Por Gerardo A. Alfaro|Columnista Invitado de Christian Post

Salimos de Noviembre, mes de acción de gracias a Dios y entramos a Diciembre, mes en el que celebramos la mayor manifestación de la gracia de Dios. Ninguna otra gracia se compara con la gracia que se muestra en la venida del Señor Jesús. Tan grande es esta gracia que la Escritura habla de la aparición de la gracia de Dios, como si todas las otras manifestaciones de la gracia divina fueran insignificantes cuando se comparan con esta
O quizá la razón sea que como el famoso teólogo alemán Wolfhart Pannenberg escribió hace varios años en su Introducción a la Teología Sistemática, la misma existencia del universo encuentra justificación teológica en la existencia del Hijo de Dios. Que Dios sea un Dios que se deleita en darse a otro es algo que aprendemos desde la misma doctrina de la Trinidad. Le es propio a Dios el darse y reflejarse en el otro. Ese otro es principalmente el Hijo, y a través del Hijo, el universo. Todas las gracias con las que el universo está saturado provienen de Dios a través del Hijo.
La carta del apóstol Pablo a Tito en el capítulo 3:1-8 nos menciona tres de las gracias o regalos que vienen subsumidas en “la Gracia” de Dios.
El Primer regalo: Nos recuerda…
La aparición de la Gracia de Dios en Cristo nos recuerda que debemos dejar de ser quienes éramos y convertirnos en hijos obedientes y amables (3:1-3).
El pasaje comienza con un “recuérdales.” Los creyentes debemos recordar algo. Ese algo es un tipo de conducta que debe abandonarse y otro que debe seguirse. La lógica del pasaje se encuentra en que los creyentes son llamados a dejar de hacer algo y hacer en su lugar otra cosa en virtud de que la Gracia de Dios ha aparecido.
Existen 10 cosas que debemos recordar para abandonar y que describen lo que éramos en otro tiempo. Éramos (note el plural, todos incluso a Pablo) difamadores, pendencieros, insensatos, rebeldes, extraviados (con la idea de ser engañados), esclavos de pasiones, llenos de malicia, envidia, éramos aborrecibles, y nos aborrecíamos mutuamente! Qué lista!! Y algunos se atreven a decir que el hombre es bueno en su anterior! Las Escrituras son de otra opinión.
En su lugar estos tres versos nos invitan también a tres cosas. Debemos ser obedientes, estar dispuestos a hacer el bien, y debemos ser mansos. No son muchas cosas, pero son virtudes centrales que la aparición de Jesús nos recuerda a imitar. Gran parte de los vicios a abandonar serían fácilmente superados si estuviéramos dispuestos a recordar la necesidad de obedecer, hacer el bien y ser humildes, todas ellas virtudes claramente demostradas en la encarnación de la gracia de Dios. El bebé del pesebre nos recuerda cuanta importancia tiene para Dios la obediencia, la humildad, y la disponibilidad para hacer el bien.
Por supuesto, dejar aquello y hacer esto no es algo que los hombres pudieran hacer por sí mismos. La gracia de Dios debería darnos otro regalo para que tal cambio sucediera…
El Segundo Regalo: Nos salva…
De acuerdo con el pasaje la aparición de la Gracia de Dios en Jesucristo ha hecho otra cosa. También nos ha salvado, lavándonos y regenerándonos por el Espíritu Santo (3:4-6). Al llegar a este punto debemos preguntarnos ¿qué es esta gracia? La carta ocupa tres palabras relacionadas para hablar de la gracia. En el capítulo 2:11 se habla de la gracia (χάρις) de Dios. Aquí en el capítulo 3 se habla de la bondad ( χρηστότης) y de la filantropía (φιλανθρωπία) de Dios. Recibir gracia es recibir un favor que no merezco, pero que además no puedo alcanzar por mí mismo. No se nos debería olvidar que eso es exactamente lo que sucede con la venida de Jesús. La bondad de Dios aparece en medio de nosotros los malos. Esto que aparece no soló es bondad no merecida, es también inalcanzable. Si Dios no baja, nosotros no podríamos subir!! Se evidencia así al mayor filántropo de la historia: Dios.
Pero, además, ¿a qúe gracia de Dios en particular se refiere este pasaje? No hay duda. No se trata de tantos otros favores, sino de uno en particular. El aspecto verbal ocupado (aoristo) tanto en el verbo “se manifestó” (4) como en el “nos salvó” (5) apuntan a una acción que sucedió una vez en definitiva. Esta ocasión no es otra sino la aparición de Jesús nuestro Salvador (6). La aparición y venida de Jesús es la gracia de Dios en la cual encontramos salvación y liberación de todos aquellos vicios mencionados arriba.
¿Cómo? Dios dice aquí que no nos ha salvado debido a nuestras buenas y justas obras (¿cuáles?). Dice también que en su lugar nos salvó porque derramó en nosotros el Espíritu Santo quien nos ha lavado (λουτροῦ), nos ha recreado (παλινγενεσίας) y nos hecho de nuevo (ἀνακαινώσεως)!
¡Qué bendición es esta que todo este paquetazo nos viene dado a través de (διὰ) Jesús, y nos ha venido abundantemente!. El Espíritu Santo con todas sus bendiciones no sólo es enviado por Jesús como puede aprenderse en otros pasajes del Nuevo Testamento, sino que, de acuerdo al presente pasaje, es “a través” de Jesús que el Espíritu y su obra de salvación llega. Es en el niño de Belén que el Espíritu se encuentra y él se lo da a todos aquellos que se encuentran en él.
Tercer Regalo: Nos asegura…
Finalmente, la aparición de la Gracia de Dios en Jesús nos asegura su justificación y la vida eterna (3:7-8).
La venida del Hijo de Dios en la carne es la forma más efectiva de asegurarnos que Dios está comprometido con nuestra salvación. No parece haber límites para esta gracia, pues incluso aquello que nos suena imposible, que Dios se haya hecho a sí mismo humano, se ha hecho. Qué seguridad más grande es esta, si Dios es con nosotros (Emmanuel), entonces, ¿quién contra nosotros? (Ro. 8).
En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo habla de ese “dulce intercambio” que sucede entre Jesús y los hombres. Su justicia por nuestra injusticia. El toma lo nuestro y nos da lo suyo. Es que Dios y su Hijo nos han hecho parte de su justicia para que vivamos con el justo. Todos aquellos que creen en el niño de Belén que es el hombre de la cruz se les cuenta por justicia…
En el pasaje de Tito, simplemente se afirma que el hecho de que Jesús nos haya salvado, nos asegura nuestra justificación. Es decir, esa condición de estar libre de culpa delante de un juez, de Dios el juez, esa condición de poder vivir con conciencia tranquila, en la confianza de que en el futuro no habrá juicio sino vida eterna. Es esa misma condición la que nos lanza a una vida ocupada en buenas obras… porque le creemos a Dios (8).
Pablo le dice a Tito que insista en esto porque esta palabra es fiel (8). Es decir, se trata de una palabra verdadera, confiable, firme. Debe por lo mismo repetirse con firmeza pues es bueno y útil para los seres humanos.
Al final
Al terminar estas palabras la sensación de haber sido bendecidos con tantas cosas es abrumadora. Recibir la gracia de Dios en Jesús, es recibir un racimo de tantas otras bendiciones. Esa misma gracia de Dios, que es Jesús, nos recuerda a vivir obedientemente. También nos salva, lavándonos y recreándonos. Finalmente nos asegura para vivir ocupados en buenas obras de cara a la vida eterna. ¡No podemos pedir más!

