No nos fatiguemos de hacer el bien

Publicado: septiembre 16, 2011 en Misión Integral

 

Ignacio Simal Camps

 

Solidarios con el Cuerno de ÁfricaViendo la noticias en televisión -puedes ver la video-noticia al final de la reflexión- escuché que las oenegés encuentran problemas a la hora de recabar fondos para sus proyectos humanitarios. Es más, España –se decía- es un país que está muy por debajo de la media europea en relación con el número de afiliados a las organizaciones de ayuda. Se habla, desde hace años, dela fatiga del donante: “Ayudar, para qué, si nada cambia-.

Pues bien, mientras escuchaba la noticia me vino a la mente un texto bíblico que, desde el realismo, nos convoca a perseverar en hacer el bien. Es decir, a llevar a cabo todo aquello que favorezca y aliente la dignidad y el bienestar, o calidad de vida, del ser humano. El texto bíblico al que aludo dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gal. 6:9,10).

Decía que el texto paulino habla desde el realismo. Indudablemente a aquel que se dedica a hacer el bien le puede acosar –en cualquier momento- el cansancio, el agotamiento, al observar la ausencia de resultados. Sin embargo, Pablo, nos exhorta a no caer en el agotamiento en la expectativa de que un día lograremos el fin perseguido que no es otro que una casa habitable para todos los seres humanos,  “a su tiempo segaremos” nos dirá.

De ahí se sigue que debemos continuar haciendo el bien a todo ser humano –sin distingos-, pero entendiendo que uno de los temas prioritarios entre las iglesias cristianas es construirse como comunidades igualitarias  (2Cor. 8:9-15) que sean anticipo evangelizador de la buena voluntad de Dios para toda nuestra aldea global.

Acabo citando un texto que leí en mi juventud –siempre lo he guardado como un tesoro- que narra de una forma genial lo que he tratado de expresar a través de mi opinión falible:

Hay una antigua fábula china llamada El Viejo Tonto que removió las montañas. Cuenta que hace mucho tiempo vivía en el Norte de China un anciano conocido como el Viejo Tonto de las montañas del Norte. Su casa miraba al Sur y frente a ella, obstruyendo la pasada, se alzaban dos grandes montañas: Taijang y Wangwu. El Viejo Tonto tomó la decisión de llevar a sus hijos a remover con azadones las dos montañas. Otro anciano, conocido como el Viejo Sabio, los vio y dijo riéndose: ¡Qué tontería! Es absolutamente imposible que vosotros, tan poca gente, logréis remover montañas tan grandes. El Viejo Tonto respondió: Después que yo muera, seguirán mis hijos; cuando ellos mueran, quedarán mis nietos, y luego sus hijos y los hijos de sus hijos, y así indefinidamente. Aunque son muy altas, estas montañas no crecen y cada pedazo que les sacamos las hace más pequeñas. ¿Por qué no vamos a poder removerlas? Después de refutar la idea errónea del Viejo Sabio, siguió cavando día tras día, sin cejar en su decisión. Dios, conmovido ante esto, envió a la tierra dos ángeles, que se llevaron acuestas ambas montañas.” (Libro Rojo, Mao Zedong). 

 

Ignacio Simal, septiembre de 2011

 

 

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