Archivos para febrero, 2012

Raíces de una familia sana

Publicado: febrero 10, 2012 en Religión, Sociedad

Marcos Zapata

Raíces de una familia sana
 Hay principios básicos en relación a la familia saludable, refrendados por numerosos estudios.
 Familias saludables (1)

Después de leer un artículo relacionado con el estudio de la American Journal of Psychiatry. 2012 Ene;169 (1):89-94 del 9/01/2012, titulado  “Religiosidad y depresión mayor en adultos con alto riesgo: Un estudio prospectivo de diez años”,  no puedo dejar de alegrarme al comprobar que los estudios relacionados con la familia acaban comprobando lo que ya la Biblia nos ha enseñado acerca de la importancia de la misma.

En este artículo se nos demuestra como las familias que le dan importancia a la religión o a la espiritualidad tienen un efecto protector contra la recurrencia de la depresión, particularmente en los adultos con antecedentes de depresión de los padres. Es decir, la fe, la espiritualidad, es un protector frente a un mal como la depresión, convirtiéndose en un factor que hace fuerte o saludable a una familia frente a los cambios estresantes que sufre a lo largo de su ciclo vital.

Han sido muchos los trabajos editados con el fin de estudiar las fortalezas y las debilidades de las familias, resaltando aquellas características que las convierten en saludables y con capacidad de adaptarse a los cambios propios del ciclo de la vida.

 Desde de la década de los 80 se habla del concepto de resiliencia familiar, ahora muy en uso. Podríamos definir la resiliencia familiar como la capacidad de una familia para recuperarse de circunstancias adversas y salir de ellas fortalecida y con mayores recursos para afrontar otras dificultades de la vida.

Esto implica los procesos de superación y adaptación con que con que cuenta cada familia cuando se ve amenazada por alguna de las crisis que son naturales a la vida, tales como la enfermedad, la perdida de seres queridos, las separaciones conyugales, el mismo crecimiento de los hijos (muy especialmente la adolescencia), que generan adaptaciones mutuas, así cada familia va asimilando estas nuevas situaciones y tratando de acomodarse positivamente a ellas en un proceso continuo de adaptación para lograr nuevamente su punto de equilibrio funcional, que nunca es para siempre, sino un proceso dinámico que supone flexibilidad y creatividad.

 Es importante conocer que hay una serie de características funcionales de las familias saludables que las hacen fuertes para afrontar, y aún prevenir, los cambios de la vida.

Desde nuestra perspectiva  hay unos principios básicos en relación a la familia, que han sido refrendados por numerosos estudios  (1):
· La familia es el cimiento de las sociedades.
· Todas las familias tienen fortalezas.
· Si uno, al estudiar la familia busca problemas, déficits, circunstancias negativas, será sólo eso lo que encontrará cuando acabe su investigación. Y si en la investigación con familias se buscan fortalezas, capacidades, valores, eso será lo que encontrará tras su estudio.
· Las familias fuertes y saludables lo son por su funcionamiento, no sólo por su estructura: hay numerosas familias monoparentales, reconstituidas, que son fuertes y funcionan emocionalmente de una forma saludable.
· La estructura de dos padres comprometidos en matrimonio facilita claramente el mejor funcionamiento familiar.
· Los matrimonios fuertes y saludables son el centro de muchas familias fuertes. La óptima relación de pareja es una fuente fundamental de fortalezas para las familias que lo están haciendo bien.
· Las familias saludables tienden a crear, a dar lugar a hijos con altas capacidades y habilidades relacionales.
· Si uno crece en una familia fuerte le va a resultar más fácil crear una familia fuerte cuando llegue a la edad adulta. Pero también es bastante probable acabar creando una familia fuerte aunque se haya crecido en una familia con serios problemas, si se propone aplicar los principios adecuados.
· Las fortalezas se desarrollan a lo largo del tiempo. Cuando las parejas inician su andadura se encuentran que su relación exige progresivamente una adaptación, reajustes, etc. Las fortalezas, las capacidades, crecen en proporción a los desafíos, a los retos que la vida va planteando.
· Las familias saludables no reparan demasiado en cuáles son sus fortalezas: simplemente las viven a diario.
· Las familias fuertes, como las personas, no son perfectas. Una familia fuerte es la que ante una crisis se rehace y, en general, una familia fuerte es la que continuadamente está en proceso de crecimiento.
· Los seres humanos tienen el derecho y la responsabilidad de luchar por sentirse seguros, confortables, felices y amados: las familias fuertes son un lugar donde esta aspiración sucede, tiene lugar. Las familias fuertes es un lugar donde las personas apuntan a una vida feliz.

 En resumidas cuentas si tuviéramos que definir familias saludables diríamos que son aquellas capaces de adaptarse al cambio; capaces de fijar unos límites apropiados; capaces de desarrollar sus relaciones a través de una comunicación abierta; capaces de promover responsabilidad; capaces de ser más funcionales sobre la base de una pareja que confía en sí misma y en sus hijos; capaces de enfrentar el futuro con optimismo.

 ¿Cómo podríamos integrar toda esta información para el bien de las familias en nuestras iglesias? ¿Qué características específicas deberíamos potenciar para fortalecer y sanar nuestras familias?

Entre otras podemos resaltar, siendo una lista provisional:
· Compromiso entre sus miembros

· Aprecio y conexión entre sus miembros

· Buena disposición para pasar el tiempo juntos

· Comunicación eficaz.

· Orientación espiritual y/o religiosa

· Capacidad de manejar la crisis de un modo positivo

· Capacidad de alentar y reconocer el crecimiento de cada miembro

· Claros roles y funciones.

 A lo largo de las siguientes semanas nuestra propuesta de trabajo será abordar estas características con el fin de enriquecer nuestras familias.

Marcos Zapata.

Autores: Marcos Zapata

© Protestante Digital 2012


El presidente cede a la presión ejercida por la jerarquía católica en las pasadas semanas

A partir de ahora deberán ser las empresas aseguradoras las que cubran esos métodos

Washington
Obama anuncia el cambio a la medida, junto a la secretaria de Sanidad, Kathleen Sebelius. / JIM WATSON (AFP)

Cediendo a la presión de los católicos y atendiendo al cálculo político, Barack Obama anunció ayer nuevas normas que excluyen a las empresas afiliadas a la Iglesia católica de la obligación de ofrecer anticonceptivos a su empleados. El presidente intenta así aplacar el malestar que se había creado en algunos sectores de la sociedad por lo que se entendía como un ataque a la libertad de conciencia y, al mismo tiempo, despejar lo que se había convertido en un obstáculo para su reelección.

Obama aseguró que, “como ciudadano y como cristiano”, comprendía la preocupación que este asunto ha desatado y garantizó que, a partir de ahora, serán protegidos los derechos de las mujeres sin afectar a la libertad religiosa. “Las organizaciones religiosas”, dijo, “no tendrán que proveer directamente ese servicio (el de anticonceptivos), pero las mujeres que trabajen que esas organizaciones tendrán acceso gratuito a ellos, como cualquier otra mujer”.

Este anuncio se produce después de varios días en los que, tanto la jerarquía de la Iglesia católica como diferentes grupos religiosos, algunos de ellos de orientación progresista, habían advertido del daño que la medida anteriormente impuesta por el Gobierno podría causar en las relaciones entre Obama y esa confesión religiosa.

La secretaria de Salud y Servicios Humanos, Kathleen Sebelius, había comunicado el pasado 20 de enero que las empresas vinculadas a la Iglesia católica, como universidades, colegios, hospitales y centros de caridad, estarían obligadas, como cualquier otra desde que entró en vigor la nueva ley de reforma sanitaria, a suministrar anticonceptivos dentro de los seguros de salud que ofrecen a sus trabajadores.

Aunque se tomó de acuerdo con las recomendaciones de un panel de expertos que entendía los anticonceptivos como una parte esencial de la atención preventiva a la salud de las mujeres, esta decisión desató la alarma en la Iglesia católica. Algunos obispos amenazaron con no cumplir con la norma y ciertos grupos religiosos denunciaron una intromisión por parte del Gobierno en las exigencias de su fe.

El conflicto, que crecía en los últimos días, amenazaba con minar la popularidad del presidente entre uno de los grupos de electores que le son más favorables. Obama ganó en 2008 el voto católico por 16 puntos de ventaja sobre John McCain. Los católicos son amplia mayoría entre los hispanos, cuya participación puede ser decisiva en las elecciones de noviembre, y católicos son también seis de los nueve miembros del Tribunal Supremo que este año tiene que pronunciarse sobre la constitucionalidad de la reforma sanitaria.

El católico más prominente de la Administración, el vicepresidente, Joe Biden, ha actuado como mediador con las comunidades religiosas para llegar al acuerdo anunciado ayer. Y otro católico influyente, el ex candidato presidencial John Kerry, que representa a los grupos católicos progresistas de la costa Este, recomendó al presidente dar marcha atrás delicadamente.

Según la Casa Blanca, con esta “acomodación”, de acuerdo al lenguaje oficial, no se priva a las mujeres que trabajan en empresas católicas del acceso a anticonceptivos. Aunque los empleadores católicos no tendrán que pagar por esos medicamentos, las compañías de seguros sí estarán obligadas a incluirlos en su cobertura sin recargo alguno de la póliza.

Debido a la polarización que este conflicto ha alcanzado, la solución encontrada por Obama quizá tranquilice a la Iglesia, pero puede irritar a otros segmentos de la sociedad, especialmente a las mujeres y a los demócratas de izquierda, que habían pedido al presidente mantenerse firme en su posición anterior.

 

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Una exposición descubre la obra del fotógrafo estadounidense Lewis Hine, pionero del documentalismo social

‘Medianoche en el puente de Brooklyn’, 1906. ©Colección George Eastman House, 2012. / LEWIS HINE

Fue uno de los pioneros en entender que el arte es un instrumento perfecto para cambiar la realidad. El trabajo infantil, la emigración y las terribles condiciones de vida de los obreros en Estados Unidos a comienzos del siglo XX fueron permanente motivo de inspiración de Lewis Hine (Wisconsin, 1874-Nueva York, 1940), fotógrafo estadounidense y pionero del documentalismo social. La fundación Mapfre dedica al artista una retrospectiva con 170 imágenes que a partir de mañana se puede visitar en su sede madrileña.

Maestro y sociólogo de profesión, la fotografía no fue su vocación inicial. Él quería cambiar el mundo y buscaba pruebas sobre las que armar sus argumentos. Con un grupo de estudiantes se adentró en las condiciones de vida de los niños durante el cambio de siglo. El escenario era la isla de Ellis, el centro de recepción de inmigrantes en Manhattan.

Allí retrató la llegada de embarcaciones cargadas de exhaustas familias europeas que huían del hambre de sus países de origen, hombres y mujeres de mirada aturdida, grupos de italianos sentados sobre sus petates a la espera de destino, mujeres dormitando y niños, muchos niños, con marcas de mugre en la cara y tristeza infinita en la mirada. Esas primeras imágenes le convencieron de la fuerza que la fotografía para influir en la opinión pública. Ya nunca soltaría la cámara.

Capturó la llegada y quiso seguirles hacia los lugares en los que hacinaban, en los que comían y en los que trabajaban. Aspiró a denunciar el rechazo de la población americana que les recriminaba el no conocer su idioma, sus costumbres, sus familias numerosas con mujeres siempre preñadas y cargadas de hijos…Es un patrón de comportamiento que, como recuerda la comisaria, Alison Nordström, repetimos los países ricos ante la llegada de inmigrantes del tercer mundo.

Los niños trabajadores en Estados Unidos, entre 1903 y 1913, fue su segunda serie importante, aunque el tema no lo abandonaría nunca. Retrató numerosos niños y niñas con expresión de adultos que trabajaban 14 horas en las fábricas, como repartidores, lustrando zapatos o colocando bolos para que otros jugaran. Lejos de ir a la escuela, les contrataban para los trabajos más penosos por menos dinero que a los adultos y, al igual que los mayores, los pequeños sufrían accidentes por los que terminaban con las piernas o los brazos amputados y condenados a la mendicidad de por vida. Con estas fotos Lewis Hine luchó y logró grandes avances para mejorar las viviendas de los extranjeros y erradicar los talleres de explotación infantil.

A finales de la primera Guerra Mundial, Hine viajo a Europa y, empotrado en la Cruz Roja Americana, pudo seguir a los niños, las grandes víctimas también en las guerras.

La construcción del Empire State en Nueva York (1930-1931) le dio las oportunidad de denunciar las condiciones de peligrosidad en las que trabajaban los obreros de la construcción. Hay hombres que parecen volar entre las grúas, otros que se refugian de los cascotes que caen o aguantan el viento paleta en mano.

Lewis Hine empezaba a vivir de la fotografía cuando murió de una complicación posoperatoria en un hospital neoyorkino. Había recibido encargos de Life o Fortune pero no le pagaron suficiente para evitar el desahucio de su casa. Murió solo y pobre, sin saber que se convertiría en el maestro de la fotografía documental.

Familia italiana buscando equipaje perdido, isla de Ellis, 1905. Colección George Eastman House, 2012

‘Hilandera en una fábrica de Nueva Inglaterra’, 1913. Colección George Eastman House, 2012.

‘Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas’, ca. 1909. Colección George Eastman House, 2012.

‘Esperando a que abra el dispensario. Distrito de Hull House, Chicago’, 1910. Colección George Eastman House, 2012.

 

 

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El joven huyó del país ante la multitud de llamadas a su ejecución

Los clérigos saudíes piden su cabeza por insultar al profeta

 

El periodista saudí Hamza Kashgari.

Un periodista de Arabia Saudí ha sido detenido en Malasia tras huir de su país por la oleada de críticas y llamadas a su ejecución que provocaron algunos de sus mensajes en Twitter. El columnista, de 23 años, mostró sus dudas acerca de Mahoma en sus tuits, lo que generó unas 30.000 respuestas en la red y las críticas de algunos clérigos sauditas que piden que se le castigue con la pena de muerte.

«El arresto -a su llegada al aeropuerto- forma parte de una operación de la Interpol a petición de las autoridades saudíes», ha asegurado un portavoz de la policía malasia, que no ha dado más detalles ni ha avanzado si el reportero, Hamza Kashgari, será extraditado a Arabia Saudí.

Kashgari subió sus mensajes a la red social el pasado sábado, el mismo día en que se celebra el cumpleaños del profeta Mahoma. Aunque ya es imposible localizar los mensajes, porque él mismo los borró de su cuenta tras la polémica generada, los medios de comunicación locales informan de que en ellos el periodista refleja su visión contradictoria sobre el profeta. Según a agencia AFP, el joven escribió: «He amado cosas sobre ti y he odiado otra. Hay muchas cosas tuyas que no entiendo. No voy a orar por ti».

La blasfemia es un crimen castigado con la ejecución en Arabia Saudí, según su estricta interpretación de la ley islámica, pero no lo es en Malasia.

Malasia y Arabia Saudí no tiene un tratado formal de extradición, pero un portavoz del Ministerio del Interior de Malasia, que pidió no ser identificado, explicó que Kashgari podría ser extraditado en virtud de otros acuerdos bilaterales de seguridad.

 

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La cumbre eclesiástica sobre la pederastia declara a las víctimas como prioridad

La jerarquía prepara un plan de acción para atajar el problema

El cardenal Reinhard Marx espera al inicio de la conferencia de prensa de clausura del simposio sobre abusos sexuales celebrado en Roma. / GREGORIO BORGIA (AP)

No son fáciles los cambios en una organización sólida y boyante con más de 20 siglos de antigüedad, cuya directiva está formada por un consejo de ancianos y cuyo jefe máximo —en la tierra— solo tiene que dar cuentas a Dios de sus decisiones infalibles. Tal vez solo así se pueda explicar la reacción tardía y errática de la Iglesia católica ante los miles de abusos a menores cometidos por clérigos en todo el mundo. Y tal vez solo así se pueda entender hasta qué punto el simposio sobre esta cuestión, organizado por el Vaticano y clausurado el jueves en Roma, ha supuesto un giro copernicano en su política. No solo porque por primera vez —en directo, con luz y taquígrafos— representantes de 110 conferencias episcopales y superiores de 30 órdenes hayan escuchado de viva voz el testimonio de una de “sus” víctimas, sino también porque el mensaje, rubricado con el sello papal, es nítido y contundente: “Las víctimas son nuestra prioridad. Los curas, ante el juez”.

La Iglesia puede estar callada durante décadas —incluso con un silencio cómplice—, pero cuando habla lo hace midiendo muy bien el mensaje, los tiempos, la escenografía. Desde el lunes hasta el jueves, Roma ha sido la sede de un simposio milimétricamente organizado por el Vaticano, a través de la Pontificia Universidad Gregoriana, para lanzar un mensaje muy claro al orbe cristiano resumido en tres reflexiones del Papa y una cuarta pronunciada por el obispo Charles Scicluna, promotor de justicia del Vaticano. Las frases de Benedicto XVI son: “La pederastia es una tragedia. Las víctimas tienen que ser nuestra preocupación prioritaria. La Iglesia necesita una profunda renovación”. La cuarta reflexión, la del obispo Scicluna, es la consecuencia lógica de las tres anteriores y supone, de hecho, un gran salto adelante: “Es erróneo e injusto aplicar la ley del silencio ante los casos de pederastia. El abuso sexual de menores no es solo un delito canónico, sino también un delito perseguido por el Derecho Civil. Por tanto, es esencial cooperar con las autoridades”. El cardenal de Múnich (Alemania), Reinhard Marx, vino a decir lo mismo en el cierre de la cumbre, aunque de otra manera: “La legislación estatal no se puede ver como una injerencia en los asuntos de la Iglesia”.

Representantes de la curia han mostrado su preocupación por lo que pueda estar sucediendo aún en Asia o en África

Cualquiera, con un mínimo punto crítico, puede responder que las valoraciones antes expuestas son un rosario de obviedades. Y es cierto. Pero son un rosario de obviedades que, hasta hace poco, la Iglesia tenía sepultadas bajo las siete llaves de los ojos cerrados, de la negación, de la estigmatización de las víctimas, de la protección —casi delictiva— de los culpables… Teniendo en cuenta estos antecedentes es cuando adquiere valor el simposio. No solo por lo dicho, sino por la forma de decirlo.

El encuentro ha sido en realidad una ceremonia en la que, de forma pública, se ha representado el sacramento de la Penitencia. El Papa, en su mensaje inaugural, aportaba la necesaria dosis de arrepentimiento al reconocer la gran deuda de la Iglesia con las inocentes víctimas de sus pastores. Enseguida, los participantes conocieron el testimonio desgarrador de Marie Collins, la mujer irlandesa de 65 años que, cuando tenía 13 y se encontraba sola y enferma en un hospital, fue agredida sexualmente por un capellán: “Las mismas manos que abusaban de mí me daban la comunión”. Sus palabras ante los sacerdotes y obispos reunidos en Roma —para que ya nadie en el seno de la Iglesia pueda decir nunca que no se enteró, que no sabía— fueron dadas a conocer inmediatamente a la opinión pública, en un mensaje muy nítido de que ya se acabó el tiempo del silencio. El testimonio de Collins —su agresión, la forma en que el sacerdote le inoculó la culpa, la estrategia de la jerarquía para protegerlo— representó de una forma muy gráfica la actitud de la Iglesia durante décadas. Estos días la Iglesia ha reconocido, ante sí y ante el mundo, el más feo de sus pecados.

La penitencia impuesta —más de 2.000 millones de dólares (1.507 millones de euros) pagados en indemnizaciones y una bruma de sospecha que envuelve también a los inocentes— deberá desembocar ahora en un eficaz propósito de enmienda. Los participantes en el simposio, que pidieron perdón públicamente a las víctimas, tendrán que elaborar antes de mediados de mayo una serie de propuestas para intentar atajar un problema cuyas dimensiones aún no se conocen. De hecho, algunos representantes de la curia han mostrado su preocupación por lo que pueda estar sucediendo en Asia o en África, de donde prácticamente no llegan denuncias.

Pese al largo camino por recorrer, el representante en el simposio del episcopado italiano, el cardenal Lorenzo Ghizzoni, asegura que estas jornadas han supuesto “un cambio de mentalidad” total: “La determinación de poner en primer lugar a las víctimas es un verdadero giro copernicano para la Iglesia”.

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María Garzón sacó la cara por su padre, quien ha sido inhabilitado por 11 años. El polémico juez fue quien logró detener a Pinochet

Jueves 09 de febrero de 2012 – 08:24 pm
Baltasar Garzón
Una mujer se solidariza con el juez Baltasar Garzón. (AP)

Madrid (EFE). María Garzón Molina, hija del magistrado Baltasar Garzón, ha contestado este jueves a todos aquellos que se han alegrado por la inhabilitación de su padre y que “brindarán con champán“, que ni ella ni su familia bajarán la cabeza ni derramarán una lágrima por su culpa.

A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa, no les daremos ese gusto”, ha asegurado María Garzón en una carta enviada a los medios de comunicación después de que el Tribunal Supremo haya condenado a su padre a 11 años de inhabilitación en su carrera profesional.

La hija del magistrado dirige su misiva a todos los que “durante años han vertido insultos y mentiras” y a los que “por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo”.

“NOS HAN TOCADO PERO NO HUNDIDO”
“Nos han tocado, pero no hundido, y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias, por acuerdos de pasillo”, escribe la joven.

En su carta aboga por una Justicia que “respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias”, por una “Justicia de verdad”, en la que, según ella, le han enseñado a creer desde que nació.

En esa Justicia en la que, según María Garzón, le han enseñado a creer desde que nació y la que desea que su hija, “que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer”.

A pesar de que con la sentencia a su padre, la Justicia a la que se refiere su hija ha sido, según ella, “mermada”, María Garzón confía en que “este golpe” no se vuelva en contra de la sociedad “por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener”.

“Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila”, concluye María Garzón.

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La obligatoriedad de los anticonceptivos enfrenta al presidente con una de sus principales bases electorales

 Washington

Obama, en un acto sobre Ciencia en la Casa Blanca el pasado día 7 / SAUL LOEB (AFP)

Aunque Irán y la economía sean las principales amenazas para su reelección, Barack Obama se ha encontrado en los últimos días con un obstáculo inesperado que encierra un enorme potencial de perjudicar sus posibilidades de victoria el próximo noviembre: la Iglesia católica. Un conflicto sobre la obligación de que las instituciones católicas suministren anticonceptivos en los seguros de sus empleados, podría derivar en una batalla religiosa de graves repercusiones electorales.

Ante la presión de la jerarquía y de personalidades católicas, el Gobierno ha ofrecido esta semana los primeros síntomas de dar marcha atrás para contener la furia de una confesión religiosa que frecuentemente ha apoyado a la izquierda y que fue decisiva para el triunfo de Obama en 2008.

Como todos los casos que afectan a la fe de las personas, la salud de las mujeres y sus derechos de reproducción, éste asunto posee múltiples enfoques bien fundamentados. Entran en juego aspectos vitales en toda sociedad, como la libertad individual, las obligaciones del Estado con sus ciudadanos y los límites en la compleja relación entre la política y la religión. Pero lo más importante en este momento es dilucidar si Obama se ha metido innecesariamente en un debate ideológico con el que compromete su futuro político.

La respuesta no es sencilla. Defender el principio de que el acceso a los anticonceptivos es, ya avanzado el siglo XXI, un derecho de las mujeres en el que no se pueden admitir excepciones, parece un causa muy razonable. Pero alienar por esa razón a millones de potenciales votantes que se siente ofendidos, puede ser un tremendo error político.

El conflicto estalló el pasado 20 de enero, cuando la secretaria de Salud y Servicios Humanos, Kathleen Sebelius, anunció que las empresas de afiliación católica, como hospitales, colegios, universidad y algunas instituciones de caridad, estaban obligadas, como cualquier otra, a incluir los anticonceptivos dentro de los seguros de salud que ofrecían a sus trabajadores. Obviamente, no es que las monjas y los curas tuvieran que darles pastillas contra el embarazo a las mujeres, como grotescamente lo han planteado algunos críticos de esta medida, sino que los doctores a los que acceden los empleados de la Iglesia católica puedan recetar ese tipo de medicamentos.

El Gobierno actuó de acuerdo a las recomendaciones de un panel de expertos sanitarios que, en el marco de la reforma sanitaria de 2010, consideró los anticonceptivos como una parte imprescindible de la salud de las mujeres. Entendiendo, por supuesto, que aquella persona que, por razones de conciencia, rechazase su uso, no estaba obligada a hacerlo. “Creo que hemos hecho un balance entre el respeto a la libertad religiosa y la necesidad de facilitar el acceso a servicios preventivos necesarios”, sostuvo Sebelius.

La Iglesia católica no lo vio así. “Forzar a los ciudadanos norteamericanos a escoger entre violar su conciencia o renunciar a su seguro de salud es injusto”, manifestó el arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal norteamericana, cardenal Timothy Dolan. Otros obispos y sacerdotes fueron más lejos y advirtieron que las institucionales católicas no cumplirían jamás con la exigencia del Gobierno.

Destacadas figuras del ámbito católico, como Jim Towey, presidente de la universidad Ave María de Florida, anunciaron que lucharían contra esa disposición “con todos los medios legales disponibles”. E incluso católicos que siempre han estado del lado de Obama, como Douglas Kmiec, quien en 2008 presidió un grupo para fomentar el voto católico para el entonces candidato demócrata, han advertido que este episodio “causará sin duda grandes problemas para Obama”.

Es ahí donde radica la trascendencia de esta polémica. El ángulo moral o legal, siendo importante, no tiene un impacto inmediato. Pese a todas las quejas de la Iglesia, es difícil que la jerarquía llegase a provocar una insurrección contra la autoridad del Gobierno. Después de todo, regulaciones semejantes a la anunciada por Sebelius están actualmente en vigor en 28 Estados del país sin que haya sucedido nada.

Por lo que esto preocupa hoy mucho en la Casa Blanca es por el daño que puede causar entre votantes teóricamente favorables. Obama ganó el voto católico en 2008 por 16 puntos de ventaja, e incluso en este momento, cuando su popularidad es muy inferior, sigue teniendo diez puntos de preferencia sobre cualquier candidato republicano.

Un amplio porcentaje de católicos están asentados en Estados progresistas del Este y otra gran porción de ellos son hispanos, ambos grupos, votantes demócratas. Los católicos estuvieron entre los principales defensores de la polémica reforma sanitaria de Obama y van a ser imprescindibles para influir en los miembros del Tribunal Supremo –seis de los nueve son católicos- que tienen que decidir este año sobre la constitucionalidad de esa ley.

Entrar en conflicto con ese colectivo a nueve meses de las elecciones puede ser insensato. Aunque un 53% de los católicos, según una encuesta, respalda la obligatoriedad de los anticonceptivos, la otra mitad lo rechaza, y la campaña de presión en marcha puede cambiar todavía más esas cifras. Al margen de los católicos, el ruido de una guerra de religión puede perjudicar al presidente entre otros sectores de votantes moderados e independientes. El candidato republicano Mitt Romney ha comenzado a incluir en sus mítines la denuncia de que “existe un asalto por parte del presidente a las creencias religiosas”.

Ante esa realidad, Obama ha empezado a reconsiderar su posición. El jefe de su campaña de reelección, David Axelrod, ha declarado que “se está buscando una forma de garantizar el derecho a la atención preventiva al mismo tiempo que se respetan las prerrogativas de las instituciones religiosas”. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, ha asegurado que el presidente no ha cambiado de posición pero está dispuesto a escuchar diversas fórmulas de solución.

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Las jóvenes inmigrantes dan por hecho que pueden sufrir una agresión sexual en La Bestia

Antes de subirse al tren, muchas mujeres se inyectan un anticonceptivo

México
Amanece en La Bestia. Dos ilegales duermen en el vagón de carga mientras otro vigila que no se caigan. / MARIO LASTRA

Sigo de pie, agarrado a una pequeña barandilla metálica roñosa que es mi único asidero entre estos dos vagones cargados de cemento. No quiero sentarme para que no me venza el cansancio y el sueño. No me fio de La Bestia. Son poco mas de las cinco de la mañana. Miro hacia abajo y alumbro con una pequeña linterna las ruedas de La Bestia. Tengo la impresión de estar subido en una especie de cuchilla gigantesca, que chirría constantemente. Un tropezón, un empujón, un descuido y se acabó. Acabamos de pasar por el apeadero de Matías Romero, una pequeña localidad de Oaxaca, México. Mis compañeros de viaje, los ilegales que cuelgan conmigo en este tren de mercancías, me dicen que ahora empieza lo bueno. «Entramos en territorio de los Zetas», me suelta un guatemalteco. ¡Los Zetas! Probablemente el cártel mas sanguinario de los narcos de este país. Los que se dedican a subir a Internet vídeos decapitando a sus víctimas. Los autores de la masacre de San Fernando, donde asesinaron a 72 migrantes ilegales como estos, como nosotros, después de secuestrarlos. «Si el tren se para de repente, como sin justificación, salte varón, porque van a subirse las Maras o los Zetas. Salte y corra hacia el bosque si quiere seguir vivo», me dice otro de los migrantes.

Aquellos 72 migrantes fusilados a bocajarro tomaron una decisión muy valiente que les costó la vida, me había dicho el Padre Alejandro Solalinde en su albergue de Ixtepec: «Al no poder pagar su rescate debían trabajar para los Zetas como sicarios, asesinando a otros migrantes. Y al negarse masacraron a los 72». Solalinde es uno de los activistas pro derechos humanos más conocido de México. Lleva años denunciando los abusos de las autoridades y de los narcos contra los migrantes, y ofreciéndoles cama, comida y consejos para seguir el camino. Cuando le dije que me iba a subir al tren, a La Bestia, me dijo que era muy necesario que se mostrarán las condiciones del viaje de todos estos desheredados, pero que tuviera mucho cuidado. Que su propio albergue había documentado el año pasado 362 secuestros de migrantes. «Y no sabemos cuantas personas han sido asesinadas o desaparecidas, y yacen por ahí, en fosas clandestinas», me contaba con pesar.

Solalinde es de esas personas que destilan bondad. Casi todos los migrantes con los que viajo en este convoy de mercancías han pasado por su casa, pegada a la vía del tren. Vestido de un blanco inmaculado le he visto recibir a todos los ilegales que llegan a lomos de La Bestia, sabiendo que muchos de ellos viajan con un guía, un pollero, un traficante que les esconderá en casas de seguridad y que les cobrará 2.000 dólares por llevarles a los Estados Unidos. Muchos de esos serán secuestrados por los propios traficantes de personas. «Hay que investigar y rastrear las trasferencias de dinero de Western Union, porque muchas de ellas no son remesas de dinero de los emigrantes que trabajan, sino pagos del rescate por un familiar secuestrado en La Bestia», me cuenta muy serio.

Siete de cada diez mujeres son violadas

Pero si algo le enerva de verdad es hablar de las mujer migrantes, las mas vulnerables, las mas desprotegidas: «Es rara la que se salva de ser violada», dice circunspecto. Le pregunto que datos tiene. Me mira y reflexiona. Cuenta que es difícil tener estadísticas fiables porque las mujeres tienden a ocultar la violación. Que los estigmas sociales, el peligro de expulsión si lo denuncian, o el deseo de llegar como sea al norte, a Estados Unidos, les lleva a ocultar y callar los asaltos, pero que son muchas: «Siete de cada diez mujeres migrantes que pasan por México son violadas en algún punto del recorrido.»

¡La violación como parte del precio del pasaje!. Antes de subirme a La Bestia había preguntado a algunas mujeres migrantes por el peligro de ser abusadas sexualmente. Todas encogían los hombros y bajaban la mirada, como dando por hecho que suele pasar y que les puede pasar. Una suerte de derrotismo vital. Muchas de estas jóvenes, guatemaltecas, salvadoreñas, hondureñas, se inyectan antes de subirse al tren un anticonceptivo conocido como Depo-Provera. Le llaman «la inyección anti-México». Impide la ovulación durante tres meses y de esa manera, si son violadas, evitan al menos quedarse embarazadas.

«Aquí, en La Bestia, se pierde la vida y la dignidad. Aquí si un puñado de hombres dicen ‘te vamos a agarrar y te vamos a violar’, lo hacen… Enfrente de todos… Y nadie dice nada…». Me lo contó Morena Alfaro, una salvadoreña de 32 años de mirada vivaracha. Ella se libró por los pelos. O según ella, por la intercesión de la Virgen de Guadalupe, de la imagen que lleva colgando del cuello. Ocurrió en una de las paradas del tren. Eran varios. A ella se la llevaron lejos de las vías y le pusieron una pistola en la cabeza. Lloró, suplicó y le pidió al asaltante que se acordara de su propia madre. «Le dije que el también era hijo de mujer, como yo..». Finalmente le dió una fuerte patada y le robó todo lo que llevaba. Su prima tuvo menos suerte y fue violada por varios tipos.

Es tan escandalosa la certeza de esas mujeres de que serán abusadas sexualmente que algunas de ellas optan por vestirse de manera sexy y aprovecharse de su cuerpo para seguir avanzando en los controles de migración. Otras, como Morena, deciden buscarse maridos de conveniencia. El trato es ofrecer a ese hombre favores sexuales a cambio de protección. Que se haga pasar por su marido y la defienda. «Yo no lo considero prostitución -me dice Morena-, sino supervivencia. Lo hago para sobrevivir. La prostitución se hace por dinero y esto es por necesidad. O lo hago o no avanzo en la ruta».

Morena no cogió el tren ésta noche. Se quedó en la estación esperando al siguiente porque estaba, decía, justita de fuerzas. Hay que tener muchas agallas para subirse a un vagón como éste en el que estoy. Para pasarse toda la noche a oscuras, rodeada de tipos que no conoces, expuesta al asalto de los bandas organizadas que buscan mujeres como ella para violarlas u obligarlas a prostituirse en garitos de mala muerte en Tapachula o Ixtepec. Son las seis de la mañana. Empieza a amanecer. Ahora por fin puedo ver algo del paisaje que atravesamos. Sigo en territorio de los Zetas, los de la última letra, como les dicen. El tren ha frenado un momento, casi se ha parado, y me subido al techo del vagón para ver qué pasa. Veo las caras de miedo de otros migrantes. Todos pensamos lo mismo: «Nos van a asaltar»…

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Mi computadora y yo ¡Qué bendición!

Publicado: febrero 8, 2012 en opinión

Juan Stam

Mi computadora y yo[1]

¡Qué bendición!

No sé si habrá sido la experiencia de muchas otras personas, pero a mí la computadora me cambió toda la vida radicalmente. Si yo hubiera nacido veinte años antes, o si la computadora se hubiera inventado veinte años después, en muchos aspectos muy importantes, yo no sería yo.

Explico: En mi vida a.C. (antes de la computadora), odiaba tener que escribir y lo hice muy a regañadientes. Mi letra es una atrocidad y ni yo la entiendo. Mi máquina de escribir me odiaba, y yo a ella, y con ella nunca llegamos a un entendimiento mutuo. Yo era muy perfeccionista, por lo menos al escribir, y con la máquina nada me salía satisfactorio. Decía que tenía dos razones por no escribir: una razón bíblica, pues Jesús nunca escribió nada, excepto en la arena, y otra razón filosófica, que Sócrates tampoco. «Yo no nací para escribir», decía, «sino para hablar». (Y de la tarea de mantener la correspondencia al día, mejor ni hablar. La correspondencia fue el Calvario de nuestras primeras décadas como misioneros).

En 1987 fui invitado a enseñar en Calvin College y a colaborar en escribir un libro sobre Centro América. Suponía que ellos me prestarían una máquina de escribir, pero cuál fue mi sorpresa a encontrarme con una computadora y un estudiante avanzado, llamado Piet Koene, para enseñarme a usarla. Dentro del mes tenía que dar dos conferencias, ambas en Minnesota, y temía que me iba a ser difícil escribirlas a tiempo. Pero con la computadora me salió fácil redactarlas, me sobró tiempo y, francamente, salieron mucho mejor que mis escritos anteriores. En Calvin comenzó mi vida d.C., gracias a Dios.

Mi computadora es mi amiga y conversa conmigo. A menudo duermo con ella y me hace grandes favores. Tiene una tecla maravillosa que se llama «borrar», que hace desaparecer mis errores para nunca volver a verlos. Tiene una memoria fenomenal, que pone totalmente a la disposición mía, y una facilidad «Google» que me busca todo lo que le pido y hasta ahora nunca me ha fallado. Tiene otra cosa que francamente le envidio, un botón que se llama «dormir» y en cinco segundos ella cierra sus ojos y se duerme el sueño de los justos, y eso sin nunca roncar. Me pregunto por qué Dios no nos arregló algún tipo de botón, en el ombligo por ejemplo, para podernos dormir instantáneamente. Quizá porque él sabe que el insomnio nos da buenos tiempos para orar y meditar. Algún día le voy a preguntar.

Para decir la verdad, no soy muy ducho en asuntos de computación y a veces meto la pata (cosa seria para la computadora). Varias veces he borrado accidentalmente todo el disco duro, que son más de 5000 documentos. Pero IBM tiene un plan de salvación que se llama «Asistencia Remota», que me saca de los líos y apuros en que me meto. Tengo dos hijos, Roberto y Ricardo, que saben absolutamente todo y me han rescatado muchas veces de mis transgresiones cibernéticas.

Cuando estoy en apuros y me conecto por «Asistencia Remota» con mi hijo en Atlanta, lo primero que me pregunta mi computadora es, «¿Está usted dispuesto a entregar el control de su computadora a Roberto Stam?» La pregunta me parece muy seria y siempre me hace pensar. Las primeras veces, aunque había entregado el control a mi «asistente remoto», yo trataba de ayudar a Roberto y me tuvo que decir, «Papi, por favor no mete la mano, sólo me complicas el trabajo».  Claro, «Asistencia Remota» tiene sus límites. Es como una división de labores. Roberto puede resolver problemas en el camino y facilitarme el trabajo, pero él no puede escribir mi comentario del Apocalipsis o mis artículos para este blog. ¿No les parece interesante el caso de la Asistencia Remota? ¿Habrá alguna parábola o un mensaje en todo eso?

Para la Navidad de 2006 nuestro querido hijo Ricky me sorprendió con algo que jamás me había ocurrido: «Papi», me dijo, «te voy a dar una página web como regalo de Navidad». Era mucho trabajo y le agradecía la expresión de amor, pero francamente no esperaba gran cosa de ese sitio. Yo venía escribiendo un artículo mensual para un periódico pero me retiré por discrepancias teológicas. Así comencé a escribir articulitos para el blog, y circular algunos de los escritos anteriores, y la cosa crecía a pasos gigantescos. El efecto se multiplica también porque otros sitios web reproducen los artículos.

Hace dos o tres años alguien me sugirió que ofreciera enviar los nuevos artículos a los que me enviaban sus direcciones electrónicas. Ya son más de mil direcciones, pero con los maravillosos servicios de «gmail» enviar todos es menos tiempo y trabajo que enviar dos o tres cartas postales.

Hoy por hoy, la iglesia evangélica de América Latina tiene grandes necesidades, serias desviaciones de toda índole, y los grandes medios tradicionales de radio y televisión, en general, ayudan poco o empeoran los problemas y abusos. Muchos de los lectores que me escriben están profundamente decepcionados con sus iglesias o con los medios cristianos de comunicación masiva. Pero veo esperanza para la iglesia en los medios informales, que juegan un papel cada día más importante en lograr transformaciones, como en la «primavera democrática» de Africa del norte, y movimientos como los Indignados y «Ocupar Wall Street» etc.

No cabe duda de que la iglesia latinoamericana hoy necesita una nueva Reforma. ¿Podrá Dios hacer de nuestras computadoras unos cuantos Martín Luther o Juan Wesley para despertar la iglesia?  Tengo mucha esperanza.

¡Gracias, Señor, por mi computadora,

medio de tu gracia en mi vida!

¡Gracias, Señor. por tus siervos

 Tomás Watson, IBM y Bill Gates!

¡Gracias, Señor, por tu iglesia!

¡Avívanos, Señor, por tu Espíritu!


[1] Tengo entendido que el nombre correcto en castellano es «el ordenador», aunque la Real Academia acepta «computadora» también, que es lo que decimos en Centroamerica.

http://www.juanstam.com


Mike Breen

Earlier this month, Mike Foster wrote an article entitled “Why I don’t believe in Christian Accountability” and it whipped around the web like you might expect. I’ve read it a few times now and I thought it was worthy enough to write a response because it’s such an important topic if we’re going to wrestle through the issues of discipleship mission. Now I don’t know Mike, but I have friends who do and really enjoy him and find him to be an incredibly kind, thoughtful and humble guy. After reading his post, I’m sure he is. To be fair to him, he does have some very compelling things to say in this post, but I think there are a few things he misses that are critical for us.

In essence, this is the crux of his argument:

  • Christian accountability doesn’t work and is mostly toxic for those who participate.
  • It doesn’t work because of lack of grace, bad environments where we are held accountable, we often lie if we want to escape being held accountable (“gaming the system”) and often hurts more people than it helps.
  • Therefore, we should get rid of the whole notion of Christian accountability.

Now before you think he’s throwing the baby out with the bathwater (which is how I perceived on my first read), he then advocates for a “different” thing:

  • Instead of “accountability”, let’s be “advocates”, people who are fellow supporters and intercessors. He believes a new word is needed.
  • These “advocates” should demonstrate radical grace, focus on what people are saying yes to (and not just what they are saying no to), prioritize people and not organizations.
  • Lastly, have different environments where people and groups have different levels of access for you to be honest, rather than restricting it to one group and have a “First Call” where there is at least one person who has 100% access to the whole of your life.

First things first, it becomes pretty clear that Mike Foster believes in accountability, he just doesn’t like the word because of the way people abuse it. In the same way that people don’t like to be called Christians and instead call themselves “Christ Followers,” his proposal is probably close to the way that most people would ideally see Christian accountability happening.

What I’d like to do is perhaps push his thought a bit further and add a bit of nuance.

You see, the way that Mike seems to describe the purpose of accountability or advocacy (and the way most people seem to) seems to be making sure you are doing certain things and not doing other things. And there is something I think he taps into. Many Christians approach this life as if there is a giant check-list in the sky of do’s and don’ts. Now to be sure, there are things that we can say are “Godly” and things that aren’t, and we should walk the way of the straight and narrow, but what I’m concerned with is the process of doing so.

The way I hear people talk about it, faith is mostly about doing the right things, as if it’s all about behavior modification, or as Dallas Willard calls it, “sin management.”

But clearly this isn’t the way Jesus thinks about it.

He says, “Most people think about the outside of the cup or dish, but the inside is filthy. I’m telling you to worry about the inside first.” His position seemed to be if you attended to the inside, the outside would certainly follow suit. Over and over again in the Sermon on the Mount, he seems to be saying,

“Guys, I’m talking about a new reality! It used to be about just following the rules. But the problem with that is it never got to the heart of things. The issue isn’t murder or lying or adultery. Don’t do those things, but seriously, what are your motivations? What’s causing your heart to take you to these places? I’m telling you that if you even entertain the thought of adultery, you might as well be doing it. A sin is a sin is a sin. Let’s start working on the heart.”

It’s about a new reality for Jesus.

Now I’m not suggesting that we should ignore giant holes in our life like drug addiction, affairs, lying, etc and draw lines in the sand, but I am suggesting the more we focus on orienting the inner parts of our life towards God and his coming Kingdom, the more our behavior will reflect this change.

That’s why Jesus says in Mark 1:
The time has come. The Kingdom is near. Repent and Believe the Good News!

You Repent, then you Believe.

Repent is the word metanoia, which refers to an inner reality. It’s about changing your mind. It’s about re-orientation. It’s about coming to understand reality and setting ourselves to live in it. Seeing things differently.

Believe (often used for the word faith as well) is the word pisteuo, which speaks to a certainty that results in action. It’s not blind faith, it’s a bit like experienced knowledge. It’s saying, “I believe the sun will rise tomorrow so I’ll set my alarm.” The belief results in action. It’s that your actions tell everyone what you believe. It’s not blindly believing that God is good; it’s about knowing that God is good because you’ve seen and experienced his unending goodness and that changes the way you live.

The problem is that we’ve often reversed it and that’s what I read in Mike’s post. We make faith about an abstract reality, something we believe “out there” and repentance is something we “do.” We’ve flipped it!

Let’s take a common “accountability” example. For men, you often hear about them struggling with pornography and the usual accountability group or teaching goes something like this: “You struggle with porn? That’s wrong. You need to stop. Stop looking at it.” That’s what repentance looks like in this system. But that’s not how repentance is discussed in the Bible. The real question is WHY. Why can’t you stop looking at it? What inside of you that needs to be redeemed, is causing that behavior?  If we don’t address the inside, we end up with Jesus’ parable: A clean dish on the outside (well, at least most of the time) with something quite dirty on the inside.

But Jesus gives us a fantastic picture of how we should address this. At the end of the Sermon on the Mount he closes with the well-known parable of the wise and foolish builder. The foolish person isn’t the person who doesn’t hear what Jesus has to say; he’s the person who hears but doesn’t do anything with what he hears. Both the wise and the foolish man hear what Jesus says, but only one does something with it.

It’s not management of sin, it’s the development of wisdom. The whole of Matthew 7 is about accountability. If you’ve heard the word, you ought to do something about it.

I think it’s incredibly harmful to boil accountability down to a list of things we should/shouldn’t do. That’s behavior modification and sin management, not faith in our Lord Jesus! It should include questions of integrity and character, but it’s missing an important element, an element that Jesus introduces in this parable, the two fundamental questions of Christian Spirituality:

  • What is God saying to you right now?
  • What are you going to do about it?

It’s a posture of recognition that God is speaking to us, he’s inviting us more fully into his Kingdom every single day…and are we going to do anything with that?

  • Maybe God is saying he’s never been more proud of you. What should you do about that? How will life be different in the next week because he’s said that to you?
  • Maybe God is saying you to forgive your Father and now is the time. What should you do about it?
  • Maybe God is saying that job promotion isn’t right for you even though it’s more money. What are you going to do about it?
  • Maybe God has put a vision in your heart for your neighborhood. What are you going to do about it?

God is constantly speaking to us and is inviting us to himself and his unfolding Kingdom. His desire is that the words he speaks deep into us will change the way we see the world around us (Repentance) and result in us living differently (Belief).

What if much of the way we build our structures for accountability revolved around those questions? What if it revolved around the idea that God wasn’t always looking crossly at us, but was reaching out to us, inviting us into a different way of living? What if accountability was more about stepping into the Kingdom because God has spoken something fresh and new to us and we want to make sure we take those steps?

What if it was about the inside changing and then the outside following suit?

As I think about this, one thing comes to mind mind:

  • It would mean people would need to learn to hear God. Most people I meet really have very little idea how to listen to God, hear what he’s saying…much less respond to what he’s asking. But the word “disciple” means learner, in the original Greek. So that’s good news for us! It means we can learn to hear the voice of our Father, even if we are starting off at a place where we hear very little.

 

http://mikebreen.wordpress.com/