Vimos la pasada semana que la actitud inicial de los papas fue negarse a aplicar las indulgencias a los muertos.El primero era el concepto del tesoro de méritos.
En el s. XIII, Alejandro de Hales y Hugo de St.Cher apuntaron a la existencia de un capital celestial procedente de los méritos excedentes que procedían de Cristo y de las buenas obras de los santos que no los habían necesitado para salvarse. Semejante tesoro de méritos implicaba un capital espiritual que era accesible a los fieles mediante entrega específica del papa. Así, una indulgencia plenaria transfería los méritos suficientes para librar de todas las penas en la tierra y en el purgatorio.
El segundo desarrollo que afectó a las indulgencias fue la conversión de la penitencia en un sacramento.
Ya hemos señalado antes como la confesión pública ante la comunidad acabó siendo sustituida por otra privada ante el sacerdote. De la misma manera, la secuencia de pesar por el pecado, confesión y absolución se convirtió en dolor por el pecado, confesión, satisfacción y absolución y, finalmente, en dolor, confesión, absolución y satisfacción. En esa evolución, se enseñó que la culpa y el castigo eterno en el infierno eran evitados por la absolución, pero que el castigo temporal derivado del pecado tenía que ser pagado por el pecador antes de entrar en el cielo. Ese castigo temporal podía ser en esta vida o después de la muerte. La penitencia impuesta por el sacerdote se convirtió en el equivalente del castigo temporal, pero si el cumplimiento no era exacto, las penas tendrían que ser completadas en el purgatorio. Llegados a ese punto, la conexión con el sistema de las indulgencias caía de su peso ya que permitía evitar la pena temporal del Purgatorio.
El tercer desarrollo fue la distinción entre atrición y contrición. Hasta el siglo XIII, la creencia común era que Dios exigía para el perdón de los pecados la contrición, es decir, el dolor que nace del amor. Sin embargo, en esa época los teólogos comenzaron a señalar que el dolor causado por la atrición, es decir, el miedo al castigo podía sustituir a la contrición siempre que estuviera vinculada a la disciplina eclesiástica y al sacramento. El dolor, por lo tanto, que producía el pavor al infierno podía ser suficiente para obtener el perdón. Semejante tesis no fue enseñada de manera generalizada, pero la propugnaban los escotistas y los vendedores de indulgencias y gozó –y es lógico que así fuera– de un notable predicamento.
Por otro lado, y no se trataba ciertamente de un problema menor, como sucedía con otro tipo de ventas, la de indulgencias también utilizaba recursos propagandísticos extraordinarios. Sus vendedores afirmaban, por ejemplo, que apenas sonaban en el platillo las monedas con las que se habían comprado las indulgencias, el alma prisionera en el purgatorio volaba libre hasta el cielo. Además dado que semejante beneficio podía adquirirse no sólo para uno mismo sino también para otros, no pocas familias dedicaban una parte de sus recursos a beneficiar a sus seres queridos ya difuntos que, supuestamente, padecían en el purgatorio.
EL “ESCÁNDALO” DE LUTERO
Se piense lo que se piense del curso posterior de los acontecimientos, lo cierto es que aquel episodio constituía un verdadero escándalo moral y no resulta extraño que llamara la atención de Lutero, tanto más si se tiene en cuenta su experiencia pastoral y, de manera muy especial, el desarrollo de una teología en la que Dios entrega todo gratuitamente al pecador en la cruz de Cristo esperando de éste que se vuelva para recibirlo. Entre esa concepción de honda raigambre paulina y la compraventa de beneficios espirituales mediaba obviamente un abismo.
Dar tal paso implicaba no escaso riesgo para Lutero. Ciertamente, se había expresado en público alguna vez sobre el tema de las indulgencias, pero no podía pasarse por alto el hecho de que Federico el sabio, el príncipe del que dependía, contaba con una extraordinaria colección de reliquias que no había dejado de crecer en los años anteriores. Si en 1509, la colección del elector se encontraba en cinco mil reliquias; en 1518, había aumentado a 17.443 reliquias, incluyendo 204 pedazos y un cuerpo entero de los Santos inocentes. A estas reliquias se hallaba vinculada una indulgencia de 127.799 años y 116 días.
CONTINUARÁ: Lutero y la disputa sobre las indulgencias



“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. 

Probablemente el disco de REM con más referencias religiosas es Around the Sun, donde explora la religiosidad de la América de Bush, para ver si es congruente con las palabras de Cristo. Su respuesta es no.
El primer disco de REM – Murmur –salió a la vez que el War de U2, en 1983. Mientras que los irlandeses son más conocidos por sus inquietudes espirituales, es curioso que el coro del tema principal de Murmur no es muy diferente a la reivindicación de “la victoria que Jesús ganó” en Sunday Bloody Sunday, o la versión del Salmo 40, que todavía cierra los conciertos de U2. Mientras Bono se pregunta cuánto tiempo va a tener que cantar esta canción, Stipe lo dice en francés: “ combièn de temps ”, o sea “cuánto tiempo”.
Para Stipe, “un verdadero cristiano –y uso el luminoso ejemplo de mis padres en mi vida–, reconoce cuáles son las enseñanzas de Jesús –y lo que significan en la vida de cada día, que no es sencillo–, para saber qué camino seguir, qué elecciones tomar, qué apoyar, y qué no”.
Arnulfo Romero, según el vespertino salvadoreño CoLatino, el cual hizo el anuncio esta semana que concluye y publicó una foto del sicario pagado para matar a quien dio su vida por los pobres de su país, cuando la dictadura militar impuesta aquí, le asesinó el 24 de marzo de 1980.
Congreso Latinoamericano de Evangelización anunciar el inicio del proceso preparatorio que culminará con la realización de este evento en julio del 2012.
Tras la llegada del Papa Benedicto XVI a Alemia, el líder máximo de la Iglesia Católica se reunió hoy viernes con 15 representantes del Consejo de la Iglesia Evangélica Alemana, a quienes le dijo que “lo más necesario para el ecumenismo” es que católicos y protestantes se ayuden mutuamente a creer, que no pierdan “lo que tienen en común” y no cedan ante “la presión de la secularización”, publica la agencia Europa Press.