Archivos para febrero, 2012

Lent teaching series is here!

Publicado: febrero 8, 2012 en 3DM Discipulado

Mike Breen
 

As promised, for all of you out there who observe the season of Lent (or would be interested in trying!) as we head into Easter, we have released a Lent teaching series  (Ash Wednesday, the start of Lent, is February 22) that you can download and use in your church/ministry community. This picture is the series slide and the official name of the series is LIVE FAST (yes, a clever double entendre). You can download it from our Room1228 download portal by clicking here. See below for all that the download includes, but here’s the series intro video. Personally, I think the visual storytelling by Blake Berg is absolutely brilliant.

The teaching series will include:

  • Teaching notes
  • Series video
  • Background slides
  • Small Group discussion guides
  • Small Group leader guides
  • + a few more extras

You can download it from our Room1228 download portal by clicking here

http://mikebreen.wordpress.com

¿Demandando al Espíritu?

Publicado: febrero 8, 2012 en Teología

clip_image002¿Demandando al Espíritu?

por Nathan Busenitz

El Espíritu Santo se culpa de gran parte del comportamiento humano extraño dentro de los movimientos pentecostales y carismáticos más amplios – ladridos, saltando, cayendo, rodando, riendo, y, por supuesto, caerse durante los servicios religiosos.

Me acordé de esa triste realidad hace poco, cuando me encontré con este artículo de ABC News , explicando que una iglesia carismática estaba siendo demandado por un transeúnte que resultó herido cuando un miembro de la iglesia fue asesinado en el Espíritu.

Así es como empezó este artículo:

Una feligrés de la Iglesia Cristiana Discíple Fellowship en East St. Louis, Illinois, afirma que el espíritu se movió tanto a otro adorador durante el servicio que causó que otros cayeran de espaldas en ella, causándole lesiones. Ahora ella está demandando a la iglesia por daños y perjuicios.

El informe continúa explicando que, debido a la naturaleza espiritual del «ser tocado» por el Espíritu Santo, los abogados van a tener un tiempo difícil para probar la negligencia por parte de feligrés muerto. Sin embargo, el demandante no se deja intimidar. Ella quiere que la iglesia pague sus facturas médicas.

Por supuesto, si la iglesia no hubiese promovido tal práctica bíblica en primer lugar, toda esta tontería simplemente habría podido evitarse.

Así que, ¿qué vamos a pensar en ser asesinado en el Espíritu? Ya que ABC News llevó mi atención esta semana, pensé que podría ser útil compartir algunas reflexiones.

La Enseñanza Bíblica

El término real “muerto en el Espíritu” no se usa nunca en la Escritura. Algunos carismáticos admiten que la práctica no tiene ningún respaldo bíblico, sino que surgió de las reuniones del campo Metodista del Segundo Gran Despertar. Otros están en desacuerdo, apelando a varias Escrituras para apoyar y sostener que la experiencia debe ser juzgada sobre la base de su supuesto fruto.

Los posibles indicios bíblicos están tomados de una serie de pasajes . Aquí están diez de los principales candidatos:

1. En Génesis 15:12 Abram cae en un sueño profundo mientras Dios hace un pacto Consigo mismo.

2. En 1 Samuel 19:23-24, Saúl, mientras persigue a David, comienza a profetizar, y estuvo echado desnudo un día y una noche.

3. En Ezequiel 1:28 y 3:23, Ezequiel cae boca abajo cuando es confrontado a la gloria del Señor.

4. En Daniel 8:17 y 10:9, Daniel cae hacia abajo, cuando se encontró con el ángel Gabriel.

5. En Mateo 17:6, Pedro, Santiago y Juan, se postran en la Transfiguración.

6. En Juan 18:6, los soldados arrestan a Jesús caen al suelo cuando dice: “Yo Soy.”

7. Pablo, en el camino de Damasco, se cae cuando es confrontado por el Jesús resucitado. Este acontecimiento es relatado por Pablo en Hechos 26:14.

8. En Hechos 10:10, Pedro cae en un trance en el techo antes de conocer a los hombres de Cornelio.

9. En 2 Corintios 12:1-4, Pablo habla de una visión del paraíso lo cual fue un privilegio de ver.

10. En Apocalipsis 1:10, 17, el apóstol Juan se derrumba ante los pies de Jesús.

Una mirada cuidadosa a estos versículos, sin embargo, indica que no son compatibles con la práctica contemporánea de caerse ó morirse en el Espíritu.

Aquí hay algunas observaciones a partir de los datos bíblicos:

1. La ausencia de un hombre mediador (como es común en la práctica pentecostal y carismática). Ninguno d elos textos bíblicos de prueba representan a un ser humano intermediario involucrado “maar”. Siempre es Dios (o un ángel de Dios – Daniel 8, 10) quien, a causa de su gloria, hace que los hombres a caigan en su cara. El único ser humano que participa en el “matar” bíblicamente a alguien fue Cristo, sin embargo, Su naturaleza dual (como Dios en carne humana) le hace la excepción y no la regla.

2. El “muerto” permanece consciente. En todos menos tres de los casos anteriores, la gente estaba consciente todo el tiempo. Por ejemplo, aunque la experiencia de la conversión de Pablo en Hechos 9 involucró caer, se mantuvo alerta y despierto, incluso conversando con Cristo. Este patrón general es contrario al éxtasis inconsciente de la experiencia carismática moderna.

3. La condición espiritual de los “muertos”. Es evidente que la Palabra de Dios muestra a creyentes y no creyentes como los que son “muertos.” Por lo tanto, los carismáticos no pueden afirmar que la experiencia es una marca del verdadero cristianismo. Por lo demás, los soldados que detuvieron a Cristo estaban en proceso de pecar, cuando fueron derribados.

4. Su ausencia de las listas de los dones espirituales. Llamativamente, el “don” de matar en el Espíritu no está incluido en ninguna lista de dones en el Nuevo Testamento ni nadie jamás se ha presentado como poseedor tal don. A pesar del bullicio moderno, no hay constancia de que ningún líder de la iglesia primitiva tenía la capacidad de golpear a las personas por el poder del Espíritu. Sin duda, tal experiencia cristiana vital garantizaría una mención bíblica directa.

5. La naturaleza del “matar.” A pesar de una cuestión menor, el “matar” en las Escrituras es caer hacia adelante (cuando la dirección de su caída se registra), en lugar de boca arriba. Por lo tanto, la idea de un “receptor” de pie detrás de una persona para garantizar su seguridad es ajeno a los textos bíblicos.

6. Su naturaleza anti-cristiana. La falta de control que acompaña a estar “muerto en el Espíritu” es en realidad más característico del paganismo que del verdadero cristianismo. Gálatas 5:22-23 dice que el fruto del Espíritu incluye un auto-control (cf. 1 Cor. 14:32), mientras que 1 Corintios 14:40 prescribe un orden en la adoración congregacional. Primera de Pedro 1:13 ordena a los creyentes a ceñir sus mentes para la acción (que no a pasar por alto sus mentes en el éxtasis), y Efesios 5:18 dice que el fruto de ser llenos del espíritu es llenar en contenido de cantos y relaciones que honrar a Cristo (no cayer como un hombre muerto en el suelo).

¿Qué Está Sucediendo Realmente?

A pesar de la escasez de evidencia bíblica, algunos pastores pentecostales / carismáticos todavía afirman ser capaces de matar a la gente en el Espíritu. Un autor bien conocido de este punto de vista es Benny Hinn.

Que la gente se caiga en los servicios de Hinn no puede ser cuestionado. Lo que qué puede ser cuestionado, sin embargo, es lo que fuerza hay detrás de este fenómeno. La respuesta no es ciertamente el Espíritu Santo-ya que El promueve tanto la adoración ordenada como el autocontrol individual.

Entonces, ¿qué “espíritu” esta implicado? Varias respuestas pueden ser.

1. El poder del “espíritu” humano emocional. Algunos, como G. Richard Fisher, creen que parte del éxito en “amatar” de Hinn viene de las expectativas emocionales de la audiencia. En otras palabras, porque han visto a otros “muertos en el Espíritu”, porque tienen un gran respeto por el Sr. Hinn, y debido a que sus emociones son afectadas que están dispuestos a caer cuando Hinn “arroja” el Espíritu en su dirección. Por otra parte, la presión procedente de los compañeros de la mayoría alrededor de ellos convence a los disidentes de caer en línea con el resto del grupo. (La Soteriología pentecostal se suma a esta presión, porque el “bautismo del Espíritu” se asocia con las cosas como las lenguas y ser matado en el Espíritu.)

2. El poder del “espíritu” del líder. Fisher, además, señala que la influencia de Mr. Hinn, mismo, como un respetado líder cristiano (como es percibido por aquellos en la audiencia), anima a la gente a obedecer. En otras palabras, ya que el Sr. Hinn habla en nombre de Dios, debe poseer un poder dado por Dios. Por lo tanto, su público, profundamente deseando experimentar ese poder, con mucho gusto “se va con la corriente”, cuando es “muerto en el Espíritu.” En estos casos, ser “muerto en el Espíritu” no es más que una ilusión experimental hecha posible por la capacidad de Hinn para manipular a una multitud.

3. El poder del “espíritu” demoniaco. En qué medida el está involucrado el poder demoníaco en el proceso es imposible de saber. Sin embargo, estar “muertos” se parece mucho a ciertos elementos de lo oculto – un reino muy influenciado por el demonio. Además, la falsa enseñanza se define en la Escritura como “doctrina de demonios”, sobre todo cuando se oculta o distrae de la verdad del evangelio (1 Timoteo 4:1). En cualquier caso, “ser muerto en el Espíritu” se ve mucho más como el fruto de la carne de pecado, que el fruto del Espíritu Santo (cf. Gal 5:19-23).

Conclusión

Debido a que no es aceptada en la Escritura, pero en realidad va en contra de ella (mediante la promoción de un comportamiento irresponsable y perjudicial), la práctica moderna de “estar muerto en el Espíritu” debe ser evitada.

Sin embargo, solo por el hecho de ser anti-bíblico no es suficiente…ahora podemos añadir otra razón para mantenerse alejado de la práctica.

Si usted se cae y golpea a alguien, es posible que lo demandan.

http://evangelio.wordpress.com/

¿Tú también eres tentado?

Publicado: febrero 8, 2012 en Misión Integral

Juan Simarro Fernández

Retazos del Evangelio a los pobres (LII)

Fin de los artículos sobre la oración modelo de Jesús. “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Texto completo en Mateo 6:9-15.
 Con esto terminamos las reflexiones sobre la oración modelo de Jesús.  “No nos metas en tentación” , es la última petición de esta oración modelo, el Padre nuestro, que nos deja Jesús.  Es una petición que muestra la debilidad humana y la dependencia del Creador. Es tan completa y exigente la oración que nos deja Jesús como modelo para orar, que necesitamos las fuerzas de Dios mismo, que sea Él quien nos sostenga para poder resistir en medio de un mundo lleno de valores tentadores , de tentaciones mundanas en línea con la injusticia, el poder, la acumulación de riquezas… valores que son contracultura con los del Padre nuestro y los del Evangelio a los pobres que nos dejó Jesús. Esta petición es la fundante de la posibilidad de poder asumir las peticiones anteriores que, uniendo el cielo con la tierra, nos marcan las líneas de la projimidad, de acercamiento del Evangelio y los valores del Reino a los pobres de la tierra.

Esta última petición es el reconocimiento final de que caeremos si no nos ponemos en las manos de un Dios que nos tiene que librar de la tentación y no meternos en los males tentadores de las riquezas, del poder, de la avaricia, del egoísmo humano, de la prepotencia, de la falta de solidaridad y práctica de la injusticia. Sin ti, Señor, permaneceremos en el mal de considerar la riqueza como prestigio, en la infravida de los que sólo desean acumular y adorar al becerro de oro, al dios Mamón. En la necedad de los que no quieren compartir, de los que permanecen de espaldas al grito de los pobres y, por ello, de espaladas a tu Evangelio, de espaldas a ti… aunque olamos a cirio y a incienso. Permaneceremos en la peor de las idolatrías.

Señor, sin ti, seremos de los que consideran locura las exigencias de tu Evangelio, seremos de los que a lo dulce llaman agrio y a lo agrio dulce. Sin un Dios que nos libre del mal y de caer en la tentación, jamás entenderemos tu Evangelio a los pobres, tu oración modelo. Nos revolcaremos afanados y ansiosos en el cieno de las falsas riquezas -o el deseo de ellas- y de los falsos valores, como puercos a los que no les importa la suciedad ni el pecado. Sin tu ayuda y liberación, podremos estar alabando en la iglesia, mientras somos carcomidos y deslumbrados por los valores insolidarios que nos impiden ver tu rostro, el rostro de los pobres del mundo. Señor,  “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” , para que seamos personas solidarias, agentes de liberación de tu reino en la tierra… para que los valores de tu Evangelio a los pobres, de tu oración modelo, no nos parezcan locura ni insensatez.

 ¿Qué cosas nos tientan? Es verdad que el listado puede ser largo, pero hay tentaciones enormes en torno al dinero, al poder, al sexo, a la vanagloria. Hay tentaciones tremendas en torno al egoísmo, la avaricia, la insolidaridad, el despojo de los otros, la falta de amor al prójimo en necesidad y la práctica de la injusticia. Son los contravalores en relación con los auténticos valores del Evangelio a los pobres, de los valores del Reino, los que más nos tientan.  Sin la ayuda de un Dios que nos puede librar de la tentación y del mal, caeremos. Es necesario estar de cara a Dios y de cara al sufrimiento del prójimo para poder hacer vida en nosotros las peticiones del Padre nuestro, de esta oración modelo que nos deja Jesús.

Tenemos que plantearnos nuestra vida ante el Señor estando pendientes y en relación con el lugar más sagrado que Jesús reconoce, más sagrado que el templo, que las largas oraciones, que los sacrificios… Ese lugar sagrado es el hombre, fundamentalmente el que sufre, el pobre, el marginado, el despojado, el excluido, oprimido y explotado. Tenemos que clamar al Señor para que el nos libre de la tentación, que no nos deje ser tentados más allá de lo que podemos soportar, pues el atractivo de estos valores satánicos en relación con las riquezas y la opresión, es de tal magnitud que nuestras fuerzas humanas, sin el apoyo de Dios, no podrán soportar estas presiones y el ser inundados de los contravalores mundanos que, a veces, entran en nuestras iglesias y los acogemos como normales y buenos… y comenzamos a vivir exactamente igual que los que no tienen esperanza, como idólatras injustos. Por eso la petición debe sonar en nuestros labios y en nuestros corazones: Señor , “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” . Si esta petición fundante, no entenderemos jamás el Evangelio a los pobres que impregna todas las enseñanzas de Jesús.

Para entender los valores que nos deja Jesús en su oración modelo, el Padre nuestro, debemos plantearnos nuestra vida ante el Señor, pedirle que él nos libere, nos libre de las tentaciones mundanas, nos use, nos haga criaturas nuevas, solidarias, comprometidas con el Evangelio, con Dios, con el prójimo, con la justicia misericordiosa.

 El Evangelio se entiende muy bien desde los campos de marginación, desde la convivencia con los pobres, desde el apearse de nuestro tren de la prosperidad, desde la solidaridad, la projimidad y el amor. Fuera de esto, no se entenderá esta oración y estaremos haciendo teología o entendiendo la espiritualidad cristiana desde parámetros falsos presentados como buenos y bellos por el ángel de luz, por Satanás, cuando, en realidad, son parámetros de muerte que nos atraen intentando hacernos caer en la tentación… en el mal.

¡Señor, líbranos del mal! ¡Líbranos de lo malo! ¡Líbranos del maligno! ¡Líbranos del pecado! ¡Líbranos de la tentación! No nos mantengas en un mundo sin sentido, no nos mantengas en el vacío del tener insolidario, en las tentaciones injustas que nos sumen en la angustia de una vida sin valor.

Por tanto,  “No nos metas en tentación” . Sólo tú puedes hacer esto,  “porque tuyo es el Reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén”.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2012


César Vidal Manzanares

La reforma indispensable (31)

La disputa de Leipzig: el debate
Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino –al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes– tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias.

 

 El 18 de julio, una fanfarria de trompetas anunciaba en Frankfurt la coronación de Carlos de España como emperador y con ello que los planes papales para lograr que la elección imperial se ajustase a sus intereses habían fracasado estrepitosamente.   Al día siguiente, 19 de julio, se inició la disputa de Leipzig.  El lugar para su celebración era el castillo de Pleissenburg que el duque Jorge puso a disposición de la universidad de la ciudad.

Inicialmente, el duque se había mostrado muy reticente ante la idea de permitir que Lutero participara en un debate celebrado entre Eck y Carlstadt, e incluso no faltaron los problemas a la hora de decidir las instituciones que deberían dictaminar quién había ganado la disputa. Finalmente, se decidió que fueran las universidades de Erfurt y de París.

El 1 de julio, Eck, que no dejaba de quejarse de la mala calidad de la cerveza de Leipzig, supo que sus rivales de Wittenberg habían llegado. Se trataba de una comitiva numerosa encabezada por dos carros. En el primero, viajaba Carlstadt, acompañado por sus libros, y, en el segundo, iban el duque Barnim de Pomerania, rector de Wittenberg, Lutero y Melanchthon. Cuando entraban por las puertas de la ciudad, el primer carro se rompió y Carlstadt cayó en el barro provocando las carcajadas de algunos de los que habían salido a mirar la llegada de los visitantes. La caída de Carlstadt provocó que se golpeara la mano y que tuviera que practicársele una sangría, de manera que, a causa de la herida y del tratamiento a que se le sometió, estuvo en pésima situación durante algunos días.

 Cuando, finalmente, dio comienzo la disputa, los preliminares resultaron agotadores . Se iniciaron a las siete de la mañana con una misa del Espíritu Santo que estrenaba ese día un músico local llamado Jorge Rhau. Después Mosellano pronunció un prolongado discurso en latín sobre el procedimiento que seguiría el debate y, al cabo de dos horas, la audiencia que abarrotaba la sala pudo ver cómo el profesor de poesía se dirigía realizando reverencias hacia una puerta trasera para regresar al cabo de un instante con más músicos. A continuación, vino la comida y sólo entonces, tras un anuncio llevado a cabo por un floreo de trompetas, comenzó la disputa.

 La primera semana transcurrió en un debate entre Eck y Carlstadt acerca del tema de la gracia y del libre albedrío.  Se produjo un momento de tensión cuando un irritado Eck apeló al moderador negando que fuera necesario que Carlstadt llevara todos sus libros consigo y tuviera que consultar cada cita. Finalmente, el moderador decidió dar la razón a Eck.

La discusión se extendía únicamente durante el día por lo que quedaba un cierto tiempo para pasear y hacer visitas. A la sazón, Tetzel, uno de los personajes que habían provocado el inicio de la controversia sobre las indulgencias, se encontraba muy enfermo en Leipzig. Es posible que la pérdida de salud estuviera relacionada con la derrota de los propósitos que había abrigado contra Lutero, pero, sobre todo, por la manera en que se había visto abandonado por la jerarquía a la que había defendido encarnizadamente. Apenas unos meses antes había recibido un doctorado y el respaldo de su orden; ahora y como consecuencia de la visita conciliadora de Miltitz al elector se veía reducido al papel de sujeto que estorbaba y, en consecuencia, sufría un arrinconamiento. No deja de ser significativo que precisamente en esos momentos Lutero, que había sido víctima de sus asechanzas nada nobles, le enviara una nota consolándolo en su enfermedad. Sin duda, se trató de una muestra de caridad cristiana, pero, posiblemente, en ese comportamiento subyacía también la convicción de que Tetzel había pasado a ser un personaje secundario en una controversia que se elevaba por encima de los individuos para dirigirse hacia los principios.

 Durante los siguientes días en que se prolongó el debate, el aburrimiento fue invadiendo a los asistentes. Incluso los teólogos comenzaron a seguirlo con los ojos cerrados. Era obvio que se necesitaba un cambio que animara la disputa y éste se produjo cuando el día 4 de julio acudió Lutero a debatir con Eck.

El agustino comenzó su exposición con prudencia manteniendo su tesis décimotercera con la afirmación de que el papado era de derecho humano. Semejante opinión puede resultar chocante para un católico actual, pero lo cierto es que era la que mantenía en el seno de la iglesia católica el movimiento conciliarista en las décadas anteriores e incluso la que había sostenido personaje tan poco sospechoso de heterodoxia como Tomás Moro en sus años jóvenes. El punto de vista de Lutero no era, por lo tanto, necesariamente heterodoxo en esa época, pero Eck captó a la perfección que, si era lo suficientemente hábil, podía mezclarlo con elementos políticos para lograr que el agustino apareciera como un hereje. Tanto la universidad de Leipzig como el duque Jorge por motivos familiares eran especialmente sensibles a las menciones a Bohemia y a las guerras hussitas que se habían iniciado cuando los bohemios habían decidido defender su libertad religiosa con las armas. Para ellos, Juan Huss no sólo era un hereje, que había ardido en una hoguera en Constanza, sino el origen de un peligro político. Conocedor de esa circunstancia, Eck se había dedicado a acusar a Lutero de “bohemio” y “hussita” en algunos escritos difundidos antes de la controversia y ahora iba a volver a utilizar esa arma dialéctica.

Lutero había crecido y se había educado con el comprensible horror católico hacia Juan Huss. No sólo eso. Además, el orgullo de los agustinos de Erfurt era Juan Zacarías que había pasado a la Historia con el nombre de “azote de Huss”. Lutero había tenido ocasión de ver su tumba en la que estaba grabada la rosa de oro que se le había concedido por su celo contra Huss. No resulta, por lo tanto, extraño que Lutero se opusiera a que Eck lo etiquetara de esa manera. Sin embargo, a esas alturas, y después de haberse sumergido en el estudio de la Historia eclesiástica, para Eck no resultó muy difícil llevarlo a una situación en la que afirmó que “entre los artículos de Juan Huss y de los hussitas que fueron condenados hay muchos que son verdaderamente cristianos y evangélicos, y que la iglesia universal no puede condenar”. Aquella afirmación provocó un silencio sepulcral en la sala que fue seguido por una exclamación del duque Jorge en el sentido de que aquello era “la peste”. Eck captó a la perfección que había colocado en una situación más que delicada a su adversario y siguió presionando en esa dirección.  Lutero no sólo cuestionaba el origen divino del papado – una posición no necesariamente heterodoxa a la sazón – sino que iba más allá y, efectivamente, el agustino reconoció que, tal y como pretendía Eck, desde su punto de vista, los concilios podían también equivocarse.

 Llegados a ese punto, Eck no tuvo inconveniente en aceptar que el agustino – al que había conseguido colocar en el nicho de los herejes – tenía buena parte de razón en el tema de las indulgencias que, dicho sea de paso, había sido el inicio de todo el Caso Lutero.

El 14 de julio, Carlstadt regresó a la disputa y el duque Jorge se apresuró a poner punto final a los debates. El elector de Brandeburgo venía a visitarlo para una cacería y poca duda puede haber de que el duque se sentía mucho más interesado en perseguir animales con su jauría que en escuchar aquel cruce de argumentos teológicos. Una vez más, Jorge Rhau hizo acto de presencia y señaló el final del debate con un elaborado Te Deum.

 Continuará: Conclusión del debate de Leipzig

Autores: César Vidal Manzanares

©Protestante Digital 2012


José de Segovia Barrón

El misterio de la Providencia en Dickens
Sus últimas creaciones muestran la ambigüedad del ser humano, donde la miseria y la grandeza conviven de forma paradójica.

 

 Se cumplen ahora doscientos años del nacimiento de Charles Dickens. Mientras se continúan reeditando sus libros, aparece en castellano la más completa y rigurosa biografía del escritor, hecha por Peter Ackroyd hace ya veinte años. Estamos, según ella, ante “el novelista inglés más extraordinario y ambicioso que haya existido jamás”. Nadie narró como él las miserias de la revolución industrial. Su obra está llena de compasión por la pobreza de una infancia oprimida. Aunque como “hombre del siglo XIX, fue un victoriano atormentado por sus contradicciones”, dice Ackroyd.

Dickens se crió en una familia nominalmente anglicana. Fue bautizado en la iglesia de St. Mary de Kingston, pero cuando era pequeño, su familia conoció al pastor de la capilla bautista Sión de Chatham.  Desde niño, escuchaba los sermones del pastor bautista William Giles, que tenía un hijo de 23 años que estudió en Oxford y llevaba una escuela bautista, a la que asistió Dickens . El y un grupo de chicos del colegio se identificaban como los Gatos de Giles, llevando un sombrero hecho de piel de castor.

 No es sorprendente, por lo tanto, las referencias bíblicas que aparecen en muchas de sus novelas : la imagen de Cristo “escribiendo con su dedo en el polvo, mientras le traían una mujer pecadora” ( Casa desolada ); “las torres que compiten con Babel” ( Tiempos difíciles ); “el camello por el ojo de la aguja” ( La pequeña Dorrit ); “Yo soy la resurrección y la vida” ( Historia de dos ciudades ); o la oración silenciosa de Pip por el convicto “Oh, Señor, ten misericordia de él, pecador” ( Grandes esperanzas ).

 INFANCIA ¿DESGRACIADA?
 La tragedia se cierne sobre Dickens, cuando tiene que abandonar la escuela bautista de Giles, a causa de tener que ir su padre a la prisión por deudas, cuando el escritor tenía sólo 12 años . Escribe entonces a su amigo y primer biógrafo, John Forster: “Yo sé que si no fuera por la misericordia de Dios, podría haber sido fácilmente un ladronzuelo o pequeño vagabundo, por la falta de cuidado que recibí”.

El escritor de niño tiene que trabajar en una fábrica de betún en una zona industrial de Londres, insalubre e infestada de ratas. Son jornadas de diez horas, con una pequeña pausa para comer. “Fue el acontecimiento más importante de la vida de Charles Dickens –dice Ackroyd–, algo que siempre tuvo presente”.  Descubrió así prematuramente la aspereza de un mundo poco compasivo con la debilidad y la pobreza.

“Todo mi ser se sintió tan imbuido de pesar y humillación al pensar en lo que había perdido que incluso ahora, famoso –escribe a su amigo Forster–, cuando rememoro aquella época de mi vida, muchas veces me olvido de que tengo una mujer y unos hijos, incluso de que soy un hombre”. La indefensión que experimentó el escritor en su tierna infancia es fundamental para entender su dificultad para creer en un Dios, cuya gracia providente se muestra en un cuidado real de sus criaturas.

 DESILUSIONADO CON LA RELIGIÓN
 La actitud de Dickens de aversión a la Iglesia no es casual. Su desprecio de la religión formal, con todos sus dogmas y ceremonias, no viene de una hostilidad intelectual contra Dios o Jesucristo, sino de su desengaño con un cristianismo hipócrita , que ignoraba la compasión de Cristo por el pobre. Dickens se acerca al unitarismo de Edward Target, por su orientación a la práctica en vez de a la doctrina. Puesto que era anticlerical, poco dogmático y nada sectario. “Las formas humanas de religión tienden a ser lo que diabólicamente es la irreligión”, dice.

 Al escritor le molestaba tanto el movimiento evangélico como el catolicismo-romano. No soporta el sabatarianismo –escribió un panfleto anónimo en 1836,  Domingo bajo tres cabezas,  en contra del intento de Sir Andrew Agnew de aprobar una ley en contra del ocio y el trabajo en domingo– y ridiculiza la hipocresía de los predicadores disidentes, o sea de las iglesias libres –en el personaje de Mr. Stiggins en  Los papeles del Club Pickwick –. Aunque también dice que “detestaba el catolicismo, esa abominable vieja institución sacerdotal”. Llama a la iglesia de Roma “ese tambaleante monstruo”. En 1853 dice: “Roma y yo, estamos ampliamente separados, moralmente”.


 Según la biografía de Fred Kaplan, Dickens se hace miembro de la iglesia unitaria en el invierno de 1842-43 . Nacida de la Reforma radical, aparece en Inglaterra doscientos años antes del nacimiento del escritor.  Aunque cree todavía en la Biblia –Dickens pidió que se leyera la Escritura todos los días en el hogar que abrió para mujeres de la calle, para que fueran así “tentadas a la virtud” –, enfatiza la humanidad de Cristo –aunque todavía describe sus milagros en  La vida de nuestro Señor,  que escribió para niños en 1849–, afirmando “la supremacía de Dios y la divinidad de la misión de Jesús de Nazaret”.

 DICKENS PREDICA A LA IGLESIA
El escritor predica a la Iglesia en  Oliver Twist , cuando Mr. Bumble da gracias a Dios en oración por las gachas, pero defiende el abuso que hace de Oliver, diciendo: “¡Le hemos dado el Evangelio!”. Habla a los cristianos en  Casa desolada,  cuando presenta la falsa piedad de la Sra. Jelby, que sueña con esfuerzos misioneros en África, mientras ignora los barrios bajos de Inglaterra. O cuando la Sra. Pardiggle avasalla a los niños en este libro, degradando a los pobres. Los sermones de Chaband en esta obra no son más que excusas para no mostrar la compasión de Cristo.

 A pesar de eso, Dickens sigue yendo a la iglesia anglicana que había cerca de su casa, hasta el final de su vida. Ora por la mañana y por la noche. Tenía una sensibilidad por los principios sociales del cristianismo, como muestra en  Canción de Navidad  (1843) . Escrita cuando tenía 31 años, esta historia de fantasmas es una fábula contra la codicia. Scrooge es un avaro frío e insensible, que oprime a los pobres sin compasión alguna. Para él, la felicidad es la riqueza, aunque es el personaje más miserable que uno pueda imaginar. El problema es que su salvación no viene por un encuentro con Cristo, sino consigo mismo.

 Para Dickens, el cristianismo consiste en amar al prójimo. Lo que en el Nuevo Testamento es el resultado, no el medio de la conversión . Como observa Ackroyd, en sus primeras novelas Dickens distribuye el bien y el mal entre sus personajes sin contemplar la posibilidad de su coexistencia en un mismo carácter.  Sus últimas creaciones rompen, sin embargo, esa división, mostrando la ambigüedad del ser humano, donde la miseria y la grandeza conviven de forma paradójica.

 EL NIÑO QUE NUNCA DEJÓ DE SER
 Es por eso que yo también prefiero el último Dickens al moralizante patetismo de sus primeras obras . Como tantos otros, recuerdo haber leído de niño  Oliver Twist  (1837-38) en una antigua edición de Calleja con unas llamativas ilustraciones de principios del siglo pasado que tenía mi padre, cuando aún se llamaba  Oliverio.  Las versiones al cine que hizo David Lean en 1948, Carol Reed en 1968 y Polanski en 2005, todavía me emocionan. Aunque ¡reconozcámoslo, es bastante antisemita!

 Lo más cercano que hizo Dickens a una autobiografía es  David Copperfield .  La leí en una adaptación infantil. En realidad –como dice Ackroyd–, “es la que refleja con mayor severidad, sinceridad y tristeza sus peores experiencias infantiles, aunque es más contenida y recatada respecto a sus sentimientos que libros anteriores”. En lugar de representar a sus padres como los de Copperfield, los convierte en los Micawber. Harold Bloom la considera “la primera novela terapéutica, escrita en parte para la curación del propio autor o para consolar la permanente angustia adquirida en su infancia y en su juventud”.

Cuando su cuñada Mary Hogarth muere a los 17 años, Dickens está destrozado. “Charles responde a la muerte con una histeria controlada –dice su biógrafo Fred Kaplan–, un inmenso dolor destruye su normal equilibrio”. Su muerte produce “una deserción tan devastadora, que mantiene su memoria viva con recuerdos conscientes y sueños recurrentes”. Durante años Mary le visita en pesadillas, que “se repiten perpetuamente de forma extraordinaria”. Es en ese mundo donde lo real se mezcla con lo irreal, lo material y lo espiritual, lo concreto y lo fantástico, lo mundano y trascendente, que encuentra Ackroyd la magia de Dickens.

 LA MANO INVISIBLE DE DIOS
 Veinte años estuvo Dickens casado con Catherine. Tuvo con ella diez hijos, pero su relación fue difícil . Mantuvo con ella constantes conflictos, tensiones y sospechas. No se sabe si viene de eso su costumbre de andar durante horas por las calles, todas las noches. Tras su separación, tuvo una relación no muy clara con una actriz llamada Nelly Ternan –según Ackroyd, no consumada sexualmente, aunque otros biógrafos creen que convivían secretamente–. Ahora se han publicado en castellano las cartas de su amor secreto por Maria Badnell –que estaban en Estados Unidos–.

Una de ellas me ha emocionado especialmente. La escribe cuando ella ya está casada, veintidós años después de que su relación se frustrara –es ahora la señora Winter–. Compara nuestra vida con un río, que va rumbo al mar. Intenta, como todos, entender el curso que le ha llevado por tantos vericuetos a su situación actual. ¿Dónde está Dios en medio de ello? El creyente entiende que Dios se interesa por nosotros, pero también nos dirige.  El problema por el que Dickens se aleja de la fe ortodoxa, para abrazar el deísmo unitario, es su incapacidad para ver la Providencia de Dios en la vida . Si el Creador tiene control de todas las cosas, ¿por qué permite que haya tantas tragedias en la vida? Suceden muchas cosas que parecen no tener sentido, ni propósito.

 Cristo enseña que los cabellos de la cabeza están todos contados y ni el más mínimo movimiento de un gorrión le pasa desapercibido. El creyente puede estar por eso seguro que su vida está dirigida por Dios ( Mateo 10:29-31 ). Lo que pasa es que hay una cara oscura de la Providencia, por la que el Señor entreteje el dolor, la pérdida y la angustia con los momentos de placer y felicidad, para cumplir su propósito en nuestra vida. Cuando Pablo dice que “todas las cosas ayudan para nuestro bien” ( Romanos 8:28 ), quiere decir que las usa para nuestro bien, no que sean buenas en sí mismas.

 SU BONDAD EN LA TRAGEDIA
 Un contemporáneo de Dickens, George Muller, tuvo la misma compasión del escritor por los niños abandonados de la calle, construyendo orfanatos, inspirado por su fe cristiana .  En 1853, su única hija, Lydia, está a punto de morir de fiebre tifoidea.  “Mientras pasaba por esa aflicción tan grande –escribe Muller–, consciente como era de mis múltiples debilidades, fracasos y defectos, estaba preparado para decir como el apóstol Pablo: “Miserable de mí”; no obstante, estaba seguro de que esta desgracia no era la vara del Padre sobre mí, sino la prueba de mi fe.”

Su conclusión sin embargo es que estará “satisfecho con la voluntad de Dios”. Creía que “si el Señor decidía llevarse a mi amada hija, sería lo mejor para sus padres, lo mejor para ella y sobre todo contribuiría más para la gloria de Dios que si ella viviera”.  La niña es librada de la muerte, pero unos años después fallece su esposa a causa de una fiebre reumática. Estuvieron casados 39 años. A pesar de su tristeza, el fundador de la Asamblea de Hermanos de Bristol predica en el funeral sobre el  Salmo 119:68 : “Tú eres bueno y haces bien”.

 Este sermón, que hace a los 64 años, tenía tres puntos: 1. El Señor fue bueno e hizo bien en dármela; 2. El Señor fue bueno e hizo bien en permitirme estar con ella tanto tiempo; y 3. El Señor fue bueno e hizo bien en quitármela. En este último punto cuenta cómo oró por ella como hizo por su hija enferma , “pero sea como fuera que trates conmigo, sólo ayúdame a estar completamente satisfecho con tu santa voluntad”.

Dios no nos da todo lo queremos en esta vida, pero si lo que necesitamos. La fe es estar satisfecho con ello. Y eso son “grandes esperanzas”, como nos recuerda Dickens.

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2012


Libro de una enfermera australiana

Las 5 cosas de las que más nos arrepentimos antes de morir
B. Ware reunió en su libro “Los cinco arrepentimientos de los moribundos” confesiones honestas en el lecho de muerte.

AUSTRALIA

 Edith Piaf decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, pero mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento.Eso es lo que afirma Bonnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, quien acaba de compilar en un libro la lista de las cinco principales cosas de las que las personas se arrepiente antes de morir.La enfermera australiana reunió en su libro “Los cinco arrepentimientos de los moribundos” las «confesiones honestas y francas de personas en sus lechos de muerte», en cuanto a lo que hubieran querido o debido hacer o no haber hecho.

 Fueron confesiones, dice, que le ayudaron a transformar su propia vida. Porque según Bronnie Ware, es realmente triste llegar a la tumba pensando «ojalá lo hubiera hecho…».

La idea del libro surgió después de que un artículo publicado en su blog, titulado «Arrepentimientos de los moribundos», se volvió viral en internet. Ware decidió escribir algo más completo en profundidad y amplitud acerca de esas confesiones y la forma como «transformaron su vida».

«La gente madura muchísimo cuando debe enfrentar su propia mortalidad. Cada persona experimenta una variedad de emociones, que incluyen negación, miedo, enojo, arrepentimiento, más negación y eventualmente aceptación”, explica la autora. Asimismo, afirma: “Sin embargo, cada uno de los pacientes siempre encontró su propia paz antes de partir».

 LOS MÁS COMUNES
El libro es un recuento de memorias sobre la vida de la autora y sus experiencias durante años como profesional sanitario en su trabajo en cuidados paliativos.

 «Encontré una lista grande de arrepentimientos, pero en el libro traté de centrarme en los cinco más comunes» explica la autora. «Y el principal arrepentimiento de mucha gente es ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera'», agrega.

La enfermera apunta que « otro arrepentimiento común es ‘ojalá no hubiera trabajado tanto’, porque eso, decían, los había hecho perder el equilibrio y como resultado habían perdido muchas cosas en su vida».

Bronnie Ware dice que  «otro arrepentimiento común entre los moribundos era que hubieran deseado tener el coraje de expresar sus sentimientos. Y eso se aplicaba tanto en los sentimientos positivos como negativos».

«Muchos decían: ‘ojalá hubiera tenido el coraje de hablar y decir que no me gustaban esas cosas’, o que hubieran tenido el coraje de hablar con personas y decirles lo que realmente sentían por ellas».

«También era muy común arrepentirse de no haber vuelto a tener contacto con viejos amigos. Mucha gente decía que le hubiera gustado volver a ver a alguien para recordar momentos de su vida, pero no habían hecho el esfuerzo de encontrarlo».

Según Ware, al final de la vida los amigos son muy importantes porque a menudo los familiares que rodean a un enfermo terminal están pasando por su propio duelo. Una persona en su lecho de muerte a menudo extraña a esos amigos, dice, pero muchas veces, cuando se les pierde el rastro, ya es demasiado tarde para encontrarlos.

 TIEMPO DE ARREPENTIMIENTO
 En resumen, los cinco grandes arrepentimientos compilados en el libro son: 1 . Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera;  2.  Ojalá no hubiera trabajado tanto;  3.  Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía;  4.  Habría querido volver a tener contacto con mis amigos;  5.  Me hubiera gustado ser más feliz.

 Algo que llama la atención es que todos estos lamentos de los moribundos se trata de cosas que no hicieron.  Según la autora, la gente no parece arrepentirse al mismo nivel de errores o actos que sí realizaron. «Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo» explica Ware.

«Por eso es más común arrepentirnos de algo que no hicimos», dice. «Pero pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado. Y esto se aplica principalmente cuando una persona está enferma y no tiene ya libertad de hacer cosas porque no tiene salud».

 Lo que la autora espera, dice, es que su libro «ayude a la gente a actuar hoy y no dejar las cosas para mañana, para después arrepentirse», y afirma que estas confesiones le ayudaron a implementar grandes cambios en su vida . “Espero que la gente que lea el libro también pueda entender que la vida está pasando hoy y que ahora es el momento de vivirla», agrega.

«Mi principal mensaje es que todos vamos a morir, y que si en este momento nos arrepentimos de algo tratemos de solucionarlo ahora», concluye Ware. Y, en realidad, tiene razón, al menos según una antigua carta lleno de sabiduría de un hombre sabio, que escribe: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis (…) aprovechando bien el tiempo (…) no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (carta a los Efesios 5:16-17).

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