El mensaje de los profetas (4)
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Eran tentados a dejar su ministerio. Elías es un claro ejemplo (Véase 1º de Reyes 19).
Otro ejemplo es Jeremías, llamado el profeta llorón.
Dolido por el acoso de sus enemigos, Jeremías desea perderse en el desierto, es decir, vivir apartado de todo ministerio público:
¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejasea mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores” (Jeremías 9:1-2).
En su desesperación reprocha a Dios que le sedujo para el ministerio profético y sólo cosechó amargura:
“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.
Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día” (Jeremías 20:7-8).
Decide olvidarse de Dios y renunciar para siempre a su misión: “Dije: No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).
Pero la palabra de Dios entra en acción y el profeta siente un fuego abrasador e irresistible en su interior, que le hace cambiar de opinión: “No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude” (Jeremías 20:9).
Es entonces cuando experimenta la presencia todopoderosa de Dios: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante” (Jeremías 20:11).
Pocos predicadores se libran de estas crisis de dudas y de angustia. Hay que saber superarlas como las superó el profeta.
Los profetas clamaban contra la falsedad religiosa. Denunciaban la perversión religiosa a la que había sido llevado el pueblo hebreo.
En uno de los oráculos más duros, Miqueas condena a los jefes religiosos que ejercen su ministerio por lucro pretendiendo que Dios los apoye.
“Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.(Miqueas 3:11).
Estamos rodeados por todas partes de religiones falsas y de falsos ministros religiosos.
Pero nos hemos acobardado ante ellos. Nos falta la valentía que tuvieron los profetas. No queremos enemistarnos y pasamos por todo, pasamos de todo.


