Archivos para enero 22, 2011


21.01.11
El secretario general del CMI, pastor Dr. Olav Fykse Tveit, y el padre Mikhail Megally de la congregación ortodoxa copta.

Poco después del inicio de cada año, cristianos de todo el mundo oran por la unidad de la iglesia. La Semana de oración por la unidad de los cristianos, que tradicionalmente se celebra del 18 al 25 de enero, se inspira en recursos facilitados conjuntamente por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Iglesia Católica Romana. Los materiales para enero de 2011 han sido preparados en colaboración con las iglesias de Jerusalén.

“En el contexto actual de desesperanza y sufrimiento, las iglesias de Jerusalén muestran determinación y ofrecen, junto con la iglesia mundial, un testimonio en favor de una paz justa en la ciudad de la paz”, dijo el secretario general del CMI, pastor Dr. Olav Fykse Tveit, en un sermón pronunciado en el Centro Ecuménico en Ginebra durante un culto organizado por las iglesias de la ciudad. El servicio de oración, que tuvo lugar el miércoles 19 de enero por la tarde, incluyó música tradicional de Oriente Medio y fue oficiado por dirigentes de las iglesias locales. El acto contó con la presencia de más de 200 personas.

Tveit observó que la descripción del Nuevo Testamento de la iglesia de Jerusalén explica “la unidad original de los primeros creyentes en Jesús. Ser uno significa estar juntos, partir el pan, alabar a Dios, pero también dar y compartir, en función de las necesidades de las personas”. Tveit dijo que la imagen de compartir en torno a la mesa era una imagen impresionante que “da una gran energía espiritual” a los esfuerzos ecuménicos.

“La mesa también es un lugar y un espacio que nos insta a pensar en la justicia y el modo en que los alimentos y el acceso al poder se comparten en el mundo, sobre todo en una época en que la especulación en los precios de los alimentos tendrá como consecuencia que los más pobres se empobrezcan aún más y pasen hambre”, prosiguió el secretario general del CMI.

Tveit advirtió que “lamentablemente todavía existe una mesa en la que, como cristianos, todavía no podemos comer juntos”, refiriéndose a las diferencias entre las iglesias que hacen que todos los cristianos no puedan compartir juntos la eucaristía. “Sin embargo, aquí también, el testimonio de los cristianos de Jerusalén, la iglesia madre de todos nosotros, nos puede ayudar, ya que nos muestra que es posible trabajar juntos a pesar de las divisiones, hacer llamamientos proféticos en favor de la justicia y la paz, e intentar llevar a cabo una acción conjunta”.

En el culto celebrado en Ginebra, el padre Mikhail Megally de la congregación ortodoxa copta agradeció a las otras iglesias locales el apoyo que han manifestado tras los violentos ataques perpetrados contra la comunidad copta en Egipto. Megally dijo a la asamblea que “los coptos son hijos de Oriente Medio. Pertenecen a esta región y forman parte de su identidad y su desarrollo. No podemos imaginar Egipto ni Oriente Medio sin sus cristianos”.


Para publicación inmediata: 20 enero 2011

En un encuentro de teólogas y teólogos indígenas de Abya Yala en 2009
Por primera vez en la caminata ecuménica, alrededor de 40 teólogas y teólogos, en su mayoría indígenas, se reunirán para compartir e intercambiar las diversas experiencias y reflexiones teológicas indígenas generadas en diferentes regiones del mundo.
Este evento es la continuación y seguimiento de los eventos indígenas mundiales convocados por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en Baguio, Filipinas en 2008 y en Ginebra, Suiza en 2009 pero al mismo tiempo es el primero en su intento de “reunir y vincular” las fuentes espirituales y teológicas, la sabiduría y las tradiciones de los pueblos indígenas -con especial énfasis en su característica de afirmar la vida-, con el trabajo teológico de las dos grandes comisiones del CMI, la Comisión de Fe y Constitución y la Comisión de Misión Mundial y Evangelización. Se reafirma así que la integridad de la vida en toda su riqueza y pluralidad es el eje central de los esfuerzos ecuménicos.
El evento convocado en La Paz Bolivia, del 22 al 27 de enero, cuenta con los auspicios del Programa de Pueblos Indígenas del CMI, del Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT), la Pastoral de Pueblos Indígenas del Consejo Latinoamericano de Iglesias y la Comunidad de Educación Teológica de América Latina y El Caribe. “Un esfuerzo conjunto valioso para los procesos de auto-constitución de las naciones indígenas y la reafirmación de sus valores espirituales” afirma Abraham Colque Jiménez, rector del ISEAT.
El proceso de diálogo abierto con esta consulta aspira a formar una comunidad comprometida en mantener y promover la integridad de la creación. Escucha y aprendizaje son dos elementos claves de este proceso en el que se han comprometido representantes de las dos comisiones del CMI ya mencionadas.
La novedosa interacción de estos tres programas del CMI responde al mandato de la Asamblea general del CMI en Porto Alegre, 2006, la cual pidió ser informada por las sabidurías y teologías indígenas. “Esperamos que se abran nuevos horizontes para el diálogo teológico dentro de las iglesias pero también esperamos iniciar un proceso de diálogo mayor que nos permita responder creativamente a las múltiples crisis que afectan a nuestro mundo y en especial a los pueblos indígenas.”, afirmó María Chávez Quispe, responsable del Programa de Pueblos Indígenas del CMI.
Rodeados por los nevados milenarios de los Andes paceños y el sentimiento místico de los rituales aymaras, el grupo internacional indígena reflexionará sobre sus diferencias y sus similitudes con el fin de afirmar el valioso aporte espiritual indígena y aportará a las reflexiones de las comisiones de Fe y Constitución y la Comisión de Misión Mundial y Evangelización. Además, explorará en los diferentes lenguajes espirituales indígenas (narraciones, símbolos, cantos, rituales, etc.) con el fin de fortalecer lenguajes teológicos alternativos a la racionalidad helénica occidental, dominante en las reflexiones teológicas oficiales.


JUDITH BUCHANAN

Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal (I)

“En nuestro mundo, la salud se entiende como una meta positiva para los seres humanos”.(1) Por tanto, una persona diagnosticada de una enfermedad terminal, es decir “una enfermedad que no se puede curar y que es mortal”,(2) tiene que ser vista como alguien con la última desgracia y así, cuando la noticia es comunicada a familiares y amigos, todos reaccionan con muestras de simpatía y “condolencias”.(3) Luego, para el creyente, viene la dificultad de saber cómo orar. Así, por ejemplo, en las preguntas a su amiga de una mujer a quien se acaba de diagnosticar una enfermedad terminal: –“¿Qué hago? ¿Le pido a Dios que me ayude a aceptar mi diagnóstico? o ¿le pido que me sane?”.(4)

En primer lugar la espiritualidad tiene que ver con nuestra manera de relacionarnos con Dios, pero ¿cómo debe una persona hacerlo cuando está a la espera de una muerte que va viniendo poco a poco? ¿Se debe solicitar ayuda para resignarse a la realidad que parece tan cruel? o sabiendo que Dios es todopoderoso y que Jesús sanó a muchos enfermos durante su tiempo en la tierra ¿se debe buscar su sanidad? El gran problema es que, aunque muchos piden que Dios les sane, la mayoría no consiguen la sanidad que anhelan. ¿Cómo se puede saber que un enfermo en particular va a ser sanado? Si Dios no quiere sanar a una persona ¿por qué permite que sufra una enfermedad así?

Hay muchas preguntas, pero sobre todo hace falta pensar de nuevo lo que quiere decir acercarse a la presencia de Dios. Él es más que un cajero automático del banco donde se teclea nuestra instrucción y la máquina responde entregando lo que se ha pedido. Dios no está lejos de los problemas de los que sufren y se enfrentan con la muerte. Al contrario, en su Hijo, Dios experimentó sufrimiento y muerte de la manera más intensa posible. Por lo tanto tocando su presencia el enfermo encuentra que no está solo sino que es acompañado, consolado y fortalecido; no simplemente para enfrentar la muerte sino para disfrutar de la vida, una vida que se valora tanto más desde el conocimiento de que su fin se acerca.(5) Ya la oración cambia al descubrir la riqueza de la vida que queda por vivir en vez de fijarse en el fin de ella. A la vez el enfermo es liberado de su constante preocupación sobre su propia enfermedad para poder relacionarse positivamente con otros en la misma situación.

Una razón por la cual muchos creyentes se empeñan a seguir orando por la curación a pesar de ver al enfermo empeorar cada vez más, es que da una posibilidad de esperanza que tanto falta en la vida de alguien con una enfermedad terminal. Es ahí donde la resurrección es buena noticia. A través de ella el enfermo tiene la esperanza de seguir tocando la presencia de Dios más allá de la muerte y de disfrutar de la transformación de su cuerpo dejando atrás su cuerpo debilitado y cada vez más inútil.

Tocar la presencia de Dios puede cambiar el enfoque de un enfermo terminal abriendo más posibilidades para la oración, dando un propósito para vivir y guiándole en sus relaciones con otros pacientes.

Aquí estos temas serán desarrollados en los siguientes apartados:
1.- El dilema del enfermo terminal
2.- El camino del enfermo terminal
3.- El destino del enfermo terminal
4.- Y las relaciones del enfermo terminal.

EL DILEMA DEL ENFERMO TERMINAL
Vivir con una enfermedad terminal es vivir con la certeza de que el proceso de la muerte ya ha empezado y llegará a su fin. Así el paciente está a la espera sabiendo que su vida va apagándose, pero sin saber exactamente cuándo será. Mientras, la vida va dificultándose por el avance de la enfermedad y los tratamientos que requiere.

Es difícil no estar pensando constantemente sobre la situación, lo que puede llevar a un egocentrismo atroz. En la sociedad secular de hoy día “la muerte es el desastre definitivo, que hay que eludir o posponer todo lo que sea posible”(6); es el gran desconocido que todos temen y por tanto “se ha establecido un cierto tabú”(7) sobre ella. Por consiguiente el enfermo terminal se enfrenta solo con algo que nadie quiere contemplar ni se menciona en conversaciones.

Fácilmente se identifica con Job cuando pregunta:
¿Cuál es mi fuerza para seguir esperando?
¿Cuál es mi fin para seguir teniendo paciencia?
¿Soy acaso tan fuerte como las piedras?
¿Es mi carne como el bronce?
¿No es cierto que ni aun a mí mismo me puedo valer
y que carezco de todo auxilio?(8)
“En cierto sentido, la muerte es el acontecimiento más natural de la vida, y, al mismo tiempo, el más antinatural”.(9) Todos nos tenemos que enfrentar a ella y no sólo los enfermos terminales. Entró en el mundo como resultado del pecado(10) y sirve para recordar a todos que vivimos en un mundo que no refleja la intención original de su Creador, sino la dominación del pecado, como resultado del deseo de los seres humanos de independizarse de Él. Por lo tanto en la muerte se evidencia el juicio de Dios contra todo desvío de sus buenos planes y deseos para todas sus criaturas.

El Nuevo Testamento abre nuevos horizontes porque describe la victoria sobre la muerte conquistada por Cristo a través de la crucifixión y resurrección. Dios, en su benevolencia hacia su creación envió a su propio hijo a este mundo para morir por el pecado de todos para que los que acepten esta muerte y se identifiquen con ella, también puedan disfrutar de su victoria sobre ella(11) y cantar con Pablo: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.(12)

Todos los que somos creyentes, los que estamos “en Cristo” tenemos que morir, pero con la esperanza segura que la muerte no es el fin y que hay vida después de la muerte. Mientras, para el enfermo terminal la vida sigue, cada vez más corta y cada vez más difícil. Se puede asomar al futuro para ver la separación inevitable de familiares y amigos, su tristeza, y la finalidad de todos los anhelos, y planes para la vida. Sí, “en Cristo” no se tiene que temer a la muerte; no obstante, es comprensible que tantos oren desesperadamente por la sanidad para poder escapar de ella. Sin embargo, ¿no es eso seguir la corriente de este mundo, con su cultura del placer”, donde “todo lo doloroso … debe ser desterrado”?(13) Lo importante para el creyente no es tanto la manera o la fecha de la muerte de él/ella –dado que todo ser humano tiene que pasar por ella–sino lo que hace con la vida que le queda por vivir.

Al recibir su diagnóstico de cáncer terminal, Mark Ashton –un pastor evangélico en Gran Bretaña–dijo que fue una “buena noticia”, porque, con su esperanza puesta en su relación con Cristo, vio que con el tiempo que le quedaba hasta la muerte, tendría ocasión para prepararse para ella y tener todo en orden al momento de fallecer. Además, a pesar de su tristeza al despedirse de sus seres queridos, esos meses de vida fueron un tiempo de “riqueza espiritual” en que experimentó la presencia de Dios en su vida de una manera especial a través de su relación con Cristo y fue sostenido al creer firmemente que esta relación no terminaría con la muerte.(14) Otro pastor, Michael Wenham, –que ya tiene dificultad para hablar, andar o hacer las cosas más básicas de la vida– habla de tener mucho más tiempo para “disfrutar de la belleza a su alrededor”, que parece “el borde del manto del Creador”.

Así durante el tiempo que está esperando su inevitable muerte, ha llegado a ser un tiempo para tocar la presencia de Dios y deleitarse en sus maravillas.(15) De esta manera encuentra posible experimentar “el gozo del Señor” como su “fuerza”(16) a pesar de su lucha diaria para simplemente sobrevivir.

Próximo artículo de esta serie (Tocar la presencia de Dios en medio de la enfermedad terminal): El camino del enfermo terminal

1) Cook, E. D., “La salud y la asistencia sanitaria” en Atkinson, D. J. y Field, D. H., Ética Cristiana y Teología Pastoral, (Terrassa: CLIE, 1995), p.1014.
2) Definición de enfermedad terminal del Instituto Nacional del Cáncer. consulta: 19.11. 2010.
3) ¡A pesar de que el enfermo todavía vive!
4) Mathers, M, “Radical gratitude” en Women at the Well, Vl. 6 Issue 1, (April, 2010).
5) Casson, James H., Dying, the Greatest Adventure of My Life, (London: Christian Medical Fellowship Publications, 1980), p.5.
6) Vere, D. W. “La muerte y agonía” en Atkinson, D. J. y Field, D. H., Ética Cristiana y Teología Pastoral, (Terrassa: CLIE, 1995), p.833.
7) Flavia C, “De algo hay que morir”, Sierra Madrileña, 22 octubre (2010), p13.
8) Job 6, 11-13.
9) Atkinson, D. J., “La vida, la salud y la muerte” en Atkinson, D. J. y Field, D. H., Ética Cristiana y Teología Pastoral, (Terrassa: CLIE, 1995), p.135.
10) Gn 3, 19.
11) Rom 6,8.
12) 1 Cor 15, 55-57.
13) Bressanello, P., “¿Y si reflexionáramos sobre la muerte?”, Sierra Madrileña, 22 octubre (2010), p.13.
14) Ashton, M., “On my way to heaven”, Evangelical Now, consulta: 28.4.2010.
15) Wenham, M., My Donkey Body, (Oxford: Monarch Books, 2008), p.90.
16) Neh 8, 10.

Judith Buchanan es profesora de evangelización en el Seminario SEUT

© J. Buchanan, ProtestanteDigital.com (España, 2011).