Y se escandalizaban de él (III)
Coge tu bolsa, tu cartera, tu tarjeta de crédito para andar por los caminos de la vida… de forma solidaria.
Él enviaba a sus discípulos a sanar enfermos, limpiar leprosos o echar fuera demonios, todo ello ejemplo de una acción social liberadora que complementaba la verbalización de la Palabra, ejemplo de su Evangelio a los pobres. Hasta el momento de la proximidad de su partida al Padre, no los enviaba con bolsa o alforja, no les aconsejaba llevar recambios de túnica, de calzado o de bordón. Les decía: “ No os proveáis de oro, ni plata ni cobre en vuestros cintos” . No llevéis dos túnicas ni calzado de repuesto. Confiad en mi provisión… porque, “cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada” . Iban sin nada, pero nunca les faltó nada… y esto sigue siendo así, pero ¿por qué cambió Jesús el mensaje ante la pasión y su muerte en la cruz? ¿Tiene este cambio algo que aportar a su Evangelio a los pobres? ¿Es escandaloso el cambio?
Se acercaba su oración en Getsemaní que está en este contexto, su arresto, sus azotes, su presencia ante Pilatos, su sentencia de muerte, su crucifixión. Por tanto el cambio de mensaje o el juego de tesis y antítesis que Jesús hace, no es algo contradictorio, sino algo de lo que tiene que salir una síntesis creadora y dinamizadora del Evangelio. Aunque no te va a faltar nada, ahora debes coger la bolsa, llenar las alforjas para andar por los caminos de la vida. Cargar con la bolsa de forma no egoísta, no sólo para mi bienestar y disfrute. Espero que no te escandalice.
Son palabras de despedida a sus discípulos ante el sufrimiento que se avecinaba, quizás palabras para reorientar su acción de apoyo a su Evangelio a los pobres, a los sufrientes, a los apaleados y tirados al lado del camino. Jesús parece que quería reorientar la acción de sus discípulos en una etapa nueva: Él se iba, aunque no nos dejaba solos. Quedaba con nosotros el Consolador. Sin embargo, coge la bolsa, hazte de provisiones, el mundo las necesita.
El cambio de mensaje, desde el decirles que fueran sin bolsa, sin alforja y sin calzado, hasta el imperativo de “el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja” , para conseguir una síntesis dinamizadora con esos dos mensajes antitéticos, se da en un momento en el que Jesús, más que nunca, tiene delante de él la fuerza y problemática del sufrimiento humano. Él iba a sufrir, pero hay otros muchos en el mundo que están sufriendo, que iban, simbólicamente hablando, a ser crucificados con él: Los pobres y sufrientes del mundo.
Si en mí hacen esto, qué no harán con tantos débiles del mundo. Yo tengo que pasar por el escarnio y la muerte, mi nombre puede ser contado entre los inicuos. ¿Qué podrá ocurrir con tantos débiles del mundo? Jesús presagiaba un futuro de persecución, violencia, muerte… religiosos que se podrían acomodar al ritual sin preocuparse por la projimidad de la que tanto él había hablado, cristianos de rituales vacíos a los que les podría faltar la acción, la misericordia y la búsqueda de justicia… y yo me voy, pensaría el Señor. Los que me siguen tienen que ser mis manos y mis pies, mi bolsa y mi alforja en compromiso con el mundo sufriente. ¿Te asusta, te escandaliza?
Jesús había vivido con arreglo a unos valores del Reino, había dejado sus parábolas del Reino que avalaban y explicaban esos valores de rescate de los últimos, los pobres, los débiles, lisiados y marginados del mundo a los que invita al banquete del Reino en su línea del Evangelio a los pobres. Jesús preveía que podía haber despojos, acumulaciones desmedidas y necias que sumirían a muchos en la miseria y en el hambre, habría robos de dignidad, se dispararían las fuerzas del mal, habría opresiones y aumentaría la pobreza y el dolor… Jesús: El experto en sufrimiento o experimentado en quebranto como dicen algunas de nuestras versiones bíblicas.
Hasta ahora, los discípulos habían ido sin bolsa, sin alforja y sin calzado… Nunca les faltó nada… “Cuando os envié -les dice Jesús- sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿os faltó algo” . Nada, Señor, respondieron sus discípulos. Pero el Señor que incluso les dijo que no llevaran dos túnicas ni calzado de repuesto, ahora da un giro antitético a su mensaje. Sus discípulos, cuando Él faltara, deberían ser sus manos y sus pies en medio de un mundo injusto, deberían ser su voz de Evangelio a los pobres… Deberían prepararse y abastecerse. Necesitaban una bolsa, una bolsa que redistribuyera la justicia y la misericordia.
¿Os dije -les dijo Jesús- que fuerais sin bolsa y sin alforja a aquellas misiones temporales de diaconía, de ayuda y expulsión de demonios? Pues ahora no. Mi Evangelio a los pobres demanda algo más de vosotros. Tenéis que salir preparados y pertrechados: “El que tiene bolsa tómela”. Es un imperativo. “También la alforja” . Haced provisión. La gente que vais a encontrar en el camino lo va a necesitar. Trabaja y lucha por tener una bolsa solidaria, una bolsa para compartir, para hacer misericordia, para hacer realidad mi Evangelio a los pobres.
No salgas sin tu bolsa y sin tu alforja repleta. No dejes nada guardado en tu caja fuerte, no acumules en los graneros de los ricos necios a los que, quizás, hoy mismo, se les va a pedir su alma. ¿Tienes alforja? ¿Tienes alimentos para llenar la alforja? ¿Tienes provisiones que puedes meter en esa alforja que Dios te ha dado? ¡Tómalas también! Vete por los campos, caminos y vallados provisto de alforja. No lo dudes. No te escandalices del mandato de Jesús.
Lo que tenemos y lo que viene es duro: dificultades, injusticias, opresiones, empobrecimiento de más de medio mundo, rechazo de los valores del Reino… rechazo del Evangelio o vivencia mutilada de la espiritualidad cristiana.
Así, Jesús cambia o complementa, de forma antitética, su discurso ante la visión del sufrimiento humano, de su propio sufrimiento. Tu bolsa y tu alforja pueden ser útiles si actúas con misericordia y solidaridad cristiana, si has entendido el mensaje de projimidad que nos dejó Jesús. Busca recursos, provéete de ellos… no sólo para ti. Se trata de bolsas solidarias que no nos deben escandalizar.
Nos quedamos con tu mensaje, Señor: “El que tiene bolsa tómela, y también la alforja”. La vamos a tomar, Señor, hasta quedar exhaustos y sin nada… confiados en tus promesas. Entonces podremos responder a tu pregunta: “¿os faltó algo?”, recordando que, cuando íbamos sin bolsa, sin alforja y sin calzado, no nos faltó nada. Ahora, en momentos en los que yo me marcho y voy a morir, tomad la bolsa. ¿Les faltará algo a ellos?… A vosotros tampoco. Así, Señor, si tenemos bolsa y alforja y no la tomamos para el servicio de tu Evangelio a los pobres, no nos des tranquilidad hasta que te entendamos. Que no nos escandalicemos de tus mandamientos. Que no estemos tranquilos, Señor, hasta que nos lancemos al mundo con lo que tenemos… y con lo que somos.






Thompson “no es un gangster –dice Scorsese–, sino alguien corrupto”, que está dispuesto a hacer negocio con la importación de licor en Atlantic City. Está basado en Nucky Johnson, la persona real que manejó los hilos de esta comunidad, donde su propio hermano era el sheriff. Como muchos políticos, es alguien capaz de cualquier cosa, para poder mantener el poder. En torno a él, encontramos a personajes reales como Arnold Rothstein, Charlie Lucky Luciano y Al Capone, pero no como los conocemos hoy, sino al principio de sus actividades mafiosas –tal y como cuenta el libro de Nelson Johnson–.
El agente de la Prohibición, Van Alden, es un hombre religioso. Ve como una misión divina su lucha contra la corrupción moral, que no puede soportar espiritualmente. Se flagela a sí mismo, pero su fanatismo es tan ciego como el de los cristianos que impulsan la ley seca . El Partido Nacional por la Prohibición es formado en 1869 por un grupo de protestantes blancos. Sus motivos eran admirables, pero el resultado de aquellos veinticinco años de campaña, que llevaron a la Prohibición, fue totalmente contraproducente. Se provocó aún más abuso del alcohol, que aumentó con el comercio ilegal de los bootleggers en los locales clandestinos, conocidos como speakeasies . Por lo que fue abolida la medida por el presidente Roosevelt en 1933.




Era todavía un niño, cuando compré en los años setenta, en Londres, la obra clásica que escribió Walter Lord en 1956 – A Night To Remember –, en una magnífica edición ilustrada de Penguin –ahora publicada en Debolsillo como La última noche del Titanic –. Es él quien habla primero del libro de Robertson, que acaba de editar Nórdica en castellano …
No es éste por supuesto el primer caso de lo que parece una profecía anunciada. Las novelas de Julio Verne, o hasta los comic de Tintín, muestran artefactos que luego se harían realidad , pero existían mucho tiempo antes en proyecto. La novela de Robertson no sólo demuestra que estaba muy bien informado sobre temas navales, sino que saca unas conclusiones sobre la vida que muchos de los contemporáneos del Titanic entendieron claramente, después de pensar que “Dios no podía hundir este barco”.
Cuando empezaron a sacar a los pasajeros de los camarotes, cada uno se llevaba lo que le parecía más importante salvar del naufragio . La mujer de Adolf Dyker llevaba por ejemplo una caja con dos relojes de oro, dos anillos de diamantes, un collar de zafiros y doscientas coronas danesas. Otros como la señorita Edith Russell, preferían llevar una especie de mascota como un cerdo de juguete con música, al que tendría especial cariño. Hay quien llevaba los libros que tenía en la mesilla, como Lawrence Beesley, o un revolver y un compás, como Norman Campbell Chambers. Hubo hasta quien guardó cuatro naranjas bajo su blusa, como el camarero James Johnson.
Uno de los temas más curiosos de discusión sobre el hundimiento del Titanic es cuál era la música que tocaba la orquestina hasta el último momento. Muchos supervivientes recuerdan el himno ¡Más cerca, oh Dios, de Ti!; otros, uno de origen episcopal llamado Otoño; aunque a algunos les sonaba a algo más alegre, como jazz. Lo que hoy nadie duda, es que tocaron hasta el final . Aunque en cierto momento pararon, ¡claro!