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PERU: Las iglesias también votan

Publicado: junio 4, 2011 en Noticias

Un grupo de evangélicos toma partido por Keiko Fujimori, mientras el cardenal de Lima acusa al humalismo de confundir al electorado

JAIME CORDERO | Lima 04/06/2011

 

En la teoría, Perú no se declara un estado laico, pero sí marca una línea entre política y religión. Así lo señala el artículo 50 de su Constitución, que reconoce a la Iglesia Católica como «elemento importante en la formación histórica cultural y moral del Perú», pero «dentro de un régimen de independencia y autonomía». La ley orgánica de elecciones también prohibe de manera explícita el uso o invocación de temas religiosos, de cualquier credo, en las campañas políticas.

En la práctica, Perú es un país en el que los candidatos juran por Dios o con una mano puesta sobre la Biblia, en el que algunos sacerdotes son acusados de azuzar conflictos sociales y los obispos han llegado a sacar imágenes sagradas a las calles en plena campaña electoral. Ahora mismo, tiene un cardenal (del Opus Dei, para mas inri) que se entrevista con todos los candidatos presidenciales de importancia, cuenta con un programa semanal en la radio informativa más importante y no tiene inconvenientes -a través de homilías, declaraciones públicas y comunicados- de expresar su posición sobre temas de política y, llegado el caso, incluso censurar candidatos.

Ya antes de la primera vuelta electoral, el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, se expresó con dureza contra el ex presidente Alejandro Toledo por proponer en su campaña una agenda liberal que incluía temas como despenalización del aborto, la legalización del matrimonio gay y empezar a evaluar la posibilidad de legalizar algunas drogas. «Los que quieren matar niños no están preparados para gobernar», sentenció en aquella ocasión. Luego se enfrascó en una polémica con Mario Vargas Llosa, a quien acusó intentar dirigir el voto de la población hacia Ollanta Humala. Tras la respuesta del escritor, en varios templos de Lima se leyó un mensaje de solidaridad y apoyo al cardenal.

Esta semana, a pocos días de la segunda vuelta, Cipriani volvió a pronunciarse para criticar que se haya puesto sobre el tapete las denuncias sobre las esterilizaciones forzadas a unas 300 mil mujeres durante el gobierno de Alberto Fujimori. Aunque no lo dice expresamente, resulta claro que se trata de un crítica al humalismo, que es el que ha planteado el tema. «De manera sorpresiva, recientemente, se ha introducido en el proceso electoral la discusión sobre las esterilizaciones realizadas en la década de los noventa, confundiendo al electorado», señala el comunicado del arzobispado. Tras su difusión, el presidente de la conferencia episcopal peruana, monseñor Miguel Cabrejos, aclaró que la posición del cardenal no era la de la Iglesia peruana y recalcó la condena de la iglesia a las esterilizaciones forzadas. También insistió en que habla «en representación de la iglesia católica en el país» y pidió que se diferencie «lo que es la Conferencia Episcopal con lo que es una persona, con el respeto que se merece esa persona».

«Cipriani es un actor político, es bastante de derecha y muy dispuesto a meterse en politica», señala Steve Levitsky, investigador de la Univesidad de Harvard, que actualmente trabaja en la Universidad Católica del Perú. Y agrega: «Cipriani está con Keiko, me parece evidente. Y si bien en la Iglesia peruana hay otros actores, él sin duda es el más poderoso».

No solo la Iglesia Católica participa en política. También algunos representantes de las iglesias evangélicas lo hacen. Se trata de un sector a que agrupa a aproximadamente el 15% de los creyentes en el país, según algunos sondeos.

El más notorio evangélico es el pastor Humberto Lay, candidato a la vicepresidencia conPedro Pablo Kuczynski en la primera vuelta, que ahora apoya a Keiko Fujimori. También el cabeza de la lista parlamentaria fujimorista es un pastor y el jueves, en su mitin de cierre de campaña, la candidata presentó a otro grupo, que la acompañó en el estrado. «No representan a las principales iglesias evangélicas y, si expresan apoyo a una candidatura, lo hacen a título personal. Las iglesias, por definición, no deben apoyar una opción política», señaló Víctor Arroyo, secretario del Concilio Nacional Evangélico del Perú (Conep), que, asegura, agrupa al 85% de los cultos evangélicos en el país.

 

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ROLANDO PEREZ

2 junio, 2011

Dios se agrada de Keiko Fujimori, porque ama a Dios… Que entiendan todos que en Keiko hay una mujer de Dios. Cada quien puede votar por quien quiera, pero si queremos que el país salga adelante, oremos por Keiko Fujimori… Cuenta con nosotros Keiko, con un pueblo que ora.

Elocuentes palabras del pastor Rodolfo Gonzales declaradas desde su púlpito televisivo, animando a su congregación a respaldar el proyecto político fujimorista en la actual contienda electoral peruana. Las bendiciones públicas que influyentes líderes evangélicos han efectuado a favor del movimiento que lidera hoy la hija del ex presidente Alberto Fujimori y sus aliados nos recuerdan que desde sus inicios el proyecto fujimorista tuvo siempre entre sus más cercanos aliados y “legitimadores espirituales” a líderes eclesiásticos –evangélicos y católicos– que no dudaron en construir una suerte de “andamiaje” religioso para la legitimación de aquellas políticas que acrecentaron la violación de los derechos humanos y propiciaron el quiebre de la democracia.

El escenario actual da cuenta de la reactivación el rol político que juegan los líderes emblemáticos del fundamentalismo religioso en la actual contienda electoral, cuya legitimidad ha sido afirmada por la capacidad estratégica de empoderarse desde sus respectivos púlpitos mediáticos en la escena política. Particularmente, es interesante observar la cruzada que han emprendido el pastor Rodolfo Gonzales, principal líder de la denominación evangélica “Movimiento Misionero Mundial, y el controvertido arzobispo de Lima y conspicuo miembro del Opus Dei, Juan Luis Cipriani.

Ambos han hecho uso estratégico no solo de su influencia eclesiástica, sino también de su poder mediático, para reactivar el soporte religioso que los movimientos o partidos políticos neo fundamentalistas requieren para aminorar las desconfianzas y re-encantar la oferta populista que generan estos proyectos en un buen sector del electorado.

Gonzales cuenta con una extensa red radial y televisiva en Lima y el interior del país. A través de su cadena “Bethel televisión”, se ha constituido –en los últimos años–  en un referente religioso importante, especialmente para aquellos actores que se mueven desde el poder político de turno. Por su lado, Cipriani, además de contar con el apoyo de la prensa afín a su ideología, usa cada sábado su acostumbrado púlpito radial desde los estudios de Radio Programas del Perú –la cadena radial más influyente en el país– para arremeter contra todo aquello que no concuerde con su particular forma de entender la acción pastoral y el rol público de las iglesias en la sociedad.

Es importante notar que la opción política que han adoptado ambos líderes, constituidos en gestores modernos de la religión mediatizada, responde no necesariamente a una estrategia  coyuntural, porque en los últimos años el colectivo pastoral que ambos lideran ha jugado un rol significativo, legitimando con sus silencios o sus explícitas prédicas morales aquellas políticas que desde el Estado han acentuado la corrupción, la exclusión, la discriminación, la violación de los derechos humanos y el quiebre de la institucionalidad democrática.

Desde sus púlpitos mediáticos, Cipriani y Gonzales no han dudado en “bendecir” abiertamente –en plena contienda electoral– un proyecto político cuya cosmovisión coincide perfectamente con el imaginario de una religiosidad autoritaria, mesiánica y “etnocéntrica” que ambos abrazan y promueven. En este escenario, los medios son usados como instrumentos de propaganda proselitista más que como espacios para el dialogo, los símbolos religiosos son manipulados a favor de la legitimidad de una determinada mentalidad política, los rituales de intercesión son re-activados de manera selectiva a tal punto que se construyen estrategias de persuasión ante Dios que rompen con la lógica de su propia tradición cultica eclesiástica.

Así se puede observar en el discurso de Rodolfo Gonzales en un masivo culto para respaldar la candidatura de Keiko Fujimori, en el que implora a Dios de este modo:

Tu puedes agradarte de ella y llevarla a la presidencia, yo no puedo, pero tú si puedes Señor. Sabemos que hay en ella un deseo grande de hacer tu voluntad… En el nombre de Jesus pido tu bendición para Keiko… Dale las fuerzas que ella necesita para llegar al poder con la bendición tuya.

En el mismo tono pero con un énfasis más escatológico, Gonzales, en presencia de Keiko Fujimori durante la emisión de su programa televisivo, advierte a su público respecto a lo que Dios haría en el Perú si el fujimorismo no obtendría el respaldo mayoritario en las próximas elecciones:

[Keiko] yo tengo fe que tú vas a gobernar el país… Fíjense bien por quien va a votar porque después que hagan una mala elección y Dios se indigne por las cosas malas que haga un gobernante, los juicios de Dios que están cayendo sobre las naciones caerán también sobre el Perú.

Por su parte, desde su sabatino programa radial, Cipriani interviene en la campaña electoral no sólo imponiendo su particular prédica fundamentalista sobre los valores morales sino también demonizando aquellas voces críticas respecto a su postura político-religiosa.  “Hay que ser un poquito más serio y no simplificar la verdad”, sostuvo recientemente el controvertido cardenal en reacción al respaldo que expresó el escritor Mario Vargas Llosa al candidato Ollanta Humala.

Este es el mismo sacerdote que en los  años del conflicto armado interno, cuando las víctimas de la violencia política clamaba por solidaridad y justicia,  no tuvo reparos en colocar en la puerta del arzobispado de Ayacucho –la zona más golpeada por la violencia– un infame letrero que decía: “Aquí no se atienden reclamos de Derechos Humanos”.

Es importante subrayar que estos líderes religiosos representan a un sector de la comunidad católica y evangélica peruana que ha emprendido una suerte de intensa “cruzada moral” cuyo objetivo principal es el de legitimar –desde su perspectiva teocrática del poder político– una particular forma de entender la vida ciudadana, aquella que reemplaza la sociedad equitativa por una sociedad de privilegios, el consenso y el debate ciudadano por una suerte de orden social predestinado, la sociedad plural e inclusiva por la del reino de la intolerancia y la exclusión, la laicidad del sistema democrático por un Estado confesional y religiosamente tutelado.

Esta cruzada proselitista ha encontrado en la actual contienda electoral el escenario propicio para afirmar su proyecto tutelar públicamente. Ambos, los gestores de la política y la religión, se necesitan para legitimar sus discursos y estrategias de poder. Aquellos que están en la vereda política activa necesitan de los “rostros pastorales” y del discurso de los “predicadores mediáticos de la moral”  para ocultar con frecuencia sus responsabilidades éticas respecto a los actos de corrupción, violación de los derechos o la aplicación de modelos económicos que acrecientan la exclusión. Por su parte, aquellos que están en la frontera religiosa necesitan la plataforma y la estructura política no sólo para empoderarse en la esfera pública, sino también para influir y tutelar desde su cosmovisión moral en las instancias desde donde se gestionan las políticas públicas y los proyectos de desarrollo.

En contraste con aquellos esfuerzos de ciudadanos cristianos que han levantado en estos años una voz pastoral advirtiendo respecto a la necesidad de hacer resistencia y vigilancia profética frente a cualquier poder político que intente afirmarse sobre el autoritarismo y el atropello a la dignidad humana, Cipriani y Gonzales han optado por convertirse en animadores mediáticos de una espiritualidad que anula la memoria colectiva, constructores de una iglesia que no duda en abrazarse con el poder político a cualquier costo, legitimadores de un discurso y una práctica moral implacable con el pecado individual pero indiferente y cómplice con el pecado estructural.

ROLANDO PEREZ

Profesor de la Pontificia Universidad Catolica del Peru, con estudios de postgrado en comunicación por  la Universidad de Colorado, USA.  Investigador asociado del Centro sobre Medios Religión y Cultura con sede en Boulder, Colorado, que dirige el profesorStewart Hoover. Coordinador del Area de Comunicacion e incidencia publica de “Paz y Esperanza Internacional”.

(*) Este articulo ha sido incialmente publicado por la Agencia de noticias ALC.