Archivos para junio, 2013





Carlos López, obispo anglicano

 El responsable de la Comunión Anglicana en España, a favor de las mujeres obispo

Carlos López: «Jesús habló del divorcio en el Evangelio»

«En Inglaterra el papel de la Reina en relación con la Iglesia es meramente simbólico»

Antonio Aradillas

(Antonio Aradillas).- La Comunión Anglicanaes una familia de Iglesias y Provincias en más de 160 países que cuenta con más de 70 millones de miembros activos, y más de 105 millones de bautizados en el mundo. En el siglo XIX, se fundaron iglesias nacionales, como la Iglesia Española Reformada Episcopal, cuyo responsable es el obispo Carlos López.

¿Hay diferencias dogmáticas entre esta Iglesia y la Católica? ¿Cuáles?

Sí, hay una única diferencia de la cual proceden todas las demás: Para las iglesias de la Comunión Anglicana la fuente principal de autoridad está en las Sagradas Escrituras; la Iglesia mantiene que no se puede obligar a nadie a creer un dogma que no se pueda probar por ellas. Por el contrario la Iglesia Católica Romana, admite otras fuentes de autoridad que en ocasiones difieren de la Biblia; como consecuencia de esto, esta Iglesia ha proclamado unosnuevos dogmas que son difíciles de probar por las Sagradas Escrituras, y que los Anglicanos llamamos los dogmas modernos, como por ejemplo el dogma de la Infalibilidad Papal, el dogma de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma o la Inmaculada Concepción; un católico romano está obligado a creer estos dogmas para salvarse.

¿Para cuándo el ecumenismo? ¿Dificultades principales?

Supongo, que esta pregunta hace referencia a la unidad de la Iglesia.

La Comunión Anglicana es una denominación cristiana con una fuerte vocación ecuménica, comprometida con la unidad de la Iglesia. Creemos que la unidad debe estar basada en cuatro puntos que llamamos el cuadrilátero de Lambeth, estos son:

Las Sagradas Escrituras: compuestas por el Antiguo y Nuevo Testamento. Contienen todo lo necesario para la salvación, y son la regla y autoridad máxima en los asuntos de la fe.

Los credos: el Credo de los Apóstoles, como símbolo bautismal, y el Credo Niceno. Declaran de una forma completa y suficiente el fundamento de la fe cristiana.

Los sacramentos: dos son los Sacramentos ordenados por Cristo, y de los que Él mismo participó: El Bautismo y la Santa Comunión, que debe ser administrada siguiendo las palabras con las que Él la instituyó, y usando los mismos elementos por Él ordenados.

El episcopado histórico: adaptado a las necesidades propias de cada nación, y de las personas que el Señor ha llamado a la Unidad de la Iglesia.

Las dificultades principales para la unidad de la Iglesia, desde el punto de vista anglicano en relación con la Iglesia Católica son la proclamación de nuevos dogmas y de normativas que restringen la libertad del cristiano. En relación con las Iglesias Evangélicas, que muchas de ellas han perdido elementos esenciales de la catolicidad de la Iglesia, como el Episcopado Histórico y la recta administración de los Sacramentos ordenados por Cristo.

¿Son diferentes los sacramentos? ¿Cuáles?

En la Comunión Anglicana siguiendo las enseñanzas de Cristo y la práctica de la iglesia primitiva, los Sacramentos son el Bautismo y la Eucaristía, como medios indispensables, externos y sensibles (instituidos por Cristo), como medios de la Gracia de Dios, que es interna y espiritual.

Existen otros ritos sacramentales, que comunican la Gracia de Dios, que son: Confirmación, Matrimonio, Ordenación, Unción de los enfermos y Reconciliación, que, instituidos por la Iglesia con la autoridad de Cristo, se añaden a los dos primeros.

¿Tienen los sacerdotes y obispos iguales «poderes» religiosos en el Anglicanismo que en el Catolicismo?

En el Anglicanismo el poder de administrar los bienes terrenales está siempre en lasjuntas parroquiales, compuestas por laicos elegidos democráticamente en las parroquias y que son los que administran a nivel parroquial, presididos por un Presbítero. A nivel diocesano y nacional son las Comisiones Permanentes, compuestas por clérigos y laicos en igual número y presididas por el Obispo, las encargadas de administrarlos. Respecto a los poderes espirituales, los ministros, mediante la ordenación, reciben el reconocimiento de la Iglesia del don que Dios les ha dado de presidir y liderar la comunidad cristiana; en definitiva el poder de servir.

¿Cómo se financia su Iglesia? ¿Cuenta con alguna ayuda estatal?

Nuestra Iglesia se financia principalmente con las aportaciones de los fieles, no recibe ninguna ayuda del Estado. Aun en Inglaterra, donde la Iglesia es la Iglesia del Estado, tampoco se recibe ninguna ayuda para financiar el culto o los proyectos y edificios de la Iglesia; son los propios fieles también allí los que mantienen su Iglesia.

¿Existen los confesionarios en sus templos? ¿Cómo se perdonan los pecados?

No tenemos confesionario en nuestros templos. La reconciliación de los fieles se produce primeramente durante el culto público, cuando los fieles son invitados a hacer un examen de conciencia durante unos instantes antes de recitar juntos la confesión general; después el Presbítero pronuncia la absolución seguida de otra absolución que pronuncian los fieles para recordar al ministro que también es objeto de la gracia de Dios.

«Del número que se salvan o condenan». ¿Cuál es su doctrina en este sentido?

Según el testimonio de las Sagradas Escrituras, Cristo ha muerto por la salvación de todos los seres humanos. La salvación en un regalo de Dios que no se puede adquirir a ningún precio, simplemente se recibe como un regalo de Dios. Es necesario aceptar personal y voluntariamente el regalo de la Salvación y responder con una vida renovada a ese inmenso Don.

¿Cómo se adoctrinan sus fieles respecto al infierno? ¿Es su doctrina similar a la de la Iglesia católica?

Nuestra doctrina emana de la Sagradas Escrituras. Los fieles no están obligados a creer ninguna doctrina que no se pueda probar y demostrar con ellas.

El Evangelio es claro respecto al destino final de los seres humanos: Aquellos que aceptan la Gracia de Dios irán al encuentro de Dios y tendrán la vida eterna. Los que rechacen la Gracia de Dios, no.

¿Hay divorcios matrimoniales en la Iglesia anglicana? ¿Cómo son tratados religiosamente?

Jesucristo habló del divorcio en el Evangelio: dijo que se trataba de un mal que se producía por la dureza del corazón del hombre. Todo divorcio implica un cierto grado de fracaso, pero aquellos que fracasan en algún aspecto de su vida, deben ser tratados con amor y misericordia. Por lo tanto, los fieles divorciados pueden acercarse a la Santa Comunión.

¿Cuál es la doctrina de la Iglesia en relación con el número de hijos?

Los hijos son un Don de Dios, pero la Iglesia no debe inmiscuirse en esos aspectos privados de la vida de los fieles.

¿Cuál es su opinión respecto a la disciplina de la Iglesia católica acerca del celibato sacerdotal?

Por norma no nos pronunciamos sobre la disciplina eclesiástica de otras iglesias. En la Comunión Anglicana el celibato no es obligatorio, es opcional y la mayoría de los clérigos están casados.

En la Iglesia anglicana las mujeres pueden ser, y son, sacerdotes… ¿Qué le aporta especialmente la mujer a la Iglesia?

El testimonio de la Sagrada Escritura nos enseña que para Dios no hay hombres o mujeres; hay solamente seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Los hombres y las mujeres dedicados al ministerio aportan sus dones recibidos de Dios, cada uno según sus capacidades. Hay presbíteros hombres y mujeres excelentes, y presbíteros, hombres y mujeres, no tan buenos. Juntos contribuimos a que la plenitud de la humanidad esté presente al servicio del Señor en la Iglesia.

¿Para cuándo las mujeres obispos, y cuáles son las dificultades mayores que se encuentran?

La mayoría de las iglesias que componen la Comunión Anglicana han autorizado elacceso de la mujer al episcopado. La Iglesia de Inglaterra todavía no. Posiblemente, en los próximos dos años el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra volverá a tratar el tema; por muy pocos votos no se consiguió la mayoría necesaria de dos tercios en la Cámara de Laicos. En nuestra Iglesia (IERE) el acceso de la mujer a todos los ministerios, incluido el episcopal, se aprobó en el Sínodo de 1991.

Una impresión acerca del número de obispos, sacerdotes y laicos que se «pasan» al catolicismo, y viceversa.

El camino entre Roma y Canterbury tiene dos direcciones. Es normal que haya personas que vayan de una iglesia a la otra. El número de católico romanos que se une a la Iglesia Anglicana es muy superior debido a varias razones: Hay más católicos romanos en el mundo, el trato que la Iglesia Romana da a los divorciados, la implicación de la Iglesia Anglicana en proyectos sociales y de defensa de los derechos humanos, son algunas de ellas. Por el contrario, los anglicanos que se hacen católico romanos suelen provenir del sector más anglo católico y conservador dentro del anglicanismo, básicamente aquellos que, desde el siglo XIX miran a la Iglesia Católico Romana confundiéndola con la iglesia primitiva, cuando es un evolución de ésta, cuya base doctrinal se definió en el Concilio de Trento en el Siglo XVI.

¿Cuál es, y se considera, como el más grave pecado en la moral anglicana?

No podemos hablar de una moral estrictamente anglicana. La moral cristiana está basada en las enseñanzas de Jesús, recibidas a través de las Sagradas Escrituras. Jesús reinterpretó la antigua ley mosaica y nos enseñó que los pecados son aquellas acciones que violan el resumen de los mandamientos: Amarás al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Para Dios todas las faltas, o pecados son iguales, pues nos separan de Él.

Los laicos y su misión en la Iglesia.

En la Comunión Anglicana los laicos son los principales ministros de la Iglesia. Su papel es esencial en todos los órganos de gobierno, en la liturgia y en la proclamación de la Buena Noticia. No se concibe a los clérigos sin los laicos, ni a los laicos sin los clérigos. En la liturgia, por ejemplo, los laicos pueden ejercer todas las funciones excepto la presidencia de la Eucaristía.

¿Tiene futuro su Iglesia, teniendo en cuenta, por ejemplo, el número de jóvenes que en la actualidad están comprometidos con ella, y algunos con vocación sacerdotal?

El futuro de la Iglesia está siempre en las manos de Dios. Parece increíble que un pequeño grupo de personas, los apóstoles y discípulos de Jesús, perseguidos por el Imperio Romano dieran lugar al Cristianismo extendido por todo el orbe.

Afortunadamente tenemos un buen número de peticiones para ingresar en el ministerio ordenado y muchas de nuestras parroquias cuentan con un grupo de jóvenes organizado. Tenemos un Departamento de Juventud presidido por el Vicario General de nuestra Iglesia.

¿Padece su Iglesia alguna influencia política, al menos por aquello del puesto y la misión que en ella tiene la Reina?

Entre los miembros de nuestra Iglesia los hay de todos los colores políticos. En Inglaterrael papel de la Reina en relación con la Iglesia es meramente simbólico. La Iglesia se gobierna por el Sínodo General compuesto por clérigos y laicos elegidos democráticamente. En cualquier caso, en España la Iglesia Española Reformada Episcopal es totalmente independiente de Inglaterra y se rige por sus propios órganos de gobierno.

.¿Se le tiene verdadera devoción a la democracia, por ejemplo, en caso de los nombramientos de obispos y otros ministerios o cargos?

La democracia es esencial en la organización de todas las iglesias de la Comunión Anglicana. La elección de obispos se produce en el seno del Sínodo General, compuesto por clérigos y laicos elegidos democráticamente en sus parroquias. El nombramiento de párrocos o rectores se produce democráticamente con la participación de la parroquia. La organización de la Iglesia es totalmente democrática.

¿Se cultiva de verdad la alegría en su Iglesia?

Sí, la alegría debe ser esencial en toda iglesia cristiana. El Evangelio es «Buena Noticia» de esperanza de reconciliación con Dios y esto produce alegría inevitablemente: La alegría de la salvación.

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Arropó a fotoperiodistas míticos como Robert Capa

A sus 96 años, representa la memoria gráfica del siglo XX

 París
John G. Morris, antiguo editor gráfico, en París. / DANIEL MORDZINSKI

Ayudó a poner en marcha Magnum, editó las fotos de Robert Capa y Cartier-Bresson, fue el director gráfico de Life durante la guerra y la posguerra mundial y después eligió durante años las fotos que publicaban The Washington Post y su gran rival, The New York Times.Desde 1986 vive en París, en un bonito apartamento de Le Marais, un piso bajo atiborrado de libros de fotoperiodismo, colecciones de revistas y ejemplares de The Herald Tribune. John G. Morris (Chicago, 1916) tiene 96 años, y mantiene una gran mata de pelo blanca sobre una cabeza rápida y lúcida, entregada a su pasión, las fotos, y a su gran amor, una estadounidense de 85 años a la que llama “mi dama” y con la que no deja de viajar por el mundo. Morris presenta hoy en Madrid la edición española de sus asombrosas memorias, tituladas ¡Consigue la foto! (La Fábrica), con una conferencia ilustrada sobre el mejor fotoperiodismo de la historia.

Morris tiene un retrato de Capa —traje gris, pelo negro— sobre el ordenador Mac donde guarda gran parte de la memoria gráfica del siglo XX, y cuenta que su amigo era un húngaro simpático y anárquico. “Tenía algo de gitano, y de hecho yo siempre le llamaba The Gipsy. La última foto que suelo enseñar en mis conferencias es una que hizo en una boda gitana en Eslovaquia, cuando volvía de Rusia”, recuerda. “Era un gran periodista avergonzado de su reputación. Se dijo que le gustaba la guerra pero eso es una bobada, lo que pasa es que tenía pasión por contar la Historia. Y precisamente fue a morir en Vietnam, en una guerra que no le gustaba nada”.

Como editor de Life, Morris había llegado a Londres en el otoño de 1943, y compartió con Capa y otros cinco fotógrafos el desembarco en Normandía. “Teníamos el estudio en el Soho, y la oficina de prensa nos informó del desembarco la noche anterior al Día D \[6 de junio de 1944\]. Capa era el más conocido, y fue el primero en irse, llegó a Omaha Beach con los primeros barcos”. En mitad de la carnicería, tumbado en la orilla, el fotógrafo logró tirar cuatro rollos de 35 milímetros, y tras atravesar de vuelta un mar enrojecido se los dio a un mensajero que volvía a Londres con una nota para Morris: “John, toda la acción está en los rollos de 35”.

Una fotografía tomada por Morris en Normandía en verano de 1944.

Las películas llegaron y entonces ocurrió el desastre. “Algo salió mal en el proceso de revelado, los negativos se sobrecalentaron, y el chico vino corriendo desde el cuarto oscuro gritando ‘¡se han borrado todas!’. Luego comprobé que había once imágenes, bastante borrosas, que podían servir”. Morris decidió que, pese a estar borrosas, o precisamente por ello, debían ser publicadas, las sometió a la censura y las envió por avión a Escocia y desde allí a Nueva York.

Life era, no nos engañemos, una parte esencial de la maquinaria de propaganda aliada”, dice. Pero cuando la revista imprimió las fotos unos días después, se convirtieron en un hito del periodismo. “Había otras muy buenas que hizo Bob Landry en Utah Beach, pero aquellas nunca llegaron porque se le cayeron al mar al mensajero”, ríe Morris.

Un mes más tarde, el editor cogió su cámara y el 18 de julio atravesó el Canal de la Mancha para vivir de primera mano las últimas batallas. Aunque nunca se ha considerado fotógrafo y se define secamente como “un periodista”, Morris pasó 27 días en el frente y allí tomó sus únicas fotos profesionales, 12 rollos que al volver metió en el cajón y que ahora, 70 años después, se ha animado por fin a enseñar en público.

Otra de las imágenes sacadas por Morris en Normandía.

Morris las va sacando de una caja plana y alargada con un punto de nostalgia pero sin darse importancia. “Esta es la mejor”, dice, mostrando el retrato de dos prisioneros alemanes con las manos en alto. “Esta la saqué en Rennes”, añade ante una imagen de una mujer francesa despeinada y detenida. “Se había acostado con los alemanes y la llevaban a comisaría. La seguí hasta dentro, pero por desgracia no había luz”.

De aquellos días, Morris recuerda que él y Capa se pasaban el día juntos (“adoraba trabajar con él, lo sabía todo de la guerra”) y que se libraron “de milagro” de morir bajo los disparos de un contingente alemán en Saint-Malo. Pero también se acuerda de las cenas con Hemingway, Marlene Dietrich y Lee Miller, la modelo deVogue que acabó siendo fotógrafa y corresponsal de guerra.

Otra de sus fotos muestra la austera tumba normanda donde descansa Bede Irvin, un fotógrafo de AP. “Una mañana me pidió que pasara el día con él, pero en el último minuto mi compañero de habitación, Frank Scherschel, me convenció de que le acompañara”. Irvin murió ese día a causa de un bombardeo aliado: fuego amigo. Con la sensación de haber vuelto a nacer, Morris pasó las décadas siguientes al frente de la sección gráfica de los mejores diarios y revistas, y se convirtió en director de la cooperativa Magnum Photos, donde se juntaron Capa, Henri Cartier-Bresson, David Seymour y George Rodger, entre otros fenómenos.

Lleno de sabiduría y entusiasmo, aunque una pizca tambaleante por un problema de vértigo, Morris acaba de protagonizar un documental titulado igual que su libro, ¡Consigue la foto!, y será la gran atracción del próximo Festival de Fotoperiodismo de Perpiñán. Historia viva del periodismo clásico, su reflexión sobre la modernidad digital es ambivalente: “Ha supuesto cambios enormes, y tiene cosas buenas y malas. Lo peor es que las grandes corporaciones han tomado el control de los medios y que los editores ya no apoyan a los fotógrafos. Ahora todo el mundo es fotógrafo, se trabaja más rápido y no se les da a las fotos la importancia que tienen, salvo quizá The New York Times, que en mi época [de 1967 a 1976] era más tímido y ahora publica fotos mejores”.

¿Y lo bueno? “Ahora vemos cosas que antes no veíamos, torturas, negociaciones secretas… Antes creíamos que cuanto mejor informada estuviera la gente, más próspero y pacífico sería el mundo. Pero los poderosos siguen montando guerras, y sigue haciendo falta contarlas. Yo no he sido reportero, pero les he alimentado, les he entretenido y he vendido sus fotos. El objetivo era el mismo: ¡conseguir la foto! Sea buena o mala, la foto sigue siendo la última palabra”.

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Si es cierto que menos es más, la primera victoria real de la protesta callejera brasileña ha empezado por lo más pequeño: la suspensión de los 20 céntimos de aumento de los transportes en São Paulo y en Río de Janeiro.

Un menos que tiene un enorme valor simbólico, porque había sido la mecha que hizo prender el fuego. Tanto, que trajo de cabeza estos días a las autoridades de Brasil, temerosas de ceder a una protesta sin líderes que podría ponerlos de rodillas ante los gritos de la calle.

Primero aseguraron que no era posible volver atrás. Después, que el Congreso debía aprobar una ley para exonerar de no sé qué impuestos. Al final, la rendición.

Ganaron los 20 céntimos. La protesta forjará ahora un camino para que todas las demás ciudades sigan el ejemplo, aunque es solo el primer paso. Una pancarta decía ayer: “País desarrollado no es aquel donde los pobres tienen coche, sino donde los ricos usan los transportes públicos”.

Ahora exigirán la calidad de los medios de transportes, la seguridad de los que los usan, la puntualidad de sus horarios y el respeto a la dignidad de los ciudadanos que los emplean, ya que a veces parecen transportar ganado y no personas.

Varios expertos en movimientos de masas están afirmando que las reivindicaciones de un movimiento de protesta sin nombre, ambulante, con un rosario de exigencias en sus manos, va a seguir y está llamado a crecer.

Llegarán otras peticiones, que irán desde lo que los pobres sin seguro privado sufren en los hospitales o la precariedad de las escuelas públicas al cáncer de la impunidad que solo lleva a la cárcel y con rapidez a los ciudadanos de a pie y deja libres a los que les sobra nombre y poder para burlar la ley.

Será importante ahora observar la reacción de esas masas a su primera victoria, así como la de los dirigentes políticos ante lo que algunos considerarán una debilidad.

Ni el movimiento podrá querer acortar etapas ni embriagarse con su primera pequeña gran victoria, ni los administradores públicos pueden ahora sentarse tranquilos a beber una cerveza convencidos de que con ese regalo han saciado el hambre del monstruo.

Paradójicamente, esa victoria podría tanto fortalecer el movimiento como debilitarlo. Es un banco de pruebas para los responsables políticos, que deberán saber demostrar cuándo pueden y deben escuchar esas reivindicaciones y cuándo no.

De ese difícil equilibrio del que camina por encima de un hilo tenso dependerá que lo que aún no tiene nombre como fenómeno de protesta, y que es típicamente brasileño, sea capaz o no de ofrecer algo nuevo e inédito: si será una nueva primavera o si todo acabará en agua de borrajas en las que acaben ahogándose los pobres (y a la vez ricos) 20 céntimos de la discordia.

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Dilma se ha encontrado con el expresidente Lula, en São Paulo después del estallido de protestas en la calle. Cualquier periodista hubiese dado lo que fuera por asistir a lo que los dos se habrán dicho en este momento en que el país está en llamas. Ambos han sido los protagonistas de una década de Gobierno en la que Brasil se impuso como un país con voluntad de cambio real, sobre todo en el ámbito social, aunque también económico.

El mundo creyó en el despertar del gigante americano, cada día con más fuerza dentro del continente y más integrado en la geopolítica mundial.

Se llegó a decir, quizás con excesivo énfasis, que la historia de Brasil se dividía entre antes y después de Lula y Dilma, el extornero sindicalista y la exguerrillera llegada a la presidencia de la mano del primer mandatario obrero de este país.

El presidente Obama llegó a afirmar que Lula era el político “más popular del mundo” y hoy se dice que Dilma es la “segunda mujer más poderosa del planeta”.

La magia de los números llevó al mundo cifras envidiables de progreso: 30 millones de pobres que se sentaban al banquete de la clase media; un país sin desempleo; un crecimiento económico soñado en Europa; una fuerza de confianza mundial que hizo que se le otorgasen a Brasil, juntos, el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.

Lula y Dilma eran como esos padres que se sienten orgullosos de ver a sus hijos salir de la penuria; ponerse la corbata para ingresar en la universidad; poder llevar un móvil en el bolsillo junto con las llaves de una moto y hasta de un coche.

Los hijos crecieron, llegaron a saber más cosas de la vida y de la política que sus padres, manejaban mejor que ellos todos los endiablados laberintos de la moderna tecnología de la información.

Y empezaron a hacer preguntas a sus padres. Y se permitieron hacérselas hasta escabrosas. Y lo que era peor, hasta a disentir de ellos. Llegaron hasta el extremo de reprocharles lo que aún no les habían dado o a echarles en cara que lo que habían recibido estaba averiado, que el juguete funcionaba mal.

Y lo peor fueron las preguntas impertinentes, como casi todas las que los hijos que crecen hacen a los padres. Lula había llegado a elogiar el sistema de salud de Brasil con una frase que hoy hubiese preferido olvidar. Dijo que había llegado «asi a la perfección», y añadió que en Brasil hasta daban ganas de enfermarse para poder disfrutar de un hospital.

Los hijos fueron un día a uno de esos hospitales y vieron que era mejor estar sanos.

Dilma y Lula se sintieron orgullosos ante el mundo cuando conquistaron para el país el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos. Y volcaron en sus preparación miles de millones de dólares. Y explicaron lo que esos acontecimientos traerían a Brasil de belleza, alegría y de masas de turistas.

Y los hijos que se subían, pagando caro, a un autobús público en las grandes urbes -a empujones, algunos intentando entrar por las ventanas, con peligro además de ser ellos asaltados y ellas violadas- en vez de alegrarse con los estadios de primer mundo, ingratos, empezaron a decir: “Podemos prescindir de la Copa, pero no de transportes, escuelas y hospitales dignos”.

Todas estas cosas y muchas más que aparecían en las manifestaciones y protestas callejeras, algunas amenazadoras, como “no nos representáis”, debieron ser examinadas por Dilma y Lula, mientras el dolar subía y la Bolsa bajaba.

Ha habido hijos tan desagradecidos que han llegado a pedir a través de Internet la salida de Dilma de la presidencia. Más de 140.000 habían firmado para ello hasta esta mañana. Es como si el hijo, que ha crecido y se ha rebelado, pidiera que los padres salieran de casa. Injusto.

No sé si sabremos lo que Dilma y Lula habrán decidido hacer y decir al hijo que se les ha rebelado y prefiere vivir en la pospolítica. Al hijo que para protestar y actuar en la sociedad ya no necesita afiliarse al partido o al sindicato del padre, o ser llevado de la mano por él a manifestarse en las calles contra el patrón.

Lo sabe ya hacer solo y con mayor libertad. “No necesitamos ser de un partido para indignarnos y protestar”, se leía esta mañana en Facebook.

En São Paulo, un sondeo reveló que el 80% de los 65.000 que salieron a la calle no era de ningún partido.

Dilma ya ha dicho hoy: “Mi gobierno está atento a esas voces por el cambio y está comprometido con la justicia social”. Y añadió: “esas voces necesitan ser oídas”.

También los padres, cuando conversan sobre los hijos que se rebelan y protestan, suelen decirse entre ellos: “Tenemos que escucharles”.

Sin duda Dilma y Lula habrán salido del encuentro con esa voluntad de escuchar, de dialogar con los hijos rebeldes. El miedo de muchos es que quizás esos hijos no quieran ya hablar con ellos. Puede que prefieran que les dejen a ellos hablar por su cuenta.

Es un momento difícil y al mismo tiempo apasionante el que está viviendo Brasil. En los aspectos positivos que pueda entrañar la protesta, que ya abraza casi al país entero, podría servir a los países hermanos del continente.

Solo las aguas paradas acaban pudriéndose. Solo las familias en las que parece que reina una calma chicha suelen surgir las mayores tragedias.

Mejor gritar, dicen los psicólogos, que tragarse la rabia.

De gritos y rabias, están llenas las biografías de Lula y Dilma.

Nadie mejor que ellos para guiar a esos hijos rebeldes hacia un crecimiento político que tenga en cuenta que hoy el mundo es otro del que ellos vivieron; que la política no puede hacerse como ellos la hicieron aunque fuese con sudor y sangre, y que los hijos quieren ser protagonistas de lo que nace más que sepultureros de lo que ya ha muerto.

Y en cuanto a la pretensión peligrosa de algunos de echar a los padres de casa por la fuerza, por mucho que cambie hoy la política, en democracia, existe un solo modo legítimo de hacerlo, que es el voto libre.

El año que viene los brasileños irán a las urnas.

En el secreto de conciencia del voto podrán resolver sus conflictos. Y que sean también ellos leales con la ética política.

Ayer alguien hizo esta pregunta escabrosa, esta vez a los manifestantes: “¿Por qué los que gritan contra los políticos corruptos acaban después votándoles en las urnas?”.

Sería una buena pancarta para enarbolarla en las próximas marchas callejeras.

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Diálogo ecuménico

Federación Luterana Mundial y Vaticano acercan posturas ante el 500 aniversario de la Reforma

El cardenal Koch presenta el documento ‘Del conflicto a la comunión’ en Ginebra. / LWF, S. Gallay
Católicos y luteranos presentaron el informe conjunto ‘Del Conflicto a la Comunión’ enfatizando el camino de diálogo y reconocimiento mutuo recorrido los últimos 50 años.

18 DE JUNIO DE 2013, GINEBRA

En 2017 se cumplirán 500 años desde que Martín Lutero clavara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg, dando inicio a la reforma protestante. Sin embargo al acercarse la fecha de la conmemoración, la Federación Luterana Mundial y el Vaticano parecen estar más cerca que nunca, tras limar muchas diferencias en una senda sostenida de diálogo ecuménico.

De hecho el Vaticano y la Federación luterana han presentado un documento común en Ginebra, en la sede de la FLM, titulado ‘Del conflicto a la comunión’, enfatizando cómo el diálogo establecido en los últimos 50 años ha ayudado a la unidad entre ambas confesiones.

Kurt Koch, jefe del departamento del Vaticano para promover la unidad de los cristianos, anunció que ambas iglesias trabajan en el diálogo y propuso la preparación de una futura declaración conjunta sobre la Iglesia, la Eucaristía y el ministerio.

LA LUCHA «HA TERMINADO»
En el informe, católicos y luteranos admiten su “culpabilidad” de dañar la unidad cristiana en el pasado y elogian el camino recorrido últimamente para limar asperezas.

“La conciencia que está naciendo entre los luteranos y los católicos es que la lucha del siglo XVI ha terminado”, dice el informe. “Las razones para condenar mutuamente la fe de los otros han quedado en el camino”.

Porque “a pesar de las diferencias”, dicen, “la creencia en Jesús nos une (…) y nos inspira a que cooperemos más estrechamente para proclamar el Evangelio en las sociedades cada vez más plurales”.

Martin Junge, secretario general de la FLM, dijo que este documento es “un paso muy importante en un proceso de curación que todos necesitamos y por el que todos estamos orando”.

“La división de la iglesia es algo que no podemos celebrar, pero podemos ver lo que es positivo y tratar de encontrar caminos hacia el futuro juntos”, dijo por su parte el cardenal Kurt Koch.

ACERCAMIENTOS DOCTRINALES
La Federación Luterana Mundial aglutina a unos 75 millones de luteranos. Católicos y luteranos comenzaron a buscar un terreno común teológico después del Concilio Vaticano II. Se dio un gran paso adelante en 1999 al  acordar una visión común sobre la justificación,  la doctrina que fue el centro de la controversia del siglo 16. La cuestión era si los cristianos alcanzan la salvación eterna por la fe o también haciendo buenas obras.

Ambas partes admitieron en este informe que a menudo habían ridiculizado las enseñanzas del otro en el pasado, lo que consideran que es “pecar contra el octavo mandamiento” que prohíbe dar falso testimonio.

Por la parte luterana también se confiesa “vergüenza y pesar” por “las declaraciones crueles y degradantes que Martín Lutero hizo contra los judíos” y rechazó otros “lados oscuros de Lutero”, incluyendo su apoyo a la persecución de los anabautistas.

CONTROVERSIAS «OBSOLETAS»
Según el informe, el auge del cristianismo en países en desarrollo ha implicado un impacto en la lectura teológica de ambas iglesias, con una congregación nueva que ya no se identifica “con los problemas de la Europa de hace quinientos años”.

Se dice también en que el auge de los movimientos pentecostales y carismáticos en el último siglo “han presentado nuevos énfasis que han hecho muchas de las viejas controversias confesionales parezcan obsoletas”.

De acuerdo al informe las disputas iniciadas con las 95 tesis tenían que ver con la venta de indulgencias y no tenían la intención de fundar una nueva iglesia. Ambas partes admiten que se manejó de forma inadecuada la crisis que se generó entonces, llevando a la ruptura final.

Otras disputas, como las relativas a la única autoridad de la Biblia, se han reducido en los últimos años, según el informe, hasta el punto de que las dos iglesias “comparten la unidad en la diversidad reconciliada”. En otras cuestiones, como la autoridad papal o la naturaleza de la ordenación de sacerdotes, sigue habiendo diferencias importantes.

La FLM ha anunciado que desea establecer diálogo próximamente con otras iglesias cristianas – anglicanos, menonitas, reformados, ortodoxos y pentecostales – acerca de cómo ellos también pueden participar en la conmemoración de 2017.

Fuentes: Charisma News

Editado por: Protestante Digital 2013

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Juan Stam

OXYGEN Volume 10

El punto de partida para la teología evangélica

 

De Tales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia (c.624-546 a.C.), considerado por muchos como fundador de la filosofía occidental, Platón cuenta que una noche estaba observando las estrellas y quedó tan absorto que se cayo en un pozo. Esta anécdota, bastante graciosa y probablemente apócrifa, encierra una gran verdad: en los inicios del pensamiento occidental había unna nota de asombro, de maravilla, hasta una cierta actitud de reverencia humilde ante la creación y ante la verdad.

 

Creo que lo mismo puede decirse para la reflexión teológica. La buena teología nace del asombro, del sentido de maravilla ante Dios, su palabra y su verdad. Nace de la adoración, y en adoración. La teología yahvista, del gran «Yo soy», nació cuando un pastor de ovejas quedó estupefacto, con gran asombro, ante una zarza que ardía sin consumirse. El profeta Isaías cuenta su propia experiencia asombrosa, el año que murió el rey Uzías, cuando «vio a Dios excelso y sublime, sentado en un trono» y su gloria llenaba el Templo. Saulo de Tarso, por su parte, vio al Cristo Resucitado rodeado por una gran luz cegadora y deslumbrante. Esa visión lo sacó de su caballo y lo tiró al suelo. Hoy también la teología debe comenzar con un encuentro con el Señor.

 

En el pensamiento occidental, vino un cambio radical con la filosofía de René Descartes (1596 –1650), pionero de la modernidad. Descartes enseñó a la filosofía moderna a comenzar con la duda y proceder con «la duda metódica». De ahí su famosa fórmula, como fundamento firme de su pensar, «cogito, ergo sum» («Pienso, por lo tanto soy»). Aun si dudo que existo, ahí estoy dudando y por lo tanto existiendo. Descartes priorizó una especie de racionalismo crítico y escéptico, cuyo punto de partida era la duda para llegar desde ella al conocimiento. Esa revolución cartesiana nos afecta a todos, tanto positiva como negativamente.

 

La sana teología nace de la revelación divina y es, en primer término, reflexión sobre ella. «A Dios nadie lo ha visto nunca», concluye el prólogo del cuarto evangelio; «el Hijo unigénito… nos lo ha dado a conocer» (Jn 1:18).  «Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiere revelarlo» (Mt 11:27; cf. 1Co 2:10; Ef 3:5). Según Karl Barth, siguiendo a Calvino, sólo Dios conoce a Dios y sólo por su auto-revelación podemos conocerlo. Por eso, dice Barth, cuando Dios se descubre (se revela) siempre se encubre a la vez (se vela), porque no se agotó en su revelación.

 

Pero Dios se ha revelado y puede ser conocido. Toda teología sana comienza con el «auditus fidei», el escuchar en fe a la palabra de Dios en Cristo y en las escrituras. Dios se revela en Cristo, atestiguado normativamente por las escrituras. La creación (Sal 19), la conciencia (Rom 2:14-15) y la experiencia también pueden revelar a Dios (cf. el cuadrilátero wesleyano).

 

La sana teología parte de la fe y se mueve en ella «de fe en fe». Esto se expresa en la famosa frase, Credo ut intelligam («Creo para poder entender»). San Agustin (354-430), en uno de sus sermones, dialoga con los oyentes: «Tú decías: ‘entienda yo y creeré’. Yo, en cambio, decía: ‘cree para entender’. ((crede, ut intelligas) …’Entienda yo, dices, y creeré’. Cree, digo yo, para entender’. Responde el profeta: ‘Si no creyereis, no entenderéis’. (San Agustín, Sermón XLIII; que repite la idea seis veces; cf. Tract. Ev. Jo., 29.6). Para Agustín el conocimiento no era meramente racional y académíca sino integral; el verdadero conocimiento de Dios involucraba para él las pasiones y la voluntad además del intelecto. El verdadero teólogo, como el verdadero filósofo, es un enamorado de Dios (verus philosophus amator dei est). La fe no depende de evidencias y pruebas externas a ella misma, sino de la firme convicción del corazón.[1]

 

Esta orientación teológica era muy enfática en San Anselmo (1033-1109). En el primer capítulo de Proslogio se expresa muy elocuentemente:

 

No intento, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ninguna manera puedo comparar con ella mi inteligencia; pero deseo comprender tu verdad, aunque sea imperfectamente, esa verdad que mi corazón cree y ama. Porque no busco comprender para creer, sino que creo para llegar a comprender. [Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam] Creo, en efecto, porque, si no creyera, no llegaría a comprender.

 

Con este punto de partida, el quehacer teológico se entenderá como fides quaerens intellectum («la fe en busca del entendimiento», que fue el título original del Proslogio de Anselmo). La teología es «la inteligencia de la fe» que no parte de la fe, no del mero raciocinio, como si Dios no se hubiera revelado. Este mismo enfoque fue adoptado por los reformadores protestantes en el siglo XVI y por Karl Barth en el XX.[2] José Míguez Bonino, en su libro La fe en busca de eficacia, asume el mismo enfoque pero lleva el intellectus un paso más adelante hacia la praxis, en que el conocimiento no es un fin en sí. La tesis de Míguez podría formularse como «la fe en busca de inteligencia, en aras de la transformación de la realidad» (cf. la onceava tesis de Marx contra Feuerbach).

 

La posición contraria, de «entiendo para poder creer» (intellego ut credam) caracterizaba el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la tradición aristotélica. En la modernidad, con la duda metódica de Descartes y la inspiración de Schleiermacher, esta escuela teológica ha tendido a ser más escéptica y negativa.[3] Aunque la razón tiene que funcionar, y funcionar bien, en la comprensión original del evangelio (como noticia y como exigencia,notitia fiducia), la conversión a Cristo no nace de una serie de pruebas que la razón pueda aceptar, sino del encuentro con el Dios viviente y el acto de fe en el Dios que se ha revelado. A partir de esa experiencia y esa actitud, la duda constructiva ayudará a convertir las opiniones doctrinales en firmes convicciones existenciales.

 

Juan Stam B.

marzo 2013


[1] Con esto concuerda el concepto neotestamentario de «misterio» como algo antes desconocido pero ya revelado, que no hubiéramos conocido con esa revelación.

[2] Sobre este tema en Pascal, Kierkegaard y Barth, véanse los pasajes correspondientes en Hans Küng, ¿Existe Dios? (Cristiandad 1979).

[3] Ver nuestro ensayo, en este blog, «La teología evangélica: ubicación histórica» (juanstam,com, 3 de agosto de 2012)


 Por Joana Ortega Raya

Puede que María de Nazaret –más conocida en nuestra cultura mediterránea como la Virgen María o la Madre de Dios- haya sido una de las mujeres más maltratadas y malentendidas por la historia de la iglesia. Virgen y madre al mismo tiempo, algo absolutamente inverosímil, se ha utilizado como una justificación de los deseos más ocultos de los hombres y como coartada para reprimir, dominar y controlar el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

Si bien es cierto que el testimonio de los cuatro evangelios podría conducirnos a entender el personaje de María tal y como la historia de la iglesia nos lo ha transmitido, también es cierto que podemos encontrar algunos detalles que contradicen una tradición cristina que ha querido hacernos creer que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad debe responder a los ideales esperpénticos de una mujer inexistente, no en el sentido histórico, claro, sino más bien en el aspecto simbólico.

María, víctima de las tradiciones y de las convenciones de una religión y de una cultura basadas en el honor y la vergüenza social, tuvo que enfrentarse, siendo casi una niña, a un embarazo no deseado, poniendo en peligro la reputación de su familia y, lo que es más grave, su propia vida.

Creo que la tradición cristiana a endulzado demasiado la historia de María de Nazaret. Esta tradición no ha mostrado ninguna sensibilidad hacia una niña embarazada enfrentada a todas las convenciones de su entorno. Nos la ha mostrado como si fuera una diosa, por encima del bien y del mal, ajena a los errores, a los desastres y a las miserias que, sin duda, sufrimos todos los seres humanos.

En mi opinión, María de Nazaret sufrió las contradicciones y los excesos del sistema patriarcal; experimentó en su propia carne y en su propia historia lo que Ayaan Hirsi Ali llama “la jaula de la virginidad”, primero en su contexto religioso y después en la tradición de una iglesia que le ha negado lo más importante para una persona: su humanidad.

Me gusta pensar, y de hecho así lo creo, que la tradición protestante le ha devuelto a María de Nazaret su derecho a seguir siendo humana: ella no es la Madre de Dios, es la madre de Jesús de Nazaret, una mujer que pensaba como mujer, que amaba como mujer, que sufría y se preocupaba por sus hijos e hijas como mujer, y que tenía una comprensión muy particular, adecuada y perspicaz de Dios, tal y como se refleja en el Magnificat: “Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los que eran soberbios en los pensamientos de su corazón, ha quitado a los poderosos de su trono y ha exaltado a los humildes. A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.” (Lc. 1,51-53).

Quede su ejemplo para todas y todos nosotros como un testimonio de la bienaventuranza de Dios hacia las personas que deciden obedecer su voluntad sin tener que negarse a sí mismas.


Sobre la autora: 
Joana Ortega-Raya es directora de Lupa Protestante.  Licenciada en Teología (SETECA), en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universitat de Barcelona), Doctora en Filosofía (Universitat de Barcelona) y Master Duoda en Diferencia Sexual (Universitat de Barcelona). Durante muchos años ejerció como profesora de Filosofía, Biblia y Griego en una institución teológica protestante en Cataluña. Es miembro de la Església Evangélica de Catalunya – Iglesia Evangélica Española (metodista y presbiteriana)