 Aunque Doyle nunca utilizó la expresión “elemental, querido Watson” –lo hizo su hijo Adrian, en un relato llamado  La aventura del castillo de Arnsworth –, la técnica es siempre la misma: Holmes presenta a Watson con una serie de hechos, que llevan al doctor a una conclusión apresurada, para que a continuación, Holmes le muestre su error con una lógica aplastante . Reúne toda la evidencia y propone una teoría científica, basada en sus hallazgos, para ponerla a continuación a prueba y determinar si es cierta, o no. El secreto es no ocultar información al lector: Doyle nos presenta los mismos datos con los que cuenta Sherlock. Es como si nos dijera: ¿puedes tú resolver este misterio?, ¿eres tan listo como Holmes? Y la respuesta es evidentemente que no.

 EL PROBLEMA FINAL
 En la historia de  El problema final  (1893) aparece el poder del mal con el profesor Moriarty : ”Un hombre de buena familia y excelente educación, dotado naturalmente de una capacidad fenomenal para la matemática”. Es la lógica puesto al servicio del terror. “Es el Napoleón del crimen, Watson. Es el organizador de la mitad de lo malo y casi todo lo que no se detecta en esta gran ciudad. Es un genio, un filósofo, un pensador abstracto. Tiene un cerebro de primer orden.”

 En el pequeño pueblo suizo de Meiringen –donde Holmes tiene ahora una estatua–, camino de las cataratas de Reichenbach, los agentes de Moriarty tienden a Watson una trampa, para separarlo de Sherlock. Cuando se da cuenta, corre a la cascada, donde no encuentra más que su bastón de alpinista y una carta de él. Su desaparición intriga tanto a Doyle como la muerte de dos de sus hijos, al cumplir 3 años, y su hermana Annette con 33, pero su peor sueño se hace realidad cuando su esposa Louise empieza a toser sangre, mientras está con él en Suiza de vacaciones, visitando esas mismas cataratas. No hay duda de su diagnóstico: tuberculosis pulmonar.

 La muerte de su mujer –una devota protestante– en 1906, cuando tenía 49 años, cambia toda su vida . Doyle había rechazado el catolicismo, pero con él toda la fe cristiana –“al leer y estudiar sus fundamentos, descubrí que eran tan débiles, que mi mente no se podía basar en ellos”–. El escritor se propone no aceptar nunca nada que no le sea demostrado: “Los males de la religión, vienen todos de aceptar cosas que no pueden ser probadas”.

 ¿ES LA MUERTE EL FIN?
Cuando tenía sólo 21 años, recuerda haber asistido en 1881 a una conferencia en Birmingham sobre si la muerte era el fin de todo. Le produjo un fuerte escepticismo. Seis años después asiste a una sesión espiritista, que le lleva a enviar una carta a la revista de la Alianza Espiritista de Londres,  Luz  –que él mismo acabaría financiando–. Se empieza a interesar cada vez más por ello, aunque reconoce que “es un terreno traicionero y difícil, donde acecha el fraude y es posible el autoengaño”. Sin embargo “la recompensa posterior supone una gran paz espiritual, ausencia de temor a la muerte, y una duradera consolación en la muerte de los que amamos”.

En 1917 tiene una “interesante experiencia espiritual” en una sesión. Cree ver a su madre y su sobrino, “tan claramente como les vi en vida”. Piensa entonces que hay un “cuerpo espiritual”, buscando superar la barrera, aparentemente imposible de cruzar, entre la vida y la muerte. No podía aceptar simplemente la separación final de sus seres queridos. En los años veinte dedica todas sus energías al espiritismo, viajando a Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Francia y Sudáfrica, para promoverlo. Escribe libros sobre ello –el último que publicó, es una colección de ensayos sobre el tema– y abre una librería especializada en Londres. ¿Qué queda de la lógica racionalista de Holmes?

El año 1922 asiste con su segunda esposa, Jean, a una sesión en Nueva York con el matrimonio Thompson, donde Doyle dice ver y sentir a su madre. Tres días después, el médium es arrestado por la policía, al ser acusado de fraude: el espíritu era la señora Thompson.

Lejos de desanimar al escritor, el mismo año investiga unas fotos tomadas por una adolescente cinco años antes, que le demuestran ¡que las hadas existen! En 1971 la chica, ya anciana, reconoce en un programa de la BBC que era un fraude. La niña que aparece en la imagen con 10 años, confiesa en una entrevista en 1982, que las fotos estaban manipuladas con dibujos o recortes superpuestos. El mismo año 22, el matrimonio coincide con el escapista Houdini, que se dedica a desprestigiar a médiums. Los Doyle no sólo creen que se “desmaterializa”, sino que en una sesión en el hotel, su esposa pretende recibir un mensaje de la madre de Houdini. Cuando el ilusionista intenta desilusionarle, cree que está siendo simplemente modesto…

 FE Y RAZÓN
 Dice Chesterton que “cuando el hombre deja de creer en Dios, no es que no crea ya en nada, es que cree en cualquier cosa”. Cuando uno se acerca al mundo del ocultismo, una de las cosas que más te llama la atención es esa extraña mezcla de sinceridad y engaño . Es así como lo extraño se convierte en sinónimo de sobrenatural, y lo ridículo en espiritual, pero lo opuesto a la razón no es la fe, sino el absurdo. Es por eso una tragedia que se haya cambiado el milagro por la superchería, la religión por la secta, y la realidad trascendente por el más burdo fraude.

 Parece como si la misma confianza religiosa que la modernidad puso en la ciencia y la tecnología, despreciando la religión, se deposita ahora con igual fervor en supersticiones y patrañas . ¿Qué seguridad podemos tener de estas cosas? Holmes no anda desencaminado: “Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se adapten a las teorías, en lugar de adaptar las teorías a los hechos” ( Escándalo en Bohemia,  1891).

 TESTIMONIO SEGURO
 La Biblia invita a consultar su Palabra como una dirección segura, cuyo conocimiento no se puede comparar con nuestra experiencia de ningún fenómeno , “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y el testimonio!”, dice Isaías 8:19-20. Toda otra vía no produce más que error y engaño. Doyle hizo las preguntas correctas. No hay nada más importante que saber que la muerte no es el fin, pero buscó la respuesta en el lugar equivocado. Cuando, como Holmes nos advierte, no debemos teorizar hasta tener datos seguros.

 No podemos por eso aceptar fenómenos como manifestaciones de espíritus de difuntos, porque la Biblia enseña claramente que el espíritu humano no vaga después de la muerte, sino que tiene un destino inmediato . Por la fe, tenemos seguridad de poder estar con el Señor (2  Corintios  5:8). La muerte, para el creyente es “partir y estar con Cristo” ( Filipenses  1:23). Los que rechazan a Dios, sin embargo, vivirán separados de Él, sufriendo el tormento de la ausencia de Aquel que es fuente de toda alegría, luz y vida.

 Cuando el hombre rico de la parábola de Jesús ( Lucas  16:19-31), le pide a Abraham que vuelva Lázaro de los muertos a advertir a sus hermanos, para que no vayan al lugar de tormento donde ahora se encuentra, la respuesta no puede ser más significativa. “Las Escrituras tienen, que atiendan a su testimonio” (v. 29). Si no les hacemos caso, tampoco nos convenceremos aunque alguien se levante de los muertos (v. 31). Sólo hay Uno que ha venido de la muerte, Cristo Jesús, pero a Él también le conocemos por la Escritura. Sobre ella descansa una fe segura.

Autores: José de Segovia Barrón

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Una exposición descubre la obra del fotógrafo estadounidense Lewis Hine, pionero del documentalismo social

‘Medianoche en el puente de Brooklyn’, 1906. ©Colección George Eastman House, 2012. / LEWIS HINE

Fue uno de los pioneros en entender que el arte es un instrumento perfecto para cambiar la realidad. El trabajo infantil, la emigración y las terribles condiciones de vida de los obreros en Estados Unidos a comienzos del siglo XX fueron permanente motivo de inspiración de Lewis Hine (Wisconsin, 1874-Nueva York, 1940), fotógrafo estadounidense y pionero del documentalismo social. La fundación Mapfre dedica al artista una retrospectiva con 170 imágenes que a partir de mañana se puede visitar en su sede madrileña.

Maestro y sociólogo de profesión, la fotografía no fue su vocación inicial. Él quería cambiar el mundo y buscaba pruebas sobre las que armar sus argumentos. Con un grupo de estudiantes se adentró en las condiciones de vida de los niños durante el cambio de siglo. El escenario era la isla de Ellis, el centro de recepción de inmigrantes en Manhattan.

Allí retrató la llegada de embarcaciones cargadas de exhaustas familias europeas que huían del hambre de sus países de origen, hombres y mujeres de mirada aturdida, grupos de italianos sentados sobre sus petates a la espera de destino, mujeres dormitando y niños, muchos niños, con marcas de mugre en la cara y tristeza infinita en la mirada. Esas primeras imágenes le convencieron de la fuerza que la fotografía para influir en la opinión pública. Ya nunca soltaría la cámara.

Capturó la llegada y quiso seguirles hacia los lugares en los que hacinaban, en los que comían y en los que trabajaban. Aspiró a denunciar el rechazo de la población americana que les recriminaba el no conocer su idioma, sus costumbres, sus familias numerosas con mujeres siempre preñadas y cargadas de hijos…Es un patrón de comportamiento que, como recuerda la comisaria, Alison Nordström, repetimos los países ricos ante la llegada de inmigrantes del tercer mundo.

Los niños trabajadores en Estados Unidos, entre 1903 y 1913, fue su segunda serie importante, aunque el tema no lo abandonaría nunca. Retrató numerosos niños y niñas con expresión de adultos que trabajaban 14 horas en las fábricas, como repartidores, lustrando zapatos o colocando bolos para que otros jugaran. Lejos de ir a la escuela, les contrataban para los trabajos más penosos por menos dinero que a los adultos y, al igual que los mayores, los pequeños sufrían accidentes por los que terminaban con las piernas o los brazos amputados y condenados a la mendicidad de por vida. Con estas fotos Lewis Hine luchó y logró grandes avances para mejorar las viviendas de los extranjeros y erradicar los talleres de explotación infantil.

A finales de la primera Guerra Mundial, Hine viajo a Europa y, empotrado en la Cruz Roja Americana, pudo seguir a los niños, las grandes víctimas también en las guerras.

La construcción del Empire State en Nueva York (1930-1931) le dio las oportunidad de denunciar las condiciones de peligrosidad en las que trabajaban los obreros de la construcción. Hay hombres que parecen volar entre las grúas, otros que se refugian de los cascotes que caen o aguantan el viento paleta en mano.

Lewis Hine empezaba a vivir de la fotografía cuando murió de una complicación posoperatoria en un hospital neoyorkino. Había recibido encargos de Life o Fortune pero no le pagaron suficiente para evitar el desahucio de su casa. Murió solo y pobre, sin saber que se convertiría en el maestro de la fotografía documental.

Familia italiana buscando equipaje perdido, isla de Ellis, 1905. Colección George Eastman House, 2012

‘Hilandera en una fábrica de Nueva Inglaterra’, 1913. Colección George Eastman House, 2012.

‘Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas’, ca. 1909. Colección George Eastman House, 2012.

‘Esperando a que abra el dispensario. Distrito de Hull House, Chicago’, 1910. Colección George Eastman House, 2012.

 

 

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