![]() |
Si en su anterior película, El caimán (2006), Moretti se pregunta por qué alguien tan corrupto como Berlusconi puede guiar el destino de Italia, el cineasta ahora nos responde que es por la incapacidad de las personas para asumir su responsabilidad. Sus conclusiones son tan descorazonadoras como termina abruptamente cada una de sus películas. En medio de esta general incertidumbre, pone la mirada en una institución que, para él, representa las mayores certezas en un mundo cambiante. Su descubrimiento no puede ser más sorprendente: ni el Vaticano sabe ya qué hacer.
La mirada perdida del actor Michel Piccoli –como el recién elegido Papa– lo dice todo, tras sufrir un ataque de pánico justo antes de aparecer en el balcón de San Pedro para saludar a los fieles. No por casualidad, el personaje se llama Melville –como el autor de Moby Dick –, en referencia al personaje del cuento Barterbly, el escribiente , que dice siempre: “Preferiría no hacerlo”. Como el protagonista del relato, Melville rehúye toda responsabilidad. Es la ausencia de compromiso del “hombre sin atributos” que evita toda forma de posición respecto a la realidad que le rodea.
EL TEATRO VATICANO
Melville se resiste –como Barterbly– a asumir cualquier gesto responsable. Como no se ve en el papel de nuevo pontífice, cae en una depresión, que hace que el Vaticano requiera los servicios de un psicoanalista –el propio Moretti–. Para esta especie de Woody Allen europeo, el psicoanálisis pretende llevar a cabo el mismo proceso de curación del interior humano que la religión. Sólo que lo que solía designar como alma, Freud lo convierte en inconsciente.Es significativo que la primera vez que se le pida a Melville que se presente, se describe como un actor . Ya que desempeña un rol que no le pertenece, ni lo desea. Se le ha otorgado por una elección supuestamente divina, aunque le viene por unas votaciones –muy poco secretas, por cierto–, invitándole a representar un papel que él no ha elegido. Como el anterior Papa Juan Pablo II, Melville tiene la frustración de haber querido ser actor en su juventud, pero incorpora la religión a la sociedad del espectáculo.
El teatro gobierna una Iglesia llena de actores, grandes decorados, majestuosos disfraces y cuidados gestos de puesta en escena . Melville se encuentra con una compañía teatral, cuyo actor principal recita en pleno delirio el texto de la obra de Chejov, La Gaviota. Pero si el escritor ruso es capaz de convertir la vida en ficción,la iglesia se muestra incapaz de comprender la realidad. El Papa le dice a la segunda psicoanalista –interpretada por Margherita Buy– que su trabajo consiste en “hacer el actor”. Lo que siempre le “ha gustado mucho”, pero “ahora está cansado”.
UN MUNDO APARTE
Quien espere encontrarse aquí con un ataque al Vaticano, sus escándalos económicos, tolerancia de la pedofilia, o peculiar política demográfica, se verá muy decepcionado. Porque no es eso lo que le interesa a Moretti. Tampoco es una película sobre la fe o la creencia religiosa –el autor tiene una educación católica, pero se declara como no creyente–. Evita toda parodia y caricatura, para lograr una empatía y comprensión por un mundo que contempla con una mezcla de respeto e ironía.Como algunos saben, yo he sido recientemente huésped del Vaticano en una consulta de la comisión de teología de la Alianza Evangélica Mundial con el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Son reuniones informativas, que ahora tenemos cada año en diferentes países del mundo, un pequeño grupo de doce personas –seis por cada lado, y uno de cada continente–, que me ha llevado a conocer bien a algunos monseñores y tratar con algún cardenal. Me ha sorprendido así descubrir un mundo que desconocía, y por el que no tengo particular simpatía, pero que sinceramente me esfuerzo en entender desde la humanidad que nos une –la fe es otra cosa–.
No creo que el Vaticano sea la amable residencia de la tercera edad que Moretti nos presenta, pero dentro de este avispero de intereses terrenales, hay también ancianos débiles y entrañables –como los que la película nos presenta–, ¡quién sabe si también repletos de dudas! Lo que contrasta con la rigidez del psicoanalista, que se declara “el mejor”, y dirige los juegos con autoridad, cuando no es capaz de resolver la situación. A pesar de ello este es un mundo alejado del presente, que resulta anacrónico porque se rige por una serie de rituales que convierten todo acto en un ejercicio teatral, cuando en este mundo “todo cambia” –como canta Mercedes Sosa en un momento clave de la película–.
INCERTIDUMBRE E IMPOTENCIA Cuando buscaba en Roma algunas películas italianas para llevarme a casa –que no estuvieran todavía en España en DVD–, encontré La misa ha terminado de Moretti. En esta obra de 1985, el director interpreta a un joven sacerdote que se instala en una parroquia de la periferia romana. Su deseo es ayudar a solucionar los problemas de la sociedad. Al cabo de unos meses se da cuenta que es incapaz de resolver nada, porque su doctrina le impide comprender la realidad.
En esa época Moretti utiliza ya la Iglesia católica como metáfora. El sacerdote nos habla de la escisión entre la teoría y la práctica . Como en Palombella rossa (1989) –una película que sí estuvo publicada en VHS en España–, la crisis tiene que ver con el fracaso de la utopía frente a una sociedad que no puede ser domesticada. En esa ocasión era el waterpolo –el deporte favorito de Moretti–, el que le sirve para mostrar la pugna entre los diferentes sectores de la izquierda. Aquí opta por el voleibol, un juego que enfrenta a varios equipos que muestran lo poco universal de una iglesia católica, que tiene en Roma su centro –una contradicción en términos–.¿De qué habla entonces Habemus Papam ? Está claro que del poder y la representación, la responsabilidad y la humildad. No hay duda que las grandes instituciones viven desconectadas del ciudadano de a píe . Basta pensar en las manifestaciones de indignados que piden más humanidad a sus dirigentes. Lo sorprendente sin embargo de esta historia, es el vacío en un lugar que todos deberían querer ocupar. Frente a la exigencia de superación constante, el culto al yo, la búsqueda de perfección, y el hambre de poder, Melville opta por el tiempo muerto, el triunfo del fracaso y la confesión de la impotencia.
LA VERDADERA FE Lejos de oponerse a la verdadera fe, esta es una película que ataca la falsa fe, que está en el fondo de tanta religión, psicología y moralismo: la fe en uno mismo . Si la iglesia tradicional pretende basar su fe en una tradición escrita en piedra, Moretti nos desvela que detrás no hay más que humo, aire y dudas. Es el sentido del recorrido que hace el Papa por la ciudad, cuando se escapa del Vaticano. Este personaje, que apenas habla, tiene dudas acerca de sí mismo y el mundo que le rodea.
“Hablar de nuestros propios límites –dice Moretti– es un acto de fortaleza”. En ese sentido su actitud no está lejos de la del apóstol Pablo que retrata la Segunda Carta a los Corintios. En ella vemos a un hombre consciente de su debilidad, pero que confiesa: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” ( 12:10 ). Porque en Cristo, mi debilidad es su fuerza. Su victoria está en la cruz.
Nuestro egocentrismo es tan profundo y brutalmente idólatra, que la cruz siempre será escándalo y locura para el mundo. Sin embargo, Cristo crucificado es poder y sabiduría de Dios ( 1 Co. 1:24 ). Las personas que aceptan este mensaje no son más sabias, dotadas, o seguras que otras. Ya que Dios ha elegido a personas insignificantes, ceros a la izquierda, para “deshacer lo que es” ( v. 28 ). ¿Por qué se complace en nuestra debilidad? “A fin de que nadie se jacte en su presencia” ( v. 29 ). Es así como rebaja y aplasta toda pretensión humana.
Es el triunfo de su Gracia. Por eso el Papa de Moretti está más cerca de Dios que muchos de sus predecesores. La cuestión es si confiamos en Cristo, en vez de en nosotros mismos.





Peter Brook lleva El señor de las moscas al cine –en una versión que ha publicado ahora la Fnac de 1963– como un documental . La evidencia se la proporcionan en este caso un grupo de niños sin formación dramática, a los que pide que actúen sin inhibición alguna, soltándolos en una isla, al lado de Puerto Rico. Brook creía que no tardarían un fin de semana en comportarse como los niños del colegio de Salisbury, donde enseñaba Golding cuando escribió la obra: o sea, como auténticos salvajes.
A pesar de su reputación de pesimista, Golding cree que “el bien vencerá finalmente al mal” –como dice en un libro de entrevistas de 1962–. La cuestión es: ¿cómo será esto posible? Uno de los primeros libros que leí de él también es Ritos de paso. Lo compré cuando Alianza lo publicó –como El señor de las moscas – en 1980. Es una novela de mar, que inicia una trilogía –que ahora ha llevado a la televisión la BBC–, que muestra la vida en una nave al final de las guerras napoleónicas.
Hay otro camino que lleva a una relación con el Dios personal y trascendente. Esa meditación se basa en las Escrituras
El Within You Without You de Harrison nos desafía a no ignorar las realidades espirituales, frente a la realidad material, citando incluso las palabras de Jesús . Paul y George eran hijos de católicos casados con agnósticos de origen protestante. Se criaron en casas donde la religión no tenía ninguna importancia. Sus padres eran trabajadores del norte de Inglaterra, que veían la Iglesia como un instrumento de poder de los ricos.
George conoce al guru Maharishi en 1967 , dos meses después de que los Beatles hicieran su disco Sergeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band. En su canción Dentro de Ti, Fuera de Ti, Harrisonanunciaba que habían descubierto un amor, con el que “podríamos salvar el mundo”. Entonces cantaba: “Todos somos uno y la vida fluye dentro de ti y fuera de ti”. Aunque lo que había descubierto desde hacía dos años era el LSD. Un amigo dentista le había dado una dosis con el café después de cenar. George dice que “no había probado nada parecido antes”. Cree que “abrió algo dentro” de él y “se dio cuenta de muchas cosas”.
El fundador de Hare Krishna se había mudado a San Francisco en los años sesenta. Harrison le regalaría luego una mansión en Inglaterra y les apoya económicamente. En 1969 graba el Mantra Hare Krishna con Ravi Shankar, que llegó a ser un éxito popular, antes de Mi dulce Señor . Cuando los Beatles hacen Sergeant Pepper, Georgehabía pasado ya seis semanas en Bombay con este músico indio, aprendiendo a tocar el sitar. “Habiendo tenido éxito y conocido a toda la gente que merece la pena conocer”, Harrison concluye que en Occidente “todos vibran en un ámbito material, que no te lleva a ningún sitio”, pero en la India siente que hay “algo que es sólo espiritual”.
Rachel es una mujer virtuosa, pero nada mojigata, aunque venga de Kansas. Llega a esta pequeña aldea, cargada de biblias, justo cuando el médico residente muere de un ataque al corazón. Esta rubia misionera llega a la oscura África para salvar vidas y almas de la enfermedad y la ignorancia, mientras que los nativos creen que los blancos traen la maldición del dios de las montañas . En el choque que se produce entre ambos mundos, vemos también el contraste de una civilización occidental, caracterizada por los avances de la ciencia y la medicina – que trae esta mujer sola, como resultado de la igualdad de oportunidades – , con la horrible guerra que tienen estas naciones “civilizadas”, como telón de fondo al fracaso moral de la protagonista.
Amenazada por Muwango y Kulanumu, la misionera se enfrenta a la enfermedad de un niño dado por muerto, porque su padre había provocado al dios de la montaña. Aunque no tiene experiencia quirúrgica, logra extirpar el apéndice, ganando su confianza. Al atribuirle el milagro, su consulta se llena de pacientes. El problema es que otro niño muere, vaciando de nuevo el hospital. Cae entonces milagrosamente del cielo un avión, que se estrella a las afueras del pueblo. Sobrevive el piloto, un apuesto Roger Moore, que resulta ser un médico americano luchando en la RAF contra Hitler.
Cuando se recupera de sus heridas, el médico tiene que volver a Europa, dejando a Rachel embarazada. Ella no quiere decírselo, pero el coronel, que sigue enamorado de ella, hace como que están casados, e informa luego al padre del nacimiento de su hijo. Al volver quiere llevársela a Boston, pretendiendo que ella está viuda, para ocultar el hijo ilegítimo. Ella, sin embargo, decide quedarse, y seguir ayudando a los nativos.
Basada en la novela de Emili Teixidor, esta historia de fantasmas narra cómo un niño descubre su conciencia moral entre las mentiras de los adultos, hasta dar con el monstruo que toda criatura lleva dentro.
– a no ser que sea por extranjeros, como el trotskista británico Ken Loach en Tierra y libertad – , que busca una solidaridad emocional, que suele caer en la tentación martirológica.
– McGuffin en el lenguaje cinematográfico, según una conocida expresión de Hitchcock –. Ya que el duelo de rencores y envidias es anterior a esta historia, que se desarrolla en los años cuarenta. Tiene que ver con el estallido de odio que supuso la guerra civil.
El filósofo danés Soren Kierkegaard –que tanto influyó en Unamuno–, define por eso el pecado – en su librito La enfermedad que lleva a la muerte (1849) –, como “la desesperación de no querer ser uno mismo ante Dios”. Todos basamos nuestra identidad, el sentido de que somos distintos y tenemos un valor, en algo o alguien. Esto toma a veces forma de ideología –como en la religión, o la política, que vemos en la película–, pero muchas veces es simplemente nuestro interés personal. Lo que David considera una ofensa contra Dios (
Si los primeros capítulos de Eclesiastés se pudieran encarnar en alguien, sería como el personaje Gil de Midnight in Paris, insatisfecho con lo que la vida le ha ofrecido hasta ahora.
La historia del cine está llena de viajes en el tiempo y relatos de nostalgia por un pasado perdido. A veces la idea es corregir los “errores” de la Historia, para que “subsanando” el pasado, desemboquemos irremisiblemente en un presente, que por ende nos lleve a un futuro mejor. En otras ocasiones el viaje nos hace descubrir que el pasado no era, como pensábamos, mejor que el presente. Esta es la experiencia del protagonista de la última película de Woody Allen, Gil, cuando se fuga a un tiempo y un lugar pretendidamente más feliz.
¿Es real ese mundo soñado, al otro lado del opaco espejo de nuestra existencia?, ¿o nos enfrentamos ante una ilusión? La nostalgia está en la raíz de muchos de los problemas contemporáneos. Si algunos sueñan con la independencia de siglos pasados, otros suspiran por la libertad de los sesenta, mientras hay quien añora todavía los valores familiares de los cincuenta. La película de Woody Allen nos muestra la futilidad de todo ello. Nunca ha habido una Edad de Oro, sólo una vida llena de insatisfacciones, como tenemos ahora. Todos suspiramos por un tiempo mejor. Da igual el tiempo y el lugar donde vivamos.
Una película rara vez te cuenta toda la historia. Puede ser que la decisión de Gil de quedarse en Paris, simplemente pospone algo más su infelicidad última, y pronto buscará satisfacción en otro lugar. Eso sería tan real como la vida misma, pero no es necesariamente una buena historia.